Reconocimiento Nacional a GACETA VIRTUAL

Reconocimiento Nacional a GACETA VIRTUAL
Feria del Libro Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Año 2012

Rediseñada para ofrecer una mayor difusión de la escritura en castellano.

Dirección: Norma Segades - Manias
directoragaceta@gmail.com
GACETA LITERARIA Nº 42 – Junio de 2010 – Año IV – Nº 6


Imágenes: Homenaje a la obra del pintor José Royo (Valencia 1945)
Música: Seleccionar al pie de la revista

PÁGINA 1 – REFLEXIONES

SALUDO

Por Claudio Portiglia (Junín-Buenos Aires/Argentina)

Desde siempre supimos que hubo próceres y enemigos
y batallas
lo que no sé ya grande es de qué lado estuvieron
los que habría acompañado
sobre todo cuando me reducen la historia a un juego de interpretación

pero hay hechos que son incontrastables
razones que exceden las mezquinas disputas académicas
y costumbres y acciones cotidianas
en las que todos sabemos coincidir

habrá que atar los puntos me parece de esta trama argentina

en lo que a mí concierne
provengo de una sangre usurpadora como la mayoría de mis compatriotas
y este idioma que hablo como ellos es el mismo
que habló el conquistador
no puedo imaginarme sin embargo nacido en otra patria
ni habitante de un país sin república
ni forzoso tributario de un sistema que no abunde en justicia
y libertad

éste es el tamaño de nación que le cabe a mis sueños
no creo que haya tierra que resuma mejor mis esperanzas
ni pueblo que acompañe como el mío
ni motivo que empuje con más fuerza
ni destino más noble que el que aguarda
la paz que nos debemos


PÁGINA 2 – CUENTO

ORQUÍDEAS PARA CLARA

Por Delfina Acosta (Asunción/Paraguay)

Por un camino de polvo uno iba a la Farmacia Lázaro, y ahí, el farmacéutico, que llevaba una vida sedentaria, te contaba algún chisme, cualquier zoncera, porque gran cosa no ocurría nunca.
Todo era un asomarse a la ventana, y mirar a la calle, que al atardecer tenía un color sombrío y apagado, y luego, cansado del triste espectáculo volver a meterse en la casa para esperar que cayera la noche y echarse sobre el lecho.
En la casa de enfrente vivía una adolescente paralítica.
A las seis en punto de la tarde, una mujer robusta, con el cabello recogido en un pañuelo de colores, la sacaba al patio que daba a la calle, y la adolescente, de rostro pálido y pecoso, se quedaba como un ave sobre un tendido eléctrico, ansiosa por volar, pues había que ver cómo se le quitaba el rostro triste, y la elocuencia, las palabras en pleno aleteo, le dibujaban un semblante feliz.
En las otras casas, que eran pocas, las puertas permanecían cerradas.
La gente no caminaba al atardecer por la calle.
Y aquella conducta de sacar al perro para que paseara no existía pues las personas eran de vivir adentro, y escuchar la radio que pasaba música internacional, pero de las salidas del fuelle de un acordeón, del viento de un trombón y de las teclas de un piano, y no las que alcanzaban los pulmones de un vigoroso tenor italiano pues la tendencia era oír sólo el clamor de los instrumentos musicales.
Clara se aburría.
Era demasiado largo el tiempo que transcurría entre los cuerpos celestes, con fogonazos y apagones de luz; ella daría lo que fuera por atraer la atención de alguien, y luego pedirle que le contara todo, desde el principio hasta el final, o sea alfa y omega, y seguir así, dale que te dale, y que fuera tarde para continuar hablando y aparecieran las primeras luciérnagas del crepúsculo, pero continuar lo mismo.
Mientras comía, a la hora del almuerzo, su invariable porción de chuleta de cerdo y de puerro, pensaba qué haría después de la siesta, en qué distracción haría vagar sus horas blancas, pero terminaba sentada en el sillón del patio, leyendo alguna vieja revista.
Durante una tarde de sol que picaba, y mucho, alguien golpeó las manos en su portón.
Fue a atender.
Era un hombre oriental. Dijo llamarse Kato Akagi. Y bajo el sol inclemente y picante como un sello salino en la frente, le fue diciendo, con suma amabilidad, que traía orquídeas de las mejores y de las más exóticas especies, y que se contentaría, en caso de que lo tomara como jardinero, con un lecho para dormir y comida. Conocía bastante de plomería y de instalaciones eléctricas además.
Clara sabía que no podría mantenerlo, pero ya le vendría una invención, una idea, una chispa hija del apuro, y lo contrató.
El oriental, que resultó ser japonés, tenía su edad: 30 años.
A los quince días Kato ya había formado bajo la enramada de la vid un sitio rectangular y parejo para las orquídeas, que él llamaba “su pueblo”. A menudo lidiaba contra las abejas que venían atraídas por el líquido dulzón de las frutas con un heroico sentido del humor.
Clara se sentía contenta. Por fin alguien con quien charlar.
Después de cenar (el japonés comía en un cuarto grande destinado a los cachivaches), le pidió que viniera a sentarse a su mesa.
Jamás supo lo que era darse aires, ni inyectar un tercio de ampolla de maldad a la gente, porque en ese pueblo de diaria consumación de la indiferencia, el necesario placer de odiar a una persona, nunca había tenido su proceso ni ocasión.
Así fue que ante la mirada de Kato, saboreó ronroneando su postre, y le comentó que lo hizo a la tarde y lo dejó enfriar, y luego, sorbiendo el jugo de durazno que hacía perfecto maridaje con el zumo de piña, cerró sus ojos largamente como si fuera que estuviera viajando y le contó que podía sentir no sólo los sabores sino también los colores.
- Esto es un manjar de los dioses. Ambrosía pura - suspiró.
Después, temiendo que Kato tomara de un salto su postre, se animó a tragar un durazno entero, y le fue contando, dale que dale, que se sentía contenta con su trabajo aunque el rociado de las flores le parecía excesivo. Pero en el momento le pidió perdón porque qué podría ella saber de orquídeas.
Y se levantó de la mesa y vio los dientes sanos de Kato mostrando una sonrisa obediente en señal de las buenas noches. Clara se sintió triunfal.
En los días sucesivos charlaba de cuando en cuando con Kato.
Le observaba hacer las cosas (vestía siempre una camiseta de frisa y pantalones a rayas) con la cabeza inclinada sobre el objeto de su propósito. Y ella pensaba, pensaba, y no se le ocurría con qué maldad darle un maltrato porque nada más se le cruzaban por la mente preguntas, que él contestaba hacendoso. Y cuanto más se volvía respetuoso y puntual y preciso en su comunicación, más Clara se irritaba.
Un día, estando la tarde calurosa, vio dos escorpiones junto a la rejilla del cuarto de baño. Los tomó con papel y los dejó dentro de un viejo tarro de pintura “Látex” donde Kato guardaba un aditivo para el abono. Se sentó a esperar mientras escuchaba música de la radio.
Y cuando ya la música le iba dejando en estado de sopor, sintió, sobresaltándose, la presencia del japonés. Le mostró los insectos acercándolos cuidadosamente a su rostro, y los bajó sobre una baldosa, y una vez que los desesperó y los indujo a muerte prendiendo fuego a su alrededor, los llevó a su boca, hizo un buche con ellos, para después escupirlos muy lejos.
- Estos bichos salen cuando hace calor - dijo. Una sonrisa burlona le blanqueó e iluminó la cara.
Pero hubo cierta hora de ese día en que Clara sentía el calor agobiante de la noche. Se imaginaba corriendo, desnuda, con el cabello suelto. Los insectos nocturnos buscaban su rostro, sin embargo ella seguía corriendo, descalza, afiebrada y ligera, y algo de la brisa y del sudor se prendían, confabulados, de su larga cabellera suelta. Y fue sin darse cuenta que paró de correr, pues estaba ya en el cuarto de Kato, quien dormía desnudo.
Ella le dijo cosas tibias en el oído para que despertara.
Y él despertó, y nombró a su esposa y a su hijo pequeño varias veces, levantando una barrera.
Pero ella no quiso escucharlo.
Esa manera suya, como de serpiente, de deslizarse, de desprenderse de la fuerza de los brazos de Clara, hasta llegar al suelo, era su forma de pedirle disculpas por no poder atender a sus requerimientos.
Tocando su sexo, lamiéndole las orejas, hablándole como desde un lugar secreto y lascivo de la noche, siguió insistiendo.
Repasó con su lengua furiosa su cuerpo y rozó con sus largos dedos finos su rostro hasta llegar a sus tetillas.
En un momento apretó sus senos contra su pecho. Se oyó a sí misma ronronear.
Fue entonces cuando bajó su capullo oscuro hasta el sexo masculino y besó en la boca a Kato. Empezó a hacer leves movimientos; ellos parecían dibujar una flor oscilante de una rama. Y aquellos movimientos sin posibles errores, aquellas olas altas y bajas, aquel placer que empezaba a formar parte de un viento que había perdido el control de sí mismo, comenzó a escurrirse como el zumo del mar librado a la oscuridad.
La quietud de la noche era grande.
Ella dibujó en el cuerpo amante la forma de un círculo.
Suspiró satisfecha mientras observaba, a la luz blanca de la luna, la silueta de un gato sobre el tejado. Los gatos le inspiraban desconfianza, pero aquel minino despertó su ternura.
Todavía su cuerpo tenía memoria del placer cuando vio a Kato, parado frente a ella.
Un ave chistó dos veces a lo lejos y voló huyendo.
El hombre sujetó fuertemente sus dos brazos mientras hundía un cuchillo en su cuello, su largo y suave cuello de cisne, que empezaba a manar sangre tibia.
Muerta, con algunos claros rojos de la sangre sobre su piel blanca, Clara parecía una rara y exquisita orquídea.


PÁGINA 3 – NUESTRA POESÍA

Elsa Hufschmid (Santa Fe-Santa Fe/Argentina)

FRIDA KAHLO

Hay una belleza infame en su rostro,
arrogancia, desafío, lucha.
Lucha por ser mujer,
pero vivir libre como el hombre.
Odia y ama sus dolores.
Desata tormentas su cuerpo.
Las perfectas líneas americanas
de su cara de princesa maya,
causa revuelo en los espíritus.
Heredó de su padre germano,
resistencia, vigor, empeño.
Del duro México la morbidez de sus formas,
la innata sensualidad que desmayó
sensatez y cordura de hombres y mujeres.
Reconocidos políticos y artistas
sucumbieron ante su presencia,
arrolladora y libertina.
Con su sino de huesos rotos,
años de sufrimientos presa de corsé de acero.
En sus autorretratos gritaba al mundo
el padecer sin concesiones.
Nació con el fuego
de la revolución de Zapata.
Un dios de Oaxaca la dotó de sensualidad
y pasión.
La Frida es América joven y pujante,
que reclama con urgencia por sus
exuberantes riquezas.
La Frida es la Mujer que exige,
vehemente y generosa,
un lugar que en siglos le fue negado.

REBÉLATE

Rebelate. Abrí tu pecho y mostrá tu corazón,
mostrá al mundo como late
y sangra ante las miserias,
las eternas injusticias
frente al dolor que te conmueve.
Revela tu impotencia, que no sabes qué hacer
para impedir este derrumbe moral,
esta indiferencia de los poderosos.

Rebelate y mostrá que todavía amás,
mostrá que querés luchar.

No te escondas,
no te sumes a la piara que baja la cabeza
y solo murmura.

Abrí tu garganta y gritá.

Tenés una insobornable bandera:
Sos joven.

MIEDO

Se va adentrando lentamente
entre mi piel erizada
y mi carne castigada.
Duele, quema.
Miedo es el nombre. Miedo.

Que no me quieras,
que no me nombres,
que se escondan tus manos,
que se apaguen tus ojos,
que se hiele tu boca.

Y siento el miedo rastrero
envolverse en mis piernas.
Gelatinoso y caliente
invadir mi vientre
apretarme el pecho
ahogar mi grito.

Ya es tarde.
La sombra del miedo tapó el sol.

DECISIÓN

Estoy al borde del precipicio de tus ojos
siento que balanceo el cuerpo.
Mis pies descalzos sufren las púas de las piedras,
mis manos sangran, apretadas, tensas.
Hay en mi pecho un golpeteo de tambor rojo.
Baña mi boca un sabor a flores, a vida, a miel.
Y me duele mirarte
y no quiero.
Pero el huracán me empuja.
Y me dejo caer blandamente.

YA FALTA POCO

Solo días te faltan, algún minuto,
de algún 31, de algún diciembre,
parirás, remanido segundo milenio.
¿qué sangrante monstruo saldrá
de tu vientre?
Tu alarido desgarrador se multiplicará
en la intimidad del arenal,
en cada ínfimo átomo de aire.
Temblará la tierra de Sarajevo
Recién fertilizada con huesos y sangre.
¿Parará un segundo la hambruna universal?
Los poderosos ¿buscaran en su interior,
con la secreta esperanza
de hallar una víscera útil?
O simplemente entraremos al 2001
con toda esta magra y sucia realidad.
Con esta profunda y guardada expectativa
de cambiar algo.
Algo, aunque sea muy pequeño, mínimo.
Le exijo a la vida me permita
participar de algunos de estos cambios.
Le ordeno a mi corazón salir indemne
de este parto cercano.

Hace diez años que el milenio parió,
Que parió guerras, muertes, sangre, hambruna.
Mi corazón indemne, pero más viejo, todavía espera.
Los poderosos siguen escondidos, enviciados.
Los pueblos arrastran su dolor, y esperan.
¿Hasta cuándo?


Horacio Rossi (Santa Fe-Santa Fe/Argentina)

MAREA ANTI POETAS

Nos obligaron a vivir en corral se encaramaron a
componenda...
Y prohibieron todo lo de salud, de abiertas puertas, de alegría,
de amor...
Y se vienen portando bastante torpes con los que no acatamos su
zonza pretensión. Y seguimos haciendo habitable al mundo, cocinando, sembrando,
industriando, cantando, anotando, abrazando, amando...

Y si bien no tuvieron ningún tipo de éxito, al menos en los
últimos cinco mil años, sus ejecutores nos queman vivos, nos cortan los dedos,
nos matan a tiros o de hambre, nos culpan de todo, tratan de que nos
identifiquen con el vicio, el asco, el suicidio:
"¿tu hijo es poeta?: ¡pobre de él, y pobres de
ustedes!"...
creando una onda artificial de choque, aveces hasta sutil, pero
nomás imbécil, a la que, con el perdón de las palabras, llamaré: marea anti
poetas...

La marea anti poetas logró que muchos se obligaran a creerse otra
cosa, y vivieran toda su vida en casa ajena...
En sus obras, la Poesía habita, campea y esplende, dueña y, lamentablemente, desdeñada
por su teniente entonces infeliz...

Con ella nos miramos, y, sonriendo, algo tristes, pero serenos en
el fondo, proseguimos...

hablar de la marea anti poetas es nombrar la campaña anti hembra,
anti fertilidad desabrochada, anti danza, anti fiesta...
es tan obvia que ni la vemos... es como hablar de estos fresnos,
que, si los sacamos, desaparece Santa Fe...

es hablar de la siembra del miedo...
de alimentar el miedo que nacemos teniendo...
aunque la voz popular distingue, al poeta, del loco, el negocio de
cierta gente es insistir hasta que la meneada gente nos confunda a los poetas,
con locos...
degenerados, enfermos, suicidas, adictos, flagelantes,
antisociales...
es hablar de la siembra del miedo...
de alimentar el miedo que nacemos teniendo...

estos subversivos, los poetas, dicen que la puerta del corral está
abierta... y lo muestran... dicen que no hay puerta... y lo muestran...
dicen que un mundo mejor, un mundo habitable, es posible... y lo
muestran...
y enseñan cómo hacerlo... fácil, gratis, lindo, sano, bueno,
factible...

entonces, algún colega, se mira, mira su entorno, y dice: lo mío
es la prosa...
yo soy un escritor... haré relatos, cuentos, novelas, ensayos...
la poesía es la infancia del arte, y yo soy una persona adulta,
madura, objetiva, reflexiva, científica, a más de ciudadano...
mi aporte a la sociedad será condigna a mi estatura humana de
hombre mayor -si es mujer, dirá: mujer mayor o mayora, como prefiera decir...

Así pienso, dice, porque cree que piensa...
Piensa que así siente, como si sentir se pudiese pensar...
Y anota unos hermosos poemas y los titula cuentos o los mete
dentro y los firma como Julio Cortázar o Marguérite Duras o cuántos más. O se
busca un pseudo nombre, y escribe poemas ahora firmados por un tal Saint-John
Perse o por un tal Gastón Gori...

En la casa o la iglesia o el partido o los amigos les ponían cara
rara, por decir lo menos, si se enteraban que escribían poemas, versitos,
palabritas lindas puestas en hilera... Sin permiso de cada uno de todos ellos.
Entonces, les decían, a coscorrones:
Eso no es la debida obediencia. No es lo que esta hora de la
historia necesita. Debilita el frente interno. Es una claudicación
retardataria. Esto llama al demonio, alimenta la concupiscencia y los malos
instintos, bah, el instinto, que con uno solo ya es más que suficiente. Queda
feo, imaginate. En el barrio se va a comentar, y ya sabés lo que van a decir...

yo, quedé escibiendo, poemas... y ando lo más bien...
también anoté relatos y marginalia y una novelita me llevó 20
años... lo más bien...
ni pude ni quise parar, y sigo...
y casi ni me enteré de la marea anti poetas...

que te llena de ejemplos de extremismo y moralina:
Van Gogh se cortó la oreja. Oscar Wilde se colgó un girasol de la
solapa. Ghandi puede haber liberado la India, pero ¡con qué cataplasmas en la cama!: "viejo,
pero no pellejo" el desgraciado...
Por suerte, uno es sanito, y, en casa, nada de eso.
Salvo los pecadillos de juventud, ya se sabe...

ni esperemos que los parásitos de la marea anti poetas nos
muestren ejemplos sanos, contagiosos, de índole íntima, doméstica, fraterna,
como Johann Sebastian Bach, por ejemplo...
o los anónimos que construímos Alhambra y las Catedrales...

sin apuro... calidad... en el todo y en la parte... calidad... sin
apuro...

tenía razón, parece, ese que dijo: yo hablo en prosa...
errados vivieron en las cuevas y en las llanuras, en las selvas y
en las costas... los pueblos sin registro oficial, sin historia...
errados vivieron los pueblos felices...
cantando, danzando, fiestando...
bajo el sol, la luna, la lluvia, el cielo, las frondas, el viento,
la vida...
por eso nos los tragamos, los mantenemos dentro, no los
mostramos...
salvo algunos, sin querer, quienes no siempre... ni pedimos... ni
permiso... ni disculpas... a nadie...

no somos nosotros, los diferentes:
nos seguimos reuniendo en torno al fuego, de leña o de pabilo...
no cobramos por nacer, casar, morir...
ni por naturalmente participar en la divinidad sagrada
existente...
cantamos, o pronto cantaremos...
danzamos, o pronto danzaremos...
nosotros seguimos siendo, como siempre:

pronto, de nuevo, hasta viviremos, inexorablemente...
y nos lo enseñamos a hacer, también, con bien entre los bien
dispuestos, cuando es el tiempo de nos encontrar...

nosotros seguimos siendo los mismos, lo mismo...
"Vos sos peor que los guerrilleros, porque Vos sos de
fondo", me piropearon un día: eso seguimos siendo: de fondo...
donde todo surge, nace, vive, riendo...
somos lo mismo que eso del fondo, inconcebibles...

y la marea anti poetas viene y llega y piala
y siempre a alguno enlaza y se lo lleva:
nada se pierde: esta avulsión acá dará aluvión allá...
y, en su obra, la Poesía campea para siempre:
amén y gracias, buen viaje, mar calma y sotavento...

el cielo no existe, el tiempo no existe, la muerte no existe...
la magia vale solamente si para alguien sirve de algo bueno...
"¡están locos!", aúlla la marea anti poetas...

nosotros seguimos cantando que hacer lo que nos gusta es sin
permiso,
que hacer lo que nacimos para hacer es alegría. es salud, es
amor...
siempre es bueno y siempre está bien...

nosotros conectamos con el fondo que somos...
del que estamos hechos
todos...
directamente, conectamos...
a los carísimos pseudo intermediarios encaramados, no les gustamos

La marea anti poetas está hecha de miedo. Y, el miedo, no es
zonzo.
Además, las ventajas materiales -de seguir vivo, en adelante-
están de su parte, sin duda.
Yo escribía. Pero cuando era joven. Apenas envejezca, ya no más.
Lo prometo.

Y estoy convenciendo a algunos colegas de que, en realidad, ellos
son poetas.
Por cierto que ellos no serán convencidos de tal cosa ni por mí ni
por nadie.
Y seguirán adelante, nomás, con sus poemas...

Interín, nos tomamos, como decimos acá, unos cuantos mates, y
vinos varios, en torno a mesas con abuelos, padres, hijos, nietos, y sus
correspondientes dueñas.
Riendo. Cantando. Fiestando.
Y el fuego de un fogón asador.
O la serena llama de una vela bujía vuelta, entonces, vela navía
del común individual ensueño.
Y la luna y el sol.
Y el tiempo que existe para que charlemos por turnos.
Respetando al silencio...

Así que, ahora, me callo. Pero, no más, hasta luego...


PÁGINA 4 – ENSAYO

DÍA DEL PADRE

Por Mónica Russomanno (Santa Fe-Santa Fe/Argentina)

Los padres son esos hombres que estuvieron en la vida de sus hijos.
Estuvieron mucho o poco, bien o mal, pero para su gusto o disgusto tienen un papel en esa vida que engendraron.
Hasta el padre desconocido figura como una fotografía vacía, como un anhelo insatisfecho. Es el hombre que pudo haber dado los abrazos que faltaron en una infancia incompleta. No tendrá, acaso, rostro ni voz, pero se presentará como un fantasma a lo largo de los años. Esa sombra arrojada por un sol oblicuo se extiende hasta que cae la noche.
Hay otros que son padres del cariño, padres que tomaron ese lugar de silla sin ocupante. Parejas de la mamá, abuelos, vecinos amables. A alguno se le reprochará que no sea quien no pudo ser, el padre biológico, y se le reprochará torvamente que haya elegido ejercer un oficio tan difícil, tantas veces tan ingrato, como si en vez de dar estuviese robando.
Le pedimos mucho al padre. Lo vemos en las propagandas. Papá es vital, está sonriente, tiene el pecho amplio y los brazos largos. No es un simple mortal, es El Padre. Demasiado para un pobre hombre que hace lo que puede con los escollos de su pasado, su propia vida y sus pobres aptitudes.
A veces lo entendemos, a veces no.
Nos justificamos en lo que no nos dio porque no quiso o no pudo. Le cobramos la deuda a él o a otros. Nos negamos a crecer cuando seguimos haciendo demandas a un hombre destinado, igual que nosotros, a un mundo y una tarea para la que no tenemos preparación.
Habremos de aprender de su ejemplo, para seguirlo o para negarnos a caer en sus errores. Buen momento éste para saber quiénes somos, en relación a quién es o quién fue nuestro papá.
Dichosos los que no frunzan el ceño, quienes no crispen los puños, quienes no se vean obligados a la tristeza. Y más dichosos aún los padres que han podido serlo y merecen la gratitud y el cariño.
Pero los saludo, a todos, buenos y malos, presentes o fugitivos, sentados a la cabecera de la mesa, difuntos. A todos. Feliz día, que puedan vivir en algún corazón que los premie o los redima. Y mucha suerte.


PÁGINA 5 – CUENTO

LA NIÑA DERVICHE DEL SIGNO

Por Rubén Vedovaldi (Capitán Bermúdez-Santa Fe/Argentina)

Cuentan que en el tiempo de los tiempos y en un lugar de los lugares, entre unas vidas de la Vida, una niña derviche se ganaba su pan y su sal cantando cuentos de niñas derviches que se ganaban sus vidas contando y cantando cuentos sin cuenta.
Uno de esos cuentos dice que otra niña derviche puso siete piedras delante suyo formando un anfiteatro y les contó siete historias. Y cuentan que esas piedras se conmovieron hasta la risa y las lágrimas e hicieron con sus lágrimas de felicidad el más bello lago en medio de ellas.
La niña asomó su rostro y se vio reflejada. Abrió su boca en asombro y se adivinó un signo lingüístico en medio de la lengua.
Al ser felizmente descubierto, el signo lingüístico despertó como un genio mágico, para cantar el himno de las siete lenguas.
Y las piedras se volvieron siete peces de siete colores diferentes y nadaron en el lago de sus felices lágrimas. Y otras siete piedras vinieron a oír el himno y bailaron con los peces y se volvieron siete pájaros de siete colores cada uno y bebieron del lago y volaron a buscar néctar de luz y polen en el prado. Y diseminaron la vida de los árboles frutales y las flores más allá de los siete mares hacia todas partes
Y aunque no todo era feliz en el universo y la niña y los peces piedra y las aves piedra sabían que en la convivencia hay lucha y en el cielo hay amores crueles y bellas guerras, esa noche, todos se durmieron soñando los mejores ecos del signo.
Al otro día las aves eran piedras otra vez y los peces eran piedras otra vez y ya se había evaporado el lago de las felices lágrimas pero la niña derviche amaneció con ganas de salir a caminar, a cantar y a danzar el signo por donde el día la llevará.
Para que el día nos traiga al pleno esplendor despierto, -dijo- vamos al día con nuestra renovada voluntad
Para que este día y cada día nos den también de su hambre y su fruto, su sed y su agua, vamos a despertar el signo, porque si la piedra puede ser pez o pájaro, -se pregunta: ¿Por qué no podría yo volver a despertar y volver a salir a la convivencia creativa, aún cuando no todo sea luz y calor, amor y alegría, canto y danza?


PÁGINA 6 – NUESTRA POESÍA

Mabel Zimmermann (Rafaela-Santa Fe/Argentina)

GÉNESIS

acostumbro
en las tardes doloridas del otoño
acunarme en la historia de un sillón
cómplice

dejando que me acaricie la garganta
alguna melodía lánguida
para sentir que mi almita se duerme
serena
unos instantes

adivinarle un sueño
y regalártelo

SUBLIMACIÓN

Fino tul no, la piel de una manzana
separa al creador de su obra.

Por fuera, la sal y la calle,
el violento irrumpir de multitudes y horarios
muriendo con cualquier excusa,
resucitando en cada silencio, sin saberlo.

Por dentro el jugo dulce
pretendiendo irrisoriamente
cobrar sentido en cada célula

Es un esfuerzo vencer cada barrera,
deben los dientes empecinar un surco
y la mente un anhelo
para encontrar el íntimo placer
de un universo que nos devora
en un sólo instante de goce.

CUANDO LLUEVE LOS DOMINGOS

Es una tarde lluviosa
es domingo
se aburren los instantes - arrastrando -
mi aliento en la ventana - y los recuerdos -
por todos mis sentidos
Me ciego al devenir infame de las horas
crucifico excusas y razones
y amarrada al imperio de un instante
renuncio a escapar
y me conformo.

Dejo mi osamenta frágil
a la deriva
de espantos
y bufones

Debieran guardarse los recuerdos
en archivos ordenados y secretos;
poder entrometerse, revisarlos
y salir en busca de otra tecla
sin resucitar en un abrazo moribundo,
sabor ardiente
rumiar del miedo
que lastima a la que me sobrevive

Y le muerdo el paso en ese instante
y me duele la voz encallecida
pero no sé morir;
(si no, lo haría)



Serían entonces los recuerdos
un fuera de tiempo del equipo
para recuperar el aire
calmar el músculo
mirar al adversario serenamente
en vez de agolparse - brutales -
cuando llueve
en tardes de domingo

INFANCIA MUERTA
Capullo frágil
puede sostenerse en un mendrugo
en un suspiro.

Con risa clara
logra, a veces, tiranizar el mediodía
dejarse lamer por el sol
en ritual de abrazo tibio
única caricia que conoce.

A veces también
la ilusión / la esperanza / o lo que sea
finge un sueño
y consigue que la noche se calme
aunque frío
aunque soledad y queja.

Perfil vago que se pierde entre nosotros
antifaz dolido
trasunta veredas apagándose
mientras su infancia desfallece.


Yo diría
que ya ha muerto.

NADIE ESTABA ALLÍ

Un niño jugaba con medicamentos
suicidando el horror en un televisor angosto.
La madre,
esperanzas azules en el cansancio de sus ojos.

Y estaba el sacerdote, el rabino, el pastor,
el gobernante,
el periodista,
el ilustre,
el que sabe,
el que ordena,
y la mejor amiga,
y el hombre que decía amarla
y el vecino
y otros
y todos...

Nadie miraba al niño con su madre
y yo,
viéndolos,
no hice nada.


Miguel Ángel Gavilán (Santa Fe-Santa Fe/Argentina)

I

Allí donde se apura la tarde,
Hay una esquirla sola,
un ademán sin gracia
de nostalgiosa luz aguardando.

Es llegar a él,
así, simplemente,
para imitarle la inocencia,
el apuro de ser luz aguardando.

II

Soy la piedra de la piedra,
sin calma,
en la ensenada azul de tu misterio.

Soy tu misterio azul,
tu nada colorida
que te aguarda.

III

Seremos eso,
(torpemente),
hasta el resto de la tarde.

Y habrá gente disputándose
la cercanía nuestra,
imitando la forma,
el apuro,
la conciencia del estar prevenidos.

Seremos eso, torpemente.

IV

No hay lugares seguros.
No hay
cálidos pasos en el cuenco de la noche
atravesándola como cuchillos.

No hay respuesta al suspirado rencor,
al afecto mentido de esa forma
sin forma de la costumbre.

No hay lugares seguros.

V

Te espero en el lugar verde de la imagen,
en la conmovida maleza,
en la mañana,
así,
de ramas opulentas y de espinas.

Te espero aparte de todo comentario
en el quiebre,
en lo no dicho,
en la roca encima del agua.

Y hay gente que busca nuestra culpa,
especialmente, trepando
los grilletes de hierba,
golpeando las cadenas y los muros
de nuestro bosque perpetuo.

Te espero en el confín de los espejos
donde hay pájaros
con las patas en el barro
y las alas combadas de humedad
practicando la salida.

Saludando con un gemido,
a veces, el regreso del aire respirado.

VI

Pulpa de papel.
Acariciada pulpa de papel,
en el entierro de una palabra,
haciéndose plataforma a rayas
donde permanezca quieta
hasta que se arrepienta de haber llegado.

Pulpa de papel para las palabras perdidas.


PÁGINA 7 – ENSAYO

AULLIDO POSTHUMANO

Por Pablo Paniagua (Guanajuato/México)

Y me trepo a lo más alto del árbol más alto de Weblandia para dar mi último aullido, como el de Allen Ginsberg pero anunciando a otra generación el final de los tiempos:
“Yo escribo con balas de plata para ir directo a tu corazón, para dejar en él la impronta de mi fracaso. Yo soy la voz interior de un escritor, una voz que se escapó de un libro sin final, un libro infinito del cual ya me cansé, un libro que jamás se escribió; de ahí el origen de mi fracaso ante algo que es una idea inconclusa. Pero a pesar de todo estoy aquí, con este grito que será la expiación de todos mis pecados, sin olvidar, desde luego, que sólo soy una voz por ahora sin cuerpo. El alma sí la tengo, y es esta energía que se manifiesta haciéndome escribir estas palabras de plata, tintura reflectante de mi realidad: La realidad de un fracasado.
Tengo la sospecha de que tú vienes aquí como un voyeur, para saber qué se esconde detrás de esta voz, cuál es su esencia y si te puedes reconocer en ella. Pero yo sólo vengo a decirte verdades, porque las mentiras competen exclusivamente a la espacie humana. Ése es tu fracaso, mucho peor que el mío; ésa es tu pérdida como ser humano. ¿Vas a hacer algo por cambiar la Historia? ¿Acaso no ves cómo anda el mundo que habéis creado? ¿No me digas que estás satisfecho? Lo mío no es nada en comparación con lo tuyo, y aquí estoy para escupir mis balas de plata en tu corazón, para que muera dentro de ti ese ser despreciable y así puedas cambiar tu conciencia.
Y ahora, después de terminar de leer estas palabras, levántate del asiento, mírate en el espejo y comprobarás que no eres mejor que yo, esta voz que te habla, porque perteneces a la peor especie del Universo.
Después de mirar en el espejo ni siquiera lograste contemplar tu alma, tan sólo un rostro de carne y hueso, un cuerpo mortal, no como esta voz que flota en el espacio y vivirá por siempre, porque es tan inmaterial como la esencia de un alma que no se esconde dentro de nadie. Quizá ya empieces a ver la luz que se cuela por una rendija, por la corteza abierta de tu piel, justo ahí por encima de tus cejas, en la frente; quizá ya sientas su calor, quizá ya alcances a entender algo de lo que te digo. Pero primero es necesario que te des cuenta de tu fracaso, de otra forma no podré hacer nada por ayudarte porque ya estarás muerto para la gloria. Así es, muerto para la gloria y muerto para todo, porque lo que te espera ni siquiera lo imaginas, está por encima de los límites de tu razón humana, algo que se esconde detrás de la cortina de este mundo material que tanto amas. No hay nada si no crees en ello, y se esfuma antes de que lo hubieras intentado. Hoy es un gran día, no pierdas la oportunidad de conocerte un poco más, de mirar en tu interior para tratar de ver aquello que perdiste antes de haber nacido.
Ya te dije que estoy aquí para cambiar tu conciencia, para que dejes de ser como los demás, esa masa que puebla este planeta; para que cuando camines por las calles entre ellos sepas de tu diferencia, por tener en tu mente y en tus manos el poder para cambiar el mundo. Pero primero, ya sabes, tienes que empezar por dentro, por tus ideas y sensaciones, y así abandonar tu antigua manera engañosa de ver la realidad. Ya sé que no será fácil cambiar de un día para otro como por arte de magia, pero el tiempo, con su transcurso, te irá abriendo la visión clarividente del futuro; es el atributo que debes desarrollar, esa parte dormida: el arte de la intuición, el de sospechar saber qué pasará. Hasta los animales presienten la catástrofe cuando el humano no sabe ni lo que tiene bajo los pies, lo que se alza ante su vista más allá del horizonte, porque su visión es corta, demasiado corta.
En la mano tienes la semilla; mírala e imagina el árbol que está dentro de ella. Busca más allá del tiempo presente y encontrarás todas las respuestas. Ése es el punto de antes del punto de partida.
Todos vienen a la vida a cumplir su designio. Algunos a hacer el amor y otros para matar. Tú tienes la capacidad de decidir tu destino, para dejar de pertenecer a la especie de los asesinos. Mira la Historia de la Humanidad y verás su fracaso. Guerras, guerras y más guerras; sometimiento, mentiras, ansias de poder y envidia. ¿No te diste cuenta? El largo camino que se buscó ya llega a su final, y tú estás ahí, en medio de todo mirando sin hacer nada, con los brazos cruzados como una gran mayoría complacida ante semejante realidad. Por esa razón, ahora tienes que quitarte la marca de la frente, la marca del asesino que tienen programado para ti.
Todavía continúas sumido en esa oscuridad que te imprimieron, de la confusa especulación de los corazones de hielo a los que nada importa, de algo tan evidente que hiere la inteligencia, que se acepta como un acto natural; y así están todos satisfechos ante ese algo que se cree no tiene solución. Es la complacencia inútil de los inútiles, es, a fin de cuentas, la esencia mezquina del humano.
Tengo balas de plata. Tengo balas de plata para tu corazón…
Si quieres que te diga la verdad, no creo que todavía hayas sido capaz de cambiar. ¿Y qué han hecho mientras tanto los dirigentes de las naciones de este planeta? ¿Planear la próxima guerra? ¿Seguir construyendo armas? ¿Seguir engañando a quienes gobiernan? Ellos no pierden el tiempo para alienarte, no lo olvides, juegan con ventaja sobre ti. Sólo espero que cuando comience la próxima guerra, la definitiva, no acudas en defensa de ninguna patria, porque tu patria está en ese corazón que no paro de atravesar con mis balas de plata. Tú no naciste para matar a tus semejantes, tú naciste, simplemente, para amar. Rechaza la guadaña que te será entregada, y no pierdas la poca dignidad que como humano te queda.
No pienses ahora que esta voz es la de un profeta, porque no lo soy; sólo soy, en parte, tu conciencia perdida, ésa que te robaron antes de nacer todos tus antepasados y los antepasados de todos tus antepasados, los que construyeron este mundo de mierda, esta incivilización heredada por los que no fueron capaces de cambiar nada. Ellos, desde luego, no son como tú y como esta voz que te habla.
Recuérdalo siempre: Tú no eres ni serás un asesino.
Si ya crees fervientemente en ello ya dejaste de ser humano, ahora eres posthumano. Pero la cuestión no es tan fácil como parece por el simple hecho de haber decidido no ser un asesino y no formar parte del ejército que luchará en la guerra que se avecina. Mira a tu alrededor, ¿no te das cuenta de que perteneces a una minoría? Los posthumanos son muy pocos en comparación con aquéllos que elegirán la violencia, los que defenderán la patria de los impostores, los que lucharán por el dominio del planeta. Ahora eres un infiltrado, un cáncer para esa sociedad a la cual ya no perteneces por escapar del troquel de su alienación, por no pensar como todos y no seguir caminando por la raya que te marcan. De ello tienes que estar orgulloso, es un gran logro, no lo dudes, ya no eres un mediocre al servicio del poder.
Busca, busca y encontrarás; la huella está entre los pedregales de un camino difícil, casi imperceptible para los ignorantes; la hallarás si escuchas con atención el impacto de estas balas de plata en tu corazón. Entonces comenzará tu lucha, la definitiva y verdadera.
Esta Humanidad ha fracasado y camina hacia el ocaso. Las naciones están gobernadas por el poder del dinero, y sus ciudadanos en nada les importan. Este planteamiento no es subversivo, es la realidad. Te repito: mira hacia atrás y contempla la Historia. No habéis logrado nada y vuestro mundo va directo hacia la distopía, ahí es donde os llevan vuestros dirigentes. Sois, para ellos, un número nada más, una pieza dentro de un mecanismo productivo para llenar sus bolsillos. Y mandarán a sus gobernados como animales al matadero para luchar por su dinero, piezas de un macabro juego que ya están planeando. Al llegar el momento debes saber rechazarlo, alejarte ahora en tus pensamientos y convicciones. La mentira y la coacción es su ideología, con ella someten a la Humanidad, y tú no serás cómplice de semejante engaño ni marioneta de nadie. Corta los hilos, corta los hilos…
Balas de plata, balas de plata para tu corazón; eso es lo que yo te entrego.
Sé que corremos peligro por pensar diferente, por creer en el amor y en la paz, esos valores que ahora son subversivos para ellos. ¿Cómo puedes creer en tus dirigentes cuando hacen la guerra, cuando desvirtuaron la verdad, cuando su moneda es la violencia? Muchos mueren de hambre y enfermedades mientras ellos siguen fabricando armas para el exterminio. Ya se ha dicho muchas veces: El hombre es el lobo del hombre.
¿Ves? Tú ya no eres así. Prométeme que no matarás a tus semejantes, que no serás como ellos. Ésta es la única vida que tienes para abrir la puerta, no pierdas la oportunidad de ver la luz que allí te espera. Nada es comparable con la dicha de saberse limpio, para encontrar la vida que se esconde detrás de su término. Ahí es donde inicia la conciencia ilimitada de la que ya estás formando parte. Tú vivirás por siempre, no lo olvides, en el recuerdo de esta Humanidad vencida y en los espacios infinitos de un lugar que está por encima del tiempo.
Mira las estrellas en una noche despejada y comprobarás la grandiosidad del Cosmos. ¿Cuánto hace que no las mirabas? Ya se perdió el contacto con la Obra de la Creación, con una naturaleza cada vez más cercana a su exterminio. Al menos la mano del hombre no llega a los astros para mancillarlos como hacen con su planeta. La Humanidad es mucho peor que una plaga de ratas en un hospital, que una guardería infantil repleta de cucarachas. El humano destruye su planeta día a día en aras de una prosperidad difusa, y nada le importa, la agresión continuará sin cesar hasta acabar con todo. ¡Qué más dará la herencia para sus descendientes! El hoy es lo único que importa mientras pisotean lo que encuentran a su paso. Crean leyes y más leyes, cuando transgreden las fundamentales, las impuestas por un juicio que escapa de su cognición.
Los humanos, como ves, sólo pueden apreciar el presente y siempre aferrados a la materia, a esos papeles de colores con los que pueden pagar todos sus caprichos, por los que incluso son capaces de matar. Amasar grandes cantidades de dinero es lo primordial, la ambición de una mayoría. ¡Qué poco vale la vida! ¡Esos papeles de colores son más valiosos que el llanto de un niño cuando muere de hambre!
Tú, al menos, ya no eres como todos ellos, eres posthumano. La diferencia es grande porque ya no perteneces a la especie más depredadora del Universo, la especie de los asesinos, los que matan a sus semejantes, los que pretenden acabar con la vida en su planeta. Ellos todavía no te reconocen porque exteriormente te perciben igual. Eres ahora un extraño en su mundo infame, esperando el momento de la redención. Tú lucharás por establecer las bases de un mundo diferente.
Los posthumanos algún día poblarán este planeta, ellos resurgirán de las cenizas de una civilización perdida y después de aprender la lección más dura y ante el ejemplo de la barbarie sucedida: de ríos de sangre, pestilencias y destrucción.
Los que hacen de este mundo lo que es, tienen el mismo valor que una mierda de perro pegada en la suela de tu zapato, porque ellos jamás verán la luz. Qué rían y disfruten mientras puedan, pues su tiempo es corto, tanto como el suspiro de quien encuentra la inmortalidad después de la muerte. ¿Qué sentido tendría la vida? Yo te digo que detrás de tu existencia material hay mucho más, pues de allí proviene esta voz que te habla. Ya te advertí que yo no miento, pues la mentira es un atributo de la especie humana. Algún día te darás cuenta de todo esto y lo verás tan claro para no ser capaz de dar macha atrás.
Esta voz vino a buscarte desde muy lejos, desde más allá de las estrellas, y todo para convencerte de que eres especial. Tienes el poder que yo te entrego, al menos para discernir el engaño que inunda este planeta. Es el presente lo que engendra el futuro, y cuando la semilla no es buena es imposible que el árbol y el fruto lo sean. Yo te enseñaré el árbol de la vida y de la muerte, la semilla ya la conoces. Mi mayor secreto ya fue develado. Piensa lo que quieras, da mil vueltas a esa idea y saca una conclusión. Es difícil de comprender, pues todo está y no está por escapar de una ley que compete a la materia. Es mucho más de lo que es y mucho menos que nada, pero siempre permanece por encima de todo, dentro y fuera de su energía inmaterial. Es como un pensamiento, como esta voz… ¿la vas a medir? ¿osarías pesarla en una balanza? Entonces, ni siquiera te plantees dilucidar algo que está fuera de tu alcance. Todo es secreto cuando nada se comprende, no hay duda que se pueda esclarecer, no hay respuesta ante lo desconocido, y sólo debes creer a pesar de ese vacío. La vida es un laberinto con dos salidas: una hacia la oscuridad y otra hacia la luz. Es fácil de identificar los senderos, saber cuál de ellos debes seguir.
El ocaso de la Humanidad ya se acerca, y yo sólo tengo balas de plata para ti.”


PÁGINA 8 – CUENTO

ANÁSTROFE DEL OCASO

© Por Juan José Mestre (Venado Tuerto-Santa Fe/Argentina)

Dorado, el anagrama de tu piel fantasea con los rayos del sol y los convierte en hilos de azabache. Un cisne, curioso espectador del ocaso plagado de mudanzas, extiende un ala para rozar tu vientre. Las sombras de la luz son más brillantes cuando tu espalda se brinda generosa a lo perlado del rocío. Adoración pagana en acuarela, la tarde muere en el suspiro de la menta que se enfría aún más al besar lo ardiente de tus labios.


PÁGINA 9 – POESÍA ARGENTINA

Abel Espil (Buenos Aires/Argentina)

DIOS ESTÁ ESPERANDO

Necesito que los hombres se callen,
que se apaguen los televisores,
que se cierren los cines, que se detengan los juegos.
Necesito que las calles
caminen en silencio,
que los barcos
anclen en sus puertos,
que en las plazas
se columpie el viento.
Necesito que las iglesias
abran sus puertas,
que las casas verticales y horizontales
se deshabiten,
que los caminos se llenen
de hombres con cabezas gachas.
Necesito que los siglos abandonados
se inclinen ante el nuestro,
que los aviones detengan sus motores,
que de las chimeneas altas
no salga el humo negro.
Necesito que mis hermanos
me ofrezcan sus manos.
Manos
callosas y suaves.
Manos
negras, blancas y amarillas.
Manos
sucias y limpias.
Manos
pequeñas y grandes.
Manos
delgadas y gruesas.
Necesito que mis hermanos
me ofrezcan sus manos,
para tomarme de ellas.
Necesito que en los circos
los payasos dejen de reír,
que en la bohardilla
el artista olvide su sed,
que en los rincones ennegrecidos
los fracasados tomen sus espadas.
Necesito pasearme por una ciudad
en silencio.
Que mi amada apriete contra su pecho
los rostros de los niños de Hiroshima,
que mi madre y mi padre
se arrodillen frente a frente.
Necesito lo que tú necesitas:
dialogar con Dios.
Necesito lo que tú necesitas:
dialogar con el prójimo.
Todos estamos ocupados:
el artista con su obra,
el niño con sus deberes,
la modelo con su régimen,
el comerciante con su mercadería.
Todos estamos ocupados,
nadie tiene tiempo de escuchar.
Señores!...Señoras!...
Hombres!...Mujeres!...
Niños!...Ancianos!...
Dios está esperando
que hagamos silencio,
para hablarnos.
Enero 1964

EL ÚLTIMO TESTIGO

Yo te seguía.
No veía tu rostro,
solo veía tus espaldas cargadas.
Yo te seguía.
No oía tus palabras,
solo sabía que dialogabas con el Padre.
Yo te seguía...
Sin ver tu rostro.
Sin oír tus palabras.
Yo te seguía...
Solo para testimoniar.
1963

AUSENCIA
dedicado a mi hembra ausente de colores

Estar pero no ser,
quebrar el grito
para morir.
No generar mi ausencia
por morir contigo.
Acaso me llamas,
o acaso me ignoras.
Morir en macho
para despertar tu grito,
en la tarde de otoño,
junto a tu último quejido.
17 de junio de 2009

EMA

En la tarde del 6 de Enero,
el ángel de la guarda
dejo tu fuerte figura.
Tres Reyes se fueron llorando de alegría.
El sol de Ema se vistió de gladiador
encendiendo fogatas de luz.

Nada fue igual.

Te abrazamos. En el sueño
volando junto a mariposas de colores.
De a una, las lágrimas se fueron yendo
Y la esperanza de suaves caricias,
espera detrás de un biombo.

Nada será igual.

El tiempo en cojines gatea.

Cabalgamos juntos,
sufriendo distinto.
Tú eres la valiente. Yo un esclavo del sufrir.

EMA, mensajera de vida, sonríeme un poquito
¿o acaso no me ves tan débil?
¡Y tú tan fuerte!

Nada nunca será igual.

Todo es tuyo...
Todo lo conviertes en utopía...
en arco iris... en verso...

Nieta amada: nos estamos esperando
con el mate caliente.
21 de Enero del 2010

AMIGO
Dedicado al amigo Tito Chávez

¿Porque se van los amigos,
dejándonos solos?
decrepitándose el amanecer
en cálida tarde de verano,
te entrego mi curriculum.
No me busques en las computadoras,
ni en los cajones llenos de fichas.
Deja tu necesidad de encontrarme
en un beso al jazmín perfumado,
en los hombres cartoneando
por toda mi ciudad... Buenos Aires.
A los médicos no les preguntes
por este ausente disfrazado.
llévame a volar, contemos
juntos una por una todas
las estrellas... menos tres ,
tres son las que cuidan
tres son las que te dirán
todo mi curriculum... solo tres.
levanta tu vista, mientras
la noche como hembra quebrada
te entrega todos mis interrogantes .
no te los lleves, ni tampoco los cuentes.
Hermano... Buenos Aires
nos abraza apretándonos
de cara a la luna,
como fastidiosos pasados
vertidos en presente,
siempre disfrazados con
el disfraz primero.
Adán... no murió,
nosotros estamos a su servicio.


Aníbal Aguirre (Salta-Salta/Argentina)

POEMAS TERROSOS

X

Volví a Tilcara a sacarme la tierra negra
de mis hombros.

Al río me fui, el que nutre con su agua al
pueblo.

Caminé por el angosto sendero del
desfiladero.

De uno de los pedregones emergió la voz, es
como

develé el enigma de la mujer escondida.

- Ese corazón no será tuyo, me dijo la voz
desde una piedra.

XI

Volví a alejarme, el viento silbaba en mis
oídos, espolié al

caballo que bajó sus orejas para no
escuchar mi llanto.

Le dije adiós aquella noche en que ella
tomó el papel con fuerza, y me fui

antes de que me cubrieran sombras.

Me enteré en la garganta del diablo el por
qué nunca podré cantarle una copla.

El espíritu de la comarca, los cactus, no
quieren que la nombre.

XII

¿No habré entrado a una dimensión desconocida?
a una de esas

puertas que si se la cruza se experimenta
sensaciones

extrañas, como la de entrar a otro tiempo,
ver visiones.

El viento comenzó con su wairamuyo, me llenó
de tierra los ojos, cubrió a

todos con su polvo, a los perros y a los
cardos.

A esta historia que parece cuento, yo la
canto en las cantinas.

XIII

Los parroquianos me observan estupefactos
cuando relato lo de la

voz que surgió de la roca, muy claro lo
dijo - ese corazón no te pertenece.

Lo entendí muy bien en ese instante, se
esfumó el misterio, no quiere el pueblo

que yo le cante, y en esto también estan
las piedras.

Para que volver, que sentido tiene, no se
puede luchar contra los adobes, los

sauces y los silenciosos corazones del
Pucará de Tilcara.

XIV

La calavera me perseguia, la noche me
asediaba.

Habia regresado a Tilcara a dejar el
polvo que me hería.

Si no fuese por mi caballo la calavera
me voltea.

Develado el enigma del polvaderal, se me
presenta otro, el de la calavera.

Y quien la hace entender a la calavera que
de ella no me quedó nada.

En las piedras perdí su mirada, en un papel
dejé todo el dolor que me aquejaba.

XV

La calavera me persigue para que le entregue
no se que cosa, quiere la

calavera que le devuelva al pueblo sus manos
acariciando las piedras, el agua

que he bebido de su río quiere que la devuelva.

La tierra que hundía mis espaldas la dejé en
el río, en el

papel todo el cariño que le he tenido.

No sé que más quiere la calavera, yo no sé que
más tengo de ella.

XVI

La calavera quita el sentir que uno pueda sentir
por una lugareña.

Me persiguió leguas y leguas, cuando de ella no
tengo nada.

No conocía a la calavera hasta que me pasó lo
que les comento.

Pobrecitas las mujeres de sos pagos, tienen que
irse lejos, si el que las ama no es de su
terruño.

La calavera se la agarró conmigo, no sé cómo
decirle que de ella nada tengo.

Por allí la huesuda todavia me inquieta, se
refleja en mi vino, me atormenta.

XVII

Tabernero acérquese, también ustedes señores,
lo que ahora

mismo les cuento, sucedió, allá en Tilcara.

Buscaba escapar del polvillo que me asfixiaba,
cuando dos hombres que

blandían cuchillos me pidieron que abandonara
el pueblo.

Piedras impidiéndome el paso en las sendas y
cortadas, cañas que se cruzaban.

Y la calavera, que de tanto en tanto, viene, a
reclamar un beso que yo nunca he dado.


PÁGINA 10 – ENSAYO

EL POETA*

Por Jorge Isaías (Los Quirquinchos-Santa Fe/Argentina)

Barthes dice que el hombre que es cerebral no puede escribir cuentos. Que el hombre que se dedica al ensayo debe ser siervo de otras cosas para poder subsistir. Esto, claro, para Francia, pero para estos países que llaman eufemísticamente “en vías de desarrollo” cualquier actividad cercana a la intelectual es un desatino, un despropósito que se paga siempre o casi siempre con la humillación.
Si además un hombre o una mujer en este tembladeral de los tiempos se decide a escribir ese “género maldito” que se llama poesía, estamos haciendo cartón lleno, como en la tómbola.
Pero suceden cosas extrañas, porque cada vez son más los jóvenes que abrazan ese desatino, ya que carece de todo sentido práctico hacer de su transcurrir o de su práctica una vocación., Máxime cuando mucha gente en su ignorancia supina o en su atrevimiento pretende evadir una tradición. Pretende escribir ex nihilo, con la chatarra de los medios “comunicacionales” contemporáneos en una discursividad afónica, afásica, muda.
Si escribir es la pretensión de quedar perennemente en la memoria de los otros, si ese acto voluntario hecho en extrema soledad tendrá algún sentido no lo sabremos nunca. Sólo hemos de saber que el acto de escribir esconde tras la ilusión de una libertad iluminada, sólo un regusto donde a diario se debaten los pequeños fracasos.
Este infortunado ejercicio arracima inapetencias e imposibilidades de toda naturaleza, exhibe además un narcisismo casi infantil y tras lo exigente del deseo sólo vemos la cáscara vacía que nos somete a toda la afligencia posible.
En ese espacio entre el deseo y la concreción objetiva, donde el poema es lo que es, está toda la historia del arte de occidente.
Pocas veces sin embargo un hombre puede sentir que en esa “intemperie sin fin” puede construir lo más bellos poemas y que en esos “castillos de ilusión” pueda anudar las más bellas mujeres de la tierra o pueda ser un emperador temido, dueño de vidas y haciendas; o un héroe envidiado y admirado porque deshace entuertos y persigue endriagos y gigantes.
De todos modos, de cualquier forma, la precariedad de los elementos con que trabaja su oficio le hará tropezar a cada rato con sus impotencias y sólo una gran humildad podría salvarlo en parte del bochorno que significa pretender robarle el fuego a los dioses. Esa fuente de la creación y el misterio.
Los jóvenes, los que empiezan a pelear difusamente con este vicio absurdo deberán ya empezar a saberlo desde el principio porque no existe la piedad sino la tiniebla, no existe la tierra que se pise firmemente, no existe un cabo suelto para amarrarse a una estaca segura.
Sólo los bichos y las alimañas y los matorrales acechando entre tanta incertidumbre.


PÁGINA 11 – CUENTO

BOSQUEJOS DE “EL EMPERADOR”

Por José Gabriel Ceballos (Alvear-Corrientes/Argentina)

Ivo Rodrigues parece una matrona fornida y pintarrajeada, pero a veces parece un emperador. Si se quiere, una veterana emperatriz, pero es que incluso lo llaman emperador. El Emperador de los Placeres. Un emperador de la Roma decadente, eso parece en ciertas ocasiones.
Feroz el rouge que ensancha sus labios. Voladoras pestañas postizas, lo diabólico de las cejas acentuado por el rímel. Los cachetes —amplios, algo desproporcionados en relación con la recta nariz que a menudo se frunce melindrosa o despectiva— saturados por el polvo que tiñe de rubor su piel morena de tono claro. Así lo mostrarán casi todos los retratos que la ciudad ha de guardar mucho después de su muerte. Pero en todos ellos, algo recordará potestades imperiales, algo mucho más que los ojos arrogantes, la sólida barbilla, el grueso cuello. Ese rostro nos dice que su dueño no sólo sabe reír y mirar como un emperador, sino que también sabe amar, odiar y perdonar como tal.
El Emperador de los Placeres tiene una estatura acorde con su condición imperial. Mide un metro noventa, más o menos, el más y el menos por sus zapatos femeninos de tacones altos.
Tiene también por lo demás un cuerpo acorde con su título imperial. Un cuerpo engrosado y ablandado por los placeres, pero que no olvidó la eficacia de la lucha necesaria para sobrevivir, aprendida desde sus orígenes. Sus puños pueden pasar de mariposa a coz de muía sin otra señal que un parpadeo. Sus dedos, saltar desde la suavidad con que luce sus anillos y apretar una garganta hasta exprimirle todo el aire en un minuto.
Reina desde el burdel La Mariposa. Su poder tuvo otros asientos (el ya desaparecido burdel Ikebana, el aún existente Sol Vermelho), pero cuando se inauguró La Mariposa, allí donde nace la calle Tiradentes, sus allegados supieron que desde ese prostíbulo ejercería Ivo su reinado hasta el fin.
Aquella noche inaugural se ha vuelto mítica. Se dice que hubo tres orquestas, dos argentinas (una de tango) y una traída desde Curitiba. Que Teresinha do Mel y María Dourada, las dos rubias legendarias, debutaron entonces allí con su strip tease doble que tanto contribuyó a dar fama a la casa. Que asistieron hasta los Intendentes Municipales de Uruguayana y Paso de los Libres y ambos cónsules, aunque —claro— no en carácter oficial. Se debe considerar que Ivo ya reinaba plena mente en la frontera, ya poseía por lo menos siete u ocho burdeles a lo largo de la orilla brasileña del río Uruguay. En Uruguayana (tres, con La Mariposa), en Itaquí, en San Borja, en las colonias misioneras. Se debe considerar que Ivo mismo concibió el edificio hasta en sus menores detalles, y que en persona controló su hechura. El local, pues, merecía tal inauguración. Sus dos pistas de baile, cada una con tarima para orquesta y espectáculos, su amplio bar estilo californiano (tal vez nunca nadie entendió exactamente por qué reconocerle dicho estilo, pero al parecer nadie duda al respecto), su patio con glorieta, sus cómodos reservados para la timba, sus dormitorios con baños privados y espejos en el techo, su decoración con intermitentes luces multicolores, suscitaron orgullos que perduran.
Pero si deseamos hablar con precisión, debemos decir que Ivo tiene el centro de su poder en su dormitorio. Ese saloncito rectangular, que por dos lados linda con otras dependencias domésticas, por otro lateral con la galería abierta al patio y por delante con un pasillo que lleva a los cuartos de las putas, es el emblema más intenso de ese poder. Se podrá mencionar otros emblemas: el coche Victoria con los asientos forrados con falsa piel de leopardo, el automóvil Simca Chambord amarillo que años después reemplazará al Victoria, etc., pero ninguno representa a su dueño como ese recinto. Al fondo hay una ancha cama de Jacaranda tallada, torneada y lustrada, de balda quino forrado con terciopelo bordó. Dicha cama tendrá con los años una historia muy extraña que se hará popular en Uruguayana, y que vale unas líneas al margen. Sobre la pared que da hacia el living y junto a la puerta, dos roperos dobles, cada uno con su espejo exterior, y en el otro extremo, próximo a la cama, un tocador con dos espejos, uno apaisado, sobre toda la multitud de cosméticos e instrumentos para el aderezo personal, y el otro vertical y con grueso marco dorado, a la izquierda del tocador, para reflejar el cuerpo entero. Sobre la pared opuesta, una cómoda, un ropero menor también con espejo a la vista y un pequeño altar donde conviven santos cat licos con santos de la religión umbanda, y donde casi constantemente arden una vela y una vara de incienso. Ante la puerta que comunica con La Mariposa propiamente dicha, está el sector para recibir a las visitas íntimas. Dos sofás individuales enfrentados con una chaise longue color rosa, sobre un cuero vacuno y en torno a una mesa ratona, en la cual aguarda la lata de galletitas Bagley con que el anfitrión acostumbra agasajar a los que allí se sientan. Otra mesita con un tocadiscos y dos estantes con discos completan el sector. Los adornos que cu bren las superficies disponibles delatan un gusto pésimamente ecléctico, constituyen un monumento supremo del kitsch a escala universal.
Ivo trajo la cama de Buenos Aires dando por cierto que es inglesa y fabricada en el siglo XIX, según afirmara el anticuario que se la vendió. Pero la parte más singular de la historia del mueble no sucedió todavía. Empezará a suceder la mañana que El Emperador despierte a toda La Mariposa anunciando a gritos haber hallado una víbora entre sus sábanas. Una yarará a la cual describirá con adjetivos tremendos, entre sollozos, hipos, suspiros y conatos de desmayo: como de metro y me dio, inconfundiblemente yarará por los colores, helada cual la muerte, que tras recorrer el desnudo vientre imperial con una lentitud como para aniquilar el coraje más grande, se habría enroscado junto a los pies para atacar con ojos y lengua echan do furia. A Ivo no le faltarán enemigos contra quienes dirigir las sospechas sobre el atentado, pero las dirigirá contra una persona insospechable; la esposa de un boticario en amores con cierta prostituta adolescente recién incorporada a La Mariposa, matrona aparentemente inofensiva pero asidua de los peores hechiceros locales. El Emperador consultará con sus hechiceros, recorrerá todos los terreiros que suele visitar, y llegará al convencimiento de que Lucifer se aposentó en su cama inglesa. La cama será destruida una noche mediante el fuego, en el patio de La Mariposa, en una ceremonia inenarrable en la que se mezclarán la fauna prostibularia con brujos en trajes rituales, los bailes y cánticos religiosos de los caboclos con la diversión, ofrendas a deidades esotéricas con escaramuzas eróticas.
En sus dos terceras partes los roperos de Ivo contienen ropa de mujer.
En las noches de La Mariposa Ivo luce habitualmente vestidos de fiesta, largos, brillantes, de colores fuertes, y zapatos de altos tacos, y una abundancia de alhajas y cosméticos, y a menudo guantes. Entre sus alhajas hay muchas que le fueron regaladas por sus amantes, sus pupilas, sus clientes notables. No existe mejor regalo para Ivo. No importa tanto el valor real como que sea un adorno para dama. Un collar o una pulsera de baratillo pueden llegar a conmoverlo hasta las lágrimas, mien tras se pasea entre las mesas enseñando a grandes voces su regalo, nombrando al autor, pidiendo opiniones al respecto.
Los zapatos son fabricados a medida en una zapatería de Porto Alegre. Cada vez que Ivo viaja a Porto Alegre, cosa que sucede con frecuencia, trae dos o tres pares y deja encargados otros tantos. Calza 43/44. Esos zapatos son armas temibles en sus manos. Un tal Zé Comprido, pendenciero célebre, perdió un ojo destrozado por uno de esos tacones la misma noche que abofeteó a una muchacha en el Sol Vermelho. Las influencias simplificaron una vez más los trámites policiales para El Emperador, y el tuerto desapareció para siempre, bajo la amenaza expresa de saldar la deuda de la afrenta con el otro ojo.
Los vestidos son confeccionados por costureras de Uruguayana y Paso de los Libres, y nunca falta entre las rameras alguna idónea que realice aportes al guardarropa patronal, utilizando alguna de las tres máquinas de coser marca Singer con que se cuenta en La Mariposa. Desde ya que Ivo tiene predilección por algunas costureras. Sobre todo por la que se especializa en confeccionar los vestidos de Eva Perón. Es una anciana libreña que lo viste desde hace muchos años. Desde que a él se le dio por imitar a Eva Perón en el vestir, la vieja fue tornándose una experta en copiar la indumentaria con que la primera dama argentina aparece en las revistas. La misma costurera compra las revistas, recorta las fotografías, las pega en un cuaderno destinado a tal fin y cuando se da la oportunidad se las enseña a Ivo, a veces ya con un modelo hecho a lápiz. Ivo gusta lucir estos vestidos con una peluca que reproduce un peinado característico de Eva Perón.
Algunas veces complementa su atavío con un sostén compuesto con alambres. Sus carteras, primorosas, forradas de seda y bordadas con lentejuelas y canutillos y otras minucias al tono con la ropa, representan otro peligro para los provocadores. Contienen una pistolita calibre 7,35 cargada y con un cargador de repuesto también lleno. En su dormitorio un arma simi lar aguarda la noche y la hora exactas para desencadenar la desgracia que cambiará su vida.
En la calle Ivo viste como hombre. Normalmente adquiere esta ropa en Paso de los Libres, pues sostiene que los hombres argentinos visten incomparablemente mejor que los brasileños. Cuando viaja a Buenos Aires trae copiosas provisiones de prendas masculinas. Prefiere los ternos. Prefiere los tonos claros. Raras veces usa corbata, por lo general va con pañuelo al cuello. Si va de sombrero, siempre será uno que dialogue con la ropa, nunca un vulgar sombrero negro. También en la compostura varonil, para él todo debe combinar: zapatos, medias, pañuelo, corbata. En la calle y a cierta distancia, confunde a cualquiera que no lo conozca. Se ve como un verdadero dandy, con su pelo negro aplastado por la gomina. Claro que a menor distancia la imagen empieza a desdibujarse, por las cejas depiladas, por el gesto, por los lóbulos de las orejas perforados. Si tiene las manos al aire probablemente lo delatará el largor de sus uñas, pero hay períodos en que lleva las uñas cortas y por las noches usa postizas. De todos modos, en la calle no las lleva pintadas, salvo en carnaval cuando se viste de mujer. Tampoco se equivoca al rociarse con un perfume para vampiresas o una loción para caballeros según su vestimenta.
Si el clima es propicio, suele salir al anochecer con sus galas masculinas. Utiliza su carro Victoria, casi siempre conducido por un joven negro a quien se reputa su amante favorito en virtud de un falo conjeturalmente descomunal, o su Simca Chambord amarillo, vehículo que constituye una exorbitancia para un lugar como Uruguayana. Lo acompaña un par de prostitutas vestidas y ornadas con moderación. El Emperador quiere mostrarse con aquellas muchachas selectas con fines propagandísticos, pero sin transgredir normas elementales. Pasean por la ciudad repartiendo saludos con distintos grados de res peto pero ninguno por debajo de lo tolerable. Todos responden a estos saludos. Responden los humildes a quienes Ivo saluda sólo con la mano y responden los caballeros a quienes saluda sonoro y con un sombrerazo y responden tímidamente las señoras que pasean ensartadas por un brazo en sus maridos y responden los niños harapientos y los niños emperifollados que ven en Ivo a un personaje fabuloso y responden entre carcajadas maliciosas las adolescentes que salieron en runfla a capturar buenos partidos y responden los buenos partidos y responde el cura porque Ivo Rodrigues contribuye más que cualquier otro vecino a las arcas eclesiales. Y si hay retreta en la plaza responde la banda municipal con el tango La Cumparsita, que como todo el mundo sabe emociona a Ivo hasta las lágrimas.
Se atribuye a Ivo un grito de guerra que se hizo famoso en la ciudad: bien hembra en la cama, bien macho en la pelea.
Algunos aseveran que El Emperador lo profirió por vez primera mientras amasijaba al cuatrero Amaral Peixoto, Otros, que fue durante una pelea con un naval argentino. Quizás por que se ve en Peixoto a alguien mucho más digno que un simple marinero para cargar con el histórico privilegio, la gente se inclina por la primera hipótesis.
No había en la frontera cuatrero más mentado que Peixoto. Operaba en ambas márgenes del río, incluso en territorio uru guayo. Arreaba en aguas profundas como en campo plano; comandaba un pequeño ejército capaz de desbaratar cualquier persecución, a balazos o volatilizándose con yeguarizos y vacunos. La vocación por el abigeato le impedía retirarse a una madurez apacible, algo que ya a sus cincuenta y pico los réditos de lo ajeno le permitían. Raramente entraba en la ciudad; su estampa gaucha (botas, sombrero aludo, capa o poncho), casi siempre a caballo y escollada por otros jinetes, no pasaba de las casas suburbanas de los vicios y la diversión. Moriría justamente en un garito, yabarbiblanco, de un ataque al corazón, tras tanto galopar con las balas zumbando sobre su cabeza.
Ignórase por qué pelearon Ivo y Peixoto. Recuérdase que la lucha fue durísima, torbellino de puñetazos y malas artes en la que las armas no salieron a mandar por un misterio, y que se definió mediante un sangriento mordiscón de Ivo en el cuello del bandido, en el momento justo, cuando éste sacaba ventaja por las dificultades que la larga y ceñida laida imponía a El Emperador. Los dos facinerosos que acompañaban a Peixoto habrían intentado intervenir cuando vieron a su jefe doblarse aullando y agarrándose la garganta. Los detuvieron unos cuantos revólveres y pistolas mostrados con resolución por algunos espectadores, mujeres incluidas, mientras Ivo remataba la acción con un rodillazo pleno en la mandíbula de su encorvado rival, derribándolo con un diente de menos que luego aparecería a cinco metros de distancia. Desde entonces la paliza ascendió a niveles extraordinarios. El Emperador se recogió el vestido, montó en el gaucho, aplicó un par de bofetones y pronunció la imperecedera frase:
¡Aprende, aprende, hijo de puta! ¡Que soy bien hembra en la cama pero bien macho en la pelea!
Y siguió pegando, sentado a horcajadas sobre su contrincante. Y luego ordenó música, un dulcísimo bolero, y que los otros dos cuatreros se abrazaran y bailasen, y mientras su antojo se cumplía le pegaba una cachetada a Amaral Peixoto cada tanto, como para mantener el clima.
Ivo asegura haber tratado personalmente con Eva Perón. Tía Elenita recogerá dicha afirmación en una de sus cartas y años más larde en el cuaderno que me dejará al morir.
El primer encuentro habría sucedido cuando se inauguró el puente internacional entre Uruguayana y Paso de los Libres, el 21 de Mayo de 1947. Según la edición N° 111 correspondiente al Año 1 del periódico "A Fronteira", editado en Uruguayana en esa fecha, los actos oficiales eran los siguientes:
A las 10,45 horas. Los Señores Presidentes de Brasil (Gral. Eurico Gaspar Dutra) y de Argentina (Gral. Juan Domingo Perón), con sus comitivas, se dirigirán hacia el centro del puente, donde, tras ser ejecutados los respectivos himnos nacionales, cortarán la cinta inaugural. Simultáneamente se izarán los pabellones nacionales en las respectivas cabeceras, acto al que antecederá una salva de 21 cañonazos disparados alternadamente desde ambas orillas del río. Luego los Presidentes y sus comitivas se dirigirán hasta la cabecera argentina.
A las 12,00 horas. Será descubierta la piedra fundamental de un anfiteatro, que el Estado brasileño obsequiará a la ciudad de Paso de los Libres y cuya construcción comenzará en los próximos días. Discursos pronunciados por los Intendentes Municipales.
A las 12,30 horas. Aperitivo en el Automóvil Club Argentino.
A las 13,15 horas. Almuerzo ofrecido por el Presidente argentino a su par brasileño y comitiva, en el Casino Militar.
Discursos presidenciales.
A las 14,30 horas. El Gral. Dutra y su comitiva regresarán a Uruguayana.
A las 16,00 horas. Recepción al Gral, Perón y su comitiva en el lado brasileño.
A las 16,30 horas. Inauguración de la plaza con juegos infantiles obsequiada por el Estado argentino a Uruguayana. Se firmará el acta pertinente. El Diputado Balista Luzardo pronunciará un discurso. Desfile cívico-militar. Luego el Presidente Perón y su comitiva regresarán al lado argentino.
A las 20,00 horas. El Presidente argentino y su comitiva se trasladarán a Uruguayana.
A las 20,30 horas. Banquete ofrecido por el Presidente brasileño al Gral. Perón y su comitiva, en la Sociedad Agrícola y Pastoril.
A las 22,30 horas. Recepción en el Club Comercial de Uruguayana.
A las 23,30 horas. Los Señores Presidentes y sus comitivas se dirigirán al puente, en cuyo extremo brasileño, y tras la ejecución de los himnos nacionales, se despedirán. "
Según Ivo, trató él por primera vez con Eva Perón en el banquete nocturno celebrado en la Sociedad Agrícola y Pastoril, es decir, en algún momento entre las horas 20,30 y 22,30. Esto sólo según los horarios formalmente previstos, pues el programa sufrió dilaciones que alteraron los tiempos al punto de enloquecer a los jefes del ceremonial, por hechos que toda vía niegan los uruguayanenses y confirman algunos líbrenos, hechos que ningún escritor dejaría de narrar aquí.
Los actos en el lado argentino se cumplieron normalmente. Pero cuando el General Dutra volvía a Uruguayana, tras el almuerzo, manifestó a sus ministros su fastidio por haberse limitado a descubrir una piedra fundamental en el lugar del anfiteatro, en tanto que el Presidente argentino inauguraría más tarde la plaza infantil terminada. ¿Cómo se explicaba tal diferencia de realización entre los regalos recíprocos? ¿Cómo justificar semejante papelón ante los argentinos, ante la comunidad internacional allí representada por tantos diplomáticos y periodistas? Alguien habrá temblado hasta los tuétanos cuando el Presidente, en el vértice de su ira, sanguíneos los mofletes, agitando un dedo mientras las condecoraciones se agitaban sobre su pecho, dijo que esperaba, es-pe-ra-ba, que el des file cívico-militar de la tarde dejase mejor parado al Brasil, restableciendo así el equilibrio protocolar entre los dos países. Ese alguien habrá transmitido su angustia a otro alguien, y éste seguramente se la transfirió a un tercero, de modo que entre los jerarcas brasileños pronto se encendió un frenesí de consultas y comprobaciones, el cual en minutos arrojó un resultado terrorífico: también en materia de desfile la Argentina superaría ampliamente al Brasil, pues los militares locales disponibles estaban en número muy por debajo de los efectivos castellanos reunidos al efecto. Cundió el pánico. Con vértigo se multiplicaron los cálculos, las comunicaciones con los regimientos más cercanos, la caída de las posibles soluciones por falta de tiempo para traer más militares. Quien se figure el espanto reinante entre aquellos dignatarios se quedará corto. El fantasma de la renuncia revoloteaba sobre varias cabezas. Gestos e indumentos se descomponían como en un teatro grotesco, los rumores se cruzaban apenas disimulados. Hasta que surgió la idea salvadora. Y en consecuencia el desfile vespertino se prolongó mucho más de lo programado, hay quienes afirman que hasta bien entrada la noche, y que hasta hubiese continuado si la multitud no advertía —a la tercera o cuarta vez que los mismos escuadrones pasaron frente al palco oficial (con variaciones en los uniformes, juran algunos)— que los soldados brasileños desfilaban en círculos alrededor de cuatro manzanas.
Pero anécdotas al margen, si nos ajustamos al programa, el encuentro entre Ivo y Eva habría acontecido entre las 20,30 y las 22,30.
Si se le expresa duda. El Emperador de los Placeres pregunta con un gesto desdeñoso si acaso el cuestionador ignora que Ivo Rodrigues contaba y cuenta con relaciones suficientes para conseguir cualquier cosa en las altas esferas, incluyendo una invitación oficial y una entrevista secreta. Alude a un diplomático oriundo de la frontera, alguna vez relacionado sexualmente con él —con Ivo— y alguna vez con cierto militar que ejercería un importante cargo en la Cancillería brasileña cuando ocurrieron los hechos. Si el interlocutor merece conocer los pormenores, Ivo cuenta que en realidad no estuvo entre los comensales sino que fue introducido subrepticiamente en una sala lateral, donde un rato más larde Eva Perón apareció y le concedió cinco minutos sin testigos. Llegado el caso el relato contiene hasta detalles mínimos relativos a la vestimenta, al maquillaje y a las joyas de la primera dama argentina, sus gestos, los cambios en el tono de su voz, su perfume, su aliento a mentol y un pañuelito blanco con que ella disimulaba un resfrío originado en una ventolera en el puente. Sobre la conversación en sí misma, Ivo sostiene que Eva le aseguró hallarse muy contenta de conocerlo, que había oído hablar maravillosamente bien de él, de su gran corazón y su permanente ayuda a los pobres, que lo antes posible contaría al General Perón sobre aquel encuentro, que sin duda al General también le resultaría muy interesante conocerlo en persona, máxime considerando que él, Ivo, según la habían informado, practicaba la religión umbanda tanto como el General, tras lo cual Eva confirmó este dato con referencias a la devoción que el General depositaba en Xangó de la Justicia, en Oxóssi Rey de Ketu y en Oxum, en este último particularmente para combatir a los enemigos políticos. Agrega Ivo que no puede contar lo dicho entonces por él porque no lo recuerda, ya que la emoción le impidió pensar aquellas palabras. Añade que hubiera continuado charlando con Eva un rato más si no los hubiese interrumpido una asistenta, quien comunicó que a la primera dama se la requería para continuar con las ceremonias, tras lo cual Eva apuró la despedida, diciendo que había sido realmente un placer conocerlo, que por favor siguiera él ayudando a los pobres y que la visitara cuando viajase a Buenos Aires, sacó una tarjeta de su carterita bordada con hilos de oro, se la tendió, y dejó en el aire su mano enguantada, para el beso (acto que Ivo gusta supuestamente imitar ya con los ojos húmedos).
Al parecer no existe ninguna prueba del encuentro, ni de los posteriores que El Emperador jura haber tenido con Eva en Buenos Aires pero sin dar precisiones. Pero toda Uruguayana sabe que Ivo ama entrañablemente a Eva Perón.
Tal amor habría nacido antes de la inauguración del puente y se proyecta al peronismo todo. Ivo Rodrigues se confiesa peronista fanático a quien quiera oír. Colaboró intensamente con los peronistas libreños cuando surgía ese partido. Paso de los Libres era por entonces dominio de los conservadores, y desde luego que los peronistas de dicha ciudad debieron enfrentar el problema del escaso público en sus primeros mítines. Ivo aportó la solución. Juntaba público brasileño para aquellos actos políticos. Numerosas embarcaciones con rameras, tahúres, contrabandistas, vagos y simple pobrerío reunido en los arrabales Uruguayanenses cruzaban el río para aplaudir a los oradores del naciente movimiento político argentino. Iban instruidos para poner el mayor fervor y evitar en lo posible hablar en portugués. En la frontera los idiomas se mezclan, mucho no se notaría. Pero en una oportunidad se armó una batahola entre peronistas y conservadores, las huestes de El Emperador acabaron por enredarse en la pelea por solidaridad con algún compatriota agredido (no parece aventurado imaginar al propio Ivo repartiendo trompadas en el tumulto), y entre los detenidos por la policía apareció un porcentaje de brasileños escandalosamente amplio. Se cuenta asimismo que Ivo ayudó a muchos peronistas caídos en desgracia cuando el golpe militar de 1955, que hasta refugió a algunos en sus prostí¬bulos y por ello fue advertido por las autoridades ante una protesta diplomática argentina, advertencia que quizás hubiese sido otra cosa sin las amistades influyentes.
Lo cierto es que esa pasión por el peronismo es un derivado de la pasión por Eva Perón. Y que, verdad o mentira el trato con Eva de que se jacta, Ivo suele vestirse como ésta, sobre su tocador hay una fotografía de Eva Perón en colores y sus burdeles permanecieron cerrados durante una semana cuando ella se murió.


PÁGINA 12 – POESÍA ARGENTINA

Francisco Romano Pérez (Jujuy/Argentina)

VI

tan sólo con mis manos
sobre el borde del sueño
interrogué la noche

en busca de mis huesos
atravesé el vacío

en la última frontera
una luna de agua agonizaba

poco a poco

el alba

VII

se desborda el mar

bajo la piel del recuerdo
a través del tajo abierto por el viento
miro los cristales de la ola

extraño juego de azules

agua
sal
conjunción de la sed

tanto amontonado manto
todo tan allá

en qué relámpago
dejé olvidado el rostro

alas / memoria / vuelos

no encuentro la sombra

y me busco

VIII

cenizas de violetas
desgarramiento del fuego

enigmas
en la brevedad del poema

noche
otra
la misma

multiplica la fatiga inútil
del insomnio

y
yo

IX

mientras la noche
se alucina

bebo el tiempo
con todas mis ausencias

X

desprendida del tiempo
una mariposa
se abrasa en lejanía

presiente la víspera
de otra despedida

XI

nada queda
en el pavoroso silencio
de la ausencia

el olvido se estrella
en la bruma del recuerdo

ardor
de la lágrima
en el viento

derrumbe de la tarde


Marina Kohon (Bahía Blanca-Buenos Aires/Argentina)

DEL ANSIA COMPARTIDA CON LAS IPOMEAS …

hacia el sol
en su alto cenit
la mujer fértil
despliega sus tallos
de filigranas voraces

-no hay súplica-

sólo un hambre de cielo y de nube
-igual al mío-

un corsé de hojas
en profusión de flores
que entre los resquicios
se siente aire

un armazón que vuela
en complicidad con el éter
-como cuando soñaba con alas-

es espíritu azul que se esfuma
en el letargo del frío.

SINCRONICIDAD

I

Las luces del pasado se han vuelto
acéfalas

II

fugaces hálitos de un fotograma
-sin código de barras-

III

se fraguan en el pecho
con la sincronicidad de las olas

IV

se burlan de la singularidad
del instante y las bifurcaciones del camino

V

e imprimen tu iris imperturbable
ante la hondura del amor y su estela.

DE LA PÉRDIDA DE SUSTENTABILIDAD DE LA PALABRA

A veces,
a veces muchas veces,
creo percibir a la sustentabilidad
de la palabra en caída libre
como una hoja que minuto a minuto
quema su porosidad en la fragua
de un impávido tic-tac
o una flor de panadero desgranando
sus deseos de piruetas en el viento...
de cualquier forma,
bajo cualquier lente
siento un progresivo adelgazamiento de sus alas
que no logran sostener
el peso de la vida.

DE FÁBULAS

Mi mirada es el contrapunto
a su verborragia
-crece la heroína entre
verdugos-
enredada entre la fábula-ción
de unos animales acechantes
y más palabras, palabras, palabras
desacompasadas.
Detrás de la exaltación
de su piel rubia
percibo la carencia.

DEL PLAN INFINITO DEL PUCARÁ…

el Pucará
-parte de un plan infinito-
baja los astros
y en complicidad
los cardones
se vuelven imanes
que acercan el cielo

-se es menos mortal en la altura-
el círculo cierra en
la dimensión de la vida
dejo que el
trópico
amase sus poderes

la Quebrada encendida
el aire en suspenso

-mi geografía asiente-
se cierran mis grietas

DE LA ENTROPÍA A LA QUE SOMETE EL SILENCIO…

¿No se puede
quebrar al silencio?

acá estoy
sin brújula

esperando

la llaga atada
al árbol seco

muda
esperando

que el ave se despoje
de su garganta hueca
que una note cruce
los vacíos
de la vida
y de la muerte

que en algún lugar del universo
me dejes unir
tu sombra con la mía.


PÁGINA 13 – ENSAYO

EL AROMA DE LO INDECIBLE

Por Ivonne Bordelois (Buenos Aires-Buenos Aires/Argentina)

Hay una reflexión que, creo yo, todos compartimos: sabemos que los sentimientos y la música tienen algo en común, algo que se llamaría "lo indecible". La música, por una parte, es un territorio donde caben interpretaciones, glosas, conjeturas; pero nadie, por ejemplo, puede jactarse de haber penetrado en su totalidad lo que significa, sentimentalmente, pasionalmente, un nocturno de Chopin. Y por otra parte, en los sentimientos, aun en nuestros propios sentimientos, siempre hay, también, un margen que no acaba de decirse. Existe la frase "expresar los sentimientos", pero esto es muy distinto de "expresar los pensamientos". Los pensamientos pueden explicitarse totalmente, pero todos hemos experimentado que hay un fondo que se resiste siempre a ser dicho cuando se trata de los sentimientos, sobre todo, cuando son muy profundos.
Esto es lo que hace la particularidad de la canción. La canción ofrece ese lugar excepcional donde lo decible y lo indecible se entrelazan y se rozan, sin confundirse del todo. La canción dice en sus palabras, es decir, trata de decir sentimientos con palabras, y la música va cortejando el sentimiento que intentan decir las palabras, acentuándolo, desplegándolo, a veces contradiciéndolo o callándolo. Pero de esa tensión entre palabras, sentimientos y música, de cómo se resuelve esa tensión, brota el acierto de una canción que se graba para siempre o simplemente cae en el olvido. Piensen, por ejemplo, en una canción tan célebre como "Bésame mucho". Si consideramos la letra solamente, es de una perfecta trivialidad. Se diría que casi no existe, de tan leve que es. Es la intensidad de la música, la fluidez cálida de su melodía, la exactitud de sus tempos lo que la vuelve otra y memorable. La música transforma las palabras, alza los sentimientos a otra esfera y les agrega o, más bien, les arranca ese aroma de lo indecible que es la señal de todo amor.
Por eso creo que son tan importantes las canciones. Pienso que es porque mucha gente se asoma a la belleza sólo a través de esas fugaces apariciones-flechazos que son las canciones, acaso la única oportunidad en que la poesía y la música brillan en el cielo mortecino de sus vidas. Por eso hay que atesorar esas oportunidades, retenerlas y hacerlas brillar y perdurar. En un mundo donde cunde a pasos agigantados el analfabetismo de todo tipo, estas son revelaciones que nos hablan de esa realidad anterior a las realidades que nos rodean, anterior y superior, esa realidad primera que es la palabra, que precede a las cosas, el nombre de la luz que precede a la luz y crea a la luz en la tradición judeocristiana.
La canción que aprendemos en la infancia representa muchas veces esta única ocasión de contacto con lo más central y viviente de la palabra. Las poblaciones analfabetas -más numerosas que lo que el orgullo nacionalista nos permite creer- no tienen acceso a la lectura o a la escritura, pero no se conocen poblaciones, aun las más aisladas y carenciadas, que no cuenten con un inventario de canciones para identificarse y reconocerse. [...]
A través de las canciones escuchadas en mi infancia, supe del amor romántico, de la derrota, de la muerte, del miedo, de los enamoramientos irremediables y místicos, de la pasión cruel, del secreto. Practiqué asimismo diversos estilos musicales y poéticos, desde los litúrgicos y patrióticos hasta los populares y folclóricos. Como se ha visto, mi educación sentimental, fundada en las canciones infantiles o adultas que escuché cuando niña, fue una iniciativa que no careció de contradicciones, eclecticismos ni disparates. Mi vida sentimental, por lo tanto, tampoco careció de contradicciones, eclecticismos ni disparates; pero ha sido y es una vida sentimental plena, varia y libre, como mi educación, y como es, supongo, la naturaleza misma del sentimiento. Tengo la impresión de que, a pesar de la cacareada diversidad y riqueza del mundo actual, con toda su tecnología mediática, la franja de experiencia musical y poética de nuestros chicos se ha restringido, por lo menos en ciertos aspectos, de forma dramática. Puedo equivocarme, y no quisiera incurrir en el tema del tiempo pasado que fue mejor, pero pienso que entre la cumbia y el rock que practican nuestros púberes y adolescentes hay muy poco espacio para otras expresiones musicales y letrísticas que les alimenten el corazón y la vida como a nosotros los tangos, los boleros, el folclore, Elvis Presley, Frank Sinatra, Carlitos y Antonio Tormo. Cuando se habla de la diversidad del mundo global, pienso que se trata más bien de disfrazar la imagen de un globo voraz que alimenta su vacío con alaridos y aturdimientos, que en vez de abrir las mentes de los chicos las va sellando hasta reducirlos a zombis desapasionados y descerebrados. [...]

AMAR LAS PALABRAS

Es verdad que se escribe, cuando se escribe para la felicidad propia y ajena, por amor a las palabras; pero sería relevante comenzar explicando lo que este amor por las palabras no significa. No significa sepultarse en diccionarios, seguir arduas carreras de filología o lingüística, doctorarse en letras en alguna nebulosa universidad del hemisferio norte. No significa preguntarse si se dice "yo apreto" o "yo aprieto", "yo enredo" o "yo enriedo".
Significa saber que las palabras son como personas que nos asisten y presencian noche y día, que están alrededor nuestro en ciertas circunstancias, como seres atentos, siguiendo nuestros propósitos afectivos o comunicativos, como amigos o amantes cordiales y gentiles. Pueden asimismo ser amantes o amigos esquivos y enigmáticos, apuntando a nuestras ignorancias o carencias. Pero también, unos y otros, como todos los amigos y todos los amantes, deseando reciprocidad. Deseando que las escuchemos. Deseando que las interpretemos.¿Qué significa escuchar las palabras? Yo diría que es estar atento a ese núcleo primero y lejano que a la vez las constituye. Hay que pensar en las palabras como esas granadas enterradas luego de una guerra que, pisadas por descuido, estallan y producen catástrofes. Las palabras son como granadas enterradas bajo el polvo de los siglos. Son granadas inversas: cuando se escarba ese polvo - escarbar es "escrutar" y "escribir", ambas palabras provienen del mismo árbol genealógico-, cuando se las desentierra, explotan, no en estallidos asesinos, sino en estallidos de sentidos durmientes de pronto resucitados.
Hablo de esa energía oculta, aletargada, que se llama la raíz de una palabra. Cuando descubrimos su raíz, la palabra se pone a hablarnos de una manera reveladora, de una manera magnética. Es sorprendente percibir algunas de las interpelaciones que nos dirigen las palabras. Pienso, por ejemplo, en palabras como piropo : "ojo de fuego", anorexia : "ausencia de deseo" o amamantar , que comparte su raíz con amor . Lo que nos dicen, por ejemplo, las lenguas indoeuropeas es que el sexo tiene que ver con la ira y la locura antes que con el amor, que el amor se relaciona con la maternidad antes que con la pareja; que el varón, con la violencia; la mujer, con la felicidad, y la familia, con la esclavitud. Pocos son capaces de escucharlas en su verdadera profundidad, nos parece: los etimólogos tradicionales se calzaron guantes tan espesos para tocar las palabras, que perdieron todo contacto con la electricidad intensísima que transporta el lenguaje.
Se entra, a través de la etimología, en un espacio semejante a una catedral de vitrales antiquísimos que se animan con los rayos del sol y arrojan nuevas luces sobre el pavimento, permitiéndonos reelaborar viejas historias, urdir nuevas alabanzas, inventar nuevos coros, adentrarnos en una sabiduría anciana y renovadora, tradicional y revolucionaria a la vez. No entramos solos, sino en compañía de legiones de sabios que recorrieron antes que nosotros los jardines de senderos que se bifurcan: las galerías del sánscrito, los recovecos del hitita, las cavernas iluminadas del hebreo, los palacios del griego, las salas retumbantes del latín.
Nosotros, los modernos, entramos con equipos de poetas, de expertos en mitología, en historia, en hermenéutica, con los grandes profetas del psicoanálisis y los adalides de la lingüística. Entramos bajo la sombra poderosa de Jorge Luis Borges, amante de las etimologías, aquel que preguntado acerca de su oficio, a los veinticinco años, contestaba: políglota.
Entramos y nos adentramos en este territorio, siempre nuestro aunque apenas reclamado, el de la historia de las palabras que más entrañablemente nos expresan y a veces parecen traicionarnos, como esas abuelas de las cuales la familia guarda memoria de secretos escandalosos e irrepetibles, que sólo llegaron a nosotros como distantes murmullos apenas escuchados. De esas abuelas heredamos, sin embargo, inescrutables gestos, conocimientos tácitos, pasiones imprevisibles: un testamento irrenunciable.
Entramos con temor, entramos con temblor, entramos con amor porque confiamos en las energías sapienciales de las lenguas humanas que están allí para decirnos y para constituirnos. Y entramos con alegría y esperanza, porque el territorio que se nos brinda es inabarcable, es inacabable. Esta procesión que formamos reverencia al lenguaje, lo reconoce como su tesoro inalienable, pero no se detiene en solemnidades innecesarias. Va excavando cada día nuevos materiales y los arroja a la red como señales de vida, de alimento y de asombro, para que todos participen de nuestro deslumbramiento.


PÁGINA 14 – CUENTO

DE FUEGO… Y DE ABISMO

Por Alejo Urdaneta (Caracas/Venezuela)

Was there ever such a slave to impulse?
Byron

La historia la escucha un niño, la repite el tiempo, y su desarrollo parte de hechos comunes e inofensivos, al alcance de cualquier comprensión; y hallas un relato envejecido en el libro de Tragedias Griegas del ciclo de Troya: Sófocles y Electra, o Esquilo y La Orestíada, para descubrir allí tu propia historia pero con reto y alegría: la pasión desencadenada por un acontecimiento inesperado y que deseas con vehemencia. Allí estaba el viejo álbum, como la nota que desnuda un secreto, ésta mi narración de adolescente, y la compuse sin saber su final, sólo con recuerdos y algún sabor de nostalgia por lo imposible; la compuse para mí, ansioso de infinito, con el tono con que se componen los viejos cuentos, hasta que ella misma destruya su forma inocente.
La primera vez fue en la edad de la adolescencia. Ella tenía quince años y él diez y siete cuando se vieron en la fiesta, en un patio sombreado de acacias y cercado por bancos de piedra, con enredaderas trinitarias que coloreaban aún más el ambiente. Juegos y música para los asistentes que iban llegando en busca de la emoción de un encuentro mientras el embrujo comenzaba a imponerse en la escena. Los saludos cruzaron, los abrazos despejaron dudas sobre la atracción o el rechazo, y sin tardanza pudieron verse desde los extremos y por encima de las cabezas de los invitados. No vieron a nadie más. El sonido de los pasos en el patio se hizo murmullo para ellos, y ni siquiera la sed o el apetito los distrajo de la emoción que a cada vuelta de la danza los aproximaba, porque sin que danzaran como los demás, llevaban el mismo paso y sentían la zozobra y el deseo de encontrarse. Por fin dice la tía que la tisana está muy buena y ofrece una taza a todos, y él quiere probarla y darle de probar a ella para que el zumo de las frutas se vaya por dentro de su cuerpo y la llene de ansiedad, igual que él la siente en este instante de tomar la taza y brindarle los jugos que va a beber. Pronto ella va a beber también y va a estar a su lado mientras hacen el gesto del primer baile, sin carnet que valga y sin aceptar a nadie en la fiebre de esta danza de miles de años. Se van fuera del patio de acacias, y sin hablar se dicen muchas cosas del colegio, de la calle, de fiestas a las que asistieron; se lo dicen con la mirada antes de apretar sus manos en un tibio verano en el que están a la orilla de un río caudaloso en cuyas playas pueden bañarse sin peligro porque son niños y no temen estar desnudos y tocarse con ingenuidad, en esta noche principiante en medio de tanta gente que los ve sin comprender que danzan en la playa del río con la música de las piedras y el aire de los bejucos.
Con el tiempo no volvieron a acordarse de aquella primera danza ni de las acacias ni de la tisana. En algún momento de la juventud veinteañera la tía recordó que ellos se habían gustado, pero lo dijo con temor o desagrado, como para resaltar que hubiera podido ser una desgracia. Sin embargo, nunca tuvieron presente que eso fuese bueno o malo; sólo lo vivieron en el instante de la fiesta y posiblemente lo olvidaron en el vértigo de tantas cosas, hasta que vino nítida la experiencia en la frase del viejo jardinero a quien él frecuentaba para sacarle historias. Un comentario sin intención lo que Jacinto jardinero dice de aquella fiesta de adolescentes cuando el viejo cuidaba las acacias para que los muchachos no dañaran las flores del mes de mayo, que ese año fueron más coloridas y más perfumadas. Dijo que se acordaba del momento en que vio en la expresión de ambos una emoción distinta, y que sintió temor porque sabía que se ocultaba un secreto acerca del encuentro de ese día. Nada más dijo, pero él guardó la inquietud para organizar sus pensamientos y comenzar a buscarla en las preguntas a la tía y a quien pudiera saber dónde estaba ella. Le dijeron muchas cosas: que se había marchado a Europa, que se había casado con un industrial adinerado, que ya no estaba en la ciudad ni asistía a bailes ni tomaba tisana. Pensó que podía estar vieja, más que él a sus treinta años, y que no valía la pena seguir buscándola en las avenidas plenas de acacias ni en los patios adornados con enredaderas trinitarias.
Suponía que había un secreto sobre aquel encuentro, y de eso nadie hablaba. Jacinto jardinero hubiera podido decirle, pero ya había muerto, y no se atrevía a preguntar a ningún pariente cercano. Mas todo regresa cuando queda escondido en alguna senda del deseo, y otra vez estuvieron cerca, con acacias y música de baile. Esa tarde había estado hablando con un amigo de aquel tiempo y le había dicho que recordaba con frecuencia la fiesta de las acacias y la tisana. Después de tantos años sólo restaba del recuerdo un retazo de color rojo y un silbido de chicharras, con la presencia de un río inventado y un temblor de hojas en el mes de mayo.
Volvió a los mismos lugares a tantos años de distancia. Recorrió patios que no existen más, donde ni siquiera quedan acacias solitarias pero persiste todavía el aroma de tiempos nunca repetidos; las calles no tienen forma ni la chicharras silban contra el viento sus urgencias de un instante. Y él busca un recuerdo en las entrañas de la sombra, algo que le descubra el secreto que no pudo develar en el momento preciso, detrás de la fulguración de la fiesta, escuchando la música que acompañó sus pasos adolescentes.
Otra tarde se siente lejano. Ha escuchado a Mozart y percibe en las notas del concierto la armonía que le falta. Recorre galerías de ciudades muertas y siente la niñez y la turbación ante el riesgo de cosas desconocidas. Un cine le anuncia películas prohibidas, la mirada de una mujer en la calle muestra el misterio de la plenitud, y de pronto el recuerdo del patio de acacias diseñado entre filigranas de hierba y algarabía de lluvia. El descubrimiento del álbum en un cajón olvida¬le devuelve sueños que se habían perdido en la ruta de lo cotidiano. La voz de Jacinto jardinero se escucha de nuevo con el vigor de la juventud y él tiene diez y siete años y está retratado en una fotografía vieja, rota en sus bordes, junto a la fuente de una plaza con un obelisco y bancos de piedra. El tiempo de la foto¬es el mismo de este instante en que evoca el baile y la sorpresa; es el mismo patio de aquella velada el que está en la plaza, con el obelisco adornado con guirnaldas de carnaval. Y decide ir en la persecución de los días, mientras en las esquinas de la tarde un bullicio de mayo ensordece el calor. Recogió la foto del álbum envejecido y fue tras la historia sólo vivida en los rumores de la conciencia.
Estoy-estás frente a un templo. Es otro tiempo, desvaído de otoño, y es otro lugar. Puede ser evocación, o sueño, o deseo, tal vez la imagen de una estampa vista en un libro; pero está lejos de su mundo cotidiano y escucha desde el portal el susurro del órgano de tubo que lo remonta a tiempos de columnas de piedra retorcida, líquida, derramada por el espacio de la bóveda. En algún instante el sonido crece hasta chocar con las arcadas, se devuelve en las naves y se posa en el rostro de los feligreses, para convertir el gesto en tensión y llanto. Los vitrales están iluminados de rojo y amarillo, y las figuras traspasadas por el macilento sol parecen danzar con la pausa de ritmos distantes. Soy espectador del tiempo que recrea este momento, perteneces a la edad que dibuja el órgano de tubo y, finalmente, hago nacer la historia de una búsqueda silenciosa que comenzó mucho antes, cuando la ligereza del aire contrastaba con el pesado olor a incienso del recinto. En el altar mayor el oficiante propone la salvación y una mujer de treinta años la recibe en silencio, como recibe también en recuerdos la dádiva que yo le brindo desde el altar de la memoria. Algún signo la hace volverse hacia mí y, quizás, reconocerme. Pero tampoco estás seguro de que sea ella, tanto ha cambiado su figura en la evocación que te confunde. No decimos palabra alguna al encontrarnos a la salida, donde yo la espero sin esperanza, y ella viene en figura de estatua y pasa a tu lado y se aleja escaleras abajo, hacia el jardín frente a la puerta principal. Columpios, bancos de madera envejecida, niños que cantan o lloran al cuidado de sus padres o de institutrices. La escucharé decir, o pensarás que su boca lo pronuncia: "También yo estaba a la espera de un milagro y lo he hallado en el álbum de fotografías donde estás niño en una plaza abierta, muy parecida a este jardín de Europa que es el portal de un templo lleno de historia: Chartres, Notre Dame de cualquier lugar, camino de rencillas olvidadas y luchas sangrientas. Estás conmigo en el primer encuentro, reino de la aurora, sin doblez y sin miedo".
Y esa voz suena en una tarde de octubre, plenitud de otoño en un jardín de París, Jardin des Plantes, fulgurante de especies exóticas, de flores desconocidas en las calles de las ciudades y en las landas de Francia entera. Allí han llegado cubiertos con abrigo de entretiempo, reflejados en el oro de las hojas que alfombran los senderos del parque; y allí hemos descubierto nuestra identidad en la tarde que se despide con algún frío y el viento que acompaña y desvanece la realidad.
Parecía un sueño. Las imágenes venían en torbellino de bruma y se difuminaban en sus contornos, para ocultar aquel rostro en una nubosidad indescifrable, y los ojos sonreían mientras se velaba la sonrisa con tonos de tristeza. Él no veía la identidad que se le mostraba y percibía un juego en el encuentro. Pero ella no decía una palabra. Mantenía el mutismo del principio y ni la sorpresa de lo que para él significaba el hallazgo podía allanar el cerco puesto alrededor. Luego se quebrantó el silencio, y esa tarde, como mucho tiempo atrás, prepararon la danza en el escenario de un secreto y en un parque de flores exóticas, Jardin des Plantes de París. Pero el secreto no salió en la conversación, porque no recordaran que había uno o porque en ese momento sólo contaba el roce de sus intenciones, la inquietud de su búsqueda de este día, sólo empeñada en cruzar los deseos en lance de espadas agudas, labios sangrantes. En algún instante vino a la memoria aquella fiesta adolescente y volvieron a aparecer imágenes fragmentadas del patio de acacias y trinitarias, abrumados de nostalgia por tanta emoción perdida. Poco a poco surgen motivos que estaban ocultos en el parque de flores exóticas, y los deseos ya no son sino el grito contenido y las manos que aprietan con fuerza. Descubren a cada golpe de viento que hay una misma escena en el cuadro que los ciñe, y hallan el espejo que refleja el secreto. Las coincidencias surgen del parecido de este jardín de gran ciudad con el pequeño y recoleto patio de la casa donde una vez se encontraron para no olvidarlo. Y está como invitado Jacinto jardinero que les había hablado de un secreto guardado por años y que ahora repite la historia, con el viejo álbum en sus manos. La fotografía algo les dice: El adolescente de diez y siete años que está en la plaza es el mismo del retrato guardado en otro álbum. Ella le confiesa que ha visto la fotografía, que una vez la halló escondida en el armario de recuerdos de su madre, y cómo esa imagen está en una casa que a él le era extraña. Las semejanzas, las mismas sonrisas, iguales sorpresas, se hacen más notorias en la charla que inician con arrobo. El parentesco de las hojas del parque (un temor frente a lo prohibido del hallazgo) es señal en la confusión de sentimientos ocultos desde hace tanto tiempo. No tienen ahora el álbum pero en la certidumbre de las frases de Jacinto jardinero van descubriendo la indefinible identidad de la sangre, y las raíces de extraños árboles en el parque son ahora conocidas. Perciben afinidad y descubren huellas similares: unos ojos y una nariz que se repiten, la contracción de la boca ante las mismas emociones, la insistencia en gestos e igual turbación ante la opacidad de la tarde en el parque ya penumbroso. Todo los une. Pueden adivinar el secreto en la confusa alegría que los invade de repente, hallar sosiego y también conmoción en la fuente del jardín, espejismo que los protege de murmuraciones y los refleja en pupilas. En el lugar del encuentro la voz de Electra recibe la sombra de Orestes y son entonces la enredadera del ayer para explorar con los sentidos la floración inesperada que los rodea. Ya el parque otoñal adquiere otra forma y el viento es cálido. (Siento inquietud, desasosiego que corre parejo con esta sensación de calor. Un elixir tiene el aroma de las flores guardadas tempranamente en los invernaderos que protegen del frío a especies lejanas, desconocidas para el transeúnte cualquiera, pero no para mí). La noche está en cualquier lugar y es desenfreno en las miradas, en las frases cortadas por la ansiedad del deseo, mientras las manos palpan un misterio y lo descubren sin recato. Al amanecer estarán otra vez en el recoleto patio después de haberse sumergido en el río adolescente del tiempo.


PÁGINA 15 – POESÍA ARGENTINA

Jorge Alegret (Bariloche-Río Negro/Argentina)

22

Una vez la hendidura
y las eyecciones
un susurro
un tremolar
en la derrota,
la institución del verdugo
y
la voluntad
disipada
que apenas puede
con la gravedad,

una vez
el silencio radical
de las cosas
en los pronombres
que, leves,
no llegan
al suelo.

En esta versión,
la nada
es un nudo

de seda.

HAIKUS DE LA LAGUNA FANTASMA

I

Caen los ojos
sobre el espejo roto,
y no hay nadie.

II

Niebla de luna,
en la cresta nocturna
tiembla tu vientre.

III

En el ocaso
el tajo de sus piernas
preña mi noche.

IV

Sediento de luz
la letra del fantasma
muere en tu boca.

5

Mi viejo miraba las miguitas
y hablaba de Perón; había una mosca
en su calva y las palabras no conectaban
bien, confundía los años, largaba
una parrafada en catalán, y se reía
con cierta picardía misteriosa
para luego describir un bombardeo
que bien podía ser en Barcelona
o en Plaza de Mayo. Yo miraba a mi viejo
y eso es el tiempo.


Gabriel Gómez Saavedra (Concepción-Tucumán/Argentina)

PRESENCIA DEL ALETEO

Él, amplio cultor
en dejarlas intentar
el vano oficio de enderezarle con sus pinzas de cejas
las torcidas aristas a su rosa de los vientos,
mientras,
desde la mirada sorda
les tantea frases colorantes
para surcarle de fábulas las caricias en el pelo,
y volver menos fugitivas a las huellas;
cayó bajo ese beso de ojos abiertos,
que en el parpadeo,
vino a decodificarle
un aleteo
que resultó perteneciente
al último pájaro tras el páramo.

A partir de ahí,
cierta ventana de tercer piso sucumbió en entumecimientos,
y las canciones de Fernando Cabrera
no integraron más
el patrimonio de
ella
ni de ninguna otra;
para retornar a donde bien saben habitar:
siendo la compañía de avenidas desfondadas y desladradas,
por las cuales no importan
los lapachos amarillos
ni las reincidencias impunes de sus alucinaciones anuales.

LOCO AL SOL

Una sorda manga de langostas,
o desflorados ademanes de pirpintos,
erizan
las innumerables sombras cachorras
que peregrinan en ida y vuelta
por mi esófago
para hacerse adultas.

(Esos que estaban,
ahora son sólo puntos desmoronados;
como la distancia cuando hospeda a las manos,
o como palabras pintadas en las ruinas
de la desmemoria).

Importan (arden pero acompañan)
los que susurran
su dialecto cercano.
Ellos tiran mi cabeza hacia atrás
y abren duramente
mi mandíbula
reiniciando,
a partir de la garganta,
el numen de luz flotante
que hago caer
al cielo.

ENTIERRO DEL CARNAVAL

Creo que lo gastamos por el cuesta abajo de alguna calle…

Otra vez las espaldas
y estas uñas que retienen orfandad
cuando me hace sentir inconcluso
el boca arriba de los alcoholes.
… Pastorean cruelmente lejano
al hilante sangrado del joi joi. Entonces,
quedo convencido de cierta irrealidad.

Corvo, lo sólo le deja
la poca luz flameante de la albahaca;
de cuando la mujer
improlija
le atentaba la boca
con la irrecuperable cartografía del andar del río.

Miro atrás, y adelante es lo mismo…
Otra vez saboreando la harina del aire en descenso.
… Otra vez me llaman desde abajo
y debilitado reconozco con el oído
lo que resume el tiempo
por las raíces de los algarrobos.
… Ya me pesan los diablos de ferrito
desdibujándose en mi cara.
¿Por qué de nuevo me guarda la luna uterina de Amaicha
confundiéndome con una cría de las heladas?
… ¡Ay, pero estoy tan blando!

Los escalofríos irán acostumbrándose
a ese latido cerrado
sin tener que recordar que ahí lo puso el olvido.

BARRIO

Y así fuimos reconocidos
en la estirpe del bicherío percudido
y en bicicletas.
Jugando por la exaltación
como si nuestras nucas
comprendieran y percibieran
de cercanías
al lamido de lo efímero.
Sucumbidos a la siesta
que de miel violentada
nos maniataba
construyéndonos el espacio,
porque de ahí manaban los misterios.
Pero nunca los descifrábamos del todo,
para que sigan existiendo
como extensión de la sombra impávida
de los monoblocks.

_ ¡Subí a tomar la leche!
_ Ya voy mamá, esperá que terminemos el partido.
Hubo otro sopor.
Hubo el río
al que, pecaminosos salteadores de horizontes,
acudíamos
y las tetas de la vecina como fruta de fuego a distancia.
Hubo el árbol
descomprimiéndonos el aire
para soltarnos del suelo.
_ Ya subo mamá, es que se me atrasó la sombra del árbol.

EL SEPULTURERO

Un último incienso pasa por sus ojos,
y ya no quiere preguntarse
cómo y porqué asumió la forma de lo respirable esta paciente voracidad
descendida por la rama de la cotidianeidad.
Sabe que basta una grieta para inventariar las pertenencias,
llámese calle que siempre parece abordada por un último auto de turistas
cargándose una carie por el lente;
casas en torcimiento
o hijo viajando, cual sabueso, tras algo parecido a la dignidad.
Hasta que la grieta, plena, deje pulular,
crecientes,
las tertulias de los silencios; ésos que se buscan un contenido
inmemorialmente perdido.

Siempre y de soslayo el quetupí le ultrajó la oreja crepuscular;
pero ya ni eso,
ni las dinámicas odiosas
a las que suelen obligar las inundaciones cuando tiranizan por su casa,
lo despabilan.
Ayer tuvo que entregar un muerto; los familiares lo trasladaban a un cementerio privado.
(… Observó que habían barreteado más placas de bronce.)
Ayer también, soñó de siesta, que la Virgen le entregaba su manto
antes de desmoronarse,
y que lo olvidaba sobre una silla
distraído en dejarse esgrimir, como una cerveza más,
por la fiesta patronal
y su música recalcitrante.

Catador manso de la ceniza…
con la sombra inclinada
acariciando de sobrevuelos este jardín igualitario
de huesos, dones, honores y mentiras.
(Los años dan en la transpiración y en la artritis.)

Deje ya de percutir la pala desafilando la tierra,
que el pozo responde
a su estatura.
Total, todos aprenderemos a familiarizarnos con un racimo de flores plásticas
para saciar a la necesidad
de desalinearnos
del riego.

DESMONTE

Era la tensión partida como de lágrima.
Flecha flechando y flechada en la memoria de los sonidos primarios.
Era enramándose el salto.
Era una corzuela.

Cuando la topadora puja
va por la reversa de las nervaduras
y el seno sofocado de las savias
cae
alimentando el engendro de la desorbitada entraña
de los fuegos.
La soja ya puede abrir.

Que sea el polvo bajo los polvos y en los remolinos sean los vacíos. Y sea la espina
saludable
en la carencia
con sus ciegas lacradas y de pie.
Sea lo perdido.

Era una corzuela.


PÁGINA 16 – ENSAYO

ELOGIO DE LA PROTESTA.

Por Julio Carmona (Chiclayo/Perú)

En toda sociedad civilizada, la protesta es un derecho ciudadano inalienable. La máxima expresión de ese derecho es la insurgencia, que consta en la Constitución Política. Esta situación debe enorgullecer al ser humano, pues no hace otra cosa que ratificar su calidad de ser libre, que es la esencia de su ser democrático. Por ello difundo estas bienaventuranzas que, de manera anónima como todos los designios de Dios, han llegado a mi poder. Y todo aquel que tenga algo en su poder o que tenga el poder de hacer algo está en la obligación de compartirlo.
Bienaventurados los que tienen algo por qué luchar, porque luchar es crear, y porque crear es atributo de Dios.
Bienaventurados los que elevan su voz de protesta, porque ellos, tarde o temprano, serán escuchados, y porque la voz del pueblo es la voz de Dios.
Bienaventurados los que elevan sus puños de protesta, porque en ellos está representado el poder del pueblo, y porque el poder del pueblo es el poder de Dios.
Bienaventurados lo que salen en marchas de protesta, porque las calles pertenecen al pueblo, y porque ellas son los caminos de Dios.
Bienaventurados los que hacen huelga de hambre, porque esa es la única manera de conquistar el pan, y porque de los hambrientos es el reino de Dios.
Bienaventurados los que denuncian las injusticias de la patronal, porque ellos ya saben quién es el enemigo, y porque el enemigo del pueblo es el enemigo de Dios.
Bienaventurados los que no se venden por un plato de lentejas, porque ellos son los dueños de su dignidad, y porque sólo los dignos pueden mirar de frente a Dios.
Bienaventurados los que mueren abaleados por el poder terrenal, porque quien muere por el pueblo es inmortal, y porque los inmortales alcanzarán el poder celestial a la diestra de Dios.
Bienaventurados los que regresan vivos a sus casas después de arduas jornadas de lucha por la justicia, porque entrarán limpios a las miradas de sus seres queridos, y porque esas miradas son la mirada de Dios.
Bienaventurados los que, en lugar de rogarle a Dios, cogen palos y piedras y salen a enfrentarse con los demonios del “orden”, porque Dios no pide ruegos sino acción, y porque Dios ha dicho: “Ayúdate a ti mismo que, así, te he de ayudar Yo”.
Epílogo: Se sabe, hasta la tradición, que frente a las agresiones de los gobiernos de turno los trabajadores sólo tienen una alternativa: luchar contra ellas, porque esas agresiones lo que buscan es amordazar al pueblo, mientras la patronal despotrica contra el pueblo con su prensa venal.


PÁGINA 17 – COMENTARIOS DE LIBROS

LA NARRATIVA DE ANA MARIA PATRONE

Por Juan Félix Cortés Espinosa (Sullana-Piura/Perú)

Creadores de la hermana República del Uruguay que leido con marcado interés cito a Delmira Agustini, Eduardo Galeano, Benedetti y Juan Onetti entre otros y siempre encontré en sus escritos logros literarios que de alguna manera me han servido como referentes y he apreciado el talento, la constancia y el compromiso cotidiano por eso son históricos y son escritores de valía y de resonancia mundial.
Ahora he leido a la escritora Ana María Patrone que tuve la suerte de conocer personalmente, recuerdo con mucho cariño su presencia en el I Encuentro Internacional del Arte y la Cultura “Por la integración Latino-americana”, certamen organizado en la ciudad de Trujillo en enero de 2007 por cuatro instituciones entre ellas la Casa Museo que lleva mi nombre.
Es la primera vez que comento a una narradora Uruguaya y su libro “De flores y amores”, me ha cautivado desde el inicio, sus 18 cuentos, unos breves, otros más extensos se caracterizan por la fluidez del lenguaje literario, Ana María, es una orfebre, ha demostrado buen nivel en la estructura del argumento, advierto que es una creadora innata y gran lectora, además de investigadora y gran viajera por nuestra América, sus personajes los crea en una atmósfera donde la condición humana está presente, además que es notoria la descripción del ambiente urbano donde se desarrollan sus ficciones que se fusionan con el interés de los lectores, su imaginación es desbordante, pone énfasis en la síntesis de cada historia, los protagonistas siempre son principales, es una narradora vinculada con la idiosincrasia del occidente, su propuesta es interesarnos y su propósito es internarnos a los intereses y desenlaces de sus criaturas literarias, la realidad es transformada con su original creatividad, no rehúye de la vida cotidiana, de la utopía y de los sueños, nos transmite los sentimientos y las emociones e inclusive las frustraciones de seres humanos que se enamoran y luego sienten un vacío, en sus cuentos Ana María, no ha descuidado sus esquemas personales para escribir una narrativa válida, sentida y entendida en cualquier sociedad, donde el hombre y la mujer sueñan, luchan y se sientan felices y por supuesto reciben tarde o temprano “hay golpes en la vida tan fuertes... yo no sé” y que anunciara genialmente César Vallejo en unos de sus versos más célebres.
“Flores y amores” es una obra importante en la narrativa latinoamericana, porque ha sido elaborada en primer lugar por una escritora con vocación y talento, en segundo lugar por el reconocimiento de sus lectores y de sus críticos literarios, en tercer lugar porque ha escogido temas relacionados con los habitantes urbanos de nuestra América que han heredado de alguna manera la realidad de un continente que tiene relación con el occidente, su libro sin embargo, no revela la realidad de sectores andinos y rurales de otros países que han tenido y tienen lazos históricos con las culturas ancestrales, Ana María cumple con su rol y expresa un mundo real y es auténtica porque no se limita en sus historias y más bien se adentra hacia el interior de sus personajes, los hace hablar y pensar y por supuesto los presenta con sus sentimientos y anhelos, es una narrativa del Atlántico y que enriquece nuestras lecturas, su visión es de una sociedad contemporánea que ha generado sus propios conflictos, sus triunfos y derrotas su narrativa sirve y cumple una función: nos conmueve y reflexionamos para comprender a las personas que nos rodean, nos identificamos con sus textos, por una sencilla razón, el ser humano nace para ser mejor, para ilusionarse y que puede ser dichoso, para ser solidario y trascendente y la literatura nos ayuda a conocernos, Ana María a través de sus narraciones no explica sino que manifiesta la imperfección del ser humano y la naturaleza que está presente con sus días, con sus noches, con su nieve, con sus lluvias, con las mañanas y las tardes, y el hombre que ha construido las ciudades, con sus palacios, con sus burdeles, con sus restaurantes donde la tertulia es imprescindible.
La comunicación desde su mundo interior es una característica de su narrativa, sus cuentos son un sin fin de experiencias personales y colectivas. reales o ficticias y hacen de “Flores y amores” un libro denso y sabroso para leerlo de vez en cuando, el título es metafórico y sutil y me gusta, los desengaños priman y por supuesto las realizaciones, el ser de nuestro tiempo le queda poco tiempo para salvarse, el caos contamina el espíritu y la literatura es una excelente opción para distanciarse de la indiferencia y el egoísmo que crece cada día en las grandes ciudades y un buen libro es un paraíso porque nos reencontramos con la ilusión y la esperanza.


PÁGINA 18 – CUENTO

BAILE

Por Orlando Van Bredam (El Colorado-Formosa/Argentina)

El odio, a diferencia del amor, siempre es recíproco. El bailarín de tango y la bailarina se despreciaban con la misma tenacidad con que alguna vez se quisieron. Sólo los unía la fama y contratos envidiables. Cada baile era un desafío a los mecanismos más profundos del rencor. Se deleitaban en esa humillación mutua más cercana a la perversidad que al oficio. Cuanto más se odiaban, más los aplaudían. Ella incorporó al vestuario inconsulto, dos largas trenzas criollas, vivaces y relampagueantes bajo la luz de los reflectores. Las agitaba como cadenas, como látigos, como sables. Él soñaba con quebrarla sobre sus rodillas como una caña hueca. Se miraban siempre a los ojos, no dejaban de mirarse nunca en esa guerra bailada, en ese combate florido.
La noche que más los aplaudieron fue la última, cuando ella, después de tantos ensayos, logró enredar sus trenzas en el cuello del bailarín y siguió girando y girando hasta el último compás.


PÁGINA 19 – POESÍA AMERICANA

Aspasia Worlitzky (Montreal-Québec/Canadá)

LA PARTIDA DEL HIJO

Te fuiste caminando lento,
llevabas los hombros tristes,
el pelo largo y liso.
En silencio miré como te alejabas,
no sabías, eras feliz.

Te saqué de mi tibio vientre,
en mis brazos te cubrí de aureolas,
no sabías y te quedaste quieto.
Tus grandes ojos
se enmarañaron de sombras misteriosas.
“Estamos de paso”, dije.

Tu mano pequeña se quedó en la mía,
tu sonrisa en mi sonrisa.
Te ibas.

INFINITO ANHELO

Me pregunto que significa entonces.
Como antaño gira de nuevo la primavera ,
reverdean los árboles,
el cielo se estremece,
muy dentro unas ansias locas
de recoger almendras,
correr descalza para no hacer ruido
y a la vez provocar resonancias.

Melodías sofisticadas, sin sosiego,
bocas secas, recientes,
entonando himnos.
Remolinos de viento,
cadencias, notas, versos
que no sé de donde surgen
cuando lo veo.

Entonces me pregunto
que podría ser...
si no es amor, si no es silencio,
si es ternura, si es tormento…
¿de qué se trata?

Siento el calor del fuego,
bestia sin freno, límpido ensueño,
siento sus besos, huelo su cuerpo.
Siempre me viene,
pasa y me estrecha
con invisibles brazos,
renacimiento increíble
y... entonces...

UN HOMBRE

Hoy he sentido una nube
entrar en mi posada,
me cubrí hasta los cabellos
para no oír sus pasos,
me pregunté cuantas noches
tuve miedo de mi alma.
Tal vez una, tal vez nunca,
busqué refugio en la almohada.

¿Eres tú?
Un imperceptible aliento
entibió mi cara.
Ya era tuya,
la inquietud se había esfumado.
Lentamente palpé mis pechos
¿eras tú, era yo?
Sentí en mis piernas la caricia de tus manos
y en el aire tus palabras.
Gocé la entrega, tu acierto,
tu risa infantil.

Palabra de tronco y hierba,
de mineral, de esperma,
complicidad y sueño,
sabor de mi tierra entera.
Así eres tú, como un Cristo
para mi encendido reino.
Así eres tú, un compañero,
no mi marido ni mi padre,
ni un hermano ni un amante.
Todo eso junto sí
y con eso tengo bastante.

ILUSION

Fíjate que a veces pienso que es cierto,
que este deseo, esta ternura,
van creciendo.

Pienso que puede ser que un día
nos encontremos de nuevo
en el colegio, en la calle,
en una estación de metro,
comencemos un diálogo
como tantos que se han muerto
y sepamos que esta vez
la jugarreta va en serio.

Quizás me aprietes las manos
como otras veces lo has hecho,
me mires sin decir nada,
me silencies con un beso.

Quizás me digas te quiero.
Pero será distinto, es un hecho.
Todo será distinto y ajeno.
Tú y yo.

Tendrás ganas de verme
con el delantal casero,
de hacerme el amor riendo
después de la ducha fresca,
querrás llamar al hijo nuestro
que está brotando en mi vientre.

ACEPTACION

Me pides que te quiera despacio,
que piense en ti poquito a poco.
Yo no puedo,
mis alas buscan la salida
y se estrellan en las puertas.

La mirada inquieta
se pasea por la estancia
y reposa en el teléfono.
Yo no puedo,
anhelo tus palabras y tus besos,
tu sonrisa abierta,
tus respuestas lentas
y ese apoyo incierto.

No puedo amarte a medias,
me he deshecho de todo
lo que algún día te hiriera,
he guardado mi cuerpo
para tu ternura y tu fuerza.

Me duele amarte así de limpia
aunque me cause una gran alegría,
mis hijos son más míos,
la vida es más amena,
mi padre desde lejos, aprueba
y me consuela.

Ensueño
Casi soy la única en este avión
que me parece inmenso
pero en realidad es pequeñito,
se va abriendo paso por entre las nubes
que como figurines de algodón
le salen al camino.

Tocan aladas la ventanilla,
se alejan despreocupadas
a juntarse con el resto,
forman una gran montaña
gris y blanca, resplandeciente.

¿Cómo pueden volar tan alto
temerarias?
Allí sí se debe sentir la soledad,
un motor irrumpiendo cada permanencia,
aquel silencio de juicio final.

No me siento incierta ni triste,
voy viajando a mi tierra desde el extranjero,
imagino que en lugar de ir,
estoy viniendo.

Entonces la descubro, sentada frente a mí,
ella, ausente la mirada velada por los años,
mi madre.
Levemente sonriendo
mi madre en el ocaso.


Eliana Segura Vega (Santiago de Chile/Chile)

RENACER PARA MORIR
( para A.S.V. )

Para apretar tus manos
y acariciar tu cuerpo ; buscaré caminos
Cortaré las sierpes. Saltaré los muros
Y aunque nunca llegue
al maravilloso éxtasis
estarás conmigo ; estaré contigo
y ambos sentiremos
que nos hemos confundido
Yo dormida en tus brazos fuertes
tus labios en mi piel saciados
viviendo el fluido de mis venas
en quietud silente
como apacible río que se entrega
al océano bravío y allí muere
como yo;
Mi sangre … en cualquier ocaso
quedará inerte
cuando el sol se apague
en el blanco-azul del oleaje
de este mar y de esta tierra
testigos-cómplices
de algo tan hermoso
que aún no tiene nombre
llamémosle
“renacer para morir…”
en un teclado, en una cuerda.,
en un sonido
que creará tu fantasía
cuando el recuerdo de mi verso
te penetre
no sólo la epidermis
sino el alma

UN DIA

Cuando la geografía
imponga larga ausencia
y mi pupila no pueda reflejarse
en la complicidad de tu mirada
ni tus manos en agenda clandestina
me estremezcan
Ni mi piel
sienta la caricia abrasadora;
iré a lugares nuestros
a revivir nostalgias
imaginando
que permanezco
laminada a tu pecho
como una enredadera
que se desliza en todos los recodos
con el ardiente riego
de la pasión inédita
Nunca entenderás
que avasallaste
el virginal refugio de mis horas
y contigo supe lo que no sabía
porque eres savia nueva
una lección no inserta
en el libro de mi vida
( Hoy detengo lagrimas
para oír tu despedida
En esta larga ausencia
talvez haya un retorno
y me encuentres viva)

REPITIENDO

Esta tarde regreso a las glorietas
de aquella playa seductora
a enhebrar en cada ola : las horas idas
Esperaré
que el sol decline
y el arrebol se extinga
cuando las gaviotas buscan su morada
en crepuscularias sombras
Quiero repetir contigo la cita deseada
En la brisa tibia te enviaré sin duda
el silente mensaje de mi alma
mi ternura inmensa y mis caricias
con la suavidad que el mar besa la arena
En el oleaje atardecido
la reina de las noches desoladas
aparecerá en el cielo a iluminar coqueta
el rostro del océano en su calma
El responderá con sus chasquidos
y ambos vivirán su bello idilio
otra noche veraniega
Cuánto diera por ser la viajera luna
y tú en pleamar
una noche cualquiera
cortejaras mi bohemia

MIS RIQUEZAS

Capitalizo lo que me diste
cual si fuera riqueza , perla, joya
lo que cualquier materialista deseara
en la satisfacción intrascendente de su gala;
yo lo quiero para invertirlo en alegría
si un día me invade la nostalgia.
El día aciago de tu adiós tan repentino
un millar de espinas agrietaron mis ensueños.
Mas, el trofeo recibido
repuso energía y optimismo
y sé que con sólo evocarlo
la ausencia se hará fácil
por eso te dije al despedirnos :
“ cuando te alejes sonreiré a la vida”
Aunque parezca contrastable
lo he cumplido sin reproches y sin lágrimas
sé que hoy y mañana no estarás
y yo no puedo revocar tu andanza peregrina
ni manejar el por qué de los silencios.
Imposible volar mares, continentes
aunque desearía ser ave, o ser el viento
o ser agua de los mares
para llegar a ti y llenarme de tu aliento.
Felizmente;
tengo tu regalo allí en mi cofre
y los regalos nos devuelven las presencias
más queridas,
más ausentes.

SERAS INMORTAL

Quiero hacerte inmortal en mi poema.
Pondré en el teclado notas cantarinas
con arpegios de alondras y de olas
y con mi loca fantasía sumaré cadencias
tan suaves, tan eufónicas que pongan en tu oído
la melodía más hermosa.
Sé que gratificarán tus horas solitarias
cuando mires el jardín que te rodea
o al caminar te abras paso entre la niebla
o el frío te recuerde una lejana llama
que el amor tiene prendida
y tú la ignoras
Regresarán a tu mente lares de tu tierra
con todos los recodos: sus altivos montes
sus calles polvorientas
el cerro donde sonaban las campanas
de la antigua iglesia.
Entonces
tal vez te invoque el piano, la guitarra
y tus manos pulsen lo que en el alma aflora.
Pondrás al sonido el encanto que perdura
pues será tu obra una creación nueva
ya imaginada e inmortal en mi poema.

COMO UN FANTASMA

Anoche en inesperado encuentro
toqué tu cuerpo y acerqué tu oído
estabas parado junto a mí
tus manos enredaban cordones
y herramientas
y una lámpara encendida
brillaba en mi almohada
como si fuera cierto
No hay lejanías
En cada cosa está la magia
de sentirte como entonces
Pero todo es sueño
Pues
cuando las realidades son adversas
un sueño suple anhelos que se esfuman
Así
el ayer es mi presente
que acomodo a mi manera
pues tengo el tiempo detenido
y lo disfruto.


PÁGINA 20 – ENSAYO

ENSAYO: LA MAGIA DE LA LITERATURA

Por Norton Contreras Robledo (Malmö/Suecia)

Resumen: Quisiera ser alquimista, unir las letras milenarias, organizar, construir cimientos de futuro en espacios vacíos, en laberintos sin sentido y valores de hojarascas. Al principio todo era sombra, oscuridad. El verbo trajo la luz . Las palabras mueven la vida, son las ruedas de la historia. Siempre que mires con una doble mirada .Toda la historia del hombre podría reducirse a la relaciones entre las palabras y el pensamiento ; leyendas, cuentos, tabúes y mitos. En este ensayo me propongo abordar algunos aspecto de la literatura. Aquellos que quizás son los menos concientes. Porque a veces frecuentamos la realidad sin dejarnos sorprender o interpelar por ella. Quiero desenterrar las palabras sepultadas bajos los restos de las estrellas muertas.* (1)

LA MAGIA DE LA LITERATURA

En cada obra literaria se vislumbra la posibilidad crear o reinventar el mundo
circundante. Es ahí donde esta la esencia de la literatura , su magia.
En una obra literaria a veces encontramos expresado lo real y mágico, porque en la vida cotidiana de las gentes y de los pueblos lo mágico con lo cotidiano se mezclan. Suceden hechos en los que la frontera que separa lo real de lo fantástico es sutil y difusa. Tan desdibujada que nos hace pensar que la barrera entre estas realidades no existe; que lo real es tan extraordinario y fantástico que puede dar la sensación de irrealidad.
La magia de la literatura radica en que nos acompaña desde nuestros primeros años de vida y hasta el ultimo de ellos. Y a través de sus géneros vemos la realidad que nos rodea, o nos transporta a tierras desconocidas, a países remotos, a planetas y sistema solares. Nos lleva a través del tiempo y el espacio a conocer personas del pasado o de del futuro que se vislumbran detrás de las sutiles cortinas de la narración.

EXPERIENCIAS Y SENSIBILIDADES

Que bonita y maravilloso fue en mi infancia, en el pueblo de Canela, cuando vivía en el monte y aprendí a leer. La literatura tuvo la magia de abrir las puertas que me permitieron llegar a sitios. Viajar a lugares remotos que jamás hubiera podido imaginar. Recuerdo como si fuera hoy que sentado bajo las sombras de un árbol, mientras las ovejas y las cabras pacían, yo con un libro en las manos me transportaba a lugares lejanos. La naturaleza, sus colores, olores, sabores, las gentes. Sus vidas, sus trabajos, aparecieron ante mí con un nuevo significado. Mis ojos lo veían de forma diferente, las sentía de otra manera. Ahí radica la magia de la literatura de hacer ver y sentir la vida, las gentes y la naturaleza con una doble mirada.*(2)

EL CONCEPTO DE IDEOLOGÍA EN LA LITERATURA

Cuando leemos una obra literaria existe la tendencia en pensar que dicha obra esta por sobre cualquier concepto ideológico. Sin considerar en las múltiples definiciones que las ciencias sociales da a la ideología; falsa conciencia, visión interesada, parte integrante de la conciencia social en conexión con diferentes intereses de clases sociales, intereses económicos y políticos. El concepto de ideología en una obra literaria se manifiesta como la concepción de la realidad desde una perspectiva particular . La función ideológica en una obra literaria se manifiesta en el afán que tiene el escritor de dar la visión, es decir la manera que el tiene de ver e interpretar el mundo circundante. En este contexto podríamos decir que en una obra literaria no consiste en las ideas especificas sino en los procedimientos mediante los cuales se analizan los hechos, la vida y el desarrollo social.
La función ideológica es una condición presente en todas las formas literarias: libro de poemas; España en el corazón, de Pablo Neruda, himno a la glorias del pueblo en la guerra, que exponía los horrores de la Guerra Civil Española, y su postura de republicano, es un poemario hermoso. En este libro muestra su rostro de poeta combatiente e idealista. La primera edición, corresponde a Ediciones Ercilla Santiago de Chile, 1937. Fue reimpreso por primera vez en España por el Comisariado del Ejército del Este, ediciones literarias. Canto General de Pablo Neruda Paradigma de una profunda identidad entre lo estético y lo social, nutrido por el fervor revolucionario latinoamericano, Canto general, escrito entre 1938 y 1949 y publicado de manera privada en 1950, es una de las expresiones más altas en la vasta obra de Pablo Neruda (Chile, 1904-1973). En la poesía de Walt Whitman, Hojas de Hierbas, Aparecida en 1855, Unánimemente considerado el poeta máximo de Norteamérica, Walt Whitman (1819-1892) es el supremo cantor del Yo y de la naturaleza, del cuerpo y del alma, de la igualdad del hombre y la mujer, de la fraternidad y la democracia. En novelas ; Las uvas de la ira de John Steinbeck , el tema representado en esta novela es actual en lo concerniente a inmigración y su explotación laboral. John Steinbeck, el autor, vivió durante dos años una vida de privaciones semejantes a las que describe en la obra, siendo un humilde campesino. Con esta experiencia y con una sincera conciencia social, el escritor reproduce este testimonio en medio de los peores tiempos de EE.UU. en toda su historia, la Gran Depresión. El Sr. Joad y su familia se ven obligados a abandonar lo único que poseen, su miserable y polvorienta granja en la árida zona de Dust Bowl, Oklahoma.
Esperanzados en poder encontrar trabajo, ponen rumbo hacia la tierra prometida, California, donde se rumorea que existe una gran necesidad de jornaleros. A medida que se aproximan van descubriendo la dura realidad: agotadoras jornadas, rechazo social, condiciones infrahumanas y míseros salarios. Joad (hijo), consciente de ésta realidad, empieza su lucha por reivindicar los derechos de los trabajadores.
Memoria de la casa de los muertos de F. M. Dostoievski, En 1849 es detenido y condenado a trabajos forzados en Siberia debido a que frecuentaba círculos cercanos al anarco socialismo. De esta experiencia en la cárcel surgió Memoria de la casa de los muertos (1862) obra fundamental tanto en su trayectoria literaria como vital.

LA LITERATURA Y EL MUNDO CIRCUNDANTE

Conclusión: Decía al comienzo que en cada obra literaria se vislumbra la posibilidad de crear o reinventar el mundo circundante. Es ahí donde esta la esencia de la literatura , su magia. La literatura es portadora de recreación identificada con la esencia de cada ser, portadora de emociones, sensaciones. En la palabra esta la magia de ser ente de comunicación entre los hijos de la torre de Babel. Diseminados en diferentes realidades geográficas, sociales , económicas y políticas en diferentes lenguas . La esencia de la literatura es su enorme poder evocador y creativo. Su capacidad no sólo de permanecer, sino de "ser", de construir mundos posibles. Y de dar testimonio de un mundo en el que millones de hombres, mujeres y niños de los países del denominado tercer mundo; personas que no tienen acceso a la educación, a la cultura, a la salud y al bienestar; ven en fotos, películas o por televisión, el consumismo y la abundancia de los países desarrollados, observan, sienten o adivinan el desperdicio de recursos naturales como la luz, el agua y los alimentos. A esos millones de seres humanos les resulta increíble lo que ven sus ojos. Ellos no tienen agua para beber y millones de ellos mueren de hambre. El consumismo, tan real y cotidiano para las personas de los países desarrollados, aparece como algo divino, irreal y mágico ante los ojos de niños, mujeres y hombres, condenados por los países ricos. Los mismos países que han perdido la capacidad de asombro y de indignación ante las terribles desigualdades. Las palabras que llevan en si las ideas de que un mundo mejor es posible pueden convertirse en actos,a los ojos y oídos de millones de seres que aún luchan con esa convicción, con esa ilusión.
La literatura trae los sentimientos que mueven al mundo, palabras de amor y pasión, las palabras de la ira y la ternura. Trae los tiempos de amor y de guerras. Es la memoria de los tiempos idos. Y nos recuerda que el tiempo presente es el capítulo inacabado del pasado y el preludio impreciso del futuro. Y que las palabras que aún no se han dicho, serán las que se dirán un día. Cuando las palabras son censuradas, quedan clandestinas en cualquier lugar, en cualquier espacio. esperando, aguardando, activando, organizando, despertando conciencias para un nuevo día. La literatura va reconstruyendo los momentos, gestos, actos. Mientras haya vida, estará las literatura en las palabras escritas. La literatura es la semilla en la arena, montañas, océanos, campos y ciudades. Nace cada día, cada mañana. va hacia la vida, hacia las gentes.Como la luz al día, como el espacio al tiempo. *(3)
Notas* (1, 2, 3) Fragmentos del poemario Cantos en tiempos de amor y de guerra, de Norton Contreras Robledo. Otra Dimensión Editores (Madrid 2008


PÁGINA 21 – CUENTO

MIEDO

Por Jimmy Valdez (Ridgewood-Nueva York/USA)

Ahora que soy un sapo, un sapo toro de fuerte lomo y culo estrecho, un sapo en las gomas de un caño, quien suele salir de pesca a los nenúfares y lanzar su lengua al viento en el magro evento del trastrueque, deduzco que en la abundancia trota el peligro y ando medio moscas por si acaso…

Estos han sido los días de las frutas maduras y desde lo absoluto del ser renacuajo, hasta el instante de esta piel robusta y venenosa, jamás tuve ese miedo como ahora.

Algo no me cuadra, alguien se está equivocando: o tengo los días contados y esto es un tubo de ensayo en uno de esos experimentos, o simplemente Dios se desperezó, se pasó la mano por la barbilla y dijo para sí “eso es para que no joda”.


PÁGINA 22 – POESÍA AMERICANA

Leda García Pérez (San José/Costa Rica)

OTOÑO IRREVOCABLE

Siempre negándose a morir entre los rojos,
escapando en su verde triunfal
una hoja
recién nacida al alba.
En él desmayarán
sumisas,
mis memorias.

II

Me duele la caída
irrevocable
de las hojas
en su ruta al destierro final,
arrodilladas
frente al árbol vencido
que regresa a la madre originaria,
tejiendo adioses necesarios
en la retina diaria
del recuerdo.

III

El alba lagrimea
su fracaso,
inútil estación
donde el color renace
vertiendo en llamaradas
ese dolor del tiempo
absurdo
que no tiene regreso.

IV

Lagrimón del asombro
perdiéndose entre besos
que no fueron.
Tierra desesperada
por tenerlos.
Quizás haya un destino
mercenario
para esos labios presos
de osadía,
quizás...

V

Su vuelo irreverente
es otra piel
meciéndose en las piedras,
para parir
hijos de verdes arrogancias.
Nadie comprende
el desatino
de sus hojas en fuga.

VI

Los rojos escaparon,
tendieron sus pasiones
en la orilla certera
del capricho
para inundar silencios.
Hasta el sol repitió
sus ataduras
y amarilló en su lecho
los deseos perpetuos
y el camino.

VII

Yo me encontré con él,
cara al destino
destinando rubores
en los cuerpos perdidos.
Yo me encontré con él
y fuimos uno.

VIII

Sus ojos de sequía
necesitan mi aliento
para salvarse
en aguas vespertinas.
Yo necesito el vuelo
de su sangre
para vestir mis lunas
apagadas
y recorrer su cuerpo
que fallece.
La muerte nos hermana
en la herida somnolienta
del minuto que pasa,
yo la dejo mentir.
Otoño y esperanza son lo mismo.


Ricardo Cuellar Valencia (Calarcá-Quindío/Colombia)

VOCES DEL AZAR
Para Gloria Inés, mi amada del azar

Ella iba imperturbable, con serena fatiga,
Entre un aura de aves que yo veía de lejos, a su paso
Y coros de aromas, reales, audibles, palpables

Venía por los caminos de la vida a la deriva, segura,
Como el viento de la primavera de marzo
Con una divisa roja en cada mano: libertad

Yo caminaba entre sueños delirantes
Por las mansiones del paisaje andino,
Esquivo, escribano de mis soledades

En una esquina desconocida, solos,
Fascinados, nerviosos,
Nos sorprendimos:
El asombro se pintó de realidad

El azar siempre elegía, maniático,
Sin cálculos de la razón o la moral

La realidad real fluía
Inventándose en nosotros,
Entre torrentes de deseos deseados
En inmemorial movimiento

Surgían en rondas indistintas
Aves del Desastre y la Calumnia
En boca de los Ardientes Caballeros de la Envidia

Dulce y fatigadamente tú
Entre palabras precisas, urgentes,
Tal vez innecesarias,
Y silencios conspirados en juegos de ternura
Dejabas caer una magnifica, cerífica gracia
Que envolvía en sus armonías y ritmos emergentes
Las pieles, convulsamente evanescentes

La sed del azar se deslizaba entre nuestros cuerpos
En un tiempo sin fechas ni teléfonos
En el río fresco de abril y mayo…
En esos sabios días que nos pertenecen
Como un goce que ofrece la vida a sus amantes

El Divino Azar tendía sus tiendas,
Recuerdo,
En un camino, una calle, un zaguán, una esquina,
Un patio, un parque, un bus, un taxi, una ciudad…
En la clara y dulce frescura del amanecer,
En una tarde lluviosa, neblinosa, en la grácil e inocente noche

Ella era otra,
Sobre todo insumisa,
Soberana y sabia sobre sus instintos
Delicada, plena de sí
Cada vez que dejaba volar
Las magias de su cuerpo creador

Vivía a su manera, sin ataduras,
Leyendo o sola, entre ensueños y fantasías
Era la solitaria perfecta

Nos amábamos sin ninguna condición, regla o norma,
Nunca nos importó frecuentar a nadie

La mayoría de los días, imposible,
No la veía
No sufría Dicha exquisita
Jamás la busqué ni interrumpí
Ella menos

Sabíamos, secretamente, en los cuerpos,
Siempre lo comentamos con encanto,
El momento elegido por el azar
Cuando sus alas borboteantes, dulces,
Danzaban entre las venas y los huesos,
En los sueños herméticos, en las visiones perturbadoras

El lenguaje secreto, cifrado de los cuerpos
Era el cartero, el que nos hablaba
Desde y para nuestras soledades
Lo escuchábamos con extrema turbación fascinante
Y obedecíamos inalterables, instintivamente

Salíamos, cada uno, ciertas veces, sin rumbo,
Obedeciendo,
Sin suponer nada,
Conducidos por fuerzas desconcertadas,
Así íbamos a la cita elegida y anunciada
Secretamente por las voces del azar

Vivimos una exquisita ebriedad
Nueve meses floreciendo, en feliz inocencia

Nos amábamos por la extrañeza de conocernos
Los abismos que nos cruzaban
Detrás de las palabras no pronunciadas
La fina mirada, cristalina, del deseo inventándonos
En un jardín de delirios creado por los furores de la poesía
En un insondable ímpetu, sólo suspendido
En las horas impuestas por el sueño

II

Te vi antes
En soledad mía irritada por insoportable
Siempre caminado sola, delgada, alta, blanca,
De pelo corto, negro, de ojos de miel, brillantes,
De labios rosados, levemente carnosos,
Elegante en los pasos seguros y lentos,
Vestida de colores frescos, con perfume natural,
Cabizbaja, pensativa o leyendo,
Siempre sola Tú y tu vida

Eres mi amor del azar
-alegría fluyente en la sangre-
Me dijiste la última vez

Decías tú
Con ojos de sol:
Creo en el destino
Como una mariposa al nacer
Dibujando en sus alas insumisas,
Cifras, rostros, perplejidades

Por eso te amé
Gloria Inés
Entre los fascinantes ocasos y auroras de Manizales
Amada total, única

Nuestra realidad era decididamente surreal
No teníamos citas previas, llamadas, recados, terceros
Sólo el Divino Azar escogía la hora del sol o de la luna
Y allí estábamos en el minuto elegido, frescos,
Buscándonos, afirmándonos,
Ante nuestras delicias,
Más solos que nunca,
Ebrios de ser hijos de azar


PÁGINA 23 – ENSAYO

¿QUÉ SIGNIFICA SER POETA?
Reflexiones en el día del poeta

Por Nicolás Hidrogo Navarro (Lambayeque/Perú)

Desde mi época colegial en Bagua Grande-Amazonas, nunca quise utilizar el diccionario de la RAEL de la biblioteca de mi colegio “Alonso de Alvarado”, unos libros gruesos amarillentos con un sello real de Hispania, para definir conceptualmente la palabra poeta, porque siempre encontré ciclópea esta condición suprema de hechicero y demiurgo para ser designada y encasillada con tan pocas palabras.
Poeta, emocionalmente para mí fue un dios supremo del verbo, un forjador e inventor de palabras, agrimensor de figuras de significación espléndidas, un transgresor e innovador del lenguaje culto, supremo hacedor y lumbrera de simbologías y arquitectos de alegorías pluscuamperfectas, constructores conscientes de toda la retórica y poiesis aristotélica, asimiladores orgánicos kantianos, acrisoladores de Baudelaire, epistolar a lo Van Gogh e intérpretes de George Sand. Un poeta no era el que hablaba un idioma coloquial, sino usaba un lenguaje celestial aún perteneciendo al mundano sepulcro de los vivos.
Me los figuraba en una gran cueva alabastrina vestidos con túnicas blancas y barbas legendarias, maquinando la génesis de nuevas formas expresivas y quiebres sintácticos, seres casi mágicos, sacerdotes consagrados al cuidado del fuego sagrado de la poesía y de la refundición e invención de todos los tropos, lexemas y morfemas habidos hasta entonces, cual elfos o Pitias en el oráculo de Delfos. Tenían para mí una reputación sagrada y venerable, porque ellos eran los rectores de una piedra filosofal, del mosaico, de las siete artes liberales y tenedores del “santo grial lingüístico”.
La lectura de poemas para mí fue mi primera religión y sentía un éxtasis sagrado y reverencial posar mi torva mirada en aquellos apotegmas llenos de signos, incomprensibles sin diccionario a la mano. Un poema no era un amontonamiento de palabras apiladas y desconexas entre sí, sino semas mágicos, cargados con una electricidad simbólica, alegórica, semántica y cada palabra era un código secreto de comunicación para iniciados.
La poesía no era un acto blasfemo de cursilería barata y pose ridícula, sino una fina trompetería rítmica con una métrica pitagoriana cual formaciones cuadrículas de infantería espartana perfectamente disciplinadas, con rimas con solfeos gemelos cabalísticos, con escindidos sincopados de corte de confección del faro de Alejandría y con hemistiquios tan perfectos como el Phi griego. Era imposible escribir sólo una pieza poética en una sola noche, debía ser un acto de suprema inspiración que tardaría un decenio en ser culminada y repulida y dejarle desneuronado hasta la fatiga al osado aeda.
Esos seres equilibrados, místicos, serenos, eran coherentes. Debían ser unos anacoretas tan congruentes con lo que escribían, que fácilmente debían ser adorados como dioses. Esos héroes, eran mis dioses juveniles: eran los poetas.
Mis pequeñas incursiones primitivas de lector de Homero, Píndaro y Vallejo, me parecieron que estos seres alucinados no eran de esta galaxia y hubiera dado todo –hasta dejar de ir a clases- por ir a esa sandalizada montaña olímpica donde creía que moraban estos francmasones de secta sibilina. Mis alucinaciones se alimentaban con litografías de las ágoras griegas del diccionario Larousse mirando a los poetas con esa aura de perfección y oratoria encendida, fusionado con las de anacoretas medievales en penitencias para alcanzar la santidad.
La palabra “poeta” no sólo era sagrada, sino que tenía un significado ecuménico y de sapienticidad, de malabarista histriónico de todo ese caudal idiomático: esos signos misteriosos eran el resultado de la síntesis perfecta del entendimiento emocional humano y vaticinios sobre el cosmos a partir de todos los papiros leídos en una biblioteca de babilonia y ocultada por el brillo iridiscente de una ráfaga de luz nocturna. En su pulcra mirada escindía la sabiduría perfecta, el ego controlado, el dechado de valores y virtudes, pygmaliones transformadores, cada gesto tenía un justo correlato con el texto: eran aquellos inmortales a los que se podía seguir hasta que no quede fracción de hueso en nosotros de tanto seguirlos.
Cándido e infeliz, yo. Puras alucinaciones y autoengaños infantiles que algunos perversos se han encargado de pulverizarlos y destroncharlos.
Esta mañana, en una sola oración, un estudiante universitario de Lengua y Literatura de aquí de la FACHSE-UNPRG-Lambayeque, que todas las mañanas me visita para tertuliar un poco y debatir los avances de nuestras lecturas cotidianas, de la estirpe de angustiados solitarios existencialistas, trastornados y frustrados suicidas de boquilla que quieren colgarse en una viga para pasar a la inmortalidad de la soga, misántropos remedones y fanáticos apologistas de antihéroes literarios, me hizo volver nuevamente a la realidad y me epifonemó:
“Profe: Me basta aparentar que estoy loco, decirle cabrón a Dios, decirme cada mañana al espejo que soy el mejor del mundo, ser alcohólico irreverente como lo recomienda Charles Bukowski, no trabajar como lo dice el gran maestro Cioran, alardear mi egomanía, escribir cualquier cosa para justificarme y ya soy poeta: esa es la moda, al diablo con los putos valores humanos y la literatura comprometida y nada de leer a nadie para no contaminarse”.


PÁGINA 24 – CUENTO

EL VIAJE DE RITA

Por Rosa Fasolís (Rosario-Santa Fe/Argentina)

“Levántese, m’hija”, dijo la madre sacudiendo con suavidad el brazo de la niña, que dormía sobre unos cojinillos. El amanecer aún no había despuntado y, para el lado de las serranías altas, la noche era un largo bostezo. Como el de la niña. Pero no tardó en seguir la orden de la madre; se levantó con ganas, porque iba a ser el día del viaje al pueblo. Siete, tal vez ocho años, enjuta pero con fuerzas para ir a buscar el agua al arroyo, levantar el balde con la soga del empobrecido aljibe, arrear las cabritas. Una niña activa y dispuesta, a pesar de las comidas flacas. Rufino Cuevas preparaba el carrito: un cajón –habría servido para llevar verduras, tal vez- con dos ruedas que él mismo había tallado y encajado en un eje de la misma madera. Allí viajaría la niña, porque el viaje era largo y se podía cansar. Y después el carrito serviría para traer algunas cosas; acaso harina, aceite, algún embutido. Eso, con suerte. Mientras se preparaba, Rufino iba recordando cómo, cuando era chico, el río bramaba. Tanto, que una vez se llevó la ranchería, y los que no murieron ahogados o con la peste se fueron como sonámbulos para no volver nunca, nunca más. El rancho del padre de Rufino estaba en lo más alto y era el más alejado del río; incómodo para buscar el agua pero a seguro. Y allí se habían quedado, con unas pocas cabras y otras pocas gallinas; también, una vaca y un caballo que al fin murieron de hambre. A Rufino le había quedado en la nariz el olor a muerte de la tierra cuando, al bajar el torrente, sobrevivió tan sólo la porquería. Pero después había venido la seca, y duraba años, muchos años. Ahora sólo tenían, además de las cabritas, algunas ponedoras que sobrevivían con el poco maíz que podían cosechar. Y dos de los siete hijos que habían tenido con la Delfina. Cuatro mujeres y tres varones. Dos de los muchachos los mellizos, Francisco y Pedro, los mayores, se habían ido sin rumbo -tendrían trece años por entonces, con un arreo que había pasado como por casualidad, porque nadie pasaba por allí salvo en época de elecciones, y no supieron más de ellos aunque Rufino bajó al pueblo y preguntó a todo el que se le cruzaba si no había visto a sus muchachos, y al dotor Mansilla le rogó llorando que se los encontrara, pero los muchachos no volvieron ni nadie por años supo decir que los había visto; el otro, justito el que se llamaba Rufino como el padre, se había ahogado en el dique, muchas, muchas leguas al Norte. Eso les habían dicho; el muchacho era arisco y desobediente, y se había marchado justamente en el camioncito que venía a buscarles los documentos a Rufino y a la mujer, y después (siempre era domingo) los llevaban a ellos, con o sin la cría, los metían en un galpón en la orilla del pueblo, y los iban sacando de a unos cuántos para subirlos al camión y llevarlos a que votaran (les daban la boleta, claro está); después les devolvían los documentos y los largaban con unos pesos y una bolsa con alimentos. Las elecciones eran buenas para ellos. A los críos no los habían documentado. La hija mayor, Asunta, debía tener ahora diesicéis años, más o menos. Y la que seguía, Rosarito, catorce o quince. Hacía mucho que, por una causa u otra, no las veían. Habían hecho el viaje juntas, una ponchada de años atrás. Ahora estaban la Rita, y la de dos años, que ni nombre tenía porque la llamaban Chiquita. A ésa nadie la había bautizado, a los otros sí, un cura joven que iba envejeciendo con la resolana mientras pasaba de tanto en tanto a lomo de mula, y que no casó a los padres porque no tenían los papeles del civil.
Aún no clareaba cuando empezaron el viaje, con unas tortas fritas del día anterior que la madre había acomodado en el morral junto a dos botellas de plástico (una de las preciadas posesiones) con agua de la más clara que Delfina había podido conseguir. El viaje sería una marcha solitaria y silenciosa, los pies cansados de Rufino que no emitiría queja alguna, luego el sol ardiente, algún que otro comentario hecho con casi monosílabos, las ganas de la Rita de conocer el pueblo, los arbustos resecos y arrancados por el viento girando por las cuestas adormecidas y algo en Rufino que era lo mismo que había quedado en la Delfina: un desgano del alma que no llegaba a ser tristeza porque hacía tiempo que ni eso les había quedado.
Llegaron casi al mediodía. A Rita los ojos se le ponían enormes mirando las rancherías primero, después las calles asfaltadas y las casitas bien pintadas y los árboles que daban sombra y las vidrieras de los negocios y las letras que no conocía, grandes y de todos los colores, de las propagandas, y el hombre que iba con una máquina que Rufino llamó bicicleta y vendía algo que era helado, como los inviernos en la serranía, pero algún que otro chico se acercaba, le daba algo al vendedor y se iba de allí sacando el papel a una cosa de color que después lamía y lamía. Rita dijo “¿puedo?”, señalando al heladero y su riqueza. Rufino le dijo que sí, pero que después, cuando llegaran a lo del dotor. Allí iban, a lo del dotor Mansilla. Tendrían que llamar por el costado, no por la puerta principal de la oficina. Ojalá estuviera, pensaba Rufino, aunque había acordado, dos semanas atrás, que ese día se iban a encontrar. Rufino le había pedido un almanaque, e iba tachando día a día; en la sierra no importaban los días pero en este caso sí. Y como él sabía leer alguito, podía reconocer qué día era lunes, y cuál jueves, por ejemplo. A Rita le seguían deslumbrando las casas prolijas, el verano tan ardiente en la choza y tan amable allí, las flores que nunca antes había visto, los perros –todos distintos- que les ladraban y le hacía acordar al Flaco, que era el pichicho que Rufino había llevado alguna vez a la casa y que se había muerto como todo en ese lugar, porque allá arriba se morían las plantas, las flores, los sueños, las palabras, y la pequeña, que a pesar de las hambrunas era inteligente, percibía esos viajes, lentos y persistentes, hacia la nada.
Por suerte para Rufino, el dotor Mansilla estaba, y lo iba a recibir, como dijo el empleado de la cochera, que era el lugar a donde Rufino debía ir. Como las otras veces, el dotor lo recibiría en una salita allí, cerca de los automóviles. Y así fue. El hombre lo trató como siempre, lejano, frío, frunciendo la nariz porque -.Rufino no era tonto- le molestarían el olor a transpiración y a ropa vieja y lavada tan sólo con agua del arroyo. Pero no estaría mucho allí. Se acordó del pedido de Rita y le preguntó al dueño de la tabacalera si le podía comprar un helado. “Nada más eso, dotor”, dijo con una voz que se le atragantaba solita en la garganta. El señor del lugar mandó al empleado que si pasaba algún vendedor, le comprara el helado a la niña. Alentado por el gesto, Rufino se animó a preguntar por Asunta y Rosarito. “Están bien. Son buenas trabajadoras”, fue la respuesta escueta. “¿Se pueden ver?” dijo Rufino con un hilo de voz. “No, hombre, qué dice, ellas están en la finca”. Claro, allá, lejos del pueblo, en la plantación estarían. “Está muy flaca” dijo Mansilla, apuntando a Rita. “Pero es fuerte, ya va a ver” repuso Rufino, temiendo que lo mandaran a casa con la Rita a cuestas. “Bueno, le daremos de comer. Esperate aquí, que te van a traer unas cosas”. Claro, pensó Rufino, como la otra vez con las dos gurisas. Por lo menos la Rita iba a alimentarse bien, y la Delfina y él tendrían para varios días. “Y estate atento, que pronto hay elecciones” dijo el dotor mientras desaparecía por una puerta lateral. Después, irse sin mirar atrás, el carrito cargado con los víveres y sin Rita, la cuesta arriba, el sol caliente y sin piedad, los arbustos secos, la noche que llegaría montada en un bellísimo atardecer.


PÁGINA 25 – POESÍA AMERICANA

Lúcia Laborda (Salvador-Bahía/Brasil)

RAZÃO DO MEU VIVER

Amor; é com lágrimas nos olhos
que escuto esta canção;
pois, lembro teu sorriso,
sinto teu cheiro, teu tesão,
a acenderem minha paixão.
Olho o céu cheio de estrelas...
e entre elas o teu olhar
me convidando a namorar.
Te desejo com loucura
e vou a tua procura.
Na penumbra do nosso quarto,
sinto teu cheiro, teu abraço,
o pulsar do teu coração.
Amor da minha vida,
minha doce canção,
luz que ilumina meu caminho,
a Deus, eternamente, agradeço:
por meus sonhos que realiza;
por nosso lindo renascer;
por nosso amor que eterniza.
Meu doce amor;
esse sol que trazes nas mãos,
ao tocar o corpo meu
desfaz qualquer tristeza.
E nesse amar tão sublime,
cheio de ternura e beleza
quero colar meu corpo ao teu;
viver a eterna emoção
de colocar em tuas mãos:
minha vida, meu destino,
meu pequenino coração.

A VIAGEM

Segue o trem da minha vida,
segue em ritmo acelerado;
leva meus sonhos, minha emoção.
Vai correndo contra o tempo,
segue sem destino, segue o vento
sou passageira da ilusão.
Paguei carona na passagem.
tentando fugir da verdade;
estou só, perdida nesse trem.
Ninguém desce, ninguém sobe.
Levo apenas, sentimentos na bagagem,
que ao longo do tempo se desfazem,
seguindo a trilha da viagem.
Vejo as folhas do outono pelo chão,
chega noite de lua cheia,
passam as estações, as porteiras;
sol que brilha no verão,
inverno que congela meu coração:
estou só, em meio a tantas cadeiras.
Labirinto da minha vida
Aonde vai parar esse trem?
Ninguém vai, ninguém vem.
Olho dentro de mim, quem sou?
O que faço e por que aqui estou?
Nenhuma resposta...
Estarei no além?
Acho que é a morte em vida;
Já nem vejo flores na primavera;
morri, sobrevivi?
Só estou muito carente?
Ou amei tanto, que me perdi?
Apenas perguntas... Segue o trem,
sem destino, indiferente...
...mas que paisagem bonita!...
que aconteceu? Algo mudou...
Deve ser o paraíso, onde estou.
E quem será esse menino?
Olha... é um anjo peregrino;
anjo me tira desse trem,
muda por favor meu destino.
Não quero solidão,
nem quero essa saudade;
quero sorrir de felicidade.
quero amar e ser amada.
Me deixe na próxima estação
onde eu possa viver
esse amor de verdade.

DANCE COMIGO

Vem, dance comigo
segure minha mão,
me faz toda sua.
Quero sentir pulsar
no meu, o seu coração.

Vem, me diga baixinho
O quanto me quer,
me leve a seu ninho,
me pegue com jeitinho,
me faz sua mulher.

Quero ir nas estrelas,
flutuar na lua
numa doce loucura.
Vem, dance comigo,
sou toda sua...

Vem minha paixão!
Vem de mansinho,
me toque de corpo e alma,
me leve em seu caminho,
de amor, desejo e carinho.

O CISNE BRANCO

Contemplo este lindo céu azul,
enquanto sonho em tua paisagem.
Em cada pincelada, uma miragem,
dos teus momentos encantadores!
Sorvo lentamente, cada detalhe,
e degusto, pouco a pouco,
o sabor de um mundo sem desgosto;
que só existe, na essência de sonhadores.
Me perco no encanto do teu amor,
que na tela vejo escrito,
pelas mãos hábeis de um pintor,
em todas as cores desse teu universo...
Quanto tempo passei pela vida,
sem dividir contigo esta emoção.
Hoje, encontrei O caminho; vejo ternura,
na linguagem do teu coração.
Sinto deslizar em tuas telas,
os pinceis formando letras, compondo versos...
solto a imaginação, meus olhos são janelas;
muito além da paisagem
e por detrás dessa imagem
existe um cisne branco, num lindo lago,
que imagino e acompanho o teu bailado.
Em meus desejos, num gesto de carinho,
o afago de mansinho...
No fulgor da tua bela tela,
à sombra daquele arbusto,
me aninho, sonho e com jeitinho
escrevo teu nome, pincelo teu busto,
mas nada é igual, a foto original.
Porque a essência do artista e do amor
não se traduz no papel,
mas se sente na alma
de uma forma pessoal!


Wilma Borchers (Los Vilos-IV Región/Chile)

BAJO EL ÁRBOL DEL PARAÍSO

La niña ángel, bajo estrellas de aluminio,
alas de tela y filamentos,
flores de papel seda sostienen sus cabellos.
Pequeña novia, alhaja peregrina,
diminuta centinela de su muerte.

-o-

La anciana, tras el telar recuerda,
el sesgo del cometa que trajo el mar en ojos extranjeros.
Dormita, las acequias difunden frescores de huertas,
cómplice la brisa aviva antiguas confidencias.
Sigilosa, la menor de su estirpe lía madejas.

-o-

La curandera, porta en su morral
fragmentos del bosque macerados al sereno.
Brinda alivios: majadas de ternura,
antídotos, espantasueños, duermevelas, prudentes silencios.

-o-

Las vagabundas entre harapos
hilvanan en sus ruedos abalorios de barro.
¿Qué ovillan tras cartones,
bajo el menguante de los arcos?

-o-

Las heroínas de Casablanca bailan con fantasmas;
“El tiempo pasará” desliza su melodía.
Crisálida la nostalgia, jamás permitirá desplegar alas.

-o-

La enamorada, atrapó libélulas, hebras lunares,
para su vestido de compromiso.
No advirtió, que el infortunio recorría,
como ávidas termes, la luz de sus ajuares.

-o-

La conversa,
resguardó los erarios del silencio.
Signó con un pez la entrada a su cobijo.

-o-

La adolescente, sustrajo espejos del aljibe.
Jubilosa descubrió el asombro de la belleza sonriéndole.

-o-

La avergonzada cautiva, ocultó latigazos de serpiente.
Entre fardos de algodón el amor asentó magnificencias de ébano,
se rindió al lamido, se declaró oscuro pétalo.

-o-

La niña de la lámpara azul,
halo de misterio y silencio, trayecto amado, perdido sueño,
inventándose a diario, para sobrevivir, en los balcones del invierno.

-o-

La malherida observa desde sus lienzos
insostenibles infantes peregrinos.
Pilar maltrecho, ciervo sangrante, rojo filamento.
Bajo la golondrina de sus cejas, ve diluirse una Casa Azul sin hijos.

-o-

Las que congelan su dolor
y son escarcha en la garganta del cenzontle.

-o-

Las que se besan bajo mosquiteros, en ciudades ausentes de los mapas.
Instauran rosas de fuego, grabados solares en sus pieles esteparias.

-o-

La de manos insomnes, escarbó en archivos, documentos,
tras un escrito sin orígenes Hebreos.
Sobre las alambradas llovían cutículas de ceniza.

-o-

La licenciosa, ante el reclinatorio, como cuentas de ábacos suma rosarios.
Le teme al eterno giro del infierno, al voraz óxido que empavona espejos.

-o-

La visitadora de entresueños,
nos incita a explorar andenes, a caminar sobre luminosos raíles,
en busca del ramal donde abordar radiantes desenlaces de espejismos.

-o-

La cortesana, depiló con miel su cuerpo, inmutable, aguardó al comprador.
El negociante aparte de rupias y tejidos, trajo pájaros insomnes, balsámicos jazmines.
A fuerza de jaulas y flores la cautivó para siempre.

-o-

La penitente, de rodillas camino a la ermita.
Ignora que el perdón capituló, cuando aún no imaginaba deslices.

-o-

La vendedora de predicciones,
barajó arcanos, leyó esferas de vidrio, exenta de conocer su futuro;
no vislumbró bajo su piel malignos vaticinios

-o-

La fabricante de pájaros y peces de seda, cuyo sueño fue iniciar remotos éxodos;
no conoció distancia fuera del caserío. A cambio tropezó con un amor marinero,
exuberante en relatos, oliendo a destinos inéditos.

-o-

La inclaudicable, encendió faroles años después del armisticio.
Pese a la ausencia, cada anochecer sostuvo una liturgia;
colgar jaulas de luz en los olivos.

-o-

La que parió frente al mar una sirena de pelo rojo,
como la cabellera de su madre y se sintió bendita.

-o-

La forastera, sembró bulbos, quiso ver surgir la joya del narciso.
Evocar así su infancia: entre tejuelas de alerce, braceros, establos, frutos secos.


PÁGINA 26 – ENSAYO

LITERATURA E HISTORIA EN LOS DILEMAS DEL BICENTENARIO

Por Jorge Etchenique (Santa Rosa-La Pampa/Argentina)

Los ramalazos de la discordia se prolongan hasta hoy
en los entresijos de una historia no resuelta
Osvaldo Soriano

Desde una supuesta profesionalidad, hay quienes niegan que se puedan establecer enlaces activos, motivadores, entre las gestas liberadoras del presente y del pasado. Nuestro propósito, en cambio, es atisbar el vasto campo de las subjetividades -afines o bien en colisión- que suscita Mayo en escritores e historiadores, en especial los sentidos que fueron y son adjudicados a Mayo, a la hora de legitimar ideas contemporáneas a él.

Mayo y las legitimaciones. Los hechos de Mayo fueron y son interpretados de tantas maneras como tantas han sido y son las búsquedas de consenso hacia ideas, programas, órdenes y desórdenes. Podemos continuar, entonces, con una breve incursión histórica en esa diversidad de legitimaciones y el rol de la literatura en esas especulaciones.
Esteban Echeverría y los jóvenes de la Asociación de Mayo escribieron textos fundantes de la literatura argentina, tributando a su presente político signado por el rosismo. Para ello, acudieron a una doble identificación: con Mayo, proclamándose herederos y, ahora sí, con el mundo literario europeo. También Juan B. Alberdi se remitió a la misma simbología para encontrar respaldos a su lucha contra Rosas, quien, por su parte, había interpretado a Mayo como “un acto de fidelidad y lealtad a la nación española y a su desgraciado monarca”, en palabras de Milcíades Peña.
Con explícito énfasis legitimador, Mitre relató una historia de 1810 que buscaba -y logró- levantar bronces equivalentes para los héroes de su clase y de su época. En esa misma línea liberal, la mayor y más relevante manifestación de expresiones iconográficas de la Revolución de Mayo se produjo durante el centenario. En 1910 y años cercanos, los textos, rituales y obras artísticas llevaban la misma intencionalidad ideológica: internalizar en la conciencia social los principios e ideas de la elite en posesión del poder.
Desde 1930 y siguiendo el pensamiento de Leopoldo Lugones, “La hora de la espada” buscó también su lugar en las imágenes de Mayo. Fueron, entonces, el ejército, la familia -definición y terreno de la Iglesia- y el gaucho los que ocuparon, en la literatura y en las celebraciones, una nueva forma de expresar el imaginario oficial. Claro que el gaucho no era concebido como un sujeto social sino como un estereotipo ficticio, sobre todo la imagen de un campo sin conflictos.
Otra de las concepciones del mismo cortejo llevaba a simpatizar con la atmósfera hispánica, pero ante la contradicción que suponía exaltar el orden colonial y al mismo tiempo la revolución que lo desordenó, aceptó la versión mitrista. Gustavo Martínez Zuviría (Hugo Wast) fue uno de los sostenedores de esta corriente que atribuyó el rol protagónico al ejército y en especial a Saavedra.
Las búsquedas legitimadoras, como puede observarse, se han extendido en el transcurso de doscientos años…y no se detienen en fronteras. José Carlos Mariátegui adjudicó a los pueblos de la América española una misma dirección, una “matriz única” que lo llevó a encontrar -con un siglo de distancia- una conciencia revolucionaria que se va desenvolviendo. Momentos de un mismo proceso dialéctico. “Ahora como entonces…la emoción revolucionaria da unidad”, señaló el Amauta para vincular las independencias americanas de España con la Revolución Mejicana.
En esa misma traza libertaria, si nos instalamos en nuestros desasosiegos de hoy, la pregunta es ¿A qué se alude cuando se dice 25 de Mayo? En respuesta, Andrés Rivera enumera actos escolares rutinarios, calles y monumentos que concilian a enemigos irreconciliables, etc. “Pero también a la utopía, y a los que todavía no desisten de ella”, agrega con la necesidad y la urgencia de convocar a la esperanza.
Otro de los nudos que ocupa la atención de investigadores y escritores es la base social que alumbró la Revolución de Mayo, uno de esos temas enraizados en la necesidad de definir qué sujeto social debería encabezar las transformaciones hoy.
La posición central de Norberto Galasso es que los antagonistas de 1810 no fueron americanos probritánicos contra españoles, sino españoles, criollos y mestizos, influidos por las banderas democráticas desplegadas en Francia (1789) y España (1808). Si para Galasso la reivindicación inicial de Fernando VII representa una democratizadora entende americano-española, para David Viñas, en cambio, constituye una muestra de la “vertiginosa ambigüedad” con que funcionó la Primera Junta entre mayo y diciembre de 1810, “…siete meses tan acelerados como jadeantes”, agrega. Para Viñas, la “dualidad” de Moreno oscila entre el “enmascaramiento”, es decir el uso de la lealtad a Fernando VII como “máscara” para encontrar sustento en algún resquicio de la legalidad y la firmeza hacia los enemigos.

Conciliadores e implacables. En numerosos análisis de las historias oficiales, subyace la afirmación de que los patriotas de Mayo “hicieron la revolución sin saberlo”, lo que se transforma en la negación de una voluntad de independencia previa a su realización. La idea de una revolución sin revolucionarios equivale a decir -para el pasado y el presente- que no se puede ir más allá de administrar lo que ocurriría de todos modos. Esta permanente adaptación a determinaciones externas supone un paradigma del conformismo al que no se ajustaron, claro está, Moreno, Castelli y Artigas.
Azcuy Ameguino interroga: ¿Cuál es el mensaje para las generaciones actuales, si los hombres y mujeres que protagonizaron el único hecho auténticamente revolucionario de la historia argentina...lo hicieron sin saberlo? La afirmación que incuba esta pregunta encuentra en David Viñas palabras coincidentes al considerar a Moreno no como un héroe individual sino un “emergente grupal”, el “fermento” del grupo dispuesto a no negociar el destino.
Entonces, si no conciliaron ¿qué hicieron?, se pregunta Andrés Rivera. Y se responde: “…trazaron, en la penumbra de la clandestinidad, un plan de operaciones…; colgaron de un poste a Martín de Álzaga y fusilaron a Santiago de Liniers…; fundaron regimientos; liberaron esclavos, pardos y morenos, y con ellos conocieron la derrota y triunfaron sobre los ejércitos monárquicos. Y, llegado el momento, no rehusaron ser implacables”.
Y siguen las bicentenarias preguntas: “¿Qué nos faltó para que la utopía venciera a la realidad?, ¿Por qué, con la suficiencia pedante de los conversos, muchos de los que estuvieron de nuestro lado, en los días de mayo, traicionan la utopía?”. Estos mismos interrogantes que Andrés Rivera instala en boca -doliente y a la vez luminosa- de Castelli, espejan el aquí y ahora. También nos conducen a dimensionar el esfuerzo de historiadores y escritores por desentrañar los dilemas, las contradicciones, que engendra toda transformación profunda, hasta su mero intento. Cuando polemizan sobre los sentidos de Mayo, transitan al mismo tiempo otra instancia de la misma subjetividad: la porfía acerca de cómo debería ser nuestra realidad.


PÁGINA 27 – CUENTO

EL BÍGAMO

Por Enrique Arias Vega (Bilbao/España)

Llevaba siete años practicando una doble vida. No había simulación alguna en ello pues amaba a Berta. Y lo demostraba cuando estaban juntos. Igualmente adoraba a Susana y también procuraba hacerla feliz.
Él se definía a sí mismo como un tipo familiar, hogareño, incluso conservador. No tenía aventuras extramaritales ya que estaba casado con las dos mujeres. Y ninguna de ellas conocía la existencia de la otra.
La única carencia en su vida afectiva era la ausencia de hijos. Berta había estado embarazada una vez, casi al comienzo de su matrimonio, pero había abortado de más de cinco meses, cuando él se hallaba fuera de Madrid, precisamente con Susana. Había regresado justo para el parto y se encontró con el drama. Su mujer, todavía delicada e hipersensible tras el funesto hecho no le formuló, sin embargo, ningún reproche. Era una magnífica compañera, incluso en la distancia, y Juan se lo había agradecido mostrándose desde entonces aún más cariñoso, si es que eso fuera posible.
Su otra esposa quizás era más dulce, pero menos expresiva en sus afectos. Juan, sin saber muy bien porqué, lo atribuía a su condición de catalana. O quizá fuese debido a sus constantes y largos viajes como azafata. Por eso, también, no habían tenido hijos, aunque hablaron de esa posibilidad al comienzo de su relación. Hace tiempo que habían dejado de hacerlo.
Juan acababa de despedir a Susana en el aeropuerto de El Prat. Lo hacía habitualmente. Se trataba sólo de un pequeño detalle, casi banal, pero le agradaba la repetición de aquel ritual. Ahora se encontraba solo en casa, bebiendo un whisky y mirando distraídamente la foto enmarcada de su mujer con su amiga Greta colocada sobre una mesita del cuarto de estar, cuando sonó el teléfono.
Se trataba del director general de su compañía. Tenía que volver de inmediato a Madrid, pues se había producido un problema informático de mil narices que debía resolver él, personalmente.
No le gustaban los cambios bruscos en su rutina ni las improvisaciones. Era una persona metódica que se basaba en el estricto rigor de sus hábitos: medio año en la central de Barcelona, con episódicos viajes a las oficinas del este y del sur de la península, y otro medio en la delegación de Madrid, con sus correspondientes desplazamientos a las sedes del norte y del oeste de España. Es decir, seis meses en el ámbito familiar de Susana y otros seis en el de Berta.
No le llamó a ésta a Madrid para explicarle el cambio de planes. No estaba seguro, ni siquiera, de si debía ir a verla. Berta era tan organizada y tan precisa como él, con sus guardias en el hospital, su horario prefijado de atención a los enfermos y su planificación a largo plazo de las intervenciones quirúrgicas. Cualquier modificación en sus pautas de conducta, él lo sabía perfectamente, la perturbaba.
Se habían conocido cuando Juan hubo de someterse a una simple operación de apendicitis y se enamoraron rendidamente, de inmediato. Sonrió al recordarlo. No tuvo que hacer trampas entonces con el papeleo pues aquel fue su primer matrimonio. El segundo, con Susana, se produjo casi tan rápido como el otro. Con tan escaso intervalo de tiempo entre ambas bodas, que pudo utilizar los mismos papeles. Como no había falsificado los documentos, en sentido estricto, se decía a sí mismo que lo suyo no era un fraude, que no había cometido ningún delito.
A Susana la conoció en un insólito viaje transoceánico. Hablaron largo y tendido durante el trayecto y al llegar a Bogotá, donde le había enviado excepcionalmente la empresa a realizar unas gestiones concretas, se casaron. “Eres exactamente el hombre que estaba buscando”, le dijo Susana, por toda explicación. Lógicamente, él no iba a contarle que ya estaba casado. Así que omitió el detalle.
Llegó a Madrid sumido en estos placenteros recuerdos y al ir a tomar un taxi vio a su mujer, o sea, a Berta, subir a un coche con un tipo a quien miraba toda acaramelada. Lleno de estupor, sólo le dio tiempo de decir al taxista, como en las películas: “Siga a ese coche”.
Tras el pasmo inicial, ya ni le sorprendió que ambos vehículos se parasen ante el que era su domicilio madrileño. Mientras se bajaba del taxi fue visto por la horrorizada Berta quien se repuso al instante y, tras musitar algo al oído de su acompañante, se dirigió rápida y enérgica hacia él.
Le dio dos sonoros besos en las mejillas y antes de que pudiera reponerse le dijo: “No montes ninguna escena. Y menos delante de mi marido y de mis hijos”. “¿Tu marido?”. “¿Tus hijos?” Acertó a formular las frases a duras penas, mientras por encima del hombro de la mujer veía salir del coche a un niño de unos cinco años y una niña de dos. Palideció al comprobar, a pesar de la distancia, el parecido de aquellos niños con él mismo.
“No armes ningún alboroto”, seguía diciéndole una desconocida Berta, fría como un témpano: “Roberto cree que son hijos suyos”. “O… o sea —balbuceó Juan—, que aquella vez no hubo tal aborto…” “Ya ves —le respondió su mujer, con una mueca maligna—: tus prolongadas ausencias han dado de sí para que yo pudiera parir varios hijos sin que te dieses cuenta”. “Pe… pero, ¿tu marido, dices?”. “¿Qué te crees? —rió ya francamente la otra— ¿Que eres el único en tener una doble vida, con dos cónyuges y dos familias?” “¡Así que sabes lo de Susana!”. “Claro que sé lo de Susana y también con quién te engaña”.
Minutos después, el hundido y avejentado bígamo llamaba a la puerta de la habitación 112 del Hotel Wellington, al comienzo de la calle Velásquez, tal como acababa de decirle Berta. Una esplendorosa Susana, radiante de amor y sexo, que él creía volando hacia Nueva York, le abrió la puerta antes de quedarse petrificada por el asombro. Por su parte, Juan, anonadado, vio en la cama al fondo de la habitación, apenas cubierta por una sábana, a Greta, la inseparable amiga de su mujer, con la que él suponía que se entretenía durante sus ausencias, pero, eso sí, de una forma bien distinta.


PÁGINA 28 – POESÍA ALLENDE EL MAR

Víctor Corcoba Herrero (Granada/España)

LA FAMILIA COMO VALOR Y VALÍA

El mundo necesita familias de corazón.
Un corazón en familia fraterniza al mundo.
Y hermanado el mundo, nace la armonía.

En un mundo que deshace familias,
el gran ausente es el amor, todo es vacío,
porque la vida es amar sin condiciones,
amar hasta que las piedras se enternezcan.

Vivir en familia para que el mundo sea uno,
es la única manera de vivir en paz
y el único modo de subsistencia humana.

El Creador inscribe en la mujer y el hombre
la innata unión y lo circunscribe al amor.
Nada es lo que es, sino es reflejo de Dios.

Déjale nacer a quien hoy es embrión
y dejémosle crecer en familia;
una sociedad que excluye este derecho,
inherente al árbol existencial,
se torna salvaje y el entorno se deshumaniza.

Lo que es saludable para la familia,
lo es también para la sociedad:
sumemos afectos antes que defectos,
restemos egoísmos, multipliquemos la ternura.

Porque no hay más querer que la ilusión de querer,
pasemos por la vida ¡amando!,
pasemos por la vida ¡creciendo!,
¡amando y creciendo como ser, y ser en familia!.

EL ASOMBRO DEL PASO DEL TIEMPO
(2010, para vivirlo)

Después de vivir un año más
nos quedan los recuerdos
prendidos en los labios del alma.

El alma es el alma de la vida.
Por el alma y con el alma sentimos,
por el alma y con el alma amamos.

Somos el instante preciso en el tiempo,
el espacio que puebla soledades,
la eternidad en el silencio del cosmos,
el viento en la fugacidad del ser.

Un ser que sólo se sostiene con amor
y se sustenta con la rueda del verso.
El verso, mañana y siempre,
hasta que el mundo se vuelva un poema.

Hágase la poesía camino en el caminante,
habremos ganado el año, el año de la paz,
y no hará falta volver a empezar de nuevo
a contar los días con las noches en vela.

ANUNCIO/DENUNCIA

Se buscan personas que cultiven la poesía
con desespero antes de caer en la desesperanza.

Hay que plantar luz en el tajo de las noches,
que nadie se quede a oscuras y no pueda ser sol.

Urge abrir espacios al amor, ventanas a la belleza,
derribar muros que matan, arribar al aire
que todo lo depura y apura para encender vida.

Demasiadas vidas se apagan en este mundo de fuego,
unas porque no las dejamos vivir
y otras porque no les hemos enseñado a quererse.

Todo se reduce a la ausencia de corazón,
deberíamos escucharle y dejarle hablar,
pero voces contra voces se baten a diario en duelo,
imposible hacer silencio y soledad compartida,
sólo los poetas de alma pueden poner paz.

Qué canten, pues, los poetas; qué canten a verso:
¡Amar!.¡Amar es empezar a vivir! ¡Sólo Amar!

El VIRUS DE LA NECEDAD

Andamos siempre en vueltas
y revueltas sin preguntarnos
el por qué, para qué y por quién.

Afirmamos y nos reafirmamos,
sin escuchar ni escucharse asimismo.
Lo sabemos todo y todo es nada,
cuando nada se medita y nada se duda.

No basta querer hay que saber amar.
No basta saber hay que ser sabio.
Y el sabio observa, mira y calla,
porque calza muchos puntos de vida;
tantos como deseos, tantos como mundos.

Mundos diversos y diversidad humana
en los que hay que pensar colectivamente
y sentir que uno tiene que ser él mismo,
con la humildad de no ser nadie sin el otro.

Saber, pues, es conciliar lenguajes,
reconciliar lenguas y hablar lo justo,
recordarse que uno se debe a los demás,
y acordar que el débito exige respeto.

Sólo así la necedad, causa de mil males,
pasará a ser historia que no mueve labios.
Saber más es entenderse mejor.

PASEO POR EL BOSQUE

Esta mañana salí a pasear
por el bosque de los pensamientos
para alimentarme de lenguajes vivos,
por los que no pasa el tiempo
aunque pase la vida y pesen los años.

Pensar es ir contracorriente
en un mundo de corrientes globalizadas.
La embestida contra los que piensan
forma parte de la historia de nuestra historia.

Piensan por nosotros los poderosos ayer y hoy.
En nuestro nombre también enhebran
verbos suyos para hacerlos nuestros.

Duro trabajo el recogerse hacia sí,
siempre lo ha sido.
Hablar consigo mismo cuesta lo suyo.

Mas uno quiere vivir y también ser.
Y uno quiere ser y ser agua libre.
Libre para decir lo que uno piensa.
Pensar en algo y hacer algo, ¡siempre!

Porque el desierto de ideas adormece
y mece todo cuando hemos reflexionado,
ciega razones tan vitales como la razón del yo.

Yo y los pensamientos son uno y únicos,
a considerar y a confluir
en la conjugación del amor,
para todos los mundos y edades.

Porque junto al pensar y al vivir,
germina el despertar que nos pertenece,
el resplandor de la persona cultivada
y cautivada por el alma en gozo.

¡Qué nadie mutile esta razón de ser razón!
Nada de trueque ni que nadie la trunque.

Llegado a este punto, también digo:
Que tan importante es escuchar
como saber discernir y saber respetar,
para que las ideas puedan compartirse
y renazcan los buenos sentimientos que nos unen.

SÓLO DIOS CALMA Y COLMA

El pobre no cuenta en las cuentas de los ricos.
El hambre sigue matando al hombre.
De corazón a corazón tampoco hay enseñanza.
Cómo enseñar sin enseñar con el ejemplo.
Aún los dominadores mandan sobre el débil.
Hombres y mujeres en batalla de género.
Niños que se mueren sin saber lo que es amor.
Esta es la señal de la cruz, ¡cuántos crucificados!

La humanidad está crecida de sufrimientos.
Quema amaneceres como puede quemar afectos.
Unos contra los otros y los otros contra los unos.
Los abrazos dan paso al estirón de rechazos.
Nadie conoce a nadie que no sea poder.
A Dios también se le niega con la cruz a cuestas.
Este es el símbolo del olvido, ¡cuánta ingratitud!

Hay sobrepeso de dolores en el peso del mundo,
pero tras el espejo de tantas cruces Dios está ahí,
sólo Él puede secar nuestras lágrimas, ¡es Amor!,
y los que en verdad le buscan, siempre lo hallan.


Juan Orozco Ocaña (Montellano-Sevilla/España)

GUERRA.

Siento la terrible soledad de las bombas,
el irremisible desamparo de la muerte,
cayendo en silencio, en las ciudades
que están a miles de kilómetros de mi.

Siento el escalofrío y el temible tremolar
de tu miedo, y el terror clavado en tu mente.
Las manos sobre el silbido del misil
cayendo atronador sobre las calles y plazas
de la urbe dormida en el descalabro y el dolor
de la desolación, de la estampida, de la huída
hacia la diáspora llantada y resignada,
jamás deseada, nunca querida; dejando atrás
la casa paterna, el hogar amado y vivido
en los años tiernos, antes de la matanza,
de la venganza hecha inconscientemente,
adulterada en la palabrería vana y hueca.

(¡No matarás, no matarás... y sin embargo,
matas, acribillas a tu hermano, asesinas
humano, mal humano: Caín, mal Caín).

Siento el ruinoso estado de los pueblos,...
en los que la agonizante danza mortal
invade los espacios inesperados e inermes,
infectándolo todo a su paso con un ruido
insano, hilarante, terrible, vacío,
derribándolo todo, convirtiéndolo en humo,
en polvo, en devastación, en parca putrefacta...
y a sadismo del vencedor sobre el caído.

¡Qué dolor tan grande esta inutilidad,
esta desafectación, este estruendo,
esta aniquilación desastrosa que apaga
la vida, el hálito de la esperanza de los hijos,
de sus contertulios y vecinos del futuro.

¿Por qué tanta desolación, devastación,
ceniza y arrebato, cansancio y destrucción?
¿Por qué tanto nublado en las mentes y...
tanto corazón roído por la ira y el odio?

¡Socórreme, hombre de bien, samaritano,
en este preciso instante de mi llegada
al horror nefasto del error humano!
¡Ampárame! Detén la desarticulación
de la cotidianidad tranquila y sencilla
de los días felices de antaño… donde
la familia esperaba el regreso del trabajo,
donde la mujer faenaba las tareas diarias
de la casa recogiendo bajo sus faldas
a toda la camada del hogar, en el calor
que vivíamos cercados tan sólo por la Paz,
la felicidad, la alegría y la pureza.
sin tanto descalabro por parte de estos entes
que se llaman “humanos” sin ni siquiera serlo.

Detén el correr de la sangre de mis hermanos
sobre el mundo, sobre el desfiladero
de las rocas grises del alto precio
que hay que pagar por el colmado
de los ríos y los regueros del rojo líquido
corriendo por las torrenteras irreverentes,
desapegándose de la vida en su desbocada huída,
despegándose en su salida a borbotones
del cuerpo herido, destrozado, casi yerto.

¡No derrames la sangre de miles de inocentes,
de miles de seres que lloran el desamparo
de la iniquidad de sus extraños “vecinos”,
asilados en no sé qué ideas asequibles,
qué además esgrimen como razón irreverente
de su propia barbarie contra sus semejantes,
intentando aseverar lo injustificable.

¡No matarás, reza la ley, el proverbio divino!
más tan sólo eres un innoble bellaco
que alimentas el odio usando el terror
mediante las armas destructivas y agresivas,
escudándote en una flaca y cuestionable excusa…

¡No matarás, no matarás, --y sin embargo--,
intentas justificar tus crímenes, amparado
en el dominio de la norma del más fuerte!
(¡Mas cayó Roma y Alejandro, Sumeria, Israel
y Babilonia, Hitler y todos los imperios
impuestos a los hombres través de la barbarie!)
Y finalmente, en el paso de las edades
nada impuesto por la fuerza puede durar
más de mil años, porque nadie cede al espanto
ni al chantaje de la desaparición,
y porque, en esta humanidad irrespetuosa,
la descortesía, la inclemencia, el desahucio,
la mala fe, la hipocresía, el homicidio,
el asesinato, el odio y la ira, la envidia
y la egolatría, la intempestiva inclemencia…
se pagan, antes o después, con el destierro
de los clanes, en otrora vida poderosos,
de edad en edad, de ciclo en ciclo, de era en era.

Cuando Chernobil se rompió, oí la mudez,
el descalabro de la parca irrumpiendo
en el planeta y avanzando inexorablemente
como una explosión homicida, asesina,
desacelerando el pulso de los vivos,
acabando lentamente y enfermando
las células de los cuerpos, a su paso.

¡Yo oí, en el silencio atroz, la muerte!
(¡Yo, un simple mortal, me dolí inmensamente
por la inhumanidad de estas gentes!).
yo lamenté con pesar y apenadísimo
pertenecer a esta raza destructiva,
que se vanagloria de la muerte soez
de sus congéneres través de la violencia.
¡Cuán terrible eres, hombre breve!

CHERNOBIL.

Tu nombre traducido es ajenjo,
estrella fugitiva y perjudicial
de la mañana del despertar
a la “herida marcada a fuego”,
al fatídico evento de algunos inhumanos,
porque eres tierra infértil que transmuta
la vida en cáncer “terribilis”,
pero poco a poco, alterando las células.

Tant@s rubi@s, de ojos azules,
tant@s moren@s, de ojos marrones,
tant@s castañ@s, de ojos verdes,
tant@s pelirroj@s, de ojos pardos,...
tocados con tu invisible mano
de horror emponzoñado, de llanto
trocado en desolación para millones
de contaminados por el duro rayo
intempestivo, que surcó en segundos,
kilómetros y kilómetros de espacios
habitados por innumerables especies
de seres vivos y puros, hasta entonces.
¿Qué será de ell@s en el futuro; cómo
transmutarán sus genes; que efecto
tendrá sobre sus cuerpos y sus mentes;
cómo reaccionarán después de tal agresión,
al cabo de los siglos, este lastre soez,
en sus carnes y las de sus descendientes;
cuántas mutaciones habrá y de qué signo;
en qué direcciones y hasta qué distancias?

¿Morirán con el tiempo las sangres
trocadas por tu llama silenciosa?
¿Y por tu fuego transparente morirán
miles de animales y de plantas preciosas?
¡Oh, derrumbe nuclear, herrumbre
de expansiones por la extinción
de un mísero átomo de plutonio enriquecido!

¡Oh, tenebrosa hora ésta, que escucha
la lamentable iniquidad sin inmutarse!
“Horror vacui” gritarían los seres que
tuvieran benevolencia con sus hermanos,
conmiseración para con ellos mismos:
¡qué lejos los años mozos de la solidaridad plena!

No os durmáis, los verdes que aún estáis.
Aunque os revienten a palos, ¡resistid!
Porque sois como una voz en el desierto,
y además, conciencia a los ignorantes...
y por tanto, molestos a los ojos de los denigrantes,
porque no dejáis, que los vándalos, se coman,
ellos solos, las riquezas de este opulento mundo,
en avaricia, en egoísmo, en ambiciones.

Por eso continuad, y no temáis,
porque es más difícil que un rico
entre en el reino de los cielos,
que un camello por el ojo de una aguja.

Mas con todo, sabed y gritad,
decid y pronunciaros, humanos:
“No viva ya nadie junto a ti, Chernobil”.
Soledad y silencio, enfermedad y resignación,
junto a tus muros, Central de la muerte.

CHAPOTEABAN LAS SIRENAS.

Chapoteaban las sirenas
Que cantaran los antiguos
Sobre los océanos del mundo,
En aquel entonces, hace milenios...

Sin embargo, en esta hora,
Hoy por hoy, las playas agonizan
(poco a poco, lentamente,)
porque en sus buenas aguas
se derraman los vertidos
aberrantes de las fábricas,
los residuos tóxicos, los pestilentes
pesticidas, los plásticos, las químicas
artificiales y deshumanizadas,
que rompen el equilibrio
de la madre pura y virgen,
la salvaje asilvestrada...
e incluso con rabia, y protestando,
así y todo, suben al aire
y por la tierra se esparcen
los desechos contaminantes de este siglo.

Y al fuego caen los oscuros
Artificios que con su negritud inundan
Las esferas celestes que habitamos:
“el desorden que bebemos, comemos
y respiramos”. Y tengo un dolor inmenso,
por sufrirla, por quererla sana
y verla enferma y moribunda, yacente.
Y así, mi propio corazón abierto en llagas,
Y mis propias carnes adulteradas
Con aditivos, conservantes y colorantes...

A horcajadas vomito,
Con fatiga de mil muertes.
¡Oh error de esta raza,
oh inclemencia de los “ciegos”,
que esparcen el veneno investigando
sobre los alares del mundo,
sobre sus congéneres incluso,
sobre este planeta inmensamente azul.

Si yo pudiera, detendría
Tanto anhídrido carbónico,
Tanto azufre, tanto mercurio,
Tantos clorhidratos asquerosos
Y tantos radicales libres,
Tantas inmundicias, tanto engaño,
De las aguas, la tierra, los vientos y el aire.

Si por mí fuese, si por mí...
Por mi sangre futura
Y mis prolijos descendientes,
Virgen aún estuviese
Este edén, este vergel, este paraíso:
¡nuestro dulce hogar planetario!


PÁGINA 29 – ENSAYO

POR AMOR AL ARTE

Por Norberto Federico Fernández Lauretta (Villa Mercedes-San Luis/Argentina)

El arte es lógica, física y metafísica, y es una cosa espiritual. Es lo más grande que conmueve al hombre. Es como las olas del océano. Uno no puede recortar la ola perfecta y apropiarse de ella. Está siempre en movimiento; y el arte, como el movimiento, es parte de la raza humana.
Esto que digo no es abstracto. Es la realidad. Lo irreal es toda esa gente que vive en un mundo de ostentación, llegando a parecerse a sus elevados cargos públicos o negocios, olvidados de su ayer y con poco valor espiritual, que se rasgan las vestiduras hablando de las necesidades del pobre, las que desconocen cuando logran su objetivo; llenándose los bolsillos, esclavizándose por ese último peso y jugando a la competencia y a ver quién tiene más. Se están perdiendo el sentido de la vida en grandes escenas de egolatría. Pero el arte lo explica todo mejor. Lo vemos en un cuadro, en la poesía, en la música: la gente se hipnotiza hasta retroceder a su esencia, que es positiva, pura; como en la niñez, cuando nos sentíamos naturalmente eufóricos, en las alturas; y en ese debilísimo punto predicaban nuestra formación.
Se necesita la liberación del espíritu. Sentir que fluye como el ascenso de la marea, nos eleva hacia un mundo diáfano y contacta con otras almas. Cuando estamos en esas alturas vemos con más claridad, no pensamos en el dolor ni en herir al prójimo.
No tengo forma de saber cuantas vidas pasará mi espíritu. Cuantas veces morirá en mi cuerpo y renacerá. Pero sé que el arte gravita en él con mayor fuerza que ninguna otra sensación.
Así aprendí a librarme de una indignación, de una pena, usando un lápiz y un papel. Lo supieron también, para mí, desde Jonathan Swift o Emilio Salgari hasta Marcial Lafuente Estefanía o Héctor Oesterheld; desde la Editorial Tor o la Acme Agency hasta la Editorial Bruguera o la Editorial Columba, que todos ellos me lanzaron a temprana edad a mi carrera literaria.
Pero el arte me dio una compensación en la vida. La descubrí y comencé a ponerla en práctica: cuando tengo algo en el alma, así sea la preocupación por un familiar querido, amores contrariados, amor propio herido, rabia incontrolable por la traición de alguien a quien creía leal, en fin, cualquier emoción fuerte o duda, me basta con escribirlo, utilizándolo como tema verosímil de una ficción o adorno de un escrito, para, si no olvidarlo, sobrevivirlo, como sobreviví ya a muchas cosas. Me siento así un hombre libre.-


PÁGINA 30 – CUENTO

Malibú

Por Miriam Cairo (San Nicolás de los Arroyos-Buenos Aires/Buenos Aires)

Dedicada a investigar si cada ser es una creación deliberada de algún otro, ella se ha convertido en una teóloga fea y promiscua, que se pasa las noches buscándole sinrazones a su causa. Ha llegado a Rosario para presentar las pruebas de su fe y durante todo el día da rodeos sin molestarse en mejorar su comportamiento. A veces se esconde tras los disfraces de un virus informático o de una saboteadora rubia y agraciada. Básicamente se comporta como un escándalo furibundo descendiendo por la escalera.
La teóloga, adjetival y promiscua, no se priva de dar entrevistas bajando del micro a la hora pico. Por ella y por las noticias, los diarios están desencantados. De todos modos, la sucia se muestra perfectamente contenta de presentarnos una excusa para que el pensamiento abstracto nos crezca como un pequeño dolor en pleno desarrollo. No duda en comentar (aunque no venga al caso) que durante diez años tuvo amantes de varios colores, incluso de otro sexo. Al mismo tiempo no provoca títulos en las primeras planas porque su actividad no hace crecer el mercado interno ni cotiza en bolsa.
Si no estuviera de pie en esta página, la teóloga se habría ganado un viaje a Malibú, para dos personas. Cualquier plomero, cualquier hijo de vecino la acompañaría porque ella es sencillamente desencantadora. Los laicos del no yo la acompañarían. A Malibú, cualquier generación posmoderna la acompañaría. Pero ella no elude su responsabilidad sobre la gnosis y las herejías y se queda entonces en Rosario, inventando ideas y palabras con el único fin de propagar la sucia barcarola de sus dioses.
Ella estudió teología por amor al fango. Nunca estuvo a la altura del viento pero sí al gobierno de los tréboles y de las pasturas blandas. Tiene pensamientos tan bajos que los desagües de la ciudad resultan altos. Se parece más a un mordisco que a un desvanecimiento. Con una brújula se orienta en el espanto. Es fresca y difícil como una granada.
Según sus investigaciones antropófagas, la teóloga sucia y, digámoslo otra vez, promiscua, dice que el alma ocupa un lugar físico debajo de la cintura, más precisamente en el túnel que separa las dos piernas. A falta de otros nombres, esa zona se llama con vergüenza, con descaro, con frambuesas. El alma o concha marina sin mar, puede alcanzar cinco veces el tamaño de un silencio. Dicha concavidad mítica siempre está a merced de un pájaro alargado, esculpido con gran economía de detalles y de orificio sediento.
Quizás como una derivación de antiguos cultos, la teóloga promiscua ha llegado a esta ciudad, simplemente como una divinidad de los jardines. Todos los que la conocemos, la veneramos. Ella se desplaza por las fantasías, montada en su rinoceronte, incluso en las invenciones en las que está prohibida la circulación en carruaje, debido a la estrechez de las calles y los malos pavimentos. A su paso, los caminos se convierten siempre en carreteras magníficas.


PÁGINA 31 – POESÍA ALLENDE EL MAR

Christian González (Madrid/España)

Hoja que tengo
indispensable letra
viene danzando

A LA GENERACIÓN QUE SE LEVANTA
A TAMARA GONZÁLEZ RODRÍGUEZ

Dulce manjar de la inocencia
descubres cada día la vida que llevas
vives en tus sueños el futuro de las huellas
que dejas sobre el pasto que pinta nuestra tierra
acércate
tiende tu mano sobre los vientos
arrulla mi mente
escucha el silbido del nacer de las flores
convéncete de lo bello en el horizonte
camina tranquila hasta que tus alas inicien el ruedo
avanza por las rocas húmedas del mar sereno
resiste ante la adversidad de los tiempos
incrusta el amor a manos llenas
vibra con las luces de las estrellas
en medio de la noche
pon tus pies sobre la tierra
para que tus sueños te levanten

IMÁGENES DIFUSAS IV

Todo pasajero instante
dura
una vida

DIFUSE VORSTELLUNGEN IV

jeder vergänlinche Augenblick
Dauert
ein Leben ( lang )

DE LOS ENCUENTROS… I

Escaparé de casa un rato
enredaré mis letras en cualquier hoja
tejeré un par de sueños entre las sílabas
dejaré de lado la gastada por nuestros cuerpos
la dejaré si...
rehumedecida de deseos moribundos del pasado
para huir contigo...

DE LAS FUGAS… II

Si me dices ven
juntaré los segundos que he perdido bajo la cama
los reuniré hasta lograr el tiempo perfecto para ti
hoy no me has llamado,

¿Viajaré entonces por los aires
a ver si caigo en otros brazos?

Y entendimos tarde
lo necesario
bailamos harto poco

POETAS EN LA CIUDAD IV

Trenzo los brazos, cierro los ojos
trato de no oprimirme
carnes divinas aparecen
enciendo el fuego y preparo los dientes
retiro las pieles artificiales que han creado
manifiesta es la experticia
manifiestas son las ganas siempre
de mordisquear montañas
perderme en las quebradas
rellenar los espacios
paredes de humedad fecunda
abrazan los deseos
malditas las calles que irrumpen mi camino con las diosas
otros tiempos vivo yo quizás sólo
ya no creo en diosas
hambriento sigo en mi desesperación
peor que en mis tiempos de creyente
que las calles solitarias
peor mucho peor
aunque acompañado me encuentro
quiero a todas las otras
manifiesta es la experiencia
devotas las ganas
devota es la mujer que acompaña y ama.

Sonríe deseo
ya estoy dentro tuyo
conquistándote

DEL DESAYUNO, MADRID, ESPAÑA

Llega por fin está mañana tranquila
el alba despunta el día primero de Fuencarral
un Madrid duerme y otro despierta
con la ilusión de los juegos en el futuro del amor

La querida tía esmeralda preparará desayuno
me contará buenas cosas y tendremos listo el tiempo
partiremos con la alegría de los niños a la salida del edificio
pensaremos ampliarnos, botar la muralla del lado

Siento el ánimo de todos que se me viene
los amigos que quedaron en Chile pensando en otro asado
el vecino que atiende la tienda de licores
ya es mi amigo y les envío a mis amigos para que brinden

Recibiremos visitas a medio día
invitaremos a los que llegaron hace una treintena de años
a conversar sobre el tiempo que avanza distinto en otras tierras
hablaremos de bueyes perdidos


Jeton Kelmendi (Peia/Kosova)

LA MONA LISA
(MONALIZA)

Ella es silencio vivo
Belleza
Con el alma tranquila
Un suspiro existencial
Para el misterio
Quedan siglos juntos
El la pared
Y miran a la gente
En la cara
Sin hablar
Y ya no calla
La paridad del corazón esta latiendo
En los otras corazones
Lleva consigo
El punto de nuestros ojos
Precisamente ella es la mujer
Que supera todo los placeres
Antes de penetrarte en la mirada
Dándote placer

PARA LA VALENTÍA
(PËR KURAJO)

Un día
Llegará mi día
Si es verdad que
Cada uno tiene un día propio
Y yo sabré esperarlo
Tendrá pan la tierra
Y agua el manantial
Lo suficiente para llenar los vacíos
¿Pero que haremos contigo
Desconfianza en el mañana?

También quise callar
Hablar un poco
Volverme en sombra
Pararte la luz del sol
Quise
Sobrepasar los resabios de la humanidad
Ayer vi que puedo
Desenvolverme
Sin ti
Tarde o temprano
Ayer
Intenté
Disfrutarlo al máximo.

LA LLEGADA
(ARDHJA)

Lo conduje hasta aquí
Del gran miedo a mi mismo
Día y noche
Condujeron su marcha
Llevaron con ella
Todo lo que era para llegada
Porque aquí y al fin de la partida
Nos espera una non-llegada

FONDO
(SFOND)

Aún espero el rebaño de la llegada
Que conduce las columnas de la partida
Amaneció la mañana
De marzo
De nuestras noches lejanas
Nos encontramos en algún lugar mas allá de los tiempos

CONSEJO
(KËSHILLË)

Déjame estar solo
Solamente allí
Donde no se apaga
La Luz

Toma
Cuando
Tienes de donde
Tomar

Cuando tomes más

LA VIDA
(JETA)

Que pise sobre otra cosa

Hay algo mayor
Que el cuerpo
La sombra
El nombre
Le quitas las cejas a la Noche
Les abres los ojos al día

UN POCO MÁS TARDE
(PAK ME VONË)

Un poco más tarde
Saldrá
En la piedra de la palabra
Para ti saldré yo también
Te esperaré largamente
Con todas las partidas
Con todas las llegadas

BAJO LA SOMBRA DEL RECUERDO
(NËN HIJEN ES KUJTIMIT)

Te diría algo olvidado
Algo que ya no te acordaras mañana
El olvido se vuelve cada vez más viejo
Cuando el silencio vagabundea
Al pie del roble secado por el sol
Te espero todavía
Cobijado en el regazo de la añoranza
Ahí uno espera tan sólo a su amada
Y al cambio yo me senté para descansar
El otoño me ha desangrado, ha disminuido la luz
Yo tan sólo
Intenté decirte algo
Junio, 2004

LA BELLEZA DE LAS BELLEZAS
(BUKURIA E BUKURIVE)

A quien otro si no a la chica
Le sienta bien la belleza

En sus ojos brota
Tan sólo el amor por la libertad

Qué belleza del verso
Qué belleza del verso

Ay, de su belleza

DRAMA
(DRAMË)

PRIMER ACTO

Porque
Ayer a ti te pareció muchísimo
Como es que no pensaste
Por donde pasa la línea
Entre el enojo
Y el alegría

En que lado encontraremos
Un atajo
Para este camino
En que lado y cómo

SEGUNDO ACTO

Porque
Mañana seremos muy pocos
Sal al manantial de la sed
Espera
Todas las llegadas tempraneras

La que no vendrá
Jamás
Es la mía

TERCER ACTO

Y
Hoy no hay nadie al horario
Compra el billete para el largo camino

En cualquier parada
De la escritura
Encontrarás una coma
Para ti
Un signo de interrogación para mí
Traducido al español por Elena Liliana Popescu


PÁGINA 32 – ENSAYO

ESPLENDOR Y EXPERIMENTACIÓN VANGUARDISTA

Por Carlos Fajardo Fajardo (Santiago de Cali/Colombia)

Como espacio de agitación y transformación, las vanguardias fueron guía y propuesta ante el decaimiento de los racionalismos absolutistas occidentales. De tal forma que, esoterismo, magia, tradiciones populares exóticas de África, Asia, Oceanía y Latinoamérica, mediums espiritistas, revelaciones poéticas, rebeliones contra las geometrías euclidianas, paisajismos precolombinos, técnicas poéticas y pictóricas orientales, haiku y teatro Nô, físicas cuánticas y relativistas...en fin, una gran cartografía de lenguajes y sensaciones ayudaron a fundar realidades y visiones distintas sobre el hombre. collage de culturas y de expresiones. Estéticas que mutaron su experiencia artística y vital por el experimentalismo en busca de "otras" verdades. Por lo cual, la poesía tiene una función de vidente, tal como lo había diagnosticado Rimbaud. Llevar al hombre a zonas aún no exploradas, horadar en abismos y cimas aún no descubiertas ni descritas. El poeta queda así convertido en un "iluminado". Su instrumento es la imagen que combate la acción de la lógica. La imagen abre para el hombre el universo e ilumina el camino para llegar a lo Maravilloso. Para Breton, lo Maravilloso es "siempre bello, todo lo maravilloso, sea lo que fuere, es bello, e incluso debemos decir que solamente lo maravilloso es bello" (De Manifiesto del Surrealismo, 1924). Experimentalismos y juegos que van desde la reivindicación del humor como arma subversiva e inconformista; pasa por escrituras automáticas; collage pictórico y escritural; deambula por el frottage de Max Ernst; se manifiesta en poemas colectivos y diálogos inconexos y surreales; desembocan en métodos paranoicos- críticos.
En la poesía y literatura hispanoamericana, las vanguardias se manifestaron en varios movimientos, los cuales asumen la concepción de la ruptura como formas modernas de subvertir y desarticular no sólo los lenguajes tradicionales, sino la visión del artista y su punto de vista ético. El Ultraísmo, el creacionismo, liderado por Vicente Huidobro, el Imaginismo, la poesía llamada "social", se familiarizaron con las corrientes europeas de vanguardia.
En el polémico ensayo "¿Hubo un surrealismo español?", Ricardo Gullón asegura que "no hubo en España surrealistas de estricta observancia; sí cabe hablar de obras con rasgos de este tipo" (1982: 81). En términos generales, el autor de dichas notas supone la no existencia de una escuela de actividad surrealista propiamente dicha en la España de entreguerras, es decir, que no se reconoció a Breton como guía y mentor literario entre los poetas ibéricos. Esta tesis pone en discusión las ideas sobre el surrealismo consecuente y activo en la poesía española, la cual había gestado ya transformaciones profundas al idioma desde el Modernismo y la generación del 98, dándole a éste más libertad de exploración, permitiendo "adentrarse en territorios poco frecuentados". (Gullón: 82). Así, poetas como Gerardo Diego, Salinas y Guillén no fueron influenciados por el Surrealismo, en tanto que el grupo del 27 se basó en Góngora, poeta totalmente distinto a los presupuestos surreales. (Gullón: 83).
Según lo anterior, los cambios radicales operados en la poesía hispánica no se deberían buscar sólo en la influencia de las Vanguardias francesas, sino en las mismas raíces de los movimientos y tendencias literarias españoles de finales del siglo XIX y principios del XX, dando prioridad a una exploración historiográfica que explicaría ciertos resultados estéticos.
Sin embargo, en un ambiente de vanguardias, los poetas españoles vivieron experiencias análogas a las del mundo francés; "un estado de ánimo", según Gullón, que los unió en sus preocupaciones por el sueño, el inconsciente, lo maravilloso, y por ciertos poetas simbolistas y Malditos, lo cual se muestra en obras de Alberti, Lorca, Aleixandre, Hinojosa. Este pluralismo de "influencias", sirvió para que la poesía española manifestara una mayor pluralidad y riqueza de matices en sus búsquedas y, sobre todo, para que sus exploraciones no se quedaran reducidas a las líneas de una secta o escuela poética.
Y es desde la concepción de secta -a la que reduce Gullón al surrealismo- de donde se puede discrepar con este autor. Ya Paul Ilie lo nota y advierte en su ensayo "El Surrealismo español como modalidad" (comp. García de la Concha, 1982) que éste movimiento no se limita sólo a París ni a los seguidores de Bretón, sino que debe entenderse como "modalidad literaria", modos universales que participan y comparten ciertas características con los modos nacionales. El grupo parisino se une a las inquietudes de los jóvenes españoles en ciertos gustos y búsquedas literarias. Ello nos remonta de inmediato a la figura de analogía entre el todo y las partes; poetas que asimilaron una sensibilidad de época, manifiesta en el ambiente europeo y aún latinoamericano.
El surrealismo, estudiado entonces como modalidad literaria, abre la posibilidad de su análisis en poéticas particulares aparentemente alejadas de la influencia de Breton. No podemos, según dicha tesis, negar que algunos de los poetas españoles y latinoamericanos hayan asumido técnicas surreales, aunque sin ortodoxia. Su cambio de imaginería y de disposición ante los temas de la tradición hispánica, los une a esa gran aventura vanguardista del siglo XX. Cabe preguntarse si los poetas españoles (Lorca, Alberti, Aleixandre, Hinojosa, Cernuda) constituyeron un grupo donde se pregonaba "transformar el mundo" y "cambiar la vida", o más bien se impuso la tarea de construir un nuevo lenguaje desde la poesía misma. Afirmación sospechosa puesto que algunos de los mencionados fueron realmente hombres comprometidos no sólo literariamente, sino con las tareas de transformación política y con las fuerzas democráticas de la época. Valga entonces afirmar que si es cierto que no hubo movimiento unitario surrealista en España sobre las disposiciones revolucionarias del momento, sí se asistió a una atmósfera de rebeldía general visible en todos los ámbitos.
Por otra parte, el tema de la ciudad ha sido asumido por los poetas modernos con una aguda sensación paradójica que fluctúa entre la aceptación y el rechazo. La pronta secularización que la modernidad trajo en el plano estético; la ruptura con la topología urbana premoderna; el situarse en un ambiente de "fisiologías" citadinas de rápidos cambios estructurales, hizo del poeta moderno un ser ávido de asimilar estos éxtasis en movimiento, como de rechazar los ambientes de soledad, masificación y anonimato a que la ciudad nos lanza. Excitación y terror: Baudelaire frente a los bulevares del alcalde Haussmann; Rimbaud en actitud de "ser absolutamente moderno"; Poe dándose un baño de multitud; José Asunción Silva, provinciano en París, dan cuenta de algunas sensibilidades de finales del siglo XIX que sintieron los primeros aletazos de la ciudad burguesa en vías de masificación.
Por supuesto, algunos de nuestros más grandes y caros poetas de principios del siglo no fueron ajenos a estos azares de la modernización y la modernidad citadina. Darío, y la mayor parte de la generación del 98, junto a los modernistas latinoamericanos, expresaron su sentir frente a esos "monstruos elevados" o ciudades que se agitaban ante sus ojos y sobre los cuales escribirían hondos y sentidos poemas.
Pero la gran aventura del habitar, cifrar y descifrar la ciudad masificada se la debemos a las Vanguardias. Estas experimentaron una ciudad construida a través de las últimas conquistas de la racionalidad instrumental y con las estructuras monopolistas económicas burguesas, lo que desembocó en conglomeraciones caóticas cuyos resultados fueron la cosificación y enajenación del hombre. El surrealismo no estuvo jamás ausente de estos sucesos. Sus integrantes alzaron armas críticas frente a la razón enajenante capitalista, imponiéndose el reto de la ruptura, la trasgresión, la rebeldía y la revolución. Utopía y sueño; imaginación y libertad contra las sensibilidades masificadas. El hombre de acción capitalista - que tanto preocupó a los escritores del diecinueve- se enfrentó a la acción poética vitalista.
En España esto tuvo sus grandes conquistas y ventajas. El surrealismo español, representado especialmente por Lorca, Alberti, Aleixandre, Cernuda, Hinojosa, Larrea... también asume una fuerte crítica a la ciudad, edificando poéticas disímiles y ricas en este aspecto. La ciudad vista como "pesadilla" que abate al hombre; como espacio apocalíptico y negador de nuestros deseos, es, según Bellver, "un arquetipo que encarna la angustia existencial de unos poetas que se ven expulsados de su paraíso personal y obligados a vivir en un infierno urbano, colectivo". (Bellver 1983: 542). De tal manera que prima en sus sensibilidades las dicotomías de infierno/paraíso; civilización/naturaleza; bien/mal, lo que nos ubica en una mentalidad judeo-cristiana tan viva en algunos de ellos (Lorca, Cernuda). Lo dicotómico toca no sólo aspectos de índole religioso, sino gnoseológicos tales como la disparidad entre sujeto y objeto (yo-mundo), individuo y colectividad, lo real y lo ideal, el deseo y la realidad (este último soberano en toda la obra de Cernuda). No estaban desterrados ni marginados del mundo vanguardista los españoles. Las mismas problemáticas se ventilaban en Zurich, Berlín y en París. Conectados a estas tendencias -al menos con las "sensibilidades de época", los poetas españoles registraron una angustia de modernidad: el sentir la lenta y paulatina secularización de un mundo mágico-provincial no moderno, y la apertura de una mentalidad aldeana hacia la ciudad masiva. De allí el negativismo y choque de Lorca en Poeta en Nueva York; la sensación de exilio en Cernuda; la oscuridad y soledad en la ciudad albertiana; el símbolo de maldad y de caos para Aleixandre.
Sin embargo, existen otros orígenes para el desarrollo de sus visiones surrealistas de la ciudad. La llamada "tendencia a funcionar dentro de la línea metafórica" (Bellver: 543), es una de ellas. Escuchemos a Bellver: "más que una copia fotográfica de una ciudad específica, las imágenes urbanas surrealistas retratan un estado de ánimo de los poetas, muchas veces suscitado por el ambiente metropolitano amenazador..." (Bellver: 543-544). Esta tendencia a metaforizar la ciudad, va más allá de un simple naturalismo descriptivo y se propone expresar lo inexpresable, describir lo indescriptible, es decir, fundar una ciudad interior por medio de la palabra, crear presencias allí donde antes no existían.
En algunas de estos poetas, el paradigma del viaje se constituye en el catalizador para el cambio de actitud poético-vital. Lorca registra y funda una ciudad que se presenta nueva ante sus ojos. Procesa las visiones de una civilización enferma, virulenta, máquina que tritura la naturaleza y al hombre. La fealdad y violencia de sus imágenes, muestran la náusea del paseante, su inevitable miseria. La extranjería del poeta es manifiesta. Su marginalidad y extravío estallan en grandes oleadas de estupor, ira y asombro. Poeta en Nueva York es un grito estremecedor en los angustiosos pasadizos de una civilización en ruinas. Queda como paraíso La Habana, la naturaleza no muerta, sino encantada, mágica, con sus soles, música y tambores. Al unísono, y como dialogando en susurros con el de Granada, Cernuda también se siente extraño en tierra propia y ajena. Su actitud es radical; envía sus lanzas contra lo establecido por la sociedad burguesa, contra sus normas religiosas, la familia, el matrimonio, la religión. Outsider, Cernuda siente la angustia de vivir en un tiempo que niega al deseo. Como Tántalo está frente a los manjares, sufriente, con el suplicio de no poder alcanzar su goce. Es imposible para él estrechar, en estas abruptas ciudades, "hasta el fondo un cuerpo, una fortuna". Su rebeldía histórica y metafísica, lo vuelve un anárquico rebelde que violenta todo en bloque, desafiando las leyes de la condición humana y las leyes astronómicas del universo.
Como un vigía de la angustia, Alberti se sitúa en una garita más comprometida. Su soledad está serena aunque sitiada en la ciudad que transita. En su libro Sobre los ángeles, existe una extraña correspondencia entre la soledad y la compañía, los elementos vegetales y el monumental frío citadino. No grita como Lorca ni se angustia interiormente por el deseo como Cernuda, pero sí lo estremece "el hombre masa" de Ortega, el anonimato y el desamor de la soledad capitalista. Junto a Aleixandre, observa una ciudad caótica, símbolo de crueldad y vaciedad espiritual.
Frente a dichos panoramas, no queda sino confirmar la estrecha relación de estas poéticas con los supuestos surrealistas, en tanto vanguardia estética que se propone una revuelta del ser en busca de un "nuevo mundo" y una "prometida realidad", al decir de Juan Larrea.
En Latinoamérica, Vicente Huidobro, impulsor del Creacionismo, fue quizá uno de los más polémicos y entusiastas vanguardistas. Su obra abrió múltiples posibilidades de escritura experimental y le debemos su cosmopolitismo y búsqueda de otras aventuras poéticas. El poeta como "pequeño Dios", expresa ya una de las críticas más fuertes al determinismo cultural y promete un proyecto de creación de la subjetividad autónoma y subversiva. Gran asimilador de la poesía caligramática de Apollinaire y de las propuestas dadaístas, Huidobro asume el rito de la poesía contestataria como experimento y juego. Su poema Arte Poética, por ejemplo, es quizás la mejor muestra de la petición de un poeta con fuerza vanguardista:
Que el verso sea como una llave / Que abra mil puertas / Una hoja cae; algo pasa volando; / Cuanto miren los ojos creado sea, / Y el alma del oyente quede temblando. // Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra; / El adjetivo, cuando no da vida, mata, // Estamos en el ciclo de los nervios, / El músculo cuelga, / Como recuerdo, en los museos; / Mas no por eso tenemos fuerza: / El vigor verdadero / Reside en la cabeza. // Por qué cantáis la rosa, ¡Oh , poetas! / Hacedla florecer en el poema; // Sólo para nosotros / Viven todas las cosas bajo el sol.

CONTRATAPA: NOTAS DE PARÍS

Notas de Paris

MICHEL ONFRAY
¿Puede la filosofía llegar a ser feroz?

Por Irma Bignon (Santa Fe-Santa Fe/Argentina)

Incisivo investigador de teorías filosóficas, amante del arte, esteta refinado, ético pero alérgico a los discursos moralistas, Michel Onfray es uno de los más celebrados filósofos franceses contemporáneos.
Nace el 1º de enero de 1959. Describe el lugar de su nacimiento en un magnífico pasaje en uno de sus libros: Soy nativo de una Normandía pegada a la región de Auge, una tierra de tarjeta postal con vacas marrones y blancas que rumian en medio de pastizales verdes o de huertos de manzanos vencidos por el peso de las frutas redondas y rojas. Mi pueblo natal se encuentra en la intersección de ese paisaje y de una llanura modesta en la que se cultivan los cereales ondulantes, trigo y cebada, avena y maíz. Y siempre el agua, en todas sus formas: la lluvia, el rocío, la llovizna, los charcos, las charcas, los arroyos, los ríos, todo el conjunto dando a los verdes normandos sus magníficas tonalidades” …
Doctor en filosofía, es profesor del Liceo Técnico de la ciudad de Caen entre 1983 y 2002. Luego de reconocer que la educación simplemente transmite la historia oficial de la filosofía y no enseña a filosofar, dimite en 2002 y crea la Universodad popular de Caen. Él mismo escribe los principios del manifiesto que lleva por título La comunuidad filosófica.
Onfray sostiene que no hay filosofía sin sicoanálisis, sin sociología, sin ciencias, y que un filósofo piensa en función de las herramientas de que dispone; de lo contrario, se halla fuera de la realidad.
De 1989 a 2003 escribe veintidós libros de filosofía, y en 2004 aparece en Ediciones Galilée La filosofía feroz.
Pues tendremos la filosofía feroz … La frase corresponde al poema en prosa Democracia de Arthur Rimbau, publicado por primera vez en volumen en Iluminaciones en el año 1886: La bandera va por el paisaje inmundo, y nuestra jerga provinciana ahoga el tambor./ En los centros alimentaremos la prostitución más cínica. Masacraremos las revueltas lógicas.¡En las regiones pimenteras y empapadas! Al servicio de las más monstruosas explotaciones industriales o militares./ Hasta la vista aquí, no importa dónde. Reclutas de la buena voluntad, tendremos la filosofía feroz, ignorantes para la ciencia, astutos para el confort; que el resto del mundo reviente. Ése es el verdadre camino. ¡Adelante, en marcha!
En su libro, nuestro escritor aborda los temas de actualidad. En consecuencia, Europa, el euro, el fin de los Estados-naciones, el advenimiento de un gobierno planetario, las reacciones nacionalistas, la peligrosidad intrínseca del Islam. En cuanto a
Los Estados Unidos, reflexiona sobre el imperialismo planetario, la guerra neo-colonial, y la violencia liberal.
Considera que el euro, como moneda única, actúa como siniestro acelerador del proceso liberal dominante. Creemos que la moneda común no justifica la moneda única,
ya que la banca electrónica y las tarjetas bancarias disponen hace tiempo de una real moneda planetaria.
Explica que las guerras revelan el grado cero de la inteligencia. Que surgen cuando el hombre ha fallado y la bestia toma la posta; cuando el derecho falta, cuando el verbo permanece impotente ante la destrucción masiva de los pueblos.
Nuestro escritor nos advierte que ya los mercados, las transacciones y la circulación de flujos que ignoran las naciones se burlan de las fronteras y de las patrias. Por lo tanto, todos aquéllos que sufren, víctimas del capitalismo, se dan cuenta que están frente a una nueva religión. Existieron las pirámides egipcias, los templos griegos, los foros romanos y las catedrales europeas. De aquí en más habrá que contar con el caudal de las megalópolis. El liberalismo es una religión, el euro su profeta, el planeta su territorio.
Volvemos entonces a Rimbaud con su profecía inducida: tendremos la filosofía feroz.

Pero no todo es filosofía feroz en la obra de Michel Onfray. Hace un culto de las leyes de hospitalidad y amor al prójimo. Considera que la hospitalidad proviene de un mundo agrario, de campesinos, de pastores con sus rebaños en tiempo de Homero. Supone la puerta abierta para todo caminante que solicite cama y comida. Nadie pregunta de dónde viene, ni adónde va, ni quién es, ni qué hace. ¿Qué razones obligan al pobre a abrir su despensa, compartir su pan, presentar su cama, hacer lo necesario para que a un desconocido no le falte nada mientras está en su casa, bajo su propio techo?
Él mismo responde en su libro que aquéllo que hace que la hospitalidad y el amor al prójimo sea necesario, sagrado, absoluto, es la mirada de Dios. La generosidad vale como un seguro de vida para después de la vida. Ese gesto es un anticipo para la salvación.

El tiempo de un pensador como él no es vertical, es cilíndrico: es tiempo-espacio. Es un pensamiento que habita el mundo y el mundo por venir.
¿Qué le resta por investigar? ¿Qué le falta conocer y profundizar? Creemos que nada. Él dice: Todo.


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