Reconocimiento Nacional a GACETA VIRTUAL

Reconocimiento Nacional a GACETA VIRTUAL
Feria del Libro Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Año 2012

Rediseñada para ofrecer una mayor difusión de la escritura en castellano.

Dirección: Norma Segades - Manias
directoragaceta@gmail.com
GACETA LITERARIA Nº 38
Febrero de 2010 – Año IV – Nº 2



Imágenes: Michael e Inessa Garmash (Ucrania)
Música: Seleccionar al pie de la revista

PÁGINA EDITORIAL

ASÍ OCURRIÓ

Por Félix Morisseau LeRoy (Haití)

Así ocurrió
Jesucristo tenía que morir
Pese a todo tenía que morir
Aun cuando Pilato dijera que no
Caifás insistía tanto
Que se llegó a condenar al Hombre
Tenía días sin comer
Y estaba tan débil
Que al subir al Monte de los Olivos
Con dos maderos al hombro
Iba de tumbo en tumbo
Pilato lo miraba con compasión
Y también los soldados romanos miraban
Fue entonces que por ahí pasó un hombre
Simón Cireneo
Un negro fuerte, como Paul Robeson, pasó por ahí
Miró aquello como sólo los negros saben mirar
Pilato sintió lo que el negro tenía en su corazón
Y a los soldados hizo una señal
Todos se echaron sobre Simón
Y con fuerza lo apalearon
Luego le dijeron: toma la cruz y cárgala
Simón tomó la cruz
La tomó de la mano del blanco
Se echó a correr con ella
Se echó a cantar
Se echó a bailar
Bailó cantó
Se fue corriendo hacia arriba
Dejando atrás a todos
Regresó cantó bailó
Hizo girar la cruz sobre su cabeza
La echó al aire
La atrapó
La cruz quedó bailando sola en el aire
La gente gritó milagro
Y cuando cayó la cruz
Simón la tomó
Bailó mucho con ella
Antes de devolverla a Jesús
Desde entonces
Cuando es muy pesada una cruz
Cuando algo pesa demasiado
para las fuerzas de un blanco
Llaman a un negro para que cargue
Después bailamos cantamos
tocamos el tambor
tocamos el bambú
Nuestra espalda es muy ancha
Cargamos la cruz, cargamos el fusil,
cargamos el cañón
ayudamos al blanco
cargamos los crímenes
cargamos los pecados
cargamos por todos.

PÁGINA 2 – NUESTRA POESÍA


Martín Copponi (Santo Tomé-Santa Fe/Argentina)

A PASO DE PALABRA.

Resucitar de la herida del verbo,
reencarnarse en el cuerpo de la verdad,
volver de la lucha y a la lucha
por un grito cierto.
Pelear por el necesitado alarido,
por haber sido silencio.
Pero sentir miedo,
un calor desprotegido,
porque somos humanos
vulnerables y abiertos.
Es por eso que
esta Luz nos ha elegido
para sembrar con la palabra
la sangre del verbo.
En la tierra donde se vive y se muere,
donde hacemos historia y a veces nada,
está escondida la verdad que buscamos
a paso de palabra.

HAY UNA LUZ.

Hay una luz, faena de la noche,
que rompe la paciencia del silencio
y comienza en cierta arena
a dibujar la huella
de una palabra redimida.
Dicen que allí
van a nacer las palabras jamás dichas
que eran justas
y fueron preñadas por el infierno.
Allí, en esa arena,
se hace justicia,
se redime la esencia del hombre
muerta por su ignorancia.
Pero nadie sabe dónde se halla tal luz,
tal arena.
Los sabios dicen que en otra vida,
los lógicos que en el desierto o junto al mar.
Algunos dicen que es una procesión
dónde sólo acuden los espíritus,
que allí Dios y Satán
deciden qué es verdad
y qué es mentira.

EL MISMO DIOS.

Ella sabe que mis palabras nacieron para su memoria.
Ella es el lugar que eligió Dios
para que descansen mis versos.
Ella me dijo que la poesía estaba dentro de mí.
Mi mirada yacerá eternamente
en la memoria de sus ojos.
Cada mañana mis ojos se abrirán hacia su tiempo.
Mi ausencia hará eco en sus pasos
y sus pasos serán el eco de mi recuerdo.
Dios dejó a mi tiempo para latir en su piel,
jamás morirá mi silencio en su alma.
Mi corazón quiere dormir mi muerte en su alma.
Dios la ha elegido para darme redención
en el tibio milagro de su existencia.
Es por esto que aquí me despido en paz,
sabiendo que sólo Dios y el amor bastan
para justificar mi paso por el mundo.
Todo lo que soy ella lo guarda en sus manos,
en el vasto universo de un milagro.
Yo seré la eterna luz
donde nació el amor que Dios le envía.
Yo estoy en el altar de su memoria
y allí me quedaré peregrinando
para volver con su palabra y su rezo
al calor del mismo Dios que compartimos.

EL TIEMPO.

El tiempo hoy es tan caro,
tan miserable a la hora del olvido,
tan rentable a la hora del insulto.
El tiempo es en TV
algo así como una cacería,
un insulto visual
que dura un segundo
y nos cuesta un siglo.
El tiempo es mucho más
que esas mentiras,
que ese manojo de códigos
hambrientos de consumo.
El tiempo es respirar profundo,
sentir amor, buscar a Dios
y comprobar que nadie,
nadie,
nos cobró un centavo.

ÉL Y TÚ.

Irá a verte caminar,
acostumbrado al techo azul de tu amargura.
Verá los vuelos rojos en tu pecho,
pero para Él estarás –sin ser pecado- desnuda.
Bordará el horizonte en tu espalda
y con la tarde en tus ojos redimirá tu penumbra.
Fundirá colores y serás la distancia
que separa al milagro... de la blancura.
Él estará en tu tenue paso,
sabiendo que sin querer lo buscas.
Pondrá en tus labios movimiento,
y sin que sepas, tu palabra... será la Suya.

ESCONDRIJOS DE LA VERDAD.

Escondrijos de la verdad,
espinas del presente,
perversidad del averno de la sabiduría,
aroma de auras venenosas,
melodías hipnóticas de las masas,
manipulan sagazmente
la raza que cubre al mundo,
azotan la palabra,
ignoran la voluntad divina,
ríen ante el perecimiento
de la identidad.
La cultura se abraza al azar,
el destino mira hacia atrás, llora,
nos ve vencidos, nos ve ínfimos,
y la tierra emana miradas
y el pueblo suda silencio.
El moho que emboza nuestra moral,
el cáncer del materialismo masificado,
las estrategias de la decadencia,
la virginidad de la conciencia
y los escrúpulos,
el convencimiento impenetrable
de una apócrifa ideología,
encarnan el papel
de un personaje cotidiano.
Cada segundo del presente
aniquila al tiempo, al destino,
y el tiempo pasa,
ingenuo e inevitable,
ignorado e ignorando.


Mauro Morgan (Rosario-Santa Fe/Argentina)

VARIACIONES DE MIGUEL ÁNGEL BUSTOS.

Estoy creo, acabado, el cielo se vengará de mí
Matar o no matar es igual.
Fábula quimera embarázame el corazón.
Yo te cubro de flores y te llamo vida, horizonte
Cargado de trueno y lluvia seminal.

Sé que moriré sobre una piedra
Que cargaré por quinientos años
Por el resto del siglo
Para que un polvo de muerte
Me lleve al campanario más alto.

La dulzura de los idos de este mundo.
El infierno tiene una puerta donde empieza el infierno.
Dos leones se parten y forman un tigre.
Me apoyo en la tiniebla
Y canto el violín del viento.

Ángeles que pudieron existir en la torre del mar.
Ángeles palabra humana donde muerdo tu boca.
Donde me responde una sola agonía.
Tapo con mi dedo tus labios
Y sale humo en el subsuelo.

Cuando abrió la puerta me fijé más
Que dibujaba su espalda. Después lo lamenté.
Por fin no aguante más y grité a nadie veo.
Quedé seco del horror.
Había una soga y ausencias, ausencias, ausencias.

Me odio perfectamente serio
Y mis besos rompen el espejo
Donde cada día me gusto menos
Mientras la esperanza muere
Agonizada y pálida.
Boca cerrada para siempre, porción de su voz
Haz un sol desnudo que de esa forma
No me devorará.

Mis manos juntas
Buscan la necesidad del olvido
En el horror.

El cielo se hinchará de voces algún
Tiempo en el tiempo.
Pero no importa.
Bajo la gran luna ataré sus arterias
Como trenzas diabólicas. Le cantaré al oído.
Me perderé de vos para siempre.

Arrastré los lobos a mis huesos.
Cuerpos movidos por el viento negro.
Quemado voy, una llaga me atraviesa como daga-
Dice el triste que muere sin luna.

Silencio, el amanecer rasgará los fantasmas
Con un dulce aullido y escribiré condenado
Escribiré infinito.

De Pie en la calle prefiriendo el crimen
Y el otro mundo, los niños del país del sueño
Se sienten vivos aunque en su cara se dibuje
la muerte.
Mejor decir que sí, sí, sí.

¿Recuerdas la crucifixión, recuerdas la triste Comedia?
Bajo ese cielo serán las bodas del cielo y el infierno
La boda de tu cuerpo y el mío. Y no habrá cristales.
Sí la jauría de los esclavos. Y nos perderemos por siempre.

ESA NIÑA

1
Esa niña hoy es
un té
de sus piernas aborta
hijos como cangrejos
que magullan al cuerpo humano, etc.

Es decir todos tienen espejos
pero no todos comprenden
que el espejo
es incomprensión.
Que a la mano abierta no le alcanza
la palma de la mano
para llenar el vacío de la mano.

Que el poeta también paga impuestos, etc.

2

Esa niña en el poema o en el papel
tiene bulimia.
Llora dice que por qué romper el orden
perfecto. Su llanto es lluvia llave
probablemente llueve o nieve
qué llave qué amuleto sagrado en garganta
para saber que la muerte se aloja
en la sombra de las muelas.
Yo la comprendo le toco el hombro
la llamo la desllamo se me muere
mi ángel la lluvia de grande
me da miedo las llaves.
No se equivoca. ¿Para qué nombrar
lo que siempre estará ausente?



PÁGINA 3 – CUENTO

YO Y EL OTRO

Por Rubén Vedovaldi (Capitán Bermúdez-Santa Fe/Argentina)

Al otro, a Rubén Vedovaldi, es a quien le trabaja el nombre o su eco. Yo camino por la vieja casa y me doy a ver como crece el lapacho rosado que me regalaron como bonsái y puse en libertad en la tierra del lote. De Vedovaldi tengo noticias por el correo, por Internet, por teléfono, y leo sus versos publicados en tal libro, en tal periódico, en tal otra revista. Me gustan las tetitas de las quinceañeras en flor, las piernas de las locas perdidas, el cine de Polansky, las canciones de los Betales y Almendra, el olor de una tira de asado en la parrilla, y la voces de Gelman y Galeano; el otro comparte o no comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Nuestra relación no es hostil, yo sobrevivo, yo despierto del sueño, para que Vedovaldi pueda estrofar su obra más o menos literaria y eso más o menos me justifica.
Ha logrado ciertas páginas más o menos válidas, entre montañas de hojarasca prescindible, pero esas páginas no me pueden salvar, quizás porque lo aprobado ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje y del siglo. Yo estoy destinado a perderme, y sólo algún instante de mí podrá trascender en el otro. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su viciada costumbre de juguetear con la lengua y el habla.
Heráclito entendió que todo cambia; la piedra antes no era piedra y después dejará de ser piedra; el río antes no era río y, si el planeta se calcina, dejará de ser río.
Yo he de quedar en Vedovaldi, no en mí (si es que alguien soy), aunque me reconozca menos en sus libros que en los de otras y otros o que en un solo salvaje de saxo.
Traté de liberarme de él, y pasé del delirio surrealista a la búsqueda de una síntesis, al ejercicio del estrato fónico y del significante, pero esos ejercicios y piruetas de estilo son de Vedovaldi ahora y tendré que idear otras para mi, para el estilo de mi muerte.
Mi vida es una estrella más o menos roja, más o menos difusa. Ni Dios ni el Diablo creen en mi. Todo lo pierdo en los basurales del mercado. Todo es del olvido o de la AFIP, o del otro.
Uno es descendiente de campesinos italianos, el otro se tiene que inventar su propia patria e historia.
Uno siembra y canta en el desierto, el otro recoge placer y dolor del cuerpo; desaciertos, desconciertos, melancolías y malentendidos. No sé cuál de los dos está más solo, más lejos.


PÁGINA 4 – ENSAYO

IANA SANDIANA

Por Neftalí Sandoval-Vekarich (Belgrado/Serbia)

Arrastrando kilómetros de historia y acumulando en su trayecto cuanto árbol caído, cuanto artefacto perdido y quizá cadáveres de ahogados en su turbulencia en épocas de violentas lluvias o en la pasividad de sus aguas durante los días tórridos y de estío, el Potamus finalmente se entrega a los brazos del Ponto, mucho más allá del temor a las abejas (1) que ponían una incierta frontera a los cronistas griegos no aventurados a traspasar los limites habitados por los tracios. Allí en Tracia terminaba su geografía, lo que podía venir después era aplicado arbitrariamente a los barbados gigantes de apariencia divina tergiversando en bárbaros el epíteto dado por los latinos a tan soberbios y enigmáticos seres constructores de barcos y palacios de dimensiones colosales, orgullosos y resueltos defensores de sus maravillosas hembras convertidas en diosas, tan fielmente retratadas por Praxisteles y sus discípulos enamorados de todo cuanto venia del recinto de los pelasgos en las cuencas del Bajo Danubio. No en vano Aquiles, el hijo de Pelas, cumplió con el voto de sus árbitros de Leuce, la sagrada isla de los hiperbóreos que refugió finalmente en su seno al héroe perdido en la batalla y que muchos después distinguieron con el nombre de Aquilea.
No muy distante del ojo avizor, a numerosas yardas de las tres bocas del delta, los ocasionales navegantes que se aproximaban al Ponto buscando su conexión con el trafico del Bajo Ister, quedaban deslumbrados por el alucinante resplandor que procedía de la Isla convertida en recinto memorial de Aquiles, el príncipe pelasgo abatido en querellas de mujer voluptuosa tan codiciada por su hermosura como los supuestos tesoros de los reyes de Frigia en Troya que los falaces y cínicos mercenarios griegos aspiraban arrebatar como botín de guerra, a espaldas y a traición de sus aliados.
Eran los mármoles de la construcción, los altos muros de piedra caliza del gran templo de Bello, el dios solar que allí residía, era ese su hábitat y cuyo poder se extendía por los dominios del Ponto como protector y benefactor de cuantos llegaban a los predios de Leuce. Mármoles tan brillantes que su resplandor hería los ojos, su intensa luz blanca era un punto de referencia y de orientación en las vastas aguas del Mar Negro cuya parte nororiental fue bautizada con el nombre de Mare Album por estar en las demarcaciones de Leuce, la isla de Letona, la diosa madre.
Nadie quería darle asilo por temor a las furias de Juno, la preferida de Jov-Pater, el Patriarca, hasta que llegó no muy lejos del viento Boreal a los predios del promontorio albino que pudo entrever en su fuga desde Delos. Ocultose Letona tras la imagen de Lykaina, la loba blanca, entre los ramajes y arbustos que arrastraban las aguas hasta las bocas del delta. Allí nació el predestinado a guiar los destinos de un pueblo que con él se gestaba y que en tres masivas oleadas casi sucesivas había salido en épocas pretéritas de las montañas de Altai, en Asia Central, dejando parte de su progenie en las Costas del mar Caspio, en los bajos Urales y en el camino hacia climas más benignos de exuberante vegetación y tierra pródiga, atravesando el Mar Negro en busca de los valles del Ister. Esa descendencia de pastores y labriegos, diseminada en la trashumancia, de alguna manera guardó sus pasos y las primitivas reliquias de Gaea, la Magna Dea, sin perder los nexos con los gigantes que llevarían tatuada en la frente el ojo del universo encerrado en un triángulo, distintivo que se daba a los escogidos por sus logrados conocimientos en la minería, en la fundición de los metales y en la construcción de santuarios, miradores y observatorios del cosmos, más tarde hábiles constructores de naves y puentes flotantes que dominarían las aguas del Okeanos Potomus y los llevarían a participar en obras colosales que les merecieron el titulo de Cíclopes a causa del tatuaje en la frente y su descomunal fuerza física. Fue Lete, por entonces, la Sublime Señora de la Luz, una de las ocho divinidades veneradas por los egipcios provenientes de las tribus pelasgas asentadas en las márgenes del Nilo, en los primeros tiempos de la historia de Egipto.
Bello como el sol fue el hijo de Letona, deslumbrante cabellera dorada y estructura física tan a la par con los cíclopes que, a solicitud de su progenitora la diosa madre, la divina Lykaina, participaron en la construcción de lo que seria más que un palacio de mármoles y piedra caliza de dimensiones colosales la mansión de los dioses, entregada a los hijos y descendientes de Boreas, el legendario rey de los pelasgos. Hasta más allá de la lejana Frigia llegaron las noticias de los festivales nocturnos de primavera en Leice para festejar al Señor de los Hiperbóreos, Apolo, en la Isla Sagrada, la isla blanca de Lete, la madre del Kyllaios elegido en esa larga peregrinación que habría de culminar proclamándosele dios tutelar de los pelasgos, los gigantes de largas melenas, de cuidadas barbas rubias casi albinas, herederos de milenarios conocimientos que les proporcionaban autoridad y fuerza a los raciocinios de sus más eméritos sabios, bardos y juglares, a tal extremo que la realidad de su existencia lentamente se diluía en leyendas, en cánticos, en coros sagrados y convirtieron sus reyes y reinas en seres mitológicos. (2) Siglos más tarde los romanos educados en las escuelas y academias de los etruscos, otra entidad pelasga de alta ilustración y cultura, gente de experimentados navegantes, señores absolutos del mar tirreno, tomaron la costumbre de dar el titulo honorífico de dios a los cesares de turno, como tributo de vasallaje y paliativo a la molicie, a los vicios que acabarían minando la estructura de su imperio.
Pero Bel Lykeios, como terminaron llamándolo los pueblos y tribus que le veneran como un dios solar, no alcanzó la felicidad buscada de encontrar una consorte en su vasto dominio de mujeres admirables, hechas como los hombres más para competir en la administración del estado que para el lecho solaz de los enamorados, eso si, de deslumbrante y enternecedora belleza, cuerpos armoniosos y ágiles modelados en la frecuente contienda con la naturaleza y el cultivo del espíritu y la mente, la cuidadosa y sana selección de los frutos privilegiados provenientes de la tierra y la hidromiel, el manjar proveído por sus más cercanos parientes los apicultores tracios. Allí, en la Metope del Templo de Athenas, quedó el testimonio del dios en su carro arrastrado por los cuatro corceles solares, emergiendo de las puertas del día hacia la búsqueda por todos los costados del universo de una ilusoria consorte, pero la Diosa ya estaba esperándole en Leice, la Isla de la Luz, la Isla Blanca.
Entonces todo el ajuar que Letona guardaba para la elegida fue a parar a la que ya desde siempre, desde el principio de las cosas, estaba predispuesta a causa de su inigualable hermosura, de su portentoso poder sobre la naturaleza y fuerza divina capaz de compartir con el Likeio la inmensa potestad de los constructores del mundo. Siendo aun pequeña los maestros elegidos le otorgaron el don de la comunicación con los animales del bosque y con todos los seres de la floresta, por eso muchos la recuerdan como la Gran Señora de las Flores, la Magna Dea, cuya figura aparece desde épocas inmemoriales, exaltada a tal extremo de exageración su encanto sexual y sus virtudes físicas de hembra, burdamente moldeadas en terracotas y tallas en maderas o huesos de animales, la veneraban asimismo los pueblos de las más lejanas latitudes. Pacha Mama la llamaron los quechuas. No podía ser de otra manera porque era la dueña de la procreación y de la fertilidad de la tierra, la triple deidad benefactora y protectora de sus gentes: la hermana o esposa ejemplar y laboriosa, la madre incomparable e indulgente y la abuela pletórica de sabiduría y experiencia, en ella estaba asimismo sintetizado el poder misterioso que ejercía la luna en los ciclos de renovación y purificación de la naturaleza, era ella entonces la Sagrada Iana Sandiana, no Diana la ínclita cazadora del venablo dispensador de la muerte, todo lo contrario, Proserpina, la Gran Madre de la Tierra, la diosa de las diosas cuyo carro que recorre el universo lo arrastran dos leones, la Cibeles que tuvo en Frigia el más atrayente de los templos donde las sacerdotisas de Silena, en las esplendorosas noches de luna llena, se ofrecían al viajero como una ofrenda a Iliana, la diosa de nácar, para recordarles que ellas también como la tierra dan los frutos de las semillas que reciben.

Referencias:
(1) Para los cartógrafos y cronistas de la Antigua Grecia, su mundo terminaba en la última frontera de Tracia, más allá estaban las abejas silvestres que defendían sus predios y no daban paso franco al intruso.
Nikolae Densusianu: Prehistoria Dacia pág. 25 (Traducción del inglés)
(2)Aquí, en el Bajo Danubio, especialmente en las tierras de Dacia –este hecho es evidente- se formó y ligó el centro más grande y poderoso de la población neolítica en Europa; el centro de una nueva raza de pueblos, de alta y vigorosa estatura, con una antigua organización patriarcal, con severas y apasionadas ideas religiosas, traídas probablemente de Asia, esculpieron en la roca viva enormes estatuas de sus divinidades. Estos milenarios conquistadores del mundo antiguo trajeron consigo a Europa nuevos elementos civilizadores, fundaron aquí los primeros estados organizados y dieron una nueva orientación al destino de la humanidad. En el curso de algunos centenares de años, esta raza activa y laboriosa dotada de un milagroso poder de crecimiento y expansión, continuaron emigrando desde el Bajo Danubio hacia las regiones del sur. Desde las cimas, valles y llanuras de los Cárpatos, las innumerables y nuevas tribus de pastores no cesaron en su trayectoria de atravesar el gran río de la antigua Europa con sus rebaños en compactos y organizados grupos hasta cubrir toda la península Balcánica. Esta es la gran corriente meridional o Cárpato-Mycenica que proveniente de Asia y a través de los Cárpatos formaron la primera entidad territorial de Europa, colocaron las primeras bases morales de la nueva civilización, desarrolladas fuertemente más tarde en Grecia y en las costas del Asia Menor. En otras palabras, estos son los antiguos Pelasgos o la corriente de Palaeochton o los antiguos habitantes de la tierra o los pueblos nacidos directamente del seno de la tierra, los gegeneis como se han llamado a sí mismos


PÁGINA 5 – NUESTRA POESÍA


Norma Arrieta (Santa Fe-Santa Fe/Argentina)

AMOR HERIDO

Es mi súplica pedir por un amor entero
Porque fallida voluntad me desespera
Y así como pude haberme dado entera
Sé de lo inútil del empeño aislado.

Es un ángel del amor, el dueño
Que disparó sus certeras flechas
Y respondió el corazón herido;
-¡Ay! Si pudiera ser ciego de este daño
Porque estas rosas rojas de mi herida
No mueven al alma adormecida
De aquel a quien acrece mi mirada.

RESONANCIA

Tatiana, maestra.
Puedo hacer canto de cualquier motivo,
pero no a cualquier motivo anhelo dar sonido.
Del ayer es mucho lo que inspira,
la casa, el parque, la siesta enardecida.
Pero no, hoy no...
no quiero darles vida.

He puesto tanto en todo
y poco en poco
que doy gracias a Dios,
fuente y sustento.
Si algo debía a otros lo he devuelto
en trabajo, lealtad y mano amiga.

En la lira de mi alma así vestida,
revivo sin embargo el eco
de una sola nota suspendida.
Es aquella que le puso clave
a cierta infancia confiada y cobijada
que sólo del espontáneo vivir sabía.

A ella no le he devuelto
por distracción de niña,
por jóvenes lugares alejados,
por adultos compromisos razonables,
algo de lo mucho que me fue brindado.

Por ello hoy, sin su presencia,
quiero hacerla viva en este canto
y decirle que su lámpara encendida
permanece como entrega en mi recuerdo.

SED DE CIELO
Rafael María Arnáiz canonizado en octubre de 2009 es
el nuevo integrante del cortejo de santos juveniles


Rafael con sed de ciervo
buscas las fuentes de Dios,
en la Trapa silenciosa,
en el Dueñas invernal.

“No me crean loco- dices-
sólo son deseos de serlo
y ojalá les contagiara
esta locura por Cristo”

Fray Rafael María,
sediento de ansias de cielo,
sediento de amor divino,
ibas dejando palabras,
ibas pintando un Reino,
con tu pluma de consuelo,
con tu sereno pincel.

Y así, vacío de mundo
Jesucristo es tu tema.
A Él lo sientes y gustas
Él es tu fuerza y festejo.

Místico de la humanidad de Cristo.
Cima de la perfección cristiana.
Ya me has pegado tu canto:
“A los pies del crucifijo,
Tengo libertad infinita,
Tengo un cielo... tengo a Dios”

¡Ojalá me contagiaras
el deseo de ser loco,
esa locura por Cristo!

VIGILIA

Quiero prolongarte, Señor
en la noche, en este instante.
A esta hora que es deshora
Quiero ¡ya! ser caminante.

Mi fidelidad amadora
se limita en el obrar,
a esta pluma y a este papel.
a borrar y a reiniciar.

¡Configúrame Jesús
a tu forma tan amada!
No tengo ni dos talentos,
sólo éste, pequeñito
de alabarte con mis versos.

Como quieras, mi Señor,
quizás tú lo veas enterrado,
oculto, sin frutos, seco
como el de aquel siervo cegado.

Sólo una cosa te pido,
que al despertar la mañana
yo siga en tu compañía,
y si encuentro un alma fría
le diga, con suavidad :
“Que recuerde, que no olvide,
que Jesús es el camino
y su destino es divino”.

PERCEPCIÓN

Ella dibujaba mujeres de espaldas
de nucas desnudas, anónimos torsos,
Presencias sin rostros.
Y en los entornos
en sentido alerta,
desplegaba el rosa,
el azul y el blanco.
Y era inolvidable el retrato aquel
del vestido alado
de una mujer...tendiendo la ropa.

Y a lo lejos nada,
sólo el fulgor estático
que atrae a seguir
la gasa danzante.

Lavandera de amplios abrazos,
Lavandera de gasa florida.
¿Por qué vistes en ropa de noche?

En arco la soga,
Tus brazos en arco.
Níveos brazos y piernas
Ocultos los pies en la grama verde.

¿Por qué no te vuelves, cenicienta tenue?
O es que si lo hicieras temes encontrar
tu rostro en la niña que desde el pincel
Vive a sus seis años, un don especial:
Que es plasmar la vida
que a sus oídos un pintor divino,
confidente y sabio le anticipará
pero que ella tarde, lo comprenderá

SÍ TOTAL
Para el grupo “Renacer con María” C.M.F (Rosario)

Afuera... el silencio
¿Cae la mañana
o es vencida la tarde?

Es la hora de la oración,
y es la calma y la dulzura
de una virgen que no aparta
de su boca, el Santo Nombre.

Se llena todo el momento
del Misterio, que requiere,
el consentir de la Virgen
para engendrar lo Supremo.

Y es el SÍ de la elegida,
de la esclava y servidora
que parece continuarse en un:
¡Despierta Nazaret!
¡Despierten pueblos dormidos!
¡Este SÍ es para la salvación de todos,
es el anuncio del Hijo y de sus hijos!

María: hoy somos llamados
hijos de tu corazón.
Danos, madre modelo
la gracia de ese SÍ total a Dios.


PÁGINA 6 – CUENTO

LA PEQUEÑA MALETA

Por Susana Ballaris (Gálvez-Santa Fe/Argentina

La casa tiene techo a dos aguas. Un zaguán largo que se abre hacia un final abierto a patios. Romeros y laureles. Muros desnivelados por el paso del tiempo. ¿El tiempo? ¿Qué es el tiempo? ¿El que nos marca un reloj? ¿Los días y las noches? ¿O es el sentimiento por todo lo que ocurrió? ¿Es el mar de los vientos embravecidos en las noches de tormenta? ¿Los aromas de las estaciones? Escucho. Es el vibrar de las paredes con las voces de todos ellos. Palpo las arrugas de los recuerdos. ¡Me miro! ¡Nos miramos! Tengo emoción, infinita, larga, húmeda. La casa es un esqueleto fijo, plantado sobre semillas de búsquedas, ríos de tibieza, de sensaciones. Vuelvo sobre mis pasos, cruzo el zaguán, bajo los escalones del porche y tomo la pequeña maleta, luego, viajo.
Kilómetros de paisaje envueltos bajo mis ojos. De vez en cuando una lágrima y más adelante, una sonrisa. Al llegar a destino, abro la maleta y quito de ella, lo único que había: un jazmín blanco y perfumado. Tomo un recipiente y lo lleno de agua. Coloco la flor. El sol le da de lleno mientras una brisa tibia entra por la ventana. Camino unos pasos y la cierro. Saldé mi cuenta.


PÁGINA 7 – ENSAYO

PUESTA DE SOL, SILVER Y EL EXILIO…
A manera de comentario sobre la obra de Pablo Urbanyi

Por María Laura Pardo (Buenos Aires/Argentina)
Doctora en Letras - Universidad de Buenos Aires
Presidente de la Sociedad Argentina de Lingüística

La escritura nunca es inocente, porque la ficción en sí misma es un elemento funcional para el ser humano, tiene un por qué y cumple un rol esencial: el de poder decir lo que uno piensa, lo que se siente, lo que está prohibido sin hacerse responsable de ese decir.
En la narrativa de Pablo Urbanyi, Puesta de sol, su última novela, aparece ligada muy especialmente a Silver, finalista del premio planeta de 1993.
Silver cuenta la historia de un simio que traído desde el Africa es estudiado por un matrimonio de científicos, y que además se enamora de una de las científicas. Puesta de Sol, nos habla de la historia de la gestación, la corta vida y muerte de Meninjito, un niño nacido con una enfermedad congénita (Mio Meninjo Cisto Cele), y lo que genera en sus padres y en su entorno.
Esto a modo de síntesis sobre los tópicos de la narración.
La crítica, o los críticos, han señalado ya varios rasgos de estas novelas o del estilo de Urbanyi:
1) su apelación continua a la ironía, ese fino límite entre lo literal y el juego sarcástico,
2) su profunda crítica a esta sociedad postmoderna,
3) su cuestionamiento fuerte a las Instituciones,
4) el desencuentro con lo científico y muy especialmente con las medicina,
5) la continua presencia de la vida y la muerte, como toda buena novela,
6) la obviedad de lo autobiográfico, en qué puede decirse que no dejamos algo de nosotros mismos... ?
7) y una serie de subtópicos que hacen ya al imaginario de este escritor: el exilio, los polacos, los judíos, los armenios, la Argentina, los hospitales, los bares, los cafés, la Patagonia, la nieve, en resumen: allí (Canadá) y aquí (Argentina), y una realidad política totalitaria y prejuiciosa.
8) No faltan tampoco los comentarios sobre cómo el autor se refiere a sí mismo y a su obra o su escritura dentro de sus obras. El famoso: el arte narra al arte.
9) Es que ambas novelas también son una narración de otras narraciones hechas previamente, a modo de fichas, de notas, que aguardan la llegada de ese dios-escritor que las ordene.
Pero hoy yo quisiera hablar de lo que para mí significó esencialmente Puesta de Sol (también Silver de algún modo), de por qué conmueve tanto. Además de un estilo en el que las frases más impactantes, a pesar de estar elaboradas, parecen salidas, sin proceso, del alma al papel, son ricas al contar los pensamientos que acompañan determinados hechos, pensamientos que nos parecen propios, que reconocemos como propios, esa minuciosa descripción de ciertos instantes y esa posibilidad magnífica de poder expresar los sentimientos sin avergonzarse, rompiendo el discuro políticamente correcto a nivel social.
Y conmueve, porque creo, y trataré de demostrarlo, que ambas novelas son en realidad novelas de amor. Claro no del amor al que estamos acostumbrados. No están allí los ejes clásicos del romance, un él, un ella, un sin fin de impedimentos hasta alcanzar el amor, pero sí lo están de otra manera.
Tanto en Silver como en Puesta de Sol los protagonistas son arrancados de su habitat natural, uno del Africa, el otro del paraíso de la nada.
Tanto el Simio como Meninjito están en el lugar equivocado, han llegado ahí arrastrados por otros: por los científicos, en el primer caso, y por los padres y los médicos en el otro.
Y éste es uno de los primeros lugares (en el sentido de locus como concepto) que mueve a la ternura: cómo no conmoverse ante seres que están desterrados, involuntariamente y que desde ese lugar deberán tratar de seguir viviendo. El horror del exilio y su metáfora. Ambas novelas son una metáfora.
La ironía, ese sarcasmo, son una buena forma de resistir, pero siempre ya sea en el lenguaje coloquial como en el escrito, además de la implicación que mueve a esa risa amarga, la ironía deja la huella de lo que queda allí sin volar o poder huir a otro significado:
"-Cuanto antes se entere mejor. estas cosas no hay que demorarlas. es incurable. Una pequeña herida en la columna. Mio Meninjo Cisto Cele con espina Bífida.
No supe qué decir, qué preguntar. El temblor.
-Para toda la vida, entiéndalo, si es que vive. Pero esperamos al especialista. ya lo mandamos a buscar. Campanas. Temblores. Campanas lejanas creando un vacío, ecos. Ondas de temblor. Walt Disney, vos que dibujas la vida tan feliz, ayúdame."
Esta es una historia donde solo hay una salida: volver...al vientre, a la nada, o en Silver al Africa, o como sucede, a la muerte que es otro modo de volver: ¿llegar al Paraíso nuevamente? o al menos poder salir del destierro.
En la ficha 65, se habla explícitamente de la búsqueda de un lugar para Meninjito, ese es el título, de ese, llamémoslo capítulo, la novela está dividida en distintas fichas: Un lugar para Meninjito... es continua y triste esa búsqueda, en la que casi siempre lo que hay es rechazo...
El narrador, padre de Meninjito, dice en esa misma ficha:
Aunque a veces pareciera que sí, mi vida, con los amigos y Ana, no todo fue bares para el retiro y refugio para el hombre que está solo y espera.
¿Qué espera en esta novela?
Me detuve frente a la iglesia, pensé. Sí, quizás entre ellos, Meninjito estaría como en familia. Pero vos no busques más tu lugar. Nunca nunca lo encontrarás.
¿Por qué tanto amor a un lugar al que se critica? ¿Es amor a este país lo que lo hace buscar siempre este lugar?
Aunque la respuesta probablemente es que lo que se busca es el lugar de uno, ese espacio está representado por la Argentina.
No es Hungria, claro, Urbanyi no vivió prácticamente allí, no es donde se nace, sino donde uno se hace, donde se toma la cultura. Y como buena novela de exilio Puesta de Sol es un muestrario de ese clásico leit motiv que dice: que una vez que uno se fue, ya no se está bien ni allí ni aquí. Es que como en la vida amorosa de los hombres y mujeres: cuando se ama a más de una persona es imposible tenerlo todo en una.
En la novela ese leit motiv, está representado (por algo que en Silver también aparece de este modo en la forma) por la frase que se repite una y otra vez, a veces de manera variada:
...pero la vida continuó...
y también por el acompañamiento permanente de las campanadas… que marcan las horas, y que anuncian la muerte:
esas campanas están llamando por ti...
Este padre que reniega de su hijo enfermo, que acepta que quiere verlo muerto, que se enfrenta a la sociedad, que no quiere el perdón, no es más que la representación de esa imposibilidad de aceptar su destino fuera de lo que el considera su casa... pero todo llega:
Le pediré perdón y le confesaré que, mientras contaba su historia, no estoy seguro de no haber contado una historia de amor que tuvo algunos segundos, tal vez uno o dos minutos de plenitud. También le diré si no se esfuma y desaparece por una campanada, como si lo llamaran al lugar que le corresponde, que de todo lo que me pasó en la vida, con la coraza de cultura corroída, sin ningún Dorado con el que fantasear y a donde ir, no me ha quedado más que la esperanza de haber dado algún testimonio de mi fortaleza para amar, una brillante alfombra blanca bajo un sol de invierno que apenas entibia y terminará por ponerse.
El invierno de Canadá, y esa historia de amor con la deformidad, otro de los modos de La Cara de Dios, en el sentido más literal, sin juegos que refieran al sexo, en esa ficha, ese capítulo, esas frases que dicen:
...lo recuerdo sí, nunca en mi vida quise tanto. Dudo que vuelva a suceder. No sé si mi querer, o adoración, explicaría el fenómeno del amor a los llagados y leprosos, pero baste decir que yo adoraba una totalidad.
amar la totalidad de Ana, de una mujer, el estigma del destierro, aun en el destierro, la propia cruz...
" hay muertos como cruces, que se llevan toda la vida. "
Así con estas palabras termina Puesta de Sol.


PÁGINA 8 – CUENTO

Marcelo Leites(Concordia-Entre Ríos/Argentina)

VI

Las huellas del Renault en la arena continúan su trayecto hasta la orilla del arroyo donde hay un toallón naranja y una bikini a merced del oleaje, se continúan en las huellas de unos pies y ya en el agua se pierden en las piernas que aparecen y desaparecen de la superficie, en su cuerpo que nada mariposa y exhibe su destreza desnuda. Cuando vuelve a la costa deja ver su rostro maravillosamente joven sin saber que alguien la observa detrás de una roca. En la trama posible hay diversas huellas para seguir, huellas demasiado transitadas por los automovilistas que casi siempre siguen los mismos caminos, pero la escena en sí es lo que vale, ahora que su novedad e importancia disminuyeron. De todos modos ella presiente algo y camina ondulante hasta la orilla. Las líneas de su cuerpo son una ofrenda al sol poniente que compite con sus pezones turgentes y relumbra en vano, oro bruñido, en otros ojos alucinados ahora por esas manos deslizándose sobre sus hombros, sobre sus turbulentos pechos, sobre sus caderas, sobre su piel bronceada; alucinado, sí, por esas manos que siguen el juego de las gotas de agua que tocan su pubis, mojada ahora, sí, mojada y absolutamente consciente. Cuando te das cuenta hacia dónde va, tenés que seguirla aunque a una velocidad muy inferior, sobre todo porque las huellas que dejás en la arena no coinciden con las de ella y si intentaras luego de considerar qué maravillas prometen su desnudez cómplice, el agua como un fluido atravesando su sexo y la visión del mundo satisfecha, si lo intentaras, decía, si quisieras trasponer sus huellas y hacerlas coincidir con las tuyas luego de un esfuerzo desmesurado y justo cuando ella empezara a suspirar apenada y satisfecha a la vez luego de volver sobre sus huellas, si de verdad lo lograras…entonces las huellas de la historia dejarían de tener sentido. Las cosas se pierden de vista y lo mejor es ser olvidados pronto.

Una mujer desnuda
con el pelo mojado
y un toallón naranja
yéndose en su Renault
mientras la luz
declina.


PAGINA 9 - ENSAYO

EL PRESENTE DE NUESTRA POESÍA

Por Antonio Cruz (Santiago del Estero/Argentina)

La sociedad moderna ha generado una pérdida progresiva de los valores estéticos y espirituales por lo que, sin temor a equivocarnos, podemos afirmar que la poesía, en tanto y en cuanto cumpla con un rol social puede cubrir esa falencia. Nadie puede dudar de la inmensa trascendencia que tiene, por lo que esta fecha me parece un buen momento para reflexionar sobre el estado actual del género en Santiago del Estero.
He escuchado en los últimos tiempos tres conceptos que se repiten con inusitada frecuencia en diferentes niveles de nuestra sociedad. El primero de ellos, en consonancia con algunas visiones un tanto apocalípticas sobre la poesía en el mundo actual, pronostica la desaparición de esta forma de escribir (“Los poetas son una especie en extinción” ha dicho alguien a quien prefiero no recordar). El segundo concepto, que hace un tiempo atrás generara una intensa polémica, es que, en nuestra provincia no se producen textos de calidad poética aceptable y el tercero, del que he conversado con asombrosa frecuencia en las últimas semanas con escritores, críticos y periodistas, es la presunción de que en Santiago del Estero hay escasez de poetas jóvenes.
Debo decir que no coincido con ninguno de los mismos. Sin el ánimo de generar controversia (cosa que está alejada de mis intenciones) trataré de explicar mi particular visión sobre el tema.
Primero, estoy convencido que los santiagueños (que somos dueños de una extraordinaria tradición poética con nombres ilustres como Clementina Rosa Quenel, Dalmiro Coronel Lugones, Homero Manzi, María Adela Agudo, Blanca Irurzún, Horacio Germinal Rava, Eliseo Fringes y Selva Yolanda Ramos, entre muchos, muchísimos otros) hemos logrado, pese a las dificultades por todos conocidas, que la poesía tenga una presencia de permanente trascendencia en nuestra cultura provincial.
Esa tradición se ha mantenido a pesar de lo difícil que resulta en los tiempos actuales dedicar tiempo a escribir poemas, actividad que en general no reditúa ningún beneficio económico y que corre por cuenta y riesgo de los propios poetas ya que la literatura y sobre todo la poesía se han transformado en verdaderas cenicientas.
La poseía mantiene vigencia a través de innumerables poetas que, con la edición de libros (tarea harto difícil si no se cuenta con los recursos suficientes), publicaciones en diarios y revistas, selecciones para antologías que se editan en otras latitudes, ediciones cooperativas, premiación de santiagueños en concursos de la Argentina y otros países, recitales poéticos, aparición permanente de nuevos grupos de escritores ligados a la poesía y diversas actividades más, han logrado mantener vivita y coleando esa conjunción hombre/poesía tan típica de nuestra tierra. Nombrar a todos los poetas santiagueños generaría una larga lista e inevitablemente se pecará de omisión, voluntaria o involuntariamente, pero basta recorrer las páginas de los diarios para poder apreciar de manera certera de que no estoy diciendo nada que no pueda demostrarse.
Respecto del segundo tema planteado -la calidad de los textos de los diferentes poetas- sostengo que la poesía, es una forma literaria compleja, misteriosa e indefinible. A pesar de que todavía se discute acerca de “qué es la poesía”, estoy totalmente convencido de qué cada autor tiene su propio lenguaje poético y expresa su poesía de una manera que lo identifica. Lo que gusta a unos puede no ser bueno para otros pero, estoy seguro de que cada poema tiene valor en sí mismo y está marcado por el estilo y las características de cada poeta.

NUEVOS POETAS

En nuestra provincia hay una pléyade de poetas que, a pesar del paso del tiempo y las inmensas dificultades que les plantea la falta de apoyo para realizar sus actividades, todavía siguen su romance con la palabra escribiendo poemas que podrán gustarnos más o menos pero que en muchos casos son de excelente calidad aunque no logran la trascendencia y el reconocimiento que se merecen.
Pero esto es solamente la punta del iceberg. Como una forma de abordar la tercera de las cuestiones planteadas, quiero expresar que, en lo subterráneo, en lo profundo, la poesía ha vuelto a ser objeto de culto por las nuevas generaciones y no me estoy refiriendo al despertar poético propio de la adolescencia y que una vez que se llega a la adultez se pierde en la noche de la nada… Me refiero a poetas jóvenes, algunos muy jóvenes, que han abrazado la poesía con entusiasmo y que según mi particular visión no escriben poemas para combatir el aburrimiento o por que está de moda sino que producen auténtica poesía y se dan maña para hacer conocer sus escritos. Si nos atenemos a una de las definiciones de la palabra underground, que es realizar una tarea artística sin auspicios corporativos, estoy seguro que casi todos nuestros poetas jóvenes son “under”, pero si creemos que conforman una contracultura, nos equivocaríamos terriblemente porque creo firmemente que forman parte de nuestra cultura. Si bien carecen del justo reconocimiento a sus virtudes, son parte de nosotros y nos cruzamos cada día con ellos, la mayor parte de las veces sin reconocerlos.
Con la segura certidumbre de que seré absolutamente injusto y pecaré de omisión (nada más que como una simple demostración de lo que digo) nombro a algunos que ya conocía y otros que descubrí gracias a la ayuda valiosa de Belén Cianferoni Figueroa: la propia Belén (seleccionada por Rogelio Ramos Signes para uno de sus libros), Juan Santiago Avendaño Rímini, María Julia Jorge Auad, José Cesca, Pablo Gramajo, Francisco Avendaño Rímini (que fuera antologado por Santiago Sylvester), Cristian Zani, Andrés Navarro, María Belén Aguirre, Andrés Argañaraz y sigue la lista. Todos ellos escriben poesía (muchos de ellos también narrativa) con regularidad y escribir es una actividad importante y permanente en sus vidas. Seguramente hay unos cuantos más que todavía no he llegado a conocer.
Puede ocurrir que el lenguaje de alguno de ellos nos parezca “subversivo” por llamarle de alguna manera pero, en mi caso particular, adhiero sin cortapisas a la opinión de Charles Simic, quien en sus cuadernos de notas que se conocieron con el sugestivo título de “El monstruo ama su laberinto” sostiene que “el poema moderno implica una estética y una filosofía modernas”. ¿Por qué entonces los chicos que escriben poesía deberían emplear un lenguaje diferente al que usan cotidianamente?
La mayoría de estos jóvenes que he mencionado, quizás debido a lo dificultoso de editar en tiempos tan particulares, o a la imposibilidad de acceder al espacio editorial convencional o tal vez debido a las nuevas formas de lectura que nos impone el frenético ritmo de la vida moderna, han encontrado una forma de difundir su poesía a través de blogs y bitácoras que son muchísimo más numerosas que lo que algunos imaginan.
En este punto se hace necesario mencionar el artículo que publica el diario Telegraph bajo el título de “Internet ‘is causing poetry boom” el 27 de febrero de este año, dónde se sostiene que “La poesía, una de las formas más antiguas del arte, disfruta de un resurgimiento gracias a Internet”. En dicho artículo se cita al laureado poeta Andrew Motion quién afirma que “la poesía es simplemente una forma de arte que se adapta muy bien a Internet”.
Hablamos del tema con el amigo-poeta Carlos Figueroa quien me decía lo bueno que sería que esos jóvenes continúen con el mismo entusiasmo dentro de algunos años. En lo más íntimo de mi espíritu tengo la convicción de que más de uno de esos poetas jóvenes que conozco darán mucho que hablar en el futuro y además guardo la esperanza de que cuando esta movida tan singular vea la luz, demostrará que nuestros jóvenes son dignos herederos y continuadores de aquellos que han marcado el rumbo.

PÁGINA 10 – POESÍA ARGENTINA


Alicia Cora Fernández (Ciudad Autónoma de Buenos Aires/Argentina)

CADENAS SUELTAS

Diferencias entre:
Estar preso y estar encerrado.

Preso:
De tus gitanos ojos negros.
De tu cuerpo leve y quebradizo.
De tus manos suaves e impacientes.
De tu boca, maestra en un pecado de besos.
De tus planes, aquellos que nunca me pertenecieron pero que adopté como míos.
De tus abandonos, de los que sí, fui dueño absoluto.

Encerrado:
En mis penas, las que incorporé a mi llanto cotidiano.
En mis errores, tratando sin suerte de analizarlos.
En mi cuarto, que en cada rincón me grita que ya no estás aquí.
En mi auto y en mi barco, solo de toda soledad,
escuchando los CD que olvidaste
y soplando las cenizas de tus cigarrillos rubios apagados como yo.

Ser liberto y vivir en libertad.

Liberto:
Por tu acto de sinceridad.
Por tu dejarme ir sin detenerme.
Por tus brazos que me soltaron al fin.

Vivir en libertad:
Es respirar el aire puro del campo y el río.
Es escuchar la voz de otra persona a mi lado, sin extrañar la tuya.
Ser definitivamente alguien y querer a otro alguien que no sos vos.

Mi vida, tan imprevisible, está marcada por diferencias.
Quiero vivir en libertad y el ser Liberto no me interesa.
Las prisiones y los encierros voy a dejarlos para vos.

Ahora, en el hoy, le confirmo a este Nuevo Amor Mío, recién estrenado,
que acepto sus brazos como única prisión y único encierro.

EL DESPERTAR DE PENÉLOPE
Yo no hablo de venganzas ni perdones,
el olvido es la única venganza y el único perdón.
Jorge Luis Borges

Mis ojos, con las pestañas quemadas por el viento
tienen las retinas secas de tanto horadar tinieblas,
pero intentan ver más allá de la mirada.
En la boca cansada de predicar en el desierto,
los lamentos se ahogan sin remedio.
Las manos aferradas a lo posible
trepan por las enredaderas tejidas en ausencia.
Esta Penélope renacida en el ovillo, se atreve a todo,
deja las agujas, olvida las noches en vigilia
y trepa por el invisible hilo de luz que le presta un relámpago.
Atrapa una nube de sospecha y la hace trizas contra el tiempo.
A su lado florecen Violetas de los Alpes con pétalos escarchados de frío.
En el pequeño mundo del olvido, encuentro tu recuerdo,
solo y marchito.
No lo cobijo, tampoco quiero resucitarlo.
Hoy mi corazón se libró del huso de la rueca
que lo atravesó el día que supe que ya no eras mío.

AMANTE PERFECTO

Vuelvo a verlo,
su inmensidad me atrae,
sé que cambia de color sólo para mí,
lo respeto y le temo,
lo amo y mirándolo pierdo la noción del tiempo.
Siento en mi boca la sal de su saliva,
me hundo en él,
me espera y me abraza,
me dejo ir, me atrapa en sus brazos
y mi cuerpo está bañado de luz, agua y sal.
Es el amante perfecto,
todo lo da y todo lo pide,
no me resisto, soy suya,
y él también es mío.
Lo nombro de mil formas,
lo siento de otras tantas,
a pesar de los años, sigue siendo el mismo,
aquél del nombre más corto,
por siempre y para siempre:
el MAR – mi eterno amante.

ABRAZO ATEMPORAL

Quiero salvarte,
no me abraces,
no me beses,
libráte de mi,
y dejáme salvarte.

Estoy llorando y niego mi llanto en verde y sepia.
Si no te salvo, nuestro abrazo muerto antes de tiempo,
va a amontonarse en camiones que no saben de amor.
En una danza mortal sin complejo de culpa,
se mezclan colores grises con pinceles de hachas.
y los certeros tajos apurarán mi caída.
Quiero gritar, decirle a ellos que la tierra también llora.
que están pasando a degüello a los pájaros.
No me escuchan,
se esconden en refugios antinucleares
que sirven para potenciar la sordera que eligieron.
No arrojan bombas,
mezclan sierras mecánicas con filos templados en fraguas nativas.
Coleccionan el sudor de espaldas morenas por sol y por raza.
No les interesan las lágrimas que bañan arrugas ancestrales.
Después de muchos días de rapiña, prepararán su botín.
Cargarán mi sangre talada sin tu amoroso abrazo
y a mis pájaros locos aferrados todavía a sus nidos derribados.
En la planchada del camión acopiarán actos de amor
y los cientos de abrazos entre orquídeas y árboles muertos
reposarán para siempre.

Quiero salvarte,
no me abraces,
no me beses,
libráte de mi,
seguí tu destino de orquídea
y orna la frente de una muchacha vestida de novia.
Tal vez, más tarde,
coloquen su foto de casamiento
sobre una pequeña mesa hecha con mi cuerpo de timbó.
En ese momento vas a poder abrazarme,
no habrá despedida y en un nudo de mi madera
va a dibujarse el beso que ahora no puedo darte.


Cecilia Glanzmann (Trelew/Chubut)

MELODÍA DEL SILENCIO

Hay una melodía del silencio
mágica y sublime
en este suelo...

surge de las aguas que rielan su murmullo
en las arenas del Atlántico sureño

juega en los canales de las chacras
girando con las norias valletanas

corre contra el viento hacia el oeste
montando en maras y avestruces

y sube zigzagueante, por los ríos
esas distanciadas nervaduras
en la piel curtida
que suponen mansa
los extraños...

Hay una melodía chubutense
vibrando.

PERSISTIR

He de persistir
como el faro aquel de nuestras costas
enhiesto, solitario,
arrullado por las tempestades
y los soles.

He de persistir
con mi valija de gnomos
guardianes desde siempre de mis sueños
los sueños que caminan y caminan
con los haceres que me dicta el alma
cotidianos
y que son los que me susurra
el ser.

He de persistir
con la soledad acompañada
que agradezco
con el acompañar a la soledad de los otros
con la pura soledad que me conversa
y me encuentra, bien adentro

he de persistir
aunque me canse
en este acelerado desasirse de los lazos
desasirse de los nudos
de los enredos promiscuos del apego.

He de persistir
contigo, hermano, en este tiempo.

EN ESTE SUR

En esta tierra de horizontes puros,
escarchado el silencio...
musicales las voces de los siglos,
las preguntas tensan la cuerda del tiempo

hay espacio para ser.

ES TIEMPO

En viaje por tanto territorio despoblado
a la mirada le sangra la ausencia del hermano

mientras los sentidos laminados de rocío
se estremecen
como estambres apenas rozando el aire
hay un estallido contenido
hay voces que susurran disparates de cuerdos.

En viaje
el peregrino percibe el fulgor avellanado
y la Patagonia se esculpe en su mirada.
Escucha
como un vagido prístino para andar este espacio
por el asfalto y el ripio o a campo traviesa
acuñando un alba de cobijo y ¡salto!

Peregrina la mirada...

la fugacidad que libera miríadas de mariposas
¡apresa tanto horizonte!...
Y el peregrino ve
derecho y laboreo nuevos,
ve a hombres raigales
cuya paz diluye todas la miserias
respetando identidades.

Y sabe.
Sabe que es el tiempo
de ser tierra y de ser aire
de ser fuego y de ser agua
en sinfonía áurica.
Que es el tiempo
de sentirse un insecto bellísimo, un águila majestuosa,
una serpiente que habla con los insectos y las águilas,
un tigre-nahuel que sigue escribiendo
de esta mítica tierra americana del sur...

Es tiempo, aquí.
Ya no peregrina la mirada.

JUGLARES DEL SILENCIO

A los habitantes de los pueblos originarios y a los
Inmigrantes, en el sur argentino y en el mundo.

El silencio habita vastedades
como las de esta altiva y cósmica meseta.

A veces, un cultrún reinaugura
la cíclica plegaria,
y rogativas mapuches y tehuelches
se hermanan con la fauna perseguida
y con humanos y no humanos seres.
Se hermanan
sobre todo
con la tierra.

A veces, el sueño de un arpa
o el de un órgano,
o el de una pianola o de un violín,
y a veces también el sueño de una guitarra
o el de un acordeón o una quena
traen otras plegarias

y el silencio guarda los valores mancillados
de uno y otro lado de los ruegos.

A veces son coros, o apenas un suspiro.

Por las culpas ajenas, asumidas,
intentan un perdón por lo no hecho
los que llegaron y llegan,
emigrados.

Sólo son los que escuchan el silencio
como un rezo bendito de esta tierra
los que extienden sus manos
y, dando gracias,
elevan, enraizados, la esperanza,

A veces, ya más veces...
la paz late posible
sedienta de caminos.

La luna india vigila en el cielo transparente
como el agua del Chupat* recién nacido

y cada ser respira
en el regazo de la cósmica meseta
el silencio liberado.
“Chupat: río Chubut (voz tehuelche septentrional, en Patagonia)


PÁGINA 11 – CUENTO

CRUZ Y RAYA.

Por Jimmy Valdez (Ridgewood-NewYork/USA)

…en otras ocasiones el fuego llegaba hasta alcanzar los linderos del guayacán. Palo verde, nunca ha sido algo dinámico, allí todo duerme en la pereza, a excepción como le narro de esos días en que las rastras de zambos y nativos le pegaban candela a los pajonales. Entonces sí, salían los pájaros a tirarle a las escopetas. Imagínese usted a los pobres infelices armados de realengos, machetes y palos detrás de los muy curtidos en provocaciones. Había que exterminarlos a todos, por eso fuimos y muy seguro estoy que no sucederán otras maldades parecidas contra los que se establecen en el sitio.-

-¿Pero lo de la matanza no le parece algo excesivo?

Fíjese que no. La vaina seguiría hasta hoy si no hubiéramos intervenido como lo hicimos. Se hizo justicia y desde entonces a nadie se le ocurre hacer quema en los pastizales y las breñas para sembrar los malditos frijoles. ¿A qué coño lugar iría a comer el ganado? ¿Usted ha visto a uno de esos que no sea más que piojos y liendres? ¡Hágame el favor y póngase a pensar!


PÁGINA 12 – ENSAYO

IGNORANCIA DE LA NUCA Y EL PERFIL

Por Mónica Russomanno (Santa Fe-Santa Fe/Argentina)

Juan tiene un nombre común, un nombre casi anónimo por multiplicación de individuos. Juan, a quien le ví un rostro difusamente conocido, me pidió que le firmase un libro y le hiciera una dedicatoria.
Yo no soy una autora famosa harta de halagos y expeditiva por hartazgo. Hablé con Juan, le pregunté “¿Y quién sos?”. Me contestó que no sabe quién es. Le respondí que eso es algo que nadie sabe, que nadie sabe quién es, y dije esto siendo poco original aunque sea efectivamente cierto. A Juan, que no sabe quién es, escribí.
Nadie sabe quién es, cuál es su esencia, aquellas cosas de las cuales es capaz pero no hace por falta de oportunidad o por no estar lo bastante motivado.
Nos percatamos de que es difícil conocer nuestro interior, creo que podemos acordar con cualquiera en que hay una rápida coincidencia en que sentimos esto, pero rara vez notamos que al ver el mundo, (el universo, si queremos ser muy abarcativos), al ver el universo no nos vemos en él a nosotros mismos. Todo lo vemos, menos a nuestra propia presencia. Alguna vez un vidrio, un espejo, alguna superficie brillante nos muestra nuestra imagen, pero esa imagen nos mira de frente, alerta y posando para nuestra mirada.
Conocemos al detalle los pormenores de cómo nuestros amigos caminan, sonríen, se enojan. Podemos describir cómo éste se inclina hacia atrás, cómo ella sacude la cabeza aseverando lo que dice, cómo se pierde la vista de él cuando en medio de la reunión súbitamente se sumerge en las profundidades de su propio reducto.
Pero a nosotros, a nosotros mismos no podemos describirnos con propiedad. Cómo caminamos, cómo nos paramos, cómo cambia la mirada cuando una oscuridad nos ensombrece. Son otros quienes nos descifran y reconocen. Nosotros estamos condenados a ver sin vernos. Nuestra mirada va hacia delante, hacia lo exterior, lo que tenemos enfrente. Nosotros no estamos en ese mundo que nos rodea.
Cuando Myriam se topó de pronto con su imagen chocando en un comercio con un espejo, pudo verse como a una señora un poco confundida que se hacía a un lado, y por un segundo pudo darse cuenta de cómo la ven los demás. Por qué alguien le cede el asiento en el autobús, si en sus sueños sigue apareciendo la muchacha que fue y que quizás eternamente siga siendo en el territorio de lo profundo. Myriam ve una señora, y por un segundo de extrañeza vislumbra la imagen elusiva que se refleja en los ojos ajenos.
En las fotografías y en las filmaciones nos quejamos de lo mal que salimos retratados. No podemos vernos, no queremos vernos, no deseamos modificar ese personaje que vagamente se nos parece pero es una construcción de nuestra imaginación.
Entre los objetos y los seres, uno hay que no podremos conocer jamás. Para nombrarlo, le damos el más común y el más engañoso de los apelativos. Le decimos “yo”.


PÁGINA 13 – CUENTO

SOÑANDO SUEÑOS DE TRAPOS

Por Eduardo Pérsico (Lanús-Buenos Aires/Argentina)

Mi viejo y tres amigos armaban la tipografía y en una antigua Minerva imprimían unos volantes a repartir lejos del barrio. Una tarde que entramos al taller con el mate y las medias lunas, los cuatro buscaban resumir que el enemigo nos llenaba a cada uno de egoísmo, un arma impiadosa con la solidaridad. Sin esquivar alguna broma, entre ellos llevaría su tiempo conjugar con brevedad la idea y al irnos mi madre les cuestionó el término enemigo, por estridente. Ella prefería que cada renglón fuera una voz de papel y no panfletos estilo ‘madrugada y fábrica sería lindo si nos explotaran menos’. Y menos en época de condecoradas arengas, advertencias a la población y aguas revueltas que exigían hablar en un murmullo.
Hincar los dientes sobre el hueso del tiempo puede ser un ejercicio que aterra y atrae a la vez, que dicho así suena a retórica sentenciosa pero es un modo de empezar. Más bien, mis primeros rastros parecieran diluidos en su índole, estribaciones de la memoria o cadencia condenada en sí misma; aunque podría ser la voz sin después de mi madre, furtivo rescate que se esfuma sin retorno o el cosquilleo que sorprendiera mi mano en la inicial caricia al lomo de un caballo. Aunque de aquel recuerdo dudo bastante por parecerme una desvaída rememoración recibida en la sangre; mis padres habitarían rumor de caballadas, chasquidos de rebenque, ecos de inundaciones suburbanas y silbos vigorosos de trasnochados compadres. Ellos venían de raíces que se iban licuando, inexorables, aunque aún defendían cada palabra de acercarse al resto de la gente. Y así mi viejo compartía con tres o cuatro ‘el tiempo superado es una sombra astuta como una desmemoria de sumergidas lluvias, una intuición apenas de ronda planetaria, cegadora de rostros borradora de nombres’.
Yo hubiese preferido que mi viejo no muriera en un hospital por una angina cualunque, pero y al fin de tanto repaso, entre mis primeros recuerdos brilla un tren allá abajo con sus ventanillas iluminadas en el corazón de una noche lluviosa y mis ojos reinventando aquella imagen tras la ventana de mi casa. ¿Y cómo era aquel rincón del mundo costeado por las vías, mi lugar cuando pibe sin vereda de enfrente? Un recuerdo difuso, pero en la escena brilla un tren chocante sobre sí al arrancar, y luego sus vagones serían veloces fotogramas a esfumarse cual un barco en enigmas de penumbra. Y esa escena cautivando mis ojos tendría un prisma diferente en el asombro, y alumbraría mejor ese muestrario fantasmal de seres infecundos, de rostros ausentes y doblemente solitarios en el silencio de voces humanas en los trenes de la madrugada. Cuerpos llevados por la noche como rehenes de un destino inviolable y al ser uno más, comprendí mejor las voces de papel de mi padre y sus tres camaradas que se llevaron las aguas revueltas del setenta. Tipos dispuestos a imprimir ‘los últimos serán los primeros en morirse de hambre’, y ‘el mejor negocio de los ricos es una pelea entre los pobres’.
Mi madre, fervorosa de la moderación apreciaría ‘al entender que éxito y egoísmo son sólo sueños de trapo, ya habremos perdido la última sonrisa’, una oración que para mi viejo y sus amigos ya era una moralina frente a los ataques y escondites del enemigo, dentro de nosotros mismos.

PÁGINA 14 – POESÍA ARGENTINA


Silvia Loustau (Mar del Plata-Buenos Aires/Argentina)

CARTAS MARINAS

II

El sol ascendió. Barras verdes y amarillas cayeron sobre la playa dorando los costillares de la consumida barca, acerando las algas. La luz perforaba las delgadas y rápidas olas, quienes se deslizaban, como abanicos sobre la arena.
La muchacha al sacudir la cabeza hizo bailar las piedras preciosas, el topacio, el aguamarina, todas las piedras con chispas bajo los líquidos colores, dejó al descubierto su piel, trazó un recto sendero sobre las olas, cuyos destellos de escamas se oscurecieron.

IV

La dura piedra del día estaba resquebrajada ,la luz se colaba por la grietas. Rayos rojos y dorados, como rápidas flechas con plumas de tiniebla, traspasaban las olas. Sin orden ni concierto, vagaban destellantes rayos de luz, señales emitidas por islas secretas, o dardos disparados por entre matas de laurel por muchachos felices y desvergonzados. Las olas caían en larga percusión, muro derrumbado, muro de piedras grises en el que ni una raya de luz había perforado un orificio blanco.

V

los ávidos peces
vuelan sobre filo de las olas.
se erizan las aguas.
viento del sudeste
se pliegan las velas.

cardumen a la vista
silban las redes
hendiendo el aire.

un torbellino plateado
enciende las intensas olas.

VII

el otoño se aleja con sus fuegos
huele a incendio antiguo
a blancos huesos xilofónicos
bastaría invocarte
transponer la ausencia.


Edda Ottonieri Maggi (Marcos Juárez-Córdoba/Argentina)

DEAMBULO POEMAS

Sigo la marcha de absurdos
tras un tren que riela en los mares
entre pisos de cielo y membranas de luz,
en cuarto de lunas opacas,
y camas blanduzcas de algas...

Recorro vértigos en desmesuras nocturnas
pobladas de místicos espasmos cenagosos
cargados de mieles, en imperios marinos,
y en playas desiertas, abrazo nereidas.

Vengo de allí, de faustos resquicios, de ama, y esclava
gibada en pesares, de otros, míos, entre disimulos,
muerdo injusticias en bateas oscuras
y mis vendavales desmienten torpezas.

Me quedo donde niña yo fuera
moradora en casa de enladrillado suelo
porque quiero, cual libre gorrión mañanero,
dejar penas, odios, y volver...

Andaré carriles de barcos a vela,
a puro ímpetu de vientos, henchidas,
marcharé con el alma los cielos de estío...
y como un egipcio amaré sol y luna...
para ser olvido...

POR LA CALLE…

Camino la niebla en calles difusas de pájaros mojados,
y lamidas palmeras que añoran desiertos,
como desiertas están mis nieblas, mis hojas y mis moradas interiores, de llorados hipos en el desván de penares .

Ofensas aprisionadas en mi piel engrosada de rencores,
andan y desandan pesadumbres aletargados, maderos en naufragio…
Quisiera embolsar mis tembladerales y arrojarlo al delta del “descariño”,
vestirme de verde, estrenar dislates…
pero me sorprende el tiempo, cimentado en mis huesos,
y en mi alma…

Barranca que abre socavones oscuros en vertedores del desaliento.
Piso huecos,
en ingenuas promesas de entrega, de abrazos fugaces
en la vertiente tibia en parpadeos calcinados entre desbordes de ríos…

Salitre en la desazón solitaria en sombras del miedo
mística del pecado sin culpa ni desliz
leones que clavan sus garras en telas del desamparo

¿Quién intenta salvación de almas avasalladas
bajo la perfidia del invasor de la inocencia?

LUZ

La lluvia atrapa la luz en un espacio de tiempo
arropa al sol en secreto, que cautivo, allí queda,
bajo vapores sutiles de vivas olas marinas,
para regresar, por tierra, en un retorno de fuego.

La misma luz giró en la mañana en un corral de horizontes
caminó sombras delatoras, entre difusas esferas,
y volvió casi a la tarde con un puñado de noches,
y las estrellas, en bolsas.

La misma luz, en libélulas, quedó atrapada
viajó en círculos llenos entre jirones de estío,
acorraló la tibieza del amor entre las matas
y en su ser de insecto, sembró la vida...

La misma luz ya se ha dormido sobre la cuna de sombras
Un silencio remoto le pone cirios de seda
la lluvia le abrió tranqueras entre borrachas planicies,
y entre dobleces del alma, en fuego de amor,
eclipsó tristezas...

Yo he visto esa misma luz guarecerse en los espacios...
Quiero ser también luz, y quedarme,
entre las viñas del tiempo...

SE DESBARRANCAN LAS PALABRAS

En las torres del silencio de mi profunda lejanía
se desbarrancan las palabras
desde los acantilados,
como mis emociones …

Mi pies vacíos huellan palomas sin alas, casi yertas,
lluvias de llanto caen desorientadas
sobre olas sin caminos ni calles,
en surcos de espuma
que vaporizan mi alma…

Empedernida turbulencia de tristezas,
espías de mis burbujeos
en viajes de gaviotas descalzas en clausura de amor
sobre las barcas de las desilusiones.

Una brisa hambrienta espolvorea arenas,
paquetes de nubes se comen el sol
deshecha, la playa, parece girar
en espiral doliente.

Y en mis fríos días de anidadas noches
me quedo descalza, sin costas y sin sueños.

DE MIRLOS Y CUERVOS

Los mares de la desazón no tienen
arenales ni rías,
vagan desde el infinito
hacia el arco del horizonte
donde las distancias merodean
tormentoso silencio
sin senos que destilen
leche de madre adormecida...
El pan dejó de levar y atascó fragancias...

En el relámpago de la indiferencia,
y en el desierto, se extinguieron
las manos abiertas...

Desoladas calles revestidas de ceniza
donde se tapan las verdades con metáforas
la sed no se satisface,
tampoco el hambre

Matar la memoria es el preludio
de la venganza atroz
donde ya nadie conocerá su destino

El resto, mirlos y cuervos...
¿Hacia dónde va el orbe
con su escudo indiferente?

SE HAN MUERTO LOS IDEALES

Distancias de ramas voladoras y pájaros verdes…
Ausencias de los posibles e imposibles
gritos del que llora, ante la nada
en batallas de bullicios sin estruendos.

Pensadores
de filosofías ambiciosas
con ruptura del orden natural de lo creado.

Descuartelados de sabiduría, el pueblo mira
las pestañas de un borrado horizonte,
descalza la mente en el discernimiento
y se encapsula en las valvas del absurdo.

Regresan las matrices del engaño
a estampar ironías sobre llagados ideales …
Babazas impías embeben otra vez
los días y las noches de la historia…
¿Cuándo el hombre nuevo?


PÁGINA 15 – CUENTO

DELINCUENTO

Por Francisco de Paula Pestaña Parras (Granada/España)

Que quede claro que lo que voy a contar no es por arrepentimiento. No todo lo que admitimos los criminales tiene por qué ser una confesión. Lo que sí es cierto es que yo no elegí acabar así. Al principio eran apenas travesuras, escribía frases en los márgenes de la libreta o en la pizarra, entre clase y clase, antes que el profesor la borrara. Otra veces no me quedaba más remedio, llegaba el cumpleaños de un amigo y debía hacerle algún regalo, como yo no tenía dinero para comprarlo, tenía que escribirlo. Así poco a poco seguí delinquiendo hasta convertirme en un relatero de poca monta.
Ahora tengo un socio aunque no trabajamos de la misma forma, él está especializado en cometer poesía. Yo no sirvo para eso, no tengo aptitudes, mis dedos son muy torpes y no sería capaz de hacer lo que él hace. Se acerca a alguien y sin que se dé cuente le mete la mano en el pecho y se hace con lo que lleve. El tipo sigue caminando y cuando comienza a palparse el corazón sintiendo que le falta algo, mi amigo ya está muy lejos.
Yo actúo de manera distinta, con más bajeza. Me apoyo como distraído en la pared y observo. Entonces reparo en alguien, aunque mejor si es una pareja –el botín acostumbra a ser mayor-, y les sigo. Hay que saber elegir, si empiezan a andar por avenidas o por sitios iluminados me doy la vuelta. Esos no suelen llevar gran cosa, lo he comprobado. Prefiero los que caminan por calles estrechas, los habituales de callejón. Voy tras ellos con cuidado de que no sospechen porque entonces se inquietan, se apresuran, comienzan a actuar cautelosos y ya no hay nada que hacer. Pero con suerte y si los has estado observando lo suficiente, hay veces que consigues desvalijarles una historia con la que ir tirando unos días.
Cuando un trabajo se te ha dado bien puedes esconderte un tiempo y descansar en ese frío familiar de las guaridas. Si vives con alguien le dices entonces que te ha salido bien una inversión o que os ha tocado un pellizco en algún sitio. Es mejor si no sabe que te dedicas a esto. Así si alguna vez aparecen buscándote y la interrogan, cuenta lo que cree que es cierto sin dudar y resulta más convincente. Nosotros no tenemos amantes, tenemos coartadas.
Más tarde me levanto mientras duerme y voy al salón. Paso allí casi toda la madrugada. Llevo años urdiendo un golpe importante. En una libreta apaleada de garabatos lo tengo casi todo: quiénes participarán, el lugar y cómo debería desarrollarse el delito. Si lo he retrasado tanto es porque no tenía valor para el final planeado. Ahora sí, este oficio me ha envilecido tanto que sé que ya no vacilaré cuando tenga que traicionarlos. Yo escaparé por una página entreabierta, pero ellos no podrán salir de allí. Se quedarán dentro, desesperados, mientras afuera los rodean y los observan por siempre. A alguno incluso tendré que eliminarlo por la espalda con un navajazo cobarde de bolígrafo. Sólo espero tener el pulso necesario para que no sufra y que se desangre en apenas un párrafo.
Aunque este plan todavía no está terminado. Me faltan varios detalles, pero es que últimamente me obligan a dedicarle menos tiempo y regresar antes a la cama. Cada vez más, ella se da cuenta que no estoy a su lado y me llama entre sueños. Me llama con un gemido triste. Un gemido que no es muy distinto a los que a esas horas se oyen, como confesiones, en las noches sin luna de las cárceles.

PÁGINA 16 – COMENTARIO DE LIBROS


TODOS BUSCAN DESDE SIEMPRE AL REY.
Autor: Xavier de Tusalle
Editorial: Mandala & LápizCero ediciones

¿Qué está ocurriendo en el reino de Juanito Sin Sitio? Como por arte de magia, bufones, lacayos, ministros, guardias, cocineros y carboneros se han esfumado. Para mayor congoja del hambriento y abrumado rey, los extraños seres con quienes tropieza –vuldillos, morfillos, armaduras parlantes, ranas peludas, retratos conscientes, huecos consultores, fanáticas mantis, gushalos de luz…-, se mofan abiertamente de su pretendida realeza. De este modo, al despertar en el trono donde se ha quedado dormido, emprende el rey Juan sin un recorrido por su adulterado reino en busca de lo REAL, en ambos sentidos de la palabra. Un viaje iniciático que le llevará por los más variopintos senderos de la fantasía, por un universo rebosante de humor y ternura, pero poroso y permeable a los caprichos de la palabra, ya que la palabra es sin duda la verdadera protagonista de esta apasionante fábula.
En esta ocasión, el autor nos invita a un viaje por los senderos de la fantasía y el humor de la mano de un rey sin cetro que no es capaz de encontrar un lugar en su propio reino. Aquí el camino más rápido no es la línea recta, sino el sueño.
Son tantos los recursos estilísticos y lingüísticos desplegados que no sería intrépido afirmar que constituyen una exploración estética de la potencialidad de nuestro idioma. ISBN: 84-96439-30-5
Celia Estévez Lozano (España)


ALFILERES PRENDIDOS.
Autor: Guillermo Sastre
Editor: Mandala & LápizCero
Alfileres prendidos es la tercera obra de Guillermo Sastre, interesante autor autodidacta en el balcón de la madurez. Su poesía es intimista, fluyente, arrojadiza, rítmica y ecléctica. Alfileres prendidos canta los anhelos del poeta ante la existencia cotidiana, la nostalgia del amor perdido y la amargura del desamor, la soledad y el tiempo irrecuperable. Aquí los sentimientos se muestran a flor de piel reclamando el derecho a alcanzar las altas atalayas de nuestros más caros sueños.
Este poeta –letrista también de canciones (para Joaquín Lera, José Ruiz Venegas, entre otros) y colaborador junto a Augusto Algueró en muchas producciones musicales y festivales internacionales– nos muestra en este poemario su aspecto más auténtico, humano y solidario donde podemos encontrar poemas de amor, canciones populares y colaboraciones más comprometidas como la de la Comisión Cívica de Alicante para la recuperación de la memoria histórica (Guardacabras y poeta).
Solo esperamos, querido lector, que con el libro en tus manos abras sus páginas y te sumerjas en las aguas transparentes de sus contenidos. ISBN: 978-84-92830-01-5
Por Celia Estévez Lozano (España)


LA CIUDAD DE LOS NICTÁLOPES
Autor: Tanya Tynjälä (Finlandia)
Hay, entre las innumerables clasificaciones que existen para la ciencia ficción y la fantasía, una que es denominada science-fantasy, que podría definirse, para ser breves, como un tipo de ciencia ficción que admite elementos sobrenaturales o fantásticos. Pensemos en las entregas de Hellboy, con su tecnología inconcebible que sirve para abrir las puertas del infierno. O los motores que funcionan a magia que describe el escritor inglés China Mieville en su universo de Bas - Lag. O en la saga de Star Wars, con sus caballeros jedi que rescatan princesas y se enfrentan a villanos con poderes inimaginables, secundados por robots y viajando entre las estrellas en naves que se desplazan a velocidades mayores a la de la luz...
Jugando con todos estos elementos, además de una acerba crítica a la rigidez y falta de imaginación de ciertas maneras de educar, la escritora peruana radicada en Finlandia Tanya Tynjälä nos ofrece una fábula futurista de sabor agridulce, en la que la comodidad sosa de una sociedad que pretende satisfacer todas las necesidades de sus ciudadanos no logra acallar las ansias de algunos por algo tan elemental como la libertad y el riesgo. Tal es el argumento central de La ciudad de los nictálopes, donde una niña con el gen del inconformismo desarrolla auténticas alas, que en la Ciudad Viviente N° 4 (una arcología regida por máquinas, encerrada en una cúpula de plástico para evitar el calor y la suciedad del exterior) evidencian una enfermedad que la convierten en parte de los marginados, seres tenidos por réprobos de una sociedad que les ofrece todo lo que necesitan para vivir... excepto libertad. Wriixka deberá ocultar lo más posible estas alas, que no sólo la convierten en diferente, sino que podrían llevarla a la ciudad de los nictálopes, que se le revela en sueños como un lugar donde las personas, aladas como ella, conviven en paz con la naturaleza y pueden hacer lo que quieran con sus vidas. Pero las cosas no son tan fáciles: la madre de Wriixka sospecha de los arranques de libertad de su hija, de quien desea un destino tan conformista y mediocre como el de ella, y vigila atentamente el comportamiento de esta. No en vano se nos informa que, en un principio, cortó las alas nada menos de que su marido y padre de Wriixka, el triste y abatido Triin, quien aún sueña con alguien que voló primero que él a la ciudad de los nictálopes, una mujer alada que voló hacia la luz que él nunca podrá alcanzar.
Pero no se crea que estamos ante una obra simple. Las descripciones de los diversos espacios de la Ciudad Viviente N° 4, producto de la planificación de cerebros sin cuerpos, son un auténtico placer para los amantes de la ciencia ficción. Desde las habitaciones de sus moradores, llenas de lujos y comodidades que ocultan en realidad férreos instrumentos de control, hasta los espacios públicos, que parecen urdidos por geómetra colosal y enloquecido. Diversos artilugios y dispositivos, además del siniestro secreto que se oculta tras la llamada regeneración, nos ofrecen una ciudad que podría ser pronto la nuestra, un emporio de chillonas diversiones que en realidad ocultan peligros y amenazas, escapismos que ocultan la más férrea de las cadenas.
Este es un libro que me habría encantado leer cuando tenía once años. Si bien considero que puede leerse con placer a cualquier edad, se enfoca a una etapa en la vida que todos hemos pasado (que, por cierto, no está exenta de un sutil erotismo), cuando empezamos a cuestionar nuestro entorno, cuando empezamos a analizar lo que hasta ese momento nos parece familiar y perenne, como es la familia, la sociedad, los valores, lo que se espera de nosotros y lo que realmente queremos hacer con nuestras vidas. Un libro para madurar, y para recordar que nunca es tarde para que nos crezcan alas.
La edición de La ciudad de los nictálopes cuenta con las hermosas ilustraciones de Sheila Alvarado, quien logra captar tanto la atmósfera entre impoluta y amenazante de la ciudad como la sugerente belleza de una niña que va dejando atrás la infancia.
Daniel Salvo (Perú)


PÁGINA 17 – CUENTO

DE FUEGO...

Por Alejo Urdaneta (Caracas/Venezuela)

Escribir en el tiempo de octubre cuando todas las emociones vuelven al igual que la historia del mes de las historias, de las revoluciones, de hallazgos y muertes, de tormentas y humedad y calor. Escribir en octubre por tantas cosas de ese décimo fruto: el viaje desde la Rábida que leo en un viejo libro, las tormentas de San Francisco, las pasiones de todos los siglos; escondido yo en un desván pleno de cosas olvidadas, con harapos de recuerdo en álbumes amarillos; escondido yo para que no descubran la debilidad que tengo por esas cortinas de tiempo que todo lo envuelven, porque son sudarios gastados que no guardan ni un rasgo del rostro moribundo, magro de tanto sufrimiento, de Rosamaría, aya que cuidaba de niños y enfermos y que después no cuidaba sino las flores de una corona de difuntos que ella tejía sin cesar. Secretos de algún amor, tal vez, o el remordimiento que le pudo dejar un acto inconfesable. Una corona de difuntos que todavía cruje en el rumor de la lluvia, para alguien que la recordará desde la nostalgia. Y ahora, en este octubre de tanto calor, escondido en el desván de Rosamaría mientras leo la aventura de un viaje ultramarino que sólo pudo hacer un loco, y mientras golpea furiosa la lluvia con golpes de cilicio, me viene a la memoria lo que el aya me dijo siendo niño. En ese lugar se había cometido un grave delito, y era un mes de calor, tal vez octubre como éste, quizá domingo, cuando los mayores de la casa estaban en la misa de la tarde. Porque no eran sino cuatro personas, con el aya como compañía: la madre, la tía soltera y dos niños, él y ella, los que guardaban en la penumbra de un recogimiento el rigor de la devoción que se exigía en el hogar. Pero Rosamaría no me dijo delito sino una palabra que entonces me impresionó: habló de locura y pecado, de algo terrible que fue la causa de la muerte de la madre y de la enfermedad de la tía soltera. Había un corredor que llevaba a las escaleras que subían hacia el desván, donde colgaba una hamaca tejida que creo haber visto en el lugar de los trastos que hoy es mi sala de lectura. El aya contó el suceso desde la puerta del corredor mientras veía la hamaca mecerse en el desván, suavemente primero, con creciente intensidad luego, pero siempre con un movimiento diferente al que hacen las hamacas cuando se mecen, y se acercó y abrió los pliegues del tejido para encontrar dos cuerpos todavía impúberes pero jadeantes de calor cuando sudaban, uno sobre el otro, resbalando entre sus propios sudores. El aya dio un grito de advertencia y los separó, pero ya habían unido sus pasiones y lo que restaba era el cansancio de los cuerpos invadidos de sueño.
La historia que escucho desde el desván parece obra de una alucinación. La escena está en este ambiente empolvado, de paredes desconchadas, en las que apenas un rastro del pasado queda. El cuadro con la figura de San Cristóbal con el niño Salvador sobre sus hombros es una reliquia de símbolos que me coloca en la orilla de un río intemporal, con la evocación del relato de Rosamaría. Tal vez la presencia de octubre en el desván, con el olor de las cosas que ella decía; estas huellas, los viajes del Almirante y el batir de la lluvia en una ventana manchada de polvo y de viento, despierta recuerdos que veo en las paredes y en los tafetanes desleídos que riegan el desván. Algo de la lectura en las sombras olvidadas del cuarto abandonado convoca la memoria del relato de Rosamaría, pergamino cuajado de cicatrices como las cortinas, sudario que protege el secreto de la estancia curtida de tiempo.
Este silencio está también en las calles, como el mutismo que desde la silla mece tus anhelos. Eres esa niña que habla sin palabras, dominada por la lluvia de octubre, pasión que desea comunicar; y en la violencia sin ruido que se esconde en todos los lugares de este templo, estás conmigo y me das el juego húmedo de la convulsión de tu mirada, cerco que me aprisiona. En esta alcoba de recuerdos vas asumiendo forma para definir lo que no puedo entender pero siempre sentir.
Algo se mueve en algún rincón. Puede ser una alimaña o la etérea presencia de Rosamaría que me dice de nuevo su historia. Pero yo la sé, vieja amiga; sé que eras joven como yo y que tus pasiones se contenían en el silencio de esta alcoba de murciélagos. Desde la mañana comenzaba a escucharse el murmullo de tus canciones de púrpura, encendidas y roncas como las que transmitía la radio de la casa, el único motivo que podía darte un desahogo. Era repetir languidez y desacuerdo, alguna vez llanto y rabia, porque sólo tenías ese camino y los niños eran alivio y podías jugar con ellos aventuras que sólo tú podías inventar. Los cuidabas y eras el auxilio de la madre en las tareas de mantenerlos limpios y acomodados para que su presencia fuese grata. Te acercabas a ellos y los mimabas con palabras y caricias, hacías tuyos sus cambios de humor y reías cuando los niños lo hacían, y te enfurecías por los castigos, casi siempre inmerecidos, que les imponía una severidad de ceniza. Querías más al niño. Le dabas una protección que suponías necesaria, y el calor de tu cuarto herrumbroso se convertía para él en refugio de sorpresas nunca confesadas a los mayores. Eras también niña; tus juegos sonaban campanas y despertaban desasosiego en los silencios que se ordenaban al atardecer. Un silencio rojizo como las cortinas con que envolvías el cuerpo de los niños, disfrazados a destiempo de fiestas, para que pareciesen reyes o para que el roce de las vestimentas ocultase la fruición de sus sentidos. Porque los juegos incitaban curiosidad y el ropaje tomaba sentido de prohibición. Podían los niños estar juntos bajo aquellos mantos y sentirse libres de vigilancia, y podías tú ser el arlequín que creaba gestos equívocos para ellos. Eras sumisa pero también reina en el mundo de las invenciones; dabas la magia y dabas la sombra, y corredores y patios eran tinglado de sorpresas.
El viento crece en la hora última del día, igual que la lluvia desatada de octubre, y en el álbum que veo sobre la mesa se desteje la maraña y escucho de boca de Rosamaría el episodio que me empeño en evocar. No, no fue así lo que pasó. Eran dos niños en la casa y yo los quería como hijos, o como hermanos menores. Por el varón sentí desde el principio una atracción especial. No podía verlo sin inquietarme y creo que él también me veía con atención. La niña era menor y con ella la relación era primero tensa; luego dejamos pasar nuestros celos y diferencias y nunca más nos enfrentamos. Cuando ellos jugaban, los seguía y quería jugar también; pero no me dejaban hacerlo y entonces me sentía mal. Pero eran juegos inofensivos que sólo nos daban alegría y nos emocionaban. Pero estabas tú y ahora puedes hablar desde la página amarilla del álbum, y mi voz tiene resonancias de montaña en este recinto cerrado de octubre. Di, entonces: Soy el niño del relato del aya, siento su presencia vital, su olor limpio, perfume natural del agua nunca envilecida por artificios. La veo venir silenciosa en la hora de la tarde, cerca ya la ceremonia de la misa a la que irán mi madre y mi tía, como siempre lo hacen. Ha venido desde su alcoba montada más arriba del corredor donde jugábamos con mi hermana menor. Ha pasado por los caminos de nuestras aventuras y trae algo en las manos: un libro de fotografías para enseñarme cosas comunes. Y siento que está diferente, que algo desconocido hasta entonces se muestra sin recato. Me invita al corredor y jugamos con frutas y cuerdas un juego de sugerencias. En los techos y aleros las palomas saltan y se persiguen, y en la calle suena el viento y está el río que los niños no pueden cruzar sin la ayuda de San Cristóbal, porque si estuviese con nosotros el río sería apenas un estanque o un charco insignificante; pero ese río no puedo cruzarlo a solas y los santos no han acudido a esta cita de imágenes prohibidas que salen a locas de las páginas del álbum de Rosamaría. No sé dónde pudo hallar el libro azufroso, púrpura como los labios del aya en ese momento. La hamaca en el desván es el mejor lugar para sentir la zozobra y el tormento, ver con impaciencia las figuras que descuelgan de retablos de sangre, van por baldosas que sudan y se esconden en materos retorcidos, hasta llegar a la hamaca que adquiere formas nuevas cuando se mece como nunca se mecen las hamacas. Y el grito de mi madre y el asombro de la tía interrumpen la danza del oleaje, ritmo de espuma en una arena hecha fiebre por el calor lluvioso de esta tarde de octubre, en la penumbra de un desván que abre sus ventanas para que se propague el grito y la saciedad de dos cuerpos ya cansados, ya olvidados de culpa para siempre.

PÁGINA 18 – POESÍA AMERICANA


César Seco (Coro-Falcón/Venezuela)

CALLE

Puedo vivir en cualquier ciudad, pero mi calle es esta.
Vengo de ella, me hice en sus escondrijos y aceras,
en ella corrí por primera vez y di con otros la vuelta
un día de lluvia que mis manos se volvieron viejas.
Aquí tuve perro, trompo y metras.
Subí al techo a ver pasar los ángeles en silencio,
con en el alcanfor que madre me puso en el pecho.
La calle me sigue a donde vaya.
Ahora que cruzo una avenida del mundo, ahora que estoy
lejos y anoto el color de sus casas, no se me olvidan las negras
altas que subían y bajaban con una cesta de yerbas en la cabeza.
Ahora que se borran los compadres que en la esquina
se apuñalaban por mujeres, como aquel que sostuvo sus
vísceras hasta que besó suelo, o aquel otro que limpió el filo
del cuchillo con la manga de su camisa negra.
A esta calle vuelvo cada vez que soy el niño
que iba de la mano de mi padre; de ella parto
ahora que me hago viejo; a esta calle vengo desde la
esquina que se traga el viento.
Puedo vivir en cualquier ciudad, pero mi calle es esta.

A LA 6 PM CON LAUTREÁMONT

Escucho venir de la plaza, graves y cromados, el trombón y la trompeta.
El auto que pasa nubla mis espejuelos.
El poeta es ya ese que muta las sucesivas veces de una nube.
Es Domingo, la retreta anima la concurrencia.
Las vírgenes visten de gasa, hacen promesas.
Los muchachos les pasan las manos y los besos tras las rejas.
No demora la salida del loto en la alberca.
Lautreámont escribió un segundo libro que desmiente a este
que abisma mis ojos.
Cuento ya los pasos de las vírgenes regresando de la retreta,
una bruma delgada todo lo transparenta.
Hormigas, augurio del agua.
Un hombre paraguas pasa por la otra acera.
La vida sabe cuál es su camisa, busca a alguien y se la pone.
Ese alguien demora en venir o está llegando.
Aquel que está aún en la farmacia o este otro
parado detrás de un cigarro encendido.
Sonora luz. Los árboles viajan con silbidos al fondo del verde.
Un pájaro desde un poste llama.
Espesura, follaje, oro de la seis de la tarde:
polvo corriendo sobre el asfalto, brisar lento,
agreste rumor de colillas deshaciéndose,
el bronce líquido del trombón y la trompeta se aleja,
pliegue último, nubes metálicas,
la quietud de los árboles es ya inminente,
la luz sube -baja -penetra,
una mujer lleva de la mano a su hijo y le conversa,
todo el ruido se lo bebe el silencio,
enmudecen el trombón y la trompeta,
dulce ácido de cerezos los muchachos traen en sus risas,
pronuncian salmos las vírgenes lamiendo un helado,
descolorida y triste la tarde en los números de las casas desaparece,
los negocios cierran, llega la noche, truena.

LOS CIEGOS

Qué miran los ciegos cuando miran
adentro.
Qué ciertamente ocurre.
De qué color es su pensamiento,
cuando el corazón está hablando
eso en sus cabezas.
Cómo miran lo que no miran.
Cómo lo que la oscuridad dice.
Qué miran tras esos espejuelos
que en el lago calmo de sus ojos
un arcoiris dejan.
Qué no mira ese que dice
que el último color que vio fue el amarillo
de un tigre saltando la verja,
o aquel otro que toca guitarra en la plaza
y encuentra en su voz la canción
preferida del que llega.
Qué miran todos después
de no mirar nada,
después de mirar qué.

CASA

Ungida de polvo y agua nos habló despacio.
Nos espabiló hasta el día que estuvo hecha.
Conozco sus paredes como conozco mi mano.
Cal y barro, un sol le sale en cada grieta.
Tiene ojos en cada rincón.
Mi respiración traza cada puerta.
Sus adobes colocados uno a uno en el sueño
son palabras de una conversación discreta.
Qué nos hizo abrir la ventana y ver pasar
esa sombra que sube la escalera.
Qué tiempo habla en los retratos.
Qué dice su jardín ahora que el día regresa.
La entrevimos en ese azul que se disuelve
en el vaso cual si fuera una respuesta.
El trueno que me viene por voz es ella.
Fumigante fogonazo de luz en el patio.
Murmurantes los que parten o entraron
hace un rato sin que los viera.
La voy recorriendo con mis pasos.
La he tenido adentro dando vueltas.
Vino conmigo a pararse en el medio
de esta calle de adoquines viejos.
La tarde que la abrimos llegaron pájaros.
En su franja de cielo un papagayo estuvo lejos.
Casa del sueño. Casa memoria.
Un barco dormido el corazón de su barro.
Qué nos hizo escuchar su sonido,
su pálpito de agua, sus tejas.

AMBOS DOS

La mujer revierte la ceniza con oraciones.
El hombre está obnubilado por una voz que
lo recorre, que lo lleva de un lugar a otro. La
mujer abre su Biblia en Romanos 15 y ajusta
el día a su trenza, cambia el agua a las flores,
trae café a la cama, toma la llave y hace entrar
la mañana . El hombre silba, la va desnudando,
circunda sus pasos, la sigue como sigue el jaguar
a la noche. La mujer prueba un vestido, otro y otro,
predice cuantas lunas contará él en su piel. El hombre
pule sus zapatos con hojas de cayena. La mujer guarda
cartas, fotos, recuerdos. El hombre unta perfume azul
en su oreja, pronuncia lo que sólo un árbol dice en su boca.
Ella tiene un lugar al que ofrenda rosas. El es la llave de la casa.
Una vez ella fue Diótima y él Federico. La mujer trajo la vajilla blanca,
lo invitó a sentarse. El hombre un pan de agua puso en la mesa. La mujer
se llama día y el hombre noche. Se llaman, se aman en un solo sol que les
viaja por dentro cuando se tocan.


Aspasia Worlitzky (Quebec-Montreal/Canadá)

INSPIRACIÓN

Tengo la mente cansada,
blanca y cansada,
se cierran casi los ojos
sobre el papel.
La luz penetra entre los visillos,
triste, incierta,
en la taza de artesanía ajena
se enfría el café.

Tengo ganas de irme
pero no corriendo,
dejar mis pasos enterrarse
e irme hundiendo en la nieve
poquito a poco
bajo la polvareda blanca, tenue.

El viento sopla, el ruido crece,
la mano se desliza,
escribe profundamente.
Siento las piernas dolidas,
el alma cae, cae y se pierde.

Apenas suspiro,
los relojes duermen,
si llamas iré
limpia de lágrimas,
me dejaré tocar,
acariciar,
el calor de tu pecho me revivirá.

Tengo que encontrar las fuerzas
para levantarme de puntillas,
poner la mano abierta en tu serena frente,
ordenar suave, leve,
tu pelo enmarañado.

Tengo que reír despacio,
convencerme de tu juego,
banalizar nuestras miradas,
hacer que crezca el ensueño.

Extasiarme luego
en las más increíbles aventuras,
penetrar los bosques y los cielos
evitando cisnes de espuma,
rodar, entrelazar erotismos densos,
escurrirse entre los besos,
obsesionados besos,
de barro y vino los besos,
de vino blanco, de escarcha.

Una emoción intensa
que me recorre entera,
alada.

EXILIO

En un gemido evoco las montañas,
en un gemido les pedí compasión.

Esas enormes alturas sí saben,
vieron como se los llevaban
para aniquilarlos,
como los llamaban uno a uno
para destrozarlos
hasta vencer sus fortalezas,
hasta terminar con sus lealtades
y con sus ambiciones,
...se los llevaron.

Les mostraron el humo de los pasillos,
sus gritos se transformaron en ecos.
Se escribieron en diarios y revistas.

Algunos se fueron con sus maletas
de cuero usado,
con sus ternos grises
de invierno.

Incansables esperaron
en las filas de los aeropuertos,
se convirtieron en tumulto.
Sus cuerpos comenzaron
a oler a destierro,
judíos, españoles, pueblos.
Olor a paquetes olvidados,
a empanadas añejas,
palabras repetidas,

llanto de niños abandonados.
Yo también comencé
a impregnarme.
Me preguntaron el apellido
y casi se me olvidó
a fuerza de deletrearlo.

Llené papeles interminables,
interpelé a mis hijos,
los hice sentarse
al final de una escalera
de cemento, en silencio,
les dije que un autobús pequeñito
vendría por ellos,
que no olvidaran sus cuadernos,
apenas alcancé a pasarles
la mano por el pelo.

Y ellos lloraron, suplicaron,
me pidieron volver.
Les enseñé a ser fuertes,
a cerrar los puños,
aprendieron sus nombres completos,
su dirección y número de teléfono.

“Si alguien les habla, no contesten”.
“Si alguien los agrede, se defienden”.

No pasar, está prohibido.
Los mataron.

VANCOUVER

Hay un camino que se pierde en la montaña,
y otro que nace más allá de la madrugada.
Me sitúo al medio, donde las piedrecitas
se encuentran,
allí donde se desvanece el agua.

Escarbo para ver si encuentro,
nada.
Recojo, de humedades tibias,
inundo los suaves entornos,
estoy sola, más sola que un perro.

A lo lejos distingo un enredo de hombres
que se afanan en pescar con moscas,
circula el aire, atraviesa la soga,
agarra, no agarra, el vocerío aumenta.

Mis pies se hunden en arena extranjera,
el río corre para llegar ligero
a juntarse con el frenesí salado,
no me ve, corre y tropieza,
ignora las sombras de los troncos despreciados
a la orilla del Fraser.

Circulan por mi mente atolondrada
las caprichosas espumas del Danubio
y me siento de nuevo confundida
en aquella tierra hostil del primer exilio.
Luego viví otros ríos,
me espantaron nuevas corrientes
sin transparencias azules,
donde reposé mis miembros fatigados
muriéndome de frío.

El Sena ilusión, el Sena sueño, distorsión.
Y de pronto me surge, claramente y sin prisa,
aquel frágil hilo, estéril, del Mapocho sangriento.
Los hombres en el barco no sospechan,
disfrutan vanamente de momentos fugaces.
Les digo que estoy contenta
y me enfilo las botas de goma
hasta más allá de las rodillas.

Luego penetro con mi caña a cuestas,
un dibujo en el cielo cercano a las cabezas,
un tirón y el enorme salmón debatiéndose
se entrega,
queda enterito aprisionado en las cuerdas,
se queda quieto.

Al atardecer en el fogón se saborea.
Nadie sabe,… que nadie sepa.

HERMANO

Hoy te vi con la misma frescura,
en ese espacio de terreno
inmensamente verde,
en donde sopesábamos nuestros sacrificios.

Tenías el pelo azabache,
brillante hasta sin gomina,
caminabas presto,
yo llevaba dos trenzas
que me tiraban las mejillas.

Te gustaba Sinatra, te admiraba
porque cantabas en lengua desconocida,
también porque llevabas el estigma
del hermano mayor.

Así de simple, así de bueno,
caminábamos lentito por adolescencias ocres
de tanto sufrirlas.

No recuerdo cuando nos paramos en seco,
puede haber sido en aquella despedida
en el aeropuerto
con tanta guerra y tanto desaliento
tampoco me explico como los años
se nos fueron metiendo dentro.
Te examiné un día a través de mis intentos
de existencia exiliaria .
transformándote de golpe, la rabia desatada
te convertí en estatua perfumada de copihues,
te levanté en vilo y te sentí hasta las entrañas.

Tú eras el que cortó la leña
del bosque de eucaliptos,
que fabricó puentes para pasar
sobre el canal podrido,
el que cavó surcos y más surcos
en la tierra fértil y agrietada
con los terremotos del siglo.

Eras y no fuiste, hermano sudamericano.
Extraños en la noche,
inmensa noche en la que estoy perdida,
definitivamente lejos,
sin trinos de aves nuestras.
Nuestros trinos.
Hoy te vi… en la parcela. . .

SIMPLEMENTE

Mi madre no cocinaba en cacerolas de reina,
no picaba la cebolla en fuentes color de cielo,
mi madre fregaba tiestos en el canal de la huerta.
Sus manos se hacían rudas,
sus cabellos castaños, tiesos,
sus pasos lentos, seguros,
su voz y su llanto inciertos.

Mi madre no se vestía con encajes ni con sedas,
no se pintaba los labios ni se arreglaba las cejas,
mi madre no era doncella.
Muy temprano de mañana ella se levantaba
y alimentaba las aves, los perros y los cerdos.
Después, cargaba verduras
en sacos gruesos y obscuros,
caminaba largas cuadras,
tomaba una micro vieja
y le entregaba la carga al Chuma
para venderla en la Vega.

Ella arrastraba los pies
en chalas rotas y chuecas.
Mi madre nunca se puso
un collar de treinta perlas.

Con una entrega sincera
ella les sirvió un tecito
a soldados sin uniforme que allanaban
su morada.
Les mostró cada rincón
sin miedos ni desconfianza
mientras a golpes y hachazos
su pieza despedazaban.

Mi madre tomó un avión,
se fue para otros mundos,
no se sacó el delantal
y nunca una queja tuvo,
en otra lengua le hablaban,
la compraron, le vendieron,
entregó su existencia misma
a los hijos y a los nietos.

Mi madre volvió a su tierra
sin guantes de terciopelo,
volvió y se murió en seguida,
mi madre vivió el destierro.


Eliana Segura Vega (Santiago de Chile/Chile)

CALLA

¿Has sentido el estruendo
de tu quebrado mástil de sueños?
¿Has vivido ensangrentado
bajo el arriado pendón de las derrotas?
¿No has sentido que el dolor te embriaga como el vino?
¿Has visto en la fuga de tu anhelo
una llama quemando tu infinito?
¿Nunca el horizonte fue cadena para estrangular tu cielo?
¿No has mirado con lágrimas
cuando a tu esencia la arrastran los abismos?
Dime que nunca la negación del abandono
no apuntó a tu espíritu su andanada de pólvora.
Dime que nunca se hincó tu alma
para evitar el adiós de una partida
Dime que nunca el triunfo de la impotencia
dobló tus fuerzas y en la perdida batalla
quedó la cicatriz de tu esperanza
Dime que no conoces la vaguedad imprecisa de la tristeza
ni su gris panorama,
ni que jamás has escondido en tu pecho el tatuaje de las penas
Dime que nunca cabalgaste hacia la aurora
en el corcel de tus quimeras y que la noche te hizo reo
en su laberinto de sombras
Dime si no caminaste en recta la ilusión
y cuando estabas por cogerla
fue un espectro diluido entre la niebla
Dime si la vida no se ha ido entre cerradas puertas
en un menudo trajín de perdida búsqueda
¿Sabes algo de la agonía solitaria
cuando el eslabón que te unía a la existencia cortó su amarra?
Si sabes algo ¡calla! Porque entonces mi pena será mayor y subrayada
y no soy capaz de una suma de dolor tan alta

ANÓNIMO

Amigo genérico sin rostro
que no pudiste vestirte con la vida
viviste en la intemperie acechado
por temores y agonías
no tuviste tierra ni cielo en pertenencia
Con una venda y sin rebozo
pasó de largo el tiempo
y nadie se detuvo ante tu puerta
las calles te fueron prohibidas
te encerraste como reo voluntario
o convertiste en claustro
lo que eras por esencia
o quizá en tugurio o calabozo;
amigo sepultado por la vida
te quedó en suspenso el arca que traías
no supiste el metal de tu armadura
amordazaste el pensamiento ,
pusiste cadenas a tus ansias
no entendiste quién eras ni el misterio
todo fue encierro en tu memoria
te prestaron un espacio y unas horas ;
te explotaron la materia y el espíritu
en los extramuros de tu triste circunstancia;
no pudiste darte cuenta
no morirás mañana, haz ido muriendo
lentamente asfixiado por el miedo
torturado por mil vallas
muros como bóvedas se levantaron
desde antes que nacieras
enemigos que nunca conociste
te fueron tatuando el alma
con sutiles anestesias
te enredaron en su trama,
tus ojos, manos y pulmones
fueron peldaños
para que otros ascendieran
te quedaste orbitando periferias
venía ya inscrito en el fondo de tus células
ponte de bruces como rieles
viene un vagón, es la existencia
y ha recorrido siempre en tus espaldas
ten paciencia como el buey
que va tirando la carreta
sé la lluvia que multiplica flores
aunque sea irónico tienes forma humana
y eres necesario entre las sombras
si en el reparto de los bienes
tu nombre estaba ausente
si desconociste pigmentos y apellidos
y hasta el idioma te negó palabras bienhechoras
si tu pobreza fue la riqueza inexplorada
si te quedaste siempre en la matrícula
de las subterráneas madrigueras ;
quizá en lo insondable misterioso
esté tu recompensa

ABORTO EXISTENCIAL

Mover la voluntad
como marioneta articulada
por invisibles manos
no ejercita singulares vuelos ni albedríos ,
La luz apaga redentoras voces
atrapados potenciales extravían
en un dédalo de sombras.
Se pierden direcciones
y nunca establecemos propiedad
en el reino de los sueños.
Vamos zigzagueantes
por inhóspitos recodos
rodeando periferias ,probando acíbares y mieles
en epidermis engañosa
sin llegada a la drupa deseada
Volátiles auroras y vigilias
consumen su oquedad
de pretéritos y ahoras.
La joya que traemos archivada
se queda en las incógnitas.
Una señal mesiánica abruptamente dice :
¡basta!
y nos vamos desconocidos; sin palabras
con una alforja virginal en clave


PÁGINA 19 – CUENTO

EL LÍMITE

Por Delfina Acosta (Asunción/Paraguay)

Siempre que iba a la farmacia para comprar apósitos, aspirinas, violeta de genciana y aquellas medicinas menores con las que mantenía surtido mi botiquín, me solía hacer acompañar por Ogro; era dueño de un olfato mayúsculo.
Aquel día que comenzó a las nueve de la mañana, el tránsito estaba endemoniado. Lo noté al sacar la cara.
Ante aquella impaciencia de los autos por llevarse adelante los segundos que faltaban antes de que la luz de los semáforos cambiara de amarillo a rojo, decidí no llevar al animal. No fuera que tuviera que llorar su muerte, no fuera que el tiempo me transformara en una de esas mujeres de pelo mal teñido y peor peinado con la memoria de su perro en cualquier suspenso de una charla de señoras: “Ay, él sabía la hora en que los niños del colegio comunal se desbandaban en la calle, porque sacudía el portón de hierro con las patas y en vez de ladrar hacía una suerte de bocina con su boca. ¿Arte? Tal vez simple comedia. No lo sé.”
O: “Adivinaba el menú, carne roja a la parrilla o una presa de paleta de marrano, en mis ganas y en movimientos. Ningún marido se hubiera alegrado tanto como él, que empezaba a mover la cola; derecha, izquierda, derecha, izquierda, ah.... picarón...”
El farmacéutico, un hombre de ojeras profundas y permanente olor a alcanfor, hablaba por teléfono cuando llegué a su negocio poblado por vitrinas.
- ¿Aún no se lo encontró? Cierto es que la gente desaparece y aparece después de tres días..., pero... - lo escuché decir. Tenía la preocupación colgada del rostro.
Colgó el teléfono y se acercó a mí comentando: “Es el primer caso.”
- Pero es seguro que aparecerá - contesté sin saber de qué se trataba el asunto.
Usted sabe: la gente de la ciudad es así; uno apenas espera que termine de hablar el otro, para decir ya lo suyo; estamos apremiados por el afán de cerrar el habla a los demás con la primera estupidez que nos pica la cabeza. Y vamos de ¿me entendiste? a ¿qué decís?, de “no comprendo” a “no me estás oyendo” y cuanto más comentamos menos nos escuchamos y, por supuesto, menos nos entendemos; total que nadie escucha a nadie pero eso tampoco nos importa porque ya no podemos obrar de otra manera; el vértigo, una incomprensión animal se ha instalado en nuestras existencias. Ya no somos ciudad.
Cuando regresaba para la casa, vi un grupo de seis hombres; conversaban nerviosamente frente a un bar pintado con un color azul marino. Tres fumaban y los tres restantes no hacían caso del humo de los cigarrillos que sacaban lágrimas de sus ojos.
Me acerqué a los hombres haciendo como que intentaba ponerme a resguardo del viento sur.
-No, señores. Cándido ya debería haber regresado. Son más de las diez de la mañana - dijo el hombre de cuello largo, camisa arrugada y un sombrero panameño que le echaba una condición nocturna sobre el rostro. Se notaba el trato especial que ponía en sus palabras; aquella gente angustiada por la tardanza de Cándido buscaba el favor de la inteligencia para resolver el caso.
Yo sé de individuos que desaparecieron y volvieron a aparecer. Me estoy refiriendo a personas que dejaron el aseo de su casa, el plato de escarolas, de apios y de plantas oleaginosas, y la esposa de rostro sonrosado y de buenos modales, para ir tras las pisadas de aquellas mujeres fáciles de la brumosa zona portuaria; cuando ellas se sacaban la ropa frente al espejo de luna del ropero, era como si se desprendieran de todas sus alas de aves, hasta que sólo quedaba de sus figuras el pico largo y rojizo; picoteaban durante horas, días, semanas y meses el cuerpo purpurino de sus amantes, de aquellos maridos ajenos entonces perdidos. Demonios. Esas mujeres se alimentaban de sus bocas mientras hacían el amor. Y bueno..., cuando el vientre les crecía y sus senos se agrandaban goteando leche, se convertían en pájaros de torpe andar; caminaban pesadamente por la habitación, y su voz huraña sonaba, al caer la última claridad del crepúsculo, como graznidos de cuervos.
Los hombres, desesperados, horrorizados ante aquella situación que les causaba lástima y repulsión al mismo tiempo, retornaban tristes y desilusionados a sus casas. A sus esposas.
El grupo seguía charlando. Mencionaron varias veces la palabra límite.
Aquí debo hacer una aclaración en relación al límite: Hay una casa abandonada, pintada con color sepia, a donde vienen, cuando la lluvia es grande, buscando sitio para que sus fósforos no se apaguen, los mendigos. A diez metros de ella, aún se animan algunos niños a intentar una rayuela, una cola de cerdo, y algún juego propio de la perversidad de los pequeños.
Una niña albina suele marcar con tiza la figura del sol en el empedrado, que la lluvia pronto borra, hasta que ella vuelve a despejarlo usando crayolas de siete colores para pintar el arco iris.
Ahí termina la ciudad.
Y empieza el bosque.
En fin, los hombres de la ciudad formaron una cuadrilla.
- No queda más remedio que ir a buscarlo - dijo uno, que parecía hincar con el fuego de su cigarrillo el ánimo de los otros.
Y ellos se internaron en el sitio poblado de existencias ajenas. El viento cambió de dirección y un olor a comadrejas, a hojarasca de árboles de las más diversas especies, giró en el aire y dio un chillido de advertencia.
Los curiosos de la ciudad se quedaron en el límite, de cara a la oscuridad. Fumaban.
Pasaron tres días y tres noches.
La cuadrilla regresó cansada. Sólo pudieron encontrar el cuerpo de Cándido convertido en carne corrompida sobre un matorral; en sus cavidades parecían haber hecho nido las aves de carroña; algunas bestezuelas peleaban ferozmente por las vísceras. Eso fue lo que contaron.
Pero trajeron, colgado de un grueso alambre, el cuerpo todavía sangrante del lobo feroz abatido por los disparos de las escopetas. Eso sí.


PÁGINA 20 – ENSAYO

LAS DE CAÍN DE JOSÉ SARAMAGO

Por José M. Vallejo (Toronto-Ontario/Canadá)

A sus 87 años de edad, el Nóbel de la literatura, José Saramago, no pertenece al grupo de escritores que amparados en la fama se inclinan por los temas triviales o insubstanciales, tendencia, hoy en día, animada por la narrativa ligera y sesgada a la frivolidad, puesta en boga por Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa después de sus éxitos iniciales con la novela social. Cambio trágico y desafortunado donde prima el significado mercantilista de la producción literaria. De acuerdo a este enfoque divergente entre los literatos citados, vemos que en su reciente libro Caín, el profundo escritor portugués vuelve a cogerse de la Biblia y de la religión para mostrarse irónico, impío y mordaz, todo ello en consonancia a su declarado ateísmo practicante.
La versión bíblica del asesinato de Abel por parte de su hermano Caín, ambos habiendo ofrecido a Dios lo mejor de su realización, en el caso del muerto las mejores crías de sus ovejas y en el del fratricida los mejores frutos de sus cosechas, es llevada magistralmente al ridículo. Se explota ahí al máximo el absurdo de una concepción de resentimiento celoso, de enojo superfluo, hasta llegar a la envidia criminal. La preferencia de Dios por Abel, sin motivo aparente, contra Caín es aprovechada en la narración con la finalidad de demostrar que el justo Señor, el ser supremo de la bondad, de la equidad y la rectitud, no era de fiarse. Pero el fondo del asunto es, como en el caso de Adán y Eva, la desobediencia y el castigo correspondiente, esencia desde el principio de una domesticación del ser humano a través de un poder abstracto omnipresente representado por Dios y por extensión por la iglesia y la jerarquía eclesiástica, los representantes divinos en la tierra. En tales circunstancias, Saramago, rescata a Caín de los castigos celestiales, en tanto acusa a ese Dios bíblico como el autor intelectual del crimen cometido.
No es la primera vez, ya hace una veintena de años, el Nóbel portugués se ingenió un ataque a la religión cristiana, madre ideológica del mundo occidental, a través de su muy discutido libro “El Evangelio según Jesucristo,” cosa que le valió la censura de los católicos y un veto del gobierno de su país para competir en el Premio Europeo de Literatura. La insistencia en el tema religioso, primero, mediante un punto de vista irónico de los evangelios de Marcos, Mateo, Juan y Lucas (Nuevo Testamento) y ahora utilizando a Caín para traerse abajo el Antiguo Testamento de los judíos y libro sagrado de los cristianos como referencia histórica, persigue, no cabe duda, la desmitificación de la Biblia. Las definiciones de Dios, el demonio, la dicotomía entre el bien y el mal, y sus consecuencias de pecados y perdones, de glorias purificadas y fuegos eternos, son temas tratados en función del dominio ideológico. Temas inventados por los hombres, asevera el escritor Saramago y por consiguiente, despojados de toda divinidad, son manejados humanamente hasta demostrar la existencia de una acumulación de absurdos. En realidad, inventando milagros nuevos y profecías, ridiculizando los mensajes y los salmos, las negociaciones entre Dios y el Diablo o entre el hombre y el diablo como el pacto de Mefistófeles con el doctor Fausto en la obra del poeta Goethe; y observando de manera natural que fue María Magdalena quien desvirgó a Jesús de Nazareth, Saramago se engolosina literariamente con la fantasía, la imaginación, el sueño y la invención.
Especialista en los escenarios fantásticos, descritos en largas sentencias, estilo torrencial de cierta manera vocalizado, José Saramago explota casi siempre una perspectiva subversiva acerca de los eventos históricos y contra el orden establecido. A los temas polémicos, el día a día de la humanidad, con un lenguaje sencillo como el utilizado en sus libros “El año de la muerte de Ricardo Reis,” “La balsa de Piedra,” “Ensayo sobre la Ceguera,” “Ensayo sobre la Lucidez,” “El Viaje del Elefante” entre otras obras célebres, se suma el tema religioso. Y precisamente con su nuevo libro Caín trata de despojarle a la Biblia el carácter de abecedario sagrado, más aún cuando la mayoría, sin haberla leído, la acepta como palabra divina o la voz de Dios. Esta intención de desmitificación bíblica subsiste con ironía y humor a lo largo de la narrativa, tal si fuera un complemento necesario de la visión escéptica postulada en “Los evangelios según Jesucristo.”
Para el escritor lusitano desmitificar a la Biblia no constituye una tarea difícil. El ingenio en el manejo de la sátira cumple con creces la tarea impuesta, pues se comienza y se termina con una secuencia de descubrimientos de situaciones absurdas, donde la recurrencia a Dios a fin de explicar lo inexplicable resulta risible cuando desaparece la lógica del razonamiento elemental y se le reemplaza por el dogma con la finalidad de exponer la fantasía como realidad aceptable. La secuencia de descubrimientos, en cuyos relatos simples destaca lo absurdo y fantasmagórico, se aproxima a la concepción de lo “real maravilloso” perteneciente al escritor cubano Alejo Carpentier. La Biblia a fin de cuentas termina sin línea demarcatoria entre lo real y lo fantástico, en una atmósfera surrealista donde lo supernatural es de representación absolutista y no resulta divulgada como cuestionable.
En estos tiempos de mezcolanza sincrética entre lo pagano y lo religioso, cuando la Navidad ya no pertenece sólo a los cristianos sino se hizo universal y por ejemplo, en Norteamérica, es la más grande fiesta mercantil y comercial habida, con sus luces de colores, pintorescos árboles adornados de regalos, Santa Claus y trineos musicales, Caín ante el olvido de que esta fiesta se debe al nacimiento de Jesús y no a la parafernalia del consumismo desenfrenado, resulta un libro creyente mirando el nuevo mundo que se avecina. Ya tenemos también un avance en este camino con las difundidas novelas de Harry Potter, donde se destaca un mundo sin iglesias, sin cleros ni fe religiosa. La Biblia desmitificada parece ser la búsqueda de Saramago, más todavía cuando ridiculiza los textos asombrosos y los hechos extraordinarios, imbuidos de fantasía en su totalidad, presentados como sucesos concretos ocurridos en el tiempo y el espacio. Rechazo, en realidad, a la creación de un grupo de hombres de inventiva, cuyas versiones mágicas en la mayoría de sus aspectos sirven a un propósito: el ejercer dominio sobre los hombres no pensantes. Se valen de esta manera de los misterios de la existencia misma, rodeados de información elaborada con el fin primordial de impartir la dominación mental.
Saramago en Caín no explica su ateismo, se vale de él para tratar de explicarse irónicamente por qué la gran mayoría es creyente sin importarle el ridículo de aceptar absurdos extravagantes, además sin darse la oportunidad de explicarse lo desconocido. El escritor toma distancia punzante y mordaz respecto a la fantasía y lo mágico, puesto que lo supernatural bíblico no se explica sino se acepta por venir de Dios. De ahí que, el Nóbel de la literatura convierte a la Biblia, por segunda vez, en una especie de novela “mágico realista” escrita por muchos autores sin acuerdo entre ellos, una obra digna de los cuentos infantiles por la simpleza de sus inverosímiles argumentos.


PÁGINA 21 – CUENTO

SILENCIO ILUMINADO

Por Pablo Mora (San Cristóbal-Táchira/Venezuela)

¿Acaso seria del cielo silencioso de invierno
de quien aprendí los largos silencios iluminados?
Federico Nietzsche

Al silencio se le oye gritar en la montaña. Basta con saber de la naturaleza alpina o haber pulsado el diapasón del Ande, para corroborar el reino del silencio, su hospedaje, fundos, predios, enigmas, solarajes. El señuelo de la poesía se funda en el silencio a modo de pensar oculto, secreto, escondido en el más alto sueño. Espectáculo enervante, entre nosotros, como en cualquier rincón alpino, oír el amanecer camino del Zumbador. Palpar la hora en la que el verdoso silencio se despierta, en la que, desperezada, el alba levanta los susurros al viento. El silencio mordido por las ranas semeja garzas pintadas de lunitas verdes. Engrifado el prado, se erizan cielo y animal en manos del sol que se despierta. Entonces el silencio iluminado comienza a platicar. De par en par en manos de la luz, el hombre inicia su trajín. Frío, silencio, altura, en reto permanente, ante la dulzura musical que alcor, presagio, empeño, alumbra.
En esa hora matinal, desprendida de la paz albada, pareciera que el hombre tomase el pulso al mundo. En silenciosa ligereza alada, donde la suprema levedad oficia, en vuelo el hombre, confiado, retorna, se apresura, se dispone, se entrega, se eterniza. La suerte de la tierra virilmente recae en el hombre. Profundamente altos, los Alpes y los Andes de codo con el hombre fraguan el azul en cósmica entrega permanente. Entonces, el hombre se abre a la palabra, la levanta, la enarbola entre su huerta. Blandiendo diapasones subversivos, la lleva hasta la cima, la despliega, asegurando la militancia plena por la belleza y la verdad del sueño. Hombre y suelo en aspas transformados, cimientan la esperanza, en oronda libertad fundada.
Apoyada sobre el hombre, de pie, proveniente de la larga noche insomne, la palabra —forma de vida, asombro deshojado— pasa a ser compromiso, riesgo, santo y seña; desafío, soplo, aire, poder de creación; rayo, sol, susurro de semilla, fluir inagotable del murmullo; génesis, memoria vegetal, larga sombra de cópula y prodigio; el vientre de las flores anunciando el suspiro de los soles; el silencio hospedado en la cascada o el anafre. Palabra y poesía y silencio. Al principio fue el silencio. El mismo aliento que al principio fue. Silencio del silencio del silencio.
Empieza por abrir la soledad. Por escuchar el día y sus afanes. Sigamos al arroyo en su silencio. Convéncete del viaje hacia la sombra. Que vuelvan los caminos a encontrarse. Vayamos al misterio como el río. Fijemos a los sueños su mirada a lomo de coraje y de esperanza. Zumbe el silencio mientras hombre viva. Ilumine el silencio todo sueño.
Sobre la polvareda de los sueños, entre borrasca, grito y alborada, locura al cinto, en lucha con su pena, andando, andando, andando, andando, andando, por obra y gracia del asombro el hombre, resistiendo en la tierra de la noche como un árbol al pie de la tormenta, silencio a la intemperie, al descubierto, insomne, terminal, asombro insomne. El más airado grito de la tierra. El más largo silencio iluminado.

PÁGINA 22 – POESÍA AMERICANA


Gildardo Isidro Gutiérrez Isaza (Antioquía/Colombia)

SOLITARIA DE LAS SOMBRAS

Valle de lágrimas en tu piel,
rostro curtido por el desamparo de las noches en vuelo,
como azucenas marchitas, blancas, mustias palabras de viento.
Anidas en la hondonada del silencio, eco fugaz de tu lamento.

Mas allá de tus sueños: ¡La muerte!,
mas allá de la vida: ¡El dolor!
Eres crepúsculo que muere en las calles,
eres almíbar al pordiosero.
Solitaria de la sombras, sombra de la afonía
caminas de noche y duermes de día.

Collado de soledad en tu rostro, ojos tristes,
ropa sucia, cabalgas en la armonía de la lluvia,
bajo la cúspide de tu desconsuelo.
Cabalgas como libélula herida por las alcantarillas.

Peregrina y solitaria, vas en busca de un basurero.
Comida vinagre, mar de insectos,
plegaria de gritos,
arcano que se funde contra tu pecho.
Vistes de nada y la nada es tu sustento.
Mas allá de tus labios,
un sonido débil y lastimero.

POR AHORA, SOLO POR AHORA

Mariposas negras que desangran la noche,
ladridos de campanas cuando llegas al alba.
¿Dónde estas halito de la mañana?
Constelación de las sombras,
que me empuja a vivir,
hendidura de fuego sobre mis manos mojadas.

Escorpión sin veneno,
fuego al fuego, viento al viento.
Toma mi mano de luciérnagas dormidas
y busquemos el refugio de las lágrimas doradas.

Huyamos como gaviotas heridas
al desierto de luceros, a la planicie de guirnaldas.
Aquí en este instante quiero tallar la memoria,
dejar escrito sobre tu piel como legado de historias,
que te amo corriente de brisa altiva.

Dentro de mi alma como el viento se lleva el día,
tu te iras una mañana....
Por ahora, solo por ahora
quiero beber de tus labios las gotas del rocío

INDÓMITO FUEGO DE LA ALBORADA

Poeta, cóndor de la mañana altiva,
luz de cielo,
tu palabra:
¡Hoja que se rasga bajo mis pies!

Indómito fuego de la alborada,
háblame con sencillas palabras.
Muéstrame el brillo de los planetas,
la tibieza de la heredad,
el color de los senderos.

Frontera azul de mi espejismo,
mientras haya un solo hombre sobre la tierra,
la palabra será mi sustento.

Espíritu en llamas, profundidad de mi elegía,
magma de palabras subyugadas al dolor
de la humanidad.

Háblame hermano poeta,
jabalí que rompe la espesura
de las tardes de invierno.
Levanta el vuelo ave peregrina,
amárrame con tu sangre de geiser.

Pirámide de los desiertos que miras el horizonte,
servidumbre de mi cuerpo, cuando alimentas mi espíritu
con la luz de vuestro fuego:
¡Palabras talladas, palabras escritas!

Grandes fonemas que me hablan del firmamento,
de la rosa de cristal, del pétalo de viento.
Gime la tierra en su epicentro cuando levantas tu voz:
¡Tea fulgurante de la verdad!
Crujen mis labios en el candil de tu pebetero,
Abismo peregrino de mi silencio.

MUJER

De entre los crepúsculos te has levantado,
Emergido como un volcán.
Rasgando la estepa de la noche,
Desatando las cadenas de la tradición,
Has avanzado, paso a paso.

En tu mirada el terror de la muerte ha desaparecido,
Una nueva luz brilla.
En tus labios el poema libertario,
La palabra nueva, la palabra viva,
El linaje de la tierra que ruge.

Has marcado la senda del olvido con tus lágrimas,
Has derribado las fronteras del oscurantismo con tus ideas.
Enfrentado el miedo de los siglos,
La barbarie, el desprecio, te has erigido;
Eres tú la nueva sangre.

Tu nombre: MUJER
Sol del Oriente, cúspide de Occidente,
Mar en furia del Norte, Ríos del Sur...
Mujer claman tus hijos, tus semillas se extienden,
Brotan los luceros de la noche en tu vientre
Y tu voz es conciencia del hombre,
¡La nueva historia!

En honor a todas mujeres del mundo que se han atrevido a pensar y en especial a: Julia del Prado, Liliana Varela, Norma Segades y mis hijas


Francisco Azuela (La Paz/Bolivia)

EL TREN DE FUEGO

¿Quién camina poeta sobre tus lágrimas?

LÁGRIMA UNO

Lleno de sauces el tiempo echa su llanto y su asma;
viejo y tullido echa su cárcel de árboles sobre el mundo,
su tierra de metal y de hambre eléctrica.

El tren lleva el nombre de una estación que nadie sabe,
la piel de cacto emana sangre de muertos
con una nueva especie de dolor.

El cementerio se enraíza,
pinta pálidos en la cara,
el pozo dejó salir el agua;
tumbas sin muertos,
esqueletos sin hueso,
tierra de asentamiento amplio,
largo,
hondo.

Ya saben por qué todos los días
alguien se lleva algo de humano
en la leyenda de las hondas lastimaduras.

LÁGRIMA DOS

Era un tren de fuego,
extraño,
legendario,
medidor del frío,
detenido en el sismo;
invierno viejo,
grande de tiempo,
cansado,
donde todos los olores
llevan el ritmo de una esencia desgastada.

Cómo llovía esa vez,
el Reconocedor se echó a dormir,
castigador de hierba,
cadáver recobrado en sus aptitudes,
manchador de agua.

Alguien dijo que la música de los caracoles era perpetua,
el eco,
cuerpo gemidor de almas.

La tierra se ha llenado de arrugas,
el agua hará su revolución,
visitadora de espacios.

El cántaro es un tiempo aglomerado de brujerías,
suspendido del aire,
abofeteador;
no hay vacío en el cántaro,
atrapador de los ruidos;
el día que el nicho sea abandonado por sus rumores,
¿quién podrá resistir la manifestación de claves
aún no descifradas?

La filosofía se cientifíca con la nostalgia de otros dolores,
vieja cárcel de hambre
donde el olor de flores dejó el camino del espíritu.

Si el frío viniera a la intensidad del fuego
y el Tren siguiera el murmullo de las quejas
como oidor de solitarios,
cuya única herencia en horas
depende del motor y el carbón de lumbre.

Si fuera recogiendo lo roto y llorado,
lo amargo,
lo infierno;
si recogiera la viudez de la gente,
de la tierra,
del polvo;
ceniza y pájaro carpintero ya fallecido,
el silbido de fuego llegaría a las ciudades de nieve
y el frío volvería a su antes.

LÁGRIMA TRES

Tren de fuego:
pájaro de ala humana injertada de piel,
asoleadora de agua y sal,
nave rompedora de arcos
donde la cicatriz es llamarada de frío.

Algún demonio ha llegado tarde,
triste clepsidra.

El Tren ensancha sus costillas,
rueda sobre dientes de hilo en hojas de pedernal,
la ciega estación se paraliza de soles jóvenes,
ángeles destronados en la guerra.

¿El demonio se dulcifica?,
tirador de astros,
plantas,
árboles,
golpeador trampero del viento;
desvirgador,
violador de espacios.

LÁGRIMA CUATRO

El mar abrió sus conchas
donde el sol vomita sus espumas de rabia
y una estrella copula su virginidad
con luces de agua silenciosa.

Se hace la penetración
en la casa desvestida de espejos;
ventanas maternales de luz,
difunto tendido sobre el suelo,
el blasfemo termina la ceremonia cargando el ataúd,
cadáver largo y frío sobre la copa de los árboles;
injertador de ramas en la casa,
hueco de manga ancha,
oculta electricidad de murciélagos,
prisión de ojos.

El tejado manda su agua,
los animales manchan sus alas
con el color de piel que se hincha de aire.

Trotador caballo de cascos,
los caracoles expulsan sus sueños,
gusano de seda,
castillo de fosas.

LÁGRIMA CINCO

Inventor de mentiras,
embustero demonio trampero del viento,
trepado en el pico de un pájaro de nieve encendida,
quemador de alas de ángel desnudo de astros,
rama y perro,
mordedores de viejos molinos.

Se putrefactan rancios jinetes,
cabalgaduras de hueso colorado,
la mejilla recobra su río de sangre como un eco,
fusil parador de disparos.

LÁGRIMA SEIS

Alguien ha venido a preguntar por sus ojos,
del tiempo de sus ojos,
tránsito largo en una región de hambre.

Le dijeron:
no despiertes al tigre,
no es bueno despertarlo,
¿qué iba a entender sus pecados de soledad?,
amigo de sombras,
largos cuervos pestilentes.

LÁGRIMA SIETE

Pomona se apareció con sus árboles rotos y fríos
de vientos desechos en ruinas.

Comedor de raicillas blancas,
aves enfermas,
locomotora manca y vieja pule los rieles.

Le dijo al ángel que dejaba la casa,
anochecía en sus dientes
el recuerdo de otra estación,
hierba transplantada en los intestinos,
manchas de azufre,
hormiga y grillos de arena.

Se llenaron los pies de camino
y sal de música intoxicada;
largas carreteras,
angostas y curvas;
con la vista vuelta hacia atrás.

El tigre seguía en el cerebro,
matador de carne.

París, 1975.

Hugo Mayo (Manta/Ecuador)
Nuestro agradecimiento a Fredy Ayala

ASI ESCRIBIÓ EL SILENCIO

1
Lavo la cruz y su dolor
grito de la tierra amaneciendo

2
Si silban los misterios
y al oído sólo va el secreto
Si el sobresalto atisba
ternura y música del viento
Si es cosa del crepúsculo
el incendio del poema
Si otro cielo se fatiga
¿dónde los ojos que se inquietan?

3
Cerrada angustia de la nada
Ardor esclavo que se apaga

4
I sólo las campanas del otoño
pagana voz alucinante
Rapto del trébol cuadrinomio
y fuego de los astros

NOCHE EN EL ESPACIO

La palabra que se busca
en el grito de los astros
En la esquina arrepentida
y siempre en el oro
que destila obscuro
Reuma del remolino
en la nebulosidad
Ser el lucero empalizado
pero ser el insatisfecho
de la época
sin la respuesta del día
que amontonó las aguas

DISCO RESCATADO

Paraíso de la piedra y viento ausente
Trozo de risa
Vástago del fuego en la cosecha
Aire de vida y culpa de los días
Miedo de la esperanza
y del pez con tatuajes
Ya el traje de los siglos
vistiendo los misterios
Siempre el sacrificio de los mástiles
que han caído
Lejanía y funeral
de Cristo en las llamas
Un parque de desnudos
y un tronido palpitante

LA SEGUNDA MIRADA DE DIOS

Estoy en la segunda mirada de Dios
como columpio meciéndose en las nubes
I no sé pero pregunto
¿por qué hay amor en el pecado?
Enfilo hacia los substantivos de las formas
y me quedo al son de noches buenas
Puede estar la palabra que apuñala
en la sombra del grito sin pañales
Malparo la alegría
y el deflagrar en cuarentena
Mano que a veces duda
Dios con una danza de sonajas
es lacónico en la lágrima

HERIDA DE CINCO SILABAS

El silencio en orfandad
y el sueño de un poema
Tal vez la palabra
del agua y su locura
Herida de cinco sílabas
en el lenguaje del que muere
Resurrección que lava la promesa
de una extraña presencia
Vado que brinda el río
Cosecante de reflujos

CARAMBOLA DE NUDOS

Doy el perdón azul
y corto los ríos sin agua
De eso que acaso somos
la media luna
y el arca de lo apoteósico
Vida con pies intrusos
y el dibujo del diablo
en la cena quimera
A veces disparo fuego
Borro las ecuaciones de un tiroteo
y espero sepulturero
que llegue el alba
I me santiguo
quiromancia sin fecha
Tarde adentro
carambola de nudos
y una entrena del miedo

LO DESNUDO DE LA VIDA

Seamos igual al reloj
de las horas sonámbulas
Ese reloj sería de acostarlo
en la calle infinita
y ver desde afuera
cómo los minutos
regresan a su primera soledad
Pero los ritmos se acoplan
al primer paso del olvido
Los días lloran
por su cielo de pájaros mendigos
Lo desnudo de la vida
viste la infancia
de la atada muerte
Ni por soñación las pérgolas
en los columpios del amor

LUCIÉRNAGAS EN LA HOGUERA

1
Repito mil veces el extraño sonido
de la trompeta arrepentida
y sigo cargando mi derrota
Me siento herido

2
La imagen de la espera
tiene su ausencia
en el exilio de la aurora

3
Sólo mi sombra
puede negarme cuando dudo

4
¿Por qué la vigilancia del sol
en la mañana del paraíso?

5
Tal vez la luz tiene derecho
a entregarse desnuda

6
Sobre el golpe del sacrificio
ya el hundimiento de la verdad
I nos preguntamos
¿Qué somos en la muerte?

7
Aquella palabra que no tuvo comienzo
se resiste en la vida
Guárdala en tu joyero de luceros

8
Cómo es urgente
el silencio de las cosas
cuando la noche se siente encinta

9
Piensa que el regreso de la noche
puede negarte
Prepárate nos vamos en un segundo no marcado

10
Se desjuga la aurora congelada
La espada prometida ahogando su deseo

11
La vida busca un puñal de espera
Detente como el hijo que no nace

12
La estrella que duerme sin saberlo
copió la risa del viento saetero
pero despierta en el insólito momento

13
Amarro mis pasos
porque pienso en el grito
de los nueve espantos
Sin embargo me entrego
en el axioma de lo incierto

14
Oigo caer la soledad del cielo
y el viento se avergüenza

15
¡Oh! Misterio de la sensitiva
No la toques

CON LA LUNA DIBUJADA

Con la luna dibujada
y los pies del perro
Con el viento en forma de un batículo
Con el esqueleto del veneno
y la canción de la ceguera
Con el que se precipita
y esconde el ojo
Con la tromba que asfixió
el desembarco
A veces distante del que huye
fruto de las antiguas ruinas

PESADILLA DEL FUSILADO

Había el relente
sobre la noche del desprecio
Absurdo secar el nombre del olvido
en el cielo de un nuevo sacramento
Esa intentona de escalar la vida
Aquel simulacro de apagar los ojos
¡Poner los pies en el infierno!

LOS OBSCUROS PASOS

Otra vez el pie desnudo
y algo voz sin pie
El pie curvo del día
El de sol que nos tropieza
Cuántas veces malévolos
pies del nunca recuerdo
Cansancio y necedad
en el que pisa
Lo que nunca vimos
cortado pie tuyo
Pie de lo inesperado
hundiéndose
Pie tal vez de otro
¿Qué puede pie de la sombra
en la aurora que bosteza?

COPIO EL OJO DEL TIEMPO

Copio el ojo del tiempo
El perdido en el baptisterio
Ya Dios en brazos de la angustia
y los pies de hielo en espera
Semitotal que busca el tabernáculo
y acaso un espinar de piel mojada
Lo inacabado que revienta
Hasta la palidez de un ruido
y el desmayo del viento que ha cegado

NOSTALGIA TIENE EL VERSO AZUL

Nostalgia tiene el verso azul
que nunca escribo
En los sumandos sepultados
trinos de alondras estalladas
Del zarzagán cuando regresa
apenas su inocencia
Resquicios hay de viejo amor
contra su espalda sibilina
I es secreto en pleno plagio
el agua que regresa sin domingo
Me invito a setenar en la resiembra
Que a Dios en su escondite
lo tropieza la luz extraordinaria


PÁGINA 23 – CUENTO

BREVE RELATO DE UNA LARGA TRAMA

Por Tania Alegría (Lisboa/Portugal)

Contemplaba su entierro con el pesar de quien se hubiese muerto sin querer.
No obstante, la muerte había sido una elección consciente.
Eso fue lo que me contó con los ojos empañados por las lágrimas, lo que hizo que esta vez le creyera inmediatamente. A los grandes novelistas hay que darles siempre el beneficio de la mentira.
Por resumir la historia relató que en un día de hastío, delante de la pantalla, decidió protagonizar a uno de sus personajes. No uno cualquiera sino su favorito, aquel que no tenía antagonista, por lo que consideraba esa novela un primor del realismo posmoderno. Es decir, no tenía un personaje físico como antagonista, el conflicto era garantizado por el arduo empeño del personaje principal en su ideal de libertad, igualdad y fraternidad, por decirlo de algún modo, puesto que consideró innecesario innovar en una fórmula consagrada.
Fue así como se presentó, paladín de los desahuciados, defensor de los obreros oprimidos, de los campesinos expoliados, de aquellos que padecían el hambre y carecían de justicia, todo expuesto con la exuberancia de su inventiva y la brillantez de su expresión en prosa narrativa y en poesía, sobre todo en poesía. Porque entonces se enteró de que además de su talento para la escritura creativa se expresaba con fulgor en pulcros versos, lo que despertaba una mezcla de adoración y envidia en los demás poetas y pseudo poetas que se reunían a su alrededor, suspirando unos y otros por la gracia de un comentario suyo, una palabra al menos, aunque se limitase a la dádiva de un insulto. Todo era mejor que soportar la hiel de su indiferencia porque a su alrededor giraban los planetas. Héroe de todas las batallas, hizo brotar la ferviente admiración de los varones y la pasión desvariada de las hembras. A todos y todas retribuía con igual generosidad poética y literaria.
Yo le escuchaba con interés y sin demasiada sorpresa porque conocía su talento y lo sabia capaz de tales hechos incluso en la vida real, más aún en el borrascoso ambiente de las virtualidades. Estaba a punto de aplaudir la originalidad de su presencia en el escenario virtual cuando me confesó que pese al éxito en el desempeño del personaje que él mismo había creado, hubo un momento en que la novela terminaba y no tenía cómo mantenerlo vivo después de la irremediable vuelta de la última página del libro. Por eso decidió morir.
Como el autor experimentado que era en esgrimir la pluma para dar vida, se esmeró en los entresijos de su muerte, de manera que se murió en gloria y pena. Gloria suya, pena para los demás que verdaderamente le estimaban, sobre todo para los que le habían elegido como blanco de las desenfrenadas devociones que suelen poblar las soledades virtuales. Dejó viuda, sin su ingenio y arte, a la larga multitud de sus afectos.
Fueron meses de duelo y condolencias, durante los cuales asistió con el alma plagada de compasión al sufrimiento que su ausencia causó en los seres que le eran queridos, compañeros, amigos y amantes. Con agradable sorpresa vio que desenterraban de los baúles de la memoria y del disco duro, relatos, cuentos, novelas y poemas que nunca había escrito, por dar continuidad a su existencia virtual y consolarse del abismo de la pérdida.
Había tenido el cuidado de dejar presente una heredera, personaje secundario de opacos contornos a él unida por lazos familiares confusos, destinada a preservar la herencia cultural y la influencia en los destinos de la trama a la cual ya no pertenecía.
Sin embargo, conforme explicó, la frágil tela del enredo sin el soporte de su presencia tendía a transformar una novela de personaje en una novela de episodio –o de espacios, aclaró citando Wolfgang Kaiser– debido a la dificultad de encaje en un género híbrido con contornos difusos, agravada por la ausencia del estrato fundamental que su protagonista representaba.
Poco a poco la satisfacción de saberse indispensable a la correcta perspectiva del cristal semiótico se fue transformando en pena de sí mismo, al leerse y sentirse tan amado y tan muerto, hasta que no pudo soportar el sentimiento punzante de que se echaba de menos de manera atroz.
Resucitó.
En ese punto del relato debo haber fruncido el ceño y arqueado las cejas mostrando mi resistencia a aceptar como verosímil la secuencia de los acontecimientos, porque se apresuró a explicarme –mientras encendía nerviosamente un cigarro en la colilla del que acababa de fumar– que no resucitó con el mismo personaje, sino con un personaje secundario. De la misma novela, me aclaró enseguida.
De manera que el nuevo protagonista fue presentado de modo que encajase perfectamente en el sustrato de la trama: era un amigo, casi un hermano, extraído de las páginas de donde había surgido el primitivo héroe, ahora muerto a los efectos de las realidades que había creado, pero vivo en la memoria de los que lo amaban y en las lucubraciones del narrador-protagonista, en el presente miserablemente reducido a tercera persona del singular. Antes así que muerto, concluyó.
La subtrama de transformación del personaje secundario le sumergió en un feroz desasosiego. Pálida imagen del protagonista principal, papel de calco del talante que ya no podía exhibir, faltaba genio al héroe privado de los referentes culturales de su arquetipo.
Casi no duermo de pensarlo, confesó. Ya me había percatado, por el temblor de sus dedos amarillentos por la nicotina, la inquietud de sus gestos, y una mueca que no le conocía, que a ratos le encogía la boca para el lado izquierdo en tirones sucesivos. Quise saber porqué no transformaba al personaje en alguien con quien se identificase plenamente. Respondió que no era posible: los seres que creamos tienen vida propia, aclaró.
Para más, los admiradores que habían mantenido viva la llama de la participación del muerto –en cuanto vivo– bajo la incandescente luz de los reflectores, tampoco se identificaron con el nuevo protagonista, hubo un quiebre del pacto de credibilidad entre autor y lector, de manera que poco a poco se alejaron, desaparecieron en la bruma virtual, dejando el intérprete a merced de transeúntes cuya permanencia de corta duración no bastaba para garantizar la curva ascendente del arco de transformación del personaje.
En suma: era infeliz. Sin capacidad de reafirmar o desestimar el espectro de su creación que tanteaba a ciegas entre lo irrelevante y lo esencial, en el presente se encontraba en un callejón sin salida.
Ése fue el breve relato que me hizo de lo que evidentemente era una larga historia. No disponía de tiempo para proseguir la conversación de manera que pagué la cuenta y salimos, no sin que hubiera notado que por primera vez no hizo mención de pagar o dividir el importe, tan sumergido se encontraba en el dilema que le consumía la existencia.
En la puerta nos despedimos. Bajó el ala del sombrero sobre la frente y levantó el cuello del sobretodo negro, a la vez que miraba furtivamente a ambos lados de la calle. Le vi alejarse en actitud solapada, caminando pegado a la pared, las manos en los bolsillos, los hombros encorvados, la cabeza inclinada, el mentón casi metido en el pecho, como si buscara pasar inadvertido entre la gente, anticipadamente juzgado por sí mismo y declarado culpable ante el juez de su consciencia.
En aquel momento tuve el vislumbre, casi certeza, de que otra vez había decidido asesinar al personaje.


PÁGINA 24 – ENSAYO

LA POESÍA Y EL HOMBRE, UN ENSAYO ETERNO

Por Héctor Berenguer (Rosario-Santa Fe/Argentina)

El hombre atareado y enajenado en la maquina civilizadora pierde sus vínculos con la tierra para recuperarlos en la forma del dominio y la manipulación ejercida sobre ella. Un río por ejemplo, no es un don sagrado sino la materia prima para extraer de ella la energía hidráulica. Cuando el hombre habita poéticamente la tierra participa de sus milagros, de su cotidiana donación; mientras que el llamado hombre pragmático, es quien se ha sustraído y separado de ella, para habitar en una realidad cada vez mas abstracta engendrada por la máquina civilizadora. Ese hombre pragmático que se atribuye la condición de realista, ha perdido ya hace tiempo "la noción de lo sagrado". Ejerce su señorío creyendo que es el quien lo gobierna. En su lugar instaura un YO SOY y un YO CONTROLO, vacío e insustancial, testimonio del poder bajo el cual ha caído y que gracias a la ignorancia que lo preserva se hace en él su incondicional súbdito.
Es hora de arrancar a la vida de la camisa de fuerza del determinismo social imperante, de activar en el artista otra mirada más cercana a las fuentes de la vida y no sus incontables fragmentaciones, esa libertad del artista ente su obra debería vincularlo con la noción nietzscheana hoy olvidada de: "Quiero ser el poeta de mi propia vida".
Para Nietzsche la "naturaleza" está vinculada estrechamente al hombre y juega el juego del mundo al estilo heraclitiano, la naturaleza forma figuras y las rompe, es un incesante proceso creador en el que triunfa lo vital, pleno de su intrínseco poderío y no lo adaptado. Sobrevivir no significa ningún triunfo que no sea la duración sin riesgo al estilo de los perdurables ostracodermas refugiados perpetuamente en sus caparazones. Vivir es "otra cosa", es generosidad, es derroche en expansión y esta visión es también una estética de lo político, que le proporciona al arte y al artista un proceso curativo y regenerador. Si el arte y la naturaleza no concuerdan entre sí "tanto peor para la naturaleza y para el hombre que también es naturaleza" Y se nutren mutuamente. El arte es jubileo y esta muy claro que la vida engendra diversidad de formas y múltiples constantes. Esta riqueza exime de mayores consideraciones. Los términos a los que deseo llegar son compatibles con incorporar las imágenes poéticas como "material numinoso" para una visión de la vida mas amplia, mas afín al sentido del hombre. Este acontecimiento al que se lo define, como cambio de perspectiva de las cosas, es una "cuestión de ascenso vital".
Comprender en poesía, es "fluidificar el ámbito del entendimiento y la imaginación". Esto es fundamental, y es la única posibilidad de reiterar la vigencia de las vivencias humanas y de su albedrío sobre la inexorable caducidad del tiempo, un intento amoroso de conservar los infinitos rostros de lo viviente. La poesía puede ayudar a vivir no a través de sutiles y extrañísimos merodeos sino en la humilde acción cotidiana, aportando esas ricas imágenes que mas tardes serán: "objetos concretos dentro del imaginario colectivo" o soluciones a zonas paradojales a las que no tienen acceso otras áreas del conocimiento. Sin el entendimiento de lo paradojal "dentro del mundo" no tiene sentido la vida toda. Es necesario como lo pensó el surrealismo en su momento, reconquistar en el hombre "el derecho a la imaginación". Podemos crear para distanciarnos de toda apropiación, solo nos quedará la extrañeza de la ruptura. Crear para dejar atrás la obra de la que nos distanciamos, recreándonos en otra, es a la vez, nuestra enfermedad y nuestra salud. Una forma a la que aspira la poesía es transmutación en la alquimia de la palabra. Ya que los sucesos nos rondan en constantes permutaciones, como los astros, como los sueños, la realidad esta hecha de esos materiales cambiantes e indefinibles.
Es necesario restaurar al hombre dentro del marco de su propia naturaleza alienada del mundo por su propia "mismidad" y con su incomprensión de las circunstancias inéditas que vivimos. Así lo agradecerá "el todo del cual somos parte" cuando con nuestra entrega estemos contribuyendo a "estabilizar la vacilante oscuridad de la creación", que en mucho depende de nosotros "los más evanescentes". No debemos extinguirnos dentro de nosotros mismos, dentro de la esclavitud del "ego" que tanto nos sofoca. Rozamos el tiempo de la desesperación y el absurdo, circunstancias que llevan consigo la consumación del nihilismo que es la mayor amenaza contra todas las formas de civilización. Pedimos a lo imprevisible que frustre a lo esperado y con Heráclito de Éfeso aquél sabio auroral decimos: "Si no se espera lo inesperado no se lo hallará, dado lo inhallable y difícil de acceder que es".
Hay que proseguir el ensayo. / No importa que debamos improvisar, /que no haya director / y que la pieza que ensayamos no se estrene nunca. También la flor es un ensayo, / la palabra un ensayo, / el silencio un ensayo, /el amor un ensayo/ los dioses fueron un ensayo. Aunque el anfiteatro esté vacío/ y nos desnuden las ausencias, /como a la flor la desnuda / el hecho elemental de que todo no sea flor, /que el aire no sea flor, / que la luz no sea flor, /que el tiempo, el pensamiento no sean flor. Aunque la voz del hombre / esté llena de hueco, / hay que proseguir el ensayo. Es el único modo/ de que al menos los otros ensayos /quizá se estrenen algún día. Y entonces tal vez ellos nos arrastren.
Con este poema de Roberto Juarroz 1925-1995, poeta argentino de quien muchos poco conocen, quiero ir cerrando este intento de alumbramiento que también señala como la grieta de un muro por la que se entreve, un jardín distante. Un jardín cerrado y abierto.
Para mí, el autoconocimiento ético y moral sigue siendo la experiencia clave, de un artista. Una experiencia de hombres que tienen que hacer solos e irremplazables ese deseo fuerte y perenne de descontento con el sufrimiento por la insuficiencia del propio yo y sus limites.
En el arte, el hombre se apropia de la realidad de su experiencia subjetiva, y por el deslumbramiento artístico surgen imágenes nuevas y únicas. A veces se presentan como una revelación, como un deseo apasionado que refulge repentinamente, un deseo de acogida intuitiva de todas las leyes del mundo, de su belleza y de su fealdad, de su humanidad y su crueldad, de su ser ilimitado y de sus límites. Todo esto, el artista lo reproduce en la creación de una imagen que de forma independiente recoge en auxilio de toda su comunidad. Con ayuda de esta imagen se fija la vivencia y se expresa en medio de muchas dificultades. Se podría decir que el arte es símbolo de este mundo.
El arte no se conforma con la individualidad sino que esta sirve a otra idea más general y elevada. El artista es un vasallo que tiene que pagar los diezmos por el don que le ha sido concedido casi como un milagro, pero el hombre moderno no quiere sacrificarse a pesar de que la verdadera individualidad sólo se alcanza por el sacrificio. Nos estamos olvidando de ello y con ello nos estamos olvidando de nuestra determinación con los demás hombres.
Si hablamos de inclinarse hacia la belleza, de que la meta del arte surgido por ansia de lo ideal es precisamente ese ideal, no quiero decir con esto que el arte debe evitar el polvo de lo terreno… todo lo contrario: la imagen artística es siempre un símbolo que sustituye una cosa por otra, la mayor por la menor. Para poder informar de lo vivo, el artista presenta lo muerto, para poder hablar de lo infinito, el artista presenta lo finito. Un sustitutivo. Lo infinito no es materializable, tan sólo se puede crear una ilusión, una imagen.
Lo terrible está encerrado en lo bello, lo mismo que lo bello en lo terrible. La vida está involucrada en esta contradicción, grandiosa hasta llegar al absurdo, una contradicción que en el arte aparece como unidad armoniosa y dramática a la vez. La imagen posibilita percibir esa unidad, en la que todo halla contiguo al resto, se puede hablar de la idea de una imagen, expresar su esencia con palabras. Es posible verbalizar, formular un pensamiento, pero ninguna descripción nunca le hará justicia. Una imagen se puede crear y sentir, aceptar o rechazar, pero no se puede comprender en un sentido racional. Por último el arte proporciona esa posibilidad y hace que sea perceptible con disposición de servir y sin ningún compromiso externo, sólo por libertad. De este modo cada generación de artistas se siente consagrada a rehacer el mundo. La mía seguramente ya no lo rehará. Pero su tarea es quizá más grande. Consiste en impedir que el mundo se deshaga. Heredera de una historia corrompida donde se mezclan las revoluciones abatidas, las técnicas descabelladas, los dioses muertos y las ideologías agotadas, donde los mediocres poderes pueden hoy destruirlo todo, pero ya no saben convencer a nadie, donde la inteligencia se ha rebajado hasta convertirse en sirvienta del odio.
La libertad es y será peligrosa pero es el don mas apreciado por un artista honesto, renunciar a esa luz, es perder la propia claridad que aunque sea modestísima, nos separa del agotado mundo de las silenciosas repeticiones. La vida, prueba al modo de las mareas una y otra vez. No se detiene jamás, vulnerables y obstinados somos quienes entendemos esa fragilidad de la forma mas expuesta e intentamos edificar naderías en el movimiento de la historia.


PÁGINA 25 – CUENTO

EL DUEÑO DE LA HORA

Por Luis E. Aguilera (La Serena-Valparaíso/Chile)
(Del apresamiento del Dueño de la Hora y de cómo se detuvo el Tiempo.)
A Germán Leguá

Aquel maldito día que a la policía se le ocurrió detener, en plena vía pública, al Dueño de la Hora, sin prever las graves consecuencias que traería tamaña imprudencia a la comunidad, fue sencillamente como si el tiempo se hubiese detenido en cada uno de los transeúntes. Sus amigos trataban de comunicarse en forma infructuosa para dar la señal de alarma. Lucho, más conocido popularmente como: “Su Excelencia”, “Cardenal” o “Monseñor” y que se preciaba de ser el guía espiritual de “La Cofradía”, sintió un escalofrío en todo su cuerpo al observar la escena, nada pudo hacer. Caminó sigiloso detrás del acongojado detenido, que era conducido casi en vilo por dos agentes policiales al cuartel más cercano. En vano le hacía señas para que se deshiciera de los relojes; su delicada y altruista acción que efectuara en esos largos e interminables minutos, no fructificó.
Nuestro común amigo, respondía a ciertas características. Mediana estatura, contextura corpulenta, pelo castaño ondulado y rebelde, cejas hirsutas, nariz aguileña, reposado al caminar, lenguaje avasallador, de mirada magnética, ademanes caballerescos y envolventes, quizás lo más notable de su persona fuese su sonrisa amplia, honesta y alegre.
Todo comenzó en el momento mismo que decidió cambiar su oficio desempeñado por largos años, como dependiente de una tiendecita llamada “El Cóndor”, ubicada en pleno centro de la ciudad; en Arturo Prat, entre O'Higgins y Balmaceda, por el de vendedor de relojes.
Mil novecientos setenta y ocho, fue para él un año importante, sería la fecha que, en definitiva, marcaría toda su vida y existencia, al iniciarse en el difícil arte de la venta de relojes.
Los tenía de todos los tipos y marcas, variados modelos, de colores sobrios y extravagantes, con seguros de vida incorporados. Para damas, varones, niños, elegantes, corrientes, económicos y otros no tanto; de épocas antiguas y modernas, en fin, estaban los suizos, Yangkey, extra planos, Quartz, Cassio, Citizen, Titanium, con doble horario, Cornavin 17 rubíes con base de metal, Aceikon automático, Bikeboy, Riviera, Osahi Sport, Triple A Crystal 21 rubíes.
Estaban además los relojes de mesa, murales, de pilas, automáticos y de cuerda, con correa de cuero, metálicas, resinas, brazaletes y de bolsillo, como los que usaban y lucían nuestros abuelos.
Hoy, con toda la experiencia de sus veinticuatro años de labor a cuestas, no podía comprender cómo era posible que a él, justo a él, lo llevaran detenido por el único y grave delito de vender relojes en la vía pública, cuando su exclusiva finalidad era que todo el mundo anduviera a la hora y sin atrasarse un solo minuto, no entendía cómo estas honestas intenciones, podían constituirse en tan grave delito para los agentes de la policía. Todo ello pasaba por su mente, mientras era conducido en forma rauda a la Primera Comisaría, para luego secarlo en la cárcel.
El “Dueño de la Hora” se había ganado este justo y respetable apelativo entre sus compañeros de “La Cofradía”, a fuerza de un laborioso accionar en la venta de relojes. Hugo Alfredo, hombre reflexivo, captador de imágenes y situaciones inverosímiles, así lo había observado y sentenciado: ¡Serás el “Dueño de la Hora”!
Con el correr del tiempo, muchos que se consideraban sus amigos, lo constataron en forma efectiva, con diferentes fórmulas: datos históricos extraídos de almanaques, Archivo Municipal, Instituto Nacional de Estadísticas e Implementos de cálculos y precisión; llegando a determinar que, a la fecha, habría vendido en forma diaria y en diferentes circunstancias (Fiestas religiosas de la Virgen de Andacollo, El Niño de Sotaquí, La Candelaria, La Tirana; ferias libres, fuentes de soda y lenocinios que visitaba en las correrías nocturnas con diferentes cofradianos), 10,4 relojes, lo que significaba que a la semana habrían sido 72,8, al mes 291,2, al año 3 394, 4, proyectado en 24 años de ventas ininterrumpidas, llegaba a un total de 83 868, 6. Debiendo agregar en forma obligatoria, todo el radio de acción que significaba, venta e información de cada uno de ellos, lo que redundaba en dar la hora a por lo menos tres transeúntes diarios, beneficiando a 251 596, 8 personas, lo que implica un total de 335 462, 4, que a estas alturas estarán muy atormentados por la detención de su honorable y bien amado benefactor.
Desde ese momento aciago, todo el mundo quedó desconcertado, sorprendido, por decir lo menos; y quienes deambulaban por los alrededores de la Recova, entristecieron, nadie tenía ánimo para entablar la más mínima conversación, cantar o reír. La incertidumbre se fue apoderando más y más del común de la gente que solía orientarse con tan ilustre personaje.
El pleno de los integrantes de la Cofradía, concordaron que Rodrigo, en su condición de abogado y amigo de los poetas, debería acudir a gestionar su libertad y sacarlo del calabozo o mazmorra en que lo tenían recluido.
Transcurrieron las horas elevando escritos para solicitar su “libertad bajo fianza”; los días, las semanas, “con recursos de amparos (Habeas Corpus) y de protección”, varios meses, e incluso se llegó a tal grado de desesperación que se invocó la declaración universal de los derechos humanos en su Art.10: “Toda persona tiene derecho, en condiciones de plena igualdad, a ser oída públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial, para la determinación de sus derechos y obligaciones o para el examen de cualquier acusación contra ella en materia penal”. Y Art. 11: “Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad, conforme a la ley y en juicio público en el que se hayan asegurado todas las garantías necesarias para su defensa”; no obstante, el noble servidor del dios Cronos, no regresaba de su calvario, la desolación cundía, el desgano hizo presa del ánimo de todos los lugareños. La niebla, parecía cubrirlo todo, sin un atisbo de luz.
Una noche, el dilecto grupo de amigos, que se había acostumbrado a reunirse con el fin de obtener hasta la más mínima información que emanara desde el interior del recinto carcelario, fue sorprendido por un tumulto de gente que irrumpía en dirección a la plazoleta de La Recova, en medio de alegres manifestaciones; payasos, lanzafuegos, magos, malabaristas, equilibristas, zanquistas; carros alegóricos, banderas de todos colores, chaya, serpentinas, globos, cornetas y juegos pirotécnicos alusivos.
Un “globo aerostático” y un “planeador” sobrevolaban la celebración, transportando a los camarógrafos y corresponsales acreditados de radios, diarios y de canales televisivos de la localidad, el resto del país y el extranjero. El alegre desfile era antecedido por las más altas autoridades del poder judicial, eclesiástico, civiles y militares, fuerzas vivas de la comunidad: Boy Scout, Ejército de Salvación, Cruz Roja, Amnistía Internacional y la banda de músicos que solían animar la retreta de los domingos. Risas, gritos, exclamaciones de júbilo, alabanzas y más de un ¡aleluya!, quebró la noche.
¡El “Dueño de la Hora” había sido liberado! Lo traían en andas, al más puro estilo romano, luciendo impecable su honesta, amplia y alegre sonrisa. Desde aquel día y hasta hoy, el tiempo no se ha detenido y a nuestro dilecto amigo se le suele divisar desarrollando su delicado arte de la venta de relojes, por las inmediaciones de La Recova, despejando de modo definitivo la niebla que había impuesto su detención.

PÁGINA 26 - POESÍA ALLENDE EL MAR


Verónica Pedemonte (Cádiz/España)

TEMERARIOS

Hay que encerrarse en la caligrafía
atribuirle al nombre un número,
soportar con paciencia la etiqueta
y no inventar el mundo cada tarde.

Hay que aceptar al general en jefe,
hay que encogerse si la cama es corta.
Dormir de lado si la ves estrecha,
estrujarse los pies en los zapatos.

Aunque conozco gente temeraria
que ante la duda, caminó descalza,
asimiló las deudas, perdonó los errores,
le dijo adiós al general en jefe,
dentro de la mejor caligrafía,
y se atrevió a vivir a su manera.

BLANCANIEVES EN LA GRAN MANZANA

Blanca como la nieve
era su alma,
no sabía
de la maldad que acecha
detrás de cada espejo.
Huyó de la madrastra
tenía un billete
para Nueva York.
Y mordió la manzana,
tuvo pronto
siete niños chicanos,
les dio la sopa
pobre cada día.
Del árbol de la ciencia
del bien y del mal
cayó una hoja con impuestos.
En el espejo roto
dos madrastras le dicen :
Siete años de mala suerte
no pasan enseguida.

ENCICLOPEDIA BRITÁNICA

Mi enciclopedia sólo llega a la erre:
Reforma. Revolución.
Renacimiento. Rana.
Rebelde. Rebelión.
Y me falta la ese
de salvador del mundo.
Tampoco tiene el tonto
que ha de tener todo poeta.
Por un dólar el cobrador del frac
se lo llevó de nuevo a Londres.
Aunque también para mi alivio
se fue con el tirano hacia otra parte.
Al fin y al cabo, aquí en Manhattan,
no me urge la uve de victoria
( teniendo la libertad que es una estatua)
aunque quizá eche de menos
la uve de Very Important Person.
Tengo un libro de Lincoln en la L
y ya no necesito con apremio
la uve doble de Washington.
La y griega de yo la reduje hasta el máximo
que la zeta de zen me había asignado
antes de convertirse en un tomo moroso.

NOVECENTO (I)
A Bertolucci.

Pasaron por encima de nosotras
los ejércitos, los rudos ejércitos
sin piedad y sin nombre
defendiendo nombres extranjeros
nombres extraños al corazón humano.
Sin nada que oponer, nuestro cuerpo
muralla contra el odio .
Pechos que amamantaron vidas
enfrentándose solos a la muerte.
Pasaron por encima de nosotras.
Defendiendo nombres infames
nombres sin ningún rostro,
nombres tras el acero
que segaba las vidas y los sueños.
Los hijos enterrados
en las cajas de frutas.
La muerte, Olmo, era su insignia. Ser
inmortal en la muerte, rendir culto
a la sombra intangible de la estatua.

EL PARQUE DE LOS ALIADOS

El Parque de los Aliados se llama de otro modo.
Los aliados se fueron después de masacrar la hoja.
Hoy, ya nadie se atreve a pronunciar su nombre.
Ese parque servía para tomar el sol,
las hijas de Petersen, de la embajada sueca
dejaban sus melenas platino sobre la hierba.
Tu corazón como un soldado se alistaba
en la banda de los corazones solitarios.
Cruzabas la hierba azul, un pura sangre,
que el tiempo congelaba en la memoria.
Más allá el Hospital Central dictaba cartas
sobre la vida y la muerte desde afilados escalpelos.
Llegabas a la hora de la cena y yo reconstruía para ti
el puzzle misterioso de un hogar.
Ese parque servía, como todos los parques,
como todos los parques sin alianzas,
para decir regreso, después de atravesarlo.

HOJAS

Todo cae, ha caído, o caerá.
La vieja hoja de parra se resiste
y se agarra lasciva al tierno brote
que asfixiado repele la hoja del ayer.
Pasa la página y encuentra
respuesta a este acertijo
Adán se cubre con hojas de periódico.
No hay Edén sin ceguera
ni conocimiento sin manzana.
La vieja hoja de parra que cae de la mente
y se aventura a girar en el viento.
Dejando al brote frente al mundo.


Hadaa Sendoo (Ulán Bator/Mongolia)

ESCENA DE NIEVE

Esta mañana
los copos de nieve danzan
cayendo sobre mi rostro
la calle, los árboles
El año nuevo vendrá
desde el frío cielo nocturno del Norte
Las estrellas miran
mi edad de cuarenta años
Entonces me desangro
con un brillante rojo a tierra
hasta quedar anémico
Pero siempre puedo escribir un poema
Hasta el último día
Como Van Gogh
Para sembrar las semillas
de los tornasoles
a través
del mundo entero

MENSAJE

Cuando el crepúsculo cae
soy hijo del país
Llegada ya la obscuridad
amo una estrella
sumergida en la felicidad
Quisiera que todo el mundo
¡vea que no estoy solo!

RAÍCES

Viviente, veo
raíces de ríos, raíces de hierba
raíces de cielos, raíces de rocas
raíces de poema

Muerto, sueño
raíz de poema, raíz de roca
raíz de cielo, raíz de hierba
raíz de río.
Trad. José Muchnik


PÁGINA 27 – ENSAYO

LECTORES ¿CUÁLES LECTORES?

Por Nicolás Hidrogo Navarro (Lambayeque/Perú)

Cuando hablamos de una crisis mundial, generalmente aludimos a una crisis económica, política, social, axiológica, educativa, peor picas veces aludimos a una crisis también cultural. Esa crisis cultural se refleja en el poco interés que no sólo las autoridades, la juventud, la familia, sino también en los propios docentes y cultores de la palabra tienen por la lectura en sí.
El Centro de Investigaciones Educativas “El hacedor”, desde hace unos catorce años ha venido monitoreando en la región Lambayeque los niveles de lectura que hay en la población “analfabeta funcional” y los llamados agentes de promoción de la lectura “los docentes de Comunicación” y ha encontrado sorpresas cambiando la metodología de las preguntas de ¿Le gusta a Ud. la lectura? O ¿Señale sus autores favoritos o el nombre de las obras”, por ¿Qué libro está leyendo en este momento y cuál es la naturaleza argumental de la obra” o ¿Qué apreciación crítica y pragmática tiene lo que está leyendo en el contexto actual? Baja esta premisa positivista de las preguntas cerradas y el famoso Test de Likert un 90% de las tesis de pre-grado y muchas de maestría y doctorado, andan más erradas bajo la premisa “eso es lo que arrojó objetiva y científicamente la encuesta y la tabulación estadística”. Normalmente el encuestado peruano no es honesto en sus respuestas, las falsea y acomoda, calcula y suelta prenda según su conveniencia.. Por ello, antes que preguntar por títulos, autores y cantidades leídas, en una encuesta de lectoría, es mejor contrastar si su respuesta es “sí leo” con indicadores y verificadores que en realidad “no lee y cuánto de lo leído lo comprende”. Conclusión las cifras oficiales sobre Encuesta "Perfil del Lector Peruano" aplicada en forma simultánea en todas la Regiones del País, entre el 7 al 16 de Diciembre de 2004, por el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad Nacional de Ingeniería, que seleccionó una muestra de 9 mil 884 hogares, en la que entrevistó a 19,968 personas, tiene una serie de falsedades no por parte de los investigadores, sino por los encuestados.
Entre los axiomas de lectoría debemos apuntar que a) No necesariamente comprar un libro es sinónimo de leerlo (puede ser una moda imperante o una necesidad académica exigente y apremiante coyuntural). B) No se puede equiparar cuantificación de ventas per cápita de textos con cualificación de aprovechamiento comprensivo lector. C) Contar con una surtida biblioteca no es sinónimo de tener ávidos lectores, los libros fácilmente se convierten en elementos extracorporales suntuarios. D) Acreditativamente una biblioteca en un hogar, ciudad o en una institución formativa no garantiza lectores consuetudinarios ni mucho menos viendo una sala llena de “lectores en trance lectoril” indica lectores totales de los textos, pues muchas veces son lectores saltimbanquis “troceros, capituleros o segmenteros” o finteros que pasan su rato en un silencio necesario haciendo tiempo. E) Escolarmente ni el Plan lector de “12 libros al año” garantiza la lectura plena de los textos preseleccionados y recomendados en las programaciones curriculares pues muchas fichas de lecturas son bajaditas fácilmente de internet con ligeras acomodaciones o en su defecto los famosos “Resúmenes de obras famosas” han castrado todo intento de hacer el esfuerzo intelectual de hacer un argumento, calibrar las ideas principales o secundarias, caracterizar los personajes, extracción de figuras literarias, amén del comentario o crítica literaria, todo eso ya viene digerido y hasta heredado de hermanos a hermanos y de padres a hijos. F) Los diarios han sabido sintonizar los apetitos de las columnas de sus “lectores” que garantizan su “fidelidad” y así cada vez más son las hojas dedicadas a noticias de “farándula”, “calatería”, “futbol”, “camal de sangre”, “horóscopos”, “puñaladas politiqueras”, “ofrecidos y pedidos” –no existirían diarios y sería insostenible sin estas columnas”- y un toquecito de cultura por si las moscas al filo del plato principal. Por ello un 99% de los diarios del Perú no nos hacen más cultos, nos informan sí, selectivamente de lo que el lector quiere y prefiere G) Cualquier justificación que los libros son caros por ello no se lee, es falsa. La venta de los libros usados es un negocio muy próspero, hasta el 400% de ganancia, hay un trasvase hormiga de las bibliotecas del hogar y de los libros del Estado a las librerías suelos tan descomunal que así lo dicta la necesidad extrema del vendedor por un sol o dos lo que normalmente le costó al padre o al Estado entre veinte o cincuenta soles, muy usureramente se le descuenta un simple “0” y venta hecha y así un cliente ocasional nuevo puede encontrar obras literarias de hasta un sol en la cachina. H) La implementación de la hora de lectura en algunas instituciones educativas puede parecer alentador y motivador, pero un libro de 100, 200, 300 o 500 páginas no se lee en un día ni en todas las horas asignadas curricularmente a Comunicación de todo un año. Comprensiva y metacognitivamente el ritmo promedio de lectura de un lector promedio es de entre 5-10 páginas, a este ritmo de la hora de lectura escolar tardaríamos –de las 108 horas asignadas anualmente a Comunicación- casi 160 horas para terminar de leer las dos pares de “El Quijote”, en su versión original no resumida, es decir jamás podríamos terminar de leer la obra inmortal de Cervantes en la Escuela en un año académico ni dedicándole todas las horas de Comunicación exclusivamente a ello. I) Una buena lectura comprensiva y provechosa es como un delicioso platillo o postre: se le disfruta lentamente, regodeándose, no es como una competencia de glotones donde pasas trozos a mordiscasos y atragantándote, por ello los superlectores de los cursillos de lectura veloz no sólo me parecen un asunto de teosofía, sino una buena manera de hacerte creer que puedes disfrutar de un paisaje lo mismo que en un avión a chorro a match 5 que caminando entre el paisaje, oliendo las hojas y deteniéndose a voluntad en cada frase, oración o párrafo, para hacer una bella apreciación del paisaje. J) Todas estas constataciones y cuestionamientos podría creer que serían sólo para alumnos y para lectores ocasionales y referenciales de catálogos, etiquetas, libros o revistas, también le atañen a los docentes que por decirlo muy sarcásticamente “nos les alcanza el sueldo para comprar textos, pero sí para celebrar jaranas”. Según las última medición 2007 de comprensión lectora docente, el promedio nacional: Nivel 3 (Realiza inferencias complejas; contrasta e integra ideas del texto.) fue tan sólo de 24.3%, lo que no es muy ejemplificador para los alumnos.
La crisis de lectura no radica ni en la cantidad de libros existentes ni en los que vendrán –porque con los que existen hasta ahora, utópicamente leyéndolos todos- seríamos maravillosamente inmensos. La crisis lectora radica en que nos hemos generado el hábito, ni los métodos ni técnicas, ni las elecciones y selecciones textuales, ni en la escuela, ni en el barrio, ni en el hogar. “Eres lo que lees”, reza una sentencia marketera española muy popular en tiempos de globalización. Por ello, deberíamos estar más preocupados en promover hábitos lectores que atiborrarlos de libros que probablemente nunca leerán.


PÁGINA 28 – CUENTO

LA PELÍCULA QUE NUNCA VI

Por Enrique Arias Vega (Bilbao/España)

No me siento culpable. Si Begoña me hubiera esperado a la puerta del cine, nada de esto habría ocurrido.
Así es que llegué tarde, como siempre.
—Es allí —le dije al acomodador, al divisar la nuca familiar de Begoña y un asiento libre a su derecha.
El cine estaba de bote en bote. En la pantalla, la acción transcurría de noche.
—Hola, cariño —dije a mi chica. Y la besé en la mejilla mientras, como de costumbre, introducía mi mano en su entrepierna.
—¡Aaaahhhhhh! —chilló la otra, como la sirena de una fábrica.
El tipo de al lado se sobresaltó.
—Asun, ¿qué ocurre?
A la tal Asun le había dado un ataque de nervios. Y a mí, el mayor sofoco de mi vida. Me había equivocado de chica.
Antes de que el otro me soltase un guantazo de órdago, me estaba escurriendo de mi asiento.
La bofetada le llegó, como un obús, a un tipo de la fila de delante, que se había girado para saber qué pasaba. Yo, en mis prisas por huir, pisé salvajemente a un señor gordo y me di de bruces con un niño que comía cacahuetes. La esposa del agredido gritó, sin saber a quién:
—¡Salvaje!
El niño arrollado gimió:
—¡Mamá! ¡Mamá!
Un individuo de la fila de atrás se indignó:
—¡A ver si se callan!
De dos filas más allá se oyó:
—¡Que nos dejen ver la película!
Un amigo del que recibió el guantazo se rebulló y pegó a ciegas. También se equivocó de destinatario.
—¡Su puta madre! —se indignó el recién llegado a la trifulca.
—¡Mi niño! —se desesperaba la madre del chaval de los cacahuetes.
—¿Qué pasa allí? —preguntaba otro, gritando.
Un acomodador corría por el pasillo, con un zigzagueante haz de linterna delante de él. Tropezó con un espectador que se había levantado a fisgar. También dijo:
—¡Aaaahhhhhh! —mientras esquiaba sin esquíes por el pasillo central.
Al final se oyó:
—¡Craaaac!
Y otra voz femenina:
—¡Federico, un señor está encima de mí!
—¡Mi niño! —seguía la madre de antes.
—¡Su padre! —se oía dos filas más allá.
—¡Toma, tú! —antes de un sonoro cloc en otro lado.
—¡Que no se oye la película! —llegaba desde el fondo.
Uno de la primera fila de arriba, que se había asomado a ver qué pasaba, cayó con estrépito sobre el patio de butacas.
—¡Desgraciado! —se seguía oyendo abajo.
—¡Mi marido! ¿Qué le hace a mi marido?
—¡La luz! ¡Que den la luz! —entraba en liza otra voz.
—¡Un hombre que vuela! —había gritado uno que vio caer al del gallinero.
—¡Que venga la policía! —intentaba imponer una persona de orden.
—¡Federico, que me violan!
—¡Mi niño!
—¡Maricón!
Cuando llegó la luz, a mí me cogió gateando por el pasillo lateral, muy cerca ya de la puerta de salida. Entre doscientas y trescientas personas se hallaban enzarzadas en un lío fenomenal. El tenue ruido de unas sirenas se aproximaba desde fuera.
Al día siguiente, como si nada hubiese pasado, le dije a Begoña:
—Ya podías haberme esperado en el cine.
—Y te esperé —respondió—. Pero ayer el espectáculo se dio en el cine “Ideal”, al otro extremo de la ciudad. ¿No has visto el periódico?
Me quedé lívido. Así que me había equivocado de película. Un grueso titular del periódico ponía: “Vandalismo en un cine”. Después explicaba: “Cincuenta heridos, tres violaciones, quince carteras robadas y daños por valor de dos millones y medio de pesetas”. En otro destacado, el periódico aventuraba una hipótesis: “Se sospecha de una banda organizada de delincuentes juveniles”. Y acababa con una llamada: “¿Hasta cuándo tendremos que seguir aguantándolo?”
Un sudor frío comenzó a correr por todo mi cuerpo. Inocente, Begoña preguntó:
—¿Vamos otra vez al cine?
Pero yo no he vuelto nunca más.


PÁGINA 29 - ENSAYO

SOBRE POLÍTICA Y LENGUAJE Y VICIOS DE LA ESCRITURA

Por George Orwell (Motihari/India)

Pero si el pensamiento corrompe el lenguaje, el lenguaje también puede corromper el pensamiento. Un mal uso se puede difundir por tradición e imitación aun entre personas que deberían saber y obrar mejor. El lenguaje degradado es, en cierta forma, muy conveniente. Expresiones como "un supuesto no injustificable", "una consideración que siempre debemos tener en mente", dejan mucho que desear, no cumplen un buen propósito, son una tentación continua, una caja de aspirinas siempre al alcance de la mano. Relea este ensayo, y con toda seguridad encontrará que una y otra vez he cometido las mismas faltas contra las que he protestado. En el correo de esta mañana recibí un panfleto sobre las condiciones en Alemania. El autor me decía que se "sintió impelido" a escribirlo. Lo abrí al azar y ésta es la primera frase que leí: " [Los Aliados] no sólo tienen la oportunidad de lograr una transformación radical de la estructura social y política de Alemania de tal manera que eviten una reacción nacionalista en la misma Alemania, sino que al mismo tiempo pueden sentar los fundamentos de una Europa cooperativa y unificada". Cuando se lee que se "sintió impelido" a escribir es de presumir que tiene algo nuevo que decir, pero sus palabras, como corceles de caballería que responden al clarín, se juntan automáticamente en una alineación monótonamente familiar. Esta invasión de la mente por frases hechas ("sentar los fundamentos", "lograr una transformación radical") sólo se puede evitar si se está continuamente en guardia contra ellas, y cada una de esas frases anestesia una parte del cerebro.
Dije antes que la decadencia de nuestro lenguaje es remediable. Quienes lo niegan argumentarían, en caso de que pudieran elaborar un argumento, que el lenguaje simplemente refleja las condiciones sociales existentes, y que no podemos influir en su desarrollo directamente, jugando con palabras y construcciones. Así puede suceder con el tono o espíritu general de un lenguaje, pero no es verdad para sus detalles. Las palabras y las expresiones necias suelen desaparecer, no mediante un proceso evolutivo sino a causa de la acción consciente de una minoría. Dos ejemplos recientes: "explorar todas las avenidas" y "no dejar piedra sobre piedra", que fueron liquidadas por las burlas de algunos periodistas. Hay una larga lista de metáforas corruptas que también desaparecerían si un buen número de personas se empeñara en esa tarea; y debería ser posible burlarse de la expresión "no informe" hasta que deje de existir, reducir la cantidad de latín y griego en la frase promedio, excluir las locuciones extranjeras y las palabras científicas erróneas, y, en general, lograr que el tono pretencioso pase de moda. Pero todos éstos son puntos menores. La defensa del lenguaje inglés implica más que esto, y quizás es mejor empezar diciendo lo que no implica.
Para empezar, nada tiene que ver con el arcaísmo, con la preservación de palabras y giros obsoletos del lenguaje, ni con la exaltación de un "inglés estándar" del que nunca deberíamos apartarnos. Por el contrario, se trata de desechar toda palabra o modismo que se ha desgastado y perdido su utilidad. Nada tiene que ver con la gramática ni con la sintaxis correctas, que carecen de importancia cuando se expresa claramente el significado, ni con la eliminación de los americanismos, ni con tener lo que se denomina una "buena prosa". Por otra parte, no se trata de fingir una falsa simplicidad ni de escribir en inglés coloquial. Ni siquiera implica preferir en todos los casos la palabra sajona a la latina, aunque sí implica usar el menor número de palabras, y las más breves, que cubra el significado. Lo que se necesita, por encima de todo, es dejar que el significado elija la palabra y no al revés. En prosa, lo peor que se puede hacer con las palabras es rendirse a ellas. Cuando usted piensa en un objeto concreto, piensa sin palabras, y luego, si quiere describir lo que ha visualizado, quizá busque hasta encontrar las palabras exactas que concuerdan con ese objeto. Cuando piensa en algo abstracto se inclina más a usar palabras desde el comienzo, y salvo que haga un esfuerzo consciente para evitarlo, el dialecto existente vendrá de golpe y hará la tarea por usted, a expensas de confundir e incluso alterar su significado. Quizá sea mejor que evite usar palabras en la medida de lo posible y logre un significado tan claro como pueda mediante imágenes y sensaciones. Después puede elegir -y no simplemente aceptar- las expresiones que cubran mejor el significado, y luego ponerse en el lugar del lector y decidir qué impresiones producen en él las palabras que ha elegido. Este último esfuerzo de la mente suprime todas las imágenes desgastadas o confusas, todas las frases prefabricadas, las repeticiones innecesarias, y las trampas y vaguedades. Pero a menudo usted puede tener dudas sobre el efecto de una palabra o una expresión, y necesita reglas en las que pueda confiar cuando falla el instinto. Pienso que las reglas siguientes cubren la mayoría de los casos:
Nunca use una metáfora, un símil u otra figura gramatical que suela ver impresa.
Nunca use una palabra larga donde pueda usar una corta.
Si es posible suprimir una palabra, suprímala.
Nunca use la voz pasiva cuando pueda usar la voz activa.
Nunca use una locución extranjera, una palabra científica o un término de jerga si puede encontrar un equivalente del inglés [vale también para el español, por supuesto] cotidiano.
Rompa cualquiera de estas reglas antes de decir un barbarismo.
Estas reglas parecen elementales, y lo son, pero exigen un profundo cambio de actitud en todos aquellos que se han acostumbrado a escribir en el estilo que hoy está de moda. Uno puede cumplir todas ellas y aun así escribir un mal inglés, pero no podría escribir el tipo de banalidades que cité en esos cinco especimenes al comienzo de este artículo.
Aquí no he examinado el uso literario del lenguaje, tan sólo el lenguaje como instrumento para expresar y no para ocultar o evitar el pensamiento. Stuart Chase y otros han llegado a pretender que todas las palabras abstractas carecen de sentido, y han usado esto como pretexto para defender una especie de quietismo político. Si no sabe qué es el fascismo, ¿cómo puede luchar contra el fascismo? Uno no tiene que tragarse absurdos como éste, pero ha de reconocer que el actual caos político está ligado a la decadencia del lenguaje y que quizá puede aportar alguna mejora empezando por el aspecto verbal. Si simplifica su inglés, se libera de las peores tonterías de la ortodoxia. No puede hablar ninguno de los dialectos necesarios, y cuando haga un comentario estúpido su estupidez se tornará obvia, aun para usted mismo. El lenguaje político -y, con variaciones, esto es verdad para todos los partidos políticos, desde los conservadores hasta los anarquistas- es construido para lograr que las mentiras parezcan verdaderas y el asesinato respetable, y para dar una apariencia de solidez al mero viento. Uno no puede cambiar esto en un instante, pero puede cambiar los hábitos personales, y de vez en cuando puede incluso, si se burla en voz bastante alta, lanzar alguna frase trillada e inútil -alguna bota militar, un talón de Aquiles, un crisol, una prueba ácida, un verdadero infierno, o algún otro desecho o residuo verbal- a la basura, al lugar a donde pertenece.

PÁGINA 30 – POESÍA ALLENDE EL MAR


Ian Welden (Copenhague/Dinamarca)

LA PLAZA DE LOS PLACERES

Recuerdas amada
la Plaza de los Placeres
el día estaba joven
nuestros ojos se observaron
sonrieron
se quisieron de inmediato.

Sin preámbulos ni ritos
sin pudores innecesarios
sin palabras ya tan gastadas
nuestras lenguas magistrales
se desataron enloquecidas
cual cataratas históricas.

Encontramos refugio
en nuestros cuerpos febriles
nuestras hábiles manos
corriendo libres y osadas
por los rincones ocultos
y esquinas desconocidas.

Y al llegar al ápice
al grito poderoso
al generoso relámpago de los tiempos
la anciana Plaza de los Placeres
reanudó sus tejeres cotidianos
gritando bravo maestros!

EL GOLPE

Después de tantos siglos perdidos
me decido a dar un golpe en tu puerta.
Me arreglo el nudo de la corbata
y cuento por enésima vez
los claveles de mi ramo.

Abres
y tu sonrisa genial
hace vibrar mi vida.

El café, el coñac,
tu sofá relleno con hierbas misteriosas
tu alma cálida
tus ojos llenos de galaxias
tus piernas de ángel
me rindo.

Observo a la noche salpicando tu jardín
mientras clavas tus pechos en mi espalda
ofreciéndome para siempre el paraíso.

LA NOCHE BUENA

El árbol con su estrella
yace en el piso.

Sobre la alfombra de tus padres
una ancha posa de vino.

Regalos a medio abrir
desparramados por doquier.

El pavo a medio comer
se enfría sobre la mesa.

Tu familia se fue a la misa del gallo.

Nosotros aprovechamos esta maravillosa oportunidad
en tu cama.


Luzmaría Jiménez Faro (Madrid/España)

ÁNGELES SIN ALAS

Hay pensamientos locos que habitan la memoria,
y ausente de memoria un viejo tiempo loco.
Hay amores que vuelven a la memoria rotos,
y un tiempo de memoria tenaz y duradero.
Lo inmediato se pierde, se archiva en la memoria.
Tras la memoria vive aquello que se olvida,
y malgastan algunos sus memorias de humo.
Nombres en la memoria quedan desdibujados,
y un solo nombre puede cubrir una memoria.
Fugaz, como una rosa, la memoria sucumbe,
y es sólo la memoria lo que nos sobrevive.
Imágenes lumínicas se encienden, se agigantan
sobre la fértil gleba de un predio de memorias.
Y en la memoria crece un campo de exterminio
por cada humano error, por cada desengaño.
Memoria en la palabra es el verso que escribo.
Y escribo sobre el agua que inunda la memoria
en este río-vida que nos lleva al olvido.
Tras las memorias muertas hay ángeles sin alas
que jamás lograrán su asunción a los cielos.

MAREMOTO EN EL ÍNDICO
27 Diciembre 2004. La ira del tsunami acabó
con la vida de más de 200.000 personas.

Ese dios manso y tendido
dueño y señor de todos los azules
en su vasta humedad tan opulento.
Ese dios
generador de vida y de riqueza,
conversador de vientos y de lunas,
espejo de los vuelos.
Ese dios
responsable de mitos y leyendas,
centauro de marinos,
cómplice de poetas,
amigo iluminado de pintores.
Ese dios
de horizonte infinito
soñador y soñado murmurador de salmos.
Ese dios, bueno y terrible,
desató su pasión de asesino
y con dedos de espuma
preparó el barro, el lodo, el légamo
anegando la tierra y su hermosura.
Sin piedad cegó ojos, hinchó vientres,
partió huesos, desdibujó facciones,
y los muertos en retablos terribles exhibían
su cárdena sorpresa.
Bajo se gema acuática de plomo
este trozo de mundo fue una fosa común
para el gran caos,
un fantasmal arcano de vitrales.
Después.
el gran señor de todos los azules,
quedó manso y tendido
en su vasta humedad tan opulento.


PÁGINA 31 – CUENTO

MACARIO

Por Juan Rulfo (México, 1917/1986)

Estoy sentado junto a la alcantarilla aguardando a que salgan las ranas. Anoche, mientras estábamos cenando, comenzaron a armar el gran alboroto y no pararon de cantar hasta que amaneció. Mi madrina también dice eso: que la gritería de las ranas le espantó el sueño. Y ahora ella bien quisiera dormir. Por eso me mandó a que me sentara aquí, junto a la alcantarilla, y me pusiera con una tabla en la mano para que cuanta rana saliera a pegar de brincos afuera, la apalcuachara a tablazos... Las ranas son verdes de todo a todo, menos en la panza. Los sapos son negros. También los ojos de mi madrina son negros. Las ranas son buenas para hacer de comer con ellas. Los sapos no se comen; pero yo me los he comido también, aunque no se coman, y saben igual que las ranas. Felipa es la que dice que es malo comer sapos. Felipa tiene los ojos verdes como los ojos de los gatos. Ella es la que me da de comer en la cocina cada vez que me toca comer. Ella no quiere que yo perjudique a las ranas. Pero, a todo esto, es mi madrina la que me manda a hacer las cosas... Yo quiero más a Felipa que a mi madrina. Pero es mi madrina la que saca el dinero de su bolsa para que Felipa compre todo lo de la comedera. Felipa sólo se está en la cocina arreglando la comida de los tres. No hace otra cosa desde que yo la conozco. Lo de lavar los trastes a mí me toca. Lo de acarrear leña para prender el fogón también a mí me toca. Luego es mi madrina la que nos reparte la comida. Después de comer ella, hace con sus manos dos montoncitos, uno para Felipa y otro para mí. Pero a veces Felipa no tiene ganas de comer y entonces son para mí los dos montoncitos. Por eso quiero yo a Felipa, porque yo siempre tengo hambre y no me lleno nunca, ni aun comiéndome la comida de ella. Aunque digan que uno se llena comiendo, yo sé bien que no me lleno por más que coma todo lo que me den. Y Felipa también sabe eso... Dicen en la calle que yo estoy loco porque jamás se me acaba el hambre. Mi madrina ha oído que eso dicen. Yo no lo he oído. Mi madrina no me deja salir solo a la calle. Cuando me saca a dar la vuelta es para llevarme a la iglesia a oír misa. Allí me acomoda cerquita de ella y me amarra las manos con las barbas de su rebozo. Yo no sé por qué me amarra mis manos; pero dice que porque dizque luego hago locuras. Un día inventaron que yo andaba ahorcando a alguien; que le apreté el pescuezo a una señora nada más por nomás. Yo no me acuerdo. Pero, a todo esto, es mi madrina la que dice lo que yo hago y ella nunca anda con mentiras. Cuando me llama a comer, es para darme mi parte de comida, y no como otra gente que me invitaba a comer con ellos y luego que me les acercaba me apedreaban hasta hacerme correr sin comida ni nada. No, mi madrina me trata bien. Por eso estoy contento en su casa. Además, aquí vive Felipa. Felipa es muy buena conmigo. Por eso la quiero... La leche de Felipa es dulce como las flores del obelisco. Yo he bebido leche de chiva y también de puerca recién parida; pero no, no es igual de buena que la leche de Felipa... Ahora ya hace mucho tiempo que no me da a chupar de los bultos esos que ella tiene donde tenemos solamente las costillas, y de donde le sale, sabiendo sacarla, una leche mejor que la que nos da mi madrina en el almuerzo de los domingos... Felipa antes iba todas las noches al cuarto donde yo duermo, y se arrimaba conmigo, acostándose encima de mí o echándose a un ladito. Luego se las ajuareaba para que yo pudiera chupar de aquella leche dulce y caliente que se dejaba venir en chorros por la lengua... Muchas veces he comido flores de obelisco para entretener el hambre. Y la leche de Felipa era de ese sabor, sólo que a mí me gustaba más, porque, al mismo tiempo que me pasaba los tragos, Felipa me hacia cosquillas por todas partes. Luego sucedía que casi siempre se quedaba dormida junto a mí, hasta la madrugada. Y eso me servía de mucho; porque yo no me apuraba del frío ni de ningún miedo a condenarme en el infierno si me moría yo solo allí, en alguna noche... A veces no le tengo tanto miedo al infierno. Pero a veces sí. Luego me gusta darme mis buenos sustos con eso de que me voy a ir al infierno cualquier día de éstos, por tener la cabeza tan dura y por gustarme dar de cabezazos contra lo primero que encuentro. Pero viene Felipa y me espanta mis miedos. Me hace cosquillas con sus manos como ella sabe hacerlo y me ataja el miedo ese que tengo de morirme. Y por un ratito hasta se me olvida... Felipa dice, cuando tiene ganas de estar conmigo, que ella le cuenta al Señor todos mis pecados. Que irá al cielo muy pronto y platicará con Él pidiéndole que me perdone toda la mucha maldad que me llena el cuerpo de arriba abajo. Ella le dirá que me perdone, para que yo no me preocupe más. Por eso se confiesa todos los días. No porque ella sea mala, sino porque yo estoy repleto por dentro de demonios, y tiene que sacarme esos chamucos del cuerpo confesándose por mí. Todos los días. Todas las tardes de todos los días. Por toda la vida ella me hará ese favor. Eso dice Felipa. Por eso yo la quiero tanto... Sin embargo, lo de tener la cabeza así de dura es la gran cosa. Uno da de topes contra los pilares del corredor horas enteras y la cabeza no se hace nada, aguanta sin quebrarse. Y uno da de topes contra el suelo; primero despacito, después más recio y aquello suena como un tambor. Igual que el tambor que anda con la chirimía, cuando viene la chirimía a la función del Señor. Y entonces uno está en la iglesia, amarrado a la madrina, oyendo afuera el tum tum del tambor... Y mi madrina dice que si en mi cuarto hay chinches y cucarachas y alacranes es porque me voy a ir a arder en el infierno si sigo con mis mañas de pegarle al suelo con mi cabeza. Pero lo que yo quiero es oír el tambor. Eso es lo que ella debería saber. Oírlo, como cuando uno está en la iglesia, esperando salir pronto a la calle para ver cómo es que aquel tambor se oye de tan lejos, hasta lo hondo de la iglesia y por encima de las condenaciones del señor cura...: "El camino de las cosas buenas está lleno de luz. El camino de las cosas malas es oscuro." Eso dice el señor cura... Yo me levanto y salgo de mi cuarto cuando todavía está a oscuras. Barro la calle y me meto otra vez en mi cuarto antes que me agarre la luz del día. En la calle suceden cosas. Sobra quién lo descalabre a pedradas apenas lo ven a uno. Llueven piedras grandes y filosas por todas partes. Y luego hay que remendar la camisa y esperar muchos días a que se remienden las rajaduras de la cara o de las rodillas. Y aguantar otra vez que le amarren a uno las manos, porque si no ellas corren a arrancar la costra del remiendo y vuelve a salir el chorro de sangre. Ora que la sangre también tiene buen sabor aunque, eso sí, no se parece al sabor de la leche de Felipa... Yo por eso, para que no me apedreen, me vivo siempre metido en mi casa. En seguida que me dan de comer me encierro en mi cuarto y atranco bien la puerta para que no den conmigo los pecados mirando que aquello está a oscuras. Y ni siquiera prendo el ocote para ver por dónde se me andan subiendo las cucarachas. Ahora me estoy quietecito. Me acuesto sobre mis costales, y en cuanto siento alguna cucaracha caminar con sus patas rasposas por mi pescuezo le doy un manotazo y la aplasto. Pero no prendo el ocote. No vaya a suceder que me encuentren desprevenido los pecados por andar con el ocote prendido buscando todas las cucarachas que se meten por debajo de mi cobija... Las cucarachas truenan como saltapericos cuando uno las destripa. Los grillos no sé si truenen. A los grillos nunca los mato. Felipa dice que los grillos hacen ruido siempre, sin pararse ni a respirar, para que no se oigan los gritos de las ánimas que están penando en el purgatorio. El día en que se acaben los grillos, el mundo se llenará de los gritos de las ánimas santas y todos echaremos a correr espantados por el susto. Además, a mí me gusta mucho estarme con la oreja parada oyendo el ruido de los grillos. En mi cuarto hay muchos. Tal vez haya más grillos que cucarachas aquí entre las arrugas de los costales donde yo me acuesto. También hay alacranes. Cada rato se dejan caer del techo y uno tiene que esperar sin resollar a que ellos hagan su recorrido por encima de uno hasta llegar al suelo. Porque si algún brazo se mueve o empiezan a temblarle a uno los huesos, se siente en seguida el ardor del piquete. Eso duele. A Felipa le picó una vez uno en una nalga. Se puso a llorar y a gritarle con gritos queditos a la Virgen Santísima para que no se le echara a perder su nalga. Yo le unté saliva. Toda la noche me la pasé untándole saliva y rezando con ella, y hubo un rato, cuando vi que no se aliviaba con mi remedio, en que yo también le ayudé a llorar con mis ojos todo lo que pude... De cualquier modo, yo estoy más a gusto en mi cuarto que si anduviera en la calle, llamando la atención de los amantes de aporrear gente. Aquí nadie me hace nada. Mi madrina no me regaña porque me vea comiéndome las flores de su obelisco, o sus arrayanes, o sus granadas. Ella sabe lo entrado en ganas de comer que estoy siempre. Ella sabe que no se me acaba el hambre. Que no me ajusta ninguna comida para llenar mis tripas aunque ande a cada rato pellizcando aquí y allá cosas de comer. Ella sabe que me como el garbanzo remojado que le doy a los puercos gordos y el maíz seco que le doy a los puercos flacos. Así que ella ya sabe con cuánta hambre ando desde que me amanece hasta que me anochece. Y mientras encuentre de comer aquí en esta casa, aquí me estaré. Porque yo creo que el día en que deje de comer me voy a morir, y entonces me iré con toda seguridad derechito al infierno. Y de allí ya no me sacará nadie, ni Felipa, aunque sea tan buena conmigo, ni el escapulario que me regaló mi madrina y que traigo enredado en el pescuezo... Ahora estoy junto a la alcantarilla esperando a que salgan las ranas. Y no ha salido ninguna en todo este rato que llevo platicando. Si tardan más en salir, puede suceder que me duerma, y luego ya no habrá modo de matarlas, y a mi madrina no le llegará por ningún lado el sueño si las oye cantar, y se llenará de coraje. Y entonces le pedirá, a alguno de toda la hilera de santos que tiene en su cuarto, que mande a los diablos por mí, para que me lleven a rastras a la condenación eterna, derechito, sin pasar ni siquiera por el purgatorio, y yo no podré ver entonces ni a mi papá ni a mi mamá que es allí donde están... Mejor seguiré platicando... De lo que más ganas tengo es de volver a probar algunos tragos de la leche de Felipa, aquella leche buena y dulce como la miel que le sale por debajo a las flores del obelisco...


PÁGINA 32 – ENSAYO

LOS CAMINOS DE LA CREACIÓN

Por Carlos Fajardo Fajardo (Santiago de Cali/Colombia)

Este ensayo contiene algunas de las más visibles inquietudes de la poesía actual. Son reflexiones sobre la actitud del poeta ante la complejidad local y global en la era del mercado; sobre los nuevos desafíos de la poesía en la tecno-cultura mediática, y sobre la aniquilación de la utopía poética en el mundo contemporáneo. En estos tiempos de hombres de negocios, de mentalidades tecno-culturales, donde a la palabra se le asume sólo como herramienta de información mercantil, hay que darle a la poesía la posibilidad de ayudarnos a despejar neblinas y vislumbrar horizontes; hay que reivindicar su propuesta de cuestionar la iconografía global de nuestra época.

LA POESÍA: EL PELIGRO DE LOS PELIGROS

Servido como un fruto sobre la mesa, el poema ahora está listo para aquellos que lo quieran saborear. Saldrá al mundo seguro o temeroso, ocupará un lugar en la memoria de algunos o morirá de inmediato. El poema es como un niño inventando el azar. Nadie, salvo él, sabe de los maravillosos, extraños, escalofriantes encuentros que sufre y goza en su trayectoria. Es una Ítaca en constante deambular por los mares de la memoria. Ciudad lenguaje que en nuestro divagar buscamos como cómplices lectores; tren que transporta el misterio por los paisajes de los sueños. Esa es su aventura y su contingencia. Franquea las puertas de casa para inventar sus propios caminos. Así, cada poema construye sus lectores, convirtiéndolos a veces en comités permanentes de aplausos, en sus más apasionados defensores. Pero puede también ocurrir lo contrario: poemas que establecen lazos insólitos con fervientes y tanáticos enemigos, envidiosos de su divulgación, lo que no niega la afirmación aquí propuesta: cada poema, a pesar de él, se convierte en texto, gracias a que inventa sus lectores.
La escritura poética es como la vida, pasa y se transforma; es humus y aire, gravedad y levedad, tierra y nube. Pero la poesía para las sociedades mercantiles y pragmáticas de hoy, es quizás el oficio más inútil de todo el andamiaje cultural. No se le admite que el poeta sea el antípoda de los cánones del capitalismo transnacional globalitario; no se le acepta que asuma una actitud altiva, valiente, crítica, libertaria. Esa es su apuesta ética de dignidad y autenticidad, una actitud de confrontación, de repudio al servilismo cultural. Pero algunos escritores de nuestro tiempo desean ser útiles a los patrones del gusto publicitario, y entienden por utilidad el convertirse en instrumentos del mercado, promotores de imagen, genios de los negocios. Sufren el síndrome de famoso, de “¡miedo a la libertad, necesidad de servidumbre!” (Bataille, George, 2004: 18).
En esta sociedad de totalitarismos plurales y pluralismos totalitarios, se ha impuesto la idea del fracaso de un arte de confrontación y de ruptura, como también la derrota de todo proyecto emancipatorio. El arte, entonces, deja de ser una utopía de renovación y se le promueve como un producto eficaz y eficiente, junto a la retórica del esparcimiento light. Espectacularización de un arte que no representa amenaza alguna para las instituciones en la sociedad de los espectáculos. Cómo van a aceptar la imagen del poeta cuando éste es ante todo un hombre que provoca preguntas e “introduce el equívoco” (Bataille); un hombre que cuando todos aplauden las falsas certezas, él se desvía de la norma. ¿Cuándo van a permitir los profesores que el poema entre a las aulas de clase como un cómplice, un amigo amoroso y sincero que trae consigo una pedagogía del asombro? ¿Cuándo se dejará de considerar al poeta como payaso de fiesta, divertimento de última hora en actos públicos y en homenajes a la patria, declamador y bufón de la actual corte mediática global?
Se olvida que el poema abre ante todo las puertas del deseo; que es un oscuro y radiante objeto de placer con el cual entramos a lo conocido y desconocido del mundo, y con el cual ciframos lo que no nos han permitido nunca descifrar, descubrimos lo que está vedado, mencionamos lo que está prohibido. Como rito de iniciación hacia un mundo utópico y libertario, se transforma, al decir de Hölderlin, en “el peligro de los peligros”. Se olvida que, como se lee en este singular poema del chileno Jorge Teillier:
“La poesía debe ser usual como el cielo que nos desborda,/ que no significa nada si no permite a los hombres acercarse y conocerse. /La poesía debe ser una moneda cotidiana/ y debe estar sobre todas las mesas/ como el canto de la jarra de vino que ilumina los caminos del domingo (…) La poesía no se pregona en las plazas ni se va a vender a los mercados a la moda, (…) La poesía es un respirar en paz/ para que los demás respiren, / Un poema/ es un pan fresco, /un cesto de mimbre. / Un poema/ debe ser leído por amigos desconocidos/en trenes que siempre se atrasan/ o bajo los castaños de las plazas aldeanas”. (“El poeta de este mundo”).
En estos tiempos de hombres de negocios, tiempos de ecónomos y realistas pragmáticos; tiempos de mentalidades tecno-culturales globalizadas, donde a la palabra se le asume sólo como herramienta de información mercantil, hay que darle a la poesía la posibilidad de ayudarnos a despejar neblinas y vislumbrar horizontes; hay que retornarle su potencia de agudizar nuestra sensibilidad creativa, su actitud analítica frente a las estéticas de la estandarización y de la repetición promovidas por los mass media. Dignifiquemos aquí, entonces, el rito poético que liquida las certidumbres totalitarias, las verdades supremas inamovibles; reivindiquemos a la poesía por su propuesta de incomodar la iconografía global de nuestra época; saludemos al poeta auténtico por su actitud de trasgresor, pero también de inventor de nuevas miradas; por su profunda ambición de cambio, porque nos obliga a ser nómadas cuando creemos que todo está conquistado.
Siempre que pienso en esto, me viene a la memoria un poema de Odiseas Elitis donde, con tono irónico, describe las burlas a las cuales se ve sometido el poeta por asumir una actitud de extranjería:
“De mí en la cara se mofaron los jóvenes Alejandrinos./ Mirad, dijeron, al iluso turista del siglo./ El insensible que cuando todos los demás plañimos él está jubiloso/ y en cambio cuando todos los demás estamos jubilosos/ él frunce el ceño sin motivo. /Ante nuestros gritos pasa indiferente (…) ¡El anticristo y el despiadado brujo del siglo! Que cuando todos nos damos al sarcasmo/ él lleva ideas (…).
Sí, el poeta lleva ideas que hacen sentir y mirar mejor. Tal vez de allí provenga su condena por tener la vocación de vivir pleno en medio de la polifonía caótica de su tiempo.
Esta concepción dialoga muy bien con un poema del colombiano Juan Manuel Roca, el cual nos ayudará para aclarar lo hasta ahora expuesto:
“Algo así como entrar / en la zona del peligro / con una vieja colt inservible,/ Algo así como abrir un paraguas / para protegerse / en medio de espesos abaleos / la poesía, /riesgosa y vagabunda,/ territorio libre del sueño,/ cultiva las flores prohibidas”. (La Poesía).
Algunos poetas tratan de cultivar en sus textos aquellas flores prohibidas, fuera de las exigencias de la actualidad y de la moda. No escriben por el encargo que las editoriales le imponen, ni están preocupados por ser Top Models poéticos. “El deseo de ocupar el estrado, afirma el poeta Ezra Pound, el deseo de aplausos nada tiene que ver con el arte serio”. Y continúa: “¡Lo que cuenta es ‘escribir bien’!”. (2001: 40 y ss.).
En el concepto de Ezra Pound, la buena escritura es aquella donde el escritor dice justo lo que tiene que decir, con la mayor claridad y control posibles. Explosión emocional y control escritural. Permítanme ampliar este tema. Dice el poeta inglés Wordsworth que la poesía es “la emoción recordada en tranquilidad”, es decir, una emoción asimilada, comprendida, organizada por el lenguaje. Esto exige un trabajo de escritura que controle la inmediatez de las emociones y que las exprese con sosiego desde la distancia y el recuerdo. “La poesía necesita hombres que escriban intensamente con un control muy grande”, sugiere el poeta Guam Palm.
Sin embargo, lo maravilloso al escribir un poema, es que este trabajo de composición casi apolíneo, hace, a veces, vivir y sentir en el posible lector la emoción inicial que motivó su escritura. El poema, así logrado, conserva el recuerdo de lo intensamente vivido por el poeta. Memoria y palabra forman una complejidad indivisible. Sé que no todos los poetas estarán de acuerdo con este procedimiento escritural, pues es tan peligroso y arriesgado afirmar que en poesía existen fórmulas definitivas para fundar un poema. Sin embargo, creo que este puede ser uno de los tantos ejercicios que nos ayudan en nuestro solitario taller personal.


CONTRATAPA:

LA DANZA EN EL RENACIMIENTO III: LA PAVANA

Por María Dolores Velasco Vidal (Madrid/España)

La música siempre está presente en los acontecimientos de los seres humanos, es muy raro que haya grandes sucesos y el aire que respiramos no esté impregnado de bellos sonidos sin los cuales sería, según dicen los científicos, imposible vivir. La característica principal de los eventos de palaciegos es la presentación solemne de todos los asistentes ante los reyes y por tanto van acompañados de música.
Estamos en pleno siglo XVI y es costumbre iniciar ese cortejo con una danza muy especial llamada PAVANA, si, su nombre es muy sugerente y luego te hablaré de su posible origen pues hay diferentes versiones pero ahora, como se que estás impaciente, relato como será ese momento de solemnidad.
Imagínate a todos los cortesanos elegantemente vestidos, trajes de ricos tejidos, de corte perfecto… las damas vestidas con lujosos adornos, joyas, buenos peinados, compitiendo en belleza y glamour, muy altivas y distantes. Los caballeros, grandes dignatarios, nobles y gente muy principal también luciendo sus mejores galas, elegantes y caballerosos señores… todos “pavoneándose” como pavos reales cuando abren sus bellas colas y con mirada desafiante parece que nos dicen “mira que bello soy, ¿a que no has visto nada igual?”…
Damas y caballeros hacen su entrada en el gran salón formando una gran fila. Todos, en perfecto orden, van pasando para dar constancia de su presencia y una vez que han pasado todos por delante de los reyes comienza LA PAVANA.
Bellos acordes, acompañados de tamboriles que marcan su ritmo y comienza una danza de corte procesional, baja danza, es decir los pies nunca abandonan el suelo, fundamentalmente sus pasos se reducen a “avanzar” y retroceder” con algunas variantes hacia los laterales. ¡Que belleza, que elegancia, que majestuosidad en sus movimientos!, realmente es todo un placer ver danzar la Pavana tanto por la belleza de los movimientos como por el colorido de los trajes de gala y los ricos tejidos y las joyas que lucen… Todo un espectáculo de color y sonido es ver como las damas y caballeros realizar esos movimientos al compás de una bella música.
El gran Thoinot Arbeau relata en su libro “Orchesographie” sobre la Pavana:
“los que estudien esta danza deben impregnar sus mismas almas de dignidad majestuosa”; y en otro apartado: “nuestros músicos la tocan cuando una damisela de buena familia es conducida a la santa iglesia para desposarse, o cuando los músicos encabezan una procesión religiosa de capellanes, directores y hermanos de alguna cofradía importante”
No era considerada como una danza propiamente dicha, sino más bien como una forma de dar solemnidad a los eventos importantes.
Es una danza muy antigua que según los estudiosos de la época tiene diferentes orígenes. Unos sostienen que la pavana se desarrolló en las cortes española y francesa hasta convertirse en un cortejo procesional de gran dignidad y un espectáculo imponente, y según el Dictionnaire de Treveaux (1721) se la describe como “un género de danza grave, tomado de los españoles, en que los intérpretes forman una especie de rueda o cola, uno delante de otro, semejante a un pavo real; de ahí su nombre”
Algunos autores contemplan la posibilidad de que la palabra pavana sea derivada de “paduana” (Padua – Italia) aunque la mayoría se inclina porque la palabra pavana viene derivada de pavo real, ya que la puesta en escena se asemeja a los movimientos de éstos.

LA DANZA EN EL RENACIMIENTO IV: LA GALLARDA

A la Pavana le siguió inmediatamente otra danza de diferentes características: La Gallarda, muy en contraste con la anterior.
Si la Pavana nos dejó boquiabiertos por su solemnidad, majestuosidad y elegancia, La Gallarda nos alucinó con su ritmo frenético, la forma de danzarla, incluso la preparación física que se necesita para ello, teniendo en cuenta los trajes tan poco cómodos que usaban en esos tiempos, las damas con corsés muy apretados bajo unos trajes de tejidos muy pesados, llenos de adornos y pedrerías, golas y demás complementos no muy cómodos tanto en las vestimentas femeninas como las masculinas. ¡Qué derroche de agilidad!
Después de haber presenciado una Gallarda creo que está completamente justificado que nuestro amigo Jean Tabourot decidiera firmar con un seudónimo su ORCHESOGRAPHIE, porque convencida estoy de que no hubiera podido salir bien parado de la censura eclesiástica, teniendo en cuenta su condición de sacerdote.
Hay diferentes formas de la gallarda, unas menos vigorosas que otras, pero siempre son ritmos ternarios (Compás de 3 partes) que es precisamente lo que le da la característica de ritmo saltarín, vivo y alegre y dentro de las más vigorosas hay algunos pasos que eran ya “para nota” que se suele decir.
El tourdión no es otra cosa que una gallarda más tranquila, sin vueltas ni saltos vigorosos. Se suelen encontrar partituras en las que los autores incluyen el tourdión detrás de una pavana, como un todo y a veces es la misma melodía de la pavana pero cambiado el ritmo (la pavana es ritmo binario, de 2 partes).
La gallarda propiamente dicha es ya de tempo vivo y hay unos pasos especialmente enérgicos que imagino sólo los mas jóvenes podrían con ellos. Existe un grabado de la época donde se ve a la reina Isabel I de Inglaterra ejecutando uno de esos pasos frenéticos con el conde de Leicester y parecen estar en buena forma dado que no eran muy jóvenes por aquel entonces. Dicen que esta reina utilizaba la gallarda como ejercicio gimnástico para mantenerse en forma, posiblemente una forma antecesora del aeróbic.
Arbeau en su ORCHESOGRAPHIE dedica a la gallarda nada menos que 40 páginas, y en esas cuarenta páginas describe como unas 20 formas diferentes de la gallarda. Cuando decía que se dedicó a escribir un libro sobre danzas porque en su juventud le gustaba mucho danzar, creo que no exageraba el señor Tabourot… Experiencia creo que no le faltaba.
En una de las formas de la gallarda, la más frenética, se utilizaba un paso llamado la volté, (la misma que ejecutan la reina Isabel I y el conde de Leicester) una pirueta que os la describiré con las propias palabras de Arbeau porque esa descripción es sublime:
“La gallarda se denomina así porque uno debe estar gozoso y animado para bailarla” Ni que decir tiene que lo primero que hay que hacer es estar en plena forma y muy animado para abordar tan especial danza de lo contrario sería morir en el intento.
Analizad detenidamente esta descripción: “Si queréis bailar la volté, debéis colocar la mano derecha en la espalda de la damisela y la izquierda debajo del busto y, empujándola con el muslo derecho puesto debajo de su nalga, hacedla dar la vuelta” Sin comentarios, amigos… sin comentarios…
Y sigue…“Después de haber dado vueltas durante tantas cadencias como os agrade, restituid la damisela a su lugar, cuando ella sienta, por más que ponga buena cara, su cerebro confundido, su cabeza llena de torbellinos vertiginosos, y vos no os sintáis en condición mucho mejor. Dejo a vuestro criterio considerar si es cosa apropiada para una joven practicar separaciones de piernas y pasos largos, y si no están implicados y amenazados en ello tanto el honor como la salud”
Nos comenta I. Horst en su libro FORMAS PRECLÁSICAS DE LA DANZA “que después de estas descripciones anteriores no resulta sorprendente que las damas de esa época adornasen sus ligas con sus más preciosos lazos de oro y plata” de lo cual se deduce que estaban encantadísimas con la gallarda y que no se si lo de las separaciones de piernas se veía como cosa poco honorable, pero de lo que estoy convencida es que a las damiselas no les afectaba lo más mínimo ni al honor ni a la salud.
Con el reinado de Luis XIII, casto hombre, la volté desapareció y ya con el rey Luis XIV la gallarda murió totalmente.


 Grabado de época 
donde la Reina Isabel I de Inglaterra baila la volté;con el conde de Leicester

Copyright © María Dolores Velasco Vidal



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