Reconocimiento Nacional a GACETA VIRTUAL

Reconocimiento Nacional a GACETA VIRTUAL
Feria del Libro Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Año 2012

Rediseñada para ofrecer una mayor difusión de la escritura en castellano.

Dirección: Norma Segades - Manias
directoragaceta@gmail.com

GACETA LITERARIA Nº 70– Septiembre de 2012– Año VI – Nº 9


Imágenes: BEAUTIFUL WORLD

PÁGINA 1 – REFLEXIONES

EDUARDO GALEANO
(Montevideo-Uruguay)

HUELLAS

Una pareja venía caminando por la sabana, en el oriente del África, mientras nacía la estación de las lluvias. Aquella mujer y aquel hombre todavía se parecían bastante a los monos, la verdad sea dicha, aunque ya andaban erguidos y no ten ían rabo.
Un volcán cercano, ahora llamado Sadiman, estaba echando cenizas por la boca. El cenizal guardó los pasos de la pareja, desde aquel tiempo, a través de todos los tiempos. Bajo el manto gris han quedado, intactas, las huellas. Y esos pies nos dicen, ahora, que aquella Eva y aquel Adán venían caminando juntos, cuando a cierta altura ella se detuvo, se desvió y caminó unos pasos por su cuenta. Después, volvió al camino compartido.
Las huellas humanas más antiguas han dejado la marca de una duda.
Algunos añitos han pasado. La duda sigue.
 



PÁGINA 2 – CUENTO

CARMEN ROSA BARRERE.  
(Montecarlo–Misiones-Argentina)   

COMPAÑEROS DE VIAJE.

-¿Cuántos millones de gente dijiste que éramos?
-Los que anotaste el mes pasado, querida…más los recién nacidos. El hombre revuelve  el café, distraído. Los ojos se le obstinan recorriendo las colinas, repasando  verdes y laderas que  conoce de memoria. Impulso instalado desde la pérdida del hijo, al que acude para que el tiempo de sorber el café se acorte. Necesita apartar el dolor de ver a su mujer ausente  del mundo real. Alojada dentro de un espacio de incógnitas, donde se repite la misma pregunta: ¿Porqué a mí?
La joven mujer teje mecánicamente. Los dedos se deslizan por las agujas, tensos, como cables. Cuando él se incorpora del asiento y abre la puerta, ella revive persiguiendo una mariposa amarilla que se cuela por la hendija.
-Parece que hay isocas.-comenta sin mirarlo y sin esperar respuesta.
Retoma velozmente su labor. Tal vez si continúa tejiendo desde el amanecer como lo hace desde hace ocho años, cuando regresó del hospital con las manos vacías y enojada con Dios, todos los recién nacidos del mundo tendrán su abrigo. Remata con cuidado el extremo de la manga de la batita rosa, alisa con suavidad la prenda y frota con ella su mejilla húmeda. Se dirige a la habitación del fondo; apiladas contra las paredes, bolsas celestes y rosas contienen ajuares completos para los bebés que inventan sus desvaríos. Una cuna blanca anida a un osito solitario que mira hacia la entrada del cuarto, como esperando. En el piso, una diminuta bacinilla azul; un elefante con aretes de oro; cortinas con duendecillos de musculosas rojas y un ángel dorado que se balancea esperanzado desde el techo. Abstraída, la  joven sortea la cuna y escoge un nuevo ovillo de lana. Mide a ojo el grosor de las agujas y de nuevo sentada en su viejo sillón se mece por un instante, acunando imágenes. Reacciona.  Si no se entretiene, seguro que pronto ningún recién nacido del mundo pasará frío.

Afuera, el marido consigue sacar de la pereza a su camioneta. Cada mañana, la misma sensación: compulsivos ataques de ternura, mezclados con la urgencia de ponerse en marcha. A esa hora, lo aguarda una ruta despejada, invadida por la pureza del aire campesino. Respira  hondo para recuperarse y acomoda  el almohadón del asiento del acompañante. La angustia que no se quita y la sombra de un niño sentado a su lado serán sus únicos compañeros de viaje.


PÁGINA 3 – NUESTRA POESÍA

MARÍA DEL CARMEN VILLAVERDE
(Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

MÁRTIRES DE HOY

Palomas despedidas
de la historia,
soliloquios de sueños
trasnochados,
casi sin comenzar el camino.

Sonido y luz
en el amanecer
de la esperanza
y de la risa.

Oscuro ocaso
Con todas
las preguntas,
sin entender,
sin ser,
sin nada…

¡ Niños de hoy!
mártires de una
sociedad vacía
enferma
hecha pedazos…

¡Niños de hoy!,
¡si todos
estrechásemos  las manos
para evitar el duelo!


PÁGINA 4 – ENSAYO

ALDO LUIS NOVELLI
(Neuquén-Neuquén-Argentina)

PASO
(del latín páscae, que a su vez proviene del griego πάσχα (pasja), una adaptación del hebreo פסח (pésaj)).

El tipo entró a Jerusalén caminando en un domingo rojo, atravesó la puerta dorada con ropas raídas y expresión de bondad, llevando un borrico salvaje y a su paso algunos se reunieron gritando "Hosanna" y levantando la vista al cielo. Entonces se junto con 12 amigos y salió a contar la bue...na nueva a la gente, gente perversa y materialista que se mataba por la usura del dinero, los bienes y la riqueza y adoraban un becerro de oro.

Esto molestó a los poderosos que lo arrestaron y lo llevaron al palacio del sumo sacerdote Caifás que lo declaró culpable de blasfemia y lo entregó a los romanos, allí Poncio Pilato, el prefecto-procurador romano lo condenó a flagelación y muerte en la cruz bajo el cargo de SEDICIÓN.

Entonces el tipo se reunió con sus amigos para prepararse para la muerte en la última cena y les dijo: "coman el pan y beban la copa de vino como si fueran mi cuerpo y mi sangre derramada", y luego se levanta y lava los pies de sus discípulos como un acto de suprema humildad. Al día siguiente cargando su propia cruz y azotado por los soldados es llevado al monte Gólgota (lugar del cráneo) para su cruxificción.

Antes de morir el tipo dijo: "Eloí, Eloí, lamá sabactani".

El primer día de la semana, fueron las mujeres al sepulcro, llevando los perfumes que habían preparado. Pero la piedra que cerraba el sepulcro había sido removida, y al entrar no encontraron el cuerpo del tipo. Y dos figuras fulgurantes les dijeron: "¿Por qué buscan entre los muertos al que vive? No está aquí. Resucitó".

Eso cuenta una leyenda de hace más de 2.000 años. Pero los hombres tienen mala memoria y han olvidado a ese hombre, y otros avivados usurparon su lugar, construyeron lujosos edificios para honrarlo malamente y la gente olvidadiza y crédula les creyó y la humanidad perversa y materialista nuevamente está orando al becerro de oro.


PÁGINA 5 – CUENTO

SAID JEDIDI
(Tetuán-Marruecos)

DUELO IMPRECATIVO
Primer capítulo de su novela “Adulterio Biológico”

Muchos afirmaban que estaba escrito. Con una viva y legitima emoción, él lo negaba hasta la asfixia, explicando que lo suyo era la misma historia pero contada en/con  mil versiones y acentos.

Él estaba acostumbrado. Se suicidaba prácticamente una vez por semana. Conocía de memoria los pasillos de aquél hospital de Saniat R’mel del que se salía peor que cuando se entraba y que da la impresión de una conspiración de los sanos contra los enfermos.

Cuando se le preguntaba su opinión sobre los partidos políticos nacionales y su papel en el desarrollo del Norte de Marruecos solía responder parafraseando a Teodoro Fontani, “cuantos gallos creen que el sol sale gracias a sus cacareos”.

¡Verdad cándida!

Sin intención de vehicular sensaciones furtivas, al pedirle su valoración en torno a la “Primavera Árabe” marcaba siempre una elegante pausa antes de responder con un enigmático: “El conde de Rochild tenía razón: ‘si veis derramarse sangre, invertid en el dominio inmobiliario’”.

Se  negaba amable pero rotundamente a evaluar el camino desde la independencia del país en 1956, limitándose a revelar con un irónico y cómplice: “el diablo se oculta en las cifras”. Pero, eso sí, nunca disimulaba su perplejidad cuando no, su irritación, cuando veía en la televisión estatal y en las demás televisiones del país que el norte nunca figura en las conmemoraciones del aniversario de la independencia. 

Con una expresión desplazada e intemporal comentaba: “Como si no tuviéramos nuestra historia propia”. “Por eso nuestras calles se llaman con personajes que marcaron la lucha contra la presencia colonial francesa. Como si aquí nunca ha habido ‘héroes”.

Sin embargo, se reía hasta la asfixia cuando pensaba que la parte de Marruecos bajo el protectorado francés “fue la única en el mundo y en la historia de la civilización que lo era por un colonizador colonizado”.

Ellos estaban en Rabat y en Casablanca y los alemanes en París y en Lyon”.

“Un peligroso precedente”, recalcaba, precisando “los hay que no les interesa forjar una identidad prefiriendo hacer del menor indicio una cabal y elocuente prueba”.

Una mentira mil veces repetida, como afirmaba Joseph Goebbels,  se convierte en una verdad o por lo menos en una realidad… impuesta.

Más de medio siglo después seguía sin entender por qué a nadie le interesa la dimensión pedagógica de los sermones ideológicos o éticos. “Paul Valery tenía razón: ‘Un hecho más observado es mas pérfido que un mal razonamiento”.

Era una manera muy suya de resignarse.

De la manera más infame creía que la base de todo lo que le inculcaron es muy dudosa, aberrante el argumento y en esta lógica de sospecha rechazaba con las pocas fuerzas que le quedaban lo que otros creían ser un himno a la pasión, negando a aceptar como los demás lo que calificaba de complicidad complaciente.

Era una referencia… su referencia, casi una reverencia.


PÁGINA 6 – NUESTRA POESÍA

JORGE ISAÍAS
(Los Quirquinchos-Santa Fe-Argentina)

ERA EL TIEMPO

Era el tiempo
en que la luna caía
degollada en los brocales
cuando guardé mi llanto
en aquel cuarto
que olía a azahares, a naftalina
y a cáscaras de naranjas secas.
Era el tiempo
en que los niños
existían como ángeles
o fantasmas quietos
o dormidos
y los grandes se secaban el vino
de los labios con la manga del saco
y cantaban esas canciones
donde siempre una novia italiana esperaba
y sin embargo sonreían sin llanto
aunque la voz se les quebrara
como una rama seca.


PÁGINA 7 – ENSAYO

MIGUEL ANGEL GAVILAN
(Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

KATHERINE MANSFIELD

Bastará un minuto para que Laura sepa cómo desluce un sombrero de cintas y una canasta con manjares ante el rostro de un muerto joven. Será después de la reunión, cuando los músicos, dispersos entre los atriles como penachos verdes, se retiren con el sol y el descanso.

Como en cualquier iniciación, después del placer sucede el dolor del sacrificio. Laura, vestida aún con las ropas de la ceremonia (su Garden-parthy), cruzará el barrio pobre que desconoce, entrará en el pasillo donde velan al muchacho lo mismo que en un pozo (un pozo detrás del jardín), y hará el ridículo ante las lágrimas de la viuda. Finalmente, defraudada con ella y con la vanidad del sector social al que pertenecerá para siempre, huirá por la mentira, pensando que esa no es la vida, que aún hay otra, negada, bruscamente feliz.

“Garden-parthy” es uno de los relatos más notables que se haya escrito en lengua inglesa. Desde su aparente superficialidad, retrata la hipocresía con una precisión incómoda. En uso de una prosa agilizada a través de diálogos triviales referidos a una reunión campestre (esa ceremonia que confirma, sin embargo, la existencia humana), del registro de situaciones cotidianas que se validan con el resultado final (el notable Garden-parthy de una familia notable), y de la voz narradora que maneja pasajes descriptivos muy bien graduados, para nada agobiantes, nos sitúa en el despertar del dolor. Éste acontecerá sorpresivo pero ineludible. Una mancha en la vida de Laura que supera cualquier amor.

Alguien comparó a Katherine, la autora, con Laura, la protagonista del texto. Se dijo que era callada como un curso de agua, que el padre trató por todos los medios de doblegar su afán libertario, que penó como nadie la maldad inocente de quien ha nacido rico.

Katherine Mansfield, a pesar de muchos desengaños, amó profundamente la vida. Cada momento fue una oportunidad para gozar de sus armas. Los paisajes solariegos; Italia donde huyó con una mujer para preservar su amor; un hombre al que también quiso, sin entender del todo que la grosería del machismo no era más que temor desencadenado.

Murió de tuberculosis a los 45 años. Nos dejó una fiesta.


PÁGINA 8 – CUENTO

NÉSTOR FIDEL PANSERI CABELLO
(Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Argentina)

LAS HERMANAS LAFONTÉ

Esta noche, en que ni siquiera la luna se anima a dar claridad a mis pensamientos, escribo por vez primera sobre Adela y Elsa.
Recuerdo que fue un diciembre muy frío en París.
Durante aquellos días, la ciudad había estado siendo azotada por una impiadosa borrasca. El viento y la nieve habían hecho estragos y, junto a la desmoronada hojarasca, la mayoría de las vetustas cañerías de Montmatre se habían bloqueado.
Yo era fontanero, uno bueno realmente, mas nunca antes había tenido tanto trabajo como en ese invierno.
Desesperados los vecinos reclamaban noche y día por mis habilidades, a todos atendí con la responsabilidad que me caracterizaba y con la premura que el clima permitía. Fue entonces que la tarde de noche buena a pesar del carácter festivo del día, dejé de lado mi descanso y me apersoné en la casa de las hermanas Lafonté.
No pude hacer en esa corta jornada todos los arreglos que eran requeridos pero al menos hice funcionar provisoriamente la bomba de la calefacción, eso fue suficiente para que las adorables ancianas me invitaran a cenar esa mística noche y, por cierto, me amaran para siempre.
Debo aclarar que soy un hombre solitario. Afirmo esto pues mi carácter apocado y taciturno me lleva solo a relacionarme con la gente en forma laboral. Más allá de esta sombría característica ninguna familia ha acompañado mi melancólico paso por la vida.
Siendo niño mis padres me abandonaron en un orfanato y solo una tía, que jamás había querido saber de mi persona, era mi referente en un pueblo cercano a Lille.
Esa noche, mi alma se colmó de emoción, cenamos un exquisito pavo relleno y Elsa cantó, con agraciada voz, una decena de villancicos.
Yo, desde un sillón de estilo gótico no muy alejado del piano, me apoltroné y observé, con una sonrisa imperceptible, la familiar escena, fue entonces que, mientras la servicial Adela me servía por enésima vez café y brandy, comencé a pergeñar la idea.
Luego de la Navidad, en dos o tres días de arduo trabajo, hube terminado las reparaciones.
Las hermanas Lafonté quedaron satisfechas y llenándome de elogios preguntaron por mis honorarios. Con la idea cada vez más clara y arraigada en mi ser expresé –mesdames, esta vez es gratis.
Luego de una hora de discusión por el dinero acepté la inducida propuesta de ser su mayordomo. A partir de ese momento ocupé la habitación del ático. Fue mi función durante algún tiempo la de reparar cuanta avería surgiera, esto lo hice con empeño y tino dejando siempre a las hermanas Lafonté contentas y agradecidas. 
Después de ese tiempo al que hago referencia y al cual mi perturbada memoria no permite delimitar, hubo una noche en que por fin la dicha se apoderó de mi corazón. Esa bendita velada, luego de un agotador arreglo en el techo de la casa, Elsa alzó una copa repleta de champaña y sonriendo cómplice con Adela dijo - ya que ningún pariente tenemos con vida sería una dicha para nosotras dejar nuestra pequeña fortuna en sus manos.
Aunque traté de mostrar desinterés, mi avaro corazón parecía desbocarse. El plan hilvanado desde la primera noche comenzaba a cumplirse. ¡Oh Dios al fin! -pensé.
Luego, las imágenes y acontecimientos que sucedieron se hacen más borrosos. Ese tiempo resulta agitado para mi alma y sombrío para mi pensar. Pocas veces salgo de la casa. De hecho, aún pernocto en el ático, que tiene una tubería independiente. Con respecto a las hermanas Lafonté, ambas ellas desaparecieron luego de la firma del testamento. La ansiedad, mi ansiedad, no supo de esperar a la naturaleza. No sé si los que lean estas líneas entenderán, ya que mi mente cada día desdeña la racionalidad.
Las tuberías del resto de la casa están atascadas desde entonces…



PÁGINA 9 – POESÍA ARGENTINA

AMELIA ARELLANO
(San Luis-San Luis-Argentina)

MI RAMA VIRGEN  (I)

“No temas, pues son muchos los mortales que en sueños han yacido con sus madres, y el que no hace caso de estas cosas es quien más fácilmente soporta la vida”  
 Yocasta a Edipo  (Edipo Rey, Sófocles)

Ella, no reconoce otra ley que la propia.
Ha sido madre de su madre.
Ha sido destronada amante de su de su padre.
Hija rebelde  del padre de sus hijos.
Hermana de sus hijos.

El temor y la subversión vienen desde antes de la yema.
Ha visto solo la sombra del árbol patriarcal.
Su corazón es un nido de escorpiones.
El veneno duele, hasta morir, pero aún quedan tres días.

Hay que invocar al agua y recuperar la Ley.

“Serán tres días en los que la tierra quedara sumida en oscuridad total.
Tres días en los que solo se oirán llantos, suspiros y quejidos.
En medio de esta noche que parecerá eterna,
Lo único que alumbrará será la luz” proveniente de la rama sagrada
Comienza el arrebol de la “penumbra de la paloma”

Tres días, tres años, tres siglos, que más da.
Ser brote de la rama bifurcada. Rama de sus brotes.
Rama, Raíz y flor y milagro de agua.
Cuesta ¡Oh Dios de la niña! Cuánto cuesta.
Reparar el árbol y sus  amadas sombras.

Ha comenzado la rosada “penumbra del cuervo”
Los alacranes, uno a uno, vuelven a sus nidos.
Ella, solamente, es una rama virgen.

El camino luminoso comienza, es arduo y quema.
Arduo, solo arduo y quemante, pero no imposible



PÁGINA 10 – ENSAYO

LEO CASTILLO
(Costa Caribe-Colombia)

BUEN GUSTO DEL ENSAYO

El año 1571 Michel Eyquen, habiendo renunciado al cargo de Consejero del Parlamento, toma una de las más trascendentales decisiones en la historia del pensamiento: recluirse en el castillo de Montaigne con el propósito de entregarse ya para siempre a la lectura y meditación, como un camino que lo conduce hacia sí mismo, a lo largo y hondo de una drástica clausura que se prolongará veintiún años. En 1572, caballero de la Orden de San Miguel, gentilhombre ordinario de la Cámara del Rey, inicia la composición sistemática en una prosa cuidadosamente descuidada (*) de una numerosa serie de textos; “un habla simple e ingenua, tal en el papel cual en la boca; un habla suculenta y nerviosa, corta y apretada; no tanto delicada como vehemente y brusca; más bien difícil que aburridora; alejada de la afectación, desarreglada, descosida y audaz; cada trozo forma un cuerpo; no pedantesco, no frailesco, no abogadesco” que llamará, para siempre, Ensayos. Que la palabra es nueva, pero vieja la cosa, ya Bacon lo apunta.

Edmund Gosse ha declarado que el ensayo es “un escrito de moderada extensión, generalmente en prosa, que de un modo subjetivo y fácil trata de un asunto cualquiera”. Este Proteo de los géneros literarios se caracteriza por la presencia explícita del autor, al punto que Michel, ya sin el apellido paterno Eyquen, sino de Montaigne, en nota del autor al lector advierte que se podrá encontrar con rasgos de su condición y humor, “porque es a mí mismo a quien pinto (…) yo mismo soy el asunto de mi libro”. Tan personal es su ejercicio, que tiene de sus apetencias y rechazos, siendo trasunto fiel de su paladar, y sus ideas “sufren todos los síntomas de los fenómenos alérgicos”, donde no se descarta aun el recurso de voces obscenas. Su carácter es incidental, indiferente incluso a todo plan riguroso, así que Guez de Balzac denuncia que en Montaigne cada frase podía ser un principio o un final, sabiendo el autor lo que estaba diciendo, pero no lo que iba a decir, algo como apuntes para un desarrollo ulterior. Desenfado, llaneza, una conversación junto al fuego, su carácter informal exige una pluma madura.

Entonces el periódico se convierte en un medio ideal para la práctica del ensayo, lo que comporta ciertos mortales riesgos, dado que el autor “en el ardor de la invención prodigará sus pensamientos en un exuberante desorden y el apremio de la publicación no tolerará que el juicio los revise o los modere”, según se queja el doctor Johnson. Con The Tatler (1709) y The Spectator (publicación diaria entre 1711-12), Addison y Steele dan inicio a la gallarda tradición de los ensayistas en los periódicos. The Rambler, de Samuel Johnson (también mantiene el Idler), aparece dos veces por semana entre 1750-52.

Descartes, Pascal, el cáustico Voltaire, Rousseau… Pero tal vez Francia es almáciga, y la patria donde se aclimata el ensayo como originario sea Inglaterra: Swift, Coleridge, Hazzlit, De Quincy, Rushkin, Stevenson, Wilde, Woolf…, por no fatigar al lector, son una morosa lista que ilustra el aserto.

Habitualmente en Le Monde, The New York Times como en los más grandes diarios contemporáneos, se hayan ensayos que comprometen la crónica, la literatura, la ciencia o la historia. En Colombia, a falta de escritores, no hay más ensayistas en la prensa, que nuestros columnistas domésticos son los llamados de opinión igualmente doméstica, panfletistas, o bien literatos agotados en sus mezquinas y flebles consideraciones capillescas, el chisme gremial, sin cosa honorable que proponer..


PÁGINA 11 – CUENTO


NECHI DORADO
(Lanús-Buenos Aires-Argentina)

¿POR QUÉ HABLAR DE VOS ME DUELE TANTO?

Fue una tarde cuando el día moría, el sol se alejaba para dar paso a la noche y la primera estrella, tímidamente traviesa, se asomaba en el cielo invitando a sus hermanas a la danza cotidiana. Un guazuncho perdido se vio entre la maleza a unos metros de un rancho con ventanas y puerta abiertas, mientras una bandada de loros se retiraba a dormir.
Allí estaba Don Ignacio como siempre, taciturno, misterioso, con la mirada perdida en algún lugar del tiempo lejano, pero grabado para siempre en su corazón curtido por la inclemencia de la vida.
Don Ignacio parecía haber adquirido la imagen del paisaje agreste del Impenetrable.
No solía hablar demasiado, solo pasaba las horas en la puerta de su rancho a orillas del río Bermejo, tal vez recordando en silencio la algarabía de sus hijos jugando en el barro de la orilla.
Tres pequeños arrancados de su lado cuando la hambruna les borró la risa.
O tal vez evocaba en  silencio  la sonrisa de su compañera fallecida también de causas evitables si en el paraje donde reinaba la miseria y el abandono, hubiera habido un médico que diagnosticara a tiempo la tuberculosis.
Llegó de Corrientes ese hombre, hijo de “gringo” emigrante  de Europa en la bodega de un buque surcando mares  huyendo de las violentas represiones que siempre expulsan a los rebeldes hacia la serenidad.
Conoció allí a una nativa, la madre de don Ignacio que también trabajaba en la siembra de algodón y con quien tuviera sus otros  once hijos.
No podía calcularse la edad de don Ignacio, el tiempo estaba como detenido en ese gesto inexpresivo de su rostro del color de la tierra donde abriera sus ojos por primera vez.
Su vida estuvo siempre desequilibrada por la desgracia, el dolor hizo nido en esos ojos tan negros como la espesura de la zona en las noches sin luna.
Don Ignacio, como lo llamaban en el pueblo, tenía alma de poeta. La falta de oportunidades impidió que desarrollara ese don que le fuera otorgado.
Las pocas veces que hablaba  los vecinos rodeaban el banco donde se sentaba, para escuchar sus consejos que eran muy claros aunque difíciles de seguir cuando el miedo hacía su aporte.
El viejo era corajudo, nunca  bajó la mirada al “patrón” cuando gritaba, como hacía el resto de los pobladores del caserío.
Siempre les decía que debían  rebelarse, se negaba a que otro hombre pudiera ser su patrón cuando trabajaba en el monte antes de la salida del sol hasta el anochecer.
Cuenta la gente del lugar que una noche cerrada, la última que lo vieran, se oyó la voz del hombre y la de una mujer. Conversaban como si se conocieran de siempre, pero no era la voz de una lugareña, parecía una mujer fina con un tonito muy dulce por momentos quebrado por el llanto.
 “¿Por qué nombrarte me duele tanto? –preguntaba don Ignacio casi en murmullos - yo quiero cantarte, Patria, pero mi canto no es bueno, suena a latido del alma,  que nace tibio en mi pecho, pero hacen falta otros pechos que quieran cantar el canto. Patria, mi canto es apenas murmullo, tan sólo eso…
-Quiso la  historia que ojos sombríos se posaran en tu falda, abrieron  puertas de infamia, profanándote con saña de norte a sur, asesinando a tus hijos que resistían estoicos la furia devastadora.    Ríos, lagos y lagunas, montañas, cerros, oteros sucumbieron ante la fuerza expoliadora de los blancos que llegaban para quedarse, hasta que nuevos mandatos indicaron el tibio paso de manos a otras manos tan rapaces como aquellas-, continuaba.
-¿Cómo?-preguntó la mujer  indignada. ¿La corona española financió tanto atropello antes de que un grupo de argentinos me formara como Patria?
-¡Cómo poder explicarte! Si yo atrapé el recuerdo de lo que eras cuando esas fuerzas extrañas comenzaron a mirarte y a soñar con tu riqueza, respondió don Ignacio.
La mujer entre sollozos respondió:
-Siempre me consideré  tierra de paz y trabajo. Tierra de puertas abiertas con la que soñaban tus abuelos cuando la miseria y las guerras se desencadenaron allá lejos impulsadas por  conciencias frías y  ejércitos acunados con proyectos de odios.
-Esos ejércitos infames  se modernizaron tanto que ya no hacen falta  uniformes para uniformar  ideas. Ahora  son nombres de empresas cobijados bajo el manto  que les permite penetrar la subjetividad de tus hijos, Patria mía, succionando la sangre de tus arterias heridas.
 -Nuestros abuelos llegaron desde aquella Europa donde está la que   llamamos “madre” y a la larga vimos que  se trató de un Cronos que se fue devorando a sus hijos uno por uno, para luego depositarnos bajo las garras de otro Cronos que habla distinto y se hace entender imperativamente. -Así  lo hizo contigo y con tus patrias hermanas, esas que hablan tu lengua, que comparten tradiciones, que tienen el mismo olor y color de pueblo moreno y resisten cada embate desde el odio visceral que ostentan los criminales.
-Si se hubieran atrevido a unir sus  manos y almas, formarían la Patria Grande que soñaran los libertadores. Ese sueño  hoy es de unos pocos, pero cuánta falta hace, dijo la Patria,   sentándose sobre una roca filosa. 
-Me resisto a creer que los hayan herido tanto, que los llenaran de llagas y  que para poder mencionarme no puedan omitir  historias de lutos y  atropellos genocidas.
Don Ignacio suspiró, pasó el dedo índice  por el borde de sus ojos y siguió diciendo:
-Historia de destierros, robos, despojos e infamias enquistadas en los siglos convirtieron en jirones tu ropa celeste y blanca y pusieron en tu pecho un “I love you” que no es nuestro. No lo quiero, lo repudio, me da asco, nunca acepté que se instale. Lo dejó entrar el silencio cómplice de los amorales.
-Te inundaron de palabras que no son tuyas ni nuestras, nos mostraron otros mundos que dicen maravillosos, y para que no hubiera dudas, nos los trajeron en trozos como espejos de colores y fueron tantos los que lo consumieron que se instalaron nomás, como si nada. La voz del hombre se sentía entrecortada.
 ¡Cuánta sangre derramada, cuantos sueños libertarios para llegar a ver esto…! Cosa fuerte el interés, la moneda, el capital en los bolsillos de pocos mientras el hambre hizo nido en las panzas de los pobres.
-Fuiste mi linda Argentina, pasado de granero del mundo, tierra de trigo y de pan que parece no ser rentable. Ahora es tierra de yuyitos  promisorios que se exportan para alimento de los cerdos, allá lejos.
-¿Dónde? Preguntó la Patria.
-Allá, donde están los cerdos…respondió con indignación.
Y siguió la letanía de don Ignacio en la noche:
-Tierra abonada con sangre,  con despojos de rieles oxidados, de columnas de trenes olvidados que ayer llevaran tu canto a cada rincón de pueblos, que no murieron de muerte, sino por asesinato.
-De glaciares negociados, de aguas privatizadas, de minas a cielo abierto, de suelos contaminados,  de recursos entregados a las garras de la ambición.
No podía contener su lengua, don Ignacio, la rabia por el ayer asesinado corroía sus entrañas.
-Cómo nos cambió la historia, Patria querida, a quienes ayer te irguieran un culto de moral y esfuerzo, hoy llamamos desocupados. 
-¿Serán esos los que vi?, preguntaba la mujer –esos que gritan su marginación en columnas justicieras, buscando con desespero lo que les han arrancado, la dignidad que resiste a que la exoneren, nada menos…
-Sí, son esos, respondió don Ignacio
-“Espectros” que van con palos para enfrentar otras armas que los apuntan de lejos. De esas que escupen sus fuegos, arteros, que sí, los  matan, mientras te riegan con sangre y pocas veces se entiende.
-Mi Patria linda, te robaron primaveras, expropiaron tu mañana, te oscurecieron el alba volviéndote pedacitos de historia destartalada.
Un sollozo de mujer rompió la noche de pronto, el hombre siguió diciendo o le habló su corazón:
-Ay Patria, tráiganme un mago que te arme, de repente, que llegue un beso que borre las lágrimas de tus frente para ir pintando la gloria, recreando la memoria que te arrancaron un día para instalar otra historia.
-¿Por qué hablar de vos me duele tanto? ¿Será porque se tus ríos y lagos contaminados?
-¿Por  los niños sin escuelas? -¿Por sus padres sin trabajo?
-¿Por los piececitos descalzos que danzan pasos de olvido, al ritmo del crujir de tripas en sus pancitas con hambre?
-No, no, no, dijo con dolor la Patria. Don Ignacio continuó:
-¿Por los viejos que con tanto esfuerzo  te hicieron grande para ser luego abandonados a un destino de despojos?
-¿Por los descalcificados esqueletos de los hospitales que hoy gritan tanta desidia pero sin ser escuchados?
-¿O por el cóndor que asoma sus garras y lo presiento con el alma estremecida llena de dolor y espanto?
-Ay, no digas eso, dijo la mujer llevándose las manos al rostro.
-Pero que triste es nombrarte y que las letras que forman tu hermoso nombre, estén ahogadas en llanto.
-Me dolés Patria, me duele verte agredida, humillada. Si lográramos que a muchos les duela la misma historia, estoy seguro, la gloria se asomará de repente.
-Te quiero libre y en paz, estrecho filas contigo, quiero al viento tu vestido blanco con franjas de celeste cielo aclarándonos la aurora y en el medio de tu pecho quisiera ver como antes un sol solemne que arranque ese “I love you” que me duele…”
La patria se estremeció, en medio de su sollozo alzó sus ojos al cielo, besó la frente del hombre y se internó en la espesura del monte para ya no regresar.
Cuando despertó el día el banco de don Ignacio amaneció vacío. La puerta del rancho estaba abierta pero el hombre no estaba allí.
-Buenos días, don Ignacio, dijo la señora del rancho cercano. –Oiga don Ignacio ¿se siente usted mal?
Silencio, el hombre no estaba, nadie lo vio salir, los vecinos se agolparon en la puerta  y los niños preguntaban –Madre, ¿dónde está don Ignacio?
Nadie lo volvió a encontrar. Dicen que durante el día andaba el patrón rondando con los cuatro matones que lo acompañaban siempre y al ver al viejo sentado y mirando al horizonte dijeron “tené cuidado porque vas a acabar mal”.
-¿Dónde estará don Ignacio? Se preguntaba la gente. -Pucha que cuando anda el patrón con esos tipos ladinos, la mala suerte se escapa y algo pasa por acá.
-¿Por qué ya no está  don Ignacio?- preguntaban los chiquitos cuando andaban por ahí.
-Lo habrá tragado el Bermejo, ahora váyase a jugar, decía algún grande temeroso.
Fueron pasando los días y de eso no se habló más…


PÁGINA 12 – POESÍA ARGENTINA

RAQUEL MARTINEZ
(La Plata-Buenos Aires-Argentina)

INDIFERENCIA

Plegaria de las manos
ausente de otras manos,
la oración de una mirada
sin cielo, indolente
y los ojos de gris apatía
posados a la altura de los hombros...

Solo el crujir,
crujir de un mundo desdeñado
bajo los sordos pasos,
bajo las muertas huellas...

II

Llovían pensamientos en su rostro,
el cielo se adentraba en sus pupilas
y un abismo de moribundas alas
besó el dolido vuelo de sus ángeles.
Aguados ojos de amaneceres sin sol,
desleídas sus huellas en su viejo andar,
y en su gris mirar,
la silente ausencia,
solo gajos,
de aquél amor que casi no recuerda...
Sintió habitados sus adentros,
y sus alas,
sus alas tuvieron vuelo,
más, el silencio encegueció su gran tesoro
y fue el dolor
ladrón de su joyel
y como el llanto,
de un cielo indiferente,
rodaron sus recuerdos,
en mares sin ayer... 

III

Un verbo agazapado
tras los muros de los labios,
oscureciendo la sombra del mismo silencio,
agazapado, en la débil voz de las mañanas
sin fe (de quienes cierran sus ojos a la claridad del inicio...),
como si herido el tiempo
y empapado de errores,
se reconstruyera,
solo,
en el simple pestañeo del olvido...
La no memoria mata el verbo y él,
permanece agazapado tras rocas de indiferencia,
como si saberse enmudecido
lo protegiese de sus propias debilidades,
o de la incertidumbre de ser solo hoja al viento,
o solo viento,
desmenuzando las mismas hojas...


PÁGINA 13 – ENSAYO

RODOLFO ALONSO
(Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Argentina)

LA DIGNIDAD SE LLAMA SARAMAGO

Me tocó conocerlo, hace no pocos años, en una de esas librerías que honraban Buenos Aires, no dedicada al castellano sino a otras lenguas europeas, entre ellas el portugués, y que fueron barridas –como tantas iniciativas loables- por el maremoto de la banalidad globalizada.

Aún de espaldas se parecía al Quijote, y no sólo por el talante humanista y gentil: era alto, más que delgado, casi cenceño. De todo su ser emanaba una serena dignidad, la humildad de los grandes. Porque algo tenía del buen Sancho, no sólo por la cuna dignamente humilde, de la que con justicia se preciaba, sino por el linaje campesino, hecho de trabajo y discreción.

Le oí hablar en público, entonces, y nunca alzó la voz, Era sencillo, la sencillez misma, pero también profundo y, aunque siempre mesuradamente afable, asimismo –cuando era pertinente, como demostraría- capaz de decir no. Su lenguaje era limpio, recién lavado, fluyente y sosegado como arroyo que pule sus guijarros. Al portugués lo enunciaba con la punta de la lengua, casi de forma sibilina, pero con un tono seductoramente encantador, bajo, modulado en frases graves pero nunca solemnes. Sin duda había allí mucho del valor que el campesino solía dar (cuando el mundo aún no había sido colonizado por el ruido) a las pocas palabras, y al silencio en que nacen y se enmarcan.

Conoció la pobreza, casi extrema, muy pronto y mucho tiempo. Pagó el injusto precio de abandonar estudios para ganarse honradamente la vida con sus manos. Pero nunca dejó de leer, en libros que muchas veces no podía comprar. Y tampoco cesó nunca de escribir, como debe ser, por pura necesidad y sin el menor ánimo de lucro, con el mismo ahínco y la misma callada, bendita tozudez del labriego que arranca de la tierra el pan para sus hijos.

Debió esperar para ver editado su primer libro. Pero no le cupo nunca, como demostró hasta el fin, quedarse de brazos cruzados. Y el reconocimiento, la consagración y la gloria con que la vida iba a sorprenderlo, sin que se hubiera preocupado de ello en absoluto, no lograron jamás hacerlo renegar de sus orígenes, de su entrañable solidaridad con los humildes, o del respeto hacia su lengua.

Mi último contacto fue por interpósita persona. Cuando Hermenegildo Sábat me presentó sus bellos dibujos para un libro (1) que honraría a otro gran portugués universal: Fernando Pessoa, y con el cual me honraba a su vez sugiriéndome un prólogo, no pude dejar de señalarle que ese libro encontraría feliz cabida en Portugal. Para mi sorpresa no resultó fácil editarlo allí hasta que Saramago, con su fraterno ojo avizor, no dio el empuje que lo concretaría. (Después de todo, el único texto suyo que me ofrecieron comentar en vida fue su excelente libro dedicado a Pessoa 
(2).
Así como el gran Mallarmé despidió magníficamente a Poe (“Tel qu`en Lui-même en fin l¨Eternité le change”), salvando por supuesto las siderales distancias en mi caso, podríamos intentar consolarnos sintiendo que, al llevarse a José Saramago, la muerte no ha hecho sino volverlo él mismo para siempre.

* * *
NOTAS
(1).- “Anónimo transparente”, una interpretación gráfica de Fernando Pessoa por Hermenegildo Sábat. Prólogo de Rodolfo Alonso. Universidad Nacional de Quilmes, Bernal, provincia de Buenos Aires, 2007.
(2).- “El año de la muerte de Ricardo Reis”, de José Saramago. Seix Barral, Buenos Aires, 1994.



PÁGINA 14 – CUENTO

GRACIELA MITRE
(Rosario-Santa Fe-Argentina)

ISABEL BUSCA

Estoy exhausta, el nene duerme babeando inocentemente sobre mi hombro. Observo sus pestañas; plumas arqueadas y rojizas que delatan un par de ojos claros, ahora dormidos. Horas aquí parados, ni una silla siquiera y no soy la única, hay una interminable fila de madres y padres detrás, esperando lo mismo que yo.

Y yo con él, con este pequeño cuerpecito sujeto al mío. Estando juntos, estaremos seguros, así lo siento, también ella debe haber pensado así. De allí la entrega, esa tarde de crudo frío. Debe haber rogado con llanto abierto para que lo sacaran de allí.  Acomodaba libros recordando la última tarde compartida con ellos en la casita de Tanti al calor de la salamandra, cuando entraron por la puerta principal de la librería y sin decir palabra alguna, me lo dejaron. Y yo preguntando, indagando, queriendo saber porqué mi nieto estaba en los brazos de una mujer desconocida, porque un hombre, también desconocido cargaba un bolso con su ropa y algunos juguetes suyos. Allí empezó todo y no pude parar más.

Mis piernas se sienten como una  bolsa llena de sangre, hinchadas y calientes. Mi cintura carga mi peso, el del nene y cinco horas de espera. Se despierta mi niño, me mira y  sonríe. Solo alguien tan pequeño puede sonreir en un lugar como éste. Le beso las mejillas aduraznadas y tibias. Toma la masita que le ofrezco. Su lengua busca rescatar la crema rosada con hilitos de coco, que la rodea. Ahora juega con su minúsculo avioncito de plástico. Imagina que vuela ¡si pudiésemos volar juntos y hacer de cuenta que nunca sucedió nada de esto! Pregunta por su mami y solo atino a decirle “ya va a venir, está viajando en un avión igualito al tuyo pero más grande”, y se conforma.

Calculo que delante de mí hay unas cien personas. Estamos sobre un pasillo largo y sin ventanas. Hace calor y el aliento se nos junta originando una mezcla agridulce y pesada imposible de respirar.
De a poco vamos entrando. A los que salen nadie les pregunta nada. Queremos saberlo todo y luego, cuando nos ponemos a pensar, a atar cabos, cuando cada uno de los hechos se entrelazan, recayendo todos en mismo lugar, optamos por no hacer preguntas, por tragarnos las palabras. No quiero pensar en lo que creo que es.

Hasta hace poco construía ilusiones, imaginaba el momento del encuentro, el de los abrazos, los besos profundos, las inevitables preguntas, la rabia y finalmente la paz, la tranquilidad del recupero. Mantengo la  ropa de ambos siempre acomodada en el placard, como si cualquier día pudiera ser el del regreso. Todo está allí todavía, como lo quiere el tiempo, sin que yo incursione por el lugar, salvo Pedro que de vez en cuando pide entrar en la habitación de sus padres y se recuesta en la cama. No toco nada, no miro, no ilusiono, aunque tantas noches delire entre sueños. Ahora busco. Busco de noche, de día, en cada lugar donde es posible que estén.

Escucho mi nombre a través del pasillo. El niño se despierta y llora y me piden que lo haga callar. Verifican mi entrada en una planilla. Entro. Aquí estoy. No dejo al niño ni por instante. Lo aferro a mi pecho. Lo meto en él.

Allí están ellos, sí, son ellos, los reconozco, tengo que firmar que los reconozco. Ella tiene el pelo corto y  los ojos exageradamente abiertos, de sorpresa, a él en cambio se lo ve, flaco y seco.

El niño nuevamente está dormido. Viajo desde Córdoba camino a San Nicolás. Allí está la virgen que escuchó mis ruegos. En un momento rogué por sus vidas, para que me los dieran después, grité desesperadamente, enloquecí.

A pesar del final tuve que seguir buscando. Nadie quería hacer el viaje, no querían saber nada, tenían miedo. Finalmente alguien dijo no tener nada que perder y nos llevó.

Así llegamos; el niño somnoliento y mimoso, sus padres dormidos para siempre y yo petrificada, incapaz de alguna reacción posible que diga que soy humana y estoy viva, como si este cruel momento estuviera ocurriendo por fuera de mí, ajeno a todo.

Como cuando era madre, la voz de mi nieto sacude mis entrañas. Los niños no esperan.


PÁGINA 15 – POESÍA ARGENTINA

JORGE CARLOS ALEGRET
(Río Grande-Tierra del Fuego-Argentina)

13

Ahora vacío
un aleteo
de alas adverbiales
que son hierro
lodo
látex
y de estar presente como
ser tejido de ausencia
luego,
no hay más luego.

14

El libro tiene mal olor,
olor a sótano y aguas estancadas
a rata muerta,
a la enagua de la abuela Antonia
color ceniza
que no se cambió desde 1949
hasta el día en que el Generalísimo Franco
se murió, naturalísimo.
Ese mal olor se expande por la biblioteca,
que ya huele como un basural
y cubre con su hedor a Góngora,
a Pynchon, a Gelman.
Pienso en las letras de moho cubiertas
y en el estilo como un cadáver.
Quiero tirar el libro, pero me resisto.
Costó cinco euros, y hay una mención,
en la página 57, a las infecciones periodontológicas.
Y eso me puede.

15

Lengua de sur
lengua de aluvión
y autoexilio,
(de no retorno,
porque retornar
es un estado de gracia
perdida), es
mi lengua del no lugar.
Los muertos hablan para siempre
desterrados
predados,
y son la carcoma en el hueso
de lo dicho
y lo no dicho.


PÁGINA 16 – ENSAYO

JOSE M. VALLEJO
(Ontario-Canadá)

¿TIENE FUTURO LA POESÍA?

La colonización española y portuguesa en América impuso los idiomas de uso corriente en nuestros días. El proceso colonizador cercano a cuatrocientos años dejó un amplio escenario de mestizaje lingüístico, étnico y cultural, donde el barroquismo es casi un signo de identidad producto del llamado criollismo. De ahí que los poetas y escritores, sobre todo después de las batallas de emancipación, se hayan visto enmarañados en dos mundos contrastados, el de la tradición continuista e imitadora de la península ibérica e inclusive de Europa y el de la ruptura en la búsqueda de un universo propio, singular y autónomo. La historia literaria contemporánea de fines del siglo XIX y hasta pasada la mitad del siglo XX (1970) trata de afirmar en Iberoamérica una personalidad autónoma, una identidad propia matizada por la inventiva como rasgo dominante. En la novela destacan clásicos del género como Rómulo Gallegos, Eustaquio Rivera, Mariano Azuela, Ciro Alegría, hasta arribar a la poderosa concepción novelística de Miguel Ángel Asturias (El Señor Presidente, Hombres de Maíz) donde el barroquismo iberoamericano se conjuga con el realismo poderoso de las costumbres, mitos y fantasías. Luego vino el “boom” donde el maestro de maestros Alejo Carpentier (lo real-maravilloso) inicia la gran polémica, no generacional de jóvenes y viejos sino de corrientes, estilos y temática: Ernesto Sábato, Julio Cortazar, Juan Carlos Onetti; y por supuesto, Juan Rulfo y Gabriel García Márquez mediante la consagración del “mágico realismo.”
Sin embargo, donde mejor se observa la ruptura con los moldes ibéricos y europeos es, sin duda, en la poesía expresada en palabras vivas debido a la estrecha vinculación con las ideas, las reflexiones y el pensamiento. Allí es donde nace la necesidad histórica de la transgresión, el quebrantamiento respecto a cualquier modelo. Además, porque la novelística actual, salvo raras excepciones, constituye un producto del mercado, es la hechura comercial de las grandes casas editoras obedientes a la globalización neoliberal que alcanza también, de forma nociva, a los medios de comunicación. De esta mala suerte destaca en la narrativa la temática frívola, divorciada del ámbito social, presentándose los pasajes históricos no como principales sino como aleatorios. A la poesía de hoy le va peor porque tiende a desaparecer como si fuera un género literario pasado de moda. No obstante, en el pasado el lenguaje poético salvó la distancia y tiene todavía la misión de salvar el cuerpo literario iberoamericano, ahora con un retorno y una nueva ruptura. Después de todo la poesía ha sido siempre la llamada a enriquecer el idioma y como señaló en su oportunidad Carpentier, la lengua de un país determina la cultura y la sociedad: “un idioma es... el medio de expresión que ha sido perfeccionado, matizado durante siglos, por el alma de un pueblo. Traduce su carácter, sus recónditas aspiraciones, su idiosincrasia. Se afianza en la historia, en la literatura, en el patrimonio espiritual de una raza o conglomerado humano”. Y, también, agregaríamos, porque la poesía marca el derrotero del ser humano en el transcurrir de su existencia y de no ser así no estamos hablando de poesía, pues si el arte no responde a los signos vitales de la vida en el planeta, si no es una manifestación del movimiento, un efluvio del pensamiento innovador o un camino que conduzca a la acción, simplemente no es arte.
La poesía iberoamericana comienza a distinguirse de la matriz española-portuguesa a partir de 1880. Hay poetas muy distintos de esa época, aunque el común denominador entre todos ellos se ve signado por la animosidad contra la vida social existente y el aire presumido de ser los primeros en cultivar el lenguaje poético. De este irritado conglomerado de tradicionalistas, humanistas, románticos, realistas, parnasianos, salió Rubén Darío con un movimiento inconfundible, el modernismo; y en la historia literaria aparecen formando parte de este primer grupo “modernista” José Martí, Gutiérrez Najera, Julián del Casal y José A. Silva. Darío es el iniciador de la ruptura, es el poeta líder de la revolución artística en la lengua castellana impuesta en Latinoamérica, es el inspirador del verso libre o versos amétricos provenientes de las tendencias francesas que luego se alentarían con vigor desde 1920. Y si bien el poeta nicaragüense destina el esfuerzo fundamental a romper los cánones del lenguaje poético a través de innovaciones y restauraciones, cambios de acentuación, combinaciones métricas, rimas inesperadas, choques de sonido, esquemas libres, asimetría de estrofas, asonancias, consonancias y disonancias en juego pertinaz, no renuncia por completo al esteticismo (Abrojos, Rimas y Canto Épico, Azul); es con Prosas Profanas y Cantos de Vida y Esperanza (libro fundamental) donde Darío se abre a la poesía de tono reflexivo acercándose a la vida misma y su problemática de opulentos y desposeídos. En esta etapa de final de sus años, de regreso a la preocupación social e histórica, lo siguen Amado Nervo, Leopoldo Lugones, Valle Inclán, Juan Ramón Jiménez. Encuentra así la famosa generación del 98 el campo abonado; el camino a las vanguardias estaba abierto, pues Darío estableció una poesía diferente a la que había encontrado.
En pocos años la irrupción de las vanguardias poéticas iberoamericanas se torna cosmopolita. Fue un fenómeno rápido e impensado. De 1920 en adelante se entremezclaron estilos y tendencias, las innovaciones en el lenguaje poético son propias, características dentro de los marcos referenciales del romanticismo no abandonado del todo, realismo, modernismo, humanismo, indigenismo, simbolismo, surrealismo, ultraísmo, creacionismo. En este torbellino creativo, artístico-literario, surgen poetas de la talla de Gabriela Mistral, César Vallejo, Vicente Huidobro, Pablo Neruda, Octavio paz, Jorge Luis Borges, Nicolás Guillén, Mario Benedetti, Nicanor Parra. Y debido a este acontecimiento emergente, las vanguardias iberoamericanas constituyen un espacio y más que escuelas o istmos definidos por el estilo son nombres de poetas notables, donde el aspecto fundamental como señalara Huidobro, el único que intentó un programa, es pensar, crear, crear, crear, de ninguna manera copiar o imitar. Implícitas en este enfoque yacían: la crítica social, las raíces indígenas, la problemática producto del sistema de dominación en América Latina y los rastros dejados por el coloniaje.
Después de este período de buena poesía latinoamericana son pocos quienes intentan continuar la brecha abierta. La modernidad mal entendida encuentra en la poesía pura el escape ante el compromiso, el escape ante la problemática social, existencial, democrática, política e histórica; no existen más “Poemas Humanos” ni “Residencia en la Tierra” ni “Canto General.” En esa dirección la poesía no sólo se aleja de lo vanguardista sino se pierde en una especie de neocolonización europeizante, de copia e imitación, a los franceses, anglosajones, italianos y peninsulares. La falta de inventiva es fatal y la comodidad trata de instalarse por encima del caos dominante en la época o fin de la historia según Francis Fukuyama. Despolitización y negación de las ideologías hasta querer convertirlas en innecesarias o desaparecerlas. Terminada la “guerra fría” no hay necesidad de enfrentarse sino de asimilarse a la victoria de Occidente, de Estados Unidos, por ende rendirse frente a la alta tecnología, el mercado y la deshumanización. Los poetas actuales, salvo raras excepciones, aceptan de manera pasiva este resultado, ingresando a la dispersión diletante del lenguaje poético transformado en purista, esteticista y vacuo; por consiguiente elitista, lugar donde el espíritu de vanguardia se ha perdido irremediablemente. 
Desde el punto de vista de la globalización la historia presente significa el desmoronamiento de la ideología, significa la negación del pensamiento; de ahí parte la necesidad de volver a buscar temáticas vinculadas a la realidad, a lo existencial del ser humano. Este movimiento de retorno al lenguaje poético representativo de lo nuestro, lo iberoamericano, no debe tener temor a las vanguardias ni rechazar la proyección hacia el futuro. Sin embargo, no se trata de recuperar un cuerpo insepulto ni de buscar herederos en las vertientes del pasado sino de engendrar una nueva criatura no sólo de estilos, ritmos, contenidos, sino de mensaje; se trata, además, de corregir la afectación a la función del género traída, como intento posmoderno, por la prosa poética o la narrativa poética, quehacer propio de las canciones épicas del lenguaje en detrimento de la tradicional poesía lírica. En conclusión, necesitamos retornar a los poetas pensadores como exigían Vallejo, Neruda, Eluard y Valéry. No apostemos por la extinción de la poesía


PÁGINA 17 – COMENTARIOS DE LIBROS


MARIELLA NIGRO
(Montevideo-Uruguay)

LA VIRTUD DEL VUELO
Una lectura de CANTO Y CONTRACANTO, de Jorge Arbeleche

“El tiempo vertical se eleva. A veces también se hunde”
“… el ser aparece como desplegado a un tiempo
en el destino de la altura y en el de la profundidad”
Gastón Bachelard

En otras ocasiones en que me he ocupado de la obra del poeta, ensayista y profesor Jorge Arbeleche, aludí a él como “centinela de la palabra”, y a la virtud del canto claro y cálido, melopeya de raíz española, que unge toda su poesía. En la elegía o en el canto celebratorio, metafísico o confesional, en la reflexión ontológica o en la tensión dramática, el poeta muestra en este libro el desarrollo de su voz poética en el correr de los años de creación, la reafirmación de un estilo que ha sobrevolado serenamente las marcas de la posmodernidad.
Thánatos, Eros, Poiesis, Logos, Cáritas, títulos de sus cinco secciones, son “palabras-conceptos” (como refirió el Profesor Ricardo Pallares en la presentación), cuya ascendencia grecolatina ya adelanta la naturaleza clásica y armónica de toda la poesía de Arbeleche, el aretéen toda la producida por el poeta a través de décadas. En Canto y contracanto, el autor reúne gran parte de esa producción en torno a esos conceptos, lo cual depara, como advirtiera en su presentación el Profesor Gerardo Ciancio, mucho más que una lectura de textos ya editados, porque, en el agrupamiento diverso de los poemas en función de unos ejes temáticos contundentes, una poética nueva se despliega: la nueva ordenación es una reescritura y una propuesta de relectura. Esas líneas temáticas funcionan entonces como categorías del pensamiento que propician toda una reordenación de lo escrito durante años, lo que demuestra finalmente que la poesía es un modo de conocimiento y que tiene una función espiritual.
“Canto” y “contracanto”: juego de opuestos -señala Rafael Courtoisie en el estudio preliminar del libro-, una dialéctica de duelo y fiesta, de pérdida y celebración, palabra “exultante” y “silencio interior”, “con toda la sugerencia contradictoria y fecunda que liga ambos términos en la historia de la filosofía, que no es otra cosa que, bien mirada, una historia de la poesía”. Es que poesía y filosofía tienen en sus relatos similares reductos de interrogación y búsqueda: la Poiesis que construye y ordena el discurso, mediante el Logos y la Cáritas, que lo informan, mientras Thánatosy Eros lo cruzan transversalmente, y finalmente lo explican. El ser piensa y siente, y entre el amor y la muerte, se cuestiona a sí mismo y al mundo; el poeta registra ese itinerario, y su problematización.
En Canto y contracanto, la muerte va modulando sus grises y resignificando su aporía, desde la incertidumbre inocente en el poema Domingo (de La casa de la piedra negra, libro de 1983), hasta la desafiante interpelación de Contracanto (de La Sagrada Familia, de 2010). El amor se confiesa, desde el deslumbramiento de Meseta (de Ejercicio de amar, 1991), al desbordamiento erótico de El entrevero (El oficiante, 2003). En Poiesis (poemas de El Oficiante, 2003, Para hacer una pradera, 2000 y La Sagrada Familia, 2010), se muestran las costuras de la labor de escandir lo inefable (”al norte al sur al oriente y al poniente / limitaré con las palabras un perímetro / donde el hedor de la huesa no penetre”, Monte videeu). El conocimiento es apenas sueño en Alta noche (del libro homónimo, de 1979), y, treinta años después, en La Sagrada Familia, se asume, con el horror ante lo incierto,la resignación del sabio (“No hay número ni cifra / que describa el castañeteo de sus dientes”, “estoy dentro de un nombre / que no se puede pronunciar” –Auschwitz (excursión optativa)-. El afecto dirige la liturgia, la de las horas y las cosas, las que están en orden (Cosas, de El hilo de la lumbre, 1998), y las que están fuera de lugar (El bosque de las cosas, 2006).
Innumerables tramos de su obra hacen de Arbeleche “un poeta del aire”, en la fenomenología de la imaginación de Gastón Bachelard . El canto concierta otros elementos (lumbre, bosque, pradera, piedra, campo), pero el verso aéreo administra los hálitos del poeta y propicia la gracia de la melodía: el suspiro, el aliento y el silencio trabajan los versos más allá de las cesuras de la escritura, habitan el corpus verbal y hasta el orgánico, el que se mueve y respira:“No admito otra metáfora: tu cuerpo/ por donde escucho el aire” (Poema IX). En el aire, verticalmente, se inscribe la mejor metáfora del tiempo poético: el canto y el contracanto al unísono, una “poética del instante” que ha sido señalada por la crítica como tónica de esta poesía que se debate entre lo profundo y lo aéreo, en la zozobra de lo oculto y la plenitud de las alturas. Como en el poema (rosa), es en la verticalidad del instante poético que se ve y se siente la redondez de la rosa al tiempo que sus espinas. O como en Vuelo: “la orquídea espera / alerta y vertical su aroma”, “del suelo y de la altura”.
Son múltiples las referencias en su poesía al aire, a la “fuerza ascensional” que Bachelard indaga en las creaciones de Shelley, Nietzsche y Rilke como “caída y elevación”: “Y me hundo en la búsqueda y emerjo” (Poema IX); “Palabras habrán de despeñarse / al pudridero” (Palabras); “Las sílabas del Aire / se agrupan crecen y se expanden” (Contracanto). Y en ese “vuelo onírico” también está la verticalidad del árbol: “Como si fuera un árbol infinito / y un infinito vuelo” (Del amor); “desde la antigua raíz hasta la abierta rama” (Ecuación).
En el acto de nombrar se eleva el valor del silencio -“materia aérea”, lo define Bachelard-, aspecto oculto del oficio más hábil que celebra la poesía: “De la más clara voz hasta la oscura” (El oficiante); una especie de propedéutica que va conduciendo al lector desde la materialidad más interior hasta la más expuesta: la de las palabras y las cosas; y el silencio, como el eco o la sombra, lados ocultos de unas y otras: “pero cuando quieren hablar las palabras se vuelven / aire alado.” (El espacio del encuentro).
En realidad, su poesía pervive en esa zona poética de la continuidad entre el agua y el aire, los mundos más lábiles, con sus correspondencias baudelairianas y la trasmutación de los elementos muelles que el referido pensador francés estudia como “centros de sueños” del poeta, “hipótesis oníricas” que sostienen la escritura: “Era el amor. / Era entender el mar / Entrar en la ecuación del aire” (Del desamor); “se fue la luz y el agua / pero el aire ha quedado, / y a mí me gustaría / mostrarte un aire mío” (A Federico).

Canto y contracanto es registro de una poética; y en el poema central del libro,No se sabe (de El oficiante),a pesar del título,el poeta da la clave de su oficio:
“mirar lo que se pueda con palabras
escribir de todo lo mirado de todo
lo mirado lo que se pueda ver,
se vea ...”.


PÁGINA 18 – CUENTO

MÓNICA RUSSOMANNO
(Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

EL SILENCIO Y LA FE

     Hace años que pertenece a la comunidad de la parroquia. Comenzó a ir a la iglesia como todos, cuando le tocó hacer la comunión, y entonces era la simpleza de concurrir un poco por obligación de los padres y porque todas los nenes de su grado en el colegio iban a la parroquia los sábados a la mañana, y fue una clase más de religión como la de la escuela, con papelitos intercambiados, recreo y juego a la salida, y un cuadernito con fotocopias y pintura de dibujos, memorización de respuestas en la misa, y unir cada pecado con la virtud y saberse los mandamientos tan mal como las tablas de multiplicar, que la mayoría llega hasta la tabla del siete pero hay quien se detiene en la del seis para siempre, y acá lo mismo, algunos que no pasaron del honrar al padre y a la madre, y nada de pensar un poco alrededor de las frases, sólo acatar la consigna para subrayar con birome roja o azul según el caso.
     Siguió en la parroquia porque le gustaba cantar y entró al coro, y resultó que el movimiento carismático le puso canciones con guitarra y pandereta, y fue muy fácil rodar por el declive de las palmas y los bailoteos, y pensarse en el grupo solamente, y pasar de yo a nosotros, y apoyarse en ese grupo donde los abrazos son fraternos y las sonrisas vienen de veras desde más adentro, desde un lugar que cuando se miraban asomaba a los ojos un reconocimiento y una estima verdadera.
     Hubo noches heroicas en que alabaron al Señor desde la tarde hasta la mañana, servicio solidario, retiros espirituales para llorar y abrazarse y derramar sentimiento sobre los amigos, sobre la familia allá en casa, sobre el universo alumbrado y revelado por el amor como una fotografía sobreexpuesta.
     Conoció al novio en uno de los grupos, un chico un poco loco, que solía escandalizar a la señora que arreglaba los crisantemos en los jarrones y ponía las sogas blancas haciendo camino los viernes y sábados para las bodas. Estaba bien, todo, en esos días, y no eran nada estúpidos por estar en la iglesia, no eran ni débiles ni fenómenos por estar allí al lado del Padre, yendo al hospital a cantar en vez de salir a dar la vuelta obligatoria por la peatonal. Y a veces el novio decía malas palabras, y ella usó minifalda, y tuvieron sexo antes de casarse porque al fin y al cabo eran modernos, pero estaba bien, también, porque el perdón de Dios es cálido y abrasa, y nunca sintieron frío en el altar.
     Se casó en la parroquia con el novio parroquial, los casó el cura con el que tantas veces tomaban mate cuando seleccionaban la ropa en Cáritas, los invitados les gastaron bromas inofensivas, alquilaron una casita enfrente de la iglesia, que era suya y una casa más donde los esperaba su hermano Jesús y su madre María. Eran ellos muy felices, y se vinieron las malas porque las malas siempre llegan, pero allí estaba el cura, y allí estaban los muchachos del coro, y ni hablar del matrimonio guía que expedía luz de tanta serenidad en esas caras. Las malas fueron muchas y variadas, y llanto hubo y noches en vela hubo, y el primer hijo casi se les va de entre los brazos una noche por una enfermedad, pero salieron con bien. Y las heridas cicatrizaban y los vendajes eran los otros, todos los otros que estuvieron y estaban, y que también iban sorteando oleajes y vientos. Alguno se fue, alguno se distanció, pero ella seguía siendo feliz  mientras avanzaba en su treintena, ya con los chicos en la escuela, el marido con barriga y menos pelo, el cura arrugado y sin embargo con las ganas, todavía, de seguir cosechando hombres, mujeres y niños para sumarlos a la Gran Obra, la Gran Fraternidad, la Iglesia.
     Era ella la que parloteaba ahincadamente cuando cosían para Casa Cuna, ella charlaba con las más jovencitas y con las viejecitas que planchaban los paños del altar y la sotana del cura. Ella se entretenía con la señora que barría el templo, les contaba historias a los nenes de catequesis, era la cotorra del barrio según el cura.
     Tuvo ella, entonces, una vida como la de cualquiera, pero con un abrigo. Ni éxitos rotundos ni rotundos fracasos, pero remedio contra la desilusión. Nada fue perfecto, pero el aceite sobre el agua aquietaba las borrascas. Era feliz con su marido, sus hijos, su Dios acodado en la tapia del jardín.
     Fue feliz hasta que tuvo dudas, hasta que debió aceptar que tenía dudas.
     Así sin más o quién sabe si desde el principio. La cosa es que en cierto momento era necesario admitir que su fe se había despintado severamente y estaba en franco derrumbe.
     No hubo causas directas. Si hubiese sido por una muerte o una enfermedad, ella misma hubiese acudido a las herramientas diseñadas para que la desgracia se transforme en cruz, y hubiese usado el carrito construido en comunidad para mover esas cruces y transportarlas hasta que desaparezcan o se achiquen.
     Pero no hubo ni terremoto ni desprendimiento. Por propia gravidez parió la duda, sin desearla ni haber dado un solo paso para conseguir semejante premio.
     Así sin más, ella dudaba. Se preguntaba que qué pasaba con todo si Dios no existía, si la iglesia era un edificio presuntuoso, si el cura era un hombre castrado inútilmente, si la comunidad era un grupo de gentes patéticas, si la tierra es un planeta entre los planetas y si la vida es algo que tenga un sentido fuera de un presente fugaz.
     Dudando de la trascendencia, dudando de sí y de los otros, pero de sí, se cayó de la cuerda donde había transitado espléndida y con los rayos de un sol de estandarte en oro.
     Ya no tenía abrigo para la helada sobre el césped, no tenía cinta para sujetarse los cabellos. No tenía, ella, ni Padre enorme ni Madre amorosa ni Hermanos irrenunciables. Si no creía en ellos, ellos desaparecían, y puede uno obligarse a muchas cosas, pero la fe no se negocia.
     Gastó rosarios y procesiones, se obligó a novenas y realizó promesas. Se castigó con renuncias tan absurdas como la de negarse el chocolate. Bajó un poco de peso, pero siguió dudando.
     No pudo decirle nada al marido, apartarse de la fe era como serle infiel pero de una forma más auténtica y temible. Ellos eran parte de la parroquia, su familia era ese grupo heterogéneo y amado de gentes reunidas en torno a su religión y a su sacerdote, su matrimonio era un pacto frente a ese Dios, era sagrado y firme y bello su matrimonio sólo porque Dios estuvo con ellos y ellos lo sentían caminar a su lado.
     No se confesó con el cura, su cura. Fue a otra iglesia y comenzó a sentir lo que la traición tiene de bajo y las ruindades de lo inconfesable. Con otro cura fue a hablar, y, si en vez de ir en motocicleta a otro barrio hubiese entrado con lentes oscuros a un hotel alojamiento, menor hubiese sido su vergüenza.
     Hizo varios intentos, estuvo en uno de esos retiros que antaño hubiese sido gozoso, trató de no pensar y no preguntarse nada. Pensó en el suicidio.
     Finalmente hizo más o menos lo que todos hacen con respecto a algún tema. Mintió. Se dijo que actuando como si creyese, llegaría a recuperar la certeza y esa paz que ahora que había desaparecido le dejaba el insomnio y la crispación.
     Ahora ella va a la misa, lleva a los chicos a los boy scouts, pertenece a algunos de los grupos, es matrimonio guía con su marido para los cursillos prematrimoniales, cultiva rosas para el altar de la Virgen. Y no cree ni una sola palabra de las que pronuncia, y no siente ni uno de los abrazos que le quedan prendidos a los hombros como un traje mal cortado.
     Tampoco reflexiona sobre esto a diario, pero la sensación de ser una farsante le ha quitado el brillo. Es notable. Y no habla demasiado. Trata de no hablar para que no se note.


PÁGINA 19 – POESÍA AMERICANA

 
CARLOS LÓPEZ DZUR
(Orange County-California-USA)
 
EL PRIMER MANDAMIENTO

a Eduardo Nieves Vélez, agricultor y amigo
de Pepino, con admiración y cariño

 
     1.

Ni una, ni la más miserable criatura de la tierra,
dejará de decir: «Quiero el Pan»,
si el hambre es crimen.
Por ende, quiérelo.
Nazca como guerrero el que quiera
su estómago lleno.

Diga con la Serpiente
«Delante de los bohíos, labremos
corazones de guerreros»
y así, por trabajo se tendrá
el casabe, y será el pan del valiente.

No. Nadie ponga su cara fea y flecha
de escarnio a la saciedad,
si falta la hartura de su vacío y la tripa gime.

Si el poder de Sol como Cauní
bulle y se contenta el horizonte en pleno,
la guerra es una, labrar hasta matar el hambre.

El conuco acuna yuca, a veces dulce
y de vez en cuando, amarga,
y además nace maíz, piña para los paladares
y el grano de maní y algodones
y el afán sirve al regadío y el agua
bandice ese vientre del mundo.

Y YaYa dijo y repitió el Siboney
para que lo aprendiera el Taino
desde su aliento arahuaco de siglos,
«Aprendan las naborias, junto a nitaínos,
sea guardado como mandato por behiques
y por el mismo cacique, este secreto esencial
y no sea místico ni impenetrable,
sea disponible cotidianamente
ante el riesgo
de que venga la noche del Olvido
y la invasión de los Cambios...

«El Pan es siempre bueno,
el casabe indispensable y sabroso
pero, sin labrar la tierra
ni pan ni casabe».


PÁGINA 20 – ENSAYO


ANTONIO ACEVEDO LINARES
(El Centro-Barrancabermeja-Colombia)


UNA FILOSOFÍA LATINOAMERICANA

Una filosofía latinoamericana que piense y se interrogue sobre nuestra realidad y nuestras cosmovisiones está por construirse, es un proceso del pensamiento que tiene que fundar primero una tradición filosófica y, una tradición en la historia del pensamiento no es un periodo de décadas sino de siglos. El pensamiento filosófico europeo tiene una tradición de siglos, que es lo que hace que surjan filósofos con una proyección y una dimensión universal: Kant,  Nietzsche, Habermas, Foucault etc. En muchos países de América Latina no ha habido un filósofo de esas dimensiones, posiblemente por carecer de una tradición filosófica de siglos, que se requiere para hacer filosofía. No creemos, no obstante, que sea la lengua un impedimento para pensar filosóficamente. La filosofía alemana no sería posible sin la filosofía griega, y la filosofía griega, alemana, asiática fue posible precisamente porque se construyeron a sí mismas fundadas desde una tradición filosófica de siglos. La exégesis y la instrumentalización de la filosofía tal vez tienen que ser parte de esa tradición, que en América Latina está por fundarse. América Latina es todavía un continente nuevo en el ejercicio de pensar su ethos y su pathos desde una perspectiva filosófica. Los marcos teóricos desde los cuales se interpreta la realidad y los acontecimientos sociales, culturales o políticos nuestros, si bien fueron creados para realidades distintas a la nuestra y, en contextos diferentes, también es cierto que el pensamiento es universal y, una filosofía latinoamericana para pensar lo nuestro debe contar con el pensamiento filosófico universal, en tanto que es creación del pensamiento humano. Los marcos teóricos nuestros se construirán en la medida que pensemos desde nuestro ethos y nuestro propio contexto. No creemos, no obstante, en lo " propio " que es un entrecruzamiento de culturas sino en lo " nuestro "que es con lo que contamos. La filosofía debe comenzar por pensar e interrogarse por lo nuestro, esto es, debe partir de lo que somos, una cultura híbrida que se ha hecho universal porque recoge las formas, las expresiones o los materiales simbólicos, espirituales o culturales de otras culturas y, no por ello es menos nuestra o propia. Una conciencia moderna debe ser universal: se debe situar en el mundo y más ahora en la era de la globalización. La identidad de las culturas hay que verlas hoy en la diversidad, su hibridación, su mestizaje y su pluriculturalismo. La latinoamericanidad de nuestro continente está aquí; la filosofía debe construirlo, descubrirlo, develarlo. La literatura y el arte se construyeron desde una perspectiva latinoamericana porque fue hasta lo más profundo de su ethos, sin desconocer y asimilando en un proceso de decantación, la creación del arte y la literatura universal. Con la filosofía hay que hacer otro tanto. Ahora bien, la modernidad en América Latina todavía es un proyecto inconcluso o postergado. No hemos tenido una modernidad en tanto no habido un pensamiento filosófico auténticamente nuestro, eso no quiere decir que no esté en proceso de construcción, pero es un proceso que debe ser de siglos para que se funde una tradición filosófica. Kant en su texto; Respuesta a la pregunta qué es la Ilustración? escribía sobre la necesidad de pensar por cuenta propia, de valernos de nuestro propio entendimiento y esa es una lección universal para quien desee hacer filosofía, literatura o arte. Un poema, una teoría, una filosofía es universal en tanto se interrogue sobre sus orígenes y su ethos y sus particularidades culturales y su esencia.


Una filosofía auténticamente latinoamericana no puede pensarse sin un diálogo crítico con la filosofía griega, europea o anglosajona y en esa perspectiva nuestra asimilación crítica para fundar una tradición filosófica apenas está formándose. Por otra parte, en la era de la globalización el dualismo entre lo propio y lo ajeno, el centro y la periferia, entre la alteridad y la mismidad ya no es posible 1 y, esto hace que no sea posible tampoco situarse en un " no lugar " desde donde hacer filosofía. América Latina debe asimilar la modernidad europea para que tome conciencia de si misma, afirma Leopoldo Zea 2 y, en esa dirección su asimilación crítica contribuirá a superar el colonialismo de las filosofías en América Latina. En la era de la globalización lo propio y lo ajeno desaparece en tanto culturalmente se está produciendo una planetarización del mundo. La filosofía eurocéntricas que colonizó a América Latina se resquebraja en tanto el dualismo simplista de centro -periferia, civilización-barbarie, totalidad-exterioridad se ve superado, afirma Dussel, pero su superación no quiere decir que ya no existan, que tenga una inutilidad epistémica 3. La filosofía latinoamericana para que se auténticamente latinoamericana tiene que dar cuenta de la propia condición humana del hombre latinoamericano, no importa que en ese proceso tenga que apropiarse de los instrumentos teóricos de otras filosofías para interpretar lo nuestro. Allí radica el proceso de ir construyendo una tradición filosófica entre nosotros y de la práctica de una hermenéutica filosófica deben ir surgiendo los marcos teóricos propios para la interpretación de nuestra realidad latinoamericana. La originalidad de ese ejercicio filosófico estaría en los resultados que esa interpretación desarrolle en descubrir nuestra propia esencia y develar nuestro ethos. La filosofía latinoamericana de la liberación, el análisis histórico en torno a los derechos humanos, la política, la ética, la cultura, la historia las ideas y las mentalidades han sido intentos legítimos por interpretar lo latinoamericano y, si esta filosofía se denominó de liberación fue resultado de las condiciones propias, objetivas de la realidad social latinoamericana que forjó su método como resultado de la praxis. La filosofía en América Latina es una filosofía comprometida con historia, la cultura y las ciencias sociales y humanas y, se ha ido formando y fortaleciendo en un diálogo con las corrientes de la filosofía como el hegelianismo, la fenomenología, el existencialismo, el historicismo y el marxismo, que la han enriquecido, es decir, se ha apoyado en la tradición filosófica de Occidente y en ese contexto es heredera de esa tradición 4 y, no por ello es menos latinoamericana.

BIBLIOGRAFIA

1. Citado por Santiago Castro G. Crítica la razón latinoamericana. Puvil Libros, Barcelona, 1996, Pág. 152.
2. Ibíd., Pág. 63.
3. Enrique Dussel. La filosofía de la liberación ante el debate de la postmodernidad y los estudios latinoamericanos. En cuadernos de filosofía latinoamericana. Universidad Santo Tomás #74-75, Pág. 23.
4. Álvaro Andrés Hamburger. La filosofía latinoamericana de la liberación: una mirada retrospectiva y evaluativa de los noventa. En cuadernos de filosofía latinoamericana. USTA. # 76-74, Pág., 53-54.




PÁGINA 21 – CUENTO

AMANDA PEDROZO
(Asunción-Paraguay)

EL NENE NO QUIERE IR A LA ESCUELA

  Qué extraño, el nene no quiere ir a la escuela. Salió igualito a la tía Albertina, quien prefería un chicotazo después del desayuno, antes que ir a la escuela. 
-Pero hay que ir a la escuela, entendés nena -le decía abuela Antonina después de sacudirle el rebenque por la espalda. Y la llevaba a rastras, a Albertinita, la presentaba todos los días paradita y toda almidonada al lado de la bandera patria, porque así era la regla de la institución: "los alumnos y alumnas que lleguen tarde, deben plantarse firmes frente a la formación completa para cantar el Himno Nacional".
  Ella pobrecita llegaba tarde todos los días y cantaba en medio de chorradas de lágrimas. Por suerte en la vida de Albertina existía la tía Lucila. Era la sabia de la familia, la vidente, aunque le decían la pistolera porque donde ponía el ojo ponía la bala, tanto si de vaticinar se trataba como de hombres, cuentan que en eso demostró puntería desde temprana edad y que jamás falló. Así que la escuchaban como palabra mayor, y se acostumbraron a hacerle caso. A menos que callara como piedra ante algún enigma familiar, como en el tema de la nena. Hasta que unos días después sentenció: -A Albertinita le están tocando la cosita.
  Nos empavoreció, pero resultó cierto. Intensos interrogatorios y lenguas sueltas confirmaron que sus compañeritos la solían encerrar en el aula cuando la maestra estaba en la dirección, se le tiraban encima y le metían mano bajo el guardapolvito, por eso la nena prefería que la maten antes que ir a la escuela. Así que terminó medio analfabeta porque la sacaron de la institución, y medio virgen la hicieron casar a los 14 años con un viudo al que ya no le daba el tranco para darse cuenta de que a Albertinita ya le habían tocado la cosita.
  Alguien recordó aquella premonición de tía Lucila. Era simple: si el nene no quería ir a la escuela, si se ponía tan retobado como en sus tiempos la tía Albertina, por algo debía ser. Así que le preguntamos.
-Y porqué no querés ir a la escuela.
-Porque hay fantasmas.

**
  Fuimos con él aquella mañana. Se nos retobó en la entrada, lloró aunque le dijimos pero qué mujercita que sos, y tuvimos que llevarlo en medio de nosotros hasta el zaguán que había que cruzar para entrar a su aula (nos habían comunicado hacía unas semanas que al nene lo pusieron entre los niños de inteligencia superior al promedio y que los tenían separados de los demás escolares en esa parte antigua de la escuela, para evitar que sean molestados).
  Nos metimos en el viejo pasillo de ladrillos y tejuelas húmedas, de a dos porque más no entrábamos, llevándolo al nene agarrado del cuello de su papá y como si fuera gato al agua. Allá al final se veía prendido el foco de 25 watts que es lo que podía pagar la comisión de padres, y por lo visto la clase ya había empezado.
  La clase. El foco de 25 watts enmarcó primero la figurita blanca de ojos rosados al fondo y luego la piel de mariposa de noche y los cabellos trasparentes. La niña cruzó con su guardapolvito inmaculado el rectángulo de la puerta y por un segundo pareció mirar al nene que se retorcía porque realmente a esa altura ya le estábamos empujando para que entre. La maestra nos miró apenas: -adelante -dijo. En la primera fila estaba la niña y en la misma hilera, otras cuatro criaturas albinas. En la segunda, un solo niño pero era como veinte en un solo cuerpo y con esos ojos atrapados en una inocencia desmesurada.
-Elefantiasis -murmuró la maestra sin mirarnos.
La tercera fila estaba poblada de enanos y una niña traslúcida completamente irreal.
-Es una niña azul -dijo y era como si la maestra tuviese en la espalda el ojo que le faltaba en la cara.
  Detrás: un muchachito sin rostro (principio de emangioma, vulgarmente conocido como "cara de árbol", especificó), dos siamesas pegadas por el pecho y tres niños hermosos que cabeceaban sin parar ("autistas genios"). Quinta fila y como si recitara, citó la maestra: -Ese de ahí, hipertricosis congénita o niño lobo; el de al lado, neurofibromatósico; la niña del medio, dipygúsica; a su derecha, la de pierna parásita y la que se sienta doblada, hipermovilidad articular.
  La sexta: siameses heterópagos, nena porfírica... (a la criatura le estaban sangrando las encías, no vimos más porque cruzamos corriendo el zaguán hasta salir de la zona de los niños con inteligencia superior al promedio, no miramos atrás ni una vez aunque seguíamos oyendo la voz de la maestra clasificando a sus alumnos y llevamos al nene agarrado al pecho de su papá como gato al agua, hasta hoy día no le preguntamos en qué fila solía hacerle sentar la maestra, aunque esa pregunta nos sigue quitando el sueño).   




PÁGINA 22 – POESÍA AMERICANA

CARLOS LUIS IBÁÑEZ TORRES.
(Pamplona-Colombia)

LA LÁMPARA

Alguien dejó encendida en el corredor de la infancia,
una lámpara que llamea aún, sobre la lejana noche
en que con ojos de niño, vi, por última vez,
la inmensa casa paterna.

Allí quedaron olvidados ingratamente,
un trompo, una cometa, un tren de madera, una “cachucha”,
un perro, un gato, el maletín  ABC,
donde seguramente reposan las primeras palabras,
escritas en un cuaderno Ibérica;
en ellas, estoy casi seguro,
había lunas y pájaros, un caballo,
olor a pan fresco, a mañana andina,
a eucalipto, sauces  rio,
y, algunos nombres que aún me habitan.

Pero el tiempo ha cumplido su tarea,
y los días como el viejo cuaderno,
se han ido llenando en las horas,
que son como sus hojas,
de palabras nuevas,
de borradores,
de espacios en blanco,
de momento ilegibles,
de puntos aparte y de puntos suspensivos,
de alegres dictados, de finales felices,
porque alguien dejó encendida,
en el corredor de la infancia,
una lámpara que llamea a la espera de la hora,
en que con mis ojos de anciano,
vea aparecer, el maletín, el trompo,  la cometa,
y un caballo para galopar por la última noche de mi vida.

Piel adentro.


PÁGINA 23 – ENSAYO

CRISTIAN VITALE
(La Plata-Buenos Aires-Argentina)

NON OMNIS MORIAR

Los pintados pájaros, dijo Blake, y me arregló la tarde. Lo dijo en un poema lánguido, frívolo a nuestra sensibilidad futura, reconocido a nuestros ojos viejos o aún por nacer. Los pintados pájaros, dijo, y me salvó el día frío de lluvia, la tarde gris del invierno, la prevista noche.
     Dijo los pintados pájaros y me quedé preguntando si el semioculto, pasajero rinconcito de un poema salva un resto acaso indefendible. Siempre me lo he preguntado. No creo que él haya previsto, visionario aún como era, mi alegría venidera. Porque lo dijo al pasar, casi entre paréntesis lo dijo, como se arroja una piedra indistinta a un río insensible y neutral. Menos lo puso que lo dejó. Pero lo dijo. Los pintados pájaros dijo y siguió (saltó, se fue, se perdió, se olvidó) diciendo quién sabe qué cosas acerca de la risa, creo, acerca de la infancia, intuyo, acerca de otras cosas. Y me arregló la cara, los ojos difusos.
     Soy injusto y lo sé. Caprichoso. Pero cada uno muerde por donde le da la boca. Y yo me quedé con ese mordisco sonso quizás, pero que se me vuelve poco a poco tan íntimo como un recuerdo incompartido, como una noche reiniciada interminablemente en sueños. Soy injusto con su esfuerzo, lo sé, con su talento, con su esmero tal vez, su oficio o su espera. Pero ese trago me quedó. Los pájaros pintados. No quiero saber por qué. No importa. Y no quiero que se me vaya. Ese costado del whisky fue el que me mordió en la garganta.
     A veces pienso, sin embargo, si la poesía no es eso. Un mordisco ilógico en cualquier parte. Y nosotros una boca abierta hacia el cielo cuando llueve. Me pregunto si la poesía se lee, se mira, se observa o se ve. Que menos se lame que se muerde. Que menos nos moja que nos mancha. Y que no seca. Los pintados pájaros, dijo Blake. Esa es la cuestión. Quién sabe por qué. Quién sabe si mi poema fue el de él, el de otros, el de todos. Sé que no. Sólo puedo decir una simpleza. Una verdad. Por un momento largo cuya duración no quiero saber, un hombre se fue de mí. Y ya no sabrá jamás si llovía.



PÁGINA 24 – CUENTOS BREVES

JORGE M. TAVERNA IRIGOYEN
 (Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

SECRETOS INCONFESABLES

Cada tantos días baja al sótano. Treintaytrés escalones que desciende como quien baja al Purgatorio. Allí, en el fondo iluminado por una claraboya, hay una silla. Se sienta y recoge las piernas. También recoge su mente de todo pensamiento ligero. Entonces le habla a la madre. La ha querido mucho, aunque siempre la notó extraña. Le reclama que nunca lo abrazara. Que jamás lo cobijara en los sueños. Que nunca le dijera la verdad. Ella, una sombra evanescente, tiende una mano..(Sobre la suya, deja una lágrima)
No  contará nunca lo del plagio. Tampoco la razón de no presentarse a concursos. El sigue escribiendo para sí solo. Rompiendo, siempre rompiendo originales. Ella juntando páginas que después ordenará, reelerá y finalmente rubricará con su nombre.


El cambio de cadáveres fue una maquinación de tío Eufrasio. Con la complicidad del sepulturero, sacó a su mujer y puso en lugar a la última e infortunada amante. A la oficial la mandó al crematorio. El día que me toque estaré junto a quien realmente me comprendió, quien no me dio hijos que complicaran la vida, quien cumplió puntual con todos los cheques sin fondo que firmé por error en los últimos años.


Sale del cine con la boca seca. Es extraña la sensación, que no puede compartir con nadie. Cruza la calle sin mirar. Un auto frena a centímetros de sus sandalias. Continúa avanzando por el bulevar. Le parece escuchar allí va Gloria Swanson. Pero no: es ella misma la que se retrotrae a los años de fama. Ella misma que, al salir del biógrafo donde pasaron como curiosidad una película suya de los treinta, siente que no ha quedado nada de aquélla que brilló y enterneció a millones…


En Strafford sirven el té de las cinco en la casa contigua a la que nació William Shakespeare, endulzándolo con miel de acacias. Frente al puente y a una yarda de la iglesia. Lo sirve Ann, con su delantal inmaculado. Ann, la que a veces da exactas referencias sobre el escritor y su familia, su primer y último libro, su sentido de la religiosidad y sus preferencias gastronómicas. Ann, la que con pudor guarda el secreto inviolable de ser analfabeta.


Esta semana no iremos al camposanto. Todavía no florecieron las azucenas y no tengo deseos de rezarle. Lo haré en casa, quédate tranquila, hija. El descansa y no necesita ya de nosotras. En el fondo no puedo decirle la verdad. Hoy murió la otra, la que tanto atormentó mis horas. Seguro que ya están abrazados en el más allá. O haciendo alguna porquería…


Nadie sabrá lo de la herencia. No saldrá de mi boca, lo juro. Todos  los billetes vencidos, sacados hace años de circulación por el Banco Central. Y esa hipoteca sobre una casa incendiada…Nadie sabrá de esta burla del destino. Años esperándolo, sirviéndolo en la sacristía y en la casa parroquial, sin una sola queja. Está bien. Lo comprendo: Dios se ha vengado.



PÁGINA 25 – POESÍA AMERICANA

FRANK PADRÓN
(Pinar del Río-Cuba)

IMPOSTURAS
Cuando Aquiles lloraba la muerte de Patroclo
había también un poco de Briseida
en sus lágrimas
Y cuando David en su endecha confesaba
el amor de Jonatán más dulce que el
de las mujeres
no olvidó las veces que dejó al amado
por una de ellas.
Narciso se adoraba ante las aguas
pero traicionaba su amor cuando la imagen de un pastorcillo
cariñoso
se interponía entre su rostro y el espejo.
Cuando Amenofis IV declaraba a Nefertiti
amor eterno
su paladar recordaba los besos de la amante.
Cuando Adriano poseía a Antinoo
algo de Plotina penetraba en el joven.
Y cuando Shakespeare escribía en su soneto LXII:
No, tu amor, aunque mucho, no es tan poderoso
Es mi amor el que tiene mis ojos en vela
sabía que el otro compartía sus caricias
con las de una cortesana.
Los hombres nunca fueron fieles
también el cisne de Avon escribió algo así.
Siempre mintieron, fueron dobles o triples
Como yo
que beso ahora sus labios
quizá digo “te quiero”
y siento en mí         otros labios
o recuerdo el “te quiero” que él me dijo
pensando acaso en ella.



PÁGINA 26 – ENSAYO

© FABIO JURADO VALENCIA
(Buga-Valle-Colombia)

PEDRO PÁRAMO DE JUAN RULFO:
Murmullos, susurros y silencios

Para críticos e investigadores la obra de Rulfo ha sido siempre un asombro y un ejemplo de cómo una obra breve puede ser a la vez compleja. A la fusión entre la brevedad y la complejidad ha de agregarse el carácter detonante de una poética narrativa que finalmente, y luego de todo un proceso de búsqueda, logra irrumpir y marcar un antes y un después, no sólo en México sino en toda América Latina. Tal fue el alcance de la detonación, que hoy podríamos afirmar que sin esta obra magistral, quizás no hubiera sido posible esa otra obra que como la de García Márquez hizo volver la mirada de los europeos hacia las literaturas y las artes de nuestros países.
Aquí se trata de estudiar aquello que en historiografía literaria llamamos una «obra clásica», cuyo concepto es mostrado por Carlos Monsivais cuando dice que «los dos libros de Juan Rulfo son, inequívocamente, clásicos de una cultura y una lengua; clásicos porque representan el esplendor –sin rigidez posible– de un canon que lo es por el consenso de cada nueva generación de lectores; clásicos porque les permiten a sus frecuentadores definirse, reflexionar, y sentirse allí expresados, en variedad de reacciones a las que unifican el fervor y el asombro agradecido» (1983: Homenaje Nacional a Juan Rulfo).
¿Qué hace de los cuentos de Rulfo un objeto de fijación en la memoria de los lectores y qué hace que estos lectores «rulfianos» procedan de distinta condición y no necesariamente sean lectores especializados en literatura?; ¿por qué, sin recurrir a tantos artificios, se trata de cuentos «asimilables», si por ello entendemos una apropiación gozosa de las historias que se nos cuenta, y a la vez propician universos de ambigüedad en sus significados? ¿En dónde radica lo estético-poético de estos cuentos y cómo ellos logran materializar la inevitable interacción entre la oralidad y la escritura, que se materializará con mayor fuerza en Pedro Páramo? Nos encontramos con la convergencia de los cuentos en la novela, sobre la cual también cabe preguntarse por sus tonos, su estructura circular, sus anclajes históricos y antropológicos, sus interpelaciones ideológicas y su hermetismo por su alto poder simbólico.
Es posible que este trabajo sea sólo un balbuceo frente a la capacidad de sugerencia semántica y semiótica de la obra de Rulfo; como un balbuceo lo presento, luego de 20 años de iniciado su primer borrador en México, cuando el Director por entonces del Seminario de Poética, del Instituto de Investigaciones Filológicas, de la Universidad Nacional Autónoma de México, José Pascual Buxó, me concediera una beca para su exposición y desarrollo en el Seminario. Entre 500 páginas he hecho una depuración pensando en unos lectores abiertos, no necesariamente académicos; si bien a ellos se debe este trabajo. Los lectores de esos primeros borradores fueron Helena Beristain, César González, Tatiana Bubnova, Gilberto Jiménez, Francoise Perus y José Bazán.
En el año 1986 muchos apartados de este trabajo se pusieron a prueba en las aulas de la Maestría en Literatura, de la Universidad Javeriana, por el interés que mostró el padre Marino Troncoso hacia la obra de Rulfo y las aproximaciones desde el dialogismo literario. De allí en adelante los borradores siguieron circulando en cursos de posgrado en Medellín, Cartagena, Pasto y en Bogotá, con los cursos de la carrera en Estudios Literarios, de la Universidad Nacional de Colombia. Es indudable que las preguntas surgidas en estos cursos aparecen en el fondo de muchas ideas aquí planteadas.
En el año 2003, la Universidad Nacional me concedió el año sabático, uno de cuyos propósitos era «organizar para la edición» dos libros que tenía en borrador; uno de ellos es éste, el de Rulfo. La celebración de los 50 años de la primera edición de Pedro Páramo me obligó a acelerar la depuración de esta versión, para rendir homenaje a un escritor que me hizo ir a México para profundizar en su obra. Valió la pena.


PÁGINA 27 – CUENTO

LEONARDO FINKELSTEIN
(Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Argentina)

EL ASCENSO

La  enfermera se acercó sigilosa al joven que desde hacía un rato se hallaba inclinado sobre la hierba .
–Hola, Fritz, le dijo, ¿qué miras con tanta atención?
-Ah, he hecho un descubrimiento muy importante, dijo el joven volviéndose y con  un hilo de baba deslizándosele por el mentón,  esto va a revolucionar la idea que tenemos de todas  las cosas; tengo que hablar con el director, cada hebra de pasto tiene un nombre y esta pequeñita de aquí no estaba tan grande ayer y por eso sus amigas la están aplaudiendo, porque son sus amigas. Es una fiesta de bautismo, y las hormigas vienen de todas partes, ¿usted está bautizada señorita Agnes?
-No.
-Ah, menos mal.
-¿Por  qué?
-Porque el agua del bautismo nos quita la película de protección,  y entonces  se filtran las radiaciones de la Nasa. Y desde allí transmiten los judíos, infectándole la cabeza a todo el mundo con sus porquerías de puercos. De cada prepucio cortado hacen  unos pajarracos horribles y los lanzan contra  la gente normal para comerles el alma…
- No empieces otra vez con eso, que después hay que inyectarte para que te duermas y no te gusta; toma la  medicación, le dijo la enfermera.
- Señorita Agnes, dijo el joven depositando el vaso de plástico sobre la bandeja,  cuando todo esto termine, todas las  hebras de pasto tendrán un  nombre y los caballos no se muevan como los perros… usted y yo podríamos ir a una cafetería, no ésta fea del hospital, sino una cafetería linda con manteles rojos a cuadros, a comer un struddel…
-¡Claro que sí! dijo la enfermera, mirándole fijamente y por un instante a unos ojos celestes acuosos y vacíos. Apartó la vista,  era como asomarse al umbral  mismo de la locura.
 -Señorita Agnes, tiene unos ojos muy lindos, me gusta mirarlos.
La enfermera se alejó  sintiendo fuertes ganas de llorar, un muchacho tan joven, tan buen mozo; se cruzó con el doctor Leiber y le comentó que Fritz le partía el corazón, y éste le aconsejó que tratara de no involucrarse con los pacientes con cuadros psicóticos irreversibles. No me involucro, respondió ella, en guardia, asumiendo una actitud profesional, pero a veces cierto contacto es inevitable. Me pregunto qué shock tan doloroso habrá recibido, para terminar así, pobrecito.
-Vaya a saber, respondió el doctor Leiber, a veces tengo la sensación de que la estructura mental de cada uno de nosotros tiene la fragilidad  de una partida de ajedrez, todo está bajo control pero de pronto damos un paso en falso y nuestros planes y proyectos y emociones se derrumban como una estantería llena de botellas,  vasos y tazas de café. Venga, le invito uno.

La cerveza a hectolitros enfriándose en la nevera y el fuego crepitando para las salchichas y las hamburguesas, ascendido a comandante de grupo, nada menos. Teléfono. Karl había conseguido las pastillas y su hermana Erna vendría con algunas amigas; era bueno que hubiera mujeres en una fiesta; todo marchaba hacia el centro de la felicidad, las cosas no podían ir mejor. Para estrenar su graduación y lucir  su cruz gamada, ya de madrugada y de postre, irían a darles lo suyo a unos inmigrantes turcos que había detectado durmiendo bajo el puente de alexanderplatz.
Los invitados llegaban. La cerveza. Las hamburguesas. La mostaza, las chicas. Las pastillas. La cerveza. Las salchichas, la mayonesa y el ketchup. Los camaradas. El ascenso. Los planes. El vodka. Risas y gritos y colegas llamándolo para que vea algo y allí en el centro del jardín “Goebbels” su rod wailer con las orejas gachas, recibía los ímpetus amorosos de un perro achaparrado manchado de negro y marrón y  de largo hocico del que colgaban unas estalactitas de baba. En el centro, miraba la escena y la escena lo miraba,  pero su cerebro no llegaba a decodificarla y recién, cuando Franz gritó: -“¡¡¡Esto lo aprendió de su dueño ahahahahahahahahajjjjjjjj  es él quien se lo enseñó!!!! ¡Todo el mundo sabe que los perros imitan a los amos!  ¡aaaaaaahhhhhhhhjjjjjjjjaaaaaaa!
¡Si hasta se lo deben hacer entre ellos, -bramó, escupiendo cerveza de la risa y atragantándose-  cambiando los turnos aaaaajjjjjjjjjjjjjjjjjhhhh!” y  todos aullaron festejando la seguidilla de ocurrencias, cayó en cuenta de la situación. –Le enseñó a chupársela untándose leberwurst en pollaaaaaaaaaaaaaa, escuchó desde su habitación que gritaba Otto, mientras revolvía  todo, frenético, hasta que halló  el bate de baseball y regresó al jardín, le dio un patadón al perro achaparrado que continuaba afanándose  detrás de “Goebbels” moviendo  una enorme cola en forma de  media luna, manchada de grasa de auto; pero hizo falta otro para desabotonarlos; luego golpeó a su perro con el bate. Recordó que apenas a los 3 meses lo había encerrado en una bolsa con dos gatos para que aprendiera a ser bravo. Recordó como le había arrancado la mano a ese negro de mierda que por poco se les escapaba por el parque. Recordó  al puto asqueroso al que le había arrancado la nariz  y un ojo, antes de que tuvieran que salir volando porque llegaba la policía. Recordó cómo les había arrancado el culo a esos hippies mugrientos cuando arremetieron  en el “Kultural Center” para el cumpleaños del fhürer… y a cada recuerdo le descargaba un nuevo palazo, aunque desde hacía varios minutos se encontraba apaleando a una papilla roja, inánime, rodeado de los vítores  y las carcajadas de sus colegas. Luego blandió el bate contra sus amigos, derribó a Erna, a Otto y a Helm; le partieron  un botellazo en la cabeza, pero insensible, enajenado y ajeno , siguió, dando y recibiendo nuevos golpes hasta que salió corriendo hacia  la calle ensangrentado y aullando desgarradoramente.
Lo encontraron unos vagabundos, con ambas piernas rotas,  temblando y  delirando debajo de un puente y lo llevaron al hospital. Despertó aullando y se cayó de la cama. Tuvieron que sedarlo. Entró en coma. Volvió del coma y cuando recobró la conciencia, aulló. Volvieron a sedarlo. Del hospital  fue trasladado a  un instituto de sanidad mental, hará ahora exactamente 3 años, este domingo.


PÁGINA 28 – POESÍA ALLENDE EL MAR

GELLU NAUM (1915 – 2001)
(Rumania)
         
         El más importante representante del surrealismo rumano, también participe muy conocido del surrealismo europeo. Sus poemarios: Athanor (Athanor), Copacul animal (El árbol animal), Tatăl meu obosit (Mi padre cansado), Malul albastru (La orilla azul) etc. cultivan una poderosa visión onírica y un actitud no-conformista con la sociedad contemporánea. Su escritura poética, única en la cultura rumana por la longevidad de su fórmula, explora, sin ninguna duda, la viabilidad estética del surrealismo, incluso después de que en Europa ha llegado a su fin.
        
ESPEJO CIEGO

El hilo de sangre que sale de mi bolsillo
el hilo de lana que sale de mis ojos
el hilo de tabaco que sale de mis orejas
el hilo de llama que sale de mis narices

Tú puedes creer que mis orejas fuman
pero la gente ha quedado inmóvil en la mitad  de la calle
porque esta noche todas las estatuas se pintarán de negro
y mi desvelo será lo que tú vas a conocer
un desvelo cualquiera de tiza y de arcilla
un desvelo como una estufa o como una puerta
o mejor como el hueco dentro de una puerta
y detrás de esta puerta quiero hablar de la memoria

Quiero que me huelas como a una ventana
quiero que me oigas como a un árbol
quiero que me toques como a una escalera
quiero que me veas como a una torre      

    
YA AL FINAL DE LA NOCHE DE VERANO

Ya al final de la noche de verano cuando unos quizás ya esperan el alba
yo arzobispo de las serpientes, gondolero de un tranquilo desorden
escucho el golpe de las aguas en las orillas
ahora que ya nada me interesa
ahora que en mi cuarto vacío el teléfono suena asustando a los pájaros
que  miran en la ventana
ahora que en mi pecho abierto como una puerta estoy esperando una señal que ya nada diga
ahora que miro cómo quema la selva con sus ilusos  árboles
ahora que alguien me trae una moneda antigua robada no sé donde
ahora que se dispara desde los balcones porque alguien ha inventado este nuevo vicio
ahora que pienso en el gasto inútil hecho por mis bravos
padres en mi educación y tantas cosas
un pájaro inmóvil me acecha en una encrucijada
y yo maestro-cansado de los pájaros muertos
vuelvo a comenzar mis llamados de cuco. 



PÁGINA 29 – ENSAYO

FERNANDO SORRENTINO
(Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Argentina)
             
BORGES Y ARLT: LAS PARALELAS QUE SE TOCAN

VIDAS PARALELAS

Con harta frecuencia se han trazado paralelismos y efectuado comparaciones entre los denominados grupos de Florida y de Boedo, que surgieron en Buenos Aires allá por la década de 1920: inclinado, según dicen los que saben, a lo "estetizante" el primero; a lo "social", el segundo. (A mí me cuesta aceptar la incompatibilidad de las categorías —si fueran tal cosa— de "estetizante" y "social": creo que nadie puede ser "absolutamente" estetizante ni "absolutamente" social; creo —por ejemplo— que nada impide que un libro esté muy bien encuadernado y que, al mismo tiempo, sea aburrido.)
Aun aceptando —por cierto que a regañadientes— la existencia de ambos grupos, y, por añadidura, con la posesión de dichas características distintivas, hay un hecho mucho más decisivo que tiende a invalidar o a hacer irrelevante su acción, y es que las obras literarias jamás se han originado en sociedades colectivas sino que siempre han sido fruto exclusivo de la creación individual. La opinión contraria —la que ve las obras como resultado de la acción del grupo— parece sustentarse, más bien, en una especie de criterio de eficacia colectiva, criterio maravillosamente aplicable al fútbol y a otros deportes de conjunto, pero de ningún modo admisibles en lo personal por excelencia: la creación artística.
Acaso como una extensión adicional de aquel afán clasificatorio, suele hablarse también de una suerte de "vidas paralelas" entre los dos escritores que más vigorosamente representarían a uno y otro grupo: Jorge Luis Borges y Roberto Arlt.
Inclusive los escritores más diminutos son multifacéticos: con mayor razón sería absurdo despojar de sus muchas riquezas a escritores tan valiosos como Borges y Arlt para dejarlos reducidos a los tristes esqueletos de, respectivamente, "estetizante" y "social".
Lo cierto es que Borges y Arlt se inventaron a sí mismos sendos caminos literarios: caminos propios, personalísimos, inimitables e intransferibles. Y estos caminos —ahora sí, y sólo en este sentido, "vidas paralelas"— parecen no haberse tocado nunca.
Proveniente de una familia inmigrante de lengua no española, Arlt fue argentino de primera generación, inculto (en la acepción académica de la palabra), tumultuoso, osado, intuitivo, vital, de grueso sentido del humor.
Borges, en cambio, pertenecía a una antigua familia argentina, acomodada y tradicional, en cuya casa había muchos libros y se hablaban correctamente el español y el inglés; Borges era tímido, miope, tartamudo, estudioso, sutil, inteligentísimo e infinitamente transgresor y revolucionario (como jamás podrían serlo —y ni siquiera imaginarlo— los transgresores y revolucionarios "profesionales", hechos de escenografía y caracterización teatral, y repetidores de frases viejas y de decires cristalizados).
Ambos son ajustadamente coetáneos: Borges nació el 24 de agosto de 1899; Arlt, el 2 de abril de 1900; de manera que, si el azar lo hubiera consentido, podrían haber sido compañeros de clase. Difieren en que Arlt murió relativamente joven, a los cuarenta y dos años, el 26 de julio de 1942, y Borges muy anciano, a los ochenta y seis, el 14 de junio de 1986.

INFLUJO DE BORGES SOBRE ARLT

Cronológicamente, la primera obra narrativa de Jorge Luis Borges es la Historia universal de la infamia (1935). Casi veinte años más tarde, refiriéndose a esas páginas, su autor las define así:
Son el irresponsable juego de un tímido que no se animó a escribir cuentos y que se distrajo en falsear y tergiversar (sin justificación estética alguna vez) ajenas historias.
Pues bien, en 1935 hacía ya dos años que Roberto Arlt había publicado la casi totalidad de su obra narrativa: las novelas El juguete rabioso (1926), Los siete locos (1929), Los lanzallamas (1931) y El amor brujo (1932), y los cuentos de El jorobadito (1933).
En 1941 (el mismo año de El jardín_) Arlt publica Viaje terrible El criador de gorilas.
Arlt murió, como vimos, a mediados de 1942. Así, pues, no pudo conocer obras narrativas mayores de Borges, tales como Ficciones (1944), El Aleph (1949), El informe de Brodie (1970) o El libro de arena (1975).
No sabemos si Arlt llegó a leer la Historia universal de la infamia El jardín de senderos que se bifurcan. Sin embargo, puesto que buena parte de aquélla fue previamente publicada en el diario Crítica (donde también trabajó Arlt), es razonable inferir que éste haya leído esos relatos.
De ser así, ignoramos también qué opinión le merecieron a Arlt los trabajos de Borges. No obstante, me atrevo a suponer que los rechazaría o los despreciaría, en cierto modo por "incomprensibles" para su concepto de lo que debía ser la literatura. Ahora bien, esto no habla ni en contra ni en favor de Arlt: la complejísima trama de las aceptaciones y los rechazos recíprocos y potenciadamente entrelazados de obras y de autores desborda de afinidades insospechadas y de aborrecimientos inimaginables.
Sí, en cambio, la lectura de todas las obras de Arlt nos indica, con total claridad, que la influencia ejercida por Borges sobre aquél es absolutamente nula.

INFLUJO DE ARLT SOBRE BORGES

Borges, el que se crió en "una biblioteca de ilimitados libros ingleses"; Borges, el que leía en inglés, en francés, en italiano, en portugués, en alemán y en latín; Borges, el apasionado por los juegos metafísicos y por las mitologías de compadres y cuchilleros, ¿leyó esas historias de empleadillos y de horteras, de mezquindades y avaricias, de iras y de frustraciones, que, en censurable sintaxis y léxico estrafalario,5proponía en sus libros aquel Roberto Arlt, que pronunciaba el español argentino con cierto acento alemán y que se había instruido en una literatura de traducciones dudosas?
Y, en caso de haberlas leído, ¿habrá Borges experimentado hacia ellas el olímpico desdén que le merecían, por unos u otros motivos, las narraciones de autores en aquella época tan célebres como, por ejemplo, Enrique Larreta, Manuel Gálvez, Horacio Quiroga o Roberto J. Payró?
Veamos.

En el número 8 (marzo de 1925) de la revista Proa, dirigida a la sazón por Ricardo Güiraldes, Jorge Luis Borges, Pablo Rojas Paz y Alfredo Brandán Caraffa, se publica "El Rengo", relato de Roberto Arlt que un año más tarde pasaría a formar parte de "Judas Iscariote", cuarto y último capítulo de El juguete rabioso. No es fácil imaginar a una personalidad literariamente tan fuerte como Borges resignándose a publicar un texto que le desagradara.
Y, en efecto, en 1968 el mismo episodio es reproducido en la segunda edición de El compadrito: su destino, sus barrios, su música, antología que Borges compila con la colaboración de Silvina Bullrich. Es evidente que a Borges el texto lo había impresionado.
En las páginas 76 y 77 de mis Siete conversaciones con Jorge Luis Borges, éste enhebra, según su mejor estilo mordaz, una serie de críticas en contra de Horacio Quiroga, entre ellas:

El estilo de Quiroga me parece deplorable.

Por cierta asociación de ideas que ya es casi un inevitable lugar común, se me ocurrió preguntarle:

—¿A ese estilo un tanto descuidado de Quiroga correspondería quizá el estilo de Roberto Arlt?
—Sí, salvo que, detrás del descuido de Roberto Arlt, yo siento una especie de fuerza. De fuerza desagradable, desde luego, pero de fuerza. Yo creo que El juguete rabioso de Roberto Arlt es superior no sólo a todo lo demás que escribió Arlt, sino a todo lo que escribió Quiroga.

Como vemos, aunque no se conozcan otras declaraciones de Borges respecto de Arlt, podemos advertir en estas palabras —un poco reticentes, es verdad— un sentimiento de admiración.
Cuarenta y cuatro años más tarde de la aparición de El juguete rabioso (1926), Borges publica El informe de Brodie (1970). En el "Prólogo" nombra —que yo sepa, por primera, última y única vez a lo largo de toda su extensa obra— a Roberto Arlt:

Imparcialmente me tienen sin cuidado el Diccionario de la Real Academia, dont chaque édition fait regretter la précédente, según el melancólico dictamen de Paul Groussac, y los gravosos diccionarios de argentinismos. Todos, los de este y los del otro lado del mar, propenden a acentuar las diferencias y a desintegrar el idioma. Recuerdo a este propósito que a Roberto Arlt le echaron en cara su desconocimiento del lunfardo y que replicó: "Me he criado en Villa Luro, entre gente pobre y malevos, y realmente no he tenido tiempo de estudiar esas cosas". El lunfardo, de hecho, es una broma literaria inventada por saineteros y por compositores de tangos y los orilleros lo ignoran, salvo cuando los discos del fonógrafo los han adoctrinado.

Invocado por el tema de las hablas regionales o especiales, o por las causas que fueren, lo cierto es que, al escribir El informe de Brodie, el recuerdo de Roberto Arlt andaba por la cabeza de Borges.



PÁGINA 30 – CUENTO

CARMEN RODRÍGUEZ
(Columbia Británica-Canadá)

JUEGOS Y JUGARRETAS

Oye Pilar Vallejo, te acuerdas cuando corríamos por la calle Ferrari y los barcos se veían chiquititos allá abajo en el puerto y nosotras jugando a ser las locas del barrio, corriendo como desaforadas y después nos parábamos en la esquina con las manos en los bolsillos y silbábamos las canciones que cantaba la Madame Butterfly después que mi hermano nos llevó al Teatro Victoria a ver la película con Mario Lanza.
Y te acuerdas de la Escuela 20 en la punta del Cerro Bellavista con su contingente de niñas blancas y almidonadas, trenzas y cintas, zapatos lustrados y soquetes con círculos de betún Nugget en los tobillos, niñas recitando el Piececitos de Niño, las tablas de multiplicar, las últimas palabras de Arturo Prat, "al abordaje muchachos", y tú parando el dedo y diciendo, señorita Graciela, yo creo que al Arturo Prat lo empujaron, y la señorita Graciela poniéndote en el rincón por insolente y yo haciéndote muecas y tirándote avioncitos con mensajes. 
Y el día lunes, todas limpiecitas, incluso tú y yo, cantando el Puro Chile a grito pelado en el patio de la Escuela de Niñas número 20 mientras, escuchábamos a los chicos del frente, los de la Escuela de Hombres número 19, cantando el Puro Chile a grito pelado pero un poco más adelante o más atrás que nosotras, y se empezaba a armar el tremendo enredo y al final terminábamos todos juntos pero con la calle Sanfuentes entremedio, o el asilo contra la opresión, o el asilo contra la opresión, o el asilo contra la opresión, pa?pa?pa?pa?pa?pa?pa?pa?pa?pa-pan, CHAN-CHA-CHAN.
Quién nos hubiera visto, Pilar Vallejo, montadas en el monopatín que me regaló mi tía Luca, agarrando vuelo cerro abajo, tú adelante y yo atrás, más pegada a ti que una lapa, viendo la muralla de la casa de los Vargas venirse encima por debajo de tu brazo y gritando un sol sostenido que ya se lo hubiera querido la Madame Butterfly y tú doblando en la última fracción de segundo y siguiendo a todo full camino al plan, quién nos para ahora, Virgencita de las Cuarenta Horas, ay por qué no le hago caso a mi mamita, los ojos cerrados y todo rojo, todo rojo y tú diciendo, viste que ganamos gallina, viste que no pasó nada... salvo mi brazo quebrado, sin codo y sin muñeca, colgando de por ahí entremedio como el estropajo de la cocina, y la imbécil de la Gloria Bobadilla diciendo te voy a acusar a tu mamá? á, te voy a acusar a tu mamá? á.
Ay, Pilar Vallejo, han pasado tantos años desde ese día en que yo quise saber de tu mamá, y tú, colorada como tomate, me decías que se había muerto y punto, y yo déle con que de qué se murió, cómo murió, y tú déle con que se murió y punto y entonces yo, curiosa empedernida y aprendiz de chantajista, te digo que si no me dices no juego más contigo, ni te presto el monopatín ni las muñecas ni nada, y al tirito me arrepiento y te abrazo porque ahora tú estás llorando y me estás diciendo "de aborto", "de aborto", y yo, que no entiendo ni un carajo, te consuelo y me hago la que entiendo y lloro contigo sabiendo que no le puedo preguntar ni a mi mamá ni a nadie porque ese "de aborto" huele a secreto, a feo, a malo, y si mi mamá sabe, adiós invitaciones a la Pilar Vallejo a la hora de once con sopaipillas pasadas, adiós a las idas al cine con la Pilar Vallejo, adiós a la Pilar Vallejo y ya.
Han pasado tantas cosas desde entonces y a veces, como ahora, encerrada en las calles sin vereda de este suburbio de Vancouver, encerrada en este país carretera, encerrada en la ausencia de la calle Ferrari con los chiquillos del barrio jugando al fútbol, al luche y al chascona date una vuelta, encerrada en la ausencia de la Panadería Ideal con sus hayuyas con chicharrones a las cuatro de la tarde, encerrada en este verdor interminable de Vancouver, pienso en ti, Pilar Vallejo, y me pregunto qué habrá sido de tu vida, si te fue bien, mal o más o menos, si fuiste a la escuela secundaria, si te casaste o te arrejuntaste, si tuviste niños, si alguna vez dejaste los cerros de Valparaíso y saliste a patiperrear como yo. 
A mí me ha ido más o menos. Fíjate Pilar Vallejo que estoy bajo otro cielo y otro sol, muy lejos del puerto. Mis padres, esperando al cartero en su casita de Quilpué y buscando a mi hermano, desaparecido desde el 11 de septiembre de 1973. Yo, aprendiendo a hablar de nuevo en el Canadá y tratando a toda costa de encontrarle algún sentido a la vida. Trabajo haciendo limpieza en un rascacielos del centro de Vancouver. Del piso 32 veo los barcos en la bahía, chiquititos, como los veíamos desde el cerro Bellavista, hace ya casi treinta años. 
A ver si un año de éstos, cuando vuelva, te encuentro por ahí, quizás caminando por la Plaza Victoria. Nos podemos ir a dar una vuelta a ver cómo está la calle Ferrari y después te invito a un helado en el Bogarín.
A propósito, ahora sé lo que significa la palabra aborto.



PÁGINA 31 – POESÍA ALLENDE EL MAR

SILVIA DELGADO FUENTES
(Sopelana-Euskal Herría)

SE MUEREN

Se muere tantas veces un pueblo

que cansado de morirse
reclama, exige, pide,
más vida en su costado.

Se muere tantas veces,
tantas son las veces
que cae un pueblo abatido,
que al amanecer,
el ruido de los partos nuevos
desahucia al enemigo.

Porque mueren y nacen al instante
millares de razones para continuar buscando
el pan, la casa, el mar,
los pies calzados.

Se muere tantas veces un pueblo,
en cada muerto se muere,
en cada nombre,
en cada una de las derrotas se mueren.

Y nacen una y otra vez para seguir luchando.


NOSOTROS LOS LOCOS

Hace tiempo que el ser humano fue abandonado a la intemperie.

Hace tiempo que lo dejaron a los pies de las bestias.
Hace tiempo de esto, también hace mucho tiempo que unos cuantos adoptamos la locura de estar vivos pese a los mordiscos.

Estamos locos pero no somos nosotros los que ponemos los muertos.
No somos nosotros los que guardamos silencio.
No somos nosotros los que vivimos a cubierto, lejos de las trincheras, lejos de las fronteras.

No, nosotros estamos aquí y ahora para decir con nuestras lenguas que los sueños jamás se desangran, que después de nosotros habrá otros locos con savia nueva.
Que no somos locos que tiemblan.
Nosotros estamos aquí para decir a los amos de la tierra que hacemos ruido con nuestras ideas.

Que el miedo nos pone de acuerdo para romper las cadenas,
que los días se van pariendo si se sabe esperar a la primavera,
que no limpiamos la memoria, que no limpiamos la sangre,
que tenemos tantos labios como deseos,
tanta rabia como esperanza
tanta sed como palabras.

Estamos locos. Si.
Somos locos, si.
Llevamos el futuro bordado en la piel
y la locura es nuestra bandera.



PÁGINA 32 – ENSAYO

OCTAVIO PAZ (1914/1998)
(Ciudad de México-México)

POESÍA Y POEMA

La única nota común a todos los poemas consiste en que son obras, productos humanos, como los cuadros de los pintores y las sillas de los carpinteros. Ahora bien, los poemas son obras de una manera muy extraña: no hay entre uno y otro esa relación de filialidad que de modo tan palpable se da en los utensilios. Técnica y creación, útil y poema son realidades distintas. La técnica es procedimiento y vale en la medida de su eficacia, es decir, en la medida en que es un procedimiento susceptible de aplicación repetida: su valor dura hasta que surge un nuevo procedimiento. La técnica es repetición que se perfecciona o se degrada; es herencia y cambio: el fusil reemplaza al arco. La Eneida no sustituye a la Odisea. Cada poema es un objeto único, creado por una «técnica» que muere en el momento mismo de la creación. La llamada «técnica poética» no es transmisible, porque no está hecha de recetas sino de invenciones que sólo sirven a su creador.

Es verdad que el estilo —entendido como manera común de un grupo de artistas o de una época— colinda con la técnica, tanto en el sentido de herencia y cambio cuanto en el de ser procedimiento colectivo. El estilo es el punto de partida de todo intento creador; y por eso mismo, todo artista aspira a trascender ese estilo comunal o histórico. Cuando un poeta adquiere un estilo, una manera, deja de ser poeta y se convierte en constructor de artefactos literarios. Llamar a Góngora poeta barroco puede ser verdadero desde el punto de vista de la historia literaria, pero no lo es si se quiere penetrar en su poesía, que siempre es algo más. Es cierto que los poemas del cordobés constituyen el más alto ejemplo del estilo barroco, ¿mas no será demasiado olvidar que las formas expresivas características de Góngora —eso que llamamos ahora su estilo— no fueron primero sino invenciones, creaciones verbales inéditas y que sólo después se convirtieron en procedimientos, hábitos y recetas? El poeta utiliza, adapta o imita el fondo común de su época —esto es, el estilo de su tiempo— pero trasmuta todos esos materiales y realiza una obra única. Las mejores imágenes de Góngora —como ha mostrado admirablemente Dámaso Alonso— proceden precisamente de su capacidad para transfigurar el lenguaje literario de sus antecesores y contemporáneos. A veces, claro está, el poeta es vencido por el estilo. (Un estilo que nunca es suyo, sino de su tiempo: el poeta no tiene estilo.) Entonces la imagen fracasada se vuelve bien común, botín para los futuros historiadores y filólogos. Con estas piedras y otras parecidas se construyen esos edificios que la historia llama estilos artísticos.

No quiero negar la existencia de los estilos. Tampoco afirmo que el poeta crea de la nada. Como todos los poetas, Góngora se apoya en un lenguaje. Ese lenguaje era algo más preciso y radical que el habla; un lenguaje literario, un estilo. Pero el poeta cordobés trasciende ese lenguaje. O mejor dicho: lo resuelve en actos poéticos irrepetibles: imágenes, colores, ritmos, visiones: poemas. Góngora trasciende el estilo barroco; Garcilaso, el toscano; Rubén Darío, el modernista. El poeta se alimenta de estilos. Sin ellos, no habría poemas. Los estilos nacen, crecen y mueren. Los poemas permanecen y cada uno de ellos constituye una unidad autosuficiente, un ejemplar aislado, que no se repetirá jamás.

El carácter irrepetible y único del poema lo comparten otras obras: cuadros, esculturas, sonatas, danzas, monumentos. A todas ellas es aplicable la distinción entre poema y utensilio, estilo y creación. Para Aristóteles la pintura, la escultura, la música y la danza son también formas poéticas, como la tragedia y la épica. De allí que al hablar de la ausencia de caracteres morales en la poesía de sus contemporáneos, cite como ejemplo de esta omisión al pintor Zeuxis y no a un poeta trágico. En efecto, por encima de las diferencias que separan a un cuadro de un himno, a una sinfonía de una tragedia, hay en ellos un elemento creador que los hace girar en el mismo universo. Una tela, una escultura, una danza son, a su manera, poemas. Y esa manera no es muy distinta a la del poema hecho de palabras. La diversidad de las artes no impide su unidad. Más bien la subraya.

Las diferencias entre palabra, sonido y color han hecho dudar dé la unidad esencial de las artes. El poema está hecho de palabras, seres equívocos que si son color y sonido son también significado; el cuadro y la sonata están compuestos de elementos más simples: formas, notas y colores que nada significan en sí. Las artes plásticas y sonoras parten de la no significación; el poema, organismo anfibio, de la palabra, ser significante. Esta distinción me parece más sutil que verdadera. Colores y sones también poseen sentido. No
por azar los críticos hablan de lenguajes plásticos y musicales. Y antes de que estas expresiones fuerza usadas por los entendidos, el pueblo conoció y practicó el lenguaje de los colores, los sonidos y las señas. Resulta innecesario, por otra parte, detenerse en las insignias, emblemas, toques, llamadas y demás formas de comunicación no verbal que emplean ciertos grupos. En todas ellas el significado es inseparable de sus cualidades plásticas o sonoras.

En muchos casos, colores y sonidos poseen mayor capacidad evocativa que el habla. Entre los aztecas el color negro estaba asociado a la oscuridad, el frío, la sequía, la guerra y la muerte. También aludía a ciertos dioses: Tezcatlipoca, Mixcóatl; a un espacio: el norte; a un tiempo: Técpatl; al sílex; a la luna; al águila. Pintar algo de negro era como decir o invocar todas estas representaciones. Cada uno de los cuatro colores significaba un espacio, un tiempo, unos dioses, unos astros y un destino. Se nacía bajo el signo de un color, como los cristianos nacen bajo un santo patrono. Acaso no resulte ocioso añadir otro ejemplo: la función dual del ritmo en la antigua civilización china. Cada vez que se intenta explicar las nociones de Yin y Yang —los dos ritmos alternantes que forman el Tao— se recurre a términos musicales. Concepción rítmica del cosmos, la pareja Yin y Yang es filosofía y religión, danza y música, movimiento rítmico impregnado de sentido. Y del mismo modo, no es abuso del lenguaje figurado, sino alusión al poder significante del sonido, el empleo de expresiones como armonía, ritmo o contrapunto para calificar a las acciones humanas. Todo el mundo usa estos vocablos, a sabiendas de que poseen sentido, difusa intencionalidad. No hay colores ni sones en sí, desprovistos de significación: tocados por la mano del hombre, cambian de naturaleza y penetran en el mundo de las obras. Y todas las obras desembocan en la significación; lo que el hombre roza, se tiñe de intencionalidad: es un ir hacia... El mundo del hombre es el mundo del sentido. Tolera la ambigüedad, la contradicción, la locura o el embrollo, no la carencia de sentido. El silencio mismo está poblado de signos.
Así, la disposición de los edificios y sus proporciones obedecen a una cierta intención. No carecen de sentido —más bien puede decirse lo contrario— el impulso vertical del gótico, el equilibrio tenso del templo griego, la redondez de la estupa budista o la vegetación erótica que cubre los muros de los santuarios de Orissa. Todo es lenguaje.

Las diferencias entre el idioma hablado o escrito y los otros —plásticos o musicales— son muy profundas, pero no tanto que nos hagan olvidar que todos son, esencialmente, lenguaje: sistemas expresivos dotados de poder significativo y comunicativo. Pintores, músicos, arquitectos, escultores y demás artistas no usan como materiales de composición elementos radicalmente distintos de los que emplea el poeta. Sus lenguajes son diferentes, pero son lenguaje. Y es más fácil traducir los poemas aztecas a sus equivalentes arquitectónicos y escultóricos que a la lengua española. Los textos tántricos o la poesía erótica Kavya hablan el mismo idioma de las esculturas de Konarak. El lenguaje del Primero sueño de sor Juana no es muy distinto al del Sagrario Metropolitano de la ciudad de México. La pintura surrealista está más cerca de la poesía de ese movimiento que de la pintura cubista.

Afirmar que es imposible escapar del sentido, equivale a encerrar todas las obras —artísticas o técnicas— en el universo nivelador de la historia. ¿Cómo encontrar un sentido que no sea histórico? Ni por sus materiales ni por sus significados las obras trascienden al hombre. Todas son «un para» y «un hacia» que desembocan en un hombre concreto, que a su vez sólo alcanza significación dentro de una historia precisa. Moral, filosofía, costumbres, artes, todo, en fin, lo que constituye la expresión de un período determinado participa de lo que llamamos estilo. Todo estilo es histórico y todos los productos de una época, desde sus utensilios más simples hasta sus obras más desinteresadas, están impregnados de historia, es decir, de estilo. Pero esas afinidades y parentescos recubren diferencias específicas. En el interior de un estilo es posible descubrir lo que separa a un poema de un tratado en verso, a un cuadro de una lámina educativa, a un mueble de una escultura. Ese elemento distintivo es la poesía. Sólo ella puede mostrarnos la diferencia entre creación y estilo, obra de arte y utensilio.
Cualquiera que sea su actividad y profesión, artista o artesano, el hombre transforma la materia prima: colores, piedras, metales, palabras. La operación trasmutadora consiste en lo siguiente: los materiales abandonan el mundo ciego de la naturaleza para ingresar en el de las obras, es decir, en el de las significaciones. ¿Qué ocurre, entonces, con la materia piedra, empleada por el hombre para esculpir una estatua y construir una escalera? Aunque la piedra de la estatua no sea distinta a la de la escalera y ambas estén referidas a un mismo sistema de significaciones (por ejemplo: las dos forman parte de una iglesia medieval), la transformación que la piedra ha sufrido en la escultura es de naturaleza diversa a la que la convirtió en escalera. La suerte del lenguaje en manos de prosistas y poetas puede hacernos vislumbrar el sentido de esa diferencia.
La forma más alta de la prosa es el discurso, en el sentido recto de la palabra. En el discurso las palabras aspiran a constituirse en significado unívoco. Este trabajo implica reflexión y análisis. Al mismo tiempo, entraña un ideal inalcanzable, porque la palabra se niega a ser mero concepto, significado sin más. Cada palabra —aparte de sus propiedades físicas— encierra una pluralidad de sentidos. Así, la actividad del prosista se ejerce contra la naturaleza misma de la palabra. No es cierto, por tanto, que M. Jourdain hablase en prosa sin saberlo. Alfonso Reyes señala con verdad que no se puede hablar en prosa sin tener plena conciencia de lo que se dice. Incluso puede agregarse que la prosa no se habla: se escribe. El lenguaje hablado está más cerca de la poesía que de la prosa; es menos reflexivo y más natural y de ahí que sea más fácil ser poeta sin saberlo que prosista. En la prosa la palabra tiende a identificarse con uno de sus posibles significados, a expensas de los otros: al pan, pan; y al vino, vino. Esta operación es de carácter analítico y no se realiza sin violencia, ya que la palabra posee varios significados latentes, es una cierta potencialidad de direcciones y sentidos. El poeta, en cambio, jamás atenta contra la ambigüedad del vocablo. En el poema el lenguaje recobra su originalidad primera, mutilada por la reducción que le imponen prosa y habla cotidiana.
La reconquista de su naturaleza es total y afecta a los valores sonoros y plásticos tanto como a los significativos. La palabra, al fin en libertad, muestra todas sus entrañas, todos sus sentidos y alusiones, como un fruto maduro o como un cohete en el momento de estallar en el cielo. El poeta pone en libertad su materia.
El prosista la aprisiona.
Otro tanto ocurre con formas, sonidos y colores. La piedra triunfa en la escultura, se humilla en la escalera.
El color resplandece en el cuadro; el movimiento del cuerpo, en la danza. La materia, vencida o deformada en el utensilio, recobra su esplendor en la obra de arte. La operación poética es de signo contrario a la manipulación técnica. Gracias a la primera, la materia reconquista su naturaleza: el color es más color, el sonido es plenamente sonido. En la creación poética no hay victoria sobre la materia o sobre los instrumentos, como quiere una vana estética de artesanos, sino un poner en libertad la materia. Palabras, sonidos, colores y demás materiales sufren una transmutación apenas ingresan en el círculo de la poesía. Sin dejar de ser instrumentos de significación y comunicación, se convierten en «otra cosa*. Ese cambio —al contrario de lo que ocurre en la técnica— no consiste en abandonar su naturaleza original, sino en volver a ella. Ser «otra cosa» quiere decir ser «la misma cosa»: la cosa misma, aquello que real y primitivamente son.
Por otra parte, la piedra de la estatua, el rojo del cuadro, la palabra del poema, no son pura y simplemente piedra, color, palabra: encarnan algo que los trasciende y traspasa. Sin perder sus valores primarios, su peso original, son también como puentes que nos llevan a otra orilla, puertas que se abren a otro mundo de significados indecibles por el mero lenguaje. Ser ambivalente, la palabra poética es plenamente lo que es — ritmo, color, significado— y asimismo, es otra cosa: imagen. La poesía convierte la piedra, el color, la palabra y el sonido en imágenes. Y esta segunda nota, el ser imágenes, y el extraño poder que tienen para suscitar en el oyente o en el espectador constelaciones de imágenes, vuelve poemas todas las obras de arte.
Nada prohíbe considerar poemas las obras plásticas y musicales, a condición de que cumplan las dos notas señaladas: por una parte, regresar sus materiales a lo que son —materia resplandeciente u opaca— y así negarse al mundo de la utilidad; por la otra, transformarse en imágenes y de este modo convertirse en una forma peculiar de la comunicación. Sin dejar de ser lenguaje —sentido y transmisión del sentido— el poema es algo que está más allá del lenguaje. Más eso que está más allá del lenguaje sólo puede alcanzarse a través del lenguaje. Un cuadro será poema si es algo más que lenguaje pictórico. Piero della Francesca, Masaccio, Leonardo o Ucello no merecen, ni consienten, otro calificativo que el de poetas. En ellos la preocupación por los medios expresivos de la pintura, esto es, por el lenguaje pictórico, se resuelve en obras que trascienden ese mismo lenguaje. Las investigaciones de Masaccio y Ucello fueron aprovechadas por sus herederos, pero sus obras son algo más que esos hallazgos técnicos: son imágenes, poemas irrepetibles. Ser un gran pintor quiere decir ser un gran poeta: alguien que trasciende los límites de su lenguaje.
En suma, el artista no se sirve de sus instrumentos —piedras, sonido, color o palabra— como el artesano, sino que los sirve para que recobren su naturaleza original. Servidor del lenguaje, cualquiera que sea éste, lo trasciende. Esta operación más adelante— produce la imagen. El artista es creador de imágenes: poeta. Y su calidad de imágenes permite llamar poemas al Cántico espiritual y a los himnos védioos, al haikú y a los sonetos de Quevedo. El ser imágenes lleva a las palabras, sin dejar de ser ellas mismas, a trascender el lenguaje, en tanto que sistema dado de significaciones históricas.



CONTRATAPA: NOTAS DE PARÍS                                                                                             

IRMA BIGNON
(Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

DESDE CHRETIEN DE TROYES A MICHEL HOUELLEBECQ

      El título es realmente inquisitorio.
    ¿Qué es ser un clásico? Porque si un Houellebecq lo es, quiere decir que un Chrétien de Troyes, ¿ya no lo es?

      En los comienzos es el latín – classicus – el que impone la idea de excelencia.  Pero únicamente a los más afortunados, a los que eran de primera clase.

      Luego, la literatura feudal se manifiesta con las Canciones de Gesta, que nacen en el siglo XI. Son epopeyas cantadas por los juglares que van de ciudad en ciudad, de castillo en castillo. Los verson son asonantados, nunca rimados.

      La novela de caballería comienza a oponerse a estas  canciones, en lo que se refiere al relato de una aventura más o menos ficticia. Entramos entonces en la literatura propiamente dicha, es decir, la de invención e imitación, la que pinta el amor cortesano, donde los héroes tienen que enfrentar la difícil elección entre el amor y el deber moral de caballero.

      Chrétien de Troyes (1135-1183), poeta francés, es considerado como uno de los primeros autores de las novelas de caballería. Su fuente de inspiración es la leyenda celta primero, y luego la leyenda bretona. Se supone que el apellido Troyes se relaciona con la ciudad de Troyes ubicada a orillas del  Sena,  en el departamento de l´Aube, al N.E de Francia. Era común en esa época llevar el nombre de la ciudad de nacimiento.  

      Escritas en versos octosilábicos, sus obras principales son entre otras Lancelot, el caballero que fue criado en el fondo de un lago; Perceval, uno de los grandes héroes, libertador del Santo Grial; Tristan e Iseo (o Isolda), una de las más bellas epopeyas de amor que se han concebido.

      Las costumbres evocadas son las de una sociedad donde los héroes comparten el amor y la aventura, ya sea caballeresca o mística, ilustrando la tesis cortesana. En la mezcla fiel de lo real y lo surreal reside toda la magia de este gran poeta.

      Trazando una órbita espiritual para recordar, aparecen el lirismo de Ronsard, el espíritu geométrico de Pascal, la vibración de Bach, la vehemencia del abbé Pierre, la profundidad de Char, todas vivencias que hacen sentir un estupor y una intensidad hasta en los objetos simples que nos rodean.

      Al cruce de estos orígenes de la literatura, siempre tan rica en substancia espiritual, Michel Houellebecq nos acerca uno de sus libros de poesía, La Poursuite du bonheur   (La búsqueda de la felicidad) Ediciones Flammarion, que obtiene el Premio Tristan Tzara.

      Poeta, sociólogo, ensayista, novelista, nacido en 1958 en la Isla de la Reunión, departamento francés, Houellebecq pertenece a la generación de escritores que pasa directamente del realismo al deprimismo. Consciente de vivir en una sociedad compleja, describe el desconcierto contemporáneo, la ausencia total del sueño y del amor; las angustias de la drogadicción. Es también uno de los escritores más polémicos y venerados en dosis pareja. No deja a nadie indiferente. Tiene el don de encontrar los temas que disgustan. Plataforma, Las partículas elementales, El sentido del combate que recibe Premio Flore, Permanecer vivo, todas las obras publicadas en Ed. Flammarion.

      Extension du domaine de la lutte Ed. Maurice Nadeau (Extensión del dominio de la lucha) es una obra inteligente, culta, violenta pero reflexiva, escrita según las leyes de un sabio desorden. El libro provoca una polémica importante. A pesar de ello, el éxito es avasallante, sobre todo entre los lectores más jóvenes. Inmediatamente obtiene el Gran Premio Nacional de las Letras.

      Más allá de ser uno de los escritores más polémicos, ha enriquecido la literatura francesa con una voz nueva. Ejemplo de un provocador que llega a ser un clásico. “Me propuse hacer la apología del pesimismo – escribe -. Pero no es realmente importante. Lo que sí es importante – agrega – es lo que se vive, lo que se experimenta, y de qué manera se percibe en los sentidos”.   
 
      La poesía es otra de las vertientes que tiene para calmar su sed. Con una gran maestría adopta una forma clásica para presentar sus poemas, poniendo en escena la vida cotidiana contemporánea y urbana, como si fuera un Villon (1431-1463) de la modernidad.

      En “Una sensación de frío”, el amor y la muerte, se alínean en el mismo nivel de los objetos olvidados:

                                     La mañana era clara y absolutamente bella;
                                     Querías preservar tu indiferencia.
                                     Yo te esperaba observando los pájaros:
                                     Haga lo que haga, habría sufrimiento.

                                     Tarde de falsa alegría,
                                     Y los cuerpos que se desunen.
                                     Tú no tienes más deseos de mí.
                                     Nuestras miradas ya no son más cómplices.

                                    ¡Oh! La separación, la muerte
                                     En nuestras miradas entrecruzadas
                                     La lenta desunión de los cuerpos,
                                     Esa bella tarde de verano.

                                     Un sábado a la hora del crepúsculo,
                                     Sólo el ruido de la calle.
                                     Hablo solo. ¿Qué es lo que digo?
                                     La vida es rara, la vida es rara.

                                     El largo hilo del olvido
                                     Se desenrolla y se teje.
                                     Siento que hoy la vida
                                     Se escurre entre mis manos.
                                                       Poema  de “La búsqueda de la felicidad”

      El primero que comparó una mujer con una rosa fue un poeta.
      Siempre es el poeta el que maneja las señales de la vida, los signos de la existencia. Situado en el lugar de la meditación, contribuye a operar el traslado de una realidad de silencio a una realidad expresiva. Su dominio es, por excelencia, el lirismo. Ellos son los heridos por el sol.

      En una búsqueda permanente, la poesía no puede ser otra cosa que una vanguardia oculta.





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