Reconocimiento Nacional a GACETA VIRTUAL

Reconocimiento Nacional a GACETA VIRTUAL
Feria del Libro Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Año 2012

Rediseñada para ofrecer una mayor difusión de la escritura en castellano.

Dirección: Norma Segades - Manias
directoragaceta@gmail.com
GACETA LITERARIA Nº 61– Diciembre de 2011– Año V – Nº 12
(Incluye suplemento anual al pie)


Imágenes: Homenaje a la obra de MARIA REY
(Boadilla del Monte-Madrid-España)


PÁGINA 1 – REFLEXIONES

EDUARDO GALEANO
(Montevideo-Uruguay)

DEFENSA DE LA PALABRA

No comparto la actitud de los escritores que se atribuyen privilegios divinos no otorgados al común de los mortales, ni la actitud de quienes se golpean el pecho y rasgan sus vestiduras clamando el perdón público por vivir al servicio de una vocación inútil. Ni tan dioses ni tan insectos. La conciencia de nuestras imitaciones no es una conciencia de impotencia: la literatura, una forma de la acción, no tiene poderes sobrenaturales, pero el escritor puede ser un poquito mago cuando consigue que sobrevivan, a través de su obra, personas y experiencias que valen la pena. Si lo que escribe no es leído impunemente y cambia o alimenta, en alguna medida, la conciencia de quien lee, bien puede un escritor reivindicar su parte en el proceso de cambio: sin soberbia ni falsa humildad, y sabiéndose padecido de algo mucho más vasto.
Me parece coherente que renieguen de la palabra quienes cultivan el monólogo con sus propias sombras y laberintos sin fin; pero la palabra tiene sentido para quienes queremos celebrar y compartir la certidumbre de que la condición humana no es una cloaca. Buscamos interlocutores, no admiradores; ofrecemos diálogo, no espectáculo. Escribimos a partir de una tentativa de encuentro, para que el lector comulgue con palabras que nos vienen de él y que vuelven a él como aliento y profecía.


PÁGINA 2 – CUENTO

ANGEL BALZARINO
(Rafaela-Santa Fe-Argentina)

REGLAS PARA UN CRIMEN PERFECTO

Antes de terminar la película, abandonó la sala. El cuerpo sacudido por una fogosa impaciencia: esa noche debía llevar a cabo su plan. Los meses de espera y morosa elaboración y odio acumulado, se desvanecieron en la urgente necesidad de actuar.

Sí. Ahora. Mientras caminaba rápidamente, el señor Matosas casi paladeaba el inefable sabor del triunfo al tener la oportunidad de acabar, limpia y definitivamente, con ellos. Cuatro meses atrás había descubierto el engaño, la burla, el hecho que lo convirtió en un simple títere. Primero fueron los rumores, cargados de cierta subterránea intención; después la confidencia de algunos amigos; y por último, la fría y rotunda comprobación que tuvo el carácter de un estigma abrumador: su mujer tenía un amante.

Le costó admitirlo, superar los primeros instantes de furor y enceguecimiento al descubrir que la felicidad compartida durante casi diez años había sido aparente, cubierta por un frágil cristal. Por fin, desechando la idea de cometer un acto impulsivo que iba a provocar el arrepentimiento o lo colocaría en una postura ridícula, se dedicó a proyectar una recia venganza. Resolvió que debía consumarla de manera impecable, casi aséptica, sin que afectara el normal desarrollo de su vida.

Entonces comenzó a ver filmes. Con avidez observaba las carteleras, a la búsqueda de aquellas obras que trataran asuntos policiales. Y cada noche lograba internarse en la piel de algún personaje torturado, sometido a una extrema presión o dolor, que sólo a través del asesinato encontraba un cauce liberador. Profundamente abstraído participaba de las diversas circunstancias que enfrentaba el personaje para superar el conflicto. Sentía especial interés por aquellas historias similares a la que de improviso le tocaba protagonizar a él. Por eso, en el correr de los días, mientras realizaba las cosas habituales -trabajar en la oficina, reunirse con los amigos, permanecer al lado de ella-, minuciosamente procuraba seleccionar las mejores sugerencias para resolver su problema. Así, incentivado por tantas obras, fue urdiendo el plan para vengarse, los detalles del crimen, la coartada que le permitiría quedar inmune y tranquilo.

Ahora el señor Matosas tenía todo perfectamente claro. Esa noche iba a cometer el acto que cerraría la trama laboriosamente preparada. A media cuadra de la casa, se detuvo. En una ráfaga turbadora, los imaginó allí, amándose, como otras noches. Comprendió que por última vez lo asaltaría esa visión. Introdujo la mano en el bolsillo y con ansiedad aferró la diminuta pistola.
Después, decididamente reanudó la marcha.
- ¡Ya está! La voz de él tuvo un acento triunfal, el rostro desafiante, la mano derecha sosteniendo con firmeza el puñal. Todavía algo conmovida por lo ocurrido, la señora Matosas mantuvo los ojos fijos en el cuerpo de su marido, tieso, semejante a una masa ajena y sin valor.
-Hay que hacerlo desaparecer.
-Sí -repuso él-. Debemos cumplir las instrucciones y no habrá problemas.
Y mientras rogaba que fuera así, ella observó la mesa donde estaba el libro que en las últimas semanas habían releído con verdadera pasión: las Obras Completas de Edgar Allan Poe.


PÁGINA 3 – NUESTRA POESÍA

MARCELO JUAN VALENTI
(Rosario-Santa Fe-Argentina)

No gimas,
los trenes pasan lejos
y la noche no perdona.
El dolor se irá con el frío.
Duermen los otros
mecidos por el vaivén del escalón flojo.
No dejes de respirar,
aunque tiembles.
Viene por esta vía la muerte
y la barrera está alzada.

*

Partenogénesis de las vírgenes.
En las vetas
de la sangre castrada
por el lejano coito de los ángeles,
se acurrucan
peligrosos cuentos de viajeros.
Todo brilla
con inquietud de mercurio
en cajitas de plata.
Depravación del ícono:
la cabellera es una ofrenda perfectible.


*


Rasgadas.
Desnudas.
Expuestas.
Vergüenza ulterior
que el trono dicta.
La peste suicida
se detiene.


PÁGINA 4 – ENSAYO

CARMEN ROSA BARRERE.
(Posadas-Misiones-Argentina)

MI LIBRO Y YO.

Hacen unos días tuve la suerte de encender el televisor y recrear mi momento con una entrevista que le hacían a Isabel Allende. El entusiasmo mágico que tan bien utiliza para contarnos de personajes a los que da vida con pinceladas a veces rebeldes, a veces tristes pero siempre fuertes, con cambios súbitos como si miráramos una película, tienen la virtud de atraparme. Hablando gastronómicamente, se puede decir que me engullo sus libros.
Como en toda entrevista, se hablaron muchos temas todos interesantes. De pronto alguien del panel largó el dardo: — ¿No le parece a usted que los libros tienden a desaparecer y que pronto serán suplantados por la lectura en Internet, o escuchados a través de ella?
Yo no estaba próxima, pero algo en esa agradable fisonomía cambió, como si la atacara un sufrimiento pensado y rechazado por su mente de escritora frontal y genuina. Esbozó una pequeña sonrisa, admitiendo que eso podría pasar en algún momento. Mejor dicho, que ya pasaba pero que ella confiaba en la fidelidad de los que aman un libro.

Esa vista me llevó de inmediato a mi infancia de chica pueblerina. Mis odiados años en los que mi zurdera era contrariada y mi dislexia un suceso inexplicable en una chicuela que se sabía de memoria la lectura del día pero no distinguía las letras con bolsita y colocaba los números al revés. La mirada aguda y generosa de mi maestra que descubrió mi hábil embuste y me conminó a presentarme durante cuatro meses a su galería con el libro de lectura, un cuaderno, la goma de borrar, el lápiz y un pequeño “mataburros”, que así llamaba al diccionario mi amorosa señorita María Angélica, la que me enseñó a leer, a abrir la tapa de Platero y Yo sin resquemores y a comedirme a hacer los mandados con tal de quedarme con los diez centavos que costaba la revista “El Tony” más otros diez para el famoso “Titbis” que llegaban a mi pueblo los días martes. Escondía dentro de la blusa las revistas mal habidas, me encerraba en el baño, leía como una posesa hasta que el grito de alguien apurado me sacaba del cuarto. Lo que quedaba intacto era la emoción. El ojo tapado de un bucanero rengo, las aventuras del poderoso Sandokan, el puerto lleno de gente extraña con ropas jamás vistas, el mercado con frutas exóticas, todo conformaba un mundo tan mágico que hasta percibía olores a pescado, jerigonza de idiomas y música. Todo por veinte centavos, todo echando a volar desde un trozo pintado a colores sobre un pedazo de papel barato.
Ya mozuela, mi hermano Capitán no solamente me regalaba libros. Tal vez porque quería prolongar la sobremesa con otro medio vasito de vino y leer para mí le servía de pantalla, o simplemente porque amaba los libros como yo, usando su añorada voz de tono bajo y enorme entonación, me leía los discursos de Don Belisario Roldán dentro del Congreso, o los poemas de García Lorca llorando a Andalucía o a Rubén Darío, o al soñador de pianos, golondrinas y balcones.
En sucesivas etapas mi libro reemplazó al chupete. Más tarde, me contó que antes que yo me enfermara de amor, otros ya habían muerto por él. En las enormes etapas solitarias, durmió conmigo reemplazando al ausente. ¿Cómo no amar al libro? ¿Cómo desarmo los peldaños que me permitieron aprender y crecer? ¿Cómo olvidar su serena presencia?

Me pueden pedir prestado un traje de calidad. Un florero de cristal. Un acolchado tejido por mi madre. Muchas cosas presto. Lo que detesto hacer es abandonar mis libros dentro de manos ajenas. Ese libro que leí varias veces. Que la primera vez, espié para ver cómo terminaba en lugar de empezar por el principio. Mi libro marcado. Señalado. Rayado. Doblado en una esquina. Olido, palpado en las noches de insomnio y reconocido por mis dedos antes de encender la luz. Ese amigo callado que no se ofende si lo abandono por un tiempo, porque algo novedoso me engancha. Dejar de ver mis libros dentro de mi biblioteca sería exponer mi corazón sano a un infarto sin regreso.
Amo el progreso. Admiro la maravilla que el hombre logra para agregar belleza a lo creado. Pero se me hace insoportable la sola mención de su muerte anunciada.


PÁGINA 5 – CUENTO

PATRICIA FIGURA
(Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

CARTAS A VIOLETA

Querida Violeta: perdón, perdón y más perdón…ya sé que debés esperar casi a diario que el cartero te lleve noticias de mi llegada a esta ciudad tan rara, lejana y diferente a nuestro pueblo.
Te he escrito fácilmente mil cartas mentales, mientras viajaba y me alejaba de todo lo que nos es común y querido, cuando llegué y pasé veinte veces delante del viejo callejón de piedras, donde está la pensión , ...¡estaba tan ansiosa que daba vueltas en círculos!, o cuando lo ví a él por primera vez…pero ésa es otra historia.
Mi habitación queda en un extremo de las galerías que rodean al patio; que es de baldosas rojas con un antiguo juego de jardín y macetas con plantas y flores como las de tu nona, frente a mi pieza está la escalera que lleva a los corredores superiores, así que dos veces al día lo veo subir y bajar.
¡Imagino tu cara de curiosidad! Son los sesenta Viole y esto no es nuestro pueblo, una puede demostrar un cierto interés por algún señor y no por eso ser mal juzgada.
Fue el primero en darme la bienvenida, camina que es un gato y ni te cuento los ojazos que tiene, ¡los faroles no alumbran tanto!... No exagero ni un poquito, ¡ y cómo habla! Parece encontrar las palabras sin buscarlas, le salen solitas nomás, vamos a ir al cine, aunque te escandalices… acá no es como allá, una puede ir al cine con un muchacho simpático y eso no quiere decir nada así que no es necesario que se lo comentes a tu mamá ni a la mía.
Bueno, mañana o pasado te vuelvo a escribir, besos y contestame así no los siento tan lejos.
Besos, Yo

PD: el trabajo bien, tengo que pasar todas las costuras a máquina después que las revisa la supervisora.



Querida Violeta: tu carta parece escrita por una monja resentida…o una novia abandonada, ¡cuántas recriminaciones!
El día se me pasa volando y no es como vos decís que no tengo tiempo porque me la paso espiando a “mi galán” tal como lo mencionás en tu carta.
Me levanto muy temprano, la casera tiene café y té con tostadas y dos clases de dulces, si querés otra cosa debés comprarla vos misma, desayuno junto con una señora que sale a la misma hora y un viejito que casi no duerme.
Trabajo en la fábrica hasta las seis de la tarde y vuelvo caminando para hacer un poco de ejercicio y mirar vidrieras ¡hay tantas!, ni te imaginás, paso por una calle que tiene un barcito ¡con mesas y sillas ¡en la plaza de enfrente!
Ceno en mi piecita, hay una cocinita donde podemos turnarnos para preparar o calentar nuestra comida y los domingos a la mañana, plancho la ropa que lavé el sábado.
Bueno… y ya que tanto te preocupa mi salida con él te digo que es muy caballero, amable y divertido, las horas se me pasaron volando, nunca en mi vida tuve un paseo así.
Besos, Yo


Querida y desconfiada Violeta: no sé porqué tanto alboroto con mi “galán”, es muy dulce, ha sufrido mucho en la vida, está sólo, no tiene familia, pocos amigos, ninguno que yo conozca, es normal que quiera pasar su tiempo libre conmigo.
Trabaja ¡tantas horas! Vuelve tarde y cansado, pobre hay veces en que las ventas no le van bien y se desanima un poco… como yo vuelvo más temprano y hace calorcito, preparo algo y cenamos juntos en el patio.
La de la pieza del fondo pasó y nos miró de reojo, dijo algo pero no le entendí muy bien, es antipática y criticona, nunca va a fijarse en ella alguien como él, con una sonrisa siempre lista y esas chispitas en los ojos que me provocan un nudo en el estómago.
El domingo cuando volvíamos del centro, antes de doblar en el callejón me apoyo contra la pared de un baldío y me besó, pero no como cuando probamos con esos pibes después del baile de la primavera, no, me besó como un hombre, suave, apenas, por el cuello, detrás de las orejas, te juro que ahí el gato parecía yo, tenía todos los pelos de punta… me acuerdo de ese momento y me cuesta respirar bien.
Bueno, espero que me cuentes como sigue todo por allá, estoy contenta porque como no necesito demasiadas cosas estoy ahorrando un poco de dinero en una latita en el fondo del ropero.
Besos , Yo


Viole: ¡dejá de sufrir y preocuparte que yo soy feliz!
Antes que nada lamento que nuestro viejo “Remolacha” haya muerto, estaba tan mal el pobre con todos sus años encima que ya ni veía, parecía tonto chocándose cosas que siempre estuvieron en el mismo lugar.
Me alegra que tu hermana se vaya a casar, parece un poco repentino, ¿no?, no quiero decir nada pero hace cinco meses cuando me vine ni se mencionaba esa posibilidad.
A qué te referís con eso de si ya “pasé a mayores” con él. Me parece que aunque somos amigas de toda la vida hay cosas que son muy íntimas de uno.
Él es como un chico grande, le encanta que vuelva del trabajo con una botellita de buen vino para los dos, o un pollito a la parrilla, o se le ilumina la cara cuándo le hago un regalo bien envueltito y traído del centro.
No le está yendo muy bien en lo suyo, quiere invertir para poner un kiosquito en la estación de trenes, dice que eso es una mina de oro, que las ganancias enseguida triplican lo que tenés que gastar en equiparlo… él de negocios entiende, no es como yo, dejáme a mí con mi maquinita dale que va mientras la supervisora no nos saca los ojos de encima.
Besos… tu amiga de la gran ciudad, Yo


Mi muy requete muy querida Violeta: deciles a las chismosas del barrio que comentan que me olvidé de dónde queda el pueblo, que eso es imposible porque ahí en su cementerio están mis abuelitos y mi papá, y a mi mamá en cualquier momento le mando para el pasaje y que me venga a visitar un fin de semana, por supuesto que también estas vos, pero vos entendés.
Ellas porque se la pasan barriendo o mirando por las ventanas para enterarse de todo, yo trabajo como una burra en la fábrica, y después tengo que cocinar, comprar las cosas que no aparecen solas, aparte, me ofrecí a ayudarlo con el lavado de su ropa y el planchado, así tiene más tiempo para sus asuntos de negocios total, yo igual tengo que hacer lo mío.
No sabés cómo me necesita, quiere que lo abrace muy fuerte, el paredón ese en cualquier momento se viene abajo de tanto que me aprieta y me besa y no me deja respirar…esos ojos se le ponen oscuros y brillantes, respira agitado y busca dentro de mi pollera…no sé, no vayas a creer que él no sabe que yo soy una chica decente, que hace eso como si yo fuera una cualquiera, no, nada que ver, pero como él dice, somos grandes para andar sólo de la mano, él necesita más, quiere enseñarme cómo se porta una mujer, me habla despacito al oído mientras me acaricia de una manera que no es fácil aguantar
Rompé esta carta, si no, no te escribo más, Yo



Viole: debés estar furiosa por mi falta de noticias, el domingo llamé a mamá al almacén de la esquina, y me contó que habías ido de visita y a preguntar qué era de mí.
En estos últimos dos meses pasaron muchas cosas y no me daba el tiempo ni la ansiedad para sentarme a escribir; sí a tu pregunta de si “aflojé” como vos decís, y te aseguro que allá en el pueblo no puede haber ni uno que sepa hacer las cosas como él.
Ya sé que no tengo mucha experiencia, nada a decir verdad, pero estoy convencida de que a él le sobra todo lo que a mí me falta.
Una madrugada dejé la puerta sin llave de mi habitación y él entró como quedamos esa tarde, me trajo un chocolate…para después y se acostó al lado mío, sin nada de nada, yo tenía un miedo que ni te digo al principio, pero él fue tan dulce y cariñoso y tan pero tan apasionado que yo nunca creí que la cosa fuera así, nada que ver a como nos imaginábamos de chica… te escribo y me pongo colorada como un tomate.
Después de eso vino todas las noches, me dijo que era una “alumna ejemplar” y que sabía muy bien cómo darle placer, hubo madrugadas en que no pegamos un ojo, casi me he dormido arriba de la máquina de coser, si no fuera porque ahora tengo que trabajar más que nunca….
Finalmente él dejó ese trabajo que lo tenía mal y le llevaba tantas horas, ahora se puede dedicar más tiempo a todo el papeleo y las habilitaciones para el kiosquito, a mí un plato de comida más no me hace nada y después cuando él se vaya para arriba… ¡Ja! ¡Quién nos para! Capaz que llegue al pueblo, de visita, con un coche y un marido que va a dejar bizca a más de una lengualarga.
Besos y más besos, Yo


Querida Violeta: no sé si te voy a enviar esta carta, o voy a esperar unos días o la escribo para mí.
¿Te acordás todo el tema del kiosco, los papeles, en fin, permisos y que se yo?
Bueno, parece que todo iba finalmente sobre ruedas, hasta la garita donde iba a funcionar en la estación de trenes estaba en orden, sólo faltaba el capital para comprar todo lo necesario para equiparlo bien y como corresponde.
Naturalmente a esta altura y con todo lo que hay entre nosotros de fuerte, era un tema más de los dos para salir adelante, y poder alquilar un departamentito chiquito pero nuestro, nada de bajar las escaleras en pleno invierno a escondidas y volver a subir al amanecer, además la casera ya había hablado conmigo y la cosa así no podía seguir.
Obviamente le ofrecí lo que tenía en la latita, no era una gran cantidad pero mi buen sacrificio me había costado, como cinco sueldos juntos, y con mi recibo sacamos un préstamo en una mutual para comprar los estantes y la caja para el dinero.
En un aviso del diario, me contó, ofrecían todo y un poco más a muy buen precio, en un lugar del interior, alguien que cerraba, así que él, muy rápido para todas estas cosas, preparó su valija con mucha ropa, porque siempre va impecable, perfumado que parece un doctor, y con el dinero bien escondido.
Hace una semana que viajó y todavía no he tenido noticias de él, estoy un poco asustada, no he escuchado nada de ningún descarrilamiento, no sé de nadie a quién preguntar por él, si le pasó algo me muero Viole, la casera dice que si a fin de mes no vuelve ella pone un cartel para alquilar la pieza, y yo estoy desesperada, me parece escucharlo a la madrugada, que se va a acostar a mi lado y me va a abrazar fuerte, que me va a hablar al oído despacito y me va a decir que me extrañó, que necesita estar dentro mío, que lo acaricie, que ya no se va a ir más.
Para colmo con todos estos nervios y preocupaciones hasta el período se me atrasó,
No pensés mal porque él fue muy cuidadoso y de estas cosas sabe mucho, no como los del pueblo que no saben cuidar ni a sus mascotas.
¡Ay Viole! Me parece que no te voy a mandar esta carta porque te vas a preocupar y total seguro que cuándo la leas él ya va a estar acá conmigo festejando y con esa sonrisa que le llega hasta los ojos, Yo


PÁGINA 6 – NUESTRA POESÍA

JORGE DIPRÉ
(Ceres-Santa Fe-Argentina)


RESPIRACIÓN ARTIFICIAL

Es inútil la desidia engordada en el lecho lechal de la dejadez.
Es inútil,
algo siempre nos tienta
aunque sea el abismo
aunque el abismo sea la primer promesa
y prospere el ámbito y la intemperie.
Lunar es la boca que me come la ingle
y sube
dejo que se divierta mientras me divierte
y asoleado
miro el cielo poblado de pájaros cuyos nombres
no figuran en mi nómina mental.
Ellos surcan el azul dibujando la vida
la que quisiera mostrarnos el cine
el sueño arañazo de rastros volátiles
fantasmas que vienen a visitarme a este cuarto
pronto al cementerio abierto en una solita tumba fría
lugar común.
Lunar es mi noche dejada al olvido del primer siglo de vida
y la boca que no cesa de comerme las entrañas
dentro mío el placer y el dolor
pasen pasen
están de visitas dejen todo sobre la mesa de noche
la luz que entra y me baña de ventanal textura
con un cariño parecido al de una mujer.
Los brazos caen como si no fuesen míos
tal vez los olvidé en un viaje al norte del país
dormidos en el agua helada de un arroyo rumoreante
como antes dejé ojos y oídos
en las cumbres de los Andes.
Estoy ciego, nadie lo duda ya
las cosas se me caen y todos tienen que recogerlas
la boca intima ya con la mía
y vampiro
qué dulce
qué dulce olvido
qué olvido que me detiene
me detiene
Muero como es debido
Plagiándome.


PÁGINA 7 – ENSAYO

OSCAR AGÚ
(Santo Tomé-Santa Fe-Argentina)

POESIA

Poesía. Toda definición, oscurece. Todo intento de aclarar conceptos es hacer un borrador más. En otras palabras: es querer retener el agua con las manos.
Gelman dice: “¡Ah, quién pudiera atraparte de la cola!” Siempre se escurre. Siempre vuelve, más allá de lo expresado por Bécquer: “Poesía eres tú”.
Cuando ingreso en estas breves reflexiones se presenta lo ya dicho por los taoístas: “Todo lo que digas sobre el Tao no es el Tao”.
Sin embargo seguimos intentado, seguimos buscando las palabras, raspándolas, ahuecándolas, amasándolas, nombrándolas, embarazándolas. Y escribimos una y otra vez. Y volvemos a hacerlo. Lo hacemos desde una forma, lo hacemos desde otra forma. Cada lugar, cada momento, cada cultura, cada humano, lo intenta o la desdeña. Pero todos sabemos que esta.

***

Sí sabemos que ella nos permite expresar ciertos estados, ya sean individuales o sociales, que no sólo quedan en lo enunciativo sino en la denuncia –entendiendo a esta como aquel espacio necesario de libertad- de la situación existencial del hombre en su conjunto.
El poeta no se reduce a su estado de ánimo inmediato, sino que esta hablando de algo que trasciende su individualidad y con lo que muchos se identifican. Estamos hablando de la percepción que se tiene del mundo, lo que éste sugiere, de lo que de él se puede decir y el modo en que se lo dice. Forma y lenguaje van de la mano.

***

El mundo y cada uno de nosotros, cambia. Es dinámico. Cuando quede estático, si alguna vez ocurriera u ocurriese, es la muerte.
Por eso debemos aprehender que las formas y el lenguaje también están en el mundo, que no son Ideas platónicas, sino aquello con lo que nos manifestamos. Son, ambas, creaciones humanas. Y los humanos nunca nos bañamos dos veces en el mismo río: ya sea por el río en sí o por cada uno de nosotros.

***

La poesía es de este mundo. Se anida en el corazón mismo del hombre. Desde él se dispara. Se sumerge en el barro. Está en los campanarios. Sube a las nubes. Se entierra en el estiércol. Emerge, saludable, desde cualquier esquina. Grita en las manifestaciones. Se acurruca en los tugurios. Se acoda en los umbrales. Se hamaca en los sueños.
Muerta mil veces por los burócratas de todo tipo, renace briosa desde algún lugar no sospechado. Y crece. Se hace topo, pájaro, caballo, niña, obrero, alquimista, pescador, mujer, talabartero, oficinista, vendedor, viajera, cocinera, mar…
Y no se puede atrapar.


PÁGINA 8 – CUENTO

AVGVSTINVS ELIYAHU
(Spalato-Zagreb-Croacia)


SUEÑOS DEL MÁS ALLÁ

Carla soñaba en Camboriú poder algún día dejar la lavandería donde trabajaba y dedicarse a estudiar filosofía en el país que inspirara a Nietzsche, Schopenhauer o Kant. En ese mismo instante, Johannes en su zapatería de Berlin, colgaba fotografías de las playas del Brasil, e imaginaba cuán feliz podría ser si tuviera la suerte de vivir escuchando bossa nova frente al mar.
Un día ambos se animaron a perseguir sus sueños.
Ella viajó a Deutschland sin hablar alemán y él voló a Suramérica con un diccionario de portugués. Cuando Carla arribó a Berlin, en Migraciones encontraron sospechosas sus intenciones de estudiar filosofía y sólo vieron una lavandera con ganas de fregar en moneda más fuerte. Ante los distintos oficiales que se ocupaban del caso, es decir de ella misma, escuchaba sin entender el lenguaje que habían hablado sus personajes tan admirados y, en vez de estar hablando del ser, de la moral y la voluntad, encontró unas palabras en un sello rojo que la deportaban apresuradamente a su mundo natal.
Sucedió aquello en el mismo instante en que Johannes escuchaba frente al mar una canción de carnaval en sus auriculares. Sorprendido halló con la mirada las instalaciones monstruosas de una compañía de su patria en las puertas de un barrio marginal. Aunque expresara en un imperfecto portugués su amor por la cultura brasilera, unos muchachos del lugar, reconociéndole y en triste represalia, le despojaron de todo lo que tenía, incluido el pasaporte. Uno de los atracadores, como si necesitara explicarle un porqué, le señalaba la industria enriquecida en la desigualdad. Otro, en gesto piadoso, le indicaba la dirección del más próximo consulado alemán.
Volvieron a coincidir.
Carla volaba deportada intentando hallar una razón filosófica de su devenir. Se juró a sí misma reescribir la historia de la filosofía pero en portugués.
Por su parte, Johannes no escuchaba bossa nova en el avión de regreso porque ya no tenía con qué, y sólo se atormentaba pensando qué culpa de este mundo le correspondía a un muchacho como él. Al otro día, en su zapatería, mirando confundido las fotografías de la pared, se preguntaba si en Alemania ocurrían también atracos como los que había sufrido él.


PÁGINA 9 – POESÍA ARGENTINA

GUSTAVO TISOCCO
(Mocoretá-Corrientes-Argentina)

MINERAL E HISTORIA

Una piedra
y todo el tiempo que fue.

Una cicatriz
de mineral e historia,
testigo expectante
de los que partieron.

Ella acurrucada e inerte
me habla de otros tiempos,
dice que fue carbón,
bala, casa y estatua.

Yo, mortal destino,
la acaricio
y me la quedo.


TENIAMOS SOPA TIBIA

Teníamos sopa tibia
y grietas en las paredes,
los ojos despiertos,
el silencio,
calles de tierra.

Habitábamos
un planeta de barro y paja,
teníamos luz, un vaso de vino,
un jazmín esbelto.

Teníamos arroz y pescado,
manos amplias, abiertas,
un fogón encendido,
un perro, fines de semana,
muertos entrañables.

Hoy sólo quedan los ojos cansados,
la jaula refulgente
y mucho ruido.


A RUFINA CAMBACERES

A Rufina Cambaceres

Fue de noche la locura.

Despertar entre gladiolos
y un mármol refulgente.

El terror pudo más.

Hoy la Dama de blanco
aún busca a su amado,
aún grita su nombre.

Una lágrima
denuncia la osadía
de ser joven entre los muertos.


COMO A UN SOLDADO

Como a un soldado
que le quitaron la batalla,
vencido y avergonzado,
así mi aliento
suplica por tu boca.

No habrá jirones de paz
si te quedas en tu isla.


EL GATO MAULLA SU LLANTO

El gato maúlla su llanto
mientras un desamparo de estatuas
ríe su pena.

Es verde el jardín
pero fulguran los pájaros
descubriendo la noche.

La muerte anuncia jaurías.


LA MADRE JUEGA A SER GIGANTE

La madre juega a ser gigante
y empieza a parir.

Y le nace
un niño indefenso
como un charco en el desierto.

Y le nace una niña incrédula
como María Magdalena
ante las bestias.

La madre se va haciendo pequeña
y le surge un niño azul,
una niña que no ríe,
otros niños,
muchos más.

La madre desaparece.
Solo flores le brotan de la boca.


SEGURO QUE LOS MUERTOS

La madre juega a ser gigante
y empieza a parir.

Y le nace
un niño indefenso
como un charco en el desierto.

Y le nace una niña incrédula
como María Magdalena
ante las bestias.

La madre se va haciendo pequeña
y le surge un niño azul,
una niña que no ríe,
otros niños,
muchos más.

La madre desaparece.
Solo flores le brotan de la boca.


SOLO UNA MANZANA

Sólo tu licor
para beber
el encanto aquel,
escapar así,
del inclemente frío.


PÁGINA 10 – ENSAYO

PEDRO NEL NIÑO MOGOLLÓN
Traductor e Intérprete Oficial República de Colombia
(Santander-Bucamaranga-Colombia)

ANALOGÍA: ACTO DE TRADUCCIÓN HUMANA Y TRADUCCIÓN AUTOMÁTICA

The machine translation field,
like human translation, is very
varied. Verónica Lawson

Al leer el título de este breve ensayo, surgen al instante en la memoria dos imágenes. En primer lugar, la de una persona rodeada de diccionarios y manuales de corrección, ensimismada en pasar información de un idioma a otro; y en segundo, la de un aparato electrónicamente operado (hardware de la traducción), acompañado de un programa de traducción automática (software), cuyo fin principal es asistir o reemplazar al traductor humano.
Aunque las máquinas y los programas, diseñados y puestos en funcionamiento por el cerebro y la mano del hombre, han sido en los últimos años una herramienta en el ejercicio de la actividad traductora, su alcance no va más allá de ofrecer listados bilingües de oraciones de uso diario, glosarios y diccionarios en dos o más idiomas. No se debe confundir el complejo proceso del acto traductor humano con una acción mecánica, previamente programada por el hombre para que la ejecute la limitada memoria de la máquina. La verdadera traducción demanda la participación de altas operaciones mentales, propias del cerebro humano, probablemente el mejor computador del mundo.
El producto de los programas de traducción automática está lejos de ser considerado como una traducción aceptable, al menos en el sentido aprobado por los teóricos y prácticos de esta profesión, cual es el de que una traducción, para que se le pueda denominar así, debe conservar la misma información del original, es decir, del texto en la lengua fuente, y respetar los sistemas fonológico, gramatical y lexical de la lengua meta. Las traducciones automáticas, sin desconocer el esfuerzo de sus diseñadores por perfeccionar el producto, aún presentan serias deficiencias en la fidelidad a la información y en el manejo del idioma. Sobran las muestras de este tipo de traducción que se han sometido a un proceso de revisión y reescritura por parte de traductores humanos.
Baste citar aquí solamente dos ejemplos para sustentar las afirmaciones anteriores, allegados por autoridades de reconocido prestigio no sólo en el ejercicio sino también en la docencia de la traducción. El primero de López y Minett, 1997, 326 – 327, donde, hablando de la traducción de inglés a español, afirman: “Las deficiencias actuales de los programas de traducción automática se ponen plenamente de manifiesto allí donde el contexto extralingüístico adquiere especial importancia, en las frases largas y complejas, ante los usos idiomáticos, poco normativos, o la elisión de ciertas palabras (pronombres, relativos, conjugaciones), los distintos tiempos, voces o formas del verbo (participios, gerundios, voz pasiva), las construcciones de más de una palabra (verbos preposiciones, adjetivos, adverbios, nombres compuestos); y, por supuesto, el programa no sabe distinguir entre, por ejemplo, el indefinido y el imperfecto, los verbos ser y estar o una marca de posesivo sajón y la contracción del verbo to be”. El segundo ejemplo hace referencia a un conocido artículo de Georges Van Slope, citado por Jean Maillot, 1997, 352, donde hablando de una evaluación del Systran, un sistema de traducción automática, versión 1978, usado por la Comisión de las Comunidades Europeas para la traducción del inglés al francés, afirma: “El resultado es de lo más decepcionante: en un texto de un poco más de 600 palabras, la traducción en bruto contiene 7 u 8 disparates, 2 contrasentidos, 2 falsos sentidos y al menos 17 términos impropios, y todavía esta evaluación me parece que está por debajo de la verdad. A juicio del comentarista, un texto así merecería un cero en un concurso de traductores”.
Establecidas ya las diferencias entre los productos de estos dos sistemas de traducción, el humano y el automático, quizá la parte más importante de la presente analogía, conviene ahora escudriñar un poco en lo que sucede mientras se realiza la labor traductora. No se debe olvidar que ambos procesos miran al mismo horizonte, el trasvase de información, y que en la ruta seguida por los dos existen puntos de contacto. No sería por lo tanto atrevido afirmar que los diseñadores y operarios del modelo automático imitaron, mutatis mutandis, al modelo humano, justamente en consideración a que este último ha existido desde hace ya varios milenios, se remonta al año 3000 antes de Jesucristo, según Newmark, 1986, 3, y que el primero, el automático, surgió y se ha implementado apenas desde mediados del siglo XX.
El primer punto de contacto se encuentra en lo referente al input o la materia prima del proceso. Mientras que en la traducción automática, el insumo hace parte de un programa específico, en la traducción humana está invisiblemente incorporado al traductor. En el primer caso, está constituido por la información almacenada en la memoria de la máquina, referente a equivalencia lingüística entre los idiomas involucrados y a un mecanismo que permite la realización de dicha equivalencia. En el segundo, está dado por el conocimiento de las dos lenguas, del tema o materia del texto, de las técnicas y estrategias de traducción y muchos otros factores diferentes del puramente lingüístico.
Un segundo punto podría ubicarse en la etapa de sensación, percepción y procesamiento. En la traducción automática, la realiza la máquina con la colaboración del respectivo programa, donde subyace la gran ayuda de la tecnología y de un operario que da y recibe órdenes. En la traducción humana, por su parte, el traductor debe, en primer lugar, usar los sentidos para ver, oír o leer el texto; luego, someterlo a consideración del cerebro para que este “gran ordenador” decida el método a seguir en la selección de contenidos, de equivalencias lingüísticas y de edición, ya sea por registro oral o escrito, subyace aquí la interacción entre neuronas, operación efectuada por el axón, el transmisor de señales neuronales, y la dendrita, el receptor, requiriéndose también la presencia de los neurotransmisores, moléculas que transmiten los impulsos que quedan en los diminutos espacios entre el axón y la dendrita. Como se puede apreciar, esta etapa es más compleja y tiene mayor alcance en el acto de traducción humana que en la traducción automática. Sin embargo, en la traducción automática, se sabe con exactitud lo que sucede en esta etapa mientras que en la humana, todo lo que se diga sigue siendo especulativo hasta que no se le pueda visualizar, al menos, en una pantalla de computador.
El último punto de encuentro de los dos sistemas podría localizarse en la calidad del producto. Como quedó establecido en la primera parte de este corto artículo, el output o producto, como sale de la máquina, dista mucho de ser una verdadera traducción. Este hecho indica que aunque la traducción automática imite cada vez más al proceso del acto traductor humano y se encuentre en continuo perfeccionamiento, todavía le falta mucho para igualarlo.

REFERENCIAS
LAWSON, VERÓNICA,1983, Machine Translation in The Translator’s Handbook, London, Aslib, p. 82.
LOPEZ GUIX, JUAN GABRIEL y MINETT WILKINSON JACQUELINE, 1997, Manual de Traducción, España, Editorial Gedisa.
MAILLOT, JEAN, 1997, La Traducción Científica y Técnica, Madrid, Editorial Gredos.
NEWMARK, PETER, 1986, Approaches to Translation, Oxford, Pergamon Press.


PÁGINA 11 – CUENTO

GABRIEL PAZ
(Guayaquil – Ecuador)

GENESIS

En el principio, el Relojero creó el cielo y la tierra
Alfa era una mermelada de caos y antimateria, y los átomos chocaban simulando una danza entre reptiles.
El Relojero dijo: “Hágase la luz”.....Y hubo un silencio enorme en el cielo porque los ángeles eran vagos y estaban acostumbrados a rascarse la panza y acariciarse las alas con dedos ajenos
Entonces el Relojero dijo: “¡¡¡Hágase la luz por la puta madre!!!”
Y los ángeles entendieron por primera vez que el Relojero era un cabrón lleno de amor y presagios, con una voz que hacía que sus pálidas pieles se tornaran carmesí que
Entonces el Relojero vio luz sobre el horizonte de la nada y apartó su séquito de la oscuridad
Los planetas eran bolitas de materia viva, células calientes y herbolarios recién nacidos
Separados por caminos de hielo, cada uno de ellos era tierra fértil para sembrar vida, muerte y seres sin rostros que se entrelacen entre ambas
El relojero dijo: “Hágase la vida”
Y en un principio los ángeles obedecieron y cogieron trigo, maíz, arroz y lava volcánica y la moldearon sobre los satélites que orbitaban el espacio
Pero trabajaban despacio y el Relojero contaba los segundos.
“¡¡¡A trabajar perras ¡!!” Les gritaba, se sacaba el cinturón y los azotaba con el amor de un padre, y los angelitos corrían con sus culitos rojos y flagelados a forjar cuerpos para depositar soplos de existencia en los gusanos recién inventados
El Relojero separó las aguas de la tierra, y se crearon orillas que crearon playas que crearon caminos para los primeros habitantes que arrastraban sus cuerpos babosos por la arena turbia de los primeros pantanos todavía humeantes de los cráteres que iba dejando la creación.
La Creación. Al menos así llamaron los ángeles a aquello que se estaba gestando en el corazón matemático del Relojero
Acostumbrados al silencio absoluto en el espacio de la inmortalidad, todo ese murmullo de cosas apareciendo de las cavernas hacia las superficies parecía el principio de algo
A este murmullo de cosas nuevas raspando el silencio le llamaron música
El Relojero designó al ángel más hermoso entre las filas de sus soldados alados en pos de una sinfonía de planetas maravillosos
Le dijo: “Helel, ve y dibújame en la mano una línea que marque un final en el tiempo. Aquel regalo que un día le entregue al universo y que hoy se vuelve quimera de ángeles aburridos, gordos, perezosos y mal agradecidos”
“Helel, ve y dibújame en la palma de la mano mi propio rostro con tu boca que escupe colores, quiero verme reflejado más allá del tiempo”
Lleno de orgullo y alegría, Helel navego sobre cometas incandescentes los confines del cosmos
Por amor al Relojero (por amor y gratitud) se aventó hacia la muralla del tiempo para detenerse, y poder marcar con banderas de fuego las latitudes de la Creación, dibujando asteriscos y figuras geométricas al azar con sus alas en llamas
Por amor y gratitud, Helel envejeció buscando colores apropiados entre el azufre de los meteoritos y la leche oscura de los agujeros negros, solo para pintarle un rostro a su creador y volverlo finito por encima de su propia eternidad
Así, el ángel de la música, llegó a la tercera roca de la milésima octava estrella en la constelación azul, brincando de charco en charco, esquivando los soles comelones y las novas radioactivas
Cuando llegó estaba tan viejo, tan cambiado, tan cansado que sus alas dejaron el blanco platinado por un marrón triste y sucio, la cola del cometa había dejado cicatrices por todo su cuerpo deshecho y sus ojos, antes dos soles, ahora eran dos lunas grises. Torturado por el viaje, Helel olvido que el planeta poseía océanos enormes y ríos estrepitosos, y lo llamo Tierra en lugar de Mar
Helel se sentó a descansar sobre un valle lleno de arboles de manzanas, esperando que el Relojero le enviase alguna señal.
A la luz del atardecer, entre los matorrales que iban y venían con el viento, Helel contempló por primera vez a la mujer.
*****
Todas las cosas del mundo habían sido nombradas
La lluvia era llamada lluvia por el hombre llamado hombre por la mujer llamada mujer por el ángel de la música
Cuando Helel hubo nombrado todo aquello que la luz permitía ver, tomó a Ninti y le ensartó su aguijón cósmico en medio del corazón
Ninti danzaba desnuda los tambores de su familia primigenia en el oriente negro. Danzaba para recoger frutos, para la pesca, para la caza, para que la luna no se quiebre y riegue su agua helada sobre las aldeas
Milenios atrás, todas las flores habían sido descocidas cuando comenzó a nevar. El primer hombre y la primera mujer no sabían del calor de sus vientres hasta la primera torva que azotó el valle
En una cueva llena de alacranes unieron sus cuerpos para siempre. Boca con boca, hombro con hombro, pecho sobre pecho, piernas entrelazadas con brazos. Todo oscureció durante mil años bajo la nieve
Familias enteras emergieron del deshielo mientras ríos se formaban en las laderas de las montañas. Cuando regresaron a la superficie, tenían la piel pálida y devoraban hojas con la debilidad de sus dientes de leche. La estrella matutina fue oscureciéndolos hasta hacerlos lobos erectos, morenos y carnívoros
Ninti era la última hija de una larga dinastía de mujeres de ébano, recolectoras de manzanas y danzarinas tribales
Helel se unió a la danza, en medio de las antorchas y los cantos de las mujeres obesas que lo declararon el protegido del sol, el hombre alado, el mensajero del cosmos
Agarró de la cintura a la joven Ninti, sin pedir permiso de ningún hombre. Jugó con sus cabellos en la cerrazón de una laguna lejana. Hizo que la mujer acariciara sus alas grises con sus pezones redondos, y su alma vacía de viajes galácticos se volvió multitud de emociones a las cuales nombró sexo
En medio del sueño, una voz retumbó en el oído derecho de Helel
“Ángel de mierda, ¿Dónde te has metido?” Era la voz intensa del Relojero
“Eres una tremenda puta, cuando te encuentre te arrancaré las alas con mis pinzas y en su lugar pondré dos culebras que te llenen de veneno por el resto de la eternidad”
A aquel ruido que parecía un presagio oscuro y orgánico en medio de cantos melodiosos de aves primaverales lo nombró pesadilla.
Fue lo último que nombró
A la mañana siguiente, arropada entre las alas de su macho-ángel, Ninti fue despertada por la punta de la lanza de uno de los ancianos de la aldea, quienes rodeaban en círculo los cuerpos enroscados de los amantes
Se llevaron a Helel a la cima de la montaña más alta y lo ataron a un tronco deshojado
Lo castraron, lo azotaron, le llenaron la cara de mordiscones de ratas silvestres, lo hicieron comer sapos muertos y llenaron su barriga de peste
Lo dormían con golpes en la nuca y lo levantaban con agua helada. Le dibujaron mil llagas vivas en todo su cuerpo con la boca de una sanguijuela
Finalmente le quemaron la mitad de la cara con aceite hirviendo porque era demasiado bello, pero le dejaron la otra mitad sin lastimar porque era demasiado bello
Le dejaron las alas intactas para poder reconocerlo
Después de una semana de tortura, lo desataron y lo bajaron del tronco, lo dejaron en libertad con la condición de que no se acerque a ninguna mujer en la tierra.
Cuando al fin los humanos estaban bajando la montaña de regreso a la aldea, Helel recordó el presagio del relojero y empezó a gritar desesperado
“Arránquenme las alas......Arránquenme las alas……por lo que más quieran, arránquenme las alas ¡!!”


PÁGINA 12 – POESÍA ARGENTINA

ALEJANDRO SETA
(Brandsen-Buenos Aires-Argentina)


MI CORAZÓN LUCHA DE MANERA DENODADA

Mi corazón lucha de manera denodada
feroz e inalcanzable. Es un boxeador contra las cuerdas.
Arranca por la mañana su temeraria carrera
y fustiga voces, carruajes, tropelías. Es fustigada aún
su torpeza, su ditirambo, su calesita
que lo sorprende y lo intimida.

No tiene descanso.

Va a los cursos donde se enseña
a que no duela. Porque mi corazón es ingenuo.
Lo cree todo. Viene
de la antigüedad, no nació en este tiempo,
No tiene maldades, cree en el heroísmo
de cada detalle, en la farsa, en la risa, en la forma
Aquella de creer en el humano, porque en los perros
(¡vaya!) ya cree de antemano. (Ve perros atropellados
en las rutas, hasta en sueños)

No.

Mi corazón no tiene descanso.

Mi pobre corazón con diccionario no tiene descanso.
Todas las acepciones la parecen necesarias.
Y busca en la mentira un atisbo de verdad.
Quiere creer ¡pero lo han frustrado tantas veces!

Un día morirá
como se mueren todas las cosas. Un día vivirá
para no dolerse, para levantarse como en las películas
de gente contenta, arreglada, disuadida
de que esta vida ha sido hecha para ser feliz. Pero él,
pero él, se las cree todas. Se las dijeron todas,
y a todas se las creyó. Entonces (entonces)
ante tanta insensatez, ante tanta hipocresía,
¿a quién creerle? Y además ¿para qué?


PÁGINA 13 – ENSAYO

CRISTIAN VITALE
(La Plata-Buenos Aires-Argentina)

COMALA. LA PATRIA DE LA ESCRITURA

"Vine a Comala porque me dijeron
que aquí vivía mi padre"
Juan Rulfo; Pedro Páramo

Empecé a escribir una mañana de Pehuajó, soleada, sobre un acolchado inolvidablemente amarillo, rugoso, en medio, repito, en medio de un desesperado y caudaloso llanto. Me inventé un lector. Apunté alto me acuerdo. Era Dios. Escribí confesionalmente, desaforadamente, no importa si mal, un dolor que, según comprobaba, la escritura conjuraba. El llanto y la escritura terminaron juntos. Diez o quince minutos después. Yo tenía pocos años, pero no tan pocos. Entonces sospeché quizá la primera tragedia de mi vida. Si el llanto me da la escritura y la escritura me quita el llanto, la figura que me dibuja lleva forma de círculo. Y el círculo es una geometría cerrada. ¿Sería preciso el dolor para invocar la escritura? ¿La escritura sería el final del dolor, es decir de la escritura? ¿Los círculos eran renovables? ¿O era pues un suicidio de la propia escritura?
Por mucho tiempo no lo supe. Porque cada vez que quise descartar esa idea por romántica o infantil, recordé que el llanto es el nombre genérico de una pulsión que no por tener varios nombres ni carecer de humedad desmiente su origen de llanto. Sí, es el llanto el padre de la escritura. Y el nuestro también. Porque este texto, por piedad o pudor, por no escribirse como aquel primer texto, quizá mal, no quiso comenzar de la siguiente manera. Empecé a escribir porque buscaba a mi padre.


PÁGINA 14 – CUENTO

SERGIO BORAO LLOP
(Mallén-Zaragoza-España)


ALGUIEN DEBIÓ ENTRAR DURANTE LA NOCHE Y DINAMITÓ EL VERBO.

Por fortuna, según se desveló en un primer comunicado, no se trataba de uno de los verbos mayores, como poseer, dominar o triunfar. Era más bien un verbo cortito, chico, casi insignificante; obsoleto. Pero así y todo, quizá por pura rutina, a la mañana siguiente acudieron los académicos, con sus potentes linternas y sus PDA subvencionadas, para censar los destrozos, tomar las oportunas notas y emitir el dictamen correspondiente.
La fachada no había sufrido grandes daños, por lo que la preocupación inicial se disipó en parte, dejando paso a una disimulada indiferencia.
El interior, sin embargo, estaba en ruinas.
El presente de indicativo, en especial la primera persona, sólo podía conjugarse maquillándolo con abundantes adverbios y adjetivos, lo cual no impedía que se tambalease, pero le daba una apariencia aceptable, aun cuando a pesar del camuflaje resultara evidente su decadencia.
Todos los pretéritos —salvo el perfecto de indicativo, repentinamente convertido en imperfecto— habían desaparecido. A primera vista, no podía descartarse la hipótesis del secuestro, pero todo apuntaba a su total aniquilación. Gerundio y participio lloriqueaban en un rincón, despojados de toda dignidad. Estaba claro que habían sido objeto de algún tipo de violencia. Más inquietante resultaba el estado del infinitivo, cáscara hueca sin signos vitales, armazón inútil cuyo devenir ningún experto se atrevió a pronosticar.
El rostro del futuro había sido deformado de tal modo que ahora no era más que una máscara horrible: La mueca del tramposo sorprendido en el instante exacto de seducir a su víctima.
Evaluados los daños, y puesto que la reconstrucción no parecía posible (y, según el parecer de los eminentes sabios, tampoco merecía la pena) se acordó de forma unánime que lo mejor sería dar unas manos de pintura y elaborar un concienzudo manifiesto para evitar cualquier reacción adversa de la opinión pública, reacción que, por otra parte, se valoró como improbable. En poco tiempo —comentó alguien en voz baja— ya nadie se acordará.
Una vez que todos hubieron pronunciado sus solemnes frases ante las cámaras de televisión, cuando el tumulto de barbas, voces graves, preguntas y sentencias fue dejando paso a la tranquilidad, cuando hasta los últimos curiosos abandonaron la escena, cuando el silencio se extendió finalmente por la estancia, se escuchó un levísimo sonido lastimero: Bajo los escombros, herido, magullado, alicortado, sangrante y olvidado, resonaba, como una flamígera esperanza, el presente de subjuntivo.


PÁGINA 15 – POESÍA ARGENTINA

MARCELA DELLA RICCA Y JUAN CARLOS VECCHI
(Buenos Aires-Argentina)

CAZADOR DE MIEDOS

En la boca grande
de la noche,
mete su cabeza hueca
el cazador de miedos,
como si quisiera apretar el temblor
con la premonición de los mentones,
o tal vez,
alimentarse de la velocidad de las sombras
cuando se deslizan por los corredores
buscando esquinas donde refugiarse;
porque dicen que eso sucede
cuando el espejo no las sorprende
con las oscuras manos en la masa,
veloz mordida de una boca sin memoria.

UN DIOS SUICIDA

La marcha sobre el margen,
una secuencia infinita de acantilados
que ruboriza el vahído de las sombras,
van en fila hermana
un mil elefantes de sol
guiados por la hembra líder,
tomando distancia,
depositando sus dedos firmes
sobre las espaldas de la noche
para despabilarla;
pero hay un Dios o es el diablo
de capa baja que los acecha
con su oreja tuerta, esperando
la voz de una mirada muerta
para caerles encima;
ángel que cae como un trapo
empapado de temerosa anarquía
en su primer vuelo suicida
con el afán de derribarlos.


PÁGINA 16 – ENSAYO

MÓNICA RUSSOMANNO
(Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

LA FELICIDAD COMO DEBER

Tenemos, dicen, el deber de ser felices.

Mirando el campo desde arriba, y constatando la fugacidad de la vida de hormigas y minúsculas existencias con patas y antenas, y torpes colmillitos de frágil ferocidad, es hasta redundante notar que para tan poca existencia es ridículo el malgaste en penas evitables. Sería también de una obviedad pueril descubrir que las fauces de tigres y osos polares poco son si medimos al animal por la escasa porción de vida en tanta eternidad de años contados por millones. Y nosotros, también, vistos desde arriba apenas representamos un puntito microscópico en el inabarcable universo.

Nuestras penas y afanes son, de acuerdo con esto, absolutamente desproporcionados con el tiempo, ese tiempo tan escaso del que disponemos entre el alumbramiento y el deceso, segundos apenas que podemos dedicar a conseguir la felicidad.

Debemos ser felices.

Noches en vela por gentes que luego nos dan la espalda o bien terminan muriendo de todos modos, cuidados o no. Insomnios diurnos por amores contrariados, por obligaciones vanas, por hijos ingratos o por catástrofes inobjetables. No habría necesidad, no sería justo.

Tenemos el deber de ser felices.

Por sobre guerras y recesiones, por encima de los mendigos de las calles, a pesar de las injusticias y aunque afuera arrecien las violencias. Aunque nuestros amigos se desesperen o caigan desarmados, contra el viento gélido de los abandonos y a la par de los que soportan yugo ya no de bueyes que no los hay por aquí pero casi pareciera, a su lado pero mirando para arriba, para otro lado, para no verlos en su deprimente sufrimiento.

Felices con sonrisas llenas de dientes y ojos ciegos.

Susan Sontang hablaba de cómo en nuestra época se ve al cáncer como resultado de la represión de emociones, cáncer como salida de aquello enterrado por uno mismo. Cáncer, finalmente, como culpa del paciente. Sida como culpa del paciente, enfermedades que finalmente pertenecerían al enfermo y serían casi una elección. Gente que en vez de escoger la felicidad escoge el dolor y ser víctima de un temible mal. De esto hablaba Susan con horror.

Porque tenemos el deber de ser felices. De otro modo, uno es un actor consciente de la obra de su propia muerte. Eso dicen.

Y no me quedan dudas de que debemos intentar la felicidad, a pesar de, contra de, aunque sea. Pero no sin esos deberes morales, esos deberes humanos que son inequívocos.

La felicidad no es un estado puro. Sucede mientras uno limpia la mesa para recibir al amigo desgraciado, mientras se trabaja para llevar el sustento a quienes se ama, mientras las cebollas de la comida que se compartirá nos hacen rodar lágrimas.

Y no hay felicidad cuando para tenerla se entierran cadáveres en el jardín. O no debiese haberla. Quien intenta ser un hombre o mujer honestos creo que no puede conocer esa clase de felicidad que se funda en el abandono o la negación de las responsabilidades.

En "El Zoo de cristal" Tenesse Williams contaba cómo el hermano ponía la mayor distancia entre su vida y la triste, desfalleciente penumbra de su hermana y su madre. Se hizo marino mercante para escapar, puso leguas y millas entre su vida y la miseria que abandonó en su ciudad. Pero bastaba un destello de vidrio para recordar las figurillas de cristal de Laura, su hermana, y sentir en la espalda la leve presión de su mano. Escapar es imposible cuando se sabe la existencia de un deber hacia unos seres que se ha abandonado.

Por eso, tenemos el deber de ser felices pero con lo que hemos quedado presos, que presos de algo estamos todos. No adscribo a la culpa judeo cristiana que llama al sufrimiento, pero no puedo descreer de la moral necesaria para que la felicidad sea lo menos espúrea que podamos conseguir en esta vida llena de impurezas y máculas.

Felicidades, entonces, con los bártulos a cuestas y sin renunciar a una mirada abarcadora y lúcida. Lo que se pueda aquí y ahora, y cada tanto lavando ropa que no nos pertenece.


PÁGINA 17 – COMENTARIOS DE LIBROS

Libro: PELDAÑOS
Autora: CELIA ESTÉVEZ LOZANO
Editorial: LAPIZCERO EDICIONES
ISBN: 978-84-92830-52-7

Buscadora infatigable de la verdad, de su verdad, pese a quien pese, Celia Estévez Lozano ahonda y busca no sólo en su interior, sino que gusta adentrarse y perderse en la Naturaleza, a la que ama profundamente, y en la que encuentra el verdadero sentido a la existencia (en una flor, en un pétalo, en una mariposa, en las rapaces que admira, o en cualquier roca).
Estévez Lozano se declara a sí misma persona religiosa, pero no se encuentra atada a los dictados de ninguna religión en concreto.
Cristiana por nacimiento y por cultura social, sin embargo, busca en la filosofía budista, a través de la meditación, el encuentro interior consigo misma y con el TODO.
Peldaños, el poemario que ahora sale a la luz, es el fruto de su más profunda forma de ver y sentir la experiencia personal de la vida
LápizCero Ediciones.


PÁGINA 18 – CUENTO

NECHI DORADO
(CABA-Buenos Aires-Argentina)

LA NIÑA DE LAS PALOMAS

La niña tiene ocho añitos, sólo acumula hojas de calendario sobre su espalda flaca. En su mesa, con suerte, apenas un pan del día y un plato de guiso ácido de tanta recalentada. Todos los mediodías corta un pedacito del pedacito que le toca en suerte. Lo guarda en un pliegue de su remera rota, sale a la calle y una bandada de palomas aparece como mágicamente para recoger las miguitas.
-Siempre les doy pan para que coman, me cuenta. En el fondo de sus ojitos, casi sin brillo, encuentro una luz y veo un brote de la esperanza iluminando su mirada pícara. Ella comparte lo que le falta, otros, lo que le sobra. Algunos la llaman “negra de mierda”. El cura de la iglesia, a media cuadra de allí, todavía no la vio, esa nena tiene la magia de pasar inadvertida, para tantos…


PÁGINA 19 – POESÍA AMERICANA

MOSHENGA VIII CABANILLAS
(Lima-Perú)


RETORNOS REVECES Y AUSENCIAS

Sol cuando te contemplo
Inventando el reflejo de mis ojos
En tus sombras palaciegas
Te siento más extranjero que nunca.
Te vas y no ameritas ser ajeno
En esta frontera de nostalgias huracanadas.
Te vas y sé que no volverás a ser el mismo y no volverás.
Habrá perdido entonces su semblanza el balneario que embriaga su exilio
Y que busca en ésta pesadumbre de voces
La pintura de las ilusiones urgentes de un abrigo.
Te vas dejando atrás el rostro de la rivera la vid y el trigo
Que amasa el asfalto de un pensamiento secular que no es mi destino.
Aquí no sirve la brújula
Ni los pasos que guían las estrellas
Tampoco los reproches perdidos
Por el polvo congelante de la noche.
Aquí es escaso el cielo
La legumbre el centeno
Y las palabras de aliento.
Por eso se detiene el murmullo
En esta estatua plagada de mágicos desprecios
Se detiene en el insomnio cuántico de las ideas
Posando como si retrocedieran las horas en el escaso fulgor de la penumbra
Y como avalancha perenne
El herrero del discurso moldea el borde de una frase idílica
Y se precipitan los pentagramas infinitos
En los conciertos fermentados por la espera
Esa fatalidad de que hoy no despierta el sol
En ese grafitis tatuado por el barlovento sinuoso de una mujer
Que espera en la cena el consuelo del silencio de una expresión.
Hoy el sol quedó atascado con la maleza que carga el rio
Quedo envuelta entre la epidemia de fieras enloquecidas y frenéticos desenfrenos
Quebrantando la estética la desnudes y el brillo
Que acusa la primavera en su primera noche de luna
Partiendo a los hombres en costillas de arcilla mal cocida
Para revivir la idolatría de su creación.
Quedo para siempre la tierra
Tendida como sabanas tibias la madrugada
Deambulando en los significados de la oscuridad
La resistencia al silencio total
El canto de un recuerdo de antaño en una historia de amor.

Santiago de Chile, Noviembre del 2011


PÁGINA 20 – ENSAYO

VICENTE ALEIXANDRE.
(Sevilla – 1898 / Madrid - 1984)

EVOCACIÓN DE MIGUEL HERNÁNDEZ.

Lo recuerdo perfectamente, pero no tengo la carta, desaparecida como tantos otros papeles queridos. Era una cuartilla de papel basto, y en ella unas líneas apretadas, escritas con una letra rodada y enérgica. No quisiera atribuirle palabras que no dijese, pero sí hago memoria transparente de su sentido: «… He visto su libro La destrucción o el amor, que acaba de aparecer… No me es posible adquirirlo… Yo le quedaría muy agradecido si pudiera Vd. proporcionarme un ejemplar… Voy a vivir ahora en Madrid, donde estoy…» Y firmaba así, exactamente:

Miguel Hernández, pastor de Orihuela.

Desde esos días empezó a venir frecuentemente por mi casa. Miguel era entonces el autor de Perito en lunas, libro editado en muy corta tirada hacía dos años, en Murcia, y que había pasado desapercibido. En esta obra se veía más que nada al prodigioso artífice temprano, cuajadas sus octavas en los últimos efluvios del centenario de Góngora, que todavía había alcanzado a su sanísima juventud.

Pero ya entonces no hablaba de este libro. Yo le evoco en aquella primera temporada como una fuerza de primavera metida en primavera: abril, mayo, junio. Primavera de campo. En esos casi comienzos del verano, cuando han brotado los árboles y el aire brilla con potestad de cielo y la naturaleza parece poderle a la ciudad, Miguel era más Miguel que nunca. También él, al ritmo natural, semejaba arribado en esa honda de verdad que enverdecía a Madrid y lo coloreaba.

Algo tenía en esas horas que le hacía parecer como si siempre llegase de bañarse en el río. Y muchos días de eso llegaba, efectivamente. Mi casa estaba en el borde de la ciudad. «¿De dónde vienes, Miguel?» «¡Del río!», contestaba con voz fresquísima. Y allí estaba, recién emergido, riendo, con su doble fila de dientes blancos, con su cara atezada y sobria, con su cabeza pelada y su mechoncillo sobre la frente.

Calzaba entonces alpargatas, no sólo por su limpia pobreza, sino porque era el calzado natural a que su pie se acostumbró de chiquillo y que él recuperaba en cuanto la estación madrileña lo consentía. Llegaba en mangas de camisa, sin corbata ni cuello, casi mojado aún de su chapuzón en la corriente. Unos ojos azules, como dos piedras límpidas sobre las que el agua hubiese pasado durante años, brillaban en la faz térrea, arcilla pura, donde la dentadura blanca, blanquísima, contrastaba con violencia como, efectivamente, una irrupción de espuma sobre una tierra ocre.

La cabeza, de la que él había echado abajo el cabello sobrante en otros, era redonda y tenía un viso acerado en su pelo corto, con un signo de energía en el remolino de la frente, corroborado en los pómulos saledizos, pero desmentido en su entrecejo limpio, como si quisiera abrir una mirada cándida sobre el mundo entero que con él se correspondiese.

Era puntual, con puntualidad que podríamos llamar de corazón. Quien lo necesitase a la hora del sufrimiento o de la tristeza, allí le encontraría, en el minuto justo. Silencioso entonces, daba bondad con compañía, y su palabra verdadera, a veces una sola, haría el clima fraterno, el aura entendedora sobre la que la cabeza dolorosa podría reposar, respirar. Él, rudo de cuerpo, poseía la infinita delicadeza de los que tienen el alma no sólo vidente, sino benevolente. Su planta en la tierra no era la del árbol que da sombra y refresca. Porque su calidad humana podía más que todo su parentesco, tan hermoso, con la naturaleza.

Era confiado y no aguardaba daño. Creía en los hombres y esperaba en ellos. No se le apagó nunca, no, ni en el último momento, esa luz que por encima de todo, trágicamente, le hizo morir con los ojos abiertos.


PÁGINA 21 – CUENTO

XAVIER DE TUSALLE
(Madrid-España)

TE CONOZCO MUY BIEN
Del libro Estrictas líneas de luz (LapizCero Ediciones)

Último legado del jefe Güendorlim, arquero de la estirpe de Efebel
Traducción aproximada de la lengua gurí por Xavier de Tusalle

Te conozco muy bien, hijo de puta, ¿no me recuerdas? Los dos pasamos por aquí mucho antes de llegar, pero yo me quedé atrás y tú seguiste adelante, lanzando la evolución hasta el borde de la miseria.
¿Lo recuerdas?
Cuando bebíamos juntos tú hablabas siempre de la grandeza de levantar imperios mientras yo soplaba sobre la ceniza que mi cigarrillo dejaba en el mostrador y marcaba ritmos con mis dedos.
Siempre supe que eras basura, a pesar de la mutua amistad. ¿No recuerdas el día que me traicionaste? Estabas con Darwin y su puta madre. La selección natural lo encauza todo. No creíste nunca en los dioses griegos, siempre pensaste que es mejor forzar el presente, caiga quien caiga.
Eres un hijo de puta, te conozco muy bien, aunque tu madre fuera una santa.
Me hablaste de la conveniencia de la democracia para ensamblar tus negocios mientras yo te preguntaba qué había de nuestros sueños. Solo me dijiste, estamos solos, Dios no existe, y te dedicaste a traicionar todas tus promesas menospreciando las mías y las de mi humilde pueblo. Has talado nuestros bosques, contaminado nuestras aguas y apestado nuestro aire.
Eres un hijo de puta, hasta la brisa de primavera apesta a tu lado.
¿No recuerdas los latidos del tambor? ¿No recuerdas cuando hablábamos de que el progreso no tiene por qué matar los ámbitos naturales de otras culturas que tienen todo el derecho a la supervivencia? ¿No recuerdas el día que llegaste a mi pueblo aterido de frío?
Me vendiste por un traje largo y una tarjeta de presentación duplicando tu mísero ego. Te valiste de mí, un simple duende verde, para organizar tu gran orgía de poder.
Me dejaste solo y desamparado, con una copa vacía y el dolor lleno. Con la gran vergüenza de ser un desertor de la causa de mi pueblo.
Porque no se puede luchar contra lo que tú representas, solo se puede resistir con los pesados castillos de arena resbalando en nuestros dedos.
Eres un hijo de puta, debí matarte cuando tuve oportunidad, aquel día que te quedaste atrapado en el río, herido por las zarzas.
Nunca me lo perdonaré. Aunque ya es demasiado tarde.
Pero lo sabes, si vuelves a cruzarte en mi camino, aunque yo no esté, alguno de los míos te partirá el cuerpo ya que no tienes alma.
Pudiste traicionarme, pero no tienes salvación, cruzaste al lado oscuro y al odio que te mantiene tienes que sumar la ausencia de amor de los que un día te amamos.
Eres un hijo de puta, por mucho que te etiquetes como un socialista revolucionario que va a cambiar los ámbitos de la miseria. Mírate, ni siquiera fuiste capaz de felicitarme el día que reconocí mi propia ignorancia, mi trabajada estulticia, mi loca fantasía, mis deseos de fortalecer el ámbito natural en el que viví toda mi vida.
Ahora que estoy muerto y tú, con los tuyos, sobrevives, tengo que pedirle a los dioses del Olimpo, si aún continúan ahí, que tus días sean una postal amorfa de lo que está por venir.
Convoco la decencia que aún queda en el mundo, como un pequeño motivo inservible, para que todos los guerreros que quedan de la estirpe de Efebel –mi última voluntad- dirijan sus flechas de fuego hacia el mundo horrendo que los de tu calaña habéis creado.
Condenado seas por toda la eternidad.

Güendorlim, jefe de los últimos arqueros de la estirpe de Efebel, custodios del Mundo Antiguo.

Manuscrito encontrado en un bosque de la Sierra de Madrid por Xavier de Tusalle el 13 de marzo de 1995. Traducción aproximada de la lengua gurí.


PÁGINA 22 – POESÍA AMERICANA

MARITZA ALVAREZ VARGAS
(Villa Alemana-Valparaíso-Chile)

INEVITABLE

Antes que caiga sobre nosotros
la pesada manta del olvido,
con su traje superpuesto,
déjame que te diga serena mis voces
que cantan libertades y anhelos
enrabiados de esperas;
y de esperanzas muertas en el reproche.

Disentir es una cosa,
cabalgar ahí es otra.

Antes que se vaya la noche
y el sol aún no amanezca entre nosotros
déjame que busque en la memoria fracturada
algún antecedente de la vez que fuimos uno
y fuimos par, y fuimos fruto germinando.

Empeño pongo en ello, antes que la luz del día
nos enceguezca la mirada y no sepamos sacarnos
esta pesada manta de nuestros hombros averiados.

CUANDO LA NOCHE

El cielo arrastraba las nubes hacia el norte,
cuando la brisa cálida de la noche,
vino a despertarme
en el bendito idioma cómplice,
que bien conocen los locos
y los amantes.
Y buscó donde guarecerse.
Y de todos los sitios
escogió mi vientre sediento,
y lo hizo boca adentro
y voluntad atada.
Erigió su imagen posesa
en mi frágil terreno
en una inconfesable ráfaga
aniquiladora y serpenteante...

Y aquella noche llovió.


LAMENTOS

Lamento la falta de arcoiris
o de un faro en la niebla,
que nos avise de los pájaros
que llegan y pasan,
para sentarnos a observar.
Lamento los zapatos gastados,
la calle de tierra que a solas asola,
la falta de carmín en las bocas,
la sombra azul de los ojos
y los árboles hermanos en el camino;
su sombra no hay quien la aproveche.
Lamento profundamente
y hasta el cansancio, la ausencia
de los verbos morder y arraigar
y la gracia tan particular de mi corazón.


DE MIRADAS Y PRESAGIOS

Afuera,
el cielo era un presagio.

Adentro, tú y yo,
el uno en el otro,
las sábanas blancas,
y el cubrecamas de algodón.

Fue al final de ese momento feliz,
como casi siempre sucede,
que una sombra pequeña
viene a asustarnos.

Te acuerdas?

Acariciabas mi pelo.
Me mirabas tanto a los ojos...
y tu mirada hablaba más
que tus propias palabras.

Me dijiste: tengo miedo.
Miedo al que no quise acudir.

Afuera,
un mundo que se movía
sin percibirlo siquiera.

Aquí adentro,
una canción perturbada
y alguien que abre y cierra puertas
como buscando la patria perdida
(no sin dolor).

UNA MUJER
(que sangra)

Una mujer que sangra,
tiene mil razones,
y con ellas transita las veredas dolorosas.

Una mujer que sangra desde el alma,
grita de rabia por la injusticia
y lo hace con el corazón mojado,
y bañado de impotencia.

Lo hace por su esencia vulnerada,
por los hijos que no volvieron,
por los anhelos contenidos,
por los sueños pisoteados.

Una mujer que llora sangre,
lo hace por su simiente lejana,
lo hace por las caricias que soñó
las que dio, y que nunca más vio;
lo hace por la traición y el desamor.

Una mujer que sangra,
lo hace por tantas razones...
y va dejando estelas de su dolor
en cada paso y en cada acto,
en el lugar que le tocó ocupar,
y en el sitio en que quiso estar.


SIN TU VOZ

Te extrañaré, sí.

Te extrañaré en el silencio,
porque gusta a mi disgusto.

Te extrañaré y vendrás a habitarlo todo.
Y ocuparás mi ropero viejo,
mis zapatos, mi cepillo de dientes,
mi figura que se dobla y mi espejo.

Alcánzame tu voz.
Alcánzame tu vida,
porque la mía se hace pequeña y vacía,
y se apaga en cada minuto sin voz.
(Sin tu voz).

Te extrañaré a rabiar cuando me faltes.
(Tengo tu foto pegada a mi pared amarilla).

Te extrañaré con saña de extrañarte.
Te extrañaré en el silencio del silencio tuyo.

Alcánzame tus brazos y la esperanza toda,
que el juicio no libra ni justifica.

Te extrañaré en la burla del silencio, lo sabes.
Ni siquiera aquellas campanas semejarán tu sonido,
ni mis lápices traerán tu gesto dibujado,
ni todo el tacto febril devolverá a mis manos
la sutil mariposa que bailaba en tu ombligo.

Te extrañaré.
Tanto te extrañaré...


PÁGINA 23 – ENSAYO

CONCEPCIÓN BERTONE
(Rosario-Santa Fe-Argentina)

POR QUÉ EL TIEMPO PASA MÁS RÁPIDO CUANDO NOS HACEMOS MAYORES…

Cuando somos niños cada día es un mundo. Los veranos, por ejemplo, son interminables. Pero a medida que nos hacemos mayores nos da la impresión de que los días vuelan y un verano pasa como un suspiro. Neurocientíficos y psicólogos dan vueltas a este fenómeno desde hace tiempo y hay algunas teorías que intentan explicarlo.
Nuestro cerebro no es como un ordenador, es un órgano vivo mucho más complejo y diverso. Y a veces nos 'engaña'.
Integra mucha información (estímulos del exterior y también del interior de nuestro organismo) y la interpreta de una manera u otra según las circunstancias. Por eso, no percibimos el paso del tiempo como una representación exacta de la realidad, que es la que marcan los relojes.

David Eagleman es un neurocientífico que estudia precisamente fenómenos relacionados con la percepción del tiempo en su Laboratorio de Tiempo y Percepción en el Baylor College of Medicine. Él explica la aceleración de la vida a medida que nos hacemos mayores por el gasto energético de nuestro cerebro cuando procesamos información.
Según su teoría, cuando la experiencia es nueva, nuestro cerebro gasta más energía. Es así porque prestamos más atención y registramos más detalles que cuando la experiencia es repetida. Este esfuerzo mental nos produce la sensación de que el tiempo transcurrido es mayor.

Cuando la experiencia es repetida no hemos de 'escribir' tantos datos nuevos en nuestro cerebro porque ya los conocemos y gastamos menos energía en hacernos la representación mental de lo que está sucediendo.
Por ejemplo, cuando nos desplazamos por primera vez a un lugar determinado desde nuestra casa tenemos que estar atentos para realizar el camino correctamente y no perdernos. Sin embargo, cuando nos aprendemos el camino llegamos al destino 'sin pensar'. Tanto es así que a veces vamos tan ensimismados en pensamientos que nada tienen que ver con la ejecución del trayecto que no recordamos absolutamente nada del mismo.

La mayoría de las experiencias nuevas se acumulan durante la niñez, adolescencia y primera juventud. Por eso, durante esos años parece que el tiempo es más largo. Así que para sentir que nuestra vida es más larga, el truco está en hacer actividades distintas cada día.

El profesor de psicología Douwe Draaisma de la Universidad de Groninger (Holanda) ha escrito un libro titulado ¿Por qué el tiempo vuela cuando nos hacemos mayores? (Alianza Editorial).Cree que es imposible realizar una investigación experimental directa del fenómeno porque sucede en un periodo demasiado largo (una vida).
Él ha recogido escritos y artículos científicos actuales y de hace siglos que reflexionan y buscan una respuesta al fenómeno y su conclusión coincide con la explicación de Eagleman."El tiempo psicológico discurre en un reloj interno guiado por nuestros recuerdos. La duración y el ritmo son fabricados por la memoria", comenta en el libro.

Y hace referencia a un fragmento de Principios de Psicología escrito por el psicólogo y filósofo estadounidense William James en 1890 que atribuía el acortamiento de los años a la monotonía de los recuerdos.
La experiencia se convierte en una rutina automática de la que apenas somos conscientes "Durante nuestros años de juventud tenemos alguna experiencia totalmente nueva cada hora del día, subjetiva u objetiva, la capacidad de retención es fuerte, y nuestros recuerdos de esa época […] son detallados", explica.
"Pero cada año que pasa esa experiencia se convierte en una rutina automática de la que apenas somos conscientes. Los días y las semanas se diluyen en nuestro recuerdo hasta convertirse en unidades carentes de contenido".


PÁGINA 24 – CUENTOS BREVES

JORGE M. TAVERNA IRIGOYEN
(Santa Fe-Santa Fe-Argentina)


Del libro: MUNDO DE ORTIGAS Y AZAHARES

GENEALÓGICAS

El conde de Montijo y Salva pasea su figura por toda Huelva. Nadie sabe dónde vive. Su madre, en un geriátrico de Madrid y su otro hermano por ahí, por el mundo. A la muerte de la condesa, él desaparece para siempre. Todos suponen que sí: era un fantasma. Lo que nadie sabrá jamás, sellados los labios del notario, es que al abrir el sobre recibió doce plumíferas, cinco puercos y un caballo blanco por toda herencia.


Esta muñeca, así como la ves, perteneció a la infanta Ofelia de Prusia y llegó a mis manos por las de mi abuelo, que era carpintero del palacio. Tú la debes conservar lo mejor que puedas, para pasarla a tus hijas y de ahí a quienes las sucedan. Si algún día la vez peor de lo que está, llévala rápido al hospital más próximo. Dos veces me la han salvado.


De los Borbón heredó la nariz aguileña. Y ese aire entre distraído y arrogante que no le va nada bien. No es por su condición de sierva, ni tampoco por las cuatro décadas que carga sobre sus hombros cansados. No le va nada bien porque la prosapia espuria de la abuela en un encuentro subrepticio, no se puede declarar ante nadie, ni ante los mismos consejeros del Rey.


En Montreale, la Sicilia de la Magna Grecia, sube diariamente las escalinatas hacia el templo. Y reza los tres Padrenuestros, los tres Salve y las tres Avemarías. Siempre frente al altar de los angelillos dorados. Después, se santigua y sale. Y vuelve a bajar las escalinatas de todos los días. Es el rito al que se obliga desde que el marqués de Stizzoli, al mes de desposados, cayó del caballo y quedó para siempre como un espantapájaros dormido.


No nació para santo. Por tal razón, fue a las Cruzadas y mandó al Purgatorio a más de un centenar de almas. Al volver, una noche elevó los ojos al Cielo y murió en paz. Su hijo menor, Tobías, tomó los hábitos y se recluyó en un monasterio de montaña. Hasta allá arriba subieron los demonios, que no le dan tregua. Lo tironean, lo escupen, juegan con su sexo. Hoy, ya vencido, dejó la sotana y se perdió para siempre. Lo hallarán tirado en el camino de Santiago, comido por los perros.


De mí heredarás nada más que el oficio, que te lo he enseñado bien. Si sabes ser cauto, nunca caerás preso, y ante denuncias, búscate un abogado sin escrúpulos, que ellos se entienden con los jueces probos. Pero eso sí: que todo termine contigo. No quiero que le enseñes el oficio a mi nieto. El será doctor.


El barón Supervielle no tiene hijos. Casó con tres damas de linaje y vientres estériles. Cansado de las lides amorosas, se dedica al arte. El barón pinta desnudos. Y con modelos vivos. Lo que sí, todo tras un cortinado de terciopelo rojo donde –dicen las lenguas- no hay una modelo sola, sino la pareja. El barón Superville –se dice- se ha consagrado al arte de mirar…
La belleza siempre es interior, razona. Y los afeites no hacen sino esconderla. Ella, salvo las costosas sedas y los sombreros con plumas y brillos, se muestra en su más patética fealdad. Lo que importa es la belleza de ellos, que no necesitan ni telas ni ornatos, que cuanto más jóvenes y más desnudos, mejor. (La reina madre, que de amores algo sabe, ahora sólo hojea y se regocija con libros con grabados eróticos que otrora pertenecieron al rey…)


PÁGINA 25 – POESÍA AMERICANA

CARLOS LOPEZ DZUR
(Orange Cove-California-Estados Unidos)

AVISO DE TRES DIAS DE TINIEBLAS

«El Señor le dijo a Moisés: 'Levanta los brazos al cielo, para que todo Egipto se cubra de tinieblas, ¡tinieblas tan densas que se puedan palpar'... Y Moisés levantó los brazos al cielo, y durante tres días todo Egipto quedó envuelto en densas tinieblas»: Éxodo 10:21-22.


Sepan que primero, aún para el más humilde
de los peces bajo las charcas de lotos
y a ras de superficie, a flote en tránsito por pantanos,
la tiniebla prevalece y son tres días en lucha
con egos de las sombras,
tres días antes
que haya un libro de zóhar que se deshoje
con sus esplendores,
tres días antes que se unja
el Mishkan, alma por tabernáculo,
en el corazón humano.

No diga ninguno que conoce la luz hasta que venga
aquel que levanta los brazos al cielo
y digno es que se lo llame Cohen Hagadol,
el sumo varón que abre arca sagrada
en el cuerpo y de cada célula de la piel
forma su Aron Hakodesh,
espacio perfumado
donde no hay moscas
ni hedor de sangre podrida
ni pez hediondo,
aunque su carne sea blanca
y tierna como el pescado fresco.

No hay luz sin tinieblas y tres días
con oscuro sol son imprescindibles
para quien anhela renacer y escribir su nombre
en el Sefer Ietzirá.

Prepárate a ver tu casa en el silencio total,
aclimatado en zozobra, a no saber cuál es tu voz
en la noche y no saber ni la hora
y no acertar tocar tu nariz con el dedo.

Prepárate en las tinieblas de tres días,
cauteloso en la historia, porque lo que has llamado
el Mundo / el reino / Malkut / sociedad / civilización
es madriguera y lobo es el hombre para el hombre
y hay un faraón iracundo, a veces invisible,
pero siempre traicionero
que no desea que vivas
ni veas el Olamot de cuatro mundos,
dimensiones de la realidad
donde no hay esclavitud ni llanto

Cuídate con el silencio de los tres días de Tinieblas
porque vendrá la escisión, espada de faraón
para ahogar a todos los varones en el Nilo.
Tres días de tiniebla tienes para saberlo
en lo Alto y en lo Bajo de Egipto,
saberlo entre los reptiles
y entre las serpientes que se enrollan
en la vara para tu esperanza.
21-02-2003


AVISO PARA QUIENES NO DESEAN PERDER LA CABEZA

No saques la cabeza del agua oscura
de estas noches buscando soles que no existen.
El zóhar no ha sido dado.
Vendrán los días para estar en el Monte
sobre el Sinaí, ungido el Mishkan
de tu entrecejo. El alto Kéther
mezclará su incienso y olerás a fragancia
hecha de especias, incluyendo el Pitum haQetoret.
No hagas templo donde habitan las moscas
y no se te unge con Ketoret, el aceite divino.

No repitas la palabra Samim
de diez aromas, donde no existe el gálbano
ni bálsamo ni onyja ni frankincienso puro.

No saques la cabeza del agujero
de la humildad porque la zozobra está esparcida
por decretos malignos y el ángel de la muerte
pide sangre para el Nilo antes que venga
el solsticio de verano con abundancia de raudales
que regocijan al dios Hapy, el más happy-god
entre los japis de los japa japa.

No habrá creciente esta vez.
El dios-Sol está llorando
y el agua es una plaga de hambre y sequedad.
La vida está llorando con espíritu andrógino
sus lágrimas primordiales que antes daban la vida
y la siembra, porque han alzado la cresta
los varones y asesinan al carbono y al oxígeno
y vuelven la albúmina putrefacta,
huevo rancio, vómito de víboras.

Ninguno que no desée ser testigo de lo que hay
sobre la tierra desacralizada por las teologías,
humíllese en estos tres días de tiniebla
y no llame por especias
al perfume de Samim que sana.
No saque la cabeza todavía
porque las ranas brincan sobre los tábanos
y los jejenes se crían como piojos
en las cabezas descubiertas
ante la magia de Phat y Thot.

Los brujos andan a tientas y se rascan
el ano alcanzados por plagas.
21-02-2003


AVISO DE AYUNO Y DE MEDITACION

Quédense bajo el agua de la tiniebla que humilla
y sean dulces sumergidos en ella. La tiniebla es el útero.
Profunda es la tiniebla que se aloja en esta bolsa amniótica
del origen y salva de jactancia como acumula el dueño
del ganado, aunque sea el mejor de los pastores.

He aquí, gusano de Jacob, que el egipcio
desprecia tu ganado y tus ovejas
y para, vergüenza de Hator y Apis, desde hoy
no se tendrá ganado. La peste matará a las reses
y tú, acumulador, vas a ser el más pobre de los sátrapas.
Isis, la diosa sanadora, diosa de fases lunares,
no curará esta peste; Set, dios de la tormenta y el relámpago,
no evitará la granizada que se alimenta de fuego.

Osiris, dios de los hicsos, cederá a Baal el rayo
y Reshpú, de espaldas al fuego se coloca.
Querrá que se queme todo para que seas
varón alquímico; Thot, regulador del tiempo,
propone que el invierno sea eterno
y haya calor y no humedades
para que el Cohen Hagadol cumpla sus ritos:
darte tres edades del alma
ya autorizadas por el Ángel de la Muerte.

Tres edades oscuras en Misr, o la tierra
de Cam el negro, cruzada por el Sheor del Nilo
y la corriente del canal de la bestia humana.
¡Ay, simiente de Noé, camita de Egipto,
pierde tu hombre-bestia
entronizado junto a los manetones
en la cepa Mizraim!

Veo que, por tu cuenta, no la abandonaste.

Entonces, plácete en las plagas de tu libertad
porque te van a dar el ángel del rechazo,
el andrógino del verdadero ser.


AVISO PARA CUANDO VUELVAS AL CARBONO

Antes que regreses a la vida que fecunda
a las madres con esencia de Min, con pan de sexo santo,
vive en esta tierra negra, donde la oscuridad reina,
y regocíjate en el dolor de tu paradoja
porque en Mar Rojo morirá el que te oprime.
En Mar de Juncos quedará si cadáver.

Divinas son las aguas y las que son para tí
hoy son interiores: VVV, agua fluyente
del ideograma sagrado de Luna. Mujer y Origen.

Regocíjate, hijo de Be-hema, ya no serás
la bestia, y tu carbono ha de ser puro
y tu incienso de diez especias
y la mayor del Ketoret o aceite que te unja
será el jelbená, primario olor de quien Te Hizo
beit haMikdash desde la carne
y Aron Hakodesh, en el arca sagrada
de Tu Alma.

Las medidas de Tu Unción
son 368 maneh del año solar, una medida por día,
media en la mañana y media en la noche
y tres que el Cohen Hagadol
dará como expiación en doble ración
en rito de Iom Kipur.
Cuando sea el día
y veas muerto al faraón y sus sicarios
en retirada, sacarás la cabeza,
mirarás por primera que el Cielo resplandece
y cantarás la canción de la marcha
porque irás, no al exilio, sino al regreso
al verdadero Carbono, a la verdadera biología,
a la que se vivirá en libertad. A Tierra prometida.

Plegaria de ofrenda que sea agradable y aceptable
para Dios, canta, porque ya no eres de la Bestia
ni del Lashon Hará que te tuvo maldito
en agravio y en anulación.


AVISO FINAL PARA QUE VAYAS Y FESTEJES

Lo conocerás porque ya no verás hordas de cazadores
a su lado ni grandes perros mordiendo al prójimo.
El anda con leones mansos, a los que acaricia la melena
para que sean soles; él no teme a las serpientes.
Las tiene en una vara, sin pensar que son venenosas
como el áspid, no teme a los caballos ni a los enormes
galgos de los escitas.

Y sus águilas no son emblemas de imperios,
más bien, almas humanas que miran a lo alto.
Almas doradas de Palestina, sabiduría de Yahvé.

No hay otro Yahvé-El que el buen toro que trilla
en auxilio del hombre. Ni más león crinado
que la justicia de Yahvé-El, y la escalinata hacia
el trono de Salomón. León es sólo la Tribu de Judá.
León la Justicia Divina profetizada por Ezequiel.

En altar de cobre en el patio del templo,
le verás no sacrificando toro alguno.
El Cohen Hagadol ahora prepara el Ketoret,
aceite para tu cabeza,
Pitum ha Qetoret para incensar tu templo,
que es tu cuerpo y conducta,

cinco libros de Jumash te da para explicar
que ya no eres la bestia, sino el hombre ideal.
Que has de lavar tus ropas, impregnarlas
con el ungüento que él guarda
en pozo profundo como profundo el Olamot
y que, después de que hayas sobrevivido
noches de tinieblas, también alzarás
las manos al cielo para más alegría y misericordia.

Ya para el alma no habrá hormigas
ni picaduras, ni infección de moscas
ni hedor de muerte ni sangre putrefacta en el Nilo.

¡Abunda Ketoret, diseño y fórmula
de quien Te hizo, pequeño pastor,
ex-esclavo de la Bestia faraónica
y los días oscuros!

¡Ya pre-existen dimensiones para que vayas con aroma grato
ante la presencia de Quien Te amó y te aprobó
con la vida, porque fuiste como el loto
que se hunde en el agua de su renacimiento
y se bautiza a sí mismo en el dolor!

Te aviso, finalmente, que has triunfado,
Hombre Interior.


PÁGINA 26 – ENSAYO

SAID JEDIDI
(Tetuán-Marruecos)

DIALOGO DE CIVILIZACION: UN NUEVO ORDEN INTERNACIONAL

I

Tanto y tan ligeramente se ha esbozado el tema del dialogo de civilización que se acabó por vaciar su contenido y su significado.
“El siglo XXI será espiritual o no será nada”, decía el pensador francés, André Malraux.
Está siendo nada. Peor aún; Está siendo el de la quiebra de las ideologías materialistas y del post-todo como si no bastaría que en 3 200 años nuestro extraño mundo ha disfrutado de, apenas 200 años de paz .
Era 1951. Desde entonces las cosas se han empeorado. En el 2000 hasta el 2009 el 79’5% de la producción mundial fue consumido por el 18% de la población privilegiada y según Ryszard Kapuscinki en su “Cultura de la pobreza en el mundo”, citado por Mohamed Chakor en su “Dialogo euro-musulmán” se calcula que en el mundo hay más de 800 millones de personas condenadas al hambre crónica. Mientras que la miseria afecta a las dos partes de la humanidad. Es decir a 4 000 millones de personas”. Resulta chocante que menos de 225 personas, las más ricas de este extraño mundo en que vivimos, posean una riqueza valorada en un trillón de dólares, suma equivalente (e a los ingresos globales de todos los indigentes del planeta.
Nuestro pobre continente africano dedica el 3’5% que en algunos países llega hasta el 11% de su productos interior bruto (PIB) a los gastos militares.
¡Alucinante! Todo un dilema ético.
Los ha habido infinitamente más conscientes que nosotros en este controvertido siglo 21:
La historia registra en letras de oro la corte interior del castillo de Acra en la India flanqueado en sus cuatro esquinas de pupitres en piedra dominando el espacio y destinados justamente al dialogo entre las cuatro religiones de la India en el siglo 16: el hinduismo, el islam, el budismo y el cristianismo.
Hoy por hoy, con la emergencia de potencias nucleares regionales, como Irán o Pakistán resultantes de divergencias geopolíticas y de estrategias de dominación y de intentos de instaurar una hegemonía cultural basada en valores de mercado y en flagrantes desigualdades entre civilizaciones, parece cada vez más evidente que este anhelado dialogo de civilizaciones, como diría François Houtart solo puede ser concebido en un marco general que incluyera las relaciones económicas, políticas y una perspectiva histórica.
“Si la guerra no es imposible, dijo el filosofo británico Bertrand Russell, paladín de la paz, todo avance científico y técnico se convierte en un adelanto en la tecnología del asesinato en masa y es, por tanto, indeseable; Pero si se alcanzara la paz mundial, ocurriría exactamente lo contrario”
En agosto de 1985 acariciamos la esperanza de un mundo menos expuesto cuando, más consciente de su imperiosa necesidad que los mandatarios del mundo unidos, Su santidad el Papa Juan Pablo II lanzo en Casablanca su histórico llamamiento ante más de cien mil jóvenes marroquíes musulmanes su histórico llamamiento a una mejor convivencia confesional: “ Cristianos y musulmanes –había dicho- nos hemos generalmente comprendido y a veces, en el pasado, nos hemos enfrentado y agotado en polémicas y en guerras. Creo que Dios nos invita hoy a cambiar nuestros viejos hábitos. Tenemos que respetarnos, los unos a los otros en las obras del bien en el camino de Dios”.
Los apetitos político-económicos de unos, el desprecio del riesgo de otros y la inconfesada e inconfesable voluntad de negar reiteradamente las referencias y las especificidades del interlocutor, de todos, han hecho todo para que estas civilizadas ideas del difunto pontífice límpidas, sin énfasis ni opacidad, no llegaran a oídos receptivos, instaurando una lógica de una sistemática descomposición moral y espiritual.
Sin embargo…. Era/es la única forma de evitar a nuestra humanidad una confrontación, de incalculables dimensiones para todos y que no parecen haber sido calculadas en su justa envergadura por los que, simplistas y mal documentados al respecto cuando creen que su verdad es la única tangible y para preservarla se debe inventar teologías primarias, capaces de separar y desmembrar al prójimo. Con ello obran inconscientemente por un genocidio cultural-confesional de incalculables consecuencias.
No pudo ser posible: las nostalgias fáciles a hegemonismos de toda índole y mitos y reminiscencias de grandeza y de una mono-polarización y- de un unilateralismo desafiante indujeron a confiscar e hipotecar el derecho del prójimo a pensar o a expresar su forma de ser y su manera de actuar. Se han preferido “primaveras árabes”, sus pólenes y sus consiguientes alergias y una autosugestión de que la solución estriba en la división y el desmembramiento del mundo arabo-islámico y en asperezas inter-islámicas y reciprocas para con otras religiones.
Se equivocaron… se equivocan los que preconizan esta perversa lógica.
Cuanto más unidad haya entre los musulmanes del mundo, mas fácil sería el control de los extraviados y cuanto más políticas de división, clivaje y hostilidades dogmáticas entre los musulmanes del mundo, mas riesgo y más peligro hay de que grupos y grupúsculos extremistas, decidieran una “justicia” propia y lo que es peor… expeditiva.
Lo seguimos constatando, desgraciadamente en muchos países del mundo árabe e islámico incluso en el Egipto de la convivencia con enigmáticos y frecuentes choques entre coptos y musulmanes.
Esperanzas que se esfuman…
El 10 de febrero del 2007 las noticias procedentes de Springfield suscitaban la esperanza. El gran militante de los derechos cívicos de los negros estadounidenses, Martin Luther King sonreía en su tumba. Parte de su sueño antes de ser asesinado se realizaba: uno de sus hermanos de raza, Barak Obama, un hijo de un kenyata negro de la etnia Luo y de una americana blanca del Kansas anunciaba su candidatura a la investidura demócrata para la presidencia de Estados Unidos.
Si. «Se ha atrevido» como lo calificaría el Ku Klax Clan aun vivo y en parte tolerado por parte del tejido social estadounidense.
Algo se movía en el país del tío SAM o por lo menos asi lo esperábamos nosotros. Los votos, las esperanzas y las oraciones de muchos comenzaban a cobrar cuerpo, haciéndose realidad.
El 27 de agosto del 2008 el «atrevido» senador del Illinois gana las primarias ante Hillary Clinton y el 27 de agosto Obama es oficialmente designado, durante la convención de su partido en Denver, candidato demócrata.
Su origen, pero también su tono, la claridad inhabitual de su visión del mundo, sus ideas sobre la justicia, la equidad y los derechos universales resucitan una legítima esperanza hasta entonces crucificada por su predecesor el ultra-conservador, Georges Bush.
Las miradas se convergían hacia Washington, donde, con el 52’9% de los votos y 365 grandes electores el 20 de enero del 2009 el nieto de Hussein Onyango Obama se convierte, en medio de un contexto marcado por las injustas guerra contra Irak y Afganistán y un desastroso legado en el Cuadragésimo Cuarto Presidente de Estados Unidos y el primer afro-americano en alcanzar tan insigne función en la primera potencia mundial.
Para muchos, era entonces o nunca….
Fue nunca… porque poco después, pasada la euforia y el clamor iníciales, las valoraciones «prèt à porter» y los cálculos y previsiones elaborados para, a la vez, un consumo local y descafeinado y un poco con destino a un mundo musulmán, traumatizado, víctima de una injusticia atroz cometida por la administración anterior y por todas las que la precedieron volvieron a reconstituir el ecosistema tradicional de la nueva administración y del nuevo inquilino de la Casa Blanca.
Contrariamente a lo que se esperaba (o se anhelaba) Obama no corrigió ningún tiro. Todo sigue igual… exactamente igual al abominable legado de su siniestro predecesor.
Con su punto y seguido, confirmado y reconfirmado cada día más, el nuevo ( ya viejo) presidente de Estados Unidos mantiene muy activa la guerra contra el Islam y los musulmanes lo que pone en tela de juicio el concepto mismo del tan cacareado «Diálogo de civilizaciones» en el que, obviamente, no basta la honestidad moral e intelectual de un Máximo Cajal ni todas las retóricas de los que lo evocan o lo instan para determinados consumos personales o electoralistas.
¿Es posible contemplar un diálogo…cualquier diálogo en plena guerra?
Difícilmente. Estados Unidos y Occidente en general, unos más visceralmente que otros, están en una desproporcionada guerra militar, cultural, informativa y psicológica contra el Islam y los musulmanes. Los casos de Irán o de Palestina o el punto de inflexión en la decisión presidencia norteamericana para con El Guantánamo, constituyen los botones de muestra de esta encarnizada guerra que ha cambiado de táctica y de estrategia con el cambio del inquilino de la Casa Blanca.
Para dialogar debe haber un “alto el fuego” militar e informativo. No lo hay.
.El diálogo de civilizaciones es un acto noble… una enorme responsabilidad, casi una odisea, siempre y cuando se reúnan los ingredientes previos que pudieran garantizar, primero su concretización y luego su desarrollo en medio de condiciones humanas.
Sin género alguno de dudas, para acabar con la pobreza debe haber mejor solución que matar a los pobres y para satisfacer a los alérgicos al islam en campañas electorales de países democráticos no debe haber tanta inepcia moral e intelectual.


PÁGINA 27 – CUENTO

OLGA LILIANA REINOSO
(La Pampa-Argentina)

EL PECADO

Isabela estaba aterrada. Sentada en el umbral de la cocina, tiritaba de miedo y de frío. Sus breves cuatro años no sabían qué hacer con la oscuridad de la noche campesina. Ni siquiera se animaba a mirar al cielo para ver si había estrellas y si alguna le guiñaba un ojo.

Tenía ganas de hacer pis, pero no quería moverse. Estaba adherida a la puerta como una enredadera. Sostenía las ganas porque sabía que ese era el pecado y que por él estaba purgando el castigo. No tenía que hacerse pis, estaba mal, era sucio.

De pronto sintió un ruido. Quedó paralizada, sin aire, mientras un líquido caliente, irreprimible, salía de sus profundidades y surcaba sus piernas desnudas hasta desembocar en los mosaicos formando un triste río de palizas y amenazas.

Su mamá siempre le pegaba cuando amanecía con la cama mojada y le decía cosas feas.

Ella cruzaba sus piernitas y apretaba fuerte, pero el agüita se escurría igual y ella sabía que la delataría.

Escuchó las llaves de la cerradura y su corazón aterrado dio una vuelta carnero en la pista del pecho.

La figura de su madre, gigante, terrible, se corporizó en el marco.

- Espero que esta vez te cures para siempre, asquerosa. ¡Ah, no! ¡Te volviste a mear! ¡Inmunda! Si no tenés arreglo, viniste con la cañería rota. Andá corriendo a lavarte. ¡Con agua fría!

Isabela corrió y se encerró en el baño. Dejó su ropa en un balde y se lavó. Mientras se secaba lloraba sin parar, en silencio. Seguía mojándose. Ella era una gota de agua en busca de un océano que la contuviera.

Cuando salió del baño vio a su papá en el pasillo, tan triste como ella. Corrió a abrazarlo y se colgó de su cuello. Él no dijo nada, solamente le acariciaba el pelo. Ambos escucharon el repiquetear de las chinelas maternas y se abrazaron más fuerte.

- Dame a esa mocosa que la llevo a dormir y no tanto mimo que es una roñosa, me tiene podrida de lavar sábanas y poner a secar el colchón…
- ¡No la toques! Yo me ocupo.
- Ah, jajaja. Era hora de que ocuparas de algo, imbécil.

Isabela recostó su cabeza sobre el hombro varonil, mientras iban a su cuarto.

El papá la acostó y le contó un cuento hasta que se quedó dormida. Soñó que corrían para subir a un tren.

Al día siguiente despertó sequita. Se acurrucó en la cama cuando escuchó pasos. Pero ante su sorpresa, fue su padre quien abrió la puerta. Parecía otro, estaba vestido para salir. Fue entonces cuando vio las valijas.

El padre dijo:
- Nos vamos, Isabela.
- ¿Y mamá? –preguntó ella con temor.
- Se queda.

Isabela no preguntó más. Le bastaba con saber que esa mujer no los acompañaría. Y se sintió distinta. Sintió que todas sus canillas funcionaban bien.


PÁGINA 28 – POESÍA ALLENDE EL MAR

TASO DAMIANOS
(Atenas-Grecia)

QUISIERA ABRAZAR A ALGUIEN….

Quisiera abrazar a alguien…
Que me falta en la vida
Y que tanto quiero,
Solo se me aparece
En un hermoso sueño.

Que ese sueño dulce,
Amoroso y bello,
Fuera un despertar
Y abrazar su imagen deseo,
Para confundirme
En un solo beso.

Me duele pensar
Que no la tengo,
Lloroso espero su encuentro,
Pero en mi sueño sutil
Abrazarla no puedo.

Lágrimas incontenibles
Acechan mi deseo,
Y olvidarla no puedo,
Es mi Madre que siempre me visita
Para prodigarme,
Su amor eterno.

RECUERDA……

Si el cielo se ensombrece opacando,
Su celeste, purpúrea diafanidad,
Recuerda que pronto aparece el sol,
Para con su fuerza redimir su potestad.

Si un traspié tuvieses
En tu diario transitar,
Recuerda los triunfos y los logros,
Que supiste ganar.

Recuerda los regalos,
Los abrazos y los besos
Que han embelesado tu vida,
Con el amor sublime
Y tu leal amistad.

Recuerda los mejores paisajes
Que pudiste transitar,
Y detente en los recuerdos y emociones
Que viviste en una vida,
Plasmada de cariño, paz y bondad
Virtudes, de tu ancestral personalidad.

RENACER…

Cundió la noche, asomó el amanecer,
Un nuevo día nos instó
Dejar atrás la cotidiana lucha,
Con una esperanza nueva por nacer.

Un Sol pleno y brillante
Con sus rayos de fulgor,
Nos despertó vibrante,
Para vivir un día mejor.

En cada hoja del árbol caída,
Un mensaje divino
Hizo renacer la esperanza,
De un nuevo destino.

Se nos confirió el poder
De no sentirnos vencidos,
Ya que más tarde o más temprano
Triunfará el renacer,
De lo que anhelantes pedimos.

SILENCIO

Clavé mis ojos en la cruz,
Y arrodillado sentí,
Que una luz me iluminó,
Con el alumbramiento divino,
De su cálido fulgor.

De mis pupilas,
Una lágrima se deslizó,
Y en solemne silencio
De virtual recogimiento,
Escuché una dulce voz.

Aparecía el rostro,
Sereno y rosado
Como el pétalo de una rosa,
Sublime icono,
De divina percepción,
Que me conmovió.

Estremecida mi alma,
Por tamaña conmoción
Entendí dentro de mi silencio
El mensaje de amor
Que nuestro Señor
Con su aparición envió.

YO SÉ NIÑA…

Yo sé Niña,
Por qué sonríes y lloras a la vez,
Penetro en tu alma
Y descubro tu avidez.

Yo sé Niña,
Por qué sufres y te excitas a la vez,
Descubro tus ansias de gozar
Ternura y querer.

Yo sé Niña,
Por qué celas y amas a la vez,
Y descubro tus desvelos
Que serpentean con tu calidez.

Yo sé Niña,
Por qué ríes, amas y lloras a la vez,
Te embarga la dicha amorosa
Que espera por doquier.

No te inquietes
Ni humedezcas tus pupilas,
Ni perturbes tu ser
El amor resonará como broche de oro
En tu sublime estampa
De bella mujer.

TÚ SEÑOR…

Me estremeces quererte,
Y prometido el cielo me tienes,
No le temo al infierno
Para dejar de quererte.

Me estremece Señor, verte clavado
En una Cruz escarnecido,
Me estremece ver tu cuerpo tan herido,
Y me estremecen tus injustas afrentas
Que te llevaron a la muerte.

Me estremece tu amor
Que brindaste a tus hermanos
Y aunque no hubiera cielo ni infierno,
Igual amarte quiero
En mi profundo desvelo.

Nada Señor me debes que darme
Porque te quiero,
Sólo espero verte en tu alcoba
Para besarte
Sería mi consuelo.


PÁGINA 29 – ENSAYO

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
(Aracataca-Magdalena- Colombia)

Publicado en: El País, Madrid, 24 de Diciembre de 1980

Ya nadie se acuerda de Dios en Navidad. Hay tantos estruendos de cometas y fuegos de artificio, tantas guirnaldas de focos de colores, tantos pavos inocentes degollados y tantas angustias de dinero para quedar bien por encima de nuestros recursos reales que uno se pregunta si a alguien le queda un instante para darse cuenta de que semejante despelote es para celebrar el cumpleaños de un niño que nació hace 2.000 años en una caballeriza de miseria, a poca distancia de donde había nacido, unos mil años antes, el rey David. 954 millones de cristianos creen que ese niño era Dios encarnado, pero muchos lo celebran como si en realidad no lo creyeran.

Lo celebran además muchos millones que no lo han creído nunca, pero les gusta la parranda, y muchos otros que estarían dispuestos a voltear el mundo al revés para que nadie lo siguiera creyendo. Sería interesante averiguar cuántos de ellos creen también en el fondo de su alma que la Navidad de ahora es una fiesta abominable, y no se atreven a decirlo por un prejuicio que ya no es religioso sino social.

Lo más grave de todo es el desastre cultural que estas Navidades pervertidas están causando en América Latina. Antes, cuando sólo teníamos costumbres heredadas de España, los pesebres domésticos eran prodigios de imaginación familiar. El niño Dios era más grande que el buey, las casitas encaramadas en las colinas eran más grandes que la virgen, y nadie se fijaba en anacronismos: el paisaje de Belén era completado con un tren de cuerda, con un pato de peluche más grande que Un león que nadaba en el espejo de la sala, o con un agente de tránsito que dirigía un rebaño de corderos en una esquina de Jerusalén.

Encima de todo se ponía una estrella de papel dorado con una bombilla en el centro, y un rayo de seda amarilla que había de indicar a los Reyes Magos el camino de la salvación. El resultado era más bien feo, pero se parecía a nosotros, y desde luego era mejor que tantos cuadros primitivos mal copiados del aduanero Rousseau.

La mistificación empezó con la costumbre de que los juguetes no los trajeran los Reyes Magos -como sucede en España con toda razón-, sino el niño Dios. Los niños nos acostábamos más temprano para que los regalos llegaran pronto, y éramos felices oyendo las mentiras poéticas de los adultos. Sin embargo, yo no tenía más de cinco años cuando alguien en mi casa decidió que ya era tiempo de revelarme la verdad. Fue una desilusión no sólo porque yo creía de veras que era el niño Dios quien traía los juguetes, sino también porque hubiera querido seguir creyéndolo.

Además, por pura lógica de adulto, pensé entonces que también los otros misterios católicos eran inventados por los padres para entretener a los niños, y me quedé en el limbo. Aquel día como decían los maestros jesuitas en la escuela primaria- perdía la inocencia, pues descubrí que tampoco a los niños los traían las cigüeñas de París, que es algo que todavía me gustaría seguir creyendo para pensar más en el amor y menos en la píldora.

Todo aquello cambió en los últimos treinta años, mediante una operación comercial de proporciones mundiales que es al mismo tiempo una devastadora agresión cultural. El niño Dios fue destronado por el Santa Claus de los gringos y los ingleses, que es el mismo Papa Noel de los franceses, y a quienes todos conocemos demasiado. Nos llegó con todo: el trineo tirado por un alce, y el abeto cargado de juguetes bajo una fantástica tempestad de nieve.

En realidad, este usurpador con nariz de cervecero no es otro que el buen san Nicolás, un santo al que yo quiero mucho porque es el de mi abuelo el coronel, pero que no tiene nada que ver con la Navidad, y mucho menos con la Nochebuena tropical de la América Latina. Según la leyenda nórdica, san Nicolás reconstruyó y revivió a varios escolares que un oso había descuartizado en la nieve, y por eso le proclamaron el patrón de los niños. Pero su fiesta se celebra el 6 de diciembre y no el 25.

La leyenda se volvió institucional en las provincias germánicas del Norte a fines del siglo XVIII, junto con el árbol de los juguetes. y hace poco más de cien años pasó a Gran Bretaña y Francia. Luego pasó a Estados Unidos, y éstos nos lo mandaron para América Latina, con toda una cultura de contrabando: la nieve artificial, las candilejas de colores, el pavo relleno, y estos quince días de consumismo frenético al que muy pocos nos atrevemos a escapar.

Con todo, tal vez lo más siniestro de estas Navidades de consumo sea la estética miserable que trajeron consigo: esas tarjetas postales indigentes, esas ristras de foquitos de colores, esas campanitas de vidrio, esas coronas de muérdago colgadas en el umbral, esas canciones de retrasados mentales que son los villancicos traducídos del inglés; y tantas otras estupideces gloriosas para las cuales ni siquiera valía la pena de haber inventado la electricidad.

Todo eso, en torno a la fiesta más espantosa del año. Una noche infernal en que los niños no pueden dormir con la casa llena de borrachos que se equivocan de puerta buscando dónde desaguar, o persiguiendo a la esposa de otro que acaso tuvo la buena suerte de quedarse dormido en la sala. Mentira: no es una noche de paz y de amor, sino todo lo contrario. Es la ocasión solemne de la gente que no se quiere.

La oportunidad providencial de salir por fin de los compromisos aplazados por indeseables: la invitación al pobre ciego que nadie invita, a la prima Isabel que se quedó viuda hace quince años, a la abuela paralítica que nadie se atreve a mostrar. Es la alegría por decreto, el cariño por lástima, el momento de regalar porque nos regalan, o para que nos regalen, y de llorar en público sin dar explicaciones.

Es la hora feliz de que los invitados se beban todo lo que sobró de la Navidad anterior: la crema de menta, el licor de chocolate, el vino de plátano. No es raro, como sucede a menudo, que la fiesta termine a tiros. Ni es raro tampoco que los niños -viendo tantas cosas atroces- terminen por creer de veras que el niño Jesús no nació en Belén, sino en Estados Unidos.


PÁGINA 30 – CUENTO

ALEJANDRO ORELLANA
(Guaymallén-Mendoza-Argentina)

LA OTRA REVOLUCIÓN

El ángel custodio del mundo asimila en su remansa estadía en las alturas el murmurar del esclavo en la América de 1812, más precisamente en el sur de esa tierra. El negro Bonifacio simula ignorancia y acata la orden de su dueño, conoce de nuevos estamentos y se introduce en las regla de los blancos.
El comentario se hace posible, la cosa se transforma en persona, los líderes de esos tiempos apelan al reconocimiento, pero Bonifacio desgastado de promesas incumplidas, duda de antemano y huye por los campos, convirtiéndose en un ser vivo escapando de la pólvora, para que no marque su cuerpo y lo deje color muerte.
Los hacendados se dibujan como oráculos y pronuncian que el destino tiene olor a fracaso. El ejercito toma la herramienta negra que se usa para el buen vivir de los privilegiados y le da el lugar de soldado, por una causa de libres que quieren ser más libres. Bonifacio grita libertad desde los pastizales a todo ser reducido en su esencia, pero los mudos morenos ni siquiera pueden dar respuesta.
El esclavo busca su libertad en el campo de batalla, el general lo coloca delante de la montada, un escudo humano en la mente de los considerados, pero en la realidad la primera línea que recibe el castigo del que ataca. Bonifacio observa el enfrentamiento, sangre negra se derrama, ayer el sudor que regó los campos, ese día sólo fue esperanza y la tristeza del prófugo que supo ver los objetos con almas.
Un rufián lo consideraban, el diablo negro lo denominaron, la luz mala en la noche cuando sonreía y sus dientes blancos cualquier luz refractaban bronca que leyó con maldad, ajustició mentiras y varios nobles soportaron el castigo del negro Bonifacio, que se alimentaba de las extremidades de los blancos con galera, dejándolos con vida, como un sello que marca al carcamán de aquellos tiempos, la condena secular del juez que nació para ser sometido.
La carne lo hastió a Bonifacio y fue en busca de riquezas tangibles, consiguió que una huella lo llevara a un pueblo, donde el negro y el blanco se habían unido, haciendo un todo gris. Después de asentarse en aquel lugar, pudo comprender que el color de su piel solamente fue una excusa, porque la esclavitud siempre muta y el ruido de las monedas te hace amo en el poblado de la miseria, donde hay muchos que caminan cabizbajo y unos pocos que miran por arriba, observando si la vista de uno de esos tantos llega más allá de su jornal. El negro murió el día de su paga semanal, muchos dicen que de ira, por haber vuelto a ser un esclavo del sistema.


PÁGINA 31 – POESÍA ALLENDE EL MAR

ANNA ARENT BANASIAK
(Zgierz-Polonia)

***
Después de cerrar mis ojos
sigo mirando al aire sumergido en algo más cristal.
Ayer volvió a llover.
Volví empapada.
Siempre he conocido este momento de lo inevitable.
Cuando llueve hay que cerrar las ventanas para no despertarse sumergido en las lágrimas de las golondrinas de Werther.

***
Mi vida te podría contar.
Dos o tres álbumes de fotos.
Tres gotas del agua mineral.
Cuatro respiro con quitar el polvo.
No he laborado nada especial.
El aire que sigue circulando en mi cuerpo
está para dejar a quitarme las fuerzas.
Cuando cierro los ojos
te veo hundido en mi vista,
algo tan olvidado que ni siquiera yo lo recuerdo.


PÁGINA 32 – ENSAYO

CARLOS FAJARDO FAJARDO
(Santiago de Cali-Valle del Cauca-Colombia)

ESTETIZACIÓN DE LA CULTURA
II
¿Cuál es la actitud postmoderna?
A diferencia de lo que suplantó,
la posmodernidad a menudo se queja,
pero nunca es melancólica.
James Gardner
Si a Hegel le preocupó el fin del arte y a Benjamin la pérdida del aura, a nosotros nos inquieta el resultado de ambas preocupaciones. Es decir la estetización masiva de la cultura. Del Sujeto estético de las utopías modernas, al sujeto estetizado del desencantamiento posmoderno. Las nostalgias fueron mayores al final del siglo XX. ¿Qué se ha diluido? Un paradigma: el sentido de lo sublime, la necesidad de trascendencia a través de la obra de arte, su inquietante capacidad para abordar la otra orilla, de mirar lo invisible. Por estas coordenadas actuales cualquier objeto adquiere desde ahora facultades artísticas, transformando el concepto de ensoñación y de misterio. Toda acción – desde hablar de la vida íntima, hasta la pantallización de fumar o destapar una cerveza – se acepta como una acción buenamente estética, un ready made que democratiza el "todo es apto" para decorar la existencia. Decoración mas no subversión.
Si el romanticismo y las Vanguardias trataban de hacer visible lo invisible, presentar lo impresentable, debemos preguntarnos si la estetización mediática y la industria cultural hacen lo mismo. ¿No querrán más bien "desresponsabilizar a los artistas con respecto a la cuestión de lo impresentable? ( Lyotard, 131).
En torno o en el centro de la tercera revolución industrial microelectrónica, las cualidades del arte han adquirido unos matices distintos a los de la era maquinal o fordista donde la concepción del trabajo, como disciplina digna y única carta civilizatoria, imperaba. Tránsito de unas relaciones de producción laborales o de "dictadura del trabajo" a unas relaciones de producción del consumo o "dictadura del mercado". Sin embargo, lo asegura Fernando Mires, " el declive de ese tipo de trabajo no debe ser sólo vivido como tragedia sino como ‘oportunidad’, esto es como posibilidad para recuperar la libertad perdida frente a la imposición del maquinismo" (1996,28). El Homo economicus, tan apegado a la ética del sacrificio protestante, a la disciplina y "culto al trabajo", ajeno al goce, a la alegría, al ocio en libertad, se ha ido diluyendo a medida que avanza la revolución microelectrónica.2 Igualmente, en la misma proporción, el concepto de trabajo artístico como algo sublime se agota. Frente a la ética del sacrificio estético aparece el relajamiento creativo. No interesa tanto el trabajo artístico como el consumo estetizado. Al artista posmoderno no lo trasciende el ideal de "gracia" que imponga en su trabajo disciplinado. No. Su "gracia" está en otra parte. Más ingrávido, volátil, libre de ataduras morales civilizatorias, el trabajo sobre y desde el arte deja de ser el único medio que le da prestigio y elevación ética. Fin de la idea del trabajo estético moderno. Ahora pide algo más. Su goce no está solamente en permanecer ante su obra horas enteras hasta desvanecerse como Van Gogh. El goce lo encuentra en la glorificación de su artefacto artístico por el mercado. Lo subjetivo sublime se transforma así en ganancia comercial individualizada. Su tiempo creativo no se mide por la fuerza impuesta en la superación del miedo, el horror, los imposibles, la muerte, sino por su velocidad y capacidad consumidora. De aquí un presagio: al arte lo espera otra dimensión de lo sublime, otra idea de obtener placer en la pena o, tal vez, el ya no sufrir por no alcanzar los bastos límites de estos territorios agonizantes.
Superada la angustia de la rebeldía metafísica, la Totalidad para el artista deja de ser una obsesión y un peligro. Ahora su vida demanda otros proyectos. El caso Rimbaud, el caso J.A. Silva, el caso Beethoven, el caso Hölderlin, el caso Rilke, el caso César Vallejo, el caso del pintor Francis Bacon... quedan museograficados en las nuevas sensibilidades, contagiados por una des-sublimación estética impuesta desde la industria cultural. "El mundo tecnocientífico posindustrial no tiene como principio general que haya que presentar algo que no es presentable y por lo tanto representarlo". (Lyotard, 131).
Al no interesarse por presentar algo impresentable, el arte mediatizado actual pierde su angustia, la pasión del melancólico y del sanguíneo kantiano, devotos del entusiasmo y del peligro, de lo visionario y lo "chiflado", y aborda en cambio las corrientes mansas del flemático, "un espíritu, al decir de Kant, de pequeñeces (esprit de bagatelles), que muestra una manera de espíritu delicado, pero que tiende directamente a lo contrario de lo sublime. Tiene gusto por algo que sea muy artificial y dificultuoso, como versos que se pueden leer hacia delante y hacia atrás, acertijos, relojes en sortijas, cadenas de pulgas, etc., y de cuanto está ordenado de modo trabajoso, aunque sea inútil, por ejemplo, los libros que están colocados con fina elegancia en largas estanterías y un cabeza vacía que los contempla y disfruta de ellos...( 59).
La crítica de Kant es fuerte y, aunque algo injusta frente a lo que después se denominará arte y gusto kitsch, muestra el estado que va dejando la estetización a la cultura, esa des-sublimación o despojo de ilusión en el arte más reciente.
De modo que toda pulsión estética ha ido pasando del culto al trabajo como virtud al culto del consumo como goce. Por lo mismo, el autocontrol, el autodominio, la autoconciencia y autoorganización generados por la interiorización reguladora moral del trabajo moderno, actualmente van siendo superados -mutados – por las nociones de lo disperso, la libre determinación, la noción del caos personal, la multiplicidad no unitaria ni centralizadora.3 La "Buena Vida" conseguida en la modernidad a través del trabajo disciplinado, de vigilancia y castigo, se adquiere ahora por medio de la "desfachatez" y despreocupación ante el proceso civilizatorio del régimen laboral. Se trabaja sí, pero sin la concepción de trascendencia por el sacrificio. Ya no nos ganamos la inmortalidad ni el cielo laborando más allá de nuestras propias capacidades. La mística del trabajo se trasmuta por la mística del consumidor como un nuevo control social que interioriza al Centro Comercial y no la fábrica. De Gregorio Samsa, metamorfoseado por la alienación del trabajo, a Homero Simpson, idiotizado por los productos del mismo.


CONTRATAPA: NOTAS DE PARÍS

IRMA BIGNON
(Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

LEYENDAS MITOS Y CREENCIAS DE LA ANTIGUA FRANCIA

Si Francia no posee mitología propia en razón de su cristianización precoz e intensa, posee sin embargo mitos y leyendas que se manifiestan bajo formas diversas: creencias, cuentos, prácticas, ritos. Las analogías de esas formas son múltiples. Las narraciones etiológicas tienen un punto de articulación mítica en el tiempo y en el espacio. Las prácticas, ritos y prohibiciones disimulan, disfrazan y revelan las creencias concernientes al desarrollo de la vida humana.
En su comienzo, las leyendas se trasmitían por vía oral. Este criterio rara vez se ponía en duda, a tal punto que se quiso reemplazar la palabra “folklore” por el término “ouï - dire” (oídas). Ya Rabelais hacía hincapié en esta trasmisión cuando escribía: “Hay que tenerla bien en cuenta porque es el saber del pueblo”.
Estas narraciones tiene una sola función: la de brindar a la vez una diversión simple y natural.

EL ÁRBOL DE NAVIDAD

Alsacia es la cuna del árbol de navidad. En el siglo XVI, todos los 24 de diciembre se colocaba un abeto en los atrios de las iglesias. Estos abetos permanecieron sin compañía hasta finales del siglo, cuando se comenzaron a agregar primero, únicamente rosas blancas, luego ramos de flores de colores; después fueron hojas de metal plateado. Finalizando el siglo XVII se añade una decoración de nueces doradas, para terminar con galletas con espuma de azúcar, pasta de almendras o crema de anís que se horneaban únicamente para Navidad.
A mediados del siglo XIX comienzan a imprimir y prensar imágenes brillantes como hojas, flores, campanillas, pequeños ángeles, estrellas, guirnaldas. Por último, en el siglo XX, ya los habitantes de la zona comienzan a adornar su propio árbol en el salón de su casa.

UN CUENTO DEL LIMOUSIN

Casi siempre los relatos describen personajes que entran en comunicación con la naturaleza, con seres sobrenaturales, muchas veces organizados en grupos cerrados. El rasgo que los caracteriza es la desproporción: gigantismo, pequeñez, ferocidad, belleza extrema, evaporación.
En el Limousin, se cuenta que en un lugar habitado por ricos y libertinos, rehusaron dar un abrigo a un viajero una noche de tormenta. Solamente una anciana lo recibió en su miserable cabaña. Le ofreció un plato de comida y un trapo de lana para abrigarse. El viajero comió, le agradeció y le ordenó que dejara rápidamente la aldea. Ella obedeció y se alejó. De pronto escuchó un estruendo enorme. Miró y vio que la aldea se había hundido y de inmediato en el lugar creció un bosque…

LEYENDAS TOPOGRÁFICAS

Es curioso constatar que la mayor parte de las leyendas y creencias de la antigua Francia suceden, en su totalidad, en sitios incultivables y desérticos: los páramos, las montañas, los bosques, los peñones. Nada se relaciona con campos cultivados, ni jardines, ni casas…
La oposición entre naturaleza y cultura es evidente. Todas las creencias se aferran a lo que no solamente no entra en el esquema de la sociedad, sino que se opone a todo lo que es considerado como notable
Los bosques son lugares encantados visitados por aparecidos, fantasmas, muertos que no han encontrado el reposo eterno. Es el lugar donde brujos y brujas tienen sus asambleas.
El relato que explica el origen de las montañas es el siguiente: los habitantes de una región rica y fértil recibió la maldición de un personaje sobrenatural transformándola en una zona desolada. Esta gente, desesperada, inmediatamente se puso a trabajar. Pero la tierra era dura y pedregosa. De pronto, el lugar comenzó a crecer en altura. Una montaña enorme se levantó delante de sus ojos y la luz del sol comenzó a alumbrar sus laderas que lucían un intenso verdor.

LEYENDAS DE CACERÍAS

En los bosques de Normandía la caza llegó a ser un deporte muy popular. Cuenta la leyenda que un personaje apasionado por la caza y habiendo violado el edicto que la prohibía, fue condenado a perseguir eternamente un animal que se le escapaba siempre.
En Anjou, el barón Philippe d´Aigremont tenía mucho poder y era muy duro con la gente pobre. Cierto día, sus lacayos le presentaron un aldeano que había cazado una liebre en su bosque con el cordón de su zapatilla y la había asado para ofrecérsela a su mujer que guardaba cama porque estaba enferma. El barón le lanzó sus perros que lo alcanzaron, lo mordieron y lo descuartizaron.

LA LEYENDA DE LAS AGUAS

Esta leyenda típicamente bretona es quizá la menos conocida. Pero posee un mito muy antiguo de origen celta, el de las “ciudades enterradas o hundidas” por la proximidad del mar, por marejadas violentas, borrascas, maremotos.
La ciudad de Is o Ker-is (ciudad baja) cuenta que fue enterrada en castigo por las costumbres corruptas de sus habitantes – lujo, desenfreno, vanidades - , particularmente de la hija del rey Grallon, llamada Dahut. Antes de que ocurriera el desastre el rey, aconsejado por sus servidores, recogió su hija, su equipaje, montó a caballo con sus oficiales y domésticos y huyó. Inmediatamente se desató una tormenta con vientos impetuosos. El mar fuera de sus límites ordinarios lanzó su furia sobre la ciudad, dejándola en menos que nada, ahogando millares de personas entre las que se hallaba la princesa Dahut.
Pero este hundimiento no es una desaparición total: se cree que la ciudad y sus habitantes se encuentran siempre presentes en el fondo del mar y podrán volver a la vida gracias al gesto piadoso de algún ser viviente, como por ejemplo el responso dado por un sacerdote celebrando la misa.

LA RUECA DE LAS HADAS HILANDERAS

Una curiosa creencia y bastante difundida en la provincia de Auvergne, las piedras crecían porque tenían raíces en la tierra. Este es el relato: un hada que cuidaba las ovejas cerca de la “Tioule de las Fadas” (cabaña de las Hadas) fue a recoger piedras grandes para construir su choza. Las acarreó una por una. Apuró el paso porque la tormenta se aproximaba. Llegó al lugar y las colocó en círculo. Las cubrió con su amplio delantal a cuadros. Colocó debajo de él su banco y su rueca. Y mientras hilaba tranquilamente oía los truenos y el murmullo de las gotas de lluvia que caían y se esfumaban sobre el techo de género a cuadros.

EL RITO DE LAS NIÑAS CASADERAS

Después de trepar el macizo calcáreo hasta donde se encontraba la gruta oratoria de Santa-Baume en Provenza, las niñas casaderas a la búsqueda de un marido, nunca olvidaban dejar formado un triángulo con tres piedras chatas y una cuarta en el centro. Si al año siguiente todo permanecía intacto, el augurio era bueno y la alegría grande.

Todas estas leyendas y mitos de la antigua Francia se aproximan a la categoría de relatos graciosos.
Creemos que los problemas que presentan estas creencias populares son mucho menos complicados que los hechos que se imprimen y se leen desde hace ya mucho tiempo…

SUPLEMENTO ANUAL QUINTO ANIVERSARIO
Diciembre / 2011


Imágenes: Homenaje a la obra de CARLOS CASU
(Madrid-España)

POESÍA

XIMENA GAUTIER GREVE
(Paris-Francia)

EL NERUDICIDIO

PRIMER DUELO

"callar desde hoy es
imprudente”…
José Martí.

Sobre las colinas azules de los mares fríos,
en los delicados pétalos
de las brisas y las piedras
están cantando las angustias y el alba
Vienen acercándose como nubes enrojecidas,
como vuelos de la inmensidad de los planetas
que deslizan ruidosamente sin pedir permiso
Los hombres y mujeres que fueron sangre nueva
van acercándose a las puertas de sus viajes,
con los corazones recogidos de tanta carga
rojos corazones que aún están esperando
mirando caer tinieblas que también son rojas
protegiendo la hierba al borde del camino
enlazando el agua y el sol en sus conciencias
con el alma cargada,
con el alma cargada.
Aún inflamados los pechos se levantan
y a pesar de todos los terrores
y del compromiso del silencio con la cobardía,
los jilgueros trinan y gritan los cormoranes
nadie pueda acallarlos ya nunca más
porque Chile tiene una cita con la Verdad
en este preciso recodo de todos los caminos:
aquí y ahora nos dimos cita, camaradas,
sin saberlo siquiera, sin ni siquiera saberlo,
porque el Destino pone los hombres cara a cara
con sus actos y decisiones presentes y pasadas,
frente a la Historia y a todo futuro posible.
Hace mucho tiempo que nos cayó encima
la curva siniestra de los conspiradores
Hace mucho tiempo que nos enderezamos
y desenmascaramos a los viles felones
confundidos en las dagas amarillas
del crimen y del odio más abyecto.
Pero esta es la historia amarga y triste
de la muerte del poeta más amado
la historia de la muerte de Chile consagrado.
Eran las cuatro de la madrugada.
En la pequeña radio a transistores del poeta
una voz conmocionada transmite desde Argentina.
La inminencia del golpe de estado chileno:
En Valparaíso sublevada, la Armada se movía.
¡Felonía! gritó el gran albatros blanco
abriendo inmaculado sus largas alas perfectas,
al entrar sin temor alguno ni renuncio
al círculo de las balas que lo acribillaban
abriendo la puerta de la esperanza desesperada,
de esa funesta Primavera
esa Primavera funesta.
Pero más allá,
lejos de Santiago y las bombas
cayendo como las lágrimas
de los años que vendrían,
en las aldeas y los campos del verde intenso,
recorriendo la brisa inmortal de la Isla Negra
el gran poeta de los mundos abiertos oyó
el último canto del compañero amigo,
cayendo como caen los robles en el incendio,
con la bandera en llamas.
Yo no canto al presente ni al pasado
solo el airado futuro voy construyendo:
por eso te llamo, hermano, hermana, niños
porque estoy llamando a nuestra patria,
aquella que dieron por muerta siendo
que solamente estábamos sanando
las heridas tras la masacre.
Porque sépanlo ustedes y sépanlo bien
que las ideas no mueren
y que el futuro es humano y no bestial
Porque sépanlo todos y no lo olviden jamás
que somos la sal y el agua de este mundo
que no pueden matar, porque no tenemos fin.


SEGUNDO DUELO

Pablo Neruda,
Poeta chileno del pueblo,
Usurpadas tus vigorosas percepciones,
memoria del gran alma de la lengua,
transformado en abyecta marca comercial,
reducido a los turismos infamantes.
Pablo Neruda, poeta insigne del planeta
padre de Chile, hijo del viento y de las olas,
amigo inmenso de los ríos caudalosos
sentado sobre su lecho de enfermo,
oscureciendo mira hacia el mar sombrío,
sabiendo lo que venía, siniestro el aire,
con solo una manta sobre los hombros
se levantó para dar algunos pasos entre
los mascarones y las botellas de su ensueño,
mascarones y caracolas de los sueños.
Hay momentos en que el océano
clama con más fuerza
las preguntas que hace la noche
Neruda, retirado en su playa de jaspes
descansa la enfermedad
que quiere irse bogando
sobre versos blancos, cristalinos,
en reflejos azules y verdes
como hacinados ensueños,
pendientes, mudos, inconclusos
amontonados en geografías natatorias,
junto a los grandes ecos profundos
de las caracolas del alba radiante,
radiantes de nácar irisado de los mares indios,
de los índicos mares de la India.
Neruda aislado de la República y de Chile,
enfermo como pez varado
frente a la playa y el caos,
sellado a la vacilante voz argentina
en las ondas cortas de su radio:
entre los ecos del océano
y las gaviotas hambrientas,
Neruda oye caer bomba tras bomba
sobre Santiago
Y cada bomba es un muro menos en la Moneda,
un compañero asesinado en la ciudad,
en los retenes de Carabineros fieles,
en los regimientos de soldados íntegros.
Y en Valparaíso, en las calas de los barcos
ya son torturados los marinos leales,
y en cada calle de cada ciudad de Chile
ya ruedan los camiones cargados
de sangre perdida y de cuerpos duros.
Y Pablo Neruda sabe que está condenado
porque cada bomba y cada bala de ese amanecer
están destinadas a matar al hombre nuevo,
a lo mejor del hombre
destruyendo su conciencia
destruyendo las conciencias.


QUINTO DUELO

En tenida de camuflaje
y pertrechos de guerra,
cuarenta esbirros asedian
al inválido en su lecho.
El insigne murmura, voz
escurriendo en la cascada,
brizna prendida del aire:
“¡Hombre!,
aquí no hay comunistas…
solo seres amados”.
El militar se inflama:
transformado en monstruo,
teme su propia humanidad
que ha abandonado.
Pero el poeta es el Hombre:
terciopelo plácido requiebro,
cuerda vibrante de contiendas.
El cielo de Isla Negra palidece.
Perrita ladra al lumpen militar…
Larga y angosta te recuerdo
Patria,
en un vaivén de grandes
cisnes naciendo del humedal
al río, faena caliente de trilla,
o amantes nieves enlazadas
con la altura, cual encaje,
azucenas en bodas bebiendo
las vertientes del soneto.
¿En qué momentos, Patria,
tu ser parió estos monstruos?
Los soldados del rostro embetunado
protagonizan la horrible mascarada,
más no son “vifais”
(G.I)
imperiales
sino chilenos de obediencia indigna
ocultos tras el disfraz turbio
del oprobio; gruesa pintura verde
cieno, deshonra, estuco negro
¿Por qué desfiguro mi rostro?
Pregunta el niño que vive
en el entrecejo del soldado.
¡Calla desgraciado!
aúlla el mando interno
matando al inocente…
En el fango te escondes
al cometer el crimen máximo:
estás apremiando al gran albatros,
a Neruda, al alma del planeta,
al poeta, la pluma, la idea,
la paz, la belleza, pensamiento
cuya lira empalidece los tiranos
Y su poesía, que navegara
sublime los lagos del cielo,
engarzada esmeralda
en bosques oscuros entra
en el ciclón del desconcierto.


DÉCIMO-PRIMER DUELO

Pasando Leyda, la fortuna,
diosa extraña, les permite por fin
creer que tienen el buen rumbo.
Pese a tanto contratiempo los viajeros
Esperan reconforto en Melipilla,
hito de cuatro colinas frente a Santiago,
encantador puesto para paseantes y viajeros
yendo o viniendo de la costa.
Pero comerciantes, dulces,
quiltros, quesos y bebidas
han desaparecido. Solo grises mercenarios
de conducta caótica parecen poblar el sitio
y de vez en cuando se oye tanta balacera
que hasta el ateo desearía persignarse.
El control aquí será maldito:
los militares empujan a Neruda
fuera de camilla y ambulancia
al ritmo de empellones y de insultos.
Lo desvisten a tirones,
desgarrada la camisa cae al suelo,
el cuerpo del poeta está desnudo,
su dignidad es pisoteada,
los lugares más íntimos son violados,
la canalla hurga sus ingles, axilas, escroto,
buscando armas en el recto y en la boca.
Con las piernas separadas,
las manos abiertas, los brazos en alto,
vituperado por el ejército,
Neruda desnudo pide clemencia.
“Soy Neruda, el poeta” grita,
“Premio Nobel de Literatura”
Nada hace. Sometida
a idéntica exacción su mujer,
la de las blancas colinas,
Neruda llora.
Nunca hubo tal deshonra para Chile
como la que viviera
la poesía del mundo en ese día,
cuando a Pablo Neruda,
voz de la luz, alma planetaria,
cubriera con sevicias la canalla mercenaria.
Insultados por un ejército de bandidos
Neruda, Chascona y Araya se dan las manos.
Los tres se dan las manos, y lloran.
El bardo comunista, viejo, cansado
de vuelta de todas las persecuciones
y de todos los honores,
desnudado al borde de una ruta
cree que ha llegado la hora de su muerte
y dice a su esposa:
“¿Así será entonces nuestro fin, Patoja?”
y apoyando en sus lágrimas las propias,
por tercera vez, Neruda llora.
Finalmente,
los infames hastiados de su propia cobardía,
agregando sarcasmos e insultos a la gracia
dejan partir a las tres víctimas.


DUELO DÉCIMO QUINTO

¡Señora Matilde!, grita
La muchacha de la Hostería Santa Elena,
desde la puerta de la casona.
“¡Don Pablito la está llamando de Santiago!”
Las dos mujeres corren al teléfono del Hotel.
Matilde escucha, empalidece,
se cubre de arrugas,
incertidumbre, miedo, espanto…
“Venga inmediatamente” dice Neruda,
“Mientras dormía, un doctor me colocó
una inyección en el vientre. No sé por qué,
ni para qué lo ha hecho.”
El mar murmura enlutado:
“Un veneno… Lo están matando”
En menos de dos horas llegan a la clínica
Neruda tiene el rostro enrojecido:
el punto de clavada de la inyección mortal
es una mancha carmesí bajo el estómago.
Afiebrado, el poeta agoniza,
mientras que en el aeropuerto chileno
el avión mexicano prepara la partida
autorizada para el día siguiente.
En la pieza 406
se está instalando la muerte...
Un médico que nadie conoce
se deshace de Manuel enviándolo
a un barrio aledaño a comprar
un medicamento…
En la pieza 406
Neruda agoniza en los brazos
de su esposa y de su hermana.
En el camino, Manuel es secuestrado
torturado e ingresado
al Estadio Nacional.
“Ten cuidado que no te maten también”
le había dicho el poeta.
En!la!pieza!406,
a las diez de la noche
Pablo Neruda muere.


CUENTO

CARMEN ROSA BARRERE
(Posadas-Misiones-Argentina)

Del maestro Confucio: “No son las hierbas las que sofocan al grano, sino la negligencia del cultivador”.


AYER, CUANDO TE FUISTE.

La rutina y la resignación traen consigo algunos beneficios: Cada objeto permanece en el mismo sitio de ayer, la factura de la luz sigue inmóvil dentro del cajón que la resguarda, la ropa huele a limpio, nuestra alacena tiene lo indispensable (nada que corretee hacia el derroche, acordáte que vivimos de un sueldito), voz cantante, impresa a fuego dentro de mi oído que llega desde la boca de Esteban, mi agotador consorte, a los efectos de que yo no gaste en fruslerías.
Durante treinta años hice tan buena letra, que olvidé aquello que fueran mis metas personales: aprender a reparar cuadros, estudiar portugués y chino, caminar descalza por la cuneta de mi casa cuando cae la fina y dulce lluvia de primavera, hamacarme en mi silloncito y perder horas y horas mirando por milésima vez las fotografías de mis nietos, o dejar la casa en silencio porque el silencio me permite silenciarme.
De repente miraba el reloj y corría como loca a armar la comida ya pensada, estirar el mantel, quitarme el delantal y sacar los ruleros de mi pelo a tirones. Antes de casarnos, Esteban – del que yo estaba enamorada desde la cabeza al último dedo del pié – estipuló algunos reglamentos, que yo creí por entonces que eran caprichos de soltero sin apuros: “No me gusta que mi esposa ande con ruleros, se ponga crema en la cara antes de dormir, use chinelas entre casa o batones con olor a grasa de cocina”. En ese instante de intenso enamoramiento, lo tomé como broma. No podía ser cierto que mi hermoso, radiante árbol navideño, inteligente y tierno, mi Esteban, hablara en serio.

Me equivoqué. Durante los embarazos, las maternidades, las adolescencias de nuestros hijos y las dificultades cotidianas, nunca tuvo tiempo para mí. Cumplido eficazmente el rito del sexo, pegaba media vuelta y roncaba a placer, con el deber cumplido. Yo miraba mi eterno cielorraso empañado por mi semanal lagrimeo y frustración y calculaba si había suficientes naranjas en la heladera para exprimir su jugo matinal. Todo ordenadito, como le gusta a mi dueño, pero rebelada porque no existe un manual que les enseñe que el sexo a secas mata si no viene aderezado con pizcas de sensualidad.

Ayer certifiqué el cambio que una esposa para siempre descubre sin que una pitonisa se lo augure. Esteban era otro. Tardaba eternidades en el baño y cantaba bajo la ducha. Me miraba. Sí, me miraba…pero con lástima. Me agradecía el desayuno y salía atropellando sillas con un chau que resonaba como un “no me esperes levantada porque no vengo a cenar”.

Haciendo tiempo, me detengo frente a su escritorio. El sobre está escrito con su letra. Dirigido a mí. Lo abro sin temblores. Hace tanto que nada me hace temblar. Dice así: “Yo entiendo que esta carta te hará doler. No volveré esta noche ni ninguna más. Me enamoré, Luisa. Me enamoré de la persona más diferente de vos que haya en esta tierra. Es curiosa, inestable, ríe por todo y se chupa el dedo por la noche, como una nena. Tiene físico para regalar, así que está segura de llegar a actriz. Le encantan las novelas de T.V. y cree que Sócrates es nombre de perro. No te preocupes por lo económico. Haremos un divorcio sin peleas, porque te conozco y sé de tu lentitud para tomar decisiones. Creo que tu apatía permanente, tu desgano eterno han sido culpables de mi alejamiento. No sufras, por favor. Me hago cargo de cuánto te costará recuperarte sin el rigor de mis ideas. Cuídate para que nuestros nietos no te vean envejecer mal. Llámame si estás en emergencia. Como se despiden los españoles, ¡Salud y pesetas!
Ernesto.

Cuando estoy a punto de doblar la carta, y guardarla, esa vieja, olvidada cosquilla se pone en marcha. La arrugo. La echo al piso desdeñando el cesto de papeles. Corro al baño. Lleno de agua la bañadera y la riego de sales perfumadas. Me sumerjo entera y canto a grito pelado. Coloco los ruleros, me perfumo, se desliza la crema prohibida, uso mi amada ropa hindú y salgo al patio tan feliz y cambiada que me desconoce hasta el gato.
Como regalo de bodas, le haré llegar un libro que sí existe sobre la sensualidad. Fin de una etapa.


ENSAYO

IVÁN MORA MARTÍNEZ
(Alicante-España)

EL ÚLTIMO ATLANTE (Novela)

El antiguo relato reza así: escucha o Sócrates un relato que aunque extraño, es desde luego autentico, sobre un imperio grandioso y extraordinario donde un día moró una avanzada civilización. De esa manera hace 2400 años, Platón presentó uno de los más grandes misterios de la humanidad a través del Critias y el Timeo. En esos diálogos el filósofo griego describe el continente desaparecido de la Atlántida, una tierra utópica que en sólo un día y una noche fue engullida por el océano. En ella, una sociedad extremadamente avanzada a su época convivía en paz y harmonía, gozando de las maravillas paradisiacas que abundaba en cada pequeño rincón. Multitud de especies animales acompañaban a sus habitantes, palacios de oro, marfil y plata se alzaban con sus reyes al frente. Contaban con manantiales con aguas frías y termales y hacían uso de la electricidad. Sus moradores eran excelentes marineros y navegaban por las aguas de todo el mundo antes de corromperse por su propio poder.
Aquellos relatos de Platón se sitúan aproximadamente 350 a A.C., quizás el pensador heleno no fuese consciente en aquel momento del enigma que se desataría en torno a ellos muchos siglos después. Desde comienzos del siglo XX, muchos han sido los investigadores en partir en búsqueda de aquel mítico continente sepultado por el agua. La veracidad que otorga Platón a sus relatos, ha provocado que la carrera por encontrar algún rastro de la Atlántida se haya incrementado en los últimos tiempos. Del mismo modo son decenas de cientos de libro en los que se abarca el misterio de la Atlántida así como las civilizaciones perdidas. Algunos de ellos, con ciertas tendencias ocultistas, en su ímpetu por defender la tesis de la Atlántida se remontan a una supuesta cadena de iniciados en los que se ha transmitido de generación en generación, algunas de las claves de las civilizaciones perdidas. Con los años nos hemos acostumbrado al triunfo constante del racionalismo, pero al mismo tiempo la creencia de una supuesta madre de todas las civilizaciones no hace más que crecer entre muchos investigadores. Durante siglos, millones de personas han depositado su fe en doctrinas religiosas íntimamente relacionadas con la creencia en civilizaciones desaparecidas. Una parte de ese bagaje argumental está construido por suposiciones carentes de valor científico, pero apoyado por las creencias de una sociedad en parte dogmatizada. De la misma manera la ciencia ha ignorado o no ha reconocido, algunas investigaciones llevadas a cabo acerca de la Atlántida, el origen de las civilizaciones y puede que de hasta la vida. Son muchos los investigadores que han dedicado sus vidas a seguir los rastros del continente perdido mediante las descripciones de Platón, algunos de ellos llegando a reunir suficientes pruebas para al menos continuar la búsqueda de las huellas de la Atlántida y de los atlantes.

Muchos de los investigadores inmersos en la búsqueda de pistas del continente perdido, no reconocen hallarse envueltos en dicho proyecto. Puesto para algunos de ellos, la carencia de pruebas científicas convertirían sus investigaciones en algo ficticio. Otros tantos se muestran escépticos con el misterio que envuelve todo lo relacionado con la Atlántida. Pero los que realmente investigan profundamente, alegan nuevas pistas en el relato de Platón, ya no sólo en lo sucedido y su historia, sino incluso con sus supervivientes.
George Erikson, en su libro “Atlantis in America”, sostiene que algunos atlantes sobrevivieron al cataclismo de su tierra, huyendo y refugiándose en Centroamérica y Sudamérica. Refuerza su teoría a causa de los cambios arquitectónicos de los Maya en sus esculturas, a lo cual atribuye la influencia de los atlantes supervivientes. Antiguas leyendas Maya, describen la llegada por mar de nuevos pobladores llegados para fundar una civilización. Es curioso cuanto menos, que las leyendas Incas coincidan en ese mismo aspecto refiriéndose a nuevos habitantes también llegados por mar.
Durante todos estos años las investigaciones buscando el rastro de la Atlántida se han multiplicado. Muchos de estos investigadores no comparten la teoría de Erickson, pese a también buscar indicios de vida antigua en las aguas del Atlántico. Manejan dos teorías, la de un gran terremoto que la hundió hace ya 11500 años, o incluso la del impacto de un cometa contra la Tierra que origino un cataclismo sin precedentes acabando con todo rastro de vida. Esas teorías desecharían totalmente la hipótesis de unos posibles supervivientes.
Las investigaciones llevadas a cabo, han abarcado gran parte del Atlántico e incluso algunas zonas del Mediterráneo. Las Bahamas, Yucatán y la costa de Cuba, han sido las zonas donde los investigadores creen haber reunido suficientes pruebas para pensar en una enorme extensión de la Atlántida, abarcando diferentes puntos del océano dada su dimensión.
Las Bahamas es uno de los lugares donde con más indicios se cuentan, corroborándolo multitud de investigadores. En Yucatán aún se cree que perduran herederos de aquellos atlantes supervivientes. Los esqueletos encontrados en unos antiguos cenotes, delatan una antigüedad entre 8000 y 13000 años situándolos entre los más antiguos de toda América. Algunos investigadores atribuyen esos esqueletos a antiguos atlantes, sus rostros son diferentes a todos los encontrados anteriormente, posiblemente de pobladores llegados a Centroamérica. Eso fragmentos de historia sin explicación, refuerzan enormemente la teoría de que ciertamente pudo haber supervivientes que escaparan a tiempo de la Atlántida. Al menos lo que sí demuestran es que hubo unos pobladores totalmente distintos a los conocidos hasta hoy.
Una de las claves parece encontrarse en la costa Oeste de Cuba. La investigadora oceanográfica Paulina Zelitsky, mientras llevaba a cabo parte de una investigación entre Yucatán y la península cubana de Guanahacabibes, descubrió los restos de lo que podría ser una ciudad de unos 6000 años de antigüedad. Entre esos restos se encuentran unas estructuras con formas geométricas enormes, instaladas de una manera perfecta que difícilmente se podría igualar hoy en día por el hombre. Todo ello se encuentra a una profundidad de unos 700 metros, lo cual dificulta enormemente la tarea de investigación. Entre las mismas se ha podido apreciar lo que parecen pirámides sumergidas, pedestales, grabados en sus piedras e incluso lo que podría ser un gran reloj solar, todo ello contrasta con la geología del lugar sin dar ninguna explicación lógica de su paradero allí. Esto, no hace más que alimentar la leyenda de cualquier tipo de civilización antigua engullida por algún fenómeno desconocido, pero que contaban con una tecnología impropia para la época.
Puede que todas estas investigaciones alcancen una dimensión sin precedentes, debido en gran parte a un visionario de nuestros días llamado Edgar Casey. El norteamericano, anuncio al mundo que en uno de sus sueños ha descubierto el paradero exacto del continente perdido. Con ello alega saber las paradisiacas características de esa tierra y sus gentes. Afirma que sus moradores dominaban la cirugía con rayo laser, contaban con naves que navegaban por aire y bajo el agua, utilizaban gases con los que podían levantar enormes piedras para construir templos. También afirma, que disponían de unos poderosos cristales que concentraban la energía del sol, proporcionándoles, luz, calor y electricidad. Casey se hizo muy popular con sus predicciones en los años 30 y 40, llegó a pronosticar datos acertados sobre la primera y segunda guerra mundial, la caída de la bolsa de Nueva York y la independencia de la India. Todo ello le llevo a ser respetado en todas cuantas predicciones formulara. Casey dio numerosas pistas sobre la ubicación de la Atlántida, seguidas hoy en día por muchos investigadores. Pero también predijo que en 1968 la Atlántida reflotaría a la superficie, evidentemente se equivoco en ello. Aunque sorprendentemente en 1969, en las aguas de la isla de Bimini, frente a la costa de Florida, será descubierta una formación rocosa a la que se le dio nombre de Carretera de Bimini, y respecto de la cual aún se discute si se trata o no de una construcción humana.
Pero ¿y si todo fuera una invención de Platón?, tal vez solamente el filosofo griego buscara reflejar una Atenas con las virtudes que le gustaría que contara en su época. Podría ser, pero en distintas partes del fondo marino se encuentran restos de ciudades antiguas y eso es concluyente. Se puede ser escéptico o no, pero no se puede negar la realidad. Las investigaciones siguen revelando datos con los que tarde o temprano se terminara por conocer la verdad del origen de las civilizaciones. Platón hace constar que su desaparición es provocada por su arrogancia al explotar las condiciones naturales del continente. Puede que hoy en día compartamos la arrogancia de aquellos seres, pudiendo hacer que se desencadene una hecatombe natural como la que engulló esa tierra.
Por otro lado cabe pensar la posibilidad de que de haber sido así, de haber existido la mítica Atlántida, por qué no iba haber supervivientes de aquella catástrofe que condenó a laisla. En el Ultimo Atlante emulamos la historia de uno de ellos. De un atlante en nuestros día. Un superviviente que ha sido heredero de aquella extinguida raza, por cuyas venas corre la sangre de esos seres que parecían avanzados en miles de años a su época, y ahora tiene que sobrevivir a la sociedad actual.
“El simple aleteo de una mariposa puede desencadenar un huracán en el otro extremo del mundo” (teoría del caos)


POESIA

ZURELYS LÓPEZ AMAYA
(La Habana-Cuba)

EQUILIBRIO

Somos las paredes de otro siglo capaz de sorprendernos. Leyendo a Tagore es que despierto de la encrucijada donde los hombres no deciden el final de un país, sino el comienzo de una permanencia. Es este el equilibrio que pensaba alguna vez desatar. Equilibrio que germina con cierta música en mi oído, cierta nostalgia como minúsculos habitantes que aún creen en toda palabra domesticada. No me excluyo de este devenir hacia la otra mitad del mundo. Me conformo con salir de una cueva hacia otra cueva por donde vuelan traviesas las gaviotas.


LA PARED

Tuvimos un árbol. Jugué hasta cansarme las piernas. Jugué y recité poemas sobre las familias, sobre la soledad del hombre que no resiste su rostro. Jugué entre mis cenizas hasta donde pude. La pared no tiene un nombre común mientras la mires como una pared. No supe andar descalza por mi piso. No supe encontrar el árbol que sembramos en tu patio. Árbol que fue cortado sin piedad. Sin luz pequeña en las manos cortantes. Fui toda pieza de un círculo abstracto. Marco de cuadro en galería. La pared no tiene un nombre común mientras la mires como una pared. Tuvimos un árbol. Triste convertir sus hojas en esqueleto de árbol que sufre la ausencia. Es mentira que muera o deje de crecer. Es mentira que saques de tu cama mis olores. Es mentira el país con sus monedas falsas. No muevo mi esqueleto para que lo abandones como si fuera un árbol. Es mentira mi ausencia en tu pecho. No huimos como si fuésemos la palabra que no se quiere oír. No soy la palabra ni nada al alcance de tu pared. Soy el árbol


EL FARO

Ayer fuimos amantes apacibles. Tiernos amantes apacibles como ninguno en esta época. Vuelvo de entre las esquirlas de mi cuerpo, del mar y su ventisca que insiste en atrapar mi duelo hacia la noche. Pude fabricarle al niño un barco de papel que se desmorona con la lluvia. Pero insisto y el barco de papel no se hunde. La arena soporta todo el tiempo mi espera. Cuerpo lastimado e indemne. Vuelvo desde las monedas que alguien guarda. En mi isla han puesto nuevas estatuas que roen el devenir, el credo y la distancia de alguien que huye, el tiempo miserable que pasa. Seguiremos siendo los amantes apacibles de toda una ciudad. Alguien hace estatuas por placer. Sentada en la arena me despido de los amigos que no han llegado. Por esa forma de disecar sus cuerpos, de desnutrirlo todo es que me confundo. Me escondo y miro sus tatuajes de los ochenta. Amigos míos. Cada noche que escapas de la isla viene siendo la misma en Nueva York o la Habana. No a las estatuas. No al mar que come de tus piernas. Seguiremos sentados sobre el muro. Seguiremos siendo los amantes apacibles. Tus besos han renovado mis escamas y pude fabricarle al niño un barco de papel. Barco de papel que se desmorona con la lluvia. Pero insisto y el barco de papel no se hunde.


EL JARDÍN

1.

Siembro un jardín cada día. Miro crecer el jardín con triste placer de no saber si la tierra soportará el amor con que siembro. La tierra es seca y llena de piedras que buscan hacer un camino. Recojo las piedras para ver crecer nuestro jardín. Quito las orugas de mi rosa y salgo cansada del intento. No es el tiempo que pasa mientras se hace un jardín, es el dolor de la rosa con orugas.

2.

Siembro un jardín cada día. Sé que no hallaremos el lado opuesto de las migajas, ni el por qué de mis manos que insisten en limpiar la tierra de sus piedras. Una piedra es la muestra del camino que volverá a ser útil para el caminante. Una piedra es el camino.

3.

Siembro un jardín cada día. Cada semilla traerá el placer de verlo crecer sin mentiras. No será mi jardín el poder de una cosa sobre otra. Será bienvenido a la isla que hacemos minuciosamente dentro de esta casa. Mi isla es este jardín inmenso que crece sin mentiras, sin intercambio de monedas. Miro crecer el jardín con triste placer. No sé si la tierra soportará el amor con que siembro. Siembro un jardín cada día. Será un bosque mi jardín.


LA SILLA DEL PODER

Tuve una silla que daba vueltas como un carrusel.
Sentada miro como se deshacen los papeles inútiles,
aunque inútil es la silla que rota a mí alrededor.
Dar vueltas nos alcanza a subir sobre imágenes abstractas.
Tuve la luz en mis manos para regalar pero no regalé la luz.
Merecerla implica ser buenos con ella en el camino,
implica no subir a la cima con cadáveres en la suela del zapato.
La silla da vueltas como testigo ocular,
como testigo del poder que hace guardar silencio.
Hay quieres odian la luz que sale pura hacia fuera,
buscan tijeras afiladas.
Tuve una silla que daba vueltas,
mientras la probaba sentía el cuerpo desvanecer.
Dar vueltas nos alcanza a subir entre imágenes abstractas,
nos puede confundir el lugar
incluso,
creernos dueños del polvo que huye del camino.
Apenas pensaba:
Un día no habrán sillas que rueden a tu alrededor,
ni siquiera el polvo en ellas para rodarlas nuevamente.
La silla guarda el tiempo,
el cuerpo agujereado por minúsculos espejos,
como quien respira afable a la entrada de un circo.


EL SALTO DEL PEZ

Ayer fui el pez,
sentí mis escamas a través del tiempo.
Pude mirar con ojos casi de vidrio la distancia,
pude involucrar la paz de todo lo que viene.
Nadie puede remover lo quieto,
las palabras son el sitio permanente,
el salmo de quien las posee.
Pude ser más que el pez.
Mover lo quieto implica el desorden,
el miedo a decir nos desvanece.
Somos el sentido de las cosas sobre el agua.
Ayer fui el pez.


DENEGADOS

Viajes, remesas familiares. Eso tiene un nombre apócrifo o narcótico. Pasaporte, seguro de vida, sello de diez pesos convertibles. Agencia DHL si olvidas los papeles necesarios. Fotocopias recientes de las páginas uno y dos, cuños sin discurso del por qué se viaja a otro minuto de vida, perfume y cascarilla debajo del zapato, flores amarillas y azules para cruzar el mar. Cruz en la espalda por si ese día coges el virus de la demencia. Demencia no es viajar sin seguro de vida hacia lo desconocido. Demencia es vivir sin viajar hacia lo desconocido. Viajes, remesas familiares. No se tira la muchacha debajo del camión con papeles que dicen Denegado, se tira en una balsa hecha de corcho y cámaras del camión. Luego aparece su rostro en los arrecifes. Muchacha que sueña con viajes y remesas familiares. Hoy yace con mordiscos de peces salvajes en la bahía.


EL OBRERO

No seré hormiga muerta en la arena de mi calle, donde los obreros luchan la madera de su casa, la arena será la mezcla del hotel o de la casa que lucha el obrero. No seré la hormiga muerta por un ciclista, el ciclista será un asesino que nunca cumplirá su condena, irá entretenido, pensando en la casa que ve construir, que sería bueno si fuera su casa la casa del obrero. Pisa a la hormiga. Yo. Y no quedo en su goma vieja de bicicle abandonada, quedo en la arena de playa como una hormiga insignificante. Podré ser una hormiga muerta, estaré en una de las paredes que el obrero luchó para su casa, pero no quiero ser hormiga muerta en la pared del obrero.


LA MESA

Uno percibe el grano de maíz sobre la mesa, percibe la cebolla que impulsa lágrimas de cocodrilo sobre la mesa. La carne de comer sobre la mesa se vuelve flaca en la sartén. Carne traída del buey muerto entre los rieles. Pasa un leñador, ha muerto un buey en una de las curvas. Uno percibe el grano de maíz sobre la mesa, percibe la cebolla que impulsa lágrimas de cocodrilo sobre la mesa, no ha muerto nadie. La carne de comer sobre la mesa desaparece.


EL PESCADOR

No hay tijeras que corten la soga de mi cuello frente al mar, no hay lancha esperando al viejo pescador semidesnudo, hay soga con nudo alrededor de mi cuello, no tijeras ni lanchas esperando al viejo pescador que sabe. Pudo un hombre cruzar sin soga alrededor de su cuello, pudo resistir un hombre y cruzar sin soga frente al mar.


LA SOLEDAD

La soledad es parte del encierro,
los payasos sonríen sin maldad,
tú sonríes esperando encontrar la respuesta perdida,
adaptando el cuerpo a todo lo que nos nutre,
lo que nos hace pertenecer a las cosas.
La soledad nos absorbe en un código de miedos,
de mentiras que hacen comenzar el día entre la niebla,
entre el mágico solsticio de la pesadumbre,
de la lógica aventura inexplicable.
La soledad nos cuelga del armario
luego de padecer insomnio,
y trasmutamos como osos infelices,
osos infelices tras las rejas.
Viajar nos hace resolver la añoranza del que viaja,
nos hace cómplices del tiempo perdido,
arrastra nimiedades de soledad,
nos incorpora la nostalgia del que mira sin ver
al otro lado del tiempo que se pierde.


LA CIUDAD

La ciudad se empina entre maquetas,
sobra impredecible del tiempo,
madera superpuesta mientras cae la lluvia imprevista.
Somos colores pálidos que atraviesan el polvo,
la sed de sobrevolar la mágica escultura.
Mirarla nos aparta de los ángeles,
agua de fosas que atraviesan el templo de Infanta,
noche que nos viste los ojos con sus luces de agua.
La ciudad es el límite que nos abraza.


REGRESO

Vuelvo de los rieles entre los puentes,
busco el lago que vimos,
abrazo el tiempo que pasa inquieto por mi cabeza
y devoro tu piel.
El temor a la isla viene desde los muros,
y los muros son la marca del tiempo que vivimos en una isla,
los muros son la forma de sostener las manos,
los nombres rayados en ellos por las parejas,
el equilibrio anclado de corsarios y piratas
que escondieron sus tesoros.
Vuelvo de los rieles entre los puentes,
me rayo la piel a tu regreso como una promesa
de no dejar la isla como los poetas dejan las islas.
Los muros son la espalda del cuerpo cansado,
el límite del sueño.


MUERTE DE LEZAMA

Si al lado de tu muerte, al lado mío,
me descubro y de pronto te apareces,
veo mi espacio tuyo y sin permiso
veo tu muerte y veo que es mi muerte.

Porque al decir Virgilio que tu hechizo
es tu muerte descanso y es tu vida,
solo me queda verte sin la muerte,
y pensar que por verte soy la vida.

Nada extraño, ni amargo, ni escondido,
tu encierro fue un trópico sangrando,
fue la isla con nombres y apellidos,
fueron monedas sólidas tus manos.

Tu hambrienta seriedad también te quiso,
tu viajar inconsciente y tus locuras
me devuelven otra vez a Paradiso
sin que se vuelva tierra tu figura.


CUENTO

GREGORIO ECHEVERRÍA
(Rosario-Santa Fe-Argentina)

AZUL DE PIEL Y ARENA

La brisa crepuscular se despereza sin urgencias entre el picor del duraznillo y la frescura de las alfombras de trébol y raygrass. Un poco más hacia el poniente la impaciencia del ají arremete contra el rubor de las matas de cilantro y peperina, ignorando por su parte los remolinos que remezclando la resina de las araucarias con la melaza del blueberry y la retama se zambullen a escondidas en la correntada renegrida. Zumbidos y perfumes ruedan enlazados en un amasijo de tentaciones y promesas sobre la arena de la orilla, salpicado todo por las primeras sombras y la premura de las truchas que emprenden vuelos atrevidos en procura de la nube de mosquitos y comejenes tontamente vibrando como la caldera de la barcaza al cruzar el lago de una orilla a otra sin saber en verdad cuál es su rumbo.

El bullicio denso de ese silencio premonitorio lo incita a la modorra. Pero ya el olfato se enlaza con sus tímpanos medio desafinados y la aspereza de lengua y de papilas percibe sin emoción su saliva espesa y tibia que le resbala pecho abajo trazando itinerarios salados de lujuria. Es tiempo de dormir aunque el entorno conspira para rejonearlo con mil sensaciones fuera de lugar en esas latitudes, a una hora en que se cierran ya las chicharras y los grillos. El silencio percute contra las hojas de liquidámbar y las agujas de los pinos. El silencio es una prolongada frustración de élitros y plumas aunando vibraciones en una coreografía muy loca de hipérbolas y catenarias dibujando sus aromas y provocativos sudores en azules y amarillos y naranjas o índigos que espesan paso a paso golpe a golpe la majestad irrespetuosa del ocaso.

Mareadas las brújulas y desjarretadas las clepsidras, solo el scherzzo del viento deslizándose entre las ramas separa los compases de la vida de entre la melodía del silencio. Cuando imagina que debiera echarse de rodillas ante la sombra oscura de la montaña apenas esbozada por el contraluz del plenilunio, se encuentra en cambio rodando entre el musgo húmedo y la arena aún caliente del anochecer ya cerrado. Sin pensamientos y sin dudas. Atento nada más a ese otro latido que sin apremio se le pega a la piel escurriendo entre su pecho y las capas más profundas de ese misterio. Misterio que deja de ser ajeno al instante de rozar con sus labios ardidos de fiebre la superficie azulada del tatuaje que se abre a su sed como una cábala infinita. ◊

Ricardo Rojas 17 de noviembre 2011


ENSAYO

GRACIELA MATURO
(CABA-Buenos Aires-Argentina)

TROMPIFAI
Rolando Revagliatti
(CABA-Buenos Aires-Argentina)

El espíritu de juego, y un ligero escepticismo de fondo parecen presidir la poesía de Rolando Revagliatti, volcada al doble y a ratos confluyente cauce de la poética y la humorística. Ambas vías, decía Macedonio Fernández, son igualmente desestabilizadoras de las rutinas mentales y la habitualidad del vivir.
Desde luego, no es necesario pensar que el juego es expresión de frivolidad o descompromiso. Como este libro lo muestra, puede haber en él un trabajo de incesante descubrimiento, sorpresa y recreación, en este caso ejercido sobre la base del cine, ese gran arte del siglo Veinte que ha reunido y reformulado a las artes todas.
Es éste un libro singular, construido metódicamente como escritura que parte de filmes, consignados en forma puntual, que abarcan ochenta años de cine. Es en cierto modo una “historia” del Séptimo Arte, pero también una cierta revisión sesgada de la vida contemporánea, nuestra vida, la vida del autor. Los jóvenes descubrirán y gozarán en estas páginas un tramo que desconocen, los que hemos vivido esos años, y conocemos la mayor parte de esa filmografía, disfrutamos duplicadamente de este revival. Pero no se malentienda lo que digo. Revagliatti no hace una descripción ni un comentario crítico de las películas que menciona. Su creatividad, inteligencia y humor se ejercen sobre la imagen visual como punto de partida para una síntesis imaginaria o reflexiva, siempre sorprendente.
Es oportuno recordar que Rolando Revagliatti es psicoanalista, cursó estudios de cine y ha tenido experiencia actoral y directiva en el teatro, además de ser un obstinado espectador de cine, y sobre todo un poeta. Esa multiplicidad de experiencias se muestra en Trompifai, donde exhibe su conocimiento de todo el cine especialmente europeo y americano del siglo transcurrido, su amor por la imagen que fulgura en la pantalla, y su privilegiada capacidad de gozador y analista de imágenes, sucesos y expresiones que no pertenecen sólo al cine sino a cada instante de la vida.
Su escritura coloquial, despeñada sin interrupciones pero también ceñida y sobria cuando su intención lo requiere, afronta el riesgo de caer en el facilismo, del que sale airosa, y elude a conciencia el desborde afectivo, la complacencia, el engolamiento. Sus poemas, generalmente breves, recorren el cine mudo y algunos realizadores de los años 30 y 40, extendiéndose a décadas recientes. La edad del autor nos parece mayor a la que realmente tiene, hasta tal punto se apodera de una atmósfera anterior a su propia infancia, y se muestra capaz de capturar ese especial “encanto del pasado reciente” de que hablaba Bioy Casares. Todo adquiere una implícita connotación infantil, adolescente y familiar para este visor que se pretende impávido. Remueve emociones, pese a su temple crítico y su ironía.
Este libro es uno de los cuatro que Revagliatti ha dedicado al cine. Ante cada film, tiene el don de sintetizar un clima, resumir una narración o penetrar el sentido con una frase. Su discurso, a imitación del “discurso fílmico” varía el enfoque, el encuadre y la velocidad, como lo haría un director de cine. También se evidencia esta inclinación en el recurso a procedimientos cinematográficos como la fusión, la detención, etc.
Los juegos de imágenes se superponen a los juegos de palabras en esta sucesión de experiencias que no son meramente las de un receptor sino las de un creador que continuamente organiza y recrea, interfiere con su propia voz, su pensamiento o su salida de tono. Es un histrión que se muestra y se oculta. Su cultura cinéfila le da pie para la introspección, la reconstrucción de la adolescencia, la vida familiar, erótica, artística, desde una mirada ubicua y perspicaz.
No todo es visual, evidentemente, en estos textos. El lenguaje, que pasa por el habla ciudadana en todos sus matices, se hace anti-solemne y desenfadado en grado sumo. Próximo al humor, aborda el brusco contraste, la conclusión inesperada, la desmitificación, el chiste, la comicidad. Lo vemos recurrir a múltiples tonos y modalidades, como la parodia de otros textos, la recurrencia a letras de tango, boleros, catálogos, enumeraciones, noticias periodísticas, carteles publicitarios, anotaciones sueltas.
La perspectiva –ocular o reflexiva— tiene una particular movilidad. Quien habla es un yo sólo a veces explícito, generalmente disimulado en una aparente objetividad. Pero la imagen se tiñe de matices personales, subjetivos y aun sentimentales. Revagliatti ha frecuentado una poética muy argentina que pasa por la cultura barrial, afectiva, cultivada por letristas populares, sainetistas, o por poetas como Nicolás Olivari – uno de sus innegables maestros – o Raúl González Tuñón.
Toda una época aparece ante nuestros ojos centrada en el cuadrado mágico del cine. Los personajes –desde el inefable Carlitos y su antagonista Trompifai hasta los héroes del Far West o las actrices italianas— se adelantan, violan el límite inmanente del film - a la manera de La Rosa Púrpura del Cairo- y descienden a la butaca, o bien llevan consigo al espectador que los contempla. Así ficción y realidad tienen caminos de ida y vuelta que los conectan. En algún caso son los personajes mismos los que toman la palabra. El comentarista-poeta-crítico que habla del film se apodera de las máscaras, para mostrar que no sólo repasa una posible historia del cine, sino que revisa la historia propia, y la historia toda de este tiempo: la guerra, la posguerra, los dictadores, la represión, el exilio, los regresos, el amor, el sueño, las infracciones, la risa, el arte, los genios, la nostalgia.
Desfila aquí el cine francés, Godard con su leve ironía y sus tonos bajos, el cine italiano, inexcusable, con la emotividad y la risa de Tornatore o Ettore Scola, el cine sueco, con su velado moralismo, el cine norteamericano, alemán, polaco, español, latinoamericano y por supuesto argentino, desde las películas de María Duval y Golde Flami, “la buena” y “la mala”, hasta “GATICA, ‘EL MONO’” de Leonardo Favio. Un cine ingenuo, que adquiere el encanto del pasado, un cine dramático, como lo ha sido nuestra vida.
Creo que el tiempo es el gran protagonista de este volumen. El permanente rescate de lo anterior, la incorporación de tarjetas postales que pertenecen a una época superada, extiende considerablemente la sensación del “tiempo vivido”. Observador frío por momentos, en otros, espectador enamorado, el autor planea por encima de su creación, se resguarda, incita o participa. Hace una nueva “función”, espectaculariza a partir del film para dar a conocer algo de la condición humana, mientras “aquella sangre de la mujer ésta en mi cara”. Su poema “Super ocho” ejemplifica este espíritu, al ofrecer una curiosa “función” en que actores de lo más diversos cumplen roles insólitos.
El poeta–histrión-director cierra su libro, transido de humanidad y tiempo recorrido, y el lector reprime una lágrima o una sonrisa, abrumado por el cuadro tragicómico de la vida, por el peso de la historia que el arte aligera y hace soportable. Sabe que la pasión de Marcello y Sofía se continúa en miles de copias, y que la poesía a su turno le alcanza otro nivel de diálogo para compartir las experiencias de la vida y la palabra.


POESIA

CAMILA FABI
(Río Grande-Tierra del Fuego-Argentina)

I

Que se nos caen los ojos abiertos si se titula la exposición jamás expuesta en su totalidad, que se me adormece el cuerpo todo, hasta el contenido del vacío más profundo refugiado del tercer ojo abierto por poder realizar acciones opuestas y golpear golpeo lo brindado sin fuerza ni obligación, creyendo únicamente el hecho de sentirlo necesidad y sostener la lastimadura de límites-contornos colgando inquieta, saturando la estabilidad en el espacio reducido que se hace posible.

II

Con la lluvia se sienten respiraciones en tiempos distintos. Dos que intentan ser se desmoronan frente al estar así envuelto en papel, encuentro de una, producto de unión relativa en estallido difundido al amanecer, quien duerme chorreando sueño palpable de pie. Reinicio el surgimiento de esta habilidad que se tiene de mañana cuando el volver sobre los huecos dejados es formal, la que un desvanecimiento se centraliza en descubrir el fondo, quien atormenta la espera con una producción diminuta de desesperación hambrienta de un intenso recordatorio de vómito casi vómito casi hecho información no precisa para restablecer los ojos en el lugar correcto según quienes no soy yo.

III

Desde muy adentro me palpo hecha fragilidad,
me siento debilitar,
permanecer en quietud involuntaria
sosteniendo los párpados
y dejando mi mirada fija
sobre una receta deseable
que huele a culpa entre mis piernas.


CUENTO

VICENTE ANTONIO VÁSQUEZ BONILLA
(La Antigua-Guatemala)

LOS COLONOS

Hoy 31 de Mayo de 2144, es un día de trascendencia para el planeta y para el futuro de la humanidad. Las autoridades de la Unión de Estados de la Tierra se encuentran reunidas en el Cosmódromo Interestelar: Valentina Tereshkova; llamado así, en honor de la primera mujer que surcó el espacio en los albores de la era espacial, en un ya lejano año del siglo veinte.

La primera nave interplanetaria con colonos, sale del mundo azul rumbo al planeta sTs, recién bautizado como Neoterra, que orbita alrededor de Próxima Centauri, ubicada más allá del Sistema Solar, en la constelación del Centauro a sólo 4.22 años luz. Esta estrella difiere de nuestro Sol en brillo y en otras características, pero las condiciones orbitales del planeta al cual se dirigen los inmigrantes, lo hacen similar a la Tierra. En él confluyen las cualidades idóneas para el sostenimiento de la raza humana.
La enorme y moderna Arca de Noé cuenta con todo lo necesario para la dilatada travesía. El viaje, de acuerdo con la tecnología actual, durará 300 años terrestres. Los viajeros que hoy parten, desde luego, no serán los que llegarán a tan lejano destino. Es más, durante el periplo se sucederán varias generaciones.
La Tierra se encuentra sobrepoblada, ha agotado sus recursos naturales, los mares están contaminados y a punto del colapso. El consenso de los Estados determinó que es imposible que la raza humana, como tal, sobreviva. No es posible que todos los habitantes del planeta emigren y se salven de la inminente catástrofe. Pero para que la especie subsista, se dispuso que un grupo de voluntarios parta hacia ese distante planeta y lo colonicen en nombre de la Unión. Los medios de comunicación vigentes son de alcance limitado y en poco tiempo se perderá el contacto con la nave y con mayor razón con el planeta a colonizar. Es un albur que hay que aceptar.
Los voluntarios llevan la consigna de permanecer fieles a la Unión y de transmitirles a sus descendientes las directrices a seguir, en pro de la supervivencia de la raza humana. Los científicos creen que con el tiempo se descubrirán métodos de comunicación que superen a los actuales en velocidad y alcance, así como la creación de medios de transporte que sobrepasen con creces las velocidades existentes y que la relación con la futura colonia, en todo sentido, será expedita y eficiente, siempre y cuando la raza humana aun subsista en la Tierra. Los que parten y los que se quedan lo hacen con esa esperanza y convicción.
Nueve años después de la fecha de partida del planeta Tierra, la nave llega a los límites del Sistema Solar y se interna en las profundidades del universo, rumbo al nuevo hogar del homo sapiens. Las comunicaciones, como se esperaba, se efectúan con retardo debido a la distancia y en breve se perderán.
Después de casi dos lustros, la naturaleza mantiene en vigencia sus normas y la mayoría de las 500 familias ya tienen hijos que han nacido a lo largo de ese lapso y que continúan adquiriendo la ciudadanía de la Unión porque su soberanía se extiende a ese medio de transporte.

La nave es el emulo de un pequeño país, en donde la vida se desarrolla con todos sus vaivenes. Han ocurrido, además de los nacimientos, matrimonios, divorcios y muertes. Los ritos fúnebres incluyen una ceremonia especial en donde los difuntos son lanzados al espacio en cápsulas herméticas que vagarán por el universo en un viaje infinito.
La interacción humana se da en todas las esferas. Los niños asisten a escuelas y reciben clases multidisciplinarias. La educación superior comprende el adiestramiento para la operación de la nave, la asistencia a sus moradores y desde luego, cubre la historia de la Tierra. Es ineludible que las nuevas generaciones estén enteradas de qué planeta provienen, qué se espera de ellas en el largo éxodo y a dónde llegarán sus descendientes. El civismo ocupa un renglón importante dentro del plan de estudios. Es necesario mantener en alto el orgullo de la especie y la fidelidad a la Unión.
Han transcurrido 200 años. En el navío espacial no queda nadie que haya conocido la Tierra; para los actuales viajantes, es sólo historia. Surgen los primeros gérmenes de rebeldía e inconformidad:
—¿Por qué tenemos que guardarle lealtad a personas que no conocemos y que ni siquiera habían nacido cuando nuestros antepasados iniciaron el viaje? —Ellos mismos, los actuales viajeros, no serán los que llegarán al final del itinerario.
Después de 280 años el viaje se aproxima a su fin. Aquellos gérmenes de inconformidad de hace 80 años han encontrado tierra fértil y se han transformado hasta convertirse en un movimiento popular de independencia que se extendió por toda la nave. ¿Para qué le iban a guardar fidelidad a unos seres que se encuentran tan distantes, a los que para rendirles informes y esperar su respuesta, tendrían que transcurrir, en el mejor de los casos, 600 años en un viaje redondo?
Ellos, la mayoría de ellos, pisarán el planeta que será su hogar y lo harán en nombre de una nueva nación, la propia. A estas alturas, quizás los habitantes de aquel mundo del que les habla la historia ya han sucumbido ante el cataclismo que les deparaba la sobrepoblación y el agotamiento de sus recursos. Además, ¿quién de los actuales viajeros estaría interesado en emprender un viaje de regreso?, si saben que su vida transcurriría en la nave y que el extremo de una nueva cadena de descendientes sería la que llegaría a ese planeta remoto, llamado Tierra y que quizás en ese momento sea un mundo yermo.
Veinte años se pasan volando. Es necesario desde ya, elegir al nuevo gobierno, promulgar las leyes que regirán a la incipiente nación y al país por fundar.
El viaje se aproxima a su final. Pronto entrarán en órbita, todo está listo en lo que a gobierno y a leyes se refieren. Es cierto que les espera un arduo trabajo, empezar desde cero, pero tienen la voluntad para hacerlo.
—Y si a aquellos terrícolas, de allende las estrellas no les parece, que vengan y nos lo digan. Ya somos más de 2000 familias, para ser exactos 2016, con un sentir casi unánime.
No se puede pretender que todos los viajeros piensen igual, pero como siempre, la mayoría se impone, y si algo hay que agradecer a los científicos que planearon ese viaje, es su previsión de espacio para el aumento de la población que se daría durante el traslado, los mecanismos necesarios para la conservación de los recursos para su manutención y la exactitud de los cálculos programados para arribar al planeta en el tiempo y en el punto justo para el descenso.
La nave aminora a velocidad segura, entra en la atmósfera y comienza el descenso automático, todo fue determinado al milímetro y responde a los requerimientos preestablecidos. La emoción embarga a esas 2016 familias, que están haciendo historia. Su propia historia. Por fin pisaran suelo firme, conocerán algo diferente al interior de la nave y serán dueños absolutos de su destino.
La expectación crece, los años de encierro parecen cortos ante los largos segundos que quedan para que se abran las compuertas y salgan a respirar aire puro, algo que varias generaciones no hicieron y que ellos serán los afortunados de disfrutar. De acuerdo con un improvisado protocolo, se ha acordado que por la compuerta principal salgan las autoridades que regirán la nueva nación y que por las otras desembarque el resto de habitantes del naciente país.
Las salidas se abren y la expectación no tiene límites. Sin que se pueda detener la avalancha humana, por todas las escotillas brotan los viajeros, deseosos de conocer su nuevo hogar.

Los aplausos, los vítores, la música marcial y las luces de las cámaras fotográficas, los dejan patidifusos.
Son recibidos con entusiasmo por los habitantes del planeta al que arribaron y que son los descendientes de los terrícolas que vinieron hace 150 años, gracias a los adelantos científicos que los dotaron de transportes más veloces, los que fueron desarrollados después de la partida de los viajeros de la antigua nave que acaba de aneoterrizar y la que de acuerdo con registros históricos, era esperada para esta fecha.


ENSAYO

JORGE PAOLANTONIO
(San Fernando del Valle de Catamarca-Catamarca-Argentina)

LÁUDANO
MARIZEL ESTONLLO
(CABA-Buenos Aires-Argentina)
Fundación Victoria Ocampo, Bs. As. 2011

En varias ocasiones durante la escritura del libro que nos toca presentar he oído a su autora afirmar que estaba trabajando en un libro de resonancias alquímicas.
Uno de los dictums de la Alquimia, en Latín, es “ solve et coagula ” – disuelve y coagula, separa y une . Aquellas escuelas herméticas que consideran a la Alquimia una disciplina filosófica y espiritual sostienen que la ALQUIMIA EXTERNA -transmutación del plomo en oro- es analógica a la ALQUIMIA INTERNA -trasmutación del CUERPO FISICO para convertirlo en INMORTAL. A tales fines, desde los Persas en adelante, los alquimistas se avocaron a la búsqueda de una PIEDRA FILOSOFAL -substancia básica para alcanzar el fin o propósito de ambas alquimias.
La historia de la industria química demuestra que los alquimistas contribuyeron en buena medida a la experimentación y refinería de metales, producción de tintas, tinturas, pinturas, cosméticos, etcétera. El doble origen de la Alquimia tanto en la filosofía griega como en el conjunto de la tecnología mesopotámica y egipcia marcaron, desde entonces, un doble abordaje – el tecnológico u operativo [lo extravertido] y el místico, contemplativo y psicológico [lo introvertido]. Pero estos resultan no ser excluyentes, sino complementarios, en tanto la meditación requiere una práctica en el mundo real y viceversa. Es Zósimo de Panópolis el nombre más relacionado con la consideración de la alquimia como disciplina espiritual. Para él la transmutación [externa e interna] simbolizan la evolución de lo imperfecto- enfermo-corruptible- efímero hacia lo perfecto- sano- incorruptible- eterno. Los textos escritos bajo esa creencia consideran a la críptica simbología de la alquimia como textos con varios niveles de significación, alegorías y referencias. Para ellos una paciente y laboriosa decodificación se hace necesaria.
La nota introductoria de la autora está orientada por este dictum de “solve et coagula” y por ello se refiere y refiere al lector a ese doble abordaje no excluyente.
Nuestra aseveración termina de evidenciarse en el título. La tintura de opio o LAUDANO creada por Paracelso [ Phillippus Aureolus Theophrastus Bombastus von Hohenheim [Austria, 1493–1541)] y altamente indicada para reducir dolores de muy distinto origen. Recibió de él el nombre de LAUDANUM, derivándola del verbo latino LAUDARE –que no es otra cosa que loar, alabar, laudar, cantar .
¿Cómo canta Marizel Estonllo en este LAUDANO? Y al hacerlo, ¿cuántos dolores mitiga? ¿en qué búsquedas se interna? ¿qué decodifica?
Hay varias instancias.
Su ‘leyenda impresa en el envase de Láudano ' es un rótulo revelador: el desarrollo textual desinstala prolijamente la fórmula seca para instalar poesía pura.
Y enseguida, un pórtico nos permite “ escuchar lo que late sumergido ”. Allí se revela una imagen que recurre en todo el volumen, la del “ desvelo de una niña sola, sin su vestido de luna, con la intacta avidez por la sombra y su densidad en la sobria tristeza del agua ”.
En una primera sección, el abordaje se envuelve en la memoria “ de la botica ” –‘ una letra con rasgos heredados / abuelo, padre, hija mayor '. La infancia establece un mundo: ‘contar algo de la infancia es siempre un mito (…) enfrentar al Minotauro sin darse golpes en la cara ', dice la voz en Sótano. Y, en otro tramo, expresa: “ hablaban en voz baja / para que no escucháramos lo clandestino ”. Allí, se combinan circunstancias y substancias a las que se suman elementos; así, adquieren una dimensión que combina realidad, mito y metáfora en un juego de acierto poético que resplandece. Nótese el tenor de sugerencia de líneas literales como ‘ hay sustancias que echan humo al disolverse en el agua ' [ Caústicos ] o ‘ bebíamos el licor de las hermanas / mi padre ofrecía esa poción / bálsamo de los primeros espasmos en la pubertad de sus niñas' [ Licor de las Hermanas ] o la delicadeza de un título: ‘ Agua color cielo despejado también llamada agua de Alibour '.
Otra sección apunta ‘ cuestión de dosis '. Y otra vez, la duplicación significante de un verso describe lo vital: ‘ durante el invierno / esas pequeñas flores / llamadas alegrías del hogar/ se mantuvieron tímidas '. Y justamente la poeta va midiendo y revelando en dosis aquellas ‘ zonas que permanecen en los velos de la niebla '. Aquí confluyen sentimiento decantado, infusiones de tiempo y el veneno que amenaza la sinceridad; en su justa medida, es la madurez quien se asoma. El producto es ‘ el vino de la evocación, un delicado brebaje que angostará la angustia hasta desaparecerla '.
Este microcosmos que Estonllo exhibe en multifacética vidriera parece tener escenarios puntuales: el de la botica en sí –sótano y estanterías incluidas- y la trastienda, en la más rica acepción del término. Pero Marizel los lleva más allá para que estallen en una pluralidad de sentidos.
Y si el láudano cura dolores, la poesía tiene mucho de ello –dice la voz basándose en palabras de Kavafis. Y en un poema revelador –Remedio Universal. Queda expresada la idea de ir ‘del láudano que mitiga, a la panacea que todo lo cura'. Estamos, precisamente, en esa instancia que planteábamos de la alquimia como búsqueda, en tanto disciplina espiritual. La poeta, comprometida en su búsqueda, asevera: ‘ Ahora Nosotros seremos los artífices'.
La serena belleza del impresionismo –como línea lírica y como imagen visual- va permeando con la sutileza que le es propia muchas de las improntas de todo el libro. Las ‘nubes de Turner', los velos de la niebla, la lluvia mansa, el humo –todas concurren para sumarse a una voluntad etérea en su formulación pero absolutamente concreta en su intención de plasmar un forma de sentir y de pensar. Y si en un principio hablábamos de la alquimia para ‘disolver y coagular' o ‘separar y unir', es la propia voz de la poeta quien habla de ‘convergencia y cruce' en una línea donde el impresionismo se adensa: ‘ convergencia y cruce / donde estamos apenas vistos/ en la estación de las penumbras / Apenas oídos como el sonido de los buques en las dársenas postergadas '.
Placebo es otra reveladora sección que se despliega en tres composiciones girando sobre la idea de que ‘ cada mujer anima y crea un mundo / cuando ama/ y es amada por un hombre '. Pero nos encontramos con la línea ‘ padezco entonces un síntoma de niebla / lo veo en todas partes y no puedo recordar su rostro ‘. Es ésta su revelación personalizada de la incesante búsqueda que todos los humanos hacemos del amor. Aquí asisten a la poeta muchas de sus preferencias estéticas y esotéricas –Gershwin, el Greco, el ocultismo, la astrología, la poesía china, el hinduismo esencialista.
La última sección se refleja en esa fórmula o acrónimo que conocemos al comienzo de toda prescripción medicinal. Y es aquí donde la voz de profunda melancolía revierte para abrirse en una propuesta que, sin perder pie en la realidad circundante, se enciende en la esperanza y la reparte y comparte: ‘ Mañana ya quedarán cenizas / para la reconstrucción // Inventemos el remedio / Crear / con lo que haya. ‘ (…) ‘ hacer bálsamos de las propias llamas / pociones y brebajes para atenuar el dolor / (…) comprender el eslabón / la función de la fe '.
Comenzamos diciendo que Marizel creía estar trabajando en un libro de resonancias alquímicas. Nosotros creemos que ha ido mucho más allá: ha entregado con voz y vivencia propias su amorosa fórmula para asordinar el dolor profundo de la existencia misma. Ha usado para su LAUDANO una gran parte de su propia experiencia y su deseo panteísta de que ‘ cada cual renazca templado en la aurora del espíritu '.


POESIA

OSCAR WONG
(Tonalá-Chiapas-México)

PIEDRA QUE GERMINA

Después que me miraste,
que gracia y hermosura en mí dejaste
SAN JUAN DE LA CRUZ


Como raudo rayo fecundado
el Amor desciende.

Con sus garras abre
surcos en la tierra.

Y crece el musgo,
el limo blanco, el árbol
venerado por la tribu.

Y la ternura crece
sobre el alba.

Y el corazón del día surge
como denso susurro
de la roca.
Y el océano inicia
impetuosa danza consagrada.
aquí el fulgor renace.

Si pusieras tus ojos en mis ojos.
Si pusieras tus labios en mis labios.
Si tu boca afuera abeja enardecida
O aguja voraz hurgando en la sangre.
Si te posaras, sedienta, entre mis piernas,
te amaría densa, torva, tiernamente,
como quien por primera vez asoma al mundo,
como quien por primera vez
desgarra una violeta.

Todas las cosas arden si te miro.
Todas las piedras germinan si te amo.

Como gorjeo intempestivo vienes
y tu presencia bebo cual arroyo
donde los ángeles se inclinan.

Como una lenta danza que seduce,
como rocío fértil en la arena,
como la castidad del santo que crepita
ante la suave perfección de la figura inmaculada
vienes.

Qué arduo trabajo el tuyo, Amada: ser hermosa.

El graznido del cuervo me estremece,
el vuelo del pegaso me seduce,
el gorjeo de tu voz me satisface.

Sin ti, abeja tierna, el Universo carece de sentido.

Como un patriarca fiero me conduzco,
como un profeta sabio te profano.

Amada Reina del Valle de Jovel,
La del Rostro Dulcísimo y Terrible,
Sé que vienes de donde crecen los manzanos
Y que en tus ojos anidan las colmenas.

Ay cuánta miel derramándose en el iris
Y cuánta perfección en tu figura.

Que el oro de mis besos te sostenga.
Que la roca de mi canto te consagre).


A TI NO TE DERRIBARÁ la muerte.
A ti jamás te tocará el olor maldito de la tumba
aunque las leyes de la flor, la insobornable
rueda del verano se deslice, y perturben
y acosen tu belleza.

Gacela, grulla o corza
como una madre tierna te cobijo,
pero tiemblo si un golpe lúgubre
de realidad te toca.

Conjuro la presencia de lo eterno.

Brillante lágrima de sol:
yo desperté a la serpiente,
yo vi temblar al unicornio,
yo desaté al dragón enfurecido.

Frágil, perturbado,
para cantar escucho el ritmo lento del silencio,
para amar me sumerjo en el vacío.

¿Quién dice que el terror calcina?

Desde la esfera más alta entrego
mi voz en el océano.

Y palpito
y me erizo
y me consagro
ciego.

Turbo la turbia tarde.

El corazón alberga rosas, muñones agrios,
amargas fauces que devoran.
También es puño enronquecido.

Pero me doy a ti cual caracol sediento.

Delirio, purificada brasa que palpita,
¿ante la Luz qué hacen los ciegos?

Me inclino, hierba endeble, si me miras.
Mi corazón naufraga en ola súbita.

Fulgor sonoro al mediodía eres,
arena humedecida la ternura.


DONDE LA PIEL SE INCENDIA

Del manantial,
de la cantera gris,
del león petrificado -piedra labrada por la bruma-,
del Templo aquel donde el alba se arrodilla,
de la cuesta de las rosas,
de la pendiente enardecida por el toque del fulgor
viene crascitando la alborada.

Aquí el destello juguetea con los trinos.
Aquí las buganvillas labran dulcemente el horizonte.
Aquí el abeto surca el valle
y los pinos sacuden la muralla de niebla.

Astro que atrapa ese lucero la claridad estalla.
Esquirlas de esplendor esta pupila.

Rojos, amarillos, malvas en el centro de la ciudad.
Una araucaria se yergue, altiva, ante el rocío.
A lo lejos, viejo centinela, duerme el Junchavín,
en sus entrañas el fuego se congela
(copos de lava verde su ladera.)

Orquídea frente al viento la mirada se estremece.
Hunde sus dedos en la cabellera del estío.
Ciega palpa el aire.

Torpe mariposa que se estampa en el cristal
el mediodía salta ahora.


Luz: espejo a la deriva.
Tremola en la sonrisa adolescente
que remonta mis jardines.

Amo el olor a trementina, la juncia derramada.
Amo las piernas de la niña que sostienen el anhelo.

Ventana frágil me someto a la lujuria.

Ese lunar está ahí, como la piel que vibra
y se renueva con mis besos. Tiemblo
cuando la piel transpira en otra piel,
cuando la boca se repite en otra boca,
cuando los muslos enardecen mi cadera.

Con mis labios invento tu pezón,
con mis manos te pervierto.

Me adentro en ti, me repito en el ritual del mundo.
Y soy el Hombre y la Mujer,
lengua que hurga en los resquicios,
fulgor que se derrama.

Soy el que nace cuando gozosa me recibes.

Digo tu nombre tiernamente
y una mujer madura asoma en la pupila.


COMO UN CLAVEL deshojas la nostalgia,
obstinada brecha al pie del horizonte.

Juego a que la mano te despeina,
acaricio tu mentón como el alba los cristales.
Jalo tus cabellos, riño contigo.
Soy un chiquillo cuando monto en el candor,
palabra que zurea en tus oídos
(el áspid de la soledad acecha, crece.)

Tus ojos, taciturna miel.
Tus labios, caricia de espuma que reclamo.

Contigo voy por los caminos que ahora se me ofrecen.
Contigo hago que las zarzas germinen el desierto.

Destello de sol sobre la cresta de la ola
esta canción es para ti.
Esta semilla reverbera en tu regazo.
Esta raíz se aferra a los espejos.

Espantada la muerte retrocede.

No más dolor.

Ya basta del colmillo hincándose en la garganta de la aurora,
la garra de la pena devastando las heridas.

Ahora canto.
Pastor en la ribera toco la flauta del Amor.

Con mis manos invento el alborozo:
tienes la suavidad del musgo,
candidez de sol flotando como lirio.

Sonríes.
Aromas los frutos del rubor.

AUNQUE AHORA ESTOY AQUÍ, caballo desbocado,
unicornio arremetiendo contra la doncella
(ojos inyectados de luz enloquecida,
belfos oscurecidos por espumarajos blancos.)

Yo vengo de la sal, del oleaje turbio,
de la palmera rota por el hacha de la ira.
Vengo de la calle soleada, de los techos de teja rota,
de la casa derruida por el odio.

Flores envenenadas arden, cenizas mustias gimen
en la llaga que aún no cicatriza.

Ahora estoy aquí,
sonido luminoso acariciando la ciega flor del mediodía,
cristal mojado frente al viento que ulula,
brama: dragón herido por la espada.

Sobrevivo como hierba en los breñales.

Trébol de cuatro hojas en medio del asfalto
me entrego al mundo con una sonrisa desnuda de intenciones.

(Esa muchacha escucha la campanada azul de la fortuna:
un cuadro de Tamayo arde como una roja estrella,
el muro amarillo ciega a la mujer
atrapada por el trazo firme de la mano.
La espátula del Amor se apoya en el matiz rosáceo.
El ojo brilla, fulgores de espuma nacen del iris,
grano de trigo en tierra fértil.

Esa muchacha es una pluma de ángel
sentado en la cresta de la sangre caliente,
oscura furia sacudiendo mi desolación.
Soy el Personaje en rosa tocado con un sombrero de silencio,
mientras un viento rojo simula ser el marco
donde mi piel se incendia.)

Ahora estoy aquí, me digo,
entre el delirio de la luz. Me esponjo
como un gorrión que busca las manos cálidas del día.
Estoy aquí, como metal ardiendo
para forjar el nuevo corazón de Comitán.

El coletazo artero de la melancolía me doblega:
ahora la ciudad se abre paso con su alarido de sirenas,
resbala y crece por mi frente
con sus edificios temblando ante el relámpago del miedo.

Se desangra la ciudad por la garganta abierta del dolor.
Se deshoja la ciudad, margarita en medio del océano.

Dulcísima ciudad que zumba: colmena de luz desconcertada,
golondrina abatida por el escopetazo del terror.

La aljaba de mi canto chorrea la sorda sombra de los muertos.

Muerdo el durazno del llanto.
Me acurruco en la esquina de este verso.

Ahora los cipreses se esfuman entre la niebla.
Flota el vaho frío de la desazón.
Cuajarones de bruma desgarran el paisaje.

Lejos del tezontle,
lejos del escombro endurecido vengo.

Del oleaje torpe del asombro vengo,
como aquella adolescente contemplándose ante el espejo.
Y nadie, nada, sólo "la oculta soledad" había.

La memoria me doblega como la carga de leña
en la espalda del indígena.

Esqueletos, espinas ensombrecidas arrancan girones de penumbra.

Muerdo la manzana de la expiación.

El fulgor enloquece a la retina.

Balún-Canán, Chiapas, septiembre de 1988


CUENTO

MANUEL LOZANO
(San Francisco-Córdoba-Argentina)
-Derechos registrados-

OTROS NOMBRES PARA LLAMARSE EDITH SITWELL

Entrarías en el palacio de las emboscadas, entrarías para no defraudar tu valiente destino de volver asimétricos los juegos perversos de estos comensales.
-Ahora están las paredes derruídas- me dicen Lawrence Alma-Tadema y su hija Laurence, apóstata de las palabras. Sólo me atrevo a contestarle con mi soledad y le grito:
-Qué pueden importarme estas ruinas, si no vengo a buscar un cuarto propio, como Virginia o Katherine. No pretendo instalarme en cualquier recodo, so pretexto de usar una clara idea de orfandad.
Las tardes son tan largas como las mañanas aquí.
Debajo de los párpados tiembla un palimpsesto que finge escribirme. Pero no es ése mi nombre. ¿Estará en los subsuelos disfrazados de cavernas del palacio? ¿Por debajo del centauro de oro del vestíbulo?
Sé que los vestíbulos me rehúyen porque mis ojos vieron, alguna vez, cómo los cuerpos desnudaban su secreto de adiós, fulmíneamente. Tal vez pensé en ellos como preludios de una mentira, de una crueldad, de una pesadilla elusiva, de las visicitudes lascivas de la nobleza, de las falsas misericordias de unos padres extraños.
Quizás uno de mis nombres verdaderos sea zozobra, pero la zozobra de naufragio: aquella en que el bogavante deja de ser Ulises para convertirse en Satán.
¿La tribu de Svevo? ¿El sol negro de Jonathan Swift para el cinismo? ¿La nada sentida físicamente por Emily Dickinson en esquizofrénicos salones de un Amherst puritano? ¿El vacío en el revés de una constelación jamás alcanzada por telescopio alguno? ¿La primitiva traición de la sierva de los vicios? ¿El nombre secreto de Roma o de mi hermano Osbert?
Oniria me busca.
Lleva moscas y hormigas en su sombrero. Oniria es una hembra acostumbrada a despedazar toda idea de porvenir. Para ellos le bastan la numeración duodecimal, el frío resplandor de los inviernos, y un cuchillo de acero.


ENSAYO

ROCIO POCHETTINO
(Río Tercero-Córdoba-Argentina)

AVES DE PASO
SUSANA SZWARC
(Quitilipi-Chaco-Argentina)
Editorial Casi Incendio la Casa, Buenos Aires, 2009

En lo separado: el espacio

Nicolás Rosa, siguiendo a Michel Serres, nos enseñaba que el espacio textual es también un espacio geodésico, un efecto de mapping atravesando las figuras del mundo y del sujeto. Los accidentes geográficos condicen con el camino accidentado de la morfología textual: los pliegues y despliegues, el caos, la catástrofe, el derrumbamiento, el terremoto, implican la posibilidad de leer a un mismo tiempo, campos y tránsitos. El atravesamiento y las travesías, traen consigo la lectura de los movimientos y la pregunta acerca de cómo se nos cuenta el desplazamiento, qué marcas o huellas se siguen en el camino trazado.
Susana Szwarc, en una habitación imposible –residencia en tránsito-, escribe aquella pregunta. El poema hospeda un ¿cómo? desde el cual los movimientos de la voz reconocen el espacio.
Una voz en los poemas de Szwarc se vuelve sostén de ese interrogante: exploradora o intérprete, norte o destino, nos orienta: “Veamos lo real: / por ejemplo el río /-de acá hasta acá / podríamos inventar / una puerta para la casa / pero no-…”. Somos adiestrados mediante una deixis fluvial en la cartografía de lo real, de “lo real salido de cauce”. A partir del señalamiento, todo linde se sabe imposible; lo real, como los ríos chaqueños, sólo saben de desbordes, de la invención de otros cauces, de hacer de los habitantes de sus orillas hombres sujetos a la sorpresa, la premura, y el tránsito. Pero pese a ello, otra vez, como las aves de paso, se vuelve a habitar ese espacio como un retorno –sin retorno- a lo real.
El cómo nota una mudanza: movimiento del mundo, movimiento del yo desajustado y de sus proximidades. Fluye el río inundando lo real, ruedan cabezas, el vino se derrama. Susana escribe el fluir, el ruedo, el derrame. El yo contempla esta marcha, el yo asiste a su propio temblor, el yo vibra con otros. Todo es inestable: “¿cómo podrían / desde esas voces expuestas / las bocas trasladar su equipaje?” (Equipajes); “¿cómo hallar ahora / alguna utopía / o quien rece a la misma hora / que el gallo?” (Desencuentro). Aquí ya no estamos ante la voz preceptora que indicaba confines, sino ante la presencia extática de quien se halla perdida o absorta. En las cabezas que ruedan, con sus fauces desquiciadas no hay lugar para asumir la palabra serena, sabedora, apuntadora. En sus voces no puede montarse una mudanza resuelta. Hay ajetreo y pérdida, un rumbo desajustado. Lo suelto o lo desencontrado se anuda en el campo de un yo que empieza a reconocerse extrañado. Por eso, en el apremio del despertar y hallarse en el certero retraso, le pregunta a la madre sobre lo perdido. Extraviado para siempre, la interpelación se sujeta ahora a la figura paterna o divina que en descuido lo ha abandonado. Pero el yo no se halla solo. Construye proximidades: las “hijas”, los “sobrevividos” (Desencuentro) y “desamparados” (Reliquias), los que “prometemos” (Austeridad), los arrojados “en días de diluvio” con quienes repartir alguna delicia (Traicionar-lo).
A un mismo tiempo que la proximidad hace ceremonia obstinada, el yo adivina en el juego de las distancias entre textos, formas de traducir o interpretar lo inasible de la mudanza. El mudado en insecto, el texto mudado en otros, en el vértigo de otros textos torciéndose en cuerpo-letra (K). Y en otros textos que pueden ser los velados, lo no exhibido, lo olvidado o negado que regresa. El uso del paréntesis parece montarles un refugio o un coto, presumir el rumor de las formas, señalarlo: la imagen del deseo. En un presente inquietante, la voz nombra las señales del rapto, como los sonidos de una motocicleta o el destello de un cromado en el desierto. Como los sonidos del agua en la siesta. Como el tacto sobre las telas en la tienda. Como las frituras y su olor. Allí el rapto de la memoria, aquí lo (de)velado: el amor de quien se fue del pueblo, el libro oculto, el padre y la sed, el cuerpo (des)vestido. Y con ello el mapa de lo clausurado: mosquiteros, sábanas o frazadas, organzas o géneros cubriéndolo todo (Reliquias, En el olvido, Patios, Cerrado); puertas con trancas que ya no permiten ver el cuerpo vistiéndose o disfrazándose, no permiten ver cómo se mide y se hilvana (En el olvido, Cerrado); luminarias apocopadas como intermitencias sobre el cuerpo de la muerte (Rapto). Pero algo se ve abrirse en el espacio y en el tiempo del yo, son las horas y el patio de la lectura. En esas escenas del encuentro con el libro, el libro al que se vuelve -en la repetición y el goce-, o el libro que se oculta –en el exorcismo del agua bendita-; la tierra se accidenta en pozos. El aljibe como descanso en la sed adolescente, o el foso que se cava con la pala y en cuyo borde la niña asiste a un entierro. En ese linde, la pregunta deja de ser el cómo, para convertirse en un interrogante sobre el destino: “¿dónde aún me harías caer?” (Horas). Si el procedimiento ya es reconocido, y excavar ha sido señalado como tránsito de la memoria, entonces, entre el deseo y lo que se sepulta, entre el cuerpo y lo que lo surca, entre la pala del padre y el patio materno, entre la sed, el agua y la sombra, está la geografía del pasaje. Son horas las de la ceremonia de pasaje, es una hora la del gallo que ya no canta, es un desliz –un movimiento- el día más perfecto, el día de la escritura.
Aún después: el tiempo
¿Qué es el hallarse o no en un espacio? ¿Qué es el hallarse-animal en un espacio? ¿Qué es el hallarse-animal en un espacio aún después? ¿Qué hacer con un aún después que retorna, que interpela como campo inhóspito el presente? ¿Qué es el presente sino un imposible de habitar?
Susana Szwarc ensaya las formas de aves y animales, absortos del tiempo, como posibilidades de habitarlo. Mudarse en animal. Transitar con mirada aérea el pasaje del yo y de las generaciones, atravesar desde una distancia afectada el cuerpo íntimo e histórico, son formas de permanecer en el interrogante acerca de lo que se reconoce y desconoce. El cuerpo amado, el inquieto, el refugiado, el cuerpo réplica, el de comunidades que aún insisten en la vuelta, en lo estacional del florecimiento. Entonces, si aún después, la respuesta es un “no me hallo”, yo o ave, sabrán mudarse y hacer del pasaje un cómo y un dónde, aquella única persistencia que no cesa en regresar.


POESIA

TANIA ALEGRIA
(Lisboa-Portugal)

FUE ASÍ

Fue así: una especie de desorden
en el flujo del tiempo.

Insólito y absurdo.
Un águila con vértigo de alturas.
Un pez con miedo mórbido del agua.
El personaje cuyo nombre huérfano
no se encuadra en la propia biografía.

Y sin embargo
hubo algo de bello y sorpresivo
como una iglesia gótica en la playa,
la nieve en la planicie de Castilla,
el vuelo de los cisnes sobre un lago.
O entonces Times Square cuando anochece.

A veces fue pletórico
como un viñedo en tiempo de vendimia,
el olor de la tierra cuando llueve.
O más bien el Concierto de Aranjuez
en jazz, por Miles Davis.

Fue así. Y de pronto no era nada.
Fue como si jamás hubiera sido.


EN PRIMERA PERSONA DEL SINGULAR

Nunca quise ser pájaro.
No sé por qué insisto en mantener las alas.

Por decirlo sin sombra de retórica,
me acomodo de bruces en algo que amenaza
ser una reflexión de orden sensorial:

Acabo de instalar en el teléfono
un poema sinfónico de Liszt,
donde se infiere un ego dimitido
de mi generación Kerouak-Ginsberg.

Hay otros síntomas:
Me pienso samurái en un bosque de espejos.
Navego el tragaluz en un barco sin quillas.
Sólo me falta para ser otra persona
que me compre una casa en la Toscana.

Nada de eso estaba en lo previsto
cuando dejé mis márgenes
llevándome un olvido de la mano,
paraguas –por si llueve–
y mis pañuelos de decir adiós.

Llegué despaginada al otro lado
de mis cincuenta y siete travesías.
Mejor asumo que desvié la brújula
y me dejé caer en el sistema.

Deberían vender en algún sitio
un manual de existencia que enseñe una mujer
a no desescribir su propia historia.


CENDAL

De una tumba a un destiempo
trenzamos un cendal de paradojas.

No existe en el diseño de mis mapas
un territorio abierto a las colmenas:
si fueses miel yo no sería boca.

Si fueses fuente no sería sed.

Por otro lado
(hay siempre el otro lado de la hipótesis)
no existe en el rondel de tus esferas
vía para mi elíptico trayecto.

Si fuese cumbre no serías cóndor.
Si fuese fiera no serías caza.

Sin embargo
(hay siempre un sin embargo al quemar naves)
al pensarte veneno, sal, resina,
qué lástima me da que no haya sido.


CARTA (II)

Te escribo en el reverso de un ticket electrónico
desde un aeropuerto cerrado por dictamen
de humo y de cenizas.
Y se me hace cuento
que el cielo haya sido vedado a las palomas.

Sabes de qué te hablo, de mi suerte viajera,
del ansia de contarte
ideas que tomaron forma de laberinto:

Si en mi sino de ave migratoria
que sumisa a su hado se bebe latitudes
mis alas se quebrasen;
si acaso tropezara
en la línea sutil del meridiano
que divide mi exilio en hemisferios
llevaría conmigo al despeñarme
los fragmentos de ti de que me hiciste cómplice.

En lecho de sargazos yacerían
enredados en algas, singlando entre despojos,
la magia de tu voz arrabalera,
tu Sur, nuestro evangelio, el pozo envenenado,
la lluvia sobre el patio, los lunes de diciembre,
el muro, las glicinas, los umbrales y espejos
tu genio y tu carisma,
mi memoria de ti
y la idea que tengo de tus ojos.

Ya ves, te pienso siempre,
y sólo con pensarte me da pena
arrastrar tu destello en mi equipaje
si se desvive el hálito
con que entre los relámpagos te nombro.

Así, te dejo escrito en una estela:
si algún día se ahoga con mis alas
esa ochava de ti que fue tan mía,
lo cuánto me quisiste, lo tanto que te quise,
perdóname el naufragio.


CARTA (III)

Tu silencio es un campo de explosivos
a punto de estallar en mis adentros.

Mientras contengo el susto en sus acequias
me corto el pelo, podo los rosales,
limpio el jardín, reúno los limones
que ruedan por el suelo de verano.

Pongamos –por ponerlo en jeroglíficos–:
mejor me informo
dónde te fuiste a ser tu mismo a solas,
indago de Isabel tu paradero
o me llevo a tu perro de la cuerda
por rastrear tus huellas en el barrio.

(Esquivo los presagios imprudentes).

Releo Yourcenar por encontrarme
con "la pequeña alma errante, blanda"
de Adriano, su imperio sin confines,
su desdicha de amor,
su lenta muerte escrita.

(Habrás ido a Chicago de emergencia
o al campo en vacaciones).

Acabo de firmar nuevo contrato
para editar El Libro de Ismael
que nunca más termino de escribir.

A veces se me ocurre lo peor:
fuiste apurado del discurso al beso
y el corazón no supo acompañarte.

(Me veo transitar La Recoleta
buscando tu apellido en una lápida).

Debo hacer lo que cumple en esos casos:
me meto a peregrina de turismo
y me voy a tomarme un té de menta
a Djema-a el Fna en Marrakech.
Tal vez ponga un anuncio en algún quiosco:
se busca a un hombre en el brocal de un sismo
a oriente u occidente de Arenales,
tiene marcas de guerra en el costado,
y adentro lleva un duende
que suele armar un púlpito en su pecho.

(En días, un salvaje que lo habita
inaugura un abismo en cada sombra).

Volverás –como el viento, vuelves siempre–
turbado por la hiriente lucidez
con que cruzas las calles del absurdo.

Entonces te diré: te necesito
para reconducir alguna estrella
que el ritmo desvaríe
en el refrán del cosmos.

(Si cada corazón sabe su límite
el del mío es la palma de tu mano).


CARTA (IV)

Piénsame anclada en niebla.

Llevo oculto un collar de noches blancas
bajo la burka de un misterio nuevo.

No es de verdad que te inventé adrede
por escribir de mí para conmigo
cartas que nadie nunca me responde.

Pongo la mesa del café cada mañana
para veintidós ninfas,
abro la jaula donde guardo sátiros
y adorno con guirnaldas los dinteles
por leer tus mensajes
mientras celebro ritos panteístas.

Cada día descifro los vestigios
del fardo de rutinas, las batallas,
los rastros de los sueños en la hierba
si hace niebla o sol sobre el perchero
donde sueles colgar tu piel de tigre
después de destrozar las tempestades,
y atisbo, desde lejos –si es el caso–,
los bordes de la herida.

Y si a veces te escribo como si no existieras
es que me dueles tanto
–daños colaterales del afecto–
que de doler me vuelvo endecasílaba.


CUENTO

SANDY VALERIO
(Santiago de los Caballeros-República Dominicana)


EL ÚLTIMO REGALO.

Has terminado de pagar los artículos que compraste para tus hijas. Los cuadernos de la más grande, la leche y los pañales desechables de la pequeña, así como algunos dulces para su merienda. Todo lo has pagado con los mil pesos que te dieron por el televisor, cuando lo empeñaste. Te han quedado cuatrocientos pesos de los cuales doscientos son para dárselos a la que era tu esposa, pues tienen cinco días separados.

Sales de la tienda y la alegría que te embarga te produce una arritmia cardíaca. Esto te produce ráfagas de pensamientos de las diferentes circunstancia en que te has visto envuelto en las últimas semanas por causa de la que era tu mujer. La que hace cincos días te abandonó para juntarse con el padre de la niña más grande. La que quieres como si fuera tuya.

El pensar en él te molesta más que pensar en los otros hombres que te han dicho que se han acostado con Margarita, la que amas, la que no se te sale de la cabeza. La que le perdonarías el haberse acostado con la mayoría de los hombres del barrio.

Esos rumores a ti no te molestan, pues son rumores de la gente del barrio para hacerles daño a ustedes dos y separarlos. Eso te dices para auto consolarte. Lo que sí te molesta es que esté viviendo con ese hijo de perra que nunca le ha dado nada a la niña y que siempre se ha burlado de ti por mantenérsela. Hace apenas dos semanas que te dijo.

- Qué, maldito cuernú… a esa mujer se lo pego yo cuando quiero.

Todavía resuena en tu cabeza esto y te embarga una ira asfixiante contra ella, y te dices.

- Maldito cuero.

La bocina de un carro de la ruta K te hace volver a la realidad y le haces una señal al chofer para que se detenga. Se detiene unos metros delante de ti y te hace una señal con la mano izquierda para que camines hacia él. Te molesta por no haberse parado enfrente de ti y te dices entre los dientes.

- Buen maricón.

El chofer no te ha escuchado pues aún no has abordado el carro. Abres la puerta y te montas. Van dos estudiantes universitarios delante, al lado del chofer y una señora con un niño en las piernas al lado tuyo. Le pasas los quince pesos del pasaje. Él levanta la mano derecha y toma el dinero. Escuchas una disculpa.

- Amigo, usted sabe que tengo que pararme en la parada, perdóneme por hacerlo caminar un poco.

Esta disculpa te satisface pero no le prestas mucha atención pues escuchas en la radio una bachata de Luís Vargas que dice, loca, maldita loca… y piensas en Margarita.

- Esa loca es la que me da por el peláo.

Al terminar éste pensamiento observas que la señora que lleva el niño en las piernas se queda observándote y ve que el niño mira la funda que llevas en las piernas. Por intuición la abres y le regalas una galletita de las que llevas para las niñas. La señora te da las gracias y el niño también pero no le contestas nada y continúas con esa introspección enfermiza, desesperante, angustiante sobre Margarita.

Has llegado al barrio en que está viviendo, le pides la parada al chofer que se detiene automáticamente. Al desmontarte escuchas uno de los estudiantes que se refiere a un hecho que aconteció en la UASD, no escuchaste con claridad lo que decía, pero si pensaste que en el cuatrimestre que viene te tienes que inscribir.

Ahora llegando al frente de la casa te detienes un segundo, pues tu ritmo cardíaco se ha incrementado. Sabes que si el actual marido de Margarita se encuentra, el pleito está casado. El amor a tus hijas te llena de valor y continúas. Tocas la puerta y no abren. Vuelves a tocar, y después de unos segundos abren. Ves la figura del Ajogao en frente de ti con un puñal en las manos. Te lo incrusta en el pecho sin mediar palabras. Sientes como se te abre la piel y pierdes el equilibrio. Las fundas que llevas en las manos se caen junto contigo y se rompen. En éste instante te das cuentas que los cuadernos que compraste tienen las hojas rojas.


ENSAYO

ROMINA FRESCHI
(CABA-Buenos Aires-Argentina)

EL TIEMPO ES LA HERIDA QUE GOTEA
GLADYS MENDÍA
(Maracay-Aragua-Venezuela)
Paracaídas Editores, Lima, 2009

La voz es un momento . La voz es pura presencia. El presente es el puro estado. Su plurivalencia abarca el Estado. En ese pase mágico que parece haber ocurrido en un abrir y cerrar de ojos se instala no, transcurre sí, la poética de Gladys Mendía.
Estado de Gracia o Estado de Venezuela, Tierra sin mal o Nuestra América, la fuga no alcanza jamás a excluir lo que aparece opuesto. La pureza es un estado mestizo de lo borroso.
Eso, lo borroso, lo no señalado por la cultura, pero que sin duda es lo más cultural de todo: lo alienado (todo dolor promete el placer del olvido , dice Fernando Vargas Valencia en el prólogo sobre aquello que descubre esta obra). Eso, que nos ha sido sustraído, reprimido, eso alienado, se encuentra señalado en esta escritura con una intensidad que provoca asombro, esto es, claridad pura.
Y digo señalada porque son las señales justamente las que se ponen en cuestión. La metáfora podría parecer clásica, la poesía y el viaje, el camino de la vida y la autopista, las señales de tránsito y las señales divinas, pero aquí el signo no es solamente metáfora, aquí el signo es omnipresente, estamos en la autopista y metaforizamos la autopista, esto es, estamos en la metáfora, todo suelo es suposición.
La autopista no sabe que todo es un gran barranco
Las líneas blancas suponen un orden
Es en el orden del orden donde se produce el borrón, sibilamos como especie en la desigualdad que nos disfraza de iguales. Qué es uno sino un poco de nieve… qué es uno sino un asomarse …
Y se trata sí de un orden metafórico, pero se hace carne en la Historia, y la alienación es imposible por hiperreal, el misticismo se hace social e histórico – como lo ha sido siempre - y lo que nos borronean todos los días en la memoria aparece claro como un cristal…
… y los represores han hecho un excelente trabajo masificados todos uniformados todos anestesiados todos cosificados en el tránsito siguiendo la señalética acelerando en las autopistas estrellados sin luz soñando con la desobediencia
(fragmento del poema Mundo de El Alma lleva las luces altas )
Nuestra conciencia como humanos es lo que construye el mundo, eso borroso es el mundo, lo que parece definido en realidad no tiene fin, e incluso el Uno, esa conciencia, también se derrite.
las negaciones no sirven las afirmaciones no sirven
matices en movimiento escupen a las señales
Es en el matiz entonces, en lo borroso, en la cara que no se ve en la sombra, en la velocidad temible que apresa, donde aparecemos sujetos los sujetos.
Y si hay metáfora, si hay suposición, es en lo que ellas congregan. No hay orden en hacer una metáfora, ni en suponer. Hay un congregar la cultura y un seguir señalizando, un sumar y sumar de voces, de tiempo – cada peldaño se vuelve marejada - y es peldaño y es marejada y supone – esto es, sostiene, ambas representaciones y lo que ellas desatan, en aparente igualdad y extrema diferencia, se oye el tiempo y su efecto exponencial. Expuesto así, el silencio, como alternativa de la voz, se convierte en una voz más.
El tiempo es la herida que gotea (2009) es el libro que estoy reseñando, antología de la obra de la venezolana Gladys Mendía, a quien conocí virtualmente gracias a su trabajo en la Banda Hispánica y luego personalmente en Chile para el II Conrimel. Es asombroso lo fácil que es reconocer un poeta verdadero, comentamos siempre con mi amigo Nákar, en cuanto a que hay un golpe, el diálogo se produce en forma directa, no hay vuelta que buscar, ni traducción que hacer, ni teoría literaria que aplicar. Eso me pasa con Gladys, con quien me separan muchos cientos de kilómetros, pero con quien siento que estoy a un parpadeo o una exhalación de distancia. Tal poder respira en su poesía.
La antología reúne, en su mayor parte, libros inéditos y en composición aún. Y esto no es más que una consecuencia natural de la obra de Gladys. El arrastre de los interregnos es la fuerza que alimenta sus poemas. La publicación no la define. Su trabajo la presenta siempre como la primera vez, y al mismo tiempo, como siempre, en el derretimiento o el asomo.
Los títulos que componen la antología son El Alcohol de los Estados Intermedios (publicado sí en 2009 por El perro y la rana), La silenciosa desesperación del Sueño (inédito entonces y publicado también por Paracaídas, en 2010), El Alma lleva las luces altas (inédito), La Grita (entonces en proceso, publicado ya en 2011 por serieAlfa).
No es costumbre de Plebella reseñar libros que no se puedan conseguir en Buenos Aires, pero la intención hoy es empezar a reseñar – ¡y válgame Dios, también señalar!- una obra que trasciende los 300 ejemplares del objeto, y que hoy – mediando también nuestro propio salto a la virtualidad- está disponible, por buena fortuna, de muchas otras maneras. ¡A googlear!


POESIA

TOMAS TRANSTRÖMER
(Estocolmo-Suecia)
Premio Nobel de Literatura 2011


APUNTES DE FUEGO

Durante los meses tristes, centelleó mi vida sólo cuando hice el amor contigo.
Como la luciérnaga se enciende y se apaga, se enciende y se apaga- a medias puede uno seguir su camino
en la noche oscura del olivar.
Durante los meses tristes, estaba el alma desesperada y sin vida
pero el cuerpo caminó directo hacia ti.
El cielo de la noche rugió.
Sigilosamente ordeñábamos cosmos y sobrevivimos.


C-MAYOR

Cuando bajó a la calle tras la cita de amor
Soplaba la nieve en el aire.
El invierno había llegado
Mientras hacían el amor.
La noche brilló blanca.
Él caminó rápido y alegre.
Toda la ciudad inclinada.
Transeúntes sonrientes-
Todos reían tras los cuellos alzados.
¡¡Era libre!!
Y todos los signos de interrogación cantaron la existencia de Dios
Eso creía él.
Una música estalló
Y cruzó en la nieve arremolinada
Con largos pasos.
Todo en camino del tono C
Un tembloroso compás dirigido a C.
Una hora sobre las heridas.
¡Era fácil!
Todos reían tras los cuellos alzados.


TORMENTA

De pronto el caminante halla aquí el viejo
roble gigante, como un alce convertido en piedra
con su ancha copa ante fortaleza verde negra
del mar de septiembre.
Tormenta del norte. Es el tiempo cuando las serbas
Maduran. Despierto oye en la oscuridad
Las constelaciones estampadas
En lo más alto del roble


LOS RECUERDOS ME MIRAN

Una mañana de junio es muy temprano
Para despertar, pero tarde para dormir de nuevo.
Debo ir a la hierba que está llena
De recuerdos, que me siguen con la mirada.
No se ven, se mezclan completamente
Con el fondo, camaleones perfectos.
Tan cerca que los escucho respirar
A pesar que el canto de los pájaros es estridente.


ARCOS ROMANOS

En la grandiosa iglesia romana se aprietan los turistas
En la penumbra.
Cúpula abierta tras cúpula y sin panorámica.
Algunas llamas de cirios titilan.
Un ángel sin semblante me envolvió
Y me susurró a través de todo el cuerpo:
“No te avergüences de ser persona, ¡sé orgulloso!
Dentro de ti se abre cúpula tras cúpula infinitamente
Tú nunca estarás completo, y así es como debe ser.”
Yo estaba ciego de lágrimas
Y fui empujado a la soleada piazzan
Junto a Mr y Mrs Jones, Herr Tanaka y
Signora Sabatini
Y dentro de todos ellos se abrió cúpula tras cúpula infinitamente


MADRIGAL

Heredé un bosque sombrío donde rara vez voy. Mas llegará un día en que los muertos y los vivos cambien de lugar. Entonces, el bosque se pondrá en movimiento. No estamos sin esperanzas. Los crímenes más difíciles continúan sin aclarar a pesar de los esfuerzos de muchos policías. Del mismo modo, hay en nuestra vida un gran amor sin aclarar. Heredé un bosque sombrío pero hoy yo camino en otro bosque, el luminoso. ¡Todas las criaturas que cantan, serpentean, mueven la cola y se arrastran! Es primavera y el aire es muy fuerte. Tengo un diploma de la universidad del olvido y estoy tan vacío como la camisa que se seca en el cordel.


NOCTURNO

Por un pueblo conduzco de noche, las casas aparecen
En el resplandor de mis luces – ellos están despiertos, desean beber.
Casas, galpones, letreros, vehículos abandonados –es ahora
Se visten ellos mismos en vida. La gente duerme:
Algunos pueden dormir en paz, otros con semblantes tensos
Como si estuviesen estrenando para la eternidad
No osan soltarse completos a pesar que su sueños son pesados.
Descansan como barreras caídas cuando cruza el misterio.
Afuera del pueblo el camino se alarga entre los árboles del bosque
Y los árboles los árboles en silencio entre ellos
Tienen el color teatral que tiene el brillo del fuego
¡Qué claras son sus hojas! Me persiguen hasta mi hogar.
Me acuesto a dormir, veo imágenes desconocidas
Y signos suben solos detrás de las pupilas
En la oscuridad de la muralla. En la rendija entre en vela y el sueño
una gran carta intenta colarse en vano.


CUENTO

COLORES DE UNA SOBREMESA

Por Irma Verolín (CABA-Buenos Aires-Argentina)

Fue un domingo casi igual a otros. Mamá se dedicó a restregarse las manos sobre un fondo de delantal engrasado, para convencerse de que en ellas no había nada. Nada. Los chicos jugaron con la computadora, un aparato abominable. Los vi hipnotizados por el teclado horizontal o atentos a la pantalla donde aparecían dibujos de trazo simples y escrituras en inglés. Papá observaba el borde de la manga de su saco como si lo hubiese considerado el límite que separaba la desgracia de la buena suerte. Durante mucho tiempo mi hermano le ofreció su mirada a un trozo del mantel, que era gris tenía un estampado de flores celestes, turquesas y azules. De modo que sus brazos, caídos sobre el mantel, no sólo recortaban el espacio de su mirada, sino que interrumpían algo parecido a un crepúsculo en el campo. Mi hermano levaba puesta una camisa roja; así que, además, sus brazos diseñaban sobre ese crepúsculo dos posibles relámpagos, lo suficientemente inmutables como para asustar o aburrir. Comentó que creía tener caries en una muela, por eso, de vez en cuando, se escapaba de su boca un ruidito extraño. Mientras tanto mi cuñada, con exagerada preocupación por su futuro vestuario invernal, repartía suspiros. Yo la secundé de a ratos hablando de los reducidos colores impuestos por la moda; y la invitada me recordó por momentos a mi maestra de tercer grado, que una vez me había dado un cachetazo.
Habían lustrado con esmero los bronces de las lámparas de pie y también los pisos. La cortina de algodón, tupida, rojiza, impecable, apenas dejaba entrever un fragmento de la calle. Por otra parte, entre aquellas cortinas y yo se interponía una puerta que proyectaba su sombra de ele invertida en el parqué. El parqué brillaba, la sombra no. Tendríamos que salir a dar un paseo, sugirió la invitada. Alguien contestó “bueno…”, como reprochándose a sí mismo no haber tenido las ganas o la ocurrencia de proponerlo. El café tuvo gusto a jugo de media. Los pocillos semivacíos, apoyados en los platitos, me parecieron hostias agujereadas sobre flores turquesas, nubes, pedazos de bandera. ¿Pasear en un día como este? Vi los talones de mamá yéndose; la tira negra de las sandalias les daban un toque siniestro. Me imaginé un pasillo y mis pies. Un pasillo largo, donde mis pies se cansaban.
Mi hermano bostezó , aunque solamente vi la abertura de su boca y luego giré la cabeza hacia el lado opuesto, creí contemplar una lluvia delgada de saliva cayendo dentro de un pozo redondo sin café.
Los chicos gritaron. ¿Gritaron con entusiasmo? Supongo que sí. Cuiden ese aparato, no sale dos chirolas, dijo mamá. Estos chicos, caramba. Mi sobrina, la menor, cruzó la arcada haciendo pa pac pac con las zapatillas y estiró la mano a pocos centímetros de la cara de su padre. Su mano chata, y semejante a un mapa desleído, recibió un billete que era del color de alguna de las flores del mantel. Serían, más o menos, las dos de la tarde. ¿Y el paseo? Mi cuñada maltrató una revista con sus uñas rojas. A excepción del crujido de las páginas, que mostraron escenas de personas felices, escuchamos el silencio; pero sólo por un instante porque los chicos gritaron otra vez. Creo que cada uno de nosotros era consciente, en aquel momento, de que la propia respiración debía de producir algún ruido. ¿Pero si uno no podía percibir el ruido de la propia respiración cómo creer entonces que los otros respiraban? Pasear ayuda a bajar la comida, la voz de la invitada se remontado por el aire hasta culminar en un hiriente matiz agudo. Los tendones abultados de su cuello me intranquilizaron bastante. Tuve la impresión de que cuando papá escuchó la palabra paseo miró hacia alguna parte, como si en alguna parte ocurriera algo muy difícil de comprender. Sus ojos, inmóviles, evitaron parpadear. El gato se acariciaba con la pata de un silla: parecía aburrido de ser gato. Una puerta, al golpearse, dejó que entrara un airecito fresco.
Mi cuñada abrió la revista y señaló a una mujer enfundada en un vestido verde. Su uña roja cubrió el torso verde, amputando así el cuerpo de la aplanada mujer, una verdadera rana elegante. La uña nos obligó a todos a estirar los cuellos hacia aquella página, que finalmente congregó ojos abúlicos. Mi cuñada dijo: Un vestido igual a este le voy a encargar a la modista. La invitada pidió verlo más de cerca, a lo mejor para olvidarse de su frustrada propuesta de paseo. La revista abierta, al pasar delante de mí, cortó cara, hombros, vajilla, de una manera cruel.
La tarde dejó de ser nublada cuando el sol atravesó las cortinas del ventanal que daban al patio interno. De pronto había sol. Y todos, con un repentino aspecto conmovido, alzaron los ojos para mirar la cara de la mujer que el domingo siguiente no iba a estar allí. Los chicos hicieron barullo y alguien les pidió que se callaran, Mamá invitó: ¿Más café? Miré las tacitas, que blancas eran. Tan blancas como las paredes. ¿Por qué habían pintado de blanco las paredes? No debieron haberlo hecho: el blanco hace sobresalir los cuerpos, les da un relieve excesivo. Cualquier cuerpo delante de una pared blanca me da lástima. Sin embargo no pensé en eso en aquel momento, lo pienso ahora, que recuerdo la curva de la espalda de mamá perfectamente visible contra la pared, cuando se levantó vaya a saber por qué motivo. Ella entonces exclamó: ¡Cuidado!, agarrá mejor ese platito. Mi hermano obedeció, pero su boca, en desacuerdo con la sumisión de sus dedos, hizo una mueca. ¿Qué día es hoy?, le pregunta, soltada con ansiedad por papá, impulsó a mamá a restregarse las manos histéricamente. Mamá, si no dejás esas manos tranquilas vas a terminar por borrarte las huellas digitales, ironicé. Con lentitud, mi hermano inclinó la cabeza hacia el calendario de su reloj pulsera. Yo adiviné que no quiso responderle a papá. Su boca volvió a sugerir un desprecio, que se mantuvo en las comisuras de sus labios y que no desapareció hasta que la tacita rozó su mentón. Domingo –dije- hoy es domingo, papá. Mi respuesta lo dejó insatisfecho. El día, el mes, me exigió él. Cuando su cara perdió apenas la fatiga y esbozó un gesto candoroso, me di cuenta de que yo también quería hacer preguntas.
La invitada habló, sin ocultar su falta de entusiasmo, de un reciente paseo en un posible día feriado y de un picnic en un recreo del Tigre. Ah, esos tendones de su cuello le daban un aire frenético que contrastaba con su languidez. Era una mujer alta, con atuendo juvenil y el pelo teñido de castaño claro.
Mi cuñada, ahora, ponía todo su empeño en abrazarse a la revista. Lanzando una sonrisa cumplida en dirección a la invitada, deslizó sus dedos por la contratapa, donde el dibujo de u tobogán me llamó la atención. Se me ocurrió que el papel estaría tibio, que el tobogán iba a ser curvado y a ajarse por el roce de los dedos. Entonces recordé que una vez yo había soñado con toboganes, quise acordarme de qué otras cosas sucedieron en aquel sueño. Me vi subiendo, flotando, cayendo y de golpe me dije: Por qué. Por qué cuando ciertos sueños se cumplen enseguida se ajan y se curvan como si la realidad fuera de cartulina, Como si la realidad fuera un diploma o un premio en pago a nuestros sueños. ¿Cómo si fuera un premio? Sí, como si fuera un premio pero un premio consuelo. Así son las cosas. La voz de papá, agotada, había dicho: Así son las cosas. Le contestaba a su nuera. Así son las cosas, dijo nuevamente e insistió en el asunto de la fecha. Alguien le pidió que se dejara de decir estupideces. Vi a papá de espaldas, caminando hacia el almanaque. Vi que luego se detuvo y que con un dedo punteó número del color de las hormigas.
La invitada balbuceó y o tuve la sensación de que quiso hablar otra vez del paseo y de que por algún motivo se arrepintió. Me divertí pensando que la palabra paseo podía ser igual a una comida y decidí que era la comida más sustanciosa de todas. Mientras miraba a la invitada recordé que el cachetazo, regalo de mi maestra de tercer grado me había hecho salir sangre de la nariz. Mi hermano estuvo un rato empujando las miguitas caídas sobre el mantel. Después miró con desprecio sus dedos. Ciertamente no le resultaban simpáticas esas miguitas. Su boca se atrevió a insinuar una sonrisa tensa. Aquella sonrisa –pienso ahora- tradujo sus pensamientos, porque supe que sus pensamientos se le presentaban sólo en blanco y negro. Supe también que, de entre todos, uno se le había vuelto transparente: era preciso desechar algo de su vida. Pero qué. De repente miró a mi cuñada y le recriminó la falta de condimento del arroz y la miguitas tenían algo en común: su color era blanco sucio.
La computadora de los chicos hizo Pssst; y eso a mi cuñada le crispó los nervios. Ella dio un salto, abandonó la silla y se puso a buscar una lima de uña o un pañuelo o un anillo en una caja color tabaco que no contenía ninguna de las tres cosas. Cuando papá preguntó la fecha otra vez casi todos lo miraron con fastidio. Mamá estaba intentando sacarse el delantal y lo que había sido un moño, atrás, en su cintura, se transformó en un nudo. Por eso, cuando papá preguntó la fecha, ella no lo miró. Si no hubiese estado ocupada con la tirita lo hubiese mirado a papá con su clásico gesto de escena final de Chejov. Hoy no es día de luto, papá. ¿El día de la muerte de Pepe? Fue en agosto, papá, Sentate y no dejes enfriar ese café.
Sonó el teléfono. Siempre ha sonado el teléfono cuando nadie quiso que sonara. Siempre hubo teléfonos en casa de mis padres. Mientras la campanilla tijereteaba nuestras respiraciones llegué a una conclusión: papá no hizo más que restar y sumar números en toda su vida y mamá tiene dos manos inútiles. A mi edad estas conclusiones resultan demoledoras. Una quiebra. Mi hermano había dicho la palabra quiebra. Trozos, objetos partidos, rastros de lo que estuvo entero. Yo lo miré y entendí: La quiebra del negocio de Marito. Ese negocio nunca dio ganancias. Número equivocado, anunció mi cuñada, yo no sé por qué la gente no disca bien. Mi hermano la miró como diciendo Vos nunca das buenas noticias. La invitada alisó su falda. Se iba. Dijo que todo había estado muy lindo, que volvería, que yo era muy simpática y, al despedirse, su cuello rozó mi cara fláccida.
El sol convirtió fugazmente a la cortina en un espectáculo interesante y después el gato rompió un pocillo de café y, enseguida, mamá lo echó con malos modos de arriba de la mesa y más tarde, en la cocina, la vi inclinarse hasta el tacho de basura, y los chicos gritaron y nadie les pidió que se callaran y una voz dentro de mi cabeza dijo: ya tengo cincuenta y siete años.


ENSAYO

NICOLÁS HIDROGO NAVARRO
(Lambayeque-Perú)

LA POESÍA DE VÍCTOR CONTRERAS ARROYO
(Santiago de Chuco-La Libertad-Perú)
El poeta de los compromisos sociales y preocupaciones holísticas

La poesía es siempre una sola: suspiro del alma, alarido terrestre. Sus temas, sus formas, sus múltiples combinaciones y formas de leerla y sentirla, constituyen el misterio inmarcesible personal de cada lector. Es ese tremendo caudal cósmico de tópicos amorosos, filosóficos, existenciales, surrealistas, vanguardistas, sociales, góticos, de desencanto, de rabia, modernistas, simbolistas, lo que significativamente hacen de la poesía un revoltijo de emociones y sensaciones a la hora de procesarlos en nuestra materia gris, a la hora de buscar empatías, gustos y sorpresas impresionistas, a la hora de valorar los malabarismos pirotécnicos de frases y constructos, estructuras, estilos y formas tropológicas del lenguaje literario.
Una nueva obra de un autor, sirve como una puerta abierta para penetrar en su mundo, su psiquis, emociones y hasta en lo que ni él mismo quiere decir: el mensaje oculto del espíritu de las palabras. Y como la poesía no es ciencia exacta ni se escribe con fórmulas exponenciales ni logarítmicas, la poesía siempre será la más compleja estructura y elaboración del pensamiento humano, empacado en forma caótica y absurdismo sintáctico, ser genuinamente un ente innovador y transgresor del lenguaje y todas las posibilidades combinatorias de las emociones intrínsecas de cualquier autor.
En este lindero metalingüístico y paratextual, surge la poesía de Víctor Contreras, fundador del Grupo NEPER-Perú, la voz parlante que por más de 40 años ininterrumpidas ha contrastado toda sequedad e infulismo vanidoso, de la poesía lacrimosa, huachafa y cursi, de pese a ser mucha y que no diga nada nuevo ni significativo, para erigirse como una poesía de compromiso social, de preocupación por el universo y los problemas macro, de trascendencia holística y planetaria. La poesía de Contreras se transfigura en cinco ejes temáticos:
a) Defensa del planeta Tierra
b) Actitud del hombre ante la vida y la naturaleza
c) Actitud planetaria, frente a las catástrofes y amenazas de destrucción del hombre
d) Actitud social frente a los hechos del mundo.
e) Amor por el ser humano.

Mientras que unos enrevesan su poesía para esconder sus propias desventuras y laberintos minoicos; mientras que otros agitan tenuemente las palabras para que aflore la tibieza de su corazón amartelado, mientras que otros enfurecen su verbo por protesta social, Víctor Contreras hace un vuelo poderoso de águila y ve hologramáticamente el mundo entero, con sus cuitas y sus desvelos, con su canto y su alarido silencioso, para aplacar la oscuridad y las tinieblas noctívagas humanas, con su deseo de sensibilizar más a ese ser que habita esa cueva-planeta. El verso de Contreras vale por lo que dice que por lo que esconde. Vale por sus apelaciones constantes a la humanidad y por sus preocupaciones sociales, que por sus cantos de mirlo solitario o aullido tenebroso. Es una poesía que emerge con fuerza, penetra como venablo, entra por los costados -a lo Vallejo- y genera tal conmoción en el lector que lo incita a la acción.

En este nuevo libro de Contreras, “OJO DE MAR” reafirma sus compromisos existenciales, políticos, vivenciales y sociales a través del arte de la palabra, armada con uranio estético enriquecido. Y este cholo terco de la poesía, de la misma casta vallejeana, nació y creció en el mismo pueblito y paisaje natural –Santiago de Chuco, La Libertad-Perú-, del más grande vate universal que el Perú ha parido y esparcido por el mundo entero, César Abraham Vallejo Mendoza. Esa fuerza y emoción telúrica palpita en cada verso de Contreras, chúcaramente.
Contreras maneja un lenguaje metasignificativo, construcciones endocéntricas donde lo que prevale no es la palabra aislada y desconexa, sino le interesa el signo, la metáfora altisonante del repentismo y disloque lingüístico, sembrar en el lector la reiteración temática, generar conciencia universal de los problemas que agobian al planeta: guerras, destrucción del ambiente natural, deshumanización de la civilización, corrupción, miedo, muertos, enfermedades, violencia social y hasta un proceso mismo de involución del ser humano. Si sobre eso no se dijera nada, entonces ¿para qué sirve la literatura?


POESÍA

RAYMOND CARVER
(Oregon-USA)

HIJO

Esta mañana me despertó una voz
que regresaba desde mi infancia.
La voz dice: ‘‘despertate’’,
y yo salto de la cama.
Es extraño, toda la noche, en mis sueños
yo busqué ‘ese’ bendito lugar
donde mi madre pueda vivir y ser feliz.
‘‘Si querés que enloquezca,
está bien, si ése no es tu deseo,
por favor sacame de acá’’, repetía la voz.
Me reconozco único culpable.
Yo la mudé a esta ciudad que odia.
Yo alquilé la casa que odia, rodeada
de vecinos que odia, llena de muebles
que odia.
‘‘¿Por qué no me diste la plata para que yo la gastara?’’
‘‘Quiero volver a California, ¡ahora!’’, grita la voz.
‘‘Voy a morir si me quedo’’. ‘‘¿Vos querés que muera?’’
gime la voz.
Esta mañana en el mundo,
no existen respuestas a esta pregunta
ni a ninguna otra.
Suena el teléfono y suena, no deja de sonar.
No me acerco al aparato, tengo miedo de oír una vez más,
la pronunciación de mi nombre.
El mismo nombre que mi padre escuchó durante 53 años.
Antes de abandonarnos en busca de su recompensa.
Murió después de decir: ‘‘llevá estas cosas a la cocina, hijo’’.
La palabra hijo emitida desde sus labios,
tembló en el aire para que todos la oyeran.

EL RASGUÑO

Me desperté con una mancha de sangre reseca
pegoteada sobre uno de mis párpados. Un arañazo,
profundo, cruza transversalmente las arrugas de mi frente.
Sin embargo, últimamente, he estado durmiendo solo.
Y me pregunto por qué un hombre, incluso en un mal sueño,
alzaría la propia mano para lastimarse la cara.
Esta mañana pretendo responder esta pregunta
y otras similares, mientras observo en silencio
mi rostro que se refleja en los cristales de la ventana.

SANGRE

Éramos cinco a la mesa de juego
sin contar al croupier
y su ayudante. El hombre
de junto a mí tenía los dados
en la mano.
Se sopló los dedos, dijo:
¡Vamos, pequeños! Y se inclinó
sobre la mesa para tirar.
En ese momento, una sangre roja brotó
de su nariz, salpicando
el verde paño de fieltro. Soltó
los dados. Se echó hacia atrás pasmado.
Y luego aterrorizado cuando la sangre
corrió por su camisa abajo. ¡Dios mío!
¿qué me está pasando?
gritó. Se agarró a mi brazo.
Oí funcionar los motores de la Muerte.
Pero en aquella época yo era joven,
y estaba borracho, y quería jugar.
No tenía por qué escuchar.
Así que me largué. No me volví ni siquiera,
ni encontré esto dentro de mi cabeza, hasta hoy.

AMENAZA

Hoy una mujer me señaló y dijo algo en hebreo.
Luego se echó el pelo atrás, tragó saliva
y desapareció. Cuando volví a casa,
tembloroso, tres carros estaban junto a la puerta con
uñas asomando entre las sacas de trigo.

LA CAÑA DE PESCAR DEL AHOGADO

Al principio no la quería usar.
Luego pensé, no, me revelará
secretos y me dará suerte
que es lo que entonces necesitaba.
Además, me la dejó a mí
para que la usase cuando fue a bañarse aquella vez.
Inmediatamente después, conocí a dos mujeres.
Una adoraba la ópera y la otra
era una borracha que había pasado un tiempo
en la cárcel. Ligué con una
y empecé a beber y a reñir sin parar.
¡El modo en que esta mujer podía cantar y seguir bebiendo!
Fuimos directamente al fondo.

UNA TARDE

Mientras escribe, sin observar el océano,
siente entre sus dedos
el temblor de la pluma de su lapicera.
La marea se retira arrastrando
pequeñas piedras, restos de vida marina.
Todo esto no tiene nada que ver, no,
con el origen de su emoción. No.
Su corazón se acelera porque ella
en ese instante ha decidido entrar
completamente desnuda en la habitación.
Somnolienta, por un momento no puede imaginar
dónde está. Se dirige al baño. Sacude su cabellera.
Se sienta en el inodoro con los ojos cerrados,
la cabeza inclinada; las piernas extendidas, abiertas.
No ha cerrado la puerta del baño, él puede verla.
Quizás,
ella esté recordando lo que sucedió esa madrugada.
Porque después de un rato, abre un ojo y lo mira.
Y sonríe con mucha dulzura.

ÚLTIMO FRAGMENTO

¿Y conseguiste lo que
querías de esta vida?
Lo conseguí.
¿Y qué querías?
Considerarme amado, sentirme
amado en la tierra


CUENTO

OLGA LILIANA REINOSO
(General Pico-La Pampa-Argentina)

EL PECADO

Isabela estaba aterrada. Sentada en el umbral de la cocina, tiritaba de miedo y de frío. Sus breves cuatro años no sabían qué hacer con la oscuridad de la noche campesina. Ni siquiera se animaba a mirar al cielo para ver si había estrellas y si alguna le guiñaba un ojo. Tenía ganas de hacer pis, pero no quería moverse. Estaba adherida a la puerta como una enredadera. Sostenía las ganas porque sabía que ese era el pecado y que por él estaba purgando el castigo. No tenía que hacerse pis, estaba mal, era sucio. De pronto sintió un ruido. Quedó paralizada, sin aire, mientras un líquido caliente, irreprimible, salía de sus profundidades y surcaba sus piernas desnudas hasta desembocar en los mosaicos formando un triste río de palizas y amenazas. Su mamá siempre le pegaba cuando amanecía con la cama mojada y le decía cosas feas. Ella cruzaba sus piernitas y apretaba fuerte, pero el agüita se escurría igual y ella sabía que la delataría. Escuchó las llaves de la cerradura y su corazón aterrado dio una vuelta carnero en la pista del pecho. La figura de su madre, gigante, terrible, se corporizó en el marco.
-Espero que esta vez te cures para siempre, asquerosa. ¡Ah, no! ¡Te volviste a mear! ¡Inmunda! Si no tenés arreglo, viniste con la cañería rota. Andá corriendo a lavarte. ¡Con agua fría!
Isabela corrió y se encerró en el baño. Dejó su ropa en un balde y se lavó. Mientras se secaba lloraba sin parar, en silencio. Seguía mojándose. Ella era una gota de agua en busca de un océano que la contuviera. Cuando salió del baño vio a su papá en el pasillo, tan triste como ella. Corrió a abrazarlo y se colgó de su cuello. Él no dijo nada, solamente le acariciaba el pelo. Ambos escucharon el repiquetear de las chinelas maternas y se abrazaron más fuerte.
-Dame a esa mocosa que la llevo a dormir y no tanto mimo que es una roñosa, me tiene podrida de lavar sábanas y poner a secar el colchón…
-¡No la toques! Yo me ocupo.
-Ah, jajaja. Era hora de que ocuparas de algo, imbécil.
Isabela recostó su cabeza sobre el hombro varonil, mientras iban a su cuarto. El papá la acostó y le contó un cuento hasta que se quedó dormida. Soñó que corrían para subir a un tren. Al día siguiente despertó sequita. Se acurrucó en la cama cuando escuchó pasos. Pero ante su sorpresa, fue su padre quien abrió la puerta. Parecía otro, estaba vestido para salir. Fue entonces cuando vio las valijas. El padre dijo:
-Nos vamos, Isabela.
-¿Y mamá? –preguntó ella con temor.
-Se queda.
Isabela no preguntó más. Le bastaba con saber que esa mujer no los acompañaría. Y se sintió distinta. Sintió que todas sus canillas funcionaban bien.


ENSAYO

ELIZABETH QUEZADA
(Santiago de los Caballeros-Santiago-República Dominicana)

DE TIENTOS Y TROTES, DE ENSAYOS, RENÉ RODRÍGUEZ SORIANO Y EL PLACER DE LEER.

“Me intereso en el lenguaje porque me hiere o me seduce.”
Roland Barthes, en el placer del texto.


Si bien es cierto que nos deslumbramos cuando vírgenes y púberes de un mundo vetusto, comenzamos a develar las letras de los grandes clásicos en los libros que aún conservan esa inigualable sabiduría de los textos antiguos. Y que siguen siendo nuestros referentes tácitos, pues algún día soñamos escribir los versos como Neruda, o escribir la gran novela emblemática “Los hermanos Karamazov” como escribiera Fedor Dostoiesky. O que nuestros cuentos tengan la tensión que imprime un Edgar Allan Poe o un Agatha Christie.

Y crecimos y nos seguimos embriagando de ese aroma que a los lectores nos embruja. Y nos enamoramos de los ensayos de un Octavio Paz, de la pasión surrealista de un Baudalaire o un Barthes. De la fascinación por el tema de la muerte de un Rilke. Leer los versos largos de un Walt Whitman, o Ezra Pound Y más recientes pero no menos importantes de un Vallejo, un Cortázar o un negro espiritual de Nicolás Guillén… El cuento de Carlos Fuentes o un Juan Bosch; y la poética maravillosa de una Alexandra Pizarnik o la cibaeña radicada en España, Rosa Silverio. Y que decir de la obra de la dominicana también en el exterior, Julia Álvarez, llevada al cine... Nos siguen deslumbrando. Nos siguen dando placer de ese que habla René que hablaba Barthes: leer un libro de ensayos, como este, Tientos y trotes. Antes permítanme agregar algo de mi historia personal, como lectora. No debo jurar que prefiero la prosa, la narrativa, a pesar de que suelen generosamente endosarles a mis escritos el encantador sobrenombre de “poética”.

Debo decir que en las letras dominicanas, Los algarrobos también sueñan, novela corta de Virgilio Díaz Grullón, marcó un antes y un después en mis preferencias locales. Ya antes un poema como “Ruinas” de Salomé Ureña nos cautivaba. Luego me enamoré de un Hernández Franco y su apasionante Yelidá. De los ensayos lúcidos de mi profesor Bruno Rosario Candelier… en fin, de las letras de un Balaguer, o la novela de un Veloz Maggiolo. Del ingente esfuerzo que hicieron nuestras primeras escritoras para ocupar un lugar en el mundo de los hombres, cuando apenas se les permitía estudiar pero no asistir a las urnas a votar. Me refiero al grupo de mujeres como Ercilla Pepin, Rosa Duarte, Evangelina Rodríguez, Camila Henríquez Ureña, y otras, etc. En la actualidad muy bien compilados en la obra Madres, Maestras y Militantes dominicanas (2001) que hiciera la académica, escritora y propulsora cultural desde New York, Daisy Cocco De Filipis, a cuya presentación asistiéramos en los salones de la prestigiosa “Rio Gallery”, que me ayudó a conocer ampliamente la labor de dichas mujeres en la historia de las letras dominicanas, en especial, del ensayo.

Aterrizando en el tema que me ocupa: mis impresiones sobre el más reciente libro de mi admirado referente contemporáneo, el escritor, cibaeño, -como quien suscribe-, de las frescas montañas de Constanza, René Rodríguez Soriano. En la actualidad me hincho de emoción cuando caen en mis manos bajo el poder de mis ojos vehementes obras de la estatura de TIENTOS Y TROTES, que son mucho más que un engranaje de lecturas al aire de otros escritores, clásicos como actuales, conocidos como ignorados, realizadas en clave de ensayos, unas veces, poesía narrativa, otras veces y/o artículos concisos; pero no menos interesantes. En ese construir- deconstruir un texto el autor se confiesa, y cito:

-“Leo con placer, y en el placer que da leer un texto que fue escrito con placer”, citando del placer que hablara Barthes, en el párrafo anterior.

Y esto nos deja claro que lo importante es saborear el rico placer que nos deja una obra propia o ajena. Y de eso, René dejó claro en esta obra que sabe mucho. Como dijera el prologuista de este nuevo libro, el eminente novelista dominicano, Don Salvador Gautier, al finalizarlo:

-“Tientos y trotes se sostiene, con esa pericia del que tiene mucho que decir y lo sabe expresar en polvo de oro que se desparrama sobre nosotros y nos convierte en intuiciones de nosotros mismos.”pp.19

Y así recorre el mundo de las letras, de esos universos paralelos que cada escritor construyó y que lo hace deslumbrarse y caer rendido ante ellos, demostrando, primero su sencillez y por tanto su grandeza de alma, su carencia de ego al momento de dimensionar la obra del otro.
Esto lo confirmamos, pues lo sabíamos antes, -alguna gabela nos da el leer toda su obra-, cuando afirma:

-“Uno puede vivir en la montaña, y conformarse con la melodía del viento o de los pájaros filtrándose por entre las cortinas del follaje; pero no puede dejar de sentir las ráfagas de luz que desatan unos versos bien escritos sobre la piel de un libro al cual uno entra para leer.”
PP. 24

Nunca mejor dicho. Y justamente es Tientos y trotes, como el mismo René dice: “es ese deslumbramiento por la obra del otro.” Y es así que penetra en la obra, por ejemplo, “Piano Lila” de la escritora dominicana Aurora Arias y sus palabras nos invitan a correr a buscarlo, si es que no lo hemos leído. Nos cita a S. Eliot cuando habla que a la poesía hay que tumbarla sin reparos de su “cielo de desabrido lirismo”, hasta hacerla besar tierra, dice Soriano, y enlodarse verso o prosa, ella misma. Y entendemos su posición en cuanto a los límites de las fronteras entre los géneros literarios. Ama la poesía, el ensayo, la narrativa, y salta entre ellos como buen trapecista. Dice:

-“Las fronteras son de tiza. De ahí que normalmente las borre o, apoyado en mi daltonismo, sencillamente las ignore.”pp. 16

En Tientos y trotes nos habla del laureado ganador del Premio Planeta 1995, Fernando Delgado y su maravillosa administración del suspense en la novela, La mirada del otro. Y entre La guerra y la paz, de Tolstoi, por un lado; el libro histórico de Michael Prowdin, Juana la loca, por el otro; vertiendo en un por ciento alentador que nos deja saber de su nacionalismo, las obras importante de grandes dominicanos como un Salvador Gautier, un Plinio Chahin, Fernando Despradel, José Mármol, Sally Rodríguez, Pedro Antonio Valdez, Ramón Tejada Holguín entre unos y otros vemos como ve la obra de Margarite Duras, de Saramago y otros extranjeros… nos convoca a disfrutar de excelentes citas, aforismos, entre uno y otro.

Me encanta que de la obra de José Mármol, nos brinda la siguiente cita. – “Escribir no es más que poner la nostalgia y la palabra a merced del delirio.” De su libro, Premisas para Morir. Y nos invita a leer “El corazón de Voltaire” del maravilloso Luís López Nieves.

Y, lo más importante, nos deslumbra con su prosa lírica despejada de confusiones sintácticas pero sí con un cierto tono, unas veces, lúdico. Ej. Cuando a la pregunta que si es poeta, dice:

-“Lios me dibre”… pp. 16

Algo que me apasiona de este escritor además de sus creaciones lúdicas o juego de palabras es su exaltación de los valores morales, éticos y de calado social. Lo deja claro cuando invita a leer la obra de Prowdin con la siguiente declaración:

-“Juana la loca de Michael Prowdin es uno de esos libros que, de vez en cuando, es bueno que caigan en manos de uno para leerlo, leerlo, releerlo, en voz alta ante toda la familia y todas las familias, para que no se olvide.”

Nos queda claro que René goza del placer de leer. De su amor por el fuego, los puentes y pasadizos, cuando dice: “Amo el fuego, los puentes y los pasadizos, -de Heráclito, Paz o Efraín Huerta; los juegos de Cortázar…” pp. 112

Me hace tan feliz que de una amiga mutua, escriba un ensayo sobre la lectura de su libro “Me basta con mirar”, de la gallega Luci Garcés, con quien hemos compartido tantas letras y notas, y libros…etc. Y nos dice, sobre Luci:

-“La autora baila, anda, o nada sobre las baldosas de fuego sin quemarse…” pp.100.

Y yo digo, Luci es impresionante tanto como poeta como prosista, novelista, columnista. Y es de la talla de nuestro autor René Rodríguez Soriano.

René, es pasión, es materia sólida del creador nato. Juega con las palabras y éstas se mueren de risa con él. Es, al mismo tiempo, generoso con los iguales, no se le suben los humos a la cabeza. Todo esto se confirma en Tientos y trotes.

Y es que no hay de otra manera: para escribir como escribe René, con esa pasión desnuda, con ese placer rugido, hay que tener un universo aparentemente olvidado en la memoria, como decía el gran escritor dominicano Manuel García Cartagena, al presentar esta obra, en el salón de cultura del Teatro Nacional… hay que atesorar la memoria que en realidad no olvida, se expone en cualquier momento. Esa es la memoria a la que René recurre y que nos deja gratamente convencidos de lo que leyó, de lo que leerá y de lo que nosotros deberíamos leer. Siempre y cuando se haga como dice Barthes, con placer.

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