Reconocimiento Nacional a GACETA VIRTUAL

Reconocimiento Nacional a GACETA VIRTUAL
Feria del Libro Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Año 2012

Rediseñada para ofrecer una mayor difusión de la escritura en castellano.

Dirección: Norma Segades - Manias
directoragaceta@gmail.com
GACETA LITERARIA Nº 66– Mayo de 2012– Año VI – Nº 5


Imágenes: BEAUTIFUL WORLD
 
PÁGINA 1 – REFLEXIONES

EDUARDO GALEANO
(Montevideo-Uruguay)

LOS MAPAS DEL ALMA NO TIENEN FRONTERAS

     Permítanme agradecer esta ofrenda que estoy recibiendo, que para mí es un símbolo de la tercera orilla del río. En esa tercera orilla, nacida del encuentro de las otras dos, florecen y se multiplican, juntas, nuestras mejores energías, que nos salvan del rencor, la mezquindad, la envidia y otros venenos que abundan en el mercado.

     Aquí estamos, pues, en la tercera orilla del río, argentinos y uruguayos, uruguayos y argentinos, rindiendo homenaje a nuestra vida compartida, y por lo tanto estamos celebrando el sentido comunitario de la vida, que es la expresión más entrañable del sentido común.

     Al fin y al cabo, y perdón por irme tan lejos, cuando la historia todavía no se llamaba así, allá en el remoto tiempo de las cavernas, ¿cómo se las arreglaron para sobrevivir aquellos indefensos, inútiles, desamparados abuelos de la humanidad? Quizá sobrevivieron, contra toda evidencia, porque fueron capaces de compartir la comida y supieron defenderse juntos. Y pasaron los años, miles y miles de años, y a la vista está que el mundo raras veces recuerda esa lección de sentido común, la más elemental de todas y la que más falta nos hace.

     Yo tuve la suerte de vivir en Buenos Aires, en los años ’70. Llegué corrido por la dictadura militar uruguaya, y me fui corrido por la dictadura militar argentina.

     No me fui: me fueron. Pero en esos años comprobé, una vez más, que aquella prehistórica lección de sentido común no había sido olvidada del todo. La energía solidaria crecía y crece al vaivén de las olas que nos llevan y nos traen, argentinos que vienen y van, uruguayos que vamos y venimos. Y en el tiempo de las dictaduras, supimos compartir la comida y supimos defendernos juntos, y nadie se sentía héroe ni mártir por dar abrigo a los perseguidos que cruzaban el río, yendo para allá o desde allá viniendo. La solidaridad era, y sigue siendo, un asunto de sentido común y por lo tanto era, y sigue siendo, la cosa más natural del mundo. Quizá por eso su energía, la siempre viva, fue más viva que nunca en los años del terror, alimentada por las prohibiciones que querían matarla. Como el buen toro de lidia, la solidaridad crece en el castigo.

     Y quiero dar un testimonio personal de mi exilio en la Argentina.
Quiero rendir homenaje a una aventura llamada Crisis, una revista cultural que algunos escritores y artistas fundamos con el generoso apoyo de Federico Vogelius, donde yo pude aportar algo de lo mucho que me había enseñado Carlos Quijano en mis tiempos del semanario Marcha.

     La revista Crisis tenía un nombre más bien deprimente, pero era una jubilosa celebración de la cultura vivida como comunión colectiva, una fiesta del vínculo humano encarnado en la palabra compartida. Queríamos compartir la palabra, como si fuera pan.

     Los sobrevivientes de aquella experiencia creadora, que murió ahogada por la dictadura militar, seguimos creyendo lo que entonces creíamos. Creíamos, creemos, que para no ser mudo hay que empezar por no ser sordo, y que el punto de partida de una cultura solidaria está en las bocas de quienes hacen cultura sin saber que la hacen, anónimos conquistadores de los soles que las noches esconden, y ellos, y ellas, son también quienes hacen historia sin saber que la hacen. Porque la cultura, cuando es verdadera, crece desde el pie, como alguna vez cantó Alfredo Zitarrosa, y desde el pie crece la historia. Lo único que se hace desde arriba son los pozos.

     La dictadura militar acabó con la revista y exterminó muchas otras expresiones de fecundidad social. Los fabricantes de pozos castigaron el imperdonable pecado del vínculo, la solidaridad cometida en sus múltiples formas posibles, y la máquina del desvínculo continuó trabajando al servicio de una tradición colonial, impuesta por los imperios que nos han dividido para reinar y que nos obligan a aceptar la soledad como destino.

     A primera vista, el mundo parece una multitud de soledades amuchadas, todos contra todos, sálvese quien pueda; pero el sentido común, el sentido comunitario, es un bichito duro de matar. La esperanza todavía tiene quien la espera, alentada por las voces que resuenan desde nuestro origen común y nuestros asombrosos espacios de encuentro.

     Yo no conozco dicha más alta que la alegría de reconocerme en los demás. Quizás ésa es, para mí, la única inmortalidad digna de fe. Reconocerme en los demás, reconocerme en mi patria y en mi tiempo, y también reconocerme en mujeres y hombres que son compatriotas míos, nacidos en otras tierras, y reconocerme en mujeres y hombres que son contemporáneos míos, vividos en otros tiempos.

     Los mapas del alma no tienen fronteras.



PÁGINA 2 – CUENTO

ADRIAN ESCUDERO
(Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

CIELOS ROJOS, CIELOS AZULES… (O Parábola de la Redención)

Con devoción, a la Infinita Misericordia de Dios, y a los que asumen al dolor, como medida del Amor.
En especial, a Quién al séptimo día –cosmogónico- descansó, porque  al tercer día- real y  cosmológico- resucitó.
Particularmente, a todos los Amigos de Iberoamérica en la Palabra y hermanos en Humanidad…

     Ahora, el anciano Ilusionista, alisó con suavidad su barba eterna, y, tomando posesión del ambón que se alzaba a la derecha del estrado del Último Teatro de la Ciudad, hizo un ademán elegante para que la música de los coros -¿celestiales?- envolviera de luz y cálidos sonidos al gigantesco polo escenográfico; y luego, con experimentada destreza, destrabó su lengua de siglos, milenios y eones, y leyó como un susurro, el Introito a la Obra que, en este preciso instante, acababa de dar comienzo pero aún sin actores en escena. Susurró…

     Ya Madre con Juan. Ahora Nazareno con niña.
     Está colgado. Y duele mucho.
     Una gota de agua abre su costado, y cae sobre la piedra maciza del monte. A sus pies, de entre las rocas, nace una niña. Golpea sobre su frente pequeña, inmaculada, el último espesor de sangre brotado de la herida abierta. Y llora. La niña llora ferozmente, y lo mira. El pecho abierto duele mucho.
     La niña llora aún más fuertemente. No sabe que si baja a socorrerla, morirá. Que si baja del madero, todo Pecado, la matará. Deja que llore. El pecho herido, duele mucho. La cabeza horadada, duele mucho. Y los brazos y las piernas y el cuerpo todo, duelen mucho.
     No puede bajarse de la cruz. Por su bien, no puede hacerlo ahora.  Cuando crezca, fuerte y bella, anchos sus pulmones, comprenderá en Espíritu a su Padre, y a su Hijo, un Nazareno con niña…

     Después el emérito Demiurgo agregó, con una sentencia por muchos de los espectadores conocida: “El que pueda entender que entienda”. Y se esfumó en una cortina de humo como de incienso, que difuminó su augusta figura y la trasfiguró en una de las tantas volutas con que la niebla del Primer Viernes envolvió al Mundo de lo Creado…

    Ahora, los actores en escena. Ahora, finalmente, el ocaso mesiánico tan temido como esperado había llegado… (Y un clamor, como de un millón de voces de ángeles ahogados, partió de las Gradas y Plateas de la sala demiúrgica. Rugió y estalló, aquel Viernes, como los relámpagos y truenos que provocan una tormenta otoñal, florecidos en la corona de nubes oscuras que envolvía el patíbulo, como a las tres de la tarde…).

     “Se está muriendo”, dijeron ellos.
     “Me estoy muriendo”, dijo él. Y, después de un suspiro prolongado, alguien o algo lo despeñó al fondo de un pozo negro y vítreo, que sólo tuvo fin en los incandescentes campos encarnados de un cielo rojo y febril. Una profunda marea de sangre y luto se mezclaban en los ocultos alaridos de aquellas manos que intentaron, de pronto, salvajemente, asirse de las suyas cuando todavía no habían tocado la superficie de aquel océano de sangre. Un súbito pavor le devoró las entrañas, pero pasó rápido. Y supo lo que debía hacer, y cómo hacerlo. Pendido como un títere hacia los sin limites subterráneos de aquel pozo negro, hizo crecer en ramas y ramitas y sarmientos a cada una de las espinas que formaban la corona sujeta a su cabeza hasta los huesos del cráneo atribulado. Creció así de esa corona de espinas un inmenso árbol, donde, una por una, aquellas manos se clavaron, espina con espina, suplicando ser asidas para escapar, de ese modo, con él, hacia lo alto…

     Y así fue. Un racimo de manos y de almas en llanto pero gozosas, fue elevada con esfuerzo sobrenatural hacia lo alto, y el que había sido arrebatado hasta sus profundidades, emergió nuevamente hacia las luces del amanecer del tercer día, en las serenas aguas de un cielo, ahora, azul celeste…  El remanso de aquel cielo limpió y sanó las heridas de aquellas manos, de aquellas almas, dando cumplimiento a la profecía: “… descendió a los infiernos y, al tercer día, resucitó de entre los muertos”.
     Nada de eso vieron las mujeres aquellas cuando, frente a su esbelta figura resucitada, buscaron entre los muertos al que estaba vivo…

     Entonces, el inmenso Coliseo estalló en aplausos. El Gran Ilusionista, de pie en el centro del escenario mayor, reclinó levemente su torso, y luego, con ademán educado, condujo esos aplausos hacia la magra figura del Cristo que había encarnado tan durísima experiencia.-


PÁGINA 3 – NUESTRA POESÍA

BELKYS SORBELLINI
(Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

LIBERTAD
1983

Recónditos estímulos de vida emergen,
subrogando principios, reglas, escrúpulos.
Presiento que hacen el amor sin miedos,
sin urgencias.

Presiento que por un instante, son.
Que liberan íntimos deseos,
que se nutren de una vieja amiga.

Presiento que nuevos aires se respiran,
presiento que emerges,
vieja amiga.

SOS UN GENIO NENA.

Sos un genio nena, me dijiste.
Me gusta hablar con vos,
perderme entre las palabras de Aristóteles,
la Metafísica de Kant, la Economía de Marx.

Sos un genio nena, me dijiste…
me gusta hacerte el amor,
perderme en los suspiros de tu boca,
cabalgar con tu montura,
respirando más fuerte en la locura.

Sos un Genio nena, me dijiste.
Sos un genio nena,
y te fuiste…

NADA.

Nada es perdurable, nada es eterno.
Lo infinito no existe.

¿Y el tiempo?
¿Quién dice que también es mensurable?

¿Y los ciclos?
¿Realmente se suceden?

Las apreciaciones nunca son tan objetivas.
Lo cierto y la verdad ¿de qué?

La vida, el tránsito, el camino.
¿Hacia dónde?

¿Por qué pisamos este suelo?
¿En qué partícula de cosmos estamos?

¿Y quienes dicen
que aún estamos vivos?

Y ME ACUÑO LA VIDA

Amanece y me acuño la vida.
Enciendo la mecha, desayuno.
Abro el mundo en un puñado de noticias
y para tu sorpresa, me asombro.

Corro, no camino y llego.
No trato de llegar primero.
¿Para qué?
Si da lo mismo.

Aquí, los burócratas deciden
si te dan el premio.

PÁGINA 4 – ENSAYO

RODOLFO ALONSO
(Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Argentina)

¿PARA QUÉ SIRVE HOY LA POESÍA?

     Si la poesía tiene todavía algún sentido, en estos tiempos de miseria, es cuando continúa encarnando, a pesar de todo, aquello a lo que Wallace Stevens aludió tan cabalmente en sus Adagia: “la dicha del lenguaje”. La sociedad de consumo, la sociedad del espectáculo, nos han embebido en su atmósfera estridente y demagógicamente chata, falsa en el doble sentido de imitadora y deshonesta, que se ha convertido en el aire que respiramos, en una seudocultura populista y no popular producida seductoramente por los grandes medios masivos de incomunicación. Con sus efectos deletéreos sobre la espontaneidad creadora de la gente, inclusive del lenguaje, especialmente del lenguaje.

     La cuestión es que si decae el lenguaje humano, decae la condición humana. Porque no usamos el lenguaje, insisto, somos lenguaje. Y cuanto menos lenguaje somos, somos menos humanos, menos hombre. Hemos vivido acaso sin percibirlo una mutación, y ahora estamos inmersos no sólo en una civilización cuyo centro ya no es el lenguaje sino que incluso ataca las fuentes del lenguaje. La crisis actual de la poesía no es entonces quizá tan sólo la de un mero género literario sino que, algo muchísimo peor, es la manifestación máxima de una carencia muy profunda en cuanto a la espontánea capacidad creadora de lenguaje por parte de los hombres.

     Cada vez que hubo una gran poesía, por alquitarada y elitista que pareciera, siempre estuvo secretamente ligada, aunque fuera por oscuros meandros, con una lengua viva realmente hablada por un pueblo, por una comunidad. Ante la amenazante posibilidad de extinción de la gran literatura, ¿cada uno de nosotros debería, como ya lo anticipó Ray Bradbury en su Fahrenheit 451, esconderse para preservar vivo, aprendido de memoria, el texto de un bello libro? ¿O será suficiente seguir intentando el poema?

     Porque “la palabra no sería deliciosa si no significase una calidad”, ¿no es cierto, Gabriel Miró? Y el hombre que labra amorosamente el lenguaje que es a la vez suyo y general, íntimamente propio y al mismo tiempo de la especie, el solitario que cumple después de todo la más significativa y necesaria función social, pudo ser nítidamente percibido por Michel Butor, ya a comienzos de la década de los sesenta: “El poeta es aquel que tiene conciencia de que la lengua, y con ella todas las cosas humanas, está en peligro.”

     Me parece sin duda evidente que la comprensible y valerosa reacción mundial de los ecologistas (a la cual hemos visto sumarse en su momento a tantos partidarios de la paz) ha logrado, hoy, llamar la atención sobre las consecuencias deletéreas que la adicción suicida por el poder global y la riqueza obscena ha tenido sobre la calidad de la vida humana y de la vida sin más en nuestro planeta, poniendo el acento sobre los daños geográficos, ambientales, concretos y visibles. Pero me temo que todavía no se ha percibido la enormidad del daño psíquico, cultural, estético y esencialmente humano que hemos sufrido para adaptarnos a esta maquinaria que ha enloquecido, cuyo único y delirante objetivo es hacer más dinero del dinero, hasta el infinito. Y que, en consecuencia, sería necesaria también una lucha ecológica a favor de la condición humana, de la calidad humana de la vida humana. Sin abandonar en absoluto lo otro, por supuesto. Hay un agujero de ozono pero también un abismo (si es que no un cáncer) en el espíritu.

     Como casi todas las cosas del planeta, la poesía ha sido hoy completamente desacralizada. Y si tal pudo ser acaso el objetivo de las vanguardias de comienzos del siglo XX, seguramente no lo fue en el sentido actual. No creo por ejemplo que la fuente-mingitorio de Duchamp tenga la misma longitud de onda y la misma orientación de sentido que tantas “instalaciones” en frío y tanto supuesto “arte conceptual” hoy extrañamente asumido como neo-academicismo, casi siempre de carácter oficial y con patrocinadores multinacionales que nada tienen que ver, ciertamente, por ejemplo con gente como Lorenzo de Medicis. Después de todo, ya en el siglo XVI, Francis Bacon podía decir que “La verdad surge más fácilmente del error que de la confusión”. Y sobre todo del error que es errar, errante. En lo profundo, en lo visceral, cuando nos quedamos a solas y se acallan los ruidos y se apagan las luminarias, Rimbaud sigue en cuestión, y cuestionándonos.

     Y para concluir, al menos por ahora, enfrentemos nuevamente aquella misma consabida pregunta, de una inocencia demoledora, que alguna vez me planteó en público un colega venezolano: “En la época que vivimos, ¿qué misión le asigna usted al poeta?”. ¿Cómo evitarse decir que quisiéramos que el poeta fuera capaz con su trabajo a la vez de realizarse como persona y de ayudar a todos sus hermanos, de enunciar la palabra necesaria, imprescindible y única, la palabra a la vez tan íntima y secreta, húmeda todavía del silencio de los orígenes, emergiendo en una orilla virgen del universo, y a la vez general, compartida, fraterna, solidaria, no tan sólo ofrecida sino también aceptada por los otros, que entonces la harían suya y le darían destino, aunque ese destino fuera el no poco glorioso de volverse saludablemente anónima, ya sin autor ni tiempo, encarnada en el fluir mismo de la vida y de lo humano? Ni traicionarse, pues, ni traicionar a los otros; y además, no traicionar la propia lengua, el propio idioma, el sonido que uno ha venido a traer al mundo. Y siendo uno ser la especie, tan bellamente bárbara e intuitiva como trágicamente condicionada por las culturas que se ha hecho o le han impuesto. Y ser la esperanza de un mañana mejor, la luz de la utopía sin la cual no merece la pena vivir. Y ser también, al mismo tiempo, la conciencia de nuestra irrisoria pero desmedida condición. Lo que somos, lo que podríamos ser, quizá lo que seremos. Pero bien sabemos que, por ahora, la única gloria honestamente deseable ya no es siquiera ni la de vivir en el corazón de los otros, de algún otro, sino más humilde y sabiamente el honor y el placer, la angustia y la ansiedad de haber escrito, de haber sido capaz del poema, que por nosotros circuló y ahora está vivo, fragante y tibio, latente carne de lenguaje, recién amanecido, temblorosamente inclinado, tendido, hacia los otros, hipócritas o no, semejantes, hermanos


PÁGINA 5 – CUENTO

RAÚL ASTORGA
(Rosario-Santa Fe-Argentina)

TIEMPO PARA CAMINAR

     Desde que era chico, muy chico, desde que nos contaban aquellas historias nuestros mayores, tuve la idea de encontrar un lugar desde el cual, caminara hacia donde caminara, pudiera ir hacia el sur. Al fin lo logré, por circunstancias obligadas, pero me encuentro andando sin parar y contemplando cómo está el mundo. Sé que ella me espera en el sur, como hemos convenido. Pero ambos sabemos que cuando llegue, ya no seré el mismo. Es el riesgo. Seguir estos caminos me ha hecho pensar que no importa el tiempo. Ayer anduve entre edificios de cristal de cuarzo, merodeando el afán de los más perturbadores arquitectos que intentan propagar su fama. Quién puede asociar ese paisaje con un tipo que sólo ingresa en un comedor a comer, por necesidad; no para cargarse las pilas como hace la mayor parte de estos seres disgregados. La gran guerra nos dejó esta ocasión de cruzarnos casi sin vernos. Sin embargo, hay esperanzas en este chofer que me lleva en su vehículo hacia las afueras de la ciudad. Me dice que caminar por aquí es peligroso y que las patrullas no defienden a quienes se empeñan en ir hacia el sur. Esta mañana, crucé velozmente los campos abrumados por la eterna sequía. Las pantallas de los medios de información afirman que jamás volverá a crecer una planta. Sin embargo, al mediodía pude ver el sol que se muestra firme, eterno y dispuesto a esperar el tiempo necesario que permita volver a creer en la humanidad. Me senté junto al río, vacío, rasgado, azul de la nada que dejó ese maldito azufre que esparcieron alguna vez. Miré alrededor, sin hallar siquiera un perdido compañero a caballo. Claro, si ya no existen esos animales, aunque me empeñe en creer en ellos. La esperanza de cruzarme con un perro que me siga, tampoco.   

     Sin embargo, hay algo en el paisaje que lo hace poseedor de una belleza macabra. Por la tarde sigo hacia el sur, cruzando canales, monumentos en ruinas erigidos en otra época por los ausentes, y selvas amazónicas resecas y altivas por su gris apagado. Ya, a esta altura, no hay ellos; sólo nosotros como vine sospechando desde tiempo atrás. Y sigo escandalosamente hacia el sur, bordeando el Paraná que perdió todo menos su nombre. Perdió su sabor, su color marrón, sus pueblos a ambos márgenes. Mientras el sol cae, o caigo yo, según se mire, llego a destino. Aparecen las primeras estrellas, y la veo. Está sentada de espaldas a las cuatro torres que marcan nuestros puntos cardinales, sobre un montículo, contemplando con sus ojos de mirar al infinito el río que ya no existe. Me espera, porque sonríe cuando me ve. Su rostro se apaga, pero permanece la silueta de su cara, de perfil, a contraluz de la incipiente luna. Le digo que es verdad: estamos solos. El primer mundo es de los androides, y todos los calendarios que pude ver marcan el 2999. Me rasco el antebrazo ante la primera picadura de mosquito que sufro desde que salimos a la superficie. De pronto, se oye un sonido que habíamos olvidado. A metros de allí, un destello violáceo nos guía hacia la infatigable alarma. Nos acercamos para ver. Es lo que nuestros mayores llamaban teléfono celular, solo en la inmensidad cósmica del universo. Nos miramos apenas. Ella lo levanta y me pregunta: quién podrá ser a esta hora, y desde dónde.


PÁGINA 6 – NUESTRA POESÍA

MÓNICA LAURENCENA BERRAZ
(Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

VENTANA DEL AMANECER

Un  aleteo, trinos, vuelos…
El alba…en la persiana se atisba…
Amanece, ya casi…
Ellos son mi sueño inacabado.
El ejemplo exacto que la vida fluye…
La brisa mañanera, alguien pasa,
 cantan tan cerca en el alfeizar…
 saludan las gentes al pasar…
 una moto pasa rauda,
 la vida recomienza…
la voz de la vecina tan temprano,
ella barre (todas las mañanas de la misma forma)
y yo amanecida.
En el leve vuelo de la poesía sosteniéndome
aún viva junto a mi ventana …
Amo a estos pájaros de mi calle.
inciertos aleteos que ahogan el misterio
de mi partida…

OFICIO DE ESCRIBA

Oficio de miradora, el mío,
que vislumbra las luces
en el haz infinito de todas las auroras…
trepa por los bordes…
incauta,  todavía inocente
persiguiendo   no sé qué
buscando la verdad en el trazo  del pincel…
O en aquella imagen del rostro.
Oficio de escriba que relata
desmenuza increpa acusa
la infinitud del paisaje…

Atravesando las latitudes
que ellos me permiten…
Trepando las cabezas
Perfilando sus costados ojos  manos…
Cuerpos cuellos rostros de afilados cuencos…
De los artistas voy recorriendo la inmensidad del espacio…
La existencia en todos los mundos:
Fotos de contraluz, esculturas de metales,
Espacios con extrañas y míticas cerámicas…
Algunos me aquietan  con su música…
Cual pájaros de libertades multiplicadas…
El canto vivo de la voz y la guitarra…
Me dan alas para seguir respirando el día que sigue
Al día que después vendrá...

Oficio de testigo enlazada con los versos
La mañana del día que acuna
Toda la terrible soledad de los hombres…

SERIE  DE  MIRADAS  HISTÓRICAS


                 1974

Yo sólo veía banderas rojas
las  Facultades  tomadas, volantes,
muñecos quemados en la calles ,pancartas
debates de sociedades libres ,más justas…
El Che siempre presente   y  ya Salvador ausente…
Sólo veía líneas de fuegos…

                  1976

La oscuridad  cayó sobre mi Patria…
Esa noche mi madre, abrió su puerta  (generoso corazón).
 En mi humilde casa
durmieron días y días compañeros ,
 luego partieron, hoy andan caminan tienen hijos.
Una  noche de miedo e incertidumbres…
Ella cocinó, abrió un vino tinto. Y matizó con una buena charla
de autores : Sartre, Proust, y Simone de Beavuoir…
infaltable el mayo francés
                                 Conocía, sabía del dolor y la represión…


BREVE REVELACIÓN

No puedo  revelar
el misterio …
la canción que salta en el vacío,
la longitud del verso.
Mi larga y  carnal inocencia
frente a la blanca incauta hoja
que se dilapida en cenizas de tiempo ido.
No se me revela el por qué…
Esta cruel desesperación  que corre
con  lápiz en mano  a volcar poesía y más poesía…
Encantamiento de magia singular
en la creación de lo universal…


Liquido mis raíces   como vuelo sobre los árboles
y la cintura  del día
se hace amanecer en los cantos…


PÁGINA 7 – ENSAYO

MIGUEL ANGEL GAVILÁN
(Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

CHARLES DICKENS

     Nació entre los desperdicios de las fábricas, amigado con el olor de la lana empiojada y las ratas de ojos rojos. Su madre, que aún no era pobre, lo parió en una casa que le cediera una parienta generosa pero seca, enemiga de aceptar gratitudes. Aunque solía tenerlo prolijo en mitad de toda esa mugre, le decían “el sucio” porque andaba frotándose las manos en los pantalones como si las llevara manchadas de tierra.

     Cuando su padre, un oscuro oficinista del puerto, terminó preso por deber cada botón de sus chaquetas nuevas, cada plato de su cena y cada flor que le regalaba a su mujer, la familia completa fue a la cárcel.

     -No deben separarse nunca. Es la ley más benigna.-dijo el Juez que quiso ayudarlos.

     Para entretenerse, mientras duró el encierro, el chico contaba los barrotes de la celda y soñaba con el aire verde que llegaba del campo.

     Más tarde lo entregaron a un orfanato donde aprendió rápido a ser egoísta para comer y a golpear más fuerte para ganar la batalla de la inocencia.

     A los doce años comenzó a hacer trabajos de adulto. Fue en una fábrica de betún, poniéndole etiquetas a las latas. Lo rodeaban el calor y los obreros que tosían negruras. El betún le había cambiado la frescura de las manos hasta que éstas fueron una mancha grasosa en la rapidez de la pegatina.

     Poco después llegó la mañana en que le tocó hacer repartos. Entre entrega y entrega se distrajo con el vuelo de unas palomas, o con el perfume que despedía el sobrero de una mujer, o esquivando las anécdotas de los borrachos que se amargaban en los bares del puerto. Hizo bien porque se adentró en una calle donde se empolvaban negocios iguales. En el escaparate de una tienda vio un libro ilustrado sobre un atril de madera. La escena mostraba a un niño que hablaba con el dedo levantado a unos sacerdotes.

     El dueño de la librería lo hizo pasar. Le entregó otro libro y lo dejó ensimismarse con las historias narradas en imágenes. Él, que nunca había visto castillos y fantasmas, hogueras donde ardían espadas mágicas y princesas que dormitaban en divanes dorados, de pronto contó a montones las monedas que se perdían en suelos de papel, comió delicias de azúcar y recorrió desiertos donde las mujeres hablaban con los ojos y los hombres aspiraban delirios en narguiles de asta. Cuando las maravillas lo agotaban no dudaba en pedirle ayuda al librero. “¿Qué es eso?”, “un dragón devorando un barco”. “¿Y eso?”, “una escalera en el cielo”. “¿Y eso?”, “un fauno enamorado de una doncella”.

     El niño volvía a la casa lleno de luces nuevas. Y el mal olor de engranajes y aceites se le olvidaba ni bien el recuerdo de sus historias en colores le arrimaba el sueño más tibio.

     Fue el librero (quizás un imprudente o un sabio) el que le enseñó a combinar letras para hacer palabras. Le aconsejó que cuidara su postura al escribir; que aunque ese mundo era atroz, hablando de él a los que no lo conocían, sin duda, podría mejorarlo; que la única manera de que la basura se desbordara en trigales era convirtiéndola en frases y en niños, tan sucios como él pero también, tan limpios. Algo parecido a pintar una flor en un muro de piedra.

     Y un día, con el trazo experto del hombre que conoce el secreto de los hombres, Charles Dickens puso la primera palabra en una hoja en blanco.

     Sin proponérselo, nos había salvado.


PÁGINA 8 – CUENTO

SANTIAGO BAO
(Villa Gesell-Buenos Aires-Argentina)

AVATARES
(El pozo)

            Ya no recuerdo cuánto tiempo hace que estoy aquí, ni en qué circunstancias llegué. El decirlo con esta sencillez me ha llevado mucho tiempo; tal vez, demasiado. Ahora sé que no lo sé.

            Federico Silenzi. Ese soy yo. Y esta evidencia llegó a mi mente como una revelación después de muchos meses. Aunque los relámpagos de las sombras de la duda, a veces, se renuevan insidiosamente.

            Hay unas imágenes imprecisas donde recuerdo algo, transcurriendo agitado, buscando  en habitaciones ruinosas, en armarios desvencijados, en cajones que se atascaban, tratando de encontrar algunos rastros que me restituyeran el orden perdido.

            Hay rastros en mi memoria de transitar en algún momento, por pasajes laboriosos que finalizaban en sitios con luces que lo encandilaban. Una evidencia: en esta casa estoy solo. Afuera hay otras casas polvorientas. Es un pueblo pequeño. Caminar unos trescientos metros para todos los puntos cardinales, significa llegar al desierto, las casas desaparecen en un paisaje ominoso.

            Hasta ahora pude alimentarme - lo hago frugalmente -, apoderándome de los pobres elementos que me brindan cuatro discretas despensas deshabitadas.

            Vivo en una gran cocina-depósito-dormitorio. Hay algunos libros viejos.

            No dispongo de ningún medio de transporte, aparte de una carretilla y algunas bicicletas irrecuperables.

            Sin embargo, encontré hace mucho, un gramófono a cuerda con su caja de púas y una breve pila de viejos discos de pasta.

            Nueve discos que escucho en las más variadas secuencias, para vanamente intentar neutralizar el efecto de la repetición, motivo por el cual, pasan largos períodos en que no los reproduzco.

            Hace algunas noches escuché algunos ruidos en las otras habitaciones.

            A la mañana las recorro con minuciosidad y compruebo que se trata de sucesivos derrumbes, de pequeños deterioros comprensibles dada la antigüedad de estas construcciones, los revoques flojos, las maderas que se van pudriendo, la neutralidad del viento.

            Pero eran ruidos que antes no percibía con tanta nitidez.

            En esos momentos aprovecho para reproducir en la victrola algunos discos, como “Vivere” cantado por Carlo Butti o “Boum” por Charles Trenet. Otro hecho extraño de los últimos días, cuando duermo me parece que me sumerjo en un pozo profundo y oscuro, nada más, ni vestigios de sueños como antes. ¿Y cuánto es antes?

            Ayer, al atardecer escuché unos murmullos, voces lejanas, fragmentos de conversaciones de las que nada pude descifrar. Miré por la ventana en ruinas, pero no observé a nadie.

            Hoy los murmullos se intensificaron. Salí varias veces, pero en el suelo polvoriento no se registra ninguna huella.

            Sí, había momentos en que como ráfagas, desfilaban rostros que alguna vez habían sido parte de mi vida, significaban algo que no lograba desentrañar; escuchaba sonidos lejanos que nombraban palabras que se deshacían al instante, y aunque breves y mezquinos, su  permanencia despertaba en algunos pliegues muy íntimos de mi memoria fracasada, una profunda nostalgia, un dolor infinito, que me inclinaba hacia un comienzo de lágrimas lentas, para luego convertirse en sollozos convulsivos.  Lloraba hasta que la furia, como un trompo  que de pronto pierde su equilibrio y tropieza contra el piso polvoriento dispersa su ira fugaz.

            Entonces pateaba la escasez del recinto y arrojando golpes a la nada, me doblaba vencido por una fatiga inmemorial sobre la mesa desgastada, como el último recurso que me revelaba con una lúcida convicción, el conocimiento de mi verdadero destino.

            Más cuerda al gramófono. Billie Holiday en dos placas, qué curioso, grabaciones del 36, sobre todo “Pennies from heaven”y “These foolish things”.

            La noche se expande en las paredes al conjuro de las sombras, que la lámpara a querosén no alcanza a disipar.

            Salí del pozo del sueño de pronto; la soledad, el imperio del silencio ha aguzado mi oído. Ahora se escuchan unos cuchicheos, misteriosos susurros cercanos. Me levanto. La noche está algo iluminada por la luna y avanza con rapidez. ¿Y si finalmente decido irme, salir del caserío? ¿Pero hacia dónde caminar? Los intentos que hice varias veces fueron cada vez más breves. El desaliento de la nada deshilvanaba con facilidad la trama de mi rebelión y regresaba.

            No de frente, lateralmente, percibo unas sombras fugaces, siluetas difusas que se desplazan con rapidez. Después se repite un silencio doloroso. Luego, nuevamente, todo tipo de sonidos inquietantes. Algo acecha en la oscuridad. Lo puedo sentir en la piel, en la nuca, algo perverso, que trata de poseerme.

            La mañana retorna gris. Realizo una recorrida por los alrededores. Me parece que uno de los pocos árboles raquíticos, que se encuentra enfrente, tiene una rama quebrada. Antes estaba íntegra y anoche estaba sereno.

            Mientras regreso a la casa, otra vez percibo lateralmente una sombra que se desliza como al ras del piso y desaparece en una esquina.
            ¿Habrá alguien cerca? ¿O mis sentidos han resuelto engañarme unilateralmente? ¿Y esos murmullos susurrantes? ¿Y esas risitas apenas contenidas detrás de las ventanas descascaradas? ¿Habrán venido a buscarme a quién sabe qué retornos? ¿Y si es así, por qué no se manifiestan abiertamente?

            Me invade una excitación desconocida. Presiento que esta noche se producirá una revelación.

            La oscuridad se aplasta contra la casa como un disparo mortal.

            Dejo la lámpara encendida y después de un tiempo desconocido trato de escribir los acontecimientos que van desde las tinieblas a lo que ahora aguardo. Me invade un temor helado que comienza a circular por todo el cuerpo y el interior del cuarto. Truena.

            La costumbre de dormir se disipa con los murmullos de imposibles conversaciones. ¿Y las sombras en las paredes y en las ventanas? ¿Son por causa de la lámpara amarillenta? ¿O no?

            Ahora el silencio es inmenso. No me muevo. Trato de no dormirme.

            La puerta de entrada se abre y oigo otra vez esas risas contenidas. Se acercan. Trato de huir, pero siento una debilidad que sólo me permite ver como se abre el pozo profundo y tenebroso, allí en el piso cercano a la cama, debe ser en el que me sumerjo todas las noches al dormir y de donde regreso con la ominosa certeza de haber caído en él hasta el fondo. Este lugar ¿será el otro lado del pozo? ¿Habrá aún otro más?

            Y esa fuerza que se acerca con las sombras y trata de empujarme al borde del negro hoyo y al que con una lucidez limpia como una llama, sé que caeré, inexorablemente.


PÁGINA 9 – POESÍA ARGENTINA

ALDO NOVELLI
(Neuquén-Neuquén-Argentina)

hablar del río
(Limay, reflejo de agua clara)

el río siempre me habló.

de chico
lata oxidada de duraznos
larga tanza y plomada
me regalaba viscosos pescados/
truchas de ojos fijos y aletas azules.
me contaba historias de hombres viejos
en precarios botes de madera
que por las noches buscan
en esos reflejos de luna
peces ilusorios como las estrellas.

cuando adolescente
le relataba mis penas de amor
y él me ofrendaba bellas sirenas
de rostro oscuro y ojos rasgados.
ahora/ un adulto sin cielo
que aún persigue la utopía
de una tierra de hombres libres/
en este tiempo donde el mundo
se ha vuelto veloz y furioso/
ciertas noches de creciente
camino hasta el río
a contarle el dolor por mis hijos/
y él me calma
narrándome una líquida fábula
del pez luminoso del devenir.

cuando ya sea viejo
iré lentamente hasta su ribera
le haré la última pregunta al río
y me hundiré en sus aguas
a nadar junto a los peces
con mis ojos fijos y los labios azules.-

¿QUIÉN DICE?

¿Quién dice que el infinito es impensable?
salgo apurado a pagar los impuestos
tengo poco tiempo
debo volver urgente a mi monitor perverso,
y repentinamente pasan un par de piernas que…
entonces me detengo y me quedo mirando el infinito
simple y llanamente el infinito.
Un viejo asqueroso pasa a mi lado y escupe
en el borde del vacío
a centímetros de mi zapato derecho.
Viejo de mierda, no le voy a perdonar
que ande enroñando mis dulces abismos.

UN HOMBRE HA MUERTO

Un hombre ha muerto. Una mujer llora.
Mucha gente también llora.
Gente de barrio, de villas, gente del pueblo.
Gente sin nombres conocidos.

Llora María, Roberto y Florencia.
Otros no dicen nada y miran con asombro.
Unos pocos se alegran y festejan
con bocinazos y champán la muerte de ese hombre.
¿Cómo se llaman las personas que festejan la muerte de un hombre?


PÁGINA 10 – ENSAYO

GABRIEL ARTURO CASTRO
(Bogotá-Colombia)

CENIZA INCONCLUSA

Hubiera bastado un nombre luminoso para prolongar y levantar indefinidamente nuestros dedos sobre la extensión y sobre las cosas.
René Char

Según las exigencias de su inefable sensibilidad interior, Char inaugura un diálogo, una aventura espiritual donde la acción y la reflexión están estrechamente unidas. “Tiende a depositar su experiencia bajo la forma más densa y más explosiva”. Char define a la poesía como “una mezcla de vida, aproximación de la pena, elección exhortada y beso en el momento mismo”. Puede más la intuición que el discurso, el alcanzar una realidad más profunda, la íntima y elemental disposición de las cosas. El espíritu siente por la imaginación y conoce únicamente por la esencia de las verdades primeras, el origen que viene a ser lo oscuro, el silencio, el principio, el manojo del preambular sol.
La palabra comienzo para Char es el misterio que se exalta a una alta dignidad:

En el poema, cada palabra casi debe ser empleada en su sentido original. Algunas palabras, separándose, se hacen plurivalentes. Las hay amnésicas.

La palabra predestinada al poema que funda una realidad, autónoma y diferente, entraña de una oscuridad de la obra que se instituye como confección del espíritu, punto de partida, interioridad empeñada en el mundo, génesis que indaga sobre el ser, su amanecer y presencia, su fatiga, sus esfuerzos para sobrevivir, su situación indómita y libre, pero igual su extravío, su exilio y migración, "las palabras que surgen de esa silueta terrestre de ángel rojo son palabras esenciales, palabras que traen inmediatamente auxilio".

Char se coloca adentro del pensamiento viviente, en el ser, afirma sin excluir y asume los opuestos, el choque, el conflicto. Hace una síntesis primitiva donde el ser no pierde su unidad interior, lugar de encuentro del relámpago y la rosa, de las cosas fugaces, que escapan o huyen, pero que pese a su condición efímera se unen para nuestro cumplimiento. “Para René Char, el arte está hecho de opresión, de tragedia, cribados discontinuamente por la irrupción de la dicha que inunda su sitio y luego parte”.

Es una poesía profética que pugna por hacer un proyecto de mundo, de un hombre que vuelve hacia sí mismo mediante la voluntad y la tensión. No sólo ve, sino siente que ve, verificando el hecho de ver, porque más allá de la sensación, de la emoción, está el ejercicio, el ánimo de la reflexión de un ser en el abismo, pero que al tiempo intenta habitar ese mundo mediante la eterna búsqueda del enigma, del poder revelador de la palabra: "Las ruedas - esos escombros - de nuestro molino petrificado se animan, rastrillando aguas bajas y difíciles".

Sumérgete en el enigma que cava, dice Char, devuélvete al interior del espejo, al duro enigma que se encuentra en el centro de la voz humanística del poeta, de su hermetismo, claro - oscuro y denso acto de retornar a la pregunta, al ojo exculpado, al escombro, a lo petrificado, al azar, a la cosecha y al fuego, "al fuego no visto, indescomponible", a la noche desgarrada con relámpagos, a la bordeante ingratitud:

Diré las Madonas sagaces. No las confundamos con las codornices, bestias de la desolación. ¿Cuándo aprenderemos a vivir conversando contigo, rojo sol demasiado filial, en esta hora tan baja cuando gimes sin expresar nada ante el sol ciego? Aquí algunas gotas de sangre sobre la flor del agua gris que supone al borde de su mañana y la nuestra.

Entonces el poeta será ladrón y dador de fuego, quizás su descubridor, pero que no lo retendrá, como Prometeo dispuesto al peligro, al riesgo perpetuo de la iluminación o al castigo de la cadena y el hambre del águila.

La eternidad viene a ser el relámpago, el faro arisco del cedro, la alondra, llama sedentaria, hoguera desvelada del cielo: "El hombre tiene dentro de sí a la tormenta".

Y el poeta está en el centro de esa tormenta, palabra, hielo y sangre, cuerpo nutrido por el rayo, pero listo a desecarlo, a tramar selvas y jardines antes que la felicidad sea destruida, igual que el pájaro, el aliento, la mariposa, la ortiga, la caléndula, la nuez, el girasol, el almendro, el olivo, la alfalfa, la rueda y el ciprés.

Porque la poesía es la "única subida de los hombres, que el sol de los muertos no puede ensombrecer en el infinito perfecto y burlesco". La poesía será para Char, durante su ascenso prometeico, el río donde culmina el relámpago e inicia la casa, el sueño sobre la llaga, un contrasepulcro, el amor realizado del deseo, el espejo de todos los ojos, el espíritu de la vehemente ave, la rebeldía del hombre inmolado que se ramifica, el fruto maduro del árbol que se toma con entusiasmo a pesar de su úlcera, la poesía, el ámbito difícil, la tierra arable y pródiga hasta la sangre, la poesía, "siempre entre nuestro corazón trizado y la cascada aparecida".

Con el poema, flecha de sol, cardo descubierto, “elección exhortada”, combate entre el vacío y la comunión, fuego nuevo, llama que aventaja su suerte, se atraviesa toda composición desértica, la noche vieja, su llaga de pirata, la noche de las palabras y un "corazón soberano dispersado en conquistas pronto reducidas a cenizas".

La tormenta es la cercana obra de la poesía.

René Char

En las alturas
Espera aún a que yo venga
                                                     A romper el frío que nos retiene.
Nube, en tu vida tan amenazada como la mía.
(Había un precipicio en nuestra casa.
                                                     Por eso hemos partido y nos hemos establecido aquí).

Basta de cavar
Basta de cavar, basta de minar la parte próxima. Lo peor está en cada uno, como cazador, en su flanco. Tú que no eres aquí más que una pala que el tiempo levanta, vuélvete sobre lo que yo amo, que solloza a mi costado, y rómpenos, te lo suplico, para que yo muera de una buena vez.


PÁGINA 11 – CUENTO

CARLOS LUIS IBÁÑEZ TORRES
(Pamplona-Colombia)

EL ESCRITOR

El hombre, de escasos cincuenta años, taciturno y entrado en los albores de la obesidad, soportaba paciente el duro gris de invierno, refugiado en el modesto cuarto que fungía de biblioteca, donde  imaginaba que cada libro era su autor o autora en persona, y allí  reunía a los más importantes poetas, novelistas, cuenteros, periodistas, músicos, pintores, de ambos géneros para sentir que desde los estantes de madera donde reposaban, lo miraban soñar y disfrutar al intentar escribir poemas, narraciones o experiencias pedagógicas de su ya larga carrera, como  asunto que él consideraba era su único atributo.

Como si fuera una vieja máquina, el invierno se había quedado varado frente a la ciudad con su atuendo de grises. Sus añejos aromas líquidos impregnándolo todo y su ejército de grillos y rumores, acometía sobre los viejos árboles, sobre los cansados techos de teja y los recientes edificios con su algarabía, tarde tras tarde, noches enteras, mientras la ciudad parecía hundirse con sus gentes, lentamente apuntillada por los interminables aguaceros.

El sol se había marchado hacia meses, y los niños, refugiados en sus casas, velaban tristemente los campos donde habían sido felices cuando en tardes de balompié  conocieron la gloria de anotar un espectacular golazo de tiro libre, o se habían hecho inmortales  en la memoria del paisaje al atrapar un balón imposible que llevaba el sello de gol, del zurdo Villamizar, que le pegaba a la pelota con semejante potencia que lo apodaban El Bomba.

Entre su colección de libros, se destacaba, además, una enorme  cantidad de diarios nacionales y locales que conservaba muy bien con noticias trascendentales de la política, el deporte, la cultura, la economía, y hasta la farándula nacional, porque pensaba, que serían al final de sus días, la conciencia de su época y el testimonio de su generación como precaución a una demencia senil o a esa terrible pérdida de la memoria que ataca a los hombres en el ocaso de su existencia. Tardes enteras se refugiaba en su mundo de noticias añejas, de fotografías intemporales ya, efecto causado por la transformación de las ciudades y el cambio generacional, el progreso y el desarrollo del país y del mundo.

A su memoria de “adulto contemporáneo,” llegaban como aves migratorias, los recuerdos de la infancia empapados también por los inviernos andinos forjadores de esa nostalgia milenaria acampada en su piel. Recordaba las avecillas de barro rojo que fabricaba en las tardes mientras el tiempo transcurría sin prisa en la huerta de la inmensa casa paterna donde escuchaba pasar el viento planetario, con sus extrañas voces míticas cargado de historias, que se fueron metiendo en su cabeza a través de la espesa niebla.

Las mañanas eran literalmente rápidas y se iban en un veloz instante que únicamente le permitía ejercer su profesión de maestro, oficio que amaba porque en éste había encontrado el secreto de la felicidad que encierra dar sin recibir, pero aunque amaba su profesión tenía sueños  cercanos a la labor de escribir, de poner a las palabras un aroma de vida, de vivencia real, de nostalgia o de alegría, porque ellas eran las únicas que estaban allí, cuando él las invocaba, porque a pesar de esquivas como lo son, le eran fieles cuando las hallaba  precisas en la dimensión de sus ideas..

Una noche de su infancia soñó con la ciudad empapada girando en remolino bajo la lluvia y precipitándose hacia el fondo del valle, cuando despertó, todos en la casa estaban aterrorizados porque un fuerte temblor había sacudido la zona dejando muchos dignificados, y nunca olvidó la cara de pavor de su abuela, que repetía incansable y firme una oración mientras pedía calma.

Los sueños eran parte de sus noches y no era extraño que se repitieran en la realidad, en uno de ellos  caminaba bajo la tarde invadida de neblina, solitario entre sauces y vacas tristes que lo miraban pasar adivinando que su rumbo no era otro que el de todo solitario perdido en los laberintos insondables de los pensamientos, mientras consumía una buena porción de recuerdos y saboreaba con ellos los últimos aromas frescos de su infancia.

La lluvia arreció, la neblina huyó disuelta en trazos amorfos y el hombre, en sus sueños, caminó tan rápido que quedó frente a frente con la tarde abierta como una inmensa garganta que lo llamaba a gritos, entonces hundió su mano hasta el fondo del bolsillo de su viejo gabán y allí estaba, como un animal enjaulado, un  Smith & Wesson, tan viejo como sus pesadillas, pero que aún así, retumbó en la tarde mientras  el único proyectil que quedaba en su tambor, atravesaba su sienes y lo hacía rodar por el interminable precipicio del silencio.

Despertó sobresaltado y corrió instintivamente hasta la  biblioteca, tomó uno de sus viejos diarios fechado 55 años atrás, en donde se leía en titular destacado: “Muere trágicamente, por suicidio  confirmado, un escritor que caminaba bajo los sauces, y, la mirada triste de unas vacas”.


PÁGINA 13 – ENSAYO

ANTONIO GARCÍA VARGAS
(Almería-España)

21 DE MARZO, DÍA MUNDIAL DE LA POESÍA

     Ha pasado el Día Mundial de la Poesía —21 de marzo— y cabe hacer mil reflexiones sobre este desolador panorama internacional donde se premia la materia pasajera y lo estéril en detrimento de la esencia y el conocimiento; la sopa de sobre con estrellitas por encima del caduco estofado.

     La moda desde hace unos años es escribir contraliteratura sin hacer aprendido lo básico de la literatura. La mierda seca pinchada en un palo ondea en las salas de arte como signo identitario del genio de turno. Todo aquello que vaya en contra de la recontra de la contrarecontra es original y por tanto hipervalorado por las distintas Instancias del Saber. No importa si trata de un chupete con pinchos, de un orinal con patas o un poema con fideos.

     Ocurre sobre todo con la poesía; el sapiente está contra la métrica sin saber de qué va la cosa y, ya puestos, contra el ritmo cadencial de la palabra y otros supuestos artificios y corsés del año de la castaña heredados de los carcas. Dicen que la métrica poética resta libertad de expresión, espontaneidad y no sé cuántas cosas más.

     ¿Qué libertad es esa que se pronuncia sin conocer más que una alternativa?

     Para obrar en libertad hay que conocer un abanico de opciones; solo así se puede elegir, no desde el desconocimiento. ¡Conoce y decide! Elegir solo la única opción que se conoce no es un acto de libertad sino lo contrario. Libertad sería optar por usar o no usar algo conociéndolo.

     En este estado de cosas, la capacidad creativa y el uso de un lenguaje singular por parte del poeta no solo están en desbandada sino que son atacados sin consideración alguna por medios interesados en el mantenimiento de una artificiosidad que les enriquece el bolsillo personal al tiempo que empobrece el alma en general. ¡Qué somos sin el lenguaje de la poesía sino naturaleza muerta!

     Supongo que ocurre igual en todos los frentes y el jaimito de turno hace su agosto con la aquiescencia de su enfervorizado público. La estulticia del que no quiere hincar los codos y aprender cualquier materia está a la orden del día, comenzando por el endiosado pelanas y terminando por el mecenas de lo inocuo.

     Así nos va. Causa profundo desasosiego la terrible loza que legaremos —queriendo o sin querer; por acción u omisión, tanto monta— a las próximas generaciones.


PÁGINA 14 – CUENTO

FABRICIO ESTRADA
(Sabanagrande-Francisco Morazán-Honduras)

ENIGMA

     No seré yo quien se justifique ante Anubis sacando amuletos comprados al por mayor en el mercado de Tebas, ni seré yo quien descoyunte los huesos de mi cuerpo para insinuar cierta cercanía con Osiris.

     Me vendarán, sí, dejarán la ventana abierta para que mi Ba vuele hacia los sicomoros, pero... no seré yo quien espere que las claves repetidas abran las 12 puertas del Duat. Seré más bien algo del viento que sobrevive en el Ro-Setau y que los sacerdotes ocultan en mi sombra, como carta de viento, como piedra de viento, como pequeña rama.

     Tuvieron que pasar muchos siglos para que mi Ba se convirtiera en el psicopompo que los griegos miraban llegar a la ventana de la agonía; muchísimos siglos para que el psicopompo aligerara su cuerpo y se transmutara al vuelo de las falenas... sin embargo, no seré yo quien salmodie en la oscuridad suplicando un segundo de carne y hueso, un atisbo a los campos espléndidos, un sorbo de la cerveza dulce que se liba en la eternidad... Más bien, seré el devorador, el atento, el inconmovible dios que abre la boca cuando saltan los corazones despreciados.


PÁGINA 15 – POESÍA ARGENTINA

JORGE FALCONE
(La Plata-Buenos Aires-Argentina)

HARÉ PUNTERÍA CON LAS ESTRELLAS

Adónde conduciría sus pasos Doña Berta Braverman
volviendo de los mandados?
A qué tarea se abocaría no bien cerrada
la puerta cancel?
Una vez que su figura doliente se diluyera
detrás del vidrio esmerilado, acaso
freiría un par de berenjenas rebozadas?
Almorzaría con Rosita Martínez,
esa señora tan próxima y sin embargo distante
acostumbrada a agasajar
por TV a frívolos comensales
que jamás le malograron
en tiempos de rigor
una sola digestión?
Haría la siesta así,
tan plena de remordimientos,
tan asediada por chirriar de goznes,
tan sin hijo fruto
de único alumbramiento?
Pensaría en cada retorno del mismo,
flamígero jopo de La Plata al viento,
al cabo de preparar Matemática
con la infalible Elisa Pagani?
Entonaría canciones de cuna en iddish
plegando ropa adolescente
ordenada con naftalina en una valija
de cartón-piedra presta a donación?
Y así le paga el presente que no ve,
cadena perpetua apenas,
y además domiciliaria?
Nunca milicia formada
en el revisionismo y la antigua
idea de Nación en Armas?
Pleno de un odio que construye,
este goy la extraña;
y – como Villa Manuelita – no se conforma
con criminales de chas – chas y a la cama.
Aún huelga una sociedad
con necesidades básicas saldadas,
y de eso este sistema
ya no puede ofrecer nada.
Haré puntería con las estrellas,
para salvar a David de su pancarta.-

SI SE MUERE MI CACTO MICKEY

Si se muere mi cacto Mickey
cuántas cosas dirá con eso.
Que he bregado por la vida en
todas sus formas y no obstante
me rebelo incapaz de preservarla?
Que se me secó un pinito esperando
algo de humedad nutricia y un perro
que nunca di por mío
- aunque sin embargo
siempre me acompañó al trabajo -
murió royendo ladrillos de mi patio?
Guárdenme un lote en el cielo
si estoy a tiempo:
Comunidad organizada
de hombre y de insectos,
de árboles frutales y aves diversas
es todo cuanto tengo!
A María Luz López Alcalá

HOY TE VI EN LA MIRA A VOS

Hoy te vi en la mira a vos,
changuito marrón,
pantalón hip-hop y gorra de reggaetón.
Un tachero avezado
- cuándo no -
en políticas de seguridad urgentes
me explicó,
cordoneando a la vera de tu caravana
ociosa con vagos de la barra,
de los peligros que encerraba
la proliferación de morochos al pedo,
tan carne de paco como vos.
Habló de mano dura,
de la imprescindible 22,
de abrir fuego ante la duda y
sin conocerte me contó
de los desmanes que tramabas
boludeando al ritmo del i pod
y repitiendo como un mantra
el mandado que la vieja te encargó.-


PÁGINA 16 – ENSAYO

WILLIAN GEOVANY RODRÍGUEZ GUTIÉRREZ
(Purificación-Tolima-Colombia)

LA NOVELA DE LA VIOLENCIA

La valoración estética e ideológica de las obras literarias propias de la narrativa de la violencia debe ser estudiada críticamente desde la historia de la obra literaria  “Sin tierra para morir”  para poder ampliar nuestra visión acerca de lo que representó la violencia bipartidista en la sociedad colombiana.

Por esta razón, considero que es elemental reflexionar no sólo sobre la importancia de este tipo de literatura en la formación de la novela como carácter histórico, sino además, porque permite que se delimite una literatura de la violencia a partir de ciertos referentes teóricos, que bien pueden ser el inicio de posteriores trabajos de investigación.

Por lo tanto, se considera relevante para nuestra formación literaria e investigativa, ya que permite que se comprendan otras posibilidades de análisis y se creen otros horizontes de expectativas como consecuencia de una renovación de posturas narrativas que dan paso a un contenido menos descriptivo y más relevante.

En ese sentido, la violencia en Colombia ha suscitado algunas confrontaciones por la disputa por el poder y por la ambición de poseer, es por ello que es necesario detenernos en los períodos comprendidos entre 1947 a 1968, ya que es cuando nace una lucha política, respaldada por el entonces Presidente de la República Laureano Gómez, lucha que llevará a que tanto el partido conservador como el partido liberal se enfrenten entre si con el fin de detentar el poder

Como consecuencia de esta disputa, se propaga una violencia terrible que ocasiona la pérdida de más de 300 mil muertos provenientes de diferentes poblaciones entre las que se verá afectado el campo. 

Por lo tanto todas estas confrontaciones terribles darán pie a que algunos escritores nacionales y locales se interesen de inmediato por abordar en sus propuestas literarias el fenómeno de la violencia de una manera crítica que se soporta en una escritura de denuncia y bajo unas formas originales, que permiten recrear las trágicas situaciones vividas en el pasado.

Así pues, las obras que nacen no son inventadas  ni mucho menos pretenden encubrir la realidad, sino por el contrario emergen de una forma atractiva donde se explicitan hechos y acontecimientos que brotan de la sangre que vieron derramar algunas personas cercanas a ellos. Por lo tanto, los escritores colombianos han asumido esta temática, unos como testimonios sesgados, otros como propuestas verdaderamente estéticas.

En ese sentido, Augusto Escobar afirma: “Por primera vez en Colombia, la literatura se integra a la realidad y toma conciencia de lo que implica la función literaria y la necesidad de profundizar en el ambiente histórico en que se vive”. (…) debido a que como es un tema que despierta fácilmente el interés de cualquier escritor se pueden no solo develar ciertas facetas de la condición humana sino también ciertos hechos históricos que pretendieron silenciar.


PÁGINA 17 – COMENTARIOS DE LIBROS

LUIS BENÍTEZ
(Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Argentina)

EL BARRIO LATINO
Flavia Cosma (Oradea-Rumania)

ENTRE EL LIBRO Y EL LECTOR

Esta nueva entrega de la poeta rumana -residente en Canadá- Flavia Cosma, enriquece destacadamente su ya extensa obra anterior, que abarca casi una veintena de volúmenes de poesía, más novela, diario de viaje y libros para niños.
Al comenzar nuestra lectura observamos una positiva decantación de tópicas y referencias ya evidentes en sus textos anteriores, y que en “El Barrio Latino” alcanzan la plenitud expresiva.

     En efecto: la poeta en esta obra nos muestra la madurez completa de su capacidad de referir, aludir, sugerir y hasta eludir la mención directa, para acrecentar aun más la potencia de su lenguaje poético.

El manejo de los variados recursos que pone en funcionamiento en “El Barrio Latino” está signado preferentemente por la mesura y la falta de desborde, incluso cuando transita por la emotividad más potente. Es que Flavia Cosma conoce acabadamente qué sutilezas hay que emplear para que el resultado, visible a los ojos del lector, esté signado por la fuerza expresiva pero no se transforme en una efusión sin rumbo, sino, por lo contrario, se adentre en la sensibilidad de quien está leyendo como una corriente marina, que transporta pero no atropella, que rapta pero lo hace gentilmente.

Esta capacidad de “raptar” al lector para sumergirlo en el universo creado por la autora, es por demás encomiable. Está muy bien programada: contempla la posibilidad de que el lector incorpore sus propios elementos a lo expresado por la autora, recree al leer, construya a su vez una versión propia del poema. La diversidad de versiones que podemos establecer respecto de un texto-madre es una característica particular de la mejor poesía, que renuncia a lo unívoco, al texto mandante, en pro de una polisemia enriquecedora.

LAS TEMÁTICAS

     Aunque abarca una nutrida serie de temas, la tópica principal de “El Barrio Latino” es la interacción entre la sensibilidad y la emotividad del sujeto escribiente y Lo Otro, la relación amorosa que establece la autora no sólo con lo otro humano, sino también con objetos, palabras y animales. El universo de Flavia Cosma es un universo traspasado por lo amoroso, que establece nexos comunicantes entre la interioridad de la autora y los elementos correspondientes a lo exterior objetivo. Si bien desde la dedicatoria misma queda representado el otro humano como objeto de amor principal, y resulta predominante la dirección hacia éste del discurso poético, también se hace evidente esta interacción amorosa con otros elementos de lo real, mediado por referencias que establecen que esos nexos a los que aludimos se emparentan con lo metafísico, con un “estar en el mundo” signado por lo amoroso como conexión general y también como reconocimiento de que el yo de la autora es una parte más de ese cosmos ordenado y conectado por lo amoroso.
     Así, dice Cosma en su poema “Palabras sin cuerpo”:

A través de las paredes, bajan de vez en cuando/palabras sin cuerpo, enflaquecidas,/ palabras-fantasmas, vaciadas de miga,/errando espacios, llegan y dividen/los hambrientos sueños de la noche.

     Aquí las palabras son contempladas y reconocidas como integrantes de este universo amoroso al que nos referimos, poseen sustancia en sí, aunque también son mensajeras de la distancia y la separación, como señala la autora en el mismo texto aludido:

Hay que decirte adiós ahora, mi ángel,/el tiempo de las salidas nos ha alcanzado/y ya nos supera./Estará  presente en nuestras próximas citas,/en nuestras manos enlazadas,/en los confusos  intercambios de miradas.

     Y finaliza el poema diciendo:

En frases ásperas, dubitativas y nerviosas,/colocamos el fin delante del principio,/mientras que el amor, presagiando su destino,/se atormenta, forcejeando raudamente.

     Esta función ordenadora de las palabras, “colocamos el fin antes del principio”, da cuenta de los sucesos operados entre el dentro y el exterior (un exterior ocupado predominantemente por el objeto amoroso principal) pero mediatizados por las palabras mismas. ¿Qué mejor descripción de las funciones del discurso amoroso, que ésta brindada por Cosma? Así, por si nos quedan dudas al respecto, nos dice la autora en su poema “El papel”:

Tu nombre aparece bailando entre las palabras /como un bello dios de alabastro.

     En la tradición emanada del romanticismo, donde lo objetivo sirve como expresión de la sensibilidad autoral, nos dice Cosma en su poema “Al cabo del día”:

En la dulce luz al cabo del día, /los abedules se quedan desnudos, sin hojas, /sus blancos troncos brillan en la claridad,/los abetos/protegen los crudos nidales, sus ramas verdes y perfumadas/están siempre listas para acudir en socorro,/el aire se huele con la fragancia/de  la resina.

     El recurso es tradicional, pero recordando que parte de la tarea poética es devolverle a las palabras su potencia inicial, Cosma retoma el recurso aludido con una eficacia particular; efectivamente, logra pintar tanto el paisaje exterior como el interior y propio en nueve cortos versos, que a su vez sirven de introducción al agón principal de que da cuenta el poema:

El cielo y las montañas, -siluetas a lo lejos-,
poseedores del más profundo silencio,
aguardan por encima de los dolores del corazón,
mientras tu pensamiento, bálsamo perfumado,
llama nuevamente a mi ventana, como antes,
como pidiendo perdón.

     Nuevamente lo objetivo retratado en la doble tarea de mostrar lo externo y lo interno, capturado por Flavia Cosma en una instantánea fotográfica, que parece ser una constante de su poesía. La autora sabe hallar y plasmar con sus palabras esos momentos definitorios, donde ambos mundos, el real objetivo y el interior sensible, se comunican y resaltan mutuamente, siempre unidos por el nexo amoroso que subrayamos antes.

     Veamos ahora el objeto principal de los versos contenidos en “El Barrio Latino”, como aparece (éste es sólo un ejemplo) en el poema “Arenas Movedizas”:

Volvemos a encontrarnos, mi amor,/al borde del abismo, debajo del/deslumbrante rayo,/en el mismo lugar donde hace tiempo/reíamos y arrojábamos/los dulces momentos/por el gran remolino.

     En el caso que nos ocupa –el de referencia directa al objeto amoroso- si bien las cosas y el tiempo evocado cumplen con la misma función de reflejar los estados anímicos de su interioridad, desde el comienzo mismo del texto poético quienes ocupan el primer plano son el sujeto amante y el objeto amoroso, el procedimiento es inverso respecto del ejemplo anterior, donde las cosas, el paisaje, etc., son presentadas primero para que, a través de ellas, surja el agón principal, lo relacionado con el objeto amoroso humano. En este primer plano del conflicto amoroso entre sujeto y objeto principal, los otros elementos son subalternos en grado mayor, signados por una función complementaria: reforzar con su presencia y el tratamiento que la autora le da a esta presencia, el conflicto entre sujeto y objeto principal.

     En este tipo de poemas –que abundan entre los 67 que componen el corpus de “El Barrio Latino”- la emotividad está menos mediatizada por la presencia de los elementos objetivos y habla más directamente al lector:

Pobre amor, siempre a contratiempo,/máscara no correspondida, llevada con orgullo,/gestos inútiles, palabras desgarradas,/párpados marchitos, cayendo con ruido/por encima de la última palabra:/la mía,/la tuya,/¿o quién sabe?
(de “Amor a Contratiempo”)

Tú, tan desconocido para mí,/como las gotas de lluvia cayendo/sobre las flores azules,/tú,/tan necesario para mí,/como el aire puro, filtrado en mis pulmones,/ tú,/tan preciado para mí,/como la luz dorada resbalando por los vitrales/ iluminando las manos unidas,/en son de oraciones,
(de “Volver a encontrarte”)

     El objeto amoroso humano posee dos formas de presencia en las expresiones poéticas de Flavia Cosma, señaladamente en el volumen que nos ocupa: una es la presencial directa y otra la indirecta: por ausencia. En la presencial directa, la autora le habla frente a frente:

Me atreveré a conocerte/así como eres,/para que me conozcas tal como soy.
(de “Tu sombra”)

Esta larga esperanza…/tus labios murmurando/un sí o un no,/esta fiebre  llena de misterios,/robada de los divinos cajones,/y sobre todo,/este imposible y tierno milagro,/que nos sumerge, estremecidos,/por la estrechez del mundo.
(de “Esta larga esperanza…”)

     En la faceta presencial indirecta, el objeto amoroso humano adquiere -si se quiere- todavía una potencia mayor:

Sabrás que vino el otoño, mi amor/los signos están pesados, nada parece tan bello/ni lágrima, ni flor/ni la foto en la pared.
(de “El césped enfermo”)

Qué sería si al hablarte tú me escucharas,/te hablaría sobre el silencio opaco/que me rodea nuevamente;/sobre el cansancio de mi desmañado cuerpo/soñando en tus manos,[…]/Mi memoria me acerca a ti.
(de “Qué sería si yo te hablara”)

     Desde luego, estas referencias generales no alcanzan siquiera a medir muy groseramente todo lo que le espera al lector más allá de ellas, una vez que se adentre en la vasta cosmogonía que nos ofrece Flavia Cosma en este nuevo título de su reconocida poesía. El propósito era alentar a comprender algunas líneas de su poética, que quien lee descubrirá acompañadas de otras. Basta decir que este poemario –con toda posibilidad, ya que la poesía es el género de relectura por antonomasia- seguramente lo acompañará siempre que desee encontrarse con una genuina representación del género y que cada vez que lo lea y relea, nuevas realidades se abrirán para él, por obra y gracia de nuestra autora: ella sabe pulsar las cuerdas de la sensibilidad del lector y compartir, generosamente, sus bien elaboradas partituras.


PÁGINA 18 – CUENTO

RICARDO IRIBARREN
(Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Argentina)

PORTEÑITA PARTISANA.

     Llueve sobre avenida de Mayo al modo gris de Buenos Aires, sobre la plaza y el río marrón nacen ríos de las claraboyas se ha quedado la ciudad sin palomas y los jacarandás están deshojados y dicen todos que no,,, Que no volverás, porteñita, los domingos a Plaza Dorrego, a vender tu risa postiza al por menor, ni tomarás café conmigo en La Giralda, o en La Paz. No volveremos a remontar la luna y en una mesa del tortoni te espero, envuelto en humo y por eso no me ves… Sin embargo yo, me confundo y me parece verte pasar, en cada morocha cruzando la ciudad. Serán las ventanas empañadas, los ojos enrojecidos…

     ¿Volverás cuando vuelvan las palomas? ¿Pintarás el gris de la ciudad con tus trenzas coloridas? Cae con pereza de garúa lluvia del color de los gorriones, se parecen a tus lágrimas de entonces, cuando eras partisana de toda rebelión y soñabas parir hijos para la revolución…

     Era 1973 y volvía del exilio el general, la tropa nos corría en los campos del Jagüel, esa mañana no morí, pero volví a nacer después morí millones de veces, en cada insomnio, cuando las caras y las voces aparecen escuadrones de fantasmas irredentos, y hoy, que llueve, sé que moriré para después no volver a nacer, no es temporada de milagros, por eso no pido la excepción, sólo me quedo mirando los grises zeppelines dejando caer su tristeza sobre la ciudad, entonces me levanto y pago las cuentas, chambergo y perramus, y debajo de todo un viejo corazón harto de latir en vano, me dejo envolver por la última intemperie, y engañar por las callejas y cortadas sabiendo que será la última vez…

     No quiero morirme en mi cama, a solas y a secas torturantes, lo haré en una calle cualquiera de Buenos Aires, con lluvia, esas calles que andábamos los dos.


PÁGINA 19 – POESÍA AMERICANA

GABRIEL XIRGU I JAVALOYES
(Gitanos del Tercer Milenio-Colombia)

EL GITANO

Su sonrisa vive en el fuego
del pebetero de mercurio
en la celebración perpetua
Es jueves de alquimia
con su fiesta de Corpus y del Hierro
El humo enterrado en la grama
y el aroma de lámparas de cobre
Melquiades me acompaña
por la geografía incierta de Macondo
En sus palabras encuentro el futuro
suspendido en el movimiento del reloj
por la lluvia perpetua y el hielo
en la ruina multicolor de la carpa
levantada sobre el cristal roto de la charca
donde se derrumban los edificios
con las luces de esta noche sin cielo
El gitano ríe con su maquinaria dental
hasta desarticular mitos y temores
Ante la indiferencia de los espíritus
rompe metáforas congeladas
para fundar de nuevo el mundo
desde el cuerpo de los sustantivos
Sin perderle la eternidad al instante
Melquiades me acompaña
por la cuerda y los caminos que conducen
al corazón de fuego de la enamorada.

LA MUERTE ANDA EN ESCUADRONES

Podrían dejar correr la cuenta de las horas
oyendo al tiempo sucio gotear sin termino
por las inclinadas alcantarillas
siguiendo sus vidas como fantasmas
ser aún entre la dulce pesadilla
entre espejos y espejismos.

Podrían dejar su huella invisible en la tierra
la sonrisa, el sudor, la mañana triste
la mañana envejecida
la mañana perpetuada y rota por la sonata de los gallos
por sus heridas, sus arrugas, sus salivas, sus sopores.

Podrían arrancar sus garras dactilares
no arañar, no sentir
perderse en el hambre o escapar por el costado del miedo
entre los recipientes desfondados de la vaciedad.

Podrían dejar de simular sus luchas
postergar todo para otro tiempo
tirarse al hueco de cabeza como el avestruz violeta
por este mundo disparejo, por este mundo roto
donde hay otros como ellos arañando
donde hay otros zarpeando la esperanza.

Podrían seguir hasta la ceniza
pero la muerte asalta en escuadrones
para cumplir la cita puntual
por los vivos que hacen la muerte de otros
y los muertos desde antes de la muerte.

CADÁVER QUINCE

Ojos desmesurados. Este hombre mira al sol.
Caído con arma. Muerto perfecto.
Niño menoscabado. Adulto demente.
Nunca soñó estar así. Vestido de guerra.
Jugo a ser almirante. Mar del estanque.
Escuadras enfiladas. Barquillos de papel.
Avanzan. Fantasmas al desagüe.
Ida y vuelta. Libertad descuadernada.

Inocente saludo. Sonrisa enajenada.
Ojos abriendo paisajes. Cabriola fantástica.
Sin alcanzar ningún tiempo. Amado por todos.

Un paseo. Una vuelta. Recorrido eterno.

Está sólo. Caído ángel.
Niño Nicólas. Cédula de ciudadano.
Hombre de treinta años. Muerto en armas.
Mojado comandante. Marino de agua dulce.
Hermano pequeño. Nuestro Hermano.
Tus mejillas afeitadas. Lengua enredada-.

Voz de medias palabras. Letanías.
Pecho mojado de saliva. Zapatos de charol.
Ambición de dulces. Anzuelo y carnada.
Confiar en todos. Bárbaros. Muerte disparada.
Botado en la intemperie del barranco.
Un cadáver del más acá. Del más allá.


PÁGINA 20 – ENSAYO

CARMEN ROSA BARRERE.
(Posadas-Misiones-Argentina)

LAS CHICAS DEL ADIÓS.

El culto a la belleza y los cuidados del cuerpo vienen de lejos y han sido compartidos por ambos sexos. Las mujeres de Egipto aparecen en los frisos que las representan con miembros alargados, rostros afilados y manos de largos dedos y uñas pulidas pintadas de color. Masculinos con perfil de águila y sus damas, usaban tintes oscuros para remarcar el delineado de las cejas, que otorgaba a los ojos un rasgado misterioso, atractivo  y tremendamente sensual. Mika Waltari nos contacta con la presencia de una  beldad llamada Nefertiti.

Mujer codiciosa que utilizaba a la belleza como anzuelo para convencer a un médico real que recibiría sus favores previa entrega de la tierra donde él debía enterrar a sus padres. Gravísimo ataque a la moral de un hombre de ese tiempo, cuando el culto a los muertos era sagrado…y la tentación un desorden moral. Al parecer, el mayor atractivo de la mujer que enloqueció a Sinhué, fue el misterio.

Una distancia física utilizada con afinada perfección por la trastornadora de hombres.

     Revisando pinacotecas afamadas, se advierte que la piel y el hueso pasan de moda. Las damas de Goya exponen sin miedo sus rollitos; los hombros que se descubren tientan con su redondez madura, propiciando el roce o el mordisco y los senos se descubren. Un caballero ligeramente cínico me dijo una vez: los metros de tela para vestir mujeres son siempre los mismos. O se pone a la vista lo de arriba, o se acortan las faldas. En ese pasado, damas y damiselas que podían ser reinas o cortesanas, usaban la esquelita y la hondura del escote para intercambiar citas escandalosas dentro de sábanas ajenas. Un músico contratado, o un bardo, alzaban la voz para entonar melodías dulzonas o leer  sin prisa poemas escabrosos que avivaban el jueguito sexual de la pareja sin escrúpulos pero con ganas. Socializando, es decir, actuando, usaban abanicos para resguardar la malicia de la risa y las vestiduras pesadas y las pelucas les prestaban aires de damas austeras, distantes y misteriosas, cuando en realidad el sexo y lo conseguido a su través eran su objetivo.

     En nuestro tiempo — y acá me modernizo del todo — las  muchachas no solamente se entrenan en el comer poquito y vomitar como rutina y sin asco, sino que a eso le suman toda clase de gimnasias agotadoras, pesas y aparatos que estiran, ablandan o muchas veces endurecen a los castigados músculos.  

     Ninguna está informada que no todo aparato o rutina le conviene a su esqueleto. Está de moda, lo usa una fulana que es un hembra súper increíble, exhibida en la tele, por la que se pelean con palabras soeces dos pseudo masculinos tatuados y cincelados a nuevo porque tienen un dinero llovido del cielo que les permite tales cambios y por los que ellas suspiran. Ésa es vida. 

     Hacia ahí dirigen sus esfuerzos. A eso se reducen sus grandes metas existenciales. La gran mayoría no ha terminado el secundario, aliándose a uno u otro de los padres separados, a los que utilizan como aliados cuando les conviene.  Y allá van.
     Salir de noche un viernes es la justa. Pegar con la pelota en el arco. Los viernes los lugares de onda están repletos. De parejas y de singles tentadores. El sábado es maso y el domingo un verdadero quemo.

     Las jovencitas vienen con una amiga o dos. Todas delgaditas y lindas, aparecen en la media luz tapadas con pedacitos de tela, breteles  resbaladizos y pechitos que buscan con urgencia un par de manos hábiles acostumbradas a manejar  billetitos verdes. Se acomodan en la barra. Sonríen al barman, así el trago pedido llega bien cargado. Con la boca, beben. Los ojos se pierden donde acaba la vereda y los solos estacionan los automóviles. Si el vehículo es de marca y nuevecito deja de importar si el que desciende es bajito o alto, pelado o lleno de rulos, con cara de yo no fui o de truhán. La noche se escabulle, hay que pescar a alguien divertido, movedizo y sin anillo, mejor. El anzuelo está echado.

      Transformadas en sirenas de leyenda, no atraen al candidato con cantos. El conjuro aparece con la risa, el largo estupendo de las piernas y la redondez de un traserito logrado mediante el látigo del entrenador. Que no es látigo, pero el tipo las destruye mirándolas con lástima cuando  dicen estar cansadas y pretenden huir de la fatigosa rutina.

     Beben juntos varias copas riendo como chicos. Bailan apretaditos durante toda la noche. A él le gusta la piel de la jovencita. La desfachatez con la que habla. La entrega con vestido, zapatos de tacón y melena despeinada donde nada se oculta. La ligereza del parloteo comienza a aburrirlo. La estrecha con renovado entusiasmo, silabea una propuesta y se marchan hacia el departamentito de un ambiente que él tiene alquilado con un par de amigos de la facu. Llevan un siniestro almanaque, donde se establecen con rigor los días de ocupación correspondientes a cada uno. Él no sabe su nombre. Ella no conoce lo que él estudia y da por sentado que se enterará mañana. No existen mañanas, ni trajes de novia, ni velos nupciales para estas chicas del adiós. Son hojas al viento desprendidas de hogares disociados y padres corriendo a mil para veranear ese año con sus nuevas parejas en un lugar más o menos decente. Como padres, carecieron de capacidad para establecer límites y ensalzar la magnitud de constituir una familia de verdad. Cuando el volátil donjuán las deposita en su puerta, no existe un adulto que las abrace, las mire a los ojos, o las olfatee para percibir qué estuvieron fumando. Y lo que más duele: esta es una realidad que se agiganta, con padres que miran sin ningún disimulo para otro lado. Bastante lío tienen con su propia vida.


PÁGINA 21 – CUENTO

OLGA LILIANA REINOSO
(General Pico-La Pampa-Argentina)

REGALO DE PASCUA

     Estaban por sonar las diez campanadas en el reloj de la catedral. El centro de la ciudad de Córdoba, con sus luces macilentas, parecía un hervidero. Gente por todas partes, bajo un cielo poblado por nubes de frío, pululaba en calles y veredas.

     Mi hija y yo caminábamos por la 27 de abril apurando el paso por temor a llegar tarde y porque la temperatura había descendido estrepitosamente sin reparar en nuestros magros abrigos.

     Al llegar, las escalinatas de la iglesia mayor y toda la explanada de enfrente estaban colmadas. La multitud seguía, con mayor o menor unción, la misa celebrada por el obispo, a través de unas pantallas gigantes.

     Para formar un cerco y delimitar la zona, varios autos importados y camionetas 4 x 4 levantaban un muro en el borde de la vereda.

     Unos minutos antes, un chico de 11 ó 12 años me había interceptado para pedirme una moneda. Y yo, por prejuicio, por egoísmo o comodidad, había negado con la cabeza.

     En ese momento, el obispo otorgaba el perdón de los pecados a dos nuevas cristianas que se contorsionaban al contacto con los dedos fríos y experimentados del jerarca.

     Me sentí molesta.

     Había ido a misa porque tenía necesidad de agradecer las pequeñas cosas de todos los días. Pero una vez en el lugar, empecé a sentirme lejana y ajena. Esos rituales circenses me rebelan, me parecen vacíos. El tiempo se detuvo entre las fastuosas paredes mientras la vida, harapienta y descalza, deambulaba a la intemperie en busca de amparo.

     Otra vez apareció entre el aglutinamiento el chiquito que pedía monedas. Y yo, como emulando a Pedro, negué por segunda vez.

     Pero el malestar crecía más y más. Me puse a hurgar en mi cartera y él se detuvo a observarme. No encontraba ni una mísera moneda. Entonces mi hija recordó que me había dado su monedero. Se lo alcancé y ella le brindó lo que buscaba.

     Miré alrededor, todos estaban concentrados en las imágenes que la cámara ofrecía y cantaban cánticos de amor a Dios. Nadie vio al niño de las monedas.

     Rezamos el padrenuestro fraternalmente tomados de la mano y apenas terminó nos separamos sin mirarnos, pero al cabo de unos minutos, nos besamos y abrazamos, otra vez fraternalmente, dándonos la paz.

     Yo seguía disgustada. Ni la perspectiva de escuchar la Misa Criolla bajo la luz de una luna tan docta y con tonada, me cambiaba el humor.

     La ceremonia terminó y entonces apareció en escena la agrupación Cantarte.   

Arremetió con un Te quiero de Mario Benedetti que empezó a entibiarme el alma. En medio de una ovación se oyó el charango mayor de Jaime Torres.

     Entre esa multitud alborozada divisé la figura del niño que pedía. Al pasar frente a mí su cara se embelleció con una sonrisa luminosa.

     - Mamá, te sonrió –exclamó mi hija entre sorprendida y emocionada.

     Mis ojos se humedecieron, mi corazón se llenó de júbilo y comprendí la señal.  
Era la hora exacta. Cristo había resucitado.


PÁGINA 22 – POESÍA AMERICANA

JORGE DAVILA VAZQUEZ
(Cuenca-Ecuador)

EL VIENTO Y LA CENIZA

1

Tanto amor
tantas palabras…
Sopla un viento
de adiós y nada queda.

2

En el desierto
se alza la rosa del sueño.
Luego ya solo es
un breve montículo dorado.

3

A veces, pasa un ángel
y roza la ceniza con sus alas.
Queda como una leve huella
de algo que fuera el vuelo.

4

Cenizas y palabras,
viento y olvido,
Nada más somos,
por eso palpitamos.

5

Y ese pequeño hueso?
No, esa no es parte
de la ceniza suya:
Solo vigila el fuego.

6

El viento brama
en las más altas torres
Ay, bestia de los fuegos.
Ay, toro de ceniza.

7

Toda la flor
que te ofreció mi mano
es apenas recuerdo,
fantasma de cenizas.

8

A veces como que
te iluminas, resplandeces,
luego todo es vacío,
consumido, te apagas.

9

Miras el retrato:
el dulce rostro,
la sonrisa amada.
Devastador el viento, nada deja.

10

Sopla una suave brisa,
desordena el cabello.
El viento del ocaso
sus cenizas dispersa.


PÁGINA 23 – ENSAYO

EDUARDO GONZÁLEZ VIAÑA
(Chepén-La Libertad-Perú)

QUEMEMOS LOS LIBROS DE VALLEJO

La semana pasada mientras -con decenas de académicos del mundo- celebraba en Londres los 120 años del nacimiento de César Vallejo, me encontré con un artículo aparecido en la prensa peruana destinado a demoler por fin a nuestro gran poeta.

Un señor- de nombre, Diego La Torre- condenaba a Vallejo por haber escrito una, según él , « letanía derrotista que tanto daño le hizo al país. »

Para el escribiente de « Correo », Vallejo « influyó de manera negativa en el subconsciente de los peruanos. » Sería necesario acallarlo, y decirles a nuestros hijos que « han nacido un día en que Dios estaba contento y que el Perú es un país maravilloso. »

La Torre no es el primero. Hace un lustro, en « El Comercio » , un tal Fernando Berkemeyer culpó al poeta y a su relato « Paco Yunque » de haber incitado la rebelión campesina de Combayo contra los detentadores de Yanacocha, la primera mina de oro de América, la segunda del mundo.

Según el sesudo articulista, influidos por ese texto provocador, los comuneros que defendían su medio ambiente, su dignidad y su vida, en realidad se alzaron « para atropellar los derechos de los grandes. »

« Los débiles de ayer tienen hoy poder »- se lamentaba Berkemeyer. Para él, ese conflicto no se debía al envenenamiento de los cultivos y del ganado, ni al asesinato de un comunero a manos de los gorilas de la seguridad de Yanacocha sino a la idea del socialismo y a la presencia en los púlpitos de sacerdotes aue recuerdan la pobreza de Cristo y su mensaje de justicia social. Flotaba en el escrito el mensaje de prohibir la lectura de Paco Yunque y de toda la perniciosa obra vallejiana.

La Torre y Berkemeyer solo han leído « Paco Yunque » porque es breve y porque se lo exigieron en el colegio. De lo contrario, la novela « El tungsteno » habría pasado bajo sus pestañas. En ella, Vallejo retrata una mina hasta hoy existente, Quiruvilca, donde fue testigo presencial de cómo salían ciegos, tuberculosos o mutilados los trabajadores y de cómo la tierra se convertía en un negro hoyo del infierno.

De haber sido mejores lectores, La Torre y Berkemeyer habrían exigido que se quemen esos textos o que se declare terroristas, antiperuanos y enemigos de la inversión extranjera a los maestros que dan clases con Vallejo o a los curas que lo mencionan en sus sermones como se hizo antaño. y como se pretende que se haga ahora.

En diversas publicaciones y blogs se ha dicho que La Torre y Berkemeyer son idiotas. No lo creo así.

Ambos son la expresión inocente, casi naif, de algo que está presente en casi todos los grandes medios de expresión del Perú. Los antiguos enemigos de la candidatura del actual presidente suponen que él es ahora uno de los suyos, y tratan de persuadirlo todos los días para que emprenda acciones antidemocráticas, pero según ellos necesarias para mantener un orden injusto y fatal o un anacronismo perverso.

El masacrador de Accomarca declaró hace muchos años ante una comisión del Congreso que personalmente había matado niños en esa aldea, pero que lo había hecho con buena intención, para evitar que de adultos se convirtieran en comunistas.

De la misma forma, los antes nombrados « columnistas » y los periódicos que profesan un integrismo de derecha azuzan a las autoridades para que se revisen los textos escolares y para que de allí se eliminen lecturas como las que mencionamos o lo han hecho ellos : Montaigne, Voltaire, Marx, la teoría de la evolución de Darwin, los cuentos de Ribeyro, los poemas de Alejandro Romualdo y para que borren de la historia los retratos de Túpac Amaru o del general Velasco Alvarado.

Para el integrismo derechista, los peruanos del futuro, en vez de ser hombres completos deberán ser sujetos del mercado, esto es seres previsibles, robotizados, incapaces de soñar utopías y felices, tan felices como La Torre y Berkemeyer.

De nuestras escuelas y universidades, según ellos, debe salir el nuevo hombre hábil solamente para aceptar todo lo se le diga, pero incapaz de escribir un poema como Vallejo o Eguren, o de soñar con la salvación como Túpac Amaru.

En resumen, quememos los libros de César Vallejo. En su lugar, tendremos niños del futuro acaso muy parecidos a La Torre y Berkemeyer. Tendremos maravillosos chimpancés que manejan celulares.


PÁGINA 24 – CUENTOS BREVES

JORGE M. TAVERNA IRIGOYEN
(Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

ESCENAS DE TEATRO

     En el Luxor cambian de obra semana de por medio. Si bien el apuntador es hábil, hay que aprender los textos lo más precisos posibles y tratar de no errar pie. No errar pie con las entradas y salidas y, sobre todo, saber a qué interlocutor dirige uno la parte, para que no se disloque la escena. Eleonora confunde a menudo los roles (no los propios, claro) y más de una vez se ha entregado al amor del propio padre. Hoy le propusieron cubrir sólo
papeles cómicos. Lloró hasta el alba: ella se dedicó al teatro por llamarse como la Duse.


     Hoy bajó Pirandello y la semana próxima hacemos Moliére. Farsas aceptadas por el público que tenemos. Si bien de formación dramática poco, tan mal no actuamos. Yo le digo al director que debe hacernos respetar, sobre todo cuando en un momento de ayes nos silban o pedorrean y el teatro se convierte en un valetodo. Anoche, sin ir más lejos, subieron al tablado dos campesinos rudos, y en el momento más doloroso comenzaron a hacerle cosquillas a la primera actriz, que debía llorar otras  lágrimas.


     El director cayó al suelo después del último aplauso. Algunos dicen que murió de emoción. Otros, simplemente de sorpresa. Lo cierto es que, al bajar el telón, el cuerpo quedó afuera, a la vista de todos en el escenario sin luces. Fue como un testimonio último de su impavidez: primera oportunidad que dirigía una obra. De aficionados de la tercera edad.


PÁGINA 25 – POESÍA AMERICANA

GLADIS COLLADO MEDINA
(Arequipa-Perú)

LA SEGUNDA ESTANCIA

Eterno frío
en la casa de muñecas que nos pertenece
donde  se esconden también nuestros demonios
aquellos que con su mirada
se tragan los cuentos de todos
                                           los tiempos
allí el plano existencial se oculta
en el frío
              de fibras de mujer
fibras intestinas
              desgarradas en letras perdidas
cubiertas de polvo.
Allí se arropa nuestro sexo
por generaciones congelado
impostura vengativa que hoy descansa
en el espectro de la nada

    " O mucro Domini!
      Utquequo non quiesces ?
     ingredere in vaginan tuam"
Eterno frío
de sentencias auscultadas en vendajes
de criatura y criador

     " in limo terra
     del Adan y la Eva
     crudele spectaculum"

Eterno frío en la casa de muñecas
que heredamos del pasado
     con los cuentos
     por los cuentos
              cuántos
                            cuentos.

LUEGO DE 500 AÑOS y ALGO MÁS
LA HISTORIA ES LA MISMA
                                             
Te he soñado patria
bajo la sensualidad de hembra
y en el azul de tu cielo
te he visto desnuda

Tras quinientos años y algo más
tu gestación
tu adolescencia
es albúmina perdida
en tu piel filigranada

Han quemado mis manos
tus máscaras
tus doblones coloniales…
Y febriles concepciones
recorren tu memoria
en el tintinear usurero
de oro y plata
de Incas devastados                         

He soñado tus caminos
bajo los briosos herrajes
que desprendían armaduras
mientras los cóndores
bajaban los prados
allí en los andes

He visto tus aires
en nubes juguetonas
y en colores de arco iris
mientras piedras silenciosas
escribían en riachuelos
aquellos gritos clausurados
los gallinazos blancos
devoraban tus despojos
la sangre corría los dinteles
en plazas y torreones

Así he soñado tus calles inquisidoras
las viejas rendijas
donde el agua herrumbrada
descubrió sus celosías
aullaban los vientos
descoyuntando los perfiles
desmembrando una a una
tus moléculas candorosas

He escuchado
la pólvora
¡!¡! crujiendo estrepitosa
tras los brazos mutilados
engarrotados
levantados en el aire
pidiendo LIBERTAD

Luego
he despertado
entre aquellos gallinazos
que tiznaron su color
que atisban bajo las piedras

Y
he descubierto tus llagas
donde aves rapaces devoraron tus carnes
corriendo las mañanas
y lamiendo tus tardes

He descubierto
que en playas tornasoladas
descansas Patria
desnuda
              ultrajada
                            condenada
                                           olvidada
y llena de basura
¿ Cómo cubrirte ?
              si mis harapos no me alcanzan
si mis pobres letras
              empobrecen
y descarnadas aristas
contemplan mi agonía

Te he soñado PATRIA
              entre aquellas sabandijas
entre las que hoy
              se quitan tus despojos


PÁGINA 26 – ENSAYO

WASHINGTON DANIEL GOROSITO PÉREZ
(Montevideo-Uruguay)

FERNÁN SILVA VALDÉS, POETA DE DOS ORILLAS

El escritor uruguayo Fernán Silva Valdés (Montevideo 1887- 1975) fue el padre de la corriente literaria denominada nativista. Aunque es necesario reconocer que su primer libro de versos que llevó como título Ánfora de barro y que viera la luz en 1913, está inmerso dentro de la corriente modernista; un poemario posterior denominado Agua del Tiempo (1921) será un emblema de dicha corriente en la poesía uruguaya.

Sus siguientes poemarios, Poemas nativos (1925), Intemperie (1930), Romances chúcaros (1933) y Romancero del Sur estarán inmersos dentro de la corriente nativista. Su vinculación con los géneros populares fue casi simultánea con el hallazgo del nativismo. Por su incursión en diversos géneros, ha sido  considerado uno de los escritores más creativos de las letras Latinoamericanas.

Escribió prosa y teatro, entre sus obras destacan “Santos Vega”, “Por la gracia de Dios” y “Barrio Palermo”. En uno de sus múltiples viajes a Buenos Aires conoció al célebre músico Juan de Dios Filiberto con quien elaborará el tango “Clavel del aire” que interpretará un uruguayo universal, me refiero a Carlos Gardel.

Siguiendo con su prolífica autoría tanguera, con Matos Rodríguez compondrá “Adíos Argentina”, que cantará Libertad Lamarque en la película del mismo nombre,  como una premonición para la espectacular actriz y cantante que terminará sus días en México en el año 2000 luego de un largo autoexilio.

Pero sin lugar a dudas la gran aportación de Fernán Silva Valdés es darle jerarquía artística al espíritu criollista haciendo resaltar en parte de su obra los motivos camperos y del hombre uruguayo. Escribió hasta los últimos días de su vida, que se apagó el 9 de enero de 1975. Años antes en 1972 fue galardonado con el Premio Nacional de Literatura de la República Oriental del Uruguay e integró la Academia Nacional de Letras de su país.

Su obra trascendió las fronteras del Río de la Plata. Poco después de su fallecimiento, su hijo el arquitecto Fernando Silva Valdés a través del diario montevideano El País dio a conocer parte de la correspondencia del escritor con distintas personalidades. He seleccionado algunos trozos de la misma; en un escrito fechado el 16 de enero, de un año olvidado (no lo menciona), Pablo Neruda, Premio Nobel de Literatura en 1971 escribe:

“¿Le escribo? ¿No le escribo?”
Y al fin como ve, le escribo. ¿Para qué? No sé. Tal vez para decirle que “Agua del Tiempo” me gusta, me gusta. Mucho. Tal vez para que llegue una carta desde lejos, de un hombre que usted no conoce y que se sabe bueno. Y que es triste y que sufre. Y que estaba ayer a la ventana, sin pensamiento, inmóvil, cuando llegó su libro, en viaje desde hace mucho tiempo. Así es que Ud, Ud, que está lejos, estuvo ayer, llegó ayer, y descendió a mi casa en medio de este pueblo feo, que se llama Temuco”.

“Quiero leer más cosas suyas, y me hablará de su vida. Yo quería decirle mucho más. Se me ha olvidado ya todo. Y si me escribe, no me conteste, escríbame”.“Saludo grande de Pablo Neruda”.

El famoso actor y locutor uruguayo, Santiago Gómez Cou, desde Barcelona, en 1937 le da a conocer que está realizando la difusión de su obra literaria y le sorprende que “muchos lo creen argentino”.

Mientras que la poetisa chilena Gabriela Mistral, primer persona ganadora de un Premio Nobel para Latinoamérica, en su caso de literatura en 1945, lo trata en sus cartas de “Querido amigo” y parece que por ese entonces estaba ocupándose  de la edición de sus obras en Perú.

También la poetisa argentina y exponente de la corriente modernista, Alfonsina Storni, le hacía saber en enero de 1922 que según ella, “los suyos son viriles, nobles, originales poemas. Muy bella su alma, muy bello su libro, muy madura su juventud”.

Por otra parte el recientemente fallecido escritor argentino Ernesto Sábato quien fuera Premio Cervantes de Literatura; en 1953 refiriéndose a una de sus obras cumbres lo felicita por la puesta en escena de la misma y comenta: “Estoy seguro que ha de haber sido muy emocionante ver la figura de Santos Vega en esta nueva salida de la ficción”.

Fernán Silva Valdés, fue un poeta de dos orillas, su profusa obra fue generada en ambas márgenes del Río de la Plata y contribuyó a unir más a los pueblos hermanos de Argentina y Uruguay (les llama “pagos gemelos”).  Una muestra de ello la encontramos en “Mujer Rioplatense”.

Mujer Rioplatense

Mujer de estos pagos, marinera de playas dulces,
pescadora de novios en la red de las pestañas.
Mujer esbelta y curva
como la línea de los tangos,
y que lleva en las caderas
la pinta de un mundo cercano.

Mujer de sangre cruzada
venida de todas las rutas del mundo.
Cocktail de colores
que la vida moderna sacude
y da blanco y celeste.

Mujer enfocada al futuro,
cariátide viva para una
arquitectura racial;
mujer de los pagos gemelos
que blanquean en ambas orillas del mar;
el color de las olas se ha metido en tus ojos,
el color de tu carne
es hijo de la arena y el sol;
el parpadeo de tus pestañas
tiene a un lucero por entrenador.

Mujer que ríes y cantas y lloras y sueñas
en las tierras que moja el gran río pariente del mar;
mujer despedida al futuro
y a gran velocidad,
eres la cariátide viva
para una arquitectura racial.


PÁGINA 27 – CUENTO

NECHI DORADO
(Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Argentina)

¡TENGO UNA BRONCA!

Nosotros vivíamos en el Chaco, todos éramos felices ahí. No había que tener cuidado para cruzar la calle, la mamá no te decía nunca no hables con desconocidos. Tampoco tenías que pagarle al tipo que viene todos los meses a cobrar porque te prestó un lugar para vivir que encima, se llueve todo.
Allá estábamos en el rancho que había sido del abuelo, del abuelo, del abuelo, esos que ni conocí pero que nos dejaron vivir en ese lugar que levantaron con la ayuda de la abuela, de la abuela, de la abuela.
Jugábamos entre los árboles, hacíamos unas escondidas donde nadie podía descubrirnos, mis hermanos y hermanas eran más hermanos y hermanas. Ahora las chicas andan con amigas suyas jugando con muñecos de trapo que parece que te miran pero que si les hacés ¡¡¡buuuuhhhh!!! Ni reaccionan.
En cambio en el Chaco jugábamos a correr a los pollos, ni bien salían del huevo los hijitos, dormíamos abrazaditos con ellos, hasta una vez, sin querer, ahogué uno que se puso debajo de mí y apareció al otro día tan quietito como los muñecos que hoy usan las chicas.
Mi madre ¡cuánto lloré ese día! yo quería cuidarlo al pollo, no se cómo se le ocurrió meterse ahí y ni fuerza que hizo el tarado para salir. La cuestión es que yo sigo llorando cada vez que me acuerdo, como ahora.
El cielo allá era más brillante, las estrellas parecía que estaban ahí nomás, nos subíamos a las ramas más altas de los quebrachos y yatay, estirando los brazos para atraparlas. Claro, igual no podíamos llegar porque éramos muy bajitos.
¡El barro! que bueno que estaba revolcarse y después escondernos hasta que se secara porque si nos veía la mami Dios mío la que se armaba. Ella nos llamaba y nosotros hacíamos shhh, que no nos vea y nos tirábamos cuerpo a tierra muertos de risa. Hasta mis hermanas se divertían embarradas, ahora andan todas perfumaditas, que asco.
Además estaba lleno de sapos y ranas, charcos y lagunitas donde íbamos a sacar anguilas con el dedo gordo de la mano.
¡Cómo se movían! Te chupaban el dedo y no las podías desprender, después íbamos a tirárselas a las chicas que corrían muertas de risa y cuando se quejaban con la mami ella nos decía “vengan p’adentro, manía de molestar a las hermanas”.
Las bobas desde que estamos acá, se asustan hasta de las hormigas, se hacen las finas, son todas “ayyyy mamiiiiiii”.
Un día, cuando llegaron esos tipos blancos como cuero e’chancho nos dijeron que habían comprado los terrenos y teníamos que irnos. ¡¿Qué compraron queeeee?! ¡¿A quién le compraron algo?! Si ya no está el abuelo, mentiroso, además no trajeron ninguna plata ni mi papá quería vender nada.
Mi viejo se resistió enojado pero a la final como los tipos venían armados, le dijo a mamá que nos trajera para Buenos Aires, que nos llamaría de nuevo cuando se aclararan las cosas.
Pero nunca aclararon nada, dicen que hasta tiraron abajo miles de árboles, no hay más sapos, se murieron un montón de bichos de carne que eran los amigos nuestros. Y a papá lo echaron nomás.
A la mami la vemos llorando vuelta a vuelta, p’a mi que lo extraña mucho, entonces para que pare la abrazamos y le juntamos florcitas que no son tan lindas como las que crecían por allá, libres, bajo los árboles, no estaban detrás de rejas y nadie te sacaba a los gritos cuando las íbamos a buscar como hacen acá. Pero a mami igual le gustan las que les regalamos cuando la vemos tan triste, nos mira y sonríe y es tan linda cuando nos abraza y se seca los ojos.
Yo sigo con bronca, no me gusta este lugar donde te miran de reojo y muchas madres les dicen a los hijos cuando nos ven “alejate de ese indio de mierda”. ¡Qué se creerán esas desteñidas! Lo peor es que mis hermanas se quieren parecer a ellas, se ponen bichitos de trapo en la punta de las trenzas. Pavotas.

Que se dejen de joder, que me van a comparar esto con el Chaco; yo me volvería ahora mismo.

Pero es que ni tren que me lleve hay ahora…


PÁGINA 28 – POESÍA ALLENDE EL MAR

INMA DIEZ
(Amurrio-Álava-España)

PASAN LOS DÍAS

Pasan los días heridos;
sin ti, sin mí,
sin huellas de nosotros.

Ha nacido el invierno
y estas cuatro paredes,
no guarecen del frío.

Se ha adentrado la noche
que extiende sus raíces,
apagando los sueños.

Y crecen las distancias
de bordes afilados,
cortando los deseos.

Se nos muere el amor
que deja en nuestros brazos
los restos del silencio.

Solo quedan las sombras
escrutando el suspiro
que se pierde en el viento.

Pasan los días heridos;
sin ti, sin mí,
sin huellas de nosotros.

DOS LEÑOS ENCENDIDOS

Aún llevas en los ojos dos leños encendidos,
y desandas caminos para tocar mis manos,
hace ya algún invierno sembraste primaveras,
encendiendo la noche, que prendió en nuestros brazos.

Has vuelto de la nada, caminando entre olvidos
provocando un incendio tu mirada de fuego,
has besado mis labios en esta hora nocturna,
que aguardaban sedientos, en medio del silencio.

Traes esta soledad soñando con la mía
que es buena compañía cuando llegan ciclones,
y el manto transparente de tus calladas lágrimas,
envolverá los miedos y las desilusiones.

Has llegado escapando de tus propios temores
y te vas como el viento lanzando algún suspiro,
rechazas el destino que te sale al encuentro,
y aún llevas en los ojos, dos leños encendidos.

HE GASTADO MIL NOCHES

He gastado mil noches
quemándome los ojos,
cegándome el reflejo
que me arrastró al vacío.

Ya no palpita el aire
ni tirita el instante,
cuando el sordo oleaje,
con su fuerza me llama.

No quiero que me encuentre
rendida y aplastada,
sumisa y entregada,
a ésta desolación.

He gastado mil noches
quemándome los ojos,
lamiendo los escombros,
que asolaron mi vida.

Algún lucero tiembla
delimitando el cielo,
avanzo lentamente
y vuelvo a renacer.


PÁGINA 29 – ENSAYO

MÓNICA RUSSOMANNO
(Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

LAS DUEÑAS

     Arantza no pasea por el monte, lo adecenta. Rodeada de hijas, nietos, amigas de más allá del océano, centrada en el monolítico poder de las Madres, desde las altas cumbres de una vida de siete décadas criando, dando de comer, otorgando vida y haciéndose pasado referente,  presente y futuro en esas vidas entregadas y acompañadas. Arantza con su bastón corta las zarzas que invaden el camino de su monte, de su país, de su universo. Nada indiferente al vasto mundo, desde su porción de eternidad pone coto al caos y se involucra. Todo le pertenece, el paisaje que la contiene y la familia que la circunda. Es la pagana divinidad anterior a los ritos y a los oscuros arcanos. Aquí y ahora, con la maquilla-cetro, con ese bastón que sirve para caminar, para ordenar y para amenazar al bullicio de la joven jauría bullanguera, mujer de tono agudo y risa que no es risa sino risas con toda la cara.

     En otro continente y desde otros cielos, Gabriela dice sin ceremonias “yo no abandono a nadie”. Así con la grandeza de una estatura escasa y fuerzas relativas. Con la prepotencia de una entrega excesiva para los débiles, inconcebible para los tibios a quienes dice la Biblia que vomitará Dios de su boca. Tocada por la tragedia de una tía anciana, enferma y pobre, Gabriela se pone las botas y camina; a remar aunque el bote se llene de agua. “Yo no abandono a nadie”, y lo fácil que sería mirar para otro lado y dejar que los muertos entierren a los muertos, que las cosas sigan su curso, que algún otro reciba la pelota que cayó en la zanja.

     Mientras tanto Edurne ha dado de mamar a propios y ajenos, y los niños hacen fila para compartir con ella su momento dichoso, y el marido que recibe su ternura, y las hermanas tocadas por la calidez de los ojos verdes con las arrugas más hermosas del mucho sonreír. Edurne mujer maravilla que trabaja y pinta con esos colores tan de Edurne, que anda en bicicleta y corre y lee y además arrulla y acaricia y pasa con su piragua debajo de sus puentes de su ciudad, en su río que desemboca en la mar que rodea y colorea al mundo.

     Dichosas mujeres, estupendas mujeres de caldero y fuegos, de nacimientos y acompañamientos. Extraños pararrayos para las feroces inclemencias. Débiles cuerpos para fuertes voluntades. Ellas son las propietarias de la realidad, y allí están junto a lo verde y también para recoger las hojas que marchitan los otoños.

     Qué sería de la humanidad sin estos tutores, ramitas enhiestas que enderezan árboles frondosos. Dichosas portadoras de la luz, sacerdotisas del hogar que calienta la casa, las que atienden a los niños y ponen en su lugar los trastos. No todas las mujeres tienen esa fe en la potencia imparable del pequeño amor que se acrecienta y abarca el mundo.

     Arantza y Gabriela, Edurne y tantas otras. La soberbia de hacer y de intentar lo imposible, de ponerse enormes piedras sobre hombros endebles y sin embargo más poderosos que las muertes inevitables. Las redimirá para siempre el ser poseedoras del  presente efímero. Pasarán, como todo lo que está dentro del tiempo, pero habrán puesto una flor roja en un florero azul, habrán dado con las manos una palabra, habrán colocado un eslabón en la cadena de lo mágico.
Habrán poseído por un momento el universo.


PÁGINA 30 – CUENTO

ALEJANDRO BOVINO MACIEL
(Corrientes-Corrientes-Argentina)

EL VIEJO SEÑOR SARMIENTO

                                      I

Yo estaba en el puerto, habrá sido por abril, hace cinco años, por 1887, estaba pagando unas deudas que tenía con el herrero, y vi que un barco llegaba. Siempre me gustó ver el desembarco de pasajeros, llegan en el vientre de esas naves enormes y salen bajando un puente, con sus ropas de todos los colores, los señores con sombreros negros y las damas con adornos brillantes y modales finos, algunas con parasoles de una tela tornasolada tan delgada como las alas de las moscas y los zapatos con tacos finísimos, y los mitá montón que andan de aquí para allá; aunque haga un calor de mil infiernos, nunca me pierdo ese espectáculo de la llegada de los barcos en el puerto.

Era mayo, comadre Etelvina, me acuerdo bien porque se estaba haciendo la novena de la Cruz y pasó doña Leonora y me dice “Vamos un poco hasta la capilla, que yo le debo una promesa a la Cruz” Y mientras yo pagaba esa deuda con el herrero doña Leonora, que ya está medio achacosa y le duele el tobillo o la rodilla, no sé bien, porque como siempre se está quejando de algo ya no me acuerdo qué le dolía ese día, pero recuerdo que me dijo “andá nomás a ver tu barco, yo me voy a quedar en la iglesia a rezar” y salí porque el puerto me cinchaba, quería ver el barco que llegaba, que se llamaba “San Martín”, grande decía el cartel con el nombre en la parte de adelante, y me asustó un poco cuando se acercó y antes de bajar la escalera, sonaron unos cañonazos, yo me decía “guerra no puede ser porque esta gente está toda tranquila esperando que bajen los pasajeros y por lo que me contaron, en la guerra las personas corren como enloquecidas de un lado para otro buscando salvarse de las balas que caen de todos los sitios”, eso al menos me contó la finada mi abuela, pero ahí todos estaban contentos, algunos saludaban con pañuelos; igual sonaban los cañonazos pero según parece era como un saludo militar porque el que llegaba según decían que fue gobernador o presidente o intendente o algo así de la Argentina, un Karaí Guazú, comadre. Y habrá sido nomás, porque esas señoras de Cárdenas que nunca se bajan del cabriolé porque parece que tienen miedo del polvo, estaban duras y firmes paradas al lado de los caballos, la primera vez en mi vida que les veo los pies, siempre están sentadas y firmes como si les hubiesen almidonado los cuellos, doña Leonora que aunque renguea sigue de aquí para allá me dijo una vez “no han de tener pies” cuando las vimos pasar a las tres una mañana en el coche, con ese mulato zafado que maneja las riendas del cabriolé y al cruzarnos se ríe el descarado sin sacar los ojos de nuestras nalgas, doña Leonora me dijo una vez que le cuente a las señoritas Cárdenas lo que hace el criado sinvergüenza pero como nunca se bajan del coche no tuve oportunidad y esa tarde tampoco pude arrimarme porque las tres señoritas estaban paradas pero lejos y había mucha gente, un hervidero, parece que a todo Asunción se le dio por mirar la llegada de los barcos justo ese día.

“Mis destinos están cumplidos, y aunque haya caído y levantado muchas veces con la bandera de la educación común, esta manifestación recibida en el Paraguay, después de otras recientes en Valparaíso, Santiago, Andes, Mendoza, San Juan, me harían desear que las banderas de la Argentina, de Chile, Uruguay y Paraguay me sirviesen de mortaja para atestiguar que merecí bien de sus habitantes”.
“En mis sueños aparece el fuego en un campo raso, unas llamaradas voraces, que echan humo y suben crepitando, no hay otro sonido, solamente el crujido de ese fuego que avanza y un pequeño gemido que va creciendo, creciendo, son varios, son miles de gente gimiendo como si fuese el valle de lágrimas y me despierto con sudor en la frente”.

Empezaron a bajar los pasajeros, viera los colores de esas muselinas que vestían las niñas, pero yo le hablo de verdaderas niñas, con la piel de color clarito y suave y no como las tres Cárdenas que de niñas solamente tienen lo solteras, porque lo que es en edad, ya deberían ser abuelas. ¡Esas ropas!, comadre, ajustadas acá en el talle pero sueltas abajo en los faldones que ondulaban al viento como si estuviesen volando palomas, era una hermosura, y los señores vestidos como se visten acá cuando se entierra un finado: traje negro, sombreros oscuros y pañuelo blanco en el cuello. Una preciosura. Yo no me cansaba de mirar ese desfile, y de repente todos parece que atajaron la respiración, allá arriba apareció un señor imponente agarrado del brazo de una mujer mucho más joven, sería la hija, y la gente empezó a aplaudir y se acercó una comitiva de aquí, que estaba esperando en el edificio de administración del puerto, todos señores muy bien vestidos y militares con uniformes que brillaban. Se acercaron a recibir al visitante que ya le dije que era uno que había sido gobernador o presidente o alcalde algo así de la Argentina, muy mayor y parecía enfermo porque la mujer que lo acompañaba lo sostenía un poco hasta que vino uno de la comitiva y le ayudó pero el Karaí no quiso subir a un carruaje del gobierno que esperaba ahí, con seis caballos negros que daban miedo, yo me decía ¿será para un viaje al infierno mbaé? Todo ese carromato negro con adornos del color del oro, lustrado, y los caballos de luto también, daba un poco de miedo y la verdad que yo entiendo que ese señor tan importante no haya aceptado subir en ese funeral, más sabiendo que estaba enfermo, tosía a cada rato y parecía cansarse al caminar, todos le seguimos como si fuese la procesión de San Blas que se hace todos los años para febrero. Íbamos despacio porque el señor caminaba un trecho y se detenía a descansar, después seguíamos, hablaba con la voz firme como si fuese un militar y escuché que dos señores que venían detrás de mí decían “¿Quién iba a pensar que Sarmiento vendría a vivir al Paraguay? Yo me di vuelta y les miré todo mal, ¿quién les enseñó a recibir así a las visitas? No dije nada pero les mal miré. Ni caso me hicieron, siguieron conversando lo más tranquilos, dijeron que este señor que venía de visita tenía mucho remordimiento, que le había hecho mucho mal al Paraguay y venía arrepentido a entregar su alma. Yo me decía: pero, ¿será posible que este viejito encorvado nos haya hecho tanto daño?

“Encuentro aquí, una ciudad colonial, tal como debió ser Buenos Aires o Montevideo hace unos años, con peculiaridades indescriptibles. Una ciudad fundada en la pendiente de una colina de arena, de manera que no se usa caminar, por impedirlo los altos y bajos. Hay dos tílburis y un coche por todo vehículo. Afortunadamente se inventó el tranway y se recorren diariamente dos líneas paralelas a lo largo de la ciudad, que van a los lindos alrededores.
Hay una clase vestida con elegancia y gentuza que viste como las sanjuaninas orilleras, con camisón y rebozo”.

“¿Qué hay antes de la fogata? Un campo con pastos verdes parecido a una pradera de esas que custodian los caminos de la Provence francesa. Un campo así, pacífico, bajo el sol del verano. Nada más que eso, con esa tranquilidad hasta que aparece el fuego. No sé si es el terror a la destrucción del fuego, el miedo a esa quemazón, el crepitar que crece o esos gemidos, pero invariablemente me despierto de la pesadilla con un sudor espeso que me cubre el pecho y la cara, que la siento tan caliente como si terminase de salir de ese incendio feroz. Y no es más que un sueño”


PÁGINA 31 – POESÍA ALLENDE EL MAR

MARIO MELÉNDEZ
(Monte porzio-Pesaro-Urbino-Italia)


ARTE POÉTICA

Una vaca pasta en nuestra memoria
la sangre escapa de las ubres
el paisaje es muerto de un disparo

La vaca insiste con su rutina
su cola espanta el aburrimiento
el paisaje resucita en cámara lenta

La vaca abandona el paisaje
continuamos escuchando los mugidos
nuestra memoria pasta ahora
en esa inmensa soledad

El paisaje deja nuestra memoria
las palabras cambian de nombre
nos quedamos llorando
sobre la página en blanco

La vaca pasta ahora en el vacío
las palabras están montadas sobre ella
el lenguaje se burla de nosotros


LA PORTADORA

Ella sacó a pasear las palabras
y las palabras mordieron a los niños
y los niños le contaron a sus padres
y los padres cargaron sus pistolas
y abrieron fuego sobre las palabras
y las palabras gimieron, aullaron
lamieron lentamente sus ciegas heridas
hasta que al fin cayeron de bruces
sobre la tierra desangrada
Y vino la muerte entonces
vestida con su mejor atuendo
y detúvose en la casa del poeta
para llamarlo con gritos desesperados
y abrió la puerta el poeta
sin sospechar de qué se trataba
y vio a la muerte colgada de su sombra
y sollozando
"Acompáñame", le dijo aquélla
"porque hoy estamos de duelo"
"Y quién ha muerto", preguntó el poeta
"Pues tú", respondió la muerte
y le extendió los brazos
para darle el pésame


RECUERDOS DEL FUTURO

Mi hermana me despertó muy temprano
esa mañana y me dijo
"Levántate, tienes que venir a ver esto
el mar se ha llenado de estrellas"
Maravillado por aquella revelación
me vestí apresuradamente y pensé
"Si el mar se ha llenado de estrellas
yo debo tomar el primer avión
y recoger todos los peces del cielo"


PRECAUCIONES DE ÚLTIMA HORA

Debo cuidarme de los gusanos
cuando me entierren
lo más seguro
es que hablen mal de mí
que escupan sobre mis poemas
y orinen las flores frescas
que adornarán mi tumba
llegado sea el caso
que hasta devoren mis huesos
me arranquen los intestinos
o en el colmo de la injusticia
se roben mi diente de oro
y todo esto porque en vida
jamás escribí sobre ellos


SINFONÍA NEGRA

Eva colgaba sus muertos de la ventana
para que el aire lamiera los rostros
preñados de cicatrices
Ella miraba esos rostros y sonreía
mientras el viento empujaba sus senos
hacia la noche agusanada
Una orgía de aromas sacudía el silencio
donde ella se deseaba a sí misma
y entre suspiros y adioses
un grillo ciego desmalezaba
sus antiguos violines
Nadie se acercaba a Eva
cuando daba de mamar a sus muertos
la cólera y el frío
se disputaban su adolescencia
el orgasmo daba paso al horror
el deseo a la sangre
y pequeñas criaturas violentas
despegaban de su vientre
poblando los amaneceres
de luto y de pesadillas
Luego
cuando todo quedaba en calma
y las sombras por fin
regresaban a su origen
Eva guardaba sus muertos
besándolos en la boca
y dormía desnuda sobre ellos
hasta la próxima luna llena


LA ÚLTIMA CENA

Y el gusano mordió mi cuerpo
y dando gracias
lo repartió entre los suyos diciendo
"Hermanos
éste es el cuerpo de un poeta
tomad y comed todos de él
pero hacedlo con respeto
cuidad de no dañar sus cabellos
o sus ojos o sus labios
los guardaremos como reliquia
y cobraremos entrada por verlos"

Mientras esto ocurría
algunos arreglaban las flores
otros medían la hondura de la fosa
y los más osados insultaban a los deudos
o simplemente dormían a la sombra de un espino

Pero una vez acabado el banquete
el mismo gusano tomó mi sangre
y dando gracias también
la repartió entre los suyos diciendo
"Hermanos
ésta es la sangre de un poeta
sangre que será entregada a vosotros
para el regocijo de vuestras almas
bebamos todos hasta caer borrachos
y recuerden
el último en quedar de pie
reunirá los restos del difunto"

Y el último en quedar de pie
no solamente reunió los restos del difunto
los ojos, los labios, los cabellos
y una parte apreciable del estómago
y los muslos que no fueron devorados
junto con las ropas
y uno que otro objeto de valor
sino que además escribió con sangre
con la misma sangre derramada
escribió sobre la lápida
"Aquí yace Mario Meléndez
un poeta
las palabras no vinieron a despedirlo
desde ahora los gusanos hablaremos por él


PÁGINA 32 – ENSAYO

ANTONIO ACEVEDO LINARES
(Bucaramanga-Colombia)

EL PLACER DE LEER

El placer de leer es una aventura maravillosa por la imaginación del lenguaje y es el mejor ejercicio del ocio creativo. Harold Bloon en su libro Cómo leer y por qué (Norma, 2000) dice que leer bien es uno de los mayores placeres que pueda proporcionar la soledad porque en su experiencia ha encontrado que es el placer más curativo, leer lo devuelve a uno a la otredad en tanto que la lectura imaginativa es el encuentro con el otro y por eso alivia la soledad, y solo la lectura constante y profunda aumenta y afianza por completo la personalidad, y que para leer sentimientos humanos hay que ser capaz de leer humanamente.

En efecto, la práctica solitaria de la lectura es una experiencia maravillosa como el amor. El placer del texto es tan maravilloso como el placer del cuerpo, leer es como hacer un largo viaje por el mundo sin necesidad de comprar tiquetes aéreos y llegar a hoteles. Un hombre que no lee es un hombre inocente, perdido, inerme y en ese estado de indefensión puede ser objeto de cualquier paso en falso en la vida.

En el mercado del comercio quieren vendernos la idea equivoca de métodos de “lectura rápida,” pero la lectura debe ser todo lo contrario, como la comida, una experiencia que se viva despacio y se disfrute como el placer del cuerpo. Nietzsche recomendaba para una lectura auténtica una “actitud de rumiante, ojos de pulidor de vidrio y tacto de ciego, leer despacio, con profundidad y dedos delicados, rigurosidad, sigilo; silencioso y pausado”. La lectura debe ser una experiencia estética motivada por el placer del texto y no una experiencia académica motivada por la lectura obligatoria. La letra con sangre no entra, ese antiguo paradigma educativo no formó lectores imaginativos sino resentidos y burócratas.

En su ya célebres conferencias en la universidad de Belgrado en 1978, en la que diserta sobre el libro, la inmortalidad, Emanuel Swedenborg, el cuento policial y el tiempo y, que formaría más tarde el libro Borges oral (Emece Editores, 1979) Borges señala como el libro es una extensión de la memoria y de la imaginación, aunque paradójicamente dice que cuando leemos algo con dificultad, el autor ha fracasado y por eso considera que un escritor como Joyce ha fracasado esencialmente, porque su obra requiere un esfuerzo, y añade que un libro no debe requerir un esfuerzo, porque como la felicidad, no debe requerir un esfuerzo; pero resulta que un lectura seria y verdadera es un esfuerzo por interpretar al autor y su imaginería; la lectura fácil es la que se hace en los aviones mientras se viaja y esa lectura no produce felicidad sino relajación. La lectura no es una relajación ni se debe leer para “matar el tiempo,” es esfuerzo porque requiere concentración y disciplina para ser un lector imaginativo.

El éxito de los juegos de videos entre los jóvenes tiene la particularidad de tener muchas imágenes y en eso le ganan terreno a los libros donde el intelecto tiene que hacer un esfuerzo por capturar las imágenes que crean las palabras y parece que nadie quiere esforzarse leyendo porque las imágenes del video pueden contar más fácilmente una historia sin hacer demasiados esfuerzos; de allí el bajo índice de lectura entre los jóvenes. La lectura tiene poderes alucinantes, como en Don Quijote que bajo su influjo delira un mundo perdido que quiere hacer realidad y también puede ser peligrosa, como dice Borges citando a san Anselmo; poner un libro en manos de un ignorante es tan peligroso como poner una espada en las manos de un niño, aunque deplora que se pensara así de los libros. Hay otro principio que ha circulado en los medios y es aquel que dice que un hombre que empuña un instrumento musical, difícilmente puede llegar a empuñar un arma, pero también un hombre que lea, difícilmente es un hombre que pueda llegar a matar.

El ejercicio de leer es un ejercicio intelectual como el ejercicio de escribir, es un goce del espíritu y del intelecto que requiere una rica imaginación como la imaginación del autor que se lee,  tal vez se requiera una mayor imaginación para leer que para escribir, aunque para escribir se sabe que se requiere algo más que imaginación. Una forma de la felicidad como consideraba Borges a la lectura y otra menor, la creación poética. La experiencia de leer es como la experiencia de vivir en tanto hay que ser selectivos a la hora de leer como de vivir. En la literatura existe la poética idea de que uno no elige lo que escribe, sino que lo que uno escribe lo elige a uno, pero en la lectura uno puede elegir lo que desea leer como en el amor se elige a quien se desea amar, es un juego de la seducción el placer de leer, porque los mejores libros son los que lo seducen a uno y se debe leer por placer sin imponerse la lectura como una orden y se debe dejar de leer si el libro no lo seduce a uno. Hay libros que no se dejan leer después de la quinta página y hay los que merecen ser leídos letra por letra hasta el final; cada quien lee los libros, como ha tenido los amores que se merece, y hay libros que uno debería leer antes de morir, son los imprescindibles, como decía Brecht de los hombres, porque en ellos está contenido lo más lúcido y hermoso del corazón humano.

El poder del conocimiento que origina la lectura nos salva de la genuflexión y el servilismo, dignifica la condición humana y nos hace apropiarnos de nosotros mismos. El hombre no ilustrado vive por fuera de sí mismo y por eso es fácil presa de los fanatismos y de la alineación social que lo masifica. En Una historia de la lectura (Norma, 1999) Alberto Manguel narra como la lectura en público en la Francia del siglo XVIII cumplía una función social, como se aprecia en las pinturas  de Marillier, y aparte de la quema histórica de libros en Berlín en mayo de 1933 por el régimen nazi, narra cómo en 1981 la junta militar presidida por el general Pinochet prohibía el Quijote de Cervantes por considerarla una obra que contenía (con razón) una defensa de la libertad y una crítica contra la autoridad. El poder y las dictaduras históricamente han sospechado de la lectura de los libros porque liberan el espíritu y fortalecen el intelecto.

Kafka decía que uno lee para hacer preguntas pero la lectura como actividad lúdica también tiene el propósito de darnos respuestas sobre la interrogación del mundo y las cosas. La lectura es interpretación, imaginación y creación. El texto puede crearse también a partir de la lectura del lector imaginativo, esto es, el texto no es solo la voz del autor sino también puede enriquecerse con la del lector. El lector cómplice es la aspiración más secreta del escritor, aquel que enriquece el texto a través de una lectura imaginativa. Cabe recordar como Cortázar requería para la lectura en Rayuela de un lector-macho y un lector-hembra, esto es, una nueva actitud imaginativa frente al hecho literario, un “lector inquieto, activo, participante en la extracción de los significantes y la reconstrucción del sentido.” El filósofo Ralph Waldo Emerson decía que hay que ser inventor para leer como es debido.

La lectura es una deconstrucción del texto, para decirlo con una categoría propia de Derrida y como placer un oficio intelectual como el oficio de escribir que se parecen en su aventura y revelación. Hay quienes se complacen con los libros que han escrito pero también debemos hacerlo con los que hemos leído, porque leer es un diálogo con el autor en donde ya no somos los mismos; nadie lee dos veces igual, parafraseando a Heráclito, en el mismo libro, porque cada vez somos distintos si la lectura ha sido fértil en nosotros, esto es, ha sembrado en terreno fértil que ha dado buenos frutos. Hay libros que son mucho más visionarios que su autor porque en la lectura de una obra se descubren otras dimensiones que el autor no deslumbró, ese es el lector imaginativo, el que descubre los alcances visionarios de una obra, el que lee más allá de las líneas impresas, el que lee entre los intersticios. Un lector apasionado que descubre el mundo en los libros y lo reinventa con su lectura. Leer nos redime y nos salva de la inocencia, esa culpa que inventaron las religiones con el temor de Dios. Abrir un libro de par en par como una ventana o como unos muslos abiertos es ir al encuentro de un mundo maravilloso, una relación erótica cuando se acarician y se siente el olor de la tinta fresca en sus páginas. Ahora ya sabes, “desocupado o hipócrita lector”, hay que leer para vivir, como decía Flaubert.
*Del libro La pasión de escribir, de próxima publicación , 2012.



CONTRATAPA: NOTAS DE PARÍS                                                                                            

IRMA BIGNON
(Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

JEAN FROISSART
El primer periodista francés

      De esta lengua francesa tan rica y en plena Edad Media, debía surgir el primer periodista. Su nombre: Jean Froissart. Nace en el año 1337 en la ciudad deValenciennes, situada a orillas del río Escaut, al N.E. de Francia.
      Desde su infancia recibe la educación que daban  los clérigos en ese tiempo, cuando primaba la naturaleza y la ingenuidad. Todo en él ya anunciaba un carácter dócil, sensible, espiritual. Comienza a escribir desde muy joven. Sus poemas, sus relatos, sus aventuras, sus amores, obedecen a la expresión cándida de las antiguas costumbres, mucho antes del renacimiento de las letras y de la influencia de los estudios clásicos. Su pasión por aprender, por escribir; su entusiasmo por los placeres simples, por el encanto del amor, la magia del teatro de las comedias; siempre poseído por esa pasión de ver y aprender, ilustrarse y avanzar.
      En su poema extractado, ya se advierte la pureza simple que desplegará en toda su obra.
                                     …Lejos están las voces que se escuchan,
                                         Cuando llegará el tiempo para mí,
                                         Que de amor pudiera yo amar…
 
      En 1328, son dos los países que cuentan como fuerzas políticas en el Occidente Cristiano: Francia e Inglaterra. Curiosamente todo comienza con la guerra de Cien Años que ya se venía preparando silenciosamente desde hacía tiempo, y que al final se declara.
      Jean Froissart es el principal cronista del comienzo de esta guerra. Recorre toda Francia, acercándose a los príncipes; mezclándose familiarmente entre la tropa de la caballería; escuchando sus conversaciones; interrogando y escribiendo cuidadosamente, todo lo que escuchaba, en un carnet de notas.
      En un momento, deja sus investigaciones en Francia para recorrer Inglaterra, Escocia y llega hasta Italia. De esta manera las “Crónicas” de Froissart constituyen un relato cronológico de los acontecimientos ocurridos desde 1328 hasta el final del siglo.
      La obra está dividida en cuatro folios. El tercer libro es sin duda el más importante. Relata los acontecimientos que conducen a la paz momentánea de Tournai en Bélgica hasta la llegada a Paris de Isabel de Baviera en 1389. Hija del duque de Baviera, Isabel se casa con Carlos VI y se convierte en la reina de Francia.
      Es verdad que aún más que el Renacimiento, es el Siglo de las Luces el que contribuye a debilitar el prestigio del pensamiento medieval. Froissart, al mismo tiempo que periodista e historiador es sociólogo. Gran admirador de la caballería feudal, relata sus costumbres y hábitos, placeres y proezas. Sus “Crónicas” abundan en detalles y además, hace observaciones y comentarios de los personajes de la época y de hechos ocurridos en diferentes momentos y fechas.
      No se limita únicamente a relatar los hechos. Tiene la originalidad de amenizar el relato con cuestionamientos inteligentes, como por ejemplo el resultado de la batalla de Crécy, donde en una lucha desigual, los ingleses terminan siendo los vencedores, cuando normalmente debía haber sido una derrota para ellos. Efectivamente, la Historia ha reprochado a los caballeros franceses el haber acudido en tropel y a la buena de Dios, a refugiarse al lado de Felipe VI de Valois, mientras Eduardo III de Inglaterra se manejaba con improvisadas astucias de las que ni él mismo quizá se sentía seguro, pero que revelaron su eficacia en su momento: los setos disimulando la miserable infantería, mientras los arqueros galeses sacaban de sus monturas a la fuerza a los caballeros franceses…
      Jean Froissart muere en Chimay, Bélgica, en el año 1400.    
      “Crónicas” es un testimonio vigente del tiempo que vivió su autor. Se nota el candor de sus sentimientos, la ingenuidad de sus expresiones similares al sabor de las novelas de caballería; la admiración por la valentía, la lealtad, por el amor a las damas. Sus escritos son siempre rápidos, seguros, carentes de frases fuertes.       
      En la Edad Media, los ilustres iluminadores de estampas abundan, dando colores suaves y velados a las letras y a las figuras.
      El cardenal Georges d´Amboise, arzobispo de Rouen, gran conocedor de los mejores iluminadores de estampas de ese fin de siglo XV, encarga una versión iluminada de las “Crónicas” de Froissart para la biblioteca de su nuevo castillo de Gaillon, construido de 1497 a 1510, ubicado en el cantón del río Eure, en el Valle del Sena. El pórtico de ese castillo se encuentra hoy  emplazado en la Escuela de Bellas Artes de Paris.
      Pues bien. El castillo se convierte entonces en un verdadero laboratorio donde cuarenta artistas, llegados de toda Europa se instalan y trabajan sin interrupción.
      Se conocen varias ediciones de las “Crónicas”. Pero las del cardenal d´Amboise superan a todas por la calidad, la riqueza y la cantidad de ilustraciones iluminadas (más de 200). Esta obra se conserva hoy en la Biblioteca Nacional de Francia de Paris.
      Las “Crónicas”, además de su contenido histórico, son un ejemplo de la iluminación en arte. Sus estampas tienen un lugar aparte en la evolución de la pintura europea, a media distancia entre la pintura monumental italiana del Trecento  de las cuales se han nutrido, y del naturalismo flamenco que ellas preparan. Asombran los realces en oro y sus doscientas iluminaciones sobre vitela, pergamino que sirve para pintar y escribir. 
      El manuscrito de Jean Froissart es hoy considerado un ejemplo histórico de una frescura y una importancia inaudita, que ha movilizado el mundo del arte.

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