Reconocimiento Nacional a GACETA VIRTUAL

Reconocimiento Nacional a GACETA VIRTUAL
Feria del Libro Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Año 2012

Rediseñada para ofrecer una mayor difusión de la escritura en castellano.

Dirección: Norma Segades - Manias
directoragaceta@gmail.com
GACETA LITERARIA Nº 43 – Julio de 2010 – Año IV – Nº 7

Imágenes: Homenaje al arte naif en la obra de Pilar Sala (Buenos Aires-Argentina)
Música: Seleccionar al pie de la revista

PÁGINA 1 – REFLEXIONES

EL MUNDO

Por Eduardo Galeano (Montevideo/Uruguay)

Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.
A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.
—El mundo es eso —reveló—. Un montón de gente, un mar de fueguitos.
Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.
No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende.


PÁGINA 2 – CUENTO

EL POLVILLO DE LA PÁGINA MARCADA

Por Mara Robledo (Santa Rosa-La Pampa/Argentina)
Heterónimo de Miguel de la Cruz

Esta vez le toca a Carmen mudarse. Hoy cumple 30 años. A la dueña del Residencial de los Viajantes, no se le escapa la edad de sus empleadas. Las quiere jovencitas. Cumplidos los 30, deben irse. Esto es un trato que las empleas suscriben de entrada.
Con todo, a Carmen le cuesta saberse en la calle. El tiempo y el espacio se le han vuelto por demás tangibles. Tiene 30 años y ha quedado en la calle. Parece mentira, piensa. O eso cree que está pensando. La mente no se expresa únicamente con palabras. La voz en off de alguien que piensa, es un recurso del cine. No es cierto que se piense en voz alta. Las palabras nunca son lo bastante precisas. Las imágenes, tampoco.
Carmen no lo puede creer, si eso es decir algo. Hace un momento, descendía por una escalera, en el interior luminoso del Residencial, cargando con unas pocas ropas y unos cacharros de cocina... ah, y “The Woman at the Whashington Zoo”, el libro de Randall Jarrell que le regaló el viajante de “Lamium”, poco antes de que la editorial se fundiera. Los ventanales traslucían un resplandor empañado de luz verdosa. El brillo de un solo árbol, desde la vereda, esmaltaba la blancura del interior. Ahora Carmen parece desandar imágenes cóncavas, ecos blandos de un sueño. El fondo de la calle por donde camina, vacila en los pasos de un hombre y una mujer –una pareja de hombre y mujer, es evidente- que avanzan contra la resolana. Como esquemas de moldes de costurería, el busto rojo, la oscura pollera acampanada de ella, y la camisa inflada, el pantalón azul remarcando las piernas encorvadas de él, se juntan y se separan, se superponen y recuperan el tono diferenciado de cada pieza –ella resaltada por sus ropas, él por las suyas.
Hace un momento, una música maquinal colmaba hasta el último rincón del edificio, como ahora el reflejo de sus acordes metálicos vibrando por las vértebras de Carmen. La empujaba, la música la empujaba a subir por la escalera hasta el altillo que estaba desocupando. Al salir, cargando con su equipaje deforme, sintió que la música crecía hacia fuera, ayudándola a despedirse de algunas cosas, lo que no significa que esas cosas la saludaran. Las cosas no saludan a nadie, y nadie es una mujer que cumple 30 años y está en la calle.
Encandilada por el asfalto, ha buscado a tientas la puerta de un bar. Nadie adentro, nadie más que el mozo mirando a un comentarista deportivo en el televisor. Sentado en la barra, no ha girado en la banqueta, sigue de espaldas a Carmen. 10 minutos así, lleva Carmen con el libro de Jarrell abierto sobre la mesa, cuando un golpe de aire del ventilador de techo descubre la página 181, marcada por una mancha pálida. Carmen huele entre sus dedos el polvillo de un pimpollo prensado. Fue esa última noche con el viajante de “Lamium”, cuando le regaló el libro, que Carmen se reía a gritos viéndolo acuclillado en la cama, sin conseguir una mínima erección. El viajante no paraba de decir: “Pensé: si no pasa nada... Y no pasó nada. Aquí estoy.” Se reía de sus palabras enigmáticas. Carmen no sabía que el viajante estaba citando a Jarrell. Ahora sí, ha empezado a leer ese poema, “La cara”, en ese libro de nombre sugestivo, “La mujer en el Zoológico de Washington”. Carmen ha desempolvado su espejo.


PÁGINA 3 – NUESTRA POESÍA

Julio Luis Gómez (Santa Fe-Santa Fe/Argentina)

FUGA

Pudieron ser las otras,
las encendidas letras que en la tarde
a nuestro amor primero convocadas,
estremecían, firmes, el ocaso.

Ahora las voces son de muerte
lo del uno y el otro separando
y sólo mueve el viento las hojas tenuemente
cuando escapo.

EL OTRO

Por el minado mar,
precisa quilla,
sale,
en esa tarde el otro,
el que sospechan los gendarmes
y buscan cuando temen
la libertad del sueño en que naufragan.

Con el disfraz que el día le ha asignado
por esas calles va
mientras aguarda el aire que lo leve
a la región que nombra.
Espera
su turno hacia la vida.

REVELACIÓN

A Miguel Ángel Federik
-en el camino de Villaguay a Santa Fe-

Cuando alzaste la mano en esa esquina
supe por fin quién era.
Al lado mi mujer,
detrás los niños,
celebraban la marcha del camino
e Ítaca era el horizonte
que no se alcanza nunca
o no se quiere.

Luego fueron las puertas conocidas,
el seguro ingresar de los viajeros
pero nada era igual porque tu canto
alegraba la vida
como una rosa en alto que supiera
de la desnuda fe y la esperanza.

Ese es tu oficio,
con esa antigua voz me repetías.

Es caliente la tierra que nos dan,
y la vigilia es numerosa al aire
y no se quiebra.

Que no sepan
los que guardan el templo en su coraza
que en una tarde azul se alzan los vuelos.

JARDINES DE GRANADA

Le prometí a la Reina
quedarme en la capilla
donde sus huesos velan
para que el árabe no vuelva.

Pero calla la tarde
y hacia tu Alhambra escapo,
y tendido en tu pubis rumoroso
como aquel nazarita que del desierto huyera
me pregunto
si acaso no es el cielo
el eterno jadeo de tu noche.

CONTINUIDAD DE LOS MARES

A mi madre, quieta en
un cementerio de llanura

Mienten los que dicen
que una pared te guarda para siempre
indiferente al sol
y a los inviernos que temías

Miran el mar tus ojos en los míos
y es otra vez verano en esta orilla

Las olas te pronuncian
y repiten los hijos el asombro
cuando me abrí al mundo
de tu mano

PREGUNTAS A PENÉLOPE

¿Destejerás, Penélope, en la noche,
la engañadora túnica del día
mientras Ulises surca tu distancia
y derrite en la cera de tus ojos
la enfebrecida voz de las sirenas?

¿O le abrirás, desnuda, al pretendiente
cuando a tu puerta clame por tu lecho
y tengas cierto el paraíso
que ya es memoria entre mis brazos?

En el embarcadero, antes del alba,
me respondió tu voz, enigma claro:

ya no te lo preguntes.
Y navega
* Del libro “Razón de mí” Edición de la Universidad Nacional del Litoral


PÁGINA 4 – ENSAYO

SOBRE LAS CLASIFICACIONES Y LOS PROSTÍBULOS

Por Alejandro Bovino Maciel (Corrientes-Corrientes/Argentina)

No hay manía más propia de un obsesivo que la de las taxonomías; para un buen neurótico de tipo obsesivo-compulsivo el mundo dejó de ser caos o mucho mejor, nunca lo fue y cada cosa ocupa un sitio simbólico tal y como en su realidad cada utensilio tiene asignado un preciso punto del universo del que no debería moverse una milésima si quisiésemos ahorrarle un angustioso sufrimiento. Nada atormenta tanto a un buen obsesivo como el desorden, la impuntualidad (que es el desorden temporal) y la suciedad. Algunos psicólogos definen como "síndrome de Macbeth" a la manía de muchas personalidades obsesivas de lavarse continuamente las manos. He tenido una paciente que no pasaba un día sin haberse enjabonado, enjuagado y secado pulcramente las manos al menos treinta veces. Tardaba dos horas bañándose y en verano incurría en este vicio por lo menos tres veces al día, lo que la convertía en una sitiadora de baños. Calculemos el tiempo utilizado entre las tres duchas y las treinta lavativas manuales y podremos advertir qué la llevó a consultar con un psiquiatra.
La obsesión taxonomista es hija reconocida de la lógica aristotélica en cuyo lecho yace el pensamiento dicotómico. Sé que en Oriente esta forma de razonar es vista con sospecha pero no nací en China o Indonesia y al hilvanar ideas lo hago utilizando el método con el que crecí, es decir calificando y clasificando objetos y fenómenos para ordenar el mundo de la realidad en mi caótico mundo interior. No pretendo volver a las clases de lógica formal ni metodológica pero un simple ejemplo secuestrado del corpus del Liceo de Atenas nos servirá para iluminar la cuestión. El árbol de Porfirio (arbor porphiriana) pertenece al jardín del edén de los sistematizadotes y fue sembrado para tendernos el cabo del hilo mágico que nos llevará desde lo particular a lo general o, siguiendo el camino inverso, desde lo más genérico al individuo que culmina una cadena. El árbol guía una relación de subordinación desde la sustancia al individuo de la que están hechos. En la Isagoge al tratar el tema de las especies dice don Porfirio: "en cada categoría hay ciertos términos generales, que son los géneros y otros que son las especies terminales donde culmina la serie".
El término más general es aquel sobre el cual no puede haber nada más amplio y que abarque más. El más especial es aquel por debajo del cual no puede haber nada más subordinado. La sustancia (lo más general) puede ser simple como la arena que sabemos está hecha de sílice o compuesta como el cuerpo animal que contiene miles de elementos (hierro, carbono, oxígeno, nitrógeno, hidrogeno, selenio, cobre, magnesio…). A su vez el compuesto puede ser mecánico como un edificio o vivo como una mangosta. Los cuerpos vivos pueden ser racionales como Aristóteles o irracionales como el oso pardo. Los seres racionales pueden usar la razón como los políticos o ser mentirosos como los políticos.
¿Será que la realidad está delimitada por el lenguaje como pensaba Wittgenstein o al revés? Si bien el lunfardo no es propiamente un lenguaje ni siquiera un argot sigue siendo un código de comunicación verbal que, según dicen los estudiosos nació como vocabulario carcelario, criptograma y clave para pasar datos entre presidiarios y reos de toda laya excluyendo lógicamente a la policía. Estas "conversaciones en la catedral" del crimen y la ratería. Si nació como sociolecto del hampa creció como huérfano de excelentes poetas del tango y la milonga que lo educaron con estatus de italiano forense. El bastardo no dudó a la hora de tomar prestadas voces de origen provinciano como las del quechua, guaraní, mapuche. Tampoco se negó a dialogar con marineros de Marsella que recalaban en el puerto de la Buenos Aires finisecular. Toda palabra con sonido enigmático habló muy claro para estos buscadores de secretos, charadas y acertijos. Siempre que tal o cual palabra pudiese burlar la aguda oreja policial, se la expropiaba en bien del mal. Pero como bien dice el principio físico "a toda acción se opone otra igual y contraria llamada reacción" (escrupulosamente respetado por la politiquería criolla desde Uriburu en adelante) el secreto murió cuando un comisario de la Policía Federal publicó uno de los pioneros diccionarios del lunfardo, recogiendo el legado que pacientemente, celda a celda y condena a condena fue sembrando la cofradía carcelaria. El lunfardo pasó de ser un criptograma delictivo a discursos de políticos de Avellaneda, madamas de lupanares y poetas del tango.
Rastreé de un modo obsesivo palabras del lunfardo que significaran espíritu, alma, caridad, ética, civismo, desinterés y hallé al menos 10 acepciones de puta, hurto, rufián, fuga y policía. Es como si el lunfardo urgido por las necesidades fisiológicas se circunscribiera casi exclusivamente a las apetencias corporales y el mundo del espíritu fuese un arquetipo platónico oxidado.


PÁGINA 5 – CUENTO

VIVAN LOS DE BLANCO, MARICÓN.

Por Eduardo Pérsico (Lanús-Buenos Aires/Argentina)

- Vea don, a este paraje solía llegar una locomotora de trocha con dos vagones que sobraban para traer y llevar lo que fuera. A usted pueden servirle unas fotos del paradero adonde el trencito arrimaba cada miércoles y se iba como a las tres, – le habló al de cámara fotográfica el carrero don Lindo, quien hacía veinte años con su carretón de cuatro ruedas reemplazaba al trencito viniendo de Totoral, unos diez kilómetros.

El carrero decía su libreto como si acompasara el trote de la yunta; sin renglones ausentes y bien ensayados, acertaba nombre y fecha de las cruces que sobresalían de la huella.
- Vea, yo creo que al fin la muerte no sirve de nada – supo repetir por aquel sendero sin sorpresas que él anduviera de ida y vuelta tantas veces. Luego del primer rato, parecía que don Lindo, - un apelativo si existen para un carrero- ordenaba cada sentencia con palabras dictadas por esos potreros resecos y cruces de memorar muertes. Tan opacas que no las visitaba ni Dios. Entonces y por ahí, trote a tranco don Lindo le anoticiaba a su acompañante cierto asunto de dos paisanitos que ni alcanzaban los veinte años cuando se enfrentaron por un mundial de fútbol.

- ¿Y cómo sucedió, don? – inquirió el de la cámara.
- Ni me pregunte, algo feo de verdad. Usted sabe cuánto entusiasman los mundiales y por una de esas discordias sin valor que van creciendo, los dos muchachos sin odio y como en un juego acabaron embistiéndose más allá de todo. El hijo del único bolichero del lugar trenzado con el negrito que cuidaba ovejas del otro lado del cerro, nada imprevisto pero bien feo.
¿Se conocían?
Desde siempre, de cada día y a cada rato; todas las tardes ni bien el negrito de las ovejas terminaba su trabajo entraba al almacén, se sentaba sobre un cajón y desde ahí se hablaban. El hijo del bolichero alardeaba con su cuchilla de cortar fiambre y el otro fingía esconder algo bajo el cuero que le hacía de chaleco, nada cerca de algo serio, pero llegado un mundial de fútbol se agrandan los enconos menos serios y más baratos. Y por una de esas, - aclaró la voz el carrero- una tarde los dos se hallaron viendo un partido sin más gente alrededor.
¿Vos de quién sos? – oyó el negrito. Tal vez dijera que ni sabía quién jugaba, si aquello de mirarse a saltos al fin cubría la ceremonia de pasar el tiempo sin decirse nada; hasta ahí dijo don Lindo y el fotógrafo le malició cierta urdimbre en el relato que no le dijo.
- Sí, yo elegí a los de blanco. ¿Y vos? – apuró el de tras el mostrador.
- Entonces yo soy de los color marrón – dijo el de las ovejas y ambos se callaron. El anochecer se iría insinuando y cuando hubo gol de los de blanco, el chico del boliche se lo gritó en la cara al sentado en el cajón. Pero cuando los de marrón igualaron el negrito también lo gritó y como enseguida ocurrió el segundo gol en contra de los blancos, él salió del local riéndose a carcajadas. Quizá sobre esta misma escena el tiempo hiciera lo suyo, pero el hijo del bolichero no soportó ‘la ofensa’ y con la cuchilla de cortar fiambre enseguida encerró al otro contra el barranco.
- Vivan los de blanco, maricón – lo encaró de frente y quizá llegara a puntearlo, pero el negrito lo manoteó y juntos se dieron contra ese frontón de piedra despareja, diez metros más abajo. Todo sin el mínimo lamento, - redondeó el carrero y dejó que el de la fotos enfilara al rastro del paradero. Ya contado el asunto al rato volvieron a transcurrir la huella y don Lindo volvería hablando de otra cosa. (6/010).


PÁGINA 6 – NUESTRA POESÍA

Norma Segades – Manias (Santa Fe-Santa Fe/Argentina)

PALABRAS BAUTISMALES.

A orillas de la nada,
durante la inquietud de los presagios,
vagaron densas hordas de tinieblas desplegando una esencia inescrutable urdida en los telares de la noche por arcángeles ciegos.
De pronto,
la palabra
estalló en lo profundo del abismo.
Desnudos silabarios encendieron los hachones flamígeros del alba
y derrotaron huecos en jauría con su aliento de fuego.
El cosmos fue distancia.
Alzó la arquitectura del oxígeno rotundos arbotantes que erizaron nervaduras de agrestes transparencias
hasta alcanzar las altas soledades
más allá de los truenos.
Se reunieron las aguas en una antología de frescura
que estrelló la obediencia de su espuma contra la voluntad del arrecife
donde el tenaz asedio del oleaje golpeaba a contrafreno.
El mundo fue ordenado según el albedrío de la magia.
Geografías de arcilla contundente surgieron desde el fon do de la ausencia ocultando
en compactos corredores
sus gérmenes secretos.
Estatuyó la hoguera el susurro nacido de sí mismo.
Los rituales quemantes de la vida escanciaron
a fuerza de reflejos
el mosto primitivo de los soles desde alambiques negros
mientras la luna andaba su intemperie de escarcha cenicienta
entre constelaciones infinitas laceradas por ráfagas de eclipses
antes que naufragaran las lloviznas sobre el musgo sediento.
Después reptó la escama bajo el regazo roto de las ciénagas
y en el advenimiento de los saurios
detonaron membranas las anteras
poblando los recodos de la tarde con vestigios de helechos.
Hubo un rumor de alas
horadando las vastas lejanías hacia la inmensidad del horizonte
que paría los signos del crepúsculo entre los muslos tensos.
Derrotó la memoria el torpe cautiverio de la greda
expulsando los músculos precarios, la osamenta, los coágulos fugaces,
la obstinada nostalgia de un destino
a espaldas del silencio.
Bajo la sexta lámpara
la piel nacida inauguró los pactos,
esa alianza de luz acantilada donde las hierbas propagaban tréboles y el sonoro lenguaje de los pájaros taladraba el sosiego.
Crecía la esperanza entre las madrigueras vegetales.
No existían fronteras, patrimonios, amarras, inventarios, apetencias.
Todo era una implacable mansedumbre en la orilla del tiempo.
La Tierra Prometida.
En la consumación de las arenas
ese extraño espejismo inalcanzable fraguado por
descalzas inocencias
celebraba los días del origen.
Entonces, llegó el viento.

DESTIERRO A LA ESPERANZA.

De cómo fue que la sangre aventurera de los hijos de Castilla hacinábase en los puertos presta a embarcar con rumbo a lo desconocido, en las postrimerías del año 1493.

Los mesones del puerto son malsanos,
huelen a herrumbre,
a sal,
cebolla
y humo;
son total abandono,
una impudicia,
la esencia cruel del hambre y de sus llagas.
Ellas están aquí.
Lo sabe el cielo
y los ojos del aire
y el olvido
y los dedos del odio y los puñales
y la traición lo sabe
y la distancia.
Están aquí;
desnudas,
decididas,
arrojadas al mundo,
cadavéricas.
Su tumba las espera en cualquier sitio:
una esquina,
una calle,
una nostalgia,
una selva extraviada en sus enigmas,
altivas cordilleras,
fiebres secas,
lujurias implacables,
borracheras,
naufragios,
ambiciones,
asonadas...
Desterradas de todas las ternuras
nada piden ni dan,
pues nada queda
dentro del hosco corazón perdido
entre aullidos de sangre empalizada.
Están aquí;
estatura de silencio,
la escoria de los muelles.
las prohibidas,
las que ya no poseen,
ni siquiera,
una hilacha de honor,
una esperanza.
Aprendieron,
a golpe de tormentos,
que la vida y la muerte son
apenas
el límite sutil donde los filos
beben la luz antigua en que se embriagan,
que la tierra no alcanza para todos
y la pobreza hereda la pobreza
y el cepo
y el repudio de la estirpe
y la peste que eriza sus mortajas.
Han renunciado a todos sus paisajes,
los del alma y la piel,
los de los sueños.
Sólo el luctuoso canto del océano
las convoca,
las nombra,
las abraza.
Desterradas están,
las fugitivas,
las que en el alba elevarán las velas
hacia su propio infierno,
hacia el insomnio
con que inician los miedos sus proclamas.
Al alba partirán,
sin despedirse,
las mesnadas de harapos iracundos,
cargando al hombro sus vergüenzas acres,
condenadas al mar,
las condenadas.

PRESAGIO.

Canto de sombra por los duros presagios que preocupan el rostro de nuestro muy amado Moctezuma Señor de los aztecas.

Es el tiempo del tiempo de la octava gavilla cuando
en hordas salvajes
los heraldos del miedo escrutan los helados caminos de la sombra entre los vendavales nocturnos como lobos
revierten las pisadas del Dios de los Destierros
labran a pura náusea su azul itinerario.
El tiempo de las llagas
de augustas satrapías balbuceando plegarias que sofoquen hogueras de lenguas impiadosas
de los rabos del rayo desamarrando furias
sobre los chapiteles de los templos ungidos al Dios de las Batallas
sin lluvias ni tronidos ni aullidos desbocados.
Es el tiempo del agua
de la hondura que encrespa sus entrañas bravías
con olas como muros
derrotando abatiendo las riberas inermes
en un aire tan puro que el prodigio no cesa de pulsar los asombros
en un aire tan quieto que se quedan los ojos suspendidos del llanto.
El tiempo de la brisa arrastrando en su seno
los lamentos perdidos
el dolor a destajo de la madre convulsa
(la plañidera insomne de los días sin tregua y las noches con garras)
que deambula demente
que implora por sus hijos sin encontrar refugio para tanto calvario.
Es el tiempo del ave con cimeras de azogue habitando el silencio
revelando regiones de astros a la deriva y mastelejos de odio
de los demonios blancos montando sobre bestias en gran tropel de muerte
del viento advenedizo
parido por las vulvas siniestras del espanto.
El tiempo de la niebla siseando en la llanura
del humo antropomorfo trepando los barrancos
reptando como sierpes de escamas ominosas
repletos de ponzoña los colmillos letales
cuando las piedras hablan con sus bocas de piedra
y no quedan auroras ni quedan calendarios
solamente las naves
solamente las proas escarneciendo oleajes en las mares lejanas
solamente corceles piafando en las corolas las esporas de helechos los musgos empapados.
Es el advenimiento del Gran Dios Quetzalcoatl.
Bajo el sol inclemente callan todos los pájaros.

UN MIEDO INEXORABLE.

De cómo fue que el miedo hacía presa del espíritu de los navegantes mientras cruzaban el océano en la oscura bodega de los barcos que los conducían a un continente desconocido.

La muerte castellana es seca,
hirsuta.
Tan aciago es su nombre,
tan sacrílego,
que cercena los péndulos furtivos
con la injuria sutil de su semblante.
Pero avanzan,
sin pausa,
los navíos.
Cargan a bordo un horizonte ciego
que disputa,
a mandobles,
con la suerte,
su compacta ración de soledades.
Desde altos plenilunios,
las miradas
perfilan el desvelo de su sombra
cerca del espolón,
junto a la espuma,
en el advenimiento del oleaje.
Es el ángel de sal,
que acaso ha sido
compañero de todos los naufragios,
un polizón de horror,
con el destino
extraviado entre piélagos salvajes,
un espectro viscoso,
un dios equívoco
que desnuca arañadas pesadillas,
que se funda en bodegas,
en rincones
y jarcias
y maromas
y velámenes.
Al trasgo del misterio,
se parece
y se parece,
un poco,
a la nodriza
de senos descarnados
que amamanta
los últimos alientos de la sangre.
Conjuga el magma vertical del odio,
las fiebres insolentes,
los relámpagos,
adelgaza colmillos de escorbuto,
siniestros,
ilusorios,
viscerales.
Blasfema vaticinios,
predicciones
que la locura,
como loba hidrófoba,
acompasa a sus lúgubres jadeos
desde el cubil infecto de las fauces;
ramifica susurros,
confidencias,
negras apostasías,
amenazas,
abismos contundentes,
clandestinos,
largos pulsos de pena en los puñales;
desenvaina recelos,
arrecifes;
emancipa rumores purulentos,
mientras sucede un sol crepusculario
a hurtadillas de mapas
y sextantes.
Y el mar es tempestuoso
y no hay regreso
y andan,
los nautas,
con su vida a cuestas,
dentro de un miedo azul,
un miedo cósmico,
un miedo torrencial,
inexorable.

QUETZALCOATL.

Canto de luz por el retorno del Gran Dios Quetzalcoatl en extraños navíos a la orilla del mar de los aztecas.

Mucho más adelante de la arena sumisa
que acarician que lamen las ternuras oceánicas
bajo un cielo que escancia su calostro de luna
las yeguas del espanto cabalgan en la angustia de ojos a contrasueño
vaticinando siglos de injurias desolladas y traiciones sin tregua.
Cuculkan – Quetzalcoatl
la Serpiente con Plumas que gobierna los vientos
empuña los presagios como si fuesen fiebres sedientas de venganza
como si fuesen hoces decapitando ruegos en riberas de ultraje
como si fuesen puños como si fuesen picos como si fuesen crestas
mientras el escarmiento ruge entre las mazorcas se deleita a hurtadillas
mientras andan los miedos trepándose al instinto
y un resplandor fugaz desbarata las sombras para poblar el llanto
tal vez porque comprende que los dioses son crueles desde el odio a las fauces babeantes y sangrientas.
Cuculkan – Quetzalcoatl
Amo de la Liturgia que obstruye inexorable las jícaras de piedra a golpes de tributo
que derrama espesuras de hebras apasionadas donde aún pulsa la vida
todavía profunda
todavía ligada a su lujuria roja
todavía perfecta
con séquito de furias viene a tensar distancias
viene a alzar en el aire su azul cosmogonía:
un vendaval de cruces que vulnera la carne y quebranta los huesos
y profana las voces heredadas del trueno cuando el mundo era
apenas
el alma del rocío encendiendo las hierbas
y el hombre mucho más que esta llaga doliente expiando sus infiernos
mucho más que una pena perseguida entre helechos por dientes asesinos
mucho más que aluviones de orfandades ardientes crepitando en las pieles
y el Dador del Aliento un fantasma sin nombre un ramaje de ausencia.
Cuculkan – Quetzalcoatl
Protector del Ayuno
Gran Señor del Silencio
ha regresado en busca de la memoria larga que sustentan los fuegos en mitad de la noche
ha regresado en busca del sagrado misterio oculto en las Anáhuac
ha regresado en busca de sus antiguas huellas.
* Poemas del Libro Bitácora del viento (inédito)


PÁGINA 7 – ENSAYO

NOSOTROS, LOS INTOLERANTES

Por Alfredo Di Bernardo (Santa Fe-Santa Fe/Argentina)

El lugar donde nacemos y crecemos, la composición de nuestra familia, el tipo de educación que recibimos, nuestra pertenencia a un grupo social, nuestra adhesión o no a una religión, los contratiempos que atravesamos a lo largo de la vida y hasta el equipo de fútbol del que nos hacemos hinchas van moldeando en cada uno de nosotros una singular manera de ver el mundo e interpretar la realidad. Tan complejas y diversas son las combinaciones de estos factores, que bien puede decirse que hay tantas miradas posibles sobre el mundo como sujetos que lo miran. Sin embargo, paradójicamente, tendemos a comportarnos como si tamaña diversidad de perspectivas no existiera. Muy por el contrario, nos pasamos la mayor parte de nuestra vida encallados en la indiscutida creencia de que las cosas son tal como nosotros las vemos, sin cuestionar jamás esa mirada.

¿De dónde nace esta soberbia de pensar que la única manera válida de ver la realidad es la nuestra? Supongo que del miedo. El miedo inconsciente a que nuestra visión del mundo no resista una evidencia en contrario y entonces las certezas que tenemos se derrumben. El miedo a la duda esencial y a la inseguridad que ésta trae aparejada. El miedo a vivir a tientas, pisando sobre arenas movedizas. El miedo a la incomodidad de asumir que, en realidad, es muy poco lo que sabemos y entendemos.

Lo cierto es que de esta soberbia surge una dinámica perversa en nuestra relación con "el otro", es decir, con aquel que manifiesta poseer una visión del mundo que se contrapone a la nuestra. La irrupción del disenso nos irrita y, casi por instinto, buscamos cancelarlo. Para ser intolerante, al fin de cuentas, no se necesita transformarse en genocida, ni enrolarse en el Ku Kux Klan, ni actuar como barrabravas descontrolados. La intolerancia se cuela en nuestros pequeños actos cotidianos, mimetizada con la naturalidad de la costumbre.

Menospreciamos esas otras miradas posibles, las descalificamos con indignación. "¡Pero este tipo está loco!", "¡Qué manga de ignorantes!", "¡Es que los mata el resentimiento!", "¡Y qué querés si es un facho!". No importa cuál sea el rótulo al que apelemos, la cosa se resuelve siempre igual: los que opinan diferente a nosotros están equivocados. Hay en ellos, nuestros oponentes, una carencia, un defecto de origen que invalida su postura ante ese tema. Un vicio intrínseco distorsiona su mirada y deslegitima su interpretación de la realidad, impregnándola de una subjetividad enfermiza o malintencionada que la vuelve sospechosa y nos permite descartarla de plano. He aquí una segunda manifestación de soberbia, quizás más profunda que la anterior. Porque nada obsta a que nuestros oponentes sean, efectivamente, locos, ignorantes, resentidos o fachos, pero ¿de dónde sacamos que nuestra visión del mundo es inmaculada y no está distorsionada a su vez por nuestros propios prejuicios, limitaciones y mezquindades? A menos que podamos acreditar los beneficios de una improbable iluminación de origen divino, nuestra mirada sobre el mundo está tan teñida de subjetividad como la de cualquiera. Aun cuando creamos -y sea cierto- que estamos siendo lo más objetivos posible.

Las visiones diferentes a la nuestra deberían complementarnos, enriquecernos, ensanchar nuestro horizonte. En lugar de ello, las percibimos como una amenaza que debe ser neutralizada. No nos interesa analizar las razones que el otro tiene para sustentar su punto de vista. No sabemos de qué otro modo reaccionar ante la multiplicidad de versiones existentes sobre la realidad y entonces tratamos de imponer la nuestra. Movidos por un impulso de naturaleza colonialista, pretendemos transformar en verdad absoluta y universal algo que es apenas particular y relativo. Y como el resto del mundo es tan díscolo que no se digna a coincidir con nuestra versión, andamos por la vida despotricando contra los tarados que no se emocionan con una película que a nosotros nos parece conmovedora, contra los descerebrados que votan a un candidato que a nosotros nos resulta nefasto, o contra los imbéciles que se fanatizan con un cantante que nosotros tildamos de mediocre. Lo hacemos, claro, sin tener en cuenta que tal actitud nos involucra en un descomunal juego de espejos puesto que, ante los ojos de aquellos a quienes cuestionamos, los tarados, descerebrados e imbéciles somos nosotros, precisamente a causa de las elecciones éticas, estéticas o ideológicas que tanto nos enorgullecen.

Cuando el General Viola visitó Santa Fe en 1981 siendo presidente de facto, un periodista le preguntó si consideraba que en la Argentina estaban dadas las condiciones para el disenso. "Usted querrá decir para el consenso", lo corrigió Viola. "No, para el disenso", insistió el periodista. Viola se mostró perplejo, dijo que no entendía la pregunta y no contestó. La anécdota resulta muy ilustrativa para demostrar que en la estructura mental de los dictadores no hay espacio para la noción de disenso. Pero en la nuestra, supuestamente tan democrática, ¿sí lo hay? Día tras día, tomamos partido, apoyamos causas que sentimos valiosas y repudiamos otras que nos parecen deplorables. ¿Hasta qué punto estamos dispuestos a aceptar pacíficamente la coexistencia de miradas divergentes sobre determinados asuntos? Invocamos argumentos morales, políticos, filosóficos. religiososo o sentimentales para justificar nuestras apologías y rechazos, pero defenestramos los argumentos de idéntica naturaleza que esgrimen quienes no concuerdan con nosotros. Consideramos inteligentes a los que expresan una opinión similar a la nuestra y obtusos a quienes nos llevan la contra. Nos parece gracioso burlarnos de ciertas figuras públicas pero esas mismas chanzas aplicadas a figuras que admiramos y respetamos nos revuelven la sangre. Alzamos indignados nuestra voz de protesta cuando nos sentimos censurados pero no nos parece tan objetable que se acalle a aquellos que suelen decir cosas que no nos gusta escuchar. Condenamos la intolerancia cuando estamos incluidos entre sus víctimas pero nos cuesta reconocerla cuando somos nosotros los que la ejercemos. Medimos con distinta vara y no nos damos cuenta porque, con entera buena fe, creemos siempre tener la razón de nuestro lado.

Si esa buena fe no nos encegueciera de tal forma, podríamos percibir los motivos profundos que los otros tienen para pensar como piensan y actuar como actúan. Seguramente, no abandonaríamos por ello nuestras propias convicciones. Pero tal vez descubriríamos asombrados qué parecidas a nosotros son todas esas personas que ahora nos parecen tan distintas.


PÁGINA 8 – CUENTO

HÉROES DE VERDAD (*)

Por Loreto Silva (Pica/Chile)

Sentada en la poltrona del patio la abuela observaba a su pequeño nieto, Diego, jugar con una espada luminosa y retráctil con que daba caza a diferentes alienígenas. Cansado de salvar a la Humanidad se acercó a ella, quien cariñosa, le acercó un vaso con jugo: ―¿Cómo está hoy mi héroe?―, preguntó. Él, vivaz, la miró con simpatía y complicidad: ―Abuela, cuéntame una historia de héroes... de esas que tú sabes―. Haciéndose la interesante, la mujer preguntó: ―¿Y cuál sería mi premio?― El niño le dio un apretado beso y se sentó a escucharla.

La anciana tomó un respiro y dijo: Esto ocurrió hace mucho tiempo, a inicios del siglo XXI, en el hermoso poblado San Juan Bautista de la isla Robinson Crusoe. Allí había lo necesario para que los isleños tuviesen un buen pasar: Faro, Iglesia, Muelle, Colegio, Municipalidad, Gimnasios, Jardín de infantes, Hosterías, Gobernación Marítima, Capitanía de Puerto y Retén de Carabineros; ¡ah!, y también una plaza con un gigantesco gong colgado al centro, el que sólo se podía hacer sonar cuando un peligro acechaba a la isla.

Habitaba en él una niña, alta para su edad, tenía el pelo negro liso y la piel dorada. Aunque había llegado allí cuando a su papá, que era Carabinero, lo habían asignado, se sentía una isleña más. Aprovechando que era viernes y el último día de vacaciones, jugó con sus amigas en el roquerío, se bañó y conversaron hasta tarde. Ya estaba dormida cuando por la madrugada la despertó un movimiento suave bajo su cama, como en la isla no se producían temblores pensó que eran ratones y fue a despertar a su padre, él la tranquilizó así que regresó a la cama. Mas al rato sintió nuevos movimientos, miró el reloj y marcaba las cuatro de la madrugada, en ese momento los llamó, su abuelo desde Valparaíso, contándoles que media hora atrás, habían tenido un fuerte terremoto grado ocho coma ocho en la escala Richter, en la zona continental. Miraron por la ventana y vieron algo inusual, a los botes del embarcadero sacudiéndose y chocando entre sí. Sus miradas se cruzaron y en sus ojos se leyó: tsunami.

Su padre corrió a poner a salvo al resto de su familia. Ella reaccionó en forma inesperada y en vez de protegerse fue rauda a la plaza, donde golpeó el gong una y otra vez, con todas sus fuerzas. Los isleños despertaron e hicieron sonar campanas mientras llevaban al cerro a sus seres queridos, lo más rápido que podían. Ajena a este accionar la niña sólo pensaba «tsunami, tsunami» y siguió tocando el gong hasta que un tren de olas de unos quince metros de altura se acercó, en ese momento con el agua casi tocando sus pies huyó cerro arriba.

Minutos más tarde las olas azotaron la isla con furia extrema, adentrándose en la bahía de Cumberland cerca de trescientos metros, en una longitud de tres kilómetros y subiendo casi sesenta metros, al recogerse las aguas se llevaron lo que estaba a su paso, así desapareció todo lo existente sobre la parte baja del pueblo, quedando sólo las casitas del cerro en pie, fallecieron ocho personas y desaparecieron otras cinco, no obstante, gracias a ella, la mayoría de las personas se salvaron.

La abuela guardó silencio, el nieto absorto en la historia pregunta: ―¿Prefirió ayudar a otros antes que huir?―. La anciana medita antes de responder: ―Creo que no tenía eso tan claro, sólo pensaba: «Si no despiertan y huyen morirán todos»―. Diego con los ojos muy abiertos sigue: ―¿También yo puedo ser un héroe, tocar un gong y salvar a mucha gente?― Ella con voz suave le indica: ―Mi amor, todos tenemos un gong para tocar algún día, ignoramos cuándo tendremos la oportunidad de hacerlo. ¿Sabes? A veces es más difícil hacer lo correcto que lo juicioso―. Impresionado, el niño consulta: ―¿Y se salvó la niña?― La anciana, acariciándole los cabellos oscuros, dice: ―Así es, pudo llegar a lo alto del cerro, justo arriba de la cota diez que fue hasta donde subió el mar―. Se nota que el niño ha quedado pensativo con la historia y sigue preguntando: ―¿Cómo se llama la niña del cuento?¬― Sonriendo ella dice: ―Martina―. El rostro de Diego se ilumina. ―¿Martina? ¡Abuela, igual que tú!

Dedicado a Martina Maturana, de doce años, gracias a quien salvaron su vida cerca de 840 personas, en el tsunami ocurrido en el Archipiélago de Juan Fernández, en Chile, la aciaga madrugada del sábado 27 de febrero de 2010.
(*)Mención Especial en Certamen Literario Internacional “Alfonsina IV” 2010, en Zarate, Provincia de B. Aires, Argentina


PÁGINA 9 – POESÍA ARGENTINA

Clara Alejandra Burzac (San Miguel de Tucumán-Tucumán/Argentina)

ETERNA BÚSQUEDA

Poesía
Eterna Búsqueda

Siempre a la pasión
precede el beso,
tempestuoso, desesperado.
Al beso la caricia
que abre las fronteras
de la entrega y lo negado.
A la caricia la ternura,
que inunda cuerpo y alma
en un conjuro embriagador
y taciturno que entre
querer y no querer se va dejando.
A la ternura la mirada,
que desnuda, que descubre
y se encuentra en el otro anhelante.
A la mirada la búsqueda,
implacable de mortales
que quieren reconocer
al amor interminable.
A la búsqueda la inquietud
de mirar, de dar ternura,
de besar, de ser amado.

DAME...

Dame un beso en las manos,
te daré ternura, suave, prolongado...

Dame un beso en la frente,
te daré caricias, todas diferentes...

Dame un beso en la boca,
y te daré versos que huelan a rosas...

Pero no me mires con ojos de gato,
porque tengo miedo de que se quiebre algo

De eso que sostiene mi pasión errante,
y entonces no sé qué pueda negarte.

ILUSIONES

Tú estás en tu puerta
y yo en mi ventana,
y pienso la forma
de acercarlas.
Tal vez si mezclamos
los puntos cardinales,
se quede tu puerta
junto a mi ventana,
o mi ventana
al lado de tu puerta,
o tal vez...
¿Quién sabe?

¿O las latitudes,
si a esas las obviamos?
Estarían juntas
o quizás pegadas
o mi puerta abriera
frente a tu ventana,
o que mi ventana
frente a tu puerta abra.

Y tal vez entonces
yo vea tu cara,
y busque en tus ojos
alguna palabra
que me de ilusiones
de tener tu alma,
pero mientras tanto,
yo siga mirando
sola hacia tu puerta
y tal vez, tu mires
hacia mi ventana.

DE PRONTO

Desde el pasado tempestuoso
que arremete estridente
con este reencuentro
vibra mi alma confundida,
como entonces.

De pronto estoy entre la niñez
y la adolescencia por tu magia
encontrándome, conociéndome,
buscando en tus ojos de hombre
la mirada de aquel joven apasionado.

De pronto entre la confiable calma
de viejos conocidos
y el platónico amor atesorado
descubro mis propias realidades
tridimensionales.

Verte, oírte, tocarte...
no sé qué me mueve
no sé qué te mueve
el estruendo interior me ensordece
sólo siento el impacto.

Vive en mí tu perfume
prolongando tu presencia.
Resuenan en mente
tus palabras acariciantes.
Una inexplicable alegría
se apodera de mí
y sonriente tarareo otra vez
esa vieja canción de antaño,
la tuya,
la mía,
la Nuestra.

CUANDO TÚ LLAMES.

Cuando tú llames,
mi oído estará presto a tu susurro,
mis labios ansiosos por hablarte,
mis manos temblorosas y mojadas,
irán hacia el tubo titubeantes.

En mi pecho dolido y tolerante
el compás del ser acelerado
y mi mente llena de agonía,
de dicha y misterio atormentada.

Cuando el ring... ring... mágico
se haga realidad en mis oídos
gritaré tu nombre en silencio,
sin poder mis labios pronunciarlo.

JUNTOS

Cuando estamos juntos,
desaparece el mundo,
el pensamiento vuela por el aire
como un gorrión que a la vida abre sus alas.

En ese instante pleno, se detiene el tiempo,
se evaporan los miedos, los rencores,
y nuestros ojos buscan, hablan dulcemente,
mezclando lo sensual con lo inquietante.

Ellos conocen códigos secretos,
formas extrañas de comunicarse,
gritan en silencio sus afanes
como la rosa en su tallo.

Nada existe, sólo tu alma y la mía
en éxtasis,
que nos mantiene presos de la dicha,
de un amor sincero y silenciado.


Graciela Malagrida (Posadas-Misiones/Argentina)

LA LLAVE

La historia del que habla
o de aquel
que escribe lo que calla
siete veces siete es capaz
de dar vueltas al cuello, como
soga, collar, cadena de besos u oraciones
soldando carne, sangre, tierra y potestades.

Nada se oculta
nada, es tan artero
a los ojos de quien
siete veces siete
interpreta el corazón
del que implora solo en el desierto.

Hoy se suelta una punta
un latiguillo, una lengua
toda ristra deja un rastro
y suelta en el camino
algo de sí: una perla
una hilacha, una grieta
un lapso semejante a otro
que fue como el humo en el viento.

Nada es sorpresivo
nadie se agazapa
nadie rebuzna o rumia ofensa
donde la humildad ha plantado
más que grama
donde el amor lleva a pastar
a los mansos
donde los machos cabríos
no son usados más, para expiación.

¿Y qué hay de la muerte?
¿no mueren también los que se avienen
dóciles a la Palabra?
no, claro que no! o no sería la muerte
el regreso a esa vida
donde “siete veces” se cuenta “siete”
antes de traspasar a pie o con daga
los linderos lacrados del sigilo!

No muere el que amando
confesando a boca de jarro su fe
sin mover los labios
encuentra la llave
cuando esa luz inesperada, aún
no ha removido a las aves
de sus nidos.

ME QUEBRANTAS
Señor
de madrugada
para que hinque el alma
compungida.

Me duele el pecho
Señor
y ya no importa
si se empapan los ojos en la calle
cuando tu mano firme en mi cabeza
instala probamente
corona y obediencia.

Me sucede
Señor
que tus razones
se escapan de esta boca
señalan el camino
motean lo que tocan.

Me apasiona
Señor
rondarte sigilosa
sin dar tregua al tiempo
que es verdugo de los tibios
que no es mío.

Me nombra
Señor
la lluvia inesperada
y se despeja el cielo
el día enjuagado
que palpo las respuestas.
Alianzas y alumbramientos

En el parto de los montes
nacen sin chequeras
naranjas y epitafios
sabores salvajes
leyendas culebreras

Nunca diré garbo
habiendo sido partícipe
de una cesárea de copas
del bisturí hundido
en el follaje glauco

Bajo la luz
he sostenido en mis brazos
aromas frutales
hijos legítimos, herederos
de los términos terrenales

Nunca diré garbo
cuando mis ojos vean
felinos afortunados
o sortilegios de luna nueva
chispeando en las carteras

A vuelo de pájaro
de aquí en más
asistiré únicamente
en ocasiones sagradas
a las alianzas frondosas
y los alumbramientos

Nunca diré garbo
bajo el poder hipnótico de los sentidos
de las primorosas gasas
del ungüento
sobre las heridas

AQUELLOS OJOS RASGADOS

Prescindir de ellos
¿cómo podría?
fueron
disparadores de cardos
en una era desértica
fueron
géiseres de arena
justo en la comba
de mi sed.
Fue así
crudo y cáustico
el fin de la inocencia…

Éramos
cómplices del silencio
andábamos correteando la vida
“como Dios nos trajo al mundo”
toreando bofetadas
lejos
tan lejos del mal…

Prescindir de ellos
de veras, no podría
pues aún les adeudo
una autopista al mar
al traspié aguachento
al lapso antiséptico
al trago salado
al giro
donde muté a vestal
entre poetas.
¿Cómo prescindir de aquello
que me ató un cordón divino
que me ligó las entrañas
a la bravura
de un cuerpo inmortal?

Éramos
cómplices del silencio
andábamos correteando la vida
“como Dios nos trajo al mundo”
rozando el perdón y la aurora
lejos
tan lejos del mal…

CRUDO

Es substancia resinosa
que hace rechinar los dientes
es espada, lengua, mirada
revolviendo el espíritu
es el donaire erguido
en carne viva
y el pico filoso
seccionando el viento
en el lote helado
que linda con la muerte.

Un lince ciego
corre
en las estepas de la noche
¿sin amor?
El berro crece amargo
en las cunetas
¿sin amor?
Un hombre equis
añade colores y perfumes
a su atuendo
disfraza sus días…
sin amor.

Entre sístole y sístole
la vida se retrae
como una niña temerosa
con su falda corta
y es un despropósito
el corazón achicharrado
la pasa de uva que no impele
al instante sediento de la trova.

Es tan crudo el panorama...:
la palabra atorada
entre contrición y llanto
un pecho dilatado y en el vacío
un pez inmóvil en la Red
un código de barras ilegible
un punto ignoto en el espacio
una res sangrando
un hombre
sin amor.


PÁGINA 10 – ENSAYO

SER ESCRITOR: UN ESPEJO DONDE MIRARSE

Por Valeria Sabbag (CABA-Buenos Aires/Argentina)

No hay un manual que explique qué palabras hay que elegir para causar mayor impacto o de qué manera utilizarlas para lograr un textum, en latín "tejido", capaz de enredar amablemente al lector en una trama ineludible. "Con habilidad verbal no se hace un buen libro", decía Ernest Hemingway y, en parte, tenía razón.

En el inventario de las posibilidades, los talleres literarios son un excelente recurso para trabajar el material, conocer otras opiniones calificadas, y lograr distinguir entre los textos que tienen potencial literario y aquellos que no son más que una demostración de afecto a un entorno querido - entorno como "cosa", "personas", "lugares" - pero sin capacidad de ficción, dramatización, o manejo de ideas, entre otras condiciones literarias. Pero si sólo se tratara de asistir a talleres literarios habría una enorme cantidad de escritores ocupando las filas de los elegidos.

Lo formal, la facultad, tampoco promete ese sueño. Se asegura solamente de que las cátedras estén en sintonía con abundante material de lectura y de análisis, clasificación de diferentes corrientes, géneros diversos y ese puntillismo funcional y efectivo para armar y desarmar frases, conocer su morfología, su sintaxis, su puntuación, su semántica. Ese aparato óseo, su conexión de partes, aunque no precisamente su conexión afectiva entre las partes.

Ser un gran lector colabora enormemente con un vocabulario más rico, con encontrar distintas expresiones para referirse a las mismas cosas. "Me considero esencialmente un lector. Como saben ustedes, me he atrevido a escribir; pero creo que lo que he leído es mucho más importante que lo que he escrito. Pues uno lee lo que quiere, pero no escribe lo que quisiera, sino lo que puede", aseguraba un categórico Borges. Es preciso decir que la lectura de un autor siempre abre una puerta, muestra una posibilidad, propone un juego que activa las propias virtudes narrativas. Un autor adecuado y empático funciona como padre literario (aquel que enseña) y convida un par de lecciones amistosas proclives a convertirse en marcas. Horacio Quiroga en "Decálogo de un perfecto cuentista", en una de sus premisas, dejó asentada esa aspiración, esa relación: "Cree en un maestro -Poe, Maupassant, Kipling, Chejov- como en Dios mismo".

Sus palabras también hacen eco en las de Roberto Bolaños en "Consejos sobre el arte de escribir cuentos": "Hay que leer a Quiroga, hay que leer a Felisberto Hernández y hay que leer a Borges. Hay que leer a Rulfo, a Monterroso, a García Márquez", enumeró, seguramente, marcando a sus protegidos.

Sin embargo, leer no es tener una llave segura para deslizarse mejor entre los renglones ni es imitar. Leer a otros es dejarse influenciar. No existe un escritor sin influencias. Aquel que se dedique a las palabras tiene soplidos de otro autor en el oído cuya influencia es por sobre todo inspiración, porque si un texto ajeno tiene fuerza poética y logra ser conmovedor, se materializa en inspiración directa -cierto empuje- para crear lo propio. Entre escritor y lectura (autor y autor), hay un diálogo que enseña una forma de contar, un estilo logrado. Un esfuerzo que lucir.

Están también las otras versiones, y suelen suceder: leer demasiado termina por obturar la creatividad. Pareciera que todo está dicho, que ya otros escritores hablaron de lo que estaba por decirse. Es una sensación sin asidero pero aparece con la angustia de saber que una parte importante de clásicos ya fueron plasmados. Que las tragedias lo adoptaron a Shakespeare como hijo pródigo, que la tristeza enmarcó a Alfonsina como su predilecta, que para complejo ya existe un Dostoievski y para lo desfachatado un Bukowski, por ponerlo en ejemplos. Sin embargo hay que decir que los temas no varían, lo que varía es la particularidad con que cada escritor los vuelca sobre las páginas, encima de sus personajes y de sus historias.

Se piensa también que un escritor es alguien elegido que no tiene más que apoyar su pluma para dejar volar su imaginación, como vulgarmente se dice. Los que pasaron sus textos por filtros exigentes -talleres calificados, escritores o colegas harto probados, universidades- saben que no se trata de agitar un poco la varita (eso también) sino de trabajar los textos, reescribirlos, ser puntuales con las palabras, con la cadencia, con el conflicto, para que toda esa puntualidad se vea transformada en fluidez hacia el lector.Sobre este punto, la corrección, Bolaños aseguró lo que afirman tantos otros escritores, incluido el genial Borges: "Honestamente, uno puede estar escribiendo el mismo cuento hasta el día de su muerte". Quizás haya querido decir que no sólo las obras tienen la capacidad de tornarse infinitas sino también la metodicidad por querer perfeccionarlas. Un punto sin final...

Este aspecto merecía también la autocrítica de Kafka en "Sobre el arte de escribir", aunque cargada con más angustia: "En estos cuadernos hay, sin embargo, algo que falta por completo: aplicación, constancia y como se digan todas estas cosas [...]. Lo que a mí me falta es disciplina. [...] Quiero ser aplicado durante tres meses. Hoy sé ante todo una cosa: el arte tiene más necesidad de la artesanía, que la artesanía del arte".

Es la misma sensación con la que cargaba Chejov cuando se autoinfería culpa por no someterse a cierta conducta: "Hasta ahora he mantenido, respecto a mi labor literaria, una actitud superficial, negligente y gratuita. No recuerdo ni un solo cuento mío en el que haya trabajado más de un día. [...] He escrito mis cuentos como los reporteros que informan de un incendio: mecánicamente, medio inconsciente, sin preocuparme para nada del lector ni de mí mismo..." Lo dejó escrito por intermedio de cartas que enviaba a distintos destinatarios hoy reunidas en "Consejos a un escritor".

¿Acaso ser escritor se trata de una tortura a la cual someterse día y noche frente a los textos sin levantar la mirada hasta verlos plena y correctamente corregidos?

Depende del escritor. Algunos escriben seguido, sin respirar. Otros son lentos y van pensando frase a frase. Están los que se agitan en un principio, son abandónicos en el medio y vuelven más tarde a reconocer a sus criaturas y a hacerlas crecer. Como sea, hay algo seguro: un texto mirado por segunda (y milésima) vez está más trabajado, logra más cohesión, está afinado. Y por otra parte, una acertada reescritura lo hace vulnerable para bien y para mal. Para bien porque lo robustece. Para mal: el texto puede presentar falencias que en el primer impulso por escribir pasaron inadvertidas. La lista es larga y valdría una discusión aparte, pero habría que dejar señalada contra un rincón a la incontinencia verbal.

Tomando o no algunos de estos consejos, hay vicios que pueden ser domesticados, bibliotecas que pueden ir engrosándose, un estilo que puede ir puliéndose mediante la gimnasia, una disciplina que no sea torturante sino beneficiosa. Detalles que formarán al profesional. Aprendizajes valiosos que sin embargo no reemplazan cierta naturaleza o inclinación. Esa extrañeza ineludible con la que cargaba Virginia Wolf, asimilada en "Diario de una escritora": "También una impresión de mi propia rareza, de la rareza de estar caminando sobre la tierra. También está ahí la infinita extrañeza de la posición humana; estar atravesando Russell Square con la luna allí arriba y las nubes como montañas. Quién soy yo, qué soy, y todo el resto".

La extrañeza de preguntarse y necesitar decirlo. La pregunta que todo buen escritor debería formularse acuñada por Rilke en "Cartas a un joven poeta" que dirigió a su aprendiz: "Inquiera y reconozca si tuviera que morirse en cuanto ya no le fuere permitido escribir. Ante todo, esto: pregúntese en la hora más callada de su noche: "¿Debo yo escribir?".

Si la respuesta resultara inevitable, "cargar con este destino, llevarlo con su peso y su grandeza", en la voz de su mismo autor. "Y tener fe ciega no en la capacidad para el triunfo, sino en el ardor con el que se desea", en la pluma de Horario Quiroga.

Destino, peso, grandeza, fe ciega, ardor. Esas cosas que habitan detrás de las páginas.


PÁGINA 11 – CUENTO

RIZOS NEGROS

Por Olga Starzak (Trelew-Chubut/Argentina)

Vi a los más viejos de la aldea sentados junto al fuego que estaba a punto de extinguirse. Frente a ellos, una anciana conocida como la más sabia, hablaba pausadamente. Escuché mi nombre entre algunos otros y no imaginé, hasta varios días después, por qué me nombraba. Con un gesto invitó a los presentes a una plegaria y, desde entonces, un murmullo invadió la reunión.
Mi madre había asumido una actitud silenciosa y la tristeza se evidenciaba en sus grandes ojos negros. Sólo ahora comprendo que aquellos días debieron ser interminables para ella y que, tal vez, sus propias vivencias infantiles habían acudido a su mente llenándola de dolor y odio.
Mis cabellos largos y rizados fueron tratados de manera especial. Durante toda una noche, un baño preparado con la savia aceitosa de un arbusto y mezclada con hierbas machacadas, cubrió mi cabeza. Envolvieron mis rulos en las hojas húmedas de aquella misma planta y al día siguiente los lavaron. Me asombró el brillo y la suavidad que ahora tenían. En una gran tinaja, con agua aromatizada con pétalos de flores silvestres, también lavaron cada una de las partes de mi cuerpo. Nadie hablaba; sabía que algo raro estaba pasando, pero desconocía aún que esto era ya parte de un ritual.
Un par de mujeres me vistieron con las mejores prendas y al finalizar tocaron con sus labios mi frente. Mi madre me tomó del brazo y salimos de la choza. Noté sus manos ateridas y sus ojos nublados. En la puerta me esperaba la misma anciana que había liderado a los congregados aquel día. Antes de dejarme sola con ella, mi madre -conmocionada- acariciando mi cabeza y con voz casi imperceptible, me dijo:
-Sé fuerte. Te prometo que muy pronto todo pasará.
Caminamos juntas por un sendero que atravesaba la montaña y dejaba muy lejos la aldea. Nos detuvimos para tomar agua de un arroyo y la vieja aprovechó para llenar un botellón de vidrio que traía en un bolso, colgado de su cuello. Cuando lo sacó pude ver un cuchillo de hoja muy fina y algunos trapos.
Llegamos a un pasadizo entre dos lomadas y, sin emitir una sola palabra, me hizo comprender que ese era nuestro destino.
No me animaba a hablar. Los niños no teníamos oportunidad de hacerlo y mucho menos frente a los aldeanos de edad avanzada. Era considerado una falta de respeto. De pronto ordenó:
-Acuéstate ahí.
Y mostró un lugar protegido por plantaciones.
-Tengo la obligación de preservar tu vida y procurar que, cuando debas casarte, tu hombre sienta orgullo por ti –comenzó a explicar. - Todas las niñas de nuestra raza pasarán por esta experiencia; así adquirirán buen juicio y se diferenciarán por siempre del sexo masculino. El Dios que nos ampara así lo exige. Sólo te dolerá un poco. Si superas la prueba con valentía habrás honrado a tus padres.
Enlazó mis manos, amordazó la boca, me despojó de la ropa interior y separó -sin delicadeza- mis piernas temblorosas. Recién ahí intuí lo que pasaría. En algún rincón de mi mente había quedado guardada una conversación entre jóvenes del lugar. Lo que jamás podía suponer, con nueve años apenas cumplidos, era que el acto sublime del que ella hablaba se convertiría en la experiencia más atroz que me tocaría soportar.
Antes de atar mi cuerpo sacó el botellón y con el agua enjuagó el cuchillo.
Lloré, grité en silencio y odié con fuerza desmedida hasta que me desvanecí. Cuando desperté, un sudor helado envolvía mi piel; mi espalda estaba mojada con sangre fría y los cabellos pegajosos, apretados al cuero cabelludo.
Ya no estaba amarrada.
Habían matado mis más preciosas fantasías, la dignidad de niña queriendo convertirse en mujer. Ya no me sentía viva. Cuando me animé a llevar la mirada hasta mi sexo, lo vi cubierto de una cataplasma verde y pastosa. La vieja dijo:
-Eso va a contener la hemorragia y ayudará a que pronto cicatrice la herida.
El dolor no me dejaba respirar. El ardor quemaba las entrañas.
Permanecimos allí, a la intemperie, durante dos o tres noches. Cuando pude pararme y caminar por mis propios medios, volvimos a la aldea. Allí esperaban nuestro regreso. Me expusieron como un trofeo y elevaron oraciones interminables.
El rencor y la desolación se instalaron en mi ser. La incomprensión fue convirtiéndose poco a poco en rebeldía.

Con el cuerpo mutilado y vacío de sensaciones escapé una noche de impenetrable cielo negro. Había cumplido quince años y acababan de presentarme al hombre que me desposaría. Peregriné por pueblos desconocidos, navegué mares cálidos y conocí a personas de todos los colores. Descubrí un mundo al que no pertenecía y me propuse apropiarme de él.
Hoy, veinte años después, luchando aún con las secuelas de la escisión a la que fui sometida, recuerdo los ojos negros de mi madre; me apiado de ella y de todas las niñas que en Somalia y muchos otros países de la tierra, sufren el cruel calvario. Mientras aparece este recuerdo, mi mano aprieta la de una niña que acaban de traer al hospital donde ejerzo mi profesión. Fue rescatada de los escombros de una choza deshabitada. Pese a los intentos médicos, no pudo controlarse la infección. Hace sólo unos minutos, mientras le acariciaba sus apretados y brillantes rizos negros, sentí cómo iba apagándose su vida.
No sé cuánto tiempo ha pasado. Alguien me ayuda a levantar mi cuerpo recostado sobre la cama de la niña. Con esfuerzo separan su mano de la mía.
Ya no hay más lágrimas en mis ojos. Un renovado odio las secó para siempre.
De “Estigmas” Cuentos no tan cuentos – Editorial Vinciguerra – Buenos Aires, 2004


PÁGINA 12 – POESÍA ARGENTINA

Alfredo Ariel Carrió (Aldea Brasilera-Entre Ríos/Argentina)

LA NAVE Y SUS AÑOS.

La vida el primer elemento es el agua,
todo lo demás las manos de tu rostro
y la ventana que envuelve la visión de los lagos,
la navegación de los soles
y esa extraña cuestión de ahogadas ausencias
que jamás reconocen el tiempo extraviado
de acuarelas que quedaron atrás.

Estamos igual.
Hemos perdido la importancia de las verduras
a la exacta hora de tocar con las uñas
el horizonte que se nos viene encima
y no sabemos cual.
No fuimos,
no somos lucecitas estables para la fecundidad.
Al menos peregrinos flotando,
remando en salud los hemisferios vacíos
de nuestra imprudente identidad.

Ay que sí,
que tu moño azul es mi sangre.
Leche de vientos.
Farolito de una buena amistad.

Mañana beberemos solo agua para disfrutar.
La nave su dulzura la tierra
y adiós que me zambullo en los labios de avanzar .

Aunque los aguaceros penetren la cáscara
mis delirios se quedan en casa
junto a Rómulo y Remo y Garay.

Ahora se amanece la vieja granja de Rowayton.
Es la atlántica ventana que se escapa, que se va

Nosotros acunamos porvenires
en los veleros de una cama de miel.
Una aguja de sol asegura su popa
sólo en cabellos de vientos
que rozan el niño humor de la credulidad.

Apenas un silencio es virtud de glorietas.
Así nosotros podemos confundirnos
en cualquier cavidad .

Te abrazo debo volver.
Redimir un avión. Ser hermano del tren.

Darle cabida a una palabra
para que sume una alegría que diga y que va .

No dudes
que existe una carretera de destinos
y es ahora tiempo inaugural.

Tu moño azul .
Todas mis capas de jazmines
y la luna terminal.

Que te quiero mucho y no olvides:
la tierra el agua es el primer elemento .
Adiós que va.

LOS ACORDES DEL CAMINO

Porque es indispensable devolverle a la calle
su bullicio abrumador de asfalto maltratado,
y embestir con el grito del cartero
a los zaguanes y ascensores despiadados.

Hay una mañana que no entiendo,
unas tablas inquietas que se mueven sin aliento,
y otra vez la bolsa del cartero con mensajes
que llegaron sin sentir de nuevo
repetidos desgano que dibuja miedos.

El viento terminal me asombra los cuadernos
dejando que partan estas simples alegrías de pueblo.

Dejaré, como transportan los expresos
su atado terminal de palabras y recuerdos.

Encontraré la empalizada del reposo
para escuchar las hojas que olvidé en la ruta del misterio .

Será un acorde a cuatro manos
la campana que rescata tu silencio .

Por no poder ser más santo ni bandido,
atrozmente te sostengo.
Nadie en la ocasión afirmará este destierro.
EL compañero roba= rosas ya partió de otro puerto
y sin querer nos aproximan un indulto
que no pedimos ni queremos.

En el 76 la dignidad era fuerte
porque no creíamos en la conciliación del regreso,
y algunos sueños en el desfiladero
vieron con lágrimas una larga pena de almácigo
de labios y gatillos en la vida oculta ,
y la estrategia de jazmín recuperado.

Muy verde será la naranja que toque la república del miedo.

Es linaje musical su regreso.

Fruto de cansancios regresarán los carteros
con sobres y estampillas de países
donde se escarban los sueños,
de países honrados con tormentas sin huecos
donde no tirita nadie por causal de canción.
Su silencio.

PASAPORTE A LA ESPERA

Hasta aquí llegaron los inmigrantes
de las boinas con colores de encontrar
y el prodigio del hambre
para conocer las justas manos de todos .
El día ronca sobre los alambrados.
Una luminosa garra pero no se enamoró.

Anteriormente te decía que debíamos reparar la casa
y que tus ojos por siempre están en la caja de música
de una milonga que se ahogó.

Qué ratones tenían los rufianes del silencio
penetrando en tus baúles de abril
para matar guitarras y ponerle luto y cartón.

Puede que nuestro mundo se terminó
cansado de despertar fatigas y adioses .

Ocurre que un brillo de botella
se acomodó en la noche tapialada
de escaparates que cubren tu luna.

No sé.

Estoy aburrido de las antiguas canciones ,
de las viejas muchachas y de las muchachas viejas ,
descolgando las ventanas para que se me caiga el sol .

Porque en los últimos tiempos
los vientos profanaron
mi camiseta, el olvido,
la resistencia, el mega, los anticuarios,
la farsa de estar juntos
y esa instancia que tienen las palomas
de observar de costado el amanecer .

Qué se yo vieja antigua maravilla de un desastre .

Tengo mi última valija
y en subasta de miedos
un pesebre en venta
sobre los acantilados del perdón.

Las llaves que perdí fueron confiscadas
y es una suerte que nadie encontró ni demandó.

Fumo a lo Argentino en Ezeiza
para contrabandear sonidos que tienen de luto
las comadres de un tifón naciente .

Por favor cuiden de las perras,
el retozo constante de las perras
porque de mi perro corazón me ocupo yo.

No dudo que en el camino algo salta
y convierte mi vida en feria de pulgas,
en circo constante
y que por todas las vidas sonará el saxofón.

En la Aduana de Abrazos
se empaña la prisión.
Qué se yo .
Hay señales certeras que almorzaremos juntos
un día cuando decreten una ley de magia
y una visa auténtica a la respiración.

“VENGO DE BROOKLYN, AMOR”

Los desesperados gozan hacia el final de la huida.
Es saludable cambiar las mesas
y partir sin gesticular,
sin explicar porqué vino la maleza
sobre los rostros que concurren del sol .

Eso si :
las escobas de la sombra
perderían su tiempo y dormiríamos tranquilos .

Vengo de Brooklyn, amor.

Del tacto que tienen las salvaciones de Brooklyn
y de las ventanas que no guardan rencor .

En la primera de cambio
aprendo a amar de una vez por todas
y me sumerjo en la lluvia y sus quehaceres.

Todavía las paredes no se juntaron
y la convivencia de las hojas
no me piden permiso
con su puñado de almácigos malditos,
en el viento que va
en la peregrinación que viene .

Ay pequeña:
me olvidé que tengo tres pulmones
y una pierna renga
y una túnica con breteles
y una muchacha que me espera
en la garita donde se reparan las tristezas.
Amo el trabajo, te dije.
El de las palabras con música de Goyeneche
y el de las tácticas que aúllan compañías
con un silencio que nunca tuvo tos.
Ahora se me viene el pulso que contamina
sobre la Avenida Washington.
Partí de una Aldea Entrerriana
a la Capital de los grupos sanguíneos .

Qué barbaridad la poesía.
Se me escapan los entonces.
Debe ser porque sólo andamos en dirección indiscreta
y por necesidad nos convertimos
en espantapájaros sin dueños
y en canarios con sombreros que no dicen porquerías .

No queda alternativa.

Volar debajo de la tierra con mis tres pulmones
y recordar como rechinaba el viento en la ingle de esos días .

ENTRE AMORES Y TORMENTAS

La Memoria complica los tiempos
y solita es capaz de apartarse con su Brigada de Olvidos
a otras tierras donde no duela tanto .
Por casualidad las Tormentas
bendicen los signos vitales de un Amor en gloria.
Un puñado asolado de rostros
registra en ironía nuestra única historia .
Como las madreselvas es prestigiosa
y no se convence de sus paraísos terribles .
Hay que tener cuidado con los movimientos absurdos
porque van montados en alertas de encendidos mimbres .
Es bueno recordarla en los caminos :
vieja de las manos sin Gerentes .
Julia :
existe un ala muerta en los horarios discriminados .

Siempre los ojos se sorprenden cabalgando
hasta llegar a la huerta donde gotea el agua .
Julia despacito:
hacen glu-glu también los abandonos
de los cuerpos latiendo a contramano .
Recuerdo algún delirio de reliquias ,
un Mundo Fabricante de Candados
y una medida de vodka entre los tréboles silenciados .
Digo quizás :
venceremos las penas
para tener militancia en la aureola .
Sobre tu mechón sincero
se pierden los remordimientos de congojas .
La piel tiene una Clave de SOL: Canta .


Carlos Barbarito (Pergamino-Buenos Aires/Argentina)

ANSÍA PENETRAR, HUNDIRSE, DESAPARECER...

Ansía penetrar, hundirse, desaparecer
entre los últimos pliegues. Morir, no morir:
hay un descanso - se dice a si mismo-
en la peor de las fatigas. Así
como la sangre es espesa y roja,
y el deseo conforma animal con dos espaldas,
la presa huye de lo que, acaso,
con sus garras y dientes, podría salvarla.
Un sol sucio deriva por el agua.
Alumbra cuanto engendra el fruto más amargo.
En un rincón oscuro, nueces y sogas.
Las horas roen la madera, el papel
que fuera carta desde El Havre
ahora confirma que el mundo
está irremediablemente sumergido.
Pregunta, nos pregunta: ¿existe
algo que no sea imitación, falsedad, copia,
una moral para la materia del relámpago,
sabiduría que no sea hija
o nieta de traición o acoplamiento?

I

¿Qué es de los muertos? No sudan,
ni tributan, ni expectoran. Nunca tarde,
temprano, áureo, consolidado.
¿Arderá dentro de un rato el agujero,
una rata vendrá a alumbrar
con sus ojos el más ajado de los catecismos,
regresarán aquellas leves sábanas
en el mediodía de Túnez, de Chipre?
Es no. Es telón sin escenario, al pie de un improbable paraíso.
Es profecía que se vierte, para nadie.

Pero, ¿qué es de los vivos?

II

Cada cual con su lengua, su silla plegable,
su reloj detenido en una hora
anterior a la borrasca, su fruta preferida,
su modo de amar y cerrar la puerta.
Y cada uno con su desnudez,
personal, intransferible. Y
cierta amarga libertad,
cierta y dulce esclavitud,
un sitio en el interminable cortejo
que atraviesa las aguas
hacia una hipotética tierra firme.

ANDUVIMOS JUNTOS ENTRE PEQUEÑAS HOGUERAS...

Anduvimos juntos entre pequeñas hogueras
que ardían en medio de la noche. Pero
eso fue antes de que el agua se tornase roja
y algunos encontraran lascivia o castidad
sólo en la muerte. Un hijo se asomó
por entre los muslos y ofreció el Mar y el Libro.
Pero eso fue antes de las raíces
a flor de tierra y los tallos sepultados,
el súbito relámpago que a nadie contiene
y a nadie perdona. Alguna vez
fue abierto el hasta entonces obstruido pasaje
hasta una alta sombra siempre encendida. Pero
eso fue antes de la peste agazapada
en ruedos y escotes, del derrumbe
de la primera estrella, la última de las casas.
Eso fue antes del coro de las piedras,
de la gran fisura por donde escaparon
caminos, ciudades, ríos y animales.
Dijeron cincel, porte, cuello, fábula,
y también nardo, cenit, helecho,
y rocío, música, rueda, eco. Pero
eso fue antes del silencio y la ceguera,
de los seis toques a las puertas,
del repliegue de lo conocido
hacia una hora que nunca en hora comienza
y siempre, puntual, bajo escorias, concluye.

DICE: SOY EL ENEMIGO, LA PREGUNTA QUE DEVUELVE...

Dice: soy el enemigo, la pregunta que devuelve,
vacía, el espejo, una camisa nueva
sumergida en un agua sucia.
¿Y su gesto desde la hierba?
Ya no sueña. O sólo sueña.
Le quedan una hora desnuda,
la rugosidad, el abrasivo,
la confusa trama del deseo
sin costado, un florecer fugaz
a los pies de cualquier viento
ya marchito. ¿Qué es cierto?
¿La cuerda tendida allá arriba,
inalcanzable, la boca del sulfuro,
la herida que quema, aquella remota
mirada que se resigna?

RÁVENA

Cuando no se lo espera, gira el viento.
Contra los viejos muros,
los viejos mosaicos.
El viento.
Atardece seco en la memoria.
Anochece en la camisa del débil
que lleva mi nombre
y sabe que jamás llegará a Oriente.
Alguna vez infancia, hollín,
creosota, sábanas.
Un temblor
de agua en el agua.
Y alguien que corría
porque ya era la hora.
Porque algo, abismal, invisible,
lo llamaba.


PÁGINA 13 – ENSAYO

JAIME GIL DE BIEDMA
(1929-1990)

Por Harold Alvarado Tenorio (Santiago de Cali/Colombia)

Muchos años antes de su muerte, ocurrida el 8 de Enero de 1990, Jaime Gil de Biedma se había convertido en un mito para la literatura española y su consagración como el más renovador de los poetas peninsulares de la segunda mitad del siglo pasado era evidente. Tanto para sus compañeros de viaje y generación, como para los poetas mas jóvenes, fueran novísimos o posteriores a ellos, el alto ejecutivo y el poeta catalán había revolucionado con sus escasos cien poemas, la lírica escrita en español. “Con su muerte se va una parte de mi vida” dijo José Manuel Caballero Bonald. “Nadie, en la poesía de este siglo, nos ha dejado tal cantidad de poemas y versos memorables” expresó Francisco Brines. “La poesía de Jaime Gil de Biedma es una de las mejores del siglo XX” sostuvo Ángel González.
Hijo de una familia vinculada a la aristocracia castellana, -su abuelo paterno fue Javier Gil y Becerril, senador vitalicio por el partido conservador; y el materno, Santiago Alba y Bonifaz, gobernador de Madrid y ministro de Marina, Estado, Instrucción Pública y Hacienda-, pasó los años de la Guerra Civil Española en una finca cercana a Segovia, estudiaría en Barcelona el bachillerato y parte de su carrera de abogado que concluiría en la Universidad de Salamanca, para luego hacer estudios de especialización en economía en Oxford, donde descubrió la poesía inglesa, una de las fuentes definitivas de su prehistoria poética. Desde muy joven ingresó como ayudante de su padre a la Compañía de Tabacos Filipinas, cargo que le llevó a todos los rincones del planeta, pero fundamentalmente al oriente, donde forjó cierto definitivo desprecio por su propia clase y su afecto y atracción hacia la belleza de los marginados y excluidos, donde encontró el placer y la justificación a una existencia maltratada por el dinero, el paso del tiempo, las excelencias de un gran poeta y un secreto y perverso amante de su propia imagen platónica.
En Compañeros de viaje (1959) puede encontrarse la arqueología del personaje poético que creó en sus libros posteriores.
Muy pobre hombre ha de ser uno —dice en el prefacio— si no deja en su obra —casi sin darse cuenta— algo de la unidad e interior necesidad de su propio vivir. Al fin y al cabo, un libro de poemas no viene a ser otra cosa que la historia de un hombre que es su autor, pero elevada a un nivel de significación en que la vida de uno es ya la vida de todos los hombres, o por lo menos, atendidas las inevitables limitaciones objetivas de cada experiencia individual— de unos cuantos entre ellos.
Al publicar Moralidades (1966) y Poemas póstumos (1968) el Otro, «Jaime Gil de Biedma», había encontrado su voz. En el primero se amplían los temas de Compañeros de viaje, con una conciencia definitiva de su concepción poética. Gil de Biedma abandona toda esperanza de solidaridad colectiva y se queda consigo mismo. No es que presuma su condición única, sino que, por saber qué ha sucedido en la historia colectiva y no encontrar, en la cultura del franquismo, una respuesta a sus expectativas, sus miradas e inteligencia se vuelvan sobre el todo social. De allí que pueda hablarse de poesía política, creada desde la íntima experiencia.
En Moralidades predomina el tema erótico. Gil de Biedma sostuvo que sólo había escrito un poema de amor, y que los demás, son poemas sobre la experiencia amorosa, «un diálogo entre la historia amorosa, o entre la escena amorosa que retrata, y mi conciencia, es decir, yo». El amor en sus poemas es casi siempre un encuentro fugaz en un bar, una noche de prostíbulo o en casa ajena, con personajes que, como en Kavafis, existieron para perdurar en el texto.
En el ensayo que dedicó a Jorge Guillén dice que el amor, siendo tema literario habitual en Occidente, se halla en relación distinta a otros, como la nostalgia de la infancia, el sentimiento de caducidad de la vida o la esperanza de un mejor mañana. El amor—«que termina siempre mal»—, es una invención literaria que sin dejar de ser experiencia, sería lo que los franceses de entre siglos llamaron belle passion.
Poemas póstumos ofrece un personaje, conflictivo y matizado sicológicamente, que sabe de la pérdida de la juventud y el acercamiento de la muerte. La ironía del título remite a alguien que no es él mismo, que no puede reconocerse en la imagen que sus poemas anteriores le habían impuesto. Ha sucedido una transición, el tiempo ha hecho desaparecer al Otro, al que en Moralidades estaba en conflicto con su clase, con el tiempo y la historia. Ahora el conflicto es consigo mismo: los fracasos, las resacas, la destrucción de los mitos personales y colectivos y la ruina de Eros. El «paso del tiempo y yo» es su leimotiv. El protagonista de estos poemas es un adulto que padece los sentires del poeta joven, con un sabor a poesía maldita que enfatiza en los encuentros pagados, terminando por certificar la desaparición de ese «embarazoso huésped» juvenil, sin tener por quien reemplazarle y sin saber «como será sin ti mi poesía». El presente ya no es suyo, ni la vida, de la que se recuerda sin saber dónde está. La derrota es definitiva.
Lo que hizo de la poesía de Gil de Biedma un resultado pleno de su tiempo, no fue sólo la comprensión del papel y la conciencia del individuo en sociedades contemporáneas, sino la distancia, el alejamiento, con que se mira a sí mismo, a sus actos y pasado. Como si hubiese sido vigilado por la moral, la lengua y los ojos, del Otro que nos acompaña. Ironía, aliteraciones, desenfado, rimas internas, máscaras, asonancias, sordina, cambios rítmicos, refracciones, parodia y desdoblamientos son las claves de su lenguaje.
La fundamental experiencia del vivir —escribió en El pie de la letra — está en la ambivalencia de la identidad, en esa doble conciencia que hace que me reconozca —simultánea o alternativamente— uno, unigénito, hijo de dios, y uno entre otros tantos, un hijo de vecino. El juego de esas contrapuestas dimensiones de la identidad, que sólo en momentos excepcionales logran reposar una en otra, que incesantemente se espían y se tienden mutuas trampas, cuando no se hallan en guerra abierta, configura decisivamente nuestra relación con nosotros mismos y nuestras relaciones con los demás. Era ésa la experiencia, creía yo, que debe servir como supuesto básico de todo poema contemporáneo.
Poesía de la experiencia que continuó una tradición no «española», pero si «occidental», desde los tiempos cuando López Velarde y Cernuda, Eliot y Manuel Machado hicieron de la ironía y la dicción coloquial laforguiana, los instrumentos literarios de la modernidad. El orden y las melodías de los poetas del dieciocho desaparecieron al ser arrojados de la historia sus valores y sentido de la vida. El poeta moderno inventó nuevos signos, descubrió otros significados para dar imagen a un mundo sin rostro, y como remedio a su abandono, volvió sobre sí mismo, sobre lo único que posee, su adentro, su otro yo, que ofrece a todo el mundo para salvarse con las palabras, no sacralizadas, como uno mas entre la multitud. Poesía de la experiencia que no imita la realidad o las ideas, sino que propone un simulacro de ellas en el poema.
«He sido de izquierdas —confesó Gil de Biedma a un periodista— y es muy probable que siga siéndolo, pero hace ya algún tiempo que no ejerzo». Vivió los últimos años en Ultramort, un pueblo de unos trescientos habitantes, en el Alto Alpurdán.
En un viejo país ineficiente, / algo así como España entre dos guerras / civiles, en un pueblo junto al mar, / poseer una casa y poca hacienda / y memoria ninguna. No leer, / no sufrir, no escribir, no pagar cuentas, / y vivir cono un noble arruinado / entre las ruinas de mi inteligencia.


PÁGINA 14 – CUENTO

ESCUELITA DE FRONTERA.

Por Carmen Rosa Barrere (Posadas-Misiones/Argentina)

Entré a la cocina como un bólido, enarbolando la carta: — ¡Me nombraron, mamá, me nombraron! Mi madre, que revolvía sobre la cocina a leña una gran cacerola con polenta, me abrazó con ternura y me enrostró sin lástima: — Me alegra mucho, hija. Me alegra de corazón…Vas a ser una muy buena maestra…Solamente espero que no te resignes a vegetar colgada de la teta del gobierno…Su rechazo por “el vegetar” la pintaba en cuerpo y alma. Heroína en batallas caseras, su cerebro rebullía de ideas de pequeños emprendimientos, capaces de alejar de las puertas de los hogares a la taimada miseria. En aquellos tiempos, a los acomodados en empleitos oficiales de morondanga todavía no se los llamaba ñoquis. Encuadrados dentro del diseño estaban los que esperaban compasión del Estado, dentro del sudario del no puedo, no me animo o no es para mí.
Mi madre era todo un personaje. Mujer enérgica, inteligente y laboriosa, había enviudado con nueve hijos para criar y educar. Lo hizo sin rogar asistencia a extraños, empezando con tareas agobiantes para las que no estaba preparada pero que sirvieron para que nunca tuviéramos frío ni hambre, a pesar que se vivían los duros años de crisis mundial. Lo único que ese pequeño batallón disciplinado como hormigas, no alcanzaba a cubrir, eran los pagos de los alquileres. Cambiar de barrio, hacer amigos nuevos y ayudar a mamá a plantar los árboles de paraíso para sombra, para mí era una aventura cinematográfica ribeteada de sorpresas. Encontraba amigos nuevos, futuros compinches para travesuras a la hora de la siesta. Era la menor, la malcriada, la única con berrinches esporádicos de sublevación laboral. Mis hermanos hacían changas, iban al colegio y crecían sanos de corazón y muy unidos. La miseria fortifica los lazos de la sangre, enseña a compartir y a entender que vivir no es un chiste.
Empezaba el año 1943. Vivíamos en un Territorio Nacional y a los docentes los regía la llamada Ley Lainez. Mi hermano mayor ya crecido, se desempeñaba como gerente de una empresa extranjera. Ganaba quinientos pesos mensuales, mientras yo, la mocosa, aparecía cada mes con mi cheque por la astronómica suma de ciento noventa y seis pesos con veinte centavos. Los directores de escuela tenían auto, casa propia, mandaban sus hijos a estudiar a otro lado y alguno hasta era propietario de una chacra donde plantaba yerba o té. En los pueblos chicos, la llamada clase media alta, estaba conformada por los profesionales, el Juez de Paz, el Jefe de Policía, los maestros y los empleados del único banco de la zona. En su ámbito, cada uno era ejemplo de dignidad, de trabajo y honradez.
Mi hermano mayor me acompañó hasta mi lugar de trabajo. En medio de una selva cerrada, sin electricidad, teléfono ni asfalto. Convenció a un gringo dueño de un almacén de ramos generales que me aceptara de inquilina de una pieza pequeña, sin pretensiones. La letrina quedaba alejada de la casa, no existía el papel higiénico, así que había que arrugar las hojas de papel diario, para suavizarlas antes de fregar el trasero. Hacia un costado, un cuadrilátero rodeado por cuatro chapas que no alcanzaban al suelo, atravesado arriba por un palo, sostenía la lata con agujeros por la debía caer el agua para el baño.
Instalada, cruzamos la ruta polvorienta para hacer mi presentación. Yo iba tiesa adentro de mi guardapolvo almidonado, llevaba el pelo recogido en una cola y mis zapatos brillaban a fuerza de betún. La escuela era un rancho largo de madera con una galería, dos aulas, dos maestros y un director plantígrado que me auscultó de arriba abajo. No sé lo que él vio. Yo enfrenté miedosa a un hombre excedido de peso, de mediana edad, con una panza que hacía reventar los botones del guardapolvo blanco y al que no le interesaron un bledo mis altos promedios y desafió de entrada mis airecitos citadinos. A pesar del desaire evidente, bajé la vista con respeto. El hombre era mi Director, no era mi amigo.
—Le voy a dar primer grado — Dijo como haciendo una concesión. Para aclarar acto seguido y en franca ironía: — Acá no le van a servir ni María Montessori ni Pestalozzi…Tenemos ciento cinco chicos anotados para ese grado…A lo mejor llega a enseñarles a poner su nombre cuando toquemos fin de año…
Me puse colorada por la rabieta. Mi colega varón me guiñó un ojo y la otra me puso el brazo sobre el hombro. Mientras mi hermano hablaba con el Director, ellos me enseñaron el colegio. El techo de tablitas superpuestas, enganchadas al tirante con un solo clavo; los bancos largos, igual que los pupitres; la segunda madera del piso, suelta desde tiempo inmemorial. Si se entraba pisando fuerte, saltaba por el otro extremo; el excusado, lejos, y más lejos aún, el pozo de agua a balde…y ahogadas adentro de sus aguas, mis locas ilusiones de resultar una digna émula de Don Domingo.
La población escolar era de las llamadas golondrinas. La mezcla de razas impresionaba; chicuelos rubios como el oro, morenitos brasileños, paraguayos que hablaban solamente guaraní, una familia de suizos y una mezcla de otras etnias que no pude identificar. Los niños que pasaban de grado eran los hijos de los propietarios de tierra, que permanecían dentro del aula todo el año. Los otros, hijos de los podadores de yerba o té, se mudaban de zona concluida la tarea. Mis alumnos desaparecían entre el polvo, corriendo detrás del carromato paterno, seguidos por sus perros o arrastrando un cerdo. Controlados por Gendarmería, el nuevo ciclo escolar los reinstalaba en el aula, en un eterno primer grado. Algunos ya tenían casi quince años. Atento a mi desolación, mi hermano se quedó un día más. Compró cartones, clavos y martillo y colocó entre tabla y tabla de mi cuarto, empezando por el piso, tiras anchas que impedirían el acceso de víboras, ratones, alacranes y otro sinfín de habitantes selváticos, que rodeaban la casa en mitad del monte.
El colegio funcionaba en tres turnos. Me asignaron el de la mañana y esperé el amanecer casi sin dormir.
— Bueno hermanita…me parece que la tarea que te espera es dura…pero te servirá para crecer. La última parte, con la voz quebrada. Mi hermano Capitán tenía conmigo una debilidad especial, le costaba largarme sola en esas soledades.
— No te aflijas…Mis compañeros me gustan…Y enseñar me gusta mucho más—Respondí con aires de poderle a todo.
Muchas lágrimas derramé en ese “poderle a todo”. La primera tarde tuve que coser los tres Registros donde se anotaban los alumnos, que tenían capacidad para cincuenta. Los míos eran más de cien. Llegaban a la escuela de tierra adentro. La mayoría descalzos o con alpargatas bigotudas o sin suela. Otros, y de estos me acuerdo bien, cinco hermanitos montados sobre un escuálido jamelgo gris, con el espinazo arqueado por el peso. Ordenados, sin piojos ni piques, venían los niños de los más pudientes. Si en el trayecto alguno era atacado por una víbora, el maestro ensillaba el caballo y lo trasladaba hasta Gendarmería, donde había suero antiofídico y un médico. Algunas veces, el suero surtía efecto. Otras muchas, se llegaba tarde y nos enmudecía el dolor.
Mis discípulos hablaban el idioma de sus padres, albergados en la tierra misionera por ser ella rica y generosa. Una noche entendí la ironía del Señor Director, que no quiso burlarse. Quiso bajarme los humos para que aceptara la realidad de enseñar en esas condiciones, sin saber que yo era una peleadora. Mis niños trajeron choclos viejos y duros. Los desgranamos y con ellos les enseñé a contar. Con cartulina armé docenas de abecedarios con minúsculas y mayúsculas para que juntando letras, aprendieran sus nombres. Nunca canté bien. Pero intentar entonar Aurora con ese grupo al que jamás llegué a identificar del todo, siempre me hizo llorar. Los sábados trabajábamos hasta medio día. Imborrable el respeto de los padres convocados para armar las fiestas de la Cooperadora en la planchada cedida por nuestros amigos, los vascos Urrutia. Y el recuerdo que llena siempre mi corazón de esperanza: Atravesar un yerbal extenso, con la cara seria pero sin temor, mientras los tareferos se chistaban entre ellos para avisar que yo estaba pasando; alguno tarareaba una guarania, y el más osado me entregaba un ramito de flores silvestres algo mustias. Aprendí que el hogar educa y la escuela instruye, respetando el docente la educación, religión o color de los alumnos. Elegir el magisterio es para personas fuertes, que merecen ganar lo suficiente y gozar del respeto y la cooperación de los padres. Abiertos los comedores escolares si faltaba la cocinera, los maestros de turno nos arremangábamos para cocinar, enterados de la hambruna de los niños. No necesitábamos defensores porque nadie nos atacaba y estábamos conformes. En el Bicentenario, añoro esa Argentina y rezo para que retorne.


PÁGINA 15 – POESÍA ARGENTINA

Miguel de la Cruz (Anguil-La Pampa/Argentina)

Poemas del libro "El sendero sin bordes" de Miguel de la Cruz y El taller blanco
Heterónimos con seudónimos

ALIENTA BLANCA

a la memoria lunar de Robert Graves

Con una serenidad de tono grave
le hablaría a sus hijos
la madre de todos los ancianos antiguos.
Esa voz se mezcló con el viento
y andará buscando una corriente
por donde entrar a una cabeza dormida.
Mezclarse en un sueño
y ser mascullada en la oscuridad. Alguien siempre tendrá
que sobrellevar esa voz al despertarse
y hablar por ella con un tono que sacuda
el silencio enredado en la contención.
Poesía caderuda, tetona y rolliza,
en la raíz de mi sexo siento que crece
el monumento a la diosa. Lo que parece
espacio en blanco entre palabras
es ella que respira.
Miguel de la Cruz

ANIMALES DETRAS DE UNA SOMBRA

Una mosca vuela detrás de su sombra;
cuando se acerca demasiado
-cuando la sombra se agranda en la pared
doblándola en tamaño-
retrocede, la mosca elude el choque.
El juego perdería gracia
de volverle la espalda a su sombra.
Cuidarse del peligro, sí; negarse
a su proyección, no.

Menos se divierte el perro de afuera
persiguiendo sombras de pájaros rasantes.
Les ladra sin disfrutar del hechizo,
desquiciado por atrapar el arquetipo
de carne y hueso. Es un perro
y por lo tanto es un cazador: pretende
hacer de cada persecusión una presa.
No es animal de excederse en ademanes
detrás de un simulacro;
la imagen apagada del doble lo exaspera.

A los pájaros nada les cuesta alzar el vuelo
y separarse de sus sombras.
Una tentativa que se convierte en trampa
para la mosca, cuando se arroja
deslumbrada por la claridad de afuera.
Zumba, contra el vidrio,
y del otro lado, un pájaro picotea en suspenso
la imagen de la mosca transparentada.
El perro atropella el ventanal
y entre sus patas
la sombra arrebatada del pájaro
se confunde con la suya.

Así de breves

luz y sombra
coinciden.
En un estallido.
Tulio Sandoval –apunte r 19

ECOS DE UN POZO EN LA OSCURIDAD

Primer trueno. Reventó el sueño
que yo dormía sin saberlo. Creí que soñaba
con la confusión que empezaba a entender.
Mi mujer de entonces
había saltado ante el relámpago de la ventana
cuando me sacudió un segundo choque de nubarrones
100 veces superior a bombos, aullidos y petardos
acumulándose en las paredes internas
del dúplex donde vivíamos
;,bómbecos aullídecos y petárdecos
acumulándose en los ecos
del barrio monobloquítico desde que allí
vivíamos, a pesar de todo lo demás
que estábamos, bien mal, allí vivíamos,
aluvionados zoológicamente bajo la selección
natural del vecindario, pagando la diferencia,
por no tener fuerzas de clan para irnos.
En esa infraestructura de nuestra posición
nos apoyábamos en ejemplos de fenomenales
simetrías como relámpagos y truenos,
y el vértigo ante la inexistencia de futuro
se equiparaba con la densidad de un abismo
que deja oir los ecos momentáneos del presente
y la voluntad rebota, el deseo rebota, no se diferencian
de los órganos que les insuflan
humor y sensación, qué salida tienen
fuera de una cabeza y de un pecho, mimetizados en las ondas
cerebrales, conviviendo con los latidos del corazón.
Voluntad, deseo: en mutuo desacuerdo
se desencantan, se oprimen y se frustran.
Cualquier programa de a dos
quedaba por la mitad, entre nos.
Proyecciones de un apagón a la inconsciencia
nos impedían recordar los sueños.
Una pantalla en negro no era imagen
para representarnos los sueños que olvidábamos.
Ni un cero, siendo el más geométrico de los números,
redondeó ese olvido soñado.
Sueño y olvido, tampoco escaparon a la simetría.
Día y noche, vivíamos semidormidos.
Aquel trueno sonó magnificado como el futuro inexistente:
de allí venía llegando -de la inexistencia futura-,
dando martillazos de dios nórdico en su eterno retorno.
100 veces superó el estruendo al cazabombarderos que una mañana
rompió la barrera del sonido a cuadras aéreas de la ventana de abajo
y el vidrio casi le estalla en la cara a nuestra hija menor: La pequeña golondrina
miraba la sombra del dúplex estirándose
hasta cubrir el parque, a esa hora
todavía desierto, digno de un espíritu migratorio
balanceándose entre las hamacas inmóviles. Y su mirada redobló su azul.
Ese barrio nos trajo problemas de la mañana a la noche.
Una gravedad enfermiza de fondo.
Una agudeza de sentidos obsesionados.
Mil veces lo maldije con calamidades de posguerra.
Quise que el barricidio se desencadenara de una, sin que mediaran las escalas
de ablandamiento que van preparando la ofensiva final.
La descarga del trueno se extendió en varias réplicas
por el encadenamiento de hormigón
y abrió un tímpano receptivo a la batalla del cielo.
La que entonces era mi mujer se recortaba contra
un tembladeral eléctrico. Inmovilizada. Era una silueta en espectro puro.
Cómo hacía para mantenerse neutral
ante los corrimientos de la tormenta
en preparación, así fuera una escaramuza de cine catástrofe, una antigualla
del terror nocturno. Cada choque entre nubarrones sonaba
a una fricción entre placas del continente prediluviano que se gestaba.
Y ella neutral. Cómo hacía
para soportar sin máscara
los electrodos de esos arcos voltaicos,
si no era su sombra únicamente, si era ella y sólo ella, todavía,
mi mujer de entonces.
Nunca sabré por qué le pregunté qué le pasaba.
Dijo, sin mirarme, que no había despertado
de una pesadilla. Peor. 100 veces peor
que estar despierta y creer estar soñando.
Acababa de abandonar un inframundo. Y ella neutral.
Lo había dejado en la misma posición en que estábamos los dos.
Mirábamos al oeste. Ese era el punto neutro del cuadrante mortal
donde descienden los astros, suena el ángelus, la anima se silencia
en de profundis. Mirando al oeste, ella narraba en esa dirección.
Y yo escuchándola, tuve cantado el título del futuro poema:
"Ecos de un pozo en la oscuridad".
Alguien moría a medianoche. No puede volver, le dijo un ser
de blancura templaria que mediaba entre ella y el cadáver
descendiendo por su peso muerto al abismo
-sin semblante, ni sexo, ni época, desheredado de sus bienes
y sus multas. Tiene que descender, le decía, sus posibilidades
suman un aprendizaje inconcluso, ha cumplido su edad definitiva.
Mi mujer de entonces me atestiguaba
esa dimensión escondida debajo de la tormenta, soltándome como suspiros de alivio
las palabras de su relato, pasiva ante un espectáculo
de alto voltaje, con sus audios poderosísimos que se demoraban en seguir
resonando, abriendo ecos más allá de la
oscuridad encandilada, "ecos de un pozo en la oscuridad".
La ventana dejó de vibrar. Retrocedimos al sueño de dormir.
Temprano al otro día sonó el teléfono. Había muerto a medianoche
la mujer de Ricardo, mi tía política, la ricardona de mi pobre
loca familia que tanto le gustaba pellizcar, ahogar y enfrentar a sus niños
para que se irriten, se asfixien y luchen cuerpo a cuerpo
por una coca cola o un vaso de coñac.
Otro cadáver dejaba en blanco un retrato de familia.
Lo habían bajado en ascensor
desde un octavo piso, metido en una funda de plástico.
Con mi mujer de entonces nos miramos. Y así empezamos
a callar para siempre la constancia indemostrable
de que hubo un inframundo y no un sueño
entre nosotros dividiéndonos. Mirarnos fue guardar el secreto
y empacar otro silencio cerrado
en la mudanza de nuestra separación.
Aquella noche no llovió.
Miguel de la Cruz

EN LA ISLETA DE BLANCO

¿Cuántos éramos en aquel picnic?

Domingo al mediodía,
en una isleta de caldenes.
Mi primera visión impresionista:
mujeres sentadas de lado,
sobre manteles a cuadros,
y qué violáceas las sombras
que opacan sus caras
y la blancura sin vello
de sus piernas y brazos.

Feliz de hacerme a un lado,
sin que se me note.
Cuál es mi punto de apoyo,
no lo sé;
en la observación me desintegro:
me pierdo en observar
las imprecisiones de la vida
y vuelvo a preguntarme:
¿Cuántos éramos?
No saber de qué hablan
entre un mantel y otro,
es mi evasión.
Los hombres,
parados.
¿Por qué no se sientan?
¿Para sonar más alto?
Mujeres a sus pies.

Feliz de estar en todas partes y en ninguna.
De pronto sé que el picnic
se va a quedar por la mitad,
un corte en el cine.
¿Cuántos lo advertían?

Se ha emborrachado un muchachito,
hijo de una modista y de un sodero,
futuro electricista de la usina del pueblo.
¿Él nos dará luz?
Hay que volver.
La luz busca caminos que bajen
a la casa de cada uno.
Hacia allá vamos,
enceguecidos de lo que nos rodea.
El sol corona la realidad.
Todos los deseos de igualdad
fueron a parar al caos del muchachito.
Las mujeres piden ayuda, los hombres
parados, todavía.
Vamos, que hay que levantar al dormido.
Ah, y guardar la vajilla
en las canastas, doblar los manteles.
Éramos unos cuantos, a ninguno recuerdo,
salvo al borrachín fantasmal,
yo vestida de punta en blanco,
soy la menos visible ¡con esto les digo todo!
Quedaba interrumpida la sobremesa.
El mundo no tendría descanso de ahora en más.
Mara Robledo

LA MIRADA QUE ESCONDEN LOS OJOS

dos lobos mezclaron su sangre
en un pétreo abrazo.
Georg Trakl

Mirarnos a través de los ojos
y vernos en una mirada olvidada, no vernos ya
en las pupilas que la delatan. Mirarnos
como se miran

idénticos
incestuosos

dos lobos alrededor del bosque. Un mirarse
en el ciego reflejo de reconocernos
como hermanos que fuimos

vos como ella
yo como él

i n n o m b r a b l e s

¿Dónde, cuándo, los
olvidaron, cuáles fueron
sus verdaderos nombres?

Hoy los parques, ayer la floresta
caminan, caminaron. Ella le enseña, le
enseñaba a él,
a distinguir
por las ondulaciones del aroma
un sendero de hierbas cadenciosas
a través del bosque;
quiere, quería, iniciarlo
en el ritual bifurcante de los sentidos
que entran y salen por el aire
respirado, átomos eternos de la carne desaparecida.
Y él, bocarriba, tendido

en la hojarasca, cierra y cerraba los ojos
para escuchar mejor el pataleo
crujiente de los escarabajos
entre nervaduras ennegrecidas
de un humus resinoso; quiere, quería,
escuchar los trabajos de un vientre
que come de sus crías, porque hace nacer
lo que va a morir
y es ésta la medida de su permanencia.

Música de escondrijo y vapor de fumarola
envuelven, envolvían
el instante
en que nos acordamos de cuando éramos hermanos
separados por la apariencia de ser

ella como vos
él como yo

Abrigados en otros cuerpos
los hermanos se desnudan
y juegan a mirarse por primera vez.
¿Qué ven?
Ven la mirada que esconden los ojos.
No ven los ojos. Saben que amarse
es desconocerse.

Se alcanzan hasta donde no se pueden ver.
Se rozan, y desaparecen.
Leandro Vaz


Horacio Ligoule (Salta-Salta/Argentina)

ÑOKHANCHIS

1.

Yo, un hijo de blancos.
Yo, que no encuentro lugar entre tanto espacio robado.
Yo, no escucho en estos vientos sino el grito de los antepasados otros, no el de mis abuelos. Otros.
Yo, no espero ya del tiempo más que espejos. Un hilo de luz reflejada. Un ìnfimo punto de sombra donde encontrarme.
Y es que yo, el hijo de blancos, el blanco, no he podido serenar las voces que esos vientos traen.
Algo repite: "_ Pasará, ya pasará" pero no lo creo. No sin antes haber trepado al Árbol, antigüa madera, frutos de piel. Ese árbol que lastima la tierra con raíces hondas, esas frutas que quieren volver a la tierra con la prometida renovación.
Respiro. Y hasta el aire huele ajeno.
Respiro y ese aire se agazapa detrás de la mirada. Está listo para disparar las palabras.
Yo, hijo de blancos
Yo, que no encuentro lugar entre tanto espacio robado.
Yo, sólo espero que las palabras se derramen sobre el pecho.
Y dejen de ser otras, y den tierra, sol y luna, y ojos para ver. Espejos que nos miren.
De frente.
Alguien deberìa habernos enseñado a preguntar...

Ñokhanchis

Ñokhanchis

Ñokhanchis

2.

Antes hubo "ITAJ"
Y todo cambió.
Porque un día hubo fuego. Pero este fuego fue diferente. Vino desde otro lugar y tuvo otro destino.
Porque el fuego nuevo no abrigó otra cosa que una ambición como no se conocía.
Hirió la tierra para lograr la riqueza de unos. La miseria de todos.
Hasta lo más hondo saqueó su alma, y la vida de sus hijos.
Tierra violada.
Tierra incendiada.
Cómo treparìamos al Árbol ahora
Si su antigüa madera ardìa de muda llama?
Cómo sus frutos de piel madurarían
en cada palabra "ÑE'Ê" necesaria para renovar la tierra de sangre dolida.
Tierra de cruces en ocre y rojo muerte.
Magros frutos ajenos laminados en oro y plata.
Sólo nos queda no olvidar lo que somos...

Ñokhanchis

Ñokhanchis

Ñokhanchis

3.

Yo.
Después de tanto fuego "ITAJ" olvidado.
Yo.
El que no encontraba lugar entre tanto espacio robado.
Yo.
Sigo escuchando en estos vientos el grito de los antepasados.
No esperaba màs que un hilo de luz, y algún espejo que se atreviera a miarame.
No pretendo serenar las voces en los vientos.
Elijo escuchar.
Elijo que sean también mías.
Entre las cenizas del Árbol viejo hay aromas nuevos.
Hay "ÑE'Ê" buscando lo mismo que aquellas que me dieron Ser.

Ñokhanchis hijos de esta Tierra

Ñokhanchis las brasas bajo las cenizas

Ñokhanchis el cuerpo, la casa de tanta Voz americana


PÁGINA 16 – ENSAYO

LOS QUIJOTES DE CADA CUAL

Por José Ruiz Guirado (El Escorial-Madrid/España)

No sé si me dará tiempo, en este Día del Libro, acabar este artículo. Se ha entregado en Alcalá el “Premio Cervantes” al poeta mexicano José Emilio Pacheco. Además del talento, confluyen en su persona, el humor, la modestia, y la sencillez. He leído en distintos medios el incidente de los pantalones. Es irrelevante. Sí lo es, que se haya escrito que es un poeta chileno. No por nada en particular, sí por falta de información de quien ha de informar. Pasa como con los apellidos españoles, frente a los extranjeros. Siendo estos más complicados de escribir, lo hacen bien. Hoy debiera ser un día importante para cualquier escritor. No lo sé si sería para el propio Cervantes. Uno de sus delitos –si así se le puede llamar- fue el no tener título académico que le acreditara. ¿Qué le acreditara de qué? ¿A qué vino el apócrifo Quijote? ¿Quién lo escribió? No se va a dar nombre alguno, sino una respuesta: la envidia. Que en este gremio los cuchillos están bien afilados. Molesta, incomoda, estorba una voz honesta, una conducta limpia. Pero siempre hay quien, a la sombra acecha. Anduvo preso. Se vilipendiaba a las mujeres de su casa. No hubo tanto desprecio hacia quien habría de ser el escritor que representara nuestra lengua por el mundo adelante. Ya se sabe que escribir es morir en esta tierra que nos habita. Pero aún así seguimos en la brecha, por si damos algún día con nuestro retrato. Para nuestra fortuna tenemos en los caminos manchegos una figura famélica, subido en un rocín, seguido de un escudero, en su pollino. Uno, que siempre ha sido aprendiz, se quiere imaginar lo que le habría costado a este hombre, con la vida que llevó a sus espaldas, tener la tranquilidad, el aplomo de escribir una obra sin rencor, sin odio. No fue una venganza, sino el recado de amor de un hombre, que con sus pocas luces vino a señorear el verbo español por las lenguas del mundo. Le estoy robando el tiempo a la noche. No necesariamente por ser el día que es, aunque mucho me place que este poeta haya sido distinguido con el nombre de tan sin par escritor. Ya decíamos que este oficio tiene mucho de ingrato, de soledad, de desdén. No es igual quien ha nacido en un hogar –fortuna del destino- donde no falta de nada. Que quien haya venido al mundo donde no hay para lo elemental. Y en esas circunstancias decirle al padre, que en lugar de echar un cable en casa, quiere dedicarse a las musas. Si no hay para la cena, cómo ha de haber para un cuaderno. ¿Habremos llegado a tiempo en este día? Como si hubiese que cubrir hoy algún expediente. No hay nada que decir. Para un servidor es un día más, una noche más que acudo a esta cita. Se alegra por quien es. Qué le vamos a hacer. En mi casa hubo pocos libros, salvo los que uno se fue comprando poco a poco. Había otras necesidades más urgentes e insustituibles. No sé cómo, pero había un Quijote. Desde temprana edad lo fui leyendo hasta hoy. Durante este tiempo tuve la sensación de leer Quijotes diferentes. Me interesa el último. Y sospecho que aún descubriré algo nuevo, inédito.


PÁGINA 17 – COMENTARIOS DE LIBROS

ROSTROS DEL AUTORITARISMO
Mecanismos de control en la sociedad global de Carlos Fajardo Fajardo

Por Carlos Guevara (Santiago de Cali/Colombia)

La obra de Carlos Fajardo Fajardo, ya se hable de sus textos en verso o de sus escritos ensayísticos, es indudablemente expresión de la poesía: anuncio patético del dolor continuo en que deviene la existencia; señal del desgarramiento espiritual que sufre el hombre contemporáneo como resultado de la enajenación, del consumismo irracional, de la afanosa e inútil búsqueda de horizontes que armonicen la vida; lamento o elegía por un bien perdido y, a la vez, anhelo de reencuentro con un sueño extraviado entre las infructuosidades y la urdimbre engañosa de la política y la agitada vida del hombre masa.
Rostros del Autoritarismo es efectivamente un libro pleno de poesía. La poesía aparece en él como revelación de lo inesperado. Lo inesperado consiste en decir lo que se quiere callar, en revelar lo que se teme anunciar. Decir, de repente, con las palabras que son, lo que todos presienten y nadie acata a pronunciar. Porque así es la poesía: fuerza que torna en luz la oscuridad; antorcha que se impone en el horizonte la nuestra cotidianidad amañada y abúlica, para develar las sombrías trampas en que han quedado cautivos y siempre aplazados los ideales del devenir histórico. Por las páginas del libro de Carlos Fajardo, por cada una de sus líneas, pasan los temas trascendentales de nuestra propia historia. En él, su autor clama por una moral auténtica y diáfana ante la existencia, por una ética en la que de nuevo podamos confiar unos en los otros, una actitud a través de la cual sea posible recomponer el celofán delicado de la vida colectiva, prostituida por los atentados que desde los diversos flancos de la mentira se han lanzado contra nuestros más delicados sueños.
Este libro es como una intervención necesaria en ese silencio cómplice en que vivimos, enmudecidos por el terror al otro, aterrorizados por los desencuentros, ateridos por el frío de esa soledad del tumulto sin humanidad en que nos consumimos a diario. En estos breves ensayos la palabra adquiere las dimensiones de una tribuna que no es posible silenciar, de una tribuna que se enfrenta a ese babear de la comunicación ordinaria en que nada se pone en claro, en que todo se confunde y se esconde, en que todo lo que se dice es una conspiración contra la verdad. Esta obra es una moción por el diálogo franco y profundo en el que cada palabra dicha deja adivinar la posibilidad de otras formas de existencia, de otros caminos distintos a estos que no conducen a ninguna parte y que nos pierden más bien entre la niebla de los vapores que emergen del alicorado ámbito social en que ni siquiera parece subsistir el sueño de constituir una nueva forma de humanidad.
En la obra de Fajardo se constata el triste espectáculo de una sociedad que ha perdido el contacto con la verdad, con la palabra como entidad sagrada que permite y garantiza el crecimiento espiritual del hombre; este texto nos advierte, con honda preocupación, que todo se ha rebajado; que el hombre de hoy se ha revenido, expuesto al vacío de las inclemencias mediáticas; que por encima de los más puros ideales, sobresalen las trampas traicioneras de la fuerza, de la injusticia, de la estupidez, de la ignorancia más atrevida y del cinismo elevado a la categoría de virtud y de inteligencia.
Y, bajo toda esta siniestra orquestación, como sustrato sustentador de esta caricatura de sociedad, el texto nos remite quizá al hecho más desolador del problema: los medios de comunicación, por su misma condición, llamados a develar las mentiras, a velar por el respeto a la coherencia, a la verdad, a difundir los grandes metarrelatos que orientaran la espiritualidad colectiva, son, paradójicamente los punta de lanza de los totalitarismos: A través de ellos, como en el cubilete de un mago, se hace fácil convertir el bien en mal y lo mediocre en excelente; hacer que lo conveniente sea visto como peligroso; transformar las buenas intenciones de algunos en soterrados intentos de desestabilización que deben ser castigados; convertir la búsqueda de la verdad en acción clandestina y atentado contra el orden y la armonía social. Y ante toda esta monstruosidad, ante tanto atrevimiento, el alelamiento social con aplauso de fondo y con solidaridad incondicional: una sociedad extraviada que toma como dulce mixtura el engaño, como delicioso licor la burundanga de las bodegas mediáticas, que se embriaga en la inmundicia y que es capaz de cualquier sacrificio, hasta la vida misma, por defender estas formas de existencia adulteradas y letales.
En fin, son tantos y tan profundos los problemas que aborda el libro de Carlos Fajardo que describirlos es abusar ya del tiempo concedido a esta presentación: la sola enumeración es extensa: problemas como la globalización, el sentimiento colectivo de culpa, la culpabilidad por asociación, el consumismo, la irreflexión crítica, el silencio por miedo o por estrategia, la videopolítica, el vertiginoso acaecer de acontecimientos que pasan por estos cielos de artilugio como fugaces estrellas que en un instante se destruyen dando paso a otros acontecimientos igualmente efímeros; nuestro insuperable atraso científico, la proclividad a la violencia y a la astucia como formas de vida, todo ello circula en la obra como permanente presencia.
Y todo este universo alucinado e increíble, está presentado, no obstante, en el marco del más lúcido y delicado encuentro con la palabra; es decir, aquí, el lenguaje se hace poesía, y al hacerse poética, la palabra remite a horizontes de sentidos nuevos, y descorre los velos de un mundo oculto que nadie quiere mirar, de un mundo que es promesa de devenir luminoso y posible para nuestra sociedad. Surge entonces aquí, la figura del poeta, del intelectual comprometido, del hombre que resguarda en su corazón, como querencia sagrada, toda la dignidad perdida de una sociedad, todos los sueños que parecieran haberse hecho trizas, todas las esperanzas que se habían considerado diluidas, todas las luchas que se creían perdidas.
Un libro de este tenor no implica que su autor esté loco – como decía Borges de quien escribía un libro -; es más bien un acto heroico este dedicar la vida a buscar y expresar la verdad, más allá de la misma seguridad personal, más allá de cualquier ambición mundana, más allá de cualquier canonjía envilecedora de tantas que los totalitarismos tienen en sus manos para premiar la complicidad y el silencio de todos. La obra hoy presentada, obra de poeta, sin exageraciones, cumple su finalidad de manera brillante: ella nos sustrae a esa reductora realidad empírica y nos entreabre horizontes de sentidos profundos y misteriosos que nos permiten adivinar con esperanza, aunque con cierto desgarramiento, caminos para superar este estado espiritual de abulia y mentira y trabajar por otras formas de existencia auténtica que lleve a superar esta premodernidad centenaria y vergonzosa y a visualizar una modernidad en la que luchando hombro a hombro, honesta y honradamente, en libertad de conciencia, los hombres puedan llamarse ciudadanos.

Libro publicado por Le Monde Diplomatique. Bogotá, 2010


PÁGINA 18 – CUENTO

NIÑO A LA ESCUELA

Por Julio Carmona (Chiclayo/Perú)

Tener cinco años no fue un triunfo.
Cuando lo escuché de labios de mamá, me sorprendió doblemente porque la noticia vino acompañada de esta otra:
-Ahora podrás ir a la escuela.
¿Qué era eso?
-Varios niños para jugar y una maestra para estudiar.
Por lo primero la cosa era prometedora; pero por lo segundo, ¿qué?
-Para que aprendas a leer, a escribir, a sumar, a multiplicar...
Y el día de ir llegó. El trayecto fue largo, a pie, al lado de mamá, cogido de su mano, la misma mano que tocó la puerta marrón de dos hojas con ventanas de fierro encima de las gruesas maderas. Una de ellas dejó ver el rostro alargado de una mujer de edad indefinible (era la señorita Raquel, la Directora del jardín: que mis recuerdos le sirvan de oraciones, como solía decir mamá), ella abrió la hoja derecha de la puerta por la que entré yo, primero, casi empujado por mamá, que habló con la Directora como si la conociera de años; mamá me miraba con cara de lástima y hasta de arrepentimiento. Yo había anunciado con tajante decisión que sólo me quedaría si me gustaba el lugar. La directora me palmeaba la cabeza, suavemente, como midiendo mi estatura. Y yo la dejaba hacer, aunque mirándola con una seriedad cerril.
-Entonces lo dejo –se atrevió a decir mamá. Y ese fue el detonante para que de mi garganta saliera un chillido estridente que a mí mismo me sorprendió.
-Pero mira, hijito, ¡cuántos niñitos como tú!
Y, en efecto, sorteando la falda ancha de la Directora, al ponerse de perfil, se abrió el panorama de un patio colmado de pequeñas carpetas ya ocupadas por otros niños y niñas que, duchos en el asunto, apenas si se dignaron mirarme. El que menos hacía algo, aunque fuera hurgar el techo con los ojos. El panorama, en realidad, era desalentador y hasta, si se quiere, desolador. Y preferí estar en el patio de mi casa rodeado de juguetes o haciendo garabatos en las paredes.
Me aferré al vestido de mamá, hundiendo la cara entre sus pliegues, resistiendo a los tenues tirones de manos que se obstinaban en convencerme de quedarme allí. Hasta que cedieron en su intento. Fue entonces que descorrí lentamente el vestido con que me cubría la cara. Y, oh, maravilla: la vi a ella, con sus grandes ojos verdes, sus cabellos castaños, su rostro sonrosado y sus labios rojos y sonrientes. Y, lo más sorprendente de todo, la vi avanzar hacia mí, siempre con una sonrisa de cielo recién hecho, y dejando que me zambullera en las lagunas tiernísimas de sus ojos, me tomó de la mano y me condujo, sin que yo opusiera la menor resistencia, mirándola embobado, hasta su carpeta (mientras mamá desaparecía sin el menor interés de mi parte) e hizo que me siente a su lado.
Estaba condenado a enamorarme –por no defraudar a Freud– de mi primera maestra y también mi primer amor.


PÁGINA 19 – POESÍA AMERICANA

Gabriel Xirgu i Javaloyes (Gitano-Bogotá/Colombia)
Gitanos del Tercer Milenio

RITUAL DE LA BAMBOLA

Es otro día para mover los brazos como aspas
luego de buscarte bajo la cama y las cobijas
hasta pararte otra vez con tu cabeza
para andar este día entre el mismo saco
y poner la caricia del asombro
sobre tu frente y tus reflexiones
ante las circunstancias y mediar
en la vida y la muerte que muerde los pies
y te hinca a fondo los colmillos

Vuelves a sumar tus necesidades
no tengas pena no es de pobres
arder en el hielo de esa hoguera
o sepultarse al borde de ese mausoleo
remienda este día con la aguja del ayer
y confía en cuerda floja de tus fibras
cuando fumas el aire en los pulmones
cuenta tus amigos y repásalos con la risa
lleva tu cadena al cuello y ese retrato
al salir a la calle no olvides tu alma

Es otro día para abrir el horizonte del ojo
y azotar la luz con las pestañas
abrir las celdas de la frente
con la noticia del pan en el vientre
porque vuelves a sentir el amor
ese amor tan odioso posado en cada poro
Antes de ponerte el sueño despierta

Es otro día para aferrar la tabla del naufragio
con el órgano oral de tu silencio
y tomar la palabra por la derecha
sin que tu mano izquierda lo sepa
para abstenerte de ser pobre como los ricos
cuando atizas el fuego de tu frío
eres la victima más amada de ti misma
vuelves y vuelves a ponerte el cuerpo

Por este día cubres las ulceras del cansancio
con la flamante bandera del orgullo
Esta bien la dignidad nunca sobra
ante las fauces abiertas de las hienas
y los pasos acompasados de los caballos
llevando cretinos caballeros
mientras el panadero te amasa el rostro
el carnicero piensa en todas tus partes
al afilar los cuchillos eléctricos

Es otro día para redoblar tu aliento
y triplicar las ganas de siempre
Con esa bondad rencorosa volver
y coger a codazos el miedo
por el énfasis y el nexo de tus piernas
entre tus ingles nunca inglesas
te he soñado esta madrugada
rompiendo el lienzo de tus hábitos
para dar a luz toda tu libertad.

TÚ, ERES LA QUE SABE

Isabel tiene la guitarra de la espalda
pulsada por los versos del poeta
y sonríe con los párpados de madame Alexandra
Sus brazos son retoños de abedul
guardan corazones y cantos de ruiseñor
Isabel tiene los ojos de bosque incendiado:
Acaricia su mirada con un rozar de alas
y en la cabeza lleva el vuelo de los pájaros
Entre sentimientos encantados --nos encanta-
La visión que construye en medio de la destrucción
Isabel "Tú eres la que sabe"
La vida y la poesía es todo y es más
que unas nalgas de manzana prolongadas
por las piernas de una amazona
o la geometría adolescente de unos senos
formando una sombra devoradora de sombras
Isabel tiene el vientre constelado de ternura
Los costados ondulados de olas
y poderes sobrenaturales para sentirlo todo
Isabel abre las paredes y decora las ventanas
y atrapa mariposas para reconstruirlas
Hace que en su casa de duerma en paz
sin necesidad de morir en el sueño
Y no me importa despertar un segundo antes
para reanudar mi vida de Apocalipsis
Isabel puede hallar la alegría donde gotea el dolor
puede vivir más vidas que un gato mestizo
de los tejados de Estambul
y sentar a Belzebú para enredarle la intención
mientras come tallarines y le pone la cola al burro
Isabel es la dama de hierro y el aire más claro
Puede evitar la fatiga de nuestro ser mortal
con el trino de un beso que toca el oído
Isabel puede transformar el vino en café
o en jugo de granadilla andaluza
Isabel puede evitar que llueva en Macondo
y revertir las estampas del presente
cruzando mi voz con sus dedos cruzados
Isabel puede salvar a todos los ateos indefensos
ante las conspiraciones del bien y del mal
y amar por los siglos de los siglos
con la música profunda y grave de su voz.
Para: María Isabel García-Mayorca

AL FINAL DEL PRINCIPIO

"Y el caso es que he venido asido a una esperanza,
no puede pasarme nada que no sea mi destino"
Antígona - Sófocles

Esta mujer se apresura a beber su dicha
antes de que se acabe hace bien
Me notifica con una voz prestada que se va
y toma la dicha sin saborearla
por instantes se ahoga con su respiración
yo sólo miro el alcance que tiene
con zapatos altos y sus medias de seda

Cierro el pico Pájaro recién venido
entre rojas astromelidas y caballos de humo
no pido ni acepto limosnas del aire
a pesar de que las ganas me muerdan
cuando sus dientes orgullosos toman
el destino naranja e incierto

Esta mujer pone brillo conejo en sus orejas
al celebrar la unidad y lucha de contrarios
me niega la verdad con ojos enmascarados
escapa a la contradicción de la contradicción
por el sudor inquieto de las manos
la medito y escribo sin lápiz
hasta que se va Sin darse cuenta:
Deja la mitad de su razón repartido
esta tarde crepuscular del siglo
sobre la arena del tiempo El destino
ciego de entendimiento juega la suerte
apostando todas las fichas de la razón

Me quedo con las manos vacías entrelazadas
con mi cabeza calavera de trigo y fuego
la risa se me detiene en sus pasos
batalla de escalones y escaleras
que ruborizan de palidez sus mejillas
por el de antes y el recién venido

Dejo que se vaya con su dicha Ya volverá
clamándola con sus labios bilingües
Dicha tan pensada ojalá haya de durar
hasta antes de que se acabe
entre la sonrisa cristalina de esta mujer
Solo se que la quiero es verdad
nada más puede pasar que no sea
el juego irracional del destino
la convocatoria de la sin razón el grito
-Señoras y señores hagan sus apuestas-
ahora tengo el dolor y la ventaja
de saber que así es la vida.

EL FANTASMA

"Yo me cuido de ciertas noches ulceradas
De los pulcros caballeros
Porque uno no es el atril donde las gentes
Quieren leer sus arrulladoras verdades"
Juan Manuel Roca

Ya sé que estoy sudando tinta
sin poder decir o hacer lo que me dicen
He perdido mis manos negras
en el fondo de una noche con espanto
Siento de verdad -El canto de las moscas-
y pongo el gusano de la vida
para interrumpir el ritual de muerte

Aunque volviendo al caso Señores y señoras
soy un fantasma que pasa
por estás manzanas de concreto armado
vengo como otra forma de ir al horizonte
con una lágrima arrullada en los ojos
mastico la risa del atardecer
ante sus grandes corazones de palo

Ya se que padezco de tantas miradas ciegas
detenidas sobre las telas que me visten
no por ocultar el cuerpo sino por llevar los sueños
preguntan por mis señales particulares
el domicilio donde duermo el papel que juego
por limpiar la carcoma de esta pesadilla
al hablar con la patria que me sabe

Aunque este también es mi país Su país
señoras y señores soy fantasma
no puedo evitarlo también soy extranjero
a la indolencia ante tanta guerra sucia
Hay en mí un dolor por cada muerto
asumo con éxito la inmensidad del llanto
al cepillar mi vestido con un minuto de protesta

Para terminar de aprovechar este momento
quiero dejar una mala noticia buena
Soy de un corazón que me ama
y del hogar perpetuo de los gitanos.

MAMA

Nos dejas partir con la contraseña
de tus brazos y tu cintura
torneados en nuestro abrazo
entrecortado por suspiros largos
por los edificios y las calles
sentimos tus arrullos sobre los espinos
con tu voz pulsando nuestra frente
idéntica a tu temperamento
Sin cartas de presentación ni cedula
llevamos la memoria de tu vientre
cuando vamos con nuestros pasos
sin lugar para otra herida
en la piel y el sótano del costado

Siempre llevamos de ti
la primera noción del mundo
tejida con la esperanza de tus manos
entre oficios de hilo y agua
construyes escaleras sin distancia
con tus oraciones silenciosas
vences nuestras angustias
por los parpadeos del rebaño
desnudo entre el ardor de tus labios
ante los abismos y los inviernos cerrados
sacas a bailar una sonrisa
renacida en nuestras entrañas
como si la vida apenas comenzará.

HOY ME DUELEN LAS PALABRAS

En esta casa callada no descanso
los espías de mi memoria
buscan la estrella que llevas
en la noche de tus cabellos
Estoy perdido en la oscuridad y de todos modos
con los pensamientos crispados
danzando como tragafuegos en mi pecho
desvelado por tu lejanía
No duermo estoy encandilado
por la luz volátil del las cigarras
arrulladas por tus labios
cuando gritan otras voces heridas
con el rumor de pasos sobrevivientes
germina otra mañana de sueños pisoteados
En el espejo del agua ya no encuentro
mi rostro de ayer con ojos oscilantes
sobre tu imagen y tus hábitos profesionales
enciendo lámparas de aceite
para celebrarte en la catedral de mediodía
ahora que estoy rn mi casa paterna
ocupada por un arcángel renegado
que invita a sus compañeros:
Uno mal pescador y patrono de acueductos
y el otro componedor de desacuerdos de paz
Ya no digo nada Hoy me duelen las palabras
Dejo mi billetera de exiliado
para el pago de facturas y otras cuentas
Salgo a la calle sin identidad ni dinero
en los bolsillos vacíos guardo las manos
con el tatuaje de tus mejillas
junto a otras prendas personales:
La foto de Lucía la estilográfica.
la dirección de Orozco el poeta
los números telefónicos de Isabel y Alejandra
y la última carta de Ángeles
con manojos de amor y despedidas
Yu aliento sopla en la soledad de mis huesos
sobre el dolor de mi voz ya sin voz
te convoco con la sed del desposeído
portador de un equipaje de besos
Aun me arde la espalda por la puerta cerrada
y este ser ángel y demonio a la vez
cuando voy perseguido por estas calles
donde sale a negociar vidas la muerte.


Adriana Tafoya (México DF/México)

EL DERRUMBE DE LAS OFELIAS

Desconfía
que tan importante es el silencio
que necesario es no callar
Del chapoteo de los lagos
desconfía, del murmullo de los ríos
del reflejo débil de los charcos
Porque mujeres extrañas
se sumergen en los mares
y en cada estanque la silueta
de alguna Ella
se encharcó

No son hierbas negras
los cabellos desmadejándose
entre nenúfares enmarañados
Son cabelleras destejiéndose en encaje
como viejas telas en el agua

Extrañas mujeres se ahogan en los estanques
y bajo los narcisos, reposan

Sus cabellos se derriten en el agua

Se sumergen, tal vez
cuando el mundo
se hace incomprensible
y buscan respuestas tragando agua

Luego
sucede lo contrario
y con sus cuerpos nutren de sabiduría
al pájaro, dan color a sus plumas
al siervo que lame estas aguas, al hombre
que en ellas se refleja

Desconfía, porque ellas endulzan el agua

Se nutren las flores
enrojecen sus pétalos
ennegreciendo los capullos
se endurecen
ensombran el aguaje

huele
a hembras

Algunos creen, incluso, que se vencen
y flotan sobre el agua
sólo para verse hermosas

Sus pechos en el agua, qué delicia
verlas de dios esconderse
entregadas al sueño del agua
abren las piernas
y dios (desconfía)
no las protege
no las olvida

Porque dios no fue creado para las mujeres

Y eso es tan natural como hundirse en el mar
para ver desde el fondo
piezas de ajedrez revueltas
en el puñetazo de una ola

LLENA LA CANASTA DE HONGOS
Y FRUTAS HUECAS

Cómo no temblar
ante los pies (y sus dedos)
palmando la húmeda terra

I

Delicado el pie
se enguanta en negro
y con su paso puede
erizar las alfombras naturales
—jugosas alfombras
cubiertas con las bordadas flores
del trébol

II

Y en su negro guante
mi delicado pie
destripa los suaves glandes,
hongos que se carnan
y renacen blandos
sobre la empapada negra

III

Mira que me mojo

con el delicado pie
enguantado negro
aplasto resentidos
eunucos dulces
frutos
deliciosos muertos
sobre el chifón del pasto

Cómo no temblar
ante los pies (y sus dedos)
frente a la canasta llena de garambullos
y tantas frutas huecas

CADÁVER CON CIRUELAS SOBRE UN LIENZO AZUL
Al que sabe caminar en el frío.

Vibrante
—vibrante humo hierve
índigo azula en las calderas
balcones con herrajes
entre pasillos paredes desteñidas
mojados pasadizos
por escalerillas y desvanes
vibrante azul
en las grasas crenchas
de esta ciudad.
No piensa
es sólo humo vibrante
hidratando los hermosos harapos de la pobreza
sobre los delicados cuerpos del hambre
azulaba
azulaba
entre el polvillo de los libros
las espadas
metal y sangre, todo Eterno se hace polvo
no hay camino oculto
tenemos hambre
en nuestras bocas
son plegarias los insultos,
los silencios son piedad.

Azuloso vibrátil
el humor que cristaliza
dentro de las casas rotas
donde se amortajan
feroces, los amantes de lo feo
tremendistas los malditos, las amargas.

Con los efectos de la mugre, somos otros
un desgarre de lienzos polvorientos.

Será que sólo vemos hacia abajo, como los muertos
sólo nos es permitido mirar hacia atrás.

Azula
—todo azula en plena descomposición
la miseria, en los labios sabe a centavo
a cobre azul
a pan azul y fría anestesia
medio rostro dormido
para reconocer que somos otros
con los rasgos de la anemia, somos otros
pero hermosos, frágiles (como las naranjas
que azulan sus óxidos) para la inquietante belleza del hambre,
soles muertos del invierno, pulpa de cadáveres
moliéndose
—sobre estos ferrosos techados—

nieve de azulada sal
nieva azulada sal.

GUARDEMOS TODOS PÁJAROS BAJO LA FALDA

Alejémonos de la absoluta blancura
de pechos minimalistas y lunas griegas
Césares castrati y ángeles perversos.
De sus volantes y sus frunces, alejémonos
dejemos de flotar en la espuma de esas mentas
—que somos polvo maliciento—
mantengamos los dedos activos
aunque sean silencio las notas del piano
y estén vibrosas, toqueteantes por aquí y por allá,
las teclas de este enorme amante negro.

Guardemos hombres y mujeres bajo las faldas
pajarillos de todos colores,
tibiemos la piel de madre-humedad
para que no aleteen pequeñas sus pestañas por el frío
y suden consuelo en el aislamiento.

Seamos oscuros
y huyamos de la absolutista elocuencia del cielo,
apretemos con las piernas tantos pájaros como se pueda madurar
hasta que revienten de blancas y puras plumas
como hacen las más tercas, temibles y amorosas muchachillas
con su manchón de vellos.
Entonces volarán los gorriones de la garganta
y posible es —que sólo así— listos estemos
para pertenecer al elegante mármol del cementerio y ser
un puñado
de flores agresivas.

LA BELLEZA DE EMPOLLAR HUEVOS AZULES
PARA DESTEÑIR DE NUEVO EL CIELO Y ENTINTE DE MAR EL SOL

Últimas palabras a Mariana
antes de ser destruida por el serrucho de la muerte

Separa el torrente de la cabellera
Mariana querida
y deja te penetre la belleza
(la verdadera)
La que desgarra por cuchillo de mil uñas
rebana músculos y se eleva hasta la mente
La que destroza mitos, la que aplasta deidades
La que destruye historias y falsos versos
en la hermosura de un trueno a la una de la tarde
y más aún, su voluntad el viento
azotando árboles, arrancándole
pájaros a los nidos
entregándolos a su fragilidad, a su inútil muerte:
tronido estrellándose música contra el cielo.

La longeva belleza Mariana
Cómo reconocerla cuando ella alumbra
O apaga los caminos de tu yo
que se destroza hecho trizas como el tiempo
yo embarrado al que pudo ser tu yo
Caracol dejando residuos de lo que pudiste ser:
el negro florecimiento de un cuervo para la inteligencia.

Aún sin saberlo
ella está ahí, desnuda sobre cenizas:
(la belleza) lechón negro en charola de plata
en el sudor frío de la piedra
en un sueño encharcado
en bocacalles y casuchas mojadas
en el chapoteo de los viejos y grandes barcos
destejiéndose rojizo mar
—limo descuajado en agridulces siniestras natas—
Ella estará ahí hecha mar
y en el mar sobre la arena (espuma)
guadaña que regresa
otra una y otra vez
para segar las piernas
de los que en paz caminan
descalzos, humedeciendo deseos
sin querer nada.

Vamos, separa los dedos
abre la mano y digamos
que si la belleza es manzana
y nace para morderse
muérdela, para de ella nutrirte, Mariana
y tener algo más que espíritu
algo más profundo que no el ánima
más interno [donde se realiza el Acto
que te da la esencia]
y no sea simplemente el alma.

ESFERA DE FANTASÍA
con escena miniatura de lluvia con sol

Se enciende la lluvia
veo el sol traspasar las rasgaduras de las láminas
perfumando con petróleo
la cocina-alcoba-estudio-comedor
La estufa es caldera
calienta el tapiz del cuarto
todo desprende olor
a petróleo a chapopote
a negro azul petróleo

Se calienta el aluminio
de la tetera que rechina
chifla largamente
sedimento del grano de café
sobre la estufa
caldera con cenizas
que llena de niebla el cuarto
tanto tornillo tanta tuerca
cubiertos de rojo
tantos serruchos haciéndose sangre
tanta sangre molida hecha tierra
tanto tenedor
tanto clavo pimienta se guarda en las cajas
cocidos de polvo

lluvia con sol
y el agua remoja las láminas
adentro todo vapor de azulado hierro
tapiz cubierto de tijeras viejas
carcomidas por el odio

cuánta agua se desangra de cartón
de sangre chapopote, sangra
de petróleo
cobalto y óxido
de una caja de martillos
y un frasco
de veneno.


PÁGINA 20 – ENSAYO

EL MAR ES UNA PROFUNDA IDENTIDAD

Por Javier Gaytán y Gaytán (Distrito Federal/México)

Marion Bethel es una poeta prolija y prodigiosa que lo mismo escribe en verso que en prosa. Esa intensidad la descubrimos en el siguiente poema, “Renacimiento Taino”, el cual exterioriza la geografía del Caribe y el dolor que conlleva un alma arponeada. La fragilidad de una tierra cercada por el mar; un mar que pese a su hostilidad muestra la plenitud de una identidad, la bahamense. Poco importa el saber si la voz lírica, que articula el argumento del siguiente poema estructurado en verso libre, es de naturaleza femenina o de procedencia masculina, lo que seguramente importa para la poeta Bethel, es marcar la hora de la denuncia y del despojo:
Aún no fijamos; en un vivero cerrado
destinado a joyería, un derecho negado
para medrar en tierra y mar, un tañido de muerte
Este poema está escrito con el afán de dejar asentada la búsqueda de la vida, la concreción de un espacio, la posibilidad de tener un tiempo, aunque éstos se tornen prohibidos e impidan a toda costa tener un espíritu propio
Ante el invasor que proviene de España para colonizar y apropiarse de grandes porciones de tierra y de vidas humanas, se hace necesario un “Renacimiento taino”, un descubrimiento de sí mismo:
si te acuestas en un cayo de coral
de un mar poco profundo sintiendo
el peso y la maravilla
de doscientos millones de años
de arena viviente es probable que seas
un taíno o “bahamés” vuelto a nacer
Este espacio, este tiempo, esta vida encuentran su cauce en la escritura, la cual le da plena existencia al mar; mar que permite se escuche o se lea el poema. Simbiosis que se vuelve una barricada contra el silencio. Con la anáfora “somos” se reitera y se muestra una identidad y un origen. El cuerpo humano adquiere fondo y forma. La repetición de dos versos de ocho sílabas cada uno, hace más intenso el ritmo, el cual se vuelve incesante:
“E n los mares poco profundos”
Somos más agua que tierra
Somos arrecifes y orillas, roca y monte
Somos más agua que tierra
Somos mares cobalto de azul, verde tortuga
La ausencia de comas y punto en este fragmento del poema estructurado también en versos libres, exige una lectura rápida. El ritmo se agiliza, el registro del lenguaje se circunscribe al tenor de la naturaleza tropical y multicolor: guayaba, mamey, iguana; así como en el lenguaje de las piedras preciosas: turquesa, esmeraldas. Estos elementos articulados en un tono conversacional permiten que el mar esté al alcance de quien lo busque. Las aguas de este mar se tornan poco profundas, sin embargo tienen la posibilidad de hundir un barco: sentencia esgrimida contra el invasor asesino, el cual arrasa, mata y desaparece o pretende desaparecer la cultura que le es adversa o desconocida: " lve una barricada contra el silencio. Con la anuce en la escritura, la cual le da plena das humanas se hace necesario un"
Ellos no son negros; repicabais campanas por toda España
pero en una prestidigitación creasteis a los esclavos y caníbales
y a Calibán “un ente de las tinieblas”, pues las cañas de azúcar
reflejaban en vuestras cuevas una visión perdida de los ritos sagrados.
Aunque sea de manera traducida, aunque no se tenga la posibilidad de leer la poesía de Bethel en su lengua original, considero que en sus versos se trasmiten el dolor, la herida, pero sobre todo el amor por una patria cercada por el mar, un mar delimitado por la tierra y sus orillas, un alma herida por sus numerosos arpones.


PÁGINA 21 – CUENTO

DONDE TITILAN LAS LUCIÉRNAGAS

Por Carmen Novoa (Melbourne/Australia)

Hacía mucho rato que el sol había huido y el sofocante perfume de la Dama de noche envolvía el jardín de la casa, las luciérnagas jugaban a las escondidas entre las hortensias. Nora recuerda su niñez, cuando pedía a su madre que le cortara algunas de ellas con el tallo bien largo y salía a la vereda llevándolas como estandarte, a su paso se alborotaban las vecinas. Le parece sentir la melodía de aquellas voces en los ruidos de la calle.
–Ay, qué linda eres Norita, la única niña que regala las hortensias de su jardín, no te olvides de mí en tu reparto. La voz de Edgardo a su lado rompió el silencio y como siguiendo el curso de sus pensamientos, le dijo:
–¿Sabes que hortensia no es su verdadero nombre? La planta es originaria de Japón, hace mucho tiempo un naturalista francés la importó y en honor a una damita la llamo Hortence.
Debían regresar ya al hotel, pero aún permanecían allí como hipnotizados del lugar poblado de recuerdos.
Nora observó a Edgardo con tristeza, aún era un hombre interesante con un destino imprevisto, que ella no deseaba reconocer en este instante en que él fumaba mirando el cielo estrellado y entonces le comentó con ternura.
–No cuentes las estrellas, pueden salirte verrugas en las manos
¿Recuerdas las agüerías* de tía Silvina?
–Sí, claro que recuerdo algunas, ¿sabes? Cuando chico algunas veces en verano, cansado de que mis hermanos jugaran hasta de noche con la maldita pelota y tú aún no llegabas de vacaciones, me escapaba al puerto y pasaba el tiempo jugando acertijos con las estrellas. Les hacía preguntas, si alguna me guiñaba era una respuesta afirmativa, pocas veces ocurría, pero regresaba confiado que en la próxima vez me iría mejor en el intento. Ahora no me atrevo a preguntarles nada, le temo a las respuestas.
–Yo en cambio suelo observar la luna muchas noches y tratar de descubrir figuras en sus sombras. Tampoco yo te he contado que de pequeña, una noche, mientras jugaba con las niñas, salió la abuela a buscarme, la expresión de su rostro distante y emocionado frenó mis protestas. Me tomó de la mano y sin decirme nada me trajo aquí, donde estamos tú y yo y me dijo: “Si miras la luna sin pestañear verás el perfil de un hombre”.
–Aun antes de observar la luna, estaba convencida de verlo y lo vi, sí, ¡no te rías! Un perfil de frente alta, con bigotes finos y nariz recta, bien nítido. Yo lancé una exclamación, la abuela me dijo con ternura que no saliera corriendo a contárselo a las niñas, quizás ellas no pudieran verlo. Nunca más he vuelto a ver aquel perfil en la luna, quizás fue una fantasía más de la inocencia y nuestra fe por creer todo lo que nos decían nuestros mayores, que hasta podíamos ver lo que no existía. No sé… misterios de la infancia… ¡cómo quisiera que se repitiera aquel perfil una vez más!
“Al morir la abuela, tía Silvina me dio la cajita donde ella guardaba sus recuerdos, eso sí lo sabías, el día que eso pasó, el pecho me latía fuerte como que sentía el ritmo atropellado de mi corazón, recuerdo esa emoción. Aún tengo su fragancia metida con el recuerdo, era una cajita de jabones que ya no se consiguen más
“Maderas de Oriente”. Una simple y manoseada cajita de cartón que reunía sus variados detalles sentimentales a lo largo de su vida, una cajita de un valor afectuoso incalculable y la abuela había pedido que quedara en mis manos.
“Cuando me dispuse a mirarlos me senté en su sillón de mimbre y rodeada aún por sus objetos que indiferentes a su ausencia estaban en la pieza, yo te juro que la presentí en el cuarto junto a mí. Dos fotos llamaron mi atención, una era en Francia y la otra en el parque cerca de mi casa, ¿te acuerdas, el Parque Capurro?
En ellas reconocí al hombre del perfil en la luna, ¡sí! ¡Estoy segurísima! estaba entre un grupo de diplomáticos internacionales.
Busqué con impaciencia su nombre al pie de la foto, se llamaba Silvio Bourbon. En mi sorpresa e inconsciente de la ausencia de la abuela, lancé una pregunta como aquellas que todo el tiempo le hacía, interrumpiéndola en sus relatos íntimos. Preguntas que eran espontáneas e insolentes o embarazosas porque la cercanía con ella era tan estrecha que yo me atrevía con ella a diálogos que nunca tuve con mi madre y en ese momento exclamé: ‘¡Abuela dime! ¿Es él tu amor secreto?’ Por supuesto no tuve su respuesta, sin embargo el vuelo de la cortina del ventanal me rozó el rostro como una caricia.
“Luego anduve como una sombra detrás de tía Silvina que ya te imaginas cómo picaba mi curiosidad su nombre y cuando no me veían registraba sus cajones y también les refrescaba la memoria de mis padres por aquellos viajes a París de los abuelos. Creo que jugaba al espionaje y andaba en puntillas escuchando detrás de las puertas cada vez que se mencionaba a la abuela en las reuniones de familia, pero todo sin éxito. He lamentado que el tiempo no fuera suficiente entre nosotras, tantas cosas de su infancia que se perdieron sin saberlas y cuantas otras cosas he necesitado decirle a lo largo de este tiempo. Pero también debo reconocer que me visita en sueños muy seguido.”
Volvieron a quedar en silencio, los iluminaba el mágico esplendor de la luna llena, por un instante una nube inesperada cruzó su faz y entre los árboles silbó una lechuza. Edgardo con una mueca cínica vaticinó que su muerte estaba próxima y el pajarraco también lo sabía. Nora pensó en decir “es solo una agüería lo del silbido de la lechuza, sabes bien lo respetada que es esta ave en tantas creencias en el mundo y cuánto significado importante tiene”. Pero prefirió no responder nada para no mentir, porque ella creía en agüeros y simplemente se limitó a tomarle la mano y cavilar con ternura sobre él en lo más profundo de su corazón.
Mi primito querido… alegre, creativo, inteligente con estampa de actor de cine, el preferido entre los demás primos, quizás, porque él detestaba jugar a la pelota con los chicos, siempre fui su compañero de juegos y de sus confidencias. Y era hasta esta noche de verano con luna llena su única herencia viva del pasado familiar.
Sentía el deseo imperioso de estar así en paz y armonía con el paisaje nocturno y aunque también el diálogo era importante esclareciendo recuerdos de los seres queridos ya ausentes.
Al fin se decidieron a regresar, pero antes se detuvieron para mirar la casa abandonada por última vez, Nora pensó que el pasado viviría para siempre allí; en el jardín donde las luciérnagas titilaban entre las hortensias y donde aún podía oír el eco de la voz de la abuela.
Corrieron para no perder el último bus rumbo al centro de la ciudad; en la mañana Nora partiría a París, donde alguien que la aguarda la llama Hortence.


PÁGINA 22 – POESÍA AMERICANA

Carlos Humberto Quintero Ríos (Mexicali-Baja California/México)

UN BOLERO Y UN TANGO.

Refutaciones en el cosmos
gargantas tragan estiércol
Compartamos el beneplácito apetito
¿Quién señala los canes del aire?
Prefiero asfixiar mi vida en calamidades
que tragar necesidades inventadas por un tiempo acelerado
simbolismo de la extinción
Pobre mi viejo
anciano con devoción y soñador
Vuelvo a escuchar boleros y tangos
para saciar el alma
Un trago de pulque
Un trago de vino
Un trago de esperma
Un trago de miel
Un trago de mujer
Un trago de esencia
Un trago de feminidad
Un músico toca su acordeón en el bar
Somos los dos
Mis oídos se prestan para ser su cómplice
Somos dos tristes patéticos bohemios
Bohemios patéticos a la antigua.
No cabe duda que con un bolero y un tango bien entonado
podemos escalar
y tratar de reírnos de nosotros mismos
Al cabo de la euforia
regresamos a ser nosotros mismos

EL ROCÍO DE TU CLÍTORIS NO ES COMO LO PINTAN

I

Deseo volar lejos, muy lejos de toda quimera
con mis alas hechas de fina porcelana,
pero aún, en la frágil tentación suelo caer una y otra vez
para observar tus labios, líneas perfectas y seductoras que proyectan el alba en el desierto.

II

La vieja imagen de tu clítoris,
espejismo diurno para un esteta,
constelación tatuada en la memoria.
En el vientre desnudo, saboreo surcos y muslos,
soy niño perdido en tus campos.

III

El lívido destello de tus ojos prometen a mis penas
un rebozo acompañado de tiernas caricias,
pero… aún a pesar de todo…
Las hojas del árbol más alto suelen escapar a su encanto.
Las palabras son simple distracción,
melodías ausentes…
estrofas que fluyen de la nada.

IV

Con pétalos y tallos de esperma adorno tu cuerpo,
seducción inhalante…
Marea tropical…
Danza jovial en el arrecife de nuestro deseo.

V

¡Verga!,
¡culo!,
¡nalgas!,
¡penetración, pene…traición!.

VI

Florecemos en el sembradío de nuestro orgasmo,
de nuestro follaje,
de nuestro sexo,
de nuestro coito.

VII

Se viene la sensación…
y lo disfruto como el capitán en su nave.
Se viene la miel que despliego en tu rostro…
En tu boca… en tu lengua… en tus dientes… en tus líneas de ensueño.

VIII

La excitación se desborda
en las paredes de la habitación.
Se imprimen nuestros ecos de placer…
Púpilas contraídas, lenguas descalzas en el insomnio púrpura.
Embriaguez púbica, catedral que enlutece mis venas.

IX

Tendidos los cuerpos…
Sumergimos nuestras lágrimas en la ceniza de los cigarrillos.
La muerte regresa:
Y vuelves a tu oficio.

UN ESPÍRITU PODRIDO

I

Mutilación de paladares aturdidos.
La luna se tatua en latidos indigentes.
El invierno, la estación del desconsuelo.
Aforismos y fragmentos de piel coagulada
entre escamas y vestidos de lentejuela.
Vino asequible.
Espíritu podrido
y palabrerías amargas.

II

La noche fallece entre mis brazos.
Viejos borrachos fotografían en su cruda memoria
los bostezos y fatigas del señor insomnio.
La musa etérea danza entre estampillas y gaviotas drogadas.

III

Sobresalto acompañado de pubis y vientres raquíticos.
Hembra preñada.
Desnuda la noche, fallece entre labios perplejos.


Florentino Carreño Romero (Concepción/Chile)

POETA HIDRÁULICO

(a Omar Lara)

El ojo de laguna redonda
hace vigilia clara
en los caireles del sauce
señero de buenas maneras
El viajero no ha regresado
Argumenta en el día
su retraso se ha debido
a sus amigos
poetas
Uno se agita en catamaranes
recordando noches sin estrellas
mientras los vates rumanos
lo hacen en el Dimbovitza
bordea un tren olvidado
un río de sonrisas
Ya anduvo por bienvenidas
antiguas calles peruanas
en los pliegues de su bagaje
aromas de coigüe llevaba
En la memoria
el abuelo Juan construía
techumbres de lluvia
al son de los remos
en el río ancestral
no ha olvidado el río Lia
ni a Trehuaco al paso del siglo
inolvidable
el primer verso de Nolhualhue
ni el silencio dulce de Juvencio
El ojo de laguna redonda
hace vigilia clara
regrese
de los brazos de Imperial
Estará navegando
en la poesía
del Calle-Calle?

EN LA HUELLA DE BIRAM

La cubierta del mostrador de la cantina
mostraba las heridas que el tiempo dejó
majestuoso vino santo de antigua viña
cual dulce aroma entramado de vencejo
Surgió de la gaveta la hoja de un diario
que el Padrino me dio casi solemne
de Biram era el único testimonio guardado
aun cuando allí leía sobre su muerte
Sacudí resecos polvos de olvido
el viento había dejado ahí
un nido de cardanes misteriosos
Fue en Tirua un día de junio pretérito
donde a yunta de bueyes se empareja la tierra
el grito ancestral con la sangre derramada
la riada sobre el trumao hermano piedra
En la herradura azul esparcía sus versos
escritos en la arena de Bellavista
sólo ellas sabían cuan intenso
pasaba el recuerdo a toda prisa
Las ataduras del amor exilió al Poeta
vino volando en la dirección del silencio
al país de una larga franja de tierra
mutismo en algunos solidaridad en otros
Tagore Biram
en las alturas del viento
escribe saudades

AIRE EN EL AIRE

Cada vez que tus ojos se abren
en el dulce mirar del instante
yo te digo a volar ven
aire en el aire
Más allá de los cirros
errabundos buscadores de nidos
en el estallido de la palabra
fundiéndose naranja
espléndida en el surco
En ese surco me busco
aire en el aire
cual labriego abro los pliegues
de tu fértil tierra húmeda
Me convocas
me conmueves
te escucho de temblores
aire en el aire
Brindamos el rocío
de escaldada espera
de noches dibujadas
con el buril de las horas
agitadas
Mis manos guardan tu forma
atesoras mi prisa torpe
mi lluvia laminada mi río insurgente
vestigios de mis confines
Aire en el aire
a escondidas de tus ojos
aire en el aire
alucinados los míos
aire en el aire
aire

ATADO AL NORAY

Qué es lo que me ata
a este muelle
a donde vuelve
diezmada
cada ola de ausencia…?
Por qué
el graznido del garifalte
anuncia
la ceguera de los peces…?
Por qué el calabre
suda sal
en cada amarre
enmoheciendo
al noray…?
Es así
cada recalada
del barco que vuelve
o en el vuelo sin alas
de los pañuelos…?
Tal vez
he de saberlo
en el instante
cuando
mis ataduras
se desaten
en cualquier orilla
de un muelle
orlado de noray

NOS VEMOS

(a Gladys)

En la tregua del día
cernida de arenas
donde los regresos
dejan estelas abandonadas
cual si volvieran
en la brisa que susurrante
calma la tormenta
anidándose quieta
de verde follaje
en la llovizna que antecede
de silenciosa belleza
al estruendo de la lluvia
hasta la última gota caída
ahí nos vemos
En los días implacables
descolgándose por calendarios
con su afán de siempre
en tu almohada
de remotas voces
no olvidadas ni en sueños
en la llave pequeña
abriendo pasos
en cada vuelta
de la tarde
en el beso jubiloso
en el hervor de la manzana
sabor canela clavo de olor
hojaldre de dulce tardanza
en la presencia delicada
de los ventanales
en tus manos
habitadas de adioses
ahí nos vemos
En la noche cubriéndonos
de retornos
entonces sólo entonces
de nuevo
nos vemos

LEÑA DEL ÁRBOL CAIDO

(en la nada me fecundo
Martín Alvarenga)

Vivo en tu mirada
de instantes silenciados
el pensamiento viaja
en fragmentos
de penumbras
vuelvo en un haz de luz
efímero
para poblarme
de bosques
Ese bosque
herido de acero
en cada vuelo
sobre el hogar
de la sombra
de sus brazos
de sus ramas
cae la última hoja
se hunde
el último vestigio
del retorno
de la nada
Quien hace leña
del árbol caído
podrá tener su fuego
pero no su sombra


PÁGINA 23 – ENSAYO

EL OFICIO POÉTICO / Algunas observaciones prácticas

Por Pedro Arturo Estrada (Medellín-Antioquía/Colombia)

1. Todo lo que queda en un poema tiene que ser absolutamente necesario y preciso, de lo contrario, no será más que charlatanería, relleno lírico, bla, bla, bla.

2. La mala poesía es aquella que repite los tópicos aceptados, predecibles y ya reconocibles de belleza en la forma y el contenido, incluso cumpliendo cabalmente con todas las normas de la preceptiva.

3. En poesía vale muchísimo decir siempre más con menos. Dejar al lector espacio para su propia intuición e interpretación. No hay que darle todo explicado, no hay que contárselo todo exhaustivamente. Y tampoco pensar por el lector, adelantar juicios de valor en medio del poema. Sólo hay que expresar y poner las cosas al desnudo ante sus ojos. Nada más. Pocas palabras oportuna y perfectamente dispuestas abren la mente y el corazón; la verborrea cierra oídos y cerebros.

4. No confundamos sin embargo, contención con escasez, sencillez con simpleza, sobriedad con incapacidad expresiva.

5. La restricción, lo que elegimos frente a lo que desechamos es, finalmente, lo que hace posible una escritura. Todo texto poético es por ello sólo la intensificación delimitada de algo más grande que el poeta apenas pudo entrever, incluso a escala micro.

6. El conocimiento racional sólo sirve como fondo, como sustento o marco a la creación poética. Pero no es lo esencial.

7. En poesía no es suficiente, como lo vimos, con que un texto esté correctamente escrito. Hay que buscar ese efecto sutil que produce, que logra despertar en nosotros imágenes y emociones profundas, es decir, llevarnos a esos instantes de epifanía, de revelación íntima que abren en la mente y el corazón nuevas posibilidades de entendimiento, de gozo, y sobre todo de experiencia de totalidad.

8. Hay que permitirse, más allá de la buena factura, la buena hechura, la sólida construcción formal, el entrecruzamiento inesperado, súbito de los diversos sentidos que subyacen bajo la primera intención, la primera idea poética como tal. Permitir la irrupción repentina del azar, la fuerza aleatoria de los elementos puros del texto que así, comenzarán a mostrar una segunda naturaleza, un nuevo y más interesante trasfondo de realidades desconocidas, lo cual finalmente concederá al poema, mayor poder de sugerencia, trascendencia simbólica, plurisignificación. La poesía es producto de una combinatoria alquímica que abandona el discurso lineal de la lógica.

9. Como en la pintura, un buen poema es algo existente y vivo en sí mismo. Y vale más por lo que es como presencia inédita de lo real hecho palabra e imagen, que por lo que le ponemos a decir como si fuera un mensajero, un pequeño instrumento de transmisión verbal al servicio de emociones epidérmicas o ideas interesadas.

10. Hay que darse cuenta, y recordarlo siempre, de que la poesía (poiesis) es una constante necesidad de expresión y desocultamiento del ser, es decir, una búsqueda de lo que está cubierto por la visión rutinaria de la realidad.

CÓMO ANALIZAR UN POEMA

Todo poema es, en primer término, un texto, una estructura verbal abierta o cerrada, cargada de una intención connotativa que cumple una función que va más allá de lo comunicativo simple. Como estructura, como texto, podemos intentar abordarlo analíticamente en los siguientes tres niveles:

Primer nivel: (Qué dice)- Contenido temático. El tema en sí no garantiza la belleza o la importancia de un poema. Es tan crucial para un poeta “la caída de una hoja como el vuelo de un ángel”. En este sentido no hay nada original. Todos somos recurrentes y plagiarios en cuestión de temas. Tenemos a disposición el mismo material: la muerte, el amor, la soledad, el miedo, la guerra, la noche, la naturaleza, etc. Temas en sí inagotables.

Lo que en verdad cuenta aquí es verificar el punto de vista desde donde el tema es tratado. El enfoque personal y la mirada inédita (la verdadera originalidad) que el autor le aporta a dicho tema o idea. Qué perspectiva maneja: conformista, irreverente, irónica, humorística, revolucionaria, anárquica, vanguardista, experimental, clásica, religiosa, etc. Cómo se ilumina o se oscurece el tema de acuerdo con este enfoque. Ahí comienza a establecerse la diferencia entre un mal poema y uno bueno. Porque una cosa es escribir, por ejemplo, del “amor” con una mirada convencional, típica, adocenada, sentimentaloide y otra, hacer ver el lado oscuro de este fenómeno con ojos críticos, irónicos o más frescos que revelen algo diferente sobre el tema y en general sobre cualquier otro tópico o idea.

Segundo nivel: (Cómo lo dice) – Estructura y forma. Calidad expresiva. Es el nivel donde se resuelve realmente el poema. La forma es consecuencia directa de la disposición, articulación, ordenamiento o ensamble de los distintos elementos o materiales con los que el poema se erige, se hace tal: palabras, puntuación, ritmo, pausas, cadencias, asonancias o consonancias léxicas, figuras, recursos de expresión, etc.

Sin embargo, en el poema, hay un momento en que el juego de la forma abre posibilidades muy interesantes, sobre todo en la poesía contemporánea después de que la modernidad echó por tierra algunos cánones de la tradición. Las estructuras básicas de la poesía no son fijas. Se adaptan continuamente a la medida de las necesidades. Pueden romperse cuando así lo exija la expresión. Pueden permitir entrecruzamientos y torsiones del sentido que hacen surgir hallazgos maravillosos y logran en muchos casos, darle un giro genial al poema, alcanzando incluso a sorprender al mismo autor.

Saber si esta forma corresponde, es adecuada al tema elegido, si es eficaz al propósito. Y luego, si es lo suficientemente sólida, armónica, densa o ligera según la intención, el tono, la atmósfera, el enfoque que el poeta pretende. Si hay precisión, conveniencia en los vocablos elegidos, si son oportunos y están allí por absoluta necesidad. Si no sobran repeticiones vacías, si no hay lugares comunes, incorrecciones gramaticales, anacolutos, cacofonías, expresiones superfluas, obviedades, explicaciones, desvíos que diluyen el poder de concentración, de síntesis, de cohesión, de fuerza y capacidad de sugerencia.

La buena forma se impone casi espontáneamente a la vista y al oído. Hay un equilibrio simple y ágil en las partes de un buen poema. Basta con dejarse llevar. Que no suene nada forzado, cojo, cortado. Aunque, como lo dije arriba, en el poema moderno, muchas veces, la intención elige precisamente estos efectos, estos trastrocamientos, para dar a entender ciertos estados del ánimo: angustia, incertidumbre, confusión o incluso locura, caos, terror, etc. (Ver por ejemplo, poemas surrealistas, dadaístas, textos narrativos de Beckett, etc.)

Tercer nivel: (Para qué dice lo que dice y para quién) – Qué nivel de trascendencia y de verdad alcanza el texto poético. Hasta dónde puede llegar según el grado de originalidad que aporta al tema, la ejecución que consigue realizar desde la forma y los recursos de expresión utilizados. Cómo se ve este poema en medio de los poemas ya reconocidos de otros poetas. Cómo se integra al gran conjunto hipertextual de la época, cómo se sostiene ahí, cómo lo afecta la crítica, la percepción del lector inmediato, y, finalmente…¿Cómo será leído en el futuro y aun en el precario presente de nuestra propia existencia?

Saber que todo lo tragará el olvido, es, después de todo, un consuelo.
Y que sólo el instante en que escribimos tuvo o tiene sentido, también.


PÁGINA 24 – CUENTO

JALISH.

Por Jimmy Valdez (Nueva York/USA)

Todo lo que toco lleva la maldición de los mares muertos, la pesada sal de lo inútil, el padecer de todas las rupturas, estoy desmedido en lo adverso: Me llenan latitudes sombrías. Ocurre que produzco lo infesto de un malherido escalpelo, abstracto de tan cruel y conjuro.
No quiero que proclames la anuencia y la irrupción a la casa, auscúltame en lo siempre inhóspito de los extravíos, que no comenten que he flaqueado, que me has visto llorar el craso error de la espada, que no has encontrado más que piedras en esa marejada oscura de provocaciones, que solo vegeto en la honda reserva de la tristeza y no soy nada, como el polvo en las ciudades arrasadas a las afueras de Jerusalén, las enemigas.


PÁGINA 25 – POESÍA AMERICANA

Ronald Bonilla (San José/Costa Rica)

APRENDICES DEL VERANO

Tú como yo
conoces tanto del invierno,
de ese perplejo llanto que la oscuridad
enciende en soledades
de papel y de lunas.

Y a ti y a mí alguna vez
nos proclamaron infinitos,
mientras cavaban en el pecho
inesperadas sepulturas
con piedras arrancadas al silencio.

Al igual que yo tú sabes,
herida de crepúsculos,
cuánto la sombra ha de extenderse
si no la enfrentas a tu luz,
a esa luz de parques aprehendidos
más allá de la memoria,
cuando todo se hace trizas.

Como yo, has torcido las esquinas
con algo más que el corazón y la palabra,
con este incomprensible sufrimiento
que desdibuja sin adiós las madrugadas.

También te han asistido los ángeles
soplando y resoplando en tus oídos
oraciones para vencer la desolación
y sus abruptos puños de tiniebla.

Aquí ambos, sin rozarnos,
apenas sospechando,
hemos aguardado la sangre de este encuentro.
Que nada nos desate
ahora, amor,
porque tanto tú como yo,
estamos aprendiendo
los intensos advenimientos
del último verano.

AMAR TE DUELE

Amar te duele y te duelen también
mis afanes por coronarte de regocijos
a cada instante.
Y te duelen mis besos atrevidos
en la sala inclemente en que te amo,
y tu alma la concibo entonces
como bandera agujereada
por este amor que te subyuga,
que te saca del centro y te regresa
quizá a un pasado en que te amé
al borde de una muerte, un precipicio suicida,
una espada feroz contra mi pecho sangrante.
Tu lengua en mí
restaña todas las heridas,
también las que infringí
en el delirio de otras noches.

Pero ni mi boca, ni mi sed interminable
pueden vendarte
siquiera esas heridas
que pululan en frente de mis besos.

Amar te duele, y aunque grites
en el más abisal de los éxtasis mi nombre,
se cómo te duele esta palabra
que repites y repites para que suba
contigo al gozo y al dolor.

Mas déjame tratar de aliviarte
con un tiempo de pétalos sumisos,
y que extienda sobre la hierba
este corazón de palabras incendiadas
para que duermas al fin transfigurada en brisa,
satisfecha.

Pero amarme, amor,
aún te está doliendo todavía.

PULSACIONES

¿Acaso nos hicieron con esta misma sed
de incendios solos?
¿Y que fuese entonces la medida de tu boca
y sus pulsaciones igual a mis delirios,
completa de latidos circundando la noche?

¿O es que podemos prescindir
de ser uno sólo en este instante
que la eternidad nos regala, a raudales ?
¿Puedo acaso prescindir de la savia
que viaja a tus espasmos ?

Yo puedo prescindir de mi pasado,
no de tu abrazo ahora abanderándome,
cubriéndome de esta simple ternura
aún no vencida.

Hoy no puedo olvidar que digo:
Amo y te amo,
cuando el sol al desbordarse ahora me acorrala
y se deshace en lluvias:
Sí, lluevo con todo mi cuerpo ante tu cuerpo
centelleante de brisas.

No puedo creer que ya me amas y te amo,
con todas las ansias ilímites
y el perdón imposible
de esas otras palabras ya caídas,
que dije en días festivos,
festivos y terribles.

ESTA NOCHE IMPOSIBLE

Esta noche en que te sueño
voy a recordar cuando dormimos juntos,
tú envolviéndome el pecho en una cruzada
mayor que la ternura y sus signos extasiados.

Esta noche imposible de tanta lejanía
en que te tengo, mi pequeña,
letal por la distancia,
heliconia fecunda de mi sed,
boca cabal para mi llaga altiva.

Esta noche en que no muero tan sólo
porque aguardo tus entusiastas sábados
en el rincón de un delirio que no se vence
nunca, ni siempre, ni jamás, ni todavía.

Has vuelto a ser la muchacha que apenas rocé
a mis dieciocho.
La señora en sus veintisiete
que al fin me encuentra
para cuidarme ahora de tanta cicatriz
doblándote la edad.

Y yo he vuelto a ser ese muchacho
petulante que se juega la vida
en sus jornadas
para verte y amarte,
y llenarte de orgasmos insaciables.

Mañana no estaré en tu baño,
no seré anegado por tu espuma festiva,
y sin embargo,
siento todavía sobre mi pecho
tu beso y tu cabeza y una lágrima feroz
que reclama del tiempo
cuando no te sospechaba siquiera
traspasando mis orillas.

REVERSIÓN DE AMOR

Poder revertir esta historia:
ir hacia atrás por los sedimentos que el amor
incineró de prisa;
hacia atrás
que se deshaga nuestra alcoba
con un soplo a la inversa del destino,
y tu primer llanto cayendo sobre mis caricias
y las ventanas empañadas
por donde seguimos viajando
del auto a la rutina,
o a la desnudez de las noches
que ebrios transcurrimos
entre racimos extasiados.

Poder revertirlo todo,
revertir la vida.
Ser ahora el amante locuaz
de tus fines de semana,
en la mesa servida a la luz del vino tinto,
sin el estrés de los afanes
ni los participios vencidos.

Tú no me lo pediste quizá:
sólo diste el espacio
para que me asilara
en tu rincón de soledades.

Ahora estamos aprendiendo.
También los besos adheriéndose
presagian del corazón sólo los entusiasmos
y nunca su posible hartazgo.

El tiempo registra como un tenaz relojero
sus péndulos viajando por entre itinerarios,
no va hacia atrás sino por la pendiente,
hacia adelante.

No te dejes caer de mis abrazos,
sostente encima,
anclada a mis costillas,
a mi espalda,
entre mis piernas.
No te dejes caer
entre mis dardos aherrojados
con dolor sobre el abismo.
Yo ya rompí todas las cuerdas
del pasado anodino que cargaba.

Sólo déjame
- no revertir el tiempo
hacia atrás como reloj errátil -
sino revertir tus heridas
con el vendaje que mis labios
tienden sobre tu cuerpo,
amándote hasta que seamos
solamente el oleaje
de estos oráculos azules.

PEDALES DEL DESTINO

Yo también tuve un Pablo
temblando en los pedales asustados
de tanta bicicleta
haciéndose destino.

Yo también iluminé el pañuelo
con sus cristales resentidos,
y albergué los sueños de un químico o poeta,
de un pintor o comerciante
disparando metáforas, color y convicción.

Y lo vi crecer como crece tu Pablo,
mientras alguien pegaba su botón
en la camisa escolar de las mejengas.
Y ahora con sus ojos y sus ochos parpadeantes
y su baraja de monstruos indefensos,
debo jugar y establecer banderas
y ser tan amigos compartiendo
la cena de tus manos prodigiosas,
el rincón de tu cama hecha de brisas
y cuentos y dulzainas,
canciones que abrigaron los caminos,
la ternura inequívoca del bosque
al que entramos dando saltos de conejos inventados,
guarecidos de la lluvia de pronto
por un tronco vetusto y oportuno,
suavizados por tus brazos desde el musgo
que inventa tu sonrisa para el mundo.

Y tu Pablo, tan Pablo como el mío,
subiendo a mis laderas escarpadas
hallará los oasis
predispuestos del otoño,
y sus pupilas como hojas
navegando en la brisa,
para siempre abiertas, abiertas
como son los abrazos.

TRANSFIGURACIÓN EN ARCOIRIS
Verte desnuda es recordar la tierra. Federico García Lorca.

¡Cuánto de miel o de veneno
habremos de bebernos amarrados,
derribando las noches imposibles,
cabalgando alelados en la oscuridad
rutilante de la piel!

Sí, toda tú te abriste
como amapola solitaria.
Toda me levantaste de las ocres ruinas inventadas
para ser sepia en tu llanura,
para que fueras todo el color de mis cantos,
terracota lúcida, aceituna doblada
sobre el pistilo de mis orfandades,
rosicler el tobillo,
pardas lianas bajando a tus laderas,
botones engreídos, el café de tus pezones,
castaños fanales tus ojos
amando infatigables,
lapislázuli el cielo en tu risa, naranjal
del camino, azul transparencia:
soy tu lágrima nueva,

bermejo escondido bajo tus rizos negros,
ensoñación del pubis,
magenta tus labios mojados
por la brisa que sellará mi boca,
azahares tus dientes, lilas
las flores tras tus orejas de sándalo
esculpidas,
amarilla lámina de mis ansias
tu espalda cruzada por el verdor
de mis destellos,
malva tu lengua, fresa agridulce,
tierra para esta lluvia
a veces dolorosa,
nombre para este ciego violín de la alborada,
dorada cruz de tu pecho incendiando mi pecho,
llama violácea,
nombre de la luz para el buhonero del crepúsculo
que a veces soy con mi dulzaina,
mancha de mis amores…

¡Cuánto de miel o de veneno
habremos de sorber desde esta mesa
que se transfigura con los arcoiris!

CABEZA DE SED ES LA ALBORADA

A mi nieto que vendrá.
A Esteban y Sofía mirando el ultrasonido.

El Ícaro insondable que hace mutis de vuelo
ahora navega
con el ala incendiada de unos versos.

El Fénix restañando, revenar
para el amor que nos ungió de pronto,
celeridad del vértigo:
-no te derrames todavía del cáliz.

Bastión del prodigio, blasón del recuerdo,
llama para las cuerdas que nos izan,
pendiente para que nos deslicemos
hacia el júbilo.
Ven ya a pacer entre hortalizas. Bienvenido.

Afuera la garra inhóspita
no ha de rozarnos en esta esfera azul.
El árbol y su fronda de recios manatíes
también te aguarda,
y el pelícano insatisfecho
y su señal de curvilínea zaga
es apenas presencia lúdica de Dios,
de sus delfines, ángeles vibrando al unísono.
Pasos que vendrán, huellas inaudibles:
¿Oigo tocar tambores o es tu corazón?
Ahora estás recobrando este camino…
Nosotros el sentido que daremos a las flores.
¿Acaso nos oyes tropezar desde la niebla?
Pero si somos éstos cantando
con la geografía silente del verano.

Ya puedes nacer entre nosotros.


Harold Alvarado Tenorio (Santa Bárbara de Buga/Colombia)

CARTAGENA DE INDIAS, CIRCA 2009

Muchos años después
habría de recordar
aquella tarde
cuando el mundo
lacró su engaño.
Ni la hacienda,
ni el imperio,
ni la honra
hicieron la tarea
de los días
que uno tras otro
son la vida.
Solo las palabras,
urdidas y ordenadas
con silencio
en una perenne soledad
resuenan
que fuimos una vez.
Repítelas.
Entonces volveremos.

LOMA CASTELLANA

Amarilla y seca
como los desiertos
fue nuestra vida.
Árida será, también,
nuestra muerte.
Ni huesos ni polvo de huesos
quedará de nuestra soberbia,
vuestra vanidad,
nuestro apetito,
vuestra ruindad,
nuestro rencor
vuestra indecente codicia
de ser peor que los otros
es decir, nosotros.

Agradezcamos,
al arte de imaginar
la posible existencia de otros mundos.
Quizás sólo allí
haya color, luz, agua y descanso.

Sólo se muere una vez.
Nosotros,
hemos muerto dos veces.

CARPE DIEM

Extensas llanuras
del fulgor de Lorica
donde el mal
rompió cuerpos
negros de piel,
desheredados, en comarcas
de concupiscencia.

Gabarra, Chengue, Salado,
Macayepo, Pichilín o Rochela
alojan los cuerpos
rotos por la codicia.
Descuartizados y desollados vivos.
Sierras, martillo y machetes.

Imposible amar
cuando la muerte danza
y los blancos cachorros
lucen entre las playas
de Tolú y Coveñas.

Pero nos deseamos.

Como los hermosos
Brahman, Nelore y Guzera,
vivimos un Carpe diem.

LA TUMBA DE XIAO XUE

Cuando enfermé, aquel otoño,
Xiao Xue, mi rubia perrita
venida del oriente
llegó hasta aquí conmigo,
cruzando mares y valles,
campos de caña y maíz.

Quienes cuidaron de mí
culpándote de las llagas del cuerpo,
y la holgura del vientre,
resolvieron darte muerte
pero no sepultura.

Nunca encontré tu cuerpo
pequeña Xue.
En parte alguna supe dónde
te arrojó la crueldad.

Si no hubo tierra para ti,
halla en estos versos
término para tu descanso
y yo pueda,
agradecer tu compañía
en las hondas soledades
del Rio de la Maldad,
donde está el sepulcro de aquel,
que también tanto te quiso.

¡Oh, tú, Xiao Xue!
Bella y rubia
como el alba.

ROSTRO Y VOCES EN MANGA

Fuiste y volver
no fue memorable.
Menos,
el rostro de un muchacho,
amaneciendo en Manga.
No hubo maravillas
ni sabiduría ni soberbia
ni codicia ni desdicha ni engaño.
Sólo ese rostro,
bello como la misma juventud,
helado, como los tiempos que corren,
incluso en Manga,
donde la luz es más bella
y todo parece dispuesto para que seas feliz
si, la vida, te lo hubiese advertido.

La vida, quiero decir la muerte,
que incansable
te esperaba detrás de la puerta,
repitiendo, como idiota:
Si todo vale nada,
el resto vale menos.

REPUGNANCIA Y VEJEZ

El asco que depara declinar
se distrae con metálico.
La altanería cobra las palabras,
los gestos, los genitales,
la lluvia con oro del orín,
los orgasmos y el cristal del semen.
Luego, odia e insulta.

Una caja de banco,
desdentada,
es la vejez,
donde parné extrae
-con asalto y engaño-
belleza y juventud.

Sucumbir,
entonces,
es el único entreacto
de estar vivos.

CAFÉ HAVANA

Taconea la noche
un resplandor de genitales
que celebra
la belleza de un mundo
de sobras y agravios.
Ellos beben.
Ellas también.
En Café Havana
atesoramos horas que no tuvimos
y amores que tampoco llegaron.
Tarde acudimos a un banquete
donde todo,
descartada la vejez,
es mejor que la muerte.

MANUELA SÁENZ LEE A HERMAN MELVILLE
LA CARTA DE LA FORTUNA

En Paita,
la vieja conocedora de hombres
leyó la carta de la fortuna
a un joven de rubias crenchas.
Vio las antiguas palabras cifradas y las dijo:
Que la ira de los desposeídos te guíe.
Para acabar con el mal y el dolor,
para no contaminarse,
a las almas sensibles
Sólo queda la pobreza y la miseria.
Huye del mundo y sus leyes,
Huye, incluso, de la misma vida.

CUANDO LLEGUE

Cuando llegue
con sus alas y sus armas
cuida de cerrar mis ojos
y que mi boca no sea
violada por las moscas.

Ponme en el suelo
mirando hacia la tierra.

Lávame bien
peina mis cabellos
corta mis uñas
y hónrame
con aromáticos ungüentos.

PROVERBIOS

No hables.

Mira cómo las cosas a tu alrededor se pudren.

Confía sólo en los niños y los animales y de los ancianos aprende el miedo de haber vivido demasiado.

A tus contemporáneos pregunta sólo cosas prácticas
y comparte con ellos tus fracasos, tus enfermedades,
tus angustias, pero nunca tus éxitos.

De tus hermanos ama el que está lejos
y teme al que vive cerca.

A tus padres nunca preguntes por su pasado
ni trates de aclarar con ellos tu niñez y juventud.

Con tu patrón no hables, escríbele y nunca le cuentes
tus planes futuros y miéntele respecto a tu pasado.

Ama a tu mujer hasta donde ella lo permita
y si llegas a tener hijos, piensa que,
como en los juegos de azar,
podrás ganar o perder.

El destino no existe.

Eres tú tu destino.

Y si llegas a la vejez
da gracias al cielo por haber vivido largo tiempo,
pero implora con resignación por tu pronta muerte.

Los que no tenemos dinero ni poder
valemos menos que un caballo,
un perro,
un pájaro o una luna llena.

Los que no tenemos dinero ni poder
siempre hemos callado para poder vivir largos años.

Los que no tenemos dinero ni poder
llegados a los cuarenta
debemos vivir en silencio
en absoluta soledad.

Así lo entendieron los antiguos,
así lo certifica el presente.

Quien no pudo cambiar su país
antes de cumplir la cuarta década,
está condenado a pagar su cobardía por el resto
de sus días.

Los héroes siempre murieron jóvenes.
No te cuentes, entre ellos,
y termina tus días
haciendo el cínico papel de un hombre sabio.


PÁGINA 26 – ENSAYO

NUESTRA AMÉRICA HOY (*)

Por Alejo Urdaneta (Caracas/Venezuela)

I

El mapa que dibujó la geografía de América fue estampado en el borde de la masa continental del sur. Allí recibió su nombre.
Venía a la conquista un imperio todavía con un pie en la Edad Media, imbuido de recelo ante la modernidad que se anunciaba en el resto de Europa. Fue una conquista territorial, es verdad, pero en el fondo existió un adoctrinamiento religioso para justificar el acto de dominio imperial, con la Cruz como estandarte.
Otra cosa sucedió en la porción norte del continente, con la presencia de los pioneros ingleses que respetaron las costumbres y creencias aborígenes de los pobladores de esa parte de América.
España no tuvo un Renacimiento cultural al modo italiano que se expandió por el continente europeo. No tuvo después un Descartes ni conoció a tiempo la revolución científica. Y sin embargo, el imperio español tuvo el único renacimiento incomparable: Renovar la visión del mundo al crear un nuevo paisaje humano en el continente americano. Allí se inició una fusión cultural que no se había conocido antes, porque los imperios no asimilaban a sus colonias sino que las mantenían lejanas: un lugar de explotación económica.
Y por esa razón, nosotros los americanos tampoco tuvimos un siglo de la ilustración ni enfrentamos la crisis de conciencia religiosa o moral que hubo en los países del norte.
Pudiera decirse sin exagerar que nuestra Edad Moderna se inició con la guerra de independencia, auspiciada por el grito de libertad que surgió de la garganta de nuestro pueblo en el cono sur de América.
Arturo Uslar Pietri dijo estas palabras en 1967, con motivo de la celebración del cuatricentenario de Caracas:
“En el yunque que figura Venezuela, a la cabeza de la América del Sur, la aldea del valle fresco tenía que ser puesta, en exacto juego de constelaciones y coordenadas, para que pudiera empezar el poderoso destino”.
Son oportunas en esta asamblea para recordar que la Independencia americana como acción colectiva fue una empresa caraqueña que no se quedó allí. Los venezolanos de la época nunca pensaron en la independencia como una empresa nacional, como algo separado o exclusivo. Miranda, por ejemplo, tuvo en mente la independencia de la América Latina y en la creación de una gran unidad política en este vasto territorio que nos alberga. Bolívar continuó el propósito de Miranda y fundó la Gran Colombia, con la idea de integrar en uno a todos los países sometidos.
A cambio del sacrificio de la lucha, nuestra Venezuela asumió la pobreza de la tierra asolada y la desnudez de los caminos, de su población reducida en un treinta por ciento, y finalmente un siglo XIX enguerrillado por facciones en busca del poder. Ese fue el precio todavía no saldado.
América en su conjunto era la continuidad de la existencia precolombina, tanto así que los mexicanos dicen que su independencia aborigen fue vulnerada por la conquista española en el siglo XVI. El nacimiento estaba en el reino de los aztecas. Hubo después la restauración de la vida indígena mexicana, al declararse la independencia en 1821. Y sin embargo, esta restauración no fue una vuelta al origen sino la apertura a una sociedad nueva, occidentalizada.
De los pueblos de América quizás sean México y Perú los que han conservado mayor influencia aborigen. El descubrimiento por los conquistadores dejó la impresión de una cultura muy antigua. Los poemas del Perú dedicados al dios Vichama cantaron el nacimiento de la humanidad narrada por los aborígenes precolombinos, la vida creada sobre piedras y la pesca en la plenitud marina. Eran maestros artesanos, una estirpe creadora que labraba la roca y abría surcos para la siembra; cantaban con la música triste de la flauta y el aroma del maíz en el recinto del dios de la tierra, el que propiciaba los ritos del pueblo que nació antes de que nos llamásemos americanos.
En América se forjó una cultura propia, y fue obra de los pobladores aborígenes de nuestro continente. Poseemos un carácter nuevo y único que puede servirnos como rasgo de identidad, y tenemos partida de bautismo.

II

Ostenta nuestra América algo perdurable: la fusión de razas y costumbres que nos dan un tono distinto. Aborígenes, españoles o portugueses, negros robados a su tierra africana para servir de esclavos: Todo ese conjunto se ha mezclado para dar paso a otra cultura.
En el Cuzco nació el Inca Garcilaso de la Vega, un mestizo americano hijo de conquistador y de ñusta peruana. Su obra: Los comentarios reales es la historia del fabuloso imperio de los incas y la del nuevo Perú, en una argamasa de sucesos que van formando la población que emerge dominante.
Y tenemos también, en otro paraje del continente, la aparición de Benito Juárez, un indio zapoteca puro, sin sangre española. Juárez representó una bandera de libertad para el México que se repuso de una humillante monarquía. Tenía el jurista zapoteca los valores de la cultura occidental, y no repudiaba su herencia indígena. Quizás por eso pudo desarrollar en México la extraordinaria labor de impedir la disolución del país.
En Centroamérica, otro espacio de culturas mezcladas, nació un poeta que nunca había salido de su país: Nicaragua. Rubén Darío era hispanoamericano y absorbía una variedad de culturas. Sin haber conocido Europa, imaginó como poeta el mundo de Francia y se llenó de la cultura de otros mundos. Un criollo americano que produjo la innovación literaria más sorprendente en el siglo XX: El modernismo. El mismo Rubén Darío quizás pudo creerse un seguidor de la poesía francesa de parnasianos y simbolistas; pero no lo era, sino un poeta que representa el mestizaje cultural de nuestra América. No era español ni indio ni negro. Rubén Darío era americano, nicaragüense.
El polígrafo venezolano, chileno por adopción, don Andrés Bello se refirió a La Araucana, y estas fueron sus palabras: “Chile es el único de los pueblos modernos, hasta ahora, cuya fundación ha sido inmortalizada por un poema épico”. Lo dijo un americano universal, creador de la gramática de nuestra lengua y de leyes civiles, poeta de mil voces americanas. En fin, un hombre con la altura espiritual de Goethe y de Alfonso Reyes, nacido en Caracas y cobijado por Chile.
Esas palabras de Bello hubieran podido estar dirigidas a otro gran poeta americano, chileno universal: Pablo Neruda, para afirmar sin equívocos que Neptalí Reyes es digno continuador de don Alonso de Ercilla. El Canto General es una epopeya chilena y americana de proyección universal, un poema con alto sentido humanista.
De Simón Bolívar se ha dicho que tenía raza negra, o que era español puro, o zambo con indio. Los Bolívar vinieron a Venezuela siglos antes de que naciera El Libertador, y la estirpe venía de esas mezclas.
Bolívar, ¿era español? ¿Era aborigen, o africano? No; Bolívar era un americano, venezolano. El Libertador, representa un hombre nuevo en nuestras latitudes de selva y llano, de tormentas y nieve, de mar interminable.
Bolívar conocía las raíces africanas, lo mismo que las españolas. La nodriza que lo alimentó con la leche de su lejano continente, también le enseñó los cantos y hábitos de su morada de origen. La personalidad de El Libertador estaba compuesta por el flujo nutricio de otras culturas.

III

La ingente tarea desplegada por un grupo cada día más grande de americanos, ha dado resultado: Hemos llegado caminando hasta cada lindero territorial, para ver más allá y reconocernos en nuestro semejante aborigen o criollo o inmigrante pegado a la tierra de esta dolida América.
Que se nos llame Nuevo Mundo nos obliga a serlo de verdad. Afirmo con todos que sí es posible que nuestro continente llegue a ser verdaderamente un Nuevo Mundo, y esta posibilidad está en el mestizaje cultural que la destaca de modo especial en toda la tierra. El individuo que deseamos tiene el espíritu americano que late con la misma fuerza de su pasado.
Hay principios en nuestra América que conducen a la secularización de la vida social, a la expansión de lo individual hacia lo social, puesto que en la medida en que se realicen en un individuo aquellos valores, trascenderán al mundo colectivo. La consciencia del individuo ha de estar purificada en el ejercicio del pensamiento crítico conjugado con la fantasía poética. Un punto de magia: Eso es la consciencia, integrada por el conocimiento, la emoción y la fantasía. El efecto de esa fusión debe producir la comunión de lo disímil, diversidad en la unidad. Estar alertas a la regla lógica y soltar el corazón para que mueva la fantasía.
Hoy día nos comunicamos por el internet y cruzamos experiencias intelectuales y de orden práctico. Junto a ese conjunto de conocimientos puede colarse, como ave de nuestros bosques, la poesía del continente, no solo la de los poetas consagrados sino también la del pueblo, esa que se canta ante la alegría o el dolor sin fórmulas académicas.
(*)Ponencia presentada en el primer encuentro mundial de escritores y artistas, celebrado en Caracas del 20 al 23 de abril de 2010. Sociedad venezolana de Arte Internacional


PÁGINA 27 – CUENTO

ACEITE VERDE

Por Jorge Isaías (Los Quirquinchos-Santa Fe/Argentina)

Primero era el fuerte olor del aceite verde, que se usaba para todas las lesiones. En especial para los dolores musculares que tanto podían provenir de un encontronazo como de un puntapié malintencionado.
Era entrar a fisgonear en los vestuarios y recibir ese olor penetrante, que percibiríamos en ese tiempo como muestra de virilidad, de hombría, de mayoría de edad y del incienso de la gloria.
Eso, digo, si hubiésemos tenido conciencia lingüística, ya que no creo que en el limitado vocabulario que manejábamos entonces figuraran estas palabras.
Lo que sí figuraba en nuestros corazoncitos ingenuos eran las ganas desesperadas de jugar, defendiendo los colores rojos del Club en lo posible, pero jugando siempre y de cualquier manera.
El problema se nos presentaba cuando carecíamos del balón correspondiente, algo que se subsanaba con cualquier objeto pateable que tuviéramos cerca o lo que nuestra creatividad de niños pobres nos dictara.
En ese tiempo, el más alto y el más lejano en mi recuerdo, las amistades y las simpatías se deponían allí: se jugaba "a la pelota" como decíamos nosotros y si lo hacíamos bien o muy bien, mucho mejor. Pero era la condición sine quanom. No había en ese tiempo baldón mayor que carecer de entusiasmo al menos. Por eso que nosotros entendíamos, apreciábamos como fútbol. Mi amigo Miguel me confiesa hoy, después de tanto tiempo, que a él el fútbol nunca le gustó y sin embargo llegó a jugar en la primera de
Huracán.
-Yo venía al club- me dice nostálgico- y todos ustedes estaban en la cancha, jugando ¿Qué otra cosa podía hacer para participar y estar con ustedes?
Hoy los chicos tienen muchísimas más opciones, apoyados por la más violenta y sensacional revolución tecnológica de todos los tiempos. No es necesario (ni es mi interés) explicar aquello que el lector sabe de sobra porque lo vive a diario.
De todos modos, si aquel tiempo que se perdió para siempre nos dio felicidad ¿Qué pecado hay en remarcarlo? ¿Por qué no relatar aquellas situaciones a la que nos llevaban la precariedad y los sueños de gloria.
Todo muy modesto, es cierto,
Ni equipo, ni vestimenta deportiva, ni calzado, ni siquiera una pelota. Sólo el deseo de patear. Algo esférico (una pelota de trapo, hecha con medias viejas y retazos de géneros) para patear aún descalzo, aún sin sentido de competencia, aún sin partido. Sólo darle con el pie a toda cosa que tuviera alguna consistencia y fuera algo esférico.
Tal nuestras ansias y nuestra pasión que gastábamos por entonces.
Con todas estas prevenciones que fui desgranando hasta aquí, no era raro que fueran nuestras primeras pasiones futboleras se fueran manifestando, buscando los primeros ídolos, los referentes tempranos en aquella nuestra precaria e insignificante biografía de entonces.
Recuerdo la emoción que se produce en mi casa, cuando mi padre narra y difunde, ilustra la información, que ya era conocido por todos en el barrio.
Para el club del "globo", para el rojo huracanista venía a militar un jugador que había sido profesional. Se llamaba Silvano Ferreira y había formado la escuadra ñulista del 40, con Musimessi, Colman, Peruca e integró una famosa delantera con Gayol, Cantelli, Morosano y Pontoni.
Todos cracks del fútbol rosarino y nacional. El que había conocido glorias mayores, se vino humildemente a "jugar al campo", como se decía entonces. Se puso los pantaloncitos blancos, se calzó la casaca roja con el número once, blanco, en la espalda y se largó a jugar. Lo hacía pegado a la raya, corría poco, gambeteaba menos, pero tiraba unos centros milimétricos, a la cabeza del Negro Durán, quien como un mortero la mandaba a la red.
Silvano Ferreira fue el primero que vino en aquel tiempo y que había jugado en el fútbol de Primera A, un profesional competitivo, con su pinta de muchacho humilde, su voz grave y sus ademanes campechanos y corteses. Nos impresionaba como un excelente tipo, como lo que seguramente era.
Cuando llegó el fin del campeonato se hizo un gran baile popular como se le llamaba en aquel tiempo, con una orquesta de tango como correspondía a la época y otro que llamaban "característica", y que tocaba ritmos más movidos: bayón, pasodobles, mambo y esas cosas que enloquecían a los más jóvenes.
Se corrió la voz de que Silvano Ferreira sabía cantar tangos y que lo hacía muy bien.
Invitado por la comisión no tuvo más remedio que subir al escenario y aunque era muy tímido, no se lo notaba nervioso.
Lo presentó Manuel Quintana o "el Pelado" o "el Gallego" como todo el mundo le decía.
El puntero izquierdo, el morocho Silvano empezó bien, cantando un tango, pero a los pocos minutos se olvidó la letra.
Pero a nadie le importó, porque era en aquellos años en todos éramos ingenuos y por demás felices.
Tanto, como no volvimos luego a serlo nunca más.


PÁGINA 28 – POESÍA ALLENDE EL MAR

Alejandro Gómez García (Madrid/España)

3 POEMAS MAYAS

TRAICIÓN

Nunca me vieron la cara. Entre susurros,
conspiraciones y grandes banquetes,
nunca entendí,
de qué me hablaban los hombres de uñas largas
y siempre con fruta en la boca.

Yo quise a mi gente,
y muchos murieron por ver
a los chicos que corrían por los maizales,
en un mayo abrasador
-los envidio.

Luego,
cuando los chamanes empezaron a ver dioses en la tierra
ya era demasiado tarde para levantar las grandes torres.

El pueblo pidió al Sol
su bermejo mañanero:
y todo se lo di:
desde las piedras solemnes,
hasta las cuevas de los acantilados.

Corrimos,
pero los tejados de las chozas ardieron
como si el Sol hubiera rodado por las calles.
Me rendí,
no como un emperador,
sino como el hueso de un perro:
enterrado y olvidado al antojo de su nuevo dueño.

NUNCA DEBIMOS CONOCER EL ORO

He visto crecer los campos de tlayoli,
sacrificar a los hijos de mis abuelos desde escaleras rojas.
No todo era escritura incognoscible,
planetas y barcos del más allá.

Hubo tiempo fértil –Sol-,
noches en que los besos eran más grandes que cualquier ciudad.
Un día desaparecimos entre canciones y leyendas.
Aquella noche la selva no paró de gritar a la Pachamama
-aún se escuchan los gritos-,
entre la paja que ardió y la peste de Hernán Cortés:
luché en el fango contra pieles de piedra plateada.
Me ahogué en D.F.

Nunca debimos conocer el oro.

CHAC BOLAY

Soy toda la selva del mundo,
ríos y árboles en la madrugada
-negro acechante. Instinto salvaje:
camino hacia el crepúsculo,
en busca de la yugular de Tonatiuh.

Curtid mi piel,
y osad vestiros con ella.

Seréis nadir.

Ni así llegaréis a ser Jaguar.


Gabriel Impaglione (Lanusei-Sardegna/Italia)
De: parte de guerra y otras anotaciones.

CHE AQUÍ ALLÁ

¿quién habrá de juntarte otra vez?
- Juan Gelman

He visto tu boca
multiplicarse en la caravana de los libres
en ollas callejeras fábricas forestas
y tus pies en los senderos del surco urgente.

He visto tu brazo fértil tensar el futuro aquí allá
y tu brazo de agua alargarse a los hombres de la tierra.

Tus ojos en la noche cerrada: en la violenta
noche de las injusticias.

He visto en el centro del día tu corazón al galope
un palmo de tu piel
componer la cicatriz del compañero.

He visto bajo gastadas camisas
tus pulmones cansados
y en las orillas de los rumbos
las flores silvestres de tu silbo.
Y en cada niño tu sonrisa amurallada de ternura
y tus manos trepadas a herramientas al cielo
en llamas al viento ingobernable
a las campanas del siglo.

He visto
en cada uno de nosotros
un gesto tuyo que nos hermana.

¿Quién casa por casa llamará a componerte
en la hora infinita?

FUE EN PANZÓS

Fue en Panzós
a orillas del río Polochic
(donde salían café y algodón
y entraban latigazos y hambruna)

¿Cómo es que fueron asesinados
doscientos mil guatemaltecos?

Quauhtlemallan...
¡qué bella palabra!
Canto nahuatl para decir bosque.
Gente de Guatemala gente de foresta
de arboleda infinita de nidos y frutos.

¡Cómo pudo caerle encima a ese pueblo
semejante oscuridad de un sólo golpe!

¿Cómo le llegó la bestia de dónde
con tanta muerte?
¿Cuándo comenzó su cacería?

Fue de los barcos de cruz y de espada
que desembarcó.
Después como la viruela y otras pestes
diseminó su corazón reseco
el filo hambriento la avidez sin límite.

¿PORQUÉ EN PANZÓS?

La memoria dicta:

un tal Justo Rufino Barrios, presidente
arrancó la tierra a sus dueños mayas y las entregó
a ciertos alemanes más altos tal vez más rubios
civilizados quizá más elegantes.

Mucho después nació Jacobo Arbenz.
Y nació reforma agraria.
En Panzós entonces tuvieron cuna las semillas.

Hasta el bombardeo de la CIA
el exilio, la muerte reinando de la mano de la United Fruit.

Los finqueros recuperaron el monopolio del látigo
y en Panzós
aparecieron nuevos ricos, como
Flavio Monzón -seis veces alcalde- terrateniente de un día
para el otro amigo del cura y el capitán.
Un buen vecino.

Llegó el primer destacamento militar y amamantaron
a la bestia
los pobres soldaditos fratricidas.

El lunes 29 de mayo de 1978 fueron los descalzos a pintar
de gritos la alcaldía.
La plaza se llenó de puños en alto
de preguntas inconvenientes:

Digan señores militares, autoridades, finqueros
¿dónde está la tierra que nos pertenece?

Llegaban de Cahaboncito, Semococh y Rubetzul,
también de La Soledad, Moyagua, Canguachá y Sepacay,
lentamente rumorosos
a mano limpia a manifestar.

No venimos a pelear.
Estamos aquí con nuestras herramientas inútiles
huérfanas de milpa
para pedir también por ellas
para que se cumpla nuestro derecho.

Niños, mujeres, viejos, hombres jóvenes
una multitud buscando cuna a la semilla.

-Queremos la tierra - gritaron -
-la van a tener pero en camposanto - respondió un militar.

Fueron cinco minutos de metralla.
Desde cada lado de la plaza, desde los techos de la alcaldía
desde cada finca y cada ministerio
desde la embajada imperial los bancos desde las oficinas
comerciales y todos los cuarteles, desde mil rascacielos
ametrallaron a la gente.

El valiente coronel Valerio Cienfuegos
que mandaba a la heroica tropa emboscada en la plaza
dijo a la prensa “libre”: esos campesinos se entrenan en el monte
son comunistas ¡guerrilleros todos!

Soldados manchados de sangre
tiraron a un pozo común los cuerpos rotos.

Cincuenta y tres campesinos q'eqchi asesinados.
De los cuarenta heridos
muchos se murieron por ahí, flotando luego
en el río
que traía y traía cadáveres como si esos cuerpos
fueran siempre los mismos entrampados
en maldita rueda.

Flotando como si una tala feroz río arriba
devorara el bosque
se tragara Guatemala.

Quauhtlemallan...
¡qué bella palabra!
¿Cómo pudo caerle la terrible hacha
a un pueblo capaz de llamarse bosque?

Escuadrones del infierno, soldaditos flacos
todos comandados por terratenientes
persiguieron por los montes a los fugitivos
heridos aterrados con la muerte en la espalda.
Y la muerte los alcanzaba uno a uno.
Los desaparecía los rompía con una bala en la nuca

y flotaban por el río.

Entre los acribillados Adelina Caal, Mamá Maquín,
la mujer que llevaba la llama del canto, que ayudó a parir
sueños y nidos.

No le bastó a Cienfuegos - el heroico- ni a los ministerios
ni a las embajadas ni a sus elegantes cortesanos
aquel lunes en la plaza.
En el valle del Polochic corrió más sangre.
Agricultores, sacerdotes mayas, mujeres de luz intacta
jóvenes brillantes con sudor inútil.
Más de trescientos cuerpos se llevó la corriente.

Más de trescientos muertos la soldadesca.
Más de trescientos muertos los esbirros
de los terratenientes.

Y la muerte dictó:

El silencio se hará oir en las noches cerradas
cada cuerpo tragará voz y memoria.
Ninguno en pie, ningún dueño de la tierra jamás ni voz ni nada.

¿GENOCIDIO ES UN MECANISMO POR EL CUAL EL PODER ARMADO
CONFIERE TÍTULOS DE PROPIEDAD A POCAS MANOS?

Sépalo usted:
nadie ha sido enjuiciado.

Y entonces tuvimos la respuesta:

así echó a rodar la bestia su carnicería, así treinta y dos años
de barbarie arrasaron aldeas
y la vida de doscientos mil guatemaltecos.

Tres veces caído este pueblo habrá de alzarse.
Tres veces asesinado brotará su savia florecida.

Quauhtlemallan...
¡qué bella palabra!
¿Cómo no ha de revivir un pueblo capaz
de llamarse Bosque?

Los campesinos q'eqchi
señores de la tierra
sin cuna para semilla alzan memoria y la memoria
se hace bosque y se puebla de nidos
y canta.

CUÁNTAS PIERNAS FALTAN EN IRAK

¿Cien mil?
Y manos ¿cuántas faltan?
¿Cientotresmil?
Y ojos y pies
y dedos
¿cuántos se han disuelto en la
fiesta de bombas que no cesa?

¿Cómo van las estadísticas
Gentiles Gerentes - Generales?
¿Cuántos dedos aún
para la producción establecida?

¿Cuántos niños envejecen de pronto
con huecos en la mano?

Los fantasmas merodean
por la tumba abierta que es Irak ahora.

Cómo van las estadísticas
de la explotación del petróleo
de los negocios del cemento
de la usurpación y el robo.

¿Quién de ustedes
administra fábrica de piernas ortopédicas?

¿Quién de ustedes
vende en cuotas manos y sillas de ruedas?

¿Cómo va el negocio
misters?

CÁTEDRA DE PÁJAROS

El lacayito responde Sí Señor
a la orden Señor
y da un gritito que alborota a la secretaria.

Llegan los esbirros dicen sí señor
a la orden señor
y saltan a la calle
a machucar aguairos, sanpedritos
reinitas del bosque y carpinteros.

Saltan los sin patria
a romper guitarras y platos con comida
a encender hogueras de libros y cuartillas.

Al Alto Señor arriban sintéticos informes
escuetas estadísticas... ay! Es que
el no tiene demasiado tiempo
para ocuparse de colonias.
Otras tierras lejanas convocan sus desvelos.

Su lacayito en la isla mira por la ventana
las humaredas relee diarios recorta artículos
donde hablan de él
de su coraje sin límite
de su brazo implacable.

El señorito de la colonia, el sin patria,
se mira al espejo dos tres veces y convoca a la prensa
libre —hoy estoy en vena para las fotografías, se dice-
sueña otra medallita.

Responde sí Señor, a la orden Señor
y ordena a los esbirros
terminar con eso de la rebelión de los pájaros.

¡Véase qué ejemplo para la gente de bien!

Y los esbirros dicen sí señor
a la orden señor
y salen a enlazar voces al viento
pretenden fogarata para el canto.

Se ven milicos a los saltos
pobrecitos
manoteando el aire
por donde pasa el grito.

Y los pájaros dicen No Señor
váyase al carajo usted y su patrón.

El comeñame y los zumbadorcitos,
changos, yaboas y zorzales
están que trinan Libertad.

En Puerto Rico un perfume a casa
nueva a casa propia a casa nuestra
gana cada calle,
alimenta el vuelo de los pájaros

Y dice la bandada:
Váyanse al carajo los dueños de las jaulas
métanse su alpiste en el trasero!

Salimos a volar sín límites.
De Nuestro Todo Acá no nos movemos.

TRENES, VIENTOS Y CEBOLLAS

A Miguel Hernández

Resistimos Miguel, es tiempo de infamia
vanidad rotamemoria.
Y tú en nosotros
rosa urgente de versos
en guitarra.

Cuando arrancaron la boca a Federico,
desalaron la alondra enamorada,
trepado a los andamios
venías a enarbolar el canto de los hombres.

Tú entre nosotros abanderado.

Ay hermanos
dónde ha ido?

Nunca tan solo se muere un poeta.
Puñobrote que no cesa liberaba luz
en cada frente
multiplicaba lluvia donde había sed
y panales en medio de las ruinas.

No hay cárcel para la fiesta de pájaros
de tu silbo,
ni sombra en tu aurora abecedaria.
No yaces Miguel.

De pueblo en pueblo
entre nosotros y a la misma hora traes
risas trepadas a los árboles.

Viento del pueblo
acechas en la corriente y cantas.

Hombre que mata muerte con versofusil
al hombro en las trincheras:
aún cantas.

No yaces perito en lunas:
Por los caseríos llaman todavía
al ritual de siembra.
Aquí, ahora relámpago en la noche,
ensanchas el aire y se hace el rumbo.

Llevas de una boca a otra
tu rebaño solar nuestrapalabra.


PÁGINA 29 – ENSAYO

LAS VANGUARDIAS ESTÉTICAS Y LA POSMODERNIDAD

Por Carlos Fajardo Fajardo (Santiago de Cali/Colombia)

EL POETA ES UN PEQUEÑO DIOS.

En 1913, Guillaume Apollinaire escribía en sus Meditaciones Estéticas: "Ante todo los artistas son hombres que quieren volverse inhumanos. Buscan penosamente las huellas de la inhumanidad, huellas que no se encuentran por ninguna parte en la naturaleza" (1994: 16). Se proponía una valoración del gusto para las Vanguardias y un juicio estético distinto a la concepción clásica del arte, lo que impactaría en las producciones artísticas de principios del siglo XX, prolongando su halo hasta finales del mismo.
Experimentaciones vanguardistas se impusieron generar "nuevas" miradas a la realidad; desearon subvertir la lógica del orden de la naturaleza e impulsar un cambio en la sensibilidad y en la racionalidad. De allí que se les llamara "degeneradores" del arte, deshumanizadores del gusto. Desde estas posiciones, el Futurismo invitaba a utilizar "todos los sonidos brutales, todos los gritos expresivos de la vida que nos rodea"; hacer corajudamente el " feo" y matar como sea la solemnidad. Es necesario, escribe Marinetti el 11 de mayo de 1912, "escupir todos los días sobre el altar del arte. Nosotros entramos en los dominios ilimitados de la intuición libre..." (Manifiesto Técnico a la literatura futurista). Esta reclamación en contra de "la pátina y la veladura de los falsos antiguos", va a tomar fuerza en el Dadaísmo, sobre todo en el manifiesto escrito en 1918 por Tristán Tzara donde se invita a odiar la objetividad grasa y a la armonía, "esa ciencia que encuentra que todo está en orden", pues "la lógica siempre es falsa. Ella tira de los hilos de las nociones, palabras, en su exterior formal, hacia objetivos y centros ilusorios". En el mismo manifiesto Tzara pide "que grite cada hombre: hay un gran trabajo destructivo, negativo, por cumplir. Barrer, asear. La limpieza del individuo se afirma después del estado de locura agresiva, completa, de un mundo dejado en manos de bandidos que desgarran y destruyen los siglos" (1994: 24).
Por su parte, y como buen visionario, Apollinaire observó en los pintores cubistas un cambio en la concepción y en la percepción de la imagen, la belleza y la realidad. El cubismo modificó profundamente las categorías clásicas del arte, su objetividad, los conceptos de armonía, orden, límite, la racionalidad proporcional, e impulsó (ya elaborada claro está por algunos de sus antecesores) una visualidad simultánea que ponía en juego las categorías de la mirada artística, produciéndose una ruptura radical con la naturaleza, los sistemas morfológicos tradicionales y la mímesis plástica: "Se puede pintar con lo que se quiera, decía Apollinaire, con pipas, con sellos de correos, con postales, con naipes, con candelabros, con trozos de hule, con cuellos postizos, con papel pintado, con periódico..."(1994: 16 ). Y Tristán Tzara argumentaba: "El pintor nuevo crea un mundo, cuyos elementos son también los medios, una obra sobria y definida, sin argumento. El artista nuevo protesta: ya no pinta (reproducción simbólica e ilusionista) sino que crea directamente en piedra, madera, fierro, estaño, organismos locomotores a los que puede voltear a cualquier lado el viento límpido de la sensación momentánea" (1994:16) lo que da como resultado el collage, el caos que nos manifiesta y proyecta tal como somos.
Apollinaire invitaba, hacia 1913, a producir un colapso sobre todo en el tríptico platónico Belleza, Bondad, Verdad, sepultando la noción de realidad tridimensional, abriéndose a la modernidad del caos y a la cuarta dimensión, es decir, al espacio mismo, a la dimensión del infinito, la que, según este poeta, dota a los objetos de plasticidad. Al proponerse producir una ruptura con las dimensiones euclidianas, surgen las dimensiones problemáticas, impulsoras del desvío del gusto. Eventos posteriores llevarían al Surrealismo a profundizar sobre la concepción de realidad y sobre los múltiples subjetivismos estéticos dentro de las vanguardias. Después de esto el arte no volvió a ser el mismo.
En pleno fulgor surrealista, la conocida frase de André Breton "hay un hombre a quien la ventana ha partido en dos", situaba a los artistas en las peticiones teleológicas estético-poéticas y culturales de las vanguardias. Si algo ha quedado claro después del primer manifiesto surrealista, es que este movimiento propuso no sólo un proceso de transformación del arte del siglo veinte, sino una subversión, tanto rebelde como revolucionaria, de las más profundas estructuras antropo-filosóficas de Occidente. Sus ambiciones de transformar el mundo y cambiar la vida, ponían en tela de juicio los conceptos más primigenios de la noción de realidad y toda la sistemática elaboración de la lógica normativa formal con sus tres principios centrales, como también las ideas de verdad racional.
Cierto es que el camino había sido ya horadado por la estética romántica y por F. Nietzsche. Algunos Simbolistas y Malditos siguieron talando el bosque de la racionalidad instrumental moderna. Las vanguardias fueron el resultado de estas grandes empresas. El Surrealismo, como uno de los últimos movimientos de entreguerras, levanta también sus armas frente a una desvertebrada cultura en crisis llena de angustia y desesperanza. ¡Cambiar todo!; poner en su lugar a las dogmáticas nociones sobre la realidad; atacar el sectarismo cristiano y a la sociedad capitalista; construir otras lógicas, otras éticas, otras estéticas más acordes con el poético sueño del hombre occidental.
Al estudiar los fundamentos teóricos vanguardistas, casi todos los analistas llegan a un punto de encuentro sobre las mismas: la profunda ambición de cambio, la necesidad de renovación y transitoriedad de un orden a otro. Así, en el Dada se pretende abolir las fuentes ancestrales de la lógica occidental, es decir, el dualismo contradictorio. "Orden = desorden; ego = no ego; afirmación = negación" escribe Tzara. Emprender un gran trabajo negativo de destrucción reafirma su obsesión por el cambio.
Lo no racional y lo ilógico, el sueño, el inconsciente, la imaginación, la intuición, la consagración del instante, lo inefable, la locura, el misterio, el vitalismo, se oponen al sistema normativo de uniformidad. En el arte de las vanguardias existe la mitificación del vagabundo romántico que inflige las leyes sociales, políticas, estéticas, religiosas, morales, proponiendo, a lo nietzscheano, nuevas tablas de valores. "Estoy contra los sistemas, escribe Tzara, el más aceptable de los sistemas es no tener, por principio, ninguno" (1994: 20).
Producir una nueva percepción subvierte el lenguaje de la modernidad instrumental. Es aquí donde está la mayor rebeldía y expresión vanguardista. Dada quiere bombardear la integridad de la lógica formal y la expresión lingüística del poder generado en el lenguaje. Por su parte, el surrealismo también promueve el cambio pero no desea el caos total, sino rehacer el camino del origen, o en otros términos, buscar un reordenamiento del mundo y una escritura anti-representacional. Puesto en crisis el discurso tradicional, la pretensión surrealista va más allá de un "discurso naturalista representativo" (Ortega 1983: 59). La empresa es ardua: fundar no sólo un nuevo mundo, sino una nueva poesía, un nuevo lenguaje. Por ello se entiende la respuesta de Breton y Paul Eluard a Valéry en sus Notas sobre poesía: "El lirismo es el desarrollo de una protesta".
Según Octavio Paz, tres son los núcleos principales que impulsan esta aventura: la libertad, el amor, la poesía, todos ellos fundidos por el sueño, la imaginación y el deseo. Paz, en su elogioso ensayo "El surrealismo", compilado por Víctor García de la Concha (1982: 36-49) da cuenta de la profunda conciencia de renovación que este movimiento traía en manos. Empresa nada conciliadora ni indiferente, ante todo provocadora de la diferencia. De allí sus propuestas de técnicas artísticas que van desde la automatización psíquica hasta la búsqueda de lo insólito, lo maravilloso, lo desconcertante. La aventura como "ejercicios de la libertad", no como doctrina, sino como actividad poética que obliga a la realidad a ser ella misma (Cf. Paz 1982: 38).
Desde estas perspectivas, la subversión surrealista es ante todo una propuesta que sugiere un cambio de actitud frente a la dualidad conceptual de Occidente. El "hombre partido en dos" de Breton (instinto/razón; cuerpo/alma; culpa/salvación; yo/mundo; naturaleza/historia...) se logrará al fin reunir en una Ontología Estética vitalista, intersubjetiva, en la utopía libertaria del sueño que es a la vez acción participativa en y desde lo real. Como crítica a las profundas raíces de la cultura Occidental y como exigencia de construir Nuevas Tablas de valores, el Surrealismo se constituye en una empresa ética de superación subjetiva y social. "Yo soy el otro" había escrito Gerard de Nerval; "yo es otro" poetizó Rimbaud. Y son estas dos sentencias las que servirán de guía a Breton y a sus colegas en la búsqueda de una ética personalista y comunitaria que pretende abrir el YO a la totalidad a través de lo poético. Comunión exterior/interior; creación comunitaria de lo estético; afán por salir de sí mismo y habitar en el otro. Se trata de romper con el ensimismamiento individualista de la sociedad burguesa y elevar al hombre a un descubrimiento de otras regiones y asombros. La fragmentación ética quedaría resuelta en una síntesis dialéctica hegeliana, la cual provee una nueva alianza mítica real y epistemológica en la escala del conocimiento.
Este "desarrollo de la protesta" llega hasta los años cincuenta a Estados Unidos y es asumida por el movimiento vanguardista literario y poético más influyente en dicho país: la Generación Beat. Allen Ginsberg , su profeta indiscutible, publica en 1956 su poema Howl (aullido) que es una impugnación al modo de vida americano (del American way of life). Junto a William Burrougs, Jack Kerouac, Lawrence Ferlinghetti, Gregory Corso, entre otros, funda a mediados de los años cincuenta uno de los movimientos más impactantes y transformativos de la cultura y la literatura estadounidense. Su contracultura asumió lo apocalíptico, uniéndose a la experiencia de las drogas, lo prohibido y contestatario. Como concepción de cambio y utopía literaria, los poetas Beat se ubican por lo tanto en los principios vanguardistas del siglo XX. El poema América de Ginsberg da clara muestra de lo dicho.
América te ha dado de todo y ahora nada soy.
América dos dólares con veintisiete centavos 17 de enero,
1956.
No puedo seguir con mi propio juicio.
¿América cuándo terminaremos la guerra humana?
Jódete con tu bomba atómica.
No me siento bien no me molestes. No escribiré el poema
Hasta que no estés en mis cabales.
¿América cuándo serás angélica?
¿Cuándo te quitarás la ropa?
¿Cuándo te mirarás a ti misma desde la tumba?
¿Cuándo merecerás tu millón de troskistas?
¿América por qué tus bibliotecas están llenas de lágrimas?
¿América cuándo enviarás tus huevos a la India?
Me ponen malo tus insanas solicitudes.
(Fragmento)
Sin embargo, las rebeldías vanguardistas, que se dirigían contra el sueño de la razón, fueron digeridas en las últimas cuatro décadas por las manifestaciones mediáticas. Múltiples sucesos han puesto en cuestión sus planteamientos utópicos. Conocemos las crisis de las ideologías al final del siglo XX; sentimos el abismo dejado por la caída de los grandes Relatos. Las propuestas de una estética contestataria, el sueño vanguardista de socializar la poesía y poetizar la sociedad, siguen todavía produciendo seducción y maravilla. Y lo siguen provocando aunque para muchos su agotamiento está unido al fracaso y fin de la modernidad, en tanto que para otros, dichas peticiones de un racionalismo analítico-crítico moderno no se han cumplido todavía y están invernando en un extenso letargo en la sociedad capitalista.


PÁGINA 30 – CUENTO

PERMISO PARA SUBIR A LA CORNISA DEL OLVIDO

Por René Rodríguez Soriano (Constanza/República Dominicana)

Toqué las puertas de la risa y me burlaron. Pisé los adoquines, las esquirlas y las alfombras de un tequiero almidonado. Trepé los aposentos de la espuma, del miedo y del espanto. Me adentré. Anduve. Troté. Esquivé salté y me empujaron. Los verbos, los sujetos, los objetos (y el otoño, con su crujiente cortina de hojas idas), cedieron, me abrieron paso hasta allá, al mismo fondo del olvido.
Olvido, creo que dije. Llamé. Grité. No respondieron mi llamado. Pienso que me senté (no lo recuerdo ahora, pero no importa), sobre una tarima de palabras, de versos, de jirones, de aliento. Un alfabeto adusto y ocre me desató de un tajo los zapatos. Me penetró hasta el metacarpo de las penas. Me hirió y sangró conmigo a la bartola, hasta el alba. Soñamos y, hechos carne y uña, dedo y llaga, despertamos ante el umbral impresionista de un sueño a campo abierto, luz del viento, una muchacha.
Una muchacha loca y amplia, una muchacha ebria es el olvido. Una muchacha en mangas de camisa, desmadejando al aire negrísimos cabellos, trotando manisuelta por las sórdidas melenas de la tarde. Una muchacha triste, con ojos de aguaclara y despoblada, con música, con góndolas, con labios y amapolas, dramática, sinfónica, mordaz. Una muchacha lúdica, pálida como una lámpara en el baldío. Una muchacha púb(l)ica, coral, sola y difusa, y el olvido.
Permiso, dije para entrar, y entré al olvido. Abracé a la muchacha. Mondé el poema por su esquina más dúctil y lo engullí. Era un poema fibroso, carnal, de jugos transeúntes y embriagantes, tan limpio como el fuego. Metálico, frutal. Un poema lavado de recuerdos, óptimo para el olvido. Había perdido la memoria en un recodo del camino. Era un poema erecto, viril, con su guitarra blasonada de silencios, con la alegría rota en un falsete y la tristeza muerta y desolada. Un poema desnudo, como la muchacha en mangas de camisa. Un poema sin nombre, como todos los hombres.
Estoy adentro —dije— y no me salgo. Enciendo de mis pipas la más bella, la de espumas de mar, y te invito a que entres y te sientes. Toca. Palpa. Desnuda a la muchacha. Restriégate el poema por el iris, por las carnes. Te invito: entra al olvido, no hacen falta artimañas. Aquí, plácido el poema, con toda la piel poblada de amarguras, latiendo en carne viva, te invita a sentar reales.
Ven, no te acobardes. Oye al olvido, diciendo el nombre de las cosas por su nombre. Contándonos su historia sin historia. Y Heráclito, su fuego, los puentes y los gatos y los pasadizos. El hombre olvida. El poeta olvida. El amigo. Toda una geografía que palpita a borbotones, mentando madres, diciendo amor como bazooka, ardiendo en llamas de ternura, óyelo.
No es un paisaje acompasado y mustio. No es un cassette para colección. Es más...
…olvida, ya no podrás salir. Eché las siete llaves del olvido.
Para Miguel Ángel Forneín ©Memoria de lo efímero


PÁGINA 31 – POESÍA ALLENDE EL MAR

María Teresa Bravo Bañón (Tarragona/España)

HOMENAJE A MIGUEL HERNÁNDEZ

AHORA ES OTRO EL CÁNTICO DE LA LUZ

Aquí la vida es pormenor: hormiga,
muerte, cariño, pena,
piedra, horizonte, río, luz, espiga,
vidrio, surco y arena.
Miguel Hernández,

Aquí me colmo y me reboso,
me vuelvo homónima del roble y de la higuera .
Ahuecan las cigarras el sopor del estío
y cuando la noche las roza en sus mejillas,
sucediéndose los grillos de serenatas perpetuas;
soy como abeja, casi monjil,
que -con cestillos de polen en las patas- tornara
a su claustro de hexágonos primorosos .
Es entonces cuando espigo y guardo
la reverberación de la luna para ti ,
entre los renglones de mis cartas.

Al clarear -mientras dispersa el naranjo
y el espliego su perfume –
son mirlos y palomas torcaces
las que apagan las luciérnagas del camino
y las candelillas de amor que te prendí
con mis versos en la noche de tus ojos.

Cuelgan las sandalias de la alegría
en el frugal hatillo de mis pertenencias hernandianas.
Descalza y de puntillas ,despacio,
atravieso un campo de exagerados girasoles,
son como yo: locos embriagados de amor
que prescinden del presagio del invierno,
pues ahora es otro el cántico de la luz
y soy su atrio en embeleso renacido.

PORQUE SÓLO QUIEN AMA VUELA

“Sólo quien ama vuela. Pero ¿quién ama tanto
que sea como el pájaro más leve y fugitivo?
Miguel Hernández

Llegaste a la cumbre de mi corazón,
me sacudiste como árbol de frutos deseados
y caí en dulzor de maduras pulpas en tu boca .
Soy la canción de amor que prendiste en mis oídos ,
el viento lunar de tus mareas
y la estrella acunada en las orillas de tu pecho.
Allí hechizo tus sueños con golondrinas santiguadoras
de la amanecida en sus picos custodios.
No les permito anclaje de raíz,
los entrego a los seres del aire,
a los hijos de los violines y de las flautas.
Son arias de la luz para la dicha,
cometas cabalgando entre nubes,
aladas simientes del espíritu viajando
entre los vientos de la Tierra .

EL MAR DE LOS QUE FUERON

“El mar también elige
puertos donde morir.
Como los marineros.
El mar de los que fueron.”
Miguel Hernández

¡Qué paz me dan vuestras consejas,
olas que me laméis el oído!
Brindis de tierra y mar
en perpetua lujuria engendradora
Sois mi templo:
el mantra consumado,
la ira de Trafalgares con sus cañones rotos,
licuado Angelus de sirénidos arcángeles ,
salinas saetas lloradas al Cristo de Lepanto
y suspiros de los hijos de Sefarad
por su patria perdida en lontananza.
Nostálgicas voces de los que no volvieron,
herida perenne de arrancadas orillas .

Credo y miserere ,
ancestral reverencia
a Dios -padre,
a Dios-madre .
Mi oráculo perfecto:
mi soledad de caracola .


Silvia Delgado Fuentes (Sopelana-Viscaya/España)

¿QUIÉN?

¿De qué entrañas nació esta bestia?
¿qué cuerpo se desgarró para dar vida a esta vida?
¿qué semen la germinó?
¿en qué fétida placenta?
¿quién se partió en dos para dar luz a esta sombra siniestra?
¿quién?
¿quién parió a esta bestia?
¿quién la enseñó a rezar?
¿quién?,
¿qué madre se la arrancó del vientre
y le dio una estrella
y le dio un destino
y la llamó pueblo elegido
y le dijo que la tierra era suya
que suyos eran los futuros
que suya era la impunidad
que suyos eran los genocidios?
¿Quién?, ¿qué madre?,
¿Qué madre delirante le habló de dioses de acero
y se sentó a comer los muertos?

TEN CUIDADO

Ten cuidado si miras para otro lado,
si bajas la voz y la palabra.
Ten cuidado si mientes
si olvidas,
si inventas.
Ten cuidado si obedeces
si rindes pleitesía
si comes pan y vas al circo.
Ten cuidado si participas del saqueo,
si aplaudes leyes criminales,
si vives acorazado.
Ten cuidado si la sangre ni te mancha ni te importa,
si los muertos son lejanos o anónimos,
si tienes coartada para los crímenes.
Ten cuidado, amigo, ten cuidado,
si no ves esta pesadilla,
si llevas esterilizados los sueños,
si no ves que se amontonan los genocidios.
Ten cuidado, amigo, amiga,
si usas demasiado el silencio,
si llevas ásperas las rodillas,
si mueves los hombros
y tienes las ideas quebradizas.
Ten cuidado si llegas tarde
si te acomodas a tu destino
si te haces el dormido.
Ten cuidado si bajo tus pies la tierra es yerma
si a tu alrededor, todo amarillea.
Ten cuidado si bostezas,
si tu sangre no protesta,
si no sientes escalofríos.
Ten cuidado si no ves a los bastardos,
si no señalas el fondo,
si pasas de largo,
si tienes los ojos cansados,
si eres un lacayo.
Ten cuidado, amigo, amiga, tened cuidado.
Está amaneciendo y en el nuevo día
no habrá lugar para los que clavan el puñal
ni para los que lo afilan.

TERRORISMO I

No están todos los faunos dormidos,
acaso unos pocos, alertados,
disfrazan la noche de vigilia.
No están todos dormidos
ni están sus labios cansados
ni sus sueños dejan de ser deletreados.
No.
Cuando los lobos acechan
cuando aprieta el paso la manada
y una sed roja de siglos
seca los manantiales
rompen los faunos a cantar.

Porque no se pueden despedazar las canciones
como si fueran huesos frágiles.
No se puede evitar que las voces
sean pan y sean peces.
Un puñado de lobos no puede
dejar sin primavera a los cantores.

No todos los faunos están dormidos, no.
No todos parpadean lentamente
hasta quedar deshabitados.
Unos pocos continúan alerta
siempre que los lobos aúllen cerca.

TERRORISMO II

En nombre de qué dioses,
de qué patrias
convierten las palabras en ojos llenos de lágrimas.

En nombre de qué ideas
despedazan palabras
a golpe de espada y de guadaña.
En nombre de qué nombres
bajan los pulgares
para que empiece la matanza.

No se llaman faunos,
los faunos van descalzos.
No se llaman faunos,
los faunos solo cantan,
pertenecen a otra estirpe
a la de aquellos que no merecen lástima.

No se llaman faunos,
no.
Son lobos,
oscuros lobos sin lámparas,
negros lobos sembradores de venganza.

TERRORISMO III

Nuevas generaciones de lobos
conquistan la tierra y la yerman.
A su paso, la muerte tiembla.
A su paso, las vidas amanecen sin huellas.

Nuevas generaciones de lobos,
lobos nacidos de tinieblas,
lobos afeminados,
lobos rudos como piedras,
lobos bárbaros
lobos de mesa puesta.

Escuadrones de lobos preñados de violencia
que paren por los caminos terror a manos llenas.

Hay quien los alimenta,
quien deja en los portales para ellos
pan y carne fresca
pero yo sé que no son faunos
lo sé porque tiemblo si están cerca.
Yo sé que son lobos,
terribles lobos que acechan.
Yo sé que llevan colgando la muerte,
esa muerte que tanto apesta,
la que mata por matar,
la que mata con y sin guerras.
Yo sé que no son faunos.
Los faunos solo cantan.

GUERRA I

¿Quién empieza primero?
¿quién desciende primero sin madre y con bandera?
quiÉn limpia de moho el filo de la espada
para romper otras arterias?

¿Quién señala al enemigo?
¿Quién se para en seco ante el dolor ajeno?
ante el dolor inmenso
ante el dolor entero?
¿Quién, quien?
¿quién inventa la furia
el desastre, la locura?
¿quién vacía al hombre de ternura
y lo atrinchera?
¿quién convierte en carne cruda corazones?
¿Quién ordena arrancar todas las mañanas de la tierra?
¿quién?, ¿quién?, ¿qué dioses, qué patrias, qué colores
deletrean el horror y lo ordeñan?

GUERRA II

Matar y callar era mi oficio.
Huir hacia adelante derribando hombres como bestias
Matar para vivir de nuevo otra pelea.
Pero ya mi corazón se convirtió en piedra,
mi sangre dejó de ser sabia nueva en la guerra.
Hoy todo amarillea.
Sucede que hoy soy un hombre
incapaz de ver las primaveras.

GUERRA III

Mis juegos no fueron de piedra, papel, tijera,
fueron de plomo, de escombros, de calavera.
Y todo el horror de un niño asustado
se derramaba sobre la sangre fresca.
No fue una infancia risueña,
de regalos, de rayuelas, de fiestas,
fue una niñez en tinieblas.
Sin saber por qué,
sin saber quien
ni hasta cuando
una tarde mansa y quieta
cerraron la puerta a las primaveras
y nunca más hubo soleadas tardes de siesta.

No es mi vejez de calma, de paseos, de recuerdos,
es de temblores, de gritos, de bombardeos,
y todo el horror de un anciano asustado
se derrama sobre la sangre fresca.
No es una vejez serena,
de descanso, de relatos, de experiencias,
es una vejez en tinieblas,
Sin saber por qué,
sin saber quien
ni hasta cuando
una tarde mansa y quieta han cerrado la puerta a las primaveras.
Y nunca más habrá soleadas tardes de siesta.
Y el insomnio será lo menos malo
de llegar a la vejez para vivir otra guerra.

CONTRATAPA:

NOTAS DE PARÍS

Por Irma Bignon (Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

UN PRESTIGIOSO BARRIO DE PARIS: Saint-Germain

Nada había cambiado desde el año 550 en que el rey merovingio, Childeberto I, fundara el monasterio Sainte-Croix-Saint-Vincent. Su iglesia tomaría luego el nombre del obispo de Paris, Germain.
La iglesia Saint-Germain-des-Prés entonces, como lo muestra su muy simple arquitectura, única en su puro estilo románico, es la más vieja de Paris.
Todo respondía a una organización medieval de las cosas: un barrio de matarifes, de garajistas y de intelectuales que se fueron agrupando, de buen grado, en los cafés que se apresuraban a abrir sus puertas para recibirlos. Un comercio prodigioso. Y todo ocurría entre libros.
Con el correr del tiempo, fueron apareciendo las editoriales como Gallimard, Seuil, Hachette, Grasset, Fayard, Denoël, Mercure de France, POL, Flammarion – por nombrar algunas - , sitios de encuentro de escritores que volvían a salir para beber un trago en alguno de los cafés, y encontrarse con los críticos y los periodistas quienes, mientras esperaban, revisaban las librerías y compraban libros.
En el café de Flore se servía el mejor pollo a la salsa verde del barrio y había para elegir la cantidad más diversa de faisanes. Así como quien junta puchos en la calle, los dueños del café juntaban aves para los gustos de sus clientes. No faltaban los chismes, y muchas veces se generaban calumnias. Pero en particular, la conversación era inteligente. Persistía el diálogo culto que alimentaba el espíritu. Toda una comedia humana.
En 1873 se abrió el café de Deux Magots que jugó siempre un papel importante en la vida cultural de Paris.. En 1919, en el 12 de la calle de l´Odéon, la librera americana Sylvia Beach inauguró su librería Shakespeare and Company – cita obligada de los escritores desde Hemingway a Fitzgerald -, y hasta Joyce de quien Sylvia publicara su Ulyses en francés.
A la sombra del campanario de la iglesia Saint-Germain-des-Prés, lucían los quios-cos de libros al aire libre. Las bibliotecas rebosaban de libros. Las había por todas partes. Siempre llenas de lectores. No se sabía bien si se escribía. Pero leer, indiscutiblemente se leía.
Sin llegar a hablar de personajes que hacen historia como Chateaubriand, Boris Vian o la misma Marguerite Duras, caminando por las calles Bonaparte o Saint-Benoît, era fácil encontrar la poética figura de algún escritor cuyos poemas se acababan de publicar.
Beauvoir y Sartre se encontraban todos los días en el Café de Flore. Estábamos como en casa, solía decir Sartre.
El médico siquiatra Jacques Lacan y sus amigos Jean Genet e Ives Montand frecuentaban el club Saint-Germain.

Al empezar la Segunda Guerra Mundial, las dudas comenzaron a aflorar. Nunca se dejó de escribir. Pero las publicaciones fueron clandestinas.
En 1941, Jean Paulhan y Louis Aragon se citaron en los jardines de Arenas de Lutecia para discutir sobre la continuidad de la revista Lettres françaises. Fue clausurada un año después.
En el restaurant Lampérouse en el muelle Grands-Augustins, Paul Valéry y Gaston Gallimard, hablaron de la posteridad de la NRF (Nouvelle Revue Française). Fundada en el año 1927, dejó de aparecer en 1943.
Se pusieron de moda las caves (sótanos) donde la juventud se reunía para escuchar buena música y bailar. Juliette Gréco, verdadera leyenda de la cancón francesa, se instaló en Saint-Germain para cantar a escondidas y entibiar con su voz las frías noches de la ocupación.
De alguna manera, Saint-Germain fue por mucho tiempo el centro de la actividad editorial e intelectual de Paris hasta el año 1950.
No deben existir muchos sitios en el mundo donde restaurants, bares y cafés hayan tenido tanto interés en colaborar con la literatura. Y eso ocurre aún hoy. Deux Magots, Flore, Lipp, Bistrot de Paris, l´Odéon, Montrouge, todos contribuyen cuando se trata de dar los premios literarios.
Con el tiempo, las economías obligaron a cambiar de rumbo. Las editoriales Hachette dejaron el Boul´Mich para instalarse en el muelle de Grenelle; Flammarion, la prestigiosa casa domiciliada desde 1876 en la calle Racine, se transladó al muelle de Panhard; Seuil abandonó la calle Jacob. Grasset, Fayard y Stock también dejaron el oneroso barrio.
Las cafeterías, las librerías, fueron reemplazadas por boutiques de vestimenta femenina y masculina, zapaterías y casas de grandes modistos. Todo producto de la época. El Flore se llenó de modelos de la alta costura y el Deux Magots fue cita obligada de turistas.
La nostalgia nos hace pensar: ¿es acaso el final del barrio Saint-Germain?
Asombra la perennidad de Ediciones Gallimard, siempre domiciliada – como faro incrustado en su roca – en la calle Sébastien-Bottin, que oficialmente ha cambiado su nombre por el de Gaston Gallimard, en homenaje a su fundador …

A pesar de los cambios, las librerías siguen vigentes, y se puede – como siempre – adquirir el periódico argentino La Nación en el quiosco situado frente a la librería La Hune. La famosa librería Gibert abrió sus puertas por tercera vez en su sitio habitual, y un cierto número de editoriales como Minuit, Grasset y POL han quedado en el mismo sitio, otras que se fueron y volvieron, como Plon y Flammarion.
La clientela intelectual continúa obstinándose en frecuentar los lugares de siempre.
Sin tener el mismo movimiento, Saint-Germain quizá no sea más el corazón de la intensa actividad editorial de Paris, pero permanece como centro simbólico.
El campanario de la iglesia, fiel custodio de su barrio, sigue haciendo sonar sus campanas. Su lenguaje activa el ritmo de la vida cultural y orienta el espacio.

Todos los textos, fotografías o ilustraciones que integran el presente número son Copyright de sus respectivos propietarios, como así también, responsabilidad de los mismos las opiniones contenidas en los artículos firmados. Gaceta Literaria solamente procede a reproducirlos atento a su gestión como agente cultural interesado en valorar, difundir y promover las creaciones artísticas de sus contemporáneos.
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