Reconocimiento Nacional a GACETA VIRTUAL

Reconocimiento Nacional a GACETA VIRTUAL
Feria del Libro Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Año 2012

Rediseñada para ofrecer una mayor difusión de la escritura en castellano.

Dirección: Norma Segades - Manias
directoragaceta@gmail.com

GACETA LITERARIA Nº 80– Julio de 2013– Año VII – Nº 7

GACETA LITERARIA Nº 80– Julio de 2013– Año VII – Nº 7

Imágenes: BEAUTIFUL WORLD

PÁGINA 1 – REFLEXIONES

EDUARDO GALEANO
(Montevideo-Uruguay)

LA TRAMA DEL TIEMPO

Tenía cinco años cuando se fue.
Creció en otro país, habló otra lengua.
Cuando regresó, ya había vivido mucha vida.
Felisa Ortega llegó a la ciudad de Bilbao, subió a lo alto del monte Artxanda y anduvo el camino, que no había olvidado, hacia la casa que había sido su casa.
Todo le parecía pequeño, encogido por los años; y le daba vergüenza que los vecinos escucharan los golpes de tambor que le sacudían el pecho.
No encontró su triciclo, ni los sillones de mimbre de colores, ni la mesa de la cocina donde su madre, que le leía cuentos, había cortado de un tijeretazo al lobo que la hacía llorar. Tampoco encontró el balcón, desde donde había visto los aviones alemanes que iban a bombardear Guernica.
Al rato, los vecinos se animaron a decírselo: no, esta casa no era su casa. Su casa había sido aniquilada. Ésta que ella estaba viendo se había construido sobre las ruinas.
Entonces, alguien apareció, desde el fondo del tiempo. Alguien que dijo:
-Soy Elena.
Se gastaron abrazándose.
Mucho habían corrido, juntas, en aquellas arboledas de la infancia.
Y dijo Elena:
-Tengo algo para ti.
Y le trajo una fuente de porcelana blanca, con dibujos azules.
Felisa la reconoció. Su madre ofrecía, en esa fuente, las galletitas de avellanas que hacía para todos.
Elena la había encontrado, intacta, entre los escombros, y se la había guardado durante cincuenta y ocho años.

PÁGINA 2 – CUENTO

ZULMA LILIANA SOSA
(Formosa-Formosa-Argentina)

DOÑA LUISA

Abuela libaba ropaje de ternuras con súbitas oleajes de violencia. Ardía, casi con locura, parada al lado del portón, esperando la llegada de su hijo, la mujer de su hijo, y nosotras, puro pétalo desandando calle. Con los brazos en alto, agradecía, abría su tejido de azúcar y el punto enrevesado de una lujuria sombría, que detrás de ella, esperaba agazapada.
Tony corría hacía nosotros. A recibirnos corría.
Cómo hacía ese perro, para sacar tantas perlas en su olfato? Cómo las incrustaba en su memoria, si tenía que volverlas a regurgirtar, por un año más y otro y otro…? En el aire, dormían muy de lejos, el pelo de sus cabelleras anteriores, los años nuestros, que crecían, como los pechos amanecidos de pezones rojos, avergonzados de tanta cosa abierta.
Dentro de la casona, prolijando canteros el verano vacacionaba en libertad con las paredes. Un gesto tenue de Abuela hacía que tíos y tías salieran a recibirnos. El gesto de la mano, la visión que bramaba o condenaba .La mesa dispuesta y entre abrazos, las valijas se abrían, formaban pareja los humildes regalos, mientras sobre las sillas se oreaba la harina donde se axficiaba la verdura de la raviolada y ese mantón , que sobre el camastro que había en la cocina, formaban cientos y cientos de empanadas.
Después de la bienvenida y de ese primer día que se estiraba en su ronroneo, todos dormían. La hora de la siesta , retorcía el cuello a cualquier movimiento. La niña ignoraba cómo hacía para ser tan silenciosa e ir hacia la higuera. La higuera. Los higos de la higuera en la boca, las hormigas de los higos, los gusanos de los higos. Cierto que tener una hermana mayor que se entendía con las moscas, era delicioso y ayudaba mucho.
En las habitaciones tíos y tíos, Abuela y Padres yacían extinguidos por la comilona y el vino patero, que lúbrico y delicado aun erizaba el fondo de los vasos de vidrio.
La niña flotaba con ese olor a campo y pelo salvaje y como un gato entrebría la boca para besarse con la vulva del campo, mientras se aromaba de duraznos priscos, el ácido de los quinotos anaranjados ya, y el terreno vecino, y el vecino. Después supo que se llamaba Tomás.
Cuando voz de La Abuela llegó, la higuera de abrió de boca y caímos al piso de ladrillo. Cubiertas de higos, los baldes, temerosos que los revoleara , de inmediato se llenaron de ellos
-Para arrope, abuela, dijimos al unísono y Doña Luisa asintió. De nuestros temblores vino despacito la tarde.
Entonces Doña Luisa tomó la batea la madera y aunque estaba limpia porque ahí lavaba la ropa, la enguajó y la enjuajó.
El ejercito de las misteriosas guerras de la niña se detuvo. Abuelas la bañaba en la batea. La comedora de moscas esperaba. Tenía que esperar porque ella en la ciudad se dedicaba a hacer ropita para las muñeca. Era seriecita y eso lo sabía Doña Luisa.
Pero “chechelo”era cosa seria Era otra cosa. Delgadísima y breve, los ojos verdes la engullián de golpe y se bañaba la indiecita y la abuela. Todas en la batea. Entonces las tías se animaban e intentaban meterse medias desnudas y con una línea de cuerpo nomás.
¡ Para que! La cara de doña Luisa se transformó. De la boca un humo ardiente brotaba como volcán. No había nadie con la niña cuando apareció el grito. El grito que giraba entre el verde de las plantaciones , los tomates secándose al sol y las uvas, apenas transformadas en pasas.
Como correspondía en casa de familia, el baño estaba alejado de las habitaciones. Dentro de un habitáculo limpio y cuidado estaban refugiadas las tías. Y seguramente también ahí transcurrió buena parte de su vida. Doña Luisa, como una fiera sombría, introdujo el palo que tenía para esos menesteres, por los ventanucos que abortaban por los cuatro costados , lo hacía girar de arriba, abajo.. Tal era la fiereza de los golpes que patos y gallinas huían espantados. Tíos gritaban, - dejalás, mama ¡ Tias gritaban-¡ no , mama- - no, mama!
Elvira era jovencita y esquivaba con facilidad, pero Corina..
Finalmente, Doña Luisa sintió su hueso .Arrogante y adusta, olvidándose que a poco le había dado la bienvenida, dijo –ché, Juan, qué esperas para hacer el mate .
Madre se había ido .Esta guerra no le pertenecía. Las tías salieron despacio y cruzaron el patio, y la niña siempre creyó que los moretones salvajes, caminaban por delante.
Más tarde La Abuela la llamó, pero ella se quedó arriba de la higuera y si se murió, nadie hasta ahora, se ha dado cuenta.

PÁGINA 3 – NUESTRA POESÍA

SUSANA RAMÍREZ 
(Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

EN OTRAS LATITUDES

Podrían las coordenadas cambiar tu espíritu
o las tenues primaveras no provocar tu verano.
Más no sólo es tu geografía, somos el ímpetu,
la sabia que recorre tus calles llenándola de encanto.

Nos dormiríamos abrumados en un frio invierno
o avivaríamos en reuniones nuestros días.
El fruto de la cebada a temperatura cero
o con aguardiente las venas calentarían.

Forjaríamos carácter infranqueable
como los escabrosos fiordos de tus costas
incomparables con dóciles orillas,
nuestros modos, dejándose llevar por mansas olas.

Inimaginable, imposible que podamos,
inadaptados por fuera de este marco
de vastos ríos cejándonos el paso
y el corazón atrapado por su encanto.

TODO Y NADA

Todo es demasiado,
yo soy nada.
Náufraga en vastas aguas
sabor a lágrimas.

Cielo y suelo, me confundo,
pues no es suelo, es agua.
Suelo firme muy profundo
yo sobre madera balsa.

Algunas partes se mojan
y se arrugan como escamas
me transformo en sirena
y me sumerjo apurada.

Quiero salir, más no puedo
esta inmensidad me atrapa
y me arrastra la marea
donde mi voluntad no ancla.

EN ALGÚN LUGAR

Dónde guardo las palabras que dijimos sin pensarlo,
dónde deshago caminos para no estar a tu lado.
Dónde escondo lo que siento y que me destroza el alma, 
dónde aprieto los recuerdos para que no se me salgan.
Dónde busco mi sonrisa que era música y canto,
dónde revivo la vida que se fue con otros años.
Dónde encuentro lo que era, que para mí alcanzaba,
dónde arrugo mis escritos, para no arrugarme el alma.
Dónde encuentro eso mismo que sentí entre tus brazos,
dónde hay caricias, ternura, que las necesito tanto.
Dónde dejamos que el tiempo se nos pasara de lado,
dónde apartamos lo nuestro para no provocar llanto.
Dónde grito todo esto que de los labios ya escapa
dónde enjugo mis lágrimas para que nadie vea nada.
Dónde te busco y te abrazo,
Dónde estás amor, que me haces falta.

PÁGINA 4 – ENSAYO

ALEJANDRO BOVINO MACIEL
(Corrientes-Argentina)

PREFACIO DEL AUTOR:
 (Del libro "Teatro Político-1" publicado en 2012 por Editorial Intercontinental, de Paraguay , con estudio preliminar de Crlos Fos, Director del Centro de Investigación Teatral del Teatro San Martín de Buenos Aires.

TEATRO DEL DESDOBLAMIENTO

Según la teoría de la psicoanalista austro~británica Melanie Klein nuestra mente, desde las más tempranas etapas infantiles, opera con escisiones, separaciones o desdoblamientos. La mente infantil no acepta complejidades y en su necesidad de comprender la realidad, simplifica de un modo grosero. Como en los cuentos infantiles, el bebé quiere seres íntegramente buenos  o malos y no como los da el mundo: seres que tienen conductas peligrosas pero otras veces altruistas; personas que al mismo tiempo que dicen amarnos, nos hacen daño y personas que parecen amenazantes pero obran correctamente. Todo esto lo descubriremos después, pero al despertar al mundo, la desesperante necesidad de entenderlo para adaptarnos nos exige categorías simples. Cuando comprende que la madre a quien necesita imperiosamente para sobrevivir también lo pone en peligro, divide en su mente a una madre buena, protectora, y una madre mala, amenazante y hostil. De este modo, la mente infantil desdobla a la misma persona en dos formas de ser, dos conductas, dos sentimientos opuestos. Este mecanismo inconsciente de la escisión continúa activo en la vida adulta y siempre me ha obsesionado de modo seductor para representarlo en la escena.
Cuando el teatro desertó de la liturgia en la Grecia clásica, abandonó al mismo tiempo la función de ser un sucedáneo para calmar la ira de los dioses. Y se convirtió en un vigoroso recurso para aliviar los males sociales: Grecia entrenó a los ciudadanos, por medio del teatro, en el ejercicio de la democracia a través del diálogo en el que se debatían intereses enfrentados hasta llegar a una solución negociada y racional, como una mediación del pensamiento antes de pasar a la acción. Las voces de los dioses y los oráculos fueron silenciándose para dar paso a los reclamos humanos del antagonista frente al protagonista con el coro de fondo, que representaba a la voz de la polis, la comuna antigua.
Desde aquel primer paso con el que bajó del altar hasta el ágora pública, el teatro exige el desdoblamiento de ambos términos en el contrato artístico: los actores de una obra que trata sobre una epidemia saben perfectamente que no son médicos porque jamás pisaron la facultad de medicina ni asistieron a las prácticas hospitalarias; el público sabe con precisión que no está dentro de un hospital y que el pabellón de blancas paredes antisépticas está hecho de cartón pintado y mampostería. Sin embargo, la función teatral requiere suspender fenomenológicamente el juicio sobre la realidad para prestar realidad a otro orden de juicio cuya base es puramente ficcional y por tanto, del orden de la impostura.
Al escribir estas tres obras en las que está presente el mecanismo del desdoblamiento de los actores pensé que también del lado de los espectadores se demandará otra dosis de conversión. Ningún público es inocente. Si una actriz, como el caso de quien hace de criada en “Fiebre uterina”, asume repentinamente una nueva personalidad, totalmente diferente de la que venía desempeñando hasta ese instante, el público también deberá adherirse para aceptar este acto de conversión como un nuevo requisito para la representación. Por segunda vez deberá suspender el juicio de realidad y aceptar una nueva realidad en el argumento. En este juego de espejos, de imágenes y discursos que se cruzan frente a nosotros, el complejo fenómeno de eso que llamamos “realidad” se transforma en un cuestionamiento a los sentidos, a nuestra propia realidad como lectores, como espectadores, como intérpretes y participantes de la obra mayor que es el teatro de la vida.
Al menos, eso espero.  

PÁGINA 5 – CUENTO

SUSANA GRIMBERG
(Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Argentina)

COMIENZOS

Le había pedido a su padre que la esperara, que no se muriera, que sólo en cuatro días más estaría con él. Pese a haber luchado, desesperadamente, contra sus destiempos, no llegó.
Diez años más tarde, tampoco llegó.
Sin fuerzas sólo podía llegar a ninguna parte.
Ninguna parte.
Ninguna parte es el lugar de nadie. Pero ella vivía allí, en ese lugar: el de nadie. Su cuerpo era de nadie. Ni de ella.
Dicen que nadie deriva de no nacido. Si ella no había nacido aún, podía empezar a nacer.
Aún.
¿Cuál es el cuerpo de aún?
Su cuerpo. El de ella. El que quedó en la sala de espera. Esperando. Esperando escuchar su voz. ¿La suya o la de su padre?

Desde entonces, siempre volvía a empezar. No podía dejar de empezar. Era su modo de escaparse de la idea de que somos deudores de una muerte a la naturaleza. Era su manera de comprender que somos deudores de una vida a la vida. Darle vida a los años no es lo mismo que darle años a la vida como lo estaba haciendo.
Por tanto jugar con las palabras, naufragaba. Se vio, ella, nadando en un mar de letras. Ella era otra. Otra no nacida.
Aún.

La mano en el hombro, la sobresaltó. En el bar de siempre, la mano no era la misma.
_ Disculpá. Se te cayeron estas hojas – dijo la voz de la mano.
_ Gracias. No me había dado cuenta – respondió.
_ ¿Siempre tan distraída?
_ Así me llamo. Distraída.
_ Un nombre extraño.
_ ¿Te parece? Es el que mejor me va.
_ Hablás como si te refirieras a un traje o a un vestido.
_ El nombre, bien puede ser una ropa.
_ ¿Por qué?
_ Porque nos vestimos con él.
_ Pero si uno se desviste, se desnuda…
_ Sólo del nombre.
_ ¿Podemos tomar juntos un café? – la mirada buscó al mozo.
_ ¿Para hablar del nombre? 
_ Con un café – invitó él.
_ Prefiero un cortado.
_ Dos cortados. ¿A qué te dedicás?
_ En este momento a escribir.
_ ¿Y en otros momentos?
_  Escribir, entre otras cosas.
_ ¿Cuáles? Si se puede saber.
_ Vivir.
_ ¿Vivir?
_ Es un trabajo incesante que demanda mucho esfuerzo. ¿Y vos?
_ Soy músico. Pero me gustaría saber sobre qué estás escribiendo – llamó al mozo, pidió dos cortados.
_  Es una historia un poco triste.
_ ¿De qué trata?
_ Transcurre en un cementerio.
_ ¿En un cementerio?
_ Ella nunca puede llegar a despedirse del padre. En su vida, todo ocurre a destiempo.
_ Como una música sincopada.
_ No lo había pensado, pero puede ser.
_ Y, ¿cómo sigue?
_ Recién empieza. Ella siempre está empezando a empezar.
_ Empezando a empezar – repite el desconocido.
_ Sí. Y se lo dice a la madre. Le dice que nunca llega. Entonces, ella le contesta: a los muertos hay que dejarlos descansar en paz – muerde una galletita, toma un sorbo del café. 
_ ¿Entonces?
_ Entonces la madre le dice que se quede tranquila, que el padre tiene buenos vecinos alrededor. Que no está solo. Que hay un árbol con una parejita de pájaros. De pájaros que se cantan y le cantan.  Para él,  que amaba la música, es un regalo de Dios.
_ ¿Creés en Dios?
_ No sé.
_ Es algo que se siente.
_ Seguramente llegaré a destiempo para saberlo.
_ Claro. Cierto que siempre estás empezando a empezar.
_ Así es.
_ Es raro – se frota la frente –. A mí me pasa algo parecido. Ahora, por ejemplo, no sé cómo seguir adelante con vos – le roza la mano -. Porque me gustás. ¿Sabés? ¿Cómo se hace?
 _ Empezando a empezar.

PÁGINA 6 – NUESTRA POESÍA

RUBÉN VEDOVALDI
(Capitán Bermúdez-Santa Fe-Argentina)

ES LEY

Me dejaré espaciar
por el espacio
y transcurrir me dejaré
en el tiempo.
¿Para qué demorar en epitafio
el dictum del olvido?

A la ley que me trajo a nacimiento
y me ha dado existencia, agradecido
estoy. Ya me devuelvo
a la transformación que nunca cesa.

Otros fuegos habrá
porque otras sombras;

menos mal que no somos para siempre!

CLASIFICADOS/
RUBRO SERVICIOS

Seco lágrimas del espejo
Limpio suspiros en la almohada.
Enjuago ropa ensangrentada.
Lavo restos de piel o carne de los pisos paredes y techos en cualquier domicilio en la ciudad o alrededores/
barro astillas de huesos de esqueletos humanos brutalmente golpeados
Limpio restos de dedos, orejas, dientes partidos, uñas arrancadas/
retazos de cuero cabelludo arrancados a guanteletazos, culatazos o dentelladas de dogo argentino
Estrangulo muñecas viejas. Rompo toda clase de juguetes.
Doy de comer sueños podridos a sombras hambrientas,
apago alaridos, gritos y susurros.
Puedo ser cruel con quienes lo necesitan -precios especiales-
Recibo llamadas las 24 hs, los 365 días del año.

PÁGINA 7 – ENSAYO

IRMA VEROLÍN
(Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Argentina)

GLORIA PAMPILLO (*)

 Cuando yo andaba con mi primer libro bajo el brazo repartiéndolo por los barrios de Buenos Aires como una vagabunda, una tarde –recuerdo perfectamente que fue una tarde- llegué hasta el hall del departamento de Gloria Pampillo con la intención de darle “Hay una nena que gira”.  Por supuesto a Gloria yo no la conocía personalmente, había leído uno de sus libros: “Estimado Lerner” y la frecuentaba como crítica y pionera de los talleres literarios en desordenadas lecturas. En aquellos tiempos no se cerraba con llave como ahora en Buenos Aires la entrada de los edificios. No sé cómo terminé hablando en aquel dichoso hall con unos señores bastante mayores de edad  que la conocían porque eran vecinos. Ellos me regalaron tres tabas.  Después de mucha charla y de que los señores me explicaran cómo apoyar las tabas para evitar la mala suerte, les dejé a ellos el encargo de entregarle a Gloria mi libro y me fui con las tres aquella tarde de 1988.

Pasaron los años hasta que Cristina Siscar me invitó a formar parte de un grupo literario. No sé si en el medio la conocí a Gloria en alguna lectura pública. No recuerdo bien. Lo que sí está en mi memoria es que la primera reunión de ese grupo literario se hizo en el mismo departamento de San Telmo donde años atrás  yo había aparecido con mi libro y donde me regalaron las tabas. A los señores esa nochecita no los vi. Al grupo lo bautizamos “De la serpiente”. Nos reuníamos una o dos veces por mes en la casa de alguno de los integrantes y luego íbamos a cenar. Puede decirse que ahí conocí verdaderamente a Gloria Pampillo  que enseguida atrapó mi corazón. Generosa, cálida, profunda y sobre todo compasiva, además de lúcida y talentosa desde ya. Yo fui la primera en irme de aquel grupo que terminó disolviéndose pronto. Gloria se mudó poco después. Aquello fue más o menos a mediados de los  noventa.  En el ínterin viajamos juntas a Rosario para asistir a un congreso de literatura femenina y compartimos la habitación. Entonces pude asociar su distracción con la mía, dispersas las dos, con la cabeza en las nubes.

Sin haber perdido nunca mi condición de vagabundeadora literaria y transcurridos esos diez años en los que yo prácticamente desaparecí del mundillo porteño, si es que alguna vez pertenecí en algún sentido, me la volví a encontrar a Gloria en estos últimos tres años. Coincidimos en una lectura en la Sade donde le saqué una foto o en una presentación en la Biblioteca Nacional.  De  ella me deslumbró  siempre lo mismo: su calidad humana y su pasión por escribir y leer, por indagar los textos literarios. Gloria tenía esa huella del que hizo una mística del arte de la lectura y la escritura, dedicó su vida a eso, enseñando en las universidades, en los talleres, creando novelas, profundizando el modo de leer como si en esa práctica se encerrara a la manera borgeana la clave para desentrañar el misterio del Universo, cosa que no pongo en duda o que secretamente pienso que todavía está por verse. De alguna manera ella ha representado algo para todos nosotros, los que nos dedicamos a buscar en el recorrido horizontal de la escritura una profundidad que el mundo presente se encarga de borronear.

   Entonces ocurrió un pequeño milagro, Gloria me pide literatura infantil y juvenil para un proyecto del que ella formaba parte. Así le envié algunos cuentos y una novela juvenil que retrabajé incansablemente. Ella la imprimió y me la corrigió de cabo a rabo. Fue una ayuda importantísima para alguien que aún trastabilla en un género como el juvenil al que. a diferencia del de la narrativa para adultos, aún no termino de hacer propio. Así Gloria y yo volvimos a intercambiar papeles y palabras, una verdadera felicidad estar en contacto con ella, con su magia. Luego vino su curso en la Universidad de Ciencia Sociales sobre literatura e infancia en el que ella incluyó mi novela “El puño del tiempo”. Valientemente me inscribí y fui parte de sus estudiantes. Ahora valoro más que nunca esa experiencia intelectual. Escucharla ir de un texto a otro  indagando hasta la médula, invitándonos a reflexionar junto con los críticos sobre los textos de ficción fue una aventura maravillosa. A la salida íbamos a tomar un café. Esto ocurrió en los últimos meses del año pasado. El curso se interrumpió porque Gloria no andaba bien de salud. No llegamos a analizar mi novela, nunca supe si “Hay una nena que gira” le había llegado a través de los señores que me regalaron las tabas. Cuando nos encontrábamos hablar con ella sobre literatura era tan fascinante que no había tiempo para otra cosa más. En estos meses del verano  continuó con sus problemas de  salud, entre nosotras hubo varios mails y alguna comunicación telefónica. No llegamos a ser amigas, pero ella para mí como para tanta otra gente representa eso que la sociedad parece garrapiñarnos a cada rato: el amor a la escritura estética como una puerta de salvación, como una tierra donde apoyar los pies para que el mundo no nos haga trastabillar, un espejo, un caleidoscopio, un pasaje al otro lado. Se me ocurre que hay muchos otros lados y desde alguno de ellos Gloria nos debe estar espiando ahora, con su mirada lúcida, con sus ojos claros y esa pasión que no estamos dispuestos a dejar empañar los que nos dedicamos a hacer literatura en un mundo antiliterario.

¿Y las tres tabas que me regalaron los señores? –este relato comienza con ellas y por una ley básica de la narración no puedo dejarlas afuera- ¿Las tabas? Están sobre mi escritorio mirando con la punta hacia la ventana para que den buena suerte. Ahora me doy cuenta de que nunca le hablé a Gloria de aquella tarde ni de los tres señores en el hall de su edificio. Así como los relatos necesitan de una cuota de silencio, las vidas de la gente también, sobre todo una vez que parten de este plano. Por eso digo que entre la breve relación que hubo entre Gloria y yo  existió mucho misterio, el necesario para que un texto –una vida- tenga la envergadura que se merece.

Gloria Pampillo: autora de numerosos libros de relatos como “Estimado Lerner”, “Costanera Sur”, “Pegamento”, “El héroe que vino a buscarme” entre otros y de libros de crítica literaria y teoría y funcionamiento de  talleres de escritura, siendo ella una de las pioneras en la creación de esta metodología. Docente universitaria, feminista, propulsora de eventos y organizaciones literarias, autora de textos infantiles, infatigable y talentosa trabajadora de la cultura.

PÁGINA 8 – CUENTO

JORGE ISAIAS
(Los Quirquinchos-Santa Fe-Argentina)

ALJIBES
           
            La cuestión al escribir es simple: hay que llegar a creer que uno está usando una historia verdadera. Pero además lograr que el que la lea crea que eso es así. Esto según Joseph Brodsky. 
            ¿Sería como un artefacto que funciona? - preguntaba el inquieto Víctor Humberto Sánchez, mejor conocido por su apodo, El Tago, y por el rasguido estricto de su guitarra, por las calles argentinas de mi pueblo.
            Cuando digo mi pueblo quiero decir aquel de los frescos tomatales de diciembre, que mi padre recomendaba regar de madrugada porque los que lo hacían al anochecer corrían el riesgo de arruinar la cosecha porque había tenido solazo macho durante todo el día. Y cuando se le inquiría más precisión, mi padre respondía con un dejo zumbón de sentido común.
            -Porque la tierra húmeda protege todo lo que está sembrado o plantado. Mejor al amanecer: tirar mucha agua.
            Un verano, mientras mi padre estaba en los campos de Albino Trentini, en  González  Cháves, hicimos la prueba con mi madre, yo, adolescente empeñoso iba sacando baldes tras balde de un pozo que estaba al final del terreno, y mi madre rebalsaba los surcos con agua fresquísima.
            Ese año vinieron los tomates más grandes y jugosos. Con lo que sobraron de esa cosecha para consumo familiar, mi madre puso en botellones con sal y albahaca los que dejó madurar mucho y lo usaba como salsa. También hacía conserva pero no recuerdo qué método se había traído de su pequeña y perdida aldea italiana.
            De ese pozo sacábamos el agua para beber y a juzgar por el vecindario era muy dulce. Negrita y Delia Campos, doña Emilia Peralta y la tía Anécdota venían diariamente a sacar el agua para beber. Nunca entendí que si ellos eran vecinos tan cercanos no  pudieran beber de su propio pozo, o la napa de nuestro terreno había sido tocada por la varita mágica de un hada buena.
            A este pozo que estaba en la quinta me estoy refiriendo hoy como el único  (y el último) que recuerdo. Sé que hubo otros, y que cuando fuimos a vivir allí siendo yo muy pequeño había un aljibe junto a la casa, donde ahora se eleva un fresno. Pero no sé si lo vi o son los relatos de mi padre, que siempre empezaba así:
            -Teníamos un aljibe que daba un agua dulcísima, pero lo tuve que tapar porque estaba muy cerca de la casa y podía hacerle ceder los cimientos.
            Es decir que cuando yo le cuento a mi hermano que nació mucho después, el lugar que supuesta o realmente ocupó el aljibe, muy seguro le señalo el lugar con el dedo. Casi como si hubiera sido contemporáneo mío, como si el aljibe y yo hubiéramos crecido juntos.
            El aljibe que si recuerdo es el de mis abuelos, que estaba calzado con ladrillos y cuando alguno de mis tíos me levantaba y me hacía asomar por ese redondel yo veía allá al fondo una moneda oscura que se movía de a poco.
            El aljibe estaba en el patio de la parte familiar que tuvo el almacén Las Colonias.
Cuando fallecieron los abuelos, don Rogelio Nievas que compró casa y negocio a mi familia, usó un tiempo largo ese aljibe. Pero un día, lo tapó con tierra. Y cuando le pregunté qué había pasado me dijo que se llenaba de hormigas y que ya los pozos no se usaban más.
            Los habitantes del pueblo van a comprar la fruta y toda legumbre a las verdulerías, como si estuvieran en una gran ciudad.
            En la década del sesenta, cuando los chacareros se empezaron a mudar  al pueblo, tampoco tomábamos la leche de sus vacas que se compraba a los lecheros y el gran sachet fue rey. Se modernizaron, digo. Y todos muy contentos en perder las tradiciones que producen el trabajo. Es decir que todas las quintas  de mi pueblo han desaparecido.
            No quedan las que yo recuerdo como las mejores: la de Pocho Jeremías, de Altamirano, de Manuel Gómez y don Manolo González.
            Era una delicia caminar por esas calles hondas que a sus costados exhalaban ese olor increíble a albahaca que nos llenaba nuestras almitas, llenas de avidez gozosa por los duraznos del Turco Alé, como conté cabal, la anécdota del hurto frustrado, una noche que  las sombras habían caído como un tropel de yeguas locas sobre el pueblo.
            Y esa carrera nos hizo olvidar que la noche era  magnífica y era un enero que los tiempos que siguieron no pudieron superar.

PÁGINA 9 – POESÍA NUESTRA

MIGUEL ANGEL GAVILÁN
(Santa Fe-Argentina)

HOSPITAL ITURRASPE

El pasillo del hospital Iturraspe florece por la noche.
Derrama en lenta perpetuidad de algodones
su vida alcanforada.
 Como el tumor que crece adormecido,
                                                            almibarado,
por los aceites de la quimioterapia.
Como tentáculos que se vuelven trampas,
                                                                   ateridos,
en las cuevas de la carne.
Como esas masificaciones que forman deltas,
                                                                          cortan corrientes,
                                                                          degluten islotes malignos
en un ensanche venoso.

La voz de los que esperan
muta en la garganta,
                                   agranda cavernas,
                                   dispara ronquidos.
Y la fiebre,
impetrada como defensa,
               (“es bueno tenerla
para no morirse pronto,
               tanto,
               de una perdigonada,
               de una recaída en el centro del buen ánimo”),
oville estampas de santos
mientras se piensa
que la fe es lo mejor que puede pasar.

Los bancos se reproducen
en la media sombra
de un silbido que llega de afuera.
Adquieren familia,
drenan sangre,
se convierten en un remanso de casual compañía.

Y las salas blancas ilustran
lo blanco de la nada.
Sin fin,
como si la muerte no existiera.

Aunque una vieja vestida de harapos
espere
que el tiempo se achique como un trébol,
un pasto pisoteado,
ese cascote
que se empuja con el borde de la suela
al fondo de un charco.

Aunque la niña de ojos de hollín
pretenda que terminó
la destrucción en la madera,
el horadar parejo de la carcoma,
la cuchara en el plato,
el hule de flores,
limpio,
después del almuerzo,
(la mesa, el domingo
armada para sufrir -de nuevo-
la alegría).

Aunque un hombre cabecee entre diarios y morfinas.
Repita “mañana” como un loco
y empuñe rosarios
en un siempre perpetuo.

Incluso,
aunque no se crea
que lo cotidiano
es el frío
                  (compacto)
de las chaquetillas,
y que lo habitual
es ese estropicio de silencio
solo interrumpido
por una gota de suero
en la piel agrisada.
Aunque resulte ineludible,
                                           -irreparable-
alguna vez,
alimentar esa ruta de sonámbulos
(culebreo rectilíneo
donde nadie duerme,
donde nadie es nadie. Y solo eso).

PÁGINA 10 – ENSAYO

JORGE GÓMEZ JIMÉNEZ
(Cagua-Aragua-Venezuela)

EL NOMBRE DE UN PERSONAJE

    [...] Otro factor, que a primera vista pudiera no tener importancia, es el del nombre del personaje. No todos los personajes deben tener un nombre, ni siquiera es imprescindible que el personaje principal tenga un nombre; pero sí debe haber una forma de denominarlos. Hoy en día, es común encontrar historias en las que un personaje es definido simplemente por su actividad —el periodista, la gran señora, el hombre— o por un apodo con el que lo reconoce el escritor o el resto de los personajes. Es posible, incluso, que un personaje tenga un nombre propio pero que el escritor decida apelarle usando alguna de sus características.
    Hay quienes usan nombres propios para dar al lector una idea de cuál será el papel del personaje en la historia. En Rayuela, de Julio Cortázar, el personaje femenino de mayor peso se llama Lucía, pero el autor la nombra la Maga. También los demás personajes la llaman así, pero en sus conversaciones cotidianas algunos prefieren llamarla por su nombre. Se advierte, así, que el escritor puede construir su historia como si ésta fuera parte de la realidad, por lo que él puede tener una relación de mayor o menor afinidad con algunos personajes y reaccionar de manera similar a como éstos reaccionan con él. El personaje al que Cortázar llama la Maga tiene realmente ciertas características que podríamos definir como mágicas, cierto misterio la envuelve; así que cuando el lector se topa con este personaje ya tiene una idea de lo que le espera. Otras combinaciones son más claras: Kafka, obsesionado por el tema de la interacción entre el hombre y el poder, llama a sus personajes simplemente el guardián o el juez. En el mismo Kafka se observan casos extraños: un personaje recurrente en su narrativa se llama simplemente K —la primera letra del apellido del autor—, en algún cuento, Kafka asigna a sus personajes nombres de variables matemáticas: A y B.
    Muchos escritores utilizan, en sus inicios, nombres demasiado simples para los personajes: Juan, José, Pedro. Otros, contaminados por las telenovelas, les dan nombres de galanes: Víctor Jesús, Luis Rafael, Juan Augusto. Aunque, como dijimos, este campo no puede ser completamente teorizado, es preciso que el nombre de un personaje dé a la historia cierta credibilidad. No hay nada que impida que un personaje se llame Pedro Pérez, pero es probable que un nombre así no impresione favorablemente al lector. Muchos escritores resuelven este problema utilizando nombres comunes pero poco usuales: el personaje masculino de Rayuela es Horacio Oliveira; los personajes de Cien años de soledad son José Arcadio, Aureliano, Úrsula. Quizás García Márquez habría podido llamar José Sinforoso en lugar de José Arcadio a sus héroes mitológicos, pero ciertamente los nombres escogidos tienen mayor sonoridad y esto, sin duda, ayuda a que el lector asimile la existencia de esos personajes como seres reales.

PÁGINA 11 – CUENTO

NECHI DORADO
(Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Argentina)

EL AZABACHE SE ENREDÓ EN DOS TRENZAS

¡Agua, agua, agua! pedían hombres, mujeres y niños y los carros cisternas, llamados culecos, rodeaban los parques para empapar a los convocados por la tradición que se negaba a abandonar el acervo instalado en su sangre a través de las generaciones.

Los bolillos sonaban sobre el parche de la tambora, las flautas lanzaban su sonido agudo acompañadas por el rumor de las zarú *. Cuatro días duraba la fiesta del Rey Momo y el pueblo la celebraba desde que despuntaba el sol hasta la noche, cuando comenzaría el desfile de la pollera, traje típico del lugar, provocando estallidos de color, gracia y belleza.

Los habitantes esperaban el momento que fueran apareciendo las reinas, las mujeres más bellas del pueblo que llegarían danzando rítmicamente al compás de los acordes de la pegadiza música de sus murgas.

Alejada del lugar, otra hermosa mujer trenzaba el azabache de sus cabellos enroscándolos en la nuca. Allí descansarían sostenidas por dos flores magníficas que llamaban del espíritu santo y que ella guardaba para la celebración desde el mes de octubre, cuando los pimpollos se abrían lentamente. El delicado tono marfil de sus pétalos resaltaba sobre ese cabello tan negro como dicen que es la tristeza, los que ponen colores a la invisibilidad de los sentimientos. Parecían palomas posadas sobre la unión del nacimiento del pelo y la raíz de cada trenza.

Impactante la belleza de esa mujer delgada, menuda, cuya cintura fina era constantemente salpicada por el agua de dos mares. Cargaba un pasado tristísimo que se retrotrae al momento en que fue separada por la fuerza bruta, de dos de sus hermanas. Porque las tres fueron una y dicen algunos y esperan otros, que vuelvan a unirse para siempre.

-Falta poco, agregan, muy poco.

De todos modos siguen compartiendo similitudes, idioma, aves, árboles y un sentimiento que el tajo violento de la prepotencia no pudo borrar jamás.

Muchas veces ellas se preguntaron por qué las separaron, por qué causa debían ser tres. Cuál fue el derecho arrogado para semejante amputación, fuera del derecho impuesto a fuerza del filo de cuchillada que se clava en la carne dejando cicatrices que no cierran.

La respuesta se arrinconó en el recuerdo de la intromisión permanente de la otra mujer bellísima, la que no se integraba, la que tenía ojos que parecían pedacitos de color robados al cielo, porque todo lo suyo era robado. Cercenamiento producido bajo su mirada tiempo antes de recibir el regalo de esa estatua de cobre, acero y concreto que habría de convertirse en su atalaya desde donde podía dominar hasta lo inimaginable. Coloso magnífico que sin embargo, representa, hasta hoy, el símbolo de la delincuencia impune, del llanto de madres y de niños, lágrimas que recorren el orbe arrastrando luto, remolcando desconsuelo. Rememorando ausencias y despertando silencios remolones.

La mujer pequeña, igual que sus hermanas, vestía túnica blanca; como todas llevaba faja ciñendo su cintura. La suya estaba formada por dos cuadros blancos pegados en un ángulo, sobre cada uno cayó una estrella de cinco puntas, una azul y la otra roja, quedando para siempre en la textura suave de la tela.

En la banda inferior lo cuadros se intercambiaban, así fue como podía verse bajo el busto, uno blanco pegado a otro rojo, debajo de los cuales había uno azul y a su lado otro blanco.

Esos colores reflejaban a los dos partidos políticos que gobernaban el país. El liberal, identificado con el color rojo y el conservador, con el azul.

La mujer tomó un escudo que centró en el pico del escote de la túnica, era el símbolo de la paz y el trabajo. Un lema ocupaba la parte superior, aunque sufrió muchas modificaciones a lo largo de su historia. Ese día ella tomó el que tenía forma ojival, dividido en cinco cuarteles. En la parte superior, refulgían nueve estrellas de oro delineadas en un campo de plata. Se veía, además, un sable y un fusil brillantes, colgados, como símbolo de paz pero a la vez alertas para defender a esa mujer pequeña cuando hiciera falta, aunque de momento no hayan podido protegerla del todo. Hacia la izquierda, un campo rojo donde bordaran una pala y una pica, honrando al trabajo.

Hacia el centro se estiraba la silueta de esa mujer, comparable a un istmo con sus dos mares estáticos sobre la tela. Había también un cielo con el sol escondiéndose tras un monte, rememorando las seis de la tarde del día en que la amputación entre su cuerpo y el de una de las hermanas, se llevó a cabo, para dolor perpetuo de ambas. A la derecha la luna se estiraba, como desperezándose de la modorra, entre las olas marinas.

Más abajo la estampa dejaba ver otras alegorías, dividida también en dos cuarteles. Uno azul fuerte donde una cornucopia descansaba su sueño promisorio derramando monedas, símbolo de riqueza. Hacia el lado izquierdo, el campo blanco contenía una rueda alada, que dicen los ancianos del lugar que representa el progreso.

Sobre la imagen, dándole más imponencia, un águila harpía, ave preferida por la mujer, dirigía su mirada hacia la izquierda y de su pico colgaba una cinta con un lema. Sobre el ave, un arco formado por diez estrellas honraban a las nueve provincias unidas en la túnica de la mujer pequeña. Como abrazando al escudo, dos banderas en astas sobre lanzas custodiaban su sueño libertario.

Joya hermosa que la mujer atesoraba y cuando venía al caso, prendía de su pecho para lucirlo con el orgullo de quien ostenta un pedacito de su anecdotario grabado por el arte incorrupto de la memoria.

-¡Agua, agua, agua! se sentía a lo lejos y la mujer sonreía mientras su eterna compañera, el águila harpía, se posaba un poco sobre su hombro y otro poco sobre el escote de esa túnica que también parecía de espuma.

Su hermana lejana, la que habla idioma diferente desde la estatua, insignia del despojo, gozó sumiendo a la hermosa mujer bajo su dominio durante muchísimos años. Aunque no pudo quitarle su tradición pese a tanto intento, cosa que de por sí, para aquella, representaba un fuerte desprecio.

La mujer bañada por dos mares no podía perdonar que en algún momento, amparada por su superioridad, su hermana perversa enviara a Chiquita-bra arrastrando una maldición que se clavaría en la médula de sus hijos, dejando tantos huevos que hasta el momento no han podido ser aniquilados.

Huevos que al partirse se convirtieron en bases militares alimentadas de carne humana.

Carne de hermanos contra hermanos.

Carne de pobres deglutidos por la infamia.

Carne infectada por pesticidas criminales.

El árbol Panamá, donde tantas veces se enroscara Chiquita-bra antes de mudar su piel por entre los bananares, saludaba a la mujer hermosa que se acercaría al pueblo para disfrutar de la algarabía popular. Fiesta que año a año le permitía calmar un poco, la profunda herida que sangraba constantemente en ese corazón partido, una de cuyas partes quedara apretadita sobre el pedazo más grande que le tocara a su hermana antes de la división que padecieran ambas.

Esta pequeña pero noble mujer, soñaba oficiar de puente entre esa hermana y las otras, pero manos enviadas desde la estatua impedían que el puente se abriera según las necesidades de todas ellas. No obstante dicen que la mujer sigue hasta la actualidad alimentando su sueño secreto, sin claudicar.

Tuvo hijos tan nobles como ella y otros cooptados por la hermana rubia, indolente, sanguinaria, que abrieron las puertas a la monstruosa víbora que comenzó a quitarle sus frutas para mandarlas donde el cerebro indicaba, el centro del coloso, a lo lejos. ¡Siempre el banano! Como eje central de la avaricia volvió jirones las túnicas hermanas.

Como involuntario reproductor de espantos repetidos.

Como generador de divisas estancadas en el corazón de los frutos que crecían en racimos, tal vez para darse fuerza unos a otros en un intento tan estéril como el útero de la mujer custodia del cerebro fermentado.

Como oro verde codiciado, devorado, exprimido en la esencia enviciada de la bestia.

Lloró lágrimas de amor irrenunciable cuando embarcaron los primeros setecientos cincuenta racimos hacia la cueva norteña. Estibaban entre ellos, el sudor de sus hijos, la sangre de sus manos, la carga del esfuerzo de las espaldas combas que parecían imágenes humanas del banano.

Lloró lágrimas de amor irrenunciable cuando Chiquita descubrió también el aroma del cáñamo para llevarlo más lejos aún. Todo fue despojo, entonces. Las fibras fueron fletadas hacia donde el odio partiría en dos al mundo, apoyado en el sonido siniestro de bombas descargadas sobre la tierra lejana.

Donde los hombres se mataban por órdenes de otros hombres cuando un espectro maléfico llenó de humo los cielos dejándolos chamuscados para siempre.

Mientras el pueblo esperaba la danza de las polleras, la mujer acariciaba sus trenzas azabaches recordando el día que rajaron su túnica, de la cual resbalaron sus hijos, quedando de un lado ellos y del otro, los hijos de su hermana que habla diferente y que enviara cubiertos de pertrechos, atropellando, sin pedir permiso. Ultrajando como acostumbró hacer desde épocas inmemoriales y lo sigue haciendo, descarnada, brutal. Impune.

¡Tan execrable que no puede describirse con palabras!

Los primeros tuvieron su lugar donde pudieron. Los de su hermana donde eligieron.

Continuaba el carnaval, ya se escuchaba el sonido de las polleras agitadas que parecía un susurro envolvente en aquel paraje tan cargado de recuerdos para la mujer pequeña, de cintura frágil salpicada por la sal de los dos océanos. Ella miraba sonriendo con la dulzura que algunos ojos tienen la particularidad de transmitir. Se acercaba lentamente hacia el lugar donde las primeras empolleradas danzaban su tradición.

Cerca de allí se apilaban resabios de situaciones anteriores como para que nadie olvide que la hermana de idioma atropellado, dejó hace muchos años sus embriones, que dieron lugar a otras vidas que siguen reptando a lo largo y ancho de la túnica de esa mujer memoriosa.

Ríe la mujer bestia desde su mirador eterno, ella sabe que en el lugar donde se agitan las polleras están sus esbirros mirando hacia otra hermana morena, tan hermosa como todas ellas. Hermana donde los colmillos de Chiquita-bra también dejaron cicatrices que ni la brisa ni el sol pudo borrar jamás, en su reptar hacia el sur desvencijado.

Cicatrices que son surcos por donde caminó la historia su paso cargado de lamentos y de lutos.

¡Agua, agua, agua! Pedían hombres, mujeres y niños entre risas de pueblo y rememoración folclórica.

Un anciano solitario apareció de pronto, llevaba tras de sí la sombra de un pasado glorioso. Parecía que hubiera estado allí, toda la vida. Habló con tanta seguridad que cualquiera que pudiera oírlo sentiría que le estaban inyectando vida y esperanza.

-Conozco el dolor de esta mujer de trenzas azabache y se que ella también pide agua para calmar el fuego eterno de su angustia acurrucada entre los pétalos de esas flores del espíritu santo, que guardó para este día.

Y dijo también el hombre de mirada penetrante y firmeza tan arrolladora como el amor y la locura.

-¡Es por eso que los mares reciben sus lágrimas, bañan su cintura salpicando su vientre, la acarician y la besan, la contienen, mientras ella sigue soñando ser el puente que una a todas las hermanas!

Unión que está encaminada ¡Mira como la otra se agita desesperada allá a lo lejos! Convocando a la muerte, a la tortura, sembrando terror reflejado sobre los ojos fríos y ausentes de sus matones.

De momento, los huevos de Chiquitabra siguen abriéndose, lanzando su veneno, pero llegará el día, agregó esperanzado, que las hermanas recuperarán su memoria.

Sólo hace falta que sus hijos quieran escuchar sus propios cantos, concluyó, mientras se alejaba con paso lento y cansado hacia el tronco estoico del árbol de Panamá, donde estaba la mujer y su águila. En su cintura el brillo de una espada iluminó la túnica con luces de otros siglos.

La mujer abrió sus brazos para recibirlo, era su hijo adorado que comenzó a andar nuevamente, dando vueltas por la zona con la misma terquedad como lo hiciera hace tantos años, cuando sembraba sueños que fueron truncados por el odio pero que no murieron del todo.

Juntos, madre e hijo, comenzaron a repasar las hojas amarillas de un ayer supurante. Ambos esperan que renazca la maravilla pese al desprecio que provocó su presencia en el epicentro absurdo de la enajenación.

Ellos tejen hebras de futuro, esperan arrinconar todos los intentos por evitar lo que sigue haciendo aquella mujer detestable, agazapada tras las ventanas contaminadas de la estatua.

¡Agua, agua, agua! Seguía cantando el pueblo antes de que aparecieran las primeras polleras en la nochecita calurosa entre los dos mares.

A pocos metros de allí, entre las hojas del añejo árbol Panamá, la utopía desplegó sus alas para echar a andar los caminos polvorientos hacia el mañana, cuando tal vez la postergación se convierta en mal recuerdo.

-El engendro se retuerce allá a lo lejos, genera pautas, declara guerras mientras se tambalea aunque no termine de caerse del todo porque tiene la fuerza de enmarañarse en las túnicas de las mujeres bellas que son orgullo de sus hijos.

Y tiene cómplices que apuntalan sus deseos que no han de ser cumplidos, Madre, dijo en voz baja el hombre mientras la mujer pequeña acariciaba su frente, dándole fuerza y coraje, nuevamente.

PÁGINA 12 – POESÍA ARGENTINA

JOSÉ GABRIEL  CEBALLOS
 (Alvear-Corrientes)

ARTE POÉTICA

Una vez hallado el tema
hay que huir de la literatura.
Cumplir puntualmente los horarios,
salir a pagar si se puede
agua, luz, impuestos,
realizar los trámites
que más exasperan a las musas.
Ponerse al día
con la organización de la vida.
Después, ponerse más o menos al día
con la vida misma,
como: jugar al fútbol con el hijo,
hacer el amor de aquel modo
tan imaginado,
irse a cabalgar junto al río Miriñay
entre ovejas y carpinchos.
Cuando muy cerca de la literatura,
leer, por ejemplo,
algunos cuentos de Clarice Lispector
y echarse a soñar con la autora.

Sólo cuando la literatura
-histérica ya incontrolable-
empieza a abandonarnos definitivamente
entregarse al tema
y escribir lo que hay que escribir
para olvidarse de la literatura.

PÁGINA 13 – ENSAYO

WLADIMIR ZAMBRANO
(Guayaquil-Ecuador)

DE CÓMO LAS ESPADAS SE DISUELVEN EN LA SANGRE

“La historia de la cultura se muestra como un proceso de mestizaje indetenible; un proceso en el que cada forma social, para reproducirse en lo que es, ha intentado ser otra, cuestionarse a sí misma...” nos recuerda Bolívar Echeverría en torno a la realidad sudamericana, no solamente sometida al borde de un capitalismo salvaje y anti-ecológico, sino sorprendida en sus deseos de independencia y su violenta inserción en la llamada “Aldea Global”, la sociedad en redes y sus fenómenos tangenciales como el inmediatismo, lo virtual y lo descartable… Parte de un proceso de complicidad y alienación social, articulado por los imperialismos de turno para socavar el efecto real tras los términos ”Descubrimiento” y “Conquista”, construyendo desplazamientos de significados como si de un teatro de estereotipos y paraísos artificiales se tratara. Aspectos donde lo nacional  y sus productos culturales, poseen un tinte peyorativo y de segunda; un deseo latente de pasar la página de los muertos por la xenofobia, un deseo de maquillar las ciudades enfermas, un deseo… que a pesar de todo es una cicatriz en la negación de la raza (desde los censos poblacionales) o la poca confianza en la producción del arte local.
“Que tiempos estos en que/ hablar sobre árboles es casi un crimen/ porque supone callar sobre tantas alevosías” , repetía la voz del poeta para advertir que en el siglo XX los nuevos dones liricos estarían encaminados a desnudar la condición humana ante el fracaso del proyecto de  Modernidad  capitalista, quebrar la forma y definir con luces la aparición de la sangre nacional y los laberintos de la impunidad donde se restableció la raza.
Tres poetas ecuatorianos. Tres momentos distintos. Tres miradas. Un solo objetivo: Reescribir el símbolo del mestizaje nacional…
Primera observación (de abajo hacia arriba)
 “Boletín y elegía de las mitas” de César Dávila Andrade (Cuenca, 1918-1967),  es un extenso poema donde la memoria es individuo y población que se desdobla. El desgarramiento de un orgullo fabricado por el sol. La turba de los muertos que entre cobijas de oro ascienden…
“Yo soy Juan Atampan, Blas Llaguarcos, Bernabé Ladña .
Andres Chabla, Isidro Guamancela, Pablo Pumacuri,
Marcos lema, Gaspar Tomayco, Sebastian Caxicondor”
Nombres divididos (indio y español). Raíces mutiladas y repuestas. El fin del destino de una raza que conoció el poder y la monarquía de los dioses, de pronto sometida por la espada a asumir un peso mayor: el lenguaje y la religión: el bautismo de los nombres, el paso de la lengua imperial al hibrido del quechua y castellano, la transformación de los nombres milenarios, pues como bien se sabe: la capacidad de nombrar retiene y libera, ordena y desplaza...
Padecí  todo el Cristo de mi raza en Tixan , en Saucay,
en Molleturo, en Cojitambo, en Tavavela y Zhoral.
Añadí así más blancura  y dolor a la cruz que trujeron mis verdugos

Oh, Pachacamac, Señor del Universo,
nunca sentimos más helada tu sonrisa
y al páramo subimos desnudos de cabeza,
a coronarnos, llorando, con tu sol”
Por otro lado debemos recordar que este poema fue editado a finales de 1967, cuando el poeta - miembro del partido Socialista- seguía con atención las acciones revolucionarias en el continente (la guerrilla, el movimiento estudiantil, las comunas indígenas) buscando experiencias locales (etnográficas) llevándolo al punto de una transubstanciación con el dolor de los sometidos “que lo instala en la voz de "los otros" y habla desde ellos y con ellos; una forma de recuperar al sujeto "indígena", repensar la historia desde la perspectiva  de los subalternos —y no desde la historia oficial. Una nueva representación del nativo: el indígena reflexivo, resucitado, coherente, en contraste con las identidades fundadas y "memorizadas" a partir del colonialismo y la hegemonía occidental” .
“Minero fui, por dos años, ocho meses.
Nada de Comer. Nada de amar. Nunca Vida
La bocamina, fue mi cielo y mi tumba”.

La exaltación aquí no es producto de un romanticismo utópico, que elabora soluciones quiméricas a corto plazo, sino producto de una dialéctica del sufrimiento en torno a la condición humana (su posible progreso…) y su deseo de poder como fuerza creadora y destructora de significados sociales. Pues la raza fue golpeada, mermada, vejada y deformada, pero no extinta…
“Vuelvo, Alzome!
Levántome después del Tercer Siglo, de entre los muertos!

Regreso
Regresamos! Pachacamac!
Yo soy Juan Atampam! Yo, tam!
Yo soy Marcos Guaman! Yo, tam!

¡Somos! ¡Seremos! ¡Soy!”
El mestizaje ha obrado su paso disolvente en el bautismo de la piel, pero su conciencia de clase retiene lo esencial para los nuevos giros de la historia.
Segunda observación (de adelante hacia atrás)
“Cuadernos de la tierra” de Jorge Enrique Adoum (Ambato, 1926-2009) es una obra monumental publicada en cuatro partes. Los primeros dos volúmenes: I (los orígenes) y II (El enemigo y la mañana) aparecidos en 1952 abordan temas como la conquista y el mestizaje, pero vistos desde la realidad interna del híbrido que crece y se multiplica, buscando un imaginario real para el grupo que empieza una factoría de documentos, la regulación del tiempo en los sueños tribales que dirigen la vista hacia atrás. La reorganización del mapa, las clases y la necesidad de una voz para la historia  que recién empezaba a trazarse como cierta:
“-V-
Mi talismán de barro y el fluvial
progenitor de donde vengo,
me circundan ahora, entre
dulces cilindros y entre herrumbres.
Si alguien me pregunta
mi apellido, yo respondo: Hay
una mujer y un árbol en mi origen,
una mujer y el rayo. Y pienso
en ti, lúbrico arco iris, madre
isla saludable, padre océano
que estás a mi costado.”
Texto ganador del premio nacional de poesía, resaltado por su conmovedora palabra  ante la impunidad de las dictaduras raciales, la injusticia social y el marasmo de la opinión pública ante la lógica de los hechos.
“¿Quién soy,
he preguntado, de dónde
me vino este ser guerrero sin derrota,
este destino de extender la luz
como una mano mojada de resinas?”
Recoge las voces mestizas como imbricadas entre lo  propio y lo ajeno. “Un intento de justificar y explicar la historia, o tal vez de darle una justificación histórica a la voz poética de una nación en ciernes que todavía se dibuja cada mañana a través de la palabra del poeta”
¿Quién me entregó las llaves
de países lejanos, los pasaportes
orales, la tenaz contraseña de exterminio?
De allí regreso y en la noche
o la tranquila ancianidad, reviso
mi fantasma: una cabeza sola, ese
alarido lleno de tierra y dentadura...”.
Los dos tomos siguientes: III (Dios trajo la sombra) 1960 y el IV (El dorado y otras ocupaciones nocturnas) 1961, muestran a un poeta decisivo en su lenguaje lírico, pero con la novedad de la violencia en sus expresiones de cólera. Mirándose en el tiempo pasado de una  actualidad decadente. Removiendo lo sembrado por la conquista española hasta llegar al descubrimiento del Amazonas. Una aventura hacia la muerte, presidida por un sino fatal y luego los días largos, grises y amargos:
“Mi camino. Marcado por los muertos.
Señales a la intemperie en un país
de frío. Esqueletos pelados
por la fiebre. Y cuatro mil.
Cadáveres. Coléricos. Estas
son mis cartas de marear y andar.
El mapa sanguinario a que me atengo
y trazo”
“Allí se libera de toda influencia anterior para llevar hasta límites estupendos la transmutación lírica y antilírica, épica y antiépica de la crónica y el mito" … Allí se estropea la compostura…
Tercera observación (Doble línea Transversal)
“Los diarios sumergidos de Calibán” de Ernesto Carriøn (Guayaquil, 1977). Texto ganador de la  Beca FONCA 2009, parte del Quinteto: Los Duelos de una cabeza sin mundo, segundo tomo de su colosal obra: Ø. Es la resemantización de algunos hechos centrales de la historia latinoamericana, configurada en los cabos sueltos o eludidos por la academia y sus programas de estudio; la sucesiva trasmutación de los valores y el planteamiento de una escritura ausente del sentido referencial, el movimiento de los icebergs en la palabra intuición, el universo del presentimiento en el sonido de la pólvora, tacto del oído, que pretende un sitio bajo la oscuridad volcánica de la piel  que nos cubre (aquellos intersticios de luz donde cada hombre es la sinécdoque de una búsqueda).
“Hasta que el habla aconteció propiamente como diálogo, vinieron los dioses a la palabra y apareció el mundo. Pero una vez más importa ver que la actualidad de los dioses y la aparición del mundo no son una consecuencia del acontecimiento del habla, sino que son contemporáneos” Se explica así otro aspecto importante de la conquista, creyendo sean los ritos un escalpelo de agua que cuestione la vigencia de la epidermis cultural, sus variaciones y sus cicatrices como la imposición de un dios, un culto, un conjunto de señores que lo administran y sus siervos… La conquista se ve acompañada así de la extrema peyorización de lo local ante lo extranjero:
“Yo te voy a contar
que no es verdad que estuvimos alguna vez aquí
 para taparnos la cara
O que subidos a las piernas de los
monaguillos volvimos a constituirnos
como la física experiencia de una familia
Ahora que dios va por el mundo
nadie nos ve ponernos tristes como un pedazo de puerto
(la sed captura a la obediencia
 y se ha tomado las pieles sin importar su forma)”
Por otro lado, en Carriøn, su biografía es la catarsis de sus personajes, así como las de sus personajes son las de él mismo. Escribe desde el pasado en tiempo futuro. Y como si fuera un dios poemático: el presente en él es la antigüedad más próxima a nuestra habitación de deseos. Además presenta laberintos cuyas paredes cambian de lugar y muestran los espacios ocultos donde habitan unos terceros y unos cuartos, a veces conocedores de los rostros que describen el poema, y otras solo conocidos por el autor que muda el espectro de la lógica  hacia el símbolo general de la levedad. Así, cuando leemos las tres partes del poema: Rumiñahui, estamos asistiendo a la descripción de estados reales en la psique del poeta, así como a las palabras que dicen los captores españoles, así como al último general del incario:
“Fuera prudente decir que quisimos su captura para contrariar las conciencias destrabadas Queríamos sus prendas de guerra representando acá mañosamente los homicidios colosales y tanta imaginería poética estrangulándolo todo…
Lo querían torturar hasta volverlo un hombre Así que en ascenso vertical a la hora del almuerzo se echó fuego a sí mismo haciendo volar por dentro los estertores y el canje del aplauso… “
Así llegamos a Calibán, el mítico personaje de La Tempestad, última obra de William Shakespeare, primera obra del teatro isabelino en que un personaje Latinoamericano es representado, surgiendo como el símbolo global de un mestizaje incomprendido y estigmatizado por Occidente. Sino del atavismo, la inestabilidad, la acefalia y la dependencia… Es la recolección de extremidades, huesos, órganos, ojos, lenguas y pedazos de sentimientos que estaban ocultos por la historiografía del vencedor o la infantil vergüenza de las civilizaciones electro-domésticas. Tema que alcanza su clímax en Pieza #52 Prueba irrefutable de la existencia de Calibán cuando el autor intercala en el poema una antigua lista de división racial usada durante la colonia “para la correcta administración del imperio”:
Antes de que la vida nos vuelva
inencontrables
o ruinas en lo que otrora fueran alfabetos luminosos en tardes profundas
déjame decirte que como la piedra
no nos retuerce nada
que si no tuvimos tiempo para reflexionar
sobre cómo se iba confeccionando nuestra
piel ( su pelo bruscamente abierto en seco
- su pájaro posible)
las manos agrietadas que sueñan con jabón
sobre estos ríos de piedra y cóndores de chispa
la moneda que parece ser un sol
pero que solo va llevándose la culpa
(...)
Entonces ya habíamos dejado de lado
Los maderos del muelle
Que como una bandada de cruces concentraba la vergüenza
de nuestro origen//
Su lista de reptil toda torcida por el fuego
como una S :
a) Español: podía ser peninsular (nacido en España) o de ultramar o criollo (nacido en América) El hijo de castiza y español se consideraba español. Dentro de estas casta existía un estrato superior lo dones y las doñas
b) Indios: También llamados en la documentación naturales
c) Negro: Traído como esclavo de África; también se uso negro criollo para los hijos de africanos nacidos en América
d) Mestizo: India y español
e) Castizo: De mestiza y español
f) Coyote: de mestiza e indio
g) Chamizo torna atrás: de india y coyote
h) Mulato: de negra y español
i) Morisco: de mulata y español
j) Albino: de morisca y español
k) Torna atrás: de albina y español
l) Torna ataras tente en el aire: de torna atrás y español (y este se mantenía en esta categoría aunque se mezclara con español, pero si se mesclaba con uno de sus misma categoría “desciende a lo mismo que negro”)
m) Chino: de india y mulato
n) Albarazado: de mulata y chino
o) Barcino de mulata y albarazado
p) Torna atrás negro con pelo lacio de mulata y de Barcino
q) Zambo (chino o lobo): de negra e indio
Al final nada pudimos arrancar de su lugar de origen (nada arrancaremos jamás de su lugar de origen)  y todo este cuento de mundo fue más bien volviéndose un acuario de raíces donde se asoman las estrellas a observar el atigrado de nuestro tajo Donde toda la sangre que hay en nuestro cuerpo es toda la sangre que anda en cueros por un patio iluminado como un desagüe de astillas”
Addenda
Como acotación final debemos subrayar el hecho de que los textos comentados apelan al discurso documental sobre cada uno de los símbolos de su universo plástico particular, pues las palabras: Boletín, Cuadernos y Diario,  nos convocan al cuestionamiento de los medios y las formas para producir la verdad.
En los albores del nuevo siglo la poesía ecuatoriana continúa aportando luz a la memoria del espíritu humano. César Dávila Andrade, Jorge Enrique Adoum y Ernesto Carriøn: Tres poetas ecuatorianos. Tres momentos distintos. Un solo objetivo: Reescribir el símbolo del mestizaje nacional…

PÁGINA 14 – CUENTO

MARIANELA PUEBLA
(Valparaíso-Chile)

EL ROBO

La escuché una tarde, no supe de dónde provenía. Me imaginé que tal vez había  llegado Mario de su trabajo y esperé a que se asomara en la sala. Pero  eso no sucedió. Consulté mi reloj,  y claro, no podía ser él, pues eran sólo las seis y él  solía llegar cerca de las  siete y media de la tarde. Me extrañé un poco pero luego seguí en mi lectura.

Al día siguiente aún estaba en la cama y,  de pronto, percibí ese llamado, pero esta vez, pronunciaba mi nombre. Me quedé un largo rato tratando de saber de dónde venía esa voz, estaba segura de haber escuchado mi nombre, Alicia. El día continuó como de costumbre, me alisté y salí a mi trabajo. Esa noche,  serían las dos de la madrugada cuando sentí la voz lastimera que repetía mi nombre, mi piel se puso chinita del susto y de la impresión. Pensé que me estaba volviendo loca y desperté a Mario. Él, adormecido,  no hizo caso a mi reclamo y  al poco rato, dijo no escuchar nada y que volviera a dormir. Después de estar una hora en vigilia y sin oír la voz de nuevo, me dormí por fin.

Toda la semana pasó sin novedades y me olvidé  por completo de esa extraña voz que  nunca pude localizar. Un atardecer estaba descansando en mi cuarto, después de un arduo día de trabajo en la oficina de correos, cuando  al prender la TV vi una sombra en la pantalla que se disipó con la imagen de un programa, fue algo muy raro y preferí  no prestarle mayor interés, luego me dejé llevar por  una suave melodía de un compositor inglés que tocaba en ese momento.

Esa noche, el llamado se hizo más intenso, como apremiante, y el sonido de mi nombre  de nuevo me despertó. Mario estaba ocupado en la salita, tenía  un trabajo pendiente y vino a verme cuando escuchó que yo hablaba algo. Le pregunté si había oído esa voz que me llamaba, pero dijo no haber escuchado nada, ni un solo ruido hasta   supuso que yo le hablaba. Le conté lo que  estaba pasando, sin embargo, él dijo que tal vez estaba muy cansada e imaginaba esa voz.

Al día siguiente,  me levanté junto a Mario, desayunamos.  Como era viernes, sabía que él se citaba con sus amigos en un bar y llegaría como a la media noche, entonces le deseé un buen día y nos despedimos con un beso.

Rosana me llamó a la oficina y quedó de  venir a casa después de las cinco para platicar un poco, cosas de mujeres. Al pasar por el supermercado compré una botella de vino dulce, queso y aceitunas. Llegué a casa y me cambié de ropas, luego preparé la mesa de la sala con las cosas que traje, coloqué un disco de  música mientras esperaba a mi amiga. Pasó media hora y  Rosana no aparecía, tomé el celular  y la llamé,  contestó que  un imprevisto no le permitiría venir.

Me sentí defraudada, ella podría haberme avisado y punto. Me serví una copa de vino y prendí la televisión, pero descubrí que no tenía cable pues   estaban todos los canales  porosos, y de pronto escuché aquella voz llamándome, me quedé atónita, el ruido venía del aparato, puse más atención y oí muy claro mi nombre, varias veces. Apagué de un  golpe la tv, pero la voz seguía emanando del aparato.

Aterrorizada me fui a mi  dormitorio y traté de llamar a Mario quien, desgraciadamente, tenía el  celular apagado.  Me senté en la cama y  traté de tranquilizarme. Pensé que  eso no estaba sucediendo, que  era una locura. Llamé a mi hermana, ella contestó con un mensaje y me mandó al buzón. No  podía creer cuando volví a escuchar el llamado de la tv que estaba en el cuarto y apagada. Me  serené y tome aire y fui directo al aparato y pregunté, ¿qué quieres de mí, por qué me molestas? En ese instante la tv  se encendió por sí misma, caí de espaldas de la impresión y la imagen de una mujer un poco borrosa se apareció en la pantalla. Me armé de coraje y le grité ¿por qué me molestas? Me dijo, ven, asómate y lo sabrás. ¿Cómo?, pregunté sorprendida, esto es lo más  ridículo que  pueda concebir. Ven, Alicia, por favor, volvió a insistir. ¿Cómo sabes mi nombre y cómo lo haces para hablar como  estuvieras en Skype?  Por favor, asómate sólo un instante, volvió a insistir. Me arrodillé frente al aparato y  miré, pero todo estaba igual. ¡No veo ninguna cosa!, exclamé disgustada. Pon tus manos en el borde de la televisión. Un poco asustada y curiosa lo hice, en ese momento me vi succionada hacia  el receptor, no sé cómo  pasé a otra dimensión. Volví la vista hacia mi cuarto y  espantada, vi mi cuerpo allí, de rodillas ante el aparato. Angustiada pregunté, ¿qué ha pasado? ¿Dónde estoy? y del otro lado de la pantalla me contestó una voz de mujer, pero que venía de mi boca. Gracias, Alicia por  regalarme tu cuerpo. ¡No es cierto!, ¡no te lo he regalado, me lo has robado!, grité desesperada. No importa cómo le digas, bastante tiempo llevo esperando, y ahora tú tendrás que ocupar mi lugar, dijo, y la vi ir al armario y sacar mi bata de levantarme. Luego  tomó mis perfumes y buscó uno que le agradara, mientras yo observaba con estupor sus movimientos, sin poder hacer nada.

No sé cuánto tiempo pasó, ella tomó un cigarrillo y  comenzó a fumar echando el humo sobre la pantalla, reía viendo mi cara de aflicción. ¡Déjame salir!, por favor, le pedí, ¡este no es un juego, no sé cómo lo hiciste, pero quiero mi cuerpo!, insistí. Ella no contestó, de pronto vi a Mario asomarse al cuarto. ¡Ah, te sorprendí!, dijo, y estás fumando de nuevo… ¿no habías dejado ese mal habito?
Sí, querido, contestó ella, pero tengo tanto tiempo esperándote que me puse a fumar. ¡Oh, amor!, te has  colocado ese negligé que tanto me gusta, te ves hermosa, como una visión. Ven  acá, dame un beso, quiero hacerte el amor. Yo gritaba, tratando de atraer su atención, pero, mi voz no  tenía sonido. Comencé a llorar a mares mientras la veía besando a mi esposo y como nunca, hicieron el amor enfrente de mí.

PÁGINA 15 – POESÍA ARGENTINA

BERNARDO SCHIFRIN
(CABA-Buenos Aires-Argentina).


MAR MESTIZO   (Costa de Oro)     2004          
                              
Como los sueños y las realidades                                          
entre cielos azules, nubes tormentosas                                    
peces reyes, flechas plateadas                                               
atardeceres dorados después de la borrasca.                          
                                                                                                    
Aguas cálidas cristalinas                                      
o turbias que arrastran tierra morena                                    
blancas arenas sedimentarias
con camalotes de la selva.

Gaviotas blancas, petreles, toninas
calandrias, zorzales, bichofeos
turistas despreocupados y trabajadores temporarios
chiquilines sonrientes, criollos, otros rubios.

Impureza que es origen de la vida
coyunda entre el río y el océano
pecado de amor y de  belleza.


DESEMBOCADURA         2004        

Aguas indecisas,
abandonadas,
océano atrapado.
Tierra del Paraná
arenas del Uruguay
transparencia del golfo.
Mar Mestizo

    
TRANSPARENCIAS                 

Los archipiélagos

en el cielo luminoso
rosado de atardecer
vapor
gas fosforescente
leve ilusión

Anémicas de luz
las nubes se enciman
sobre el borde de la marejada,
y los islotes naufragan
en oscuros volcanes de inquietud.


AMORES                                  

Hay amores de un instante.
Ondas,
dibujo irrepetible
brisa en el mar.
Éxtasis,
esfumado azul
trazo deletéreo
nube sutil.
Gasa,
efluvio oloroso
carne ingrávida.
Pero por debajo de la superficie
sigue circulando la marea.

PÁGINA 16 – ENSAYO

FERNANDO SORRENTINO
(Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Argentina)

RECUERDO DE MARCO DENEVI

Uno de mis grandes amores literarios es Rosaura a las diez, la justamente célebre novela con la que el entonces ignoto Marco Denevi (13 de mayo de 1920* - 12 de diciembre de 1998) ganó, en 1955, el Premio Kraft para la Novela Argentina.

Concursos son concursos, y, en rigor, lo insólito no es ganar un concurso sino no haber ganado nunca un concurso. Pero, dentro de dos años, Rosaura cumplirá seis décadas de vida, y su lectura -que suelo repetir cada tanto- me resulta siempre fascinante.

Antes de cumplir los treinta años, tuve la fortuna de que mi segundo libro de cuentos, Imperios y servidumbres (1972), fuera publicado en Barcelona por la Editorial Seix Barral. En realidad, en aquella época yo no sabía bien qué se debía hacer después de publicar un libro. Cierta conjunción de retraimiento y de desdén me condujo a no hacer nada, a -simplemente- esperar los acontecimientos, sin tener la menor idea, por otra parte, sobre qué acontecimientos podrían ser aquéllos.

No sé cómo, en 1975, me atreví a enviar por correo un ejemplar del libro, con una timidísima dedicatoria, a mi admirado Marco Denevi. No muchos días más tarde recibí una carta hermosa -ésta es la palabra adecuada- en la que el maestro me transmitía su opinión sobre mis cuentos.

Y, como una carta suele traer otra, y ésta una tercera, y así sucesivamente, llegó el día en que Denevi -con el que jamás hablé por teléfono: sólo nos comunicábamos por carta- me invitaba a tomar un café en la desaparecida confitería Saint James, que quedaba en la esquina de Córdoba y Maipú.

Allí estaba yo, mesa por medio, con ese hombre de aspecto muy atildado, de traje tradicional, de camisa y corbata. Ese hombre canoso, de estatura más bien escasa, de ojos algo hundidos y de preclara inteligencia, se hallaba sentado frente a mí. Él tenía cincuenta y cinco años; yo, veintidós menos.

No pude no pensar: “Parece un sueño. Estoy conversando, muy suelto de cuerpo, con el maravilloso autor de Rosaura a las diez, con la persona que inventó a Camilo Canegato, a David Réguel, a la señorita Eufrasia Morales… Éste es el creador que tejió esa trama compleja y perfecta de la novela que yo leí y releí tantas veces…”.

Y ese hombre mágico me trataba con toda llaneza y sencillez, y me formulaba preguntas y se interesaba en la poquita cosa que yo podría escribir. Y contaba anécdotas y hacía bromas y se reía con ganas.

Corriendo los años, seguí -de modo más espaciado- intercambiando cartas con Denevi. Lo percibí como un hombre de integridad total, un hombre probo y honestísimo, de insobornable rectitud, que siempre decía lo que le daba la gana.

Por terceras personas, supe más adelante que era una persona difícil, de carácter áspero. En la última parte de su vida, rompiendo el contacto con el mundo exterior, se recluyó en su casa, y parecía estar enfermo de amargura contra todos y contra todo. Sé que amigos que lo querían mucho y bien recibieron, de su parte, respuestas duras e injustas. Por fortuna para mí, nunca fue ése mi caso.

Finalmente, me permito opinar que -aunque la mayor parte de su producción es excelente, y que tiene libros insuperables como Falsificaciones, Un pequeño café, Hierba del cielo y Los asesinos de los días de fiesta- nunca ninguno de sus títulos posteriores pudo igualar el prodigio de su primera novela.

A la calidad literaria la acompañó un inusual y continuo éxito de ventas. Por eso, Denevi solía decir que nunca una mujer había sido tan explotada por un hombre como lo fue Rosaura por parte de su autor.

Cometió los terribles errores de redactar en una sintaxis excelente, de tener vasta y profunda cultura, de saber latín, de no ejercer la demagogia, de no fingirse un profeta angustiado, de carecer de codicia comercial. Las despiadadas y lucrativas sectas autodenominadas progresistas que monopolizan la literatura y rigen los medios “culturales” en la Argentina han decidido ignorarlo.

Sin embargo, junto a Borges y Cortázar, forma el triunvirato de los mejores narradores argentinos del siglo xx.

* Desde que Denevi comenzó a existir como escritor, se dio como su fecha de nacimiento el 12 de mayo de 1922. Sin embargo, la puntillosa investigación de Juan José Delaney (tan admirador de Denevi como yo mismo) estableció que la llegada a este mundo se produjo el 13 de mayo de 1920. Esta información, y otras cuantas que destruyen ciertos errores trasmitidos con ligereza, se encuentran en este libro esencial: Delaney, Juan José, Marco Denevi y la sacra ceremonia de la escritura. Una biografía literaria, Buenos Aires, Corregidor, 2006, 244 págs.

PÁGINA 17 – COMENTARIOS DE LIBROS

MARTA GODDIO
(Llambi Campbell-Santa Fe-Argentina)
-Directora de la Revista Literaria La Matera

Leer y cantar desde el latido / una voz sentida que avanza.
CANCIONERO “Versos de Juntadores” Felipe Aldana / Carlos Kuraiem

Detrás de los alambrados los maizales se espigan altivos agitando la esencia dulzona de sus penachos. Sedosa cabellera rubia asoma entre las chalas protegiendo al fruto joven que no conocerá ya la textura de las cicatrices en las manos campesinas de los cosecheros golondrinas, familias migrantes, empobrecidas, expuestas a la crudeza de la intemperie, al trabajo rudo y mal pago, a quienes Aldana le dedicara sus “Versos de Juntadores”.
El maizal no es el mismo después de haber conocido la poesía de Felipe Aldana. El poeta reclama otra atención a los ojos del que mira y se hace presente en la voz del puestero que responde “Llegué hasta tercero… y de casualidad. Había que ir al campo.” En la expresión de resignación de los peones rurales que se han olvidado de su cansancio, se renuevan los versos de “Vuelvo de la lucha mía”.
El conjunto de experiencias educativas que desde la obra literaria y musical de Carlos Kuraiem me ha sido posible desarrollar en diversos ámbitos en el transcurso del ciclo lectivo 2012 y que ya forman parte de un libro-, abrió surcos insospechados para sembrar “al voleo” las semillas fértiles de la poesía bajo un cielo de aguaciles, poetas y pájaros en la presentación del Cancionero “Versos de Juntadores” Aldana/Kuraiem en el Primer Encuentro de Arte de la localidad de Candioti.
No nos encontramos con Felipe Aldana y su obra por nuestra formación académica o los libros escolares o por virtud de las enciclopedias. Tuvimos la oportunidad de conocer su historia, su obra, su sensibilidad y su vigencia por Kuraiem en el Aula Poética. “...y en ese silencio del que escucha con respeto, y con una sonrisa en el alma por identificarme con un compañero de porfía, surgió en mí, casi como una sentencia un pensamiento parecido a un sentimiento hacia su persona y su obra: Carlos Kuraiem, Poeta de Guitarras llevar. Porque guitarra y poesía fueron sus armas en aquel laberinto de terror. Armas de paz, pero también y para siempre de rebeldía”. Como lo definió César Rebattini al conocerlo personalmente el 24 de marzo de 2012 en el programa “La lectora de Vinilo” (AM 530 –La Radio de las Madres”).
Cómo llega la poesía y el poeta al aula sino a través de la obra que sola se expande y escapa a toda egoísta forma de encierro o "pertenencia", para llegar libre al destinatario que la está esperando. ¿Por qué Kuraiem en el aula? ¿Qué sostiene su presencia poética? La originalidad de una obra literaria y musical orientada en el acervo popular, que puede abordarse en forma independiente o conjunta, ausente de los textos escolares, que al descubrirla estimula la curiosidad y deja en evidencia que tanto en la Historia Nacional, Latinoamericana, como en la Historia de la Literatura y de la Música no está todo dicho.
La virtuosidad y naturalidad con la que Kuraiem se desplaza en los distintos géneros, está documentada, en apretada síntesis, en los diversos soportes y formatos textuales, registros de audio, entrevistas, videos -y especialmente en las imágenes capturadas en el Festival Internacional de Poesía de Rosario por Enrique Gallego-, en las fotografías, relatos orales, testimonios que se constituyeron en recursos didácticos en los aprendizajes abordados de modo interdisciplinario con la Profesora Melisa Rodriguez -egresada de la Escuela de Música del CREI, estudiante avanzada de Dirección de Orquesta en la UNL e integrante del Proyecto “SOS Música” de la Municipalidad de Santa Fe-, quien manifestó: "Me interesa particularmente la composición de Carlos Kuraiem, el modo en que une lo literario con lo musical. Se borran los límites de las artes.” Bajo su dirección, un grupo de pequeños “juntadores” -alumnos de 3er Grado de la Escuela N° 46 Bernardino Rivadavia”, Candioti- Santa Fe-, subieron con sus “maletas” a escena, acompañados por el actor Fernando Gonzalez, representando el paisaje geográfico y humano que inspiraron a Aldana presentando en la apertura del Primer Encuentro de Arte, el repertorio integrado por “La Flor del Maíz) (chacarera), “ Vuelvo de la lucha mía” (balada) “Al ric –rac” (Rock).
La vinculación profunda de Kuraiem con el mundo de los poetas que viajaron en su guitarra y en su voz para ser recitados o cantados en cuanto escenario tuvo oportunidad, en 1986 en el Museo de Bellas Artes de La Plata en un acto organizado por la Dirección de Cultura, recita largos poemas de Juan L. Ortiz, acompañado por el maestro Roque de Pedro en piano; así los poetas vibraron en la voz de otro poeta: Kuraiem, quien puede sostener lo que su palabra expresa desde su testimonio de vida: “Poesía es sumar la palabra y el cuerpo, sumar la memoria, la voz y el instrumento, es comprometerse con actos y palabras; cortar los candados y liberar a la joven prisionera.”
Los Poemas de Aldana (Máximo Paz, 1972 – Rosario, 1970) fueron musicalizados y cantados originalmente por Carlos Kuraiem en 1981 en la Biblioteca anarquista José Ingenieros de Buenos Aires, en plena vigencia de la dictadura militar, ahí estrena "Vuelvo de la lucha mía" (si se analiza bien esta letra se sabrá de lo que estamos hablando en esta nota), dentro del marco de la conferencia “Poetas al margen” ofrecida por Omar Cao donde leen Luis Luchi, Francisco Gandolfo y Hugo E. Salerno, entre otros.
En 1996 Kuraiem recibe de Francisco Gandolfo, una carta con fecha del 20 de junio donde le expresa: “…amable Carlos Kuraiem (…) fuiste vos el que le puso música y cantó los Versos de Juntadores de Aldana, acompañándote con guitarra, en aquel «accidentado» acto en homenaje al poeta Rosarino. Cuando terminaste de cantar y pasaste junto a nosotros, me acuerdo que ambos te abrazamos y felicitamos. Al final, como el acto terminó con tensiones imprevistas, aprecié tu actuación como lo mejor del homenaje a Aldana: un recuerdo inolvidable. Yo tuve el gusto de leer sus Poemas del Gran Río. Te saludo y abrazo con el aprecio de siempre”.
En ese mismo año Kuraiem interpreta los “Versos de Juntadores” en M.E.E.B.A (Asociación Mutual de Estudiantes y Egresados de Bellas Artes) en un recital organizado por la revista Carmín de Poesía, dirgida por Eduardo Dalter (leen Rogelio Ramos Signes, Alejandro Shmidt, Santiago Espel, Patricia Verón y Squeo Acuña).
En 1997 viaja al V Festival Internacional de Poesía de Rosario, donde participaron como invitados Juan Gelman, la guionista Graciela Maglie y el actor Oscar Martínez, John Oliver Simon (California), Humberto Ak'Abal (Guatemala), Cristian Ide Hintze (Austria), Rafael del Castillo Matamoros y Luque Muñoz Henry (Colombia), Mauricio Redolés (Chile), Gerardo Burton (Neuquén), Aldo Parfeniuk y María Teresa Andruetto (Córdoba), sólo por mencionar algunos nombres. En esta oportunidad Kuraiem interviene como panelista en una mesa de Poesía y Multimedia, lee poemas de su libro De Laúdes y Mistoles y cierra la edición del Festival -no en el Salón donde se llevaba a cabo la cena de camaradería como estaba anunciado en el afiche oficial- sino en el Galpón del Bar Hemingway, donde improvisando una escenografía ambienta el lugar -como se puede ver en el video- una mesa, con la foto de Aldana inclinada en una copa de vino, la funda de su guitarra y un deschalador hecho con un clavo largo de punta achatada y filosa con empuñadura de cuero dejado junto a las patas de su silla... Cantando los Versos de Juntadores y otras canciones, se luce la presencia y la voz de quien llegó para cantar “no desde el corazón, sino hacia el latido” ante el desconcierto y el asombro de quienes se acercaron a escuchar. El recital que ofreció Kuraiem -denominado “Folk Fusión Lírica”-, contó con la presencia de importantes escritores de argentina, otros países de latinoamérica y Europa.

PÁGINA 18 – AFORISMOS

ROBERTO FONTANARROSA
(Rosario-Santa Fe-Argentina)

AFORISMOS DE ERNESTO ESTEBAN ECHENIQUE

Dios me señaló con su dedo y me lo metió en el ojo.

"Morir... ¡qué extraña costumbre!".

Para el Sabio no existe la riqueza. Para el Virtuoso no existe el poder. Y para el Poderoso no existen ni el Sabio ni el Virtuoso.

No hay completa belleza. El tigre es hermoso, pero su orín es pestilente.

Cuando alcancé la sabiduría, ella me miró y dijo: "Ya me alcanza cualquiera".

La perfección es obsesiva. Y eso es un defecto.

Se aprende más en la derrota que en la victoria, pero… ¡prefiero esa ignorancia!

El ciego, al lavarse la cara, se reconoce.

Si quieres alcanzar la Sabiduría… ¡empieza a correr ya!

El que nada desea, es sospechoso.

Dios aprieta pero no ahorca ni cae en el sadismo.

El espíritu del virtuoso es como un espejo. Te miras en él y puedes peinarte.

Reparad en ese pato que corre. Reparad en aquel cordero que trisca. Reparad esa cerca que huyen los animalitos.

Aun viéndote sucia y borracha, me arrodillo para nombrarte: ¡Madre!

El humor no debe ser risa. Sí, sonrisa. Y, de ser posible, llanto amargo.

Lo llamaron científico, estadista y pensador. Pero nunca fue tan feliz como cuando lo llamaron "Bichi".

Te regalaría las estrellas, pero te has empecinado en un par de zapatos.

El optimista ve la copa medio llena. El pesimista la ve medio vacía. El borracho la ve doble.

El loro plagia la palabra, pero quien está preso es el canario.

Amigos son los huevos, que están en el mismo nido y nunca se regañan.

La virtud del virtuoso, la envidia el oso.

El necio no sabrá apreciar ni el sabor de una flor ni el olor de una fruta.

La hiena ríe pues no piensa en el mañana.

No juzgar a los hombres por sus actos. Condenarlos.

Si tropiezas dos veces con la misma piedra… ¡sácala de allí!

Decimos: "Haz como la hormiga, que trabaja todo el día." ¡No sabemos cuán jóvenes mueren!

Busco espíritus sensibles. Intermediarios abstenerse.

Señalé el futuro y miraste mi dedo.

Quien ríe último, de la desgracia ajena, ríe mejor.

¡Desdichado el mendigo que no conoce el placer de dar!

La rosa tiene espinas, pero… ¿tiene pétalos el atún?

El pavo real abre su cola sin importarle si es día feriado.

Mis aforismos son como los buenos vinos, mientras más pasa el tiempo, más caros.

Aquel que ha tocado el cielo con las manos… ¿cuánto medía?

Morir… ¡extraña costumbre!

En el mundo hay bondad y maldad. Justicia e injusticia. Árboles y tortugas. Hay muchas cosas.

El pájaro es libre. Lo sería aún más de ser soltero.

Consulté con mi almohada y me dijo: "Consulta con tu médico".

El puntapié que me asestaste… ¿no será una opinión?

Reprochas al sordo que no te escucha. ¡Grítale más fuerte!

Si dices que lo tienes en un puño… muy pequeño ha de ser tu enemigo!

Te siento cuando te toco y, cuando no te toco, también te siento. ¿Que tienes en la piel?

Si todos los hombres del mundo se tomasen de las manos… ¡Cuán larga sería esa fila!

Piensa un minuto y serás justo. Piensa una hora y se te hará tarde.

La paciencia, espera. La virtud, observa. El pato, parpa.

Se puede hacer una armadura con papel. Pero no te pelees.

El hijo de la Sabiduría y el Honor, ya camina.

No intentes demostrarme tu escepticismo. Yo no te creo.

No es más ágil el atleta que quien se cae de un árbol.

El muerto se ríe del degollado. Y éste, de su trabajo.

La maza castiga el yunque. Algo habrá hecho.

Si no cantara el gallo igual amanecería.

El hombre sabio es pobre en apariencia, pues su tesoro está en Suiza.

Una palabra puede herir. Pero un martillazo es feroz.
Alegra ver caer las gotas de lluvia. Pero ellas se destrozan contra el suelo.

Si tu mejor amigo te incrusta un puñal en la espalda... desconfía de su amistad.

PÁGINA 19 – POESÍA ARGENTINA

JORGE ARIEL MADRAZO
 (Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Argentina)

BEBIAS el licor
de la revelación
cadáveres sin techo ruegan tu
mendrugo
para el loco que te asesinará
antes del acuoso amanecer

antes del lechoso amanecer
un portal muele avispas de furia
se te muere un muertito sus partes
beberás
antes del borracho amanecer.

Antes del incierto
amanecer
en un olvidable páramo
o país niños

roían basura
bajo la luna roja
por eclipse

POEMA

(Al gran sexólogo Havelock Ellis que, según propia confesión,
sólo conoció el amor en la alta edad).

SÓLO un niño de Surrey /
acunado en el oscuro pánico
de la reina Victoria / robando huracanes
en la proa del velero Empress /
Ese era el Havelock
de celestes lagunas / es decir: ojos
iguanas /
que alumbraban sus bífidas lenguas / sus
ominosas poluciones nocturnas /
tan nocturnas
como
el sol
del puerto delirado por / el velero
de su padre
y por /
raros fantasmas
sudamericanos.

Pero cuando Havelock adolesció y /
se adultó / sin
jamás jamás /
adulterar la lluvia de sus ojos /
danzó platónicos amoríos llamados
agnes olive may /
Mirábanse bellos y desnudos /
como aves /
incapaces de volar.
Y así Havelock se casó sin casi /
saber del sexo más
que el niñito del velero Empress /
y conoció /
a Hilda Doolittle quien era
“un gran pájaro blanco
al borde / de un acantilado”. /

Y cuando Havelock fue ya un viejo y
lo amaban
todas las mujeres del mundo /
Françoise Delisle le
reveló / un mundo /
jadeante entre sus piernas /
Y Havelock Ellis escribió
los más bellos tratados sobre
el amor /
con el estremecido júbilo tardío del /
hombre que /
a punto de morir /
desde su ventana descubre /
llorando /
la última estrella
del universo.

PÁGINA 20 – ENSAYO

GUILLERMO JAIM ETCHEVERRY
(Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Argentina)

ESCRITO A MANO

Cuánto hace que no experimentamos el placer de recibir una carta manuscrita en letra cursiva? La caligrafía es una habilidad humana en rápida extinción, porque ya casi no se enseña en las escuelas. Cuando se emplea una lapicera, en general se lo hace para escribir con letra de imprenta. Stefano Bartezzaghi y María Novella de Luca, periodistas italianos interesados en el tema, se preguntan si la preocupación por el ocaso de la escritura cursiva responde a la nostalgia o constituye una emergencia cultural. Muchos expertos se inclinan por la última alternativa. En Inglaterra se vuelve a usar la estilográfica para que los estudiantes aprendan la grafía. En Francia también se considera que no se debe prescindir de esa habilidad, pero allí el problema reside en que ya no la dominan ni los maestros. Aunque el mundo adulto no está aún preparado para recibir las nuevas inteligencias de los niños producto de la tecnología, la pérdida de la habilidad de la escritura cursiva explica trastornos del aprendizaje que advierten los maestros e inciden en el desempeño escolar.
En la escritura cursiva, el hecho de que las letras estén unidas una a la otra por trazos permite que el pensamiento fluya con armonía de la mente a la hoja de papel. Al ligar las letras con la línea, quien escribe vincula los pensamientos traduciéndolos en palabras. Por su parte, el escribir en letra de imprenta, alternativa que se ha ido imponiendo, implica escindir lo que se piensa en letras, desguazarlo, anular el tiempo de la frase, interrumpir su ritmo y su respiración.
Si bien ya resulta claro que las computadoras son un apéndice de nuestro ser, hay que advertir que favorecen un pensamiento binario, mientras que la escritura a mano es rica, diversa, individual, y nos diferencia a unos de otros. Habría que educar a los niños desde la infancia en comprender que la escritura responde a su voz interior y representa un ejercicio irrenunciable. Es ilógico suponer que la tendencia actual se revertirá, pero al menos los sistemas de escritura deberían convivir, precisamente por esa calidad que tiene la grafía de ser un lenguaje del alma que hace únicas a las personas. Su abandono convierte al mensaje en frío, casi descarnado, en oposición a la escritura cursiva, que es vehículo y fuente de emociones al revelar la personalidad, el estado de ánimo. Posiblemente sea esto lo que los jóvenes temen, y optan por esconderse en la homogeneización que posibilita el recurrir a la letra de imprenta.
Porque, como lo destaca Umberto Eco, que interviene activamente en este debate, la escritura cursiva exige componer la frase mentalmente antes de escribirla, requisito que la computadora no sugiere. En todo caso, la resistencia que ofrecen la pluma y el papel impone una lentitud reflexiva. Muchos escritores, habituados a escribir en un teclado, desearían a veces volver a realizar incisiones en una tableta de arcilla, como los sumerios, para poder pensar con calma. Eco propone que, así como en la era del avión se siguen tripulando barcos a vela, sería auspicioso que los niños aprendieran caligrafía, para educarse en lo bello y para facilitar su desarrollo psicomotor.
Como en tantos otros aspectos de la sociedad actual, surge aquí la centralidad del tiempo. Un artículo reciente en la revista Time, titulado Duelo por la muerte de la escritura a mano, señala que es ése un arte perdido, ya que, aunque los chicos lo aprenden con placer porque lo consideran un rito de pasaje, "nuestro objetivo es expresar el pensamiento lo más rápidamente posible. Hemos abandonado la belleza por la velocidad, la artesanía por la eficiencia. Y, sí -admite su autora, Claire Suddath-, tal vez seamos algo más perezosos. La escritura cursiva parece condenada a seguir el camino del latín: dentro de un tiempo, no la podremos leer". Abriendo una tímida ventana a la individualidad, aún firmamos a mano. Por poco tiempo.

PÁGINA 21 – CUENTO

MIRIAM CAIRO
(San Nicolás-Buenos Aires-Argentina)

ANDREA DORIA

Una que pupila se pregunta si ya no será demasiado tarde.
Otro que ficciona le ofrece algo de beber.
Nosotros vemos y escuchamos, lo que ellos nos proponen mirar y oír.
--La noche es una demandante, dice Una que pupila.
--Si la noche fuera mar serías el Andrea Doria, agrega Otro que ficciona.
Con el agua del mar entrando y saliendo de la noche, Una y Otro se pasan las horas contando historias antiguas y triviales que esta vez no escuchamos, pero intuimos, pues ya lo ha dicho Otro: son antiguas y triviales. Y también, porque en cada palabra no dicha subyace la incandescencia del crepúsculo.
A nosotros no se nos escapa ningún detalle.
Una insiste.
Vuelve a preguntarse si ya no será demasiado tarde para que Otro oropele. Y Otro oropela. Otro dice lo que Una necesita escuchar:
-Todavía hay tiempo para seguir esperando.
A algunos de nosotros, la palabra esperar nos lleva a la palabra esperanza, pero otros de nosotros hace click con el botón derecho del mouse y busca significados opuestos. El botón les dice: "hacer tiempo", "dar tiempo al tiempo", "ir al encuentro", "estar por". Y no muy satisfechos vuelven adonde estamos nosotros, porque son parte de nosotros, aunque se nieguen a ir adonde nosotros vamos con la palabra esperar, porque algunos de nosotros creen que alguna vez han esperado en vano.
Otro que ficciona tiene una loca manera de representar el yo y el otro, por lo que nunca lo convocarán a la Feria del Libro, ya que no hay editor que vea un mercado consumidor para este maniático juego de trasposición. Y si acaso el editor tomara coraje, mucho más penosa sería la tarea del librero, incapacitado de hacer un cartel de promoción que diga: "Ultimo libro de Otro", aunque el problema no está en el nombre, porque nombres hay muchos, sino que la cuestión radica en esa confusión de su escritura que para nosotros no es nada confusa, o, mejor dicho, no es más confusa que nosotros, pero los libreros y los editores y los feriantes, son seres muy diáfanos, muy límpidos, muy claros, y prefieren los ficcionantes de al pan pan y al vino vino, o mejor al vino Toro, porque siempre es necesario un auspiciante.
Obviamente.
Obviamente.
Ahora el que ficciona nos mete dentro de su ficcionar. Nos utiliza. Es un narrador travestido de lector. Somos lectores travestidos de narradores que pensamos lo que él piensa. Y mientras Otro nos cede su lugar, Una que pupila no puede dejar de pupilar.
Otro que ficciona, es cierto, debería ir a la universidad. Debería aprender cómo se representa el yo y el otro en la literatura latinoamericana, pero Otro que ficciona duda de sus propias posibilidades de entrar en el ruedo.
Y mientras Otro que ficciona duda, los que leemos no podemos dejar de leer.
-También la lluvia es muy demandante, agrega Una, sin prestar atención en nosotros, que seguimos aquí esperando el momento en que el que ficciona la desnude. Porque si estamos aquí es porque deseamos ver de una vez por todas las dos rosas de sus senos pupilantes. Si estamos aquí, es porque anhelamos que Otro, y no nosotros, dadas las crueles circunstancias, apoye sus labios donde los tiene que apoyar, en nuestro nombre.
Pero otro es el padecer de Otro.
Otro quiere usar esta página para decir otras cosas. Así siempre ha sido el ficcionar de Otro que ficciona. Nos muestra el almíbar mientras por debajo nos dice otras cosas. Pone arriba lo de abajo y abajo lo de arriba. Nos vemos envueltos en un 69 infinito donde la que pupila y el que ficciona somos nosotros, o nosotros somos los que ficcionamos y pupilamos a través del pupilar de Una y de las palabras que escribe Otro.
Como sea.
Todavía no desnudó la rosa de los senos.
Todavía no.
Si le llenara de nuevo la copa, tal vez Otro que ficciona podría acercarse, rodear los hombros de Una, y decirle: "hay una clase de esperantes que sólo desea esperar, en ello radica su motivo". Pero Otro no lo dice, porque se enfrenta, por enésima vez con el diccionario, que no ofrece la palabra precisa para su ficcionar.
En medio de sus neologismos, con el perfume de las rosas apenas sugerido por nuestro deseo, volvemos otra vez al relato.
-Ya me has dicho alguna vez que hay una clase de buscadores que no gusta de encontrar lo buscado, dice Una que pupila tomando el último sorbo de vino.
-Sí -confirma Otro que ficciona, mientras vuelve a llenar la copa-. En realidad, había escrito "buscadores que no gustan encontrar lo que está perdido", pero me gusta mucho más cómo lo has dicho vos.
Y al decir esto, Otro sonríe de un modo tan cautivador, que Una, espontáneamente apoya la cabeza sobre el hombro de Otro. Y Otro hace el primer movimiento de los labios, que luego lo llevará al otro movimiento de los labios, y con la misma dulzura hará el otro movimiento, que nos coloca siempre en el mejor lugar: labios que se mueven dentro de nuestros propios labios.
Mientras nos dejamos llevar por ese sabor de manteca del primer movimiento reconocemos, otra vez, que por debajo de lo que Una dice, hay más de lo que dice. Con el sabor de las rosas, comprendemos que ese buscar sin deseo de encontrar lo buscado, tiene algo que ver con nosotros, con la lectura. Lo cual se confirma, cuando nos llenamos la boca con el sabor de la menta, el humo y la sal del tercer movimiento de los labios.
Hay formas y formas de escribir.
Formas y formas de leer.
Los libreros venden libros para que los buscadores tropiecen con lo que están buscando. Libros donde la literatura encuentra formas doctas para explicar el problema de las representaciones del yo y del otro y de la mar donde se hundió el Andrea Doria.
Pero, sólo en la última página del diario Otro ficciona a Una que pupila, y la oropela hasta hundirnos en sus senos fragantes.

PÁGINA 22 – POESÍA AMERICANA

WINSTON MORALES CHAVARRO
(Neiva-Huila-Colombia)

XV
LA JUSTICIA

Número
Lo verdadero y lo falso
Una cosa los une
Otra los separa.
Cada palabra
Puede ser falsedad
Si crees
Y no crees en esto,
Calcula,
Separa
Multiplica
El resto es el resultado de lo que estudiarás en tu mente…
¡Yo soy la parábola de lo verdadero y lo falso!
Un plano igual al primero
Será siempre una puerta,
Una guija
Treinta ventanas.
¡Estrellas! ¡Planetas!
¡Ángeles! ¡Arcángeles!
¡Demonios y príncipes!
Quieran al cero

Busquen el Uno
Cultiven el Cuatro
Fusionen el Tres.
De este modo,
A través de esta puerta,
Comprenderán lo que el Siete les quiere Decir.
Más allá de los presupuestos
Esta es una llave que no es llave
Una puerta que no es puerta
Un tiempo que no es tiempo
Un espacio sin materia,
Vacío.
El Número será siempre un Número
El intersticio que permanecerá siempre abierto.
Con el Segundo,
Encontrarán la ley del Tres;
Con la ley del Tres,
La cifra del Cuatro.
Siervos del Rey
La mía
Es una llave,
Que no es llave
La llave no sirve
Calcula:
La puerta está
Siempre abierta…

XVI
EL COLGADO

…Mi Mantra es Pantril
Pantril Cuacal.
Cuacal de donde vengo
De donde surjo
El polvo que me ha hecho madre
Trifurcación de un vientre y unos brazos.
He resurgido del polvo amarillo, de la tierra negra
Del fuego y del mercurio.
Estuve muerto
–Siempre lo he estado-
Pero ahora he abierto los ojos
Los dedos de mis manos han tomado el polvo de oro
El metal atravesado por la sangre
La vagina cósmica del mundo.
Mis ojos sintientes y percipientes se han elevado a la cuadratura del uno
-Luego de ser el cero-
Y han percibido el laberinto de sombras
Por donde el hombre debe pasar,
Debe morir de sí
Renunciar de sí mismo.
En una esquina que cada día necesita más del alma contemplante
Me he detenido a escribir.
Lo indescifrable
Lo intrazable
Lo indefinible
Fluyen de mis dedos
De mi voz muda
De mi grito sin voz.
Aquí todo es silencio
Mudez
Manto espeso de nada
La Lux
Sólo la Lux
El resplandor del colgado
Un cuerpo…

XVII
LA MUERTE

…Un hombre escucha jazz en su oficina,
Puede ser él,
Pero es otro.
Un hombre afina el oído,
Escucha a la muerte,
Transita por el cuadro de una música antiquísima,
Vieja.
Un hombre ve su muerte a través de la música
Autumn Leaves,
De Ahmad Jamal.
La música siempre huele a eso,
Trae un perfume,
Una esencia,
Un sonido que ensordece el alma.
La música quiebra lo infranqueable
Traspasa lo inquebrable
La muerte es música,
Regreso a los caminos.
Un hombre escucha jazz en su oficina,
Puede que sea él,
Pero es otro,
De eso está seguro.
El arpegio golpea su cara,
Tritura sus dientes.
Una música,
Una cancioncita,
Un hombre.
La muerte guarda sus secretos,
Sus zozobras…

XIX
EL DIABLO

…El lenguaje de la palma no es lenguaje
Por lo menos no articulado.
El lenguaje es inherente a ella.
Como el verde a la hoja.
El lenguaje
–Su vibración-
Mana de ella,
De su esencia,
Su substancia.
Es como un anillo
Como el oro o el mercurio de los Thelemitas.
El viento,
Su lenguaje,
No es,
No puede existir
Si ella no existe.
El lenguaje
Esa presencia,
La vibración de cuerdas y enramadas
Toma forma,
Se vuelve circular,
Cuando la palma es consciente de ella misma
Cuando tiene fe de sí.
Si la palma no tiene fe de sí,
Si no sabe que es,
Que permanece
Que regresa
No puede,
no debe existir un viento que la habite,           
Que se vuelva verbo con el canto de los días.
La palma,
Su levitar en el fondo,
Su camino,
La ruta de sus años
Es posible porque como objeto
Como ente vivo
Requiere de un sujeto
De un hombre que la mire desde afuera.
Desde afuera ella existe,
Ella existe y se rumora.
De lo contrario es muda
(Ciega y muda)
Por lo menos en el plano de lo que preexiste)…

XXI
LA ESTRELLA

…Estoy conectado con el impulso de las estrellas
Con la savia cósmica que me viene a través de la noche.
Todo en mí es sabiduría iniciática
Fuego propagador de peldaños
De escaleras hacia el ascenso.
Todo esto que digo y subrayo
-en el fondo es el descenso-
Me viene de un sueño;
El hombre es ángel mientras duerme
Está en contacto con el Todo cuando es vencido por la Lux.
La noche nos provee de alas
Nos da banderas para caminar por infinidad de geografías
Para pasearnos por la mirada esmeralda de las tablas del éter.
Soy Yaguar,
Roca,
Trueno de estrellas
Entre más pesados sean mis ojos
Más pertenezco al infinito, a la manzana
A la inconsciencia de saberme obscuro.
La noche es eso:
Libertad,
          ascenso,
                    disolución,
                                    principio.
El ombligo mío
Será el ombligo del otro,
El hilo esmeralda del otro,
La viga filosofal de aquellos que acuden a todas las citas.
Estoy conectado con el impulso de las estrellas
Con el pasado y el remoto presente de todas las cosas.
La noche me hace eso,
Me convierte en eso:
Yaguar de ojos profundos,
Tótem de piedra sobre la infinitud de los valles…

PÁGINA 23 – ENSAYO

CARLOS MARZAL
(Valencia-España)

EL ESCRITOR COMO AMA DE CASA

EL acto de escribir consiste en un cúmulo de rutinas de las que el escritor no suele ser consciente mientras escribe. Un sinfín de detalles en los que uno no piensa durante el acto de la escritura, porque está pendiente sobre todo de aquello que constituye la esencia de su trabajo: la actividad de juntar palabras, con cierta brillantez, para que transmitan al lector una experiencia intelectual y emotiva, a través de una historia, o de un razonamiento, o de un cántico.
Pero escribir también trae aparejadas otras muchas curiosidades. Como el hecho extraño, por ejemplo, de dedicar varias horas al día, durante años, para dar forma a algo -el libro- que, en el caso de llegar a gustar al propio autor y al editor (si es que se encuentra), se despachará en unas cuantas horas al llegar a manos de los lectores. La proporción entre horas de trabajo invertidas y horas invertidas para el consumo del trabajo convierte la escritura en un fenómeno, cuando menos, extravagante. Y el hecho de experimentar con uno mismo y sus pasiones. Y la paradoja de encomendar a la mayoría algo que nace desde la absoluta individualidad. Y la vocación de aislamiento que se necesita para la creación. Y tantos otros aspectos de intendencia y de conciencia, que hacen del oficio de escritor, creo, un asunto bastante misterioso. O, si se quiere, un poco más misterioso que algunos de los misteriosos oficios a los que nos entregamos los hombres.
Siempre ha suscitado mi interés el hecho de que la escritura sea, en lo fundamental, una tarea doméstica. El escritor, bien mirado, es también un ama de casa. No un amo de casa, el dueño del inmueble en el que vive y escribe, sino alguien que se ocupa de las tareas de su hogar: de su hogar verbal, que es una casa dentro de otra, un lugar para resguardarse dentro de la casa que le ofrece resguardo. Porque los escritores viven en el espacio de las palabras. No es un decir: se trata de un hacer. Viven a través de lo que hacen con las palabras, por las palabras y para las palabras.
Pero un escritor es un ama de casa, también, en el sentido de que vive más que la mayor parte de los individuos en una profunda intimidad domiciliaria. De ahí que quienes no sean capaces de estarse quietos entre cuatro paredes buena parte del día, un día tras otro, estén impedidos para ser escritores. El escritor, como el ama de casa, conoce la respiración de las habitaciones, el latido de los muebles, los ecos del vecindario, el silencio de los objetos. El escritor, como el ama de casa, se administra su tiempo en compañía de las sombras, a la espera de que la casa vuelva a poblarse.
Hubo un tiempo en que algunos analistas de la vida cotidiana aplicaron a su materia de estudio el lugar común marxista, y hablaron del trabajo del ama de casa como «del modo de producción doméstico». La expresión siempre me ha parecido ingeniosa, y muy adecuada para los que escribimos. Si el lenguaje es la casa del ser, los escritores somos amas de casa.

PÁGINA 24 – CUENTOS BREVES

JORGE TAVERNA IRIGOYEN
(Santa Fe-Argentina)

VOCES DE LO INNOMBRABLE

Adentro, sólo fugaces sombras. Afuera, el brillo del cristal, que enceguece. Sin embargo allí está encerrada el alma. Bastó un frasco para contenerla.

En lo más alto de la montaña el águila vigila. Todo está en orden.Cuando aparecen los andinistas, su pata hace un movimiento y caen las primeras piedras del alud.

No puede recuperar la memoria. Qué eran esos brillos. De dónde partían los aplausos. Y ese olor a animales vivos…Tirado en el camastro, partido en dos, su cuerpo se ha liberado de un destino de aire: trapecista de circo.


Llama a los serafines y se le presentan demonios. Tiene una duda: su sistema de comunicación está con los cables cambiados.


HOGUERAS DE VANIDAD


No se cree Neptuno por el hecho de gustarle el mar.- Por ser navegante de inmensidades, Por tirar las redes en profundidad. Tampoco ser hermano de Júpiter, de Juno y de Plutón. Apostasías. Se cree Neptuno porque su barco lleva a Anfitrite como mascarón de proa y ella, en su radiante desnudez, pone rumbo cierto a puertos lejanos, por sobre tormentas y cartografías. Blanca de espumas, siempre. Dorada de soles.


Bajo la encina todo parece distinto. Tiene en su mano el Discurso del Método y piensa que el alma es una transfiguración del cuerpo. Nada pesa el espacio que ocupa. Su mano izquierda, distraída, arranca un trébol de cuatro hojas. Y se imagina a Destartes haciendo un gesto similar, cien años atrás, bajo la misma encina.


No fue asombro, cuando entró al Libro de los Guinness. Tampoco orgullo: sí vanidad. ¿Qué otro mortal puede reconocer veinticuatro hijos con veinticuatro mujeres distintas y no tener que responder a reclamos de mantención alguno?


En el campo nudista todas las vanidades caen por el suelo al caer las ropas. Sólo Fedor Horowitz  muestra con orgullo el muñón de su brazo derecho y la pierna amputada. Medallas de guerra…

PÁGINA 25 – POESÍA AMERICANA

ROSSANA ARELLANO
 (Santiago de Chile-Chile)

LA REVOLUCIÓN DE LAS ABEJAS
(Homenaje a los Poetas Gonzálo Rojas y André Cruchaga)

Y fue coronada la abeja reina
en su república de obreras...

Llegó el día en que la sed de miel
cambió las primaveras por otoños
y se expulsó a los zánganos,
sin redoble de tambores
ni palidez de fiebre, por el sexo.

El cielo entre las sábanas
maduró los perfumes...

Tanto pezón al aire
en la casa del placer,
desdibujando ternuras
sin límite, ni dignidad,
sólo importaba el coito lujurioso.

Las sombras en cópula,
colgaban sus nalgas en escaparates...

Era un acierto de dicha
salpicando relojes que hervían,
todo movimiento
encendía turbando la piel
hasta alcanzar el éxtasis.

Cuerpo desnudo,
cúpula de la ventura...

Cierro los ojos
hambriento de recuerdos
y es la boca
que gotea tu nombre
hasta helarse la sangre nuevamente.

Es el deseo que en balance
nos seduce de noche...

PÁGINA 26 – ENSAYO

FRANCISCO GARCÍA JURADO HLGE
(Madrid-España)

BORGES Y SAN AGUSTÍN, O LA INUTILIDAD DE LA ETIMOLOGÍA

¿Puede haber cosas completamente inútiles y, a la vez, maravillosas? Hace ya tiempo, dentro de un estudio encaminado a analizar las complejas relaciones entre etimología y literatura desde la Antigüedad al presente, observamos cómo en Agustín y Borges, aun mediando entre ellos varios siglos, se daba una singular coincidencia en el escéptico juicio que tenían acerca de la etimología. De esta forma, salvando las distancias científicas e históricas, ambos coinciden en calificar a la etimología de disciplina curiosa o interesante, aunque poco necesaria o útil. 

El juicio, como es fácil comprobar, se compone de dos asertos en cierto sentido contradictorios, pues hay una valoración positiva, por un lado, que reconoce la curiosidad o el interés de la etimología, pero, por otro lado, se declara explícitamente su inutilidad a la hora de ayudarnos a entender el concepto que expresa la palabra en cuestión. La coincidencia resulta significativa, y más aún porque no creemos que Borges haya leído el texto concreto de Agustín donde aparece expresado este juicio. Es cierto que Borges cita a menudo a Agustín, pero es siempre a propósito de la refutación de la idea estoica del tiempo cíclico en La Ciudad de Dios: "(...) la idea del tiempo cíclico, que fue refutada por San Agustín en La ciudad de Dios. San Agustín dice con una hermosa metáfora que la cruz de Cristo nos salva del laberinto circular de los estoicos." ("El libro", Borges oral [1979] en OC 4: 165-166). Volviendo al juicio sobre la etimología, el texto de Agustín, que es también una crítica al pensamiento estoico, se encuentra en su obra de juventud titulada De dialectica, escrita en el año 387:

"Nos preguntamos acerca del origen de una palabra cuando nos planteamos de dónde proviene que se diga de tal manera: asunto bastante curioso, en mi opinión, pero menos necesario. No me gustó decir esto que a Cicerón parece merecerle la misma opinión; aunque, ¿quién necesita de una autoridad en un asunto tan evidente? Pero si fuera de mucha utilidad explicar el origen de una palabra, no sería apropiado adentrarse en lo que ciertamente es imposible de alcanzar. ¿Quién hay que pueda justificar por qué se tiene que decir de tal manera lo que nombramos? Ocurre que, al igual que en la interpretación de los sueños, así se declara el origen de una palabra de acuerdo con el ingenio de cada cual."

A continuación, se desarrollan cuatro posibles etimologías para la palabra verbum y se termina concluyendo que con tal de saber lo que significa una palabra no nos importa tanto conocer su origen. En lo que respecta a Borges, si bien las referencias al significado y la etimología de las palabras aparecen en muchos pasajes de su obra, vamos a destacar de momento la prosa que cierra el volumen misceláneo titulado Otras inquisiciones, publicado en 1952, y que lleva el título "Sobre los clásicos":

"Escasas disciplinas habrá de mayor interés que la etimología; ello se debe a las imprevisibles transformacio­nes del sentido primitivo de las palabras, a lo largo del tiempo. Dadas tales transformaciones del sentido primitivo de las palabras, que pueden lindar con lo paradójico, de nada o de muy poco nos servirá para la aclaración de un concepto el origen de una palabra." ("Sobre los clásicos", en Otras inquisiciones [1952], OC 2: 150)

El texto continúa con una serie de ejemplos:

"Saber que cálculo, en latín, quiere decir piedrita y que los pitagóricos las usaron antes de la invención de los números, no nos permite dominar los arcanos del álgebra; saber que hipócrita era actor, y persona, máscara, no es un instrumento valioso para el estudio de la ética. Parejamente, para fijar lo que hoy entendemos por clásico, es inútil que este adjetivo descienda del latín classis, flota, que luego tomaría el sentido de orden." (OC 2: 150)

Aun a riesgo de simplificar la cuestión, tanto en Agustín como en Borges puede encontrarse la articulación de un pensamiento etimológico que puede justificar por qué la etimología no es una disciplina necesaria, si bien es interesante:

En primer lugar, porque hay una llamativa distancia entre el origen y el significado actual de las palabras. Es lo que lo que ocurre, por ejemplo, con piscina, cuyo significado real poco tiene que ver con la palabra "pez", como comenta el propio San Agustín:

"Cuando se habla de «piscina» en lo referente a los baños, donde no hay rastro de peces, ni tiene nada que nos recuerde a los peces, parece, no obstante, que toma su origen de los peces a causa del agua, que es donde éstos viven. Así pues, la palabra no se transfiere a causa del parecido, sino que se toma debido a cierta contigüidad (...). Esto, sin embargo, demuestra perfectamente -lo que podemos dilucidar ya con tan sólo un ejemplo- la distancia que hay entre el origen y la palabra, la que se toma por contigüidad de aquella que se pone por similitud. "

Esta última razón es bastante coincidente con la que esgrime, por su parte, Borges, ya dentro de un contexto moderno de etimología histórica, cuando nos habla de la paradójica transformación del sentido primitivo de las palabras, que es lo que ocurre cuando explicamos el término "clásico" a partir de la palabra latina classis "flota", cerrando una pequeña lista de etimologías paradójicas ("cálculo" significaba "piedrita", "hipócrita" era "actor" y "persona" originariamente era "máscara"). Como veremos más adelante (2.), la conciencia de que el significado actual de una palabra sea tan diferente del significado originario lleva a cada uno de nuestros autores a soñar con una forma de lengua perfecta: lo dicibile en Agustín, o una lengua de imágenes de carácter extraverbal, y las lenguas cabalísticas o filosóficas en Borges.

B. En segundo lugar, a pesar de sus paradojas, la etimología es una forma de ver el lenguaje gracias a la interpretación que hacemos de unas palabras a través de otras. Para Borges, esta visión supondrá una "pura contemplación de un lenguaje del alba", al margen de las paradojas que suscite. Sin embargo, Agustín pondrá el énfasis en la variedad de interpretaciones posibles que puede tener una etimología, circunstancia que acerca la actividad etimológica a la hermenéutica de los sueños, como tendremos ocasión de comprobar con la irónica ilustración de las posibles etimologías de la palabra verbum (3). Asimismo, veremos cómo esta combinación de etimología e interpretación de los sueños nos depara todo un inesperable hallazgo en la ficción borgesiana.

En definitiva, bajo esta compleja interpretación subyace el hecho de que la materia que estudia la etimología, el lenguaje verbal humano, es engañosa, lo que se adscribe claramente a una determinada corriente escéptica de pensamiento lingüístico que tiene su origen en el Crátilo de Platón y llega hasta alguno de los más penetrantes filósofos del lenguaje del siglo XX, como el vienés Ludwig Wittgenstein. El lenguaje, en definitiva, es engañoso como vehículo de conocimiento, pero es fascinante por la posibilidad de juego que nos ofrece, en especial la etimología.

PÁGINA 27 – CUENTO

ANGEL BALZARINO
(Rafaela-Santa Fe-Argentina)

TIMBRE A LA HORA DE ALMORZAR

No necesitó mirar el reloj para saber la hora cuando sonó el timbre: 11:30. Minutos más o minutos menos. Invariablemente ocurría, cada dos o tres días, a lo largo de los últimos meses, alrededor del mediodía. Como si el olor de mi comida tuviera una atracción especial y fuera capaz de traspasar las paredes y superar las mayores distancias, dedujo para tratar de explicar la visita de variados personajes -un anciano artrítico que tendía una mano temblorosa, una mujer en sillas de ruedas, un joven que se apoyaba en muletas por la falta de una pierna-, unidos por la misma premisa: solicitarle algo para comer. Dándole a mi casa el carácter de un comedor abierto a la comunidad. Impulsado por el grado de comprensión y solidaridad hacia los demás que sus padres le habían inculcado desde la niñez, nunca dejaba de colaborar con unas frutas o un pedazo de torta. No obstante, siempre le quedaba un sabor amargo, tanto por la cruel realidad que le mostraban esas personas como por un hálito de culpa al considerar que era muy escasa su donación, y le quitaba las ganas de almorzar. No. Ya no volverán a arruinarme los momentos más placenteros del día. Por obra del hartazgo y para no desperdiciar una vez más la comida que estaba cocinando, cuyo embriagante aroma impregnaba cada rincón de la casa y le brindaba un anticipado regocijo, al marchar hacia la puerta de calle resolvió utilizar una nueva estrategia.
Cuando abrió la puerta creyó enfrentarse a los sobrevivientes de un terremoto o un naufragio. Escuálidas las figuras que, con rasgaduras en la ropa, rastros de tierra en las caras y las manos, conformaban el inusitado cuadro que ocupaba la vereda: una mujer que debía andar por los cuarenta años, el semblante crispado, sosteniendo con cierto desgano una criatura en los brazos; aferrado a las piernas de la mujer, un chico de seis o siete años reflejaba una expresión de temor o vergüenza; y al lado, una muchacha que ostentaba, con cierta displicencia, el vientre bastante abultado. Crecen los damnificados que buscan la salvación en esta benemérita casa. Ahora vienen en grupo. Sin duda ya debe estar corriendo la voz de que aquí vive un reverendo tarado siempre dispuesto a socorrer a los más pobres y necesitados.
-Algo para comer, señor. Hace dos días que no…
-Apenas probamos unos pedazos de pan -la muchacha interrumpió a la mujer, urgida por una clara desesperación-. Por favor, señor. Ya no aguanto más.
-Sí, don. Cualquier cosa.
Le pareció que, al detectar un panorama más sombrío de lo habitual, era la ocasión ideal para poner en práctica su maniobra.
-¿Y qué les gustaría comer a ustedes?
Pudo comprobar una leve reacción de sorpresa o perplejidad. Sí. Nadie debió formularles nunca semejante pregunta Una tentadora posibilidad que sin duda ni siquiera en sueños habrán llegado a imaginar. Rápidamente, antes de que alguna palabra o movimiento desvaneciera la aureola de encantamiento, dio unos pasos y tomó una mano del chico:
-A ver, decime, ¿qué quisieras comer? -el chico se limitó a mirarlo, cohibido-. ¿Un alfajor de dulce de leche o una torta de manzanas o un pastel de carne y papas?
Sin esperar respuesta, volvió la mirada hacia la mujer. Descubrió una brusca animación en su cara, brillantes los ojos, la lengua humedeciéndole los labios. Ya se encuentra subyugada por la ilusión de probar algo sabroso y siempre inalcanzable.
-Y para usted, señora, ¿cuál es la comida preferida?
-Oh, son tantas… -balbuceó tras unos segundos, vacilante-. Pero hace mucho que no puedo darme el gusto…
-Tal vez ha disfrutado con frecuencia de unos bifes jugosos con huevos revueltos o canelones de carne y verduras o una rica ensalada de apio, tomates y cebollas.
-¡Sí, algunas veces! -admitió tímidamente, como si en algún recóndito lugar de la memoria descubriera un hecho o escena que aún la conmovía y llenaba de fervor-. Ya pasaron muchos años. Mi marido me abandonó y nunca más pude preparar algunas de esas comidas. Y ahora la que más precisa alimentarse bien es mi hija que está…
-Sí, es lógico -observó a la muchacha que permanecía con los brazos cruzados sobre la panza turgente-. Esta jovencita, en su condición de futura madre, debe verse asaltada por numerosos y muy importantes antojos, ¿no es cierto?
-Sí, sí... Los antojos más fuertes son por un helado o una torta de chocolate. Me vuelvo loca cada vez que pienso en eso y no puedo…
-Buen gusto, sin duda. Pero también tenés la necesidad de consumir alimentos que contengan una buena dosis de vitaminas, calcio y minerales. Elementos que encontrarás en unas costeletas a la plancha, en un surtido de frutas como la banana, el durazno y la manzana, en unos sustanciosos…
-¡Basta, señor! ¡Basta, por favor!
Las palabras concentradas en un grito intempestivo, casi desgarrante, lo obligaron a callarse. Azorado. Y antes de superar la conmoción se vio embestido por la mujer que, mientras el chico que apretaba contra el pecho se ponía a llorar, comenzó a golpearlo con la mano libre en un arrebato de total desesperación.
-¡Tenemos hambre, señor! Queremos comer algo. ¡Ahora!
-Alguna de las comidas que usted mencionó. ¡Cualquiera!
-Yo quiero un alfajor.
-Lo que usted pueda darnos. Un bocado de lo que está cocinando ahora.
-Es tan rico el olor que llega hasta aquí.
-Ya no podemos esperar más. Hace tantos días que no tenemos…
Sí. Tal vez abusé del juego. Les nombré comidas demasiado apetitosas y ahora les resulta imposible aceptar que no tendrán oportunidad de probarlas. Advirtió que el reclamo los unificaba en una actitud agresiva, aflorando en las caras un creciente malestar, los cuerpos en lentos movimientos para rodearlo o, más bien, abalanzarse sobre él.
-¡Tranquilos! ¡Cálmense, por favor! -de manera instintiva levantó los brazos a modo de barrera para contenerlos-. Comprendo que ustedes gozarían mucho de las exquisiteces que les he mencionado. Pero hay que tener en cuenta los diversos daños que pueden causarles. Cualquiera de esas comidas tiene elementos muy nocivos y contraproducentes para la salud. Es sabido que los platos salados provocan un aumento de la presión arterial, el colesterol se hace una fiesta con el consumo de grasas, sin olvidar el efecto devastador del azúcar y los dulces en una enfermedad tan silenciosa como la diabetes. ¿Tienen ustedes idea de los graves problemas que pueden llegar a padecer? Verdaderamente no quisiera cargar con el peso terrible de arruinarles la vida tal vez para siempre.
El silencio prevaleció durante unos segundos. Quizá no entendieron ni una palabra. Como si les hubiera hablado en otro idioma o explicado algo que jamás formó parte de sus vidas. Solo percibió, en los integrantes del grupo, una similar expresión en la que se aunaban el desagrado, la bronca, el repudio. Sí. Parecen haber llegado al colmo de la paciencia y sin duda en cualquier momento pueden estallar. Sin control. Mientras retrocedía con sigilo y trataba de separarse poco a poco de ellos, aprovechó para dar la última puntada:
-¿Cuál es el alimento que estuvieron comiendo en los últimos días?
Le respondió la muchacha. Bruscamente. En tono áspero, casi escupiendo las palabras:
-Unos pedazos de pan…
-¡Pan! -su voz surgió con inusitado énfasis, sin poder replegar una manifestación de regocijo-. ¡Perfecto! Sin duda el pan es uno de los productos más saludables y nutritivos. Una elección muy adecuada. Lo más aconsejable es que sigan así y evitarán muchos inconvenientes. Buenos días.
Había estado verificando la modificación que acusaban ellos como para intuir o prever cuándo iban a desbordarse. Romper la especie de caparazón en la que estaban inmersos. Arteros. Incontenibles.
Pudo, con un salto ágil y decidido, cruzar el umbral y luego de cerrarla, quedó apoyado en la puerta. Permaneció rígido los minutos que, a través de los golpes de puños sobre la puerta y las palabras soeces e insultantes repetidas en un coro histérico, los visitantes de ese día le hicieron saber un cambio o, más bien, el final de una vieja costumbre. Hasta que, por cansancio o por considerar que ya era inútil ese medio de protesta, concluyó la furiosa arremetida. ¡Excelente! Ahora se convertirán en los mejores voceros para informar a los menesterosos que no vale la pena acudir a esta casa. Con el agregado de calificar al propietario como un maldito hijo de perra.
Entonces, con premura y ansiedad, se dirigió hacia la cocina. Al destapar la olla humeante, se dejó ganar por el morboso deleite del olor y la visión de los trozos de peceto, batata y tomate que burbujeaban en el líquido rosado.
Cuando se sentó a la mesa y se dispuso a ingerir con fruición el plato rebosante, comprendió que, después de muchos meses, por primera vez lo gobernaba una profunda serenidad, sin atisbos de culpa ni reproches. Que cada uno se ocupe de sus problemas. Ya es hora de comenzar a manejar mi vida como quiero. Libremente. Mientras paladeaba los primeros bocados, una vez más se gratificó por haber descartado, hacía bastante tiempo, toda prevención o señal de alarma sobre alguna comida perjudicial para su organismo. Desdeñoso, solo anhelaba saciar el hambre voraz como una merecida y jubilosa celebración de cada día.
Y alcanzaba la plenitud cuando, en un solitario brindis, bebía un largo trago de su Cabernet Sauvignon favorito.

PÁGINA 28 – POESÍA AMERICANA

ANA ISTARÚ
(San José-Costa Rica)

DOMICILIO

¿en dónde está mi madre? ¿en un terrón infecto? ¿en un
plato de viento que se pudre? ¿en el hollín crujiente?
¿en un cajón de hierro? ¿en una carabela carcomida? ¿un
animal que ruge en medio de una bala? ¿un fuego de
espinazos? ¿una bestia menuda que se asfixia? ¿debajo
de la tierra está golpeando por salir como un niño del
vientre de su madre? ¿me está mirando? ¿de allí? ¿de
ese ciervo quebrado al borde del camino? ¿y ese trozo
de grito que no atina a abrirse paso por el cuello? ¿es un
rastro de musgo que los rayos liquidan? ¿un recuento
de calcio? ¿un pájaro de escombro?

yo soy mi madre
y mi cuerpo es ahora
su elemento
De "Verbo madre" 1995

YO, LA HEMBRA FIERA

Yo, la marsupial,
la roedora,
la que no tiene tregua,
la que ha juntado ramas,
la que escoge las hierbas con las zarpas heridas,
la que gasta los cobres de su lengua
para fraguar el nido
y está midiendo el viento,
y acapara el lado oculto
de todas las colmenas,
la que atina a mirar los trajes de la luna
y quiere desovar,

la que fue fecundada
con un polen antiguo
y está que la revienta
la gloria de la estirpe,
n la que tan sólo espero un signo de los astros
para tirarme
con un rugido ronco a dar a luz,

yo, la hembra fiera,
la traidora,
la taimada,
la que a la muerte ha echado
a perder
su cacería.
De "Verbo madre" 1995

VENUS ENCINTA

Pleamar
soy, curvatura:
Venus hermosa
saliendo de su baño
con los pechos en punta, negrísimas
sus flores compitiendo
en latitud
con la Pulpa preciosa
de su vientre
redondo como vela,
repleto como el mundo.
De "Verbo madre" 1995

PÁGINA 29 – ENSAYO

DANIEL PAREDES
(San Nicolás de los Arroyos-Buenos Aires-Argentina)

EL GERUNDIO DE POSTERIORIDAD

Al momento de corregir la parte estilística de algunos textos del taller, me encuentro con que uno de los problemas más frecuentes es el uso de los gerundios, esos verboides que contienen la raíz "-ando" o "-iendo". Noto también que de las muchas trampas que nos tienden los gerundios, la que nos atrapa más seguido es la del gerundio de posterioridad. Veamos cómo detectarla y escapar de ella.

En principio debemos decir que un gerundio implica una acción. "Riendo", "cantando", "viéndote", "preparándome", "fugándonos"... todos llevan implícita una acción y, para ser más exactos, una acción en desarrollo. Una de las reglas sobre los gerundios dice que esa acción debe ser simultánea o anterior a la acción del verbo principal de la frase, pero NUNCA una acción posterior. Recomiendo releer detenidamente esto último, rumiarlo palabra a palabra hasta incorporar la idea.
A ver si se aprecia mejor con un ejemplo:
El hombre nos hablaba mirándonos a los ojos.
En este caso, nuestro gerundio es "mirándonos" y el verbo principal de la frase es "hablaba". Aquí el gerundio se usó correctamente, porque la acción mirándonos es simultánea a nos hablaba: nos hablaba y, al mismo tiempo, nos miraba a los ojos.
Veamos otra frase:
Aferrándose de las crines, montó sobre su caballo.
Análisis mediante, constatamos que también aquí tenemos un gerundio correcto. La acción aferrándose (gerundio) es anterior a la que propone montó (verbo principal): primero se aferró y luego montó.
Pero veamos qué ocurre en este otro ejemplo:
Al comerciante lo apuñalaron con saña, muriendo desangrado dos horas después.
Verificamos los tiempos de las acciones y resulta que el gerundio muriendo es una acción posterior a la que propone apuñalaron: es obvio que primero apuñalaron al pobre infeliz y que luego se murió desangrado.
Ése es el gerundio que debe evitarse, el de posterioridad.
Detectado el problema, la solución suele ser bastante sencilla. En este caso podría haberse dicho:
Al comerciante lo apuñalaron con saña, y murió desangrado dos horas después.
Y aún con más fuerza:
Al comerciante lo apuñalaron con saña y, dos horas después, murió desangrado.
Así que ya sabés: cuando tenemos dudas sobre si un gerundio es o no de posterioridad, debemos revisar los tiempos en que se realizan ambas acciones. Si la acción del gerundio es simultánea o anterior, venimos bien; pero si es posterior, vayamos preparando el bisturí.

         Antes de cerrar el tema, te cuento una experiencia puntual:
Cierta vez me percaté de que una alumna evitaba sistemáticamente los gerundios. Y, claro, esa manía la llevaba a extender oraciones sin necesidad, o a inventar expresiones insólitas, o a retorcer las frases hasta estrangularlas. Le pregunté el motivo, explicándome ella que como no sabía distinguir cuándo los usaba bien y cuándo mal, había optado por eliminarlos a todos. Por supuesto, eso no es en absoluto la solución. Lo mejor es enfrentarse al fantasma una y otra vez hasta vencerlo...
Releo lo que llevo escrito y veo que en el párrafo anterior puse «Le pregunté el motivo, explicándome ella […]». Hummm, ese explicándome suena sospechoso. Revisemos los tiempos y saquémonos la espina. El gerundio explicándome es una acción... posterior a la del verbo principal pregunté: primero le pregunté y, luego, ella me explicó. Yo también he caído en la trampa, pero una vez detectado el ripio, sólo me resta erradicarlo:
Le pregunté el motivo, y ella me explicó […]
Sí, así de fácil.

PÁGINA 30 – CUENTO

BEATRIZ ACTIS
(Sunchales-Santa Fe-Argentina)

PÁJARO ROJO VENECIANO

Lo recuerdan entre la bruma lánguida del crepúsculo alimentando las garzas. Borracho, hablando solo, la figura recortada contra el cielo de la tarde, en la isla que emergía del centro de la laguna. Cuando el agua salió de su cauce, inundó los bordes de la isla (el capricho del agua que sube y que baja es inmanejable para los hombres); después, los vestidores y la playa de arenas terrosas; después, el hotel recostado sobre la orilla y los campos de los alrededores. La laguna, desde entonces, se abre sobre la llanura como un espejo hacia el vacío.
A los gringos que construyeron la villa, las garzas les habían causado asombro.

En esa época las aves se posaban en la costa -el río no había desbordado todavía- y en los islotes de la laguna durante la temporada de calor. Llegaban en bandada para la primavera y después del verano se iban para el norte a buscar otros climas. Tras la inundación les cambiaron las costumbres, y con el reflejo cálido y la humedad se quedaron incluso en el invierno. Los gringos también vinieron para la primavera; unos meses después, en pleno verano, llegó el Veneciano. La laguna estaba baja, se podía alcanzar la isla caminando sobre el barro, el agua apenas nos llegaba a la cintura.

En la isla, los gringos construyeron el refugio; la gente del lugar (nosotros, entre ellos, apenas unas criaturas) empezamos a llamarla "la isla de las garzas" porque al caer la tarde la invadían las aves. Cuando el farol del hotel comenzaba a destellar entre la bruma y el cielo del crepúsculo envolvía la laguna de reflejos rojizos, las garzas que sobrevolaban el refugio se volvían rojas como flamencos, transformadas por la luz de la tarde. El barro era realmente milagroso: la gente venía a curarse desde lugares alejados; escapaba del frío de la capital, y de junio a agosto aprovechaba el verano tenue de la villa, ese breve simulacro del estío. "Un brazo del trópico en la pampa", decían los anuncios en los diarios porteños, y además, "rodeado de barros curativos".

Los lugareños recibimos a los turistas primero con tímida sorpresa y después con tímido fastidio. Los gringos cruzaron el océano para construir el "Grand Hotel"?; nosotros pronunciábamos "Granoté". Tardaron un año entero en levantarlo. Después de la inundación, cuando los gringos se fueron para siempre, entre las ruinas crecieron los yuyos y las enredaderas salvajes. Se fueron todos, como de un barco que se hunde. Las esculturas de sirenas sobre la torre del mirador -la que en su delirio el Veneciano confundiría con un faro para los navegantes- vigilaron desde entonces el puente imaginario que unía la orilla con la isla. En la isla se recluyó el Veneciano.

El refugio iba a mantenerse en pie hasta el día de la inundación final, y desde él, el Veneciano contemplaría como desde el palco de un teatro circular, la puesta en escena de la puesta del sol entre las garzas. En la costa, las hiedras perfumaban las paredes del hotel abandonado y se debatían con el viento. A veces sueño todavía con las aves que se balancean en el viento como en un baile que se quiebra. Con la primera inundación, el agua llegó hasta las escalinatas, el hotel perdió su umbral y comenzó a hundirse en la laguna desbordada.

No sé cuándo comenzó el Veneciano a soñar con construir una ciudad de belleza flotante, con canales como calles y jardines con estatuas asomadas tras las verjas. Pero es que había que verlo entonces, como un palacio sitiado por el agua salada, inexplicable, que cubría la llanura; rodeado por macetas con geranios como destellos sobre la balaustrada, las paredes pintadas de un color parecido al amarillo o al ocre que no hemos vuelto a ver, y el frente adornado por las sirenas rampantes como un mascarón de proa sobre la laguna.

Los materiales y los muebles los trajeron del extranjero. Decíamos, entonces, asombrados: "Allá, del otro lado de la tierra, atravesando un mar verdadero, imposible de abarcar con la mirada". Nuestra laguna nacía en el río y por un misterio, aun ahora, para mí, desmesurado, desaguaba en la llanura baja cercana a la villa, bañaba los campos de agua salada, convertía la tierra en barro milagroso y convocaba a los turistas al hotel de descanso.

Los gringos habían sembrado la isla alta con antílopes y con ciervos traídos para la caza desde lejos, todo para que los ricos se diviertan (los animales morirían con la inundación). Criaron truchas en la laguna. Eramos chicos y aprendimos que los ricos necesitan lugares para disfrutar sin que los turben las miradas ajenas; entonces, necesitaban un sitio templado para pasar el invierno. Todo terminaría cuando en Europa estalló la guerra: los dueños del hotel que eran gringos o socios de los gringos cerraron el hotel y los turistas se fueron para siempre. Quedó el edificio desnudo, pudriéndose de a poco, y el Veneciano -que seguía soñando con levantar aquí toda una ciudad de descanso- no se quiso volver como los otros.

En esa época todavía se podía conversar con él; nosotros lo hacíamos cada tarde, con la luz cayendo, roja, desde el horizonte. Nos contó tantas cosas antes de volverse loco para siempre. El Palazzo había sido su sueño, confesaba mientras palpaba los muros que empezaban a descascararse y a cubrirse de musgo. Recorría los salones desiertos -ajeno, borracho-, caminaba entre las ruinas, señalaba la cúpula translúcida y vencida del giardino d'inverno por donde aún caía una catarata de luz y hablaba del Risorgimento (años después, yo me asomaría al mundo como a través de una ventana, y esa ventana había sido abierta por el Veneciano para mí).

Entonces él hablaba con murmullos, intercalaba palabras en italiano, el sonido de su voz resonaba en nosotros como un lenguaje de muertos. El edificio envejecía tristemente, tenaz, imperceptible, como las flores: los goznes carcomidos por la sal; las cornisas atravesadas por grietas, y él sólo pensaba en Venecia, pero jamás en partir. Comprendimos su locura cuando por primera vez, al atardecer, al levantarse las garzas entre graznidos, el Veneciano, fuera de sí, gimió de terror. "Pájaros", comenzó a repetir cada atardecer, en castellano, en el refugio, frente a las aves, de cara al sol que se ocultaba.

Nos había contado que lo perseguía una pesadilla desde niño: un hombre alto como un príncipe vestido de negro, la cabeza de pájaro con el pico sangrante extendido hacia su cara. Se despertaba agitado, despavorido, a pesar de que la máscara del sueño nunca llegaba a cumplir la amenaza de perforarle la piel. Nos contó cómo, año a año, iba viendo cambiar en el sueño los rasgos de su cara de espanto: del niño al púber, del púber al joven y después al adulto, y del adulto, algún día, suponía (temía), al anciano y a la calavera del anciano.

Allí el Veneciano se reía con leves estertores que lograban transmitirme el pavor de la pesadilla. Comprendimos entonces que las mascaradas de sus sueños se le habían vuelto reales, y que él estaba definitivamente solo. Aún hoy, cuando las garzas se posan en los nuevos bordes de la laguna, resuenan los ecos de su risa, y no se disipan hasta que anochece. Nunca lo he confesado, es un secreto. En la ciudad trémula, sumergida como un espejismo, temo que piensen que soy yo, ahora, el pobre y triste loco.

PÁGINA 31 – POESÍA ALLENDE EL MAR

AMALIA BAUTISTA
(Madrid, España, 1962)

LIMPIEZA GENERAL

Vamos a hacer limpieza general
y vamos a tirar todas las cosas
que no nos sirven para nada, esas
cosas que ya no utilizamos, esas
otras que no hacen nada más que coger polvo,
las que evitamos encontrarnos porque
nos traen los recuerdos más amargos,
las que nos hacen daño, las que ocupan sitio
o no quisimos nunca tener cerca.
Vamos a hacer limpieza general
o, mejor todavía, una mudanza
que nos permita abandonar las cosas
sin tocarlas siquiera, sin mancharnos,
dejándolas donde han estado siempre;
vamos a irnos nosotros, vida mía,
para empezar a acumular de nuevo.
O vamos a prenderle fuego a todo
y a quedarnos en paz, con esa imagen
de las brasas del mundo ante los ojos
y con el corazón deshabitado.

NICULINA OPREA
(Negoiesti-Craiova-Rumania)

DESPUÉS DE TANTAS CAÍDAS

Muy pronto la sombra
no podrá acompañar el cuerpo.

Deben residir en la sangre.

Compartirán el espacio con la muerte
sobre la que acabo de pensar que había muerto.

A veces a través de mi cuerpo sigue funcionando
sin romper mi corazón.

Después miró a la cara,
sigue siendo una emoción como entonces
cuando se cuentan los círculos
en el fondo de la fuente.

Pronto voy a estar sin sombra.

El brillo se convertirá en polvo
sobre el que
nadie podrá recordar nunca más.
Translation  in spanish_ Susana Roberts

ANNA ARENT-BANASIAK
(Zgierz-Polonia)

MARIONETA

Me pintaba por las noches
teniendo en cuenta todos los momentos del olvido
cuando me había atrevido a no luchar con las necesidades fisiológicas.
Mi cara,
parecida a una máscara muda,
revela la falta de los emociones
quitados por las manos que un día había deseado con tanto ardor.
Tardé unas horas en analizar lo pasado,
imposible de reconquistar,
al no escuchar las voces parecidas a una sinfonía,
reales, tangibles, pedrosas.
Quería llamarme de nuevo,
siendo yo misma la causa de mi ser,
independiente de los sonidos, imagenes y aromas.
Buscaba a las palabras,
trataba de crearme de nuevo
pero al fin 
me desperté viendo en el espejo a una marioneta.

***

Con desesperación buscaba en tus ojos
el ardor de los días remotos,
perdidos en alguna parte de la realidad.
La mente me trataba de proteger
al hacer mudos los sonidos de la razón.
Lo que la luz me dejó  encontrar       me quitó el aire.
Nunca más las fantasías eran tan reales.
Soñaba con abrir los ojos
y despertarme al lado
de un monumento creado por los suspiros.
Sin embargo
seguía marchando en busca de lo inexistente.

PÁGINA 32 – ENSAYO

JULIO CORTÁZAR

SOBRE EL CUENTO
GÉNERO POCO ENCASILLABLE

 Nadie puede pretender que los cuentos sólo deban escribirse luego de conocer sus leyes. En primer lugar, no hay tales leyes; a lo sumo cabe hablar de puntos de vista, de ciertas constantes que dan una estructura a ese género tan poco encasillable; en segundo lugar, los teóricos y los críticos no tienen por qué ser los cuentistas mismos, y es natural que aquéllos sólo entren en escena cuando exista ya un acervo, un acopio de literatura que permita indagar y esclarecer su desarrollo y sus cualidades.

 AJUSTE DEL TEMA A LA FORMA

Los cuentistas inexpertos suelen caer en la ilusión de imaginar que les bastará escribir lisa y llanamente un tema que los ha conmovido, para conmover a su turno a los lectores. Incurren en la ingenuidad de aquél que encuentra bellísimo a su hijo, y da por supuesto que los demás lo ven igualmente bello. Con el tiempo, con los fracasos, el cuentista capaz de superar esa primera etapa ingenua, aprende que en literatura no bastan las buenas intenciones. Descubre que para volver a crear en el lector esa conmoción que lo llevó a él a escribir el cuento, es necesario un oficio de escritor, y que ese oficio consiste, entre otras cosas, en lograr ese clima propio de todo gran cuento, que obliga a seguir leyendo, que atrapa la atención, que aísla al lector de todo lo que lo rodea para después, terminado el cuento, volver a conectarlo con su circunstancia de una manera nueva, enriquecida, más honda o más hermosa. Y la única forma en que puede conseguirse ese secuestro momentáneo del lector es mediante un estilo basado en la intensidad y en la tensión, un estilo en el que los elementos formales y expresivos se ajusten, sin la menor concesión, a la índole del tema, le den su forma visual y auditiva más penetrante y original, lo vuelvan único, inolvidable, lo fijen para siempre en su tiempo y en su ambiente y en su sentido más primordial.

(...) Pienso que el tema comporta necesariamente su forma. Aunque a mí no me gusta hablar de temas; prefiero hablar de bloques. Repentinamente hay un conjunto, un punto de partida. Hice muchos de mis cuentos sin saber cómo iban a terminar, de la misma manera que no sabía lo que había en la popa del barco de Los premios, y eso vale para todo lo que he escrito.
Es lo que me interesa más: guardar esa especie de inocencia -una inocencia muy poco inocente, si usted quiere, porque finalmente soy un veterano de la escritura- como actitud fundamental frente a lo que va a ser escrito.
No sé si usted ha hecho la experiencia, pero hay escritores que proyectan escribir un libro y se lo cuentan a usted en detalle, en un café, todo está listo, todo planteado: cuando lo escriben, generalmente es un mal libro.

BREVEDAD

 El cuento contemporáneo se propone como una máquina infalible destinada a cumplir su misión narrativa con la máxima economía de medios; precisamente, la diferencia entre el cuento y lo que los franceses llaman nouvelle y los anglosajones long short story se basa en esa implacable carrera contra el reloj que es un cuento plenamente logrado.

 UNIDAD Y ESFERICIDAD.

Para entender el carácter peculiar del cuento se le suele comparar con la novela, género mucho más popular y sobre el que abundan las preceptivas. Se señala, por ejemplo, que la novela se desarrolla en el papel, y por lo tanto en el tiempo de lectura, sin otro límites que el agotamiento de la materia novelada; por su parte, el cuento parte de la noción de límite, y en primer término de límite físico, al punto que en Francia, cuando un cuento excede de las veinte páginas, toma ya el nombre de nouvelle, género a caballo entre el cuento y la novela propiamente dicha. En este sentido, la novela y el cuento se dejan comparar analógicamente con el cine y la fotografía, en la medida en que en una película es en principio un "orden abierto", novelesco, mientras que una fotografía lograda presupone una ceñida limitación previa, impuesta en parte por el reducido campo que abarca la cámara y por la forma en que el fotógrafo utiliza estéticamente esa limitación. No sé si ustedes han oído hablar de su arte a un fotógrafo profesional; a mí siempre me ha sorprendido el que se exprese tal como podría hacerlo un cuentista en muchos aspectos. Fotógrafos de la calidad de un Cartier-Bresson o de un Brassai definen su arte como una aparente paradoja: la de recortar un fragmento de la realidad, fijándole determinados límites, pero de manera tal que ese recorte actúe como una explosión que abre de par en par una realidad mucho más amplia, como una visión dinámica que trasciende espiritualmente el campo abarcado por la cámara. Mientras en el cine, como en la novela, la captación de esa realidad más amplia y multiforme se logra mediante el desarrollo de elementos parciales, acumulativos, que no excluyen, por supuesto, una síntesis que dé el "clímax" de la obra, en una fotografía o un cuento de gran calidad se procede inversamente, es decir que el fotógrafo o el cuentista se ven precisados a escoger y limitar una imagen o un acaecimiento que sean significativos, que no solamente valgan por sí mismos sino que sean capaces de actuar en el espectador o en el lector como una especie de apertura, de fermento que proyecta la inteligencia y la sensibilidad hacia algo que va mucho más allá de la anécdota visual o literaria contenidas en la foto o en el cuento. Un escritor argentino, muy amigo del boxeo, me decía que en ese combate que se entabla entre un texto apasionante y su lector, la novela gana siempre por puntos, mientras que el cuento debe ganar por knockout. Es cierto, en la medida en que la novela acumula progresivamente sus efectos en el lector, mientras que un buen cuento es incisivo, mordiente, sin cuartel desde las primeras frases. No se entienda esto demasiado literalmente, porque el buen cuentista es un boxeador muy astuto, y muchos de sus golpes iniciales pueden parecer poco eficaces cuando, en realidad, están minando ya las resistencias más sólidas del adversario. Tomen ustedes cualquier gran cuento que prefieran y analicen su primera página. Me sorprendería que encontraran elementos gratuitos, meramente decorativos. El cuentista sabe que no puede proceder acumulativamente, que no tiene por aliado al tiempo; su único recurso es trabajar en profundidad, verticalmente, sea hacia arriba o hacia abajo del espacio literario. Y esto, que así expresado parece una metáfora, expresa sin embargo lo esencial del método. El tiempo del cuento y el espacio del cuento tienen que estar como condensados, sometidos a una alta presión espiritual y formal para provocar esa "apertura" a que me refería antes.
(...) Cada vez que me ha tocado revisar la traducción de uno de mis relatos (o intentar la de otros autores, como alguna vez con Poe) he sentido hasta qué punto la eficacia y el sentido del cuento dependían de esos valores que dan su carácter específico al poema y también al jazz: la tensión, el ritmo, la pulsación interna, lo imprevisto dentro de parámetros previstos, esa libertad fatal que no admite alteración sin una pérdida irrestañable. Los cuentos de esta especie se incorporan como cicatrices indelebles a todo lector que los merezca: son criaturas vivientes, organismos completos, ciclos cerrados, y respiran.
(...) -¿Cómo se le presenta hoy la idea de un cuento?
-Igual que hace cuarenta años; en eso no he cambiado ni un ápice. De pronto a mí me invade eso que yo llamo una "situación", es decir que yo sé que algo me va a dar un cuento. Hace poco, en julio de este año, vi en Londres unos pósters de Glenda Jackson -una actriz que amo mucho- y bruscamente tuve el título de un cuento: "Queremos tanto a Glenda Jackson". No tenía más que el título y al mismo tiempo el cuento ya estaba, yo sabía en líneas generales lo que iba a pasar y lo escribí inmediatamente después. Cuando eso me cae encima y yo sé que voy a escribir un cuento, tengo hoy, como tenía hace cuarenta años, el mismo temblor de alegría, como una especie de amor; la idea de que va a nacer una cosa que yo espero que va a estar bien.
-¿Qué concepto tiene del cuento?
-Muy severo: alguna vez lo he comparado con una esfera; es algo que tiene un ciclo perfecto e implacable; algo que empieza y termina satisfactoriamente como la esfera en que ninguna molécula puede estar fuera de sus límites precisos.

 EL RITMO

(...) Cuando escribo percibo el ritmo de lo que estoy narrando, pero eso viene dentro de una pulsión. Cuando siento que ese ritmo cesa y que la frase entra en un terreno que podríamos llamar prosaico, me cuenta que tomo por un falsa ruta y me detengo. Sé que he fracasado. Eso se nota sobre todo en el final de mis cuentos, el final es siempre una frase larga o una acumulación de frases largas que tienen un ritmo perceptible si se las lee en voz alta. A mis traductores les exijo que vigilen ese ritmo, que hallen el equivalente porque sin él, aunque estén las ideas y el sentido, el cuento se me viene abajo.

 INTENSIDAD

Basta preguntarse por qué un determinado cuento es malo. No es malo por el tema, porque en literatura no hay temas buenos ni temas malos, hay solamente un buen o un mal tratamiento del tema. Tampoco es malo porque los personajes carecen de interés, ya que hasta una piedra es interesante cuando de ella se ocupan un Henry James o un Franz Kafka. Un cuento es malo cuando se lo escribe sin esa tensión que debe manifestarse desde las primeras palabras o las primeras escenas. Y así podemos adelantar ya que las nociones de significación, de intensidad y de tensión han de permitirnos, como se verá, acercarnos mejor a la estructura misma del cuento.

OBJETIVACIÓN DEL TEMA

Un verso admirable de Pablo Neruda: "Mis criaturas nacen de un largo rechazo", me parece la mejor definición de un proceso en el que escribir es de alguna manera exorcizar, rechazar criaturas invasoras proyectándolas a una condición que paradójicamente les da existencia universal a la vez que las sitúa en el otro extremo del puente, donde ya no está el narrador que ha soltado la burbuja de su pipa de yeso. Quizá sea exagerado afirmar que todo cuento breve plenamente logrado, y en especial los cuentos fantásticos, son productos neuróticos, pesadillas o alucinaciones neutralizadas mediante la objetivación y el traslado a un medio exterior al terreno neurótico; de todas maneras, en cualquier cuento breve memorable se percibe esa polarización, como si el autor hubiera querido desprenderse lo antes posible y de la manera más absoluta de su criatura, exorcizándola en la única forma en que le era dado hacerlo: escribiéndola.

TEMAS SIGNIFICATIVOS.

 Miremos la cosa desde el ángulo del cuentista y en este caso, obligadamente, desde mi propia versión del asunto. Un cuentista es un hombre que de pronto, rodeado de la inmensa algarabía del mundo, comprometido en mayor o menor grado con la realidad histórica que lo contiene, escoge un determinado tema y hace con él un cuento. Este escoger un tema no es tan sencillo. A veces el cuentista escoge, y otras veces siente como si el tema se le impusiera irresistiblemente, lo empujara a escribirlo. En mi caso, la gran mayoría de mis cuentos fueron escritos -cómo decirlo- al margen de mi voluntad, por encima o por debajo de mi conciencia razonante, como si yo no fuera más que una médium por el cual pasaba y se manifestaba una fuerza ajena. Pero esto, que puede depender del temperamento de cada uno, no altera el hecho esencial y es que en un momento dado hay tema, ya sea inventado o escogido voluntariamente, o extrañamente impuesto desde un plano donde nada es definible. Hay tema, repito, y ese tema va a volverse cuento. Antes de que ello ocurra, ¿qué podemos decir del tema en sí? ¿Por qué ese tema y no otro? ¿Qué razones mueven consciente o inconscientemente al cuentista a escoger un determinado tema.
A mí me parece que el tema del que saldrá un buen cuento es siempre excepcional, pero no quiero decir con esto que un tema debe ser extraordinario, fuera de lo común, misterioso o insólito. Muy al contrario, puede tratarse de una anécdota perfectamente trivial y cotidiana. Lo excepcional reside en una cualidad parecida a la del imán; un buen tema atrae todo un sistema de relaciones conexas, coagula en el autor, y más tarde en el lector, una inmensa cantidad de nociones, entre visiones, sentimientos y hasta ideas que flotaban virtualmente en su memoria o su sensibilidad; un buen tema es como un sol, un astro en torno al cual gira un sistema planetario del que muchas veces no se tenía conciencia hasta que el cuentista, astrónomo de palabras, nos revela su existencia. O bien, para ser más modestos y más actuales a la vez, un buen tema tiene algo de sistema atómico, de núcleo en torno al cual giran los electrones; y todo eso, al fin y al cabo, ¿no es ya como una proposición de vida, una dinámica que nos insta a salir de nosotros mismos y a entrar en un sistema de relaciones más complejo y más hermoso?
(Manual para Aprender a Leer y Escribir Cuentos)

CONTRATAPA: NOTAS DE PARÍS                                                                                             

IRMA BIGNON
(Santa Fe-Argentina)

EL CAFÉ MAS VIEJO DE PARIS: Le Procope

      El café es la semilla del cafeto, árbol rubiáceo originario de Arabia. Mide de cuatro a seis metros de altura. Se extiende por todo Oriente desde el siglo XV. En el siglo XVII pasa de Europa  a las Antillas francesas, de donde no tarda en extenderse por América.

      El gentilhombre Francesco Procopio dei Coltelli vive en Palermo. Apodado Cutó, típico sobrenombre siciliano, se entretiene jugando con la nieve, haciendo un tipo de helado mezclándola con jugos de frutas y miel. 
      Pronto inventa una máquina de hacer helados. Con esa idea, en 1670, deja Sicilia y llega a Francia. En Paris instala un quiosco y vende limonada.
      Conoce a Marguerite Crouin con quien se casa en  la iglesia Saint-Sulpice de la calle Palatine, en el distrito 6. Disfruta con su mujer un largo matrimonio de amor y felicidad. Tienen ocho hijos.
      Un atardecer de otoño, caminando por la calle, Procopio observa a un inmigrante armenio vendiendo café y a todo un gran público alrededor de él, tratando de probarlo. Abre entonces un local en el corazón del Barrio latino, en el nº13 de la calle des Fossés Saint-Germain (hoy calle de l´Ancienne Comédie), afrancesa su nombre  y lo llama “Le Procope”. Así, en esta forma, queda fundado en el año 1686, el Café más viejo de Paris.
      Cuando en 1689  el teatro de la Comédie Française se instala enfrente del Café Procope, los comediantes – entre escena y escena – aprovechan los minutos y se cruzan a saborear “la bebida milagrosa”…
      El éxito es inmediato. Acuden de todas partes para conocer el misterioso brebaje, el de las múltiples virtudes. Sobre todo que en la época, las tabernas estaban siempre llenas de humo, mal mantenidas, sucias y tenían mala fama.  La excelencia del café, las bebidas y los vecinos del teatro hacen que el establecimiento se convierta rápidamente en el lugar de reunión de los grandes espíritus. El primer Café Literario del mundo acababa de nacer.
      La historia de la Enciclopedia está íntimamente ligada al Procope. Nunca falta la presencia de Diderot, de D´Alembert, Condorcet, Buffon. Allí se reunen los filósofos para discutir de política y para criticar la monarquía.
      En el año 1716, Procopio muere. Uno de sus hijos lo sucede y reemplaza a su padre en la dirección del Procope.
       Los escritores del siglo de las Luces siempre tienen reservada una mesa: los “habitués” son Voltaire, Rousseau, Montesquieu, La Harpe y otros. Y hasta la Constitución americana comienza a dar sus primeros pasos con la presencia de Benjamin Franklin.
      El Procope llega a ser el Café más antiguo del mundo. Y al mismo tiempo el más célebre de la vida política, literaria e histórica de Paris. Todos los que tienen un nombre o los que esperan tener uno en el vasto universo de las letras, las artes y la política, frecuentan el Procope.
      Durante la Revolución, sigue siendo escenario especial de los acontecimientos históricos. Es el lugar de reunión del Club de los Cordeliers – sociedad de amigos de los derechos del hombre y del ciudadano – que cuenta entre sus miembros a Danton, Marat, Robespierre, Des Moulins, Tayllerand. Es allí donde se prueban por primera vez el gorro frigio de color rojo, que más tarde usarían los “sans culotte” para andar por las calles de un Paris desordenado. “San culotte” se le llamaba al pantalón ajustado a media pierna  que usaba únicamente la aristocracia. Es desde allí también que el 10 de agosto de 1792 parte la orden de atacar el Palacio de las Tullerías.                                    
      La llegada de Napoleón transforma el Café bohemio en un ambiente muy importante para la historia francesa. Le agrada conversar con sus contemporáneos, sentado ante una mesa confortable, bebiendo un buen café. En una oportunidad, no tiene el dinero suficiente para pagar su consumisión. Pues deja entonces en prenda su sombrero bicornio.

      Actualmente, el Procope sigue existiendo. Siempre en el nº 13 de la calle de l´Ancienne Comédie, en pleno Barrio latino.
      El interior está decorado con retratos de hombre públicos, escritores famosos. Las arañas de bronce con sus tulipas de cristal se reflejan en los espejos sabiamente ubicados. Párrafos de Molière, La Fontaine, Beaumarchais y otros escritores se pueden leer en las paredes. El escritorio de Voltaire se encuentra en el primer piso. El sombrero de Napoleón dejado en prenda, luce en una de las vitrinas que adornan el salón. En los muros, numerosos documentos están presentes evocando la Revolución.
      Un pequeño detalle divertido. En las flechas que indican la dirección de los baños  se lee en lenguaje precioso “Comodidades”. Y sobre las dos puertas que separan el baño de los hombres y el de las mujeres, en una dice “Ciudadanos” y en la otra “Ciudadanas”.
      La  característica  sigue  siendo  siempre  la  misma:  beber  buen café, beber buenos licores
      Hoy en el cartel se lee: Restaurant  LE  PROCOPE  Fundado en 1686
      El menú a la carta es completo. Se pueden elegir de una larga lista, los manjares más deliciosos.     
      Cada mañana, el Procope renace a la sombra de su historia.

      Lanzado oficialmente en el mes de setiembre de 2011, el PREMIO PROCOPE DE LAS LUCES se otorga al autor de un ensayo político, filosófico o social, escrito en lengua francesa, apareciendo en librería en el año en curso. Las obras presentadas deben constar de una reflexión que arroje una mirada nueva -  incluso polémica -  sobre nuestro tiempo, con la tradición del espíritu crítico de las libertades y del humanismo de los filósofos del Siglo de las Luces. El premio le fue otorgado  al  francés Ruwen Ogien, filósofo analítico contemporáneo, doctor en filosofía, director del Centro de Investigaciones Sentido-Etica-Sociedad,  por su obra “La influencia del olor”.  

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