Reconocimiento Nacional a GACETA VIRTUAL

Reconocimiento Nacional a GACETA VIRTUAL
Feria del Libro Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Año 2012

Rediseñada para ofrecer una mayor difusión de la escritura en castellano.

Dirección: Norma Segades - Manias
directoragaceta@gmail.com
GACETA LITERARIA Nº 97– Diciembre de 2014– Año VIII – Nº 12

Número dedicado a la memoria de nuestro querido amigo y colaborador
Profesor HUGO MATTALONI,
fallecido en la Ciudad de Santa Fe el día
9 de noviembre de 2014



Era uno de esos seres queribles y admirables por su nobleza, bondad, inteligencia, sencillez, talento creativo y generosidad. Una de nuestra instituciones tanto en su persona como en su obra prolífica, y su impagable sentido del humor. […] Vaya nuestra sentida oración para este amigo en las letras y hermano en la Fe y en Humanidad. Testimonio vivo de una época dorada de la cultura santafesina, cuyo brillo toca a nosotros,hoy, no dejar apagar. Su herencia es formidable. Y el desafío que ella deja, también.” Adrián Escudero


Imágenes:  THOMAS W. SCHALLER (Nueva York-Estados Unidos)

PÁGINA 1 – REFLEXIONES

EDUARDO GALEANO
(Montevideo-Uruguay)

LAS GUERRAS DE LA GUERRA

¿Despilfarro de recursos o recursos para defender el despilfarro? La organización desigual del mundo ¿podría sostenerse un solo día más si no estuvieran armados hasta los dientes los países privilegiados y las clases sociales acostumbradas al derroche?
La miseria de muchos amenaza la opulencia de pocos. Razones tiene para vivir en estado de alarma, durmiendo con un solo ojo, el puñado de países enfermos de consumismo y ostentación, atiborrados de objetos innecesarios, vorazmente lanzados al arrasamiento de los bienes de esta tierra. En un trabajo reciente, Jean Ziegler advertía que el mundo contemporáneo, mundo de hambrientos, produce cereales que podrían dar de comer a una población tres veces mayor que la que tiene. A los vientres de las vacas va a parar la tercera parte de los cereales; y en los países ricos, cuatro de cada diez personas mueren no de hambre, sino de gula, por el excesivo consumo de carnes y grasas.
A su vez, en otro trabajo también reciente, Jacques Chonchol ha demostrado que América Latina produce más calorías y proteínas que las que necesita su población. Y, sin embargo: la mitad de los latinoamericanos son niños, y la mitad de esos niños está desnutrida. Según la FAO, de cada cien niños latinoamericanos, 35 padecen desnutrición grave, que es el nombre que los técnicos dan al hambre. ¿Puede sorprender a alguien que los países más explotados gasten lo mismo en armas que en desarrollo agrícola? El dato puede y debe provocar indignación; sorpresa, nunca. ¿Acaso esos países no tienen dueños? Y esos dueños, ¿no tienen motivos para sentirse acosados? Los países subdesarrollados -que el pudor o la hipocresía dan en llamar países en desarrollo- han duplicado sus gastos militares entre 1970 y 1975. En el mismo período disminuyeron su producción de alimentos por persona.
Sin una bayoneta detrás de cada espalda, ¿cómo podrían gobernar, por ejemplo, quienes ahogaron en sangre la democracia en Chile? ¿De qué otro modo se podría lograr que millones de chilenos sobrevivan comiendo fideos, mientras los vencedores reciben cada día el pan baguette en vuelos desde París y beben whisky con agua de Escocia?




PÁGINA 2 – NUESTRA POESÍA

SERGIO BARTÉS
(Santa Fe-Argentina)

EL POEMA Y YO

Es arduo escribir
en el viento;
el poema pesa
menos que el aire.
Vuela
vuelo.
Nos bebemos
nos separamos.
Nos fragmentamos
nos acoplamos.
Nos desnucamos
de muertes imprecisas.
Nunca sabemos
donde estamos.
Los sueños 
duelen.
Desfloramos 
la palabra.

 MIRTA GAZIANO
(Santa Fe-Argentina)

 NEBLINA

Semejante a humo cae sobre los campos ateridos
cubriente ensimismada en fina llovizna
empañando, humedeciendo, acomplejando
haciendo más lento el andar y más incierto.

Comparado a tules transparentes
estarcido refulgente/ película de polvo y humedades
sobre las cosas, las casas y las gentes
en sinsabores del sol que no acompaña.

La ventana abierta a la intemperie
delata sincera la natural esfera de agua dulce…
la lluvia se anuncia temerosa
débiles gotas caen ya en cadena sucesiva.

Es la constante mirada esperanzada
sobre el cristal vidriado de ventana
que permanece inerte y convencida
sumergida en latentes percepciones.

Adentro, en mi recámara, solo observo
y me arrebujo en mi manta de nostalgia
dejo libre los pensamientos para sostén
de la trama de algún nido.

HÉCTOR BERENGUER POÉTICA
(Rosario-Santa Fe—Argentina)

El cuerpo me mira 
y se lleva un cuerpo que no es.
Se lleva mi ausencia 
como si fuera su alma.
Lo que queda también
es parte de lo que se va.
Nada mira quien todo lo ve,
lo que no ve su frente 
lo ve su espalda.
La poesía conoce sus lágrimas 
pero no las seca.
Lo queda o nos deja 
es lo que vamos muriendo en otros.
La ausencia nunca se lleva nada de importancia..

MARIANA VACS
(Rosario-Santa Fe-Argentina)

PATIO EN TEPOSCOLULA

Se eleva en el patio
 
de las amarantas,
 
sin puertas, la casa,
 
sin ventanas.

No tiene dónde ni con quién,
nadie despierta su soledad
 
deshabitada. Erige su paso
hacia ningún ocaso. Sin salida,
sólo la muerte respira.
Sin entrada, ningún alma
 
la acompaña.

MIRYAM COLOMBOTTO
(Gálvez-Santa Fe-Argentina)

ALUCINADA POR ENERO

Estoy ebria de aire, bebida de rocío,
y voy con pie inseguro en estos largos
días del verano, por posadas de azul,
fundido y puro.
Emily Dickinson

El calor asciende por la voz
de las cigarras, busca
el eje del día
y lo quita de su centro.
A la deriva los sueños...
El verano quiebra y desgaja enero
con su marca de fuego.
Aprendo la indolencia que me enseña
el tiempo... me dejo ser.
Parto en un doblez del viento
con la impunidad del silencio.
Despido rutinas, descubro
un nuevo estado en mí,
el de la serenidad, tan cierto
y fructuoso como un pacto resuelto.
Ya en la noche
dejo que duerman todos los verbos.
Sin ellos
sucumben los versos.
Los rescataré mañana.
Hoy navegan en mis aguas de sosiego.
Presumo que estoy


alucinada por enero


PÁGINA 3 – CUENTO

JORGE ISAÍAS
(Los Quirquinchos-Santa Fe-Argentina)


FRAGORES

No sé si fue en el tiempo que los ocasos rodaban detrás de aquellos robles centenarios, en un haz de fragores rojos y violetas.
Me dicen que esas treinta hectáreas de coníferas fueron taladas sin ninguna piedad. Me pregunto qué manera lisa tendrá hoy ese crepúsculo cuando no tendrán sino los yuyos para enredarse en parsimonias y esplendores quietos, tan sin razón al parecer, pero tan necesario creo, es decir, cómo muere el sol pasando de llama a brasa lenta y luego viene la yegua sombría de la noche que arrasa cementerios y ciudades y caminos solitarios que se hunden en el campo.
Hubo garzas en aquel tiempo lejano y cigüeñas y gaviotas que buscaban las cañadas para su alimento pero al ocaso levantaban lentamente el vuelo sin saber hacia dónde, porque nunca supimos en qué lugar dormían. Loe escasos vehículos de ese tiempo, arrastrados por percherones oscuros sumaban al incómodo traqueteo, una molestia de polvillo que se metía en los pliegues de la ropa ordinaria de la gente que labraba esos campos, con contracción de esfuerzos ya que la tecnología era escasa, muy cara y deficiente.
Los ocasos, luego del desmonte como se llamaba al criminal talado de esos árboles pertenecientes a la estancia Maldonado, dieron pena honda mucho tiempo, pero luego la gente se fue acostumbrando y sólo quedó en la memoria de los más grandes, quiero decir, que los más jóvenes tuvieron noticias gracias a los relatos melancólicos que todo lo volvían homérico, hasta el hecho más nimio, hasta la anécdota más banal.
Como todo lo que sucedió en un pueblo chico, donde la población se desfleca y emigra por mejores horizontes, va sedimentando en anécdotas que son casi rituales hasta que ingresan al callejón de la memoria oral, mantenida viva gracias a la renovación generacional que también pone en clave de humor aquello que fantaseó de niño, porque en un lugar del cerebro almacena ese sedimento que la palabra o el gesto entrevisto depositó en un lugar recóndito bajo un cúmulo de lava movediza, aquella que un día, él también pondrá en palabras para de algún modo dignificar su propia pertenencia.
Los bares que habrá de frecuentar, los escasos clubes que cada vez concitan menos adhesión de los jóvenes serán escenarios donde uno oirá, por enésima vez quizás, el transcurrir de un anécdota que le relató un mayor, casi con las mismas palabras, como un disco rígido, o una lámina de acero que tiene una inscripción vetusta y que el paso de los años no lograron borrar, sino que lo hacen más evidente por cada minuto, o años o décadas que permanezca bajo un montón de cenizas frías. Y cuando suceden las reuniones aparecen estas historias, y en ellas o a través de ellas, digamos, se van tejiendo los anecdotarios tal vez apócrifos que engrosan ese magma lábil que empieza siendo una impresión y termina en una verdadera historia a relatar.
Pero cuando advienen ciertas mitologías, se bifurcan y ramifican en nombres que son sólo eso para la mayoría, no obstante la insistencia en aparecer los hace dueños de una carnadura propia. Y también habla del tiempo, que en sí mismo es todo un tema que da para seguir ensanchando el horizonte tal vez estrecho de la propia experiencia
Y de cualquier otra que exceda lo personal.
Generalmente recaen también (o digamos que es casi un lugar común) las charlas sobre cosechas y lluvias o faltas de lluvia o las alternativas dudosas cuando aparece la posibilidad o el temor del granizo, o el exceso de lluvia o lo que es casi peor, las sequías, es decir, la falta absoluta de agua.
Más enconadas suelen ser las discusiones políticas y aún las de fútbol que suele dividir a las familias y hasta hacen objeto de pesadas bromas a algún adversario.
Los más jóvenes emigran en masa al terminar sus estudios secundarios, pero regresan los fines de semana porque quedan sus familiares y amigos. Algunos lo harán para siempre, otros lo harán como la canción de Serrat: "Primero de mes en mes y luego de año a año y luego no lo harán nunca". Y luego pasan desde lejos a ser un acérrimo enamorado de ese lugar que alguna vez detestaron y al que un día juraron no volver.
Pero vuelven siempre, por lo menos con la imaginación, porque los años de la infancia son vitales, fundamentales en la vida de un ser humano, y porque alguna vez Saer mismo lo escribió: "la única patria a que puede aspirar alguien es la infancia". Y sobre todo si sigue apareciendo en los sueños con esos soles rodadores detrás de aquel monte de eucaliptos y robles, que nosotros perdimos para siempre, como el vuelo de aquella bandada de garzas moras que buscaron refugio en aquel atardecer que los años sepultaron.


PÁGINA 4 – NUESTRA POESÍA

(Ceres-Santa Fe-Argentina)

LEO A MUJERES

Leo a mujeres.
Anais que escribe
como hombre, para excitar hombres
Angélica que no logra
dejarme el sabor fresco de la menta
y que en mi decepción
acuña una imagen
de niñas fotografiadas
por lúbricos y decrépitos socios.
María Teresa que me acuna
de muerte
y juega juegos de palabras
para que despierte.
Carmen saluda con gestos
de gatos en la bruma.
Solange que disemina
fragmentos estéticos
de cuerpos
y dialoga con Mary Shelley
una alegoría de fin de siglo.
Marguerite que besa
la negra piedra
de los conjuros.
La sangre que se vierte
como una escritura
y después
leo también a esas
mujeres nocturnas
que se desplazan con
el nuevo milenio.
Libros o cartas
poemas, e-mails o desnudeces
Leo
y me leen esas mujeres
casi anónimas
Algunas me intuyen
en un espejo opaco
donde mis propios ojos
me miran sorprendidos.
Otras ríen con
una risa casi en papel.
Historias y destinos
distancias que se borran
la soledad de una mujer
que me pone
frente a mi propia soledad.
Leo a mujeres
y me dejo acariciar
con sus lecturas.

RAÚL FEROGLIO
(Las Parejas-Santa Fe-Argentina)


Hay un mundo de ausencias y silencios
conviviendo entre nosotros, ocupando
el aire y la tierra sigilosa
Hay un cosmos de fieros desamores
de amores no gastados en la cumbre del deseo
una multitud innumerable de pasiones
que no encuentran el otro, el mismo, el objetivo
Amor a la deriva
besos sin bocas
miradas caídas al vacío
palabras lanzadas como balas perdidas
malgastadas toneladas de ansias que no cuajan
no alcanzan el punto de cocción de lo crujiente
ríos, inabarcables aguas mudas
donde los amores vanos no llegarán jamás al fondo
ni flotarán para vivir y ser tocados
¿A dónde van?
¿En qué oído permanece la canción?
¿Querés saberlo?
Dicen en mi barrio los viejitos del boliche
mientras orejean sus cartas al descuido
“Los amores que no son
aún no siendo, permanecen,
sobreviven invisibles, se respiran,
se alimentan entre ellos,
te untan la piel, imperceptibles,
son silencio, son agua que no moja,
son etéreos pensamientos sin medida ni peso,
inmortales deseos que en los días de la vida
nos hacen más buenos, nos sostienen,
nos llevan de la mano por un camino cierto,
nos conducen, despacito,
como se desnudan las flores, sin saberlo”.

RUBEN VEDOVALDI
(Capitán Bermúdez-Santa Fe-Argentina)


lápiz en mano dibujó unos signos
sobre la muda arena del desierto

pincel en diestra y
paleta en su siniestra
pintó la luz que se buscara el cuerpo
iluminando un fondo de poema

cincel en puño modeló el poema
cantaba   laúd en mano   cada verso

danzó el poema  el himno  la plegaria
representó en escena cada estrofa

se aplaudió solo,
criticóse solo
miró las palmas de sus manos muertas

no tenía con quien hacer historia

para llegar a humano
le faltaba estrechar fraternalmente
la mano de otro par en barro y sueño

lo demás era el tiempo y el espacio
del arte y del olvido

no hay destino
si no hay destinatarios 

FERNANDO BELOTTINI
(El Trébol-Santa Fe-Argentina)

LO QUE LAS PIEDRAS DICEN
  
Tanto a mi hijo como a mí
nos gustan mucho las piedras
también a mi padre
sospechamos que guardan algo
en su memoria
y que han visto lo posible
desde la inmovilidad
y podrían contar
atractivas aventuras
Nadie nos dijo que así fuera
es un augurio genético
y lo vamos transmitiendo
cópula mediante
de generación en generación
Cuando mi hermano
venga a visitarnos
sé que saldrá a juntar piedras
y dirá ¿viste esta? ¿y esta?
y traerá las que supone
fueron árboles o raíces
o querrá encontrar incrustado
el resto fósil de un pez
o de un escarabajo
y se las llevará a su casa
más allá del peso y del color
o de que antes hayan sido
pez, vegetal o escarabajo
y por las noches
esperará en silencio
como los demás
que ellas le hablen.

MIGUEL ÁNGEL GAVILÁN
(Santa Fe-Argentina)

GUALICHOS

Te prometo brujerías para empezar el desencuentro.
Un ramo de astromelias,
una cocción  de menta y palo santo,
una vela en forma de cruz
que se acabe de a poco.

Te prometo un regusto de canciones y mieles
envolviéndote en su círculo
de ceniza y sal.

(No vestiré de negro,
y no me voy a permitir maldecirte
cuando las cosas que tocaste
llamen,
y mi piel las siga)

Estaré acompañado de mucho Wilde
cuando no existan
ni la cabeza en el pecho,
ni el hombro bajo la frente,
ni el auto estacionado
adelante de lo que nadie ve.

Y ni bien se haya extinguido
la última parte de tu nombre,
te prometo mi olvido.
Quizás desmejorado pero reciente.
Parido del agua que trazó tu imagen.

Juro que estará presto




PÁGINA 5 – CUENTO

FERNANDO OMAR VECCHIARELLI
(Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Argentina)

DULCE DECISIÓN

Uno se cree que las cosas importantes son asimiladas por el resto de la gente de igual forma que serían asimiladas por nosotros, el error radica en pensar que los eventos por más importantes que sean llevan un patrón lógico para todos y esto en verdad no es así. Una pérdida o un encuentro no produce la misma reacción en los humanos por igual, de ahí surge la indignación o la dicha extrema al ver en los otros una imagen que no es la que suponíamos se reflejaría en el espejo de nuestra alma.
.
Esa noche no durmió se revolvió en la cama girando en extraño carrusel por los sentimientos que rondaban su cabeza, la decisión había sido postergada durante días solo por no saber los “Cómo” ni los “Cuándo” para conversar con sus hijos y plantearles de una vez por todas lo que sucedía en su vida, sus sentimientos hacia Laura habían crecido lo suficiente para entender que ya no cabían en el saco profundo de la amistad, esto era otra cosa que desbordaba ese contenedor imaginario, esto era sin duda amor, una necesidad extrema de estar compartiendo momentos, paseos y tazas de café que se enfriaban en la conversación.
Ya hacía un largo tiempo que su matrimonio se había detenido en la estación del olvido y solo le quedaba la imagen viva de sus dos hijos con los que compartir ésta decisión de formar nuevamente pareja con alguien que lentamente se había fundido en su piel
Esos días previos a definir seriamente sus sentimientos le produjeron diferentes enfermedades que bloqueaban sus sentidos, las jaquecas frecuentes y el dolor de su cuerpo eran los indicios que no podía demorar más comunicarles a sus hijos la novedad que anidaba en su espíritu.
Ya sabía el “Cuándo”, esa misma tarde reunidos en merienda aprovecharía el momento de decirlo, el “Cómo” no estaba previsto, lo dejaría al azar o al devenir de los acontecimientos.
La mente humana siempre lleva la carga de los hechos sola y es intransferible.
El decirle a sus hijos que ya no podía mentir en su relación con Laura, que esto era más que una amistad y que estaba poniendo lo mejor de sí para que esta vez fuera algo duradero, que se sentía feliz por ella y por ellos era un prueba de exposición final, era el amor en su expresión definitiva. El desnudarse con el corazón en la mano.
Pensó y repensó el cómo decirlo, los hijos eran dos, un varón adolescente y una niña que ingresaba en esa condición de dolencia.
Laura estaba ahí presente como cada tarde, preparando la merienda y armando el mate. Tomás jugaba con el celular y Lucía hacia una tarea atrasada sobre el mantel azul y blanco de la cocina, la conversación era de temas vacíos de contenido.
Fue así que de la nada al recibir el primer mate y mirar a los ojos de Laura vio reflejados en ellos la decisión como un texto escrito con tinta sufrida del pasado por tanta separación.
-Quiero decirles que con Laura vimos que la amistad ya no es lo que define nuestra relación y que desde ahora sepan que somos pareja que nos queremos y que intentamos empezar algo nuevo, dure lo que dure, este es nuestro estado actual de las cosas… La miro a Laura y agregó, bué lo dije,
Tomás levantó la vista de su celular y las miró - Está todo bien, se venía venir, le dio un beso a Laura y se fue con los auriculares puestos en su música.
Lucía se quedó mirando su tarea, sonrió.- Bien, era hora que se decidieran, yo mami ya me había dado cuenta que eran más que amigas, si se llevan re bien y yo las quiero a las dos…
Para Laura y Cecilia la vida ofrecía otra oportunidad de intentar ser feliz, el resto como siempre son juicios de valores que ya no tienen juzgados en este mundo.    


A las “Ellas” a los “Ellos” a los que deciden que la vida no es siempre Blanco o Negro


PÁGINA 6 – POESÍA ARGENTINA

JORGE FALCONE
(La Plata-Buenos Aires-Argentina)

SOLILOQUIO A LA QUE HORNEABA EL PAN

Hay cosas que sólo hablo con vos,
mi entrañable Eva Gorñac,
parejera de humildes primaveras,
sobreviviente
del largo invierno patronal.
Con vos, gorda,
que sólo contás
con un holgado sweater beige,
un gastado joggings aceituna y un par
de alpargatas color azul para presentarte en sociedad
encendiendo un horno embarazado de harina
de trigo presta a alumbrar
el pan del pueblo una vez más,
gratuitamente como el barrio sabe
que es tu manera de amar,
vos que - como yo -
a menudo no tenés con quién charlar
a corazón abierto para interpretar
los desafíos que la Historia ofrece.
Hablo con vos porque conozco
tu estirpe de hembra bagual
curtida en barro y solidaridad:
No es fácil distinguir la obesidad
de la hinchazón de Patria que te hace caminar
junto a los morochitos que alimentás.
Por eso te hablo sin ocultar la furia,
acumulada viéndote fumar, fumar...
para enterarme luego que justo vos
tirás la toalla en una prefabricada
adonde nadie te va a visitar.
Cómo no hablarle entonces
a esta foto que siempre tengo a mano
alimentando un odio que construye.
No soy un solo, Eva,
soy bestia aluvional.
Y ya no puedo soportar
el show de la tilinguería,
la impostura nacional - popular
cacareada desde una banca que, aún en la zozobra,
ya tiene asegurado un buen pasar.
Me empecino pues en no descarrilar
desde esta ochava de la suerte que nos toca
quemando viejas fórmulas en la pira
que me abriga mientras intento averiguar
los nuevos paradigmas de una vieja lucha,
su emergente sujeto social,
la máscara más flamante
del enemigo ancestral.-

A mi hermana Mabel Sampaoli,
a l@s compas de Barrio Elizalde.

AMELIA ARELLANO
(San Luis-Argentina)

 “LA NAVE DE LOS LOCOS” ( * )

Yo ...Princesa de Chichén Itza. Yo soy Carlota Amelia de Bélgica, Emperatriz de México y de América: Tengo ochenta y seis años de edad y sesenta de beber, loca de sed, en las fuentes de Roma. Fernando del Paso, Noticias del Imperio

La indiferencia es un animal hambriento
Socava lo que encuentra a su paso.
Arranca mis cabellos. Hurta. Arrasa.
Viola y traspasa las cuencas y los ojos.
Saquea mi osamenta con sus fauces
Se multiplica en sangre de un animal herido.
De un niño. De un muerto. De una anciana. 
Devora los padres y las madres.
Metástasis del lodo. Barbitúricos.
Pausa… pausa...El mundo está al revés.
La cabeza vacía y el vientre ardiente. 
Hipnóticos, Narcóticos. “Quiero dormir nodriza mía”
Y se me ha concedido la vida sin resurrección.
La fuga. El escape. La evasión.
Bautizada Marie Charlotte Amélie.
Renacida. Guarida del delirio
He asesinado a Dios con mis propias manos
Han caído los ángeles y el juicio es una bestia lujuriosa
Desviada de la regla de tres. Del sendero recto.
Escupo mi demencia en los caminos rectos.
He tomado la curva sin regreso y he subido a la Nave.
Gloria a ti bienamada.
Ven tómame en tus brazos. 
Largas maldiciones nocturnas.
Mi locura, mi razón, en lecho de amantes, yacen
No temo que ella venga, temo que se vaya. 
Que me deje. Separación es ecuación de angustia.
Nadie me encontrará. Porque yo no me encuentro
El espejo refleja el embudo invertido y no estoy, no soy. 
En mi cabeza una rosa con media luna musulmana.
La indiferencia es un animal saciado.

CLAUDIA AINCHIL
(Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Argentina)

IMAGEN CLANDESTINA

Clandestina imagen
alguien en el devenir de los días que corren
emergiendo de pronto
intenso aguacero de una no eternidad
preguntas
solemnes
ilegales
tomando territorios
expediente de señas, contraseñas
palabras desconocidas
bocas moviéndose en el circulo
hacia dónde vamos
conjeturas o cavernas
a veces desiguales…

ILDIKO NASSR
(Jujuy-Argentina)

nadie le dijo nunca qué es la poesía
le dijeron que no debía comer con las manos
ni ensuciar su ropa
le prohibieron mirar descaradamente a su alrededor
y comer las tortas de barro y flores con las que jugaba
le enseñaron a no mentir ni a robar ni a engañar
mientras ellos mentían, robaban y engañaban
le contaron el cuento de los siete cabritos
le leyeron algunas historias de las 1001 de sus antepa
sados
y otras de un pueblo lejano llamado Nazaret
y de algunos héroes con nombres de perros (sus perros)
Sansón, Sultán, Diana, Apolo, Jonás, Jesús, Josué
(miles de animales pasaron por su casa)
pero nunca, nunca le dijeron qué es la poesía
eso tuvo que aprenderlo sola, a fuerza de golpes y noches de insomnio 

IRMA DROZ
(Córdoba-Argentina)

MUJER

Mujer espiga…
En tu cuerpo fecundo,
como en los surcos de la sementera
está latiendo el germen sublime de la vida.
Mujer rocío…
Danos el agua fresca de tu mirada limpia
y el pan amanecido de tus blandas caricias.
Mujer hoguera
En tu abrazo infinito se iluminan los días
y las noches calladas, se amparan en tu abrigo.
Mujer…, mujer asombro,
resuelta en luz,
en lágrima y sonrisa,
en el dolor y el gozo,
en penas y alegrías…

Dime qué estrella nueva ciñe tu frente clara
para abrazarme a su luz y averiguar mi camino.
Cuando la tierra entera se estremezca
y un Ángel y su trompeta lleguen
para anunciar al mundo, el final de los tiempos,
tú, seguirás de pie, mujer…, mujer coraje,
con tu lámpara encendida, dispuesta,
como una flor intacta, de pétalos fragantes
y un cáliz siempre virgen
donde anidar el polen, para gestar la Vida.



PÁGINA 7 – RESEÑA

LEANDRO CALLE
(Córdoba Capital-Argentina)

UN PAISAJE NUEVO PARA LA POESÍA ARGENTINA

Todavía lo recuerdo. El poeta se levantó de su asiento y bajó la rampa hacia el escenario en donde tenía que leer. Fue en ese momento en el que trastabilló y el cúmulo de libros que llevaba en sus manos cayó por el piso. Él bajaba y yo creo que subía por esa rampa. Había unos cuantos minutos de descanso antes de que comenzara la nueva ronda de lecturas. Fue ahí donde Hernán Schillagi me entregó un primer ejemplar de Ciencia ficción (Libros de Piedra Infinita, 2014) . Le ayudé a levantar algunos libros y papeles, él bajó y yo subí por esa rampa-escalera. Me crucé con otro poeta amigo que me dijo, apenas vio el libro de Hernán en mis manos: «es el mejor libro de Hernán». Fue como si me dijeran un secreto. Y lo primero que uno hace con un secreto es contarlo, así que eso intentaré hacer aquí.

Llegado a mi casa recuerdo haber leído de un tirón varios libros que me había traído de Mendoza. Pero mi cabeza estaba embotada, cansada y leí con esa lectura veloz e irresponsable que a veces nos sucede. Entre esas lecturas estuvo Ciencia ficción. Al cabo de dos días, retomé, como jugando, el libro entre mis manos y descubrí que no había retenido absolutamente nada. Es más, me di cuenta de que había hecho una lectura en «piloto automático», una lectura mala. Así que me senté y lo leí con la convicción de que había allí un secreto a ser revelado. Leer es escuchar, así que me dispuse a escuchar y leí. ¿Cómo pude haber transitado estos paisajes del alma humana sin haberme dado cuenta? Porque es otro paisaje el que nos propone el poeta. Schillagi, es un paisaje completamente nuevo o al menos originalísimo en la poesía argentina. Tomar prestado al género de la ciencia ficción sus paisajes y sus palabras y hablar de lo que hablamos siempre los poetas.

El libro de Hernán es como un planeta nuevo por explorar. Nuevísimo. No encuentro analogías o referentes cercanos, entonces el libro (que hace rato me ha declarado la guerra) me anuncia que acabo de perder todas las batallas. Que no me gaste, que es inútil, que este es un nuevo planeta y que no busque más medidas para medir. Que me deje llevar. Que acepte el viaje. No hay medidas. Que navegue. Pero todavía no me rindo y le contesto con su mismo lenguaje: «sin embargo el peligro hace de la casa una nave / que vuela hermética por el espacio de mis recuerdos». Finalmente me doy un poco por vencido y acepto el viaje. Me llama la atención una palabra, la palabra «electricidad».

Los poemas de Ciencia ficción, tienen una electricidad de otro mundo, una electricidad sutil y potente al mismo tiempo. En el poema los canales de marte, Schillagi cierra diciendo: «…y de tu boca por si no lo sabías / comenzarán a salir palabras / como los golpes de un corazón / que se quedó latiendo en otro mundo». Se trata entonces de escuchar a ese corazón y ese corazón late en otros paisajes, paisajes fantásticos, novedosos, paisajes con máquinas, electricidad, civilizaciones y planetas. El latido es modificado por esta atmósfera distinta y entonces el sonido y la musicalidad del poema son distintos. El proceso que hace el poeta es exactamente al revés: para entender el hoy hay que servirse del futuro. No hay ayer en estos poemas o al menos el ayer está tamizado y escamoteado en el futuro. Es preciso avanzar al futuro para entender el presente: «estar despiertos quizá sea la mejor de las resistencias / luego de que las máquinas tomaron posesión / de la arena de tus recuerdos y el tiempo quedó suspendido / en un mundo que no te pertenece y no hay fruta / que calme la sed como tampoco un pájaro / que le regale sus colores al viento de la tarde…».

El poema al que pertenecen estos versos se llama fuera de la caverna y nos remite evidentemente a la alegoría del filósofo griego. Pero estamos afuera de la caverna en serio. Al menos yo me siento un astronauta solitario en la noche espacial. Solo frente al libro del poeta Hernán Schillagi que ha logrado decir con maestría un lenguaje nuevo para mí, una manera original de hacer hablar a la poesía. De todos los libros de poemas que he leído este año, siento que Ciencia ficción, es el único libro que me ha dejado perplejo. El único libro que verdaderamente me ha conmovido. Su belleza me ha encandilado y no puedo decir nada, porque nada hay que decir. Porque no se puede decir nada en la noche espacial de la belleza. Porque sigue siendo un libro que es necesario volver a leer y a explorar. O mejor, es necesario seguir escuchando sus latidos, esos que vienen de otro mundo a decirnos lo de siempre pero con una música distinta. La belleza es así, uno se asoma y: «has asomado tu curiosidad a la cerradura equivocada / pero tus ojos que esperaban una historia / de pesadillas y espejos negros comienzan a brillar / como si lo visto viniera del mejor de los futuros / y poco a poco y simultáneamente y atravesándose / las imágenes golpean tu retina tu rutina / y forman una aleación con el miedo / entonces la puerta es una nueva frontera / la línea de sal que cauteriza los prejuicios…».

La belleza como principio de lo terrible al decir de Rilke. Vuelvo a la imagen mencionada más arriba. El poeta trastabilla, y da por tierra con todos sus libros. Eso me sucedió cuando leí Ciencia ficción: se cayeron todos los libros posibles y quedé a la intemperie espacial aferrado solamente a estos 24 poemas sin saber si era posible regresar de la belleza.




PÁGINA 8 – POESÍA ARGENTINA

CARLOS J. ALDAZÁBAL
(Salta-Argentina)

GUACAMAYO

Tu máscara está pintada como un guacamayo:
eso te hace hablar más de la cuenta, y ese murmullo,
atrapado en la máscara, suele ser encantador.

A veces tu máscara alucina en la noche
como una balada irresistible entonada por hadas.
Otras veces, la presión del rojo la lleva a irradiar
un aire de vergüenza: es cuando yo acepto taparme la cara
con una bolsita de cartón, de ojos pintados y boca sonriente,
ideal para andar por una avenida transitada
                                                        sin ser percibido.

Sé que querés, pero yo no me atrevo a prestarte un espejo.
La ilusión es tan buena que aterra lo real,
como bien lo señala el verde de tu máscara.

Lo único que podría alterar tu escondite
es que tu máscara deje de ser máscara
para ser guacamayo. Y ahí te quiero ver:

vos sin máscara con una bolsita de cartón tapándote la cara,
paseando por la avenida con un guacamayo al hombro:
un aterrador efecto de realidad.

Pero por ahora tu guacamayo sigue siendo máscara
y te protege, incluso cuando caminás con ojos enamorados
y todas las bolsitas de cartón de la avenida
                                                se dan vuelta para señalarte.

Esto es cosa sabida:

no basta un arco iris para tapar las nubes
ni una bolsita de cartón para morir
                           con la sonrisa en la boca.

Por ahora tu guacamayo es tu máscara,
                                 y basta esa certeza.

GONZALO SALESKY
(Córdoba-Argentina)

Calla cuando llora,
cuando escribe,
cuando se derrama o se vende la poesía.
Calla porque el vértigo es inútil
y las palabras sobran.
Porque su vida, sin callar,
casi no es vida.
Porque el látigo del alba lo desvela.
Calla cuando otros cantan,
cuando gritan,
cuando dan rienda suelta a la pasión.
Porque el dolor aún no termina,
se mantiene delante de sus párpados.
Se calla aunque no sangre
porque las heridas más profundas
maduran en silencio.
Calla cuando escapa,
cuando pierde,
cuando quiere querer,
cuando enamora.
Cuando lo olvidan como a un ave de paso,
cuando imagina lo feliz que pudo ser.
Cuando la brisa amontona los recuerdos,
se encuentra con sus miedos
y el silencio lo envuelve cada noche.
Calla
porque el mundo ha sido así y lo será siempre,
porque las náuseas lo mantienen despierto,
porque es mejor callar que estar dormido.
Es mejor imaginar la primavera,
palpar las huellas que deja la nostalgia,
oír al cielo y sus plegarias por la lluvia.
Calla
porque es inútil vivir, seguir viviendo
o soñar que sirven de algo las palabras.
Calla porque el dolor es sabio,
el llanto y el sudor van de la mano,
la memoria ha sido buena compañía.
Calla cuando delira,
cuando implora,
cuando anhela dejar de ser silencio.
Porque el reloj y el almanaque son tiranos,
porque la luna también calla como él
y las estrellas son tantas y tan pocas…
porque el sol ya se ha olvidado del otoño.
Porque la verdad no es una sola,
porque en la tinta, tan llena de mentiras,
los profetas del odio se consumen.
Porque el amor es excusa
y el fuego y la pasión siempre se apagan.
Porque la pena es alimento del espíritu,
la sangre tira,
no olvida y se subleva,
el destino se hace cómplice del viento,
la soledad va estrechando los caminos.
Calla al recordar otras vidas,
al contemplar las huellas que se alejan
cuando galopa en su pecho
el arco iris blanco y negro del olvido.
Calla
cuando lo obligan a ser
y cuando todo lo que existe alrededor
se desvanece,
fugaz,
se hace invisible.
Porque la historia está llena de secretos,
de dioses y de hombres que han callado,
que han visto más allá de las tormentas.
Que han probado alguna vez la libertad,
que tienen poco y nada pero sueñan,
que arrojan piedras a un estanque vacío.
Que enfrentan al futuro
aunque jamás lo entiendan,
saben que el tiempo es mucho más que la nostalgia,
que el alma sólo existe si se entrega.
Calla por tantos que se han ido,
que ahora son polvo y huesos o agonía.
Porque el momento de esperar ya ha terminado,
porque comprende que pronto ha de partir
callado como el viento,
acariciando el mar,
cumpliendo las promesas del pasado.

LAURA BEATRIZ CHIESA
(Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Argentina)

ABUELO

Ayer tus pasos eran fortaleza.
La juventud brincaba por tus piernas.
El tiempo te llegó, no son eternas
las bondades vitales. Con rareza

observas hoy tu andar. Tienes tristeza
por esta lentitud que ves interna.
El manejo de ayer, hoy te consterna
ante la realidad de tu torpeza.

La suma de los años te molesta.
Sentir temor avala tu protesta
que admite situaciones tambaleantes.

Tu cuenta resta y resta. Eres conciente.
Tu altivez hoy entrega diariamente,
aquella vibración, sin atenuantes.

LILI MUÑOZ OBEID
(Neuquén-Argentina)

CINCO MINUTOS

Tengo cinco minutos
para escribirte este poema
antes de que el ordenador se apague
y mis besos no lleguen a tus ojos.

Alejandro Faus Avella
Desde una ciudad del  Mediterráneo, 2013.

¿que te diga cómo volveré?
¿me reconocerás? ¿por cuáles marcas?
¿y yo a vos? ¿de qué manera? ¿cómo?
porque ahora nos vamos cada uno del otro
en horizonte incierto
una línea de fuego entre lilas de plomo

¿qué, si otra vez resulta que es destiempo?
contracorriente
en convenciones de saudade

¿buscaré en el pañal  los colores que amaste?
negro y rojo
cañaveral al viento

creo que escucharé tu carcajada
el olfato
con descuido tan simple
tornará de sudores
la palabra
mamará en balbuceo
la libertad algún retazo
goteará leche
una brizna
un resabio
llevaremos
tendremos que llevar
será azul
si es que el azul  persiste
azul magenta
azáricos
a la deriva
grafitis
en alguna parte

MÁXIMO SIMPSON
(CABA-Argentina)

EL  RASTREADOR
                                                            
¿Dónde están las pisadas de mis pasos,
dónde están las miradas que dejé por el aire?

En pos de aquellos rastros
camino tras el puma,                         
                      el buitre, la calandria,
pruebo pasto, mastico,
huelo el viento, la brisa,
registro las raíces,
las grietas, los resquicios,
vuelvo atrás, adelante,
giro en torno
            del olor a pasado,
a triste antigüedad, a tardes viejas,
convoco desde el sueño las guitarras del mar,
los tambores del tiempo.

¿Quién soy yo entre tinieblas?

Yo soy el rastreador,
el que se busca.


PÁGINA 9 – CUENTO

NECHI DORADO
(Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Argentina)

PABLO DE NADIE, PABLO DEL SILENCIO

Aquí nomás, en un pueblito costeño donde rompen las olas del mar postrándose ante la arena pasa sus días un ser incompleto, mitad hombre mitad niño que siempre se me ocurrió de espuma. Que se me ocurrió de arena.
Ver a Pablo deambular por las calles es estar frente a la imagen del abandono más imperdonable, es como presenciar el epílogo de una profecía ya que todo el pueblo vaticinó que el joven inacabado representa un peligro para los vecinos, sobre todo para las pocas personas que acariciamos sus pelos duros de mugre, donde el salitre compite con los piojos para ver quién dura más en esa cabecita.
Todos hablan de lo arriesgado que resulta que el chico ande deambulando por las calles donde los baches parecen bocas abiertas dispuestas a deglutirse todo y que más de una vez nos han hecho pensar si los misiles que se arrojaron en las guerras de oriente medio, no habrían impactado por sobre ese pavimento resquebrajado.
Pocos murmuran en voz baja por las dudas que los árboles escuchen y transmitan lo que realmente deberían haber transmitido los vecinos: la realidad tenebrosa de ese Pablo; la ausencia absoluta de las obligaciones del estado; de las instituciones que deberían ser contenedoras de jóvenes en su misma situación; de las iglesias a pesar de que hay tantas en la zona que hablan de pecado y amor al prójimo cuando nadie sabe quién será ese famoso prójimo y qué cosa tan extraña es el pecado que siempre asienta sus bases sobre la marginalidad. La ausencia evidente de organizaciones autoproclamadas de derechos humanos que tampoco se dignaron averiguar quién se debe hacer cargo de esa especie de alma errante, vagabunda, despreciada.
De haber un paro general y contara con la misma fuerza que tuvo la ausencia de protección para este joven y tantos en su misma situación, seguramente cualquier país vería resquebrajados los cimientos de la inoperancia histórica. De la desidia más obscena.
Pablo, el que me decía “yo te cuido, doña”, un día dejó de hacerlo atrapado ya de lleno en las garras de la droga que le ofrecen y se sabe quiénes, aunque de eso no se hable tampoco por considerarse peligroso. Aunque a esos se los llame señores en lugar de mafiosos, dado que el miedo suele reverenciar lo inmundo.
Porque en ese, como en todos los pueblos costeños la bruma del mar que invade las calles en las noches crudas del invierno, tapa también realidades desde lo impúdico del olvido. Allí todos saben muy bien quién es quién. Quiénes son los que viven sin trabajar gozando de privilegios, comiendo todos los días, enmascarados tras antifaces cínicos trasladándose en autos de alta gama que ni intentan ocultar lo inescrupuloso de su accionar permanente.
Pablo se volvió agresivo, es decir, descubrió su acritud escondida entre los retazos descoloridos de la infancia, mucho antes de cumplir sus dieciocho años vacíos de amor, repletos de hambre y miseria. Si alguien me preguntara si existe superlativo de la palabra miseria, diría que no tengo dudas y lo mencionaría con su nombre, Pablo.
Al joven-niño porque su cerebro partido por la indigencia y por su genética lo dejó estancado en los siete años, se le prohibió la entrada a la escuela. 
–Es muy agresivo, justifican. Golpea a sus compañeros, los lastima, tiene la fuerza de los locos, agregan, como para evidenciar que no es posible contenerlo y tal vez es cierto que no resulte fácil. Lo que nadie dijo fue que Pablo reprodujo lo que la vida le enseñó desde que abrió sus ojos al mundo hostil al que arribó, seguramente sin que lo llamaran. Empujado por la promiscuidad en alguna de esas noches donde el amor se vuelve ausente para dar paso al instinto, casi animal, embriagado por los vahos del alcohol y otras sustancias que vaya uno a saber qué extraña conjunción conforman como para descargar espermatozoides fallados que lleguen a destino.
Pablo, con su discapacidad cerebral fue un excelente alumno capaz de reproducir las lecciones de destierro y desamparo que corrompieron su alma en este mundo corrompido por los generadores de miseria que pocas veces asustan y poco se mencionan pese a tener nombres y apellidos. Pese a esconder sus falencias vestidos con cuello, corbata y guante blanco que los convierte en señores y señoras de baja estofa, aunque respetados.
Pablo debía tomar medicación de por vida como para equilibrar el funcionamiento de su cerebro resquebrajado, medicamentos que nadie le compró jamás. Pablo representó para sus “tutores” un importante estipendio mensual obtenido gracias a los favores de algún puntero que le otorgó un subsidio por discapacidad que jamás cumplió su destino final: el equilibrio de esa mente dispersa.
Tampoco hubo quién controlara dónde iba a parar esa colaboración aunque todo el pueblo supiera para qué se utilizaba. Todos menos los que debían hacer un seguimiento de la situación de la criatura.
Al no poder ingresar a la escuela, Pablo comenzó a ir todos los mediodías a la hora que sus compañeros salen de las aulas, con el fin de agredirlos físicamente. Imagino su corta comprensión cavilando sobre “por qué ellos pueden y yo no”. Pablo se habrá sentido un perro rabioso; Pablo fue discriminado por ser tonto, minusválido, en un mundo donde ser moreno y pobre cumple la inexorable ley no promulgada, aunque casi institucionalizada que lo condena al desprecio.
Nadie fue capaz de hablar con un juez de minoridad o si lo hicieron, cosa que no me consta ante la evidencia más angustiante, habrán hablado en arameo, como para que nadie lo entendiera. Tampoco hubo sacerdote que lo hiciera, ni docentes, ni funcionarios porque muy cerca suyo, con vínculos no reconocidos pero existentes, hay algún guardián de la ley y ya sabemos, es peligroso tirarse contra las jinetas que pisan duro y matan con demasiada celeridad. A los pobres.
Pablo de espuma, Pablo de arena como lo llamé algún día, me enteré que semanas atrás fue ingresado en el hospital con su cuerpito esmirriado literalmente molido a palos.
Seguramente se habrá hecho el “vivo” con alguien y éste se habrá defendido. Pablo es muy fácil de estropear a golpes, la única defensa que conoce es la de agredir primero para ganarle a la vida que lo descartó situándolo en el lugar donde se ubica a los residuos.
A Pablo lo mandaban a robar porque su impedimento lo colocó en situación de inimputabilidad y el botín que los jefes compartirían con él, serían apenas unas monedas que le alcanzarían para un paquete de galletas vencidas, tanto como para engañar al hambre que retuerce las tripas y gime pero es bastante ingenuo y se conforma con cualquier cosa.
Pablo está en la cama de un hospital como una cosa depositada al azar, donde tal vez coma algo más que galletas. Tendrá por primera vez una sábana que tape los moretones que quedaron como medallas, premio al que acceden con facilidad los “delincuentes” siempre y cuando pertenezcan a la categoría de pobres de toda pobreza, de todos los días, de cada momento. 
No sé cómo saldrá Pablo del hospital donde se encuentra si acaso sale. No sé qué será de él, una vez recuperado, si es posible que eso suceda. Lo único que sé es que en caso de soldarse sus huesitos descalcificados, volverá a pasar sus noches bajo algún alero en una de las tantas casas deshabitadas en invierno. Hasta que algún día, tal como le juraron que habrían de hacer en caso de que “no se dejara de joder” aparezca con la cabeza agujereada tirado entre los médanos de esa playa que vio correr su hoja de vida envuelta entre la desvergüenza de un silencio cómplice de la barbaridad más espuria.
El chico es peligroso, dicen. El chico anda falopeado* todo el día, agregan. ¿Dónde consigue las substancias? Lo saben todos, menos los que deberían saberlo aunque también lo sepan.
Si tanta desidia no adquiere para la subjetividad popular un minuto de atención, estamos a un paso de una muerte anunciada, silenciada, oculta, porque la miseria social, económica y sobre todo la humana es la peor enemiga de la vida.
Y Pablo de nadie, Pablo del silencio, también merece vivir aunque parezca mentira…


PÁGINA 10 – POESÍA ARGENTINA

LAURA YASAN
(Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Argentina)

principio de permanencia
a Juan Luis Andrade


así como en lo puro habrá crudeza
como fue lucifer el más hermoso entre los ángeles
abril el más ligero de los meses
y nadie
ha caminado jamás sobre papel de arroz sin dejar huella
ni trazado un sendero sobre el agua

crées en la distancia

y nada más girás sobre tu centro a la velocidad de un disco de vinilo

una voz te persigue
una carta te pisa los talones y lo darías todo por convertirte en sal si volteás a mirarla
(que un relámpago surque de nervaduras líquidas el cielo
que te lleven las aguas si con eso evitaras sus ojos implorando)

       creés en el avance

así la travesía es el principio
de una ley que refuta el movimiento

no hay recuerdo tan límpido que pueda atravesarte cuando ya te hayas ido
tan lejos como puedas es demasiado cerca

no hay cuchillo tan lento .



JORGE BOCCANERA
(Bahia Blanca-Buenos Aires-Argentina)

UN HOMBRE
a Humberto Costantini

un hombre se me viene cayendo por la sangre
con una copa rota entre los dientes
no soy yo
somos todos
la soledad
el tajo de odio en la memoria somos
un hombre se me viene derrumbando
por la oscura saliva del silencio
salpicando mis ojos con antiguas cucharas
lágrimas que él inventa cuando pisa
los charcos de mi sangre
un hombre se me viene cayendo por la herida
no hagan música o fuego
no soplen ni respiren
quiere decirnos algo
hay un sur de rodillas preguntando
dónde estábamos todos
cómo fue que dejamos crecer la indiferencia
para que de una puerta salga el enceguecido
tirando puñetazos al aire
echando espuma por la boca
un hombre se me viene cayendo por la sangre
con pasos de borracho
no hagan ruido no escupan
no demoren quiere decirnos algo

 JULIO CARABELLI
(Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Argentina)

JURISDICCIÓN DE LA LLUVIA

Las manos de la lluvia
me abrazan como una vieja prostituta.
En algún momento ha de parar
en algún momento
cuando dejen de cantar bailar mis uñas
y salga de este bar
desde el que miro
a la necesidad con impermeable
esquivar el costado de los charcos.
Nunca se va con la cabeza tan baja
como cuando llueve.
En mi país
por las cabezas bajas
parece que lloviera desde antes del diluvio.
Siempre que llovió paró
mienten los satisfechos
mirando regocijados sus testículos secos
y un ombligo de plástico que ríe
pensando
que para los otros que van a lo de siempre
esta puta tormenta
no ha de parar jamás.

HÉCTOR DAVID GATICA
(Villa Nidia-La Rioja)

MI MADRE

Delia Durán.
Su nombre me resulta total.
La mano bondadosa que me ayudó a crecer
los pilares de la tarde
la oración de las cenizas del fogón
las visitas de los parientes
el mesón del comedor
en especial eso
el mesón su cabecera
o la cotorrita verde-manso
que una vez
saltó de su hombro dormido
al fuego desvelado de los gatos.

Los leños encendidos junto a la ternura de las noches
la espesura de sus pies cargados con el tiempo de los hijos
la ventana hacia el oeste
el yerbiado el pan la aguja remendona
y las flores para la Virgen

ALFONSO NASSIF
(Icaño-Avellaneda-Santiago del Estero)

COMPLICIDAD TERRESTRE

Alguien parecido a mí
escribe en mi alma.
Sé que hay nosotros
en el día desconocido
de nuestra sangre.

Los hombres están ocultos,
Agazapados,
Esperando que se abra el infinito.

Seres sin rostro
custodian cerrojos de sombras.
Prisioneros de nuestro pasado
nos caen idiomas a gritos.
Comprendemos que nos encierran las palabras
y somos cómplices
de un miedo de siglos
entre nuestros silencios.

La forma se diluye.
Unicamente sombras.
Sombras  para esa luz


que espera  la última cosmogonía


PÁGINA 11 – CUENTO

EDUARDO PÉRSICO
(Lanús-Buenos Aires-Argentina)

UNA FUNCIÓN DIA DE DAMAS
                                        .
… y las pulgas del Royalty eran famosas no solo en Avellaneda.  
      Al principio de los setenta y en el Royalty,  un Día de Damas se vería esa de la Princesa con el fotógrafo,  cuando un Comando Revolucionario ocupó las instalaciones. Un combatiente entró a la cabina con una película en su mano izquierda y un revólver en la derecha,  y por supuesto,  Germán el operador creyó una joda de los vagos  del café. 

- Gallego, hay que pasar esto – le falsearon  la voz y el hombre ni se sobresaltó. Germán era en verdad un catalán que envolvía sílabas en la boca al pronunciar y quien al fin de la guerra civil española, anclaría en Buenos Aires donde por esa  argentinada de llamar turco a un armenio o ruso a cualquier judío, él sería el gallego Germán y operador del Royalty Cine. Un fulano que al enterarse ‘los lunes no hay función y ese día tenemos franco’, diría ‘Franco no; día libre’. Perfil que si el joven guerrillero que asaltara su cabina con gorra hasta las orejas  y revolver ’38 largo  supiera, en vez de ‘revolucionarlo’ estaría en casa mirando televisión.


-
- Quieto, pasa este rollo y viva la lucha popular – o algo así apuró el atacante.  Germán sorprendido esperó alguna otra orden, y como el otro no agrego más se repasó un pañuelo por los anteojos y entró a dictarle.   
- Tranquilo pichón, guarda tu matagato y calza eso en el carretel - y el Combatiente de gorra y bufanda, obedeció.
- … y al ver en la ventanita dos manchas blancas tira la otra  palanca y prende la máquina – así que el aspirante a bajar del Aconcagua a tomar Buenos Aires,  frente al viejo Germán que olfateara pólvora verdadera, de nuevo obedeció. 

   -  … y antes de ahorcarte tira esa chalina, que verás dos manchas y si mueves esa palanca habrá proyección.
- Sí señor – ya gimoteó el pibe. 
- … y ahora pichón deja eso. Ordena mis cosas del mate y esperemos que tu cinta sirva de algo – y el viejo también disfrutaba el entrevero. 

      En verdad el gallego Germán nacido y crecido en Cataluña, en el Royalty disfrutaba hasta las barriales bromas resabidas: ‘a Germán de nuevo lo hirieron en el tiroteo de Arizona’,  o ‘cuando llueve el operador se calza los zapatos de Frankestein  y camina tranquilo’. Pero mientras en la cabina trajinaban Germán y el revolucionario, las Damas del  miércoles que aguardaban el beso del fotógrafo y la princesita,  avistaron a unos que sacudían un trapo colorado en la sala y una viejita les gritó ‘siéntense jóvenes o llamo al acomodador’. En tanto arriba Germán, instruyendo al atacante se divertía cuando en la cinta ya rodando, la voz de Fidel Castro sonaba a mascarita y el Che Guevara reculaba yéndose al llegar. Todo proyectado de revés y a contrapierna, en tanto abajo los combatientes del Royalty se sentían  malheridos por agitar su pabellón sin conmover a nadie. Acaso sin analizar por un rato que ese cine de Avellaneda ‘no guardaba las condiciones objetivas para lanzar desde allí la lucha armada’. Y que al arrolle de insignia se sumaría el efectivo rajando escalera abajo y dejando sus pertrechos; menos la gorra.

- … así no jodes a nadie, chiquilín – le gritaría Germán que acaso, quién lo sabe, en esa crítica mordiera algún fracaso propio. ..
   
    Así que al repartir el botín incautado al enemigo,  el acomodador se guardó el '38 niquelado y Germán eligió la chalina de vicuña.

- … muy elegante contra la bruma de cintas inglesas - se le anticipó Germán a los vagos del café de abajo.

       Y quien sabe si bandera y gorra no ‘andarán’ todavía por algún rincón de Avellaneda.  (Nov.014)


PÁGINA 12 – POESÍA ARGENTINA

LILIANA ANCALAO
(Comodoro Rivadavia-Chubut-Argentina)

CALEUCHE

Hay personas con expectativas tan altas que nunca
terminan de encontrar su lugar en la sociedad. A esos
seres, a veces, se los margina y se los considera locos.
Para los mapuches existe un barco: Caleuche, que
surca el cielo de noche. La tripulación de este barco
sube a bordo a estos seres marginados.
son semillas verdes y redondas
que ya no pueden con el espacio
que se les agranda en el centro
cuando miran el cielo
se salen de la vaina
por asomar los ojos
y desgranadas en un puño
se enfurecen se escurren
hasta salirse del surco
la tierra se sacude estos pellejos
y sus almas friccionadas
refriegan luz y gritan luz
............

fugitivos náufragos flotan en la noche
y brillan con luz propia

desde arriba los vemos
acercamos la nave hay sitio para todos
y nos vamos
a navegar el cielo
estos locos son apenas
arvejas
con vocación de estrellas

MIGUEL ANGEL MORELLI
(Buenos Aires-Argentina)

13 (cierro los ojos y veo la noche)

cierro los ojos y veo la noche
y en la noche un andén |
y en el andén tu silueta
que se desprende lentamente desde el fondo de mis ojos
sin embargo mañana, cuando el tiempo y el olvido
desmoronen la frágil persistencia del recuerdo
estos mismos ojos creerán haberte visto
llegando |   detrás de una sonrisa

cuál de esos dos fantasmas eras?

como un dios que imita a dios | la razón de la memoria
consiste en clausurar el pasado
para hacer que lo que fue quizás no sea | ni haya sido nunca

RICARDO JUAN BENÍTEZ
(Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Argentina)

DE TODOS LOS AMORES, EL AMOR

En Pont Neuf, como ayer,
sabiendo que lo menos casual,
es la casualidad.
Juntos, bebiendo amargo café
de medianoches solitarias,
mesas vacías, acordeón lejano.
No basta con encontrarse,
en Sacre Coeur, en Montmartre,
dos cronopios no se bastan
jamás…

Triste prisionero
de ciertos placeres pasajeros,
peregrino anhelante
de tierras de melancolías.
Esta noche sólo necesitas
esa mujer y su magia.
Si el aroma antecede al jazmín.
Si la caricia precede a la mano.
Los amantes sobreviven
al amor…
Inevitablemente.

PABLO QUERALT
(Buenos Aires-Argentina)

LA CASA

La casa se convirtió las palabras andan por las paredes las tías silban en otro idioma en el mundo que rima al son de ese ejército de palabras del kiosco al bar el amor es una palabra dura una semilla una ocasión una camisa a rayas que me regalaste algo que nunca sabré pero algunas veces sentí en esa pupila en ese rincón en ese camino cuando me fui aspirado por el aire.

MARIASILVIA PASCHETA
(San Antonio Oeste-Río Negro-Argentina)

ACASO FÉNIX

En la mañana verde
 plumoncito que asoma
sobre el alón desnudo

No sé si pueda el vuelo

Me basta este aletear
 recién nacido
entre tanta ceniza


PÁGINA 13 – RESEÑA

EDUARDO MONTE JOPIA
(CABA-Argentina)

Autor: ANIBAL DE GRECIA
Libro: POEMAS PARA SOBREVIVIR

UN PRÓLOGO LARGO PARA POEMAS CORTOS

La besó una y otra vez,
alzo la frente sin amanecer,
tomó su muerte y huyó con ella
a otro sueño, a otra herida.

Después de varios años de postergación, al fin llega el libro de este joven poeta que habita la ciudad luz del centro de la provincia de la tierra colorada. Nacido en la ciudad del tango en la furiosa década del 70, a principios del nuevo siglo se instaló en Oberá, donde conoció a su compañera y nació Lara. Fundador del grupo literario In Visible, hace programas radiales, edita en forma gratuita su Hoja de Poesía Golosina y organizó cuatro encuentros con sus compañeros que forman parte de la movida cultural misionera en la primera década de este siglo XXI. Esta obra nace bajo la iniciativa del director de 3x1, a fin de difundir a los autores que nutren las nuevas letras del noreste de la Argentina.
Poemas para Sobrevivir es la paráfrasis-interpretación amplificadora de un escritor, esa es la definición. Está la paráfrasis cuando dice que no quiere palacios ni torres (el lujo de las grandes urbes al que le escapa), que se conforma con lo cotidiano y simple, con el amor. Tampoco le teme a la muerte, la acepta como algo natural, sabiendo que hay alguien que, aunque muera, lo va a recordar. Si escribes, tus breves poemas deberían tener tal contenido que los enamorados sepan a qué se hace referencia, pero ser lo suficientemente crípticos para que el intermediario quede en babia si intentase sorprender algún secreto de dos personas. En este sentido, Enrique del Moral (1906-1986) señaló que “si bien es cierto que los arquitectos se apoyan en el programa, la función y por supuesto en la razón, lo que es conveniente y aún indispensable, no es suficiente para el logro de una buena poesía; debe superar la simple utilidad, pues su último y más digno objetivo es, por medio de la armonía de sus elementos y la equitativa proporción de espacio y volúmenes, despertar la emoción y lograr la belleza de las letras”. Hasta aquí, el análisis pareciera ser suficiente, pero resulta que no es así, los significados de Poemas para sobrevivir quedan incompletos si sólo registramos los recursos del autor. Porque para nuestra sorpresa, para los lectores las palabras no tienen los sentidos anotados, sino otros muy diferentes. La libertad está en función del proyecto vital que cada persona desea, es el medio para alcanzarlo; pero no es absoluta por que el hombre tampoco lo es. La limitación de este es triple. Está físicamente limitado por que, entre otras cosas, necesita nutrirse y respirar para conservar la vida. Su trabajo literario es múltiple y evidente: no puede conocer todo, no puede quererlo todo, los sentimientos le zarandean y condicionan constantemente, aparece desde el momento en que descubre que hay acciones que puede, pero no debe realizar. Parece lógico que a un ser le corresponda una libertad en que el límite de su querer sea el límite de su ser.
Vivimos en un mundo que impone condiciones. Por ello nuestra poesía no es absoluta, está siempre condicionada por lo que existe en torno a ella. Estos condicionamientos evidentes e inevitables son parte de la condición humana y definen nuestra personalidad. Sin ellos seríamos personas amorfas, sin contornos ni contrastes. Una letra sin condiciones no es real: nadie la posee. Los condicionantes son, en cierto modo, los que hacen que este poemario sea tal cual es.
Subyace en el poema una idea del amor como sintonía de dos personas en lo que tienen de más auténtico o esencial por debajo de lo superficial o accesorio. El poeta propone a la amada, y se propone a sí mismo, un renunciar a lo que se ha sido, un despojarse de lo accesorio o convencional, un liberarse de ataduras o raíces, como condición necesaria para una libre y plena entrega mutua. Un poema bastante profundo en el que el poeta hace una reflexión de toda su vida o, mejor dicho, reflexiona sobre la vida en general, sobre los sin sabores, golpes y decepciones que ha tenido que soportar, sobre las trampas y las mentiras. El amor le ha dado la espalda, e incluso la muerte se la ha dado. Es evidente que sus versos resuman pesimismo del mundo y, en cierto modo, apatía a los dueños del poder. Parece que el poeta ha decidido que la conciencia es una carga. No sabemos, en cambio, si esto es un vano propósito o es un hecho, aunque tenemos la constancia del hastío y la aparente indiferencia que desprenden estos versos. El poema parece ser la memoria de alguien a quien se le han acabado las aspiraciones, las esperanzas y las ilusiones, de alguien que incluso ha perdido el sentimiento de culpa, ya que este se fue con la fe. En cambio, nos llama la atención que, pese a estar hablando de desgano y de hastío, no recibamos una sensación de conformismo, sino más bien todo lo contrario. Puede parecer extraño, pero el poeta acaba aseverando que hasta que se agote el último suspiro de su fuerza, será lo que quiera ser; sólo para parafrasear a Aníbal De Grecia: “Los mocos son todos iguales”


PÁGINA 14 – POESÍA ARGENTINA

ALFREDO LUNA
(San Fernando del Valle de Catamarca-Argentina)

¿has de atreverte a renunciarme?
salta desde la cruz a mi regazo
y ofréndate entero como el aire
porque el mundo es infinito bajo tu sábana.
soy tu virgen y otra vez abro los tajos,
Príapo impalpable: levita como luz agria.
niego que ese cáliz rebase
con dos gotas de semen maldito.
soy tu virgen, devástate en mí como si fuese
tu sacramento
y dímelo en la boca:
no hay pecado más grande que morir sin mí,
bienaventurado este tierno llorío por el destino
incierto de tu sexo.

JORGE PAOLANTONIO
(San Fernando del Valle de Catamarca-Argentina)

corola de la existencia
.
1.
allí en las cuclillas
bajorrelieves agarrotados……preguntándonos
porqué tanto perro al final de la noche
y si aquellos que nos amaron
sabrán dónde fueron a parar nuestros huesos
disimulados para siempre
entre manuscritos y alfileres en los labios
.
2.
estará mi padre
hilando su guirnalda bajo la parra vieja
que de una vez por todas
pase
su martín-pescador de palabras
títere descabezado
que no pudo trepar hasta sus ojos
y una sangre de corazón acongojado
tiznando el verso
.
3.
estará mi madre
coloreando lirios frente a la ventana
buscándose los ojos
en los míos
para decirme
que no hay cielo ni infierno
que asegure mi verso
que no me vaya
.
4.
estará mi prima
lejana visionaria de los juegos
besándose entre los álamos temblones
.
5.
estará mi hermana
cosiéndome a su vestido rojo
para que conozca la alegría
con que mira
para siempre
los hijos y las tierras naturales
el mar que no conoce
los días que no pasan
los que sí
los otros
la inabarcable distancia.

MARIA DEL ROSARIO ANDRADA
(Catamarca-Argentina)

LOS SEÑORES DEL JAGUAR

Los tentáculos del hambre
hacían perder
los sueños
los venados
escuálidos
atravesaban
la pradera.
En un patio trasero
Yunha Pac
restauraba una hamaca,
Shani
su hija adolescente
entrelazaba fibras
la tranquilidad
y el inmenso calor
unidos en matrimonio
hostigaban a los vecinos.
Allí estaban
celosos de sus posesiones
vestidos con plumas de guacamayo
cumpliendo su fatídico
destino.
* * *
La cercanía del trueno
era un clamor
repetido
en oraciones
la lluvia
saciaba
la tierra
los animales sedientos
calmaban su furia
no había nubes,
ni señales de agua bendita.
Los días fueron pasando
erráticos
tumultuosos
ante la ansiedad
y el oscuro designio
ofrecieron en el año del buey
los primeros
sacrificios.
* * *
La cacería
ha comenzado
un hombre de otra tribu
es el señuelo
va adelante
teñido de sangre
olor a muerte
los gritos estremecen la selva
las garras del felino
trepan sobre
el cuerpo
que yace sobre el suelo
gruñe
coloca las patas traseras
sobre el abdomen
encarna
las uñas en las vísceras
y las arranca.
Llegan los cazadores
no matan al jaguar
atrapan al dios vivo
dejan el anzuelo descarnado
es el tiempo de los
nueve Señores de la Noche.

HILDA ANGÉLICA GARCIA
(Catamarca-Argentina)

ADIOSES

Ella murió de tanto estar alegre,
cantar por las mañanas,
y alimentar los pájaros
con miguitas de pan.
Huele a manzanas su figura
en la cesta
donde amontonaba sus ganas de vivir.
Por la ventana pasa la gente que saluda
su recuerdo sonriente,
su escoba en la vereda,
su brillo en la mirada,
su resplandor de frutas en verano,
las puntillas salientes de su enagua.
La sombrilla está quieta colgada
del perchero
pero un aire travieso
agita las guirnaldas que colgaba en diciembre
alrededor del árbol.
No se ha ido, parece.
En la casa sus pasos van y vienen
corriendo, acomodando sillas
con plumero en la mano.
Estatuillas de cera,
tazón de porcelana
y velas de colores encendidas.
Ella amaba la vida,
la frescura del alba,
la brisa entre los ruedos de su falda floreada.Recostada en un sueño,
deshojada en un libro,
no escuchó que la vida, silenciosa, escapaba.

CLAUDIO SESIN
(Pomán-Catamarca-Argentina)

ARMONÍA NOCTURNA

Son veloces las sombras sobre campos desérticos.
En el anochecer, lejos del sol y del celeste engaño,
en esta oscuridad que no ennoblece,
toco sus fríos márgenes y espero.
Espero y soy el sitio en donde me preparo,
un animal muy viejo de una casa de nieblas
y el aire de esas sílabas sembradas de siseos.
Los sonidos muy suaves que se vuelven intensos
bordeando las acequias, allí donde los álamos
hacen frondoso al viento, lo amasan, lo entretienen.
El camino protege y el pan para esta marcha
es numen de cuidados. Es la hora del cambio
y voy por estos cerros como huella indeleble
alumbrado en rocío al despuntar del día,
renaciendo en senderos de cielos desahuciados,
errantes, peregrinos, hasta ser el guerrero
con jirones de emblema por rumbos de la nada.




PÁGINA 15 – CUENTO

FERNANDO SORRENTINO
(Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Argentina)

UNA CRUZADA PSICOLÓGICA

Para conocer facetas ignoradas del hombre, un buen sistema consiste en colocar al examinando frente a situaciones inéditas y observar sus reacciones. Quiero decir: si yo llamo por teléfono y del otro lado de la línea me llega una voz que dice «Hola», esta experiencia carece de todo valor científico e informativo, pues el sujeto no ha hecho más que reaccionar de una manera rutinaria ante una situación igualmente rutinaria. De modo que no me sirve para averiguar aspectos ocultos de su personalidad.
¿Cómo saber, por ejemplo, si tal comerciante —todo amabilidad y sonrisas en el momento de mis compras— no sería capaz de estrangularme por una cuestión de moneditas? Lo mejor será, entonces, provocar las reacciones imprevisibles del hombre: éstas nos pueden enseñar muchas cosas.
Yo propongo unos pocos ejemplos.
1. Pago el exiguo importe de medio kilo de pan con el billete de mayor valor que haya en circulación, y me niego de plano a recibir el vuelto. Observo con atención la codicia del panadero, dispuesto a sacar ventaja de mi presunta demencia. Me retiro. Cinco minutos después vuelvo a presentarme en el comercio, ahora acompañado por un agente de policía, y acuso al panadero de no haber querido entregarme el vuelto. Estudio su ira ante mi mala fe: su desilusión ante el hurto frustrado. Temeroso, perplejo, balbucea incomprensibles excusas ante la mirada suspicaz del policía, quien, desde luego, descree que alguien se niegue a recibir tan cuantioso vuelto. Me entrega humildemente el dinero faltante y yo declaro con magnanimidad que prefiero dar por concluido el desagradable episodio. El agente, un poco defraudado, dice «Como usted guste». Contemplo con fruición el inmenso alivio que gana el rostro del panadero...*
2. Invito a cenar en casa a un amigo mío. Cuando se presenta, le impido la entrada, con la acusación de haberme quitado —doce o catorce años atrás— una novia de la que yo, por supuesto, estaba perdidamente enamorado. Observo su asombro (sólo hace unos pocos meses que nos conocemos), sus dudas (¿acaso yo no sería aquel que...?), su escarnio, su cólera...
3. Subo al colectivo, digo «A tal parte». Cuando el chofer —que sólo tiene ojos para el tránsito— abre la mano para recibir el dinero, deposito entre sus dedos una torre de ajedrez y un ramito de perejil. La pregunta es: ¿cómo interpretará el colectivero —persona de nervios habitualmente inestables— esta enigmática ofrenda?
4. Viajo a Mar del Plata, me hospedo en uno de los más lujosos hoteles. Apenas me dejan solo, saco la cama al pasillo y duermo allí una siesta reparadora, especialmente merecida después de tan cansador viaje.
5. Entro, ganzúa mediante, en una casa cualquiera, cuando sus dueños se hallan ausentes. Los espero: plácidamente sentado, fumando, bebiendo whisky, mirando televisión. Llegan los sujetos y entonces los increpo con dureza, los amenazo con el puño, les digo «Señores, ¿cómo han osado ustedes entrar en mi casa?», desatiendo sus explicaciones, o las atiendo (es lo mismo), les exijo me muestren el título de propiedad de la casa, no les permito abrir el cajón donde ridículamente afirman que el título se encuentra, ya que tal cajón es parte inalienable de tal mueble, que, a su vez, es parte inalienable de mi casa y, en consecuencia, mal podría contener el título de propiedad de una casa de personas desconocidas, sospechosas y acaso delincuentes y miembros conspicuos del hampa, etcétera, etcétera.
6. Conozco a una muchacha remilgada, más bien tonta y supongamos que bastante bonita. La invito a salir, le declaro mi amor, me convierto en su novio y llega la fecha de nuestro compromiso, cuya fiesta tiene lugar en su casa. Hay un brindis. Hay otro brindis. Sobreviene, por fin, el esperado momento en que el novio —muchacho modosito, si lo hay— ofrecerá a su prometida el hermoso regalo sorpresa de que tanto se ha venido hablando. Con una sonrisa de amor y de felicidad le entrego un paquete de dimensiones considerables. La novia tantea su peso, que le parece grande. La curiosidad más viva se apodera de los presentes. Todos hacen ronda y las mujeres se apretujan en torno de la novia dichosa. Vuela el elegante papel de envolver, vuela el moño con que está adornado. Surge ahora una fina caja forrada en gamuza negra. «¡Una joya valiosa!», piensa mi novia, y ese destello de codicia que advierto en sus ojos me justifica por anticipado. Sus dedos se precipitan a accionar el cierre automático. La tapa se alza con un brusco pero afelpado sonido, y, entre los ebúrneos brazos de mi novia, se desliza sinuosamente, en busca de su libertad, una bella, multicolor, alegre, venenosísima víbora de coral.
7. Espero que el gerente de la empresa donde trabajo se halle en su alfombrado e impresionante despacho conversando con un nuevo cliente, quien está a punto de concertar una compra por cifras siderales. Golpeo tímidamente con los nudillos en la puerta; oigo «Adelante»; entro con paso discreto y pudoroso; digo, con una sonrisita recatada, «Permiso, señor»; me dirijo al imponente armario, lo abro y orino torrencialmente sobre carpetas, libros, útiles, contratos, documentos y papeles que se juzgan importantes o no.
Claro que hay también algunas variantes más sencillas, que lego a quienes aún carezcan de la suficiente práctica y quieran iniciarse en esta cruzada psicológica. He aquí unas cuantas:
Decirles piropos apasionados y aun eróticos a miembros del Ejército de Salvación, sin distinción de edad ni de sexo. Ocupar la balanza de la farmacia y quedarse todo el día allí, sin consentir que nadie se pese. Comprar doscientos gramos de salame, cortado bien pero bien finito; abrir el paquete y, con las rodajas hermosamente rojas, dibujar un corazón y escribir TE AMO en el mostrador de la fiambrería. Viajar, en el colectivo, sentado del lado del pasillo; esperar que el vecino, o la vecina, que necesita descender, diga «¿Me permite?»; contestarle, rotundamente, «No», y, en efecto, no permitirle pasar.
La cruzada psicológica causa ciertos desvelos (como toda cruzada), exige duros sacrificios (como toda cruzada), implica verse envuelto en serias dificultades (como toda cruzada). Pero, ¿qué significan estos inconvenientes, comparados con la deleitosa observación de las reacciones que la cruzada psicológica suscita?
Esto, al menos, es lo que yo imagino, pues —lo confieso— no soy más que un mero teorizador y es probable que nunca ponga en práctica mis ideas. Pero ustedes pueden —y deben— hacerlo.


PÁGINA 16 –  POESÍA ARGENTINA

HUGO FRANCISCO RIVELLA
(Rosario de la Frontera-Salta-Argentina)

LA HORA DEL RELÁMPAGO

Voy a hablar de la guerra sus nudos sus espasmos la hondonada del surco 

por donde anda la muerte la trinchera anegada la gangrena y el odio de la bala zumbando
 

voy a hablar y no importa que me duelan los ojos y el húmero me sangre
 
y el hígado me estalle que un tigre desgarrado salga a cazar fantasmas
 
y el metralleo distante del fusil sea un animal monstruoso taladrándome el hueso

Voy a hablar de la madre con el llanto en los brazos y los cabellos húmedos de mirar al ocaso de sentir que se apagan sus lágrimas y el polvo llena de infinito los muñones del pecho
me acaricia la frente con un cuento de hadas donde juego a la mancha con caballos de nácar

de la novia desgajándose sus misales su falda que vuela hecha un ladrido los responsos del cura por mendigar milagros y el desierto violando la memoria del ángel

Voy a hablar de la noche sus criaturas de hielo las putas de la esquina drogando su alegría el reo que cruza el tiempo montado en un murciélago y el reloj que eterniza la tristeza del muerto
 
del suicida y la cuerda en el agua del cuchillo en la lengua
 
del trago de cianuro que perfora el esófago y le quema los dientes con su adiós degollado
 

Voy a hablar de hiroshima nagasaki y el alba sus flores de ceniza y el sol en los escombros
 

Voy a hablar del coltan la muerte negra cuando el congo deshuesa su milagro de ébano
la libertad molida mis hermanos refugiados en la sombra del boabab
 

Voy a hablar del poeta enroscado en el hombre en la mujer y el fuego que tienen las palabras
 
la canción indecisa por saltar a la rosa y la casa tomada por ocupas y barcos
 

Voy a hablar de la bomba en el subte de atocha en las torres del viento los gritos el estruendo la desgarrada sombra de la noche la furia la locura el fundamentalismo como un manto sagrado que solo toca al hombre cuando le sangra el ojo
 
las ruinas del poseso los estigmas de cuarzo y la palabra en crisis con sus propios milagros

terrorismo en la piel como un payaso trágico
 

Voy a hablar de las miasmas mis derrotas la sangre que tienen las palabras cuando escribo estos versos lo que oculto en las noches bajo llaves de polvo y lo que sopla dentro de mi espalda
 

Voy a hablar del cobarde vestido de jaguar de la lengua partida tumefacta crujiendo
 
del marasmo del ojo cuando rompe el espejo que desdice en la noche lo que piensan mis dedos
 
de la mirada del mendigo cuando brota del alma un dios despedazado
 

Voy a hablar de mis pasos sin rumbo lo mismo que un hondazo de piedra al infinito
 

Voy a hablar de la pena como un gajo del odio y el ojo que le chilla al apenado
 
su sombra desterrada al fondo de la noche y todo su esqueleto es una flor penando

Voy a hablar de los números como cifras de hielo porque borran el nombre de juan
 
del aguacero del antílope herido del minero y su tumba del caimán
 
los números escuálidos de los niños que caen en el ojo demente de cualquier cataclismo o estallan como pétalos bajo un fuego cruzado

los números sin alma me sueñan sin saberlo

Voy a hablar de la canción del mar y su rugido la brisa que en tu rostro salpica las estrellas
 
el adiós de tu mano con un dejo infinito las huellas en la estela de todas las gaviotas
 
del canto de la orca y el vuelo de los tigres que montan en la espuma de las olas al irse
 

Voy a hablar de la culpa la violencia en el niño que se aferra al silencio con la boca atascada por proteger al ciego que descarga su golpe con los diablos punzantes
 

la violencia en el alma la que casi invisible se adueña de los pasos de la mujer sin nombre
 
del último crepúsculo en que cayó el guerrero y el poema tendido donde mueren mis manos
 

la violencia encerrada entre cuatro paredes y el cielo entumecido del hombre y sus retazos

Voy a hablar de los ojos de cristo desnucado el tajo en la mirada de soportar el cielo
 
los ojos de la madre cuando sueña la muerte y a tus ojos marrones moliendo mi desdicha
los ojos desnutridos del niño en la basura o fijos en las luces de todas las vidrieras
 
el juguete imposible como un nudo en el aire y la infancia hecha trizas con sus diablos de lana

Voy a hablar de tu cuerpo como isla desolada en donde fui titán y aventurero
 
y anduve tantas sombras que comprendo porque el ocaso es llaga y es recuerdo
 
y me sentí bandera de un mástil desterrado más allá de tu nombre y más acá del tiempo
 

Voy a hablar de esta cabeza que luzco deslucida el seso incinerado cada vez que me piensa sus neuronas de aceite y el cerebelo cae perdiendo el equilibrio

quién se llevó mis ojos quién los ciega
quién me los ha sacado y puesto entre los dientes para ahogar mi destierro en las noches sin luna
quién les puso tomillo cilandro del poniente y ajíes del altiplano con licores de menta
quién es quién en la muerte del último guerrero y quién le come el cuero al sueño de la espada

me vuela la cabeza por sobre el campanario el techo de las casas el monte de quebracho
 
la luz contaminada del basural que hiede y las ratas que atoran los caminos del niño que juega con los pezones de la muchacha muerta
me vuela la cabeza como a un sapo de escarcha con la lengua morada de celebrar mi entierro
y unas alas calcadas de un pájaro de piedra

Voy a hablar del rencor con sus cuevas de espinas donde la noche arroja guitarras destempladas la cruz que curva el cuerpo hasta arrastrar su alma por todos los rincones donde anduvo la muerte
 

Voy a hablar del silencio acunado en la rosa en donde el colibrí desvela la mañana
 
para que zumbe el aire y se desnude el ángel que por las noches cuida el secreto del agua

del silencio que raspa el corazón del torturado hasta resquebrajarle el ojo al miserable
 
y penetrar su carne con todas las derrotas
de sus sapos como pájaros torpes volando hacia la luna de un charco en el espejo

Voy a hablar de estas manos sus huellas en el cuerpo de la mujer amada
los tigres sumergidos en mis brazos sus cavernas de voces que nombran los fantasmas con los que anda mi infancia y sus monigotes de pan azucarado
de las manos del músico y la canción aquella que todavía no ha escrito
la cuna hecha con trozos de ternura que el carpintero talla en el árbol y el sueño

voy a hablar de las manos clavadas en el tiempo del madero y sus llagas
y el amor que despacio destrona su cabeza

Voy a hablar de la furia de no saber quien soy y dejar que mi boca se llene de blasfemias
 
de palabras que hieran como púas herrumbradas y se rompa en la lengua todo el abecedario
de la furia que me ciega el cerebro y tajea al silencio con heridas que sangran
 
las grietas del espejo tu pollera estampada el peso de tu mano cuando va por mi cuerpo como la piel de un gato y un diablo de latón enfermo y tumefacto lo arrastra por la orilla de un mar inexistente

Voy a hablar de la vida con su rosa cuarteada y el amor que sucede en medio del naufragio
 
al fondo del remanso de un río embravecido y en una mariposa de vuelo zigzagueante

voy a hablar de la vida sus arrugas el signo de caminar descalzo sobre el vidrio del miedo
 
y trajinar los ojos del que rueda penando
voy a hablar de la luna zozobrando en sus ojos y una flor sin regreso cayendo en su mirada

Voy a hablar del relámpago su luz como un retazo de dios entre las cosas y el cielo dividido del milagro y el hambre las mujeres los hombres con la culpa del muerto y el árbol que lo ensueña con sus ramas ausentes

Voy a hablar de tu voz adentro de la rosa de lo que va pasando para seguir amando el trago la espesura los dientes de león la rama el agua el sauce
 
el fuego desvalido del reo en la penumbra y la Poesía que pende del crepúsculo

pendiendo del trigo y la paloma que en las tinieblas fulge como un rayo
 
pendiendo de mi lengua enmudecida y de la boca que se atreve al grito
 
pendiendo del escriba con su canto sonoro
 
pendiendo de la sombra esculpida en el muro


PÁGINA 17 – CUENTO

MILCÍADES ARÉVALO
(Chía-Cundinamarca-Colombia)

AGUAVIENTO

Teobaldo era sordo, pero amaba la música más que a su novia. En lo posible procuraba asistir a los conciertos del Parque Centenario vestido de la mejor forma, no para llamar la atención  entre la concurrencia sino porque el arte le merecía un respeto muy grande, como debe ser.
      Se perfumaba con lavanda inglesa, se recortaba los pelitos de la nariz y se lustraba los zapatos hasta que le quedaran relucientes. Se adornaba la cabeza con un sombrero alunado de elegante factura, un bastón de cedro con empuñadura  de marfil y una bufanda al cuello. Después de darle un  pistoletazo a alguna mota que se le hubiera  colgado  en la solapa del abrigo,  salíamos para el concierto,  él caminando en sus tres patas y yo con una  silla a la espalda.
      Cuando por fin llegábamos al parque,  ya habían tocado las mejores sinfonías. Teobaldo ni siquiera se inmutaba. Colocaba  su silla al lado del contrabajo, sacaba el cuerno del estuche y se lo ponía  en la oreja, cerraba los ojos y ahí se quedaba, lelo, embelesado, ido. Ni la tempestad que se cernía sobre la ciudad, ni el zumbido de las moscas, ni el silbido del viento entre las ramas de los árboles, nada de eso le importaba,  sólo la música.
     Como yo vivía sediento de libertad  me iba a dar vueltas alrededor del kiosco, les regalaba pétalos a las abuelitas, le hacía morisquetas a las señoritas que estaban estrenando novio o  me encaramaba en los árboles más altos... Mis pies podían llevarme hasta el horizonte, pero justo en el momento en que el cielo se confundía con los girasoles de van  Gogh y el azul con el verano, al director de  orquesta se le ocurría dar el batutazo final y yo tenía que regresar al lado de Teobaldo, sudoroso,  hecho un ripio, mordido por perros callejeros o por muchachos peor de  salvajes que unas fieras. Teobaldo no me decía nada porque sabía que yo era un chico sediento de alegría. Parsimoniosamente guardaba el cuerno en el estuche, se ajustaba las antiparras,chasqueaba los dedos como un mago y me ordenaba:
     --¡A la carga, muchacho!
Obediente como cualquier borrico, me terciaba la silla a la espalda y bajábamos por el  sendero de las veraneras  hasta la glorieta de San Diego  a contemplar la estatua más bella de la ciudad.  La Rebeca  no era para mí nada más que una estatua de  mármol abandonada entre el fango de una pileta por culpa de la desidia municipal.
      Teobaldo, que por entonces vivía  pensando en  la mujer de sus sueños, en su dulce cuello de sílfide, la curvatura del dorso, la delicadeza de sus manos  tendidas a ras del agua, la levedad del pie,  se quedaba parado en sus tres patas (usaba bastón) contemplando La Rebeca, sus senos de mármol, grandes,  turgentes, se deslizaba por la curvatura de la espalda y caía abatido bajo las nalgas,  redonditas y firmes. Teobaldo  hubiese podido quedarse toda la vida en la contemplación de su amada inmóvil, e imaginar todo lo que le diera la gana --imaginar era su dicha y la mía--,  como serían esos lugares del mundo dónde la belleza era el primer amor de los hombres… Yo solo quería ver a  los payasos,  a  las fieras y a las muchachas  en bikinis transparentes.
      Los circos de mi agrado no eran artificiales y mecánicos como esos que se ven hoy en día rodar por  las ciudades, pintados de colores chillones por dentro y por fuera, sino esos donde los payasos reemplazan los objetos que les hacen falta y la risa se convierte en el invento más bello creado por el hombre…
En vez de enredarme en disquisiciones estéticas  con Teobaldo, porque hasta para eso era un maestro  en desquiciarme los sueños, me bastaba  decirle que íbamos a llegar tarde al circo, no porque me lo mereciera por llevarle su traste de silla todos los domingos, sino porque  yo era un chico sediento de alegría. 
Teo continuaba su paseo dominical mirando todo eso que había en la Calle Real del Comercio,  esto es: las vitrinas, los anticuarios, las navajas toledanas, los vinos importados, las pipas de carey, los alfanjes de Siam, las campanas de cristal,  los sombreros alunados, las bolas chinas, los cuchillos de resorte, las calaveras de Posada, las telas importadas, los polvos afrodisios y un montón de cosas inútiles.
Teo era sordo pero no ciego y tal vez por eso caminaba como un gallo de hojalata, luciendo su bastón de cedro con empuñadura de marfil, el dedo pulgar en el bolsillo de su chaleco donde guardaba el  relojillo tan escandaloso que hasta un sordo lo podía oír  a un kilómetro de distancia. Yo seguía detrás de él, bailando un fox– trox mental, dándole un espectáculo gratuito a las beatas que al ver mi baile endemoniado salían de la iglesia de Las Angustias  echándose bendiciones como unas brujas. En cambio las chicas… Al ver mi baile  endemoniado, asomaban sus rubias cabecitas a las ventanas de sus lujosos apartamentos y  me tiraban palabras dulcitas, besos de azúcar,  miradas de fuego, prendas de seda.
    --Teo, vamos a llegar tarde al circo –le recordaba para que no se nos hiciera tarde.Teobaldo lanzaba un “¡Hay carajo!” tansensacional que se oía en toda la ciudad y apuraba el paso melodramáticamente.
    Cuando por fin llegábamos al circo,  ya las contorsionistas habían colgado el bikini de cascabeles que las hacía más humanas, ya no sonaba el disco rayado con los rugidos del león, ya el empresario había sumado las ganancias del día con la sonrisa de los niños... Todo esto me producía un dolor profundo, una tristeza muy honda.
    --Tú no sabes nada de mí, Teo. ¿Cuándo vas a quererme como soy?
    --¿Qué estás diciendo?Te  doy  todo lo que me pides  y ahora resulta que te salgo a deber.
   --No se trata de lo que me despor obligación  sino  que   me quieras de verdad.
   Teobaldo  me amenazaba con su bastón de cedro con empuñadura de marfil  queriéndome doblegar la voluntad, pero no había caso. Como yo no quería que Teobaldo   se muriera de  un infarto por  culpa de mi desaforado amor al circo, le dije  que tan pronto me crecieran las  alas me iría a conocer todos los mares y todas las ciudades iluminadas del orbe. Clavó su mirada de inquisidor sobre mi precaria humanidad y me preguntó echando fuego por la boca:
    --¿Qué vas a hacer en la vida?
    Le dije lo que primero se me vino a la cabeza:
    --Voy a ser poeta.
    --Lo que me faltaba…   ¡Un poeta!
    Soltó una risa tan decadente  que me atreví a preguntarle:
    --¿Qué te hace tanta gracia?
    --Te vas a morir  de hambre  –me advirtió.   
    --No creas, Teo. Sobreviviré al amor, a la soledad y a la muerte.
    --Eso es cosa tuya, pero debes saber que no vives en Dublín sino en una miserable ciudad latinoamericana  donde apenas hay unos cuantos edificios, unas cuantas antenas de televisión e innumerables desconocidos hacinados en apartamentos multifamiliares y covachas. En sus calles abundan las basuras, los gatos muertos, los locos, las ratas, las aguas estancadas, los desplazados que lograron escapar de la violencia y se vinieron a vivir de las sobras que les arroja la ciudad. Y aunque tú no lo creas, donde quiera que vayas siempre encontrarás la misma soledad y  la misma lluvia.
    ¡Oh, lluvia, canción de amor y de dolor!


PÁGINA 18 – POESÍA AMERICANA

OCTAVIO PAZ
(México: 1914-1998)

“(...) —¿la vida, cuándo fue de veras nuestra?,
¿cuándo somos de veras lo que somos?,
bien mirado no somos, nunca somos
a solas sino vértigo y vacío,
muecas en el espejo, horror y vómito,
nunca la vida es nuestra, es de los otros,
la vida no es de nadie, todos somos
la vida —pan de sol para los otros,
los otros todos que nosotros somos—,
soy otro cuando soy, los actos míos
son más míos si son también de todos,
para que se pueda ser he de ser otro,
salir de mí, buscarme entre los otros,
los otros que no son si yo no existo,
los otros que me dan plena existencia,
no soy, no hay yo, siempre somos nosotros,
la vida es otra, siempre allá, más lejos,
fuera de ti, de mí, siempre horizonte,
vida que nos desvive y enajena,
que nos inventa un rostro y lo desgasta,
hambre de ser, oh muerte, pan de todos (...)”

ARABELLA SALAVERRY
(Puerto Limón-Costa Rica)

NO SÉ

No sé si a vos te pasa
No sé si aprendiste de tanto silenciarte
a dejar que tu pobre piel hablase

No sé si a vos te pasa
que la piel de pronto llore incierta en su dolor
sin saber si va o si viene
enredada en el espanto de la ausencia

No sé si a vos te pasa
que la piel se brote de puro y desnudo dolor
que te hable con palabras
que se llene de sigilosas cicatrices
llore por heridas
grite en el espanto de su pena
y te revuelque en la sinrazón
de lo sentido

No sé si a vos te pasa….

PEDRO ARTURO ESTRADA
(Colombia/Nueva York)

COMO ESA NOVELA

Que nunca pudo escribirse y fue diluyéndose en pequeñas notas
fragmentos frases sueltas retazos de diálogo
que fue imposible ensamblar por falta de paciencia —o de impaciencia
Porque la urgencia de vivir
Porque el trabajo la guerra la paz la taquicardia
Porque el amor huyendo por las esquinas
Porque la falta de una mesa una pluma adecuada el papel
una habitación propia una amiga inspiradora una amante
Porque la ausencia de datos precisos herramientas precisas
música apropiada momentos apropiados días apropiados
dinero suficiente despensa suficiente cama ducha
paisajes cielos lluvias vinos suficientes

Y al final no fue sino falta de imaginación y de talento
ganas suficientes necesidad urgente fuerza para poner
en claro todo ese batiburrillo mental página por página

O quizá el viejo descreimiento
cierta náusea incurable incapacidad de agregar más basura
más papel más libros inútiles al gran infierno
de una literatura asfixiada por exceso
por superproducción por sobrepeso por hipertextualidad
Marea de tinta sobre la muda perplejidad de las generaciones
que tampoco atinan adónde ir
adónde escapar dónde esconderse dónde respirar al fin
dónde tener al menos
un silencio a la medida de su desesperanza
de su cansancio heredado
Reflujo de sueños devolviéndose
bajo los párpados de los inocentes
que no saben tampoco
dónde salvaguardar el último rescoldo de intimidad
de instinto salvaje de primitiva ternura

Anonadamiento de los sentidos
del sentido

Como esa novela que de todos modos
y a pesar de todo —mientras envejecías

la vida escribía mejor que tú.

MARIANELA PUEBLA
(Valparaíso-Chile)

LLAMAS

Llamas mi nombre con graznidos obscenos
refunfuñando improperios
que taladran la quietud de la noche.
Cada sonido, cada coraje nace  de un oscuro abismo
y recorre el espacio en busca de mi oído.
Atormentas a las polillas y mariposas nocturnas,
a los seres que deambulan sin explicación
las huellas de la luna.

Tu voz no es amistosa, rehúsa un toque de sutileza,
espanta,
lleva consigo enredado entre sus púas al insomnio
que roba toda reconciliación, convertido en pesadilla.

Mi nombre cae y se retuerce alcanzado por el vendaval
indecente de tus espasmos.
No hay escapatoria, escondite seguro,
o pared inexpugnable que lo aísle de tu llamado.
Desde lejos penetra mis oídos
como una lengua insidiosa,
arrastra cada letra sin consideración por calles malditas,
sin descanso,
es una obsesión repetida que agrede sin tregua
hasta ver mi nombre despedazado, sin conciencia,
con sus silabas separadas a lo largo
de un interminable llamado.

Amanece, estoy juntando cada letra con delicadeza,
las uno cociéndolas como la mejor de las arañas.
Mi nombre se ha reanimado, 
tiene todo un día para olvidar y ser feliz.

ÓSCAR WONG
(México DF-México)

A ver, amada,
la que Dios fizo delicada.
Te reto a que deambules por el desastre diario,
a que entregues tus carnes a la ira,
al bocado que duele cuando no se tiene.

A ver, hermana,
pecadora que hueles a salmos y aleluyas.
A ver.

¿Soy tu burla, tu espejo, tu cilicio?
Soy tu hombre, tu espera, tu berrinche.
Por eso ven al sol, al viento,
a lo mejor del tumbo,
a la vieja, terca, ansiosa contradicción
del hombre enamorado.

Bendiga Dios tus ojos, tu vista, tus pupilas.
Mendigo yo tus muslos, tu vientre, tus pezones.
Bendiga el Señor tu mente, tu camino.
Te pida yo el dolor la boca, los rubores,
tus rizos, tu sangre, tu maraña.

Porque hoy perdí mi vieja
capacidad de amar, de darme al mundo
sereno, solidario.
Perdí mi voz, mis verdes ramas
y no tengo la brisa, mariposas, ni montañas.
Ni siquiera ese color de mar que me embelesa.

Yermo de ti,
a punto de la queja y la agonía,
la noche incendia el horizonte.

Hermana.
Amada.
Mi Señora.
Espía de Dios.
Qué sencillo es sermonear: la vida es un transcurso,
una enseñanza.
El dolor
-insiste-
es señal de alegría, porque después es un recuerdo,
un pequeño grano de sal en la memoria.

Qué sencillo es habitar el día
oloroso a patio de convento,
qué fácil es reflexionar
cuando no golpea el mundo.


PÁGINA 19 – RESEÑA

LUIS BENÍTEZ
(Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Argentina)

Libro: Mortal en la noche
Autor: Fernando Toledo

FERNANDO TOLEDO: EL POETA MATERIAL

Hace apenas 600 años, la cultura occidental comenzó a liberarse de la muchas veces milenaria noción sobrenatural de la realidad y colocó al hombre en el centro del universo, del mismo modo que, míticamente y bastante tiempo antes, el joven Zeus arrojó a su padre Cronos de la primacía, para reinar él en su lugar.
Para la cultura occidental, el universo se transformó en una suerte de gran mecanismo de relojería, cuyas leyes había que descubrir y aprovechar.
Luego,  hace poco más de 100 años, la cultura descubrió algunas cosas más: que la inmensa, mayor parte del universo seguía siendo desconocida, que cuando más conocía del universo simplemente descubría que era menos lo que sabía de él y que el hombre no era el centro del cosmos, sino apenas una parte más, aunque, hasta donde sabemos, la única capaz de reflexionar sobre sí misma y sobre cuanto la rodea. O sea: el hombre es la materia que reflexiona sobre sí misma.
Si buscamos una fuente de conflictos, ninguna nos dará tantos argumentos, tantas posibilidades como esta condición, que es la de lo humano. Ello, porque desató inmediatamente un mar de contradicciones, antagonismos, deseos reñidos con la razón, razones que chocaron y chocan contra la evidencia.
¿Cómo, la materia que reflexiona, puede comprender quién es ella y qué cosmos habita, cuando comprende que cuanto ve y define está teñido por la subjetividad, rasgo constitutivo del que no puede escapar, porque éste es, precisamente, una parte intrínseca de ella? Así lo Real, la esencia misma de la materia, escapa siempre de los alcances de la materia que piensa, el hombre.
Aquí volvemos a evocar, una y otra vez, las palabras siempre exactas de Jorge Enrique Ramponi: “El hombre quiere amar la piedra, su estruendo de piel /  áspera: lo rebate su sangre, / pero algo suyo adora la perfección inerte”.
Porque la poesía ha sido siempre, felizmente, no sólo territorio de mistificaciones y de monederos falsos, de componendas y adulteraciones, como lo han sido y lo son todas las actividades humanas, es que ha encarado también la resolución –imposible, seguramente, al menos dentro de las capacidades actuales de la mente-  de este enigma que alguna vez Edipo escuchó de los labios de una Esfinge.
La auténtica poesía siempre se ha distinguido más por los alcances de sus fracasos que por los de sus aciertos y el solo hecho de que se proponga resolver el enigma de lo material pensando lo material, como lo hace la genuina poesía contemporánea, da una idea aproximada de su valor. Valor, también en el sentido de coraje.
Porque hay que ser muy valeroso, también, para dejar de lado las modas literarias, refugio seguro de los que no tienen nada que decir pero lo hacen; de aquellos que creen que la poesía es mera forma y no forma y sentido, tan bien amalgamados que la una está en el otro “como la madera en el árbol”, feliz definición de otro gran poeta, el chileno Vicente Huidobro. Se debe ser muy atrevido para avanzar por lo desconocido buscándolo en cada verso, como lo hace lo que se dio en llamar una “poesía de ideas”, como si alguna vez la poesía pudiera escribirse a sí misma sin tenerlas.  Hay que ser muy valiente para siquiera intentar, simplemente, ser poeta.
Yo admiro muchas cosas en la poesía de Fernando Toledo y una de ellas es su valentía.
Porque arriesga todo sin saber si va a encontrar algo en lo desconocido y como queda dicho, todo lo es en nosotros y en el universo que habitamos. Porque recogió el guante de lo material y su poesía atiende a resolver el enigma desde lo material; podemos decir que Toledo es el poeta de lo material consciente, aquella avanzada.
Así, en su último libro, “Mortal en la noche”, el autor describe sus itinerarios con plena conciencia, cuando dice en uno de sus textos más logrados, “Ateo poeta”: “Exento de piedad, supersticiones, / Y fábulas de vacua trascendencia, / Rodeado de mitos bimilenarios / Y una corte de anchas apologías, / El poeta materialista ensaya / (No sin pasión, con algo de pudor) / Un modesto lamento de inmanencia”.
Los versos anteriores son una verdadera ars poetica, una clave importante para indagar en la multitud de significados que contiene este breve pero intenso y muy hondo volumen, que requiere de repetidas lecturas para acceder a los registros que hace el autor. Ello, no por la oscuridad de su expresión, que no hay tal: Toledo usa muy bien un lenguaje engañosamente simple para involucrar en un solo verso una vasta polisemia; en dos versos la combinación de las relaciones establecidas entre ellos; en tres, un despliegue de sentidos que seguirá multiplicándose hasta el verso final, cuando como en una cámara de espejos, el poema todo -a su vez- se combine con las polisemias provenientes de los otros poemas que encontramos en “Mortal en la noche”, para pintar una atroz y fascinante universo, allí donde la condición humana, la de materia que se piensa a sí misma, fracasa una y otra vez, tal es su destino, en fijar sus límites y poder nombrarlos; esa es, precisamente, su grandeza. Que alguien pueda escribirlo, es una hazaña más de la poesía contemporánea.
“Mortal en la noche” es una Capilla Sixtina a la que le falta, felizmente, Dios.


PÁGINA 20 – POESÍA AMERICANA

MARGARITA MUÑOZ
(Chihuahua-México)

12

El mar    avanza silencioso
tiene los tonos tristes
del último día del verano.

El sol se rompe entre las olas
reflejo iridiscente
memoria del agua
caracola dormida

Hace frío y tus manos están lejos

La tarde navega lánguida
Se enredan las sombras    
bordeando las orillas del olvido.

FRANK PEREIRA HENNESSEY
(Barranquilla-Colombia)

PÚRPURA 

Después
de recoger la noche
en su paraje de insomnio,
invadimos la púrpura
de cada gota de silencio,
mientras
tus labios se abren,
igual que un retorno
en el desliz de un relámpago.

LEON GIL
(Medellin-Colombia)

VANGOGHIANA

A sus 37 años, el pintor
pinta como un loco y como un niño
sin ser niño
y se retrata como filósofo o anciano
sin ser viejo

Proscrito de todos los paisajes
del mundo y de la vida:
estéril perdido y sin chance

¿No recuerda que en los últimos 6 meses
ha fustigado y cometido más de un centenar y medio
de telas, dibujos y grabados,
y recuerda que en toda su vida ha vendido sólo un cuadro?

Cada tarde, después de arar y segar los campos
de luz, girasoles, de-lirios y trigales
se pinta el alma de luminosos alcoholes
se mete entre los cómplices espejos de la noche
y dándose unas efusivas palmaditas en la cara
se dice:

Pero vamos, muchacho
si no has cambiado nada
parece que fue ayer
la última vez que te vi ebrio
cantando en las esquinas con tu amigo
y acariciando a tu chica en el parque
ebrio como un dios
creando y recreando el mundo a tu paso
¿Es necesario decir, que sólo ha entonado en manicomios
delirios y aullidos con enajenados y fantasmas
y que para ver por un instante
a su amada Katherine
se asó una mano sin lograrlo?

Escribe cartas de náufrago a su hermano
y a veces en su islote requiere con urgencia
el fuego húmedo de cualquier “puta barata”

Cada mañana al despertar
los espejos severos y prosaicos del día
le presentan a un hombre diluido
seco y oscuro
como un charco de obsidiana
y extraño

Más extraño

CARLOS FAJARDO FAJARDO
(Santiago de Cali-Colombia)

DIÁSPORAS

Soy del olvido.
El techo de mi casa se derrumba
voraces avispas pican mi carne
insectos bajan a degustar esta podredumbre.

Me resisto a vivir ante estos muros.
No quiero empotrar aquí mis ojos ni mi sexo
no quiero ser un moribundo llorado
alguien que atrae golosas moscas.

Soy del olvido
oscuro túnel donde el tiempo sigiloso se oculta
herida abierta de par en par ante mis ojos
cataclismo que mira la dolorosa belleza.

Soy del olvido.

Un hombre con un ataúd  que arrastra
y una oración que llora.
Un ser que se hace preguntas
inclinado en esta barca
eterna guía de la muerte que me signa
corazón de mi extravío

ELVIRA ALEJANDRA QUINTEROS
(Cali-Colombia)
 
La voz del río
¡No!  Dice el río con su angustia de no volver atrás
Con su mirada despeinada y sus aguas de siniestras tempestades
Con su angustia que escribe remolinos y oscuras vueltas, sin decidirse aún, gritando asustado

Aguas bullosas del verano presintiendo un lecho envenenado y otro lecho que acoge la desdicha de no ser nunca más:
Allá el borde del mar
Allá la nada con sus barcas ancladas mirando el poniente
Allá la inconsolable promesa de muerte

¡No!  Han dicho sus aguas turbias y no pueden regresar
Aguas sin paz donde los rostros buscan lavar algo
Tal vez la vieja costumbre del ahogo en los ojos dilatados
Tal vez los amores y sus nombres a punto de brillar en el fondo.



PÁGINA 21 – CUENTOS BREVES

JORGE M.TAVERNA IRIGOYEN
(Santa Fe Capital-Argentina)

SE TRATA DE VACÍOS


Fuera del costurero en que hilos, agujas, broches y elásticos llevan un obsesivo orden, su vida no tiene ni un antes ni un después. La familia la deja hacer lo que quiera y como quiera, pero ella no sabe concretamente qué. Entonces inventa situaciones (que no son delirios) y viaja lejos, con los ojos bien abiertos. Hoy, con el tobillo vendado, respondió que se cayó de las escalinatas de un templo en Singapur.



Alcanza la distancia y se persigna. Siente que está en presencia de Dios. Alarga la mao, con los ojos cerrados. Vacía la mente. Y de pronto voces celestiales lo sumergen en el más excelso plano de reconciliación consigo mismo. (No siempre, pero con frecuencia, el Director del Coro Polifónico entra en ese éxtasis y todos, con miradas cómplices, lo dejan hacer)



En las orillas del Gólgota del Bautista, recoge piedras de colores. A veces, pasa horas. Es el padre Matías, que ya no da misa en el convento. Está un poco ido, dicen, y lo dejan que salga por ahí. Entre las piedras, cuando nadie lo ve, suele deslizar algún crucifijo de bronce, se persigna rápido y continúa con los guijarros de colores.





Lo consultó con el psicólogo, pero no tuvo respuestas. Cuando pasa por una juguetería, se descoloca. Mira cada uno de los juguetes y los hace andar, les pone cuerda en su mente, se desliga del mundo de las convenciones. Puede estar media hora o un día. Alguna vez un policía lo sacó del negocio, de sospechoso que resultaba. Y aún llevado del brazo con fuerza, siguió haciendo girar el trompo.


PÁGINA 22 – POESÍA AMERICANA

CARLOS LÓPEZ DZUR
(Orange County-California-USA)

CHOQUE CULTURAL

Se atragantarán en rapeo,
cultural shock, asombro con palabras
quienes apenas oyen y en salivero
balbucean con ruido baboso
e imágenes que perdieran sentido
porque rehusaron «pensar el Ser de los dioses
tanto como el de los hombres» *
o cuando al recinto 100 x 35
lo midieron mal y no alcanzaron
a abrirlo para el mundo
para despliegue pleno
de la Voluntad,
el espíritu..

LUIS ÁNGEL ZOLA
(Medellín–Colombia)

Deshoras #IV

Ese breve momento
donde se recuerda la niñez
como algo que no puede impedirse
y se nos hace indecible
Todo allí sobre la imagen
como una secuencia de pulsos
o una vaga estructura de silogismos intuitivos

Grafías incompletas de nostalgias y alegrías

Ese breve momento de mirarnos
distantes y distintos

Ese mecanismo de defensa
de recordar lo que somos
y lo que fuimos.

GRISELL MORATAYA CASTRO
(Puerto Barrios-Guatemala)

¿DE DÓNDE FLUYE?

Que el verbo sigue siendo verbo es señal que el viento existe
es la voz absoluta dicha sin lengua 
canto que restituye la dulzura, 
revelada desde un confín de mis adentros
y fluye como murmullo una lunada, en mi crisálida
espero abrir las ventanas de tu mirada,
soy de la vida el torrente de albor
soy del trueno voz y resplandor
soy la estrella y el brillo de tu dolor
ilumino los montes y las selvas
doy el todo por el todo, siendo todo
en un punto donde tu mirada atrapa el horizonte
he nacido para azotar, para hablar la verdad
un cabello rojo auténtico
un alazán que surca mares, alturas y vientos
que toca el clarín en el universo de un cielo azul
soy la raíz de abriles en ti, soy el que soy.
Y sueño en mi mente un espacio que limita al olvido
una sensación apasionada que hace que
de mi vientre brote lo genial e invisible
el verbo que en la soledad se sueña
una huella origen, sangre, alma, memoria
suave como la dicha
ensueño con el surfeo vientos, olas y mareas,
si la demencia entorpece descansar en mí es sabiduría
satisfacción y conciencia.
Y me gustaría llevarte a
pequeños ríos de agua fría y caliente
son los afluentes azules de la zona de mi esfera
por atajos que traen cierta inquietud
de bañar mi amor y tu amor… 
¿Sabes?
Me gustaría llevarte al agua fresca de mi sendero
ducharte de pies a cabeza invitando a tus males salir,
luego embriagado llevarte al aroma de mi toalla y proteger tus años 
por coexistir, haría con mis brazos cojines volcánicos
un abrigo para el calor y el frio que armonicen con tu existir
pasar de fogoso a violento mirada candente, visión de termales
guardando tus tiempos eternamente.

GRACIELA GUERRERO GARAY
(Las Tunas-Cuba)

TRIACTOS



                        ACTO I
Desata al gavilán del beso.
Busca  en tu sino la sensación exacta,
la pura,
        la única,
            la irrepetible,
                 la nuestra.
Sacude al mundo con la punta del dedo.
Dirige proa al río de la suerte.
Quédate ahí
                tranquilo,
                            sin miedo.
La ternura se escala poco a poco,
para no despertar los sensores de infierno.
Ya. Todo está aquí. Navegamos.
El timón del deseo camina rumbo sur.
No lo quebrantes. Disfruta sus entornos.
Es un viaje de amor.
Se llega a puerto, siempre.


                    ACTO II
A tus lanzas no mostraré el escudo.
Hagamos un pacto:
                                   Soltemos las velas,
                                           rompamos la brújula,
                                                     los mapas.
Viajemos. No más.
Olvida el sur y el clítoris.
Ignora al tiburón de aletas negras.
Descansa acá…en los peñones tibios,
                                   puntiagudos,
                                          vírgenes,
                                                mafiosos.
Sacude el ancla.
La tormenta del tiempo borró los arrecifes.
Cálida fiebre la del mar esta noche.
Las estrellas parecen mariposas.
No hay marinos,
                          ni leyes,
                                     ni códigos absurdos.
Es nuestro viaje. Basta.

                       
                           ACTO III

Cuidado; podemos estropear el viaje.
Reduce la velocidad de los motores.
No rompas la inercia,
sumérgete como si no quisieras,
el puerto espera si se sabe llegar.
Apresúrate ahora. El viento está a favor,
                                   desándalo,
                                         conquístalo,
                                               absórbelo.
Clávale el ancla.
No dejes que el embrujo fenezca al suspiro del éxtasis.
En este viaje nuestro, nada tiene sentido
                                                        sin volver a empezar.

EDGAR TREJOS
(Envigado-Colombia)

TU NOMBRE 

Tu nombre 
tierra de secretas, florecidas rutas, 
–recuerdos de honda, lúcida nostalgia,
escondido puerto de placer donde moldeó el ser,
silbo atado a esperadas auroras–,
fundido ahora al crepitar de los altos leños de la vida
baja a torrentes meditados de tiempo
–espejos de nuestra fúlgida canción–
como urgida luz que busca aún
refugio entre dunas del día
–esos rostros deslumbrantes 
que a veces cruzan
llamando. 

Quedarse en ti, entre tus lianas, es furiosa lección,
viento que remonta existencia,
orilla sin sosiego 
para la intacta materia de la memoria
que retorna a aguas de felicidad.
Ninguna lástima desde tu prado 
sea mancha para el ser que transita urgido
o fiebre del pasado:
no cese, ebria, sedienta, tu cópula en los labios
y la muerte no despliegue airosa su manto
sin que el crujir de tu eco
levante caos, abra toldas de afecto.
Por tu nombre de espléndidas herencias
es confiado el fervor, el fuego que crepita,
errante afecto contra densas nieblas de porvenir.
Por tu nombre
No abrirá compuertas de suplicio el olvido.
Nada desvanecerá los sueños…




PÁGINA 23 – CUENTOS BREVES

(Monte Buey-Marcos Juárez-Córdoba)


Ella clavó sus colmillos en mi cuello. Acto seguido atravesó mi pecho con una estaca.
Algo no funciona bien en esta historia. La única que no se refleja en el espejo es ella, pero quien muere estaqueado soy yo.

a Rogelio Ramos Signes

Cierta noche, después de una cena informal, decidí demostrar la existencia de una mano invisible que presiona las cosas (cualquiera puede repetir esta experiencia): Tomé una lata vacía de gaseosa y le agregué unas gotas de agua. Aferrándola con unas pinzas, la acerqué a la hornalla de la cocina y esperé que empezara a salir el vapor. La di vueltas y la sumergí, tapando su abertura, en un recipiente con agua y ¡crunch! la lata fue aplastada en el acto. ¡La mano invisible había actuado! Es impagable ver la cara de sorpresa de los presentes, a menos que se trate de físicos o ingenieros: ellos siempre encuentran una explicación razonable para estos fenómenos.

a Orlando Romano

En la tribu de los M’jú, el brujo era también el encargado de las cuentas. Su sistema de numeración era quinario: se basaba en los cinco dedos de la mano; merced a lo cual, pronto la tribu de los M’jú comenzó a destacarse del resto.
A medida que las colecciones de objetos de la tribu aumentaban sus elementos, el brujo comenzó a utilizar ambas manos y luego ambos pies.  El progreso fue tal que a continuación se necesitaron más y más dedos.
Comenzaron así las mutilaciones, con lo cual el progreso se detuvo y la tribu de los M’jú terminó por desaparecer dejando estancado por siglos el desarrollo de la matemática.


Hace varios días que una zorra merodea en mi jardín. Observé que tiene un cachorrito y que busca comida. He decidido alimentarlos dándole arroz a la zorra. Como no soy un abad, esta situación será olvidada ya que no cuenta con la mnemotecnia de un palíndromo.

 UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD

 El príncipe era flaco, desgarbado, con una palidez cadavérica, acentuada por sus negras ojeras. Era, además, bastante torpe.
Sin embargo, estaba allí, frente a la Bella Durmiente, sin atreverse a besarla. Cuando finalmente lo hizo y ella entreabrió sus ojos, él estaba distraído siguiendo una mariposa con la vista. Esto le permitió a la Bella Durmiente echarle una ojeada y fingir que continuaba dormida. Había decidido aguardar una segunda oportunidad.

LA MUJER DE TOL
a Julio Cazas Cardozo

Una antigua leyenda wankanari cuenta que, en el altiplano andino, hace miles de años, Tol y su mujer fueron visitados por dos extranjeros quienes les advirtieron del inminente fin de su pueblo, los urus, y les recomendaron cruzar el lago Minchín, si deseaban salvarse. Deberían navegar hacia el naciente y no darse vueltas a mirar, bajo ninguna circunstancia.
Obedientes, tomaron sus pertenencias, subieron a la vieja barcaza y emprendieron la huida. A mitad de camino, un gran resplandor iluminó el cielo y un estruendo se escuchó a sus espaldas.
La mujer de Tol quiso ver lo que sucedía y volteó hacia la aldea. Al instante, el lago se secó y el paisaje se vistió de un blanco inmaculado. A pie, Tol y su mujer, continuaron la marcha por el Salar de Uyuni.

SUSTO

— ¡Papá, papá! ¡Hay un hombre debajo de mi cama!
— Tranquilo, hijo. Tuviste una pesadilla. Recuerda lo que siempre nos dice tía Elvira: “¡Los hombres no existen!”.
Y el pequeño monstruito volvió a dormirse.

LOS UNICORNIOS

Dicen que en el claro del bosque viven los últimos unicornios. La gente está inquieta: quieren capturar uno vivo y confirmar su existencia.
Dicen que para hacerlo, una doncella debe internarse en el bosque y el unicornio, dócilmente, saltará a sus brazos.
Una a una han enviado a todas la jóvenes del pueblo y cada una ha regresado con las manos vacías.
Por no descreer de las doncellas, dicen ahora que todo era un mito y el pueblo ha vuelto a la normalidad.
En el claro del bosque continúan viviendo los últimos unicornios, sin que nadie los moleste.

EL SEÑOR CLEMENS Y EL COMETA HALLEY

Cuando, en noviembre de 1835, el cometa Halley se acercaba a su perihelio, en Florida, un remoto pueblito de Missouri, nacía el niño Samuel Langhorne Clemens.
Curiosamente, 75 años después, cuando el cometa Halley estaba nuevamente en su perihelio, en su lecho de muerte, el señor Clemens anunciaba a sus deudos y amigos:
— He venido con el cometa y me iré con él.
El señor Clemens murió el 21 de abril de 1919, cumpliendo estrictamente con su vaticinio.
El mundo lo había conocido por sus asombrosas novelas de aventuras y por el famoso seudónimo con que las firmaba: Mark Twain.



PÁGINA 24 – POESÍA AMERICANA 

BENJAMÍN LEÓN
(La Serena-Chile)

II

Hacia el degüelle van los animales ciegos,
sus corazones gimen, sus voluntades sangran
y en sus pupilas yacen la luz y la certeza.
El peso de la noche se extiende por sus lomos,
y la humedad carcome con hambre e injusticia.
Cruzan entre cadáveres de anónimos hermanos,
lloran en mansedumbre la desaparición,
arrastran la cadena que sostiene el insomnio.
Huelen traición y mierda, oyen los alaridos,
oyen cuchillas, fierros, desagües del horror,
envolturas de plástico, urgencias y balanzas
que asoman a la mano que amarga la sentencia.
Hacia el degüelle van los animales ciegos,
mi corazón les llora, mi corazón es prójimo:
hierba de su dolor, su voz, su semejanza.

ASTRID SOFÍA PEDRAZA DE LA HOZ
(Puerto Colombia-Colombia)

SILENCIO

¿Dónde está el silencio?
No hay silencio, ni sonido…
¿Donde están los oídos para percibirlo?
Solo existe el incesante hálito eterno.
La voz no ha sonado todavía.
El corazón no se ha abierto.
El tejido de la luz no ha nacido.

Aún duermen las palabras,
En el pensamiento divino
Su vibración palpita apenas,
En las profundidades cóncavas
Y convexas del lenguaje.

Sin embargo todo habla,
Todo es sonido y  silencio

ALEJANDRO DELGADO
(Morelia-Michoacán-México)

EL ABUELO DE LAS SOMBRAS

la sombra es un ruido oscuro
ruta de navío hundido en espiral
progenitor y confabulador de profecías

la sombra es al viento
lo que el humo al fuego
la hipócrita herencia de la luz

el deseo en rizomas de oscuridad

ANTONIO PRECIADO BEDOYA
(Esmeraldas-Ecuador)

NEPTUNO

Estoy aquí
para defender a mi caracol
de que, por cualquier mínimo descuido
(después de pasar acurrucados
junto a él en su concha
todos esos milenios,
todos los temas,
todos los idiomas;
y tras todos los mares
y todas las resacas
y todas las mareas
y todo lo demás
que con él en los mares haya sido),
tenga lugar el pavoroso instante
en que, por entre todas las certezas
y todo lo de adentro
que todo el tiempo el caracol ha dicho,
de algún modo,
por fin,
consigan invadirlo todos los silencios.
Sabed bien que, por él,
yo voy de ola en ola
enarbolando un alga feroz entre los vientos;
así que ningún buzo
y ningún capitán
me le atará la lengua
en que tengo grabados mis anhelos.
¡Dejadlo como está,
que siempre estoy despierto!
Y sabed que si el mar,
el mismo mar,
al contrario, me tapa
la entrañable verdad del caracol
con sus estruendos,
haré en mis propias palmas,
con los dientes,
dos mares apacibles
y los pondré a decirme
al oído,
quedito,
las palabras que quiero.

YANARIS VALDIVIA MELO
(Ciego de Ávila-Cuba)

Días desconciertos en voz de Sylvia Plath

Lejos de lo conocido se siente menos el pasar del tiempo,
días interminables donde soy un objeto inanimado,
y la fuerza de la inercia me mueve sin notarlo.
No bastan emociones, sitios nuevos;
un aire de ligera depresión asoma entre mis maletas,
la parálisis, el no pensar.
Voy perdiendo la esencia, las cosas distantes,
el convencimiento de ser múltiple.
Veo tierra desde dentro,
desde arriba,
sin escuchar…
Detenida en el cristal
necesito oír la voz de los que amo
ahora que quiero decirlo todo
cuando no puedo decir absolutamente nada.


PÁGINA 25 – RESEÑA

ROSANA KOCH
(Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Argentina)

DESDE LA MEMORIA

Libro: TODOS ÉRAMOS HIJOS
Autora: MARIA ROSA LOJO
Editorial: BUENOS AIRES, SUDAMERICANA

 “Este libro, más cerca de la memoria que de la Historia, transcurre sobre todo en ciertos escenarios reconocibles cuyos nombres no se han cambiado”, explica María Rosa Lojo para dar comienzo a su novela Todos éramos hijos. La Historia, que a partir del personaje de Frik, teje una trama cuyo punto de partida son los ensayos de las alumnas del colegio Sagrado Corazón de Jesús con los alumnos del Instituto Inmaculada, ambos religiosos, de Castelar, para representar la obra de Arthur Miller Todos eran mis hijos. Los tres actos de la novela (al igual que la obra a representar) son el escenario progresivo para recomponer, con vocación testimonial, la historia de estos jóvenes amigos, que en la Argentina de los años 70 ( momento en que la radicalización política y la inmensidad de la represión se hacen presentes e irreconciliables), con su escaso registro de la experiencia, en el filo de la vida y la emoción, “se perdieron ellos mismos, o fueron encontrados a la luz del sol y arrastrados al fondo de otro escenario oscuro donde los esperaba la boca de la muerte”. El colegio Sagrado Corazón de Jesús que “se había convertido en blanco de inspecciones intempestivas” instaura un discurso en que la iglesia, entre el sermón religioso y político, se debate a sí misma a partir de los cambios producidos por el Concilio Vaticano II de 1962  y los Documentos de Medellín de 1968. La novela deja testimonio, en la figura de Juan Aguirre, sacerdote del Sagrado Corazón y miembro del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, de esa iglesia perseguida, militante, la de la opción preferencial por los pobres, cuyos miembros, con el único recurso de la acción social,  han entregado su vida para cumplir con el compromiso cristiano.  Una grieta abierta que hace emerger deliberadamente las muertes del padre Carlos Mugica, el sacerdote francés Longueville y el fraile franciscano Dios Murias, el Obispo Enrique Angelelli, y las monjas francesas Léonie Duquet, catequista del Sagrado Corazón, quien 28 años después de desaparecer, “las olas que dicen la verdad” devolvieron su cadáver y pudieron identificarla. “Alice Domon (Caty), que quizá voló más lejos o cayó más profundo, permanece desaparecida en el mar que brama”.
No hay lugar de destiempo: la memoria de la Historia se desdobla simultáneamente en el espacio autobiográfico para retomar y completar los hilos narrativos de Árbol de familia, en el que la voz narrativa “suspendida” entre dos aguas, la española y la argentina, continúa presa en un lugar fronterizo de una tierra prestada con un apodo impuesto y  pegadizo, Frik.  La narradora, que camina en la casa de la memoria, va tejiendo un diálogo de acuerdos con su padre, Antonio, árbol fundador de su vida y de desacuerdos con su madre, Ana, la bella. Hija del exilio, en su condición de nómade, arrastra el peso de la nostalgia de ambos padres quienes juntos “emergían entre un millón de muertos  y habían cruzado el océano para ser otra vez, en otra parte. Pero no habían pasado el Río del Olvido que podía permitirles, verdaderamente, nacer de nuevo. La vida como segunda oportunidad no había sido bastante para ellos”.
A lo largo de la lectura de Todos éramos hijos se van configurando dos imágenes maternas: una política, que apela a una memoria colectiva y que pluraliza en el relato la voz de una madre que abarca al conjunto de los hijos de una nación. Así, la tragedia personal adquiere un carácter social y político. Y por el otro lado, una madre personal, que construye su maternidad con su propio pasado de hija. La perspectiva de la hija, en este caso de Frik, será un lugar de construcción que responde a la imagen que el espejo de la mirada materna configuró: traslúcida y pequeña “se veía vivir, extraña entre extraños, en un mundo incomprensible que solo a los ciegos podía parecerles sin enigmas, normal y rutinario”, “baqueana de sí misma”, quien desde muy pronta edad, por su timidez  se “acostumbró a asomarse al exterior desde su casa de palabras”, y como un viaje iniciático que comienza en la adolescencia en el colegio Sacré Coeur, convertirá ese lugar de “tránsito suspendido”, mediante las aguas de la ficción –donde sus ojos claros siempre se reflejaron con nitidez– en refugio de sus propios pasos. “Soy gajo del árbol caído/ que no sé dónde cayó/ ¿Dónde están mis raíces?” Después de reparar en el espacio textual el diálogo interrumpido entre madre e hija, el dibujo de la tapa del libro logra ser la metáfora exacta de cómo las ramas se entrelazan y adhieren al muro de la vida tras haber golpeado las Puertas del Cielo…





PÁGINA 26 – POESÍA AMERICANA

JIMMY VALDÉZ OSAKU
(Mao Valverde-República Dominicana)

SIEMPRE ES PRIMERA VEZ EN SUS BRAZOS

A estos altares de la cintura, a este ombligo de papalote, razón de las agujas, lucecita en rojo, pliego para redimir mientras se devora el perdido bosque a mordiscos.  A este anaquel, fiesta que besa en blando la inquietante hendidura de su vientre. Reino celestial  para las orugas, pétalo desangrándose en las mil maravillas de las sales, bastión de los deseos, corola de espasmos. A esta entrega, a esta laceración en su primera noche, concierto de címbalos, tostada por la que pasa el cuchillo humedeciéndola, derrumbada almena,  ecuestre desnudez indeleble, le debo  el amor de las curvaturas, el resguardo pectoral, la servidumbre.
A este sentarnos, mirarnos a los ojos, cuando cruza sus piernas hasta aprisionarme…

RAÚL HERAUD
(Lima-Perú)

MUERTE Y DECAPITACIÓN DE UN HOMBRE SIN FE

Cuesta abajo en el sendero de la calavera
donde la vida es una maldición que los hombres soportan
un ángel apareció entre la mierda
besó a los esperpentos a pesar de estar condenados
los amó aun sabiendo que el amor nada podía
el ángel lavó con vinagre mis heridas
posó sus alas y su viejo cuerno
sobre mis ojos de sapo disecado
nos habló sobre hombres que destejen sus vidas
abandonándolas como trapos inservibles
como raídos envoltorios huecos
todos guardamos silencio por vergüenza
lloramos en vano ante las entrañas de Sísifo
nada de lo que hicimos valió nuestra salvación
fuimos lanceados y apedreados
expulsados de la vida por hombres de fe
ante la llegada de la muerte
dios fue una piedra que tuve que cargar inútilmente
mañana después de mi decapitación
mi cuerpo será incendiado y arrojado a los perros
no escucharé llantos de mujeres ni vendrán putas golpeándose el pecho
solo habrá una lapida sin nombre a la que vendré a llorar yo mismo.

GLADIS MENDIA
(Maracay-Aragua-Venezuela)

VOZ LATINOAMERICA

la voz mosaico la voz fragmentada la voz muchas voces capas de voces estremecimiento   lo cotidiano   lo exótico   lo corriente   lo exquisito   la voz inquieta   la voz fuerza   la voz queja   nuestra voz impura ramificada en tantas voces   por necesidad biológica   por adaptación   por lógica   por tanteo   por propuesta   por entusiasmo   sin teorías   con archivos temporales   muriendo juntos por la misma bala   sin homogeneidad voces que llaman a lo fértil sin padre   voces de circunstancias   descriptivas   arbitrarias elocuentes   logran su no finalidad   voces al extremo   voces que suben de espaldas al cielo de la tierra

WINSTON MORALES CHAVARRO
(Antioquía-Colombia)

XXVIII
LA CANCIÓN DE LUCIFER


Mi ídolo de bronce es el abismo
el fuego, las cavernas.
La vida del maldito
-desterrado de la luz y las alturas-
se pendula entre el mal, el bien, lo dionisiaco.
No maldigo de las sombras
no aspiro a las venganzas,
continúo con mi vestidura satánica
instruyéndome en el bien
y solazándome en el mal.
Los más doctos dicen que fui expulsado del espejo,
que mi imagen vagabundea por los laberintos y paradigmas de la muerte.
pocos saben que conservo mi posición de ángel
que aparezco majestuoso cuando miro mi belleza ante las nubes
que mi sabiduría multiplica la ignominia de los justos
y la nobleza de los desterrados
contagia de belleza a los malditos.
Voy del ascenso al descenso
como el viento que hila los caminos:
no creo en la maldad, en el bien,
en el pasado, en el futuro
pues los cuatro están confinados en las sombras
y las sombras
en el hades de un espejo orbicular.
No maldigo a las alturas
no me duele la caída
hay un punto en que todo deja de ser contradictorio
y nada en este punto se excluye sino que interacciona.
¿Quién ha dicho que el abismo no es la altura?
qué la maldad,- producto de la belleza-,
no es el bien?
que las sombras no son la luz?
que el caído no es el levantado?
Pocos saben que sobrevuelo el infinito,
el paraíso, la manzana,
que mi vestidura de Vampiro
me da el elixir de la noche,
que sustraigo del día los frutos del iluminado
y que espero sabiamente el último camino
para empezar mis andananzas
por la otredad,  por la vaguedad,
por lo inmensurable,
por lo indefinible.


KARINA RIEKE
(Santo Domingo-República Dominicana)

DE FRENTE A MI ESTATURA

Mujer repite tu silencio
Y estira con palabras tu dolor
Tú de sonrisa angular
Cruces de razones te atormentan mientras
El enorme cielo impone tu misterio
Acariciándote desconocida
Descubro
Tus otras estaciones
Mujer repite tu silencio
Y celebra desatando tus temores
Tú de vanidad estirada cargando
Cementerio de razones
Vaticinas en voz tus agonías
Sentenciando la ternura que intimida
Mujer repite tu silencio
Para conciliarme antiguamente
En tus palabras
Irremisiblemente luminosas
De agonías
Dame tu espalda
Para negarte y negarme
Códigos que me incorporan
Vigilan tus verdades
Galería de dioses ajenos
Niegan el oficio de tu voz
Hoy mías
Y solo rechazando tu alma
Alimento mi sentencia
Mujer que sujetando tu nombre
Soy tu gozo
Déjame acariciar tus bestias
Que esparces al sonido
Como muelle de avenencias
Tú de carnes vírgenes
Falso festín de palabras pálidas que
Avejentas mis miradas
Mujer repite tu silencio
Y déjame remplazar
Tus inciviles
Espaciosas manos
Contenidas
Desesperadas
De frente a mi estatura
Ven y dame tu silencio
Que en otro sitio será
Que te descubro



PÁGINA 27 – CUENTOS BREVES

GUILLERMO BUSTAMANTE ZAMUDIO.
(Cali-Colombia) 

JUSTICIA DIVINA

 Después del diluvio, una vez repoblada la tierra, Dios comprendió que entre los hombres seguían existiendo el bien y el mal. Molesto por la ineficacia de una acción tan onerosa y pretendidamente ejemplar, mandó a su ángel justiciero –espada flamígera en mano– a separar, de una vez por todas, el bien del mal.
Esta medida, que no anunciaba –como la anterior– el exterminio del hombre, sí lo logró, pues cada ser humano quedó partido en dos.

HISTORIA

Hace millones de años, un homínido ya usaba precarias armas para retardar su predación, y cada vez necesitaba menos de los instintos para alimentarse y procrear. Como poco tenía dónde almacenar el recuerdo, sólo unas cuantas marcas quedarían como testimonio de los períodos interglaciares.
Con el tiempo, cesaron las glaciaciones, sobrevivieron algunos homínidos, dominaron el fuego y cada vez tenían más espacio en sus símbolos para que la historia hablara. Cada época extraía esa historia de las escasas marcas dejadas por otros, y, a su vez, dejaba unas cuantas huellas más con las que nuevos hombres inventaban su pasado.
De este modo, de los períodos interglaciares fue quedando la idea de aguacero; de sus catastróficos efectos, se fue conjeturando algo universal; y de los modos nunca satisfactorios de entender el desamparo frente a lo real, surgió la leyenda de un castigo total, enviado por un dios encolerizado sobre sus inermes criaturas.

CRÍA CUERVOS

 Noé había escogido una pareja de cuervos porque se lo había pedido el Señor. Pero temía por sus ojos. Por eso, cuando vio la oportunidad, se deshizo de esa especie desagradecida con quien los cría. Con el pretexto de establecer si ya la tierra estaba seca, dejó salir uno, sabiendo que no encontraría dónde posarse y que, aun así, jamás regresaría al arca, pues su instinto otra cosa le dictaba. Aparentemente, se vio obligado a lanzar otra ave al vuelo; pero esta vez sí escogió aquella entrenada para volver al mismo punto, hubiera o no tierra seca, hubiera o no frescas ramas de olivo para testimoniar de un hecho que no podía fundamentar la decisión de abandonar el arca, pues estaba dicho que era Dios quien debía autorizarlo.


 PÁGINA 28 – RESEÑA

CARLOS ROBERTO MORÁN
(Santa Fe-Argentina)

ANGEL BALZARINO Y FRANCISCO BITAR PREMIADOS EN SANTA FE

La provincia de Santa Fe otorgó los premios de narrativa “Alcides Greca”, resultando ganadores los escritores Ángel Balzarino, en obra editada, por su libro “La sangre para ellos son medallas”, publicado por Ediciones al Margen, y Francisco Bitar, por su inédito “Luces de Navidad”.
Respecto de Balzarino, escritor afincado en la ciudad santafesina de Rafaela y sobre quien varias veces hemos hablado en este blog, el jurado integrado por Elvio Gandolfo, Carlos Roberto Ríos y Eugenia Almeida ha destacado que los cuentos que integran su libro “escenifican los modos de la violencia y sus efectos en el laberinto indiviso de víctimas y victimarios” y que “descubre así la refracción de la violencia social que opera en un suceso íntimo, comunicando con solvencia profesional temas muy diversos, incluyendo los relatos históricos”.
En cuanto a Bitar, quien se presentó con el seudónimo de Correa, el mismo jurado destacó que el libro revela “una voz narrativa sólida, transparente y ajustada, muy fiel a las historias que propone”, añadiendo que “en cada cuento la complejidad de las relaciones interpersonales de personajes tomados de la vida cotidiana es captada, con eficacia infrecuente, desde el mundo apenas visible de los detalles” y que “el autor desarrolla distintas temáticas con buen manejo del espacio y de las velocidades del relato”.
Balzarino tendrá una compensación en metálico, en tanto que para la categoría inédito está prevista la publicación de la obra, en la colección "Los Premios" que edita el Ministerio de Innovación y Cultura junto con la Universidad Nacional del Litoral bajo el sello Ediciones UNL.
Balzarino nació en 1943 (cumplió años ayer) en la localidad santafesina de Villa Trinidad y desde los 13 años reside en Rafaela. Ha publicado los libros de cuentos: "El hombre que tenía miedo", "Albertina lo llama, señor Proust", "La visita del general", "Las otras manos", "La casa y el exilio", "Hombres y hazañas", "Mariel entre nosotros", "Antes del primer grito", "El hombre acechado", "La fama de Clodomiro", "La sangre para ellos son medallas" y "Timbre a la hora de almorzar" y las novelas "Cenizas del roble", "Horizontes en el viento" y "Territorio de sombras y esplendor". Ha participado en antologías publicadas en Estados Unidos, México, Reino Unido y Argentina y a lo largo de su carrera literaria ha obtenido una importante cantidad de premios y reconocimientos. En 1996, en Rafaela se lo distinguió como personaje cultural del año.

Bitar nació en la ciudad de Santa Fe en 1981. Es licenciado en Letras y publicó los poemarios “Negativos”, “El Olimpo” y “Ropa vieja: la muerte de una estrella”, así como la novela “Tambor de arranque”, que obtuvo el premio Ciudad de Rosario. Tradujo a escritores norteamericanos y participó en las ediciones de “Trabajo nocturno. Poemas completos de Juan Manuel Inchauspe” y “30.30. Poesía argentina del siglo XXI”. Cuentos y poemas de su autoría integran diversas antologías y fueron traducidos al inglés y el alemán. El año pasado le fue concedida la Beca del Fondo Nacional de las Artes.


PÁGINA 29 – CUENTO

ROGELIO RAMOS SIGNES
(San Juan-Argentina)

ALGUNOS DATOS PARA UBICAR A WALTER MARTILLO

Sin excepción, todos los autores coinciden en los 88 años que tenía al momento de su muerte el fanático guerrero Walter Martillo, o Martel, o El Golpeador, o Puño Fuerte, o Walter a secas; que, luchando en Bizancio, en Persia, en el Egipto islámico y en la España posterior a Covadonga, impuso la paloma como símbolo de la guerra, y de la paz a través de la guerra; porque de armas tomar era ese mahometano latino reverente a los mandatos de Alá y también temeroso del Dios que agonizaba en la cruz.
Si muerto en el 791 lo consignan todos -incluso Goodalrick Hereford, amigo de la disputa malhabida- por nacido en el 703 deberíamos darlo, y la historia no caería en contradicciones; cosa que siempre es un saludable paso hacia delante. Las aves cantarían al amanecer, el sol seguiría poniéndose por el oeste y la brisa marina humedecería las playas, las axilas y las sábanas.
Pero como Goodalrick Hereford lo hace morir a la edad aceptada y en el año indicado hacia fines del siglo VIII (aunque nacido en el 770, según él) apenas habría llegado a la juventud. Sinceramente no sabíamos qué hacer con los 67 años que faltaban, o sobraban.
Como tamaña afirmación del estudioso Hereford pusiera en apuros a nuestro cuerpo de historiadores y también a nuestro cuerpo de revisionistas y a un cuerpo muy especial de revisionistas del revisionismo, que terminan por aceptar la historia tal como se la contó en un primer momento; dimos en afirmar su teoría, por lo que el aprendiz de musulmán Walter Martillo habría nacido hacia los 67 años de edad en la parte saona de lo que luego sería la Lotaringia.
Fue hombre de extraordinaria perseverancia. Alumno y maestro al mismo tiempo, aprendió y enseñó el oficio de la guerra en las campañas previas al apogeo de Aquisgrán. Sus hombres y los hombres de sus hombres, por extraños cambios de bandería, defendieron y conspiraron contra los hijos de Ludovico Pío en el siglo IX.
35 años antes de su nacimiento dio quintillizos a su esposa y dos bellas mujercitas a su amante Marcela la Confiada. Atacó de palabra y de hecho a vándalos y ostrogodos, lo que le costó más de una cárcel en Constantinopla y otros conglomerados. Defendió sus territorios, controló las fronteras y recaudó impuestos a favor de intereses ajenos.
Llegó a todo cuanto podía llegar un hombre surgido de la nada. Fue soberano de su rey, y esclavo de sus vasallos. Ayudó a los fines de la ociosa monarquía, para luego combatirla sangrientamente. Algunos lo conocieron destruyendo comercios en el Mediterráneo y otros haciendo entrar por la fuerza las leyes germánicas.
A los 8 años, o a los 75 (es lo mismo), formó un ejército de mongoles nómades que lo llevaría a luchas de escaso fundamento al este de la Rusia varega; hasta perder, en esas estepas y en esas lides, las dos piernas y el brazo derecho.
Lejos de acobardarse por esas disminuciones, controló el comercio de Dalmacia desde un carro ornamentado, del que sólo emergiera su cabeza de búfalo, haciéndose recordar por su pésimo carácter y por uno que otro rapto de generosidad.
A los 88 años, o a los 21 (¿qué mas da?), en medio de un rajante invierno en la costa de Malta, murió agobiado por un acceso de tos ferina, arengando a sus nietos, bisnietos y a un índigo esloveno de los Cárpatos.
Corría el año 791 y en los campos ya se olía la presencia del Señor.


PÁGINA 30 – POESÍA EUROPEA

GABRIEL IMPAGLIONE
(Sardegna, Italia)

CODICIA

Diluvio de óxidos donde barca alguna salve nada
agua roja de tajo de cañón y de billete
agua roja para la amapola y los grillos
agua roja para el niño y la mujer y para el río
sobre todas las casas y los campos
sobre cada paloma y cada palmo de ay y de socorro
un diluvio caliente de óxido con hueso quemado
sobre tierra dividida       sobre manos caidas
colibríes peces algodón      manzanas
sobre cada refulgencia ahogada en sí misma
sobre silencio fragmentado y alertas inútiles
sobre las hojas de los diarios impunes y los impunes
sobre las huellas en la arena y la hierba de las plazas
un diluvio caliente de terminante óxido
alzando vapor de hachas     bocas rotas
sobre el viento de piedra     de maquinaria negra
sobre refugios        llantos refugiados
diluvio caliente de terminante óxido oxidófago
que completará la nada hasta que polvillo luego
como larga noche lenta y muerta
se acumule espeso brutal     lleno de dientes
asfixie el sueño del humus       borre cauces
grietas   senderos         cada vestigio de la historia
hasta establecer su gobierno de oquedades
el hueco de la metáfora destruida..

DOLORS ALBEROLA
(Sueca-Valencia-España)

REGRESO DE SODOMA

Como el perro que gime al contemplar al amo
y ladea la cola y husmea en la vertiente;
como el perro que sabe que está escondido el hueso
y escarba, escarba, escarba en el pasado,
intentando mirar hacia las cosas que ya no tienen fechas.
Lo mismo que ese perro que se muere de frío en un camino
y los hombres suceden y lo miran, pero no ven el daño.
Lo mismo que ese can, veo pasar la muerte,
es una niña que viene de Sodoma,
como si aún tuviera una antorcha encendida;
la ciudad tiene ya un nuevo nombre
y otras casas que se vienen cayendo como antaño.
Lo mismo que el lebrel que persigue a la niña
y va lamiendo esa mano pequeña capaz de reventarlo,
lo mismo que esa fiera reducida,
que ese torpe animal, ya sin memoria,
que ese que fuera lobo y ahora, dócil,
se tumba sin comer y mira, miro,
y la muerte, la niña,
me tiende una sonrisa mientras palpa
mi testuz con la mano que pudiera ser de ángel.
La muerte, esa chiquilla que aún viene de Sodoma
como si nunca el dios quisiera perdonarnos.

MAHMUD DARWISH

(Acre-Palestina)

CANCION DE AMOR SOBRE LA CRUZ

Ciudad de todas las heridas pequeñas,
¿no apagarás mi mano?...
¿No podrás enviarme una gacela,
y limpiarme la frente,
y el pulmón
de ceniza?
Añorarte es lo mismo que una ausencia;
Llamo a todas las puertas
gritando,
preguntando:
¿Cómo pueden trocarse
en polvo
las estrellas?...
Te amo.  Sé mi cruz.
Sé, como tú deseas, un palomar.
Yo sé que si tus manos me fundieran
se llenarían de nubes los desiertos.

Te amo,
¡totalidad del corazón!
¡sabor, oh tú, de uvas!
¡gusto a sangre!
Una luna en mi frente no se extingue,
y en mi boca se agita
un fuego,
una guitarra...

Si muriera de amor, deja mi tumba
expuesta a las pestañas de los vientos,
y no me entierres, no.
Para poder sembrar tu voz en todo barro.

Para poder alzar tu espada en todo campo.
Te amo.  Sé mi cruz.
Sé lo que tú deseas.
Dilúyete, en el alma,
como el sol
¡Y no me compadezcas!

SILVIA ROBLEDO
(Valencia-España)

POETA DE POETAS

Poeta de poetas,
humilde de corazón,
poeta sencillo,
poeta de poemas de amor y desamor,
de luchas, batallas y libertad.
Con parcas palabras en un solo verso
condensas en un gran significado
en mi silencio.
Poeta de poetas,
haz un poema solo para mí,
hazme sentirme única
en el disfrutar leyendo tus palabras,
… una tras otra.
Poeta de poetas,
dedícate un poema solo para ti
y así sabrás lo que hacen gozar tus versos.
Vibrarán corazones,
abrirán mentes
y con tus rimas,
poeta de poetas
marca sentimientos y emociones
tan difíciles de descifrar.
Poeta de poetas,
no dejes de escribir,
en tus versos
se haya tu esencia y
en ella mi existir.

TANYA TINJÄLÄ
(Helsinki-Finlandia)

LA LLORONA

En mi casa penan.
Desde que murió mi marido, vago por los rincones cargando  mi soledad como pesadas cadenas y el insistente sonido, sobre todo  a media noche, despierta a los vecinos.
Me pregunto en vano cuándo dejaré de llorar, cuándo cesaré de buscar tu sabor en mi saliva, tu aroma en el armario, tus pasos, tus caricias, tu voz, tu mirada. El tiempo lo cura todo, me dicen. Y yo solo veo que el tiempo pasa y soy únicamente yo la que se va quedando vieja. Tú estarás siempre allí, sonriendo entre los jazmines.
Y sin embargo estás tan presente en mi recuerdo que a veces me parece que si cierro los ojos, que si retrocedo lentamente y luego estiro la mano, podría tocarte… Pero mi mano cae en el vacío de tu lado de la cama y no puedo reprimir la cruel punzada que me hace gemir. Porque a pesar de que lo compartíamos todo, cada uno tenía su lado de la cama.
Y mientras yo gimo, tú estás tan bien. Cuando vienes a visitarme en mis sueños, te veo sonriente, has bajado de peso, ya no eres ateo y al fin estás en paz contigo mismo. Y tenía razón el que dijo que dejen a los muertos enterrar a sus muertos. Porque los muertos ya dejaron de sufrir y más bien les arruinamos la vida (¿O será más bien la muerte?) recordándolos y llorando por ellos, amarrándolos a este mundo que ya no les interesa.
Y arrastro los pies, araño las paredes, golpeo el piso, asustando a todos a mi alrededor. Les reprocho seguir viviendo como si nada hubiera pasado. Tú ya no estás y todos deberían sufrir lo indecible. Me niego a aceptar tu ausencia, mi sexo vacío, mi corazón desangrándose por ti. Me niego. Nunca lo aceptaré.
En mi casa penan y seguirán penando hasta el fin de mis días.



PAGINA 31 – ENSAYO

MANU DE ORDOÑANA 
(Donostia-San Sebastián-Euskal Herría)


Cada vez hay más gente que quiere escribir un libro y cada vez hay menos lectores. Si a eso se añade la irrupción del libro digital, la piratería y el avance progresivo del comercio electrónico, no me extraña que el sector editorial ande un poco revuelto. En ámbito tan confuso, el gran perdedor es el escritor honesto, con talento, que no encuentra el camino para que su obra sea leída y poder así obtener un salario digno que le permita seguir escribiendo.
Antes el escritor era un personaje singular que gozaba de crédito, un erudito por quien el pueblo sentía admiración y respeto. Hoy la democratización de la sociedad ha devaluado su figura, hasta el punto de que ya el vulgo supone que la corona de laurel está al alcance de cualquiera. El contenido importa poco, la técnica se aprende. ¿Cuántos talleres de escritura se imparten hoy en España? Nadie lo sabe a ciencia cierta, pero el número se ha disparado en los últimos años.
¿Cuál ha sido la semilla que ha hecho brotar tantas vocaciones? Serán muchas, pero una —quizá la más importante— es la facilidad que existe hoy para publicar un libro. No creo yo que ganar dinero sea la motivación primera de un escritor sensato, en un mercado en que la oferta supera ampliamente a la demanda. Escribir libros es un oficio suicida, sólo se entiende como “hobby”… y para satisfacer el ego.
Hoy en día existen múltiples formas de publicar un libro, unas mediante un desembolso económico previo, otras totalmente gratuitas. A poco que uno disponga de un ordenador y domine el tratamiento de textos, está capacitado para escribir una novela, maquetarla y darle forma, para imprimirla o convertirla en un ebook. Éstos son los viales más concurridos:

1.- Buscar un editor tradicional, preferible uno pequeño que uno mediano. El escritor ya sabe que el grande no le va a hacer caso, así que mejor probar fortuna con uno de menor alcance. Su modesta economía no le permite equivocarse muchas veces, lo que le hará ser riguroso en la selección del manuscrito. Si se lanza a la aventura,  por la cuenta que le trae, va a destinar buena parte de su energía a promocionar el libro y, aunque el éxito no sea masivo, dará al autor alguna satisfacción.
Cada vez son más numerosos estos editores independientes, que se atreven a publicar obras de calidad escritas por autores desconocidos. El problema es cómo conocerlos. Afortunadamente, están apareciendo empresas de servicios literarios —Tregolam es una de ellas—  que, mediante un canon al alcance de cualquier bolsillo, ayudan al escritor a ponerse en contacto con ellos, previa elaboración de un informe literario favorable de la obra. Como conocen bien el medio, saben elegir el “partenaire” adecuado, con lo cual sube la posibilidad de que sea publicada.

2.- La coedición es una fórmula que últimamente se ha puesto de moda. El autor contrata el servicio de alguna de esas editoriales de nueva generación mediante un acuerdo, en el que aquél —el autor— se compromete a financiar parte de la inversión —si no el cien por cien—, a cambio de promesas que, cuando no se cumplen—lo que ocurre con cierta frecuencia—, la experiencia termina de mala manera. Y es que, con muy poco dinero, cualquiera es capaz de montar una pequeña editorial —incluso en su propia casa—, de carácter unipersonal y atraer a escritores de buena fe cuya sola ilusión es que alguien le publique

3.- La autoedición pura y dura. El autor lo hace todo: escribir, corregir, maquetar, diseñar la portada, redactar la sinopsis, solicitar el ISBN y hacer el pedido a la imprenta. Luego hay que almacenar, distribuir y vender. Para ello, tendrá que crear su propia tienda online —no es tan complicado como parece, si tienes una página web— o anunciarlo en los portales de venta de libros que hay en Internet (del estilo de Amazon). Es un procedimiento algo complicado que exige tiempo y dinero, pero que trae recompensa… si se hace bien.

4.- La impresión bajo demanda consiste en imprimir un ejemplar —o un número reducido— cada vez que se recibe un pedido. El libro se incorpora a la librería digital del editor-impresor y el autor no tiene que hacer desembolso alguno. Como contrapartida, recibirá un porcentaje variable entre el 70 y 80% del margen bruto resultante, tras descontar del precio de venta los costes de impresión, manipulación y transporte.
Esta modalidad, que en principio parece un regalo del cielo para los escritores primerizos, tiene su cara oculta. El coste de imprimir un libro —o una tirada corta— en papel es alto y el precio de venta que resulta, excesivo. Aun así es una fórmula que terminará por imponerse, ya que la tecnología productiva seguirá avanzando hasta conseguir que el coste de fabricar 50 o 100 ejemplares disminuya a valores razonables, con lo cual el autor podrá asumir la inversión, sin quebranto grave de su economía.
De hecho, Penguin Random House, el mayor grupo editorial del mundo,  acaba de lanzar una nueva plataforma de autopublicación de libros en español  megustaescribirlibros.com que ha tenido un cierto éxito entre los escritores no profesionales. Ofrece un servicio de publicación bajo esta fórmula de “impresión bajo demanda”, tanto en formato papel como en digital, así como el marketing para vender el libro a través de Internet —al parecer, no con su sello editorial ni en su cadena de librerías—. El programa incluye un servicio “obligatorio” de reconocimiento del manuscrito para su evaluación por un editor, con lo cual, para tener alguna posibilidad de éxito, hay que desembolsar “una pequeña cantidad”, no inferior a 3.000 euros. No está demás saber lo que opina Mariana Eguaras sobre este proyecto.
Muy bien. De una u otra manera, el libro ya se ha publicado y se puede comprar a través de Internet —llegar a las librerías es más complicado— a un precio razonable. El autor se las promete muy felices, los primeros días venderá unos cuantos ejemplares —los que compren sus familiares y amigos—, pero pronto llegará la decepción. Una sequía de resultados que le causará tristeza, dolor e impotencia, tras haber consumido dos o tres años de trabajo intensivo para crear “su obra”, la ilusión de su vida.
Algo ha fallado… porque la novela es de diez. No basta con que el producto sea maravilloso y dé respuesta a las exigencias del cliente. Hay que cumplir los requisitos que el marketing recomienda. El libro no deja de ser un producto más de consumo y, por lo tanto, sujeto a las leyes de la mercadotecnia.
No basta con estar bien situado en una o en varias de esas parcelas, hay que estarlo en todas y en cada una de ellas, de manera armonizada. Los escritores, en general, saben construir el producto, pueden dar un precio razonable si prescinden de los intermediarios y tienen remedios para distribuirlo a través de la web, las nuevas tecnologías se lo permiten. Tres de las condiciones se han observado, pero no la última —la difusión del libro, la promoción del autor—, sin la cual no hay venta posible.
Hasta no hace mucho tiempo, el responsable de esa labor era el editor, a través de sus relaciones con los medios de comunicación, cuyas secciones de cultura acaparaban las novedades que iban apareciendo en el mercado. Hoy la influencia de los medios sobre el gran público se ha reducido y han surgido otras fuentes de información que nutren a los cada vez más numerosos lectores de la era digital.
Pues bien, el autor de talento que ha escrito una novela, un libro de cuentos, un ensayo, una biografía —los poetas lo tienen más difícil— ha de tener muy claro que la propaganda ha sido siempre el factor fundamental que ha definido el éxito de cualquier producto de consumo nuevo —como es el libro— que sale al mercado, incluso por encima de su valor literario. No hay más que echar un vistazo a lo que publican las editoriales de siempre para comprobarlo.
Y en este nuevo contexto, como esa labor ya no lo hace el editor, el único que le puede sustituir es el propio autor. En el modelo nuevo, si un escritor quiere triunfar, ha de ser “un poco empresario” y dedicar su tiempo y su dinero a quehaceres más prosaicos que el mero ejercicio narrativo. Y como esos dos oficios son contrapuestos —tanto por actitud como por aptitud—, el desenlace no se ha hecho esperar: autores competentes, que saben contar historias, nunca serán conocidos, sus libros se pudrirán en el sótano de cualquier librería. Y lo que es peor todavía, el espacio que ellos han dejado ha sido ocupado por escritores ingeniosos que, con un discurso populista, han sabido descubrir la receta. La sociedad ha salido perdiendo.
Y sin embargo, la solución no es tan compleja, las nuevas tecnologías acuden de nuevo en nuestro auxilio. En Internet, hay numerosos artículos que aconsejan sobre lo que hay que hacer antes de lanzar un libro al mercado. Con poco dinero, se puede organizar una campaña de publicidad, utilizando las herramientas que te proporciona la web, para llegar a ese público perspicaz que anhela respirar de nuevo aire fresco.
Por suerte, empiezan a surgir en el panorama literario consultores externos que ofrecen ese servicio. Ya sólo falta que el escritor se percate de su importancia, para que él se desvincule de esa tarea y dedique todo su tiempo a lo que es su máxima aspiración: escribir.



SUPLEMENTO INFANTIL Y JUVENIL


PÁGINA 32 -COMENTARIO DE LIBRO

MARCELA CARRANZA
(Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Argentina)

LA GÓNDOLA FANTASMA

Gianni Rodari
Ilustraciones de Federico Delicado.
Traducción de Angelina Gatell.
Madrid, Anaya, 2002. Colección Sopa de Libros.

Según señala Teresa Durán en la "Presentación" del libro,"Gianni Rodari escribió La góndola fantasma hace un montón de años —en 1953, para ser más exactos—, y la publicó en una revista infantil que se llamaba Il Pionere. Más tarde, en 1974, volvió a publicarla en otra revista: Il Giornale dei Genitori.
Mucho tiempo lleva esta obra dando tumbos, nos dice Durán, pero más aún sus personajes, ya que se trata de nada más ni nada menos que los personajes de "La Commedia dell' Arte": Pantaleone, el viejo avaro veneciano; Il Capitano Tartaglia,"caricatura del mal recuerdo que dejaron las tropas españolas por tierras italianas", el pícaro Arlecchino, la coqueta Colombina, Pulcinella, el ratero napolitano, entre otros.
Situada por el año mil seiscientos, en la ciudad de Venecia, Rodari crea una historia en torno a la liberación del hijo del Califa de Bagdad. El viejo y avaro Pantaleón ha planeado la evasión del príncipe a cambio de una suculenta recompensa, pero para llevarla a cabo requiere de los servicios del harapiento Arlequín, quien pronto descubrirá los planes del mercader.
"Dejemos, por ahora, que los dos marinos encuentren su posada, si es que pueden. Nosotros daremos un pequeño salto atrás. ¿Lo habéis dado ya? ¿Dónde estamos?"(y en el capítulo siguiente) "Estamos, señoras y señores, a bordo del Barba del Sultán, es decir, de un barco pirata, capitaneado por el famoso Alí Badaluc, una especie de gigante, lujosamente vestido a la usanza de los árabes ricos, que en este momento se encuentra sentado en la toldilla, en agradable conversación con el astrólogo Omar Bacuc".
El narrador de esta historia, a la usanza de los antiguos narradores orales, o de los presentadores de la Comedia del Arte, invita a sus lectores a abandonar una escena por otra, presentando a los nuevos personajes, conduciéndolos hacia nuevas acciones que harán avanzar la trama.
Como señala Durán, en la Comedia del Arte los personajes tienen mucha más importancia que el argumento, de allí que la Comedia suela girar en torno a un único argumento: "las peleas entre amos y criados, entre viejos y jóvenes, entre poderosos y miserables, entre sabios y zopencos".
La caracterización de estos personajes en tipos señalados por la tradición nos conduce hacia el humor. Así el avaro Pantaleón sostendrá la bolsa de monedas aún cuando se está hundiendo en el canal a punto de ahogarse; o el despiadado y traicionero pirata Alí Badaluc sólo se sentirá feliz ante el sufrimiento de sus prisioneros. En esta historia los malos son tan malos que nos causan risa, y el aristocrático hijo del Califa es tan educado que no puede abandonar la celda sin antes agradecer al carcelero las atenciones recibidas; ni aceptará jamás lograr su libertad a través del cambio por un simple mercader, considerándose digno tan sólo del campanario de San Marcos.
De un grupo de personajes a otros, de una escena a otra, la narración avanza entre peleas, enredos, secuestros y cómicas persecuciones. Finalmente todo se resuelve de manera feliz, más por intervención del azar que por las esforzadas acciones de los personajes.
Con su larguísima nariz, Pantaleón; con su traje de retazos, Arlequín y el uniforme a rayas de presidiario, Polichinela; cada uno de los personajes de la Comedia del Arte detrás de sus máscaras, aparecerá en el trazo del ilustrador Federico Delicado.
La reedición de La góndola fantasma (*) nos invita a grandes y chicos a disfrutar una vez más de la escritura del maestro italiano Gianni Rodari, y a viajar junto con los personajes de la Comedia del Arte a la bulliciosa ciudad de Venecia del "mil seiscientos y pocos".
Recomendado a partir de los 9 años.




PÁGINA 33 – CUENTO

SILVIA SCHUJER
(Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Argentina)

PRÓLOGO
Oliverio coleccionaba preguntas como quien junta figuritas.
Pero con tres diferencias:
1.  que no podía comprarlas en los quioscos;
2.  que nadie se las cambiaba; y
3.  que el álbum no se llenaba jamás.
Sabía que no podía comprarlas en los quioscos porque cada vez que lo intentaba, la quiosquera lo miraba con cara rara, le regalaba un caramelo y le decía "Vaya, m'hijito, nomás".
Había comprobado que nadie se las cambiaría porque cada vez que mostraba una pregunta, le devolvían una respuesta.
Y el álbum no se llenaba jamás porque el lugar donde escribía las preguntas no era un álbum sino un cuaderno de tapas duras.
Pero volvamos al principio.
Oliverio coleccionaba preguntas como quien junta figuritas.
Preguntas de toda clase.
Grandes y chicas como: ¿Te gustaría saber por dónde queda el río por el cual el último barco fenicio pasó antes de que la civilización romana llegara a su fin? O bien:¿Cómo te va? Fáciles y difíciles como: ¿De qué color era el caballo banco de San Martín? O bien: ¿Cuál es la raíz cuadrada de dos millones ochocientos cincuenta mil uno?
Interesantes y estúpidas como: ¿Por qué si la Luna es más chica, la veo más grande que a cualquier estrella? O bien: ¿Seré el chico más bello del mundo?
Cuando empezó, las únicas que juntaba eran las preguntas que se le ocurrían a él.
Con el tiempo, los amigos se interesaron por ayudar a Oliverio y le regalaron un montón de las suyas.
Preguntas de toda clase.
De mujeres y de varones. Con respuestas o sin respuestas. Aburridas y simpáticas. Dulces y saladas. Con palabras raras y hasta con palabrotas.
Oliverio se cansó de escribir preguntas en su cuaderno. Hasta que un día se le empezaron a repetir.
Venía uno con una pregunta dificilísima y Oliverio decía: "Esta ya la tengo."
Venía otro con una pregunta requetedificilísima y Oliverio decía: "Esta ya la tengo."
Repetida. Repetida. Repetida.
Le venían todas las preguntas repetidas.
Hasta que conoció a María Laura y, de una sola vez, se le ocurrieron diez mil: ¿Quién es esa chica? ¿Cómo se llama? ¿Por qué es tan linda? ¿De qué color tiene los ojos? ¿Le hablo o no le hablo?
No tenía ninguna.
¿Por qué no puedo dejar de mirarla? ¿Cuántos años tiene? ¿A qué escuela va? ¿La invito o no la invito a pasear?
Anotó en su cuaderno sin parar:
¿Por qué usa flequillo? ¿Sabrá patinar? ¿Dónde vive? ¿Le gustaría ir al cine conmigo?
Escribió como cuatro horas seguidas.
Su colección creció de golpe. Llenó de preguntas hasta la última hoja del cuaderno.
Y ya iba a iniciar uno nuevo, cuando de repente... ¡Seguro que se le acabó la tinta!
Salió a la vereda y la encontró.
Lo primero que supo es que se llamaba María Laura y lo demás decidió averiguarlo de a poco.
Pero volvamos al principio.
Oliverio coleccionaba preguntas como quien junta figuritas.
Hasta que un día conoció a María Laura. O se le acabó la tinta. Y desde entonces, sin proponérselo, un nuevo cuaderno se le fue llenando de respuestas.



MARÍA TERESA ANDRUETTO
(Arroyo Cabral-Córdoba-Argentina)

MENTIR

¿Qué puede hacer una niña tímida, de ocho, nueve, diez años, que tiene nariz grande, piernas flacas, ropa deslucida y que se sabe invisible para sus compañeras de grado? ¿Qué puede hacer esa niña a la que su madre ha contado cuentos cuando ella era la niña de la niña que hoy es, sino leer, leer desaforadamente todo lo que hay en su casa? ¿Y qué hay en su casa? Una mezcla de Twain y D´Amicis, de Stevenson y Tagore, de Dumas y Olegario Andrade, de Collodi y Kempis, una edición bellísima de El Quijote, varios Shakespeare en las ediciones populares de Tor, una Divina Comedia, un Decamerón, muchos libros sobre cooperativismo, muchas biografías y relatos de viaje, una colección de literatura política argentina que tiene desde Alberdi a Monteagudo, desde Moreno a Mansilla, con todo Sarmiento y todo Echeverría, y, sobre todo, mucha y buena literatura informativa, enciclopedias, diccionarios, historias universales y argentinas, historias de la música, del arte, de la fotografía, de la filatelia... porque no era la literatura sino el conocimiento lo que primaba en la casa y había que saber, saber cómo se hacen las cosas, cómo está compuesto el universo, cómo se generó la vida en la Tierra... porque los libros tenían un sentido utilitario y tal vez no hiciera falta leer una novela, pero cómo ignorar la evolución de la pintura desde Altamira hasta Picasso. Y yo, la niña que yo era, iba por esos libros inmensos que, sin duda, no comprendía, con el mismo desparpajo, con la misma irreverencia con que transitaba por las fotonovelas —NocturnoChabelaIdiliofilm— que había, a montones, en la casa de mi amiga Rosa, o por las hojas teñidas de sangre de la revista Así en las que el carnicero envolvía la carne que me habían mandado a comprar. Todo tenía para la imaginación de mis ocho, mis diez años, el mismo valor, porque yo iba por esos libros y diarios y revistas, buscando anécdotas, historias, para contárselas a mis compañeras de grado, historias que, mentirosa, contaba como propias. Iba a la escuela cada mañana, y en el recreo largo, me sentaba en un banco de cemento, en el patio y les contaba a mis compañeras de entonces algo que había leído el día anterior, una historia que alargaba o modificaba a mi antojo, para agregar suspenso o acabar a tiempo para regresar al aula. Ellas no sabían que esas historias no me pertenecían, que se trataba de episodios robados a los libros, y yo sentía por eso una inmensa vergüenza, pero lo mismo contaba, como un vicio cuya marcha no podemos detener, yo contaba. Lo que no sabía era que en aquellas historias narradas para que me quisieran mis compañeras de grado, yo estaba ejercitándome ya en esta pasión, en este delicado hacer, en esto que Abelardo Castillo llama el oficio de mentir.




PÁGINA 34 – POESÍAS

MARINA COLASANTI
(Asmara-Eritrea-Italia)

MUERTE BAJO EL SOL

Cuando se tira abajo una casa
no se clava el hacha de un solo golpe
bien de raíz.
Ni es de pie que ella cae
con sus ramajes.
Una casa
se mata despacio.
Se arrancan primero los pasamanos de la escalera
abriendo a la ruina los peldaños inútiles.
Se retiran los herrajes
y las vigas.
Después se arrancan puertas y ventanas
se vacían en la fachada los dinteles ciegos.
Y quien pasa ya sabe.
Aquí no se vive más.
Entonces es la hora de las tejas
despellejadas sin sangre una por una.
Mostrando los huesos
yace
más que muerto
el descarnado esqueleto
en el jardín.
Cruel laparoscopia de mis fantasmas
la casa en que viví fue tirada abajo.
Se van los espectros, todos sin abrigo
deshaciendo las imágenes superpuestas.
Vamos nosotros sin marcas en el polvo.
Y las palabras
tantas palabras que hilamos juntos
y que las paredes guardan en sus entrañas
son deshechas a mazazos.

MARÍA CRISTINA RAMOS
(San Rafael-Mendoza-Argentina)

El mar quiere decirle
secretos a la arena;
prepara en las orillas
sus voces más serenas.
Pero se calla,
pero se apena.
El mar quiere acercarle
cien collares de espuma
y las escamas dulces
que le deja la luna.
Pero se calla,
pero se abruma.
El mar se esconde entonces
en una caracola
y susurra, apenitas,
un silencio de ola.

(Real de San Carlos-Colonia del Sacramento-Uruguay)

¿Estará el fuego escondido
bien adentro de los troncos
hasta que las chispas llegan
y lo despiertan de pronto?
¿O vendrá desde muy lejos
dando rápidas zancadas
para comerse a los leños
con sus lenguas afiladas?

ANA MARÍA SHUA

(Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Argentina)

"Odio que me acaricien la cabeza
y que me escriban mal el apellido.
Odio toda la fruta excepto las cerezas.
Odio a los árboles porque tienen arañas
y a las películas dobladas en España.
Odio que nos visite gente extraña
porque me obligan a poner la mesa.
Y también odio que nos visiten conocidos
porque saben cómo se escribe mi apellido,
pero siempre me acarician la cabeza."

JAVIER VILLAFAÑE
(Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Argentina)

LOS GRANDES NEGOCIOS

Cambiar un monte por un caballo
Una red por una barca
La H por la J
Un cuchillo por una lámpara
Una plegaria por una golondrina
Un perfume por un olor
Una pared por una enredadera
Un círculo por un punto
Un recuerdo por una veleta*
Una tijera por un alfiler.
Hemos perdido mucho tiempo caminando
Somos viejos ahora, pero todavía
quedan grandes negocios por hacer
cambiar, por ejemplo
un resorte por una incubadora
o un árbol por las alas de un buitre.




PÁGINA 35 – ENSAYO

ERNESTO SÁBATO
(Rojas-Buenos Aires-Argentina)

Queridos chicos:
He venido hasta acá porque quiero hablarles de la educación, de los libros, de la importancia decisiva que tienen en la vida de los pueblos y de las personas, y de la que han tenido en mi vida.
Han pasado tantos años y sin embargo aún conservo el recuerdo de mi escuela de Rojas y de aquel colegio de mi adolescencia donde, igual que ustedes, fui conducido a los umbrales del pensamiento y de la imaginación. Con una mezcla de rigor y de ternura nuestras maestras y nuestros profesores nos enseñaron a buscar la verdad, a la vez que se iba formando nuestro espíritu con valores esenciales. Junto a los saberes que integran la educación básica, ellos nos transmitieron algo de la heroica epopeya del hombre. A menudo nos sentíamos extraviados ante aquellos acontecimientos cuyos motivos últimos, sin duda, sobrepasaban lo que podíamos comprender. Por esos relatos, llenos de peligro y de pasión, lograban suscitar nuestro asombro, que es la piedra angular de la verdadera enseñanza. En aquel tiempo, se forjaron las ideas esenciales que me acompañaron a lo largo de la vida, y se echaron las raíces de todo lo que tuvo que ser.
Por eso he venido hoy, especialmente, para hacerles un pedido: les quiero pedir a los chicos y a los jóvenes, con la autoridad que me dan los años, que lean. Yo también he leído de chico, y fueron los libros quienes me ayudaron a comprender y a querer la grandeza de la vida. Quienes sembraron en mi alma lo que luego los años pudieron expandir. Leía cuanto llegaba a aquellas bibliotecas de barrio, donde primero a través de libros de aventuras, y luego, porque un libro lleva, inexorablememte, a otro libro, a través de los más grandes de todos los tiempos, esos que nos entregan los abismos del corazón humano, y la belleza y el sentido de la existencia.
Leer les agrandará, chicos, el deseo, y el horizonte de la vida.
Leer les dará una mirada más abierta sobre los hombres y sobre el mundo, y los ayudará a rechazar la realidad como un hecho irrevocable. Esa negación, esa sagrada rebeldía, es la grieta que abrimos sobre la opacidad del mundo. A través de ella puede filtrarse una novedad que aliente nuestro compromiso.
Privar a un niño de su derecho a la educación es amputarlo de esa primera comunidad donde los pueblos van madurando sus utopías.
Créanme, es necesario que nos dejemos todos empapar por la utópica búsqueda de una gran educación para nuestros chicos.
Lo he dicho en otras oportunidades y lo reafirmo: la búsqueda de una vida más humana debe comenzar por la educación. Como supo señalar Simone Weil, su tarea es "preparar para la vida real, formar al ser humano para que él mismo pueda entretejer, con este universo que es su herencia, y con sus hermanos cuya condición es idéntica a la suya, relaciones dignas de la grandeza humana".


Todos los textos, fotografías o ilustraciones que integran el presente número son Copyright de sus respectivos propietarios, como así también, responsabilidad de los mismos las opiniones contenidas en los artículos firmados. Gaceta Literaria solamente procede a reproducirlos atento a su gestión como agente cultural interesado en valorar, difundir y promover las creaciones artísticas de sus contemporáneos.


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