Reconocimiento Nacional a GACETA VIRTUAL

Reconocimiento Nacional a GACETA VIRTUAL
Feria del Libro Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Año 2012

Rediseñada para ofrecer una mayor difusión de la escritura en castellano.

Dirección: Norma Segades - Manias
directoragaceta@gmail.com
GACETA LITERARIA Nº 46 – Octubre de 2010 – Año IV – Nº 10

Imágenes: Oswaldo Guayasamín (Ecuador)
Homenaje de Gaceta Virtual a la democracia ecuatoriana a través de su artista universal
Música: Seleccionar al pie de la revista

PÁGINA 1 – REFLEXIONES

… Y EL OLVIDO NO SIGA EN LIBERTAD.

Por Eduardo Pérsico (CABA-Buenos Aires-Argentina)

Toda estación de trenes duplica los silencios. Los rostros se pierden tras la lluvia y solo, doblemente solo al filo de la tarde, el escriba fatiga de ida y vuelta alguna frase: ‘cada pájaro del atardecer descarga la penumbra por los techos del mundo’ un poco lo consuela. Si al fin en toda soledad compadre a la nostalgia, nos puede aparecer un rostro lengua afuera, esa pena de burlarse uno mismo tan útil al fracaso. Y tal vez por igual al deleitoso licor de un buen recuerdo, el más tenaz renglón de la memoria debe ser repetido del principio al cansancio en el diario pelear contra el olvido. El romántico juego por calles de nostalgia puede ser desmemoria, y no valen ventanas con mujer de enigmáticos ojos si ese ‘no recordar’ por siempre nos derrote.

Menos literatura señoras y señores; es de ley convocarle más voces al silencio y amotinar el ayer junto a nosotros. La juventud perdida es siempre imaginaria, una sombra de tango lloviznoso en renglones que vuelven sin descanso, pero no dejemos resquicios para que la historia verdadera se pierda con tanta libertad. No hay medio paso atrás con el pasado, si perdemos más horas volverán nuestros sueños a ser flores de trapo o el lagrimear silencio por tanta furia que nos clavó las uñas. Si nadie enjugó en misas ser violada a destajo, es vano traficar con la tortura de nuestros propios muertos. Es tiempo que archivemos tanta oración sabida si hay verdades con peso que aguardan pronunciarse. La historia ha de servir si la ayudamos quitándole la amnesia y el silencio Ya lo hemos aprendido: el olvido en los pueblos es un fusil taimado de celoso gatillo que se dispara solo, y hay que estar muy atento para evitar suicidios.



PÁGINA 2 – CUENTO

DESENCUENTROS GENERACIONALES.

Por Carmen Barrere (Posadas-Misiones-Argentina)

Delfina echa el último vistazo delante del espejo que la replica de cabeza a cintura. Imagen aprobada. El cuello de la camisa blanca luce impecable. Cada cabello en su lugar. Maquillaje casi invisible. No se le puede pedir más a una señora amenazada por la frialdad del almanaque, que sin cargo de conciencia y absoluta indiferencia marca en rojo que cumple los ochenta el mes próximo. El sol que la recibe en la vereda, estampado en el centro del cielo, coquetea con un mediodía primaveral, de ésos que Delfina siente que empiezan bien y terminarán perfectos. Y no es para menos. Tempranito su hija mayor la llamó por teléfono para avisar que el parto de Alina fue un éxito. Que los mellizos, varón y nena nacieron sin tropiezos y que para ser primeriza, Alina se había portado como una veterana.
Claro, piensa Delfina mientras apura el paso. Las jóvenes bien casadas, de clase media alta como es su nieta, arriban al matrimonio con seguridades económicas, coberturas médicas, hogares calentitos, servidumbre, tarjetas de crédito y sofisticada información sobre cuidados pre y post natales desconocidos en su edad moza. Había uno que otro libro de avanzada escrito por investigadores talentosos, que por el precio elevado, quedaron en las estanterías lejos de su alcance. Por lo tanto, el acontecimiento de portar un niño en el vientre fue para ella como tocar música de oído. Repitió lo aprendido de su madre, que tenía agendada en la memoria una buena receta. Recetas desdeñadas en la actualidad, consejos que no constan en los estudios académicos, epidemia de recomendaciones sin asidero con aval científico. Verborragia acompañada de miraditas o toquecitos de codo, para encontrar el victimario que calle el aluvión de la vieja, ella.
Si se atreve a recomendar un yuyito para la diarrea, cunde la alarma. ¡Miren si el pediatra seleccionado se entera! ¡Es amigo de la infancia de Nico, el padre de las niñas, el que mira por encima de los anteojos como si el resto del mundo a sus pies debiera ser analizado!
¡No me gustan estos tiempos!— Rezonga para sus adentros una Delfina a la que le resulta tarea difícil compaginar esta alegría genuina del arribo de los dos nuevos biznietitos, con el recuerdo de las penurias y desesperaciones que ella pasó cuando le tocó ser madre. Y no obstante esas dificultades, parió con alegría cinco robustos hijos, todos con parto natural porque no se había inventado la cesárea y los cuidados intensivos para los bebés era exclusiva responsabilidad de los padres. Crecieron saludables y desarrollan sus habilidades con inteligencia. Todos casados — algunas varias veces, —y el clan entero se esfuerza por disfrutar una excelente vida, estar al tanto de sucesos nacionales e internacionales, vestir la ropa de moda en las cuatro estaciones, conducir un automóvil, recordar cumpleaños de amigos, acompañar velorios y enfermedades, festejar bautismos y bodas y programar vacaciones en lugares que obligan a Delfina a recurrir a su viejo atlas para enterarse de sus paraderos. Algo que la conecte. Que produzca el milagro de hacerla sentir que aunque no le cuenten nada y se silencien cuando ella aparece, o estén siempre a mil cuando los llama por teléfono, en el fondo, pero bien en el fondo, todos siguen queriéndola. Y bien que se lo demuestran cuando la necesitan para emergencias.

Delfina vive sola. Está acostumbrada a hablar sola y a solas van llegando las contestaciones. El monólogo no le impide echar una miradita a su cuerpo cada vez que enfrenta una vidriera con espejos. La clínica queda cerca, el pelo sigue en su lugar, la falda no le hace bolsa por detrás.
La hija puso guardia en la puerta de entrada. Una nieta soltera, sin candidato a la vista, gestos de solitaria desesperanzada y tono de represalia:
— Abuela… — Viste que alegría…Bisabuela por séptima vez. — Abraza a Delfina, baja la voz y silabea: — No llores, ni hagas líos ¿eh?…Este es un lugar para gente bien… ¿Sabes, abuela? Tienes que mantenerte en línea…
Delfina guarda en bolsa todo lo que pensaba decir. Desliza hacia la garganta algo saladito, mira al soldado raso enviado para ponerla en onda y le brota una real, absoluta y contundente gana de mandarla a freír papas. Traga saliva y mira a lo lejos para recomponerse.
— Pero claro, querida. Me comportaré como una lady. Ni llantos ni regocijos… ¿Podré ver a tu hermana…a los chiquitos?
—No. —No de alerta máximo. —Mamá es la única de la familia con acceso al cuarto…Pusieron un cartel en la puerta prohibiendo visitas…Y a los nenes los veremos desde lejos, están en la nursery.
La toma del brazo y la va empujando por corredores y salas de espera adornados con macetones con plantas y cuadros de tintes tenues armonizando espacios. No hay colas, nadie espera turno y el olor a pino de los desodorantes de piso alertan que sobre esas superficies lisas no se arrojan papeles ni se permite el rastro de cenizas de cigarrillos.

Para la familia entera, Delfina es una vieja porfiada. Conservada, pero vieja. Más de uno se sorprendería si tuviera la bola de cristal y leyera el interior de la Delfina que mansa como corderito, sigue arreada por una nieta a la que ayer nomás, le curaba el empacho a escondidas de la madre. Mudaba sus pañales y palpaba la piel enrojecida por los desechos con una pomada de sanar traseritos infantiles.
Antes de acceder al vidrio donde las criaturas empiezan a tomar una leve conciencia de la soledad, Delfina cae en un desánimo agobiante. Es una fervorosa amante de la unión familiar. Un aprendizaje que empezó cuando cumplió nueve años y su madre consiguió un trabajo adecuado. Era la mayor. Trepada sobre un banquito de madera martillado por su abuelo andaluz, ponía la carne y las verduras a hervir; remojaba y echaba jabón a la ropa; hacía los deberes, espiaba hacia la calle siguiendo los pasos de su hermano Ferni, trepado a la higuera a punto de matarse, o persiguiendo la cola del gato barcino de la mujer extraña que vivía en la casa de al lado.
— No ez bue relacionarse co esa mujé. — Dictaminó el abuelo cuando la miró pasar revoloteando faldas y sacudiendo, con la ligereza del paso un par de tetas sensacionales.
Ferni, de tan solo siete años se sintió tocado. Empezó a espiarla y lo del gato era un invento para hacerla salir a la puerta de la cocina, escuchar su alarido de rabia…y toquetear con mente mal intencionada esos senos que ya daban que hablar a más de un masculino del barrio de inmigrantes pobres donde ellos vivían.

Enfrentando la nursery, tomada por sorpresa, Delfina siente que le falta el aire. Dos caballeros que charlaban animadamente hundidos en butacas azules se levantan a saludarla. El moreno fue el primer esposo de su hija mayor, abuelo natural de los mellizos. El rubio atildado y de mirada huidiza, es el tercero en la lista de la misma hija. (Gracias a Dios, el segundo vive en Europa) A Delfina, que se casó una sola vez y le bastó, las relaciones inestables o de poca duración cuando hay hijos en el medio la desconciertan. Reconocer que sus descendientes mujeres son livianas y transgresoras en la relación con sus parejas, siguiendo una moda que crece en la sociedad, corroe las bases de sus intachables módulos sobre honestidad y lealtad. Para ella la familia es un compendio de personas a las que ama con viento a favor o humillada desde la cola, pero resistiendo. Para auto defenderse de sus reiterados perdones, trae a cuenta un viejo dicho de su madre: “Hay que aprender a sobrevolar sobre la miseria humana”. Esa frase la aplica también para el vocabulario procaz que utilizan en los medios de comunicación, para los que lucran con la sexualidad débil de los que se conforman con la exhibición de jovencitas destapadas de cabeza a pie deslizándose como víboras por un caño que imita a un falo, o para los imberbes que se hacen los dormidos en el asiento del colectivo para no ceder el asiento a una mujer encinta o a un decrépito que sin el bastón rodaría por el suelo. Este espectáculo intimista de sus dos yernos fraternizando como amigos, cuando en la trastienda deben odiarse, le acalambra el alma. O estaban equivocados los de antes, o el mundo está patas para arriba y ella pende de un hilo.

Desde lejos intenta ver con claridad a los dos envoltorios que se mueven apenas dentro de sus cunitas. La emoción puede más que la retórica de su nieta. Se lleva la mano al pecho y deja que con entera libertad corran sus lágrimas. La descendiente de los empachos toma distancia. Le pasan cosas espantosas: la hermana menor, madre por dos veces. Ella, que tiene título y no es fea, sigue sola. Encima, a la vieja se le da por llorar. Un verdadero quemo.
Delfina apoya las manos sobre el vidrio, cierra los ojos y ruega por la salud y la dicha de esos niños y de todos los niños del mundo que justamente ese día de sol radiante y brotes nuevos en las plantas, abren los ojos para crecer, amar, trabajar y aprender. Y otro favorcito en el ruego: Que ninguno extravíe el sentido de familia, donde también existen los ancianos.



PÁGINA 3 – NUESTRA POESÍA

Rubén Vedovaldi (Capitán Bermúdez-Santa Fe)

EL BORRADOR

Un hombre salta una tapia y cae muerto en medio de un jardín.
Toda la vida del jardín se conmueve y viene a pedirme que deje mi cuartilla a medio hacer y mi lapicera y mi escritorio y salte la tapia para averiguar allá afuera quién lo mató. (Yo soy el autor y lo tengo que saber y lo tengo que contar). Pero yo tengo miedo de saltar esa tapia y caer muerto del otro lado. Entonces vuelvo a mi escritorio y a mi hoja a medio narrar y concluyo:
-Queridas flores y queridos bichitos del jardín, mejor tiremos el muerto otra vez afuera y borremos estas líneas y escribamos otro cuento sin muerte y sin miedo, eh? ¿Qué les parece?

SED Y PALABRAS

Es la alta noche.
Un hombre tiene sed, pero lo único que hay es silencio y una que otra palabra.
El hombre abre una palabra y se mete desnudo y entero adentro de la palabra.
Adentro está más oscuro que afuera. El hombre enciende un deseo amoroso y trata de ver en la oscuridad, pero el amor es ciego y lo lleva a cualquier parte.
Cuando el amor se apaga, el hombre enciende una locura y ve muchas cosas o espectros dentro de la palabra. Las cosas le sacan la lengua y se le ríen en la cara o le hacen cosquillas en los pies y el hombre busca infructuosamente la salida.
Un cartel le indica: ESPERA A QUE SE APAGUE LA LOCURA
El hombre espera a que se apague la locura y enciende un olvido profundo.
Baja por el hondo y oscuro camino del olvido, y sale de la palabra.
Afuera la gente le pregunta:
-¿Qué sed tuviste, qué palabra abriste?
A lo que el hombre solamente puede balbucear.
-No sé, no me acuerdo.
Todos se alejan del olvidadizo, menos una niña.
La niña extiende una mano hacia la sed del hombre y le regala otra palabra.
Y otra vez, después de la profunda oscuridad, amanece.

TRES DESEOS DEL CRÉDULO PESCADOR

Un hombre pesca a orilla del río una lámpara que parece mágica. El hombre la frota hasta que sale la voz antigua de un genio:
-A tus órdenes, amo. Pídeme tres deseos y te serán concedidos.
El pescador piensa muy bien sus tres deseos y pide:
-Primero quiero la salvación y gloria eterna para todas las almas pasadas, presentes y futuras de este mundo y de cualquier otro lugar en donde las hubiere.
El genio pareció dudar un momento y preguntó: ¿Y cuál es tu segundo deseo?
-Segundo: que tú seas feliz para siempre y libre de toda servidumbre y que quien te encerró en esta lámpara sea perdonado.
-Ya veremos si perdono a ese malvado. -murmuró el genio-¿Y cuál es tu tercer deseo?
-Tercero: que esto esté sucediendo de verdad y no sea cuento.

Y pasó el tiempo y los tiempos y el genio no pudo concederle el tercer deseo. Y el cumplimiento del segundo deseo y del primero, el pescador todavía los está esperando.

CITA DE AMOR AL FILO

Fantasía Diurna se cita con Deseo Nocturno al filo del amanecer.
Tanto afilaron, que el filo del amanecer acabó por separar sus anudados cuerpos.
El Deseo se sumergió en la dulce noche pasada
y la Fantasía se diluyó en la luz del despertar.

EN ALZA

Las góndolas del supermercado flotan
sobre el canal de los precios
corriente arriba;

mi corazón no lleva código
de barras.




Alfredo Ariel Carrió (Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

LÌMITE INSEGURO
(poema sin apagones ).

Enfrento un pronóstico pero no digo nada .
Eso sí releo tus palabras.

No somos nosotros .
Es verdad:
El mundo nos olvidó con sus penas y porquerías .

Mientras escucho “como tu mi voio” un tema de la Dolce Vita
se me caen los permisos y el rostro de las siemprevivas .

Porque la cuestión es así :
dejarte o que te dejen en la noche de San Remordimiento .

No me pregunto.
Me proclamo en la decisión sin agonía.

Estar lejos de una cierta simpleza
donde se apoltronan las lunas
a mirar las estatuas.

Se me aplaza la mirada de los huesos
y las cavilaciones en la fuentes
y las ideas y vueltas de los puentes
que se me van y me vienen complicando una nostalgia.

AL FINAL HAY GENTES LOCAS.

En los eficaces pabellones alguien improvisa una canción
para los trastornos de querer y haber querido,
injertar una alegría sana,
ser pastor a los gritos .

Hay que comunicarse con el laboratorio de los sueños
donde los huérfanos atienden solicitudes
de los que nunca encontraron
el pasaporte de los que andamos sueltos .

En los andamios hay gorriones que amanecen en el júbilo.

Además hay estanques donde beben su agua
y los picos de los que volarán .

Sólo se atreven a continuar,
los posaderos que al mediodía
tienen mesitas al sol
y muchachas sin corpiños que alegran la vida.

Vamos a distanciarnos de la industria del esqueleto.

Porque somos los atletas de un mundo que piensa olvidarnos
seguiremos pintando, escribiendo, filmando
los jeroglíficos a la hora de un baño sin resignación

CONCLUSIÓN CERCANA

(Poema sin cautela).

Cuando fumo en complacencia son las siete.
Se me viene el contorno de la luna amotinada por los pájaros.
El tabaco huele silencios de conclusión cercana.

Se hace lo que se puede y lo que no se puede se hace.
No hay excusas para concordias. Soy el recién llegado.

Que se cansen los cansados en penumbras fatigados.

Toda la memoria hinchada como un repollo taladrante
y esas ganas de gozar cualquier amor sin hipotecas
en el que peinas tu candor de muchacha .

Hoy tengo permiso de música
acordada por el viejo tapial que nos tapa
de esa casa tan pobre en que vives .

Hay un poster de Marilín en la cama tendida
y un velador de marimonias en el secreto de tu belleza insólita .

Ay de los pianos que dejé atrás
y de los violines chamuscados
y de los parientes de mierda que a esta hora
se indultan en la casa de la virgen
para jugar a las visitas con las víboras todas .

La estrella de la vida me arremete
con amigos de la vida activando temblores .

Somos cómplices de manos. No te olvides.

MI QUERIDA:

Quisiera llegarme ahora
pero todas las lluvias me apresuraron .

En el globo de luz donde vives se calienta una uva.

Cuando dejo tu audacia
que macanuda es la calle deshabitada
y algo de basura
y ese final silencio de los teléfonos también .

E vero.
Presto ci vediamo .

HORÒSCOPO PROVISORIO

En la mañana de mayo llegará la mensajera
con su cábala repetida y ocasiones de siembra.

Oportunidades para aislarse y no verla
si no fuimos capaces
de sostener la estrella que desmienta .

Porque fuimos astutos a la deriva
y soldados del ejército de cometas .

Estamos sin convenio de vidrieras .

Un síndico de la memoria pisoteó la espiga sobre la maleza.

Aún existen ojos azules
comarcas sin aduanas en bicicleta
funciones donde el único asistente
rechina la vejez de las trompetas .

Nosotros si que teníamos
petróleo sin habitaciones con colmenas,
trenes de largo aliento que modificaban el alba
y agua natural jadeante de pequeñas promesas .

Había norte y sur y litoral y centro de la tierra .

Silbidos de carpinteros amando la paciencia
y panaderías rurales convocando banderas.

Los hermanos anarquistas no guarecían al poema
lo sacaban del pecho con la boca abierta
y cada pulmón era compadre del otro pulmón
y cada vecino se enamoraba de Luz María Tierna.

Existen la providencias y las porquerías .
Los encorbatados de siempre .
Los enmudecidos de siempre
y las muchachas repletas de saliva a la hora de la siesta.

Digo entre los trapos que me quedan
y las marchas que no cansan .

Que volverán los peatones del olvido
y los 30.000 temblores
y los tréboles de Patricio
y los gallos que despiertan a los niños
en los Tres Continentes con Juan y Juana desvelados en sorpresas.

Si no llego a la calle de mis viejos almácigos
estarán los que quedan con su rosa puesta .

Pensando bien querida
hay que activar las uvas de enero,
y los inquietos pulsos de marzo.

VIENE EL OTOÑO.

Te amo con fondo de Astor
y palabras de Ernesto apuñalando las uñas .

Es la hora pactada para reconciliarnos
con los astutos cansancios,
con las medicinas indígenas,
con los jarros de sol y las canastas nuestras.




Graciela Maturo (San Genaro-Santa Fe-Argentina)

El planeta animal se mueve silencioso
en los vastos espacios,
gira en torno a una hoguera llamada sol.
En cada vuelta trae la misteriosa luz
saludada por los pájaros.
En el ocaso callan y el corazón se estremece
con la muerte.

Sístole y diástole de la luz
ritmo del caminar del hombre
perdido entre los frutos y la gravedad de la sombra.
Ya es el alba. Una gritería de cantos
ayuda al sol a crecer.
Es la aurora de la fuerza
que invita a mi voz a desnudarse.
rumbo de la luz
en la oscuridad del universo.

Es ancho el aire y límpida la pluma
del mirlo oscuro que se oculta
entre las altas enramadas
Mira el pájaro con su ojo redondo y absorto
registrando la fiesta de la ciudad
las calles
donde se mueven hombrecillos extraños.
Baja el pájaro con su pecho llameante .
Su mirada purifica la tarde.
Permite que el tallo verde sea verde
y que mis ojos sientan el peso de tanta claridad.
Mi frente se anega hoy
en el océano de la belleza.
Vuela el pájaro y lleva las hilachas de mi corazón

Una nube opaca envuelve las ciudades
ahoga, las voces de la angustia.
Un tren interminable atraviesa campos silenciosos.
Otro tiempo se abre como un insólito amanecer
otro tiempo fulgura.
La luz de cada día desgasta las rosas de la carne
mientras llegamos, desnudos,
al centro incandescente de una rosa.

Memorias de siglos han caducado ahora.
Mi frente se ha vaciado de antiguas inscripciones.
Sólo siento que estoy aquí, aguardándome,
habitando este cuerpo trágicamente mío.
Huésped de mi garganta y de mi lengua.
desde algún sitio miro su territorio frágil.

Hacía inventarios de mis noches en vela
de muertes cotidianas
de amor de cansancio de resurrecciones
de libros que amé
de rostros en que veía el tuyo,
de palabras tatuadas en mi pecho.
Volví después a mi templo desconocido
el que destruyo y levanto cada día.

El mundo llora en mí
su gran cansancio
siglos de orfandad
días en espera de una palabra
diccionarios borrosos
horas yertas
signo que se esconde en el temblor del agua.
Hombres tristes deshacen
herramientas de plomo
vistiendo de papel su lisura de amebas.
Cordero desangrado
llanto que viene desde el fondo del tiempo.

El silencio de los cielos
cae pesadamente en esta tarde
como un rezo amordazado.
Dónde está el ojo que nos ve
la lengua que nos habla
la mano infinita que nos sostiene.

Código de la lluvia,
lenguajes olvidados, libro mudo,
palabras vueltas hacia sí.
Espera
nervadura de amor
hendija iluminada.

Todo empieza a morir desde que nace
una flor se despliega desde su corazón de sombra
como mi propio corazón
volcado a la consumación del vivir
y del morir.

Como un río que vuelve sobre sí mismo
descubro el no tiempo
Como la dulce gaviota vuelta al aire, al origen.


Una brisa en el alba;
ala celeste del misterio
El aire transitaba los cuartos con olor a madera
llamaba a los que habitan más allá de sus huesos.
El rocío mojaba mis cabellos.
El alma sin edad se confiesa
con los tréboles húmedos de la madrugada.

Ciudad, viscosa, fría,
poblada de muchos rostros y ninguno.
Aullido de la ciudad-desierto,
esquinas sin albergue
Ciudad sin centro, condenada a morir
bajo el diluvio.
Ciudad enterrada ya en el lodo animal
con puertas de oprobio y olor a goma quemada.
Ciudad clausurada y sin ventanas a lo alto
calles por donde ruedan papeles amarillos
y suenan las pisadas oscuras y sin nadie.
Gemido de la ciudad sin fuego.

Sol que resides en las amapolas
desnuda esta neblina.
Silba en la oscuridad una serpiente
llamada tiempo
con su pecho de abismo
ávida de la vida y de la muerte,
Silba y avanza, ciega,
destrozando pájaros iniciales.
formas del mundo.
Muerde en la carne de la verdad
en el tejido resistente de la luz.
Cae el bello dibujo de la hoja verde

El ruiseñor cantó en su noche
ciego
Frío lo halló la alondra en el amanecer
El corazón corrige al tiempo.
Desencuentro de los amantes
La alondra y el ruiseñor cantan unidos
en una aurora nueva.

Miraba yo las palabras en el fondo de un cubilete.
Con inocencia ponía a andar el lenguaje.
Quería recoger gemas ocultas bajo el follaje de los
parques.
El día ya termina y el viento sopla.
Los niños se reúnen junto a una estatua ciega.
Hora de soledad y de guirnaldas rotas.
Venga a nosotros el sueño.
Soñar es encontrar el bello reino de la muerte.
Amar el ruido del mar que se desvanece en el alba
recobrar lo perdido.
El día ya termina y las olas rompen con fuerza
sobre los altos muros.

Desnudos, despojados, desvalidos
mendigos de la luz
cuidadores del fuego.
Nos diste el mundo desde tu palabra.
Eres el árbol del que me alimento.
yo también soy el árbol.
Tu rostro se esconde en el follaje.

Corona, inteligencia, sabiduría
por la Belleza avanzo hacia el Reino.
No me abandones, geometría de amor.
Después del sexto día comerán juntos el lobo y el cordero.

Un árbol resplandece en su jardín de hielo.
El agua forma estatuas.
Se ha detenido el río.
El presente ha tallado flores de piedra dura.
Atrás ha quedado el silbo del viento
y su hermana doliente, la nostalgia.
Ya no suena el gemido del abandonado en su noche
ni violetas de frío se posan en su mano.
Una llave de oro
abre los palacios de la música viva.
Ahora puedo mirarte sin llorar.

En qué rama del Paraíso
en qué balcón de otro mundo
canta el zorzal que vuelve
un día y otro
para decirme un canto que conozco.
Desde dónde hacia dónde va ese canto
o es que viene hacia mí para decirme
que una nube se acerca
y llaman por mi nombre
en otro amanecer
en otra rama.



PÁGINA 4 – ENSAYO

LA MEMORIA Y LOS LÍMITES DEL LENGUAJE

Por Gustavo Lespada (Montevideo-Uruguay, investigador de la UBA)

A pesar de que hoy contamos con un panorama abarcador respecto de la coyuntura histórica en que fue perpetrado el genocidio que conocemos bajo el inadecuado nombre de “holocausto” durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), los historiadores suelen coincidir en que no existe ninguna estadística capaz de dar cuenta de los desgarramientos infringidos al tejido cultural y los imaginarios sociales, ni evaluar la magnitud del daño irreparable que el nazismo provocó a la humanidad. Basta leer los testimonios de los sobrevivientes de los campos de exterminio para tomar contacto con la desmesura, con el desquicio de todo parámetro ético, con todo lo que el horror tiene de inabarcable para la comprensión humana. En su libro Lo que queda de Auschwitz, el filósofo Giorgio Agamben interroga los agujeros negros del exterminio, las condiciones de posibilidad –o de imposibilidad- de todo aquello que ignoramos, lo que él llama “las lagunas” del testimonio, sobre todo respecto de la circunstancia extrema de esos despojos totalmente alienados y quebrados que en la jerga del campo se denominaban “musulmanes”. Estos seres hundidos “a los que nadie quiere ver”, producto del experimento más ultrajante donde caduca toda moral, paradójicamente constituyen los verdaderos testigos integrales que, por su condición irreversible, no pueden brindar ningún testimonio.

Theodor Adorno sostenía que el conocimiento racional es a veces un instrumento insuficiente, que hay aspectos de la realidad que resisten todo intento de explicación. Cuando el sufrimiento resulta trasvasado en conceptos se enmudece, se esteriliza, se atenúa: el concepto es catártico. En una época de horrores incomprensibles como los perpetrados por el nazismo –dice el teórico de la Escuela de Frankfurt- quizás sólo el arte pueda acceder a la verdad. Y en su primer libro, apenas liberado de Auschwitz, Primo Levi afirmaba que la lengua no tenía palabras que expresaran la destrucción de un hombre. Si los campos eran una gigantesca y perversa maquinaria planificada para convertir millones de hombres en alimañas con la finalidad de simplificar su exterminio, resulta coherente que la articulación del lenguaje humano sea incapaz de dar cuenta de semejante regresión. Sin embargo escribe, con el compromiso ineludible de que el conocimiento y la difusión contribuyan a que estas atrocidades no se repitan.

Existe un antagonismo irreductible entre esta necesidad de crear conciencia acerca de la peligrosidad del fascismo mediante las palabras –necesidad que suele ahogarse en el límite de lo inefable-, y la distorsión repugnante y obscena que el Tercer Reich imprimió al lenguaje. Las torturas y los crímenes practicados en los cuarteles de la Gestapo eran registrados y clasificados en forma detallada y minuciosa. En un ensayo de 1959, George Steiner caracteriza con lucidez implacable la corrupción llevada a cabo por los nazis en la lengua de Goethe y Thomas Mann. Cuerpo y lenguaje fueron uno en el martirio: El Idioma fue utilizado para incorporar a su sintaxis lo infernal, usado para destruir lo que de hombre hay en el hombre e instaurar en su conducta lo propio de las bestias.

Porque los lenguajes son organismos vivos que también pueden experimentar el sufrimiento y la mutilación, como sucedió en este caso en que fue trasmutado –parafraseando a Steiner- en un bramido acompasado por un millón de gargantas y botas implacables, donde las palabras perdían su significado original y adquirían acepciones de pesadilla. Jude, Pole, Russe vinieron a significar piojos con dos patas, bichos pútridos que los maravillosos arios debían aplastar.

Esta torpeza brutal con que opera el fascismo también ha sido caracterizada por Hannah Arendt como la terrible banalidad del mal, ante la que las palabras y el pensamiento se sienten impotentes. El lenguaje fue forzado a articular horrores inimaginables para lo cual primero fue trastocado, desvirtuado por diversos mecanismos de manipulación y bastardeo como transfiguraciones semánticas o los clisés y frases pegadizas con que el régimen bombardeaba cualquier atisbo de discursividad disidente. Resultan paradigmáticos los eslóganes ideados por Himmler y Goebbels para neutralizar los problemas de conciencia de los subordinados a la manera de esta aberrante deformación del Imperativo Categórico kantiano: “compórtate de tal forma que si el Führer te viera aprobara tus actos”. O los eufemismos como “Solución final” con el que se referían al asesinato de millones de personas en las cámaras de gas. Tenemos ejemplos más cercanos en el tiempo y el espacio: siguiendo este modelo, la fraseología del tipo “los argentinos somos derechos y humanos” con que la dictadura militar responde a las presiones internacionales por las violaciones a los derechos humanos, en la Argentina de 1979.

Diversas propuestas literarias contemporáneas han abordado el tema del nazismo y sus vinculaciones con el presente, pero a pesar de la variedad de enfoques y las diferencias formales pueden relevarse matices de concurrencia en los planteos respecto de lo inenarrable del horror, en el carácter conjetural o fragmentario del relato que ha perdido toda homogeneidad y certeza abarcadora, así como en el énfasis puesto en distintas manifestaciones del silencio y lo no dicho mediante recursos narrativos como formas de la elipsis, alteraciones en la temporalidad sucesiva, enmascaramientos, analogías y siniestras proliferaciones del doble.



PÁGINA 5 – CUENTO
SOLOS
Por Miguel Ángel Gavilán (Santa Fe-Santa Fe-Argentina)
Sale de la casa y se encuentra sola. Con su vestido de flores apretadas y su bolso gris. Pero sola. Se ve buscando a un hombre en mitad de su vida. Muy pintada, los cabellos ya entrecanos camuflados bajo el color rojo chillón de la tintura y las uñas mordidas en el fragor de la ansiedad. En la puerta, el barrio es el de siempre: una larga calle arbolada y los chalecitos con maseteros y malvones que vuelven cálida la soledad de las tardes. Cierra el portillo y corre el pasador, después baja el escalón de granito y mira la vereda que el sol dejó hace rato de sonrosar. Acostó a su madre, las mesas de noche cargadas con frascos de remedios y perfumes, como un ídolo obeso, de oro y pedrería en el centro de la cama. Habitualmente, antes de salir, la maquillaba y le anudaba un pañuelo de encajes en la cabeza. Le ponía sus collares y sus anillos grandes, de fantasía, que en la mano regordeta, parecían luces de navidad. Procuraba disimularle las ojeras negras con esmero, sabiendo imposible acallar esas manchas profundas y viejas con cremas y polvos. La vejez estaba ahí, había hecho nido y ya no se movería de esos párpados. Por más que frotara, sin consuelo, la vejez también estaba en ella, en su rostro de cuarentona fea y solterona, lo mismo que un gusano que taladraba la piel hasta la llaga.
Camina haciendo sonar los tacos en las baldosas. Los autos doblan y algunos conductores la miran de reojo. Las flores de su vestido brillando ante el fogonazo de las luces. Quiere mostrarse decidida aunque la forma de aferrar la cartera delate su debilidad. Toda la noche en los hombros, piensa. Siempre le había fascinado la noche, esa espesura de silencio en el borde del aire, ese miedo que le daban las estrellas como ojos o como perforaciones sucias de blanco. En la esquina había una parada de taxis. Ahí esperaría al gordo de los miércoles, ese que conoció bailando tangos en un boliche del bajo, que le mentía amor en la pieza de un hotel haciéndola sentir cobarde.
Aquel hombre siente la soledad como nunca. Como una goma que se le pega en el cuerpo hasta sofocarlo. Siente que se le acumula en la carne formando un callo entre los pliegues, donde se juntan los gestos, los guiños, las miradas. Lo envuelve, lo acosa, lo mantiene lejos de la cordura. No le permite reponerse del desorden del miedo. Está atrapado. Se siente idiota al reconocerse indudablemente solo en medio de todos los que dicen quererlo. Toma pastillas, bebe. Se consuela viendo viejas películas, se habla de lo canalla que fue cuando tuvo la posibilidad de ser querido y se hizo a un lado, sin empaque, entregado en el desangre. Lee periódicos, manda mails, se deja caer en la web, hundiéndose en el estallido del chat donde otros hombres buscan señales que se parezcan al cariño, hiriéndose para sentirse vivos, regodeándose en la masacre de los nombres para hacer del nick elegido una salida terca de la monotonía. Su soledad es un bloque de cemento que se le clava en los costados, que tiene puntas y lo invita a caer. Pero se levanta. Quiere morir, pero algo lo aleja de esa idea. Un impulso, un improperio, una rebeldía única, nunca sentida, colándosele dentro de las costillas como un viento envenenado pero salvador. Las escenas de la película pasan ligeras, perversas. Isabel Sarli de guardapolvo blanco, la luz salvaje, la actuación impúdicamente mala, la mujer bella pero grotesca al fingir una calentura fatal. “Que pretende usted de mí” borrando todo argumento. Sin entusiasmo, el hombre bosteza. Es lo único que le pueden provocar esas contorsiones, esas lumbalgias de senos puestos de pie ante la cámara. Al terminar de ver, recorre con los ojos la breve habitación, encoge los hombros como si sintiera frío, aunque el calor es insoportable. Afuera la gente también finge ser feliz. Inventa razones para la dicha, planea encuentros, se ama, se busca, resbala en esa inercia de la amistad que va quedando como una costumbre similar al afecto. La gente tiene más armas que él para creerse feliz. Porque con la soledad se pierden las dimensiones de la dicha ajena, es necesario convertirse en espectador de ella, ver mejillas iluminadas de alegría, risas, el otro con el otro, para poder decir: “eso es lo que no tengo”, eso es lo que otros tienen y yo lo dejé escapar, una simpleza, manos que se juntan, calor en las bocas, la alegría, nada más, un bar, una conversación, vestirse para otro, para que otro distinto complete el cuadro que queda trunco si nadie mira, si nadie dice, estás hermosa o hermoso, sos mi amor, sos mi vida, sos, simplemente. Se pone la camisa y sale. No sabe que se encontrará con esa mujer, en el banco de cemento. Tan lastimosamente él en otro sexo.
Se convence de que el gordo de los miércoles no vendrá recién cuando ve al hombre acercarse, pálido, como si el tiempo le hubiera lavado la sangre dejándolo así, muerto y apagado en esa prontitud de sueño. Tiene los ojos chicos de espiar la vida desde un lugar cerrado. Ella sabe de esas cosas. El gordo es casado, mentiroso y da lástima arriesgarse a tenerle cariño. Ella pensaba todo en función de su madre, hasta se sorprendió una noche midiendo si su amante entraría en la cama de la vieja una vez que esta muriera. Se ríe de verse tan pobre intentando atrapar las migajas que alimentan el resentimiento. Quiere que ese hombre la vea, aunque sea ese, para no volver tan sin levante, tan despiadadamente no elegida otra vez. Por eso cruza las piernas con lastimada premura.
Sin expresión el hombre se sienta al lado. Y se le presenta una casa gris, él llegando de la oficina, la habitación a oscuras, una mujer en bata, un hombre desnudo, un asombro, o dos, una pregunta que no se contesta, que no es necesario responder, el adiós. Piensa ¿cómo matar lo que nunca tuvo vida?, ¿cómo hacerse cargo de un sueño, cuando todos se han terminado? Y piensa también en el reposo de la mujer del banco, esa entrega, los ojos esquivos, la duda y un tajo de labios rojos a modo de sonrisa que quiere ser agradable.
El hombre huele a alcohol, a ropa transpirada y vuelta a transpirar. Recuerda a la madre que le echaba los candidatos y ella que la dejaba hacer por comodidad, por culpa. Y ahora ese, que no era lo que ella buscaba pero que está ahí, que debía verla como una puta para facilitarle las cosas, para que el amor no naciera, como no nació aquel único hijo que le hicieron y que tuvo que abortar porque los hombres las quieren vírgenes, los hombres no las quieren rotas, la madre llorando las faltas de una hija díscola, perdida.
—¿Vamos a algún lado?— propone.
Cuando se reclina en el banco, sabe que esa mujer no le va a servir. Porque nadie entiende que para odiar, para el rencor se necesita un asco, como comer bichos, algo más deshonroso que encontrar a la propia esposa en brazos de otro o pensar que aún alguien podía amar al burócrata disfrazado de marido que traía flores a la casa y hablaba de las vacaciones. Es necesario sentir que la carne se desgarra en cólera, no soñada sino viva, un asco destructivo, como estrellar un puño contra la cara de alguien alguna vez deseado. Esa mujer es honesta. Tiene una pena sentida y cierta, por más que proclame ser una cualquiera, por más que vaya casa por casa diciendo su deseo, pidiendo mitigar sus calores de loca, la inocencia se le desborda tras cada caricia. No le servirá, no. Ni esa noche ni ninguna. Ni en el recuerdo, ni en la anemia de esas horas pasadas frente a la computadora buscando otras hembras odiables y felices, otras putas a las que dejar sin amor. Defraudado prepara la respuesta.
—Vivo cerca. Vamos a mi casa.



PÁGINA 6 – NUESTRA POESÍA

Mónica Laurencena Berraz (Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

VENÍA POR LA SENDA DE LA LUZ

Venía por la senda de la luz
y había en el aire
una tímida esperanza…

Lejos…
Del lado oscuro y profundo
Mis máscaras de certera pena
Caídas…caían…

El cielo azul cantaba alabanzas
y los bellos árboles de rosada
túnica se enlaciaban
me cantaban, me decían
que había todavía una ligera
luz aire amigos esperanza…

Y yo perseguía la loca ilusión
de ser una breve copa entretejiendo
la brisa mañanera
abrazando todavía inequívocamente
la vida…

COMO CANCIÓN DE CUNA…

Para mi abuela Lola Reinares de
Berraz-ella tan española-

Líquida, suave, y dolorosa
La cabecita al nacer…
Tierna, pura y amorosa
Desnuda piel del amanecer…

Los soles agitando
Sus libertarias manitas
Ellos, buscando, buscando
Donde, por qué decir luego mamitas…

II

Y…
así la vida contemplando
En el vientre embellecido
Redondo e iluminado
De certeras blancas lunas
De la mujer que va pariendo
Eterna luz del recién llegado

III

Vuelven mi arrorrós de antiguas cunas
Las de las abuelas y las tías…
En cantos y romances españoles
Traídos de la tierra de Castilla
Que mi Lola está por aquí
No lo dudo, ella y su moro y su Guadalquivir
No lo dudo, ella y su amado teatro y su locura…
Con su siempre eterno Federico García Lorca

Y yo la sueño en las noches
En que recuerdo mis amores
Mis críos ya bien nacidos.

Y nunca olvido sus romances
En las noches de luna blanca
Cuando mi vida que se va aquietando
Suspira por el pasado de flores…
Y de tanta poesía embellece el alma
El recuerdo amaneciendo
En la tarea nunca bien cantada de
Ser madres…

IV

Mi muerte dudosa
De sal y piel
Será entre sábanas
De algodón común
Con mis papeles y libros,
Ya no habrá amores
Sólo los que he amamantado
Con toda la fuerza del sol

Mi muerte vendrá…
Líquida
A tientas, tanto que la
He esperado
Cantando bajito
Pero no confundirá el camino
Sentirá mi perfume de
Mujer y buena amiga…
Me viene conversando
Hace ya tiempo,
Conozco su sinuoso
Andar
Trepando almas de
Compañeros que se fueron
Sólo un rato antes

Mi muerte devendrá pausada más tarde o más temprano
Por ello quiero escaparme
Hacia los ríos de pájaros
Huir por mi ventana de rejas
Entramadas, sentir algún amor nuevo
Y que cuando ella llegué
Un sueño de vida me envuelva
Presuroso agitado me convierta
En alas y me ría de la negra parca.
La espero, ya sin miedo...
Con la cintura aún de frescos abrazos
Lastimada del dolor de los pobres
Con la lanza anidando de alguna
Palabra o danza que reina
Salvaje en mi memoria
Regresando a la infancia
De hermano, queridos míos padres
En el recuerdo de la bella
Paraná lomada de vida engalanada…
Así, te espero de verde y amigos
Con la ruta de banderas antiguas
Recorridas, barrio e ideales…
Nadie pudo comprar mi alma…
Me voy tan calmada, de cantos esperada




Guillermo Ibáñez (Rosario-Santa Fe-Argentina)

POEMA 9

La noche se partió en la niña,
el cielo-tiempo apartó todo,
la caricia al vértigo.

La noche inundó las cavidades
con el esperma de los difuntos
y en la calle infinita del sueño
tembló la herencia de los miedos.

Porque en un silencio apartado y sombrío
en un no lugar en un no espacio
en un no hastío en un no misterio
habitan los deseos de la sangre,
voluptuosidad que dirige
hacia actitudes de horror en los abismos.

LA MUJER DEL TIEMPO

Rompe un poco mi estructura
-dice la mujer-
no deseo estar tan entera.

Destrózame la cantidad de años
que esperé tu sexo.

Y el hombre agotado,
con el corazón latiendo agitado
como el vuelo huidizo
de un ave nocturna
a la llegada del amanecer,
vuelve y se va.

Vuelve,
quédate sobre el tiempo
-ruega la mujer-,
y si no es este el momento
tendrá ella otro destino
otro desengaño
y la ampliación del abrazo
para encerrarse en su propio beso
en la condenación
que la somete.

LAS CONSECUENCIAS TIENEN RELACIÓN

De un padre silente y una madre tenue
nace un hijo de protestas.

De una madre verde y un vegetariano
nace un hijo clorofílico
para la exhumación de la naturaleza.

De un padre enamorado y una madre sin calor
nace un hijo indeciso entre la vida y la muerte.

De un hombre triste y una mujer gris
nace un hijo en días de lluvia.

De una mujer hermosa y un padre milenario
nace un hijo cósmico
que estará siempre en los bordes de la memoria.

De una madre cuadrada y un padre octogonal
nacen hijos geométricos poligonales.

De un hombre correcto y una mujer histérica
nacen hijos indescifrables.

De un padre suma equivocada y una madre signo
nacen dos hijos más dos hijas
que luego formarán sus propias ecuaciones incorrectas.

De una madre que nunca llega tarde y un padre relojero
nacen hijos calculados en horas y minutos.

De un padre tipo, con desesperación y búsqueda
y una madre con belleza interior y ternura
nace el hijo perfecto
que puede iluminar otros amaneceres.

POEMA EN LA CONSUMACIÓN

De una mujer traumada y un hombre traumado
no pueden nacer hijos.

De un hombre traumado y una mujer indecisa
sólo nacen hijos del pensamiento desequilibrado,
hijos ilusorios, hijos de dudas.

De una mujer traumada y un hombre impreciso
nacen hijos desconformes de su conformismo.

De un hombre transparente y una mujer opaca
nacen hijos que un día comprenderán la luz
y al otro día no intentarán descubrirla.

Entre un hombre encontrado a sí mismo
y una mujer en las mismas condiciones
nacen hijos que llegarán sin dolor a la perfección.

I

Ando perdido en madrugadas de muelles
inventados sólo para el insomnio,
de muelles vacíos,
de bajeles cargados de despedidas y llantos
límites anhelados entre la posibilidad
de dos finales para un día naciendo

muelles por los que camino respirando
el propio incesante humo y
la pesada bruma del olvido
gastando pasos con las manos en alto
con gestos que nos devuelven toda partida
con labios mordidos en soledad
con un ceño que imagino
una ventana hacia adentro
hacia el caos y suicidio que aplaude
la culminación de este acto
escena de caminos desencontrados.

Camino sobre el escenario en los niveles
del agua
de muelles que perpetúan la vigencia
del grito
y demoran trascender los precarios
márgenes que nos atan al tiempo.




Norma Segades-Manias (Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

ACERCA DE LOS ELFOS.

Dicen que los pequeños elfos se engendran con esperma de luna en los hondos silencios de la noche.
Durante siete eclipses se alimentan del polen de almudenas silvestres,
pero sólo los elfos destinados al reino
aguardan otra ausencia para nacer al mundo de los hombres.
Cuentan que de los ojos de los príncipes elfos nacen las mariposas.
Bandada tras bandada.
Anaranjadas, deslumbrantes, suaves,
irisando en su vuelo las gotas de rocío dormido en las corolas.
Y que cuando el susurro de sus alas invade los insomnios de los corceles blancos,
las capturan de nuevo entre los párpados
para impedir que mueran desangradas sobre cuernos de plata.
Sostienen que en sus venas corre un cauce incesante de magnolias
donde voces antiguas entonan las canciones de una tierra perdida,
tan lejana en el tiempo
que nunca fue siquiera imaginada por las hojas del roble
o las lenguas ardidas que devoran leyendas en la orilla del fuego.
Por eso saben todas las respuestas y evaden los hechizos.
Los príncipes del reino de los elfos tienen la piel de olivo desvelado
y el cabello sombrío como un mar tormentoso abofeteando eternos farallones,
pero su gracia es pura como el alba naciente,
pero su risa es un cascabeleo cayendo en hendiduras de peñascos,
pero su sueño es leve como un pétalo de humo,
pero su voz es dulce,
es sabia,
es apacible.
La música les nace sin esfuerzo al igual que el amor y las palabras.
Y en la edad de las bayas,
en la edad de las pálidas lloviznas,
abandonan su reino de helechos encendidos
en busca del misterio de las huecas colinas estallantes de esporas,
donde ávidos plantíos de almudenas silvestres esperan los espasmos mordedores de olvidos.
Porque así debe ser,
porque así ha sido escrito
por aquellos que afirman que los pequeños elfos se engendran con rocío,
con esperma de luna,
en los hondos silencios de la noche,
y que durante siete eclipses se alimentan del polen de almudenas silvestres,
aunque sólo los elfos destinados al reino
aguarden otra ausencia
para nacer al mundo de los hombres.

ACERCA DE LA MAGA.

Nadie recuerda con certeza la forma que tenían los senos de la luna
la noche en que engendraron a la maga,
pero sí que lloraron las diamelas
y en el fondo del huerto aullaron los olivos.
Nadie pensó en los días subsiguientes
-los breves horizontes,
las pupilas al borde de la lágrima,
el alma en cabestrillo-
cuando las amapolas encendieron fogatas en la angustia
y la voz de la alondra profetizó infortunio desde lo alto del fresno
herido fatalmente por colmillos de nácar.
Porque ese eclipse andaban las ortigas batiendo sus membranas,
sus verdes asperezas
junto a los muros rotos del levante.
Y andaban negros lobos
mordiendo con sus fauces los flancos de septiembre.
Y palabras agudas salmodiaban promesas.
Y ni siquiera los racimos yermos osaron merodear entre los vaticinios.
Porque nadie supuso que esa audacia,
la maga estallaría en medio de su nombre, obstinada,
compleja,
aferrada a la trama del destino.
Y aunque tensó su expulso la mandrágora,
el desconsuelo quebrantó cerrojos con arietes de sangre,
afilados conjuros rasgaron en jirones las ausencias o exorcizaron densas telarañas
y viscosos embates de murciélagos buscaron derribar toda inocencia
nacida en el fragor de la batalla,
nada pudo con su empecinamiento.
Así, cuando los dioses comprendieron su avidez de misterio,
decidieron parirla mariposa
y abandonarla entre los lirios o el plantío de hortensias,
para que errara en las profundas soledades
sobremuriendo a todos los naufragios
hasta que una nostalgia,
el ojo de los cielos la encontrara vagando a la orilla de robles
que ninguno podría talar de su memoria
porque aún no habían sido gestadas las semillas.
Condenada a la vida por haber perpetrado los desvelos,
el absurdo pecado de evocar cada rostro
antes de que lo hubieran pronunciado en el idioma de los pájaros;
a aderezar con elixir de almendras
y nueces cosechadas en el principio de la bruma
todas y cada una de las breves historias que los príncipes elfos habrán de devorar cuando regrese la edad de la alegría.
Aunque nadie recuerde con certeza la forma de la luna la noche en que los dioses la engendraron,
en el preciso instante en que se desnudaron las diamelas
y aullaron los olivos desde el fondo del tiempo.

ACERCA DE LA ALDEA.

Conserva un suave gesto de abandono,
los rasgos de la ausencia
apresados en el óvalo de un viejo relicario
como aquel rizo opaco que nadie reconoce.
Es un rostro entre azogues,
una fotografía en tonos sepias de algo que ya no existe,
que jamás ha existido salvo en la desmemoria de encajes,
terciopelos,
abanicos de nácar,
peinetones,
zarcillos.
Hacia la plenitud de los cereales,
el sur le extiende su actitud de pan,
de lluvia sin cerrojos;
le entrega sus corolas de ceniza,
su estambre de humo espeso.
El sur es una dalia advenediza que enciende lejanías
por donde migran ángeles y dioses
tal y como si fueran hojas secas en el advenimiento del otoño.
Hacia el norte acontece el reino del delirio,
el perfil de un silencio que aúlla como ortigas
o eclipses
o cigarras;
como el vientre desnudo de los cardos reclamando otro cáliz,
otro estambre desde donde parir las soledades,
la impenetrable angustia de la sed y la espina.
Hacia el norte sucede el seco territorio del olvido.
Las espadas vinieron a fundarla en medio de sus ríos.
La pensaron albatros, golondrina.
Ella tuvo actitud de mariposa.
En las manos cruzadas sobre el pecho
retiene el mismo gesto desvalido
de quien ya no recuerda las sílabas estrictas que aluden a la luz de la esperanza,
conjuran algoritmos
o naufragios.
El gesto desolado de quien clausura cielos y horizontes
con urdimbres de espesas telarañas
impidiendo a los duendes sobrevolar la tarde,
custodiar las palomas,
amparar los follajes de campanas.
Por eso cuando trepan las auroras sobre la arboladura de los templos,
cuando el reloj del claustro amnistía los trinos con su dedo de sombra,
cuando las aves nacen al arrullo,
al hambre cotidiano;
escarba con las uñas debajo de los sueños
en busca del idioma que la nombra
por su nombre de santa.
El nombre que tatuaran las leyendas en registros, archivos y sepulcros.
Las espadas llegaron a fundarla en medio de la nada.
La pensaron camelia,
siempreviva.
Ella escogió lo efímero y salvaje,
la silvestre humildad de las verbenas.

ACERCA DEL PECADO.

Alguien anduvo bajo los desengaños de febrero asesinando todas las granadas.
Clavaba su obsidiana en las rojas entrañas de los frutos,
con tal alevosía,
que los lobos jadearon sus maldades agrestes,
impacientaron los colmillos
y algunas mariposas asustadas volaron a esconderse entre los matorrales de azucenas.
Fue hace muchos veranos.
Cuando cada glicina liberaba resplandores violetas,
podían escucharse los silencios,
crepitaban capullos y misterios entre los alelíes.
Más allá del eclipse que mutiló los flancos de la luna con sus oscuros dientes milenarios.
Más acá de los miedos,
de los despojamientos,
de los cirios humeantes bajo las hornacinas
encendidos en honor de los dioses de las duras plegarias
y las largas vigilias.
Después del caos.
Antes de la desdicha.
En la segunda edad de las tinieblas.
Mientras caía una llovizna lenta sobre la soledad de las diamelas.
Mientras caía una llovizna lenta.
Mientras caía la llovizna.
Fue hace muchos veranos.
Delante de los pétalos donde anida el pecado
y lo desconocido
y el rostro de los muertos renace en las texturas del azogue
y una fragancia a espesa desmesura aturde los sentidos
y desde el fondo de la sangre se acercan los demonios a reclamar la ofrenda de las lágrimas.
Detrás de las lavandas que escribían canciones y poemas.
Detrás de las lavandas.
Donde habitaban las serpientes.
Aún nada estaba escrito sobre la piel del odio
y hasta el plantío de las nomeolvides
no habían arribado los murciélagos con sus extrañas voces,
sus membranas viscosas,
sus leyendas oscuras.
Nada estaba tallado en las bitácoras de los estupores
cuando anduvo la sombra cubriendo el infortunio.
Y los viejos labriegos ni siquiera pudieron presentirla.
No notaron la ausencia de la maga en las eucaristías.
No escucharon gemidos vagabundos,
sofocados en el estanque de los lirios.
Ni el eco de sollozos en el viento
pronunciando los nombres de aquellos que habían sido talismanes,
conjuros,
amuletos.
Ni el aullido de sueños decapitados como las codornices.
Sin embargo,
alguien anduvo bajo los desengaños de febrero
asesinando todas las granadas.



PÁGINA 7 – ENSAYO

ALEJANDRÍA: CAVAFIS, FORSTER Y DURRELL

Por José Antonio Lugo (Ciudad de México-México)

A Yolanda Meyenberg

Jane Lagoudis Pinchin nos ofrece un libro extraordinario: Alejandría: Cavafis, Forster, Durrell, que nos describe en primer término cómo esta ciudad, Alejandría, al ser el espacio donde estos tres grandes artistas concibieron o escribieron sus obras más importantes, se ha ido convirtiendo en un espacio mítico. Así, de la misma manera que podemos hablar del Dublín de Joyce, o del París de Proust, la Alejandría de estos tres autores ya no tiene que ver con la realidad; se ha convertido en un icono y un motivo de turismo literario. Detrás hay una historia de más de dos mil años: Alejandría fue el espacio donde florecieron grandes personajes, desde Alejandro Magno, quien creó la ciudad, hasta el gran filósofo Plotino, la extraordinaria mujer que fue Hipatia, el astrólogo Ptolomeo y, por supuesto, Cleopatra y Marco Antonio. Pasó de ser un refugio del helenismo, a la cuna del neoplatonismo y, siglos después, con la conquista, una ciudad árabe, capaz de mezclar culturas como los sabores de un exótico platillo.
En el capítulo dedicado a Cavafis, la autora nos acerca al “gran poeta de la ciudad”, recordando algunos de sus poemas más importantes y cómo sus celebrados versos fueron, en buena medida, producto del ambiente de la ciudad. Cavafis se encontró a sí mismo en la ciudad, se permitió el amor homosexual y fue el gran cronista del paso del tiempo en el amor: “Alegría y perfume de mi vida / es el recuerdo de esas horas / en que hallé y retuve el placer tal como anhelaba. / Alegría y perfume de mi vida / yo que odié los amores y goces rutinarios”. Ese amor conduce en ocasiones, a la perdición: “Mas a fuerza de ser para la gente un Narciso y un Hermes, / los abusos me arruinaron, me mataron. Caminante, / si eres alejandrino, no me censurarás. / Conoces la vehemencia de nuestra vida, / qué ardiente es, qué excelsa voluptuosidad”. Al final sólo queda la memoria y el recuerdo. La autora nos cuenta que Cavafis, cuando estaba a punto de salir de su casa por última vez para ingresar al hospital: “miró su maleta y se echó a llorar, escribiendo en un cuaderno de notas que siempre llevaba a mano puesto que ya no podía hablar: ‘Hace 30 años compré esta maleta, una tarde, con prisas, para ir al Cairo en viaje de placer. Yo entonces era joven y fuerte y no mal parecido’”. La melancolía es la de sus personajes, que se deleitan con amargura en sus recuerdos.
Confieso que no conocía la profunda influencia que tuvo Alejandría en la obra de E.M. Forster. Él llegó a Alejandría en 1915 y permaneció allí –varado por la guerra- hasta 1919, trabajando para la Cruz Roja. Tenía 36 años y era un escritor reconocido, autor ya, entre otras obras, de Howard’s end y Una habitación con vista. Además de la enorme influencia en su obra de la ciudad y del propio Cavafis. Forster lo conoció y fue su amigo, además de convertirse en el divulgador de su poesía, que con entusiasmo mostró a los grandes escritores de la época, como T.S. Eliot, Virginia Woolf y Robert Graves. En una carta que Forster le escribe a Cavafis el 17 de enero de 1917, le dice: “Sospecho que en el fondo del alma lo que uno verdaderamente ansía no es la felicidad sino la paz”. Al igual que el poeta, Forster se sintió fascinado por Cleopatra, producto de Alejandría. Sobre ella, escribió: “Ella sería la última de una estirpe sutil y solitaria, una flor que Alejandría había tardado 300 años en concebir y que la posteridad no conseguirá marchitar, y que de ese modo habría de mostrarse ante un sencillo pero inteligente soldado romano”. Para Lagoudis, la influencia de Alejandría sobre Forster cristalizaría en su gran novela Pasaje a la India, en la que el encuentro de razas y civilizaciones es un reflejo del caleidoscopio alejandrino.
De la misma manera que Forster quedó varado en Alejandría durante la Primera Guerra Mundial, Lawrence Durrell llega 30 años después, en plena Segunda… Pasaron muchos años para que alumbrara su obra maestra. Después de Alejandría, estuvo algunos años en Grecia, Argentina y Yugoslavia, para, finalmente, en 1952, renunciar al Foreign Office y con su hija pequeña, Sapho –nacida de su segundo matrimonio con la alejandrina Eva Cohen, partir sólo hacia Chipre, donde conocería a Claude, su tercera esposa.
Sin embargo, el encuentro con la ciudad no fue placentero. Grecia había caído y él escribió, en La celda de Próspero: “La pérdida de Grecia ha sido como una especie de amputación” (de la misma manera en que Nessim pierde un ojo y un dedo, Clea una mano, Pursewarden la vida). Tan es así, que le escribe a su maestro y amigo Henry Miller: “No creo que te gustase… el cochambroso aspecto de esta ciudad napolitana en ruinas. Hay árabes, coptos, griegos, franceses; no hay música, ni arte, ni auténtica alegría. Si uno fuese capaz de escribir aquí un simple renglón de cualquier cosa que oliese a humano, sería considerado un genio”.
La ciudad es malévola, como sus mujeres, como Justine. Darley –esa especie de Marco Antonio- tiene que ir conquistando a sus tres mujeres –Melissa, Justine, Clea-, a la vida, a la ciudad, antes de quitarse los lentes y comenzar a escribir “la vieja historia de un artista maduro” y sentir “que el universo entero le daba un abrazo”. El proceso de apropiación de Darley es el mismo que vivió Durrell, que termina amando a Alejandría y llenándola de humanidad. Todo bajo la sombra protectora del espíritu de Cavafis, representado en El cuarteto… por Balthazar. Al final, el círculo se cierra. De la misma manera que Cavafis recuerda poco antes de su muerte el momento en que compró la maleta en la que llevará algunas pertenencias y ropa al hospital del que no saldrá vivo, al final de la novela el tuerto Hamid le regala a Darley una foto arrugada de Melissa y Darley. Quedan los recuerdos, no la realidad. “La realidad… No hay nada que con el tiempo se contradiga más”. Así, Alejandría se convierte, una vez más, en la ciudad de los recuerdos, la ciudad de las memorias sensuales, festivas y amargas de tres grandes de la literatura: Cavafis, Forster y Durrell.



PÁGINA 8 – CUENTO

ELLOS, AL ACECHO

Por Ángel Balzarino (Rafaela-Santa Fe-Argentina)

Sí. Como si fuera la única que estoy aquí. Tuvo la repentina certeza de ser el centro de la atracción de ellos. Traspasada por las miradas lacerantes. Vos tenés la culpa. Usás la ropa tan ajustada que volvés locos a los hombres. Aunque era justificado el reproche de su madre, le causaba regocijo el hecho de despertar interés, admiración, envidia, cada vez que marchaba por la calle o entraba a cualquier sitio. Creo que ésa puede ser. Vigilala bien. Comprendió que resultaba innecesario el consejo del Fito. Apenas ascendieron al vagón ella tuvo la virtud de destacarse entre los otros pasajeros. Alta, tensos y grandes los pechos, exhibiendo provocativa las piernas desnudas. Como si se tratara de un desafío, no bajó la cabeza ante la fijeza con que se dedicaban a observarla los dos muchachos apostados junto a una de las puertas. Sí. Todos quieren obtener una sola cosa. Pero debió admitir que ninguno como ellos se había atrevido a revelarle su propósito tan abiertamente, sin disimulo. Si Ezequiel estuviera aquí ya les hubiera dado una trompada. Sería la consecuencia lógica del malhumor y furia que siempre experimentaba por las palabras insinuantes y las miradas procaces de quienes pasaban a su lado, trastornado por unos celos casi enfermizos que, si bien le conferían el halago de saber cuánto la amaba, por momentos le otorgaban el carácter de una prisionera, sin el menor asomo de libertad. Si te molesta tanto cómo me visto y lo que me dicen por la calle, será mejor que busques otra compañía. La amenaza solía contenerlo, indicarle que el amor no le daba derecho a utilizarla como propiedad privada, sujeta a sus gustos y caprichos. Blanca y limpia y perfumada. Era fácil imaginarla así, cuando sus ojos voraces ya habían logrado despojarla de la diminuta pollera y la blusa fina y escotada. Conocer algo nuevo. Mejor. Esa fascinante perspectiva le produjo no sólo un repentino hormigueo en todo el cuerpo, sino también, de pronto, lo llenó de bronca y desazón al considerar que siempre había tenido que sacarse las ganas con la Graciela o la Turca Zamaro, pues nunca tuvo dinero para aspirar a otra cosa. Casi acostumbrándose a eso. Por necesidad o desesperación. Desde aquel atardecer en que, junto al Cholo Lamberti y los hermanos Piacenza, había penetrado sigilosamente en la casa vieja y con escasa iluminación, donde, luego de una espera en la que se mezclaban el deseo, la ansiedad y el miedo, se encontró a solas con la mujer en el cuarto saturado de olor a tabaco y perfume. Vamos, no puedo estar con vos toda la noche. Impaciente al notarlo tan indeciso y avergonzado, lo ayudó a desvestirse y después lo guió en el acto breve, arrebatador, que no llegó a depararle el anhelado placer sino más bien una sensación de tristeza y extrema laxitud. Fue similar las veces siguientes. Sin poder definir si era por el clima casi asfixiante o la voz plena de urgencia o la piel sudorosa y arrugada por la caricia de tantas otras manos. Para conseguir mujeres hermosas y un auto y cualquier cosa que te guste, se necesita plata. Mucha plata. El Fito insistía con el único medio que iba a liberarlo no sólo de la frustración y desesperanza que ya habían comenzado a gobernarlo al recorrer todos los días la ciudad buscando y vendiendo cartones y botellas para ayudar a su madre en los gastos, sino también permitirle abandonar alguna vez el mísero reducto de madera donde vivían amontonados como ratas y tener dinero para disfrutar las mujeres más atractivas. Si querés, puedo ayudarte a vivir de otra manera. De vos depende. La propuesta llevaba implícita una seductora promesa de poder y esplendor. Presintió la oportunidad tan anhelada. Sobre todo por comprobar encandilado cómo el Fito había dejado atrás el estado de pena e indigencia que compartieron en el barrio y podía andar orgulloso en una moto reluciente, estar acompañado por una mujer distinta cada semana, disponer siempre de un abultado fajo de billetes, como si fueran las cosas más naturales del mundo. Entonces no dudó. Estoy decidido. Decime lo que tengo que hacer. Al notar que el tren aminoraba la marcha no pudo definir si experimentaba alivio por librarse del feroz acecho de ellos o cierta desazón al concluir esa especie de juego cargado de sugerencias, gestos contenidos, miradas que parecían trasuntar turbios secretos, del cual resultaba la principal protagonista. Excitada. Gozosa. Como si hubiera estado haciendo el amor. Le resultó fácil imaginar la reacción entre sorprendida y horrorizada de su madre y, sobre todo, de Ezequiel, si les confesara lo que había llegado a sentir durante el viaje. Tené mucho cuidado ahora. No la pierdas de vista. Y conservá la calma. Desde que habían comenzado a trabajar juntos, casi un mes atrás, resultaban rutinarias las palabras del Fito cuando llegaba el momento de actuar. Pero ahora eran inútiles. No sólo porque ya había aprendido todos los trucos del engaño y la sagacidad para obtener con éxito el botín apetecido, sino más bien porque ninguna presa logró despertarle tanto interés y codicia como esa muchacha. Tenerla. Sólo para mí. El único anhelo, el trofeo que hubiera compensado tantos años de tristeza y desolación y, sobre todo, borrado el sabor amargo que casi siempre le dejaba cada fugaz encuentro con la Turca o la Graciela. Sí. Ahora empezaré a tener lo que siempre fueron sólo sueños. Al lado del Fito pudo adquirir un reconfortante sentimiento de fuerza y seguridad, cada vez más dispuesto a conquistar cualquier objetivo, sin temor, como si le bastara tender la mano para lograrlo. Aferrando el bolso, marchó presurosa hacia una de las puertas. Sofocada. Impaciente por respirar aire puro. Debía tener enrojecida la cara, reflejando la ráfaga de excitación y goce que la había arrebatado. Desvió la mirada hacia los causantes de ese estado. No. Nunca llegarán a saber lo que me hicieron sentir. Luego desaparecieron de su visión, cubiertos por los hombres y mujeres que, como si hubieran recibido una orden, se movilizaron con premura al detenerse el tren. Más que por propia voluntad, traspuso la puerta por la presión de los otros cuerpos. Vamos. No hay que perder tiempo. La voz del Fito sonó seca y perentoria. La orden que no admitía réplica. Sí. Para eso estamos aquí. Para trabajar. Procuró desplazar el hecho de haberse dejado embargar por el deslumbrante placer de quitarle la ropa a la muchacha y sentir la suave tibieza de su piel y poseerla sin apuro, olvidado de todo, con el deseo de prolongar indefinidamente ese momento. Apurate. El grito del Fito y la mano imperiosa sobre un hombro le hicieron avanzar entre la gente, forcejeando con rudeza por abrirse paso, los ojos clavados en la presa elegida. Al descender del tren la vio alejarse por el andén. Debés actuar con serenidad y rapidez. Tomar el objeto deseado y disparar a toda carrera. La reiterada recomendación le martilleó la cabeza cuando la tuvo a escasos metros, tentadoramente deseada en el zigzagueante movimiento de su cuerpo. Ahora. Ahora. No logró definir si el mandato provenía de la voz del Fito a sus espaldas o por comprender que había llegado el momento oportuno. Entonces tendió una mano hasta el bolso de la muchacha. Un gesto ágil. Violento. Y, como tantas otras veces, no necesitó volver la cabeza para adivinar el empujón del Fito y la caída de ella. El grito desesperado fue suficientemente revelador. Y tanto para dejar de oírlo como para ponerse a salvo, aceleró la marcha. El único objetivo después de concretar el asalto. Correr.



PÁGINA 9 – POESÍA ARGENTINA

Aníbal Aguirre (Salta-Salta/Argentina)

INTRIGA

La imagen que me da es la de un adolescente,
en otras, se parece a un estratega griego

en las Termópilas, da la sensación de ser
un espía, por momentos se torna en un

revolucionario al defender la naturaleza.

Por lo que le leí, es un hábil contador
de cuentos, y si me dejo llevar por la

vestimenta, sería un buscador de oro, de
esos que nunca han encontrado nada.

La pregunta es; adonde está su corazón,
es lo que me intriga.

SALVATAJE

Voy al rescate de una bella escritura.

Allí está, pueden verla, con sus alaridos
me implora que la salve.

Eleva una de sus manos, es todo lo que
puede hacer la pobre.

Ya la tengo, jadea, está más muerta que
viva.

Le he dado unos masajes, sacado el agua
de sus pulmones.

Si logra superar la instancia, será un
gran poema.

EL GRAFÓMANO

Mientras hoy domingo los ciudadanos se
dirigen a los templos.

Se quedan a morir en sus camastros
frente al televisor.

Desde muy temprano hombres y mujeres
corren expulsando las toxinas.

Los danzantes regresan desde
extraordinarias distancias.

Yo dibujo con letras con letras el
extraordinario universo en donde vivo.

Leen diarios, conversan, discuten,
cocinan, yo escribo.

LIRICA PROFUNDA

Voy a leer textos que no son los míos,
cosa que no hago a menudo.

Me introduzco en imágenes que se crean,
en efectos que se buscan.

Profundizo en la lectura, intento leer
entre líneas.

Me esfuerzo en descubrir el mensaje que
conlleva la escritura.

Estoy parado, (dice el autor) al pie
de la tumba en que has nacido.

Que bien escribe este autor, qué lírica
profunda.

ACHICORIA

Sus manos se tornan en una fuente
recibiendo la verdura.

Sus ojos reflejan los esplendentes
colores de la vida.

A veces olvido decirte cosas, no lo
hago por

ver las achicorias, papas, zanahorias
que desfilan a la cocina.

No sé si podrá leerse esto, dar vueltas
al mundo, como espero.

Notable, en medio de las lecturas llegan
los frutos de la tierra.

CONTINGENCIA

Si no fuera por que el cauce de río seco
por el que transito pasa por tu casa

no te hubiera conocido, no estaría
compartiendo la palabra.

Si no ando perdido como ando, no te
encontrara.

Si tu ventana no diera a la calle, la
rosa que ensangrienta mis manos, a donde
las dejara.

Si la barca en que navego pasara tras de
la montaña, si juntas

voces no cantaran, adonde anduviera.

Escritor

El tipo iba caminando
pensando en ella/
en la pulsera plateada bailando en su tobillo/
cruzó la calle
pensando en ella/
en el mohín de su rostro cuando jugaba con él.

Un camión con un semi de 38 metros de largo
que venía a 140 KMts por hora
por el medio de la cinta asfáltica/
lo pasó por arriba
como si fuera una bolsa
de jugosas naranjas.

El tipo se levantó
y sin sacudirse la tierra
ni enjuagarse la sangre
que manaba de sus ojos/
siguió caminando
pensando en ella.

En esa mujer desconocida.

Fragmentaria protagonista
de sus peores desvelos.

iluminaciones

de pie
en medio del desierto/
miro hacia arriba
y me invade un cielo negro
perforado de minúsculos destellos
desaparecidos
en tiempos de la crucifixión.

en ese instante cruza lo oscuro
una extraña piedra luminosa/
siento el blanco terror
de un misil asesino.
- no/ aún no es el momento – pienso.
- debe ser un satélite espía -.
no/ tampoco es
esa fría mirada del imperio.

su estela de partículas
forma una imagen mística.

azorado
temblando como una brizna
de eternidad/
por primera vez en dos mil años
percibo la iluminación
de aquella estrella tan fugaz.-




Alba Estrella Gutiérrez (Buenos Aires/Argentina)

I

hay lugares de rendición
oscuros laberintos
donde el hombre
rastrea su agujero de páramo
dolor de herida acorralada
mensaje de náufrago en la caverna
fugaz como el aire
liviano desamparo
frágil como un niño descalzo
el hombre pregunta su intemperie
camina su destierro de mago
busca sus pérdidas
y obediente revuelve en el nombre

su residuo de huesos

II

solo con mis alas y mi muerte
solo
el mar lloró mis ojos
me hice muelle
lengua de arena
caracol de luz sobre mis pies
desnudos para siempre
me abandonaron

solo con mi muerte

III

hay un lugar intangible
donde el corazón desanda sus latidos
los pasos de fugacidad
recuerdan sueños en la memoria ausente
de pájaros dormidos
hay un lugar
para velar a dios
y celebrar su infierno
porque duele el amor
hasta el fondo del alma
el amor duele

cuando dos que se aman se despiden

IV

duelo infinito
vertical
solo de ausencia
en esta noche
de silencio perpetuo
el dolor sueña los ojos
los ángeles del alba duermen
un insomnio de pérdida
y en esta noche
los huesos entierran

sus mutiladas lágrimas

V

somos dos en la noche
que se atreven
somos dos en los pasos que regresan
somos dos que se aman
sobre la grupa azul de la inocencia
somos dos que se miran hasta el hueso
entre sábanas de humo
y un desorden de besos y de siesta
somos dos que olvidaron la palabra
dos silencios
que se atreven al filo de la muerte
y que se aman hasta el dolor
último intento
héroes vencidos
mitades de dios

que aún se aman

VI

y se dobla la pena
como un guante
y se olvida la ausencia en los armarios
y una sale con el disfraz
a contramano de una esquina cualquiera
en buenos aires
se llena de miedos
y cierra con nostalgia
las ventanas del duelo
acomoda su corazón de sola irremediable
y se dobla en silencio
con horario de huérfana
acepta lo que ha venido a ser
un hueco de cenizas

y un pedazo de luz en su costado




Gustavo Rubens Agüero (Salta-Salta-Argentina)

ASENTAMIENTO SAN SILVESTRE

a Nahuel ahijado,
a Lucio Agüero.

Orilla de ciudad, huella sin
dueño,
la tarde es una llaga en los ojos
de un niño.

San Silvestre es una zanja
a los pies del Grand Bourg.

Las casas se agarran del camino,
que en invierno son cartón, latas,
rocío,
un gato trepado en el abismo.

Tierra sin luz, sombras sin agua,
en las elecciones la tierra prometida.

Nahuel: te regalo mis discos
y los naipes jugados en la vida.

Ochan perros, pasan bicicletas,
suena un tiro con el desamparo
a oscuras esperando que amanezca

y nos encuentre juntos.


MUJER DE VALDIVIA


El living de la casa una
sangría
en el mural de Roberto Maheashi.

Por las habitaciones un perfume francés,
te hubiera entregado este estrafalario
caracol de huesos y la espuma del mar
en silencio.

Pero es verano y llueve sobre Valdivia.
Hoy es día libre para la servidumbre.

La casa de Valdivia está sitiada:
los cipreses la ocultan cuando el viento
es un nómada sediento.

Ahora los amigos, la confidencia,
la luna en el fuego de la salamandra.
Quien conoce esta casa no tiene
escapatoria,
porque el amor es una fotografía,
un relámpago de la memoria.

LAVANDO CULPAS

La limosna del día
ocurre en el recuerdo.
Seguido por la noche
el rocío tremendo.

Cabe en este saco
un ademán del viento.
A la pieza le crecen
arrugas con helechos
y trajinan mis huesos
su santo por adentro.

La casa donde llego
porque la noche es tanta.

Trepado por la tapia
la luna se me ha vuelto
el ojo de mi madre
que mira en el silencio.

DESDE EL FANATISMO

a la memoria de María Teresa

Quedarán noches con la humedad
del tiempo,
retazos de lluvias, cigarrillos apagados.

Tus zapatos que no llegan, mira hacia
el oeste
la calle en el silencio.

Entra, voy a tomar la ciudad.
Que no sospechen la manera que guardo
mis libros con las hojas de un trébol.

Mira que en las uñas la tierra
nos conmueve
y hay golpes en la soledad de una silla.

Entra: Te pertenece lo que nombro.
Con la mitad que el espejo te divide
vuelve amanecer bajo mi rostro.

PLAZA FRANCIA

Al filo de una
gillette
las venas de tu corazón.

Escribir en un cuaderno
las posibles luxaciones del alma.
No huir sino en el instante mismo
que las cenizas arden tu inocencia.

Días inauditos con el pudor a cuestas,
el fantasma de una mentira nos persigue.
Si vas a perdonarme que sea en el
resquicio del ayer.

Ya no la persuasión de las calles
ni la gravidez del otoño en los cipreses.
Es el prodigio que regresa por su hijo
bastardo.
A la luz permisiva la estancia de mis
párpados,
también se puede decir adiós
el día menos pensado
y morir en Plaza Francia.

TE HE AMADO ENRIQUE MOLINA

Días sin redención tu sombrero
de paja,
junto al monumento de Arenales
tus mujeres
insomnes.
masticando corteza de Peyote la luna
de agosto.
Entre juncos Genoveva Benedit despojada,
fósforo de la Pasionaria, agua que
confidencia,
despeñadero para encontrarnos.

Los pescadores del Río Yacuma
arrojan sus redes de corchos y huesos
y sombras.

Más allá la diáspora, la desolación de
mis huesos,
la botella de Ron que naufraga en el alma.

Yo conozco el tatuaje de tu pie izquierdo,
la gaviota disecada en la proa del galeón.

Ya no la tempestad en la isla
de los condenados,
manuscritos en una botella sobre la ira
de Cendrars y la locura de Oliverio Girondo.

I

En tu cuarto de hotel las sábanas del amor,
las cenizas de un cigarro de La Habana,
una guajira tu camisa recién lavada.

Ciudades del mundo con museos de bestias
y hombres. Salamandras, gárgolas, libélulas,
estampas de vírgenes
y el Arcángel en cuya belleza descansa
el ayer.
Calles de Puno, adoquines, albahaca
los diableros seguidos por el viento.

El día de tu cumpleaños deshojando hongos
en la puerta de tu casa.

Aquí el vértigo: una mancha de aceite
y ese tren que descarrilla piteando los perros.
Nunca has leído la carta de la Academia
junto a tus poemas sonríe Edgar Bayley
su cadáver.
Secretea la noche, conspira
en las barrancas al ritmo del candombe.

A la voz de la inquisición oculté mis pechos,
mis caderas por los campos del Restaurador.

Todo el fuego a la tristeza, pubis de cara
al cielo
mucho antes que las balas mi corazón canta.

Yo, Camila O´Gorman, te digo adiós.


EVITA

Nostalgia en el café Tortoni
una noche que llueve en el alma.

El tren chaguanco, al desamparo pañuelos,
fuego que arde la cicatriz y la memoria.
Palabras con miseria el país que soñamos
y en la casa crecemos los descamisados.
Lámparas a kerosén son los recuerdos,
los que saben leer nunca pronuncian
tu nombre.

El rocío amanecido contra la piel,
tu cabellera que sangra al algarrobo,
Barrancas, Belgrano, Balvanera,
el invierno con calles de tierra,
un patio al misterio de una higuera,

la muchacha que viene de Los Toldos
con un monedero lleno de espejos.
Tu nombre escrito en esta carta,
hay música de Pichuco en tus palabras,
hay soledad en la baba de tus niños,

sobre la patagonia rebelde, sobre
la infamia de las mujeres con vestidos
de corte europeo.



PÁGINA 10 – ENSAYO

LA CASA GANA

Por Mónica Russomanno (Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

En China el juego era el juego de una ronda de hombres acuclillados en el polvo, apostando por piedritas, pájaros peleadores, cartas, dados. Una ronda de hombres que apostaban muchas veces el trabajo de sus mujeres en los arrozales, la comida de sus hijos. Forma parte de la literatura china la desgracia de los hombres intentando recibir fortuna de los dioses, y consiguiendo la destrucción de su vida y la de su familia.
Pero era un negocio pequeño ese el de la ronda de hombres en el polvo con sus monedas entre los dedos. Ahora llegó la civilización para ayudarlos a que el fracaso adquiera proporciones épicas.
Están prohibidos los casinos en todas las ciudades de China, salvo en Macao. En Macao, entonces, se construyeron las ciudades del juego. Enormes, inabarcables, aterrorizantes edificios calcados de los que al otro lado del mundo iluminan la noche en Las Vegas. Faros que atraen polillas que se achicharran en la lámpara.
Y llegaron las desnudistas de piernas largas, para que los chinos puedan apreciar las pieles doradas, los cabellos rubios, la estatura de esas mujeres de California, de Texas. Para que aprendan, los chinos, a despreciar a sus mujeres, avergonzarse de ellas que lucen tan espantosa, tan irremediablemente orientales. Y llegaron los espectáculos de travestis para sacudir un poco tanta tradición, y los auditorios gigantescos se ocupan para cantantes extranjeros, a veces para cantantes chinos que hacen, cómo no, música occidental.
Una mujer china se ocupó de las compras para la construcción del casino “The Venezian”. Con una enorme sonrisa y orgullo, decía a la cámara que ella gasta el dinero como si fuese propio, lo menos posible, lo más barato que se pueda conseguir sin bajar la calidad. Y dijo, la ejecutiva china, que por suerte el trabajo sigue siendo barato en China, que un mes de trabajo de un obrero chino equivale en dólares a una hora de trabajo de un obrero en EEUU. Sonreía con su cara chata y sus ojos rasgados, sonreía con el cabello negro y lacio. Sonreía mientras sus amos la desprecian unánimemente y sus compatriotas se siguen hundiendo en la miseria de la pérdida de la dignidad.
No fue un pueblo que haya tenido una vida simple y fácil. Explotados por los japoneses, por sus amos feudales, siempre en una subsistencia paupérrima. Pero al menos no tenían que avergonzarse de sí mismos. Escuchaban ópera que hablaba de ellos con su propia melodía, se pintaban las caras con las máscaras de los antepasados.
Acuden en tropel a los casinos con sus billetes doblados, con las monedas sonando en los bolsillos, las bocas abiertas frente a los frescos de los techos, cielorrasos altos, tan altos que es imposible. Pinturas enormes, brillantes, frescos falsos en los techos, frescos de papel fotográfico, cuentitas de colores para los nativos.
La ejecutiva china sonreía a la cámara, los ojos y los labios pintados, vestida con un trajecito sastre. Qué horrible máscara, qué espantosas vestiduras. Les dará a sus hijos, al llegar a casa, el beso del traidor.



PÁGINA 11 – CUENTO

LA BALADA DE HAROLDO

Por Cristina Villanueva (CABA-Buenos Aires-Argentina)

Sueño de un día de mayo

A Haroldo Conti

Haroldo sueña que es un árbol que sueña que es un hombre que quiere soñar que no sucede esto. Entonces pájaro, un ave en su verde jaula de fronda. Jaula no, no ésta donde ya es anciano del dolor. Quiere la dulce luz del verano que recubra como un velo los huesos rotos.”Si no volviese yo, la primavera siempre volverá”,busca florecer .En la memoria ya ha florecido en hojas de libros, de álamos, en caminos de ríos y palabras, camino hijo, su pajarito árbol. Haroldo se piensa hacia atrás, antes de lo que nunca debería haber pasado, cuando era un fresco cuerpo con vida que respiraba la tierra enviándole señales. Busca un
bosque húmedo, los otros árboles – cuerpos soñando un mundo verde .El olor de los hombres, de la tierra ,el olor de lo unido, para espantar este olor, este asco de verde uniforme-golpe, este olor de futuro muerto.!Y todo por soñar!.Mientras el sueño gira, Ernesto, su hijo, sueña un padre vivo, no esa foto en el pecho de la madre, para crecer amparado por su sombra, un padre árbol para columpiarse con él en los ríos del aire, para encenderse por dentro y descansar los ojos de lo que vio ese día. Nosotros lo soñamos más viejo, desafiante del tiempo detenido, soñamos que leemos su nuevo libro en un país que todavía existe.



PÁGINA 12 – POESÍA ARGENTINA

Carlos Barbarito (Pergamino-Buenos Aires-Argentina)

ANSÍA PENETRAR, HUNDIRSE, DESAPARECER...

Ansía penetrar, hundirse, desaparecer
entre los últimos pliegues. Morir, no morir:
hay un descanso - se dice a si mismo-
en la peor de las fatigas. Así
como la sangre es espesa y roja,
y el deseo conforma animal con dos espaldas,
la presa huye de lo que, acaso,
con sus garras y dientes, podría salvarla.
Un sol sucio deriva por el agua.
Alumbra cuanto engendra el fruto más amargo.
En un rincón oscuro, nueces y sogas.
Las horas roen la madera, el papel
que fuera carta desde El Havre
ahora confirma que el mundo
está irremediablemente sumergido.
Pregunta, nos pregunta: ¿existe
algo que no sea imitación, falsedad, copia,
una moral para la materia del relámpago,
sabiduría que no sea hija
o nieta de traición o acoplamiento?


I


¿Qué es de los muertos? No sudan,
ni tributan, ni expectoran. Nunca tarde,
temprano, áureo, consolidado.
¿Arderá dentro de un rato el agujero,
una rata vendrá a alumbrar
con sus ojos el más ajado de los catecismos,
regresarán aquellas leves sábanas
en el mediodía de Túnez, de Chipre?
Es no. Es telón sin escenario, al pie de un improbable paraíso.
Es profecía que se vierte, para nadie.

Pero, ¿qué es de los vivos?

II

Cada cual con su lengua, su silla plegable,
su reloj detenido en una hora
anterior a la borrasca, su fruta preferida,
su modo de amar y cerrar la puerta.
Y cada uno con su desnudez,
personal, intransferible. Y
cierta amarga libertad,
cierta y dulce esclavitud,
un sitio en el interminable cortejo
que atraviesa las aguas
hacia una hipotética tierra firme.


Anduvimos juntos entre pequeñas hogueras...


Anduvimos juntos entre pequeñas hogueras
que ardían en medio de la noche. Pero
eso fue antes de que el agua se tornase roja
y algunos encontraran lascivia o castidad
sólo en la muerte. Un hijo se asomó
por entre los muslos y ofreció el Mar y el Libro.
Pero eso fue antes de las raíces
a flor de tierra y los tallos sepultados,
el súbito relámpago que a nadie contiene
y a nadie perdona. Alguna vez
fue abierto el hasta entonces obstruido pasaje
hasta una alta sombra siempre encendida. Pero
eso fue antes de la peste agazapada
en ruedos y escotes, del derrumbe
de la primera estrella, la última de las casas.
Eso fue antes del coro de las piedras,
de la gran fisura por donde escaparon
caminos, ciudades, ríos y animales.
Dijeron cincel, porte, cuello, fábula,
y también nardo, cenit, helecho,
y rocío, música, rueda, eco. Pero
eso fue antes del silencio y la ceguera,
de los seis toques a las puertas,
del repliegue de lo conocido
hacia una hora que nunca en hora comienza
y siempre, puntual, bajo escorias, concluye.

DICE: SOY EL ENEMIGO, LA PREGUNTA QUE DEVUELVE...

Dice: soy el enemigo, la pregunta que devuelve,
vacía, el espejo, una camisa nueva
sumergida en un agua sucia.
¿Y su gesto desde la hierba?
Ya no sueña. O sólo sueña.
Le quedan una hora desnuda,
la rugosidad, el abrasivo,
la confusa trama del deseo
sin costado, un florecer fugaz
a los pies de cualquier viento
ya marchito. ¿Qué es cierto?
¿La cuerda tendida allá arriba,
inalcanzable, la boca del sulfuro,
la herida que quema, aquella remota
mirada que se resigna?

RÁVENA

Cuando no se lo espera, gira el viento.
Contra los viejos muros,
los viejos mosaicos.
El viento.
Atardece seco en la memoria.
Anochece en la camisa del débil
que lleva mi nombre
y sabe que jamás llegará a Oriente.
Alguna vez infancia, hollín,
creosota, sábanas.
Un temblor
de agua en el agua.
Y alguien que corría
porque ya era la hora.
Porque algo, abismal, invisible,
lo llamaba.

¿QUÉ HICIMOS? EL DÍA…

¿Qué hicimos? El día
en su última instancia
y las lámparas que de a poco
se encienden. ¿Y ahora?
¿Quitarle las vocales a las palabras
para que la oscuridad se retarde
aunque sea un poco?
El otro cava con una pala en el barro.
El otro lee en la ceniza.
El otro hace un agujero en una pared de su casa
para que penetre el viento.
El otro se sienta, distendido,
en una butaca de madera laqueada.
No somos los otros, no podemos serlo.
¿Qué nos queda? ¿Qué
desnudo nos queda? ¿Qué razón
o sueño o figura nos queda?
Una cosa sabemos, sí, desde Goethe:
siempre, al borde del río,
aparece la muchacha ahogada
y, un poco más tarde y no muy lejos,
río arriba, el libro.

RILKE

Amaron a un animal inexistente,
ellos no lo sabían, y lo amaron;
ya no son esos días,
al agua la purificaron tanto
que está sucia, y no hay
sombra hecha de llamas,
ni azadón luminoso
que penetre la tierra blanda
donde crece, entre árboles, el árbol.
Lomo blanco, crin, el cuerno:
lo amaron como era,
fuera del sueño invisible,
pero en el sueño tan real
como el fruto que cuelga de la rama
y espera ser mordido
para que se cumpla, una vez más,
la más antigua de las profecías.

¿DE QUIÉN LA PULPA DE LA FRUTA…

¿De quién la pulpa de la fruta
cuando pende sin testigos de la rama más alta?
¿De quién el día perfecto, la noche exacta,
el círculo, la piedra sin falla,
lo inexpresable, lo último y más secreto?
¿Quién es señor del agua,
patrón del fuego, capitán del aire
cuando es viento contra los árboles?
¿Y este perro que ladra a la belleza,
que muerde su espesor y su sustancia,
este hombre que siembra en el barro,
descalzo y solo bajo un sol indiferente?
¿Qué somos cuando sólo hay sal y sangre,
sombras de bromo en largo cortejo,
luces submarinas, frágil paraíso que se disipa?

¿Y POR QUÉ LA OLA SE OBSTINA EN ALCANZAR LA PLAYA?

¿Y por qué la ola se obstina en alcanzar la playa?
¿Qué es esta agua donde una vez
sumergí mis pies mientras se preparaba la tormenta?
¿Me consolará en plena noche,
en pleno día, en medio del sismo
que desgarra el suelo, frente al viento
que derriba las puertas? Entonces
—lo recuerdo— supe que todo se decolora,
se pudre, se seca, se oxida;
supe, finalmente, del fuego
que devasta el boscaje, del animal
que huye dando gritos.
¿Y este dios que no construye caminos,
este demonio que se pasea, abúlico,
entre cuerpos que se buscan?
¿A qué se asemeja el sueño
sobre sueño de la primera a la última noche?
¿A qué pliegue en un fresco antiguo,
a qué oscura madre, a qué real o mítico muslo?

GARABATEA VIDA…

Garabatea vida
sobre una pared despintada;
abajo, el agua inmóvil
que nunca desgastará la piedra.
Invierno, a cada golpe de viento
se repite la imagen de una casa que se derrumba.
Se arropa y no deja de estar desnudo.
Se desnuda y no deja de estar cubierto.
En la madera, una costra.
En el suelo reseco, restos de fuego, astillas.
Y en cada cosa vista o tocada,
el eterno e invencible misterio
que une la palabra cristal con la palabra hija,
se quiebra, los fragmentos se dispersan.




Eduardo Espósito (Paso del Rey-Buenos Aires-Argentina)

TABULA RASA

Job 2:11

Todo consuelo está lleno
de lugares comunes
Erramos de manera estrepitosa
zeppelines de piedra
salvavidas de estaño (parecemos)
hundiendo a quien amamos
en la profundidad gelatinosa
de un sofisma
que ni a nosotros convence
Zarza ardiente que quema
al mensajero
La simple desventura agigantada
por un presunto empacho
sabiduría angélica
de parches y remiendos
Así se fue la Plath
envuelta en gases
así partió Alejandra empastillada
para escapar de tanto bien
El poema hecho astillas
desde entonces
el empujón final a una piedad
con sobrepeso.

NENÚFARES DE CARNE

Qué busca esa mujer en la madera del tiempo?
Ha ligado la noche con saliva
Con saunas de su cuerpo derrite los barrotes
Cama y celda son uno en el recuerdo
Busca clavos de amor? Seguramente
y en los encastres
flores de prisión de aguas
Nenúfares de carne
En el espejo en negativo de su cuarto un año ido
y el baño de manteca por las noches
Hombres de a dos y en pugna
La verga en ristre
Aquella esgrima púbica y brutal
Qué encuentra esa mujer en las vetas
en los nudos des – nudos de otras vidas?
una verdad articulada?
Limonada Rogé?
La baguette prenupcial?
Su tiempo se contrae desde el vientre
Con el alba inclinado
la matrona se astilla y desmenuza
respirando un destino de viruta
Del polillaje saldrá el huevo
que comerá su ayer

SONETO DESCARNADO

A César Vallejo y su nómina de huesos

Escápula/ falanges/ temporal
huesos del carpo/ cóccix y calcáneo
pómulo/ sacro/ ileón/ radio
escafoides/ cuboides/ occipital

Arcos/ metatarsianos/ acromion
rótula/ peronés y maxilar
cuneiformes y vértebra lumbar
costillas/ isquion y olécranon

Astrágalo/ pubis/ atlas/ húmero
fémur/ apófisis/ trocánter mayor
tibia/ cervicales y frontal

Fosa ilíaca/ esternón/ cúbito
metacarpianos y trocánter menor
cotiloidea/ dorsales y nasal

UNA IRRISIÓN APENAS

La calle negra de alquitranes y venenos
ondula al fondo de sí misma
Miasmas como bibelots
Recordatorios de una especie
humana acaso
y de que otros disponen de la lluvia
y de algunos vivientes casi a cuerda
hirviendo en el sudor de Dios
Desventuras de la chingada
Malformado destino hereditario
como si cada cosa bella
fuese pozo de otro sapo.

POEMA MIOPE

Atravesar la membrana del viento
y hallar al otro lado del mismo
una gran nariz respirando por uno
Cruzar los tegumentos del tiempo
y encontrar en el revés de la trama
a un niño y a un viejo pegados por la espalda
Sumergirse luego en la piel de la tierra
y llegar a la China
como nos habían contado los abuelos
Comprender entonces que toda barrera
es fruto oscuro de la perversidad de un semidiós
que nos hace muecas desde el espejo
cuando nos lavamos los dientes

DIOSA EN DANZA

A Sol Stancanelli

Ella baila sola
colgando su presencia
de la nada
sumada a la memoria
de unos pasos
Ella baila llora ríe flota
acaso más divina
que el común inmortal
Extrañamiento de gnomos
en sus ojos
Las piernas a trasluz
huesitos de alabastro
Ella baila
tejiendo galaxias a crochet
dudando de su esencia
mirando hacia este suelo
con pavor
Ella baila sola / loca
Los hombres que la aplauden
no hacen sombra




Jorge Boccanera (Bahía Blanca-Buenos Aires-Argentina)
Compilación y selección de los textos realizada por André Cruchaga

EXILIO

Expulsados de la selva del sur de Sumatra por los hombres que vienen a poblarla, 130 elefantes emprendieron hoy una larga marcha de 35 días hacia la nueva ciudad que les fue asignada.
(AFP. 18/11/82)

No hay sitio para los elefantes.
Ayer los expulsaron de la selva en Sumatra,
mañana alguien les impedirá la entrada al Unión Bar.
Yo integro esa manada hacia Lebong Hitam,
yo sigo a la hembra guía,
cargo con la joroba de todas mis valijas sobre las
cuatro patas del infierno.

Llegarán a destino –dijo un diario en Yakarta.
Los colmillos embisten telarañas de niebla.
Llegarán a destino,
viejas empalizadas que sucumben bajo mareas de carne.
Llegarán -dijo el diario.

Más la estampida cruza por suelos pantanosos
y mi patria –la mía- es sólo esta manada de elefantes
que ha extraviado su rumbo.

¡Guarde celosamente la selva impenetrable este ulular
de bestias!
Tambores y petardos, acompañan.
Algo de todo el polvo que levantan, es mío.

UN HOMBRE

a Humberto Costantini

un hombre se me viene cayendo por la sangre
con una copa rota entre los dientes
no soy yo
somos todos
la soledad
el tajo de odio en la memoria somos

un hombre se me viene derrumbando
por la oscura saliva del silencio
salpicando mis ojos con antiguas cucharas
lágrimas que él inventa cuando pisa
los charcos de mi sangre

un hombre se me viene cayendo por la herida
no hagan música o fuego
no soplen ni respiren
quiere decirnos algo

hay un sur de rodillas preguntando
dónde estábamos todos
cómo fue que dejamos crecer la indiferencia
para que de una puerta salga el enceguecido
tirando puñetazos al aire
echando espuma por la boca

un hombre se me viene cayendo por la sangre
con pasos de borracho
no hagan ruido no escupan
no demoren quiere decirnos algo.

UN HOMBRE GRITA EN NUEVA YORK

quiere ver a la mujer aquélla
vestida de mujer aquélla
quiere ver sus muslos inflamables
su regular concupiscencia ?
conocer a sus pechos desordenando el mundo
acérquese
ponga el ojo aquí sobre la sien
justo en el agujero de la bala.

BESOS

la vida no es
la cara ni el llanto de la cara
ni la mano ni el golpe de la mano en la cara
ni el viaje de la mano ni la estéril huida de la
cara

es el hilo de sangre que sale de tu boca.

ELLA

viene despacio
entra
tropieza con mi tos
con mi costumbre de dejar la nuca
en cualquier parte
viene despacio
ordena mis silencios
desata las palabras necesarias
recibe la correspondencia de mis ojos
viene despacio
a tender sus manteles de ternura
viene despacio
apenas echa humo para no despertarme
se abre paso entre vasos arrojados al día
retratos de mujeres
noches de bronca y noches de ginebra
viene despacio
entra
se arrodilla al borde de mi alma
a juntar los fragmentos de mi risa
después se vuela azul como la tarde

SIEMPRE ESTOY COMENZANDO ESTE POEMA

siempre estoy comenzando este poema
pero claro
llaman a las puertas las voces cotidianas
o se cae a pedazos el día diecinueve
o se me sube rosi a las rodillas
o caigo en la guitarra buscando no sé qué
siempre estoy comenzando este poema
pero llegan recuerdos de una ternura un día
o me sirven café
o voy a ver al boby que está ladrando mucho
siempre estoy comenzando este poema
y escribo una palabra y ya viene la tarde
con su naufragio entonces
pongo la ternura en una botella
para que alguien recoja pedazos de mis ojos
siempre estoy comenzando este poema
pero llega la noche
quiero decir tu pelo mojado
quiero decir que crezco
y que salgo a caminar tu nombre.

EL PELUQUERO

Asentaba navajas en un listón de cuero,
porque era su trabajo arrancarle a los rostros sus
animales muertos.
Hacía barba y bigote para el espejo atestado de
gente.
Su navaja pulía aquélla superficie,
rasuraba los rostros del espejo y haciendo su
trabajo
afeitaba al espejo ?

Era más chico que un tarro de gomina Brancato
mi abuelo,
por una cabeza más alto que la muerte.
Invitaba al cliente sacudiendo una toalla
y el cliente ocupaba aquél sillón Dossetti de
madera
y entraba en el espejo.
El estilista hablaba solamente con su tijera
y cuando ella por fin tenía la lengua despegada hacia un lado
el decía: «servido».

Mi abuelo maquillaba al espejo con estrellas de
talco y usaba un pulcro saco blanco.
La muerte-que también es prolija- le envidiaba
su colección de peines.

Un día la muerte, que hojeaba una revista
deportiva, dijo: «me toca a mí».
Y ocupó aquél sillón, despatarrada y con un
remolino en la cabeza.
«Tiene un pelo difícil», dijo sin voz mi abuelo.
Después, la muerte asentó su navaja y haciendo
su trabajo, rasuraba al espejo?
El peluquero se marchó bajo un cielo cualquiera
con estrellas de talco.
El espejo se pasó la mano por la cara afeitada,
suave, como un recién nacido.



PÁGINA 13 – ENSAYO

MI ORACION POR SERBIA

Por Paul Disnard (Belgrado-Serbia)

Hiroshima fue el sacrificio, la advertencia cruel a la irracionalidad del hombre. El holocausto ha sido olvidado como si hubiera sucedido hace ya muchísimos siglos confundidos con la tierra y la arena de aquel monte que hoy llamamos Calvario.

Una mujer hizo de su amor eco de protesta y oración por los despojos de carne y piedra armada convertidos en pavesas, alarido siniestro, indecifrable hoy, de tantos que fueron inutilmente inmolados, cuando ya sus ejércitos habían practicamente depuesto las armas. Pero el enemigo, soberbio y a la vez cobarde en su arrogancia tenía que rubricar con ese holocausto su advertencia a los otros pueblos que pretenden ponerse de pié para templar sus fuerzas.

Tiempo atrás un solitario desde el Lago de Lerma levantó su voz contra los mercaderes de la guerra. Esa voz encontró resonancia en la garganta de otros inefables seres cuya integridad y amor por la criatura humana - predestinada desde su expulsión de los predios edénicos - se acomoda en el cuero de la honda como un minúsculo guijarro que habría de golpear la frente del cobarde gigantón del garrote y la amenaza.

Romaind Rolland, Clemenceau, Tagore son ya polvo en el polvo. Las generaciones de hoy no conocen la historia, simple información para los advenedizos del Laurousse, nombres, cifras, letra muerta. Pero tú, Marguerite Duras, que sientes la llama púrpura y blanca de Hiroshima ardiendo intermitente en este crepúsculo del siglo, ¿dónde guardas tu oración por Serbia, la otra víctima que Europa sacrifica empecinadamente enajenada y sádica como tambien lo hiciera con España?

Los mercaderes de la guerra han desatado las más fétidas tempestades en esa Bosnia-Serbia que provocó la muerte del Imperio Austrohúngaro y anunció la libertad de los pueblos que estaban sometidos al despotismo y la autocracia. Convivieron allí fraternalmente, desde siempre, los católicos cróatas y los serbios musulmanes con los serbios ortodoxos. Acaso los mismos que dieron muerte a Pablo en Roma han prendido la mecha de la intolerancia y el revanchismo. Acaso el deseo de monopolizar el petróleo ha convertido a los sabios discípulos de Mahoma en depredadores orquestados por los medios de información corruptos vendidos al mejor postor.

Fueron cobardes los aliados europeos en la primera guerra mundial para con los soldados serbios abandonados a su suerte, enfermos y famélicos. Francia los empujó hacia la muerte cuando el viento de la patria atrapada y sometida los llamaba y estos convalescientes de Salónica respondieron al llamado, con furia incontenida se lanzaron contra un enemigo superior en hombres y armas, contra un enemigo bien alimentado como los caballos y los bueyes, un enemigo cruel y cínico que se cebó en la población civil, que deshonró a las inermes mujeres serbias y colgó en la horca a los ancianos por amar a la patria y a los hijos que la defendían. Francia, como Inglaterra, se quedó a la retaguardia, a la espera, creyendo firmemente que estas huestes famélicas y enfermas serían destruídas, que el honor de Europa, el status del Imperio Austrohúngaro quedaría a salvo.

La munición inútil, los cañones inservibles que falazmente Francia les entregó los serbios substituyeron con su profundo amor y lealtad por la patria y con ese heroismo inalterable que cantan sus trovadores recordando la resistencia de 500 años contra los turcos izaron la vida al tope en sus banderas y asaltaron la muerte, la acorralaron y la vencieron ante el estupor de sus cobardes aliados.

No ha sido Francia cobarde y falaz tan solo con Serbia. Lo ha sido tambien con España, con Argelia, con Indochina y con el pueblo judio traicionado vilmente y entregado a los verdugos conjuntamente con los refugiados de las brigadas internacionales.

Otrora el Danubio no sólo fue una frontera fluvial, fue un muro contra el cual apoyaron sus espaldas los heroicos caballeros serbios que impidieron que los turcos cruzaran la llanura panónica y enarbolaran las banderas de la media luna en la Catedral de San Esteban en Viena. Entonces el Imperio Austrohúngaro permitió que dentro de sus fronteras se asentaran enormes masas de familias de serbios ortodoxos fugitivos de la ira otomana que automáticamente eran farallones contra los cuales incesantemente se estrellaban las hordas musulmanas. Esos grupos ortodoxos han sobrevivido manteniendo incólume sus tradiciones, su idioma, sus hábitos y religión. Si hubo muchos que por razón de la sobrevivencia tuvieron que cambiar de credo la lengua común los mantuvo unidos hasta el momento en que Europa por sus oscuros y estrechos intereses los ha incitado a una intolerancia religiosa cuyas banderas no pueden amortajar ni cubrir tanta miseria, tanta destrucción y muerte!

¿Dónde está ahora tu voz, Romaind Rolland? ¿Dónde está ahora, Marguerite Duras, tu oración por Serbia?



PÁGINA 14 – CUENTO

FÓRMULA CONTRA LA SOLEDAD

Por Benhur Sánchez Suárez (Pitalito-Huila-Colombia)

Señora Gema: Te voy a enseñar a preparar una comida. No se trata de un vulgar menú, sino de un tributo para los dioses del amor. Lo llamaré Fruto del agua en hierbas naturales.
Ingredientes:
2 filetes de bagre rosado (uno es para ti y otro para tu amante). 4 papas (el exceso de harina es fatal para el corazón y las funciones reproductivas). 2 huevos de yema roja (la amarilla es muy tibia para la pasión aunque insuperable para incentivar las facultades imaginativas). 6 hojas de espinaca (el verde siempre será símbolo de la esperanza). 4 hojas de hierbabuena (su forma es alegoría de la ilusión). 2 ramitas de tomillo verde (su color es emblema del olvido). 4 dientes de ajo (derrota los malos espíritus). 1 cebolla cabezona (energiza los deseos más íntimos). 1 cebolla larga (anula los celos insepultos). 1 ramita de perejil (manda lejos la amargura). Condimentos al gusto (sólo uso pizcas, nada más, de comino, pimienta y, por supuesto, sal)
Nota: Es bueno tener arroz blanco ya preparado, en las porciones requeridas. También es importante tener una botella de vino blanco para acompañar el plato, un Chardonnay o Sauvignon Blanc no estarían nada mal (ojalá sean de esas botellitas de las cuales salen dos copas como máximo. Si toman más corren el riesgo de perder la razón y vomitar la comida, con lo cual el Fruto del agua en hierbas naturales será una horripilante masa informe, pestilente además. O, lo peor, pueden ser inducidos a hacer el amor antes de la comida y entonces el plato, sin haber sido consumido, habrá perdido su razón de ser)
Utensilios
Un hornillo (es mitológico. Se vende en las plazas de mercado y consiste en una caja de aluminio, la cara superior con tapa que se puede levantar, de 25 x 18 x 8 cm. En su interior se coloca una parrilla, de 3 cm. de altura. Este sistema lo utilizaba el Mohán para encantar indiecitas en las riveras del Magdalena, sólo que cavaba un hoyo en la arena y al bagre entero lo envolvía en hojas de plátano, acompañado de tubérculos del monte y algunas hierbas de los alrededores. Tapaba el envoltorio con arena y encima encendía una hoguera, que alimentaba con palos secos varias horas. Prendía su tabaco con una braza, esperaba que el calor hiciera el milagro de sudar los alimentos y, mientras tanto, en las volutas de humo que lanzaba hacia la copa de los árboles, espiaba a la niña de larga y negra cabellera que lloraba en el caserío cercano, con un crucifijo en las manos y un miedo terrible a las apariciones). Una sartén negra (les dicen de teflón pero en realidad es para que las brujas no intervengan y hagan que se enamore el que no debe enamorarse y odie el que no tiene por qué odiar. Es decir, para que nada se quede adherido en su interior). Un juego de cuchillos bien filosos (deben ser utilizados con prudencia porque es fácil cortar la fantasía con algún movimiento involuntario). Un soporte para cortar (que no sea de metal, por favor, alienta las ilusiones infundadas y las habladurías). Papel aluminio. Cuatro bandejas de plata. (La plata purifica, desinfecta, y es muy utilizada en la medicina alternativa porque se considera un poderoso antibiótico natural). Cubiertos, también de plata.
Preparación:
Extiendes el papel aluminio. Lo debes hacer pensando en que lo pasado ya no existe porque el papel, que brilla aunque no es espejo, absorbe los malos pasos de la vida, sin devolvértelos. Al papel aluminio lo frotas con margarina, con igual delicadeza como si besaras la frente de tu amante. Si es con aceite, que sea de oliva, ojalá importado porque es cristalino y más puro. El nacional es turbio y suele venir mezclado con aceites de dudosa procedencia.
Tomas los filetes de bagre y los acaricias con las manos untadas con los condimentos escogidos. También los puedes espolvorear, pero no olvides que la caricia es indispensable en una relación que requiere incentivos para mantenerse viva. Le das gracias al altísimo (o bajísimo según tus preferencias) por ese regalo que palpita en tus manos, aunque no lo sientas, y aún es agua y horizonte, fuerza vital con sabor a profundidades y espejismos. Los depositas, con igual delicadeza, como si besaras los labios de tu amante, en su cama de aluminio. Continúa rezándole al bagre por el milagro de estar viva, con amante además, porque si no lo haces lloverá en alguna parte de tu universo y otros peces lamentarán no haberte conocido.
Luego picas la cebolla, de las dos clases, con el diente de ajo, lo más fino posible, para que el espíritu vegetal se una con el fruto del agua y sean uno solo. Las lágrimas que te produzca el picado de la cebolla deben ser de alegría porque, si no, lo amargo será indestructible y el plato perderá su sazón original.
Depositas lo picado sobre el bagre, que ya debe estar enamorado de tus manos, y de nuevo lo frotas como si bañaras para el amor el cuerpo de tu amante. En seguida colocas las hojas de hierbabuena, las ramitas del tomillo y las tiras de las dos hojas de espinaca sobre el bagre, ya perdidamente enamorado de tus ojos, aunque él no los vea ni tú sospeches que te mira.
Por último, cierras el papel aluminio lo más herméticamente posible, de tal suerte que el bagre quede como en un sarcófago de plata. Así él sabrá que sus jugos maravillosos no se perderán en la evaporación o consumidos por el calor inclemente de la estufa. Bendecirás este pequeño bulto y luego lo depositarás en el interior del hornillo. Lo harás pensando en que amas la vida por encima de todas las cosas y que si te buscan, te adoran, te desean, te respetan o te miman es por la gracia que te hace tan vital como los peces en el mar, tan serena como las plantas que despliegan sus verdes para que cante la luz sobre sus hojas, tan hermosa como la brisa que susurra en tu cabellera.
Si sabes cantar, entona la canción que más te guste, que no sea una ranchera o un vallenato, pues podría ocurrir que los descendientes del pez olviden los movimientos que hacen en el agua y se rompa en estridencias, amarguras y despecho la armonía del universo.
Finalmente, porque siempre hay un final, colocas el hornillo en el fogón, a fuego medio, y esperas algo más de treinta minutos para saborear este milagro de la vida.
Aparte, porque no todo se puede hacer al mismo tiempo, tomas las otras hojas de espinaca, que quedaron listas en la bandeja de plata. No olvides que también a las hojas hay que acariciarlas, pedirles permiso antes usarlas, así vayan a ser parte de un plato exótico, propicio para una cena con tu amante, o de un almuerzo de rutina. Si lo haces con devoción, como en tu infancia lo hacías con las novenas o en los rosarios vespertinos, evitarás los arrepentimientos por cosas que no has hecho y la zozobra que producen las promesas incumplidas.
Con el cuchillo cortas por la mitad las hojas, de tal manera que la vena gruesa puedas eliminarla con facilidad. Las cuatro venas no son desperdicio pero irán a parar a la caneca de la basura. Antes de echarlas debes excusarte por no hacer uso de su alma y así evitarás las retaliaciones, los chismes y los embrujos que suelen inventar las mujeres celosas o los maridos engañados.
Ahora piensa en los lugares que visitarás del brazo de tu amante, imagina los fríos o los calores que recorrerán tu cuerpo o el viento que despeinará tu cabellera. A estas alturas ya todo debe estar resuelto en tu corazón.
Entonces superpones las hojas de espinaca, ya sin vena, las enrollas como en un juego de milhojas y luego cortas finamente para producir largas tiras verdes. Las mezclas enseguida con los huevos y bates un poco, adicionándoles sal al gusto y una pizca de pimienta.
En la sartén, que las brujas ya no osarán mirar porque tú estarás encendida de amor y tu amante reclamará el vino de tus labios para celebrar esta fiesta mínima, colocas aceite de oliva, lo calientas en el fogón con la mirada puesta en tus deseos más íntimos. Después viertes en la sartén la mezcla de espinacas con huevo y la cubres con la tapa para que esponje el contenido. No se te olvide pensar un poco en las gallinas, también ellas merecen un pensamiento, así sea breve, de tu parte. Finalmente, ya ves, hay varios finales, tienes una torta de espinacas entre verde y amarilla, que lleva otra unión de planta y animal propicia para tu regocijo.
Las papas… Bueno, las papas, como el arroz, ya sabes prepararlas luego no es necesario que te lo explique. Deben ser al vapor y al momento de servirlas recuerda espolvorearles perejil, finamente picado, para darles el sabor de los alimentos prohibidos. Si quieres adicionarles algo más, hazlo con convicción, pues a estas alturas ya no importan las combinaciones, las fusiones ni los deseos desbocados en aras de la creación.
En la mesa
La mesa debe tener mantel blanco y servilletas con adornos de plantas bordados en croché. Debes sonreír triunfante. En las bandejas dispones la cena de tal manera que en la primera quede el bagre, con todos sus jugos, el arroz en forma de colina en la segunda, las papas en la tercera y en la cuarta la torta de espinacas. Colocas en la mesa las bandejas en forma de abanico. Al lado, la botella de vino y las dos copas.
Te sientas como para una ceremonia. Tu amante te mirará con ternura y tú entenderás que él desea que tú sirvas tan exquisita ofrenda. Entonces colocas en los platos un filete de bagre, una porción de arroz, y otra de torta de espinacas para cada uno. También dos papas por cabeza. No se te ocurra poner tres en el plato de tu amante, por esos arranques de desprendimiento que tienen las mujeres enamoradas, porque cederás, sin quererlo, el más importante de tus dones, la libertad de ser tú misma. Distribuye todo con armonía y buen gusto para que el milagro de la vida sea una fiesta en tu corazón.
Resiste el deseo de llorar. Generalmente, este Fruto de agua en hierbas naturales remueve recónditos deseos, penas que no han sido sepultadas, amores ocultos en algún rincón de la memoria, ilusiones reprimidas y paisajes que aún persisten en el cajón de las derrotas o en el de las causas perdidas. Tu amante, o el vino, te ayudarán a superar ese instante de desasosiego. Si lo logras con él, habrás ganado un cielo porque habrás descubierto la forma más deliciosa de curar la soledad.



PÁGINA 15 – POESÍA ARGENTINA

Francisco Romano Pérez (Jujuy/Argentina)

XII

alumbrando la llegada de la sombra
marañas de espejos incendian
los aromas del viento

en la avidez del deseo
el cielo se desangra

pasos
incesantes
se ahogan

en una nueva sed

XIII

cielos profundos
ventana abierta
mirada de olvido

como una burbuja escapada del temblor
de la última penumbra
tu cuerpo gira
en el fondo deshabitado del agua

XIV

lo incierto de tu orilla
los posibles de la nada

en espejos desnudos
la arena teje tatuajes

yo
estoy aquí

mar

demorando despedidas

dividiéndome

XV

semejante a la noche desasida del mundo
una violeta insomne se inclina
sobre el horizonte
donde se ahoga
el viento

con manos de musgo acaricia un rostro
cubierto con sudarios de imposibles

mira hacia atrás
en la oquedad de la sombra
los designios del naufragio

XVI

todo ha comenzado ya
hasta lo inmensurable
de la nada

llueve
cada gota
una desolación golpeando
el azul de los cristales

se esfuma el alba
estos ojos escuchan
cómo se astilla la lágrima

en el costado de la piedra
dolidas amapolas se derraman
hasta perder la piel

XVII

como si estuviese bajo tu sombra inmensa
me dormiré bajo la lluvia

madre

en mi desolación el alma se duele
desde adentro

XVIII

reverso de la memoria

quebrantos del espejo

la sombra haciéndose llama

voluptuosa imagen

repitiéndose siempre

alucinada

insaciable

cuando el amor

XIX

he habitado los naufragios /
los huracanes de la noche / las manos del alba /
la soledad de los otoños / el dolor del olvido / el silencio de la ausencia /
la niebla del insomnio / las grietas del espejo /
los eclipses / el abandono de los sueños /
el cielo y el infierno /
la sed estremecida del deseo /

he habitado
mi cuerpo

XX

en el rincón de la distancia
llamaradas de arena
me envuelven lentamente

trasegando aromas
el silencio envejece
en el desespero del insomnio

la piedra en la orfandad del abismo

con ojo distraído
miro el hueco del espejo

tristeza inefable
donde se abrasa el alma

XXI

la noche
se llora
se despoja

no le queda ni el reflejo del recuerdo

en tanto azul inmensidad
la nada me sorprende
derramando caricias
en el umbral

de un extraño paraíso




Juan Antonio Piñeyro (Colón–Buenos Aires/Argentina)

ARTE POÉTICA

Que rompas los esquemas; que huyas de tus miedos;
que mires hacia afuera y lo que veas no exista;
que liberes tu alma de dobleces y ruedos
por ver mucho más lejos de lo que alces tu vista.

Que despojes tu cuerpo de dolores humanos
para que cuando escribas seas pasión y brisa
y que un ángel se pose sobre tus tiernas manos
y un ave vuele libre rondando tu sonrisa.

Que quien te lea se inunde de tu espíritu ardiente;
que adivine en tus versos tu esperanza a porfía;
que te imagine ungido en la feliz vertiente
de ser soñador, loco, nostalgia o fantasía.

Que el amor sobrevuele tu infinita elocuencia
fuera de los barrotes del mortal raciocinio;
que tu lápiz sea un puente gigante a la inocencia,
tu poema un juguete...y tú, escritor, un niño.

INSOMNIO

Me vuelvo a incorporar. Tras el postigo
se arrulla sin pensar un viento amigo.
Me siento a meditar cerca del muro
tan sólo en el trasluz de tinte oscuro.
Todos están dormidos buenamente
mas yo le soy al sueño indiferente.
No sé por qué este aliado sin frontera
ha abandonado mi alma pasajera.
Súbitamente, ella, en halo triste
se contagia de un velo que la embiste
y piensa que quizá esta noche fuera
la última en la cual ella viviera.
La magia sin piedad del incensario
me da un aroma puro y milenario
y en el vagar de su humo repartido
torna a mi cuerpo un tono alicaído.
Sin permiso se pueblan las ausencias
con seres que me invitan a otra esencia
llenando de recuerdos el olvido,
de los vividos…y los no vividos.
Me alternan pensamientos empolvados
con el sabor gustoso del pasado.
Ora yo pienso que he vivido a veces,
ora yo pienso que lo hice con creces.
Ora yo creo que todo he logrado,
ora que aún me falta algo soñado.
Pero mi espíritu sencillo y bueno
de a poco vuelve al numen de su seno
y se da cuenta que, de cualquier modo,
en los seres que amo tengo todo;
que no hay sueño, total o pasajero
que se le iguale a las que yo quiero.
No veo la luz. No hay túnel. No he de irme.
Atino a bostezar para dormirme.
Vuelvo a mi lecho y a mi lado encuentro
el ser que sin distancias llevo adentro.
Nada me ha de pasar. Tras el postigo
DIOS, mi amor y mi paz duermen conmigo.

VERSOS DESHOJADOS
(A Marcela)

Qué más claro de luz que ser la vida
y hallar mi fuente lírica en tu Ser;
en sólo una palabra está tendida
tu pureza más cálida: ¡MUJER!

Que por ti se me escapan sin permiso
las rimas dulces y el sabor a miel
como el aroma puro y primerizo
de un perfume que al fin toca la piel.

Que por ti se me caen de las manos
las caricias nacidas a granel
cual si fueran los tallos y los ramos
desprendidos de un mágico vergel.

Que me nacen palabras cual si fueran
el rocío de un alba sin después
deteniendo su andar cual si supieran
ir en pos de tu tierna calidez.

Que me nazco y renazco en cada aurora
y la aurora es la voz para nacer
a la risa que das si mi alma llora
y a tu brazo si quiero yo caer.

Que por ti tengo versos deshojados
y por más que el otoño quieran ver
por tu amor serán siempre rebrotados
y yo un árbol dispuesto a florecer.

BRINDIS

Por la vida en pañales alzo mi copa,
para que se deslumbre, borracha de albas
y en lugar de cañones, resuenen salvas
de gorjeos y flores sobre la ropa.

Por la vida que crece bebo mi vino,
para que no la rocen odios ajenos
y las buenas raíces den troncos buenos
que rieguen fresca sombra por el camino.

Por la vida que estudia brindo y me entrego,
porque allí donde albergan Cultura y Ciencia
nunca habrán de arraigarse con su inclemencia,
de la espada, su filo y del mal, su fuego.

Por la vida que encuentra el amor yo canto,
porque cuando se enlazan dos ilusiones
nada le gana al vuelo de las pasiones
y al seno de los sueños no arriba el llanto.

Por la vida me gozo, cuando eterniza
en el bello milagro del hijo amado
la sensación sutil de haber derrotado
los olvidos, los rezos y las cenizas.

Por la vida me admiro cuando envejece,
porque en el tronco añoso dan su apariencia
intactas e intocables, las experiencias
las risas, los desdenes y los reveses.

Por la vida que muere guardo el silencio,
porque allí se resume toda la vida,
y con mi copa en alto, cual despedida,
sin más que un fiel recuerdo, me reverencio.


VERSOS PERDIDOS

A veces ando solo, cabizbajo,
sumido en mil vagares infinitos
y pierdo versos que no están escritos
mas circundan mi espíritu a destajo.

Ellos me envuelven con silente acento,
me seducen con hálitos sutiles
pero yo vago, sordo, en los añiles
de la ausencia total de pensamiento.

De pronto los advierto, y apurado
tomo pluma y esbozo algún sentido…
mas mi mano no escribe lo que ha oído…
¡verso y poeta quedan desolados!

Y, cobarde, abandono en el intento
y vuelvo a ensimismarme en mis razones;
los versos se repliegan a rincones
para aguardar sin prisa mi momento.

Quizá cuando retorne del abismo
pueda escuchar la Musa en mi latido
y entonces en algún verso perdido
me encuentre – sin querer – conmigo mismo.

EL PAN

Soy el fiel tempranero que por la madrugada
nace desde el rocío al calor de la brasa;
mi alma es la simpleza en el grano entregada
que con la misma vida, cual el amor, se amasa.
Soy el grano de trigo cosechado a templanza
y vuelto harina santa con blancura de nube;
mi presencia en la casa es canción de esperanza
que con sabor a nido hasta el corazón sube.
Cuando todo en los pueblos es silencio de brisa
y las almas aquietan su pasión en la almohada,
en las manos de un hombre mi vida se eterniza
y resucita al tinte de la tenue alborada.
Primero me acarician dándome la textura
para luego moldearme con formas inspiradas
y después marcho al fuego que me da la ternura
dejando mi alma blanca y mis pieles doradas.
Y al entrar a las casas me vuelvo el alimento
que llega de la mano de la tierna simpleza
y soy risa de tristes y soy calma de hambrientos
cuando toca mi cuerpo el altar de la mesa.
Soy de todos los Pueblos, soy de todos los tiempos;
yo nací con el hombre dando fuerza a su ancestro
y fui el cuerpo de Cristo repartido a los vientos,
nombrado noche a noche en cada Padre Nuestro.
Cual fiel amigo nunca he de quedar ajeno
a los hambres que al mundo por siempre azotarán;
tengo un nombre sencillo, igual que el hombre bueno;
soy el de cada día, y me llaman EL PAN.




Juan González (Tucumán-Tucumán-Argentina)

CANTO RODADO

Se desprende rueda
y a veces muestra su cuerpo
pulido por el roce
de un viaje que lo lleva
entre riberas o voces
que penetran sus poros
y alimentan su vida secreta
a través de países
o lenguas que como él
también se alisan
y se mezclan formando
pequeñas islas
de ojos relucientes
que un enrejado oculta

o quizás de manos que tocan
la superficie
de las corrientes donde
su cuerpo brilla
en medio de ondas luminosas
que se funden con el rayo
de la cola
de los lagartos que lamen
todo el espacio
de la madre de las aguas
que escucha pasar el tropel
de arenillas o troncos
o guijarros que ahora reposan
en mesas o escaparates
que la gente observa.

CONVERSA 1

No tenía edad
cuando cruzó la frontera
en el vientre de su madre
entonces empezó a escuchar
cómo otros hablaban
o decían cosas que fueron
tejiendo una trama secreta
en su cabeza
por eso a veces se escabullía
si escuchaba el golpe
de una puerta
o encogía sus piernas
si un aire frío
entraba por la ventana
pero un día salió casi ahogado
con un hilo de llanto
en la boca
que llenó toda la casa

fue creciendo en medio
de símbolos que navegaban
por las corrientes
de la corteza o
la cola de una vaca
que volaba entre los móviles
de su habitación
que lo veía crecer
envuelto en la
grafía de la sílabas
o las vocales que le sacaban
la lengua desde una página
garabateada y manca

eran su juego estos garabatos?
o era que estaba hablando
con su imagen en el espejo
cuando dijo quién está ahí
y el espejo le contestó
me estoy poniendo el día
para salir juntos
al camino
y escuchar lo que vendrá.

LAS QUE DAN DE COMER AL VIENTO

Que una mano toque
el brote de la i
y haga un almácigo en la lengua
que la boca oculte a la o
para que no tenga frío
y estornude sonoramente
cuando el orador
esté hablando del taikún
mientras mis manos giran
en las aspas de la molina
que da de comer al viento
que ronda por el fondo de la casa
donde se arraciman
muchísimas palabras
que mi oído derecho escucha
y salen por el izquierdo
o pierden el pie
entre las cuerdas de una voz
que dando vueltas
se apaga

pero una palabra
ha trepado en mi solapa
y muerta de risa
me dice
no vayas a creer
en todo lo que oyes
mejor sacude los árboles
y así volverán a tener sonido
o siéntate en la puerta
de tu casa
y así escucharás
cómo urdimos en la cocina
de tu cabeza.

ENTRANDO A UNA GALERÍA

Subo a la terraza
porque quiero mirar el sol
y marcar mis huellas en el aire
acostarme a la sombra
de un árbol
y ver cómo suben o bajan
las hormigas por las ramas

todo es quietud aquí
afuera se escuchan
movimientos de ruedas
o sonidos que cojean
por las calles
y se deslizan
por las escaleras

pero vuelvo a la terraza
y descubro
el balanceo de una soga
que baila en el piso de baldosas
y deja rumores
o risas que escucho
mientras leo
lo que escriben las hormigas
que van desapareciendo
en la cabeza de otro árbol
que de pronto ha crecido
dentro de mi cuerpo
y se eleva hacia el cielo
desde donde ahora ve
el hormiguero
que hay en las calles
o me descubre
entrando a una galería.

EL QUE MIRA LO QUE ESCRIBO

La primera vez que vio su rostro
en el agua
huyó despavorido y
el eco de sus gritos
quedó grabado en las paredes
de las cavernas
pero él se llevó el miedo
en la cuenca de sus ojos y
desde ahí mira lo que escribo
por ejemplo esta mañana
descubrí que cruzaba la calle
comiendo una manzana y
en la otra mano llevaba
una flor amarilla
es para mi hermano dijo
y desapareció en un cartel
donde se promocionaba la vida
al aire libre
pero siempre vuelve
tratando de ocultar su miedo
y algunas veces lo veo cabizbajo
un poco menos joven
o aturdido por los ruidos
que golpean su cráneo
entonces me mira
y me pide un poco de agua y
aunque la primera vez me haya
provocado pavor
hoy vivo en las ciudades
bebo de sus fuentes
y a veces hablo o miro
desde los ojos del que escribe.

NO QUEDAN MÁS QUE SEÑALES

Se percibe
la cercanía de su cuerpo
que todo el tiempo
se balancea o emite
voces que invaden
el espacio o
los sitios donde ha llovido
donde alguien remueve
brasas para calentarse
y donde no hay otra cosa
que no sea señales
o gestos
miradas que van más allá
de los ojos

pero sobre todo bocas
que la sorben y
la devuelven humeante
como un huevo
lavas que sellan su eternidad
en los brazos de un árbol
que envuelve
sus piernas en medio
de una habitación revuelta
donde se consuma
el amor o las luces intermitentes
del deseo que habla
a través de los cuerpos
su lenguaje primitivo

y así calma su sed
en ciudades o idiomas
que se escuchan
por las bandas del dial
que su mano mueve
guiada por las parabólicas
que almacenan todos los sonidos.



PÁGINA 16 – ENSAYO

EN ESTOS MOMENTOS

Por Aurelio Reyes Carreño (Madrid-España)

En estos momentos de marasmo histórico y de vasallaje intelectual es muy difícil hablar fuera de las esferas del Becerro de Oro. Mas escribir no cuesta nada. Quizás a partir de ahora, algo.

Hace algunos años, que parecen cientos, unos pocos luchaban por esos eufemismos que, los que nunca hicieron nada, llaman democracia y libertad. Creo que sería más exacto deducir, después de las experiencias vividas, que el enfrentamiento era contra los corsés que impedían los anhelos de cada cual. Antes he dicho que unos cuantos y me reafirmo en ello. Se usa al pueblo o a lo que representa para intereses varios. Antes y ahora. Y el pueblo se deja usar para conseguir triunfos momentáneos. Después el pueblo, que está formado por individuos en los que prima su condición humana, se rige por intereses propios. Al llegar a este punto la contradicción aflora. Toda revolución es para cambiar lo anterior. Pero si la gente no ha cambiado, no tiene conciencia, no momentánea sino histórica del cambio que se ha de producir, ¿posibilita que una vanguardia de unos pocos, engullidos en una mayoría de esos pocos, trastoque algo?. ¿Y quién es esa minoría para considerar que la gente es intrínsecamente infeliz en la situación anterior?.¿Quién?. La historia de las revoluciones en los países desarrollados ha llegado a su final, la gente, el pueblo, es feliz o por lo menos no quiere cambiar, quiere conservar lo que tiene o aspira, dentro del sistema, a tener. No le hablemos de revolución, ni siquiera de solidaridad, eso traería consigo perder cosas. Y a eso no están dispuestos.

Si miramos un poco la Historia las revoluciones no las hacen los pueblos henchidos de ideales sino los estómagos vacíos. Los ideales los tienen solo unos pocos y no son los mismos en unos que en otros. Retorno de nuevo a nuestra historia. Solo una minoría era la que luchaba contra el corsé que oprimía. ¿Para qué?. Libertad de mercado, de opinión ( agencias, periódicos, radios, canales de T.V), tener parcelas de poder, nacionalismos, ser europeos..........unos pocos para que la justicia y la igualdad fueran patrimonio de todos. ¿Y el pueblo?. Pues se acostumbra, le es igual que haya unos u otros. Naturalmente dentro de unos límites. Los que han vivido bien de una manera se rebelan contra quién intentan cambiar dicha forma de existir. Son conservadores. Quieren conservar lo que tienen. Seguro que alguien se echa las manos a la cabeza. ¿Cómo es posible que se diga, que el Pueblo, los gloriosos pueblos, les da igual unos que otros?.¿ Dónde está la sabiduría del Pueblo, la elección mesurada y recta del Pueblo?. ¿Eso me preguntáis?. Bien, pues la sabiduría del pueblo hoy está en los medios de comunicación, que por cierto no son del pueblo. Y su rectitud y dignidad en la elección la hemos visto en la Historia muchas veces. Desde el III Reich, hasta las actuales votaciones, pasando por un camino de decisiones “rectas y dignas”. No son excepciones. No. Es el estómago, es el conservar, lo que mueve a la gran mayoría. Ni más, ni menos. El que no está en el Poder, toca la fibra sensible del Pueblo para que conserve lo que dicen que el Poder les va a quitar. Sólo unos cuantos han hecho que el hombre, su vida, se dignifique. Mas en esa vanguardia también hay rémoras esperando su oportunidad. Esta es la cruda realidad que nos ha llevado al IV Reich de los países ricos.

¿Otra vez amigo mío, se echa usted la manos a la cabeza?. Mire usted, nosotros, los países ricos, tenemos la Wehrmacht, que en definitiva son nuestros ejércitos de intervención rápida; la Gestapo , nuestros policías, que hoy día tienen más información de cualquier ciudadano que ninguna policía anterior y hay algunas leyes que potencian el Estado policial. Nuestros pueblos como el alemán de Hitler aplauden y corroboran esta injerencia del Estado en la ciudadanía. Además cierran los ojos como antaño los alemanes con las atrocidades que se están cometiendo con otros pueblos, continentes, grupos marginales, etc. Si, nos parecemos.

Ante esto, ¿qué hacer?. Cada cual tiene su responsabilidad y todos tenemos que quitarnos los corsés que nos están manipulando. Esta situación, la de luchar contra el sistema en algunos países, como España, en este momento, tendremos que sopesarla en función de ese detritus que viene del pasado. Ya sé que muchos después de haber leído lo anterior me pueden decir que porqué particularizo en esta situación. Porqué el primer corsé que todo hombre libre tiene que quitarse es el totalitarismo. Sutil o brutal. Hay que luchar contra cualquier atisbo de dictadura, sea fascista o del tipo que fuere. Y esto sutilmente en España, Europa y en todo el mundo se vislumbra. Los lobos quieren entrar.



PÁGINA 17 – COMENTARIOS DE LIBROS

BESTIARIA VIDA-Cecilia Eudave (Guadalajara-Jalisco-México)
Por Carlos Martín Briceño (Mérida-Yucatán-México)
Tuve, alguna vez, durante mi adolescencia, la impresión de que me convertía en un monstruo. Observaba mi rostro ante el espejo y la imagen devuelta me erizaba la piel: granos supurantes, pómulos hundidos, el pelo hirsuto, los dientes chuecos. Era, en verdad, repugnante. Con esta facha, pensé, estoy destinado a quedarme solo.
Lo curioso es que, a pesar de mi angustia, nadie en mi familia parecía notar aquella transformación. A mi alrededor la vida continuó como si nada. Y mientras, resignado, asimilaba mi irremediable destino onanista, mis familiares continuaron embebidos en sus ocupaciones. Llegué a odiarlos.
Lo anterior se los cuento, porque, cuando terminé de leer el libro de Cecilia Eudave, “Bestiaria vida”, volví a esa época, me descubrí púber y no pude dejar de preguntarme si lo que pensamos de nosotros mismos, cómo nos vemos o nos imaginamos, coincide con lo que piensa el resto de nuestra familia.
¿Cuánto conocemos a nuestros progenitores, hermanos, tíos, abuelos? ¿Fue obra de la casualidad caer en medio de este núcleo cerrado que, se supone, nos prepara para enfrentarnos a la sociedad?
Cecilia Eudave, acaso sin proponérselo, ha escrito una novela que cuestiona, a través de la imaginación, las relaciones interpersonales dentro de la familia, esa forma primitiva de agrupación tan antigua como la humanidad y que, pese a los siglos transcurridos desde que el hombre es hombre, en el mundo – y sobre todo en eso que llamamos “occidente” – no ha sufrido grandes transformaciones.
¿Qué significa familia en las diversas partes del orbe hoy en día? ¿Un lugar en el que uno se siente más cerca de los suyos protegido del exterior? ¿O es donde uno debe ser aceptado realmente como es –así se trate de un ser monstruoso –, y donde se experimenta algo tan contradictorio como la dependencia/independencia y tienen lugar conflictos?
Contada en primera persona por un personaje femenino que se mira a sí mismo como una caracola, la novela comienza con el nacimiento de la protagonista, en el momento mismo en que toma conciencia de la realidad.
Así, poco a poco, aunque no exactamente en sentido cronológico, la narradora nos irá develando al resto de su parentela: una madre Basilisco, un padre Licántropo, un abuelo Cancerbero, un tío Búfalo, una tía Innombrable, un ex marido Bicéfalo y una hermana Súcubo.
Las alegorías, por supuesto, son inevitables. La madre es terrible y dominante, capaz de ordenar y fulminar con la mirada; tanto que el padre prefiere la soledad del hombre lobo antes que compartir con ella la existencia.
Y cito:
“Cuando había luna llena y mi padre no estaba en casa, me lo imaginaba libre y poderoso por los campos, o por la sierra, en ese pedazo de tierra que le vendió por correspondencia un vendedor de bienes raíces, y que sólo él conocía.”
La Súcubo y el Bicéfalo, por su parte, no se quedan atrás. Cada quien, a su manera, se esmerará en hacerle la vida difícil a Helena, la protagonista.
Cito:
“Yo me divorcié de un bicéfalo porque no soporté sus dos caras, y recordé que mamá me lo había advertido. Sí, lo dejé, porque cada cabeza tenía un temperamento y, con dos en un cuerpo, es imposible llevar la vida que de por sí es muy culebra.”
Y qué decir de la tía Innombrable, una especie de rebelde sesentera y lectora del tarot, a la cual no parece interesarle gran cosa el destino de su sobrina.
“Ah, la familia es la familia, tienes esa misma expresión de orfandad que tu padre”, le espeta en un momento, antes de predecirle el futuro a Helena.
Contrario a lo que uno podría creer, la novela de Eudave, aunque a veces lo parezca, no es un relato netamente fantástico; es más bien un texto de realidades alternativas; una historia, ya lo he dicho, sobre la incomprensión y esa extraña soledad que los individuos alimentamos dentro de nuestra propia familia.
Lo que si hay que reconocer, es que “Bestiaria vida” tiene célebres e imaginativos pasajes fantásticos que, además de de provocar la risa franca del lector, inquietan, de tan bien construidos. Como aquel de la mujer que atraviesa el espejo –muy a lo Lewis Carroll – y se queda allí, encerrada, viviendo con su reflejo, mientras el marido intenta recuperarla. O mejor aún, el de la gente chiquita que habita en las alfombras pero que sólo puede ser vista con los ojos de la antesala a la demencia.
Cecilia, quien ganara recientemente una mención de honor en Nueva York con su libro de ensayos “Sobre lo fantástico en la literatura mexicana”, sabe narrar; su prosa es fluida y trasluce lecturas constantes, entre las que entreveo a Calvino, Lovecraft, Borges, Bioy Casares, Bradbury, Levrero.
Con todo, casi al final de la novela, en el antepenúltimo capítulo intitulado “Soliloquio verde”, lo onírico cede a la nostalgia, y la autora nos regala en unos cuantos párrafos, la razón para haberse enfrascado en esta aventura literaria
Y cito
“Solo quiero ese instante, ese olor a casa, esa mirada cariñosa que, a pesar de resistirse, se daba insolente y caprichosa entre nosotras. Quiero a los que hicieron de mí esta polilla, que escribe palabras como caídas de un árbol de manzanas, y enloquece cuando la despiertan de su siesta, que come verduras porque eso hacen las niñas buenas y no soporta el huevo tibio por las mañanas… Nada cambiaría, nada, ni los buenos, ni los malos momentos, sólo por volver a verlos, a los dos, en el umbral de la puerta decir buenas noches antes de apagar la luz”.
Regreso, ahora, a mi confesión inicial. A mi encuentro adolescente con el espejo recordado a causa de “Bestiaria vida”. Por fortuna, descubrí que la tecnología puede cambiarlo todo. Era cosa de encontrar el camino adecuado. Lociones, braquets, gimnasio y complementos vitamínicos hicieron lo suyo. Y una vez más, nadie en mi familia pareció percatarse de mi esfuerzo.
Desde entonces, decidí no luchar por entenderlos. Escogí, como la protagonista de esta novela, aceptar lo inevitable y entender que cada familia es un universo y que cada individuo, parafraseando a Pessoa, “lleva en sí todos los sueños de este mundo”.



Buen Viaje, General, novela de Benhur Sánchez Suárez—Caza de libros, Ibagué, julio de 2010, 323 páginas—
Por Jorge Eliécer Pardo (Líbano-Tolima-Colombia)
Dos novelistas estuvieron obsesionados por generales de la Guerra de Los Mil Días: Gabriel García Márquez y Benhur Sánchez Suárez. Rafael Uribe Uribe dio origen al coronel Aureliano Buendía, de Cien años de soledad y Tulio Varón, al protagonista de Buen viaje, General.
El tema de la Guerra de finales del XIX y comienzo del XX en Colombia vuelve a ser de interés sobre todo para los escritores de la generación del cincuenta. No porque esté de moda la literatura histórica o por la coyuntura del bicentenario de la Independencia. El reto del narrador: manejar la información y hacer que la novela se convierta en ente propio, con vida, credibilidad y gozo revelador y estético. Se conocen tantos intentos donde la historia devora la novela.
Si gran parte de la literatura llamada sicaresca se encuentra descontextualizada del ambiente histórico político que la generó, tiene en su elaboración el ingrediente de velocidad, riesgo expresivo y búsqueda de un lector ávido de aventura, sangre y sexo. Estos ingredientes de la llamada posmodernidad esconden muchas veces la profundidad que los temas sociales exigen a un buen libro.
Al contrario, la novela con temas de la historia menos reciente, es lenta, reflexiva y deja al lector en el limbo de la vida de pasados sucesos que seguramente escuchó en boca de abuelos y padres. El rescate de la memoria supone una elaboración no sólo de quien evoca sino de quien recibe el recuerdo o lo construye.
Un texto esclarecedor de lo que significa convertir en literatura lo que fue suceso de la historia nos lo entrega Tomás Eloy Martínez, en Ficción, historia, periodismo: límites y márgenes. A través de él haré un acercamiento a Buen viaje, General, de Benhur Sánchez Suárez. Una especie de conversación o respuestas o de aproximaciones a un reto que muchos hemos afrontado con mayor o menor acierto.
La ficción y la historia se escriben para corregir el porvenir, para labrar el cause de río por el que navegará el porvenir, para situar el porvenir en el lugar de los deseos. (TEM)
¿Quién es el protagonista de la novela de Sánchez Suárez? Tulio Varón, que según el autor, confiesa: nací para la guerra. No tengo otra ambición que vivir el fragor de los combates ni me hierve la sangre en situaciones distintas al destello de las armas y a la búsqueda de la victoria, cueste ella lo que cueste. (pp. 23).
En la novela, Sánchez ejerce el oficio de inquisidor, cuestionador del personaje histórico, fantasma que reconstruye su cotidianidad y su gesta. La suma de documentos, invocaciones y diálogos, el río de la argumentación nos lleva a seguir la avalancha de sucesos que no deben repetirse, que vividos de nuevo en el libro, el porvenir más halagüeño es el deseo del autor y el lector.
Siempre pensé que, para escribir una novela eficaz que incluya como personaje alguna figura histórica, es preciso saber todo lo que se ha escrito, filmado, cantado sobre esa figura para infiltrar la imaginación en los intersticios de la realidad. (TEM).
El personaje protagonista monologa o se enfrenta a su invocador. A través del recurso de un grupo de amigos que llaman a vivos y muertos.
Voz del General: Sólo admitimos la muerte en los encuentros fortuitos de la guerra. Caso contrario el de nuestros enemigos, que han demostrado su salvajismo contra nuestros combatientes y su obediencia ciega a la orden de la Presidencia de no dejar vivo a ningún liberal que se cruce en su camino. (pp. 28).
La justificación de la guerra en boca del personaje que adquiere una vida de contradicciones en las disputas por el poder. Bastaría saber que Varón era latifundista, hijo de latifundista, que la tierra se convierte en el centro o motivo de la guerra. La guerra de todos los tiempos.
Voz del General: El que estimula el crimen es más sanguinario que aquel que lo comete. (pp. 28).
Sentencia que se vuelve histórica y reiterativa en donde el Estado, tantas veces, se convierte en verdugo.
La única verdad posible es el relato de la verdad (relativa, parcial) que existe en la conciencia y en la búsqueda del narrador. (TEM).
Voz del autor y su fantasma: Por más que hayan tratado de ultrajar tu imagen con mote de criminal y sanguinario, tu nombre está por encima de esos señalamientos. (pp. 30).
Después Varón confesará que. hay que infundir terror para debilitar al enemigo. Es una táctica infalible. Por mi parte, ya he sembrado el pánico con mis acciones y estoy orgulloso de haberlo conseguido. (pp. 96).
Yo creo que, a diferencia del periodismo o de la Historia, una novela es una afirmación de libertad plena, y que por lo tanto un novelista puede intentar cualquier malabarismo, cualquier irreverencia con la realidad. (TEM).
Las justificaciones de las prácticas perversas de la guerra, desde los tiempos de la Independencia, se ahondan en las palabras breves que contienen la carga de las acciones del terror. El novelista no justifica, sólo indaga y, el personaje se impone, como Fantasma. El elogio al machete como arma mortal de los guerrilleros liberales de Tulio Varón tiene en la novela y la historia preponderancia. Y las descripciones se ahondan como los lances y los ataques aleves y sanguinarios. Es la guerra, podría decir el autor al lector, por ello se aprueba el Código de Maceo: combatiendo cuerpo a cuerpo un hombre con un machete vale más que tres con rifle; combatiendo de lejos, un hombre con un rifle, vale más que diez con machete. (pp. 100).
Para un autor, su propio texto se sitúa en el pasado. Él mismo está ya en otra cosa, en la próxima novela. Para el lector que lo examina, en cambio, ese mismo texto es un presente continuo, un código que va abriéndose a medida que se lo descifra (TEM).
Voz de periodista, historiador, Camilo Pérez Salamanca (autor tolimense que se ha dedicado a documentar y desentrañar aspectos de la historia del Tolima, sus personajes y sucesos desde un punto de vista del cuestionamiento social. Es autor de cuentos y novelas).
La ilusión lo envuelve todo y el hilo de los datos va formando un solo nudo con el sol de la narración. (TEM).
Tulio Varón de su tiempo, en su tiempo, en la invocación de 107 años después y su nombre identificando un frente guerrillero del 2004. Interesante imbricación para configurar momentos de la historia fabulada y la historia vivida.
Toda novela, todo relato ficticio, son un acto de provocación, porque tratan de imponer en el lector una representación de la realidad que le es ajena. En esa provocación hay un yo que se afana por ser oído, un yo que trata de perdurar narrándose así mismo. (TEM).
Tulio Varón presta de la historia oficial o de los académicos su estrategia. Hay que entrar como los zorros: entrar al gallinero, matar algunas gallinas y escapar a la carrera (pp. 49).
Contradicción de los encuentros gratuitos de la guerra. La sevicia y la muerte asegurada lo hace vulnerable. Pero lo hace a la vez humano, lleno de contradicciones. Con su Columna Ibagué, dio de baja a cientos de conservadores en una misma noche, en escenas que los biógrafos e historiadores han catalogado de macabras. Los machetes y el silencio llenaron de sangre los campos del Tolima y a él comandando sus huestes liberales.
Por ello las preguntas que se hace el narrador: ¿quién será, entonces, el malo y quién no lo será en esta guerra? ¿Quién es el bondadoso? ¿Quién es el demonio? ¿Quién es el asesino? (pp. 50).
Si bien el gesto de reescribir la historia como novela o el de escribir novelas con los hechos de la historia no son ya sólo la corrección de la versión oficial, ni tampoco un modo de oponerse al discurso del poder, no dejan de seguir siendo ambas cosas: las ficciones sobre la historia reconstruyen versiones, se oponen al poder y, a la vez, apuntan hacia delante. (TEM).
Los personajes que, comandados por Gloria, van a una finca y se abocan a una sesión de espiritismo ofrecen otras voces que rompen la densidad de los sucesos de la guerra.
Lo más notable, quizá, es la una institución espiritista que envió cartas a los periódicos protestando porque uno de mis personajes de ficción, a quien se describía como aficionado a ese culto, no figuraba en los registros oficiales de miembros. (TEM).
Los cuatro planos están escritos desde la primera persona lo que hace que el autor recurra a los artilugios de la oralidad. A pesar de que el ritmo es tan complicado durante el trascurso de los planos y los acontecimientos, la novela sale bien librada.
Ya no podremos dialogar con la historia como verdad sino como cultura, como tradición. (TEM).
No nos importan tanto los hechos de guerra como la vida del protagonista, la construcción de su historia y el telón de la documentación como espejo de su propia existencia.
Por comprensiva y basta que sea, por más avidez de conocimiento que haya en su búsqueda, la Historia no puede permitirse las dudas y las ambigüedades que se permite la ficción. (TEM).
El autor, seguramente Benhur, vivió la presencia del General. Se siente en cómo rebela los secretos de la creación-posesión: Como lo temía, otra vez sentí el roce de ese aire tibio en la espalda y enseguida observé la silueta del hombre y su cabalgadura. Ahora, como en una especie de contraluz, pude distinguirlo con sombrero blanco de alas grandes, un chaquetón polvoriento, desabrochado, y una bandolera repleta de balas que le brillaban sobre el pecho. (pp. 91).
Es el Fantasma que también, en forma escalonada, inevitable, toma el hilo de la narración y de el argumento para que el lector continúe introduciéndose en lo verosímil de la novela. La llegada del héroe desde la penumbra de la muerte a hacer al escritor la pregunta: Quiero saber si mis hombres triunfaron en Ibagué y qué tanto se logró después con la victoria. (pp. 92). El recurso del Fantasma, usado por la literatura clásica, el teatro y la poesía, ahora toma forma y cuerpo en las divagaciones de un hombre al que se le pondera pero que a la vez se siente comprometido con la muerte y la violencia oficiada en las guerras civiles colombianas. También el doble juego de la obsesión y el lenguaje casi ingenuo de quien es poseído. El autor esta agobiado y pide a su personaje un favor: perdóneme pero he caído en cuenta que también tengo mujer y debo cumplir con mis deberes, tú me comprendes. También tengo mi propia cronología. ¿Estás de acuerdo conmigo? Gracias, mi General. (pp 110). El novelista descansa pero el Fantasma contraataca, inmisericorde, invade ese otro plano de la vida normal, de lo cotidiano, con la esposa y el amor, con los silencios y vicisitudes. No está cansado pero el lector nota que el agobio lo atormenta. Este libro, si es que logro escribirlo, debe ser más un compendio de aventuras que una biografía. Eso me entusiasma. Es lo que me ocurre ahora, no te ofendas, General. (pp. 247).
…usa la ficción no para derrotar la Historia o para negarla sino para llevarnos a la historia que está entrelazada con el mito (TEM).
El dolor invade, ¿acaso el de la creación? ¿Acaso el de los lectores que en el momento de las muertes y desmanes claman justicias pasadas? El novelista comparte ese sentimiento, sin pretensiones morales ni políticas a pesar de ser una novela específicamente liberal, en contra de la violencia conservadora de finales del siglo XIX. He llorado, no me da pena decirlo, después de conocer la cantidad de muertos y recursos desperdiciados en esas guerras, durante años. Soy tonto, ya lo sé. (pp. 257). Poseído y triste, como si la guerra de entonces se imbricara en las siguientes y el sentido de escribir tome la dimensión de los héroes anónimos. Sí, el Fantasma de la creación, envuelto en la aureola de un General que deambula, ataca de nuevo. Tecleo sin parar. Como si mi Fantasma me dictara las palabras. Es el mismo mundo nuestro con las mismas penurias e idénticas tragedias, retrato amplio de aquella patria boba. Río abajo van las muecas de angustia de los muertos para que el agua borre por completo la huella de sus vidas. Para que los culpables sientan que son el poder sobre la tierra y nada los detenga en el festín macabro. (pp. 258). Una vida que luego el novelista ve que empieza a tener forma en sus archivos. La reflexión absurda de escribir una novela y cuestionarla dentro de la misma novela.
¿Cuáles son los conflictos que distinguen a un novelista de un biógrafo o de un redactor de biografías periodísticas? Escribir una biografía es una ceremonia teñida de prudencia. Un homenaje a lo visible se suele omitir lo evidente. Muchas verdades que no pueden ser probadas se soslayan precisamente por eso, porque no hay acceso a las pruebas. Aun la mejor de las biografías exhala un cierto aroma de represión. El historiador y el biógrafo están condenados a exponer hechos, datos y fechas, a desentrañar el ser real de un hombre a través de las huellas sociales que ese hombre ha dejado. Se disculpan porque deben reducir la infinitud de una vida a un texto que es limitado y finito. Y se disculpan, sobre todo, porque saben que ningún hecho rebela la plenitud de la verdad cuando se convierte en lenguaje. (TEM).
Buen viaje, General, tiene páginas memorables para un lector sensible o para un lector exigente corresponden a las que anteceden a la muerte del General. Están en las páginas 276 y 277, no las trascribiré, las dejaré, respetuosamente al lector, para que sea su tiempo y ritmo el que de ellas se ocupe, las disfrute o no.
Once capítulos y cuatro voces que llevan a un hombre perdido en la historia patria, recatado en la historia del mito y la ficción.
Cuando digo que una novela sobre la historia tiende a reconstruir, estoy diciendo también que intenta recuperar el imaginario y las tradiciones culturales de la comunidad y que, luego de apropiárselas, les da vida de otro modo. (…) la novela sobre la historia también recoge lo marginal, los residuos, pero a la vez recrea iconos del pasado a partir de las tradiciones, mitos, símbolos y deseos que ya están ahí. (TEM).
Al fin el novelista puede dormir tranquilo y abrazar a su mujer, el General ha emprendido el viaje que él le permitió, seguramente va liviano de equipaje, como todos los Fantasmas que existen en la literatura.


PÁGINA 18 – CUENTO

CORTACIANO

Por José Joaquín Martínez Torres (Ensenada-Baja California-México)

Lunes
Hoy caminé desde la plaza central hasta el pisito que conocés en la Belgrano. Detuve mi paso frente al liceo; no podés imaginar la ansiedad por verte y me acompañaras hasta él. Esto era casi costumbre y sentí tu ausencia. Subí presuroso con la esperanza de que estuvieras - como cuando te me adelantabas -, sentada sobre el tapete color fuscía que compramos en lo de Paquita, aquella tarde que tomaras para vos y no acudiste a tus lecciones. Acordate lo bien que estuvimos después de pasear por la ribera prendidos de la mano. En lo que te cuento, cebé el mate, creí que aparecerías pronto y sonriente, sabedora de que la felicidad colmaría una vez más a tu espíritu inquieto. Siempre lo tomábamos antes, era casi un ritual, con esa intimidad nacida del conocimiento mutuo ofrecido a quiénes se aman. Conocimiento que nos llevó tantas veces fuera del mundo. Solías llorar, no por transgredir un patrón de conducta familiar o haber perdido la inocencia con un tipo como yo pero, ¡era de gozo! al descubrir el amor perseguido con afán, resultado de esa precocidad tan común entre ustedes las porteñas. Me siento ufano, te mostré el camino. Durante la espera viví los momentos cuando, la primera vez, perdida entre mis brazos, el sobresalto de tu cuerpo acompañaba al llanto y yo decía: – Llorá monona, llorá. Mañana todo será distinto y agradecerás la felicidad que desde hoy conocés. Y tú suplicabas: – ¡Cuidame por favor, cuidame! ¡No seas malito! Y yo decía: – Descuidá pequeña, dejá todo por mi cuenta – y así fue. Mas, sin tú saberlo y bien seguro de tu entrega futura, pregunté de antemano lo necesario a Gálvez, mi viejo compañero de escuela. No lo sabés, pero es pasante en la facultad y hace labor social en una clínica de la reproducción allá por la Maipú. Me dio buena dotación de profilácticos, pastillas y consejos. Caí vencido de sueño hasta media mañana. Desperté inmerso en esa sensación de vacío, que sólo los amantes puedan sentir cuando lo hacen solos, aunque siempre abandonabas el pisito tan de prisa como habías llegao, para la merienda en familia sin levantar sospecha alguna, tal como algunas mujeres: se acuestan temprano para estar antes de las ocho en casa. Trabajé como loco el resto del día, quise borrar la impresión de tu ausencia; ni la charla con Lavalle durante el refrigerio me confortó, ¡sabés cómo las gasta! Estuviste presente a cada momento. Te vi caminar rumbo a la ducha, secar ese cuerpo hermoso mientras sonreías al verme; cubrirlo con tal parsimonia que despierta en mí, ansias renovadas de posesión. Pero era inevitable; debías marchar, en tanto mi rostro se inundaba de tristeza. La ilusión venció a ésta, al saber del arribo de un nuevo día y con él la pasión, el fuego que a tu lado me consume. Lo espero con afán. Pero hoy el mate se ha enfriao, ¡qué importa! , mañana cuando llegués estará otro tan listo como mis brazos. ¡Che! Es increíble cómo pesa la ausencia de lo amado.

Martes
Evité cruzar frente al colegio, llegué a casa y preparé todo para recibirte, el deseo me consumía. Con los ojos cerrados, acaricié tu pelo, sentí el calor de tu piel entre mis manos, erecto el fino vello del torso al roce, aspiré ese aroma tan de ti mezcla de azahar, libros, lápices, aula. No aparté la vista de la Belgrano, esperanzao en verte cruzar la calle y achicar distancia entre mi soledad y vos. Muriose el día y con él, mis anhelos de tenerte una vez más. Consumí hasta la última gota de pisto que me habés obsequiao. Adormecido por el alcohol, no supe de mí hasta cuando los toquidos de Lavalle rompieron el letargo de plomo sin sueños, en donde la oscuridad todo lo ocupa y agradecí su arribo. – ¡Mirá se hace tarde! Recordá, tenemos cita hoy en lo de la vieja Ricarte, arreglate un poco ché, andá, mojá esa cara y ¡vamos!, apenas si hay tiempo de llegar –. Salimos de prisa y olvidé dejarte una nota sobre la mesita de centro, por si regresás antes que yo. Nada, hoy tampoco estuviste, ¿sucede algo ahora? ¿Acaso estás sentida? ¿Dónde he fallao? Te lo juro, en la vida había tenido chiquilla tan avispada, es serio. ¡Ah! divina locura de saberte mía y sin embargo estás ausente. ¡Cuánto dolor!, jamás lo había sentido antes, me has llegao en seco. A mis años casi lo he vivido todo. Si así sos a los diez y siete, ¿qué serás a los veinte? Paciencia, alguna vez debemos tenerla y hoy como nunca. Intenté hablarte pero temí en verdad se descubriera lo nuestro, tus viejos jamás lo consentirían; como hija única pudieran incluso acusarme de corruptor. Esperé echao en el diván, sin apartar un momento la vista de la ventana. Era muy tarde cuando el sueño me venció, pero la ilusión de tu presencia se esfumó desde mucho antes.

Miércoles
No pude vencer la tentación de verte. Me acerqué al liceo y busqué a Toñina tu amiga, ésa quien te acompañó la primera vez cuando fuimos a los sorbetes. Ésa de la mirada triste y andar desgarbado, según parecía es tu confidente. ¡Divina, pero insoportable! No la vi y pensé que habían salido antes. Apresuré el paso hasta llegar a casa y ahogado por el asma y los tres pisos, mi desilusión fue inmensa: no estabas. He pensao, acaso se adelantó aquello tan molesto para ambos cada mes, pero casi estoy seguro, aún te falta una semana y ¡tú sos tan regular que espantas! Con las ganas de veros, he fraguao un plan ¡macanudo! Pasar por vos a hora temprana recién de tu arribo al liceo, tomarnos la mañana completa y parte de la tarde en lo nuestro y antes de las cinco, dejarte a la puerta junto al resto de chicas, así no habrá sospecha de tu ausencia durante el día. ¡Fenómeno! Andá, mejor plan no se me hubiera ocurrió en años, pero todo se debe a ti monona; tenés la virtud de hacérmelas ingeniar. Dormí poco, Lavalle no vino tan de mañana, ya es su costumbre pasar a lo mío para ir a la oficina. Trabajamos sin descanso. No obstante, por más esfuerzo que hice no me concentré. Fue notable. En cuanto hubo oportunidad, salí rumbo a casa. Preparé como siempre un refrigerio y calenté el agua; antes pasé a lo de Rupertino por una poca de yerba para el té. No llegaste. ¡Qué noche! ¡Se hizo interminable!, reviví nuestro primer encuentro en la biblioteca Grau, cuando investigaba acerca de las artesanías regionales, para el reportaje pendiente con Lavalle, sobre la casa Ricarte. Vos estabas confundida entre un mar de papeles, con el trabajo escolar encomendado sobre la guerra del Chaco; entonces te ofrecí ayuda. Es verdad, lo hice sin alguna otra intención. Parecías tan frágil con tal enmienda, me sentí atraído por dos razones capitales: tu juventud y el empeño de salir avante. Mis ojos al principio no se apartaron del tomo consultado por ti, lo hicieron lentamente hacia tu cuello, tus manos y todo cuánto logré captar ya sin mirada auxiliadora. ¡Me pillaste morochita!, y ¿a quién no? si sos la imagen misma del deseo aun bajo el horrible guardapolvo. Alina con seguridad se habrá enterao de lo nuestro, pero gracias a esa discreción tan grande que vos tenés , todo marcha bien y me gusta. Ella se aleja de mi vida tan pronto tú entrás: ¡Cómo agradecer tanta dicha!

Jueves
No sonó el teléfono la tarde de ayer ni por la noche. Mil ideas encontradas me atormentan. ¿Descubrirían tus viejos la doble vida que tenés? o ¿informaría de tus ausencias la Prefectura del liceo? ¿Cómo saberlo? No te has hecho presente y me lleno de ansiedad por ello. Ya no es la ausencia física, es la incertidumbre de cuanto pudiera ocurrir, si descubrieran el acontecer que de pronto se interrumpió, sólo Dios sabe el porqué. He intentado distraer la mente en actividades triviales. Vagué un rato por el centro, compré una entrada al cinema y fue circunstancial la exhibición de esa película que tanto te gustara, cuando la vimos hace unas semanas: " Le Blé en herbe ". Hasta me pareció escuchar tu risa cuando adoptaste el papel de la Feuiellère, mujer madura que se enamora de un chaval. Sin embargo, todo es al revés; yo soy el viejo comparao contigo, pero bien correspondido. Salí del cinema y no sabés cómo quise caminar bien amartelao con vos, sentir tu cabeza en mi costao y el chocar de tu cadera con la mía. Tuve la esperanza de encontrarte en casa pero no fue así. Bebí como nunca hasta que la luz del sol hirió mi cara. Desperté prendido al cojín bordado por ti, en ocasión de mi primer treintena de años. ¡Vaya ironía! Casi te doblo en edad, pero no en audacia. Aunque soy incasable, haberte conocido me siento cada vez más próximo al matrimonio. Experimentamos la intensa emoción de hacer algo no permitido, ello aumenta el temor a ser descubiertos en cada encuentro y da un toque singular a nuestra relación. ¡Ojalá perdure hasta cuando ceda la pasión con la edad! Es posible que el matrimonio finalice antes de lo imaginado. Mejor seguir así. Pero al percibir esta ausencia inesperada, me obliga a meditar con seriedad acerca de algo definitivo. Lo pensaré, en tanto la modorra no evite la ocasión de continuar evocándote.

Viernes
Lavalle, como siempre, rompió el hilo del sueño que me apartó unas horas de la realidad por tu ausencia. Tomamos café y rosquillas y alcanzamos la calle en pos de la Ricarte para completar el reportaje pedido por Licona. Terminamos temprano y él llevó consigo las notas necesarias para trabajar; urgía la entrega porque el lunes venidero saldrá al público la historia completa de la famosa casa Ricarte, sitio en donde hasta el día de hoy se encuentra el Museo de Artes Populares. Por enésima vez pasé frente al instituto sin voltear siquiera y con poco entusiasmo llegué a casa. Como en días previos estaba sola, con ese vacío que tantas veces colmaran tu risa y vitalidad. Llené un gran vaso con pisto, entrecerré los ojos y te vi. Renació la emoción al contemplar cómo te sacabas el jersey y arrojabas una a una las prendas escolares responsables de cubrir el objeto del deseo bajo ellas. No pude más, decidí ir donde tus padres y animado por el pisto, tomé rumbo a la Barcalá con intención de verme contigo ahí.
Eran casi las ocho pasadas. Pero sabés, durante el verano oscurece tarde y agazapado entre los árboles frente al añoso edificio de la Barcalá, del cual me habés platicao, esperé buen rato. Todo fue en vano, sólo arribaron tus viejos y entraron al 26 del tercer piso. Supe con precisión dónde vivís.

Sábado
Este fin de semana será eterno, sin invitación alguna de los amigos para milonguear. Saben de nuestro compromiso y no se atreven a interferir. ¡Felices ellos, aún pueden reunirse sin importar quién les acompañe! ¡El amor no los ha pillao! ¿Qué son dos días? Existen muchos por delante y espero a Lavalle muy temprano el lunes venidero. Por lo pronto, iré donde Rupertino por más bebida. ¡Me da igual! Estoy solo. Alina quizá ni se acuerde de mí, tan hermosa como temperamental. En estos momentos sería bálsamo para este dolor con su presencia ¡Vaya humor! ¡Santos!, la aguanté buen rato, pero valió la pena. ¡Cómo me envidiaba la peña! En cambio con vos, sólo veían a la escolapia aún y no a la mujer capaz de incendiar la Pampa, cautiva en ese horripilante uniforme. Nunca dejaré de reconocer tu impetuosidad amorosa hacia mí. Siempre estuviste dispuesta a ello. Viviré en busca del amor. El tuyo será incomparable. Extrañaré como nunca tu entrega sin cortapisas, abandonada a mis cuidados, prueba única en pos del cariño que ansiabas encontrar y diste con él.
Es tarde, apenas si veo la anforita.
Terminaré hasta la última gota de pisto y acaso la inconsciencia alcohólica te elimine de mis recuerdos, como la imagen del crespón negro sobre la puerta en tu casa...



PÁGINA 19 – POESÍA AMERICANA

Carlos Castillo Quintero (Miraflores-Boyacá-Colombia)

UNA PROMESA

Y si por un río secreto
navegan desnudos los muertos
y un barquero ciego los guía
y, como corresponde,
se queda con el cobre prensado
que los deudos ponen en los ojos
de aquellos navegantes. A ese río,
y a ese barquero
habré de enviar
el agua taciturna que amanece
en mi rostro –la carroña–
el canto maldito que insiste
y, si es necesario,
me abriré una ventana en el pecho
para que salga
lo que de sombra quede
lo que te dañe
lo que no te guste
la piel usada,
el corazón y la palabra herida
habré de condenar
al fúnebre destierro
con una bolsa de monedas
de oro puro que gratifique
el triste adiós
que desteje ese río
y la incesante noche del ciego.

LA CIUDAD

Un amor desesperado y un lindo
crimen lloriquean en el barro de la calle
Arthur Rimbaud

Hay más frío en mi habitación
que en los ojos de quienes aguardan en los umbrales.
Sé que el lecho conserva otra memoria.
Sé que hace años, en esta calle, a esta hora alguien
tocaba una dulzaina.
Sé que tu piel es un privilegio
¿Te has ido? Sin ti no hay alegría.
El parque del barrio mintió tu perfume
en la tarde hizo algarabía y se
hincó
para que los niños subieran en su espalda,
pero el agua de la fuente no reflejó tu rostro.
La ciudad sabe que no estás…
Las calles hacen sonar sus espuelas: su resonancia
marca la extensión del océano
y me mide,
juego a que no escucho, a que no la veo
(pero tú sabes que no juego)
y me mide.
Las palomas durante todo el día y durante toda la noche
comen y defecan
y duermen
y sueñan que
comen y defecan
durante todo el día y
durante toda la noche las palomas
en la cúpula de la Catedral y
en los aleros y
en los tejados de las casas del centro.
Hay uno que odia las palomas
y las enamora con papeles trenzados.
Hay un tren que pasa seis veces en la noche,
y que tú conoces.
Sé que el olor del fuego te desvela
el comercio íntimo del acero sobre el acero.
(Los rieles son un anillo que luce –asediada por un puñal
de huellas y de frío–
la vanidosa de epidermis asfáltica).
Sé que preferirías que el anillo fuera de plata.
¿Qué has ido a buscar? La ciudad es una niña procaz…
Hay una calle habitada por una hiena
que luce una estopa en la cabeza (en la quijada)
y se empeña en atormentar a las esquinas
con su tufo.
Hay una sirena que agoniza
en el lavamanos de un cuarto de hotel,
y canta una vieja tonada
que repite una promesa fundida en cinco hilos de
oro pútrido
que tus labios recuerdan.
Hay un bar que naufraga cada quince años
y una quinceañera
que permanece en la barra
y hombres de varias generaciones la aman
y no se molestan por el abanico en su rostro
ni por su anodino aire de geisha.
¿Qué se puede esperar de una ciudad
que permite el naufragio de sus bares?
¿Te has ido? Sin ti la ciudad no existe.
Había una Casa de Placer regentada por una muñequita
de cartón piedra,
y un farol de cristal holandés
y un nombre de siete cifras
olvidado bajo el calicanto.
Había una monja que delineaba laberintos
de brusca sangre en su espalda,
con un duende prendido a su ombligo
y un confesor.
Había una viuda con las piernas y
los senos intactos
como caballitos de mar
como siemprevivas
como escaleras tendidas a un cielo raso
que linda con las estrellas.
¿A dónde ha ido la ciudad,
y la Casa de Placer
que olvidó el patio sombrío en el
que una doncella duerme arrullada por los insectos,
y la monja
que gime esclavizada por un cirio, y la viuda
que cada mañana recoge los cubitos de hielo
que brotan de su colchón? ¿A dónde?
¿Regresarás? A pesar de la bruma.
A pesar de que no llueve.
A pesar de que no hay luna,
por la rosa triste que mi mano ha escrito,
y por mi mano… ¿Vendrás?
La pérfida nieve se tragó mi habitación.
La ciudad se recoge, asustada,
huye de los diamantes crucificados en los ojos del poeta.




Alex Pausides © (Manzanillo-Cuba)

CEREMONIAS

I
Anoche las ternuras latieron en mi cama
suaves fieras
sábanas de paso.
Y me dejaron
halado el rostro
y en los ojos
dos avecillas frescas.
Me amanecieron
el sentir la piel
humedecidos.
Por eso ando el día
con esta cantaleta
con esta mojazón.
Cuídense.
Acharco.
La magia moja al pasar.


II

Y a la mansalva toco a la muerte,
tibio;
le saco músicas
del pómulo negruzco.
Y la blando luz
y ahora es un muñón oscuro
que atraviesa
la frase.
Topetón el suyo.
Ya no se pelea
sino a vida
con las cosas.
Le amansé tierno,
niñilo,
el hombro.
Y cantaría sin descanso en sus dominios.
Mi suela aliviaría la sed de las encrucijadas.
Pero qué canto más dulce le saqué del labio.
Qué canto más fino. Qué canto.
Ayer era manca,
le nací manos
y hoy saluda
hasta más no poder.
Me cuido de soñar
si no la sueño.
Mi vida le estalla entre los ojos.
Y ella se asusta.
Y en mi polvillo
rebelde y diminuto ellas se aman.

III

Si traspaso el veril
colindo con la infancia.
Ceremonias del zumbador
en los ítamos.
Rojez tibia al ojo.
Azucena, novia esplendorosa.
Jazmín del cabo, finísimos amantes.
Absorto. Quedo.
Me escabullo en la noche.

IV

Ese ay tan ay
yo no lo quiero.
Al nacer lo desayuno
en la raíz de la garganta
Que se vaya.
Yo no lo quiero.
Ay no de dolor, nunca
Sí de pena por él,
que yo lo olvido.


V

Por qué pusieron su aleteo en mí.
Y lo aciago por qué
me lo doblaron
como una pócima
de muerte en esas voces.
Por qué obligarme
a latir
con ese brío
desesperado.
Por qué empañaron
mis visiones
de ese modo
y a golpes de magia
me mojaron
la sangre
de violencia
con volcanes que no eran
aludes
que ofrecer.


VI

En los janes
ha sollozado
un pájaro.
Qué ínfimo
desastre
anuncia.
En los janes
un pájaro en la noche
solloza y solloza.


VII

Me arrimo
a tu sombrita,
madre, y qué
pero qué calma
vulnera el tendón
de mi aspaviento.
Qué retoñarme en la boca
la burbuja del cariño
como aquel que en ojos niños
vuelve ahora.
Uy qué olor pero
qué oler a callía
sube al pecho.
Ya caigo.
Abierta remembranza.
Botija azul que se destapa.


VIII

A veces se me inclina
de tanta primavera el corazón,
del mucho bregar
a todo pétalo.
Y se me cansa
la noche
sobre el hombro.
Y tristo
y me acuesto así
gorrión callado,
tembloso
y sueño contigo
–sólo sueño contigo, amor–
y amanezco
florecido.

IX

Cisne.
Entré al pecho
y la encontré cantando.
Flotaban ojos magias universos
Y allí mismo
fue el canto de cisne
de la muerte.

X

Si me intenta
le rompo la crisma
le suelto qué ventorral
contra su andamio
la estremezco
la viejo
la bojeo
la contracanto
tendrá que irse de una vez
a alguna parte
aunque a entredientes
Yo no tengo la culpa
de que nunca me haya invadido
la vida
de tal forma.

XI

Ahí dentro se me anda
muriendo la tristeza
Yo la llamo le digo
no te asustes pero no
no me escucha le
restañan los dientes
pobrecita se le han roto
de cuajo los temblores
a migajas se le pudren
los huesitos
Que se muere de oscura
sin batallas
Que la risa
le alza un estandarte
Que no puede lidiar
ni convencerla.




André Cruchaga (Chalatenango, El Salvador)

CÉSPED SOBRE EL FUEGO

“Sólo un cuerpo y su imagen
y otro cuerpo y su imagen
y una imagen que arde como papel
y un papel que golpea la ventana como la flor de un sueño.
Y ya no tengo frente, ni manos, ni memoria.
Sólo un hondo destino.
David Escobar Galindo: La llama

31

¿De dónde viene esta Trinidad
de agua, árboles y pájaros?
¿Acaso es de esa calle infinita
que se bifurca en ramales?
¡Ah, viejos espectros que chorrean
como el agua de una herida!
Herida que —alucinada y abierta—
Deshila las huellas
Trashumana del peregrinaje.

32

En mi casa,
Regados por la lluvia,
Mis libros crecen.
En ellos, mis poros
Y pupilas se humedecen.

33

Asombrarse es del orfebre
Que ante la lluvia,
Y sus pétalos diluyentes
Hace cántaros de la caligrafía.

34

Y fue la palabra. Y es ella
La que ceñida a un destino
—que no a alguna querella—
hace posible que arda la materia
y siga el misterio, mientras
el hombre, en su claustro, viva.

35

Ondea en el aire mi angustia,
Aun cuando maduran
Tallos y espigas
En la luminosa llama
De las pupilas.
¿Por qué tanta sed
se interna como espina?
¡Ay de este mar
que convierte en amaranto
el sueño de lo efímero!

36

Corro entre hondas entrañas de sombras.
Mientras un gajo de campánulas
—como una aurora lila—
torna lo dolido y austero,
en un sosegado trance ingrávido.
Pero corro, también —como campesino—
Sobre el pecho fértil y ardido
De los sembradíos que hace la esperanza.

37

Vivo el sueño de hoy
Entre viandas de ceniza.
Lo vivo, pensando,
Que la niebla tiene su enigma,
Que mis ojos en su ámbito,
Urgen del pájaro,
Y mis labios, de la miel inmutable
Para llegar a la otra orilla
En un ardiente coloquio.

38

De repente en la vida,
Algo se vuelve inconfesable:
El misterio habla
Con incansable persistencia.
El fuego abunda en diminutas partículas
Como las hormigas en su purísimo barro.
De repente, —mar y fuego— me parecen
Un solo Don desafiante
En la sal del clamor de cada día.
En mi diario cansancio —porque lo hay—
Veo, sin embargo, cestas que arden de luz
Y que columpian el infinito.
Esto me enternece y trasciende.

39

Camino desnudo. Sin poses.
Pero con la sangre
—adentro— de mi madre,
como la bendición que me preserva.

40

Camino, ahora, en la espesura de otras manos.
En la espiral del monte que amanece. Soy guerrero
En la sábana que cubre los cuerpos del deseo.
A veces soy pájaro y viento. Ondeo en tu cuerpo
Y trepo como insecto. Las pupilas de los poros
Son vastas. Hay un sol entre tus piernas donde
La lluvia se expande y las arboledas crecen
Hasta cubrir la totalidad de mis ojos

41

Entre mi esposa y mi madre
Hay una acequia unitiva:
La sangre que se rehace
—visible y palpable—
en el río de los hijos...

42

El silencio se hace a veces con el día
Y viene con la noche. Desde niño aprendí
A deletrear la caligrafía, en medio de un risco
De hojarascas. Y así he seguido —ya de adulto—
Con ese afán de quitarle al viento las palabras
Y trepar al eclipse total
Donde ya nada se aligera...



PÁGINA 20 – ENSAYO

DAD PASO A LOS MONARCAS

Por Delfina Acosta (Asunción-Paraguay)

Todos los poetas son monárquicos. Yo me incluyo. Pobre de mí, miserable criatura que Dios envió al mundo como prueba de su mala voluntad.

Todos los poetas son monárquicos, decía. Una vez, una tía le dijo a algún curtidor de versos que sus poemas estaban buenos, muy buenos, y desde entonces, él no acepta crítica alguna. Es más, corres el riesgo de perder su amistad y de ganar su odio, si le dices en la cara que lo que está escribiendo no es más que una ofensa al Arte, y que lo que dice –ahora– ya lo dijeron los gatos.

Hay que ver cuán monárquicos son los poetas.

Como son reyes, suyos son los valles y sus lirios, y el arroyo con sus peces que va corriendo, ciego, hasta la sombra de una higuera.

También son suyos el desprecio y la burla con que leen las obras de sus pares. “Pero si esto es una mierda. Yo no escribiría nunca algo así. Además la métrica deja mucho que desear, y para qué sigo hablando si el tono de la obra es el reflujo de una cloaca salido de un refugio de ratas”, dice uno, malévolo, frente a un libro ajeno.

Otra vez, un poeta de juveniles años, ganó un segundo premio en un concurso de “Juegos Florales”, y desde entonces no hay nadie que lo baje de su carroza de rosas y de adelfas. El escribe las mejores cursilerías y va por ahí, mezclándose con la bruma de los cigarrillos de los escritores en un bar, a buscar un sentido elogio sobre su persona. Y ocurre que a nadie se le ocurre decirle que es un versificador de tercera categoría, que sus versos son como arañas reventadas sobre un papel, para no hacerle pasar un mal rato, nada más, y él se queda pensando cuán difíciles y mezquinos se volvieron los tiempos para los artistas. “Debo buscar el reconocimiento que merezco en otro sitio porque está visto que aquí me han tomado envidia”, dice, y se va, ofuscado, con su carroza a otra parte.

No se te ocurra, amable lector, decirle a un poeta que escribe mal.

Puedes decirle que es mal padre, mal chofer, mal amante y peor marido, pero no se te ocurra expresarle una oportuna corrección cuando él te solicita una opinión sobre sus odas porque pensará que la envidia te inspira y no tienes la sobriedad suficiente para juzgar una línea, un término.

Ocurre que un viejecito de acento porteño que solía conversar con Jorge Luis Borges, le dio dos o tres palmadas a un poeta después de leer su opúsculo sobre las mariposas negras, y él creyó que tendría la aprobación a su talento de su lado, si el autor de “Fervor de Buenos Aires” viviera.

Podrás, por otro lado, sacarle dientes a un poetastro, pero jamás una aprobación sobre aquellos versos tuyos que dicen, más o menos, lo siguiente: “Del jazminero pendía un aroma, y del aroma pendía la flor”.

Ah... la monarquía de los poetas.

Allá van a respirar el aire de su reino dividido en cuartetos y tercetos.

El sabe de su capa y de su carroza adornada con migas de oro, pero nadie es capaz de rendirle pleitesía, ni de inclinarse ante su paso que deja como un tañer de luz del sol sobre su corona dorada.

Escribiré, en la postrimería de mi existencia, un libro sobre la monarquía de los poetas en el mundo. Y daré nombres y títulos de los libros, para deleite y confusión de los lectores.

Aquel vate tonto, hoy por hoy idolatrado, será desenmascarado.



PÁGINA 21 – CUENTO

DESDE LO MÁS PROFUNDO DEL INFIERNO

Juana Castillo Escobar ® - (Madrid-España)

- Desde lo más profundo del infierno, surge una llamarada de amor que, lógicamente, ni te la esperas –asevera la mujer con gesto serio y voz suave-. Yo que lo he vivido, que vengo de allí, puedo confirmarlo.
Se remueve en el sillón de fibra sintética y madera de teca como si miles de agujas se le clavaran en la piel. Observa con curiosidad al joven que, magnetófono en mano, aguarda sus palabras con verdadera impaciencia. Más que observarlo lo estudia como el científico que busca en el microscopio el origen de la vida. Es de baja estatura, tez morena, pelo largo y ondulado; los ojos, de un color miel transparente, son acariciadores, tranquilos, dignos de confianza. Y esa confianza es la que le ayuda a ella a abrir su corazón a un desconocido.
- ¿Para qué publicación me dijo que es la entrevista?
- “Mujeres al límite” –responde el chico que acaba la frase con una amplia sonrisa.
- Mujeres al límite. Mujeres al límite –repite ella en un tono casi inaudible-. Sí, yo sé de eso: de vivir al límite, hundida hasta las pestañas en la mugre pestilente de este mundo. En un infierno que tenemos ahí al lado y nadie quiere ver… ¿Esto lo estás grabando?
- Es mi tarea, hacer un buen reportaje. Pero, si usted estima que hay algo que no desea que se sepa, yo lo suprimiré. Confíe en mí…
- Eso es lo que hago, confiar en usted. Pero, ya sabe: nada de fotos, nada de nombres y apellidos, ninguna descripción de mi imagen –pide ella frotándose las manos, unas manos en las que aún están frescas las huellas de quemaduras y pequeños cortes visibles a pesar de las filigranas de henna pintadas en sus dedos y en el dorso de sus manos, pequeñas y nerviosas.
- ¿Cómo puedo llamarle? –Pregunta él después de haber apagado el magnetófono- ¿Fátima? ¿Zoraida? ¿Yasmín?
- Yasmín. Me gusta. Me trae recuerdos de una amiga…, ella murió. Nada pudo salvarla de aquel mundo angustioso y horrible. De hecho, si he consentido en contestar a sus preguntas, es por ella: para que el orbe todo conozca aquel infierno, un lugar en que la mujer vale menos que un camello, ¿qué digo?, que una cabra sarnosa.
- Bien, Yasmín, cuando usted guste puede comenzar a contarme su historia, o la de su amiga… O la de ambas.
La mujer se aclara la garganta. Se levanta. Alarga su brazo derecho y toma un par de vasos que hay sobre la mesa de mármol y hierro, vierte en ellos, con maestría, un aromático té con hierbabuena. Ofrece uno a su invitado. Con parsimonia vuelve a su asiento, cruza las piernas, se coloca los pantalones bombachos, de algodón blanco, sobre las rodillas, toma su vaso entre las dos manos, cierra los ojos mientras bebe un sorbo de té. Lo paladea con fruición. Al abrir los ojos, encuentra los del joven clavados en su cara, le sonríe con timidez pero en el fondo con audacia, con la audacia que le da el ser una superviviente. Mira el jardín desde lo alto del porche. La tarde empieza a decaer y rosas, boj, claveles, petunias, celindas y madreselvas emiten sus mejores aromas. Carraspea de nuevo. Con un movimiento de mano le indica al reportero que puede comenzar a grabar su testimonio. Entonces ella da comienzo a su historia:
- Nací en un pueblo del más profundo Afg… Esto olvídelo. Nada de lugares.
- No tema. Es como si no lo hubiera oído, ni grabado.
- Bien. Sigamos. Soy la séptima hija de una familia compuesta casi toda por hombres: tengo diez hermanos varones. Nada más nacer fui prometida a un comerciante de la aldea. Él era por entonces un hombre todavía joven, de casi cuarenta años. Me casaron con él cuando cumplí los dieciséis. Tardaron tanto en desposarnos porque mi madre ocultó a mi padre y mis hermanos que, desde los once años, había dejado de ser una niña. Ella se apiadó de mí tratando de retrasar mi matrimonio, pero era algo imposible de detener por mucho tiempo. Todo estaba convenido muchos años atrás.
“Las fiestas de nuestros esponsales duraron una semana. Todo el pueblo celebraba la boda del hombre más rico de la aldea con risas, cánticos y alabanzas pues no escatimó sus dádivas a la hora de darlos de comer. Todos fueron felices menos yo. Mi esposo, un hombre ya cercano a la vejez, con olor a rancio, seboso, falto de dientes, entró en mí desde la primera noche como los bandidos que aguardan agazapados y asaltan a las caravanas en el desierto: sin ningún escrúpulo, sin ningún atisbo de ternura…
“Bien sabe dios que, si al menos hubiera mostrado conmigo alguna inclinación amorosa, algún respeto, quizá con los años yo habría podido amarle. Así ocurre y así ocurrirá siempre entre nuestras mujeres: que al final acabamos amando al hombre al que fuimos vendidas. Pero yo, como decía él, salí respondona, con criterio propio, algo “impropio” entre las “de mi clase”. Y es cierto, muchas cosas de nuestra cultura me asquean: el no poder decir “No” o “Basta ya” cuando algo no me gusta o apetece.
“Mi amiga abrió la brecha. También a ella la casaron con un anciano. Su esposo era mayor que el mío. Tendría 61 ó 62 años, pero aún no había perdido sus fuerzas y, cada noche, la forzaba a mantener relaciones de todo tipo. Entre otras cosas porque necesitaba un heredero. Ella empezó a negarse, a gritar cada vez que no deseaba yacer con él, cada vez que era azotada, cada vez que era vilipendiada. Sus lamentos se escucharon por toda la aldea. Llegó a inventarse la figura de un amante…
- Pero, ¿aquélla mujer tuvo un amante?
- No. Todo lo inventó. Quería salir de aquel infierno de cualquier manera. No le importaba cómo.
- ¿Qué le pasó?
- Al final murió lapidada. Su propio padre tiró la primera piedra. No se le ocurrió que todo pudiera ser una farsa, un invento para huir de tales vejaciones y tanto dolor. Entre tanto también yo aguantaba. Fueron diez años horribles. Una vez intenté quitarme la vida, pero las heridas no eran lo suficientemente profundas como para causarme la muerte –Yasmin enseña al joven sus muñecas, tiene la piel arrugada por los cortes, luego las esconde en las mangas de la blusa-… Mi esposo buscaba a toda costa, al igual que el de mi amiga, tener un hijo pero éstos no llegaban. Unos porque yo no quise, otros porque no llegaron a cuajar. Se volvió iracundo, malvado…
“Un día llegó a casa con Raschid, el hijo mayor de una de sus hermanas. Lo trajo para que le ayudase en la tienda y él poder ociar y dedicarse a sus visitas placenteras y de negocios. Lo trataba mejor que a mí, pasó a ser el hijo tan deseado, pero eso no le hizo desistir en sus violencias conmigo.
“La gente es cruel, te ve llorar, arrancarte los cabellos porque tu esposo te maltrata y mira hacia otro lado: es lo que se espera de él.
“Intenté quitarme de nuevo la vida después de una paliza que me dejó medio muerta. Él, sin apiadarse de mí, salió a sus quehaceres. Nos quedamos solos en casa Raschid y yo. Lo cierto es que jamás, en al menos dos años, cruzamos una sola palabra pero mi corazón supo desde el principio, desde que se cruzaron nuestras miradas por primera vez, que el amor nos tomaba en volandas llevándonos sobre sus alas. Raschid curó mis heridas, no sólo con ungüentos y vendajes, sino con palabras y hechos.
“No podía creer que un hombre pudiera ser tan tierno, tan amoroso, tan…
“El caso es que en lo más profundo del infierno aquel surgió el amor, llamaradas de amor que nos era imposible ocultar.
- ¿Su esposo la dejó marchar?
- ¿Marchar? No. Yo soy de su propiedad. Raschid y yo logramos huir. Mi madre nos ayudó, ella es una mujer instruida y rica pues heredó de su padre todo el patrimonio familiar. Gracias a ella, y a los trabajos de joyería fina de Raschid, hemos conseguido esta casita en este pueblo escondido… Cuanto más escondidos vivamos, mejor. Más difícil le será a él dar con nuestro paradero. Si nos encuentra nos matará por eso no quiero que se sepa quién soy…
- Pero su historia puede darle una pista.
- Estamos demasiado lejos. Confío en que, además de no saber leer, hay miles de historias como la mía. Lo que no hay son miles de mujeres que, al final, hayan encontrado el amor en el más profundo de los infiernos.



PÁGINA 22 – POESÍA AMERICANA

Carmen Julia Holguín Chaparro (Albuquerque-Estados Unidos)

DIOS TE SALVE MARÍA

I
Dios te salve María
de la noche infinita,
del silencio asfixiante,
de la palabra ultrajada.

Dios te salve María
del miedo de los otros,
de la negligencia de algunos,
de la indiferencia de tantos.

Dios te salve María
de la oración que no se reza,
de la acción que no se hace,
de la protesta que se calla.

Dios te salve María
de mi ausencia,
de nuestra distancia,
de su presencia.

II
Dios te salve María
y te libre de desgracias.
Mi corazón está contigo;
bendita tú eres,
como todas las mujeres
y bendito es tu vientre
con fruto o sin él.

III
Dios te salve María,
incluso
de tus mismo salvadores.



LIBERTAD

Para Mary W.

Asumo por mi cuenta
el derecho que me niegan las historias
y rechazo
alimentar mis horas y mis ansias
con la manzana de Adán.

En su lugar
tomo la fruta prohibida
para jugar con ella al tiro al blanco
con el arma
que me dé más placer.

Nadie se atreva
a juzgarme,
a medirme con ninguna vara,
a aventarme ninguna piedra.
Yo pago el precio de mi estirpe
en dolorosas cuotas lunares
y me he ganado
mi tajada de libertad.

ELLA

Para María Ella

A veces
permanece en su castillo,
adentro de su incómodo
traje de princesa,
siguiendo un protocolo
de absurdos
y protegiendo bajo sus faldas
a los ratones confundidos
que salen de los calabozos;
otras,
simplemente burla la vigilancia
se sube a su escoba
y se echa a volar.

PLAZA DE MAYO

Jueves
Buenos Aires, 2007

I
El brillo de la tarde
en bienvenida
ilumina en cada una
de las pausadas vueltas
los cuerpos lentos,
pero no vacilantes,
después de un viaje
de treinta años.

II

Madres:
rostros llenos de surcos vivos
donde, entre los frutos del dolor,
también florecen sonrisas.

III

Llueve
siempre.
Llueve aun cuando no llueve.
Nada más
hay que quedarse en silencio,
cerrar los ojos
y escuchar:
clap, clap, clap (coro)

PLEGARIA

Me arrebataron mi nombre en el desierto
Juan,
garras de odio
me lo quitaron a jirones
y lo arrojaron entre los médanos congelados
de una noche sin luna.

Me lo hicieron pedazos
en medio de un silencio de siglos;
de horas infinitas
cargadas de dolor y humillación
ante cada sílaba ensangrentada
que se perdía en aquella oscuridad maldita.

No pude defenderlo
Juan,
maniataron mi aliento,
vendaron mi corazón,
amordazaron mis manos y mis piernas
y me lo arrancaron de a poquito,
disfrutando el despojo.

Cuando el sol despertó entre las dunas
me encontré sin nombre
y empecé a sentir el frío
que me abraza los huesos
y que no me deja incluso ahora,
a pesar de esta sábana blanca
que cubre los restos
de mi carne desorientada.

Estoy muy sola sin mi nombre
Juan,
durante días han desfilado
frente a mi rostro de cuencas vacías
mi padre y mi madre
y no han podido llamarme hija,
mis hermanos
y no han podido llamarme hermana,
mis hijos
y no han podido llamarme madre
porque no tengo nombre.

Tengo miedo del silencio eterno
Juan,
de que nadie pueda
volver a pronunciar mi nombre
desbaratado sobre la arena
que ahogó mi sueños.

Sálvame
Juan,
Nómbrame Ana, Luisa, Rosario
Yolanda.

Bautízame
Juan,
Llámame Clara, Rebeca
Lucía.

Ayúdame a decir presente
cuando Dios llame a todos sus hijos
por su nombre.

RENUNCIA

Para Yohana

Te quisimos todos
y nos negamos a dejarte ir
cuando tenías que haberte ido
a encontrar el sol
húmedo de olas.

No supimos levar el ancla
y te atamos
a una historia de arena de desierto
a ti, que tenías el mar
dibujado en las miles de líneas
de tus manos y pies.

Te retuvimos sobre las dunas
acunándote con canciones
de amarguras sin principio
y nunca colmamos tu sed
con el agua dulce
de nuestros ríos de corriente simple.

Te hemos amado siempre
sirena de canto suicida
pero quizá no sea aún demasiado tarde
para dejarte seguir
la ruta de las gaviotas.

LAMENTO

Rosario me dijo adiós con la mano;
sus dedos agitándose en el viento oscuro
son la última imagen que me dejó
después de esa mañana de sonrisa adormilada
Ana nunca volvió a casa,
la siguiente vez que vi sus manitas aterradas
Lorena estaba en la morgue,
reconocí a mi princesa de los domingos
por el anillo con su nombre: Demetrio.

Por lo demás,
aquel cuerpo informe
no me decía nada de aquella Elena de cantos
lavando la ropa en el patio de la casa,
no me hablaba de aquella chispa
que encendía la soledad.

Por lo demás,
aquel rostro ciego
no me miraba con los ojos de mi Lupita
frunciendo el ceño para llamarme la atención
cuando algo no le gustaba.
Por lo demás,
no parecía el cabello de mi Antonia
tan lleno éste de arena, de ramas secas,
de basura entremetida a la fuerza en aquél,
el de Rosa, tan peinado y brillante siempre
para lucirlo como a ella le gustaba
sobre su espalda, siempre derecha
a pesar del cansancio
por las largas jornadas en la maquiladora.

¡Ay! una madre no imagina nunca
cuando su bebé de 18, 24, 30 años
le dice adiós con su mano en el viento,
que jamás la volverá a escuchar
llegando del trabajo
dejándose caer en el raído sillón de la sala
cerrando los ojos a voluntad
para descansar unos segundos.

Una madre no puede pensar nunca
que su chiquita no volverá a cruzar el umbral
para darle uno de esos abrazos de sol
que entran con ella.
Una madre no entiende
el cuerpo inerte de Gloria sobre la plancha,
la cabeza de Sonia con las cuencas vacías,
el pecho de Andrea sin sus senos de niña.

Una madre que vive este mal sueño
jamás despierta de la pesadilla...

Juana me dijo adiós con la mano
y sonreía.




Carlos Patiño Millán (Santiago de Cali-Colombia)

BAILANDO, DESCALZO

Esta cama: lienzo para tratar casos como el tuyo de los que se presentan cerca de tres cada cien años.
Esta ciudad: no es necesario nombrarla a cada instante.
Artista imaginario, compatriota de nadie, cuerpo silente.
Esta casa: sus cimientos serán destruidos y reconstruidos por legiones romanas.
Un hombre desnudo baila en plena plaza. En el suelo, la toga viril y la cordura.

VESTIGIOS DE FIESTAS DE FIN DE AÑO

Me siento tentado a hacerlo: señalar el camino a la cabaña con mi orina.
Te cuidas de no pisar las estrellas de mar, las botellas, las conchas afiladas, mis comentarios.
Hay una hoguera de risas y Juan y Claudia y Mauricio y Liliana corren a bañarse desnudos en la helada bandeja del agua.
Son casi las doce de la noche; recibiré enero tumbado en una hamaca, de espaldas a los movimientos de la arena.

BESOS DE DESPEDIDA A UNA MUERTA DE MI PROPIA SANGRE

Me dejó cantando: ayer, viva; hoy, bajo metros de tierra. Estuvimos juntos el verano, hasta ayer. La desgracia no la dejó cruzar la calle.
Puedo decir que el avión cayó en algún lugar del campo. Decir que son de plomo las alas de los ángeles que la sacan del sitio. Que su bicicleta escupía felicidad cada tarde. Puedo decir que el fulgor de su risa no se desvanecerá. Decir que aun el co- razón más hostil acoge amor humano. Que su voz no se perderá entre las otras.
O que murió. Y que no hay más.

LA RUINA DE UNA PROMESA

Enderezar la vida, tanto como a un árbol. Lo que iba a ser, torcido. Una luz brillante, oscura.
Pronto vendrán las vacaciones, te veré. ¿Me enseñarás a volar? No seas malo, di que sí.
Lenta marcha hacia el suplicio. Quienes lo conocieron, voltean el rostro. Lo que iba a ser, árbol oscuro.

MUJER DESNUDA, DE PIE

Madre trajo un cadáver a casa. ¿Qué haces?, preguntó Padre. Madre me señaló y dijo: que él lo diga.
Hace unos años, esa mujer que yacía desnuda en la sala y yo fuimos amantes. Remonté ríos oscuros con ella; ahora su nombre ni siquiera era rasgo inquietante del pasado.
No veo a nadie ahí, dije. Homero difícilmente pudo ser ciego, contestó Madre. Padre abandonó la casa.
Salí al patio a cavar una tumba. No volvimos a mencionar el asunto.
Sobre ella, un árbol erguido. En la rama más corta, la promesa de unos frutos que ya reventarán. Dentro de las semillas, el silencio que susurra el viento.




Carolina Escobar Sarti (Guatemala-Guatemala)

NO SOMOS POETAS

Somos apenas amantes
suicidas con la cuerda
en la mano
caminantes de antes
usurpadores de abecedarios.
No somos poetas
somos adivinadores
de oscuras cavernas
transeúntes por azar
locos por vocación.

Somos talladores de nubes
lluvia sostenida
cuerpo que recuerda
hambre insatisfecha
confesión última
dueños de medio corazón
límite de penumbra
sangre que camina el mundo
puerto de anclaje y despedida
sólo somos tiempo
una carta interminable
que continúa escribiéndose
sin fecha de entrega.

SOMOS UNA ARRUGA EN EL MEDITERRÁNEO.

Y esto no es un poema
sino credo levantado,
el caos, el misterio,
el asombro y el verbo.
La santísima palabra
en el universo
de la salamandra.
El fuego robado.

Para siempre.

Fundamos la memoria
de la luz y el perfil de la montaña
probamos primero la sal
en el océano de nuestros ojos
y nos supimos robustos árboles
no ramas quebradizas.
Aullamos a la luna
reclamando al sol su eclipse
e hicimos el amor
en los siete mares.
Sea la luz
y fue la luz.

Todo somos
menos poetas.

SOMOS APENAS AMANTES

que levantan templos
sin altares en otro cuerpo,
oblicuas caricias
en línea de agua.

Somos atrio sin bordes.
Amantes condenados
por los siglos de los siglos
a renegar del miedo,
la muerte y
la soledad.

(Antes de ti
yo era animal
ahora soy lenguaje).

Somos apenas amantes.
Distancias agotadas
en el mínimo territorio
de la redención (por mi culpa
por mi culpa
por mi gran culpa).

Escritores de epitafios
en las paredes de la historia.
Despertamos al pez, al mono
y al dinosaurio
y tatuamos sus nombres
en nuestro cuerpo epistolar.

Somos exilios justos
de planas cartografías
que encuentran agua
en sus montañas.
No poetas
apenas amantes.

CAMINANTES DE ANTES

Transeúntes que recuerdan
el rastro de carreta
el rumor de letanía
el bostezo de las horas.

Rodamos palabra
sobre palabra
por la orilla del tiempo
y de tanto empalabrar
hasta canas tienen ya
los espíritus de los muertos.

El camino tiene ojeras.

Lo recorren
los caminantes
desvelados
que amarran las letras.

USURPADORES DE ABECEDARIOS

Ladrones de epitafios
escaladores de la Torre de Babel
todo ha sido dicho
y nos creemos poetas.

Simples usurpadores
de abecedarios
lo hemos prestado todo.
(En el principio fue el Verbo.)

Soberbios dueños
de segundas verdades
recolectores de
antiguas cosechas
descifradores de veladuras
sentados a la
derecha del Padre.

Traperos de alfabetos
robamos
escalamos
usurpamos
prestamos
poseemos
recolectamos
desciframos
y nos decimos
poetas.




Consuelo Hernández (Nueva York-USA)

BURLANDO EL PODER

Otra vez esas botas asesinas
Pisoteando muchachas ingenuas…
Escapemos, madre,
por la puerta falsa
abandonemos este túnel rojo de puertas en serie
vámonos a la claridad de la casa campesina
y si nos confunde el ánimo
en la mitad de las rocas escarpadas
al borde de ese enorme precipicio
madre,
quítate tus zapatos
tómalos en tus manos
y sígueme descalza.

HAGO TRIZAS EL MIEDO

El miedo me sigue
en la luna pagana
y el paso asesino
en la luz de los coches
a la hora imprevista
de la estrella más alta.

Viene con el vuelo del ave a medianoche
con el aullar del perro que ha perdido a su amo,
con el crujir del árbol que derriban los rayos.

Yo lo desafío minuto a minuto
a mostrarse entre luces
a rotar con la tierra bajo cuatro estaciones
a ahogarse en la lluvia voraz que me visita.

Pero el miedo trajina mis calles,
con el llanto anónimo de los peregrinos.
En el repicar de campanas
galopa en disfraces
y destempla mi canto.

Por eso hoy decido por un sol entero
hago trizas mi llanto,
hago trizas este miedo maldito
y con paso seguro
voy a la cotidiana claridad de la lámpara.

ALGO HA PASADO EN ESTA CASA

Algo ha pasado en esta casa…
por las puertas
por las ventanas
por todas las rendijas
entra el ulular de las sirenas
el dolor de víctimas de guerra
la rabia de los manifestantes,
el insomnio del soldado fatigado
con cuatro días de desierto en sus espaldas
y todos sus sueños suspendidos…

Algo ha pasado en esta casa
ya no encuentro paz en la pantalla
miro los árboles llorando llamas
y crujiendo al sentirse destrozados.

Algo ha pasado
y no sé dónde puedo arrodillarme
he perdido la llave de mi cuarto
no hallo el descanso justo en mi jornada
la cama se ha poblado de silencio
cerrar los ojos es martirio que sofoca
todo es un túnel oscuro y sin salida.

Algo ha pasado en esta casa.

CON EL PODER DE LISÍSTRATA*

Invocando el poder de Lisístrata
hago escarnio de los asalariados de la guerra
para defender a mi Atenas de Esparta.

Convoco a la mujer de delantal
la de tacones
la doméstica y la reina
la obrera y la madre
la joven y la anciana…
a todas llamo
a desertar de las camas de sus amados
hasta que todos regresen de la guerra
y se nieguen a ofrecer sus vidas
para que unos pocos sobrevivan
con más riqueza de la que pueden usar
si vivieran diez mil vidas.

Con el mismo poder de Lisístrata,
se los juro,
terminaremos con las guerras
y los poderosos de turno
caerán de su caballo con todo y sus morrales.
No más madres con niños heridos en sus brazos
ni piernas amputadas con espadas
ni hombres muertos en ajenas batallas.

Mandaré a las cabezas de faunos
a morder la soledad
al ayuno sexual
y no más carneros desollados
ni familias a la espera
desplazadas por la guerra.

Por el poder que tuvo Lisístrata
todos los ejércitos
se detendrán en seco
vencidos por el aire
que enfurecido llama
a la verdadera paloma de la paz

*Lisístrata, mujer de la mitología griega.

FESTÍN DE LOS CUATRO ELEMENTOS

El viento abre sus fauces y respira.

Hambre tienes ¡Oh viento!
hambre de vidas
de mujeres y hombres que aderecen tu mesa
silencia al pájaro en el monte más alto
multiplicas los muertos y cosechas olvidos.

Hambre tienes ¡Oh tierra!
hambre de espacio
de carne de todas las especies
y te alías al viento que le brinda alimento.

Hambre tienes ¡Oh río!
hambre de gritos de horror
de patadas de ahogados
de curvas desnudas
del ojos con mirar indefenso
mientras les siegas la vida.

He visto en llamas el volcán
las ruinas que deja el huracán
los cementerios que improvisa el terremoto
siento algo incontenible en la garganta...

¡Su fiesta es la feria de la muerte!
e invitaba a un río que se antojaba otro
delineaba nuevo curso pavoroso.

Ya no veré más a María
sirviendo una sopa en Chinandega
ni a Luvina con sus hijos
en su caballo famélico
se ha ido Tony con el Jazz y sus sueños intactos.

Sin develar la aritmética exacta de la vida
en la propia culminación de su festejo
pasa la orgía de los cuatro elementos.

VOZ DEL HURACÁN

Como loco escapado de manicomio público
con las ropas en desorden
y los cabellos al aire
pasa el huracán
con traje de larga cola
estremeciendo paisajes.

Mil mensajeros navegan
en sus largos silabeos
de su lengua sin garganta...
mi angustia no los descifra.

Ajusta cuentas de guerras
altos clamores de paz
y deseos de abundancia
el huracán grita a voces
pero nadie lo comprende.

Como la rana que nunca
salir de su pozo supo
como el avestruz que oculta
la cabeza ante el peligro
entre los ranchos seguros
entre los abrigos nuevos
se salvan muchos oídos
de los reclamos del viento.

Pero el huracán arrecia
domesticando ciudades
desbordando ríos y mares
marcando la geografía
con los pasos de su danza.

Invisible se va dejando
las huellas de su visita.
y nadie,
nadie descifra su rabioso silabeo.



PÁGINA 23 – ENSAYO

CARTA ABIERTA AL LECTOR DE POESIA ARGENTINA

Luis Benítez (Exaltación de la Cruz-Buenos Aires-Argentina)

La importancia del género
Sea usted exclusivamente lector del género o también poeta y/o crítico, académico o no, argentino o extranjero, seguramente habrá llegado a sus oídos el revuelo que ha causado la publicación del volumen 200 años de poesía argentina (Ed. Alfaguara, Buenos Aires, 1.008 págs., ISBN 978-987-04-1401-8) o, caso contrario, pronto le llegará. Es que a meses de su presentación formal en sociedad, cuando los ecos de la aparición de cualquier otro libro deberían haberse convertido en un susurro, particularmente por lo específico del género que trata, ha desatado controversias llamativas, que van desde las más pomposas alabanzas hasta el elogio que quiere ser razonado; desde el rechazo argumentado hasta los denuestos más feroces. ¿Cómo es que un libro que habla –bien o mal- de poesía, provoca una reacción tan notable? ¿No era la poesía un género casi marginal? ¿Dónde quedaron las décadas de lamentaciones al respecto, las mesas redondas, simposios, conferencias, encuentros literarios, donde la situación de la poesía se evaluaba como prácticamente inexistente en un mercado alimentado por best-sellers, operado por el marketing de las grandes empresas editoriales, decíamos, que desdeñaban incluir en su catálogo obras del género, porque es nulo el margen de ganancia que devengan? ¿No era la poesía algo que sólo nos importaba a nosotros, sus lectores, fuéramos o no, además, poetas, críticos, académicos?
En momentos en que le escribo a usted, ya no se oyen las salvas de artillería de la Feria del Libro, que saludó al de referencia como un acontecimiento en medio del Bicentenario; tampoco el recibimiento triunfal que se le brindó en un acto de la Biblioteca Nacional , celebrado en el salón mayor, que lleva el nombre de Jorge Luis Borges. Los diarios y periódicos que festejaron su existencia encontraron el destino final de esos medios gráficos, siempre el mismo; los blogs y páginas Web que se ocuparon del nacimiento siguen allí, y la Honorable Cámara de Diputados de la Nación Argentina considera un proyecto, elevado al Presidente de la Comisión de Cultura de ese organismo legislativo, el diputado Roy Cortina, por su par la legisladora por la provincia de Tucumán, Norah Susana Gastaldo (Nº de Expediente 4286-D-2010, Trámite Parlamentario 077, del 16/06/2010), para “declarar de interés de la Honorable Cámara de Diputados la edición del libro 200 años de poesía argentina, en homenaje al bicentenario de la Revolución de Mayo”.
Por la otra punta del ovillo, desde Italia, el poeta argentino Gabriel Impaglione, editor de la bien conocida revista Isla Negra, envió una carta abierta a la Honorable Cámara resistiendo esa iniciativa; en la misma revista, el poeta argentino Eduardo Dalter cuestionó duramente el criterio que animó al antólogo y las omisiones de poetas connacionales en la obra, artículo abundantemente reproducido ya en los blogs, a lo que sumó Dalter una carta dirigida a la diputada tucumana que propuso la medida legislativa; el poeta santafesino Rubén Vedovaldi sumó lo suyo, criticando otros aspectos de la antología de Alfaguara; la autora Miriam Cairo agregó también su opinión negativa sobre la obra de Monteleone en un artículo publicado por el diario Página 12, en su edición rosarina: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-25079-2010-08-28.html (toda esta documentación la puede usted leer en revistaislanegra.blogspot.es).
A estos primeros pasos de la oposición a la obra, se suma algo que no por no aparecer en los blogs y los medios gráficos, deja de ser de fundamental importancia: los mensajes personales en torno al mismo tema, la franca mayoría de ellos de índole “no positiva”, por emplear este curioso y célebre eufemismo de origen preclaramente legislativo.
Como verá, lector, su género preferido, para casi no existir, hace bastante barullo en la República Argentina. ¿Cómo nos explicamos esto? ¿Es el género en sí, o factores extraliterarios aquello que agita las aguas antes supuestamente estancadas de la poesía nacional? Y la cuestión principal y definitiva: ¿Le sirve esto al género o va a ir en su desmedro? Veamos.

La importancia de que se publique una obra de valor genuinamente histórico
El lector de poesía, como usted y yo, es uno de los más específicos, exigentes y reducidos, en relación a las escalas a las que se destinan los productos editoriales de alcance masivo. Para presentarle a usted una obra, las editoriales saben que deben afinar la puntería y confiar el trabajo a alguien que domine el tema destacadamente. Para un lector especialista, se necesita un autor altamente especializado. Más aún cuando el proyecto atiende al abarcamiento de la completa historia de la poesía argentina, desarrollada a lo largo de muy complejos doscientos años de acontecimientos literarios, sociales, políticos y económicos, una intrincada sinergia que originó el fenómeno de que se trata.
Queda claro que usted y yo somos un segmento de lectores, además de exigente, sumamente sensible a adulteraciones, atento a leer agudamente entre líneas: las miríadas de supuestas antologías realizadas por cuatro hampones literarios a tanto por cabeza, en las últimas décadas; los supuestos concursos literarios con la cláusula opcional de integrar una “antología colectiva”, donde decenas de “terceros premios” y “menciones” tienen la “posibilidad” de publicar al lado de cualquiera, mientras se tenga para el alquiler de las páginas, no nos han engañado nunca.
Por parte del Grupo de Empresas Santillana una obra de esta envergadura jamás iba a ser confiada a un inepto ni a un ignorante, por el segmento de lectores al que se dirige, por la imagen de la compañía que financió la obra y porque el Grupo es consciente de la relevancia que tiene invertir en un proyecto así, lanzado en medio de los fastos, las declamaciones y los buenos sentimientos que despierta nada menos que el segundo centenario de la patria, algo que lleva a una diputada de la Nación a esgrimir como argumento de su pedido de declaración de la obra como de interés parlamentario, el que constituye un “homenaje a la Revolución de Mayo”. La sufrida poesía argentina. La que usted y yo leemos desde hace décadas, porque tiene un valor específico, porque tiene unos alcances y una trayectoria meritorias, porque aportó muy lo suyo al conjunto de las letras en nuestro idioma, y, fundamentalmente, por la sempiterna razón que nos lleva a abrir un libro y no dedicarle esas horas maravillosas a otra cosa, tal vez la mejor razón de todas: porque nos gusta.
En función de esta exigencia, estoy seguro, el Grupo Santillana se dirigió a un referente del estudio de la poesía argentina. Aunque en base a los resultados del proyecto muchas voces se alcen para desestimar la competencia del Lic. Jorge Monteleone y su equipo de colaboradores, creo que las particularidades de su formación lo señalaban para el puesto.
Monteleone nació en Buenos Aires en 1957 y es crítico literario y traductor; es investigador en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), con sede en el Instituto de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Buenos Aires. Desde 1992, dirige allí el Boletín de Reseñas Bibliográficas. Obtuvo dos veces la beca del Deutsches Akademischer Austausch Dienst (DAAD, por sus siglas en alemán, que significan Servicio Alemán de Intercambio Académico), establecida por la República Federal de Alemania, para ejercer la docencia y la investigación en la Universidad de Colonia (RFA). Su especialidad es la crítica de la poesía hispanoamericana en general y de la argentina en particular. En su especialidad ha firmado una centena de ensayos y artículos académicos en medios de América y de Europa. Es periodista cultural en distintos medios gráficos y audiovisuales de Buenos Aires, señaladamente en el diario La Nación. Un típico representante del medio académico –ámbito que todavía no dijo ni “a” sobre el espinoso asunto- cuyo CV se ve que era más que adecuado para lo que buscaba el Grupo Santillana: the best boy.
Dudo mucho que el Grupo haya querido invertir en este proyecto todo lo que invirtió, no sólo en la edición en sí, sino también en su difusión, por el simple afán de lucro, legítimo y común a toda empresa comercial; se trata de un libro caro para los menguados bolsillos latinoamericanos y, gracias a la crisis mundial, también caro para los particulares extranjeros; estimo que su intención estuvo orientada más a producir un título de obligada consulta, presente en las bibliotecas de las universidades, un título que no puede ser obviado, no sólo porque desde la edición de la Antología de la poesía argentina, compilada por Raúl Gustavo Aguirre (Ediciones Fausto, Buenos Aires, 1979, ISBN 9504580000) y que necesitó tres tomos para abarcar su objeto en aquel tiempo, ninguna otra obra de similar envergadura salió a la venta; también tiene que haber motivado al Grupo la certeza de que su imagen empresaria quedaría todavía mejor asentada al haber colaborado a dotar de un instrumento sistematizador y crítico de esta importancia a nuestro sistema de valores literarios.
El prestigio es otra de las motivaciones, además del afán de lucro, de todas las corporaciones empresariales, que pueden darse de tanto en tanto estos “lujos”, habida cuenta de las altas facturaciones que obtienen con cada balance anual, con crisis mundiales o sin ellas. Una buena obra, bien seleccionadas sus partes, bien introducida por un best boy, bien difundida a través del aparato propagandístico de la corporación, que se constituya en el referente de toda la poesía argentina, acogida positivamente por todo el establishment literario, bendecida por los medios y por todos los sectores de la poesía argentina, lanzada oportunamente en medio de la celebración del bicentenario del país, se constituye obligadamente en el aporte bibliográfico sobre el género más importante en casi medio siglo de esas dos centurias a las que se refiere.
En ocasiones, los intereses de las grandes corporaciones establecen alianzas reales con los intereses literarios de una época y lugar dados; cuando existe comunidad de intereses –hoy la base de toda negociación, el común beneficio de las partes- generalmente los proyectos prosperan. El proyecto de Alfaguara, empresa miembro del Grupo Santillana, era por igual beneficioso para la empresa como para el conjunto de la poesía argentina; por ello, el anticipo de su lanzamiento generó tanta expectativa. Entonces... ¿por qué fracasó?
Me explico, colega lector: no fracasó porque el Grupo Santillana sea una entidad perversa, al estilo de los Illuminati del inefable Dan Brown, empecinada en destruir el mundo y específicamente, sembrar la confusión en la cultura (no me cabe duda de que las intenciones del Grupo eran bien otras y, ya vemos, lejos del afán de lucro y más cerca de los intereses de los lectores de poesía) y no fracasó porque no llenara las expectativas del establishment literario local, que hubiese aplaudido de igual forma cualquier obra, incluso una peor realizada por Monteleone y sus adláteres, porque el establishment necesitaba un título y no una obra; no fracasó porque Monteleone sea un obtuso que, misteriosamente, llegó a uno de los estamentos más altos de la carrera, examen tras examen, postulación tras postulación, porque cuenta con un velo mágico que hace invisible su supuesta ignorancia a los ojos de los demás (en realidad, creo que sabe de poesía argentina mucho más que el común de los que la leemos, particularmente en cuanto a teoría y datos al respecto, y era por ello uno de los sujetos mejor indicados para trasmitir esos conocimientos); no fracasó porque haya incluido en su selección a autores que, con toda justicia, trabajaron muy talentosamente para ganarse ese lugar (ni uno solo de los canonizados por el best boy sobra, nos guste o no nos guste su estilo o su poética); cualquier aseveración en nombre de esas falsas interpretaciones lo único que hace es embarrar la cancha y confundir el juicio objetivo en cuanto a lo sucedido, que es mucho más grave.
Y es grave porque con la aparición en escena de 200 años de poesía argentina, que contó con el apoyo económico y propagandístico de una corporación editorial de las grandes, capaz de brindarle una distribución a escala de todo el territorio hispano parlante, en comunidad de intereses con el lector de poesía; con la anuencia del establishment político, periodístico y cultural local; con la selección y la introducción a tan complejo fenómeno como es la historia completa de la poesía a lo largo de 200 años - todos los que cuenta- puesta en manos del mejor muchacho y su seleccionado de intérpretes de la realidad, se ha desperdiciado un oportunidad única de dar cuenta del asunto, leal y francamente resuelta mediante un trabajo que debía ser de excepción.
Y no fue tal por impericia de los encargados de llevarlo a cabo, sino por su intención. Esto es, ellos pusieron por encima de los intereses del género sus intereses personales, el flaco afán de figurar como árbitros de la elegancia –el arbiter elegantiorum de la antigua Roma-, de erigirse como capaces de señalar quién es quién y quién no es –o sea, no nació, no escribió, no existe, es alguien desaparecido- en la historia de la poesía argentina.
Porque desde el título la obra proclama su ambición –que era lo que los lectores de poesía argentina estábamos esperando, una obra que se ajustara a aquello que aspiramos a leer alguna vez, y que definitivamente, no es ésta- se invalida su contenido. No contiene esa obra que dé cuenta de 200 años de poesía argentina. No están en ella las referencias claves a todo su acontecer, a cada una de sus partes y el razonamiento sobre el conjunto, ni contiene el conjunto de los nombres que hicieron esa historia. Si se titula así, debe cumplir con lo que promete cuando uno, lector de poesía, abre el libro. Debo en esta lectura disentir con mis colegas Eduardo Dalter y Rubén Vedovaldi (ver sus textos en la fuente citada) cuando expresa el primero que Monteleone (y todo su grupo de investigadores, no los dejemos afuera del asunto, que también llevan lo suyo) obraron así por desconocimiento; creo haber argumentado lo suficiente, antes, para dar por descartada esta hipótesis de Eduardo Dalter. Respecto de algo aseverado por Vedovaldi, opino todo lo contrario: él manifiesta que las 24 páginas de introducción del prólogo de Monteleone son algo excesivo, yo creo que son tan cortas para la ambición de reseñar el fenómeno del que se ocupan, que ponen a lo escrito por Monteleone a la altura de los logros alcanzados por la sección final del célebre Reader’s Digest, capaz de resumir La Ilíada en un par de pliegos. ¿Pueden 24 paginitas resolver el intrincado espectro de 200 años de poesía argentina? ¿Tan poco sucedió en dos centurias? Creo que no, que un argumento tan simple como éste, tan obvio, invalida lo expuesto por Vedovaldi. Sí coincido con lo señalado por ambos autores respecto de las exclusiones concretadas por Monteleone, aunque insisto en que no tienen una causa tan inocente como la ignorancia, sino el fin bien determinado de establecer un canon legitimante no dirigido en realidad a un beneficio de los canonizados –que ya lo estaban antes del advenimiento de Monteleone como sumo sacerdote de la poesía argentina, porque por obra y también por gracia de la poesía, los nombrados no necesitaban de ningún espaldarazo del Conicet ni de la virgen desatanudos- sino a ungir al best boy como aquel que determinó el Who is Who poético nacional. Lo que no es poca cosa y vieja aspiración de muchos, desde los tiempos en que la todavía distribuida revista Diario de Poesía proclamaba, en los 80, que primero el neo-barroco y después el neo-objetivismo eran los cánones a seguir por la muy diversa –por suerte- poesía argentina.

La importancia crucial de que una antología no sirva para establecer un canon
¿Qué es un canon? Con magistral claridad, el mismo Monteleone responde esta pregunta, en su “ensayo” preliminar, fundiendo adrede el significante “antología” con el significado de canon: “Tal vez no sea un conjunto más o menos razonado o azaroso de inclusiones, sino un sistema de ausencias” (0p. cit., pág. 13).
Salpimentado aquí y allá con algunas observaciones sobre el desarrollo general de la poesía argentina, sí de índole literaria, el meollo del supuesto ensayo no es otro que la justificación del establecimiento de ese canon, por la fácil vía de declararlo como el único medio posible para discernir en el asunto: un sistema de ausencias, esto es, que su primera medida no es incluir, como se supondría, sino lo opuesto, excluir, establecer un espacio “exclusivo”, al que no se pueda ingresar sin el visto bueno de Monteleone; ello lo ubicaría, tal su pretensión, como el guardabarreras de la poesía argentina, un sistematizador de la ausencia. El determinaría así quien aparece y quien desaparece de la historia. Hábilmente, entre los canonizados ubica a autoras y autores cuya pertenencia a la historia resulta irrefutable, no por mérito de Monteleone, como aquel que supo discernir que eran “joyas escondidas” de esa historia, sino por mérito propio de los canonizados, que mucho antes de que Monteleone comenzara a hacer su listita, ya se habían ganado con creces su espacio propio en la poesía argentina. Es que hay un movimiento sutil en la obra: mientras que aparentemente Monteleone es quien legitima a los canonizados, en realidad son los canonizados los que lo legitiman a él. Buen intento del best boy, sólo que olvida que abre un punto muy flaco en la defensa de la validez de su obra: el canon es un procedimiento extraliterario, si se inserta como procedimiento en una obra que se denomine200 años de poesía argentina. Lo esperable en algo así titulado es una descripción muy completa y razonada de todo y todos aquellos que hicieron esa historia, detallada y dividida en movimientos, características, modificaciones y sus causas, cronología y todo un amplio sumario que Monteleone conoce muy bien, tan bien como nosotros, los lectores de poesía.
En cambio, empotra en el cuerpo de una pretensión literaria de tales dimensiones, como hilo conductor, el establecimiento de un canon, que es un artefacto propio de esa odiosa palabra, maistream. Como bien sabemos, mainstream es un término que define las predilecciones y preferencias que son aceptadas por la mayoría en una sociedad. No en balde se la emplea abundantemente para referirse al universo de lo mediático. Ahora sí, encaja mejor la destacada presencia de la obra de Monteleone en los medios, se explica su aceptación inmediata por parte del establishment, se entiende la discordancia extraña entre lo prometido por el título continente y el verdadero contenido. Entendido como agente del maistream, el trabajo de Monteleone no ofrece fisuras y lo consagra, sólo que en un lugar ubicado fuera de lo literario. 200 años de poesía argentina, pese a su título, es un fenómeno propio del universo mediático, no del universo literario. Si tal era su pretensión –muy bien lograda, por cierto- entonces no es criticable desde un punto de vista propio de lo pop; resulta el equivalente entrometido en las letras de lo farandulesco, lo mediático; tiene que ver más con el ámbito televisivo y el resto de los medios de comunicación de masas, que sí, como Monteleone, establecen un canon, porque lo necesitan para excluir y modelizar, amasando las opiniones de los espectadores hasta obtener una pasta más o menos homogénea, que es –precisamente- la esencia misma del maistream, la corriente generalizada de opinión, una sola. Suena totalitario, pero así es como se maneja el mainstream: excluyendo, y de ninguna manera 200 años de poesía argentina deja entonces de ser un auténtico producto de él. Quien hace ese trabajo para el mainstream, estableciendo una opinión uniformizadora en cualquier terreno: la belleza, la política, la economía, el deporte, etc., recibe una recompensa que habitualmente implica dinero y fama; en letras, que no es una actividad relevante para la sociedad, aunque conserva algún medio apagado brillo de prestigio, la recompensa para el amansador de divergencias será sólo... el prestigio en su campo. El problema surge cuando en ese campo los lectores opinan lo contrario. Porque volvemos a la misma diferencia entre lectores: el de poesía es uno sumamente especializado, hábil para leer entre líneas, educado por sus mismas lecturas, que apelan a los mecanismos de elusión y alusión continuamente; ¿cómo resultaría posible venderle maistream en lugar de criterio literario? El asunto de 200 años de poesía argentina falla por la base.
Además de la incómoda situación en que queda ubicado Monteleone –tal vez, lo menos importante- se abren otras inquietantes perspectivas. ¿Es realmente adecuado el lugar donde quedan ubicadas esas obras canonizadas por este agente del maistream? Se trata de obras definitivamente importantes, constitutivas de la historia de la poesía argentina.
Tal vez, a una escala local –recordemos que el Bicentenario se produce en medio de la globalización de la información y el contacto inmediato entre culturas- el maistream criollo les pueda dar su difusión (siempre a escala de la aldea), pero, ¿qué pasará cuando llegue esa difusión, impulsada por los puntos de venta de la corporación editorial que tuvo la buena idea de editar una obra llamada 200 años de poesía argentina, a otros lectores de poesía, no menos entrenados que los locales, y algunos más especializados todavía, porque disponen de mayores aparatos de información, para contrastarla con lo realizado por Monteleone? En concreto: ¿qué le sucederá a un lector de poesía argentina extranjero, por el caso con formación académica, con acceso directo desde su universidad a fuentes de información directas, que recibe y estudia libros de poesía argentinos, cuando contraste lo que ya sabe con lo que expone Monteleone? ¿No notará las ausencias? Tal vez para algunos este personaje suene utópico, pero existe y muchos de nosotros, por ejemplo, nos comunicamos por Internet con numerosa gente que lee poesía argentina en lugares muy distantes y la sigue atentamente. Como el lector de poesía local, ellos no encontrarán aquello que buscan en el trabajo para el mainstream impecablemente realizado por Monteleone...
Si el trabajo de Monteleone hubiese sido editado antes de Internet, es probable que hubiera logrado pasar como única fuente de información respecto de la poesía argentina para el exterior (al menos, en parte); pero en este contexto, llega demasiado tarde: es mucho mayor la información sobre la diversidad de nuestra poesía contenida en las páginas de Internet que la contenida en las mil páginas del canon mainstream: el Sr. Google es implacable, está siempre listo y es abundantemente consultado.
Si solamente se hubiese editado 200 años de poesía argentina antes de Internet.
Otro espinoso problema que se desprende y se relaciona con lo anterior, es el relativo a lo que les sucede a los cánones una vez que son establecidos: provocan una reacción en su contra, proveniente del mundo académico, del ámbito de los mismos creadores o surgido del colectivo de lectores, que pueden y tienen a orientar sus referencias y preferencias hacia otras direcciones. Salvando las distancias, veamos sino lo que sucedió con El canon occidental (The Western Canon: The Books and School of the Ages. Ed. Harcourt Brace, New York, 1994.Edición en español: El canon occidental: La escuela y los libros de todas las épocas. Ed. Anagrama, Barcelona, 2005. ISBN 84-339-6684-7), la obra maestra del gran Harold Bloom, indiscutiblemente una de las mayores mentes de la crítica literaria: su obra sirvió de referencia, sí, pero precisamente para opinar en contra de partes o el conjunto de lo afirmado por Bloom, el talentoso Bloom, el celebérrimo Bloom, el notoriamente erudito Harold Bloom. Y Harold Bloom definitivamente sí era un gran teórico.

La importancia de que a una antología total de la poesía argentina la acompañe un auténtico ensayo crítico-descriptivo
El texto que buscaba el lector de poesía en esas mil páginas de 200 años de poesía argentina no era canónico; era descriptivo. No excluyente sino todo lo contrario: incluyente; incluyente de todo el fenómeno en sí; esto es, precisamente, 200 años de poesía argentina. Porque a la poesía argentina la hicieron todos los poetas argentinos, durante dos siglos, es que la mayoría de los poetas argentinos no están presentes en la obra de Monteleone.
Es falaz de toda falacia argumentar que para ello la obra hubiese tenido que alcanzar un número incalculable de páginas, algo irrealizable como proyecto editorial: hubiese alcanzado conque la obra –si coherente con el enunciado de su título hubiese sido su intención- hubiese dividido sus capítulos en verdaderas “constelaciones” -eufemismo de Monteleone por corrientes estéticas- y sencillamente elegido algunos representantes de esas “constelaciones” para ilustrarla y nombrado a todos los otros. Asimismo es falaz de toda falacia argumentar que dicho trabajo hubiese insumido mucho más de un año, el período declarado por Monteleone y su grupo de investigadores de la realidad para establecer, como resultado último, este canon del maistream que se nos presenta como el adecuado para ocupar el legítimo espacio de una historia de la poesía argentina: para aquellos que cuentan desde hace dos décadas con el aparato del Conicet y de la Universidad Nacional de Buenos Aires, con los que no cuenta el lector de poesía habitual, resulta ciertamente muy simple llegar a ese resultado, porque es precisamente aquello sobre lo que han trabajado –con becas que se pagan con los impuestos de cada ciudadano, sea o no lector de poesía- durante igual período, un año de trabajo. ¿Cómo, entonces cualquier lector de poesía –y los desafío a hacer esa experiencia- puede usar la página 972 de la obra, que está en blanco, para escribir los nombres de los autores que faltan, y verá que aun empleando cursivas de pequeño tamaño, esa página no le alcanza?

La importancia de la opinión del lector presente y futuro
Como dijimos al comienzo, la pregunta principal que podemos plantearnos los lectores de poesía ante este fenómeno es si opera a favor o en contra del género.
La intención de Alfaguara, desde el punto de vista de los intereses de los lectores de poesía, me parece meritoria. De todas maneras, aunque muy parcialmente, contribuye a la difusión de nuestro género en su amplia área de distribución comercial. Esto es que, de todas formas, es mucho mejor que exista una obra de esta envergadura a que no exista, aunque se haya perdido la oportunidad de volcar al mercado el tipo de obra que era de esperar; lo grave es pensar cuándo será la próxima vez que se presente la factibilidad de concretarla, habida cuenta de que pasaron 31 años entre la publicación de los tres tomos de la antología de Raúl Gustavo Aguirre y la edición del único tomo de Monteleone, facilitada esta última por la oportunidad de celebrarse el Bicentenario.
Nos corresponde a los lectores de poesía argentina - sea usted exclusivamente lector del género o también poeta y/o crítico, académico o no, argentino o extranjero- dialogar y argumentar sobre esto.
Entonces la obra de Monteleone habrá servido, involuntariamente, para algo más que para establecer un canon.



PÁGINA 24 – CUENTO

DEL ANGELITO

Daniel Adrián Madeiro © (CABA-Buenos Aires-Argentina)

El ángel estaba sobre la vereda.
Primero, de pie.
Disimulaba su presencia haciéndose pasar por un niño pobre, sucio, cubierto de andrajos. De esos que parecen drogados, que se limpian el moco con las manos, que a veces roban los celulares o cadenas a los descuidados, que piden monedas a los transeúntes o a los soñolientos pasajeros de los colectivos.
¿Qué necesidad podía tener de recibir monedas?
El ángel se hacía pasar por uno de esos pobres niños pedigüeños... y lo hacía muy bien.
Avanzaba lentamente, saltando sobre una sola pierna. La otra presentaba manchas rojas y negras junto a algunos cortes. Nos quería hacer creer que le dolía.
Ponía cara triste y asustada, mezcla de desesperanza y un dolor agudo en el estómago.
Y así siguió un rato.
Después, poco después, se desplomó lento sobre uno de los charcos que dejó la lluvia.
Creo que dijo algo ininteligible. Quizá se trató de una exclamación aparentando un gemido.
¡Que escena!
Lo rodeamos para ver con que otra cosa nos sorprendería.
¡Qué hermosa fue su última mirada!
¡Qué perfecto su pausado entornar los ojos hasta apretarlos fuerte y morir!
¡Qué bueno saber que sólo se trataba de un angelito actuando y poder vivir con la conciencia en paz!



PÁGINA 25 – POESÍA AMERICANA

Delia Quiñonez (Guatemala-Guatemala)

GALOPE

El campo,
breve y ajeno como un pañuelo.
De pronto se enciende
y palpita
al conjuro del galope
fino y lento
que mece la blancura de su lino.

Crece el galope
rítmicamente perfecto
sobre llanuras inmensas
y el eco del tiempo
se oye sobre la hierba.

Cesa el galope:
el campo, tibio como un pañuelo
envuelve,
a pausas,
la plenitud del prodigio.

MISIVA DE DÁNAE

Querido:
recibí tu lluvia de oro
envuelta en pergaminos de hace siglos.

Aunque no traía remitente
ni fragancias de mares o de bosques
supe que llegaba de tí
asaltando el tiempo
para cruzar abismos
y deslizarse, victoriosa,
en una eternidad desconocida.
Cálida,
no supo que calmaba
una sed indescifrable
y que gota a gota
transformaba la núbil caverna
en prados y vergeles.

Pero ya no envíes, querido,
ninguna lluvia de oro
porque ya no hay pergaminos
que resistan los siglos
y en la núbil caverna
la luz podría transformar en piedra
el oro de tu lluvia.

ARIADNA INVICTA

Desde el extraño laberinto
de tus noches
vuelo invadida
de espermas y recuerdos.

Pero he dejado antorchas
en cada pasadizo
donde bebíamos el vino
y la cópula
de cada día nuevo.

Y tú
ahora doblemente ausente,
mitad toro, mitad hombre
buscas el túnel
que abrasaba tu fuego
con la ira
de todos los relámpagos
y la furia
de todos los silencios.

Estoy dejando atrás
el extraño laberinto de tus noches:
vuelo
sobre mar abierto,
con alas cada día renovadas.

Y muy cerca del sol
invadida de espermas y recuerdos,
mis alas se templan
y emprendo, triunfal,
el retorno hacia el olvido.

MISIVA DE EURÍDICE

No llores, Orfeo,
la perdida fragancia de mi cuerpo
ni el lecho doblegado de deseos
donde el tiempo fue vid y espiga presurosa.

No llores ni lamentes
la ausente humedad
donde solías recrear tu estrella viril
y abrigarla entre rumores de hierba.

No llores,
sino húndete en la herida
que sólo estuvo esperando por tu daga.

No me busques en las tinieblas
porque sólo en la luz me acerco
al motivo de tu canto
y sólo en ella soy música,
rocío tempestuoso,
fuego que busca tu calor,
la sed de tu agua,
la miel de tu panal.

No me llores, Orfeo:
devuélveme a la luz
antes que otra serpiente
devore la curva de mis senos
y se ahogue en el centro
donde ahora florece el hechizo de tu canto.

BENDITA LA PALABRA

Bendita la palabra
que inaugura un paisaje,
una piedra en el camino,
un lento fuego que sucumbe.
Bendita la palabra
que nace
cuando se abre una puerta,
un recuerdo,
una herida.

Palabra,
incandescencia,
brota para tus labios,
para las cuatro esquinas
de tus ojos
para el perro sin nombre
que espera tu llegada

Bendita la palabra
que resume
tu lento ahogo de esperanza;
la que alaba la dulzura
de tu cena frugal;
la que enarcede el simple gesto
que anuda la correa de tu bota.

Palabra,
vuelo de piedra,
puño y flor;
de vastedad,
de pequeñez,
de todo lo
humanamente humano;
de todo lo divino
que no alcanza
a llenar su dimensión
en nuestros labios
sedientos de palabras.




Edel Morales (Cabaiguán-Cuba)

LOS PIES DESNUDOS

No intentes posar tus manos en su inocente cuello
Luis Rogelio Nogueras

la belleza no es nada
sino el principio de lo terrible
Rainer María Rilke

DESDE EL AÑO DE LA NORIA

Contaba una vez un rey
que ganó su trono en la sangre.

Yo, y el que ustedes imaginan fiero,
nos hemos visto antes.

Alguna luz murió sin ser por el cansancio.
Algún ciruelo perdió raíces desde entonces.
Pero no hay día más terco que los años
de la adolescencia firme.

Yo, y el que ustedes imaginan,
preguntamos juntos.
Era el año de la noria con barcos en la costa.
Todos gritando abajo.
Todos gritando arriba.
Todos listos a caer y hacernos piedra,
mientras eso fuese una manera de elevar la confianza.

¡Qué terrible el tiempo para trastocarnos tanto!
¡Qué fulgor de espejos para confundirse uno!

Porque ocurre como en las viejas historias.

Yo, y el que ustedes imaginan,
estamos mirando hacia un cielo distinto.
Y así jamás la estrella brillará para los dos.
Así jamás el grito será igual en los parques públicos.

Somos únicamente peces regados por la crecida.

El otro, y este que ustedes imaginan fiero,
al acecho del momento de saltar.

¡Oh, voz, no calles,
antes de cruzar los miedos!

NOCHES DE 1980

He visto caer el sol detrás de las colinas.

Como esos viejos que se detienen
y pasan las calles aferrados a mi mano.
He visto caer el sol detrás de las colinas.

Y siento caer las noches de la isla
encima de mi cuerpo.

TERCERA MIRADA A LA SICOLOGÍA DEL POEMA

Escojo palabras en la claridad del día.
Sé que es inútil —el resplandor, los claroscuros,
la más profunda sombra.

Quise un cuerpo limpio y fuerte.
Quise caminar por el país.
Quise decir lo que sabía y lo que soñaba.

Escojo pedazos de agua en la claridad del día
Sé que es inútil —mi inocencia, mi rabia,
mi tristeza de niño frente al acero de las armas.
Ustedes no conocerán la historia.

Yo quisiera estar sentado en el suelo de una casa,
con varias maravillas al alcance de la mano:
una bebida fresca y excitante, una música que ayude
a caminar por el país, el brazo izquierdo y suave
de una muchacha largamente conocida,
y las voces de mis nueve amigos más queridos y leales.
Yo quisiera que algún narrador contara por mí
las dos historias.

Salí a la calle, tuve un sitio, elegí mi voz.
Sé que es inútil —la rabia, la tristeza,
la inocencia de un niño frente al peso de la historia.

Pero estoy sentado en el suelo mientras el tiempo transcurre.
Miro pasar el resplandor, los claroscuros,
la más profunda sombra.
escojo palabras, pedazos de agua en la claridad del día.
Y escribo mi esperanza de que algún narrador
pueda contar la historia.

Y gozo decir: buenas noches. Y no olviden.

DESPLAZAMIENTOS

Antes
la
luz
brillaba
en
los
altos
edificios.

Antes
no
era
hoy
que
me
hago
estas
preguntas.

PARTIR

Ya para entonces me había dado cuenta
de que buscar era mi signo.
J. CORTÁZAR.

Fiel a su manía de partir,
el niño que fui me azota el costado.

Estoy ante el espejo
y nadie entiende mi ahogo:
por qué recorro la casa, abro las ventanas,
y el aire sigue detenido.

Duele mucho este silencio:
la leyenda de puertas tapiadas
que no dice nada de mí,
y el tiempo paciente moviendo su garrote.

No puedo cortar el corazón y ponerlo en la sala
a que incite el hambre de los visitadores:
siempre el sol,
con sus figuras veloces sobre las lajas del patio,
trae a mis tardes de abril la inquietante belleza
y la cruda eternidad del cambio.

Quiero arder en un final que parezca aventura
y despierte aquella voz de antaño,
cuando burlaba las vigilancias mejor establecidas.

Quemante, bueno y fiel a su manía de partir,
el niño que fui sonríe, dice adiós, azota gustoso mi costado.

Y las lajas del patio comienzan su largo incendio:
una curación más palpable que cualquier cicatriz.

LOS PIES DESNUDOS

No tengo nada.

Sólo el amor
de una muchacha
y mis párpados abiertos.

Así puedo
correr sobre la hierba
húmeda y punzante.

Sabiendo
que a esa certeza
llamarán locura.




Jorge Arbeleche (Montevideo-Uruguay)

ARQUITECTURA

Si magro el cuerpo para tanto gozo
el alma ¿adónde si no es en el cuerpo?

El de perfecta ingeniería de células y venas
el de la sinfonía coral de linfa y sangre
navegando la red fluvial de las arterias
desde la baba del bebé hasta el jugo
menstrual que al ritmo de la luna danza.
La leche en el pezón desborda
la blanca leche de la gloria.

Y el alto jazminero se derrama.

El cuerpo de púbicas llanuras
el que relumbra como el que se pudre
el cofre donde se pliega el alma
como la seda fina con el aroma
del azahar de pie. El del diseño
exacto aun para los feos. Templo
donde amantes y amados tejen el nudo
inaugural de los enigmas. El de la fiesta.
El que la anuncia y el que la despide.
El que le guarda el eco. El que camina
derecho hacia la niebla y la penetra
con todas sus antorchas encendidas.


CANTO

No nombraré aquí a la desdichada
la que no atiende teléfono ni timbre
la que nunca escucha, la vieja
la sorda la ciega la pelada
la que tiene la cara de palo
(así la viera Circe Maia un día)
la desdentada la sin labio
ni paladar ni lengua ni garganta
la muda
“la indefinible
la que no es presencia ni paisaje”
muralla del misterio “dijo Juana Fernández
de Ibarbourou en letras de PERDIDA
(y pocos o muy pocos la leyeron)
la imposible
la que no es o es
la mariposa negra que a Marosa di Giorgio
la mirara o tal vez era Dios el que veía
porque era difícil y era fácil el ojo de Marosa
miraba las cosas desde atrás y de costado
desde arriba y desde abajo las miraba
como nosotros miramos las noches y los días
como si fueran un agujero como un agujero
que hace en la ropa la polilla

como el agujero que hace en la ropa la polilla
y cada vez se agranda un poco más y a veces
también se mete el dedo sin saber ni cómo ni porqué
pero metemos y el agujero se agranda cada vez
nunca se zurce ni se tapa ni se cubre
porque huérfanos somos todos un momento
a veces huérfanos del aire o del suelo que pisamos
perdimos también la música del fuego y el agua perderemos
no quiero no por eso aquí nombrarla
- cantar quisiera pero el canto escapa –
dejar en testamento un verbo a conjugar
que no llevara de modo irremediable
al “arrabal de senectud” porque allí vamos
con rumbo y paso cierto y yo quiero cantar
- desafinado – pero canto cantar
lo que se palpa lo que vibra palpita
llora y goza todo aquello que suda
se estremece gime se encrespa y enardece
y se encalma en la alta plenitud del círculo y la esfera
cuando el paso del macho va a la hembra
y ambos rezuman olor entreverado cintura para abajo
y ombligo arriba se tumban se topan se derriban
en embeleso y beso entreverados donde se anudan
bálsamo con llaga el bosque penumbral

y el sol que quema el equilibrio en zozobra
del manantial con el diluvio y la cachimba

porque la fiesta dura lo que dura

y no nos cabe preguntar si el mar se acaba

ni tampoco indagar por la palabra
escondida entre los puntos suspensivos…

ya cada uno a su hora tembló
con su cintura y con su ombligo

el agujero aquel entonces el que no se cierra
con voz grave y oscura va entonando
un himno de coraje a contraviento
contra la máscara contra la desgracia
contra la derrota y contra el fracaso
tropezado sin pausa día tras días
y noche a noche contra los soberbios
y contra los malos y contra la seda
deshilachada de la fama contra el toldo
agujereado de la gloria contra todo el
silencio
el agujero
canta
nombra
inscribe
el ombligo inaugural de cada hora.


EL BAUTISMO

La mano desembarca en la piel y la bautiza,
los dedos húmedos desbordan el borde
mercurial de su termómetro, abren
de par en par labio y garganta
para el beso y el canto, el suspiro
la queja y el aullido, desatan
todo nudo, destraban los cerrojos, giran
a la intemperie sin eje sin norte
sin oriente, jadean una carrera
sin ruta cierta ni señales
para arribar a la saciada gruta de la sed,
la cóncava, la única anhelada
que horizontal repara la fatiga,
aduerme la vigilia, asciende
las almohadas, las sábanas desata,
le pica las espuelas al ojo al labio,
a la oreja, al olor, la mano,
el codo, el tobillo y la huella del pié,
y en clave de plumaje los sostiene.



PÁGINA 26 – ENSAYO

OSTOLAZA: POESÍA PICTÓRICA EXPRESIONISTA

Por Winston Orrillo (Lima-Perú)

Allí están esos ojos que nos siguen para todas partes. Ahora, temporalmente, se hallan en la exposición antológica de Carlos Alberto Ostolaza. Esos ojos que fulgen en los niños, en los clowns, en los seres medio desvalidos pero intensamente presentes en esta poesía violenta de sus telas.

Lo sabemos, lo sentimos en el color trabajado al fuego vivo, y en esas líneas que se curvan y no se sabe dónde comienzan ni dónde terminan.

En el mundo feérico de Ostolaza y en sus inmersiones en una dilacerada naturaleza humana que nos vincula, tan entrañablemente, a estas telas que solo se imitan a ellas mismas, y a una condición flagelada de la humanidad que no puede hacer menos que convocar nuestra solidaridad.

Como en Picasso o Velásquez, por no citar sino a un par de preseas pictóricas, en Ostolaza se repite algo singular: siempre, por algún lado, lo vemos aparecer: vemos su rostro, su mirada inquisidora, su rostro en el que se conjugan la sorpresa del niño –todo artista es un niño- con la profundidad de campo de aquel que ha visto, siempre más allá (todo artista, si quiere merecer este nombre, permanentemente debe ver más allá).
“Carnaval para dos figuras” se titula la muestra-antología: y es que, ella, rescata uno de los leit motiv del creador: la contemplación de la vida como un carnaval, como una permanente mascarada.

De allí la intensa y dilacerada belleza de obras como La niña de las flores, Arlequín, El ekeko, Baltazar, ,Creación, Paternidad o la misma que da título a la muestra.

La poesía de esta paleta se trasunta cuando sentimos que su obra, permanentemente, está en una suerte de interrogatorio, de búsqueda que no cesa (“el rayo que no cesa”, según el decir de un lirida).

Y siempre, por encima o debajo –como gustéis- alienta una vida plena y traspasada, pues aun en su Bodegón de futas, que debía ser una suerte de naturaleza muerta, alienta el hálito de la existencia del creador, de ese poeta de la plástica expresionista que es Carlos Alberto Ostolaza, uno de los creadores más singulares de la plástica peruana, que parece –según los dictados de la moda ad usum- seguir por las auras de un consumismo apócrifo en el que, felizmente, no caen autores auténticos como aquel que, ahora, ha presentado sus obra en la cada vez más expectante galería cultural de la Universidad Ricardo Palma, siempre tan sensible a todo lo bueno y auténtico de la creación
nacional.
Nuestro agradecimiento al escritor Julio Carmona (Perú)



PÁGINA 27 – CUENTO

OTRO BANQUETE DE LA ARAÑA

Por Manuel Lozano (San Francisco-Córdoba-Argentina)

Dios mío, debiste pasar por una prueba terrible.
-Me encuentro bien -dije-. Me encuentro bien.
Daphne Du Maurier, Casa en la playa

En las horas gentiles de la concupiscencia regresabas, siempre regresabas con tus cabellos lacios y rubios y el delgado cuerpo desnudándose -de a poco-, apenas traspasada la puerta falsa. Me sonreías. Me extendías también las manos que yo rechazaba, casi por instinto, para mezclarme con las víboras y sumergirme entrelazado en la fuente magníficamente lóbrega.

Ya se sabe que en Loreto las víboras y los lagartos se reproducen como conejos. ¡Si habremos encontrado nidos entre los restos de paredes de las ruinas jesuíticas! Igual, de chicos les temíamos. Bajábamos los escalones del parque con ese apuro nunca justificado de los jóvenes y, aún antes de llegar a la fuente seca, Elpidia me pedía pruebas de amor que le negaba al instante. “Esas son cosas de Luis, tu pariente, a él le debés todas las pruebas”, le canturreaba yo con sarcasmo.

“Miras cómo se hace el día en tu cuerpo. El lugar del juicio o de la ausencia. Hasta acá debió llegar el destronado, el destrozado”, me decías en arranques desaforados de poesía inútil, sí ¡tan inútil!, porque ¿qué más inútil de inutilidad absoluta que la poesía frente a tus solicitudes de pruebas de amor?

También hubo un hacha, pero no en el sueño siesteril que lastima mis pies bajo el sol misionero. Siempre viendo un hacha vos, te decía Gabriel mientras te acompañaba en aquellas caminatas nocturnas que no podés borrar de la memoria. Imposible pedir clemencia ante esos cuervos que te siguen desde los obrajes, te repetía Gabriel, ni siquiera la atenuación de la condena. Porque son como cuervos, ¿o no lo sabías? ¿Carroñas o cuervos? ¿Lugar de la boca harapienta o del cadáver lujoso?, te aventurabas a contestarle en otro de tus impromptus.

Algunas noches, que duraban lo que dura una noche, que duraban siglos, aparecía en sus pesadillas una mujer incendiándose que mostraba los huesos del brazo, justo en el momento en que la piel -hecha minúsculos jirones-, se derretía en el suelo púrpura. Entonces la niña sucia (como se llamaba a sí misma) saltaba súbitamente en medio de la cama, permaneciendo en un éxtasis hipnótico durante largo rato. Ya habían pasado hacía tiempo las pruebas de amor, las arrancadas líricas, las fugaces travesías a la selva.

Ahora es la simple cama mortal la que te deleita y desespera al mismo tiempo, sobre todo cuando tenés insomnios que no se curan con nada, le dije esta mañana. Su cara se demacró como por arte de magia, instantáneamente. No me reclames compasión sobre tu piel, no sólo pasajera detrás del atavío -le gritó un día a su primer violador- y su sexo se abrió en grandes tajos (eso creyó ver ella, mirando cómo se iba por la pierna un hilillo de sangre oscura.) Al lado de su cuerpo mugriento había un hacha, pero esta vez era un hacha real (la del violador.)

Ayer se preguntaba frente al espejo del cuarto pintado con color índigo traído de México, casi desgarrando sus ropas y mostrando, altiva y desafiante, los senos crispados, levantados en puntitas, dónde estaba "aquél que no venía a tomarlos, a lamerlos, a pellizcarlos hasta el dolor". Para mí, el deseo es progresivamente geométrico y busca muerte, yo sé que busca muerte el deseo, no yo, repetía la que alguna vez fue niña sucia, restregándose las manos. Hoy me siento cansada, mi rostro está blanquísimo, ajado como un papel chino, y los huesos parecen no pertenecerme.

¡Pasaron veinte años, che, y todavía te acordás vos! La verdad es que me tomó como a una bestia que necesita ser domada, me pegó con su látigo de espinas; eso sí: un pequeño látigo de espinas, mientras mi tajo enrojecía como un tulipán, pero ya no sangraba. ¡Cómo está el morbo en los obreros, yo te podría decir que es mucho más elaborado que el de un coronel o un sacerdote!, me decía siempre.

Ahora, levitando veía todo más claro, transparente. Ellos nunca vendrán, nadie vuelve con su mismo rostro a la caverna, porque ni la caverna se repite. En la tarde de ayer corría, por los alrededores, un gimnasta con un sombrero panamá tapándole las cejas. La sombra de ellos, pareció, por unos minutos, retornar con gran fuerza. “Cómo puede ser que después de cuarenta y siete años, regrese perfecta la visión. Es lo que también te pasa con los perfumes, cuando alguno te gusta o lo odiás, esa hirviente, maldita pero dulcísima memoria del olfato te acompaña de por vida. Si sucedió por el cincuenta y uno”, le digo a Cirita, mi última prima.

Cuando era adolescente, ella huía a la casa de sus abuelos. Detrás del parque se abría un pequeño corredor cubierto de hierbas en dirección a un valle casi infinito. Una siesta echó a caminar por la maleza, cruzó el arroyo que divide el campo y se detuvo junto al brevísimo estanque curioseado por una garza mora y algunas torcazas. Empezó a acariciar su cuerpo, apretando sus senos y con ambas manos arañando también sus muslos. Se desnudó, arrojándose con violencia. El agua, calmando su excitación, aguzó definitivamente sus oídos. Sintió pasos, pero no se inmutó. Aflojándose de a poco, subió tiernamente hasta la superficie.

Habemos tiempo en que uno tiene la noción de lo imposible. Ahora veo que llega ese tiempo tan anhelado. Romper la membrana, trasponer el umbral: revelarse sería perderlo todo en pliegues de un sudario vampiro. ¿Niña Redentora -dijiste-, sálvame del cieno congregado por toda mi eternidad? Es verdad: ahora en la vejez, sólo resta construir la probable ficción de lo que fue con palabras. Lo que fue y lo que fui están cosiéndose mutuamente. La niña sucia lo sabe. Por eso anota en descuidados cuadernos (como corresponde a toda niña sucia) la palabra inglesa “spear” que vale por lanza y por traspasar. “¡Oh, vieja arponera de tus navíos!”

Siempre al final de la clase y siguiendo los últimos pasos y el cuchicheo de sus compañeras, siente con impaciencia la proximidad de Matías, su profesor de yoga. Niñita sucia te tranquilizas al fin, te gusta mi dedo en el culo, que lo mueva todo el tiempo, en círculos de adentro hacia afuera, luego te lo chupas, íntegramente te lo lames, me gritás, me ordenás. Algunos somos, a más de la propia naturaleza, signos de otras cosas y esto, espontáneamente o por imposición -le repite- haciéndose la gran intelectual de Loreto.

Experimenta un raro escalofrío bajo su vulva: es el asiento de la bicicleta del hermano Ismael. Va de aquí para allá, levantando la pequeña polvareda que sólo puede levantar una bicicleta que es casi un triciclo. Frena bruscamente, y al levantar la vista están Ellos. De nuevo y a plena luz del día. Uno a uno, que no podría contarlos, podrían ser quince, o doscientos, o mil. Ya resulta imposible distinguirlos o recordarlos, siquiera de cerca. Sus trajes brillantes dejan ver, a todas luces, objetos -parecieran ser objetos translucidos. Es que esa tela, con el tono marrón clarísimo de muselina, aumenta el contraste.

-¿Recordás, pero recordás cuando de pequeña compartías la bañera junto a tus padres? ¿Cuando él se erguía sobre el enlozado blanco y su enorme sexo te paralizaba? Entonces no soportabas que te tomase de nuevo entre sus brazos. Transitabas el borde de lo intolerable y, lo más terrible, es que aún no sabías hablar. Te desesperabas. Después, continuando el ritual, tu primo Luis te sentaba sobre las piernas, y, mientras jugaba con sus dedos a lo largo de tu cuerpo, sentías cómo se excitaba, presionando tus muslos tensos e irisados. Querías arañarle la cara, meterles bien adentro los dedos en los ojos, pero tu timidez aún no lo permitía. Con el tiempo empezaron a gustarte cada vez más esos rituales, y sentías cierta humedad en el tajo y en la boca. Vivir el imposible ardor que nunca cesa, como dice tu amiga Josefa.

Luis mantenía una extraña relación con sus amigos. Ella lo sabía. Se encerraban en la habitación y se masturbaban, mirándose los unos a los otros, hasta el desmayo. Vos siempre quisiste estar en el centro del círculo ouroboros, viendo como en tus pechos se derramaría, al unísono, aquel precioso líquido ámbar. “La historia de una pesadilla, ¿no dura acaso siglos? Y una, niña sucia, indeseable, empedernida, se despierta tan cuerda, luego de haber pasado por el infierno”, nos repite (escribe en borradores), fija para la memoria.

Que se haga un interminable lago de semen, podrido y hediondo, como una inmensa telaraña líquida; y que el hedor llegue, al fin, desde Loreto a todo los rincones de la tierra, elucubraba la vieja niña sucia, mientras un brillo de crueldad la revivía increíble. Y tan desfigurada estaba con estos pensamientos matutinos -que a esta altura no eran recuerdos absolutos ni pura imaginación, es la pura verdad-, cuando oyó un gruñido sordo detrás de la puerta.

¡Vamos, Stella Maris, levantate ya, vamos marmota, que en la Procesión de Nuestra Señora de la Merced ni vos ni yo tenemos privilegios!

París, 1996/Buenos Aires, 2007



PÁGINA 28 – POESÍA ALLENDE EL MAR

Alexis Díaz Pimienta (Almería-España)

CUARTO DE MALA MÚSICA

Este cuarto está lleno de ruidos
indeseables y perfectos.
Todo el silencio en sus paredes,
toda la indiferencia.
Está lleno de pasos y silbidos,
de pedazos de aire que desplaza un adiós,
sacudidas de un polvo al que ya pertenezco.
Más allá de su espacio está su música,
gris y mojada como pan de nadie.
Medusa acústica,
sus voces trepan las paredes,
se cuelgan de las lámparas,
me acorralan, me invaden:
goznes, mamparas, grifos,
escalones, muebles, piedras,
raíces del cuarto mandándome callar,
engordando de mí,
volviéndome otra voz de su memoria.
Lo siento girar, lo oigo sangrar a gritos.
La madera enfermiza suelta todo su odio,
fotos anónimas, telarañas crujientes,
largo escándalo más allá de sí misma.
Cómo escapar a esta música atroz,
este cáñamo apretando mis palabras,
a quién rogar un toque de nudillos,
un módico saludo.
Por sus hendijas no entra luz, sino tiempo,
no entra aire, sino gorjeos cíclicos,
imitaciones de las voces del cuarto.
Y caen sobre mi cáscara,
sobre mis vidrios interiores,
contra mi voz residual, única y débil.
Sálvense ustedes, no crucen el umbral.
Hay todo un laberinto y más allá mi voz
y más allá la puerta, siempre la puerta
con forma de palabra feliz,
de gesto amable.
Aquí duermen los ruidos
de todos los tiempos:
yelmos y palomas, escafandras y lotos,
cemíes y poetas.
Sálvense del Rumor Universal.
Las paredes son todo el silencio,
la maldición perfecta, conjuro irreversible.
Sálvense ustedes y déjenme así,
momia envuelta en sonidos,
celador de un relicario acústico.
Somos el cuarto y Yo.
Nos amamos incestuosamente.
Nos odiamos incestuosamente.
Somos el cuarto y yo. Los únicos.


SAXO

Un saxo es un instrumento demasiado triste
para que bailen los gorriones
sobre el tendido eléctrico.
(No importa que haya pájaros muertos
al pie de los violines.)
Un saxo es para las hojas otoñales,
para los divorcios, para las cartas que no llegan.
Si ven llover, saquen el saxo donde todos lo oigan.
Si hay luto en la ciudad, adórenlo.
Y a nadie se le ocurra tocar el saxo un jueves.
Y nadie ensaye cerca de los jardines.
Acostumbrémonos al gris y al viento en la ventana
al silencio muriendo en espiral.
Un saxo llena el pecho de murciélagos
y nos deja así, con el pecho invadido
con la mujer de siempre doliendo en las paredes.
El saxo no, por favor, Charlie Parker,
¿no ves que cae ceniza?
¿no sientes como cantan las ojeras?
El saxo no, por favor, Charlie Parker,
o lloraremos juntos la próxima llovizna.


ÁNGULO CERO

Las esquinas siempre fueron lugares difíciles,
podios hacia la nada, vértices.
El más conocedor de las esquinas
alguna vez equivocó las flechas
y dobló hacia sí mismo.
Una esquina terrible y una esquina feliz
sólo se diferencian en los ojos
del hombre que la cruza
o en las manos de quien regresa del utópico
otro lado de la esquina.

Los peatones reflexionan en la esquina
sobre la eternidad del próximo paso.
Los cojos se detienen, los ciegos se detienen,
los ancianos miden el día
por las esquinas que descuentan,
las novias no aceptan que las citen
si no es en cierta esquina
(un mismo novio en cada esquina
de la ciudad es otro.)
Los perros orinan mejor en las esquinas.
Los gorriones, con migajas y esquinas son felices.
Los suicidas nacen en las esquinas.
Los divorciados lloran.
Los locos sueltan la risa como un conejo mágico.

El mundo es sólo eso: una esquina redonda.
Y el universo un dédalo de esquinas mal trazadas
con transeúntes extraviados e inermes.

Todo tiene su esquina engañosa:
los edificios, los árboles, las hembras,
las canciones de amor, las corbatas de uso,
la misa, el eco, el pan intacto:
todo tiene su esquina para caerse boca arriba.

Y hubo épocas de esquinas incendiarias,
esquinas de rituales, de suplicios, de adulterios.
Y hubo héroes de esquina, santos de esquina,
ídolos y líderes con una esquina al hombro.

Y, finalmente, todos somos
una esquina de tiempo:
un infinito cruce de fechas alternas


DESCUBRIMIENTO DEL OTOÑO

El camino hacia Órgiva puede palidecer de pronto,

enternecerse en las hojas del almendro,
y uno quedarse desposeído de voluntad,
sentado junto a una muchacha que regula
los colores de la tarde,
y que se presta al juego del descubrimiento.

Sobre los ojos caen, como débiles voces,
las hojas de los árboles.
El aire silba y trae fotos, postales,
escenas de filmes que uno ha visto mil veces;
el aire silba y trae pedazos de asombro,
antiguas resonancias de pupilas también indefensas.

Yo no he visto el otoño sino ahora.
En mi país los árboles no envejecen de pronto,
no cae el amarillo como de un cuadro
de Van Gogh agujereado.
Ella sigue al volante, el pelo alegre,
acostumbrada a esta nueva dimensión de todo.
Los grises, los violetas,
los rojos atenuados de nostalgia, le pertenecen.

En mi país los almendros no hablan así de octubre,
las muchachas no conducen dentro una postal
o en un set de Igmar Bergman.
Camino a Órgiva desinformo a mi hijo
sobre la geografía y sus libros de texto.
Camino a Órgiva se descosen mis viejas enguatadas,
mis chiringas del trópico.
Camino a Órgiva tomo la mano de esta mujer,
cierro la ventanilla, me enamoro.


TODO

Si un hombre a los cincuenta años
se enamora de una adolescente,
su pasión confirma la teoría de Einstein,
la filosofía de Kant, la angustia de Shopenhauer,
el teatro de Shakespeare, los zapatos de Chaplin
y la inocuidad de las puestas de sol.

Si una muchacha en plena adolescencia
se enamora de un hombre de cincuenta años,
su pasión confirma la teoría de Einstein,
la filosofía de Kant, la angustia de Shopenhauer,
el teatro de Shakespeare, los zapatos de Chaplin
y la inocuidad de los amaneceres.

Si se besan y caminan del brazo por la Habana,
ya lo habían advertido Einstein, Kant,
Shopenhauer, Shakespeare, Chaplin;
si se desnudan en un cuarto de hotel y son felices,
tenían razón los que han llorado en los crepúsculos.

Si, en fin, se aman, todas las otras parejas existentes
(matrimonios legales y metálicos,
amantes hotélomanos,
novios castos o impúdicos, simples enamorados,
pretendientes de todos los tiempos y lugares)
han sido y son simple coincidencia,
literalmente, simple coincidencia.


NATALIA Y EL HUSO HORARIO

Son las seis de la tarde aquí en La Habana,
en Luyanó, en mis ojos.
Las doce de la noche en Aguadulce.

Ahora apagas la luz, oyes las últimas noticias,
fumas el último cigarro,
preparas el reloj para que suene
exactamente cuando estaré acostándome,
apagando la luz, oyendo el telediario,
preparando el reloj para que suene
exactamente cuando tú estés en la oficina,
sufriendo la impersonalidad de los teléfonos,
compartiendo el café con los amigos.

Son las seis de la tarde en mi camisa,
en mis manos, en los árboles que no me reconocen.

Ahora preparo el baño de mi hijo,
charlo con la vecina, leo un poco,
confundo el borboteo de la sopa
con el fino sonido de tu sábana.
Ahora pasas la mano por el sitio en que falto
y yo compruebo que la sopa
está muy bien de sal para tu estómago.

Son las seis de la tarde en mis papeles,
en mi trago de ron irremediable.
Las doce de la noche en tu sofá,
en tu bata de casa,
en tu cuarto con olor a sándalo.
Y este crepúsculo no se repetirá
como tampoco volverás a tener
la misma medianoche.

Para encontrarnos tenemos cierta música,
cierta manera de reír,
ciertas partes del cuerpo
que antes de conocernos no teníamos.

Son las seis. Son las doce.
Aguadulce es mi mano desorientada y tibia.
Cualquier esquina de Luyanó es tu espalda.




Youssef Rzouga (Túnez-Túnez)

CIERTO AMOR

Bajo el efecto de cierto relámpago:
Me siento perdido.

Efecto de color:
Necesito mucho valor
Para ver tus ojos
De un color raro

Efecto de luz:
No puedo dormir
En mi corazón
Hay mucha luz

Efecto de estilo:
Sueño contigo
Un boli rojo
Un estilo feliz
Y un milagro

Efecto de voz:
Entre oído y voz baja
Hace viento

ESTA MUJER

Esta mujer
Es un verdadero jardín
Este jardín
Es un verdadero laberinto
Súbete ahí encima
Que verás mejor
Esta mujer
Es una verdadera pirámide
Súbete ahí encima
Para ver
Más allá de límites

¿Hasta dónde quieres ir?
Hasta el final:
Hasta sus ojos azules.


1

Esta rosa quiera más luz
Por favor,
¡Apaga la luz!
Dentro,
Entre mi corazón y el suyo,
Hay mucha luz.

Necesito silencio
Para soñar
(Soñé contigo )
Todavía sueño
(Parece que va a llover)
Todavía necesitamos silencio
Para soñar:
¿Quieres chocolate?

¡Abre el paraguas!
Llueve.
Siento los latidos de tu corazón,
¡Qué buen tiempo!

Te quiero.
Algo florece en alguna parte.


2

Sé contar hasta tres
En amor
Te quiero
Te quiero
Te quiero
El sol se pone pronto
¡Yo no!
No logro dormir
Antes de contar hasta tres.

Baja la ventana
Tengo calor
Sin embargo,
Hace frío
Vi caer el árbol
Y me visto en el escaparate
Completamente desnudo..
Sin hojas
Y sin el cuarto color del arco iris.

Dejé caer el vaso
Y se rompió
¿Quién ha roto el espejo?
Sin embargo
Hace bueno
El cielo está completamente azul
La tierra gira alrededor de sol
Y el pájaro (mi supuesto corazón)
Siempre está cantando.


3

Tengo los dedos helados
Necesito poco sol
Necesito tus manos
Hazme mimos.
Tengo los dedos helados

Una nube tapa al sol
Y ya no lo veo
Imagina que te encuentras
Basta con imaginar
Para que puedas ver
Dos hijos enamorados, al sol

Tómate tu tiempo
Es hora de irse
Con el fin de descubrir
El callejón sin salida
Y la llave
Ahora,
Nos vamos a la playa..
Es hora de soñar.

Mil y un gritos,
La fuga.

"Te quiero",
Es mi derecho humano favorito.


LIBRO BLANCO

1

Hace un siglo que espero
No puedo decir más...
Es el último grito
A la vuelta del camino:
Hace un frío que pela!
Y necesito otra cosa
Un volcán, por ejemplo...
A fin de inventar un sueño loco
En forma de dos brazos abiertos de cierta corazón de
doble batiente

Hace un siglo que espero
Y necesito otra cosa
Un libro entero, por ejemplo
De donde sale una otra Andalucía muy verde
En forma de 500 palabras floridas
En un futuro poema de amor

Además
A partir de hoy
Se trata...
-A fin de estar enamorado de algo o de una rosa-
De tener la habilidad de jugar a la cometa
En plena naturaleza muerta, en abstracto...
Con una mujer de rojo
Bajo el efecto de sus ojos azules...

Eso me conviene
Llego de la África del Norte
Nada más que por llevar una vida feliz
-Por un periodo ilimitado-
A orillas de un instante andaluz, lejano
Y pensar, como es debido, en otra cosa
En la concordancia de los ratos libres
Y en el vestido escotado
De la persona a quien quiero...
El porvenir del mundo?
Está bien esa mujer
Siempre sola...
Q orilla del amar
Me sorprende
No hay nadie por todas partes
Salvo los albatros
Y el niño quién juega, sin parar, a la cometa
A lo largo de la playa...

Es el gran desbarajuste...
Sólo él (se llama Yo) puede ir en crescendo
Y decir lo contrario
Muchos lo saben
Tiene los ojos castaños
Y hace un siglo que espero
Su último grito
Es capaz de quemar etapas
Y de volar solo.




Luisa Futoransky (París-Francia)

LLANOS DEL SUR

los calmos bergantines las flores más sangrientas los lienzos
de la discordia los panes del milagro

adjetivos y ritos profusamente iluminados
por la luz mala, fosforescente de la corrupto
se yerguen de la llanura atrás del acero oxidado de sus armaduras
allí donde el ganado abona el suelo
pero las simientes olvidan crecer

extensión de la condena soledad es tu nombre
los vientos fatigados se detienen a contemplarse en tus riachos
pampa de la desesperanza
sólo tu feroz tenacidad hace que entres
por la puerta grande de la tragedia

×
llano enrojecido
llano del atardecer donde la palabra descubre el secreto
y los pájaros enloquecen de temor

hora en que los elementos son un haz vandálico
un estremecimiento prolongado en el espinazo de los vivos
hora en que los hechiceros soplan las narices de los enfermos
pero no logran felices resultados
hora en que la lejanía y la vecindad de los estrechos
confunde aguas y tierras

únete viento
ven basilisco que es tu turno
huye unicornio por las altas gramíneas
refúgiate en los tapices de las damas
que ya las maderas del presagio
arden en razones de cuidado
y el silencio es un enigma que no predice
un solo día venturoso

××
entre la cima y el valle
el menor esfuerzo, nada agotador
nada que turbe la indiferencia de las tierras llanas

ciudad cuyo medio propicio es la humedad
pulpo extendido, ambiguo y perezoso
tu abrazo es el ahogo febril que impones a los otros
ansiosa ciudad gris
a la que es necesario ganar palmo a palmo la alegría
ciudad de artilugios y espejismos
con su poder agazapado en las tinieblas
contigo los pactos de honor
están destinados al fracaso
ciudad perdida en estéril oratoria
y en la retórica infernal de los posesos
predispuesta de antemano a la condena

cuando las algas se adueñen de tu estridencia
y el limo se solace en tus bodegas
cuanto te sumerjas en la noche sin espejos
¿quién tendrá piedad por tu arrogancia?

cuando los peces retiren sus ovas
de los recovecos de tus construcciones
otra vez un ingenuo, un loco, un guerrero
un fanático, un ambicioso, o todos ellos juntos
o alguien con todos y más de estos defectos y virtudes
erigirá un fortín en el desierto
y te llamará de alguna nueva o vieja manera
buenos aires


PAPELITO

la cabeza es una caja de pandora
una chistera de mago
una barca a merced de la corriente

uno apenas hurga
surco reciente en tierra labrantía
y aflora la disección de un sentimiento
candente
un mero papelito
un poema de amor

revivir
con rituales de geisha
anciana
para el viento
mi propia caja de resonancia
porque ni con flor en la solapa
me reconocerías

queda
para espantar
los ángeles oscuros
la calidad de la voz
que nunca miente

DIGO LO QUE CREO QUE VEO

Casi casi
No puedo dejar sin embargo de lado
que en el Jardín de Plantes me sorprendió la etiqueta
del eléboro fétido
Restregar una hoja a conciencia no bastó
Hubo que olerla, Michel T., hasta la hartura
Y mi alma, que en hebreo y con acento quiere decir doncella
La 'halmá' clama venganza
cuando restos de un beso
de junio, inoportuno
Le desbroza y silencia para nunca
El corazón
Creer y temer van muy cerca
Juntos pero no revueltos
Decíamos
Ayer

I AM FOR SALE

Albatros reciben migajas
De mi hot dog
Y se van a otros brazos
Otras migas
Sueño que duplican mi imagen
Para robarme la bicicleta
En el fondo de un túnel
un altísimo encapuchado negro
Me despoja de todo
-¿Viste? ¿Viste?
Me amonesta una amiga jurista
No me ayudaba, sólo me advertía a posteriori
Los predicadores de tiempos condicionales
De escamas muertas de cuando polillas y roedores
Ganaron la partida.
¿Descarriada o perpleja?
Entrambasaguas
A la hora del lobo
Me acosan los de mis veinte
Y yo, sin poder verme como me veían
El vestidito celeste floreado imitación seda
Y un escote profundo en la humedad porteña
Derivando por el laberinto llamado con justeza
De "los pasos perdidos" en la facultad
Yo, que no puedo devanar el nombre
Del querido escultor cuya obra acaricié para darme ánimo
Por lo de la magia simpática
Con harta frecuencia
En los siglos guardando fantasmas, acuarios y cerrojos
del parisino Pompidou
Ese petiso retorcido de órbitas vacías
Marchando a ninguna parte
como uno más, entre nosotros
sin embargo pasé la madrugada conversando con el Loco Daniel, trotzko, con quien en verdad viajé una sola vez de la estación Retiro a Devoto, la mía, mientras él y su sonrisa siguieron infinitos hasta Pilar.
También desfilaron en la cinta sin fin de la amargura
intacto, el número de teléfono de un tal César, de San Isidro
la fecha de su cumpleaños, mayo 17
su miembrito retráctil con el que alguna vez quise saldar cuentas en un ramalazo de adulterio
su calvicie incipiente, su mirar descarado
era diciembre, era derecho político en el 56
y eramos de LER ¿lista de estudiantes, reformistas
o revolucionarios o ninguno de los tres?
Las gaviotas de la última penumbra
No tienen por ley descifrar siglas de náufragos, pero está claro que las bestias
que no entraron en el Arca de la Alianza
quedaron hociqueando en el inconsciente
La ñata contra el vidrio

ATLAS BULEVAR

Miles de porches
Reposeras pocas
Gran cascada y su leyenda
de almíbar cristalino
Senderos alineados
de crisantemos otoñales
Coronados por pulcras
robustas daturas áureas
que en México, que saben, llaman águilas malignas
sé precavida
pues

LA RISTRA

Con una ristra de ajíes en el muro se puede atravesar el invierno.
Hacer como que no existen los estragos del dinero, las arrugas ni la fatiga
de vivir.
Con ella se pueden machacar derrotas. Y sentarse con aparente indiferencia
en un banquito,
la puerta entreabierta, desmenuzando en hebras finísimas la urdimbre de
historias enrevesadas. Pieles y sudores afines con que neutralizar ejércitos
hostiles.
Tarde o temprano los ángeles llegarán cargados de advertencias
O promesas. Con sus cuentas de diezmos a pagar. Que para esto están.
La rosa de los vientos, el firmamento, el ocaso en el alhajero de los
chiles.
Aunque por la Sangre de Cristo, por Santa Fe y Taos falte el mar.




Mahmud Darwish (Al-Birwa 1941 - Houston 2008)

CADÁVERES ANÓNIMOS

Cadáveres anónimos.
Ningún olvido los reúne,
Ningún recuerdo los separa...
Olvidados en la hierba invernal
Sobre la vía pública,
Entre dos largos relatos de bravura
Y sufrimiento.
“¡Yo soy la víctima!”. “¡No, yo soy
la única víctima!”. Ellos no replicaron:
“Una víctima no mata a otra.
Y en esta historia hay un asesino
Y una víctima”. Eran niños,
Recogían la nieve de los cipreses de Cristo
Y jugaban con los ángeles porque tenían
La misma edad... huían de la escuela
Para escapar de las matemáticas
Y la antigua poesía heroica. En las barreras,
Jugaban con los soldados
Al juego inocente de la muerte.
No les decían: dejad los fusiles
Y abrid las rutas para que la mariposa encuentre
A su madre cerca de la mañana,
Para que volemos con la mariposa
Fuera de los sueños, porque los sueños son estrechos
Para nuestras puertas. Eran niños,
Jugaban e inventaban un cuento para la rosa roja
Bajo la nieve, detrás de dos largos relatos
De bravura y sufrimiento.
Luego escapaban con los ángeles pequeños
Hacia un cielo límpido.


TENGO LA SABIDURÍA DEL CONDENADO A MUERTE

Tengo la sabiduría del condenado a muerte:
No tengo cosas que me posean.
He escrito mi testamento con mi sangre:
“¡Confiad en el agua, moradores de mis canciones!”.
He dormido ensangrentado y coronado con mi mañana...
He soñado que el corazón de la tierra era mayor que
Su mapa
Y más claro que sus espejos y mi cadalso.
He creído que una nube blanca me
Ascendía,
Como si yo fuera una abubilla con el viento por alas.
Y al alba, la llamada del sereno
Me despierta de mi sueño y de mi lenguaje:
Vivirás en otro cadáver.
Modifica tu último testamento.
Se ha retrasado la fecha de la segunda ejecución.
¿Hasta cuándo?, pregunto.
Esperaré a que mueras más.
No tengo cosas que me posean, respondo,
He escrito mi testamento con mi sangre:
“¡Confiad en el agua,
moradores de mis canciones!”
Y yo, aunque fuera el último,
Encontraría las palabras suficientes...
Cada poema es un cuadro.
Pintaré ahora para las golondrinas
El mapa de la primavera,
para los que pasan por la acera, el azufaifo
y para las mujeres el lapislázuli...
El camino me llevará
Y yo le llevaré a hombros
Hasta que las cosas recobren su imagen
Verdadera,
Luego oiré lo genuino:
Cada poema es una madre
Que busca a su hijo en las nubes,
Cerca del pozo de agua.
“Hijo, te daré el relevo.
Estoy encinta”.
Cada poema es un sueño.
He soñado que soñaba.
Me llevará y le llevaré
Hasta que escriba la última línea
En el mármol de la tumba:
“Me he dormido para volar”.
Y llevaré al Mesías zapatos de invierno
Para que camine como los demás
Desde lo alto de la montaña hasta el lago.


¿QUIÉN SOY YO, SIN EXILIO?

Extraño como el río al borde del río...El agua
me ata a tu nombre. Nada me retorna de mi lejanía
a mi palmera: ni la paz ni la guerra.
Nada me incorpora a los Evangelios.
Nada... nada relumbra desde la costa del flujo
y el reflujo entre el Tigris y el Nilo.
Nada me desembarca de los navíos del faraón.
Nada me porta o me hace portar una idea: ni la nostalgia
ni la promesa. ¿Qué hacer? ¿Qué
hacer sin exilio y sin una larga noche
que escrute el agua?

El agua
me ata
a tu nombre.
Nada me lleva de las mariposas de mi sueño
a mi realidad: ni la tierra ni el fuego. ¿Qué
hacer sin las rosas de Samarcanda? ¿Qué
hacer en un lugar que pule los cantos con sus piedras
lunares? Ambos somos ligeros, como nuestras casas,
en los vientos lejanos. Somos amigos de los seres
extraños entre las nubes... dos restos de
la gravitación de la tierra de identidad. ¿Qué haremos? ¿Qué
haremos sin exilio y sin una larga noche
que escrute el agua?

El agua
me ata
a tu nombre.
No queda de mí más que tú, y no queda de ti
más que yo, un extraño que acaricia el muslo de su extraña. ¡Oh,
extraña! ¿Qué haremos con la tranquilidad que
nos queda y con una siesta entre dos mitos?
Nada nos lleva: ni el camino ni la casa.
¿Este camino ha sido siempre igual,
o nuestros sueños lo han cambiado
tras hallar, entre los mongoles, un caballo
en la colina?
¿Qué haremos?
¿Qué
haremos
sin
exilio?


NO DESEO DEL AMOR SINO EL COMIENZO

No deseo del amor sino el comienzo. Sobre las plazas
de mi Granada las palomas remiendan el vestido de este día.
En las jarras hay vino abundante para la fiesta que nos sucederá,
en las canciones hay ventanas suficientes para que eclosionen las flores de granado.
Dejo el jazmín en su maceta y mi pequeño corazón
en la alacena de mi madre. Dejo mi sueño riendo en el agua
y al alba en la miel de los higos. Dejo mi hoy y mi ayer
en el pasaje hacia la plaza de la naranja donde vuelan las palomas.
¿Soy yo ese que ha descendido a tus pies para que asciendan las palabras
cual luna blanca en la leche de tus noches? Golpea al aire
para que yo vea, azul, la calle de mi flauta. Golpea a la tarde
para que yo vea como entre tú y yo languidece este mármol.
Las ventanas están vacías de los jardines de tu chal. En otro
tiempo sabía mucho de ti y recogía la gardenia
de tus diez dedos. En otro tiempo poseía perlas
en torno a tu cuello y un nombre grabado en un anillo del que surgía la noche.
No deseo del amor sino el comienzo. Las palomas han volado
sobre el techo del último cielo. Han volado y volado.
Quedará después de nosotros abundante vino en las jarras
y un poco de tierra es suficiente para que nos encontremos y la paz arraigue.


A MI MADRE

Añoro el pan de mi madre,
El café de mi madre,
Las caricias de mi madre...
Día a día,
La infancia crece en mí
Y deseo vivir porque
Si muero, sentiré
Vergüenza de las lágrimas de mi madre.

Si algún día regreso, tórname en
Adorno de tus pestañas,
Cubre mis huesos con hierba
Purificada con el agua bendita de tus tobillos
Y átame con un mechón de tu cabello
O con un hilo del borde de tu vestido...
Tal vez me convierta en un dios,
Sí, en un dios,
Si logro tocar el fondo de tu corazón.

Si regreso. Tórname en
Leña de tu fuego encendido
O en cuerda de tender en la azotea de tu casa
Porque no puedo sostenerme
Sin tu oración cotidiana.
He envejecido. Devuélveme las estrellas de la infancia
Para que pueda emprender
Con los pájaros pequeños
El camino de regreso
Al nido donde tú aguardas.
Traducción del árabe: María Luisa Prieto



PÁGINA 29 – ENSAYO

«EVA» EN LA VISIÓN DE NORMA SEGADES

Por Carlos López Dzur (Orange County-California-United States)

Frag. del capítulo «EVA: DEL SIGNIFICADO DE LA INOCENCIA Y LA CONVIVENCIA EN EL PATRIARCADO» del libro «Sociología cultural y política de la Diáspora»

El segundo texto de Norma Segades se titula Eva. Si en Lilith la referencia a la primera Madre Colectiva es enigmática, Eva es la «madre del castigo», texto que ya afirma su condena a la dominación operante. En este enjuiciamiento por Eva, ella es la que grita contra la justificación, ahora hecha con carácter más absoluto, del orden cósmico establecido y predeterminado del Ser Supremo, o de su representante, o cualquiera sea el nombre de la Autoridad creadora y controladora.

Lamentablemente, en este Amo / Padre / Orden se predetermina «la función y la misión que cada cual debe cumplir y que se transmite por la línea de mandos». [Casilda Rodrigañez, El asalto al Hades: La rebelión de Edipo: 2010].

El texto Eva, de Segades, es la descripción del Amo, no en tanto Creador de la Vida, sino como «Dueño» aupado para administrarla, profanador del sueño de una las partes, en este caso, la hembra. Este es el «insolente señor de los caprichos» y, en consecuencia, el Amo Patriarcal y su simbología. Lo que la Eva, en este poema, trae a colación es el inicio de la opresión del útero, la desautorización de la simbiogénesis en la génesis orgánica, por una visión creacionista, que justificará «la esclavitud, la dominación y la jerarquía social» [Rodrigañez, loc. cit.].

Veamos el texto completo:
De la costilla que el Señor Dios había tomado del hombre formó una mujer y la llevó ante el hombre. Entonces éste exclamó: Esta vez sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Esta será llamada mujer, porque del varón ha sido tomada: Génesis 2:22-25

Útero de dolientes laberintos donde la humanidad se salvaguarda,/grito el nombre del dueño de la vida,/mientras llovizna el alba/sobre el huerto/y ha comenzado el tiempo de los pájaros.//Grito el nombre del amo de los sueños,/
insolente señor de los caprichos que cinceló en un hueso mis caderas,/mis senos contundentes,/mi cintura,/mis tobillos de andar acompasado.//Grito el nombre del verbo hermafrodita que me impuso/en la noche originaria/mi credencial de hembra,/de varona dispuesta a entretejer mi dinastía con hilvanes de semen desvelado/y luego,/sin piedad,/hirió mi rostro con el amargo musgo del olvido,/
me arrebató en la fiebre de su cólera,/
me expulsó hacia el naciente del repudio con espadas de fuego/
entre las manos.//Soy Eva.//Soy la madre del castigo./Detrás de mi vendrán cendales negros,/y un silencio de sangre sin embriones vaciada en las arenas de los siglos/y una historia de sexos mutilados/y piedras lapidando los pezones/
y puños como rocas/y puñales/y la profanación de la inocencia/y manos machacando en los morteros el secreto nutriente de los granos/y el pulso del dolor atravesando por acequias de carne desgarrada/y la muerte/acechando en los rincones/como un perro de presa que reclama su diezmo de menudos calendarios.//Grito el nombre del padre,/a voz en cuello;/increpo a su desdén,/prevengo al viento acerca de estas lunas insumisas/que habrán de continuar sobreviviendo/a pesar del desprecio/y los agravios/[Norma Segades Manias, En nombre de sus nombres PDF]

¿Con qué aproximación crítica y hermenéutica Segades Manias articulará a su hablante en este texto?

Destaquemos que ella deja-ser al Acaecer apropiador del mito, permite un hablante que dice «Yo soy» con el que viaja a ese punto de la temporalidad («noche originaria») que se ha hecho «presencia». Segades sabe, sin embargo, que Eva, como Lilith y el «Amo» patriarcal («amo de los sueños, / insolente señor de los caprichos»), son ideologemas judíos. Conceptos y símbolos que configuran su propia continuidad y discontinuidad. «Obras de encargo destinadas a borrar» uno de los aspectos. Si el Edén es considerado un mito celebrativo de la (re)creación de la vida, ¿cuándo lo que fue momento de continuidad y celebración se forja como lamento y por qué?

Francisca Martín-Cano Abreu también ha observado cómo para justificarse el vencimiento del poder femenino y el inicio del dominio de la Divinidad masculina y sus valores (que son los de los guerreros, los del espíritu de expansión y dominio contra pueblos agrícolas, sedentarios y pacíficos), es necesario el falseamiento; enseñorearse con caprichos, enfatizar la ambigüedad, siendo que así, a la larga, se propicia olvido, apatía y tolerancia. La mentira es una forma de robar la certeza y la convicción que hubo en la simbiogénesis pre-patriarcal:
El mito, que invierte los hechos históricos, con una evidente finalidad desacreditadora, narra que Abel (el pueblo hebreo patriarcal invasor de pastores, vence y asesina al pueblo agrícola cananeo) que se dedicaba a guardar rebaños fue muerto por el ¡asesino! Caín (agricultor) que se dedicaba al cultivo. Es un ejemplo característico que usa del típico mecanismo de inversión mítica de los ideólogos patriarcales: los que se dedicaban a cuidar rebaños / «Abel» / el pueblo de pastores con costumbres nómadas y móviles, los habituados a los cambios que viajan por vastos territorios, los sujetos de un patriarcado agresivo y violento, con grandes ambiciones, que invaden y se apoderan de los suelos ricos y fértiles ajenos, ¡son los asesinados! por los «Caín», los sujetos de una estructura social matriarcal, cultivadores de la tierra, pacíficos, sedentarios, estables, tranquilos, maternos... Así que en realidad este mito enmascara el enfrentamiento entre pueblos que tienen diferentes filosofías, pero los hebreos dan una interpretación diametralmente opuesta al hecho de que precisamente es el pueblo matriarcal (agricultor de Caín) el que termina por ser sometido, asesinado y gobernado por el otro (el patriarcal de Abel / el invasor): Francisca Martín-Cano Abreu: Mitos
Desde las voces articuladas por Segades en sus poemas, la continuidad se interrumpe «con la aparición de las sociedades esclavistas y el cambio de orden social» [Rodrigañez, loc. cit.]. Eva confirmará a Lilith. A ninguna hembra se le facilita, por más «dispuesta a entretejer» su dinastía, bajo la condiciones de cambio que se operan, que son el fin de la simbiogénesis (según la teoría evolutiva de Lynn Margulis); ni para Lilith ni para Eva, al parecer fue posible. Y ahora es Eva quien se queja de que está siendo herida, «sin piedad», olvidada y castigada con arrebatos y repudios («fiebre de su cólera») de quien la expulsa. El grito de Eva increpa al Padre / padre, tanto en mayúsculas («verbo hermafrodita» / de Yahwé) como al biológico-tribal, acusándolos de «desdén» y «agravios».

Estamos sólo en los umbrales del «naciente» repudio, pero hay una clara consciencia de expulsión. «Una nueva era de esclavitud más devastadora de cuantas la humanidad haya podido conocer», explica Rodrigañez, y que se tiende a negar para que la continuidad de la simbiogénesis quede borrada, disminuida y disuelta en «el amargo musgo del olvido» que tanto Segades, como Rodrigañez, saben la herramienta más eficaz para legitimar esclavitud, guerra, tortura, feminicidio y discontinuidad.

y una historia de sexos mutilados/y piedras lapidando los pezones/y puños como rocas/y puñales./

En el poema Eva, Norma Segades nos menciona la «y la profanación de la inocencia». Sin embargo, en la visión que Segades nos ha presentado de estas dos figuras / nombres sagrados, Lilith y Eva, la transgresión no viene de un agente extrahumano. No hay ninguna Serpiente que busque a Eva ni perversa inclinación de parte de ella a renunciar a la felicidad y a la seguridad por preferencia viciosa por la incertidumbre. Tampoco hay la noción de una Manzana Prohibida ni una disputa conyugal en la que ella vencerá, haciendo que Adán se subordine por el amor a Eva.

Tal contexto puede explicar los pasajes del El Paraíso Perdido de John Milton, donde la transgresión de Eva genera la ira de Dios y el primer exilio arquetípico del Edén para iniciar una historia profana de éste. Inclusive una historia dolorosa del parto, el trabajo (enajenado) y la convivencia, en adición, la consciencia de muerte, culpa y desobediencia («el sentimiento trágico de la vida», del que hablara Unamuno). Si preguntamos por la causalidad de lo que en los textos de Segades ocurre, las respuestas son otras y tienen que ver con un desequilibrio de poder. Ni siquiera Segades plantea la existencia, o no existencia del matriarcado ni si los valores que predominan son los de las sociedades agrícolas pacíficas, o si los valores de una sociedad ganadera (Abel, como pastor de ovejas), se vuelven peligrosos.

Lo que sí se desprende de los dos textos segadianos es que han comenzado los vendavales de los «amores migratorios» (como dice en Lilith) y, más poéticamente, en el segundo texto sobre Eva, se dice: «ha comenzado el tiempo de los pájaros», lo que si relacionamos al hombre, mienta por igual hábitos migratorios, en lo que puede ocurrir si ampliamos el contexto, el acaecimiento histórico de un nuevo tipo de sociedad en que ya no se festeja la vida.

La arqueóloga Marija Gimbutas, al analizar este proceso de transición de la Edad del Cobre a la del Bronce y que sucedió mucho antes de lo que se pensaba (sucedió entre 3500 y 2500 a.c.), nos pone en antecedentes de lo que pudo significar esto para las sociedades agrícolas pacíficas. «El paso de la dominación de la mujer por la fuerza bruta (se captura a la mujer tras destruir por la fuerza lo que emana de ella), a la sumisión voluntaria de la misma (la mujer se considera salvada cuando se destruyen las monstruosas emanaciones de su cuerpo» [Casilda Rodrigañez Bustos, loc. cit.] Recordemos que estos mitos de la desaparición del Paraíso Terrenal, el Edén, las Diosas Madres, etc., datan de estos períodos.

La aludida protección que el varón daría a la mujer resultaría a la postre remedio insuficiente frente a la violencia en el sucesivo patriarcado. Cuando ha sido justificada la actitud hiperprotectiva del varón, esposo o jefe tribal, hay que tomar en cuenta esta observación de Francisca Martín-Cano
«Y para evitar la provocación de los violadores, para que no estuviesen expuestas al rapto y para evitar que se expusieran a peligros, que implicasen el riesgo de morir y por tanto el abandono de su prole, que correría igual suerte, se impondrían a las mujeres restricciones en su libertad de movimiento y se les prohibiría el desplazamiento lejos del hogar, por caminos solitarios; se las encerraría, con lo que significa de limitación cultural y pocas posibilidades de cambio. Y con la limitación de la libertad femenina, se fue pronunciando más el estado de sometimiento. Y consecuencia de ello sobrevino la revolución patriarcal y en unos pocos siglos la subordinación femenina» [Mitos].
Vivimos, en la actualidad, el patriarcado y lejos de amainar la violencia, la tendencia a crecer. La pregunta no es hoy si las descendientes de Lilith / o Eva, son representantes de una «humanidad previa» a la adquisición de la conciencia humana, pero la violencia prosigue. Tampoco es el quid de la cuestión de si una mujer por manifestar «rasgos como la independencia, la autonomía, la autopertenencia, la confianza en el propio criterio, el sentido crítico, la vinculación con el propio ser y el propio deseo» [Francisco Diez de Velasco, Paloma de Miguel, loc. cit.], la hacen censurables y peligros manifiestos para la sociedad patriarcal. El verdadero asunto, tal como lo expone Norma Iris Cacho Niño, en Militarización y violencia feminicida: el patriarcado al extremo (CEPRIDL 2009) es que:
La violencia estructural contra las mujeres tiene raíces históricas, culturales y políticas profundas que atraviesan muchos niveles y tienen diversas expresiones La falta de acceso a oportunidades, el fortalecimiento de los roles tradicionales, los estereotipos de género, las condiciones de trabajo diferenciadas, el abuso y hostigamiento sexual, son tan sólo algunas de las manifestaciones de esta violencia.

La violencia contra las mujeres conjuga las condiciones de opresión, la misoginia y el sexismo. Es un ejercicio del poder masculino mediante la fuerza para someter y controlar a las mujeres y se ejerce en los ámbitos privados y públicos. La violencia contra las mujeres no es natural ni íntima; existe una responsabilidad social que sostiene al sistema patriarcal por medio de la violencia de género, así como una responsabilidad institucional que favorece las condiciones sociales, económicas y políticas que garantizan la violencia sistemática contra las mujeres».

Los feminicidios son la manifestación extrema de la violencia estructural económica, política, social y de género. [Militarización y violencia feminicida: el patriarcado al extremo]

Bibliografía
Norma Segades Manias, En nombre de sus nombres PDF.
Casilda Rodrigañez Bustos, El asalto al Hades: La rebelión de Edipo:2010]. Libro disponible en PDF en la internet.
Francisca Martín-Cano Abreu: Mitos
Norma Iris Cacho Niño, Militarización y violencia feminicida: el patriarcado al extremo [CEPRID, 13 de diciembre de 2009] Ver



PÁGINA 30 – CUENTO

EL HOMBRE DEL TÚNEL

Por Armonía Somers (1914-1994/Montevideo-Uruguay)

Iba saliendo de aquel maldito caño -un tubo de cemento de no más de cincuenta centímetros de diámetro en el que había tenido el coraje de meterme para atravesar la carretera- cuando lo conocí. Contaba entonces siete años. Eso explicará por qué, si es que se puede cruzar normalmente una senda, alguien pensara en la angosta alcantarilla como vía. Y que todo el sacrificio de aquel pasaje inaudito, agravado por la curva de la bóveda, fuese para nada, absolutamente para y por nada.
Reptando a duras penas, oliendo con todos los poros el vaho pútrido de la resaca adherida a la superficie, logré alcanzar la mitad del tubo. Fue en ese preciso punto de caramelo de la idiotez cuando sucedieron varias cosas, una de ellas completamente subjetiva: el pensar que pudiera aparecerse de golpe algo terrorífico, desde víbora a araña, siendo imposible el giro completo del cuerpo, y debiéndose imaginar la marcha atrás como una persecución frontal por el monstruo. Entonces, y ya instaurada para siempre la desgracia de la claustrofobia, se advirtieron estos dos leves indicios compensatorios: ver aproximarse cada vez más la boca del caño a la punta de mi lengua y vislumbrar los pies de un hombre, al parecer sentado sobre la hierba, según la posición de sus zapatos.
Es claro que ni por un momento caí en pensar que era yo quien había estado buceando hacia todo, sino que las cosas se vendrían de por sí, a fuerza de tanto desearlas. (Dios, yo nunca te tuve, al menos bajo esa forma de cómoda argolla de donde prenderse en casos extremos, ni siquiera como la cancelación provisoria del miedo). Así, solamente asistida por una imagen circular y dos pies desconocidos, fue cómo llegué a la boca de la alcantarilla, hecha una rana bogando en seco, y exploré la cosa.
El hombre de las suelas, gruesas y claveteadas en forma burda, estaba sentado, efectivamente. Pero no sobre la hierba, sino en una piedra. Vestía de oscuro, llevaba un bigote caído de retrato antiguo y tenía una ramita verde en la mano.
Mi salida del agujero no pareció sorprenderlo. Aun sin sacar todo el cuerpo, respirando fatigosamente y tatuada por la mugre del caño, debí parecerle un gusano del estiércol que va a tentar suerte al aire de los otros bichos. Pero él no hizo preguntas, no molestó con los famosos cómo te llamas ni cuántos años con que a uno lo rematan cuando es chico, y que tantas veces no habrá más remedio que contestar mostrando la retaguardia en un gesto típico. Si acaso intentó algo fue sonreír. Pero con una sonrisa de miel que se desborda. Y elaborada al mismo tiempo con los desechos de su propia soledad, quizás de su propio túnel, como siempre que la ternura se quede virgen en esta extraña tierra del desencuentro.
Entonces yo emergí del todo. Es decir, me incorporé enfrentándolo. De nuevo volvió él a echarme por encima aquel baño total de asentimiento, una especie de connivencia en la locura que me caló hasta los tiernos huesos.
Nadie en la vida había sido capaz de sonreírme en tal forma, debí pensar, no sólo completamente para mí tal una golosina barata cualquiera, sino como si se desplegase un arcoíris privado en un mundo vacío. Y casi alcancé a retribuírselo. Pero de pronto ocurre que uno es el hijo de la gran precaución. Hombre raro. Policía arrestando vagos. Nunca. Cuidado. Eran unas lacónicas expresiones de diccionario básico, pero que se las traían, como pequeños clavos con la punta hundida en la masa cerebral y las cabezas afuera haciendo de antenas en todas las direcciones del riesgo. Malbaraté, pues, el homenaje en cierne y salí a todo correr, cuanto me permitió e! temblequeo de piernas.
El relato, balbuceado en medio de la fiebre en que caí estúpidamente, se repitió con demasía. Y así, sin que nadie se diera cuenta de lo que se estaba haciendo, me enseñaron que había en este mundo una cosa llamada violación. Algo terrorífico, según se lograba colegir viendo el asco pegado a las caras como las moscas en la basura. Pero que si, de acuerdo con mi propia versión del suceso, podría provenir de aquel hombre distinto que había sonreído para mí desde la piedra, debía ser otra historia. Violación, hombre dulce. Algo muy sucio de lo que ellos estarían de vuelta. Pero sin que nada tuviese que ver con mi asunto, divisible solamente por la unidad o sí mismo, como esos números anárquicos de la matemática elemental que no se dejan intervenir por otros. Tanto que supuse que violar a una niña sería como llevársela sobre un colchón de nubes, por encima de la tierra suspicaz, a un enorme granero celeste sin techo ni paredes. Y a estarse luego a lo que sucediera.
Así fue cómo la imagen inédita de mi hombre permaneció inconexa, tierna y desentendida de todo el enredo humano que había provocado. Detuvieron a unos cuantos vagabundos, y nada. Mi descripción no coincidía nunca con harapos, piojos, pelo largo, dientes amarillos. Hasta que un día decidí no hablar más. Me di cuenta de que eran unos idiotas crónicos, pobres palurdos sin aventura, incapaces de merecer la gracia de un ángel que nos asiste al salir del caño. Y todo quedó tranquilo. Pero eso no fue sino el prólogo. Él reapareció muchas veces, se diría que siete, las suficientes para una completa terrenidad. Y aquí comienza la verdadera historia. El hombre de la acera de enfrente. El único que asistió a mi muerte. La revelación final del vacío.
Yo vivía entonces en una buhardilla. La había elegido por no tener nada encima ni a los costados, una especie de liberación inconsciente del túnel, por si esto fuera saber sicoanalizarse. Una vez, luego de cierta enfermedad bastante larga, abrí la ventana para regar unas macetas y lo vi. Sí, lo vi, y era el mismo. Con tantos años más encima, y no había cambiado ni de edad, ni de traje, ni siquiera de estilo en el bigote. Se hallaba parado junto a una columna y, aunque nadie pudiese creerlo, tenía la misma ramita verde de diez o doce años atrás en la mano. Entonces yo pensé: esta vez será mío. Sólo que su imagen no tendrá profanadores, no irá a caer en los sucios anales del delito común, al menos siendo yo quien lo entregue... En ese preciso golpe mental de mi pensamiento, él levantó la cabeza, desde luego que reconociéndome, y volvió a sonreírme como en la boca del túnel. (Dios mío, haz que no se pierda de nuevo —dije agarrándome de la famosa argolla del ruego—. Otros tantos años después del después no serían lo mismo. Sólo tiempo de bajar a decirle que yo no lo acusé. Y no únicamente eso, sino todo lo demás, las dulces historias que su presunta violación había sido capaz de provocar más tarde, en toda soledad que Tú desparramases bajo el cielo, cuando las horas eran propicias y las uvas maduraban en sus auténticos veranos...).
Tomé el teléfono y marqué el número del negocio vecino al lugar donde él había reaparecido.
-Perdone -dije contrariando mi repugnancia a este tipo de humillaciones- habla la estudiante que vive en el último piso de enfrente...
-Sí... ¿Y?
-Bueno, usted no lo podría comprender. Quiero, simplemente, que salga y diga a ese hombre vestido de oscuro y con una ramita en la mano que está junto a la columna, que la muchacha que regaba las macetas es aquella misma chiquilla del túnel. Y que ya baja a encontrarlo, que no vaya a perderse de nuevo a causa de los cinco pisos que deberá hacer para reunírsele. ¡Corra, se lo suplico!
-Nada más, ¿eh? — se atrevió a preguntar el tipo.
-Vaya de una vez -le ordené con una voz que no parecía salir de mis registros- lo espero sin cortar. ¡Es que ya no podrían pasar de nuevo los mismos años, nunca es el mismo tiempo el que pasa!
Mis incoherencias, la locura con que le estaría machacando el oído, lo hicieron salir a la calle. Le observé mirar hacia el punto preciso que yo había indicado, mover la cabeza negando, y aumentar después el área de reconocimiento. Al cabo de unos segundos, y mientras yo veía aún al forastero en la misma actitud, volvió con esta estúpida rendición de noticias:
-Oiga, ¿por qué no se guarda las bromas para otro? Junto a la columna no hay ningún tipo, ni nada que se le parezca. Esto no es un episodio del hombre invisible, qué diablos...
-¡Bromas las que quiere hacer usted, no yo -le grité histéricamente- está aún ahí, lo sigo viendo!
-Eso si no agarró las de villadiego al ver que yo o usted lo habíamos pescado a punto de robarse mi bicicleta, ¿no?
-¡Cállese, pedazo de bruto!
-O las de cruzar la calle, no más -agregó tomándose confianza- para trepar de cuatro en cuatro a su altillito... Porque yo siempre pienso que usted duerme ahí demasiado sola y que cualquiera sería capaz de ir a acompañarla con gusto...
Le corté el chorro sinfín de la estupidez con que amenazaba inundar el mundo. Y hasta descubrir quién sabría qué conexiones secretas con los demás, los de aquel tiempo qué se me había ido perdiendo entre uno y otro año nuevo, llevándose sus caras. Por breves minutos de marcha atrás, volví a sentir mi aire abanicado por sus alientos, algunos como el del parto de las flores, pero otros tan iguales al de esas mismas flores cuando se pudren, que casi hubiera sobornado a la muerte para que se los arrastrara de nuevo.
Fue entonces cuando comprendí que jamás, en adelante, debería comunicar a nadie mi mensaje. Todo era capaz de quedar injuriado en el trayecto por el puente que ellos me tendían. Y en forma vaga llegué a intuir que ni yo misma estaría libre de caer en sus fabulaciones, que era necesario liberar también al hombre de mí propio favor simbólico, tan basto como el de cualquiera.
Cerrado, pues, el trato definitivo, y mientras él seguía en la misma actitud de contemplación, sin enterarse siquiera de que el dueño de la bicicleta la sacaba del apoyo de la columna llevándosela al interior de la tienda, yo salí como una sonámbula hacia la escalera.
Iría, quizás, hablando sola, o contraviniendo la velocidad normal, o en ambas cosas a la vez, cuando la mujer de color indefinido que subía resoplando con un bolso lleno de provisiones en la mano, se interpuso en mi camino. Ya antes de pretender su prioridad, se me había hecho presente con un olor como de escoba mojada con que traía inundado el pasillo. La estaba imaginando en una pata, yéndose a la oscuridad de la rinconera a colgarse sola por una argollita de hilo sucio que ella misma se habría atado en la ranura del cuello, cuando persistió en tomarse toda la anchura del pasaje. Luchábamos por el espacio vital, sin palabras, a puro instinto de conservar lo más caro, ella su vocación de estropajo, yo la boca del túnel donde iba a hallar de nuevo algo que me pertenecía, cuando no tuve mas remedio que empujar. Sí, empujar, qué otra cosa. Dos veces no va uno a dejarse interferir por nadie, mientras hace equilibrios en la cuerda tirante del destino sobre las pequeñas cabezas de los que miran de abajo.
Y llegó ella primero que yo, es claro. Cuando la volví a ver en el último descanso, mirándome fijamente con dos ojos de vidrio entre el desparramo de sus hortalizas, ya era tarde. El hombre había desaparecido. No diré que para siempre. Mas su periodicidad, contándose desde mi violación a mi primer crimen, luego a las otras menudencias de las que él fue también principal testigo, y en las que siempre los demás actuaban de desencadenantes, se me llevó pedazos de la pobre vida que nos han dado. Es que uno merodea por años alrededor de ese algo que nos van a quitar, y luego hasta tiene valor para esperar a que el vino se ponga viejo. Así, cuando mucho tiempo después cambié las escaleras por ascensor automático, y nadie supo en el piso de dónde venía la mudanza, casi llegué a saludar a una mujer parecida a mí que se echaba hacia atrás los cabellos en un espejo del pasillo. Dios mío, iba a decir ya como alguna otra vez en las apuradas. Pero recordé de pronto el peor y el mejor de mis trabajos, aquel de quitarle limpiamente su hombre a una prójima desconocida. Y decidí que mi pelo ya desvitalizado era una cosa de poca monta para andar a los golpes en la última puerta en busca de lástima.
Hasta que cierto atardecer lluvioso, no podría decir cuánto tiempo después, el hombre del túnel volvió a aparecer en esa y no otra acera de enfrente, con el olfato de un perro maníaco que anduviera de por vida tras la pieza. Entonces yo decidí que nada en este mundo podría impedirme ya que me precipitase a su encuentro definitivo. Estaba así, sin intermediarios de ninguna especie, apretando el botón de la jaula, cuando vi recostada a la pared la escalera de emergencia.
-Eso es, lo de siempre -farfullé- la atracción invencible del caño, aunque la senda normal sea ahora ésta que va y viene verticalmente con su incuestionable eficacia propia.
De pronto, y mientras la puerta del ascensor se abría de por sí como un sexo acostumbrado, el pasamanos grasiento de la escalera se me volvió a insinuar con la sugestión de un fauno tras los árboles. El minuto justo para cerrarse la puerta de nuevo. Y yo hacia atrás de la memoria, cabalgando en los pasamanos tal como alguien debió inventarlos para los incipientes orgasmos, que después se apoderan de las entrañas en sazón, hasta terminar achicándose en los climaterios como trapo quemado.
-¡Sí! -grité de golpe, completamente libre ya de toda carga, incluso la de los otros, que también soportan lo suyo encima.
Aquel sí colgado del vacío, sin más significación que la de su arrasamiento, se quedó unos instantes girando en el aire de la caja con otros sí más pequeños que le habían salido de todo el cuerpo y me acompañaron hasta la puerta. Crucé luego la calle con el mismo vértigo con que había cabalgado la escalera, ajena a la intención de las ruedas que se me venían como si el mundo entero hubiese enfilado sus carros en busca de mis vísceras. Yo estaba sorda y ciega a todo lo que no fuera mi objetivo, el abrazo consustancial del hombre de la ramita verde que seguía parado allí, sin edad, omiso ante la obligación de correr como un loco detrás del tiempo. Fue entonces cuando pude ver fugazmente cómo el violador de criaturas, el ladrón, el asesino, el que codicia lo que no le fue dado, y el todo lo demás que puede ser quien ha nacido, abría los brazos hacia mí. Pero en una protección que no se alcanza si las ruedas de un vehículo llegaron primero. Lo vi tanto y tan poco que no puedo describirlo. Era como un paisaje tras los vidrios del tren expreso, con detalles que nunca se conocerán, pero que igualmente aterciopelan la piel o la erizan de punta a punta.
-Gracias por la invención de las siete caídas -alcancé a decirle viendo rodar mi lengua como una flor monopétala sobre el pavimento.
Entré así otra vez en el túnel. Un agujero negro bárbaramente excavado en la roca infinita. Y a sus innumerables salidas, siempre una piedra puesta de través cerca de la boca. Pero ya sin el hombre. O la consagración del absoluto y desesperado vacío.



PÁGINA 31 – POESÍA ALLENDE EL MAR

Silvia Favaretto (Venecia-Italia)

SERBARE (in memoriam)

Vivo la vita
ricordata dalla mia bisnonna.
Lei in me amò e deluse,
appese le viscere al vento,
spazzò il pavimento con i capelli.
I suoi piaceri tolsero la polvere dalla cassapanca,
si mise a letto con la mia stirpe.
Io, invece,
viaggerò con valige cariche dei suoi sogni,
sussurrerò all’orecchio
dei suoi amanti,
farò il bagno nell’acqua calda
che lei tanto desiderò,
mi laverò la sua faccia con mani
inschiumate di sapone prezioso,
mi metterò la crema sulle sue gambe
per idratarle dopo questi
cent’anni d’oltretomba,
mi dipingerò le sue unghie di
smalto scarlatto
e andrò a letto con i suoi progenitori.

Verrà il passato e
mi troverà morta
con i capelli sparsi nella polvere
e le dita dei piedi
smaltate di rosso.
E contenta, Dio mio,
contenta.

GUARDAR (in memoriam)

Vivo la vida
recordada por mi bisabuela.
Ella en mí quiso y defraudó.
Sacó las entrañas a colgar al viento,
barrió el piso con su pelo.
Sus placeres quitaron el polvo de la cómoda.
Ella se acostó con mi estirpe.
Yo, en cambio,
viajaré con la maleta cargada de sus sueños,
soplaré en el oido de
sus amantes,
me bañaré en el agua caliente
que tanto añoró
me limpiaré su cara con manos
espumosas de jabón fino,
me pondré crema en sus piernas
para hidratarlas después de estos
100 años de ultratumba,
me pintaré sus uñas con
esmalte escarlata
y me encamaré con sus progenitores.

Vendrá el pasado y
me encontrará muerta
con el pelo enmarañado en el polvo
y los dedos de los pies
esmaltados de rojo.
Y contenta, por Dios,
contenta.

POESIA

Nel silenzio
riposa la poesia.
Nel silenzio spento
della fiamma,
nel silenzio violento
del sangue,
nel silenzio immacolato
della margherita,
nel silenzio urlante
del dolore.
Riposa e io la sveglio,
per macchiare il foglio
e la coscienza.

POESÍA

En el silencio
descansa la poesía.
En el silencio apagado
de la llama,
en el silencio violento
de la sangre,
en el silencio inmaculado
de la margarita,
en el silencio aullante del dolor.
Descansa y yo la despierto,
para manchar la hoja
y la conciencia.

RIMESCOLO IL MARE DENTRO DI ME

Quando sarò angelo
vivrò nel faro...
Piangerò guardando le luci delle navi
allontanarsi nella notte...
Sentirò nostalgia
di emozioni mai avute...
Griderò imprecazioni al vento
(perchè gli angeli non hanno genitori)
e strapperò una ad una
le piume delle mie ali,
disperata e sanguinaria
per la cattiva sorte
che mi ha dato
meravigliose ali leggere
e un corpo
troppo pesante per volare...

AGITO EL MAR DENTRO DE MÍ

Cuando sea ángel
viviré en el faro...
Lloraré mirando las luces de los barcos
alejarse en la noche...
Sentiré nostalgia
de emociones nunca tenidas…
Gritaré imprecaciones al viento
(porque los ángeles no tienen padres)
y arrancaré una a una
las plumas de mis alas,
desesperada y sanguinaria
por la mala suerte
que me ha dado
maravillosas alas ligeras
y un cuerpo
demasiado pesado para volar...




Marquesa Mercedes Alba (Helsinski-Finlandia)

MI VECINA

Mi vecina se hace mujer leyendo un recetario de cocina rápida.
Yo endulzo la cerilla de mi boca con un beso; a las seis de la tarde.
Cuando ya no puedo articular palabras, ella es la la mujer más feliz
del mundo frente a su telenovela favorita, entre lágrimas y risas
Las dos protestamos contra esta historia.


DESDE MI TORSO

Soy la del torso hecho a puñetazos,
a sangre fría
tengo altos los senos para dar gotas dulces de mi sangre.
Soy la cintura de azúcar morena,
llevo mis hombros a modo de un fusil
acostumbrados a cargar plomo,
a construir, a ninguna caricia
me han llamado lucha.

De un grano de arena vienen los unicornios
los centauros
y las ballenas suicidas.

Un río de furiosas corrientes
levanta el vuelo mientras
mariposas monarca
estremecen al mundo que dormita.

Si vienes hazme señas con tu cuerpo azul,
háblame por tu nombre
del frió que creció en el pasto de la entrada;
si no estoy, conjuga mi presencia.




Samantha Barendson (Lyon-Rhône-Alpes-Francia)

HUNDIDA EN LA NOCHE

Huelo tus versos

Huelen a cigarrillo
A luz apagada
A sudor caliente en sábanas frías
A sexo de hombre y de mujer
A pinos y a sol
Vino y sobremesas

Huelen a tiempos pasados
A noches de jazz
en pisos con humo
A güisqui
acompañando a Bach

Huelen a ti
A tu piel helada
De no estar aquí
A texto desenfrenado
A orgasmo de papel
A luz prendida
para ver tus ojos

Huelen tan fuerte
que no se me despegan
Aquellos versos tuyos
escritos para otra

Leo tus versos
En la noche hundida
Apago la luz

EN LA (TI)NIEBLA

Tus abrazos llenos de lluvia
Se evaporan
Bajo el sol ardiente
De mi primavera

En la tormenta
El fragor de tus besos
Afloja
Aunque yo resista
Mi corazón armado

**ooOoo**

Tomaré un café en un sitio de otros tiempos
Y con el sabor de la soledad que me persigue
Escribiré los versos hundidos del vientre
Pensando en aquel café que tomaremos juntos

Caminaré por las avenidas grises de un París radiante
En búsqueda de aquella librería (española)
En búsqueda de aquel libro (agotado)
Que nunca he de hallar

Tomaré un mate en el café argentino del bulevar Saint Germain
Miraré hacia un lado, hacia atrás quizás
Y estaré de nuevo en mi Buenos Aires perdido
En mi Buenos Aires herido

Caminaré por las calles las plazas las iglesias el río y lo demás
Deteniendo la mirada y el zapato en las casillas de mi vida
Esbozada con la tiza de colores en la acera
Y alcanzaré el cielo

Tomaré una copa de vino tinto y con un viejo tango
Deslizada entre las sombras de un diván oscuro
Me olvidaré la hora el lugar el tiempo
Me olvidaré de ti que jamás estás

Caminaré por fin hasta la madrugada
Escucharé mezclarse pájaros y estrellas
Mi corazón colgado de tanto caminar
Y tomaré un café el último del día

**ooOoo**

Recogiste la arena entre tus manos
Y se escapó el tiempo
¿Que haré de mi deseo
Si mata?

**ooOoo**

Busqué tu cuerpo
En callejuelas porteñas
Al son del paso
De un bailador de tango
Entre las manos
De un marinero pasado
En los lechos
De inocentes maridos

Estabas peregrinamente
Al pié de un campanario
Esperando con paciencia
que viniese a besarte



PÁGINA 32 – ENSAYO

DESDE ECHEVERRÍA A SARRAZIN*

Por Osvaldo Bayer (Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

La historia está siempre presente plena de fantasías, de egoísmos increíbles, de sueños, de grandezas, de crímenes aberrantes, de filósofos soñadores y optimistas y de negadores y mezquinos. Por ejemplo, nuestro país, la Argentina, es un ejemplo vivo de todo eso. Si nosotros escribimos que en un país, justo en la época en que se llevó a cabo uno de los genocidios más crueles de la historia con pueblos que vivían hacía ya cientos de años en esas tierras y que esas tierras se repartieron en miles de hectáreas a los vencedores, sí, justo en esa época, unos extranjeros locos fundaron una organización socialista para llevar a cabo la revolución social en ese mismo país. Sí, si escribiéramos eso, no lo creería nadie.
Pero es la realidad. Y fue casualmente en esa Argentina, la del genocidio de sus pueblos originarios en la llamada "Campaña del Desierto" de Roca que, en 1882, un grupo de alemanes funda en Buenos Aires la organización Vorwärts que significa "¡Adelante!", en búsqueda de enseñar el socialismo. El "Todo
para todos, en libertad". Nada menos.
Pero no es lo único fantástico. Ya antes Esteban Echeverría había escrito -en 1834- el Dogma Socialista donde se leen juicios tan racionales en un período argentino de degüello de prisioneros, de guerras de una crueldad inusitada entre unitarios y federales, de guerras infinitas por el poder de tal o cual caudillo y, justo allí, Echeverría escribe esta frase de una profundidad inusitada. "El camino para llegar a la Libertad es la Igualdad. La Igualdad y la Libertad son los principios engendradores de la
Democracia." Con mayúscula; Libertad, Igualdad, Democracia. En 1834.
Pero qué podemos maravillarnos los argentinos que desde aquel 1813 cantamos a toda voz el Himno Nacional Argentino con aquello de "Ved en trono a la noble Igualdad, Libertad, Libertad, Libertad". La noble Igualdad en Libertad. Y creo que en eso los argentinos tenemos el record mundial del cinismo político porque cuando el presidente Avellaneda y el general Julio Argentino Roca, después de la Campaña del Desierto, le entregaron dos millones y medio de hectáreas al presidente de la Sociedad Rural -sí, la misma de hoy- y ese estanciero se llamaba nada menos que Martínez de Hoz, se cantó el Himno Nacional Argentino, con aquello de la noble Igualdad. Y todos los años, en el predio de la Sociedad Rural en el acto de inauguración de la feria, se canta nuestro himno. Con fervor Argentino en medio del mugido de las vacas.
Pero volvamos a esos alemanes locos de 1880. Fue el obrero Carlos Múcke quien puso la idea de crear una organización obrera que difundiera preferentemente los principios de Carlos Marx. Y así se hizo, y así se fundó el Vorwärts en una cervecería -como no podía ser de otra manera entre alemanes-, la Bieckert, que estaba en el Paseo de Julio. Esta organización va a tener un papel importante en la fundación del Partido Socialista, en 1896. Además publicaron el semanario Vorwärts y el periódico El Obrero. Toda una historia de generosidad e idealismo.
Ciento treinta años después, el Vorwärts sigue existiendo. Su Alma Mater es sin duda el doctor Alfredo Bauer, emigrado de la Austria invadida por la trágica Alemania de Hitler. Y Bauer, incansable, continuó en nuestras tierras sembrando la semilla del socialismo. Mientras tanto, al paso de los años, la socialdemocracia alemana se había dividido, de su seno surgió en 1917 el Partido Comunista alemán mientras el viejo tronco partidario pasó a ser poco a poco un partido burgués que ha llegado varias veces al gobierno en Bonn y Berlín. Pero el "Vorwärts" argentino se mantuvo en sus principios.
El sueño del socialismo, la igualdad de todos, el terminar con las fronteras, el llegar por fin a una sociedad mundial organizada con el respeto a la igualdad, a la vida y a la naturaleza.
Estaba yo hace algunos días en Alemania cuando se produjo el fenómeno Sarrazin, que conmocionó y sigue conmocionando a toda la sociedad germana.
Un socialdemócrata de primera línea. El diputado, consejero económico del Deutsche Bank, Thilo Sarrazin, acaba de publicar un libro titulado Alemania se autoelimina que desde las primeras lecturas fue calificado como un libro racista y discriminatorio para con las minorías musulmanas que viven hoy en Alemania, emigradas de Turquía y bienvenidas por el mundo económico alemán para llenar los lugares de trabajo por falta de mano de obra germana y así detener la suba del nivel salarial.
En el libro se señala que la economía alemana no ganó absolutamente nada con la llegada de miles de turcos sino que, al contrario, tiene una carga enorme en ayuda social. Principalmente en el dinero por hijo, ya que los inmigrantes tienen un número mayor de hijos que los alemanes. Pero además ataca sin tapujos los ritos religiosos musulmanes que no respetan la dignidad de las mujeres, entre otras características. El autor, Sarrazin, culpa de todo eso a los genes de esos pueblos, como señalando que no puede haber grandes cambios en esa cultura, lo que significaría un peligro para la cultura alemana en el futuro. El autor, en el mismo libro, señala también que el pueblo judío se caracteriza por "raíces genéticas comunes". ¿Qué quiso decir con eso? Algo así como que no van a cambiar nunca.
Cuando leí los primeros titulares en los diarios sobre que un socialdemócrata salía a la palestra con un libro racista, no pude menos que pensar en aquellos idealistas de 1880 que en el mismo partido pensaban en terminar para siempre con las discriminaciones entre seres humanos.
El libro de Sarrazin en la Alemania actual pasó de un día al otro a encabezar la lista de bests sellers con 250 mil ejemplares vendidos. Y comenzaron las discusiones en televisión, en radio, en los clubes, en las universidades, en los centros de cultura. ¿Tiene o no tiene razón Sarrazin en pegar el grito: ¡Basta de musulmanes en la sociedad germana!?
La reacción política fue inmediata. Hasta la jefa de gobierno, Angela Merkel, demócrata-cristiana, se distanció de Sarrazin igual que la mayoría de los dirigentes liberales y socialdemócratas. Pero evidentemente Sarrazin ha obtenido una fuerte ganancia política. Las últimas encuestas señalan que
si fundara ya mismo un partido político tendría, en las primeras elecciones, el voto de casi el 20 por ciento de la población.
Claro, la demagogia produce siempre resultados positivos para quien la practica, pero luego sus resultados siempre han sido nefastos. El análisis político de Sarrazin tendría que haber sido: al promover la inmigración turca para llevar adelante la industria alemana y también todas aquellas
ocupaciones para los cuales ya no hay alemanes, como tareas de limpieza, trabajo del campo, conductores de camiones, etc., hay que aceptar también las culturas y costumbres diarias de esos trabajadores. Si se los trae hay que aceptar sus costumbres y su religión. Claro, siempre que no se transgredan las leyes vigentes. Por ejemplo, si jóvenes musulmanes matan a su hermana porque ésta tiene relaciones con un no musulmán, a esos asesinos debe aplicárseles las leyes del país donde viven. Ya han ocurrido casos como
ésos -de inmensa crueldad y cobardía- y hubo jueces alemanes que dudaron en aplicar toda la fuerza de las leyes alemanas respecto del crimen por afecto, porque se trataba de musulmanes, seres con otra cultura. Y eso no puede aceptarse. Todo aquello que afecte el principio de respeto a la vida debe
castigarse con las mismas penas a todos dentro de una sociedad multicultural.
El político Sarrazin ha promovido con su libro un vivo debate en toda Alemania. Sigue siendo título de tapa en los diarios. Antes de que fuera destituido de su cargo por el presidente alemán, resolvió renunciar a su alto cargo en el Banco Federal de Alemania. Y se cree que va a fundar un nuevo partido político. Que no podría ser calificado con otro título que partido de derecha, con los complejos racistas de todo derechismo. Pero en la historia del mundo está demostrando que ni el racismo ni las fronteras
tienen futuro. Y lo que Sarrazin ha despertado con su posición es lo contrario: la necesidad en el mundo moderno de la integración entre los pueblos. Por eso es tan importante facilitar el conocimiento recíproco en el mundo, principalmente entre estudiantes, con viajes de estudio, becas e intercambio cultural. Y con las minorías, la organización de ciclos culturales con debates acerca de las costumbres y fe religiosas que dañan la convivencia. Ese es el camino del futuro para sociedades en paz.
Nos lo enseñaron aquellos socialistas alemanes del Vorwärts de Buenos Aires.
En un documento de 1882, Augusto Kühn escribe sobre ellos: "Y dejaron de ser extranjeros en el instante en que se aprestaron a luchar por el mejoramiento de las condiciones de vida del proletariado argentino y por el progreso institucional de la República". Fueron los primeros en organizar un acto por el 1º de Mayo, el Día de los Trabajadores.
Pero, al parecer, los empresarios alemanes actuales piensan muy distinto. Es el caso que acaba de ocurrir en Azul, en nuestro país, donde la empresa alemana Efasa -que procesa liebres y gallinas- cerró sus puertas de pronto, el miércoles, dejando en la calle nada menos que a trescientos trabajadores.
Estos hicieron un desfile de protesta por las adyacencias. No, así no se puede tratar a los trabajadores. No es posible dejarlos en la calle de la noche a la mañana. Eso no es actuar con conceptos democráticos. Señores empresarios de Efasa: tomen ejemplo en la dignidad de aquellos obreros alemanes del Vorwärts. El ejemplo para lograr una sociedad sin violencias y el derecho para todos de vivir en dignidad.

CONTRATAPA: NOTAS DE PARÍS

LAS VENECIAS DE PAUL MORAND Y MARCEL PROUST

Por Irma Bignon (Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

Venecia no es más que el hilo de un discurso interrumpido por largos silencios donde, de a ratos, el caminante o el que navega por sus aguas pasa, la ama, y se la lleva.
En Venecia todo está equilibrado, todo cabe sobre el agua, todo se ha construido con tal perfección que la armonía deslumbra.
Se siente una alegría nueva. No hay autos, no hay veredas, no hay semáforos. El paseo a pie se desliza como el agua.
En las fachadas de sus casas, el arte se mezcla con los siglos. Nada más fiel que el renacimiento. Nada más exuberante y frívolo que el barroco. No soporta el abandono.
A mediodía, nadie habla. Todos llenan la boca de espaguetis; agregan tantos frutos de mar que las pastas se vuelven algas.
En primavera, mientras en otras ciudades se preocupan en reparar las fachadas de los edificios, allí se pulen y pintan las góndolas, inalteradas y tan característicamente negras como sólo ellas pueden serlo. Se mantienen imperturbables en el chapoteo del agua. Recios e incomprensibles, los remeros discuten o simplemente hablan con gestos amenazadores. El peculiar silencio de la ciudad de los canales parece acoger suavemente esas voces, desencarnándolas y dispersándolas sobre sus aguas. El tibio so-
plo del siroco acaricia. El abandono se disfruta. Los ojos se entrecierran. Los remeros siempre conducen de pie. Nunca sentados. Sería una ofensa. Con traje azul de marinero, un chal amarillo a guisa de cinturón, un sombrero de paja audazmente ladeado sobre la cabeza, manejan el remo con gran energía, poniendo todo el cuerpo en cada golpe, con una especie de hechizo que invita a la indolencia. El agua les brinda un remanente aterciopelado que dura más allá del minuto; les hace sentir que descienden hasta el final de las profundidades.
Los cafés venecianos esperan al cliente siempre en los mismos sitios, al pie de los edificios, al abrigo de los puentes. La copa de naranjada se apoyada a nivel del canal. El sol pega en el rostro. El aire despreocupado, llega del mar.
Desde las ventanas del Palacio Vendramini, como si sacaran la lengua, los tapices se ventilan, mientras el polvo desciende las escalinatas para zambullir en el Gran Canal sus pequeñas partículas, iluminadas por los rayos del sol.
Se podría comparar Venecia con Manhattan, barrio excesivo, siempre aullando su prosperidad. El Rialto sería el Brooklyn Bridge; el Gran Canal sería la 5ª Avenida para los duxs millonarios y Little Italy un pedazo de Italia en América.

Gran viajero, amigo de Giraudoux y de Proust, Paul Morand sabe ver la vida existencial que le toca vivir. Con el mismo entusiasmo que se lanza al encuentro del hombre, va descubriendo el mundo. Así su campo visual se alarga hacia otros continentes. Necesita estar siempre lejos, en busca de un destierro imposible. “Es una constante que me invadan esas ganas – implacables como una lesión – de estar en otra parte”- escribe.
Durante más de 60 años, Morand “frecuenta” una Venecia multiforme. El fruto de esa comunión entre el escritor y la ciudad, es el mensaje más original que ella recibe de él. La ciudad siempre vuelve a desplegar su encanto principesco cediendo a su paso un desfile de palacios hasta que, tras un recodo del canal, aparece el fastuoso y tenso arco marmóreo del Rialto. Lo que le resultaba difícil de tolerar y a ratos, completamente insufrible, es la idea de no volver a ver Venecia nunca más, de estar despidiéndose de ella para siempre. En todas sus visitas, durante el último día, siente que el lugar es superior a sus fuerzas y que sería insensato visitarlo nuevamente.
En “Venises”, libro publicado por Ediciones Gallimard en 1971, Morand escribe: “El mérito de estas páginas es haberlas vivido. Su unión es una colección privada, un conjunto de sensaciones distintas; cada una presenta un día , un minuto, un entusiasmo, un fracaso, una hora decisiva o una hora perdida. Esto podrá ser vivido, cosechado por otros; por mí nunca más.”
Es este el retrato de un hombre en mil Venecias, en el esplendor de un cielo azul parejo, sin nubes.

Plural, singular … Siempre son dos: Venecia y el escritor.
Proust también fue un enamorado de ese lugar mágico. Durante toda su vida se prometió ir. Lo soñaba desde su infancia. En “En busca del tiempo perdido”, Venecia aparece cien veces. Se advierte la embriaguez que siente Proust al ver la ciudad por fin conquistada, la que le hace olvidar sus fiebres. “Es la ciudad del inconsciente, –escribe –es la imagen de lo que la pasión impide realizar”.
Se comprende su arrebato, testimonio de un hombre aturdido por el esplendor de la Plaza San Marcos, un Marcel sorprendente que encuentra la fuerza necesaria para abandonar el reposo y salir, internarse en las calles. “Me sentía solo, en medio de la ciudad encantada – escribe -como un personaje de las Mil y Una Noches. Me imaginaba en posesión de un palacio veneciano. Haría llegar el cuarteto de Poulet para escuchar a Fauré, y esperar que el alba despertara sobre el Gran Canal”. En otro momento escribe: “La vista deslumbrante de la ciudad me rozaba como si me dijera: - Tómame al pasar si tienes la fuerza y trata de resolver el enigma de la felicidad que te propongo - .”
Algunas veces se le presentaba el recuerdo de la ciudad, pero todos sus esfuerzos para describirla eran vanos. Nada se desvanece en nuestra relación con el tiempo: las impresiones pasadas permanecen escondidas en el inconsciente, y por un fenómeno de memoria afectiva renacen cuando nuevamente se nos presentan las sensaciones que nos acompañaron antaño.
En él, ese viaje es sicológico más que literario. ¿Dónde estaba la Venecia de Proust sino en él mismo? “La visión deslumbrante e indistinta – escribe – me rozaba como si me hubiera dicho: tómame al pasar si tienes la fuerza, y trata de resolver el enigma de la felicidad que te propongo” …

Venecia no es una ciudad únicamente atrayente para dos escritores franceses. ¿Dónde mejor que en Venecia Narciso pudo contemplarse? Y para Wagner, ¿qué mejor momento que escuchar su música en el Café Florian?
Byron remaba tres veces por semana hacia la isla San Lázaro donde aprendía el armenio con los monjes mequitaristas. En el libro de visitantes se leía: “Byron, inglés”. Despreciaba Inglaterra, pero en el extranjero se sentía orgulloso de serlo. A su vez, en la primavera de 1900, Proust agregaba su firma en el mismo libro. Pero no sintiéndose un exiliado nostálgico, no agregaba la palabra “ francés”.
Encerradas por los canales, como señaladores entre las páginas de un libro, ciertas calles son tan estrechas que el poeta Robert Browning se lamentaba por no poder abrir su paraguas.
Un lecho de gala flotante, pasa molestando las aguas. Es un cortejo fúnebre. Un águila dorada apoyada en el balcón de un palacio, escondiendo su aflicción bajo sus alas replegadas, acompaña al bailarín y coreógrafo Diaghilev a su última morada.
Churchill, acarreando su caja de pinceles, pone sus dedos en forma de V (de la Victoria), mientras una niña vende pañuelos, ante los impávidos leones de San Marcos, una pata sobre los Evangelios, clamando: “En este milagro de sueño y poesía, ofrezco pañuelos de seda a buen precio” …
D. H. Lawrence escribe: “Ciudad deslizante. Ante la puerta de agua de las casas de Venecia expongo mi vida apoyando el pie sobre el umbral”.

El genio de Venecia es haber venido a encallar donde nadie nunca lo hubiera hecho.
Tiene un hundimiento periódico de treinta centímetros por siglo. Sería éste su final más romántico …


Todos los textos, fotografías o ilustraciones que integran el presente número son Copyright de sus respectivos propietarios, como así también, responsabilidad de los mismos las opiniones contenidas en los artículos firmados. Gaceta Literaria solamente procede a reproducirlos atento a su gestión como agente cultural interesado en valorar, difundir y promover las creaciones artísticas de sus contemporáneos.
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