Reconocimiento Nacional a GACETA VIRTUAL

Reconocimiento Nacional a GACETA VIRTUAL
Feria del Libro Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Año 2012

Rediseñada para ofrecer una mayor difusión de la escritura en castellano.

Dirección: Norma Segades - Manias
directoragaceta@gmail.com
GACETA LITERARIA Nº 52– Marzo de 2011– Año V – Nº 3


Imágenes:Dibujos de Nanzi Vallejo (Santa Fe-Santa Fe-Argentina)
Música: Seleccionar al pie de la revista

PÁGINA 1 – REFLEXIONES

UN PUEBLO INFORMADO ES UN PUEBLO IRREDENTO

Por Silvia Delgado Fuentes (Sopelana-Euskal Herría)

Un pueblo informado es un pueblo irredento. Punto pelota.

Por eso el poder necesita controlar a los periodistas como si fueran soldados, por eso premia a muchos de ellos y los convierte en mediadores de sus falacias, en servidumbre, en soplones, en contrabandistas de letras.

La información, o mejor, la desinformación, es un narcótico eficaz que frena el instinto de rebelarse, lo pisotea llenándolo de contenidos vacíos de realidad.

En nuestros pesebres abundan palabras masticadas, elaboradas en laboratorios propagandísticos para que nos alimentemos de ellas y las digiramos dándolas por ciertas.

Porque un pueblo desinformado es un pueblo manipulado.

Un pueblo esclavo.

La desinformación es otra más de las estrategias de la bestia para convertirnos en gente que no se queja, en gente razonablemente contenta que se conforma con la miseria que le dejan.

Son millones los ejemplos.

Guerras con excusas inventadas, atentados diseñados por los amos y atribuidos a sus enemigos, masacres silenciadas, mentiras sobre armamentos, mentiras sobre personas subversivas, mentiras electorales, golpes de estado, hambrunas, enfermedades y así un largo etcétera donde el periodista, o más bien, el cronista del poder, utiliza su profesión para servir en bandeja la cabeza cortada de la humanidad.

Por eso es tan importante proteger a todo aquel que se dedica honradamente a este oficio, a todo aquel que se arriesga a dar información veraz, a todo aquel que ayuda con su palabra a desenmascarar a los que se amparan en la política para hacer del mundo una inmensa propiedad privada.

Por eso digo, es vital mantenerse firme en el desprecio hacia estos escribidores al dictado, es vital escuchar la verdad limpia de bala y paja.

Es vital escuchar esa verdad y hacer oídos sordos a los que tapan con sus embustes el crimen organizado de los estados.

PÁGINA 2 – CUENTO

POR LA PAZ, UNA VEZ MÁS

Beto Brom (Maalot-Israel)

Calor insoportable, típico de comienzos de verano. Pocos caminaban por las calles en aquellas horas del mediodía. Uno a uno, los encargados de la manifestación, fueron llegando a la casa del molino viejo. Flemito, serio como de costumbre, revisaba la lista de presentes a medida que aparecían. A las 2 y media, llegó el camión con las banderas y los panfletos. Dos o tres bajaron el material, lo apilaron en el zaguán y esperaron órdenes. Todo marchaba como una maniobra militar, -Somos especies de soldados bajo la bandera de la Paz- había expresado Josef, la tarde anterior en la asamblea – y como aquellos deberemos proceder- El grupo, con los exactos y contados veinticinco miembros, estaba pronto para comenzar el operatorio.
La hora apremiaba, las camionetas se hacían rogar, quizás algún choque o imprevisto problema de último momento, las demoraba. Sonó el celular de Sonia, encargada de la acción –Si escucho, ¿Donde están?, es un poco tarde, apresúrense...-Dirigiéndose a los compañeros explicó que en escasos minutos arribarían.
Ya en camino, les aguardaba una hora aproximadamente de viaje, la tensión fue en aumento; poseían el permiso policial correspondiente, los representantes de los distintos grupos de las ciudades y poblados cercanos habían corroborado por carta su participación, contaban, además, con la segura presencia de dos canales de televisión que transmitirían, en vivo y en directo, todo el acontecimiento. Todo marcha según el plan estudiado, planificado y ensayado decenas de veces.
Llegaron frente al predio de construcción. Una veintena de obreros ocupados en sus trabajos, dos inmensos tractores, iban y venían llevado material, una inmensa grúa llevaba una larguísima tubería para depositarla en una inmensa canaleta a un costado del terreno. Todo parecía normal salvo la aparición repentina de unas camionetas, pertenecientes a la empresa constructora, con el inconfundible león rojo, dibujado en las puertas, abarrotadas de personal. Estos, bajaron en un santiamén para formar una barra humana a lo largo del frente de toda la zona de construcción. Sus facciones frías y cerradas, no dejaban en duda la intención de su presencia allí.
Sonia impartió unas cuantas ordenes, donde apostarse, en qué lugar levantar las banderas y pidió encarecidamente no entablar conversación con nadie, no con los de la TV, no con los de la prensa y menos con los obreros o quienes sean, que protegían los portones de acceso al lugar de construcción.
A los escasos minutos comenzaron a llegar colectivos, camionetas y camiones repletos con los compañeros de las poblaciones de la zona. Cada delegación ocupó un lugar, de acuerdo al plan de Sonia.
Todo se realizó manteniendo una disciplina estricta. A la hora señalada, se abrieron las banderas, verdes con palomas blancas, se pararon los mástiles que sostenían los carteles, una agradable melodía se dejó escuchar proveniente de unos inmensos parlantes apostados a ambos lados del contingente manifestante.
Todos los periodistas y reporteros de los canales de TV. comenzaron a llegar y en pocos instantes fueron emitidas al aire las primeras escenas de la grandiosa y espectacular manifestación popular en contra de la construcción, en la ciudad, de la primera fábrica de elementos bélicos.
¡NO a la GUERRA, SI a la PAZ! ¡ARMAS OUT! ¡BASTA de MUERTOS!
Unos escasos cincuenta metros separaban a los bandos. De imprevisto aparecieron unos cinco coches policiales, descendieron un número respetable de agentes del orden, y se emplazaron en dicho espacio. Lo ocurrido de allí en adelante varía de acuerdo a quien es el que comenta los sucesos.
El vocero policial informó que no obstante la manifestación constaba del permiso correspondiente, que otorgaba un máximo de 2000 manifestantes, según cálculos se encontraban presentes más de 5000; lo que sería un acto en el que se mantuviera la tranquilidad, fue entorpecido por un gran número de activistas que comenzaron arrojando piedras sobre los guardianes del predio en construcción, y por supuesto que aquellos reaccionaron en idéntica forma; la fuerza policial hizo todo lo necesario para mantener el orden, y lamenta los heridos de ambos bandos, a los que se debe agregar unos cuantos policías. El encargado de prensa de la empresa constructora junto con el vicepresidente de la fábrica en construcción emitieron un comunicado en el cual expresaron un sincero malestar por los heridos a causa de los disturbios, y dejaron bien en claro que todo lo relacionado con la construcción del establecimiento, está cubierto con todos los permisos necesarios, tanto nacionales, como provinciales y por supuesto municipales.
Demás está decir que también la organización local de los verdes, declaró a los distintos periodistas y reporteros, que considera sumamente indignante la reacción de los guardias de la construcción que por medio de piedras trataron de interrumpir una justa y democrática acción de protesta que contaba con el permiso legal correspondiente, y que con seguridad los directivos de la empresa extranjera, que se encuentran al frente de la susodicha fábrica, otorgaron carta libre para entorpecer la manifestación. Denunciaron a toda voz su repudio a la actuación de la policía que actuó en forma brutal y desmedida contra los pasibles ciudadanos que solo exigieron ser escuchados y demostrar una vez más que las armas solo traen guerra, la desolación, las víctimas y las consabidas muertes.
Diez de los compañeros quedaron internados en el hospital local a causa de fracturas y conmoción cerebral. Se redactó una lista de activistas, grupos de tres, para permanecer con los heridos hasta ser dados de alta. Cuando ello ocurra se llamará a reunión para decidir sobre las futuras actividades.
La función debe continuar.


PÁGINA 3 – NUESTRA POESÍA

Miguel Ángel Gavilán (Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

XIII

Ahora le toca a la muerte.
Ella va cabalgando a mi costado.
Haciéndose un lugar
en frente de mi noche.

Ella va,
(siendo muerte apenas),
anunciándome la orilla
donde se descansa
de los vientos.

Donde no hay nadie
que hable de nosotros.


XIV

Poema en el abismo de tus ojos.
Poema en él

XV

Sabrán de mí.
Y el destello del sol en las hojas
dirá mi nombre.

XVI

Hay sólo el grito
de la madrugada
en tus ojos.

XVII

Quiere
ese borde tuyo
donde duerme el pan
de tu memoria.

Ese,
donde la lengua
reconoce la piel no besada,
almíbar de voz en tu octubre.

Ese borde
quiere.


PÁGINA 4 – ENSAYO

LOS PROFETAS DE LA BIBLIA

Por Alejandro Maciel (Corrientes-Argentina)
(Fragmento de "Los sueños de la eternidad")


Profetizar era otra forma de poetizar; o, dicho al revés, la buena poesía siempre es profecía. Ser profeta en la antigüedad judía era un oficio algo escandaloso nacido de los recovecos del rito. Los primeros profetas eran también sacerdotes de Israel pero después poco a poco la figura del profeta se apartó del Tabernáculo para vagar por ciudades y desiertos vigilando la Ley. Esta verdadera gendarmería religiosa era la conciencia pública del rebaño elegido y aunque estamos acostumbrados a asociar “profeta” con “profecías” la principal función del profeta judío era ser la conciencia viva del pueblo y hasta su remordimiento como sucedió con el Bautista frente a Herodías. Volvamos los pasos al pasado; Herodías era hija de Aristóbulo, hijo de Herodes el Grande y por tanto, de casa de los Macabeos. Se había casado con su tío, Filipo con quien tuvo una hija llamada Salomé pero la artritis, los mareos, la próstata adenomatosa terminaron cansando a la esposa y abandonó al marido para convivir, como diría el antiguo código penal “en ilegítimo concúbito” con otro tío: Herodes Antipas, tetrarca de Galilea según ya vimos en la historia de los Herodes. El historiador Flavio Josefo, en “Antigüedades Judías” XVIII, v, 1, 4 comenta los pormenores de la ejecución de Juan el Bautista ordenada por Herodes Antipas ante el humo de insurrecciones que levantaba el Profeta con sus inflamadas arengas. Los evangelios nos dan una versión un poco más compleja y vinculada al adulterio de Herodías (Mateo 14:1, Marcos 6:14, Lucas 9:7) propuesta en estos términos: Juan el Bautista sabe que la reina ha cometido dos incorrecciones que él considera verdaderas infracciones a la moral: es adúltera y está amancebada con su tío. Piensa que los personajes públicos están para dar el ejemplo y no para escandalizar al pueblo, al que los profetas trataban de preservar de las influencias nefandas. Acusa y acosa noche y día en su prédica a la pareja real insinuando de paso que si el rey está en falta, el pueblo es libre de obedecer su conciencia desobedeciendo al gobierno. Desde que el mundo es mundo, los dirigentes únicamente buscan conservar y acrecer su poder; cualquier minusvalía en este sentido les parece sediciosa y tratarán de sofocarla cueste lo que cueste. Herodías siente la humillación pública de ser detestada y vilipendiada por el solo hecho de haber cambiado de cama sin pedir permiso.

Juan el Bautista no tiene los ojos en la tierra de pecados sino en el cielo esenio donde todas las almas son puras y el cuerpo no es más que una imagen que negocia el alma para entenderse con el mundo de la materia. ¿Qué le pueden interesar las razones de Herodías, del hartazgo del desvencijado cuerpo de un tío para pasar al otro? Observemos con detenimiento cómo se instala un conflicto en el mundo exterior y en la conciencia humana.

Como todos y todas recordarán, Herodes Antipas frente a la amenaza de insurrección decide encarcelar al Bautista para apagar su campaña proselitista. No lo hace matar a pesar de las insistencias de su concubina y sobrina porque en el fondo siente respeto por esa figura adusta que vive en el desierto purificándose con ayunos y mortificaciones y que profesa una idea del bien basada en el respeto a la ley, lo que no es nocivo para un gobierno. También recordarán, repito, una fiesta en el palacio real en la que no faltan visitas extranjeras y vino generoso. Ustedes ignoran seguramente los pesares del poder. No hay penitencia más dura para alguien que llevar las riendas de un pueblo díscolo y después de una dura jornada de edictos y despachos reales, nada mejor que un buen malbec para alegrar el espíritu por medio del cuerpo y entonces Herodes Antipas propone un brindis y pide a su hijastra Salomé que dance para los presentes; hácelo la muchacha a cambio de un deseo “lo que pidas, se te dará, doy mi palabra de honor” promete el tío-padrastro frente a los invitados, aunque de su honor no quede mucha tela por cortar. Como todos sabemos, Salomé baila y al terminar va directamente junto a su madre a pedir asesoría. ¿Qué exige Herodías como recompensa por la danza? Pide la cabeza del Bautista en una bandeja; y Salomé públicamente proclama el precio de su ovación. “Ella instruida por su madre, dijo: “Quiero aquí en un plato la cabeza de Juan el Bautista”. Entonces el rey entristeció, pero a causa del juramento y de los que estaban con él a la mesa, mandó que se la dieran”, dice el evangelio de Mateo.

¿Quién es responsable de la decapitación del Bautista? ¿Herodías, que deseaba ver muerto al profeta? ¿Salomé, que pide ese precio? ¿Herodes, que da la orden aún contra su declarada voluntad? ¿El verdugo que lo ejecuta? ¿Dios que manda a Juan a predicar mensajes peligrosos? ¿El mismo Juan que, conociendo las leyes del poder las desafía? Usted me dirá de inmediato: “Pero Juan decía la verdad”, y aquí, querida señora, cauto señor entramos en el ámbito ambiguo de la función social de la verdad. Aceptemos que el adulterio es verdad, ¿hacía falta predicarlo a los cuatro vientos? ¿Perjudicaban notablemente la salud pública de Judea las relaciones sexuales entre Herodes y Herodías? ¿Era ocasión de guerras y exterminios masivos? ¿Producía cataclismos y calamidades, calentamiento global, deshielo de glaciares? ¿Acarreaba epidemias? Siempre resulta sospechoso el puritanismo de los fanáticos; si analizamos bien, eventualmente es una cuestión de conciencia entre Dios, Herodías y Antipas la carga de prueba de esa verdad. También es verdad que padezco hemorroides pero poca gracia me haría que mi proctólogo lo publicara en el periódico alegando que “no miente”.

Finalmente Juan es decapitado según testimonia el pasado. Lo que nunca podremos afirmar sin asomo de duda en este presente continuo que se llama futuro es el nombre del asesino o la asesina, si no ha sido un suicidio.


PÁGINA 5 – CUENTO

LA VÍCTIMA

Por Marcelo di Marco (CABA-Buenos Aires-Argentina)

Raqueta en mano, el padre de Ezequiel mira a su pibe, paralizado, con la boca abierta.
—¿Te llegó a... a tocar? —se anima a inquirir por todos, ansioso, el Turco Musi.
—Fue recién —niega Ezequiel, con los ojos en el piso—. Salí volando a contárselo a papi.
El padre de Ezequiel es inmenso, una especie de cade¬na montañosa de shorts y zapatillas. Sus tres amigos em¬piezan a levantarse del banco, olvidados del inminente partido. Los cuatro rodean a Ezequiel, empuñan sus Dunlops de madera.
—Sacó un billete de diez mangos —sigue el pibe, medio tartamudeando—. Me los daba si me iba con él al vestuario de Paleta.
—¡Qué barbaridad, qué hijo de mil putas! —sentencia Vernet, el comisario de la 5ta—. ¡Con la falta de control que hay, acá entra cualquiera!
Todos miran al padre de Ezequiel. El puño del padre de Ezequiel se pone blanco, cerrándose en el mango de la raqueta.
—Todavía debe estar allá —lloriquea Ezequiel—, por el lado de los juegos.
Hay unos segundos de silencio. El chico los mira a todos a la cara, sorbiendo mocos.
—¡Agárrenme que lo mato! —explota por fin el padre de Ezequiel.
¡Campanazo de largada!: en un momento encuentra la jauría al tipo —un tipo flaco, de saquito, con cara de imbécil—, que está escabulléndose entre el subibaja y el tobo¬gán grande.
Lo empujan, lo tumban, lo putean, lo escupen. Cues¬tión de prioridades, el honor del raquetazo inicial, de canto a la jeta, es concedido al padre de Ezequiel. El Turco Musi opta también por más de un patadón en la boca del estó¬mago. Dále y dále nomás, sin asco, Pocho Maimo y el comisario Vernet, morosos, alternándose, son dos estetas, dos artistas de la sangre y del garrote. Las raquetas suben y bajan, parece como si los cuatro vengadores estuvieran cazando mariposas rojas, saltando alrededor del pobre in¬feliz.
Lo hicieron de trapo.
Como a la media hora llegó una ambulancia de la poli. Los detalles corrieron por cuenta del comisario Vernet.

Semanas después, el tipo volvió.
Y no una vez solamente. Ezequiel solía verlo cuando se aparecía de pronto, agazapado en el arenero del tobo¬gán grande, mirando cómo él llegaba al piso, o cuando el tipo esperaba en la vereda de enfrente, en la parada del colectivo. Una noche lo vio en el andén del subte de la Facultad, mientras se cerraba la puerta. Otra vez lo vislum¬bró borrosamente en el espejo, detrás de él, mientras se afeitaba.
Casi siempre tenía la cara abierta y muy roja, como de carne cruda, con su nariz hendida y colgante y su frente quebrada al medio como por un hachazo.
A veces sonreía. A veces aparecía sano, como antes de que su padre y los amigos lo agarraran.
El tipo volvía, volvía siempre.
Ni siquiera de adulto pudo contárselo Ezequiel a su padre. Ni a nadie. Hay cosas que no tienen solución, hay cosas que no se arreglan jamás, ni con todos los raquetazos del mundo.


PÁGINA 6 – NUESTRA POESÍA

Graciela Maturo (San Genaro-Santa Fe-Argentina)

NAVEGACIÓN DE ALTURA

Has recorrido tardes, signos
dibujos trazados por otras manos,
huellas sobre los márgenes de un libro.

Perseguías la música en la partitura seca
un alma viva entre las cifras
Hasta que supe leer mi propia piel
No estaré en los anillos de humo
ni en el número yerto de papeles marchitos.

Habito entre los signos vivientes
entre cascadas de música
Cuando la oscuridad gotea en un cuarto melancólico
se abre paso la luz y engendra un árbol
Nace un río de oro en un tiempo desierto.

Pequeñas victorias sobre la muerte diurna
Oscura certidumbre
de yacer en la palma de una mano.

Nadar entre las nubes que la tarde apacienta
en el ahora de la palabra que se adelgaza
en el silencio
del
no
ser
que vuelve en un raudal de viento y sangre

Breve corazón del bosque
latido de la dicha.

Trazos que el aire desnuda
sobre la roca
gemidos de flores carnales
signos del aire y la levedad
palabras
aun no pronunciadas

El viento que no cesa
Tiempo de purificación,
silencio que sigue a las grandes lluvias
comienzo de una frase
en el aire de la madrugada
Alguien quiere decirse
alguien quiere escuchar
una señal de fuego.

El sol congela los cristales de la nieve
que han destruido las escrituras.
(Los hombres inventaron una pantalla muda
un remedo del alto espacio
un cielo donde navegan
falsos planetas.
Vacío del triste, demiurgo.
Desolación de las tumbas desiertas)
Cuando desfallecía me llamaste
en la tiniebla .

Tu paso hizo estallar las apariencias del mundo
y descubrió el país de la gracia.
Azucenas de nácar humedecieron mi frente
Supe que nada estaba perdido.
Todo latía allí
en su corona sin tiempo.

El mundo se despliega
como un gran abanico de plumas de arco iris.
Tengo en mis ojos la sabiduría
Me dejo avasallar por el oleaje
terrible de lo bello.

Las ciudades que sueño
son como las ciudades que conozco
pero no son las mismas.
Debajo de mis párpados me buscan
me llevan a sus calles familiares y oscuras
me hacen señas se burlan
de la desmemoriada.
En una esquina vi
una cara que amé hace mucho tiempo.
Espera de los despojados.
En el follaje un rostro que se esconde.
Detrás de las hojas se halla mi última máscara.

No vivirán las obras de los hombres
las columnas que pugnan para llegar al cielo,
los pájaros de trueno que estremecen el aire los barcos las usinas
la huella del buril sobre la piedra.
Llega la lluvia coronada de almendro
el tiempo de la espiga
Las ramas se abrazan
en la delicia del verano.


PÁGINA 7 – ENSAYO

EL HUMOR EN LA ESCRITURA DE NARRADORAS ARGENTINAS CONTEMPORÁNEAS: DE LA COSMOVISIÓN A LA ESTÉTICA

Por Irma Verolín (CABA-Buenos Aires-Argentina)

Al hablar de humor y mujeres escritoras surge inmediatamente el nombre de María Elena Walsh que creó un universo compacto con personajes reconocidos o prototípicos y alcanzó un tono único, una voz irrepetible. En la obra de María Elena Walsh el disparate se presenta como el recurso que rompe las ligaduras de la represión, libera al lector de la lógica de la razón y del peso grave del sentido de las palabras; de esta forma el contrasentido se instala dentro de una estructura verbal para sacudir los cánones de una cultura que oprime con su acartonamiento. No abordaré aquí la escritura de María Elena Walsh, me ocuparé de otras escritoras entre las cuales muchas de ellas, de un modo consciente o no, se han visto influidas por su obra.
Indagando la utilización del humor en la literatura de ficción cuyo objetivo no es provocar la risa sino hacer literatura -de hecho no incluyo aquí escritoras cercanas al periodismo ni tampoco el humor gráfico- descubro sin sorpresa que es más fácil hallar textos que emplean el humor o incluyen rasgos humorísticos en su narrativa en la producción escrita por mujeres que en la realizada por los hombres. Desde ya esto puede ser cuestionado, sin embargo no es mi intención entrar en controversias estadísticas ni tampoco aspiro a ser exhaustiva, ya que mi elección de las escritoras aquí abordadas responde, en principio, a una información que siempre es un poco parcial, así como a un gusto personal y al interés por abarcar distintas zonas del país para no reducir el enfoque al panorama cultural de la ciudad de Buenos Aires, aunque cabe destacar que algunas escritoras nacidas en distintas provincias viven actualmente en Buenos Aires y la mayoría de ellas publica en esta ciudad; de modo que las omisiones de seguramente muchas escritoras que emplean el humor tendrán que ser disculpadas con buena voluntad. Me interesa considerar aquí el rasgo común del humor en la diversidad de registros, claro que el abordaje no podrá ser demasiado meticuloso debido al número de escritoras elegidas. Intentar‚ rastrear e interpretar brevemente la utilización del humor en las distintas propuestas literarias, la función que desempeña en las mismas y la visión del mundo que expresan con el objeto de trazar un común denominador que facilite el delineamiento de campos para futuros análisis. Asimismo intento aportar algunos elementos que ayuden a comprender la escritura hecha por mujeres y lo que sería mejor aún, permitan descubrir la existencia de un movimiento con rasgos comunes y con originalidades propias.
Es muy posible que el humor sea el menos inocente de todos los rasgos de una poética literaria. Aunque quizá más que un rasgo sea algo más integral, porque el humor no es un simple agregado ya que surge de un modo muy peculiar de situarse y ver el mundo. Es precisamente esta visión del mundo expresada a través de los textos lo que me interesa desgranar en este trabajo. Ante todo el ingrediente humorístico exige una distancia diferente a la usual para poder aparecer, supone una lectura y una contralectura, un segundo nivel de interpretación o, si se quiere, en términos actuales, una suerte de pensamiento lateral. Al mismo tiempo, en ese texto que procura arrancar la sonrisa y la complicidad está presente la cara y la contracara de un mismo hecho. En este sentido podríamos pensar que el humor es un mecanismo de defensa frente al dolor o frente al dominio de alguna clase de poder. Muchas veces el humor nos está diciendo: "Ya sé de qué se trata, pero no acepto este estado de cosas". El humor alude a dos efectos simultáneos que percibe quien lo generó, posee en sí mismo una marca tragicómica, porque el humor verdaderamente efectivo nos habla por lo general de una burla o de un burlado, de un contrasentido, de un perjuicio que puede ser salvado con su perfil menos grandilocuente. Sin duda el humor es un rasgo de perspicacia, supone haber captado las dos caras de la moneda, los dos polos de una realidad que siempre está en tensión y que, en última instancia, no se resuelve jamás.


PÁGINA 8 – CUENTO

¿DONDE ESTA EL TIMBRE?

Por Héctor López Arias (Hurlingham-Buenos Aires-Argentina)

Estaba por llegar.
La pequeña abuela se levantó de su asiento poco después de la parada anterior a la de su destino.
Entre permisos, pétalos que volaban de su ramo de flores y empujones que de antemano sabía disculpados; quedó frente a la puerta trasera del colectivo.
Instintivamente estiró su mano hacia el dintel de la puerta, pero el timbre no estaba allí. La parada se acercaba rápidamente. Pensó que el botón podría estar en el otro parante ubicado a su izquierda, pero no existía, ahí, nada parecido a un timbre.
Giró su cabeza hacia la derecha buscando en el otro parante y vio como la parada de su destino quedaba atrás.
Era la única que se bajaba y a nadie pudo recurrir para que encontrara el timbre que ya se le antojaba inexistente. A la angustia de ver que tendría que caminar dos cuadras más, se le sumó la de comprobar que en el otro parante no existía ningún timbre.
El colectivo cruzó rápidamente la avenida Santa Fe. Un segundo antes que la luz amarilla subiera al rojo, un centímetro después que pasara el paragolpes de un taxi.
La abuela, ajena a estas extrañas relaciones colores-espacio-tiempo, buscaba infructuosamente el timbre. Vio un redondelito plateado que brillaba más que los otros, ubicado a la derecha de la puerta. Lo apretó cuando el colectivo cruzaba Güemes, pero el botón no se hundió ni sonó chicharra alguna allá adelante.
Aumentó su inquietud, manifestada por movimientos casi espasmódicos de su cabeza y de sus ojos que buscaban el timbre que detuviera al colectivo. En cualquier lado, pero que…por Dios ¡que se detenga y abra la maldita puerta!
Ya estaba llegando a la parada de Charcas cuando alguien, muy alto, le preguntó si bajaba. Al levantar la cabeza, al mismo tiempo que asentía; lo vio.
Allí arriba. Casi en el techo. Muy por encima del dintel de la puerta como del pasamanos. Inaccesible para su metro sesenta y uno de estatura. Pardo; confundiéndose con el revestimiento imitación madera del interior del coche.
Aumentaron sus pulsaciones ante la certeza que no iba a poder alcanzarlo, sin tener que ponerse, peligrosamente, al borde del escalón, en puntas de pie. Aún así, sabía que no lograría alcanzarlo.
La voz, desde arriba, volvió a preguntar: “¿Baja señora?”
Un si, casi inaudible, vergonzante. Un si que pedía perdón por la dificultad que ocasionaba a quien quería bajar, salió de su boca, apretada por un rictus de impotencia por alcanzar aquel timbre ubicado sin consideración alguna, vaya uno a saber por quien, pero que debía ser muy alto.
En una fracción de segundo pensó que había tomado un colectivo para personas que medían más de un metro setenta, pero vio que también viajaban chicos que iban –o venían- a la escuela, solos y más bajitos que ella, pero no tuvo mucho tiempo para llegar a conclusión alguna.
Un brazo pasó sobre su cabeza y apretó el timbre, a media cuadra de la parada de Charcas.
La puerta se abrió un segundo después. El brazo continuaba sobre su cabeza, apoyada la mano en el revestimiento.

Vio que el pavimento de Coronel Díaz pasaba muy rápidamente allá abajo, al mismo tiempo que se daba cuenta que estaba tomada del parante izquierdo solamente con su dedo mayor, pues los otros sujetaban la cartera y el ramo de flores. La otra mano, estaba a mitad de camino entre el timbre inalcanzable y el parante derecho, del cual no podía tomarse, pues la frenada del colectivo la tiraba hacia la izquierda.
Metros antes de la parada, la inesperada salida de un auto estacionado, obligó ala conductor a efectuar un volantazo, incrementando la frenada también. De este modo, quien había sido su ayuda con el timbre se convirtió en su mayor amenaza, pues sentía todo su peso sobre la espalda empujándola hacia el pavimento.
El dedo que la mantenía aferrada al parante se desprendía rápidamente ayudado por la transpiración resultante de saber que pronto quedaría tomada del ramo de flores. Inmediatamente sintió que su dedo mayor ya no asía nada. Sus talones, apenad apoyados en el borde del escalón, despegaban del piso del colectivo.
Caía rodando sobre su costado izquierdo apoyado sobre la puerta plegada, tomando –aún con cuatro dedos- el ramo de claveles. El índice de la mano derecha, extendido absurdamente persistente en la búsqueda del pulsador del timbre.
La mente, en blanco.
Ya en el aire, al terminársele la superficie de rodamiento; vio de frente la cuneta con agua sucia sobre la cual iba a caer y extendió los brazos intentando una resistencia, que de antemano sabía inútil. El ramo de claveles se estropearía de todos modos.
Quedó apoyada con sus dos manos sumergidas en la corriente de la cuneta que se llevaba tres de sus claveles. Las rodillas, sobre el pavimento, soportaban el resto del cuerpo, hasta que un agudo dolor en su hombro derecho la aflojó totalmente. Sus codos se doblaron mientras imágenes de un toro cayendo a la final de una corrida, ocuparon su mente en el segundo previo al cual quedó tendida.
“…y un ambulancia tranquilamente se la llevó”.
La letra de aquel tango vino a su mente mientras escuchaba la sirena, ya en el umbral del desmayo, el cual, de haberse producido, le hubiese evitado el dolor que padeció cuando alguien la tomó por debajo de los hombros para levantarla.
Imaginó que uno de esos espantosos monstruos, personajes de las películas que tanto le gustaban a su nieto más chico, le mordía el hombro derecho, traspasándolo de lado a lado con dientes como agujas de tejer. Escuchaba los reproches de unos comedidos contra la tardanza de la ambulancia y de otros contra los automovilistas que no le daban paso, al mismo tiempo que buscaban reconfortarla con los “no se preocupe abuela” de rigor. Estos eran quienes la ayudaban a ponerse de pie y afirmaban que la ambulancia ya llegaba. Algunos, casi gritando, decían que no había que moverla hasta que llegara el médico. Claro, total…el agua de la cuneta es manantial de los valles, pensó ella. “Gracias, no se molesten”; contestó tímidamente, mientras soportaba otro mordisco doloroso.

Aceptó quedar sentada en una silla que alguien alcanzó desde un bar. Otro le entregó su cartera, pero no hubo un tercero que le diera su ramo de claveles. No tuvo tiempo de contestarse sobre el destino de sus flores.
Al mismo tiempo que le preguntaban que sentía, un hombre vestido de blanco la tomó de los pies. Respondió que le dolía mucho el hombro derecho, cada vez que intentaba mover el brazo, a una voz que estaba detrás suyo y que debía ser la fuerza que la levantaba de los hombros.
Finalmente, después de una sensación de breve vuelo, quedó acostada sobre una camilla que se deslizo hacia atrás para quedar inmovilizada, tras una serie de ruidos metálicos, los cuales culminaron con el cerrar de puertas de la ambulancia.
Alcanzaba a ver la parte superior de las puertas y se preguntaba si tendría que tocar algún timbre para bajar. Interrumpió su pensamiento la voz del médico que estaba a su lado, explicándole que tenía la clavícula derecha fracturada, diagnóstico que creyó posible cunado una nueva puntada le arrancó un sonoro quejido que se confundió con el sonido de la sirena. Siguió otro pinchazo más suave en el brazo izquierdo, que el médico señalo como el resultado de la aplicación de un calmante que la sumió en un sopor placentero en cuestión de segundos. Todo quedó como fuera de foco, la sirena se hizo casi inaudible hasta que intuyó que habían llegado al hospital, pues el sonido cesó después de una curva pronunciada, una frenada y antes que las puertas del vehículo se abrieran, volviendo a tener esa sensación de vuelo, pero esta vez hacia delante.
Despertó con la mirada de Alicia, la enfermera, ante sus ojos, dándose cuenta que tenía el hombro derecho rígidamente vendado y comenzó a decir muy bajito: “El timbre…el timbre… ¿Dónde está el timbre?
Alicia se alegró de su reacción y dándole un beso en la mejilla le explicó que ya sabía sobre su clavícula y que bajaba a comprar una botella de agua mineral. La abuela pensó: “El timbre estaba muy alto” y le repitió a la enfermera que ya llegaba a la puerta: “El timbre… ¿Dónde está el timbre?
Alicia, desde la puerta y sin darse vuelta le respondió: “Está ahí nomás. Sobre la mesita de luz”.
Giró la cabeza hacia la derecha y lo vio. Colgando del cable, desde el otro extremo de la pequeña mesa, lejano, remoto, inalcanzable. Imposible llegar a él girando sobre su hombro lastimado. Los dolores, aunque mitigados por los analgésicos, sedantes y curaciones; no habían desaparecido totalmente.

Se quedó mirándolo durante un tiempo al cual nunca midió, mientras su mente era ocupada por su propia imagen ante una inmensa puerta que, sobre su dintel tenía escrito, con letras de oro, la palabra “Paraíso” y más allá de la mitad de la puerta, lejano e inalcanzable, de reluciente platino: Un timbre.-


PÁGINA 9 – POESÍA ARGENTINA

Julio Carabelli (CABA-Buenos Aires-Argentina)

PLAZA LIBERACIÓN

Un camello atraviesa la plaza
no está en las pirámides
ni huye
presuroso
terca intención
la de pasar por el ojo de una aguja.
Un camello atraviesa la plaza
no es un tanque de color verde olvidado
es un enviado
del dueño
del amo
que desea toda la vieja plaza para él solo
con el impecable amarillo de Van Gogh
el acaso del agua
el petróleo
la arena
y las innumerables faldas del Islam.
Un camello atraviesa la plaza
asombrado
espantado
herido
por el hedor de los cuerpos mutilados
pareciera que un lenguaje de Babel
confunde
se remonta
para ver de nuevo
en las nulas argucias de los teólogos
que el ser humano no ha aprendido nada.
Los cadáveres
no pueden
no se incorporan
para dejar pasar al buen camello
presto a entrar en el versículo sagrado
antes que los dueños del mundo
avizoren su llegada y cierren la Biblia.

LÓGICA

Un hombre busca su pan
hurga en los tachos de basura
juega
su condición de niño
busca pertenencias en inventarios cósmicos
para él
para millones como él la vida está escondida
no la encuentra
antes solía sorprender a sus vecinos
-¿usted sabe quién soy cómo me llamo?-
está fuera de juego
duerme
sus dientes su paladar su hígado
dormitan en el intestino flaco
a la intemperie
no aprecia la lluvia ni el rocío
no tiene adonde ir y no camina
no piensa no mira no murmura
sólo oye voces afirmando
que está vivo.

CARTA ROBADA

En la flamante librería de incunables
en el escritorio
había una carta de Poe manuscrita
junto a una primera edición de Charles Dickens.
En la carta se hablaba de una obra
en la que roban una carta
como aquella que ahora busca el librero
en su escritorio.de La pulga en el papel

La boca del hipermercado
absorbe
(antes de abrir)
hermosas jovencitas.
Karina es una de ellas
y pronto
se verá opaca
con su uniforme gris.
Se sentará a la caja
y con tenaz sonrisa
dirá: -gracias por su compra-
a los antiguos clientes de su padre
(el almacenero de la esquina)
que ha cerrado
debido a aquel derrame.

ESPECIE

El niño mira
el inútil bregar del insecto
ve que se mueve
que intenta retroceder o liberarse
que procura
escapar de los lazos que lo enlazan.

El niño tiembla
ve la desesperación del condenado
y aguarda araña y víctima él mismo
que salgan de la cueva las patas asesinas.

La tela toda
en donde se debate la vida y la muerte
a veces sólo es un espejo
pero eso el niño lo sabrá cuando sea tarde.

AÑICOS

En un bar del alto Manhattan
estaban sus ojos restándole al día
copos de rutina y de violencia.
Mi tiempo de extranjero
de valijas listas
se fundía como la nieve en las veredas
labradas
por gente que en sus casas
guardaban celosas pasaportes vencidos.
Yo me quedé en sus ojos
tan ajenos
como el cariño de las putas de la Cuarenta y dos
o como las calles que crucé más tarde
cuando aún era temprano
y el teléfono
acusaba mi soledad
inconmovible
como una esfinge negra en el desierto.
Muchas veces fui a verla
transitando caras rojo aperitivo
esperando que el coraje hiciera falta
para que reparase en mí
y otorgara
el raído pasaporte a mis añicos.
Uno no va entero a todos lados.
Lo supe
porque una parte de mí quedó en sus ojos.


PÁGINA 10 – ENSAYO

DAVID SÁNCHEZ JULIAO SIGUE SIENDO EL REY

Por Carlos Orlando Pardo (Líbano-Tolima-Colombia)

Alguna vez, David Sánchez Juliao dijo que escribía para que la muerte no tuviera la última palabra. Y así será, en su caso, porque toda su obra está impregnada de sabiduría popular, la que supo beber en cada viaje por pueblos de la costa en su continuo ir y venir de trashumante irredimible. Me parece verlo mostrar su incomparable sentido de pertenencia con el orgullo de todo un campeón que levanta un trofeo. Y de reclamar, inclusive, su origen tolimense, porque fue precisamente su abuelo, el gallo Sánchez, nacido en Venadillo, quien diera lugar al comienzo de su origen, muchos años atrás, cuando llegó al Ministerio de Educación a pedir su traslado como educador y allí se vería de frente por primera vez con la señora Margoth Cárdenas que se hallaba en las mismas. Al no existir sino la plaza para un matrimonio tras haber pasado semanas a la espera de una respuesta, se encontrarían los dos y para siempre como una bonita jugada del destino.

Ahora que se ha marchado de un momento a otro traicionado por su corazón y despertando no risas sino lágrimas en un país que realmente lo quería, vemos que todos los presupuestos tenían descartada su partida porque si algo hizo fue vibrar con la vida y convertirse, gracias al esfuerzo de su palabra oral y escrita, en un símbolo vital de la alegría, el permanente buen humor y en el traductor del mundo de la cultura del caribe arrancado de las raíces populares.

Este palabrero entrañable cuya amistad me honró por cuatro décadas, dijo adiós de la manera más inesperada para sacudir nuestro dolor cuando estábamos preparados para recibirlo otra vez en Ibagué con los brazos abiertos. Sólo unas semanas atrás estuvo en Ibagué deleitando con su gracia incomparable, abrazando a sus primos, como llamaba a Benhur y Héctor Sánchez, haciendo las venias y los reconocimientos respetuosos y de admiración al gran Rodrigo Silva, recorriendo el museo de arte bajo el clima grato del barrio Belén mientras se conocía más de cerca con Darío Ortiz, autor de la carátula de su última novela publicada por Pijao Editores y compartiendo agradado el lanzamiento del nuevo libro de Alberto Santofimio.
Desde la pizzería de la plaza de Bolívar o una mesa grande en el Círculo lanzaba sus historias y antes de despedirnos, sin imaginar que era para siempre, entregó uno de sus libros para niños a mi hija menor con la dedicatoria de su tío David porque se consideraba sin dudar mi hermano como yo mismo lo sentía. Salvo el periplo que lo llevaría de embajador a Egipto o la India y su tiempo de profesor invitado a las universidades norteamericanas o de México donde apenas llegamos a escribirnos, estuvimos ahí, a su lado, a partir de las ya lejanas tardes cuando nos presentó el periodista Enrique Córdoba, estrella hoy de la radio en Miami y oriundo de su amada Lorica. Conocí entonces de primera mano su primer libro aún sin empastar ¿Por qué me llevas al hospital en canoa, papá?, firmado en julio de 1974. No dudé en escribir entusiasmado una larga nota cuando las hacía como comentarista en Radio Nacional, adonde le presenté a su director, el inmortal Germán Vargas Cantillo con quien haría una hermosa amistad. De entonces a hoy lo vimos convertirse en una figura emblemática de la literatura colombiana, en el fundador mundial de los libros casete o libros audio con El Flecha y El Pachanga, en el autor de novelas premiadas que fueron llevadas con éxito rotundo a la televisión como Pero sigo siendo el rey con 17 estatuillas de la India Catalina, Gallito Ramírez o Cachaco, palomo y gato, en el conferencista que se rapaban a lo largo del país y en ese viajero por más de setenta países de cuya experiencia como agudo observador y mordaz crítico publicó algunos libros con su sabia y humana visión.

Su trilogía musical novelística que completara con Danza de redención basado en melodías andinas y dejando los ritmos tropicales como protagonistas en Mi sangre aunque plebeya, dejaban su obsesión por un tema que habitó buena parte de sus horas y que aprendió a matizar desde tiempos tempranos como locutor. Ahí están palpitantes sus fábulas en El arca de Noé y sus Historias de Raca Mandaca, por ejemplo, que fueron dándole la consistencia de un escritor disciplinado y talentoso, para explicarnos en Por qué somos así su capacidad para la sociología y el arte de comunicar.

No sólo su empleada wayú que llevaba con él quince años y Katy, su última esposa a lo largo de dos cuatrenios quien administraba con amor su agenda, sino además todos sus innumerables amigos desde expresidentes y políticos hasta colegas en la escritura y gente humilde, hemos sentido su ausencia con un dolor que lastima como si la luz se oscureciera.
Antes de partir le dejó a mi hermano Pablo para Caza de libros su primer libro de poemas y a mi el volumen de cuentos Los premios para que fuera parte de la nueva colección de Pijao, adonde apareció su última novela reeditada Aquí yace Julián Patrón.

No habrá sino recuerdos grabados en el mármol y de pronto su mirada perdida en Ambalema cuando Mapy Gutiérrez lo invitó para que recogiera historias sobre El Mohan. Seguro que como dijo su hija Paloma, se fue directo para el cielo a hacer reír a todos en su reino.
Ibagué, febrero 11 de 2011


PÁGINA 11 – CUENTO

PLUMAS EN LA LUNA

Por Elsa Hufschmid (Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

Vivía yo con mi familia en un clásico barrio, cercano a las vías del tren.
Todas las tardes, al volver de la escuela y después de la merienda, nos juntábamos los chicos de la cuadra. Todos guardábamos en algún bolsillo un pedazo de torta, algún bizcocho, o simplemente un pedazo de pan. Y para corríamos, a la tapera de Pancho, debajo de un árbol al lado de las vías.
Pancho era el linyera, el “croto”, como le decíamos en mi infancia, que todos queríamos y para él vaciábamos nuestros bolsillos.
Debajo de una descuidada barba, que podría ser blanca, sus mandíbulas, con increíble y buena dentadura, trituraban con fruición los dulces, mientras convidaba trocitos a sus cinco compinches, cinco perros flacos y pulguientos que lo acompañaban en sus aventuras por las calles de la ciudad y cuidaban de las estrafalarias pertenencias de Pancho.
Alto, flaco, algo encorvado, de caminar lento, ojos claros casi escondidos debajo de las tupidas cejas, de largos cabellos atados a la espalda con un piolín, Pancho tenía una mágica atracción para nosotros. Sentados en rueda a su alrededor, escuchábamos sus relatos y nuestra imaginación se regocijaba con las aventuras que nunca pusimos en duda. Si el tema era estar frente a un león, en plena selva, creíamos en sus poderes de hacerlo volver a su guarida sin chistar.
Antes que oscureciera, nos despedíamos de Pancho, asintiendo a su orden de portarnos bien y hacer los deberes.
Una tarde, lo encontramos ocupado en raros artefactos de alambre que, nos dijo, serían para volar a la luna. Nos pidió le lleváramos plumas, y al otro día, todos los chicos aportamos una buena cantidad de ellas.
Las gallinas se habían alarmado de nuestro ahínco en limpiar de plumas los rincones de los gallineros, y algunas que pasaron cerca sintieron los manotazos.
En mi casa no había gallinero, pero abuela Sofía, como buena idish, tenía un acolchado de plumas que trajo de su país, que misteriosamente quedó menos abultado.
Durante una semana asistimos y aportamos a la realización de las grandes alas que ya tenían buenas formas.
Una fuerte tormenta nos mantuvo en nuestras casas, y al otro día, cuando llegamos a la tapera, solo encontramos algunas plumitas embarradas y los perros, que nos saludaron con alegres ladridos, mientras comían lo que había en nuestros bolsillos. Pancho no estaba, tampoco las alas.
Volvimos durante unos días, en especial llevando algo de comer a los perros, que ya no eran cinco. Algunos también nos habían abandonado.
Mamá, notando mi tristeza, una noche de luna llena me invitó a mirarla, y descubrimos las barbas de Pancho. Me alegró mucho saber que había llegado.
Hoy, ya hombre, intactas mis emociones infantiles, levanto mis ojos hacia la luna y mi corazón se comunica con Pancho, alejando por unos minutos los ingratos sucesos de este siglo XXI, cada vez más agobiante.
Comparto la ilusión con mis dos hijos que olvidan sus guerreros y monstruos electrónicos y apaciguan sus fantasías escuchando, por enésima vez, algunas de las aventuras de Pancho, que ya incorporaron a sus recuerdos. Por supuesto que conocen de los cráteres de la luna y su gaseoso entorno, pero nos entibiamos el espíritu y por unos minutos vemos las barbas de Pancho, que todavía, a pesar de los años, deja deslizar alguna plumita, que encuentro debajo de un árbol o posada, etérea, sobre las violetas del jardín.


PÁGINA 12 – POESÍA ARGENTINA

CUANDO YA EL MUNDO PROPAGA

Por Hugo Alberto Patuto (San Nicolás-Buenos Aires-Argentina)

Aquel remanso de fotografías como norte junto a la lluvia
parece buscar lo que soñó el amor, lo que predijo
el rumbo con la piedra y también el corazón hecho barco
lento de nubes al quebrar una espiga.
Aquel señor de tantos caminos toca el dintel borroso
para que labios, relojes y panes miren al cielo
unidos por influjo de una canción breve
o del fruto que alcanza la memoria.
Aquel tesoro vecino del amanecer más puro
semeja la victoria simple del artista
cuando ya el mundo propaga
el filo del asesino y la sombra del mar incuestionable.

LA PRISA DE LOS ÁRBOLES

La prisa de los árboles merece otra luz en la distancia.
Negro dolor aullando salvaje
por la cintura espesa del fuego.
Los ángeles han olvidado la contraseña
y desde la sangre nos paralizan.
¿Qué robar a tanto brillo inmune
como la visión de una estepa?
Amor puesto en fuga
para entenderse, libre, con el vino.
Amanecer y sublevar la conciencia
luego de soñarnos a la deriva.

COMO TRIBUTO AL RIO DE LOS CUERPOS

Por esta cifra los caminos alcanzan
y la piedra que fue ternura o laurel;
por este sentido más allá de lo verde
nuestra forma con señales del asombro.
Vaciarán el retrato donde la noche
libró incontables batallas mostrando
un dibujo que sueña espigas
como tributo al río de los cuerpos.
Entonces la quietud conmovedora,
el aire poblado de manzanas,
mi regalo bien cerca
y tu silencio furtivo.

NUESTRA LATITUD

El Sur vuelve a prometer un torbellino de chispas
cuando el hombre divaga o mastica un silencio
las manos en el cruce de los panes
el pie denodado, alerta.
Este Sur hecho a la medida de los perros
que nacen de cualquier olvido
y no dejan de ladrar como verdugos
del ensueño fatal de las estrellas.
Sur incendiado por el mar espejo
donde la oceánica voracidad cabe
para preguntarse
por el anónimo destino posible.
Al Sur le basta con el peso de la historia
fugaz, desolada, sangrienta, oscura
niño dibujado por el diamante
de un faro que avanza muy libre.

UN MOTIVO CELTA

En alguna canción remota celebran ahora mismo
lo que insiste bajo el cosquilleo del viento
y nos hace parte primordial, un orden
sostenido con piel a fuerza de negar destinos.
Las cuerdas acompañan: un motivo celta
recorriendo con alegría esta locura
de luces que parecen desbordar el sueño
al tocar otros andamios con la lluvia.
Sabemos dónde morir de a ratos
y sin embargo el mar pregunta
por alguien que respira
mutando en peces un dorado aliento.

DONDE ATAVIAR LOS OJOS MUERTOS

Habrá un corredor espeso
desde la multitud al vacío
de nombrarte como signo
para derrotar al miedo.
Bajará el encanto por la ceniza
y los dedos hasta esa frontera
que toma prestado un arco
donde ataviar los ojos muertos.
Volará el niño de mil colores,
algo más preciso que la ruta
algo más ardiente que los besos
en el panorama de la tarde.

PRELUDIO

La cita desborda lo que brilló en el sueño
y los pasos aumentan bajo la espera.
Voces como preludio del amor incesante
por ese color, por el viento de marzo.
Cuando pulsa la mañana en el aire
el fárrago de las palabras culmina
(ensayo de la canción que sobrevive
a la señal difusa entre latidos).
Aquel disfraz moja el velamen
tibio del amanecer y tus manos
vuelven a celebrar la magia
de cada flor en secreto.


PÁGINA 13 – ENSAYO

EXTRACTOS DEL ATORMENTADO

Por Leo Castillo (Costa Caribe-Colombia)

La elegante eficacia de su pensamiento, rotulado de “pesimismo profundo”, halla no trágica constatación, por ejemplo, en los campos de concentración nazis: “Más de un hombre sería capaz de matar a un semejante, simplemente para lustrase las botas con la grasa del muerto.” He dicho elegancia, solvencia de estilo, toda vez que por sus virtudes literarias Die Welt als Wille und Vorstellung, (El mundo como voluntad y representación, según él mismo su Haupwerk, “gran obra”─ la que, entre otras cosas, resultó un rotundo fracaso, al punto que, de una tirada de apenas ochocientos ejemplares muchos fueron reciclados, y nueve años después quedaban ciento cincuenta en los depósitos de la editorial Brockhaus) ha sido considerada una de las cumbres de la lengua alemana de todos los tiempos; mientras para Safranski Schopenhauer es “el mejor estilista entre los filósofos del siglo XIX”. Susana Aguiar, habiendo dicho “curiosamente parece haber tenido más influencia sobre la literatura que sobre la filosofía”, apunta también, con una agudeza poco menos que frívola y bastarda: “es machista a grado tal, que parece increíble en un ser intelectualmente brillante. Sus frases contra la mujer no pueden tomarse más que con humor, perdonarse y dejarlas pasar.”
La vida de Schopenhauer estuvo particularmente signada por el desencanto. Todo parece apuntar a que su padre se suicidó cuando Arthur (Danzig, Gdansk, 22 de febrero de 1788) contaba siete años de edad. A los veinte abandona carrera de Comercio por estudios literarios. En 1809 se matricula como estudiante de Medicina en la Universidad de Gotinga, donde conoce a Gottlob Schulze, quien lo encamina hacia el estudio de Platón y Kant. En 1811 se traslada a Berlín -dos años-, donde sigue los cursos de Fichte y Schleiermacher, tan considerados entonces, y que no consiguen más que decepcionarlo. Matriculado en Filosofía, siguió cursos de Filología clásica, de Historia además de varios cursos de Ciencias Naturales. Su tesis, que le valió el título de Doctor por la Universidad de Jana, se titula Über die vierfacheWurzul des Satze vom zureichenden Grunde (Sobre la cuádruple raíz del principio de razón suficiente.) Poco después lo tenemos de regreso con su madre en Weimar. Johanna Henriette (extrovertida, jovial, debe lidiar con la hosquedad y la misantropía precoz de Arthur) organiza notables soirées literarias, y es aquí donde Schopenhauer conoce a Goethe, que siempre admiraría, junto con Homero, Shakespeare y escritores de nuestro Siglo de Oro, especialmente Gracián, a quien tradujo al alemán, así como a Wieland, y Friedrich Majer, orientalista, así que entra en contacto con la filosofía hindú (doctrinas brahamánicas y budistas.)

El mundo como voluntad y representación, escrita durante los cuatro años que vivió en Dresde, concluido el manuscrito en 1818, apareció en diciembre de este año, pero con fecha de 1819.
Entonces viaja por Italia y, de regreso en el verano de este año, admitido como profesor en la Universidad de Berlín (su examen de habilitación estuvo marcado por su confrontación con Hegel,“filosofastro”, le llama; también “un osado emborronador de cuartillas sin sentido como fue Hegel”, quien se hallaba en el tribunal); inicia como Privatdozent en marzo de 1820. Su labor en los claustros no duró sino seis meses, habiendo intentado infructuosamente volver a la docencia.
En 1831 huye de la epidemia de cólera, la misma que cobró la vida de Hegel, a Francfort, donde, recluido los veintiocho restantes años de su vida, permanece quince sin publicar. Respecto de la presentación de su memoria Sobre el fundamento de la moral, cabe destacar que, indignada por sus invectivas contra Hegel y Fichte, la Sociedad Danesa de Ciencias declara desierto el premio. Sólo hasta 1851 Parerga und Paralipomena. Kleine philosophische Schriften (en griego parerga, obras accesorias; paralipomena, suplementos o apéndices; para su biógrafo Rüdiger Safranski “escritos secundarios” y “cosas pendientes” o, según Schopenhauer mismo “pensamientos dispersos, aunque sistemáticamente ordenados, sobre diversos temas”), se constituye en su primer libro de rápida y amplia repercusión, propició al fin su consagración y gloria definitivas.
En tiempos de realismo (bien que Abate Prévost ya había dado a conocer -1731- la precursora Manon Lescaut) Schopenhauer creyó en la novela sicológica. Su obra, de una insobornable franqueza conceptual, cree en la vigencia de la pesadumbre. Suele, como tengo dicho, rotularse su obra bajo el marbete de “pesimismo profundo.”
“Schopenhauer (cito artículo en la Red) sostuvo que mediante la introspección era posible acceder al conocimiento esencial del yo. Identificó a este con un principio metafísico al que denominó ‘voluntad’ o ‘voluntad de vivir’ (Wille zum Leben): Denn da der ganze Mensch nur die Erscheinung seines Willens ist; so kann nichos verkehrter sein, als, von der Reflexion ausghend, etwas Anderes sein zu wollen, as man ist (Puesto que el hombre en su totalidad es sólo el fenómeno de su voluntad, nada puede resultar más absurdo que, partiendo de la reflexión, querer ser algo distinto de lo que se es: Die Welt als Wille und Vorstellung, IV, § 55.) El concepto de voluntad, en el estricto sentido schopenhaueriano, no alude a la mera facultad psíquica de querer sino que, antes bien, se refiere a un ser o esencia (Wesen) de carácter metafísico cuyo correlato sensible es el mundo fenoménico. En efecto: el mundo de los fenómenos —que a diferencia de la Voluntad está sujeto indefectiblemente a las coordenadas espacio-temporales determinadas por el principio de individuación (principium individuationis) y a la ley de causalidad—, no es más que la Voluntad misma "objetivada" que, en cuanto tal, debe ser entendida en términos de lo que Schopenhauer llama "representación" (Vorstellung). Según Schopenhauer, la voluntad —en su modo de ser objetivado— se manifiesta en todos los estratos del mundo natural, desde la simple piedra hasta el hombre, en quien alcanza su grado máximo al adquirir la forma del deseo consciente —en cuyo único caso pasa a identificarse con la noción corriente de voluntad—. En sí misma, sin embargo, la Voluntad no es otra cosa que "un ciego afán (Drang), un impulso (Trieb) carente por completo de fundamento y motivos", en otras palabras: “Bajo tales aspectos, entonces, resulta evidente que yo, con razón, haya puesto a la Voluntad de vivir como lo ulteriormente inexplicable, o más bien, como fundamento y base de toda explicación y que esta —muy lejos de ser un palabrerío vacío como 'lo absoluto', 'lo infinito', 'la idea' y demás expresiones similares— sea lo más real (das Allerrealste) que conocemos; más aún: el núcleo de la realidad misma (der Kern der Realität selbst.) En cuanto continuo deseo siempre insatisfecho, "toda vida es esencialmente sufrimiento (Leiden)" (Op. cit., IV, § 56). Cuando el hombre consigue mitigar o escapar momentáneamente del sufrimiento, termina por caer, da en el insoportable vacío del aburrimiento, y sólo oscila entre la Escila del dolor (Schmerz) y la Caribdis del tedio (Langeweile); dado que sólo es superable alcanzando una negación consciente de la Voluntad de vivir, Schopenhauer propone una huida del mundo. Mas el suicida no renuncia a la vida en sí misma, sino a la que le ha tocado vivir en condiciones desfavorables.”
Arthur Schopenhauer murió el 21 de septiembre de 1860 en Francfort del Meno. Me atrevo a llamarle padre natural del spleen.


PÁGINA 14 – CUENTO

LA NOCHE

Por Lucrecia Ingignolli (Córdoba-Argentina)

Pateó al perro cuando cruzó la penumbra que hinchaba el cuarto. Vestido, se tiró sobre la cama donde el Yupi había olvidado un poco de calor. Borraría por unos instantes el olor del restaurante, las mesas, los platos de comida y el cansancio en las piernas. Miró el techo o lo adivinó, y cuando cerró los ojos, pudo imaginar el resto de la noche.
Se despertó una hora después. Vital y renovado, cruzó la pieza y entró al baño diminuto para disfrutar una precisa afeitada y la ducha cálida que le pondría energía a los preparativos.
El perro lo siguió con su alegría y silencio habituales, para echarse en la puerta, atento a los ruidos y movimientos de su mejor y único dueño. Así ganaba, cada noche, el recreo merecido.
Envuelto en la gran toalla amarilla, el hombre salió del baño para abrir la puerta y dejar que la bestia retozara unos minutos, escaleras abajo.
Volvió al espejo. Se miró satisfecho, y ensayó una sonrisa con movimientos sensuales, de cabeza y ojos entornados. La luna pequeña, opacada por el vapor, comenzó a recuperar la nitidez que lucía por las mañanas, cuando rozaba con desaliento, la sombra incipiente de la barba, que tanto le asqueaba.
Solía quedar minutos con la mirada fija en ese rostro agobiado, esperando el milagro de ver desaparecer, alguna vez, esas asperezas molestas e inevitables.
Desechó los recuerdos que dolían, para poner en marcha la batería de artilugios que le provocaban satisfacción. Disfrutó los cambios, considerados un premio a la jornada de engaño que acababa de transcurrir, una vez más.
Veinte minutos después, retocó sus labios y recorrió el perfil de utilería con manos cuidadosas, como borrando imperceptibles arrugas, o sucias caricias que prefería no recordar. Ajustó por segunda vez, el postizo que caía en cascada sobre sus hombros casi recios, y disfrutó, con lentos movimientos, los tonos rojizos, bajo la luz amarillenta de la única bombita del cuarto.
Canturreando por lo bajo, abrió la puerta y llamó al Yupi que al instante subió a la cama, aliviado y feliz. Sentado sobre la almohada, el perro lo miró con la sospecha de encontrarlo bajo los cambios. Luego de unos giros curiosos, se durmió para olvidar.
El hombre apagó la luz y apretó, nervioso, la cartera roja. Temió ajarla, entonces la colgó de su hombro derecho, con un delicado movimiento.
Como ensayando un paso de ballet, bajó la escalera y pisó los tacos stiletto con decisión. Un murmullo pesado acompañó cada peldaño.
Liberada y sola, pensó en el Yupi y caminó de un tirón las dos cuadras hasta la parada del colectivo, adentro mismo de la noche oscura.


PÁGINA 15 – POESÍA ARGENTINA

Manuel Lozano (San Francisco-Córdoba-Argentina)

FRIDA KAHLO

Quemé mi cuerpo desde el nacimiento,
lo quemé con saliva y lápices tajados en el banquete totémico,
augural de esta profanación.

¿Recuerdas la niñita sigilosa, llorona emperatriz del opio
y la trístida morfina
por las altas copas del siglo?
Él dirá que soy mi propia madre
naciendo del espejo gangrenoso de la tribu.
-¡Asquerosa, nada más deleznable pintora obstetra y asquerosa!-, dijeron desde una madriguera.

Quemar mi cuerpo.
No me entierres así, crucificada como en vida
contra los colchones crueles de la pudrición.
¡Quémenme, a ver,
simplemente quémenme!

El agua engendra fuego.
El aire engendra fuego.
El fuego está engendrándose.
La tierra engendra fuego.

La tierra mana sangre
cuando acudo y lamo
el centro de la esfinge.

BADINERIE EN UN ALCAZAR FRENTE AL DESIERTO

Roída de gusanos, teñida al fin de sangre,
esta boca ha comido las palabras de hielo.
El trineo rojo gira alrededor del agua transparente
como si venerara la sed del que espera el anuncio.

Las murallas se inclinan en rotación perpetua.
Los párpados cerrados dicen poco del cadáver
que usurparon los ojos y nadie resucita.
¿Quién envía a sus hijos en áureo viaje para el crimen?

Y entonces se hizo silencio.
Después la carcajada abría las puertas maravillosas
donde escancian el vino como el sexo, la aurora,
el lúgubre placer de descarnarme en la lluvia.

Las cavernas del mundo son quemadas a tu paso
por la luz que riela las ciudades y los bosques.
Silba el áspid la canción del huésped sumergido.
Esos cuerpos desnudos desafían al tiempo
dando tumbos por el jardín sin sombra, precarios.
Adentro están el conspirador, la conspiradora y sus pezuñas.

¿Pero hay más sangre, más ebriedad de sangre
en el desposeído?
Dicen que existir será la lepra.
¿Cómo?
¿Están crucificando al que aún no engendraste?

BETTE DAVIS SUBLEVA EN EL RELÁMPAGO SU TIGRA

Jadeas en el día del siglo
como una hijastra en los funerales de la madre inocente.
Tocas la tela, extenuadísima,
como si fuera poca esta fiebre.
Jadeas y exploras
los frutos de un crimen
más acá de los fósiles,
del maderamen sumiso
(obediente y descarnado de la beneficencia.)

¡Ella, la habitada, la habitable,
la que se desmenuza como diamante
quemado en el cerebro!

No hubo quimera en los pantanos.
Escuchas el hervidero secreto del sol
mezclado en el oleaje
y las babas de amor mojan la otra lucidez
de las frutas.
Tus pechos se abren al diluvio imperceptible
de la intercesora.

Con el sayal de cenizas,
busco la sed de una tigra que vuela.
¡Ella, la déspota, la torturadora menos visible
entre los garfios de su heredad maravillosa!

Subes con la verdad de tu mentira.
¿Y qué harás con la cara de payasa,
vampira -al fin- de nuestra cacería?
Charca del escalofrío,
una niña se pudrirá
para siempre y en lo alto.

Y EL CUERPO ES UN OJO DE PAPEL QUE ESTÁ SANGRANDO

Un hombre recorre, al final de sus días, una casa de campo
donde todos sus huéspedes son desconocidos
y jamás se encontrarán cara a cara.
El principio es indeterminado
-como la esperanza, tigra de esplendor doloroso,
o el recuerdo que nos aleja del porvenir y del presente,
sin la pobrísima reproducción mecánica de los inviernos-.

Todos los años el mismo hombre regresa a esa morada inicial,
arrancándose de su tiempo, de puntos de referencia,
de este carnaval rodando hasta el límite
donde árbol no es árbol, no fue árbol, no será árbol.
El canto del pirata anciano saldrá de su boca
sin apenas ser reconocido ni aun por el mar; ni aun
por la voz de Walter Scott en la penumbra
de un cuarto con olor a espliego.

¿Cómo localizar al intruso en el planeta?
¿Con qué hábito probable, en qué intervalo primitivo
donde el ojo calcula la distancia del objeto inmemorial
que quiebra este presente?

Se acentúa la visión de la sombra, pero avanza,
avanza rota entre el trabajo oculto de las células,
-tal vez multiplicando el grito misterial-,
pero siempre compartiendo la amnesia de una figura
que no repetirá el modelo insomne,
porque el astillado páramo está aquí
y será cubierto por las aguas.

CANTO EN EL MAR DE GALILEA

Aquí vine a ahogar mi infancia de este mundo,
la juventud en espiral,
la imposible vejez
para el que debe ser trasvasado por las crías
de la demolición.

Macabro y violeta el cenotafio
por el que finjo deslizarme.
¿Gritará la cruz cuando yo grite?
¿Qué madre suplicará por mi lugar
cuando yo grite?
Padre,
¿y ahora quién es mi madre?
Padre,
¿y ahora quién es mi padre?
Todos y Ninguno.

Arrojo hasta el cenit
una bocanada de infierno, la avergonzada lluvia
que alcanzó tu boca
mientras espejaba un equinoccio
la piel caliente de esta noche.

La prisión volverá a apagarse
bajo tus pies, vestigial,
tal como la sierpe sin corona
muerde la cerbatana.

Vine aquí a inmolar mis treinta y tres años.
¿Adónde irás inocentísima llaga del desierto?
La carne de la humillación
debe comerse a sí misma
sin asco y sin testigos.
Canto
con la delicadeza feroz de una gardenia.

Mi canto es agua viva.

APENAS LLUVIA*
a Elba Gianfelici, que ha cruzado el tiempo

Ruge el silbido.
Me donas el reino de una noche mínima
entre las mordeduras de las hojas.
Navidades de Valéry, sequedad del espanto.
Distancias en la casa interna de la herida.
¿Y fuera de todos, lo inevitable?
¿En conocimiento de qué ojo delator?

Se derrumba el mundo cuando llueve;
se borra entonces, apenas se desgarra
en la doble oscuridad de un aletazo.
Habrías caminado en la lava
tan sombría, tan inmensa,
multiplicada al fin en tu alabanza.
He palidecido en el blanco de ese rojo.

Cenizas que comían de tus dedos
como arañas húmedas
bajo la acorazada raíz.
La cama oculta los fragmentos
de libros que leías y poseías
en medio del naufragio.
Trozos de espejos caídos de otro sol.

¿Alcanzaría esta parábola a descifrar
el solo idioma de milagros
desde la piel a los huesos?
¿Por qué los ríos aúllan
la aletargada miseria de la sangre?
Junto al camino, en silencio,
el relámpago.

El te buscó, imantado,
entre el saldo de abrojos y la noche.
¡Siempre el error en las certezas,
el surco infeliz frente a la aurora!
Verjas abiertas para el juego.
Acabas de entrar.
Hay un linaje soberbio en esta lluvia.


PÁGINA 16 – ENSAYO

EL POETA Y LA VIOLENCIA

Por Óscar Wong (Tonalá-Chiapas-México)

Como conciencia de la humanidad, el poeta se erige en constructor de mundos y de espacios. Representa la voz más entera del hombre, según indicaba el viejo León Felipe. Por su parte Octavio Paz refería que el poeta va a la orilla del abismo con los ojos vendados, siempre en situaciones límites. Y por su raíz etimológica (poeta en latín es vate, que significa vidente) puede adelantarse a los acontecimientos, predecir los sucesos. Robert Graves señala en La diosa blanca esta función del bardo: mediante su pensamiento analéptico o proléptico, puede explicar sus orígenes arquetípicos o vaticinar la historia. En este sentido, el mito es claro: el poeta conoce la esencia de las cosas, su naturaleza. Y las determina y las canta. Por ende, el rapsoda es un ser que tiene la sensibilidad a flor de piel. Y el mundo lo hostiga “con su horario carnicero”, como expresa de manera espléndida Octavio Paz en Piedra de sol.
La violencia, entonces, es una entidad conocida por el cantor. El mismo lenguaje es violentado por el artista de la pluma para darle otra función, otro sentido. A las palabras hay que torcerle el rabo, hacerlas chillar, emputecerlas, como el Premio Nóbel de Literatura mexicano expresaba. Siempre en situaciones límites, el hombre sensible se aparta de la normalidad. Su función social consiste en cantar una historia, trastocar el mundo, revertirlo. Develarlo. Husmear, hurgar, expresar lo más turbio o lo más angelical de la humanidad. El poeta, decía Gonzalo Arango, es un inadaptado lobo antigregario, un ente hambriento que odia al rebaño y hace estragos en el redil; pero no por hambre, sino porque ama la libertad, su libertad. Y la soledad es una losa que lo aplasta. Por eso aúlla y espanta, extendiendo el terror para recordarle a los timoratos que él existe, que el mundo sigue, que es peligroso dormir sin soñar y que ahí está él, como un centinela solitario para desatar el terror y limpiar los pecados del mundo con la sangre del Cordero.
El poeta debe violentar al mundo, pero no hacerse partícipe de la violencia. Como bardo o como poeta satírico, su función consiste en modificar al mundo con su canto. Hacerlo nuevo. Nombrarlo de nueva cuenta. Principio y recomienzo, siempre, como ha indicado José Emilio Pacheco. Cierto es que la hostilidad del universo está ahí, circundándolo, acosándolo, moviendo sus garras dulces para devastarlo. Por eso el poeta se duele. Y con este dolor genera su canto. El mundo gime, estéril, como un hongo, revela Rosario Castellanos, quien por su lucidez e inteligencia bien merece el calificativo de la sor Juana chiapaneca. Nombrar al mundo, exteriorizarlo, ordenar su esencia: una tarea terrible y demoledora. Por lo mismo, el Logos es determinante. El mundo es creación lingüística, según los mitos hebreos.
La Palabra nombra. Y al nombrar llena las oquedades. Seguramente por eso en México se practica el ninguneo. Eludir el nombre es ignorarlo, desaparecerlo. Y vaya que el mexicano sabe hacer, y muy bien, este trabajo. Quienes lo hemos padecido en el ámbito personal, sabemos que las instituciones, la burocracia cultural, tiembla de terror ante nuestros actos, ante nuestra voz. Por eso se escudan en el anonimato para mandar la tarascada y evitar nombrar al Poeta. Por eso, cuando ocurren los ceses fulminantes, los ratones dela cultura chillan espantados por la falta de queso y pretenden continuar defendiendo sus privilegios, sus becas, sus premios –debidos muchas veces a los con-jurados–, blanden su espada para defender sus residencias y viajes al extranjero. Pero el Poeta continúa escribiendo. Y a ratos descansa. Y ve pasar el cadáver de los ineptos pobrediablos que un día pretendieron competir o levantarse como “el enemigo”.
La violencia burocrática, por sus efectos, es más devastadora que el terrorismo gringo o que los actuales desatinos del régimen político mexicano. La violencia no es, entonces, una entelequia. Existe y modifica. En una palabra: deforma. Y si la violencia, en su expresión del compadrazgo se hace presente, en su peor disfraz de corrupción ha llegado a la cultura mexicana, entonces este país ya no tiene remedio. La violencia se erige en un mal discurso, en falsas declaraciones, en manipuleos, en confrontaciones con los otros poderes. La violencia toma nombre en los partidos políticos, en la ignorancia supina que ejercen los lesivadores, que no legisladores.
El poeta nombra. Pero también ejerce su función conjuradora. De la invocación al exabrupto. Lo sagrado envolviéndolo, provocando en el poeta su mutismo. O el balbuceo. Ante lo sagrado el poeta calla. O busca los contrarios, multiplicando el horizonte semántico de la Palabra. Por eso el oxímoron, por eso la paradoja. Ante lo sacro del Nombre el poeta busca, en principio, la perífrasis. Y más tarde la metáfora. Lo mismo ocurre con los tabúes. Eso es, originalmente, el sentido de los recursos de estilo que el poeta esgrime. El árreton, lo inefable. El venerado silencio. Lo innombrable. El poeta frente a la Musa. Lo sacro y lo profano conviviendo, perdurando.
El poeta y la violencia. La turbia marejada del odio revelándose. Y el horror cobra forma en un vehículo arrollando a los infantes. La muerte brama en busca de alimento. La muerte y su secuela de impunidad. El crimen y la inmovilidad de las autoridades. Cuántas familias en Ciudad Juárez continúan con el Jesús en la boca porque la jovencita no vuelve a casa. Y después el dolor horrorizado; los medios reiterando la indiferencia gubernamental. La violencia, ahora, es una perversa bruja, un hada maligna vengativa. Cuántas Musas han quedado en una simple cifra que eleva los indicadores de los asesinatos, impunes por la indolencia del poder público. Las muertas de Ciudad Juárez no es un concepto oscuro ni un título mediocre de la filmografía mexicana. Es un horror violentado, un rencor vivo que desmorona a la sociedad misma como un montón de piedra, si deseamos seguir la metáfora rulfiana. Y eso no lo podemos permitir.
El poeta debe levantar su voz si en algo aprecia la vida. Todo se transfigura y es sagrado, insiste Paz en Piedra de sol. Todo es sagrado, reitero. Empezando por la vida humana y la dignidad de las personas. Nombrar llena espacios vacíos. Los nombres de las mujeres que han sido asesinadas no pueden ser olvidados. Hay que insistir. Reiterar.
Ahora, más que nunca, el Poeta eleva su voz, y exige justicia por las mujeres muertas:

REMOLINO CIEGO
La turbiedad en el abismo.
La mano infecta que profana.
La marejada negra perturbando a la criatura.

Crepita el remolino ciego de la muerte.
Brama, aúlla, despliega sus sangrientas alas.

Putrefacta emanación.

Los ángeles retroceden frente al miedo.

Gime el mismo Dios avergonzado.

Despierta la serpiente. Acecha.

Iracundo sol.

Negramente, torvamente,
la ignominia, como vaho amargo,
asoma.

Desde la impunidad de los juzgados
las mujeres muertas se estremecen.
El vago trepidar de la penumbra
las persigue.

Ensombrecida,
como un espejo ciego, rueda la esperanza.
Ciudad Juárez, Chihuahua, mayo 31 de 2002


PÁGINA 17 – COMENTARIOS DE LIBROS

NUNCA SE OYÓ TANTO EL SILENCIO

Autor: Carlos Pensa

Esta novela narra el recorrido llevado a cabo por varias manifestaciones urbanas que, integradas por personas de diversas aspiraciones y variados orígenes, convergen en un único objetivo: gritar su descontento.

Aparece el idealismo de quienes exhiben una ética peculiar y no admiten traiciones, vilezas ni actitudes miserables, al punto de practicar la justicia como algo inmediato que sanciona sumariamente a aquellos que se desvían y despliegan sus bajezas.

La historia tiene lugar en una conocida esquina de un barrio de la Ciudad de Buenos Aires. El detonante que produce la indignación de los vecinos y motiva la movilización de todo el país en un caso que trae a la memoria colectiva recuerdos de desapariciones, injusticias cometidas contra la población y desgobiernos. Los sucesos se inician en ocasión en que son detenidos dos camioneros a raíz de la obstrucción de una calle con su herramienta de trabajo: un largo camión. De ahí en más se sucederán situaciones inverosímiles, exaltación de principios, manifestaciones espontáneas, necesidad de plantearse objetivos mayores tales como cuestionar el poder y la autoridad. Es la rebeldía con causa, en medio de sucesos que tienen algo del realismo mágico.


PÁGINA 18 – CUENTO

UNA SOMBRÍA ESTACIÓN.

Cuento de Eduardo Pérsico (Lanús-Buenos Aires-Argentina)

Ella, Mariel, es un personaje inevitable que jamás deja de construirme la memoria – dijo el hombre y complacido repitió el renglón. Apreciaba sus palabras y su mujer, que a ratos desconocía, lo escuchaba hablar de esos seres que rodean a quien escribe, personajes despóticos con el ensueño y duendes de respirar junto al autor. Algo que los ajenos ven como locura del escriba, sin duda – redondeó el hombre y ella lo reacomodó de frente a la ventana.

… al conocernos con Mariel los años no fugaban y pronto vivimos juntos, - prosiguió y la mujer no contuvo una sonrisa-. Entonces ella aún vivía con una tal Pilar, una cantante española que volvía a su país, y al juntarnos no guardaba olvidos ni recuerdos desprolijos como estos que yo digo. Entre nosotros cada inquietud era envuelta en felicidad; las tardes de aguardar juntos el anochecer, el fugaz desvelo de los faroles o una lluvia melancólica tras el vidrio del bar, nos adhería tanto como el beso más profundo – reiteró lo dicho y su mujer entrecerró los ojos-. Cualquier encuentro resumía nuestra dicha, rozarnos las manos era anhelar que la estación se despoblara para besarnos en libertad. Todo nos unía y sabíamos andar frente a la lluvia que barnizaba la calle yendo a devorarnos en mi cuarto. Y en el deseo de aparearnos nos divertía su actuación para afirmar que el amor sólo vale con alegría, y fingir la voz recitando ‘coger riendo es revolucionario, chico’ al salir de la ducha quitando el toallón a su desnudez.

La mujer ahí sonrió con ganas y murmuró su nombre al acariciarle la nuca. Y él prosiguió.

… jamás habrá otra mujer y sin borronear papeles que junto a ella jamás prosperan, sigo buscando los términos entendibles para confesar porqué quise abandonarla para siempre – y perdió su mirada en la ventana. La mujer volvió a ordenarle su flequillo en la frente y esperó la última parte.

No imagino como decirlo: ella, Mariel, esa mujer con quien tanto tiempo nos amamos íntegros y me enseñó textos que yo desconocía, y ahí mi recuerdo se adelgaza y desvanece en un turbión de irrealidad libresca. Territorio confuso y estación sombría desde cuando ambos soñábamos la misma situación y paisaje parecido cada noche. Obsesión indescifrable o delirio límite por dormirnos siempre en un abrazo, que al final me obligó a eso tan terrible…

Por favor Carlos, te hace mal – dijo ella sabiendo que restaba un renglón y él no la escucharía.

… laberinto de incertidumbre y de olvido; Mariel, personaje, delirio y absoluta mujer que sin remedio, ya les dije, hoy no deja de construirme la memoria – cerró el hombre renglones que nunca publicara.

La mujer volvió a ordenarlo en el sillón; seguía siendo Pilar, su esposa que nunca conociera España, con quien él se casara medio siglo atrás y juntos tuvieran dos hijos. Que últimamente los visitaban muy poco.


PÁGINA 19 – POESÍA AMERICANA

Maritza Alvarez Vargas (Villa Alemana, Chile)

DEL MISMO CORAZÓN DEL HOMBRE nació
y surgió el pensamiento lívido de la indiferencia
Buscó entre mil figuraciones
dos mil desfiguraciones y tres mil teorías
una sola respuesta que le hiciera sentido

Concibió el bien y el mal en estado vegetal
y aún busca desesperado y ciego de si mismo
esa certidumbre que si la encontrara despierto
le mostraría como caen al vacío y se destrozan
las verdades que un día, cual bateador
lanzó muy lejos de su centro-universo

Verdades tan ciertas como el primer llanto
o las primeras lágrimas estivales

DESAFÍO

Bueno, ¡salta entonces!
no dices que tienes tanto?
entonces demuestra lo que eres!
que no solamente yo te impongo un desafío
todo el mundo te está esperando
sobretodo tú mismo y eso es lo más penoso ahora

Por qué te llenas la boca de filosofías baratas
y débiles más encima?
Te crees diferente y superior tal vez?
Vamos, salta de una vez!
Atrévete en tu mundo pequeño
y algún día “ensancha tu tienda”!
que hasta el momento has dado sólo pasos de tortuga
escondido la cabeza como avestruz
y más encima cuando pudiste avanzar un pasito
te devolviste como cinco para atrás...

SALTA!
ATRÉVETE!
NO ES UN PRECIPICIO de lo que te hablo!
Sólo un par de aguas tormentosas en medio
de monte a monte y cualquier ser humano
las conoce y debe atravesar

Te espero, quiero contemplar tu hombría!
Esa de la que presumes cada vez
y que tantas veces hizo llorar mi alma
Pero ya no, mira que si sigo contigo sería como tú...
y eso, amigo mío NO LO QUIERO NI LO PERMITO!

EQUILÍBRATE SOBRE TU PROPIO PIE...

No uses bastones
No pidas ayuda!
No pongas la confianza en los otros
No busques deidades extrañas
No sueñes!

Malmandado, medio maltrecho y derruido
sobrevive a los consejos...

PONGÁMONOS A CUENTA
qué te parece...
bebámonos poco a poco
en un acto de valentía

Cuando todo allá afuera oscurece
llenemos nuestras despensas
del alivio que esto impone

Dejemos que el rocío fresco
llene nuestras fuentes de primaveras
y extraiga lo mejor de nuestros labios

Los corazones volcados sobre la mesa
donde antes existió el inconmovible silencio

Cojámosle las manos a la sinceridad
no temamos el contacto de su piel
que sin duda de sus poros sin máscaras
brotará la pretendida restauración

Yo agonizaré tus angustias
en la más rotunda de las hogueras
desazones que te atrapan ciertamente
vulnerando raciocinio y otras cosas
Intentarás entonces renacer en mis espacios
que de pronto alojan sus alegrías
por ejemplo al sentir tu mirada clara
tan clara ...
abrigando a la mirada mía

Pero hagámoslo prestos...
apurando nuestras propias cosechas
pues no sabemos si hay un mañana

Pongámonos a cuenta, pues
qué te parece...

EMBEBECERSE

(Dicho de un toro: Quedarse parado y con la cabeza alta cuando recibe la estocada)

De un lado a otro la intensidad
como botes de pelota en cuarto cerrado
suben y bajan las emociones
golpes en mi corazón y mis oídos
Que no se diga que las olvidé
que no las sufrí o las olvidé
o que tal vez me embebí de mi misma
pues laten cada vez más fuertes
en mis sienes cargadas de imágenes
Sin repliegues pues
quizás distorsionadas pero enteras
ocupan sus tronos poderosos
aguaceros sin medidas
melodías sin estrofas ni canciones
se hacen agua en mi boca
se distinguen de otras luces
como enfermas pasajeras
Aniquilan, te elevan y raudas te tiran al suelo
enloqueciendo caricias
quemando el orgullo
volteando premisas
te enjuagan en su propio y espeso néctar
de tus poros brotan como alegres correntinas
Ahí están como niños chapoteando en el agua
y yo las miro...
las contemplo totalmente mojada de ellas
tan necesarias como agobiantes son
tan perfectas como absolutas
como perfecto es el hombre
en su imperfección absoluta
que a la hora de embebecerse
pone el pecho y el lomo como resulta

ANGELINA, NO

Dejarás de llamarte Angelina
porque tu alma ya se manchó
porque además tu almohada moja
de nombres que ni me acuerdo ya

Pasarás a ser la última escena de horror
de una película sin nominación alguna
en un rotativo de segunda
que más huele a peste que a arte

Verdadero esperpento de lujurias
y seducciones varias
hacen que tu nombre se tiña
y destiña con el uso

Dejarás de llamarte Angelina
porque así lo quiero yo.

DE DOS EN DOS...

Dos.
Dos mil horas no bastarían.
Estar en tu abrazo metida
boca abajo toda entera

Mientras tus dedos laten en mi espalda
adviertes la ampolleta que tirita
amenazando oscuridad

Mi respiración humedece tu pecho
y tus ojos miran un cielo
que nos cae encima

Y dormimos.

PREGUNTO

Qué le has visto a mi alma, dime tú...

Qué ha podido ser tan verde a tu parecer

De qué manera irrumpes
y echas abajo la puerta de mi ser
desmoronando así los cimientos
de mi privacidad
Cómo es que acabas con la serenidad
que tanto costó cimentar
para venir a ocupar los espacios
que yo acostumbraba tener en orden
y ventilados para mi

...

Ahora hasta el aire es compartido
Ahora aunque quieras no podrías marcharte
Ahora tendrías de matarme para dejar de sentir
(y creo que aún así no serías victorioso, no...)
Ahora nos sigue una sola sombra adulterada
fotoshopeada para ocultar que son dos


PÁGINA 20 – ENSAYO

LA NOVELA DE LA VIOLENCIA EN LA HISTORIA DEL TOLIMA

Por Willian Geovany Rodríguez Gutiérrez (Purificación-Tolima-Colombia)
Licenciado en Lengua Castellana
Universidad del Tolima

Son pocas las obras que en la historia del departamento del Tolima han aparecido en ruptura con la estética de la violencia bipartidista entre las que se pueden nombrar “Sin tierra para morir” del escritor tolimense Eduardo Santa y otras que surgieron después de 1952 como Cantata para el fin de los tiempos, los Peregrinos de la muerte y las Hartmann, fracturaron la narración realista para dar paso al tratamiento de diversos temas (la escritura, el erotismo y la tragedia) y así desplazar la reflexión sobre la violencia bipartidista.

Las primeras permitieron el ascenso de un número heterogéneo de escritores provenientes de clases medias, que tenían la intención de profesionalizar el ejercicio de la creación ficcional como lo asegura el profesor Leonardo Monroy Zuluaga, además de esto se crearon las condiciones para que el artista no sólo se convirtiera en la voz crítica de la democracia sino también en la voz crítica de la sociedad que era capaz de dar cuenta de los hechos cruentos y atrocidades realizadas sobre las fuerzas campesinas y en especial sobre las capas liberales, las cuales devienen en algunas ocasiones de la confrontación entre partidos políticos y en otras por la posesión del poder.

Al respecto la obra literaria “Sin tierra para morir” del escritor Eduardo Santa nos muestra que: “Eran dos, tres, cuatro o cinco muertos diarios contemplaban horrorizados los vecinos en la plaza de Pueblo Nuevo, las violaciones, el robo del ganado, los atropellos a las personas, el chantaje, habían aumentado en forma verdaderamente alarmante. De noche los disparos al aire contra las personas y los ranchos se habían hecho familiares.” (Pág. 200)

A raíz de todos esos hechos, ciertas obras fueron omitidas como producto de la no pertenencia al monopolio, aquel mismo que es establecido por los centros de poder, que son los que imparten unas directrices de tipo centralista.

De otro lado, las últimas lograron con la fractura huir de las militancias políticas que habían minado la ambigüedad del género con tal de construir la atmósfera de desolación e impotencia propia de una época, lo que permitió según el profesor Leonardo Monroy Zuluaga, que esta clase de novela no acudiera a los derramamientos de sangre, descripciones macabras de la barbarie ni mucho menos al conteo de muertos, como había sucedido con las anteriores propuestas literarias.

De todos modos, tanto las primeras como las últimas sirvieron para construir la historia de la literatura colombiana que hoy todos conocemos. Sin embargo hay que aclarar que el problema de la violencia por aquel entonces siguió presente en las propuestas literarias tales como: “No morirás”, “Narración a la Diabla” y las Horas Muertas, todas éstas de escritores tolimenses e incluso en las nuevas propuestas, como por ejemplo “Los Ejércitos”, del escritor cundinamarqués Luis Evelio Rosero, “La Aldea de las Viudas”, del escritor tolimense James Cañón, entre otras.

Al respecto el Profesor Leonardo Monroy Zuluaga menciona que la violencia bipartidista es un tema al que la novelística del Tolima no le ha dado un adiós definitivo, porque esta como nos lo indica el investigador Augusto Escobar ha sido el hecho socio-político e histórico más impactante en lo que va corrido del presente siglo y, quizá, también el más difícil de esclarecer en todas sus connotaciones, en razón de los múltiples factores que intervinieron en su desarrollo.”

Por tal razón, se puede considerar que aunque dicho tema sigue siendo recurrente en el hacer novelesco, los escritores contemporáneos no renuncian a abandonar esa tradición literaria que por décadas ha seguido pero de una manera evolucionada, es decir que ha estado presta a las nueves técnicas de experimentación, estrategias estilísticas y técnicas narrativas propias de la modernidad.

Luego de este panorama se hace necesario referirnos a la obra literaria “Sin tierra para morir” del escritor tolimense Eduardo Santa que en las primeras líneas de este estudio literario nombramos.

Por tanto, esta obra aborda la violencia no desde la primera etapa como lo es la de que literatura sigue paso a paso los hechos históricos que señala el investigador Augusto Escobar sino desde el momento en que esta adquiere: “una coloración distinta al azul y rojo de los bandos iniciales en pugna, los escritores van comprendiendo que el objetivo no son los muertos, sino los vivos, que no son las muchas formas de generar la muerte (tanatomanía), sino el pánico que consume a las víctimas”, y eso es precisamente lo que genera esta obra en las personas afectadas por el conflicto armado, porque según nos cuenta el escritor Eduardo Santa “Todo era angustia, confusión, fiebre loca de salir, de abandonar la tierra.” (Pág. 203).

Aún así hay que señalar que el tipo de violencia que trata es la bipartidista, aquella misma que es propagada por los dirigentes del bipartidismo tradicional de este país, quienes “han manipulado a los gobiernos de Washintong para favorecer sus propios intereses”, sostuvo el politólogo norteamericano y director Académico del Centro de Estudios Latinoamericanos de Georgetown University, Mar Chernick.

Ante esto, esta obra se centra en la barbarie de los gamonales y las fuerzas del estado, porque es aquí donde nace lo que pudiéramos llamar la novela de la violencia así como lo han sido la novela histórica, sicológica, etc., así la novela de la violencia es conocida por el investigador Augusto Escobar como aquella en la que: “pone de manifiesto de dónde viene esa literatura, su pertenencia, es decir, que se desprende directamente del hecho histórico. Entre la historia y la literatura se produce una relación de causa-efecto. Por eso la trama se estructura en un sentido lineal, en secuencias encadenadas por continuidad, que conducen ordenadamente de la situación inicial a las peripecias y de éstas al desenlace, sin alteraciones, coincidiendo artificialmente la extensión del relato con la extensión temporal de los hechos, es decir, el tiempo de la historia es igual al tiempo de la enunciación.”

De otro lado, esta obra se ubica en la segunda etapa de violencia a saber: la violencia militar de tendencia conservadora entre 1953 y 1958; porque dentro de esta línea de tiempo es cuando se escribe la novela “Sin tierra para morir” del escritor Eduardo Santa la cual pretende dar cuenta de los daños.

Por lo anterior, no cabe duda que el daño que se ocasiona a la población que vive en la violencia es innegable y traumático y así lo señala el investigador Augusto Escobar: “la violencia se instaura el imperio del terror en los campos y poblados, se despoja al campesino de la tierra y de sus bienes, o se le amenaza para que venda a menos precio. Se asesina selectivamente o de una manera masiva, la sevicia o la tortura contra las víctimas no tiene límite, se amedrenta a los trabajadores descontentos. Se produce un éxodo masivo hacia las ciudades, refugio temporal de los desheredados que pronto engrosan la marginalidad y se convierten en problema social por el abandono en el que se los deja.”


PÁGINA 21 – CUENTO

LAURA BAILA SÓLO PARA MÍ

Por René Rodríguez Soriano (Costanza-República Dominicana)

Darte un nombre: Laura, y hablar de Laura a mis amigos, y ellos: “¿quién es?”; yo, sonriente: “Laura es Laura, alguien”.
A. Julián

Sé que esta vez tampoco me creerán. Pero por fin la seguí por todos los pasadizos que jamás pudiera imaginar ser humano alguno y descubrí que existe esta mujer que desde hace tiempo llena mis domingos de magia y perfume.

En un principio creí que no era más que un sueño raro y em¬brujante; esta mujer de hermosas formas que entraba sigilosa a mi cuarto y se posaba sobre mis cosas, marchándose luego de igual ma¬nera, dejando toda su poesía colgando en los rincones. Hasta que un día olvidó una zapatilla rosa en mi mesita de noche.

Recuerdo que al despertar, como siempre, embriagado de ella, me encontré de repente con este bello y delicado objeto que le daba un nuevo toque al entorno que, hasta el momento, había sido mi gris buhardilla en este viejo edificio de la Ciudad Colonial.

Lo tomé con ansias, con aprensión; lo olí, lo miré por todos los ángulos y lo guardé en mi pecho, cual delicado trofeo, preciada joya. Abrí bien los ojos y, debajo de la cama, por el armario, detrás del librero, busqué a la bella y olvidadiza propietaria, y nada; la puerta cerrada, tal como la había dejado al acostarme. Sólo la otra, la que daba al baño, entreabierta, filtrando un resquicio de luz de ese sol mañanero que venía del Ozama. Pero no estaba en el baño ni había entrado ni podía salir por este destartalado ventanal de un segundo piso, realmente improbable.

Como improbable era pretender que poseyera una llave maes¬tra y penetrara furtivamente en mi cuarto. No, el sereno de enfrente ya la habría visto y lo sabrían todos por aquí. O, por el contrario, su encontronazo con alguien sería harto comentado en estas escaleras que, aunque lúgubres y descuidadas, siempre están congestionadas de marchantes y marchantas apurados que suben y bajan de la quin¬ta con y sin la prisa del amor barato. Nadie, nadie más la ha visto ni sentido por estos alrededores. Ya quisiera doña Mercedes sorpren¬derla, convertirla en tema sobremesa de la pensión entera; a Juancho, lo imagino, con lujuria, cuestionándome, con envidia, felici¬tándome; a Héctor; a Pablo y a Patricia…

Pero, no entraba por la puerta ni subía por la escalera ni saltaba por la ventana, aunque su zapatilla rosa estaba aquí conmigo y su aroma inundaba todas mis cosas. Aquella zapatilla, que de repente se convirtió en mi carnada, mi talismán, con la que me lancé calles afuera a buscar a la perturbadora de mis sueños, rastreándola como loco, olisqueando por acá, preguntando por allá.

En vano anduve por los parques y los cines. Después se me ocurrió buscarla en Bellas Artes; en aquel amplio salón, con sobrias columnas de mármol y su recio mural de Vela Zanetti, creo, donde ensayan las ballerinas del Ballet Clásico Nacional. Me perdí entre las formas cadenciosas. Miré a cada una de las allí presentes, en todos sus detalles. Había muchas, muy bellas, leves, frágiles, firmes, con mallas, leotardos y zapatillas de todos los colores, mas ninguna se parecía a ella. No estaba allí.

Seguí buscándola por otros salones, otros ballets, teatros, escue¬las, talleres de danza, sin encontrarla. Inútil, la llamaba en mis aden¬tros y nada. No aparecía nunca en otra parte que no fuera mi cuarto los domingos, y sólo cuando yo dormía. Y fue por ello que, precisa¬mente, un domingo, armado con mi zapatilla, igual que el príncipe de La cenicienta, me juré no descansar hasta dar con su paradero. Me convertí en una especie de perseguidor del sétimo día; me bebía a sorbos rápidos todos los días de lunes a sábado, para buscarla a mis anchas los domingos.

Recuerdo perfectamente todo lo que pasó aquel domingo en que me propuse aguardar su arribo a mi cama. Esperé paciente¬mente, con todos los sentidos en guardia, tanto fue mi interés y mi desvelo que, cuando llegó, me encontró rendido con la zapatilla, fuertemente abrazada. Hizo lo habitual y, al despertar, volví a vivir mi domingo de búsqueda, un domingo eterno, porque, desde en¬tonces no he tenido vida más que para buscarla, perseguir su aroma por todos los vericuetos. Vigilarla. Ansiarla. Soñarla despierto y ale¬jarme de todos y de todo.

La familia y los amigos me han tildado de loco, de soñador im¬penitente, incauto, inadaptado. Todos me huyen (excepto, claro está, Jimmy y Maritza, quienes regularmente me soportan y saben, a cien¬cia cierta, que no es su nombre Laura). Y yo me río. En mis adentros, me burlo, porque ignoran mi secreto y el tesoro que oculté por tanto tiempo conmigo, buscando a esta mujer que le ha dado un giro de embrujo a mis mañanas de domingo, a mi semana entera, al calen¬dario de mi vida. Y sabía, estaba seguro de que la encontraría, que podría gozarla a plenitud, en sus aguas y vivir su mundo sin el velo de los sueños. Puse en guardia todas mis hordas y, cada domingo, la fui cercando, domeñándola, sintiéndola mansa y tranquila, dueña de mi cuerpo, de mí; llegando incluso a sentir su cuerpo caliente, su cabeza recostada en mi almohada junto a la mía, su aroma salvaje impregnado en mis sábanas y todo lo que tocaba.

Hasta hoy, cuando el día la sorprendió dormida en mis brazos y, al intentar huir apresurada, me despertó y la vi por dónde escapa¬ba. Y ya no hubo misterio. La seguí. Lleno de espanto y maravillado, con el corazón en la boca, conteniendo el aire en los pulmones, iba tras ella por los pasadizos, descubriendo su mundo que tanto había soñado, y que hoy recorría tan seguro de que, definitivamente, iba a poner fin a todas mis angustias y desvelos. Y hela aquí, tan mansa y prístina, rodeada de pólipos y peces, haciendo música con sus bran¬quias y ella, trenzando y danzando los más hermosos pasos que jamás hubiera soñado. ¡Era ella, al fin, con su única zapatilla rosa! La seguí esta mañana, sí, me introduje por la llave del lavabo y la mantuve a raya por toda la tubería de la ciudad, hasta llegar a este amplio salón de agua cristalina donde baila mi bella ballerina.


PÁGINA 22 – POESÍA AMERICANA

Gildardo Gutiérrez Isaza (Medellín-Colombia)

HOJAS SECAS

De cielos prohibidos me he vestido hoy,
bendigo el amor que me entregas,
la gratitud de tus besos.
Me duermo en la tarde de tus senos
aunque la muerte me acecha.

Eres la sonrisa perpetua,
la luz del amante,
un adiós sin palabras, sin rencores.
La transparencia nos enseña a vivir con todo
a morir con las manos vacías...
De cielos prohibidos y de hojas secas.

Las horas se conjugan con la noche,
tu piel es una esfera de tiempo,
todas las sombras,
la luna que se quiebra.
Oculto en tus labios la noche
que acaba de nacer.

Un aliento de luz sobre un sol
callado.
Me trasporto a un mundo olvidado
cuando extiendes tus brazos,
cuando tu sombra consume la mía
y de cielos prohibidos me visto

SOY

Soy el viento que vuela entre tus ramas,
nube solitaria del olvido
tañendo las campanas de la noche.

Soy paisaje sin lunas,
sombra macilenta de tus ojos de fuego.
Alborada en tu piel de adolescente que clama,
que evoca la conjugación de mi silencio.

Soy la antorcha peregrina de tu piel de armiño,
eco fugaz, atrapado entre tus redes
eco de mi propio grito, de tu locuaz deseo.

Libélula de tus labios que vuelan sobre mi cuerpo,
hurgando...anidando...
rompiente de mar abierto
que se estremece al contacto de mis besos.

Si no fuera pecado dejaría volar todo mi ensueño
y pájaro seria en tu cuello,
pero el cielo es de cristal y tú eres la sombra de mis anhelos.

PÁJARO SIN LUNA

Como pájaro
sin luna
te lanzaste al vacío,
en la sangre del cielo,
en la boca del mundo.

Eras pájaro atrapado en tu cuerpo,
un antiguo navío que sondeaba el mar del silencio.
Con gestos, casi con gritos
abrías las alas de tu cuerpo
buscando siempre los rayos del sol.

Como un pájaro sin luna
hurgaste en la espesura,
en el límite perpetuo del horizonte.
Petrificada la estrella de los vientos.
Naves antiguas, artificio humano
que te vio partir en busca de tu más cálido sueño.

Limpio vértigo,
rocas de fuego...
¿Quien se lanza al lago azul de cielo
para morir en la tarde y sonreírle al viento?
Solo tu pájaro sin luna
atrapada en su armadura.

ACANTILADO DEL ABISMO

Sus ojos solo son el oscuro reflejo de la sombra,
mascara cotidiana de la muerte.
Búho nocturno vestido de apariencia,
del encanto de la piedra.

Sus pasos la estela de la luna
petrificada,
la hora confundida,
donde se canta y se habita sin futuro preciso,
vértigo de un tiempo que fluye con la llegada del día.
¡La guerra!

Locura, diluye tus palabras,
conjura el canto de las mirlas,
inmenso, invisible acantilado del abismo,
del mar del silencio surgen las voces de los muertos;
claman, piden justicia.

Nadie entenderá sus muertes,
falsos positivos...
Las horas se conjugan en la noche,
cuando descienden como sombras solitarias.
Contigo llegan y se van todos los duelos.

Tus pasos agigantan mi dolor.
Me tiendo en la lejanía cuando tus gritos
rompen el aire encantador del último estertor;
ahora es solo un recuerdo enceguecido,
un sordo rumor.

ACANTILADOS

Místicas y profundas son tus palabras,
anudadas de viento y poesía.
Son la fragancia exquisita que recorre mi cuerpo,
elixir de tus labios como las voces del
tiempo.
Noche donde vengo a beber,
Noche que se propaga en el silencio que invade.

Mi ilusión es tan palpable,
como lo son tus labios de fuego.
Tierra preciosa, amalgama que fluye en mi,
se adhiere a mi piel...
Exuberante misterio
del idioma de la luz.
¡Tentación!

Entre mis brazos eres un pájaro precipitándose
en los profundos acantilados.
Ahora, no logro sustraerme de ti,
y las palabras crecen húmedas y tristes
enramada, nube de verano sobre los almendros de mis dedos.
Devuélveme la lejanía,
siento la soledad espigarse en mi sangre.

Mi corazón esta atiborrado de tus palabras,
cortos relatos de memoria y olvido,
carnaval de colores;
tinte de un fruto que madura y gravita;
hospederos del tiempo que van a morir.
Soy pájaro atrapado en el eco de tus palabras,
en el eco de mi propio grito,
de mis propios deseos.

LOCURA

Exhibes la
incoherencia del delirio,
la locura del verso,
la sensatez del deseo.
Te llaman loco porque en los albores del universo
despliegas las banderas del nacimiento,
el augurio de la verdad.

Invades el territorio de las palomas,
navegas por laberintos de misterio;
traduces el fuego secreto del papel,
esbozas la certeza de la primavera...
desciendes hasta la espina dorsal del horizonte.

En tu sonrisa describes la inocencia,
la virtud del cóndor, el vuelo secreto del silencio.
Te adentras en hondonadas eternas, suave dulzor
de palabras sueltas, ensoñación.
Noches al borde del mundo,
del abismo eterno.

Te desbordas sobre el mar de los recuerdos,
enajenación perpetua de un sueño fatuo,
incandescencia de silabas, de sonetos sin eco,
mordaza del viento.
Flores de espuma, de gemidos, sal y tierra.
En tus ojos la araucaria crece sin vida,
en tus manos se teje el silencio
y
en el silencio vives y mueres día a día.


PÁGINA 23 – ENSAYO

POESÍA DEL HARLEM
Algunos poemas referenciales

Por Eduardo Dalter (Buenos Aires-Argentina)

Estando en las calles del Harlem no podía dejar de pensar y sentir que ese barrio inmenso tiene una mayor afinidad de tonos, gentes y climas, con los barrios de las afueras de Caracas que con la misma ciudad de Nueva York, a la que este sector de la comunidad negra pertenece. Por otra parte, una historia de movilizaciones y de luchas, de gente segregada, que la connotan como una localidad cercana a nuestra realidad continental y a nuestra contingencia. Una vez, uno de sus poetas, Countee Cullen, en los años '20, planteó públicamente la necesidad de afirmar una cercanía con los movimientos de lucha del continente y del mundo. Conocido es también el diálogo de otro de sus prestigiosos creadores, Langston Hughes, con Nicolás Guillén y con Miguel Hernández, a quienes abrazó cuando aproximó la solidaridad del Harlem a la causa de la República, en Madrid y en Valencia, en tiempos de la Guerra Civil. Momentos, en fin, de una historia que se fue modelando en legítima defensa y humanidad, y en sueños y derechos propios. Algunos recuerdan con emoción la visita de Fidel Castro, en 1960, a escasos meses del triunfo de la Revolución Cubana. Otros, a la vez, refieren la estadía del líder Nelson Mandela, y su visita a escuelas públicas e instituciones. Las luchas, las encrucijadas, el conjunto de signos profundos del Harlem, confirman una historia tan sostenida como estremecedora. Hay una literatura, un fundamento, una raíz cultural, inclusive una muy firme producción artística, que va desde la música hasta la pintura, y que alientan la evidencia de una vida comunitaria que nunca renunció a ser, aun estando en vecindad —con unas pocas avenidas entremedio— de las calles del mayor centro financiero de Occidente. A veces ignorados, otras veces, tantas, perseguidos, los poetas del Harlem encarnan uno de los tramos o capítulos más singulares del espíritu y de las letras y las poéticas del continente. "Yo sueño un mundo/ donde el hombre no desprecie al hombre", dice uno de los poemas recordados de Langston Hughes, a lo que nosotros damos nuestra memoria y también nuestro saludo.

Poemas tomados del libro “Harlem: los blues de la historia”, de Eduardo Dalter; Ediciones del Nuevo Cántaro, Buenos Aires, 2010. Traducción de los poemas al español: Eduardo Dalter y Nidia Santa Cruz.

COUNTEE CULLEN
(1903-1946)

DESDE LA TORRE OSCURA

No siempre sembraremos mientras otros recogen
El dorado aumento del fruto a punto;
No siempre el semblante abyecto y mudo
Para que los hombres menores sujeten
a sus hermanos despreciables;
No eternamente mientras otros descansan
Nosotros encantaremos con flautas dulces
sus limbos;
No siempre nos inclinaremos ante lo sutil y
brutal;
No fuimos hechos para llorar eternamente.

ARNA BONTEMPS
(1902-1973)

LOS DESPUNTADORES DEL ALBA

No venimos a librar una batalla
con espadas sobre esta colina,
No es el deseo desolar la vida
ante una obstinada voluntad.
Aunque bien moriríamos como algunos
murieron
Agitando un camino hacia el sol
renaciente.

LANGSTON HUGHES
(1902-1967)

JUSTICIA

Esa Justicia es una diosa ciega,
Una cuestión de la cual nosotros somos entendidos:
Su venda esconde dos llagas que supuran
Donde quizás en algún tiempo hubo ojos.

YO TAMBIEN SOY AMERICA

Yo también canto, América.

Soy el hermano más oscuro.
Ellos me mandan a comer a la cocina
Cuando vienen invitados.
Pero yo me río
Y me alimento bien
Y crezco fuerte.

Mañana
Me sentaré a la mesa
Cuando vengan invitados.
Nadie se animará
A decirme
"Ve a comer a la cocina".

Entonces,
Ellos además verán qué hermoso soy
Y se sentirán avergonzados.

Yo también soy América.

JAMES BALDWIN
(1924-1987)

TÚ ESCRIBES…

Tú escribes para cambiar el mundo, sabiendo
perfectamente bien que probablemente no puedas
hacerlo, pero también sabiendo que la literatura
es indispensable para el mundo ... El mundo cambia
de acuerdo a la forma en que la gente lo ve, y
si tú modificas, aunque sea por un milímetro,
el rumbo, la gente lo vería como una realidad;
entonces tú puedes cambiarlo.

JUNE JORDAN
(1936-2002)

7 DE ABRIL, 1999

Nada es más cruel
que los soldados que
ordenan
a la viuda
que esté agradecida
de estar viva todavía.

LLAMANDO A LAS MINORÍAS SILENCIOSAS

Hey

Vengan
Salgan

Dondequiera que estén
Necesitamos tener un encuentro
en torno de este árbol
Que no ha sido
plantado
todavía.


PÁGINA 24 – CUENTOS BREVES

PALABRAS A UN AMORÍO MUERTO

Héctor J. Cediel Guzmán (Bogotá-Colombia)

Escrito en una tarde de enero del 2011

I

ME embriago con él vino de las palabras, como cuando libo como un pájaro, miel de tu cuerpo. Me siento a contemplar el lento paso del tiempo, aguardando a que la enfermedad se canse de habitarme. Estoy cansado de correr como una liebre de acero por el viento. ¿Será que la vida nos arrastra como si fuéramos toros de lidia, y no somos más que espectadores de nuestra propia tragedia? ¿Por qué la felicidad se reduce a efímeros segundos? ¿Será que las canciones nos ayudan a comprender la realidad? ¿Será que enceguecidos, soportamos las embestidas de la vida? Me cansé de sortear a las embestidas del destino.

II

LA vida a veces nos patea como lo ansía hacer la muerte. Pienso que no puede ser el odio, del ser que no existe. Son absurdas las artimañas de los heraldos de la muerte. Toda la miseria humana se refleja sobre los harapos de los miserables. Blasfemo como la locura de los ausentes que deliran con voz alta por las calles.
El desprecio del amor es una cruz de fuego. El látigo de las lágrimas me ahoga, y me embriago con él vino de la sangre de la víbora que me acosa, y me atiborra con sus absurdos reproches. Necesito buscan la sombra de unos brazos amorosos o de una vagina misericordioso. No sé si pueda olvidar al erotismo que me genera tu piel y su sabor a hembra. ¿Qué será de mi vida, sin ti? El recuerdo de tu cuerpo me provoca una sed obscena. Los rizos de tu cabello son la metáfora de nuestros sentimientos.

III

¿Será que existe una mujer que se apiade, y le arranqué las espinas a mi miseria? Ya no disfruto de la alegre vida de los perros callejeros. ¿Será que del concepto pureza y castidad, depende la vida de los sentimientos? Mis huellas de arcilla se deshacen con el invierno. ¿Se moja tu carne con la miel interior, cuando me recuerdas? No deseo regresar al desierto de los solitarios, ni azotar calles, bancas de parques, ni sillas de teatros. No sé si llorando pueda fingir que soy feliz. El desamor es el más despiadado de los sicarios para la carne. Tu silencio es el peor silicio para mi corazón.

IV

Mis estrofas sangran como las venas abiertas de los suicidas. El fragor de los besos, sólo deja una larga estela de recuerdos. Mis versos entintan con la sangre del sufrimiento y la luz de las palabras se derrama como una sombra lacerada, sobre el recuerdo de tu piel de mármol. ¿Tendré que huir como un pájaro asustado, por la mirada del orgullo? Mi alcoba ahora no es más que un frío panteón de recuerdos. ¿De qué me sirve que estén ausentes los sentimientos de culpa, si el ácido de los remordimientos corroe mi conciencia, y le desnuda mi espalda al látigo? Quiero estremecerle con rabia los pezones a las estrellas o apretarles los testículos a los dioses, para que sepan que es el dolor y se apiaden de este miserable perro vagabundo.

V

Nada hay más dulce que el recuerdo del último beso, a una amada. Hay penas con amarguras tan fuertes, indolentes como el corazón de las espinas de las rosas negras. El amor y la muerte se hermanan, como la tristeza y la melancolía. Es hondo el dolor glacial que generan los silencios de tu indiferencia. Me bebo la tristeza del color amapolero de mi soledad. No soporto que me haga más daño, la ingratitud de tu corazón. Le reprochó a la dignidad que sea así: indolente y soberbia como el polvo de una mujer con alma negra. Hay noches tan oscuras y hermosas, como tu pantanoso cáliz. No hay tiempo para desairarme por el apocalíptico destino, para nuestro amor y sexos. De nada vale el intentar sepultar dentro un ataúd, a nuestra ardorosa pasión. ¿Le generarán tu desprecio, la muerte a mi amor pagano?


PÁGINA 25 – POESÍA AMERICANA

Adán Echeverría (Mérida-Yucatán-México)

CON TUS RAMAS DE VIDRIO
palidecemos cada remolino de silencio
cada célula que ha borrado el viento en nuestra calle
volcando los sepulcros
La noche y los cervatos se alejan con la luz
y esas nubes bajo tu vestido…
El diamante en la luz de las estrellas
esa luz la luz que aborrecemos tanto
Con tus ojos teresa de piedra sangrante
los sepulcros abiertos en nuestros lomeríos
y la paz que se dibuja con la niebla
Es la noche cuando el alba
tejió sobre tus hombros el tatuaje de vidrio que tanto te gusta
La madrugada de espinas y cruceros insomnes
y esa lluvia…
Llueve llueve y con cada golpe
la distancia crece hacia los matorrales del sueño
hacia los cuerpos en que me he rendido
por cada borrasca que te va dejando seca
pálida y pisando los brazos del insomnio
Así era la luz la luz la luz que nos olvida
y así eran tus ojos sangrantes
La luz de tu vestido de pedrería imaginaria
de nube gris y arcoiris indefenso
Voy sobre el asfalto a entregarte margaritas
hasta ser tan sólo la rama del árbol que cruje y el pájaro de jaspe
la raíz en que contienes el aire enrarecido por el humo
el cielo herido ya por tanto eclipse
por los años que nos van despedazando
y nada queda sino esta veladora y algunas cuentas de mercurio
encima de las teas
algunos humos dióscuros para una vida dependiente
carajo nos amamos y los cuervos de la repisa se revisan el plumaje
carajo las luciérnagas de nuestros labios trozan el viento
el uno encima del otro y las cabelleras crujiendo con las ramas
el uno bajo el otro y los gatos se descubren impuros
el árbol crecido de nubes y el arcoiris abarca la torcida lengua
cuídame de tanta piedra
No me dilates te digo encimando los aullidos
en esta calavera lúnica en que me descubres siempre bajo tu sombra
No me dispares al epicentro
de tus espinas y cardos lunares parricidas espermáticos
Nos hemos vuelto coráceos
como las calles de estrellas que diluyen
y esas ráfagas que deja el ojo frío
el ojo neutro de nuestras distancias renovadas
la pesada ceniza que se filtra entre las nubes
y los remolinos rendidos a la noche
quedan el silencio y su neón sobre cada cuerpo desgarrado
sobre cada piedra que se percibe intacta
Es tu manto teresa tu mano
de iridio que no sucumbe al torrente del tiempo
tu pierna de roble elástica elástica la montaña donde me guardo
la luz que me envenena
el disperso tiempo y las horas como tropezones
y de siempre es la vida para beberte cada pómulo de lomeríos y diamantes
sí teresa diamantes diamantes los circulares pechos en que me disuelvo
gris tan gris como mi propia ardilla que precipita cada noche
cada mutación del sino de mi rostro en cada árbol
ese pálido fulgor de la sequía negra
yo y el maldito venado de mi nombre
ese brujo encandilado por la carretera que soy
por el agua que soy
por la leche silente que soy al entregarme
Soy esta sierpe que se curva sobre cada bosque imantado de quebrantos
sin paciencia ni olvidado olvido
en cada muralla lo sabes
todo ocurrió esa noche que se violentaron las peceras de mi cuerpo
todo fue rendirse sobre el prado ambivalente y el columpio que me presentía
fiero por tu catarro de dioses inseguros
por cada talón con que despides la lepra
con cada movimiento en que te escapas
de mi patria
de la memoria lúcida del aquelarre
de ese cadáver florecido por los filos giratorios de cada río que me recorre el cuerpo
escorpiónicas mis piernas cardos cardumen de equilibrista mágico
porque mágico es tu cuello para la soga de mi brazo
para esta fogata en que me consumo
con el licor propicio en la mirada
y el aletazo a ciegas
esa transparencia del sonido de tu carne
esta ave negra que soy en cada ceja tuya
en cada picotear la espera
con todo mi demonio translúcido
mi gobierno de duendes y panteras blancas que te hacen la corte maldita cortesana
Qué no ves que te he acercado las mareas
que la arena no me basta para poder plantar mi huella en tu búsqueda
¿no lo notas?
¿no lo alcanzas a dibujar en cada arremetida de cabras a tu costado?
¿no te has dado cuenta cebolla mágica?
mañana todos con nuestro rostro de cobre
y ese vestido de pedrería imaginaria
seremos esa luz en el plumaje voltaico
viva hambre de pertenecerte
seremos la distancia perezosa de árboles en el estío
las puertas que no resisten el paso de las barcas
o esas caracolas de odio que se regodean en tu luz
¿no logras reconocerlo?
He aquí las margaritas que siempre tengo dispuestas junto a la ventana
un poco de miel un poco de agua serán todas las abejas las que promulgarán sus intemperies
donde no hemos vuelto a equinocciarnos porque no hay motivo
nada más que tus cejas duras y maquinistas del tiempo donde me guardo los lobos
tus cuartos amplios donde me recibes
y el beso tan delgado y húmedo en que palidezco
Oh mi teresa de las fábulas tú me preguntas si estas flores eran para ti
si cabrá esperar otra madrugada para atragantarnos el uno sobre el otro
con cada semilla que depositas en mi lengua

LOS CRUJIDOS DEL VIENTO

y un día de setiembre orinó bajo un árbol
y era llena de gracia como santa maría
Juan Gelman

Ya nada está escrito
Nidiviney cae de la rama con los senos góticos
Salta y se quiebra
Brota la espesa sangre y sus manos
quietecitas y sin manchas
Los aullidos y la planicie hechas de cobre
suben de tono hasta confundirse con sus ojos quietos
Ella está quieta al horizonte
y la noche enrojecida por el fruto del árbol que se ha roto
Nidiviney cae de la rama
y de pronto la vida
como una flor de arena en la pared se instala
Cae de la rama armada como el trueno
mantiene la distancia entre el caer
y ser la tierra
la punta del pie señalando el círculo
Es todas las mujeres y la cuerda ajustada al cuello
Y ahí está colgada con sus quince años en ciernes
detenida y con la mirada quieta
Sentado en la cama le miro el nudo corredizo
la tráquea rota
y mis ojos como murciélagos giran sobre su carne
Es la vida un árbol y cada uno de nosotros aquella frágil rama
Nidiviney ha caído completita y con las piernas estiradas
como dos pilares lustrosos relucientes a juventud
a deseo inacabado y estoy
mirando el péndulo en que se transforma
Ella quiere tocar el piso con la punta de sus pies
y no lo logra
en el suelo las sandalias le vigilan la huella
Sea el sol
ese relicario en que sobrevivimos
Caerse no es el doblez perfecto para la otra vida
ni la vida es perfecta para dejarse suspender de una soga
atada al ventilador de techo
Sea el sol de tus labios
la perfecta marca de la despedida
azules labios los tuyos ahí sembrados en el aire
los hombros hacia abajo este vacío
Hubo una flor volando
una burbuja un aleteo
y el sonido de la traquea inundándolo todo
como el viento
Desde la ventana
es tu rostro pálido lo primero que puede admirarse
tras el húmedo vidrio gotas de sol traspasando
ese tu fleco de siempre
llámame desinteresadamente
comulgando con tus cejas
los viejos vidrios se han esparcido bajo nuestros dedos
¿Tienes un venado para mi?
llámame al caer la tarde
¿Me has guardado un nido?
iremos detrás de las manzanas de esos nuevos días
Nidiviney cae de la rama
y el silencio me golpea el pecho
una golondrina se estrella en la ventana
el dedo de un roble rasca las paredes
mujer dime con cuánta sombra puedes
Esos tus muslos de niebla naciéndote en los ojos
y tú contemplándome desde la opacidad reinante
o soy quien te contempla sangrando al horizonte
Nidiviney cae de la rama
porque nada pudo hacer sino caerse siempre
como esta carretera
y este pulmón en que nos hemos retirado
a veces la noche
Nidiviney cae desnudita como ha debido estarlo cada siglo
cayendo en cada rostro
Siempre larga de ayunos tatuada de angustias
y de angulosos pómulos que demacraban su sonrisa
Has caído pequeña y tu voz es la serpiente reclamando
la harina con que cubrimos la honra
la oreja encantada del mar
Y yo sigo esperándote
Ha sido tu cuerpo
el espejo preferido dentro de la sábana
el rostro inanimado en que mirábamos la noche
En esta lluvia de tanto golpe quedo
Queditos fueron los golpes de tanto recorrernos
las negras pieles
¿estos gusanos míos salvando las distancias
entre la noche y tu cuerpo?
Nidiviney cae de la rama
como el pozo abierto de nuestra memoria
Somos el simulacro de algún dios
que nos mira caminar sobre las flores
debajo de las fuentes Somos las ramas quebradas
que han caído con tu nombre
y nos vamos hastiando
perfectos desnuditos como debimos estarlo siempre
Hipnóticos Mirándote las uñas de plata
Las manos extendidas hacia el cielo

EN CADA GOTA MI ROSTRO SE FUNDE CON EL TUYO

Me encanta sentarme sobre tus rodillas a contemplar la lluvia
en cada semicírculo de agua voy flotando hasta la herida
Porque estoy unida a ti (nadie reconoce los ojos salamandra)
como quise estarlo antes de la serpiente
antes del Napalm y los genocidios
del holocausto y la muerte en los desiertos
Yo tendida sobre el cactus
Tú como el féretro buscándome

He permanecido atada a tus tobillos
mi mano delgadísima
mi quijada deseando enredarse a tu barba

Sigo tu huella bajo el calor de las fogatas
que me obligan a extrañarte
no me conformo con otros senos aplastándome la piel
necesito la dureza de tu cuerpo montaña tu cuerpo musgo
tu cuerpo piedra sentimental penetrándome la dicha
Ser agua en tu cabellera de espinas
Ser el agua viva que alguna vez fue anunciada
en el pozo de Samaria


PÁGINA 26 – ENSAYO

EL VERSO O LA VIDA
Por Hernán Schillagi (Mendoza-Argentina)

Una tenue mujer de provincia, hija de un carpintero, que apenas alcanzó a cursar el primero de la secundaria va y compra una remera verde para su hijo de 10 años. Llega a su casa, envuelve al niño como si la prenda fuera una hoja de parra, lo abraza fuerte y le dice al oído: «Verde que te quiero verde».

A ese niño que era yo, sin aviso, la poesía lo había tomado por asalto. Mi vida, por lo tanto, ya no sería la misma. Qué sucede, entonces, cuando la poesía pierde su estatuto de «arte elevado que se expresa con palabras» para rozarse de igual a igual con el lenguaje cotidiano; qué pasa, además, cuando la forma seudocarcelaria del poema se abre y el autor es un ente anónimo borrado por una maraña de frases mundanas.

Los asiduos lectores de poemas -los raros, como encendidos lectores de poemas- que empezamos anotando versos sueltos en la contratapa de las carpetas, en los diarios íntimos, en las puertas del baño del colegio; sabemos que la memoria se nos fue contaminando, saturando de versos potentes que tomaron vida propia, y saltaron con furia de un soneto a la más desaguisada conversación con un hermano en el momento justo de no saber qué hacer ante los trámites de una herencia: «No nos une el amor, sino el espanto…». ¿Y Borges? ¿Y Buenos Aires? Bien, gracias.

Es que existen, desde tiempos remotos, versos repetidos por los simples mortales (no interesan aquí los eruditos que pueden recitar el Mio Cid en castellano medieval) que son portados en la garganta como el último trago de agua, ante una realidad desértica que nos cubre de cardos y ortigas. Lo insinúa Daniel Link cuando habla de la poesía de Arturo Carrera: «Sí, los versos (sueltos) son una voz inmemorial que canta desde el fondo de los tiempos, un laberinto de pura pérdida que sobrevive en nuestra memoria como la sola promesa del canto, y por eso los recordamos...». Sin embargo, los versos que se dicen casi con inocencia no actúan de manera conclusiva y sabihonda como sí lo hacen el refrán o las frases populares del estilo «Dime con quién andas y te diré quién eres»; sino que un verso incorporado arremete con acierto para zanjar caminos en un diálogo que amenaza con cerrarse y repujar, además, en el metal de los silencios hasta dejar una marca difícil de ser olvidada: «Me gustas cuando callas porque estás como ausente…»; y como en La caída de la casa Usher, un secreto comienza a mostrar su primera grieta. ¿Será por eso que «Cultivo una rosa blanca»?

En el prólogo a El tesoro de la lengua, Ariel Schettini propone realizar «Una antología (razonada) de los versos que se grabaron en la lengua y perdieron su autor (su contexto, su valor de acontecimiento histórico, para contar, ahora, una historia verdadera: pura actualización, puro fuera de contexto, pura posibilidad de redención, a cada momento que se los recita) y se volvieron creaciones de la misma lengua…». La poesía no pide permiso, y mucho menos un verso suelto que desborda vigencia cuando es pronunciado en medio de una transacción comercial por la simpática almacenera que nos tacha de su libretita diciendo: «¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!». El lenguaje, retribuido (ya que fue la cantera donde el poeta buscó) y, de paso, mucho más valioso. No por nada el mismo Schettini nos dispara: «porque un poema existe cuando genera un efecto de verdad».

Por lo tanto, una pregunta irreverente me viene acicateando desde el comienzo: ¿Un poeta escribe con minuciosidad toda una enorme obra para que sólo quede un verso aislado en los labios de la gente, que además ignora su autoría? Termino de escribir el interrogante y el cursor titila malicioso en el blanco de la pantalla, porque intuye que sé la cruda respuesta. Pero es que, como dice Santiago Kovadloff en Sentido y riesgo de la vida cotidiana: «El hombre se ahoga en la literalidad. El hombre es incapaz de vivir sin respirar el aire renovador de la metáfora…». Poetas, vates con el modem desorientado: «Esto es amor, quien lo probó, lo sabe». Además, en un mundo cada vez más aturdido de palabras sin reversos ni sorpresas, donde un coro de toses desafina la última noticia del naufragio; inhalar y exhalar un verso viene a ser el paf que nos abre el pecho y nos devuelve a una realidad diferente, al menos más fácil de respirar.

Lo dicho, hacer un aporte anónimo a la lengua popular con un verso suelto, intoxicar el habla de todos los días con el aire fresco de las imágenes y comparaciones inesperadas, quizá sea uno de los pocos logros concretos de la poesía (y de los poetas) en estos últimos dos mil años. Duele decirlo, pero esas son las cenizas que quedarán de nuestros poemas, aunque tendrán un sentido: «Polvo serán, mas polvo enamorado»


PÁGINA 27 – CUENTO

PERSECUSIÓN

Por Sergio Borao Llop (Saragoza-España)

No es fácil determinar en qué momento apareció; tampoco sabría decir cuándo adquirí la seguridad de que venía siguiéndome, pero desde que soy consciente de ello me siento levemente incómodo y con el paso del tiempo, esta situación ha empezado a resultar extremadamente molesta.
Mentiría si dijese que hay algo irregular en su comportamiento. En realidad, lo único que hace es caminar detrás de mí, a unos pasos de distancia. Nada que no pueda verse en cualquier otra ciudad, a cualquier hora del día. Nunca antes la he visto, ni es probable que ella me conozca, lo cual acaso fuese un motivo, siquiera remoto, para caminar en pos de mí por toda la ciudad.
Si lo miramos bien, no puede decirse que sea una niña, aunque así me lo pareció al principio. Alguna vez he aprovechado el reflejo de un escaparate para observarla, siquiera un segundo: su rostro no refleja en absoluto ninguno de los síntomas característicos de toda persecución. Por el contrario, parece completamente tranquila, como entregada a la meditación o al olvido. Un espectador casual acaso pudiera sospechar que su itinerario es tan arbitrario como el mío, y que el hecho de ir delante o detrás es tan irrelevante como, por ejemplo, los nombres de las calles que atravesamos en nuestro coincidente tránsito. Pero si entro en una tienda o en un bar, ella permanece afuera, esperándome sin impaciencia, y reanuda la marcha en el momento en que vuelvo a salir a la humedad que impregna las calles.
No se me malinterprete: En ningún momento ella ha hecho nada que pudiera molestarme. Se limita a imponerme su presencia a una distancia razonable. No voy a ocultar que en algunos momentos, en determinadas calles poco transitadas, saber que ella estaba ahí, unos pasos más atrás, me ha resultado reconfortante, ya que no soporto la visión de las paredes grises que la soledad oscurece aun más y el silencio multiplica implacablemente.
Podría pensarse que todo es producto de mi imaginación, que me invento estas cosas, que los médicos no erraron al diagnosticar mi enfermedad. También podría ser que para ella todo esto no fuese más que un juego inocente. ¿Por qué, entonces, son infructuosos todos mis esfuerzos por despistar su vigilancia? Si avanzo lentamente, ella camina despacio; si lo hago más deprisa, ella acelera la marcha; si corro, corre también. Siempre se mantiene a la misma distancia. No parece interesada en alcanzarme, pero tampoco permite que me aleje demasiado. Me pregunto cuánto durará esto, y si en verdad es posible concebir un final que pueda satisfacernos a ambos.

(Aunque es un hecho perdido en mi confusa memoria, he de confesar que yo también, en mi lejana juventud, fui siguiendo a alguien durante algún tiempo. Quizá supe quién era, pero ahora ya no recuerdo su rostro, ni su forma de caminar, ni las calles por las que transitábamos. No era un juego: Esa persecución, aunque pueda parecer un disparate, determinó mi futuro.)

Tal vez por eso me siento tan apenado ahora que, al girar con disimulo la cabeza frente a uno de los multiplicados zaguanes que salpican el incomprensible itinerario, he podido constatar, acaso sin sorpresa, que la niña ha dejado de seguirme. Probablemente ha encontrado por fin su propio camino y ya no me necesita. A pesar de la aparente incomodidad que me provocaba su presencia, ahora echo de menos sus pasos leves a mi espalda. Pero la esperanza también es una forma de rebeldía; por eso, de cuando en cuando, al volver cualquier esquina, echo un rápido vistazo hacia atrás: No es imposible que alguna vez mis ojos me muestren una sombra, o la vaga sospecha de una sombra siguiéndome, justificando así, de uno u otro modo, mi errático caminar por estas calles que se me antojan eternas.


PÁGINA 28 – POESÍA ALLENDE EL MAR

POESÍA

Por Gabriel Impaglione (Sardegna-Italia)

Composición:
Cada verso contiene 300 Mg. de Futuro; 300 Mg. de Humanidad; Solidaridad, Conocimiento, Imaginación, Memoria: 100Mg. - Las cantidades de: Metáfora, esencia de Imágenes, Armonía, Ritmo, Aliteración, Sinestesia y otros ingredientes varían de acuerdo al productor e inclusive se ha observado que pueden modificarse según el metabolismo del consumidor.

Indicaciones:
Indicada en todos los casos, para todos los casos y también por si acaso.
Es un eficaz medio de prevención, actúa como vitamínico, rejuvenecedor y calmante. Estimula la concentración y el acto creativo; ayuda a la socialización y a la verdad; es un regenerador de la memoria; aumenta la capacidad humana de apreciación ante la maravilla de la naturaleza; es energizante y aumenta la capacidad de amar; sus efectos pueden tener una duración desde lo inmediato hasta toda la vida.

Contraindicaciones:
Puede generar graves contradicciones en quienes sufran de hipersensibilidad a la libertad; Para personas bellezafóbicas se deben recetar dosis graduales; genera emociones en personas sensibles pero no existe registro de patologías.

Posología:
La dosis diaria puede administrarse generalmente – tanto vía oral como ocular- en una sóla toma después de la cena, pero se aconseja una dosis en cada pausa o espera, durante viajes y en reemplazo de televisión y otras formas adictivas.
Los niños y adolescentes deberán iniciar con tres poesías diarias; a los jóvenes y adultos se les recomienda una dosis más fuerte; para las personas de edad avanzada no hay límites en la dosis, ya que no se presentan contraindicaciones.

Presentación:
Se presenta en su forma clásica, con métrica y rima; y en formas libres.
Si bien en tiempos lejanos se presentaba en tablas de arcilla, tal el caso del conocido Gilgamesh, o en jeroglíficos, gracias a Gutemberg comenzó a presentarse en libro y en la actualidad, conforme al desarrollo tecnológico, en formato digital, tanto e-book como páginaweb. También puede encontrarse en trípticos, cuadernos y hojas sueltas de caracter artesanal. .

Nombre comercial: no tiene

Advertencia: no acepte imitaciones. No todo texto encolumnado es Poesía. Como la poesía es libre y no admite canon, desconfíe de los programas de marketing de los canonizadores. Es un producto de circulación libre, no es necesario ni siquiera consultar con su médico, abogado o asesor de seguros. Recomiéndela a sus seres queridos. La poesía es un derecho universal y patrimonio de la humanidad. Tenerlo siempre al alcance de los niños.


PÁGINA 29 – ENSAYO

LIBERTAD vs. PERMISIVIDAD

Por Jorge M. Taverna Irigoyen (Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

La libertad no es una abstracción. Es una conquista a la cual se accede por propios méritos, en respuesta a necesidades morales o espirituales. Y por ello es algo que se entiende como propio y por lo cual se lucha con armas y con ideas. Porque, en definitiva, es un principio, y al entendérselo como tal todos los esfuerzos para mantenerla incólume y viva dentro del corazón, resultan pocos.
En muchos sentidos nuestra sociedad ha cambiado la libertad -activa, ética, ejemplarizadora- por la permisividad: que no es sino el libre ejercicio de lo que a cada uno se le antoja, sin más derecho que el de la propia elección. La permisividad es contrariamente pasiva., generalmente viciada de errores, mal orientadora. Sobre su base (una base enclenque, falta de reglas) crecen gran parte de los desacuerdos morales, educativos, afectivos. Porque para la permisividad no hay ley ni orden que valgan. Tampoco importan los credos religiosos, como que en muchos aspectos, sólo el instinto rige conductas y decisiones.
Esta sociedad permisiva (menos por error que por indolencia, menos por madurez que por rebeldía), entra velozmente en una caótica secuencia de descontroles, de pérdida de la identidad, de culposas autojustificaciones, de desbarrancos morales, de anulación de las tradiciones que importan. Es una sociedad que ha perdido su verdad: no por causas ajenas a su propia condición humana sino, lamentablemente, por un resorte de flagrante abandono.
Hacia 1985, cuando Juan Pablo II pronunció en el Parque de los Príncipes, ante cincuenta mil jóvenes, la frase La permisividad no da la felicidad., recibió una ovación tal vez inesperada. Había dicho palabras que encierran una vieja verdad; y sin embargo, ¡cuánto gozo volver a oírlas de sus labios! ¡Cuánta necesidad, también, de que esas mismas palabras se repitan, se memoricen, para no perder el sentido de lo que tendría que ser una forma de vida!
Porque nadie es feliz haciendo lo que se le antoja, usando sin ganar, disponiendo sin conquistar, usufructuando lo que no le es propio, comprando a ultranza voluntades como se compran objetos. Nadie es feliz por el solo hecho de poseer a la fuerza. Nadie es tampoco feliz si no aprende a renunciar a falsos halagos, a temporales dichas. (Ya el mismo Gide había coincidido con Epicuro que los placeres conducen a la melancolía...)
El problema es tan hondo y sustancial para nuestra época, que cuando hace un par de décadas atrás Maurice Schumann presidió en París un coloquio en el Instituto Católico de Francia, éste movilizó una apasionada multitud. Se sacaron numerosas conclusiones -unas más inquietantes que otras- pero fundamentalmente se advirtió la diferencia de adaptación a la vida existente entre los animales y el hombre. Mientras los primeros están perfectamente adaptados y regulados por el instinto (no se preocupan por la muerte porque ignoran que son mortales), el animal racional carece de un instinto encauzado, vive enloquecido en medio del desorden y de la incertidumbre. Y como tiene la necesidad biológica de volver a aprenderlo todo y ya que debe vivir en comunidad -aunque no lo sienta así- entran a jugar reglas, leyes, escuelas, deberes...Reglas, leyes, escuelas, deberes que acepta con rebeldía (paradoja posible) porque no sabe vivir encadenado a nada y aunque tampoco sepa el auténtico y profundo sentido de la libertad conquistada.
Hoy, sin embargo, cierto sector de la juventud se levanta y protesta en nombre de su experiencia. No acepta facilismos; quiere, en cambio, compromisos de vida. Desdeña el regalo, la concesión., en pos de ganarse sus propios derechos. Pareciera que a partir de las decepciones, de los vacíos, este hombre nuevo intentara edificar una nueva moral. Una moral que lo identifique como ser pensante, no como animal degradado. Una nueva moral que lo conduzca por los caminos del orden y de la fraternidad, no del enfrentamiento y la locura. Una nueva moral que lo recupere de falsos idealismos que no conducen sino a la alienación general. Una nueva moral que, al fin, lo ponga de nuevo cara a cara con Dios.


PÁGINA 30 – CUENTO

INELUCTABLE

Por Daniel Adrián Madeiro (CABA-Buenos Aires-Argentina)

El cruel es un investigador de la vida,
un paciente reconstructor, un objetivo relojero, un perito
que quisiera conocer la existencia,
el secreto de la vida que en el sufrimiento se explora.
Análisis del sufrimiento – Carlos Bousoño

-Dulcísima Guadalupe, no me caben dudas de que usted asentirá sin dificultades que los juicios que le expondré son verdaderos.
Pero antes de comenzar quiero manifestarle que no tiene porqué sentirse molesta por su momentáneo impedimento en el habla. Sepa que resultará suficiente halago para mis ojos observarla menear su cabeza de arriba abajo, dando su aprobación a mis declaraciones.
No olvide nunca, por favor, que para mí es un enorme placer contar con su deliciosa presencia.
Debo reconocer que me encantan, más precisamente diría me transforman, las mujeres hermosas como usted.
Pero quiero ser, y seré, breve.
Considero que el escaso tiempo que hace que nos conocemos es más que suficiente para reconocer, cada uno de nosotros, cual es nuestro rol en este juego. ¿De qué otra cosa se trata la vida?. De que cada cual sepa para qué está en este mundo.
Tengo la certeza de que ambos lo sabemos.
Yo cumpliré mi rol, y estoy confiado en que usted sabrá hacer lo propio con el suyo.
¡Sí!, ¡Sí!. Advierto su nerviosismo.
Ya mismo voy al grano.
Usted entiende perfectamente que nadie puede culpar a una computadora por darnos una información que no tiene. Como sabemos, la máquina nunca se equivoca “per se”. Está capacitada para servir a su usuario y jamás hará algo para lo cual no haya sido programada previamente. Sólo se puede esperar de ella que efectúe aquello para lo que fue destinada.
Lo mismo pasa con la lluvia. ¿Quién puede culparla de ser motivo de una inundación?. La tormenta es el resultado de la transformación del agua en estado gaseoso, que se encuentra acumulada en las nubes, al estado líquido, lo que produce su inevitable precipitación. Si a causa de ello acontece la pérdida de cosechas o que un río se desborde anegando un poblado, el agua es inocente. Responde a las leyes de causa y efecto. Pretender que resulte de otra manera es tan absurdo como esperar que llueva desde abajo hacia arriba.
Lo propio del perro es ladrar, del gato maullar, del pájaro trinar y así, para cada caso, tiene cada animal características prefijadas y de ese modo nos vemos ayudados para saber distinguir a unos de otros.
No vuelan los chanchos ni se sumergen plácidos a nadar por el fondo del mar los elefantes.
El sol no hace nada bueno, premeditadamente, al salir todos los días. Digo esto sin desmedro del conocimiento que tenemos sobre lo benéfica que resulta su existencia. Del mismo modo, tampoco haría nada malo si dejase de brillar, cosa que, inevitablemente, sucederá algún día muy lejano. Esto pasa así y es imposible que pase de otra manera.
Para cumplir con mi palabra y ser breve, lo que digo es que cada cosa actúa o produce o como usted convenga en llamarlo, de acuerdo a lo que está inscripto en su ser; no hay forma de que pueda suceder de otro modo, y si hubiera una forma sería, obviamente, porque está también preestablecido que suceda así.
Entonces, dulcísima Guadalupe, estoy seguro que ya comprenderá usted que yo, tal como cuenta la leyenda africana sobre la rana y el escorpión, voy a matarla no porque sea malo o lo sea usted.
La cuestión es sencilla: Es mi naturaleza.


PÁGINA 31 – POESÍA ALLENDE EL MAR

Ian Welden (Copenhague-Dinamarca)

LA DESPEDIDA

No hay humo
contaminación
ni un sólo átomo de polvo
rondando en su corazón.
Ella está ahí inmóvil
pálida
con la abismal transparencia
del Salto del Laja.
Abandonada
como las solitarias profundidades
de las minas de carbón de Lota.
Mi pequeña gacela
paloma silenciosa.
Alas
viento.
Caricia de fuego
adiós.
Una búsqueda de amor
muriendo en el camino.
Una tenue ilusión abortada
en la nieve primaveral.

EL NOBLE OFICIO DEL EXILIO

Qué clase de persona es usted
capaz de creer ciegamente
que abandoné mis amadas cordilleras
pintadas de oro por una loca luna de verano;
mi profundo y amistoso hogar
inundado de sol, colores y voces;
mis dulces huellas olvidadas
en el jardín de juegos de mi escuelita;
mi cálida y silenciosa madre
con su perfume a pan recién horneado
y flores frescas recién cortadas;
Los secretos placeres de mi amante;
las gloriosas y sinceras risas de mis amigos;
los excitantes y afrodisíacos vapores
de mis alimentos y mis condimentos;
la conmovedora simplicidad
de llorar en mi propio idioma;
la reconfortante curiosidad
y sana promiscuidad de mis vecinos,
por un humilde cheque de cien dólares al mes,
una fría, húmeda y solitaria habitación
en un olvidado y derrumbado ghetto
del sector de los narcómanos
mendigos y gangsters de Copenhague.

ALIANZAS


Qué importa cómo fue
mejor es entender
que todo esto terminará esta noche
ahorita ya se viene la mañana
la luz será el aliado que esperamos.

Se sabe que al momento de la danza
se escucha un tren azul de amanecer
los árboles sepultan a la estatua
las aves ya no cantan porque ríen.

La tierra es una tinaja de greda
tus manos herramientas en el mar
a tu choza le ha crecido un techo nuevo
tu pan se hace grande como la cordillera.

Acércate no más
tu manta cubrirá
aquello que termina esta noche
mañana te despertarás riendo
la vida volverá a tenerlo todo

Dolor de amanecer ya no lo aguantas
la espina se te va a atragantar
cuarenta días con su cientos de noches
tu corazón se seca sobre el arenal.

Caminos no hay caminos todo es selva
el día es sólo volver a empezar
tus ojos te devuelven tu imagen
tus manos llevan siglos sin poder tocar.

EL MILAGRO DE LA CORDURA

La noche se desgrana del tejado
el planeta gira loco de alegría
la vía láctea danza por el universo
llevándonos al horizonte prometido.
Y aquí vamos
tomados de las manos
ronda infinita
coro perpetuo y poderoso
volantines liberados
almas desencalladas.
La vida soberana y orgullosa
se revuelca en nuestros vientres
como un huracán sin fronteras.
Todos nuestros seres tan amados
van cobijados por la gran madre cósmica
en este sorprendente viaje sideral.
Y pienso en nuestra era
en esta etapa misteriosa
en momentos sagrados
en la asombrosa fecundidad de la tierra
en la eternidad aún por vivir
en este alucinante milagro de la cordura.

VIEJAS CAJAS DE CHOCOLATE VACÍAS

Cansada ya de de su vida solitaria
de los recuerdos maravillosos
que le agrietan el corazón
de su juventud perdida por ahí
entre cartas de amor amarillentas
viejas cajas de chocolate vacías
y fotografías que ya nadie quiere mirar
camina despacio por los eternos pasillos helados
de la vieja casa de reposo
buscando a algún ser humano
que quisiera tomarla de las manos
y llevarla a la cama por última vez.

LA SOLEDAD DE LAS ESTATUAS

Cuando en los crepúsculos insomnes
me siento asustado y solo
como un niño huérfano
y necesito a gritos a un padre
que me sujete entre sus brazos
para decirme que todo está bien
corro por las callecitas escarchadas
de esta misteriosa Copenhague
en busca de las manos inmortales
de Hans Christian Andersen.
Y entre ellas me deposito
sus caricias heladas me reconfortan
su aliento de bronce me hace dormir
y los felices turistas japoneses
con sus anteojos sus sonrisas y sus souvenirs
nos toman fotos para la posteridad.

LA SONRISA EN EL BAÚL

En el baúl de los recuerdos
encontré tu olvidada sonrisa
junto a tu muñeca de trapo
y tu diario de vida.
Desempolvando recuerdos
de tu mágica infancia
me pregunté sorprendido
¿dónde estarás ahora?
Llegas con tanta prisa
a mi casa solitaria
me das un beso de pasada
y te sumerges en tu teléfono.
Y te vas nuevamente
como si nunca hubieras llegado
olvidando nuevamente tu sonrisa
en el baúl de los recuerdos.


PÁGINA 32 – ENSAYO

ARTE DIGITAL: EL CIBERARTE

Por Carlos Fajardo Fajardo (Santiago de Cali-Colombia)

Nuevos paradigmas están dando razón a la secularización y a la pérdida del aura en el arte tradicional moderno.Si es cierto que la perspectiva renacentista nos brindó una analítica del espacio; la fotografía decimonónica una familiarización con lo hiperreal, y el cine una analítica del movimiento, lo digital y lo computacional nos brindan una analítica de las relaciones abstractas virtuales.(Piscitelli,127).Esto genera un desafío para emplear nuevas técnicas artísticas. Los ciberartes, por ejemplo, abren nuevas "ventanas utópicas" donde se pueden realizar collages electrónicos que pulverizan de una vez por todas a los géneros artísticos tradicionales. Mezclas de sonidos, textos, imágenes elaborando una cibermirada, visiones digitales. Herramientas tecno-artísticas tales como los lápices gráficos, los scanners, sintetizadores, impresoras laser a color, libros electrónicos con hipertextos, archivos, cursores, programación de menúes, bases de datos, etc.,cambian el proceso artístico y de alfabetización. Entramos, de este modo, a la escritura computacional donde la velocidad del programa y de la impresora supera a la pluma y a la máquina de escribir, borra la firma, la subjetividad creadora, se pasa de la palabra escrita con sangre a la letra electrónica. Con una amalgama tan grande de posibilidades, lo computacional va haciendo desaparecer el concepto moderno del Yo Creador individual, transformando también la relación espectador-arte, pues éste puede a la vez crear la obra, programarla, desfigurarla a su antojo. Con ello desaparece la era de la interpretación y se entra a la era de la programación, subordinando el lenguaje al cálculo, a los modelos numéricos proteiformes(80).
Pareciera que los conceptos modernos tales como sublimidad,, angustia, aislamiento, autenticidad, no pertenecieran al arte Ciber y que una superficie de ideas frágiles cobijaran la profundidad de reflexiones generadas por el espíritu crítico. Es como si se entrara a la "muerte del sujeto", a la glorificación sin gloria de un individualismo hueco, banal. Fin del estilo llamado personal, de la "pincelada individual distintiva" (Jameson, 1995, 39). Democratización de un simulacro: todos podemos desde ahora ser creadores.
De allí que, en este final del siglo XX, surja la constante búsqueda del reencauche o la llamada "moda retro" que genera una rapiña sin consideracion de todas las producciones del pasado, convirtiendo al arte sólo en una alacena de recursos muertos, revivido con un singular estilo de collages e hibridaciones permanentes, modificando a la vez las nociones de historia y de memoria. El pasado es sólo un archivo, un armario de antigüedades que sirven sobre todo para crear "pastiches" estéticos, "objetos espectáculos" provocativos, excitantes y simulados.
En la elaboración de estos objetos estéticos frágiles, eclécticos, complacientes, sin proyecto utópico, hechos al azar, y con una crisis total de los conceptos de aventura y de experimentación proclamados por los artistas de la Vanguardia, se encuentra en el fondo una moda de la nostalgia y una pérdida de la subjetividad que impide experimentar la historia como un organismo vivo, activo, transformador. Lo posmoderno-ciber se "inspira" (para utilizar un término moderno romántico) en lo trans-utópico, en una "colección de fragmentos", concibiendo al arte como museo, con un fin conformista y conciliador.
Junto a la apertura del texto electrónico y del simulacro digital, se va perdiendo también la privacidad de la lectura. Se imponen entonces nuevas formas de escritura, de lectura y de sentidos. El archipiélago hipertextual organiza a un lector collage, sin fronteras, cuyas hibridaciones constituyen una amalgama de lecturas por saltos, y no secuenciales -paso a paso- como en la tradición lecto-escritural. Se entra a una sensibilidad de redes en línea (correos eletrónicos, internets). El zapping será el deber ser del lector electrónico. Se abre una gran posibilidad para escoger diversos caminos, rompiendo con la estructura cerrada del libro y " fomentando estilos inéditos de narrar y de referir". (Piscitelli,145).
Arte más que de objetos artísticos de procesos multimediáticos (palabra, sonido, expresión, movimiento, duración) sin un polo legitimador, unitario, de tal forma que nos lleva a la fragmentación de los regímenes estéticos tradicionales tanto clásicos (objetuales) como modernos ( subjetivos) pues, el proceso predomina sobre el objeto y el sujeto, importando no los contenidos estéticos, sino el trabajo desarrollado sobre las imágenes.( cf. Mario Perniola,1996,104). Fragmentaciones que desaparecen de forma casi total las ideas de creador individual, generando la idea de autor colectivo integrado al programador. El artista puede ahora hacer uso de cualquier MEDIO para llevar a cabo su obra. Del oficio autónomo artístico, se pasa al de generador del Zapping. De tal manera que, hoy por hoy, la obra de arte, como bien lo ha escrito Marcelo Walter Bruno, "no puede esperar ser una obra acabada (cerrada) ni mucho menos pulida; ésta es siempre ‘infinita’, un análisis ‘exterminado’ en oposición a un ‘terminado’.(1996,164). No existirá original de la obra, ni copia. Cualquier imagen artística será programada, modificada, obtendrá su valor por el hecho de ser procesada y transformada cuantas veces se desee. Secularización tecnomediática y colectiva donde el aura de lo personal y lo original del arte, en la época de la reproductividad tecnológica, va desapareciendo paulatinamente. Arte global y globalización del arte, peligrosa o milagrosamente masivo, tejido y prisionero en la red de redes y sus sistemas.
Todas estas transformaciones paradigmáticas imponen a los estudiosos realizar una fenomenología de la experiencia electrónica, un estudio de los impactos que nos deja y nos dejará la tecno-estética y su tecno-imaginación. Sin embargo, ante semejante desafío, y ante la ya casi probable y sentida inundación de la cibercultura; frente a tanta basura informal y excremencias que nos lanzan los medios y la red de redes, debemos aguardar, con firmeza crítica, las nuevas sensibilidades manifestadas en una estética neobarroca ciber, donde el gusto literario por lo monstruoso, la fascinación de los laberintos y las entropías, el culto al héroe de la fuerza, la excitación por la alta fidelidad, son los platos a degustar todos los días. Como jockeys informáticos, sus consumidores navegan sobre el ciberespacio con una actitud del rebusque virtual; devoradores de imágenes visuales, mas no mentales; de lo residual, de lo desechable, de la banalización ligth, espectacular, lumínica, de la basuralización de la cultura.
Atravesados por esta racionalidad modernizadora, los latinoamericanos, como "mayoría silenciosa", consumimos las nuevas tecnologías sin propuestas pensantes. Vivimos el drama post-industrial, lo sufrimos. Sonámbulos, entramos digitando como operarios ciegos el nuevo siglo ciber; funcionarios analfabetos que aprendemos rápido sus procedimientos, pero sin haber participado en su elaboración.

CONTRATAPA: NOTAS DE PARÍS

LA IMAGINERIA de ÉPINAL

Por Irma Bignon (Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

Situada en los Vosgos, a orillas del Mosela, Épinal es la ciudad de Francia que ha conocido gran celebridad por su imaginería.
Su origen se remonta al siglo XV, cuando la figura impresa era un arte popular de colores vivos, ofrecida por vendedores ambulantes a un público iletrado.
Más adelante, fueron los artesanos – desde el farmacéutico hasta el vendedor de zapatos – los que las distribuían entre su clientela, estampillando en el dorso su razón social.
Las primeras imágenes de Épinal fueron creadas en 1796 por Jean-Charles Pellerin, nacido en esa misma ciudad en el año 1756. Es el primer impresor en editar en serie este tipo de imagen.
Su tirada comienza a conocerse en la época de la Revolución francesa y enseguida la imprenta adquiere un suceso considerable en toda Francia.
Durante la 1ra. Restauración, Pellerin deja la dirección de su empresa a su hijo Nicolas
En su origen, utilizan una plancha de peral, madera flexible, apretada, resistente. Las herramientas son el punzón y la gubia.
Más tarde, la imagen se graba directamente en la madera – ya es la xilografía – y la impresión se efectúa con la ayuda de una prensa llamada “Gutenberg”. Aquí interviene el colorista quien, con la ayuda de una brocha redonda, aplica los colores primarios.
En el siglo XIX, el trabajo se realiza en moldes de plomo, estereotipos que permiten aumentar la producción . En 1820 se pasa a la litografía que introduce un cambio radical, y en 1900, la puesta en color se logra gracias a una máquina que puede colorear hasta 300 imágenes por hora.
De esta manera, Épinal da forma a las historias y a las leyendas. Monarquías, imperios y repúblicas, con mariscales y pequeños soldados, desfilan bajo el pincel mágico, mucho antes de la existencia de la fotografía.
Durante el 1er Imperio, la imaginería celebra el emperador Napoleon Bonaparte, su familia, sus generales, su ejército, sus victorias.
En 1860, la llegada de la litografía ofrece al artista posibilidades más amplias. Y ya en el siglo XX, la producción es conocida en el mundo entero, llegando hasta imprimir la versión francesa de las “Aventures de Don Quichotte” en la imaginería Pellerin en Épinal.
Durante las dos guerras mundiales – la de 1914 y la de 1939 – los asuntos militares son motivo de difusión. Más tarde, los dibujos describen las guerras coloniales. En esta forma aparece el problema Argelia.
Las planchas de imágenes de Épinal, verdaderas enciclopedias ilustradas, son también documentos de cultura y de enriquecimiento intelectual.
La expresión “imagen de Épinal” va tomando un sentido figurado que señala una visión enfática, tradicional e ingenua, que no muestra más que el lado bueno de las cosas.
En su producción , no faltan las famosas “devinettes”(adivinanzas), que tienen por objeto encontrar el dibujo oculto. Dando vuelta la estampa hacia arriba o hacia abajo,
los trazos disimulados se encuentran fácilmente.

Hoy, la Imaginería continúa fabricando sus imágenes como en el pasado. Diez artistas diferentes y complementarios crean dibujos nuevos sobre temas variados de actualidad: los ases de los deportes, los equipos de football, los personajes mundialmente conocidos que se hacen famosos. Y gracias a los dibujos animados y a la televisión, el gran éxito sigue manteniendo el interés de un gran público infantil y también no tan infantil. Un excelente primer dibujante, Antoine Guénon y su acompañante Antonio Gacia, colaboran con la empresa y ajustan su talento a las exigencias de la imaginería.
Ahora, las adivinanzas se mueven solas, sus secretos se iluminan y un gag visual las anima.
Al igual que sus mayores del siglo XIX, las imágenes de Épinal se nutren con el humor de nuestros días. Con una ternura ingenua, usa una forma de encontrarse con la infancia, sacándole el barniz demasiado ejemplar que siguen teniendo los cuentos de Perrault o el famoso “había una vez un viejo señor que creía ser Papá Noel” …
El Museo de la Imagen de Épinal que recibe más de 200 000 visitantes por año, permite descubrir un mundo maravilloso con todos sus secretos. El sótano de piedra caliza – declarado monumento histórico – cuenta con 6897 piedras litográficas.
Es así como, a pesar del tiempo transcurrido, nada ha quebrado la continuidad de la Imaginería de Épinal. Y desde entonces, sus viñetas siguen revoloteando sobre los muelles del Mosela.

Todos los textos, fotografías o ilustraciones que integran el presente número son Copyright de sus respectivos propietarios, como así también, responsabilidad de los mismos las opiniones contenidas en los artículos firmados. Gaceta Literaria solamente procede a reproducirlos atento a su gestión como agente cultural interesado en valorar, difundir y promover las creaciones artísticas de sus contemporáneos.
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