Reconocimiento Nacional a GACETA VIRTUAL

Reconocimiento Nacional a GACETA VIRTUAL
Feria del Libro Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Año 2012

Rediseñada para ofrecer una mayor difusión de la escritura en castellano.

Dirección: Norma Segades - Manias
directoragaceta@gmail.com

GACETA LITERARIA Nº 71– Octubre de 2012– Año VI – ...


Imágenes: BEAUTIFUL WORLD

PÁGINA 1 – REFLEXIONES

EDUARDO GALEANO
(Montevideo-Uruguay)

EL VIAJE

Oriol Vall, que se ocupa de los recién nacidos en un hospital de Barcelona, dice que el primer gesto humano es el abrazo.
Después de salir al mundo, al principio de sus días, los bebés manotean, como buscando a alguien.
Otros médicos, que se ocupan de los ya vividos, dicen que los viejos, al fin de sus días, mueren queriendo alzar los brazos.
Y así es la cosa, por muchas vueltas que le demos al asunto, y por muchas palabras que le pongamos. A eso, así de simple, se reduce todo: entre dos aleteos, sin más explicación, transcurre el viaje.



PÁGINA 2 – CUENTO

ANA MARÍA DONATO
(Resistencia-Chaco-Argentina)

MUJERES HOY

Natalia está ordenando los escritos que presentará mañana en el  Juzgado. El nuevo caso  encierra otra historia de incomprensible dolor como el que ella  ha vivido. Tiene el escrito entre las manos. Lee la carátula: ABUSO. Piensa: cambian  los personajes y las situaciones, el delito es el mismo, con un espectro limitado de variantes en lo jurídico y miles, en las vivencias personales. Hoy siente una interminable sensación de agobio. La sepultan las imágenes repetidas una y otra vez,  por distintas víctimas. El Tribunal es ya un camino de llegada y de espera, de tensas esperas que duran días, meses, años. Ella es abogada de familia y su delicada tarea es primero escuchar y contener, después reunir pruebas y  redactar los innumerables escritos que llevan estos casos. Hoy está más triste que nunca. El padre de su hijo ha quedado en libertad y sabe que eso significa empezar de nuevo la lucha, ahora con las apelaciones. Piensa en su joven cliente. Está sola y siente culpa porque ningún pariente o amigo  configura el soporte masculino que su hijo necesita. Piensa, mientras apila los escritos que llevará mañana a primera hora a la justicia, en esa ausencia que se repite en estos tiempos de tanto abandono familiar. Piensa en ella y en la fortuna de tener los padres que tiene. Enterados de lo sucedido a Luciano no dudaron en instalarse cerca de su casa para cuidarlo mientras ella trabaja. El abuelo cubre con creces la figura masculina que Roxana, la nueva madre-víctima, llorando le ha confesado que no tiene. Son las diez de la noche y aún no ha abandonado su estudio. Hace frío afuera y también  adentro, en su alma. Aunque lleva años especializándose en el tema, cada caso es una vuelta de tuerca que retuerce sus entrañas y, al mismo tiempo, la confirma en su vocación. Ha hecho terapia durante un tiempo para indagar sobre las huellas que ha dejado el abuso que sufrió su propio hijo. De tanto en tanto, necesita volver al analista. La sobrecarga profesional casi se lo exige. Hoy se demoró más porque Roxana no paró de llorar en toda la entrevista. Luciano la espera. Sabe que su límite es esta hora. También sabe que su madre está preparando las pizzas para comer en el living porque hoy han decidido volver a ver la película  Cinema Paradiso , ahora junto a Luciano.  Por el ventanal ve que  la noche se ha vuelto cerrada. Acomoda y guarda otras carpetas y se coloca su abrigo. Baja. Al llegar al palier se detiene. Avisa que ya está por salir. Llama al servicio de  taxis de su confianza. Guarda el celular en el bolsillo. Ya en el taxi  piensa en la ingeniería jurídica que tendrá que armar para que el padre de Luciano vuelva a la cárcel a cumplir la totalidad de la condena que una justicia lábil, ha interrumpido. También piensa en Luciano y en sus padres, quienes en estos momentos están esperándola, ignorando que otra vez debe comenzar su  lucha.


PÁGINA 3 – NUESTRA POESÍA

CESAR BISSO
(Coronda-Santa Fe-Argentina)

EL MOLINO

El alto girasol
almacena la bondad del aire
entre ciegas telarañas de silencio.

Con los pies en el agua
reanima la potencia dormida,
sujeta con firmeza párpados de cielo.

A puro fuego, músculo
que tensa el deseo,
la energía del vientre generoso.

Desde lo hondo de la tierra
sostiene la vida,
la despoja de cobardía y olvido.

LA FAENA

El grito es criatura del sueño.
Lo escucho andar
sobre cáscara de cemento
cruzando borrascas,
jardines, calles,
breves peldaños de vida.
Al caer los cerrojos
grita el río y arremolina
libros ocultos en ataúdes,
(arrabales de hambre)
pájaros vulnerados
bajo una lluvia de óxido.
Sumergida en otro círculo
reside la palabra.
Abro el cuaderno,
aplaco la piel ajada.
Imagino sobre un muelle
mi cuerpo ensombrecido.
El agua roza el devenir
y la ciudad del mal enmudece.

EN REVERSA

Hablan con mi voz, aman con mi corazón
deambulan de un sueño a otro.
Alumbran lo que la lluvia trae y el río lleva.
Ellos conservan la derrota del olvido,
la ilusión del retorno, los días más felices.
Van tras la huella de años acallados.
Ignoran la ausencia, el grito de los huesos,
las mudanzas del dolor.

El agua despeña, el cielo vacila.
Moja la calle de arena,
la casa crujiente, el patio, los naranjos.
Entonces
mis muertos renacen,
se alzan a compartir los panes del deseo.


PÁGINA 4 – ENSAYO

CARLOS ROBERTO MORÁN
(Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

PAPELES DE TRABAJO

La “ambición” literaria de Juan José Saer (1937-2005) casi no tiene parangón entre los escritores argentinos, si exceptuamos a Borges. También la fidelidad a un propósito de escritura así como a la gestación de una región propia, autosuficiente, que se vio reflejada en los más de veinte títulos que publicó en vida.
Se puede afirmar que “la” escritura de Saer abierta con “En la zona”, en 1960, quedó finalizada con la publicación de sus libros de 2005, vale decir la inconclusa novela “La grande” y los ensayos de “Trabajos”. Es lo que puntualmente aclara Julio Premat (especializado en la obra de Saer) en el prólogo a “Papeles de trabajo, borradores inéditos”, que termina de publicarse en la Argentina:
“La colección de libros que esta introducción presenta no es una edición de inéditos de Juan José Saer. Efectivamente, la producción del santafesino, la larga preparación de cada eslabón que la fue constituyendo, la compleja red de resonancias, amplificaciones y variaciones que caracterizan sus volúmenes de cuentos, sus ensayos, sus novelas, sus poemas, imponen una constatación sin matices: la obra de Saer se cierra con los libros póstumos que él proyectó y preparó”
Los “borradores” que han comenzado a publicarse son el resultado de una extensa tarea de puesta en valor que se realizó durante cinco años tanto en Francia como en Argentina. Se lo hizo a partir de unos sesenta cuadernos que Saer guardó en su gran mayoría en su residencia parisina, mientras que otros pocos fueron aportados por personas que los conservaron en la Argentina.
Una decena de “cuadernos” integran esta primera parte de “Papeles de trabajo”, en su mayor parte redactados mientras Saer vivió en Santa Fe (hasta 1968; algunos textos llegan a 1978) Uno de ellos es tan “previo” a la obra publicada del escritor que se lo presenta como “Cuaderno de juventud” y responde a textos que el autor de “El entenado” escribiera en la década de 1950, vale decir antes de la aparición de “En la zona”, su primer libro.

“MADERA DE ESCRITOR DE LOS GRANDES”

Joven aún, Saer no vacilaba al momento de autoponderarse: “Sé que tengo madera de escritor de los grandes”. Pero vista desde otra perspectiva, dicha expresión es indicativa de que desde muy joven se marcó ese destino de escritor. La enorme cantidad de apuntes que ha comenzado a exhumarse suponen los aportes “extra-obra” (para denominarlos de alguna manera) que también contribuyeron a sus ambiciosos propósitos.
Las búsquedas expresivas del narrador argentino se evidencian en el “Cuaderno de juventud”, con manuscritos con los que ya intentaba gestar ese mundo personal. Allí prevalece lo que se llamó la “zona del puerto”, porque ambientes y personajes (vagos, malevos, prostitutas, borrachos, lelos, entre otros) se corresponden con lo que era entonces la propia estación fluvial de la ciudad de Santa Fe y su entorno. Algunos de esos trabajos enlazan con cuentos de “En la zona”.
Pero casi de inmediato, en los sucesivos cuadernos que integran este primer volumen de “Papeles de trabajo”, emergerán los personajes claves que protagonizarán las historias de la “región” saeriana, tales como Tomatis y Barco, así como esos nuevos ambientes en los que transcurrirán las historias, esto es el mundillo intelectual, las parejas generalmente poco avenidas, seres en crisis, la región costera y esas “constantes” de los asados, el alcohol, la lluvia, la humedad… y los mosquitos.
En la mayoría de los casos el lector del libro recién aparecido comprobará que hay muchos tanteos, comienzos, esbozos, pero una baja cantidad de textos concluidos. Sin embargo, Saer ya era dueño de una escritura convincente.
Al margen: La “reconstrucción” (parcial, aleatoria, pero reconstrucción al fin) que se puede hacer de sus textos de la Santa Fe de la década de 1960 resulta notable para quien la conoció en esa época, dado que como es lógico, la ciudad ha mutado en estos largos cincuenta años transcurridos. Es lo mismo que se constata en sus libros escritos en tal período.

EXTENSOS PROYECTOS

Lo que Premat y sus colaboradores comprobaron, y este volumen certifica, es que Saer desarrolló sus proyectos durante años y así pueden encontrarse rastros de lo que vendría después en sus incipientes cuadernos; vg. se incluye un dossier relacionado con “La ocasión”, novela publicada en 1988, pero cuyos primeros tanteos pueden rastrearse en un texto de 1961.
Las siempre controversiales “opiniones contundentes” de Saer también están acá presentes, como ocurre en sus descalificaciones de Marechal en cuanto escritor (“la novela de Marechal está mal escrita y (es) ejemplo de una chatura intelectual sin par”) y de David Viñas (“es como un pollo deshuesado. Tiene fibra, pero es la fibra de la pechuga, si uno la hierve pierde cohesión”) En los ’60 del siglo pasado Saer se consideraba marxista (“En ese sentido –escribe en un momento determinado- Borges se parece mucho a nosotros los marxistas”) y es desde esa perspectiva que el por entonces joven autor analiza diversos fenómenos de la sociedad en general y de la cultura y la literatura en particular.
No encontramos en el volumen obra concluida sino “muestras” de una pasión persistente por la literatura. Hay irregularidades, ripios, ideas inconclusas y afirmaciones de esas que no es de rigor compartirlas. Pero son al mismo tiempo evidencias del fervor de un autor que hizo de la búsqueda y de la escritura mundos concurrentes e incesantes.


PÁGINA 5 – CUENTO

MARTA ORTIZ
(Rosario-Santa Fe-Argentina)

PASAJE AL GRIS

Ni rastros, ni restos. Nada más que un vasto y sombrío letargo
Perla Suez

   Verano tardío, dejo último de sabor a vacaciones. Para Tatiana, dejo a nada. En todo caso sabor a verano rancio, a modorra y abatimiento como el que le agarra a Tito acompañado de un moroso frotarse pulguiento a cada rato en las paredes. Estampó un lamparón tornasolado a pocos centímetros del piso; Tito es un yorkshire-terrier, la antípoda de Ovidio, el siberiano de Germán.
   Tatiana se dice (se lo dice desde que noviembre filtró el primer rayo de luz cegadora), hay que oscurecer con un toldo la ventana; así la herida de la luz no le dibujará dos rayitas oblicuas con festón de pestañas donde habitualmente lleva un par de ojos grises. A media mañana el mundo se reduce a la porción de cemento calcinado que abarca la manzana céntrica donde vive. Los cuerpos sólidos hacen agua, los árboles son greda derretida. Ella también se reseca, harta de monotonía.
   Anoche soñó que caminaba por la rambla. El cielo lila se duplicaba en el agua quieta –flotaba lento un velero–; un disco de hojalata naranja subía enfrente, detrás del volumen sombreado que fija la isla.
Prende la tele, busca la voz de las noticias. Le agrega al mate unas gotas de la luna del sueño: cascaritas de naranja. Le gustaría una luna siempre así: desaforada y naranja, música deseada para la fecha que marca el almanaque: once de marzo, verano tardío, última chance.
Se sienta a la mesa, arrima el mate, el termo y la página blanca. Cuenta con poca cosa: un sueño y un personaje; no más que un guiño débil al fondo de un callejón oscuro. Le viene a la cabeza la retahíla de Germán esa mañana, él se había hecho un tajo al afeitarse: mi viejo no había día que no saliera a la calle sin un parche en la cara Tatiana; nos pasamos la vida repitiendo gestos, rezongaba, luchaba por detener la sangre con un trozo de algodón embebido en agua oxigenada. Y tiene razón Germán, la cascarita de naranja en el mate era un rito de mi madre, cada día, cada vez...
Tatiana se concentra, sacude el interior de cartón de Irene Lerner a ver si un movimiento un crujido de huesos le indica que en ella hay algo vivo… ¿Pero por qué esa mujer sale tan temprano y se encamina a la boca de subte si en Rosario no existen líneas de subterráneos?; y se pregunta: ¿importa? ¿acaso los personajes están obligados a vivir en la misma ciudad, no podría vivir en otra, Irene, donde sí hay subterráneos? Sustrae, agrega, permuta, se deja ir, pero nada parece real y el relato se estanca. La deja en suspenso a la mujer de cartón en un asiento del vagón número uno del lado de la ventanilla, siempre es más poético (había pensado subirla a un velero como el que vio en el sueño en medio del río, blanqueada su cara redonda a la luz de la luna; pero Irene es mujer urbana, le teme al río, así que se mueve en pleno día y confirma el viaje en subte...). Persiste el atasco mental. Más allá de la idea primaria de aniquilar la monotonía insípida de este verano deshilachado, de trocarla en un promisorio gris de invierno, Tatiana es tabla rasa.
El pasaje al gris –ella cree-, operaría como abrir primero una hoja y después otra de una ventana, ya entrada la noche, y advertir que la oscuridad se despeja y admite que unos dedos finos de uñas puntiagudas la rasguen como a papel de seda y abran un pasadizo a otra dimensión donde se podrá encontrar cualquier cosa; ¿cualquier cosa?, ¿también el gato de Cheshire?; el gato quizá no, pero sí los sueños del verano de Tatiana en lista de espera, un ramillete mustio dentro de un jarrón ámbar por ejemplo; y en estos cruces mentales andaba cuando el jarrón se le fue de las manos y se hizo trizas el canal de noticias disparaba esa cortina musical que anuncia “urgente”, “fuera de rutina” y ella mecánicamente miró entonces la pantalla, algo monstruoso pasaba en Madrid y allí no era verano.“Atocha” leyó Tatiana, A-T-O-C-H-A, deletreó, y las letras dislocadas le sonaron a cháchara chirrido chasco chiquero cuando ella hubiera preferido escuchar chiste China chapoteo de dicha, chopos del camino blanco según Machado, y retuvo las letras rebeldes en la puntita de la lengua, rehizo y repitió “Atocha”, y quiso estar segura de haberla oído a esa palabra y visto escrita: y no hubo duda ATOCHA decía el cartel y la lente de la cámara viraba al cielo y se advertía el gris, cielo de invierno; amanecía plomo allá, demasiado gris y un pájaro surcaba el aire y se veía como una cuchilla negra. Camillas con heridos, hombres y mujeres cruzaban la pantalla, alguien recogía del suelo unas gafas trituradas, fragmentos en la ceniza. Una chica le decía a la periodista que la interrogaba: “la gente se ha empezado a poner caótica”, se le quebraba la voz, agregaba algo incoherente, no tenía consuelo.
El reloj de pared dio la una. Tatiana va y busca el filet de merluza que guardó en la heladera: eran dos, uno para Germán que no viene a comer; lástima, justo hoy y sentir que arrastra pesadas las chancletas, los pies hinchados y tanto querer abrazarse a alguien; abrazar a Tito, eso podría, y a Ovidio, a los dos. Lo calienta en el microondas al filet, corta unas rodajas de tomate sin apartarse del televisor aunque es cierto que ya no absorbe, no cuajan el atentado criminal y la intemperie de allá y el día caliginoso acá... Mal se funden las gotas de sangre con las gotas de luna naranja... En la pantalla los hierros retorcidos, la escoria. La merluza se enfría en el plato, el bocado no pasa. ¿Y en nombre de qué bandera, hijos de qué madre pudieron...? El bocado y la hipótesis intragable duelen porque se le cerró el conducto o porque el trozo de pescado es demasiado grande o porque en vez de un trozo de pescado traga lo que ve y es como querer tragar una papa entera caliente.
El llanto abre paso al dolor y el dolor al horror. Repentina, como si advirtiera el significado de un gesto mudo, Tatiana cree ver en los vagones incendiados una silueta familiar, presumiblemente la silueta de Irene Lerner, una nueva versión que, por lo que se ve, debe oler a pintura fresca, a pegamento. A grandes rasgos esta versión coincide con la misma indecisa mujer de los primeros párrafos, pero atrapada en el primer vagón. Los brazos fuertes de los voluntarios la rescatan de la chatarra del tren -porque viajaba en un interurbano-; va en camilla con marcas de sangre en la cara, perdió el bolso con los documentos. La llevan a un hospital y ella alcanza a dictarles un teléfono a los paramédicos: el de Joaquín, que le avisen a él que venga por ella. Por la pantalla Tatiana ve pasar a la misma periodista que grabó a la chica que dijo “la gente se ha empezado a poner caótica”; corría entre los escombros detrás de los camilleros, sin alcanzarlos.
Lejos del vértigo, el silencio huele a desinfectante. Irene no sabe cuánto tiempo lleva en una cama de hospital. Registra detalles: las paredes, el techo, pasos apagados. Un monitor delata el ritmo cardiaco irregular. Por una cánula translúcida, el suero gotea.
-Tuvo suerte –le dicen.
-¿Suerte?
-Sí, hija, suerte, agradezca, está viva...
-Verdad... pero, oiga...
La enfermera no la oye, tararea, se lleva la jarra vacía.
En el pecho de Irene late, ahora sí, ya no un músculo de cartón sino un núcleo vivo que bombea sangre roja y caliente mientras en la soledad tantea el gesto protector de Joaquín y no encuentra nada, nadie cerca...
Tatiana afloja, le duele la mano. Cuatro horas escribiendo de un tirón y es de las que prefieren el dibujo de la letra más allá de las utilidades del ordenador. Irene no sabe de la muerte de... Habrá que ver quién va a morir, ver y despejar. Se repone bajo el efecto de un sedante. Hay que dejarla. Dejar que los relatos también reposen, que los finales caigan por su propio peso. Frutas maduras
Anochecer de un día agitado. Pierden cuerpo el río, la ciudad. Hacia el este, el borde de la luna sube su color cítrico mezcla dulce de amarillo y ocre sobre la isla.
El día de Atocha ha sido día todo el tiempo; la mañana como un resplandor turbio quedó sellada en la memoria de todos. La información reitera, los relojes clavan las agujas, no se da entrada a la noche. Da miedo la oscuridad devastada.
Un viento súbito deja entrar una ráfaga. Tatiana cierra la ventana. El fresco del otoño, ya lo tenemos prácticamente encima, dice. Tito estira las orejas, aprueba.


PÁGINA 6 – NUESTRA POESÍA

PAULA ARAMBURU
(Rosario-Santa Fe-Argentina)

LARGA DISTANCIA

decir que vivimos
a miles de kilómetros
no es metáfora
es decir
que no podemos
tomar un café juntos
ni salir a cenar
mucho menos ir a un cine

es decir que no dormimos
en la misma cama
ni en la misma casa
es decir que no podemos tocarnos
olernos, besarnos, es decir
que no podemos discutir
para después reconciliarnos
ni desencontrarnos
en esta esquina
para reencontrarnos
en la próxima

decir que vivimos
a miles de kilómetros
es decir, también,
que es de noche
hace frío, y esto
tampoco es metáfora

SOBRE TIERRA MOJADA

ellas conocen bien
el peso de la tierra mojada
el peso del barro
pegado a las suelas
a los tacos
el peso de la llovizna
en sus tapados de paño

ellas conocen bien
el peso de esos pasos
el de las piedras
en las manos, los paraguas
húmedos, los zapatos

siete pausas
y un cuello de camisa
desagarrado
preceden la despedida

esa tarde de otoño
la llovizna, los paraguas
las piedras
y su lenta caída
sobre la tierra mojada

EL VACÍO DE LAS COSAS

un parque de diversiones cerrado
la calesita sin sortija, los caballos cansados
la rueda de la fortuna detenida, tres personas
dormitando en las butacas de un viejo cine
una biblioteca sin libros ni discos
sin vajilla de porcelana fina
una heladera sin agua, carne, leche
macetas sin plantas ni tierra fresca
la mesa del comedor, las cuatro sillas
de la cocina y los sillones de estilo francés: vacíos
una lapicera sin pluma ni tinta
un cuaderno de hojas amarillentas
un hombre alto y delgado, solo en una isla
tan blanca como desierta
una hija sin madre
una gata sin cría

hoy todo duele


PÁGINA 7 – ENSAYO

MIGUEL ÁNGEL GAVILÁN
(Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

IDEA VILARIÑO

La voz, surgida entre alcoholes y ciudades malditas, flotó un instante en los recovecos del corazón: “Tengo una mujer aferrada a mis piernas que amenaza con matarse si la abandono”.

La que escuchaba preparó un gesto, quizás se miró en el espejo para saber dónde herir, quizás también completó una mueca de perra, de afiebrada, de silencioso poema que se volvería palabra. “Nadie muere de amor. Nadie”, contestó. Y colgó el tubo como quien pone una foto sobre una tumba sin nombre.

El desesperado en amores era Juan Carlos Onetti; su confidente telefónica, Idea Vilariño.

En ese trabajo, la autora escribió el después simbólico de la pasión. Pero llegó más lejos. Recurriendo a una simple enumeración de acciones sobre lo que ya no se hará o no se tiene (desnuda de toda metáfora, tajante como quien abre una herida en el tronco de un árbol, marcándolo para siempre), Vilariño ordenó la materia informe y aburrida de la ausencia.

En su afán por rescatar aquel detalle del hombre solo que suplica más soledad, ella fotografió en poema el momento preciso en que el ser amado deja de pertenecernos para mutar en ausencia, en falta nominada.

Dice:”No coseré tu ropa / no te tendré de noche / nunca sabrás quien fui / por qué me amaron otros (…)”. Vivir sin el otro, resulta tan acorralante como suplicar permanencia, pero a la vez, tan definitivo como asumir la tristeza.

Dueña de una belleza angulosa, sepultó en claridades su testaruda relación con Onetti, el hombre que la volvió una idea. Cuentan que nunca la venció el olvido y que siempre estuvo en la vida del escritor uruguayo a modo de fantasma enajenado.

No lo vio morir. Al final de sus días, se podía reconocer su figura de línea paseando un abrigo de paño azul por los parques, consolando desnudeces a los árboles que la cobijaban y hablando de amor aunque ya no creyera en él.

Algunos arriesgan que fue feliz.


PÁGINA 8 – CUENTO

MÓNICA RUSSOMANNO
(Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

LA DESESPERANZA Y EL SILENCIO

     La maestra trajo tres láminas; estuvo ayer hasta muy tarde en la noche pintando con témpera el gato negro, el loro verde y el perro marrón con manchas blancas. Las arrolló cuidadosamente y les puso una bandita elástica no muy apretada para no arrugar las cartulinas.

     En el colectivo viajó parada, con el portafolios pesado en una mano y las láminas en la otra mano y contra el pecho, para que los apretujones y sacudidas no las ajasen.

     A la entrada le contó a su paralela, la maestra del otro tercer grado, que con las láminas (las desenrolló, se las mostró con orgullo), le contó que con las láminas iba a realizar una clase sobre los seres vivos intentando que los chicos escriban una producción un poco más rica. Primero, dijo, voy a dialogar y vamos a realizar un torbellino de ideas sobre adjetivos posibles e imposibles alrededor de los animalitos, voy a proponer la construcción de una historia, y con la maestra de dibujo van a armar una secuencia cada uno creando una pequeño relato.

     En la carpeta hizo un proyecto, y había cruzado los contenidos de ciencias, lengua y plástica. Pensó en pedirle a la de música que buscase una canción para hacer un cierre, y quizás programar una clase abierta con familiares para que los chicos expongan la producción escrita, los dibujos y canten la canción. Quizás con la señorita de tecnología se pueda construir algo y regalarlo a los asistentes. Qué podría ser, señaladores, animalitos de cartulina con una frase, hay tiempo para coordinar con la maestra de tecnología, recién tienen el viernes.

     Mientras le contaba a la maestra paralela el proyecto, seguía pensando en posibles ramificaciones a partir de las tres láminas otra vez enrolladas con su bandita elástica.

     Las porteras le convidaron un mate con una pizca de café, unas hojas de menta y cáscara de naranja. Hablaron de uno de los hijos de la vice que se iba de viaje de quinto año a Bariloche, comentaron el clima, pero entretanto la maestra repasaba mentalmente las preguntas motivadoras y se entusiasmaba con las respuestas que ya suponía creativas y graciosas de Yanina, tan despierta, o de Brian que siempre se destacaba.

     En la fila fue lo de siempre; empujones, protestas, alguna mochila que casualmente golpeaba al de atrás o al de adelante. Una vez logrado cierto orden siguió el canto a la bandera y el saludo al personal directivo a coro, “Buenos días señorita Marta”, con los primeritos culminando demoradamente con “se-ño-ri-ta Mar-ta”; las voces agudas de enanitos mientras los de séptimo ya volvían a empujarse rumbo al salón y reían groseramente para demostrar que están a un paso de la secundaria.

     La maestra fue al aula seguida por sus chicos de tercero “B”.
     En el recurrente caos matinal, una nena que faltó el día anterior encontró su sitio ocupado por un varón, lucharon un rato argumentando pertenencia, la maestra dirimió la disputa territorial sin dejar conforme al desplazado quien siguió quejándose y revoleó la mochila de mala manera demostrando su descontento. La maestra hizo como que no lo había visto mientras hacía correr hacia adelante a Juan Ignacio que siempre apretaba al de atrás contra la pared; le dijo como siempre a Leonardo que no desparramase los útiles desde tan temprano (ya estaba debajo de los bancos detrás de sus lápices y la goma de borrar, que arrojaba mal disimuladamente para hallar el placer de arrastrarse por el suelo).

     Finalmente se aquietó la clase y se abrieron los cuadernos y las cartucheras. Un nene otra vez se había dejado la cartuchera en su casa, otro no tenía lápiz porque el hermanito o porque quién sabe. Resolución del problema, pero mientras tanto el nene desplazado del banco que había ocupado el día anterior la había insultado a la propietaria reinstalada. Otra vez la maestra tuvo que poner orden, pero notaba que el silencio logrado se iba desintegrando, y peligrosamente notaban los nenes que podían ir sumando escollos para que se desbarrancase la clase por completo.

     Mientras la maestra retaba al que había proferido el insulto, Leonardo había vuelto a arrastrarse por debajo de los bancos, una nena silbaba disimuladamente y tres o cuatro acusaban a viva voz a otros de otras cosas diversas de las cuales éstos también se defendían a los gritos.

     Apresuradamente la maestra fue al frente y puso orden. Algunos se rieron, ella sintió las mejillas coloradas y se calmó por dentro. Leonardo seguía en el suelo. Si discutía con Leonardo daría un resquicio para que recomenzaran las disputas. Lo dejó reptando entre patas de sillas y lápices que rodaban, y dijo que tenía un material que había traído especialmente para ellos.

     Logró captar el interés, y aprovechó para comenzar la clase pues era imperioso sostener el instante. Sabía que una pequeña demora sería la cuña que impide cerrar la puerta. Con disimulada prisa tomó el rollo de láminas, las extendió sobre el escritorio pero volvieron a arrollarse. Esto causó una carcajada que fue secundada por risas estridentes. La nena del tercer banco empezó a gritar mientras giraba la cabeza para lograr adeptos, y logró solidaridad inmediata. Casi todos reían o gritaban.

     Otra vez logró orden a los gritos, ¿de qué se ríen, por qué gritan? ¿qué cosa es tan graciosa, que una lámina se arrolle? habló sobre la actitud, el respeto, la importancia de ser educado, habló y habló sobre cosas que llovían y llovían mientras los chicos en sus asientos se aburrían mortalmente. Hubo un bostezo ostensible y ruidoso. La maestra le pidió a Pablo el cuaderno de comunicaciones para ponerle una nota de mala conducta. Pablo argumentó que él sólo había bostezado porque tenía sueño, que no había hecho nada malo. La maestra respondió mientras Leonardo volvía a arrastrarse por debajo de los asientos detrás de un sacapuntas celeste, lo veía por el rabillo del ojo mientras en el fondo había dos parados que no alcanzaba a ver qué estaban haciendo. Dejó de discutir con Pablo que no le dio el cuaderno de comunicaciones, y gritó bien fuerte para que cada uno volviese a su banco.

     Habló un rato sobre el respeto, las actitudes, los sentimientos. Pablo no la miraba, empacado con los brazos cruzados; los demás escuchaban llover mientras dos patéticas nenas de los primeros bancos afirmaban modositamente que sí, que la seño tenía razón, moviendo las cabecitas de pelo tirante hacia arriba y hacia abajo seriamente.

     La maestra desplegó las láminas y tratando de no dar la espalda a la clase las pegó con cinta en el pizarrón. Se escucharon onomatopeyas de guau, miau y papita para el loro.

     Los ignoró, y con voz muy fuerte la maestra hizo un repaso del tema dado la clase anterior, les dijo a los chicos que escribiesen la fecha en el cuaderno, que pusieran lengua subrayando con regla y una línea roja, que escribiesen tres adjetivos por cada lámina y debajo tres frases relativas a cada animalito.

     Ordenó silencio y fue apagando los focos de rebelión hasta el timbre del recreo. Por suerte en el otro bloque tenían gimnasia, y pudo ir a la sala de maestras a corregir. Las frases estaban bastante bien, el perro es marrón y tiene manchas, el perro come, el perro mueve la cola.

     El marido a la noche le preguntó que qué tal el proyecto con el gato, el perro y el loro. Ah, bien, bien, le dijo ella. Salió lindo.   


PÁGINA 9 – POESÍA ARGENTINA

AMELIA ARELLANO
(San Luis-San Luis-Argentina)

MI  RAMA VIRGEN

“…Llévame, solitaria,
llévame entre los sueños,

llévame, madre mía,
despiértame del todo,
hazme soñar tu sueño,
unta mis ojos con tu aceite,
para que al conocerte, me conozca…”
Octavio Paz

MI RAMA VIRGEN  (I)

“No temas, pues son muchos los mortales que en sueños han yacido con sus madres, y el que no hace caso de estas cosas es quien más fácilmente soporta la vida”  
Yocasta a Edipo  (Edipo Rey, Sófocles)

Ella, no reconoce otra ley que la propia.
Ha sido madre de su madre.
Ha sido destronada amante de su de su padre.
Hija rebelde  del padre de sus hijos.
Hermana de sus hijos.

El temor y la subversión vienen desde antes de la yema.
Ha visto solo la sombra del árbol patriarcal.
Su corazón es un nido de escorpiones.
El veneno duele, hasta morir, pero aún quedan tres días.

Hay que invocar al agua y recuperar la Ley.

“Serán tres días en los que la tierra quedara sumida en oscuridad total.
Tres días en los que solo se oirán llantos, suspiros y quejidos.
En medio de esta noche que parecerá eterna,
Lo único que alumbrará será la luz” proveniente de la rama sagrada
Comienza el arrebol de la “penumbra de la paloma”

Tres días, tres años, tres siglos, que más da.
Ser brote de la rama bifurcada. Rama de sus brotes.
Rama, Raíz y flor y milagro de agua.
>Cuesta ¡Oh Dios de la niña! Cuánto cuesta.
Reparar el árbol y sus  amadas sombras.

Ha comenzado la rosada “penumbra del cuervo”
Los alacranes, uno a uno, vuelven a sus nidos.
Ella, solamente, es una rama virgen.

El camino luminoso comienza, es arduo y quema.
Arduo, solo arduo y quemante, pero no imposible

MI RAMA VIRGEN (II)

Mía soy señor. Mía. De piel desposeída.
Levante las sábanas que cubren mi cuerpo.
Desnúdeme de escamas.
Como a un lagarto, una víbora.
Ingrese al laberinto de mi cuerpo.
Cruce mis siete mares.
Levante mis uñas y escudriñe.
Despójeme de rostros que no me pertenecen.
Déme nombre, de su pupila, la más pura.
Mírese en la claridad de mis oscuros pozos.
Libéreme de ritos y conjuros.
Descifre el anagrama de viejas cicatrices.
Encuéntreme  en los senos caídos de su madre.

Busque en mi boca el testamento extranjero de su padre.
Abra mis oquedades como si fuera la casa de su infancia.
Sigilosamente, en puntillas, bese mi casta frente.
Llore sobre sus pobres huesos, y los míos.

Tenga piedad de sus antiguas bestias.
De las mías .De todos los que amó u odió.
Vístase con su  piel de simio, casi humano.

Mi señor, mía soy, de ley escrita.
Si puede entender:
Que en cada recoveco tengo un hueco.
Que no he sido, ni seré bautizada.
Si encuentra el prisma llamado corazón
Si entra en el laberinto del espejo.
Si puede acercarse con su agüita,
Consagrar  mi rama virgen.

Y renacerme. Reverdecerme. Purificarme.
Recién entonces, mi señor,  poséame.


PÁGINA 10 – ENSAYO

SILVIA LOUSTAU
(Mar del Plata-Buenos Aires-Argentina)

BREVE ACERCAMIENTO A AMELIA BIAGIONI
(Santa Fe/1916-Buenos Aires/2000)

Dentro del panorama de la poesía argentina contemporánea, Amelia Biagioni aparece como una de las figuras más atractiva y enigmáticas, en virtud de su capacidad de ampliar el alcance y transformar los rasgos característicos de su poesía.

La obra de Biagioni comprende seis libros de poesía y un largo o poema póstumo publicado en La Nación a dos semanas de su muerte.

Escasísimos textos suyos quedan fuera del conjunto señalado, lo que da cuenta, por un lado, de su negativa a participar de grupos literarios consolidados y, por ende, de sus publicaciones periódicas; y, por otro, del cuidadoso proceso de selección que precedió a la difusión de su obra.

De hecho, y a modo de confirmación de esta última hipótesis, es preciso subrayar que la obra de Biagioni resulta casi magra si la comparamos con la de algunos de sus contemporáneos, sobre todo teniendo en cuenta que su trayectoria abarca casi cincuenta años.

Sin embargo, el tiempo que media entre libro y libro son causa y consecuencia de uno de los rasgos más evidentes y originales de su producción: la ruptura y la experimentación constantes.

Allegada en sus inicios al neorromanticismo posterior al cuarenta, coetánea del surrealismo y del invencionismo -vertientes con las que, a pesar de las diferencias inzanjables, es factible percibir cierto «aire de familia»-, en las antípodas del objetivismo, del nacionalismo y de la poesía social y comprometida -si consideramos estos rótulos en sentido estricto-, la producción poética de Amelia Biagioni se resiste a las categorizaciones de la crítica que, por otra parte y salvo raras excepciones, no se ha detenido a profundizar en esta trayectoria peculiar y de alcances tan inusitados.

Según comentó el poeta Antonio Requeni, Biagioni alguna vez confesó que concebía el poema como una forma de plegaria.

Obras: Sonata de Soledad, la llave , Las cacerías, Estaciones de Van Gogh, Primera Antología poética.


 PÁGINA 11 – CUENTO

CARLOS LUIS IBÁÑEZ TORRES
(Pamplona-Colombia)

EL FUNERAL

La luz, el silencio y la belleza del arte religioso, hacían mágico el mundo del oratorio, donde Sor Marelsa, prefería estar la mayor parte de su tiempo libre, especialmente a mitad de la tarde, cuando el viento tibio, a galope, arrimaba la luz contra los vitrales  y suavemente los hacía vibrar como alas de mariposas encendidas.

La cúpula que se levantaba sobre el centro del altar de la capilla, estaba cubierta por un extraordinario mural poblado de ángeles, que rodeaban una pintura  como de la escuela de Gregorio Vázquez de Arce y Ceballos, o de los maestros Quiteños, que enseñaron a los  indígenas Americanos el arte barroco en la colonia, en ella se veía una clara réplica, muy virtuosa, del juicio final, que dominaba el área central, y otra hermosa pintura  de la Virgen Alada, de esos famosos pintores coloniales.

La capilla tenía tres naves, en la izquierda, estaba el sagrario, el altar al centro lujosamente decorado con laminillas de oro y manteles sagrados bordados para cada tiempo  litúrgico, donde un enorme y bellísimo crucifijo enmarcaba, tras el ara de piedra tallada, un escenario digno de una catedral. En la nave de la derecha, un bellísimo cuadro de Jesús, con Santiago y Juan Zebedeo, llenaba de magia el lugar.

 A Ella le gustaba el adviento, porque los colores morados le transmitían un especial estado de ánimo. Todo allí era sobrecogedor, el silencio entraba por cada poro de la piel y el alma se sumía en una auténtica paz donde el mundo terreno no existía.

Una tarde estival, la Sor descubrió en el  joven Zebedeo, una especial familiaridad, y casi  furtivamente, evadiendo la profunda mirada del pastor, e ignorando a Santiago,  fijó sus ojos en los del apóstol, pero experimentó una extraña presencia que rompió el silencio de la tarde, a sus espaldas, suavemente, fue llamada por la superiora del convento.

Frente al jardín, donde su padre la besara en la frente, por única vez en toda su vida, se encontraba un hombre, joven, frescamente vestido de blanco, que apresuró su paso para entregarle un sobre sellado con lacre, y, le pidió amablemente, que lo abriera pronto; luego se retiró y abandonó el convento, dejando  depositadas en su mano las líneas de un nuevo destino escrito.

Casi hasta la media noche, la comunidad se reunió para orar, en torno a la monja, como gesto de amor cristiano y solidaridad; ella no desprendió un solo instante sus ojos del cuadro. En la intimidad de su celda, se durmió vencida por el cansancio y, en sus sueños, su padre lloró amargamente, y ella durmió con la foto de su madre asida al pecho, mientras repetía la oración de los difuntos, sin derramar una sola lágrima por el hombre que la había entregado en el convento, sin que ella hubiese tenido la mas mínima opción de decidir sobre su vida.

Muy temprano, las campanas doblaron y el cortejo fúnebre, presidido por su tía, trajo al convento el cadáver de su padre para ser sepultado, de acuerdo con la tradición en el campo santo de la abadía, donde reposaban los seres queridos de las monjas.

En cámara ardiente, el cofre sellado, pasó la tarde y de nuevo la comunidad oró por el difunto, entrada la noche, cuando los peones  salían del convento, encontró entre los jinetes al hijo del capataz, montando el caballo de su padre, entonces sintió que sus sueños de niña la impulsaban a galopar de nuevo hasta el bosque de cipreses y robles plantados  en el fondo de la colina,  que ella divisaba lejanos, como en los cuentos de hadas, que su tía le leyera en las eternas noches de furia del río, para mitigar la sed del cariño materno, desde la ventana de la habitación de la casa, donde había crecido prisionera del desamparo y las soledades.

La comunidad, una vez más, se reunió hasta la media noche, para dar el adiós último al padre de Marelsa. Una vez el reloj, sonó las doce, bastó una sutil palmada y el silencio invadió la capilla y tras un gesto de la priora,  la comunidad se retiró a sus celdas, pues muy temprano sería cumplido el rito del sepelio.

La hermana pidió a la superiora que le permitiera velar hasta la madrugada el cadáver de su padre. En la soledad del oratorio, recorrió uno a uno los días de su infancia, y halló entre sus recuerdos infinidad de horas tristes, caídas como palomas blancas por toda la casa, experimentó de nuevo esa sensación de odio, trasmitida su padre, extrañó el mundo escolar e imaginó su vida junto a un hombre como Juan Zebedeo, apóstol y luego discípulo tan cercano a Jesús, pescador de galilea, que llenaba de esperanza los corazones transidos por la miseria humana.

En un impulso incontenible, corrió hasta el féretro y con ansiedad y desesperación abrió el cofre, porque quería grabar en la memoria la imagen final de su padre, entonces, ayudada por un crucifijo de acero, con el que levantó violentamente la tapa que cubría el cuerpo, descubrió, bajo el máximo asombro, el más cruel engaño al que había sido sometida durante tantos años, porque el ataúd, no contenía el cadáver de su padre, y que quien  yacía allí,  con el mismo vestido de la foto, era su madre.


PÁGINA 12 – POESÍA ARGENTINA

JORGE FALCONE
(La Plata-Buenos Aires-Argentina)

EL SOLAR DE LOS MEJORES

“Ese país libre…
es donde están los niños desaparecidos
¿verdad?”
Texto de Rachel Pollack en “El salvaje, el bueno y el adulto”,
capítulo de “La cruzada de los niños”,

En el año 1212
la cuarta cruzada concluyó.
Un monje entonces
predicó en Alemania y Francia
un oscuro sermón.
Hastiado de fracasos
convocó a los niños,
porque - como explicó a la gente –
ante Dios eran
los únicos inocentes.
Unos 50.000 le creyeron y embarcaron
a Tierra Santa el año siguiente,
otros llegaron tarde y se salvaron
pues la expedición zozobró al poniente.

En su poema “El flautista de Hamelin”,
Robert Browning da cuenta en pareados
de los hechos acontecidos en Brunswick
el 26 de junio de 1284:
Allí también se tragó la tierra
todos los niños por ignoto reclutados.

Una pista aparece más tarde
en la novela “Peter Pan”
de James P. Barrie:
Los niños hostigados en entorno adverso
buscarían refugio en la tierra
bienhechora de Nunca Jamás.

Haciendo caso omiso de aquellas parcelas
halladas en remotos cementerios durante los albores
de la falacia liberal que llamamos democracia,
de aquellas tumbas NN, de aquellos
cráneos exhumados en fosas comunes,
a veces imagino mejor destino
para el que combatió por nobles causas y hoy no tiene
sitio bajo el cielo donde dejarle un lirio.

Te acordás, Guillermo Di Bastiano,
del primo enjuto y perdedor de Andresito Plaza,
de cómo cobraba en la primaria y de cuando fundamos
El Club Atlético Defensores de Duarte?
Acaso una difusa noción de esa justicia
con mayúscula que procuramos
afloró en ambos desde temprano…
Qué galeón te portó luego,
capitán de mi primer equipo,
tan lejos de nuestra escuela!
Tendrás un Dios ahora
- como el que merecías -
con rostro de María Esther Ferrer,
dulce maestra de nuestro Tercer Grado?

Para qué hacés bandera
parado tanto tiempo
en 13 y 43
con guantes y en verano,
Luis López Comendador?
No te das cuenta que convencieron
a media ciudad con miedo y
a la mitad más uno le importa un bledo
rifarnos con tal de no ir a contrapelo?
Tendrás tu Dios también,
ahora que no te vemos,
y será su cara la de Septimio Tessone,
aquel viejo maestro
que ilustraba con Bach nuestros experimentos?

En qué rincón de City Bell se esconde
el “Manchado” Miguel Castro,
ese compa que conmigo
alguna vez soñó con ser galeno y
hace más de tres décadas no encuentro?
Tendrá él también
un Dios a su medida,
acaso parecido al no docente Garciglia,
que facilitaba piezas de la morgue
a cambio de una modesta propina?

Cruzados de otra guerra,
a su tiempo castigados
por abrirse del rebaño:
Sepan que no me queda
otra cosa que el poema
y se interroga
si no ha de existir entonces
un cielo de vosotros,
una perdida isla,
una pampa de la dicha…
Mi sueño esquivo los visita
en El Solar de los Mejores
(no fotos de carné
ni blanquinegra sonrisa),
dispuestos a seguir surcando
siete mares a cambio de una caricia,
abanderado mástil a merced de justa brisa
y proa hacia la indemnización masiva.


PÁGINA 13 – ENSAYO

MARÍA TERESA REARTE
(Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

NECESITAMOS DE LA PALABRA

     El poeta chileno Pablo Neruda escribía así: “Nació un hombre/ entre muchos/ que nacieron, vivió entre muchos hombres/ que vivieron…” (*)  Con estos o parecidos versos podría dar comienzo cualquier historia de hombre. La de tantos que caminan por la ciudad, sin que sepamos cuál es el misterio que se oculta detrás de cada rostro. Podrían sintetizar la existencia de otros, cuyo rostro ni siquiera conocemos.
     Pienso que para acceder al hombre se requiere proximidad. Vencer las distancias geográficas, sociales, confesionales… Pero sobre todo es indispensable la proximidad. Saberse, sentirse, hacerse prójimo…, como aquel samaritano del evangelio, que supo compadecerse del hombre despojado y herido por los salteadores del camino. Ciertamente, es necesario volver el rostro hacia otros rostros, porque en ellos irradia la interioridad de aquél que cada uno es. Es necesario el trato que expande la originalidad del ser humano. Es menester pronunciar la palabra que nos dona y también aquélla que acoge.
      Es indudable que necesitamos de la palabra. De la simplicidad de la palabra, como la piedra necesita de la transparencia del arroyo. Del silencio que la hace fecunda, como la vida requiere un tiempo de gestación antes de asomar a la superficie del diario trajinar de la existencia.
      La palabra está reclamando impregnarse de mi alegría, de mi dolor, de mi esperanza… De mí para llegar a un tú. De ese Tú buscado con el pensamiento y anhelado por nuestro corazón.
      La historia de los hombres, la suya, la mía… pueden ser expresadas por la palabra. Pero sólo a condición de haber detenido nuestra mirada en la realidad existencial de nuestro prójimo. De haberla buscado y percibido. De haber entrado en un contacto cercano, cálido, sensible con ella.
      El hombre, tanto más solitario cuanto más se pierde en la monotonía de la masificación, pide redescubrir el valor misivo de la palabra. Desde la más sencilla a la más elocuente, todas están cargadas de significación. Es necesario, entonces, liberarla del exclusivo sentido intelectualista, que la reduce nada menos, pero también nada más, que a su condición de portadora de un mensaje inteligible, descuidando u olvidando las restantes connotaciones, que la penetran, que la cualifican, que la hacen –en definitiva- humana.
       Hay muchas palabras que esperan ser pronunciadas. Hay tantas palabras esperando que alguien las pronuncie. Pero usted, yo, todos, necesitamos gestarlas en el silencio y la esperanza.

(*)  Neruda, Pablo: “Memorial de Isla Negra”. Poema “Nacimiento.


PÁGINA 14 – CUENTO

ALEJANDRO ORELLANA
(Guaymallén-Mendoza-Argentina)

NADIE COMO LA FANNY

He conocido gente mala pero como Juan Ordiola ninguno, salvo algún político que se dejó ver. Ese Ordiola si que era malvado, los pecados capitales se avergonzaban cada vez que se juntaban, pero una noche al pecador en un descuido la culpa lo contagio de espiritualidad y con el libro sagrado bajo el brazo se dispuso a ser un argentino disidente. Hasta llegó a manifestar ser un hombre del señor, pobre señor, aunque con el tiempo daba gusto verlo al Juan, algunos al escucharlo decían que era la reencarnación de cristo, mientras que otros querían crucificarlo; los maridos cristianos, a ellos ser eternos cornudos no les caía en gracia.

En una reunión familiar se lanzó a predicador y comenzó a desplegar los nuevos pecados, los sociales, aquellos que se amoldaban a la modernidad. Al enunciar el primero, realizar manipulaciones genéticas, escuchó a la Chola retar a su hijo adolescente por ser manipulador serial, siguió enumerando y concebía que poco entendían sus sanguíneos allegados, tal es así que cuando abordaron al que expresa sobre la provocación de injusticia social se encontró con el Alberto aprovechando ese aporte para afiliarlos al partido peronista, Poco pudo hacer para encaminar a su familia y buscó en la soledad el ritual esperanzador de rezar para los otros. Mucha habladuría se destinó al acontecimiento menos esperado, se dijo que extraterrestres lo habían condicionado a ser bueno, que la fe mueve montañas, hasta los poco interesados en la vida ajena comentaron que un golpe en la cabeza lo condujo al olvido y los menos enroscados, aquellos peregrinos de la decencia,  lo determinaron puto.

Sentado en una plaza recobró vida su pasado sentido, miraba el ayer y lo degustaba calmosamente, esa Fanny lo dejó marcado para siempre, lo mató diez veces de amor y lo resucito tanta veces quiso. La Fanny era pública, nunca pudo ser privatizada y eso que el Juan tenía aires neoliberales. Nadie iba comprender a Ordiola, el hoy no era de él, lo vivía con el odio del amor no correspondido, para él la mujer era un reflejo de la Fanny. Aquella dama solicitada y con el sí a cuesta, lo bautizó con su sexo y le clavó la nostalgia en el pecho para hacerle entender que ella era la dueña y no la cosa que él creía antes de matarla.


PÁGINA 15 – POESÍA ARGENTINA

JORGE CARLOS ALEGRET
(Río Grande-Tierra del Fuego-Argentina)

DÍPTICO FUEGUINO

1
Tal vez sea un síntoma
la bala en el cuerpo del flamenco
arrojado contra el barranco de arena.
Rosa que vuela al rojo
aleteo que desencaja el mundo,
¿qué hay más allá de lo sublime
de lo que a la misma materia aterra?
En los huesos rotos
se disipan todas las horas de la tarde.
Se muere el ave,
una máquina de sombras
en la tierra yerma.

2
poco puedo explicar
la cena de ansiolíticos
los amigos vampiros
que habitan pesadillas
con razones recurrentes
de itaca abandonada;
a los cincuenta he desalojado los ocasos
la manía del plusvalor
más bien soy devoto de la intemperie
de los inviernos sin pretensiones

19
de jazz y redenciones;
yo soy el sobreviviente
de los modos de la estepa
hablando bajito con los dioses
que migran por la meseta
mendigando sexo y cigarrillos,
soy el lugar de los lagartos
amores para Brahms y bañadera
perdidos en los drenajes del cielo
estoy un poco ciego de rostros
en los breves días del sur,
los días de luz leve
bajo la mascarilla que la greda ha puesto
haciendo del tiempo turbal
la voz hilito de voz que baja
por las negras lajas
una lenta erosión
de lo indecible
de lo que hay debajo
de nada.


PÁGINA 16 – ENSAYO

FERNANDO SORRENTINO
(Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Argentina)
             
BORGES Y ARLT: LAS PARALELAS QUE SE TOCAN

TEMA DEL DELATOR Y LA VÍCTIMA

Hasta tal punto andaba el joven y tumultuoso Arlt de cuarenta y cuatro años antes en la cabeza del reposado y ya clásico Borges septuagenario, que, entre las páginas 25 y 35 de El informe de Brodie corre "El indigno", cuento magistral en el que Borges realiza una reelaboración o recreación del episodio central de "Judas Iscariote", el cuarto y último capítulo de El juguete rabioso.
El juguete rabioso tiene que haber sido, para Borges, una obra en extremo importante. De otra manera, no puede explicarse que, sin haberla releído en los años inmediatamente anteriores a la redacción de "El indigno", y sin tener tampoco el estímulo de la presencia viva de Arlt ni de gente próxima a aquél, Borges —en la culminación de su fama y en la proliferación de traducciones y reconocimientos— haya decidido, casi cuarenta y cinco años más tarde, escribir la misma historia.
Trataremos de ver, a continuación, algunas de las semejanzas y diferencias entre el "Judas Iscariote" de Arlt y "El indigno" de Borges.
En ambos, el tema es el mismo: la delación que una persona, poco o nada familiarizada con las artes del delito, comete en perjuicio de quien la ha iniciado en ellas.

LOS NARRADORES
Los respectivos delatores (Silvio Astier, en "Judas Iscariote"; Santiago Fischbein, en "El indigno") relatan su historia en primera persona. Esto se verifica con algunas diferencias importantes:
1. Astier, hombre joven pero adulto, relata un suceso que acaba de ocurrir y que corresponde, por ende, a su edad joven y adulta. Es decir, la visión del narrador coincide con la condición del protagonista: un hombre adulto relata lo que acaba de ocurrirle a un hombre adulto. Esta inmediatez se traduce en un relato más vívido, emotivo y nervioso.
2. Fischbein, hombre anciano, relata un suceso ocurrido hace muchos años, cuando él era casi un niño. Es decir, la visión del narrador no coincide con la condición del protagonista. Esta lejanía temporal lleva a un relato más calmo donde los detalles y las emociones están atenuados o simplificados por el olvido.
Por otra parte, como Borges rechaza implicarse emotivamente en su relato, apela, para alejarse aún más, al recurso del relato enmarcado: ni siquiera es Borges quien cuenta la historia, sino que es Fischbein quien la cuenta a Borges. Éste, con objetiva frialdad, se limita a decir:
Una tarde en que los dos estábamos solos me confió un episodio de su vida, que hoy puedo referir. Cambiaré, como es de prever, algún pormenor.

TIEMPO
Sin lugar a dudas, podemos ubicar el relato de Arlt en la inmediata anterioridad, digamos el año 1925.
El Fischbein que cuenta la historia de un episodio de su niñez dice:
Hace ya tantos años que ocurrió que ahora la siento como ajena.
Y, aunque no sabemos cuándo dice esas palabras, ni cuántos años pasaron desde ese episodio, ni cuántos años tiene Fischbein en ese momento, sí sabemos cuántos años tenía en la época del episodio: quince años. Como, además, da la sensación, por la manera en que conversan, de que Borges y Fischbein fueran de la misma edad, podemos inferir que Fischbein tenía quince años alrededor de 1915. Así, pues, vemos que ambas historias transcurren, más o menos, por la misma época: entre 1915 y 1925.
Tenemos, además, muchos indicios, entre ellos el de la famosa "barra de la esquina"
Arlt:
Siempre estaban en la esquina de Méndez de Andés y Bella Vista, recostados en la vidriera del almacén de un gallego. [_] Siempre estaban allí, tomando el sol y jodiendo a los que pasaban.
Borges:
El barrio no era bravo como lo fueron, según dicen, los Corrales y el Bajo, pero no había almacén que no contara con su barra de compadritos.

LUGAR
La geografía de Arlt es más explícita que la de Borges y se prodiga en precisiones de calles y números.
Antonio, el Rengo (el traicionado), vive en la calle Condarco 1375. La consulta de un plano actual de Buenos Aires me indica que esa cuadra está limitada por las calles hoy llamadas Galicia y Tres Arroyos. La calle Condarco precisamente constituye, a esa altura, el límite municipal entre el barrio de Villa Santa Rita y el de Villa General Mitre; por estar situada en la acera de los números impares, la casa del Rengo pertenece a este último barrio.
Silvio Astier, el Rubio (el traidor), vive en la calle Caracas 824, entre Páez y Canalejas.
El ingeniero Arsenio Vitri (la víctima del robo frustrado) vive en la calle Bogotá, "una cuadra antes de Nazca": vale decir entre Condarco y Terrada.
Como se acepta que la avenida Rivadavia divide la ciudad de Buenos Aires en norte y sur, toda la acción del episodio de Arlt ocurre, aunque no se lo especifica, en la parte norte del barrio de Flores, donde, por otra parte, viven Astier y Vitri:
Las aceras estaban sombreadas por copudos follajes de acacias y ligustros. La calle era tranquila, románticamente burguesa, con verjas pintadas ante los jardines, fuentecillas dormidas entre los arbustos y algunas estatuas de yeso averiadas. 
En Borges las precisiones nominales no son tan abundantes.
El barrio en que ocurre el episodio es, aunque tampoco se lo nombra, Villa Crespo, entonces barrio humilde como pocos y, por antonomasia, de inmigrantes paupérrimos.
La casa de Fischbein:
A unas cuadras quedaba el Maldonado y después los baldíos.
Esto es muy verosímil pues Villa Crespo es barrio habitado por muchísimos judíos.
El arroyo Maldonado fue entubado —creo— en 1939 y sobre él corre ahora la avenida Juan B. Justo; después del arroyo se ubican las vías del entonces Ferrocarril Pacífico. Fischbein vivía en la parte comprendida entre el arroyo y el centro de la ciudad: con todo, esa zona no era tan áspera como la otra, la que se extendía detrás del arroyo ("los baldíos").
No se nos dice dónde vivía Francisco Ferrari, el que sería traicionado, pero sabemos dónde "paraba" (verbo, por cierto, muy expresivo para aludir a una suerte de cuartel general o de zona de influencia):
Ferrari paraba en el almacén de Triunvirato y Thames.
Compárese la calle "románticamente burguesa" donde iba a efectuarse el robo en Arlt, con este paisaje semirrural de Borges:
Ya estaba por atardecer cuando crucé el arroyo y las vías. Me acuerdo de unas casas desparramadas, de un sauzal y unos huecos. La fábrica era nueva, pero de aire solitario y derruido; su color rojo, en la memoria, se confunde ahora con el poniente. La cercaba una verja. Además de la entrada principal, había dos puertas en el fondo que miraban al sur y que daban directamente a las piezas.
Fischbein acaba de cruzar "el arroyo y las vías", es decir, el suburbio del suburbio en que vivía: es terreno desconocido y, por eso mismo, atemorizador.
En el caso de Silvio Astier, ese "juguete rabioso" eternamente derrotado, también la calle Bogotá, de gente satisfecha y envidiada, se siente como algo ajeno:
Un piano sonaba en la quietud del crepúsculo, y me sentí suspendido de los sonidos, como una gota de rocío en la ascensión de un tallo. De un rosal invisible llegó tal ráfaga de perfume, que embriagado vacilé sobre mis rodillas [_].
Tanto Fischbein como Astier reconocen el terreno enemigo a la misma hora: "ya estaba por atardecer" (Borges); "en la quietud del crepúsculo" (Arlt).


PÁGINA 17 – COMENTARIOS DE LIBROS

FABIO MARTÍNEZ
(Cali-Colombia)

Libro: Verónica resucitada
Autor: Carlos Orlando Pardo

AMORES LITERARIOS

Al escritor colombiano Carlos Orlando Pardo siempre lo han perseguido las mujeres literarias. Como Lawrence Durrell, quien les hizo un merecido homenaje en su Cuarteto de Alejandría,  Carlos Orlando ha hecho de su obra literaria untributo literario a la mujer, que se inicia con los cuentos La muchacha del violín ((1986), continúa con su novela Lolita Golondrinas (1986), y termina con su última novela, Verónica resucitada (2012).

En el cuento “La muchacha del violín” un hombre solitario se enamora de la sonrisa de una joven que habita la ciudad; en Lolita Golondrinas, la novela que entronizó a Carlos Orlandoen la narrativa colombiana, la historia de amor malograda entre Feliciano Bustos y Lolita se convierte en una obsesiónllena de fugaz y desencuentros. En Verónica resucitada, la presencia de la mujer invade toda la novela.

Verónica resucitada narra la historia de una mujer que aparece 60 años después del anuncio de su muerte. Verónica es una mujer nacida a comienzos del siglo pasado, que debido a su temprana relación con el mundo de los gitanos, se engancha como trapecista en un circo donde trabaja su maestro y futuro esposo. A través de este leitmotiv, Carlos Orlando narra la historia de los comienzos del teatro y la televisión en Colombia, a mediados de siglo. Verónica como Lolita son seres desarraigados, trashumantes, que han preferido vivir una vida nómada y contingente ante los cerrojos que impone un mundo familiar y sedentario. Como mujer libertaria que jamás quiso apegarse a la ley del patriarca, Verónica vive en el aire, al vaivén del trapecio de los amores contingentes.

Por la novela transcurren los comienzos de la televisión colombiana, el teatro de don Eloy, la famosa Radio Santa Fe, la  historia musical de “Las alondras del Llano”, los programasTeletigre de Consuelo Montejo y Yo y tú de Alicia del Carpio, que hicieron parte del imaginario cultural de los colombianos nacidos un poco antes del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán.

Escrita en un tono realista, Verónica resucitada es la novela más ambiciosa de Carlos Orlando Pardo,  que a través de la memoria de una mujer liberada para su época, logra capturar más de cincuenta años de historia.

Es, así mismo, una obra que hace parte de las sagas familiares que se han escrito en Hispanoamérica, comoLa familia de Pascual Duarte de Camilo José Cela yTodas las familias felices de Carlos Fuentes. Con la diferencia de que mientras en la obra de Cela se cuenta las vidas y desgracias de Pascual en el sur de España y en la novela del recientemente fallecido Fuentes, se narra el grado de deterioro social que vive México en la actualidad, en la novela de Pardo se cuenta la historia de una familia de artistas, que siempre ha vivido entre fugas, amores, encuentros y desencuentros.


PÁGINA 18 – CUENTO

MIRYAM E. GOVER de NASATSKY
(Ciudad Autónoma de Buenos Aires – Argentina)

BIBLIOTECA ACTUALIZADA

Sabía que su trabajo era muy importante: catalogaba libros de una Biblioteca de Amertástica, única en su género, y asesoraba a los lectores, claro, cuando éstos se lo pedían. ¡Qué épocas aquéllas! Recordaba las tardes invernales en las que se llenaba el salón de lectura con la algarabía de los adolescentes y de serios investigadores. Terminaba agotado, por suerte, no le fallaba la memoria y encontraba hasta lo más extraño.
Quizás por la crisis, la situación había cambiado. B. no entendía qué estaba pasando pero cada vez concurría menos gente.
La culpa es de la computadora - se decía - ahora consultan Internet.
-Ya nadie estudia - opinó un profesor amigo. -El facilismo se ha instaurado en las aulas.
- Mejor, así puedo leer el diario tranquilo - confesó un asiduo lector.
Sospechaba que pronto tal circunstancia se iba a revertir. No podía ser que nadie    necesite un libro o que cada uno tuviera todo en su casa.
Creo que el fichero no les resulta eficiente- pensó. Entonces, decidió revisarlo y controlarlo con los volúmenes existentes. Así, pasó meses dedicado a una tarea agobiante que le producía satisfacción porque iba a ser muy útil.
Una mañana, al llegar, le llamó la atención observar a un grupo de personas que     tomaban medidas de la sala para confeccionar un plano. Creyó que estaban tan a gusto que hacían un dibujo del lugar. Lo curioso fue que no consultaron ningún libro y se retiraron.

No importa - se dijo - ya volverán; es un buen síntoma que hayan venido. Una biblioteca actualizada y confortable no puede  pasar desapercibida.

Recordó una frase de Descartes: “La lectura de todo buen libro es como una conversación con los hombres esclarecidos...” Entendía que privarse de leer era un sacrificio que no tenía sentido.

Ya sé lo que voy a hacer - se decidió. -Escribiré un folleto explicando las virtudes de esta institución y el manejo del fichero. Después de varios borradores logró un texto coherente que fotocopió y pegó en las paredes. Esto va a ayudar  - supuso.

Se interesó, realmente, un señor, uno de los que habían medido el lugar, y lo leyó con suma atención. B. estaba fascinado, algo había logrado.
-Por favor,  ¿puede darme el inventario completo de todas las colecciones? - le pidió muy resuelto a B. Éste no podía creerlo; nadie hasta ese momento había querido abarcar tanto.
El señor se dedicó varios días a revisar el inventario y estanterías como ninguna persona en tantos años. Tal interés, que al principio había alegrado a B., poco a poco, empezó a inquietarlo sin saber por qué. Lo observaba con recelo e intriga.
-Usted perdone, - le dijo un día con timidez - ¿ no le gustaría leer algún libro?
-No tengo tiempo -fue la sorpresiva respuesta.
Cuando se había acostumbrado a su presencia, recibió una extraña carta con membrete de la Municipalidad a la que pertenecía la Biblioteca. En ella le pedían que empaquetara los volúmenes para poder disponer de las repisas.
-Bueno, después de todo,  ya nadie los consultaba - se dijo. -Haré un nuevo fichero con los números de cada bulto.
La razón era el ajuste económico imperioso para poder seguir adelante. Algo había que hacer, ya no alcanzaban los fondos para pagarle su sueldo ni el del ordenanza que limpiaba. Con los estantes libres, seguramente encontrarían alguna solución a tal estado. Pero el esfuerzo fue inútil, tampoco cobró el mes siguiente. Estaba más delgado; el desconcierto le había quitado el apetito.
Un día, el señor dio indicaciones precisas a un operario para que retirara los armarios vacíos y los paquetes más grandes.
-Cuando se privatice, todo mejorará - había escuchado el bibliotecario, al pasar.
Como quedó más espacio libre en la sala y no podía pagar su alquiler, B. se fue a vivir allí con las escasas pertenencias. Se propuso conservar los pocos libros que quedaban y reducir el fichero para ajustarlo también a la realidad. El señor ya no concurría, así que vivió tranquilo hasta que, por una nueva carta, lo declararon prescindible.
Al retirarse de la ex-biblioteca observó en la puerta un colorido afiche de grandes  dimensiones que decía:
APOYE  NUESTRA  POLÍTICA  CULTURAL VÓTENNOS CON CONFIANZA.


PÁGINA 19 – POESÍA AMERICANA

ÁNGEL MARTÍNEZ NIUBÓ
(Fomento-Cuba)


DICE RUTH:

 

Yo viviré en el faro
estos últimos días.

Tendré ojos azules
y un recuerdo muy breve
en las pupilas.

El mar podrá decir de mi añoranza
de mis largos silencios desvirtuados;

y moriré en el faro
yo moriré en el faro

que es hermoso lugar

para morir.

I

Necesito alguien
que abra
estas ventanas.
Saber de esos árboles que ven morir sus hojas
con la misma serenidad
con la que observan
sus ramas en lo alto.

Necesito alguien que abra esta puerta
y  que me diga:

la palabra efímero no existe,
o existe

pero vengo a que lo olvides todo.

MITÓMANOS

Miento.
A toda hora miento,
pero lo hago sobre todo los domingos,
los martes no (yo moriré
un martes).
Ahora todo cuanto hago es mentir
y miento,
sobre todo los lunes y domingos,
sobre todo en enero, sobre todo
en las noches y en noviembre.
Miento. / Siempre miento,
pero más en las tardes y en invierno
pero más cuando llueve
y estoy solo. Siempre miento.
Y si duermo,
y si callo,
y si sueño,
sobre todo los viernes del menguante
sobre todo en octubre y en reuniones.
Miento.
He crecido mintiendo
he reído mintiendo
he llorado.

Pero yo si no miento junto al mar
que me conoce,

ni en tus ojos
donde todo es posible.


PÁGINA 20 – ENSAYO

JULIO CORTÁZAR
(Argentino-1914/1984)

GRAVE PROBLEMA ARGENTINO

Querido amigo,
estimado,
o el nombre a secas

     Usted se reirá, pero es uno de los problemas argentinos más difíciles de resolver. Dado nuestro carácter (problema central que dejamos por esta vez a los sociólogos) el encabezamiento de las cartas plantea dificultades hasta ahora insuperables. Concretamente, cuando un escritor tiene que escribirle a un colega de quien no es amigo personal, y ha de combinar la cortesía con la verdad, ahí empieza el crujir de plumas. Usted es novelista y tiene que escribirle a otro novelista; usted es poeta, e ídem; usted es cuentista. Toma una hermosa hoja de papel, y pone: "Señor Oscar Frumento, Garabato 1787, Buenos Aires." Deja un buen espacio (las cartas ventiladas son las más elegantes) y se dispone a empezar. No tiene ninguna confianza con Frumento; no es amigo de Frumento; él es novelista y usted también; en realidad usted es mejor novelista que él, pero no cabe duda de que él piensa lo contrario. A un señor que es un colega pero no un amigo no se le puede decir: "Querido Frumento." No se le puede decir por la sencilla razón de que usted no lo quiere a Frumento. Ponerle querido es casi lascivo, en todo caso una mentira que Frumento recibirá con una sonrisa tetánica. La gran solución argentina parece ser, en esos casos, escribir: "Estimado Frumento." Es más distante, más objetivo, prueba un sentimiento cordial y un reconocimiento de valores. Pero si usted le escribe a Frumento para anunciarle que por paquete postal le envía su último libro, y en el libro ha puesto una dedicatoria en la que se habla de admiración (es de lo que más se habla en las dedicatorias), ¿cómo lo va a tratar de estimado en la carta? Estimado es un término que rezuma indiferencia, oficina, balance anual, desalojo, ruptura de relaciones, cuenta del gas, cuota del sastre. Usted piensa desesperadamente en una alternativa y no la encuentra; en la Argentina somos queridos o estimados y sanseacabó. Hubo una época (yo era joven y usaba rancho de paja) en que muchas cartas empezaban directamente después del lugar y la fecha; el otro día encontré una, muy amarillita la pobre, y me pareció un monstruo, una abominación. ¿Cómo le vamos a escribir a Frumento sin identificarlo (Frumento) y luego calificarlo (querido/estimado)? Se comprende que el sistema de mensaje directo haya caído en desuso o quede reservado únicamente para esas cartas que empiezan: "Un canalla como usted, etc.", o "Le doy 3 días para abonar el alquiler", cosas así. Más se piensa, menos se ve la posibilidad de una tercera posición entre querido y estimado; de algo hay que tratarlo a Frumento, y lo primero es mucho y lo segundo frigidaire.
    Variantes como "apreciado" y "distinguido" quedan descartadas por tilingas y cursis. Si uno lo llama "maestro" a Frumento, es capaz de creer que le está tomando el pelo. Por más vueltas que le demos, se vuelve a caer en querido o estimado. Che, ¿no se podría inventar otra cosa? Los argentinos necesitamos que nos desalmidonen un poco, que nos enseñen a escribir con naturalidad: "Pibe Frumento, gracias por tu último libro", o con afecto: "Ñato, qué novela te mandaste", o con distancia pero sinceramente: "Hermano, con las oportunidades que había en la fruticultura", entradas en materia que concilien la veracidad con la llaneza. Pero será difícil, porque todos nosotros somos o estimados o queridos, y así nos va.


PÁGINA 21 – CUENTO

AMANDA PEDROZO
(Asunción-Paraguay)

EL MOJÓN
(Carta a Clitórida)

...y sinceramente, querida Clitórida, lo que me molesta no es la cuestión estética o que desmientan que es un signo de virilidad, o más aún, que se rían de mí las criaturas cuando paso por la escuela o los amigos me carguen cantándome "el pelao". Peor, que digan que me sentarían mejor que a nadie los cuernos considerando que no habrán flequillo, patillas ni mata de pelo que impidan que se los vea, o que alienten a mi esposa a serme infiel para confirmarlo (como si nunca me hubiera engañado).

Tampoco me molesta que el sol me tueste el cerebro en el verano y deba usar siempre sombrero por eso, o gorro en el invierno porque la azotea se me puede congelar. Ni me calienta que mi madre se pase diciendo que salí igualito al abuelo y al tío, que no hay mal que por bien no venga y que la calvicie algún beneficio trae, como por ejemplo, que no se me notará la edad (paradójicamente) porque jamás peinaré canas.

No me enfurece para nada que me interrumpan cuando estoy trabajando o tomando tereré tan tranquilamente, sólo para decirme que corra a ver tal o cual programa en la tevé porque están mostrando algún milagroso implante o crema del Amazonas que en poco tiempo me hará crecer más pelo que al Pombero. O que mis socios en ronda de tragos me jodan la vida soplándome al oído la mejor receta: que una mujer me masajee el cuero cabelludo con esa sustancia innombrable que les viene de ahí abajito.

Tampoco me desespera ni exaspera que mi señora pondere a los cantantes de moda, actores o jugadores de fútbol, diciendo qué precioso pelo tienen, verdad, y que eso es lo que más la atrae en un hombre. La verdad es que me deja frío, aunque al principio me mortificaba, y es que ella misma me curó de espanto cuando la descubrí en cueros faltando alegremente a la promesa que me hizo en el altar y sobre un extraño de pelo largo que usaba agogó y colita de caballo como ella. Descubrí que no me importaba o no podía remediarlo, da igual porque quien nace para cornudo no muere mocho, así como al barrigón es al ñudo que lo fajen, como dice el refrán.

Lo que realmente me paspa y me revienta las bolas, querida Clitórida, es que en todas partes me tomen de referencia. No te parecerá absurdo que diga esto si tenés en cuenta que cuando alguien pregunta dónde queda el súper, cualquier dirección o la próxima parada de colectivo, no falta alguno que me vea cerca y que diga, por ejemplo, usándome de mojón: "allá, a 20 metros del pelado"; "pasás la peluquería, las dos tiendas y ¿ves aquel calvo?, delante de él es", y así, como si yo fuera un semáforo.

¿No es desesperante acaso, querida Clitórida, que nos tomen a los pelados como señal, mojón o boya? ¿No es maleducado, injusto, discriminativo, ofensivo, cuasi criminal? Y entonces, ¿cómo no voy a sentir rencor contra el mundo, tanto como para salir con esta escopeta y regarles a balazos a todos, eh?

Cosa que si no hago ahora mismo, si todavía no aprieto el gatillo no es por conciencia o por piedad, es sólo porque sé que en los diarios me van a poner en primera plana y eso tampoco me molestaría nada, si no fuera porque los titulares van a decir sin falta: "Pelado enloquece y mata a 6 con una escopeta", "Calvito depre liquida a tiros a 6 peludos". O, simplemente,"¡Calvo mató a 6 pelotudos!".

¿No te parece razón suficiente todavía, querida Clitórida? 


PÁGINA 22 – POESÍA AMERICANA

CARLOS LÓPEZ DZUR
(Orange County-California-USA)

FIJACIONES Y REGRESIONES

Con el séptimo ciclo, ya serás el Eficiente Amor,
el Blanco Dedo levantado, el íntegro apóstol
que aprendió ansias den pos
de vida ascendente.
Antes no te concentrabas
y no miraste Tu Ser
servido por todas las energías
y secretos del Séptimo Fuego.

Decías que no tengo Clemencia.
Que abandono y quité
al poema de los Diez Mandamientos
la oralidad profunda y la ingerencia visible
para que no se consiga amar y funcionar
en regocijo si el Divino parece
el ausente y por eso uno es /
hay quien / se justifica
quien mata a su Padre
sin saberlo. Uno quien quita Madre / Novia /
su Liani / su Yocasta / Isis
y cornea al padre que lo engendró
con Ella y se pone en vergüenza.

Antes tuviste fijaciones y regresiones
y luego, latencia hipócrita,
explosiva, en coraje,
ocultaste raíces de amargura
que arrastrabas de la pubertad
hasta la adolescencia.

Pero, yo te consagro Ser Viviente.
Hace treinta mil años, hice
Que observaras fases de mi Menstruo
y te dí a Liani, con la orden, «Búscala
y ámala», estudia sus fases de Luna
para que me encuentres. Afánate
en siete días que, como signo,
dije a los cazadores: «Graben siete marcas
de luna en huesos de mamut y reno».,
por el bien de sus sensaciones
y sean siete, no cinco,
sus sentidos.

MUESTRARIOS

Hará seis mil años
que entre caldeos te mostré
siete astros visibles, a simple vista,
y desde la Tierra, te hice verlos
y dije: «Son mis fantasmas / mi Maya /
sede de mis ilusiones porque siendo sol
yo deslumbro y derramo
la concisa lágrima de Mercurio,
cercano, y en Venus, forjé
espejo de Tu alma,
«eres hermoso», como Liani y su Luna
y Liani es belleza antes y después
de los desastres del ego.

Te plasmé como Marte, guerrero
Has visto, a ojo pelado, que Júpiter
es mi primera sucursal
en el sistema sagrado, no me escondo ,
me codifico, siete veces siete,
y Saturno sea tu noción
de tristeza y expectativa en el tiempo.

Todas mis sensaciones te las dejo
servidas durante siete días
hasta que las tomes y hago siete veces siete
mi Espera por Tu Reposo,
novia mía. Te designo Humanidad,
creación mía, creación de lo Eterno
y doy  siete brazos de Menorah
para que me tomes y me abraces
más allá de la Maya / el dolor /
el tiempo.
Todas mis emociones y las tuyas
las codifiqué en grupos de siete.
Siete los colores del arcoiris,
según supuso Newton,  siete
las notas musicales,
siete las fases en Tu Luna,
siete días en cada fase
por mis hijas con Selene
y cada 7 años, siete las edades hipocráticas
del hombre, siete los estados del Cosmos
siete mi número en el Tiempo


PÁGINA 23 – ENSAYO

CARLOS LUIS IBÁÑEZ TORRES.
(Pamplona-Colombia)

DE LOS AMORES Y DE LAS AMISTADES

El extenso mundo de las letras permite, que por sus caminos, deambulen mil ideas surgidas desde el ocio de la escritura recreativa, como lo hace también, con temas mucho más trascendentales  referidos a los llamados asuntos científicos o didácticos, periodísticos o artísticos, para citar los más comunes y agradables,  así que, con fundamento en ello, se nos ha ido hoy la idea rumbo al tema de los amores y las amistades. Sin mucho estudio antropológico y haciendo uso del “menos común de los sentidos, que es el sentido común”, se puede concluir que desde que el hombre se reconoció asimismo como ser social, y eso debió ocurrir horas después de descubrir el fuego, el amor ha estado presente en los escritos primitivos, usando la escritura cuneiforme, los ideogramas, los pictogramas, jeroglíficos y silabarios, pues no se puede explicar de otra manera que hace 1.0 millones de años ya desaparecido el Homo Habilis, (1.5 millones antes de JC) los Homos Erectus, con sus respectivas Erectas, es decir, sus damas, hayan sido los expansores de la raza humana, hacinada en el sudoeste de África, hacia Europa, toda África, Asia, e incluso Insulindia. Poblar esos territorios requiere de una inmensa fábrica de amor y conociendo como las conocemos, suponemos que las damas primitivas eran  muy parecidas a las “nuestras” las Erectas feminócratas, y que aun, cuando las abuelas Pitecántropas, tenían en su contra el indescriptible frío generado por los glaciales de la época,  que según escuché por ahí, generaba temperaturas de máximo cinco grados, y de ahí para abajo menos cero muchos grados, junto con la oscuridad, su otro enemigo, sabían escoger al esbelto compañero de horda que, aunque uno no lo imagine, era muy parecido a los actuales símbolos sensuales modernos, pues se cuenta en los libros de antropología, que los especímenes machos Erectus y expertos cazadores, median hasta 1,80 metros, y pesaban 70kg, talla y medida envidiables y encima erectos, debían ser de una total elegancia, pero como bien se dijo ya, ellas siempre han sabido lo que quieren y por muy papacitos, debían cumplir ciertas normas, porque con las señoras desde las primitivas hasta las recién desempacadas de hoy, nada es gratis, menos fácil. Inferimos así que el fuego generó grandes pasiones primitivas y que cuando el hombre aprendió su utilidad y cómo llevarlo consigo, el mundo cambió radicalmente, y empezó la gran revolución tecnológica del hombre, utensilios perfectos, comida al fuego, pieles tratadas contra los bajo cero grados, símbolos a la entrada de la caverna, figuras en las rocas es decir el lenguaje del amor, a la altura de la enamorada, y así según la tradición el caballero escribe para la dama, de tal manera que calcúlese cuánto de amor se habrá escrito. Lo que hace difícil una producción, es precisamente la gran cantidad del producto igual o del mismo género por razones clarísimas, así que por mucho, muchísimo amor que se tenga se debe empezar por saber a qué o a quién se le va escribir, al amor o a la persona que se ama, que nunca será lo mismo y más todavía, el amor es en sus manifestaciones como la Santísima virgen, poblado de advocaciones, porque lo hay filial, materno, paterno, pasional, platónico, único, imposible, ajeno, maldito, bendito y ayúdeme Usted a sumar, de tal manera que escribir a la Madre, por ejemplo, es dificilísimo, porque madre es amor, ternura, entrega, alegría, protección, aprendizaje, emoción, es todo el diccionario de virtudes, entonces cuando se comete el poema a la madre, se puede caer en la cursilería o en la sensiblería, así que nada de escribir bajo la emoción o la debilidad o la bonachonería, entonces que escriban los maestros, los poetas bravos, y nosotros mejor las recitamos; al padre no se diga, por eso admiro tanto a Kafka, porque su carta… Pero escribir enamorado es, cuando se hace desde la piel del poeta, hermoso, fluido, genial y no sólo poemas, también cartas, papelitos, tarjetas, canciones. Escribir a un amigo o amiga es delicioso cuando lo escrito pretende sólo decir lo que verdaderamente se siente, cuando se escribe a cualquier mujer sin pretensión artística y con intención estricta de comunicar sentimientos, funciona bien, pero cuando se escribe queriendo usar la seudo poesía y la mala literatura el desastre es total. Es necesario aclarar que las damas también escriben de amor y que afortunado es quien logra arrancarles esa escritura, porque ellas sí que lo saben hacer, ya lo sabemos, que el mundo es de ellas por eso lo conocen tan bien y lo expresan igualmente. Escribir al amor es un acto osado, requiere de un extraordinario manejo de la sensibilidad, un estricto y sencillo uso del idioma, un enorme gusto, es indispensable omitir los lugares comunes, (algo así como frases o expresiones generales), anular los diminutivos, desechar los adjetivos débiles, cancelar la emoción y suspender la lagrimilla que no deja ver el tamaño del ridículo… Por supuesto quien logra escribir de amor, o fabricar un buen poema como los hay miles, es dueño de un nombre universal en la poesía (Baudelaire, García Lorca, Silva, Ezra Pound, Neruda, Machado, Gaitán Duran, Li Po, Safo, Emily Dikinson) y un interminable listado de genios. Ellos y ellas le han escrito al amor y a las o los amados, y ahí están brillando sus palabras en el firmamento del sentimiento que mueve el mundo. Todos podemos intentar la escritura y a través de ella descubrir un mundo excepcional y bello y lo ideal sería cambiar violencia por poemas, silencios por canciones, olvidos por  silabarios bajo la luna, signos en la mañana y en la noche jeroglíficos de amistad y en fin llenar el mundo de palabras cargadas de sensibles intentos. Pero por favor amigo lector, tenga en cuenta al escribirle a la mujer que ama, la sabia sentencia de Don Antonio Machado que a su letra dice así:
Cazador que vas en busca/de mujer  o de león,/hay de ti si no le das/en mitad del corazón.


PÁGINA 24 – CUENTOS BREVES

JORGE M. TAVERNA IRIGOYEN
(Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

SE TRATA DE MUSEOS

En el pueblo, al jefe comunal se le ocurrió abrir un museo. Los vecinos, todos, colaborarían con algo. A los dos días una anciana trajo el gramófono que perteneció a su abuelo. Lo pusieron en una tarima alta, privilegiándolo. Pasó un mes. Pasaron dos. No llegaba una sola donación más. Al año, la autoridad decidió cerrar el museo. ¿Y el gramófono? La anciana había muerto ya, y sin culpas, el jefe lo puso en su escritorio.


En el museo de autógrafos hay una firma que incomoda. No es la de Hitler. No es tampoco la de Benito Musolini. Es la firma de Woody Allen, el actor, que todos miran y casi escrutan, como si hubiera que descifrarla. Está puesta sobre un pedazo de papel arrugado, y a lo último, donde cabría un punto o una rúbrica, hay dibujado un símil de dentadura postiza. Ayer rompieron el vidrio que la contiene.Hoy, la directora ordenó que la saquen y vaya al archivo.


El Museo de las Muñecas, de Estrasburgo, tiene horario inapropiado. Abre sus puertas a partir de las 22 y las cierra a las 6 de la mañana.Va muy poca gente y, por supuesto, ni un solo niño.  La directora sonríe enigmática cuando se le pregunta  sobre ello. Y nada más. Dentro de sí  sabe muy bien que las muñecas duermen durante todo el día y sólo por las noches, sólo por las noches despiertan, se muestran, charlan entre sí, toman el té y hasta se bañan…


El guardia del museo duerme. No sabe hacer otra cosa. Además, si el director no controla, ¿para qué inquietarse? ¿Para qué inquietarse?, se pregunta también la secretaria, que escribe dos o tres notas por mes en la vieja Remington y fuma interminablemente. No se inquieta ninguno del personal de maestranza, ni el restaurador
ni la bibliotecaria, que jamás leyó un libro. Se inquietarán cuando, después del incendio del domingo por una colilla mal apagada, queden todos sin trabajo.


Es  día lunes y las puertas del Museo de  Munich están cerradas al público. Los primeros empleados que llegan se encuentran con la sorpresa. Alguien ha deslizado hacia el interior una estampa original del gran Hokusai. ¿Será robada? ¿Quién podría desprenderse, anónimamente, de algo que vale miles de euros? Llega el director y analiza la obra en cuestión. Piensa dónde la ha visto.Al fin su mente se ilumina:¡en el Louvre! Se acerca su secretaria corriendo.Lo llaman urgente de Paris.


Es un museo de ciencias naturales en el que hay un problema que subyace desde hace tiempo: el celo entre los gliptodontes. Es algo silencioso, tenebroso tal vez (se siente en el aire, se respira). Ayer, la cosa llegó a su ápex: al abrir las dos grandes salas, huesos, caparazones y vértebras estaban dispersos por el piso. Y entre una y otra, carteles y vitrinas habían perdido dignidad. Los diarios  titularon en tapa guerra feroz entre los gliptodontes.


El año pasado circuló la noticia que lo había invitado el MoMA de Nueva York a exponer. Este año, él mismo asegura que hará una gran muestra antológica en Paris, en el Centro Pompidou. Nadie se atreve a decirle que sus delirios son reconocidos por  críticos y galeristas. Y que los aceptan, como aceptaron olvidar que hace cinco años hizo una pequeña individual en el Centro Comunal de Villa Torcuato.


PÁGINA 25 – POESÍA AMERICANA

CAMILA CHARRY NORIEGA
(Bogotá-Colombia)

SECRETOS

Yo guardo secretos, madre,
que me matan
esta fugacidad
es una manera de nombrarlos:
tanto deseo de todo
y la nada ya tan dentro.

ORIGEN

Será esta noche,
duelo limpio de carne
los hombres vendrán desde el olvido
a remover abismos y difuntos.
Correrán más veloces las aguas
y el cielo arderá como una única estrella
expandida líquida y quieta.
Será más feliz alguien
y algún remordimiento
abrirá a la mañana grietas
por donde escurrirán flamantes soles.
Nosotros nos cansaremos de palabras y de intentos
volveremos al silencio
y cruzaremos despacio hacia la noche vieja.

ORILLA DE LA NOCHE

La orilla de la noche es arrasada
nadie entiende de los sueños.
Yo contemplo a través del silencio
otras orillas más distantes
yo brillo detrás de la bruma
vacía ya de mi cuerpo y su  lenguaje.
Desde otra noche que recuerdo en esta
corredores infinitos de luz como memoria
llegan  a los ojos.
En la pupila de este sueño
mi padre sonríe rodeado de soles
lleno de lágrimas como una nebulosa
 y yo corro y lo abrazo
lo abrazo
lo  abrazo…


PÁGINA 26 – ENSAYO

CARLOS FAJARDO FAJARDO
(Santiago de Cali-Colombia)

LA MAQUINARIA DE CULPABILIDAD

No existe algo que sorprenda más que la identificación de las mayorías con el magnetismo del dirigente histriónico autoritario. Tanta es su atracción que a los fanáticos les tiene sin cuidado las consecuencias éticas, aun cuando sean ellos mismos víctimas de las persecuciones por parte de su idolatrado jefe. La asunción de cierta ley superior sorprende en estos individuos por su deliciosa crudeza. De esta forma, el éxito de los proyectos dictatoriales queda garantizado, pues, por una parte, estos ciudadanos viven convencidos de hacer parte del poder, o de ser importantes en las decisiones gubernamentales; por otra, cualquier acción del régimen, así sea arbitraria se justifica, gracias a la confianza en sus “responsabilidades públicas”.
Bajo dichos regímenes, el progresivo y sistemático silenciamiento del opositor se nota menos, debido a ciertos procedimientos aceptados como legales. Al rival se le silencia con métodos “democráticos” que cumplen el simulacro del debido proceso. He aquí el juego hábil y nada limpio del audaz hechizador de multitudes: aplicar al oponente el método de “culpabilidad por asociación”, cuya consecuencia, en palabras de Hannah Arendt, es que “tan pronto como un hombre es acusado, sus antiguos amigos se transforman inmediatamente en sus más feroces enemigos; para salvar sus propias pieles proporcionan información voluntariamente y se apresuran a formular denuncias que corroboran las pruebas inexistentes contra él. Este, obviamente, es el único camino de probar que son merecedores de confianza”.
Nos encontramos entonces con una seductora maquinaria cuya función es hacer que la sociedad civil acepte los golpes sin mayor queja alguna. Una maquinaria de control desde adentro, de fidelidad y obediencia, “que tritura los sueños” como se lee en un verso de Salvatore Quasimodo. Bajo esta atmósfera, los ciudadanos aprueban la judicialización y criminalización de la vida cotidiana, hasta ver justa aquella monstruosa sentencia pronunciada en el cuento la colonia penitenciaria de Franz Kafka: “la culpa es siempre indudable”. De manera que todos estamos destinados a que se nos condene, bien sea por Dios, la patria, la familia, la escuela o el Estado. Esto se observa cuando entra en funcionamiento el autocastigo y la autoculpabilidad: el implicado siente que, por mandatos supremos, debe sentirse culpable sin serlo. El recurso retórico que lleva a la mayoría a considerarse culpable, es una de las mejores estrategias de los regímenes autoritarios para perpetuarse en el poder. La culpabilidad colectiva exonera de todo juicio a los verdaderos responsables de los horrores históricos. Su insistencia y repetición mediática anula la posibilidad crítica de los ciudadanos, atomiza al pueblo, invita a la expulsión de los no creyentes. La mentira crece y se transforma en agua sacramental para la limpieza de los herejes. Es un discurso retórico frenético, monotemático donde el terrorismo, el narcotráfico, la corrupción, el paramilitarismo, son los platos rotos que debemos pagar todos por tener la marca de la no inocencia. La dignidad, el respeto y valor de un pueblo quedan humillados por esta retórica morbosa y siniestra.
La actitud cínica de culpabilizarnos a todos de los horrores del mundo – y por ende de criminalizarnos en masa- alimenta discursos fanáticos de muerte y exterminio. Si todos somos culpables todos debemos pagar y morir por ello. Las intenciones son visibles: justificar las acciones de un terror tanto simbólico como real; legitimar el ocultamiento de la verdad, llevando la falsedad a sus más espeluznantes extremos; hacer de la mentira un valor intercambiable y usable según las circunstancias; indultar a los camuflados verdugos. Seducidos por dicha factoría, no sólo caen “las mayorías silenciosas”, sino también buena parte de los creadores e intelectuales activos. De vigías atentos y críticos ante las desavenencias de su época, pasan a ser actores de la farsa. De esta manera, el poder comienza a sustituir “invariablemente a todos los talentos de primera fila, sean cuales fueren sus simpatías, por aquellos fanáticos y chiflados cuya falta de inteligencia y de creatividad sigue siendo la mejor garantía de su lealtad” (Hannah Arendt).
Los resultados son desastrosos. Se pone en línea y en red una emocracia irreflexiva, peligrosa y sectaria, alimentada por la efervescencia mediática. Por lo tanto, la maquinaria de culpabilidad no sólo produce intimidación y dulce aceptación del castigo, sino también una sensiblería acrítica, temperamental, inmediatista, de llanto extremo, que en el fondo da legalidad a las vejaciones. La emocracia irreflexiva y sentimentaloide no conduce a otra cosa sino a la identificación de las masas con las normas de las tiranías, justificando las formas del terror disfrazadas de lágrimas. De manera que publicidad y terror se unen como algo necesario para defender las instituciones. Basta sólo ver como se aprovecha políticamente la emotividad de la víctima y de sus familiares para darnos cuenta que, detrás de todo este show doctrinal, existe la intención de des-responsabilizar a los verdaderos culpables y culpabilizarnos a casi todos. Así opera la maquinaria de culpabilidad. Tras ella se escudan verdugos y víctimas. Los primeros como sujetos que cometen sus crímenes obedeciendo órdenes superiores, lo que comprueba su inocencia; y los segundos que, al pagar justos por pecadores, son convertidos en motivo de lástima, caridad, compasión, remordimiento, lo cual “culpabiliza” a toda la sociedad. Con ello se garantiza que los ciudadanos acepten la culpa como una perversa y dulce guillotina, pues ésta “es siempre indudable”.


PÁGINA 27 – CUENTO

ALEJANDRO BOVINO MACIEL
(Corrientes-Argentina)

ESTÉTICA  DEMOSTRADA  MORE COSMÉTICUM  EN LA PELUQUERÍA
“KIKA” DE  MATILDE. (fragmento novela La Siesta) 

Ortensia: (Bajo el casco de un viejo secador de pelo) Al final yo no sé qué soñé anoche pero la Artemia apareció de repente como una fantasma; se ve me quedó la idea de lo que dijo ese tarambana que vino la otra vez, ¿te recordás, Matilde? ¿El que dijo que la Artemia murió?
Mati: Sí mi reina, no sé nomás si era tan tarado como vos decís, yo me quedé pensando en lo que dijo.
Elva: Puras pavadas.
Solange: (Un travesti que se hace las tinturas con Mati) ¿Qué dijo, qué dijo?
Elva: Vino a contar una sarta de mentiras y estas locas le creyeron.
Solange: ¿Qué contó?
Ortensia: Dijo que lo que lo que cuentan los diarios son como las partes de un cuerpo.
Solange: No entiendo, ¿qué cuerpo?
Elva: Un cadáver todo destrozado y que nosotros en nuestra cabeza armamos un muerto distinto cada una.
Solange: ¿Cómo? A ver, chicas, me parece que estaban tomadas o hablaron con el funebrero.
Ortensia: Yo no tomo ni una gota de alcohol, querida. Soy asténica.
Elva: Abstemia.
Ortensia: No, Artemia es la vecina mi reina, yo no tomo bebidas alcohólicas porque el doctor me prohibió. Y después ese fulano dijo que él era medio pariente de la parte que no era de Artemia, hablando de Roma.
Solange: ¿Cómo que era de la parte que no era de Roma? ¿Era o no era? No se puede ser y no ser al mismo tiempo.
Ortensia: Sí que se puede sin ir más lejos vos sos y no sos.
Solange: Yo soy mi querida.
Ortensia: Mi marido dice que los travestis son y no son mujeres, son y no son hombres.
Solange: Yo soy lo que soy y basta de hablar de mí, ¿qué más dijo ese fulano?
Elva: ¡Y ya te dijimos que hablaba pavadas!
Mati: No es así, yo te explico Solange. El hombre vino a preguntar dónde quedaba la casa de Artemia, la adivina te voy a decir, que vive ahí enfrente y Elva le preguntó si era pariente de Artemia.
Solange: ¿Y él le dijo que era y no era de Roma?
Mati: No, Roma no tiene nada que ver, lo que dijo es que en Creta había una mujer que tenía relaciones con un toro.
Solange: Ah, él no era de Roma sino de Creta era griego entonces.
Mati: No. Esos eran ejemplos que ponía nomás te digo. Quería explicar que las cosas no son lo que parecen por eso comparó con un cadáver todo lo que va pasando, esto mismo ayé, esto que te queremos contar las tres por ejemplo, cada una te cuenta una parte, yo te conté cómo era la pierna, Elva te dijo lo que vio de la cabeza, Ortensia la espalda y si vos querés armar el cuerpo entero vas a tener otra imagen y a lo mejor el cuerpo real ni siquiera se parece a ninguno de esos retratos que hicimos.
Solange: Me van a volver loca catú. ¿De qué cadáver me hablás?
Elva: Del arte mi vida. Del arte.
 
*
Alecito está durmiendo per esa mochacha que viene todo lo día pregunta por él, hace como do hora está en la vedera parada como la policía y diz que no se va a mover hasta que Alecito le vea.
¿Ves querida Sacramento que abuela me pedía atender las cosas de la tierra antes que el cielo? Aquí  dejó escrito claramente como si hubiese vivido nuestro tiempo. Ella sabía que del cielo no se puede esperar nada y yo me empecinaba en buscar las respuestas donde sólo hay preguntas mientras don Lucho, los mudos y los ciegos me esquilmaban la hacienda; haciendo una limpieza administrativa devolvimos la encomienda de la tierra. La Pacha Mama dice gracias y los desgraciados ahora andan de estancia en estancia buscando conchabo y hablando pestes de mí en vez de agradecer que no los haya denunciado.
No entienda Señoa.
Cuando te explico me hablo, mi querida, no me hagas caso lo cierto es que el trabajo me está haciendo recobrar confianza ya empiezo a sacarle los secretos a las vacas mudas, al maíz, al forraje. La maquinaria agrícola estaba avejentada pero vendí las chucherías que había urraqueado en tiempos en que me creía una princesa, ¿para qué necesita un collar de perlas tres vueltas una campesina? Ni qué decir las esmeraldas y las ajorcas de oro, collares, aros y cuanta joyería me habían dejado las antepasadas todo fue a parar al banco y las pulseras de dijes se convirtieron en cosechadoras el collar tres vueltas en tractor de tres ejes la lágrima de brillante en una bomba de agua que cuando venga la sequía será más brillante un chorro de agua que una gema que se ostenta en fiestas, yo ya no estoy para jolgorios, se apagó la luz mi vida y tenemos que arremangarnos, qué digo si vos siempre estuviste en el frente de batalla yo soy la que dejé de hacerme ilusiones celestiales y bajé a la tierra para ayudarte a sudar. Prepará mate que ya salimos de nuevo a “La Enamorada” que ahora nos ama después de tantos años de abandono.
¿Qué le digo a la mochacha Señoa?
Que espere si está enamorada que espere como esperó La Enamorada más de veinte años aunque conociendo a mi hijo yo no le daría más esperanzas que amor, podrías decirle que Alejandro no tiene corazón que  está vacío y da manotazos de ahogado tratando de salvarse en un espejo pero la mochacha seguramente no nos va a creer porque no hay nada como el enamoramiento para apagar la razón de la gente.


PÁGINA 28 – POESÍA ALLENDE EL MAR

FLAVIA COSMA
(Oradea-Rumania)

EN LA MAÑANA

El ruido del tren irrumpe en la casa
a través de la ventana abierta.
El tumulto del mundo
repercute  en el cuarto.
Con su vestido negro, mi abuela aparece,
teniendo en sus manos quemadas
la casa con todas su cosas adentro,
el equilibrio frágil,
y nuestras jóvenes vidas, apuradas.

Sobre ramas rojizas, con voz quebrada,
canta el pájaro, alegremente.
El calor plácido del verano se retrasa,
no se aparta  aún.

De esta manera volvemos a nuestra niñez,
por sus caminos misteriosos,
de esta manera se acerca ya el invierno,
por los senderos inexplorados del cielo.

EL CUERPO DE LA LUNA

Sobre el río profundo
flotaba un dulce perfume,
una fragancia salvaje, oscura,
brotaba del pecho de la luna
inclinándose hacia nosotros.

De vez en cuando, iluminando
el vientre desnudo del río
y como apartado de los vivos:
tu rostro.

EL FIN DEL MUNDO

Parece que el fin del mundo está cerca
cuando miles de pájaros
caen debajo del cielo,
la carga sedosa cubre la tierra
con un tapiz velloso, una joya fúnebre.

Ejércitos de insectos pecosos y de largo pelaje
han invadido unos jóvenes árboles
haciendo túneles a través de cortezas hasta el corazón de ellos,
mandibulas presurosas penetran en la carne viva;
los bosques  agotados se marchitan y mueren.

Los hombres ricos se copian sus rostros,
quimeras clónicas se  construyen desde el polvo;
niños no-nacidos del vientre de una mujer,
desde tubos de ensayos blancos
acechan impacientes.

Diciembre, Enero, Febrero,
otro año pasa en tres meses;
amarguras ajenas se pegan a mi vestido,
el espanto recorre todos mis poros, como un suspiro,
puntos de interrogación
se clavan en mi frente
como una roja corona de espinas.


PÁGINA 29 – ENSAYO

SILVIA DELGADO FUENTES
(Sopelana-Euskal Herria)

MUJER, POESIA Y DESORDEN

Es la mujer la que duerme los sueños del niño recién parido, la que los amamanta nombrándolos a cada paso, entre canciones y arrullos, entre risas y amor abre al niño las puertas de un mundo hecho de voces y palabras.
Esta relación de intimidad, de profunda unión entre la mujer, la palabra y la vida, se hace añicos con el tiempo.
Aunque ha sido la mujer la que ha sembrado la imaginación al hombre que hoy escribe, se encuentra despojada de su voz, apartada del camino, como si ese hombre nunca hubiera sido niño y nunca hubiera descubierto, a través de la mirada de una mujer, el universo.
La palabra comienza así su caminar torcido.

*
Ella sale de nuestros úteros, viva, ensangrentada, llena de huesos y de raíces para después crecer en tierra extranjera, en patrias que no son neutras. Nosotras la buscamos con audacia en los infiernos y en los paraísos porque no aceptamos el sacrificio de tenerla alejada, de quedarnos deshabitadas y soñamos con traerla de nuevo a nuestros pechos, como al principio.
Por eso la mujer que escribe, que opta por explicar el mundo con su caligrafía inicia el oficio con las manos vacías y trabaja lentamente rehabilitando una a una cada letra.
Por eso, la mujer que escribe poesía se encuentra sobre arenas movedizas, en una geografía que no reconoce su existencia, que no valida la legitimidad de sus protestas, se encuentra una vez más desahuciada, sola, estrellando su voz contra los cristales. Arrastra soledades pretéritas pero también la soledad de ser poeta en una tierra que bosteza si escucha la voz de las mujeres poetas que se revelan.
Ejercemos nuestro oficio sin perder de vista que una vez y otra vez el olvido se incrusta en nuestros versos y a pesar de tener esto presente, continuamos en esta lucha múltiple, con varios frentes abiertos; el de ser mujer con la palabra expropiada, el de ser poetas, el de vivir en una sociedad necesitada hoy más que nunca de poemas en pie de guerra.
Y continuamos, verso a verso, sin bajar la voz ni el canto.
Continuamos verso a verso caminando con los puños y los dientes apretados, en solitario.
Inundamos el presente con poemas que desafían el orden, que señalan la gangrena del sistema, su feroz violencia. Tenemos mucho que decir, mucho aire por respirar, mucha queja por apuntalar.
Somos mujeres, poetas del desorden, y entre el plomo, el fango, las calaveras, vamos nutriendo la historia.


PÁGINA 30 – CUENTO

GRACIELA MITRE
(Rosario-Santa Fe-Argentina)

CON LUZ TAMBIÉN SE MUERE

“Podemos tener las luces encendidas y
sentirnos apagados por dentro”
B.Yoshimoto

Después que murió papá empecé a necesitar de la luz de otra forma, a modo de compañía o de protección. Siento que cuando me suceden estas cosas es porque se produjo en mí un retroceso. Precisamente cuando éramos chicos y no podíamos dormir, mi hermano y yo les pedíamos a nuestros padres mantener la luz encendida como forma de protegernos o de salvarnos.   
Desde que llegamos al mundo la luz está, la mujer da a luz y el niño la ve y cierra fuertemente los ojos para evitar encandilarse. La luz lo embiste como presagio de lo que vendrá.
Todo es distinto con luz, aun los rincones solitarios y cubiertos de basura  resultan ser otra cosa o lo parecen. En una época, él y yo, nos cobijábamos en la oscuridad, era el momento propicio para el ensayo de caricias y de besos. Con el correr del tiempo preferí la luz. Los ojos delatan pasiones impensadas.
Pero no todas las luces son iguales, las mortecinas, por ejemplo, suelen darme pavor, son como luces hablando en voz baja, en sepia, anticipando un hecho que no ha llegado pero que ni bien se apaguen, vendrá.
Prefiero en cambio las de colores, aquellas que colgaban en el patio del colegio los días de kermés. Desde lejos anticipaban la alegría, los juegos, el encuentro, las corridas por el patio amplio de baldosas rojas. Nos quedábamos hasta lo último cuando la música y el jolgorio del patio terminaba y las guirnaldas y globos se apagaban degollados sobre las columnas blancas de las galerías de la escuela. Esa misma sensación tengo hoy cuando voy al teatro y la función llega al final y nos vamos todos en silencio por los distintos corredores de la sala, embuídos  en un mundo ajeno a la obra. 
Recuerdo estar yendo a lo de mi papá y encontrarlo sentado en la oscuridad, con los brazos cruzados, en una habitación sin ninguna hendidura por donde pudiese pasar la luz  proveniente de alguna otra dependencia de la casa. Siempre pensábamos que en  momentos así, él no hacía nada pero tal vez lo hacía. Apoltronado en su sillón favorito le pedía que viniera conmigo, que saliera de ese lugar. Con el tiempo me di cuenta que era su mundo y evité insistir.
En mi casa en cambio, cuando me preparo para dormir y antes de llegar a mi cuarto la luz ya está encendida, entonces me digo “nada va a pasar”. Sé que mi desaforada voz interior es cauta cuando la oscuridad la desprotege.  
¿Quién puede asomar en la oscuridad cuando no hay nadie más que uno? me pregunto cada
vez que debo cruzar un largo trecho a oscuras. Y me interrogo de esta manera para conformarme y darme ánimo, porque presiento que el silencio y la oscuridad se conjugan de manera que aparezca un algo, rígidamente oculto entre el ruido de la calle y la luz del día.
No sé si cuando estoy en un lugar sin luz ese lugar es distinto o si la distinta soy yo.  
Me atrevo a decir que hasta el dolor cambia cuando hay luz. Enciendo la lámpara, me acurruco y de a poco ese algo imprevisto huye de mi cuerpo.
Es más, creo que la luz retarda a la muerte, que la muerte no es tan valerosa y arremete; al contrario, se agazapa, va a tientas por la noche buscando el cuerpo elegido donde alojarse.
Mi padre no murió a oscuras ni de noche. Era verano y soleado y el sol  estaba en su ventana. Nosotros teníamos la piel tibia de su propia tibieza. Sonrió un ratito antes. La luz vino a atenuar su partida. Apenas un manso quejido de gorrión herido, y se fue.


PÁGINA 31 – POESÍA ALLENDE EL MAR

LIA HADZOPOULOU KARAVIA
(Atenas-Grecia)

TUS LARGOS SILENCIOS

Tus largos silencios
me llevan a imaginarme atravesando
los salados desiertos de Afganistán
las estepas de Siberia
el cambiante Sahara
caminando sin rumbo
sólo porque parar significa morir.
Siempre adelante sin saber
si adelante no significa también muerte.
Así es como me imagino.
Pero el hecho es
que yo nunca he estado en Siberia
en el Sáhara o en Afganistán
y por tanto sólo conozco, de verdad,
tus largos silencios.

MATRICIDA

No. No como Orestes.
Sin el pretexto de ser un forastero
oriundo de Davlis de Fókida.
Declarando que nació aquí
que se crió aquí
y, sin embargo, un extraño que se dirige a una extraña
un desconocido a una desconocida.
Un matricida virtuoso
porque otros asesinan al padre por el trono
al hermano por los derechos a la herencia
– lejos de él tales pensamientos –
virtuoso porque él asesina en nombre de su virtud
tal vez aún en el del clero
y  encontrará – ya ha encontrado – testigos para defenderlo
Apolo y algunos otros
con inamovibles argumentos
No es madre la mujer así llamada por parir a un hijo
la así llamada madre simplemente hospedó la semilla en sus entrañas
extraña a un extraño.
Un matricida, más aún, sin hierro
solo con palabras de hierro, la más heladas.
No como Orestes.

MI JARDÍN

Cada mañana
en mi jardín los pájaros gorjean.
Despiertan en los árboles.
Despiertan los árboles.
¡Qué bueno! vosotros pensáis.

Pero mi casa está situada
en el medio de la ciudad
en el medio del mundo
lanzafuegos locos la sacuden
lanzados fumíferos pasan silbando
caen por veces dentro
por veces fuera del patio
tenemos miedo de las nubes –
hasta ayer las nubes eran ángeles,
Pegasos, benignos gigantes,
naves con las velas desplegadas.
Ahora la lluvia veneno.
Los árboles se cuerean muriendo.
Cada tarde mi jardín está lleno
de pajaritos muertos.


PÁGINA 32 – ENSAYO

PABLO NERUDA
(Chile-1904/1973)

UNA POESÍA SIN PUREZA

Es muy conveniente, en ciertas horas del día o de la noche, observar profundamente los objetos en descanso: las ruedas que han recorrido largas, polvorientas distancias, soportando grandes cargas vegetales o minerales, los sacos de las carbonerías, los barriles, las cestas, los mangos y asas de los instrumentos del carpintero. De ellos se desprende el contacto con el hombre y de la tierra como una lección para el torturado poeta lírico. Las superficies usadas, el gasto que las manos han infligido a las cosas, la atmósfera a menudo trágica y siempre patética de estos objetos, infunde una especie de atracción no despreciable hacia la realidad del mundo. La confusa impureza de los seres humanos se percibe en ellos, la agrupación, uso y desuso de los materiales, las huellas del pie y de los dedos, la constancia de una atmósfera humana inundando las cosas desde lo interno y lo externo. Así sea la poesía que buscamos, gastada como por un ácido por los deberes de la mano, penetrada por el sudor y el humo, oliente a orina y a azucena salpicada por las diversas profesiones que se ejercen dentro y fuera de la ley. Una poesía impura como traje, como un cuerpo, con manchas de nutrición, y actitudes vergonzosas, con arrugas, observaciones, sueños, vigilia, profecías, declaraciones de amor y de odio, bestias, sacudidas, idilios, creencias políticas, negaciones, dudas, afirmaciones, impuestos. La sagrada ley del madrigal y los decretos del tacto, olfato, gusto, vista, oído, el deseo de justicia, el deseo sexual, el ruido del océano, sin excluir deliberadamente nada, sin aceptar deliberadamente nada, la entrada en la profundidad de las cosas en un acto de arrebatado amor, y el producto poesía manchado de palomas digitales, con huellas de dientes y hielo, roído tal vez levemente por el sudor y el uso. Hasta alcanzar esa dulce superficie del instrumento tocado sin descanso, esa suavidad durísima de la madera manejada, del orgulloso hierro. La flor, el trigo, el agua tienen también esa consistencia especial, ese recurso de un magnífico acto. Y no olvidemos nunca la melancolía, el gastado sentimentalismo, perfectos frutos impuros de maravillosa calidad olvidada, dejados atrás por el frenético libresco: la luz de la luna, el cisne en el anochecer, “corazón mío” son sin duda lo poético elemental e imprescindible. Quien huye del mal gusto cae en el hielo.


IRMA BIGNON
(Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

LA JERGA EN LA LENGUA FRANCESA

Sobre la pista de las palabras

      El empleo de las palabras para expresar las ideas pertenecen sólo al hombre. El lenguaje es una enorme madeja en movimiento, en tiempo y espacio, que hay que saber desenredar. A veces, el viento se las lleva. Pero el hombre las recoje, las junta, las cambia, las ajusta o las rechaza; o directamente las adopta. Las lenguas pertenecen a  la historia de la humanidad.
      La jerga, esa lengua críptica de ciertos grupos y de determinados oficios, es en Francia muy antigua. Ella nace en la Edad Media.
      La literatura medieval se presentaba como un habla regional popular llamada patois, usado por una población poco numerosa y  por lo general rural, cuya cultura y nivel de civilización eran juzgados como inferiores por aquéllos que empleaban la lengua común, tratando de mantener distancia por considerarlo un lenguaje incorrecto e incomprensible.
      Ahora bien. Esa lengua tenía un encanto sutil, inimitable que la lectura en voz alta iluminaba y la hacía deliciosamente sonora. Eran textos de lectura para escuchar. Constituyeron el viático cultural de los juglares que se sabían las letras de memoria, incluyéndolas en sus cantares.
      La palabra patois vendría del antigo francés, del verbo “patoier” que significaba agitar las manos, gesticular. Esta etimología nos permite comprender  la connotación peyorativa que implicaba este término: se hablaba patois cuando no alcanzaban los gestos para expresarse.
      Cierta aristocracia de antaño empleaba esta jerga para demostrar su afabilidad protectora a aquellos a  quienes  se les llamaba insolentemente “la pequeña gente”.
      Por otra parte, el término patois fue aplicado por otras lenguas para designar una forma local de expresión, sin concepción despreciativa.
      El argot es una lengua críptica de malhechores que los francese llamaban “la lengua verde”. En su origen la palabra argot designaba el mundo de los pordioseros, luego el de los bohemios y por último , la jerga de los ladrones.
      El primer texto francés enteramente centrado en la historia de este lenguaje se publica en Lyon en 1596, en lo de Jean Jullieron. Se titula “La vida generosa de los pordioseros y los bohemios” firmado: Pechon de Ruby. Y en 1630 aparece el primer diccionario: “Jerga o lenguaje sobre el argot  reformado” de Ollivier Chereau.
      Según el lingüista especializado Gaston Esnault “el argot es el conjunto oral de las palabras no técnicas que satisfacen a un grupo social”. Publica en 1965, “Diccionario histórico de los argots franceses”.
      Numerosos son los vocablos que vienen del argot y se introducen en el lenguaje corriente, alimentando cotidianamente las fuentes populares.
      Hoy no existe un argot, sino muchos argots. Está el argot parisino, el argot escolar, el deportivo, el militar; el de los diferentes oficios, el de los carniceros, de los tipógrafos, el que se habla en las cárceles,  el de los profesionales. Esta manera de hablar ha ido  creciendo y cada barrio parisino tiene la propia.
      En este apasionante e interminable estudio de las palabras existen también neologismos ricos que las transforman o las deforman: Panam por Paris, parigot por parisino, fromentor por fromage (queso).
      El verlan es un procedimiento argótico antiguo que se ha ido desarrollando en el argot convencional parisino. Consiste en invertir las sílabas de ciertas palabras como “féca” en vez de café, “tromé” en vez de métro, “gotar” en lugar de argot. También se usa la apócope (supresión de letras al final de un vocablo) : “pet” por petardo, “tox” por toxicómano. Y la aféresis (supresión de letras al principio de un vocablo): “blem” por problema, “sic” por música.
      Victor Hugo solía decir que cuando caminaba por las calles de Paris  oyendo las conversaciones de los peatones,  aprendía  a  hablar  argot  - “á rouscailler bigorne”- que significa “a protestar por demás” –  agregando – “que es lo que siempre me ocurre”.    
      Hoy, el argot es una lengua común y familiar, quizá impuesta para escapar del perfeccionismo en el habla, intaurado por la sociedad: “flic” es policía, “bagnole”es auto, “100 balles” son 100 Euros, “boulot” es trabajo, “fric” dinero, “con” tonto, lelo.
      Además de una abundante producción lexicográfica, la literatura ha contribuído  en difundir “la lengua verde” como se decía antaño. Por dar unos ejemplos: “Ensayo sobre el argot” Ediciones Jeune Parque 1843; “El argot del siglo XX” de Aristide Bruant Ed. Denoël 1901; “La vida extraña del argot” Ed. Denoël 1931; “Guía del francés familiar” de Claude Duneton Ed. Seuil 2004; “El argot del bistró” de Robert Giraud Ed. La Table Ronde 2010 y una infinidad de títulos más.
      Lo que sorprende es que un país con una lengua tan rica , que ocupa y fascina  a todos los letrados del mundo, tenga un habla popular tan abundante, tan especial  tan importante.
      El argot renace y se renueva constantemente. Continúa existiendo en  la calle, en los hogares, en las novelas, en las series televisivas, en los diálogos de los films, en las canciones, en los sketches cómicos de la radio.
      Los CD con sus grabaciones se alínean en un muy largo estante. Es el atardecer. El sol va desapareciendo. No se oye más que el silencio, el volar de algunos pájaros que pasan  muy alto en el cielo. Tal vez un lejano eco. Pero se escucha  muy claro, el  susurro de las palabras.



Todos los textos, fotografías o ilustraciones que integran el presente número son Copyright de sus respectivos propietarios, como así también, responsabilidad de los mismos las opiniones contenidas en los artículos firmados. Gaceta Literaria solamente procede a reproducirlos atento a su gestión como agente cultural interesado en valorar, difundir y promover las creaciones artísticas de sus contemporáneos


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