Reconocimiento Nacional a GACETA VIRTUAL

Reconocimiento Nacional a GACETA VIRTUAL
Feria del Libro Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Año 2012

Rediseñada para ofrecer una mayor difusión de la escritura en castellano.

Dirección: Norma Segades - Manias
directoragaceta@gmail.com
GACETA LITERARIA Nº 50– Febrero de 2011 – Año V – Nº 2

Imágenes: Yudit Vidal Faife (artista plástica contemporánea nacida en Trinidad-Santa Clara-Cuba)
Música: Seleccionar al pie de la revista

PÁGINA 1 – REFLEXIONES

PALESTINA

Por Silvia Loustau (La Plata-Buenos Aires/Argentina)

donde nacen los goznes de la historia
lejos
sombrías centellas desangran
llantos en racimo
lejos
la muerte bisbisea detrás de cada hombre
vende huevos de serpiente
lejos
la vida arrodillada


PÁGINA 2 – CUENTO

LA ENCOMIENDA

Por Vicente Antonio Vásquez Bonilla (La Antigua-Guatemala)

Desiderio se detuvo por un momento frente a una de las entradas de los servicios sanitarios de la Plaza de Armas, en espera de que apareciera su amiga, a quien había citado en ese lugar.
De repente una mujer se le acercó con premura y le dijo:
—Porfa, señor; sostenga mi pato por un ratito, mientras voy al baño, pues estoy que no me aguanto.
Sorprendido y sin tiempo a reaccionar, ya Desiderio sostenía entre sus brazos al ave, mientras la mujer se perdía de su vista al descender por las gradas que conducen a los servicios sanitarios.
—Mira al señor —dijo una joven madre que pasaba por ese populoso lugar, arrastrando a un niño de unos seis años—, que lindo, sacó a pasear a su mascota.
Desiderio esbozó una tonta sonrisa, mientras se sentía ridículo a la vista de todo el mundo. «Menos mal —pensó—, que pronto volverá esa impertinente y se llevará a su animalejo».
Un señor que calzaba un terno café y sombrero, al estilo de los años cincuenta del siglo veinte, se le acercó con aparente amabilidad.
—Qué bonito su pato, usté. ¿Lo vende?—. Y le acarició la cabeza al ave, que trató de esquivar la caricia, sin lograrlo.
—No. No es mío. Una señora me lo recomendó por un rato.
—No se haga —le dijo y le guiñó el ojo—, le doy mil dólares por él.
Desiderio vio a su interlocutor con incredulidad. ¡Mil dólares! «¿Se estará burlando de mi?» Y se quedó en silencio.
El hombre del terno esperaba la respuesta y al notar la indiferencia del otro, trató de arrebatarle al palmípedo.
En ese momento, el lustrador que aparentaba estar a la espera de clientes, el barrendero que limpiaba el excremento de los cientos de palomas que conviven en la Plaza y el vendedor de números de la lotería, que se encontraban en los alrededores, sacaron sendas armas, ordenaron a los dos hombres que no se movieran y se identificaron como policías de la brigada de antinarcóticos.
Al hombre del terno le decomisaron un revolver y a Desiderio un pato.

Largo sería enumerar todos los pormenores del caso, pero en aras de la brevedad, sólo queda decir que la mujer que hizo la palmípeda encomienda nunca apareció y los dos hombres fueron conducidos a la Delegación de Policía. El pato, que no resultó ser una mansa paloma, sino un mini—mula y bien cargado. Con su carita de no hago nada, llevaba en su interior numerosas capsulas de cocaína.
El pato no pudo demostrar su inocencia, ni que era una inofensiva victima de las circunstancias y además, por ser el único de los tres que estaba fuera de la jurisdicción del Procurador de los Derechos Humanos; en busca de evidencias, fue ejecutado sumariamente y paró en la olla de uno de los jefes policíacos, quien bromeaba diciendo: que era la primera vez que comía carne de mula y que no sabía mal.

Hoy, Desiderio ya libre de cargos, piensa que toda experiencia debe ser aprovechada, pues deja una lección. Lección que él ha aprendido y que, en forma de moraleja, heredará a sus descendientes y de ser posible para aprovechamiento de la humanidad entera: Nunca, pero nunca, sostengas el pato de una desconocida.


PÁGINA 3 – NUESTRA POESÍA

Ketty Alejandrina Lis (Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

EN EL VACÍO

A Federico Peltzer

Toda vez que camino por la vereda interna de la plaza
miro al suelo y pienso
si lo aparente no será una paradoja de lo real.
Las baldosas gris-marrón, aunque gastadas,
parecen ser las que aguantan
el peso de nuestros pasos
pero sucede que ellas también se aferran
a lo que ocultan.
La tierra es un compuesto de materia desmenuzable
dice el diccionario
o, lo que es igual,
una finitud de incontables átomos.
Si ahora nos fuese posible dividirlos,
verías que entre protón y electrón
hay una soberbia dimensión de vacío.
Por eso digo que al marchar
por la vereda interna o externa de la plaza
mirando al suelo, al cielo, o donde quieras,
caminamos sobre nuestra propia vacuidad
alterando el principio de no contradicción
inconscientes de ser y no ser al mismo tiempo
amigo mío.

BLEU

Más que enrarecido está sombrío el aire
las pupilas del mundo se dilatan
y tus manos todavía me tocan y se alejan
flojas como las uvas que soñé en el sueño
donde el amor olía a cáliz abatido.
Puedo escurrir mi corazón
sonda atravesando el cosmos
también puedo morir aquí o bien pegar un salto
empujar el velámen encendido
y no partir hasta la última estación.
Aún espero la mutación total con los pies desmantelados
recorriendo la vía marginal de un tren
donde se apilan cuerpos.
La decepción es más que fuegos de artificios
la piedad ha sido despojada
nuestra mejor sensualidad se ha hundido
en un barril con ácido y betún
y ha ido creciendo en desmesura
la agrisada blandura del recuerdo.
Puedo morir aquí
hoy
y nada habrá cambiado.


Reynaldo H. Uribe (Rosario-Santa Fe-Argentina)

PARABLAS

Una mujer merodea
en la mente de un hombre solo.

Es un fantasma que conspira
contra la quietud meditadamente establecida,
desordena la palabra:
bautiza la risa que resistía su abandono
desde un cuarto de la casa tomada,
mueve la mano, el lápiz,
recorre poemas extraviados
en los laberintos de su memoria
divaga
huye
pero siempre regresa
a esa palabra que mueve las montañas
siembra pan en los desiertos
hace llover sobre campos estériles
rescata rincones que creía olvidados.

Una mujer
un fantasma
puede resucitar a un hombre
solo
Incomodando la palabra.

SUPERSTICIONES

Hoy
viernes 13
quiero casarme con Silvia
y embarcarme con ella en la Fragata Libertad
nueve meses por el mundo mantenidos
por el fisco.
Hoy es 13 aquí
y en todas partes y no hay signos
de mala suerte:
en Villa Banana hay hambre
igual que hace un mes igual
que el año que viene igual las luces
de los hipermercados todos los días los vuelos
de cabotaje que fallan el estilo
de la malversación de fondos
no difiere un viernes 13 de un martes
cualquiera la justicia hace palabras cruzadas
el caballo de San Martín sigue en la plaza
parado en dos patas y no se cansa
y no se cansan las prostitutas ni los sacerdotes
ni el garrote de la policia a la salida de los boliches
ni las sirenas de las ambulancias no se cansa
el tipo que desde el lunes trabaja diez horas
diarias ni el diario de golpearte bajo.

Hoy viernes 13 quiero
viajar a Nepal en avión
porque no es dia de embarques
y casarme con Silvia
allá lejos
donde la superstición
no nos toque
aunque aquí
la mala suerte no exista.


PÁGINA 4 – ENSAYO

NO LES CREAS

Por Mónica Russomanno (Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

Hay gente que gusta de confundir, y utiliza argumentos banales, pueriles, pero que cavan un hoyo profundo en el subconsciente, pues apelan a lo más básico de las supersticiones y ese fondito tufiento que compartimos a nuestro pesar y en el que se mezcla un aroma a xenofobia, una cosita pegada que recuerda al racismo, algún animal muerto parecido al miedo ancestral a quién sabe qué cosa que no alcanzamos a nombrar.

Y estas gentes, con acceso a los medios, pagados por sabemos quiénes, explican la situación de miseria de los países de la América hispana recurriendo a capciosas fórmulas llenas de vericuetos y derivaciones confusas.

Explican con seriedad y exhibiendo títulos universitarios y doctorados o maestrías que los países de la pobre América de basurales y niños famélicos son consecuencia de siglos en que una confluencia de desgracias construyeron el desastre. Hablan entonces sin ruborizarse de la trata de esclavos, del regalo de las tierras a los latifundistas traidores, de una oligarquía poderosa apátrida que vivía en Europa y poseía los medios de producción americanos, hablan de gobiernos corruptos y de multinacionales corruptoras, de la CIA, del robo de materias primas, del bloqueo de los productos con valor agregado en el país productor, hablan de una organización de los países del primer mundo manteniendo su estándar de vida por la necesaria dominación del patio trasero. En fin, mezclan política, historia, sociología. Nos confunden, infiltrados estratégicamente en noticieros y documentales por la izquierda internacional, cuando la verdad es nítida, simple, y no es necesario transitar universidades para desentrañarla. Implican, además, una especie de confabulación de los blancos venidos de Europa para dominar a los nativos, lo cual es muestra de una discriminación abominable, los blancos civilizamos y acristianamos a los salvajes quienes nos desprecian por nuestro desvaído color de piel.

La revelación me llegó frente al televisor. Un hombre franco, agradable, bien vestido y correctamente afeitado y peinado, un señor de traje, a la vez confiable pero cercano, sin tanto título ni necesidad de validaciones mentirosas. Un SEÑOR, como dijera la Juanita, hombre cálido pero vehemente, explicó en dos o tres minutos el por qué de tanto sufrimiento, de tanta mortalidad infantil y tanta indigencia.

Haití es el país con mayor pobreza porque allí se practica el vudú. Porque allí se practica el vudú, seis palabras y se revela el sentido de cientos de años de tragedias y desgracias. En América Latina en general es donde se practica la santería. Y, allí vino la sonrisa cómplice, el tono de “pero claro”, subrayado por los brazos abiertos en cruz, el pastor nos dijo, nos hizo notar, que en Nueva Orleans es donde también se practica mucho la santería. Ni falta hizo nombrar a los negros o los morenos, que estaban implícitos. Hasta en EEUU, país electo por el Señor para derramar sus dones, hasta en la Gran Tierra de los Sueños, Bendita y Sagrada, hasta allí hay gentes despreciables que merecen ser castigados porque, como explicó con su enorme capacidad de clarificar los conceptos y verterlos a la gente modesta, los pobres son pobres porque lo merecen, se consagraron a Satán y Dios castiga su maldad y estupidez. Hasta que Haití no renuncie al Demonio, por ejemplo, seguirá sufriendo catástrofes.

Por eso hermano mío, cuando te sientas inclinado a estudiar en la facultad, cuando hables en el café con tus amigos, a solas con tu familia o donde sea, no cedas a la fácil tentación de las teorías y los estudios científicos. Las tretas de Satán son muchas y distraen de lo obvio, de lo que brilla y resplandece por su limpieza y sencillez. El pobre es pobre por malo y porque seguramente le gusta, sabemos de la necedad asociada a ciertas razas.

No podemos corregir el plan divino, no podemos arrogarnos el derecho de enmendar las acciones del Señor. A los pobres les compete la tarea de renunciar al Malo. Nosotros en nuestra impotencia no podemos hacer nada salvo abrir una cuenta en el banco, aunque sea pequeña, comprar a plazos la parcela en el barrio privado, debemos juntar las manitas y cantar aleluyas a nuestro (nuestro) Dios.


PÁGINA 5 – CUENTO

LA ÚLTIMA CUOTA

Por Pilar Romano (Corrientes-Corrientes-Argentina)
Cada sábado al anochecer, cuando aún temblaban manchas claras entre los naranjos, íbamos a la plaza para ver los casamientos. Nos sentábamos en uno de los bancos de la vereda frente a la iglesia y esperábamos a que llegara el primer automóvil con una novia; cruzábamos entonces la calle, casi corriendo, para ubicarnos junto al largo sendero embaldosado que iba desde la verja hasta la puerta de acceso al templo. Nos parecían reinas las novias, mientras avanzaban del brazo del padrino. Nos parecían reinas, aunque la parroquia no fuera de las más encumbradas y se casara allí tan sólo gente sencilla, Nos quedábamos hasta que terminara la ceremonia –siempre había más de una boda- para ver a los chicos que gritaban ¡padrino pelado! al padrino de turno, hasta que éste arrojaba monedas que ellos recogían como pollitos que picotean el piso.

Nosotras ya estábamos algo mayores para eso; en realidad nos sentíamos en una edad absurda: no podíamos hacer las cosas fascinantes permitidas a los adultos, como acostarse tarde, por ejemplo, y mezclados hombre y mujer, pintarse los labios, decir malas palabras en voz alta, tomar algo con alcohol, casarse... nada de eso, pero tampoco debíamos portarnos como niñitas.

En uno de esos anocheceres cariñosos de sábado, mientras esperábamos la llegada de la novia segunda, conforme a la agenda preparada por el Padre Silva, se nos acercó una mujer joven de aspecto tosco, que parecía haber estado llorando; nos preguntó entre dientes si habíamos visto entrar en la iglesia a “un tipo de traje blanco”. Le dijimos que no, justo en el momento en que ella levantaba la mirada para correr hacia una de las entradas laterales del templo, como si debiera evitar que por allí ingresara el demonio.

Espoleadas por la curiosidad la seguimos y vimos cómo tomaba desde atrás y por los hombros al hombre que, de impecable traje blanco, se dirigía hacia la puerta principal de la iglesia. “!Yo sabía que lo que ibas a hacer era casarte!”, le dijo luego de obligarlo a darle la cara. “¡Para eso quisiste que te planchara el traje blanco, porquería de mierda!” decía cada vez más furiosa. “¡Hasta te pagué dos cuotas del traje, porque me dijiste que ibas a ponértelo el día del bautismo del hijo de tu capataz, que te había elegido de padrino! Pero yo desconfié... “

El hombre de blanco parecía haberse quedado mudo. Tan sólo parecía intentar que los ojos no se le salieran de las órbitas, como si tuviera delante de sí una aparición de ultratumba. “Yo desconfiaba porque vos andabas saliendo mucho”, continuó la mujer. “Y al final no faltó alguien que viniera con el chisme, que no era chisme, después de todo”, fueron, más o menos, las siguientes palabras. En algún momento, el hombre pareció recobrar la voz y pudo decir algo así como “pero si te quiero a vos más que a ella; acordate que dejé a mi mamá vieja para ir a vivir con vos”. La mujer quizá se acordaba y lo lógico era entonces que peguntara porqué iba a casarse con otra. Tras un silencio fugitivo, el hombre dijo que se casaba porque la otra, que había sido su novia antes, estaba muy enferma, que iba a vivir muy poco; ese fue su fundamento, dicho casi en secreto, después de mirar hacia arriba y hacia abajo, como pidiendo ayuda a los dos reinos. “Además, tiene una chacra y de allí te voy a llevar verduras, huevos y pollos”, prometió con una sonrisa apenas hilvanada.
“Bueno, casate si querés… ¡pero el traje blanco que hace un rato me pediste que planchara no lo vas a lucir!” fue la respuesta de la mujer. Abrió un bolso grande que llevaba consigo y extrajo un frasco que destapó para derramar sobre el atuendo del novio un líquido oscuro y oleoso. “¡Ni a las velas te vas a poder arrimar, porque te vas a quemar vivo!”, le dijo antes de dar media vuelta y alejarse con una tranquilidad recién inaugurada que hasta la hacía aparecer más alta. Ya se había asomado la luna y su luz le danzaba sobre el cuerpo prestándole colores raros.

Por enterarnos de todo esto nos perdimos la entrada de la novia. Vimos, sí, la salida de la pareja. Ella nos pareció fresca como una azucena. Sonreía. No parecía sospechar que sus pollos y verduras habían sido moneda de canje, casi una dote. El novio era una silueta desgarbada, con una chaqueta oscura que le quedaba enorme, con las mangas que le cubrían las manos.

¡Padrino pelado! gritaron varias veces los chicos, pero el padrino no pudo arrojar monedas, porque salía en mangas de camisa. El saco blanco, que casi había dejado de ser blanco, quedó semi-oculto en la primera fila de bancos de la iglesia. Es probable que algún mendigo lo haya usado después. Y es más probable aún que el vendedor quedara esperando el pago de la última cuota.


PÁGINA 6 – NUESTRA POESÍA

Rubén Vela (Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

DEFINICIÓN

América sin el Arco del Triunfo.
América sin el David de Miguel Ángel.
América sin la Venus de Ampurias.
Nueva e intacta América
que ignoraba la locura de Paolo Uccello.

Porque cuando digo América
digo la América que cantó Pablo Neruda,
que cantó el cholo Vallejo,
que cantó Huidobro como un nuevo maldito.

Que cantaron los hombres
del tabaco y de la hechicería.

AMÉRICA

El hombre y la mujer
desnudos como el río
de las generaciones
y el pájaro embriagado
que lanza su grito jubiloso
hacia la aurora.

AMÉRICA

Allí, la tierra dio frutos
y el sol, hombres dorados.

Y una mujer y su ardiente camarada
trasvasaron el agua de diamantes
que corre de una a otra vena.

AMÉRICA

Alta luz del silencio
sobre la noche
tu mansa voz de luto
me desnuda.

Y es de nuevo América
un hombre partido en dos
una mujer asesinada
una larga memoria de violencias.

AMÉRICA

Llenándote de hojas de días
de horizontes navegadores
tu estatura me aniquila
tu aurora llagada
donde sólo la piedra permanece.

AMÉRICA

Un ropaje de incendios
festejando
el comienzo del maíz.

Su amor secreto.

AMÉRICA

Hombre
con su rima fácil:
el hambre de cada día.

AMÉRICA

I

¡Tontos, estúpidos, ganad su ira, torced
sus brazos!
¡Entonces, entonces, hombres de buena sed!
Ella os quiere así, ella es la esperada.


II

¡Pequeña de tanta muerte, un árbol de pan
nacía de tus labios!


AMÉRICA

Luna levantada, la noche te asusta.
¡Y esta impaciencia por atravesar la selva!
Lejano y ausente, tu nombre fortifica la ciudad.
Rama de voz, es la primavera.

AMÉRICA

I

Crecen las palabras sin su sentido más preciso. Es
necesario encontrar la clave del poema. ¿Dónde está
la belleza?

Surgen de pronto las frutas obligatorias: el melón, país
del verde más espléndido, la ardiente papaya y el plátano,
portador del beso crudo.


II

Y los dedos del agua salvadora: las pequeñas raíces y
el maíz silvestre; los saltamontes y la hormiga.

Y la llama y el guanaco y la vicuña, cada uno en sus
diferentes alturas.

Y el lobo y su pariente, el perro del desierto. Y el
puma, y la veloz lagartija.


III

Y en el centro de la noche, los toros salvajes.

AMÉRICA

"Esto es América", me decían,
mostrándome las altas cordilleras,
el suicidio del sol sobre los trópicos,
los grandes ríos furiosos.
Sólo vi pies descalzos,
criaturas americanas
sobre el hambre y el frío
como frutos desnudos.
"Esto es América". Sobre las tierras
indias del centro y del sur
vi desolación. Y, al borde,
las grandes ciudades opulentas, sólo
al borde...

AMÉRICA

El viento de la noche, para quien el hombre es un
desconocido; su furiosa soledad sin medidas.
¿Cómo eras, patria de mi patria, antes de llamarte
América?


Miguel Ángel Gavilán (Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

XXVII

Breve.
La línea sigue
horizontal
en el norte del parpadeo.

Vendaval de azul
en un solo lugar.

Lugar común.
(Horizonte
de párpados
al norte).

Tan azul como hace instantes.

XXVIII

Sería pues fácil,
(eso cree),
seguir al pasado con los ojos.

Armar la vida,
(cree),
tras cada recuerdo
y volver a lo que no se dice.

Sería mejor no recordar,
cree.

XXIX

Así.
De esos que miran.

De esos que resbalan los ojos
por zonas ajenas,
por territorios
donde no hay más
que lo imposible
del anhelo.

De esos que miran.

XXX

Hay una paz prestada
en el costado
de toda forma.

Hay,
(prestada),
una forma de la paz
en todo grito.

XXXI

Pacto de fuego.

Se repite en la mano cerrada

Pacto.
De fuego.


PÁGINA 7 – ENSAYO

ANTES Y DESPUÉS DE MARÍA ELENA WALSH

Por Fernando G. Toledo (San Martín-Mendoza-Argentina)

No hay en la historia de la literatura argentina una pluma como la de María Elena Walsh (1930-2011). Refinada poeta, activa polemista: era todo eso. Pero su lugar especial en este panteón está bien ganado por lo que es su costado más popular: el de autora (e intérprete) de canciones infantiles.
Canciones, estas, que conforman un universo literario único, de un nivel lírico pocas veces alcanzado en autores que quieren hablar para niños y muchas veces lo hacen como lactantes. María Elena, en cambio, no hizo más que escribir para niños como lo que era: una poeta, ante todo. Y por eso sus poemas (luego, canciones) están repletos de hallazgos estéticos, de métricas precisas, de giros poéticos acordes con el nivel de su talento.
Quizá esa sea la clave para que la potencia de sus creaciones, pensadas para el público infantil, hayan calado hondo en tantas generaciones. Desde sus inicios, a dúo con Leda Valladares, sus versos y sus personajes se instalaron en la cultura argentina, y mucho más allá de las fronteras de nuestro país.
Detenerse en cualquiera de sus canciones para niños, ir más allá de cantarla como la canta cualquiera para quien esas canciones hayan formado parte de su infancia, representa un verdadero descubrimiento de todos los pliegues de las mismas. Veamos, por ejemplo, la “Marcha de Osías” y estos versos:

«Quiero todo lo que guardan los espejos
y una flor adentro de un raviol
y también una galera con conejos
y una pelota que haga gol».

Allí se combinan la vena romántica e intimista del primer verso con el efecto surrealista y juguetón del segundo, para acabar con una alusión tan asequible como inocente en el último de estos cuatro.
En la más célebre canción, “El reino del revés”, María Elena consigue un efecto particular: celebrar la fantasía más absurda, propia de los juegos imaginarios de los chicos, con la fuerza de una alusión capaz de encerrar una verdadera radiografía de los vicios de una sociedad:

«Me dijeron que en el Reino del Revés
nadie baila con los pies,
que un ladrón es vigilante y otro es juez
y que dos y dos son tres».

La poesía a veces llamada «para adultos» de la autora es de un enorme nivel, y sin embargo, a pesar de haber recibido elogios célebres (de Juan Ramón Jiménez, de Jorge Luis Borges), no tuvo la influencia de sus otras creaciones.
En cambio, la literatura infantil en español, en especial la lírica, tiene en esta escritora que murió el 10 de enero, una bisagra insoslayable. Hay un tiempo antes y un tiempo después de María Elena Walsh, y todo aquel que vaya a escribir o leer pensando en los chicos lo hará, sin dudas, bajo la luz de su obra.


PÁGINA 8 – CUENTO

PUESTA EN ESCENA

Por Alicia Fontecilla Aravena (Santiago de Chile-Chile)

I.

Trató de concentrarse mientras inspiraba profundamente. Algo se le escapaba,
no lograba introducirse en el espíritu del personaje. Volvió a repasar el guión. No era su primera vez, ya había tenido que representar a un asesino anteriormente y con excelentes resultados, solo tenía que dejar salir tantas sombras que le bullían por dentro. La pasión y la ira cobraban vida de manera intensa en su rostro anguloso de rasgos tallados a cuchillo, en los ojos negros de mirada incisiva, oscurecidos por siniestras ojeras, resaltadas diestramente con el maquillaje.

Poco a poco lo invadió el desaliento que estos últimos meses se había vuelto habitual. Suspiró mientras los pensamientos que trataba de evitar a toda costa lo sumían en una espiral de angustia. No pudo dejar de recordar los sacrificios que había hecho por dedicarse a su profesión. Cuando tuvo que decidir, siempre había optado por su carrera, dejando de lado el amor y la familia.

Cuando la depresión parecía alargar sus garras, destrozando la última partícula de voluntad que le quedaba, una idea salvadora acudió a su rescate ¿Cómo no se le había ocurrido antes? La manera más óptima de introducirse en el alma de un personaje, era conociéndolo en persona. Tendría que investigar de qué forma podría entrevistarse con algún recluso que estuviera purgando condena por asesinato en la cárcel.
Con el tesón y la maña que lo caracterizaban, consultó canales regulares y no tan regulares hasta conseguir su objetivo. Al término de tres semanas se las había amañado para concertar la tan anhelada cita.

Al enfrentar al presidiario, le llamó fuertemente la atención el gélido azul grisáceo de los ojos, que proyectaban una mirada de penetrante frialdad. Cuando le expuso el motivo de la entrevista, el asesino esbozó una mueca que podría haber parecido una sonrisilla irónica, pero su respuesta fue amable.

El tiempo transcurrió lentamente. Su idea original de que iba enfrentarse con un hombre rudo, un sangriento homicida, se diluyó ante la inteligencia y educación de la que hacía gala el recluso, el que parecía más bien un intelectual universitario que estuviera pagando las culpas de otro en ese lugar.

A medida que los días pasaban, se producía un fluido intercambio de información entre los dos. Averiguó muchas cosas de la vida pasada del hombre, su familia, su infancia, el delito que había perpetrado y que le había valido el castigo de cadena perpetua. Se enteró que, para aligerar el aburrimiento crónico de las horas vacías en la cárcel, se dedicaba a diversos estudios, entre otros, había leído varios textos sobre ocultismo y magia negra, que había encontrado muy interesantes.

Sutilmente el asesino le sonsacó, casi sin que se diera cuenta, muchos detalles
sobre su vida, su carrera como actor, su familia, la que, después de la muerte de su padre, era casi inexistente: se había divorciado y la relación con su hija era tirante. En ocasiones, cuando el ciclo depresivo lo hundía en la negrura más espesa, pensaba que nadie lo echaría de menos si muriera.

Cuando llegó el último día de visita, al levantarse de su asiento para despedirse, el asesino le ofreció amistosamente la mano derecha, que permanecía encadenada a la izquierda, y, aunque sabía que no debía hacerlo –le habían advertido sobre la prohibición del contacto físico- no quiso parecer reticente ante este hombre que le había prestado una ayuda tan valiosa, alargó la suya emulando ese gesto fraternal con que el ser humano ha manifestado camaradería desde el principio de los tiempos.

Cuando sus dedos hicieron contacto, el homicida le sujetó fuertemente la mano, en ese instante el actor sintió como si una descarga eléctrica lo recorriera de extremo a extremo, distorsionando la realidad al tiempo que la respiración se le agostaba en un silbido de urgencias. Su cerebro comenzó a ser invadido por una densa neblina, mientras su cuerpo convulsionaba. Se horrorizó al ver que el asesino se inclinaba sobre él succionándole vorazmente la mente a través de los fríos ojos azules que le perforaban el alma.

Todavía le quedaba un hálito de conciencia cuando el guardia carcelario le propinó un brutal golpe en el cráneo. Alcanzó a levantar las manos, unidas entre sí por una gruesa cadena, en un instintivo e inútil gesto de autoprotección, antes de caer sin sentido al suelo.

II.

Una semana después, el día transcurría con lentitud en las salas de enfermería de la cárcel. Al lado de una ventana protegida por gruesos barrotes, un hombre encadenado a su cama gemía y se retorcía de manera alternada. Tenía un grueso vendaje en la cabeza que le cubría parcialmente el rostro.

Sin mostrar mayor interés, la enfermera a cargo lo vigilaba displicentemente, mientras seguía al detalle la noticia que entregaba a esa hora la televisión: se había producido un extraño incidente durante una función de teatro, al parecer, un actor que debía encarnar a un asesino había utilizado un arma verdadera, en vez de la pistola de utilería que le habían entregado, provocando la muerte del protagonista de la obra. Posteriormente se había dado a la fuga y toda la policía lo estaba buscando.

Un gemido que fue casi un grito llamó la atención de la enfermera, se acercó
con cautela al prisionero que abrió los ojos desmesuradamente fijándolos en la pantalla de la televisión, la mujer se asustó ante la expresión de absoluto terror que detectó en su mirada. Súbitamente, el monitor cardíaco comenzó a emitir un agudo y angustioso chirrido que tomó por asalto el antiséptico silencio del recinto asistencial.
Apartándose con rapidez, la enfermera apretó el botón rojo de emergencias.

Pero ya era demasiado tarde para el hombre encadenado. Cuando el equipo
médico se hizo cargo, el cerebro tableteaba sus últimas pulsiones eléctricas,
boqueando como pez fuera del agua por falta de oxígeno, mientras el alma se le deslizaba a borbotones fuera del cuerpo. Finalmente desconectaron las máquinas y el silencio volvió a imponerse bruscamente en la escena.

Tarde en la noche, cuando el cuerpo del presidiario se enfriaba en la morgue de la prisión, la enfermera, al ordenar las fichas se topó con la del fallecido. Al revisarla se sintió confundida: estaba muy segura de que el hombre que acababa de morir tenía una mirada profunda y oscura como noche sin luna, sombreada aún más por las violáceas ojeras que le endurecían el rostro. Pero en los antecedentes que acababa de leer se indicaba que el recluso tenía los ojos azules.

La mujer reflexionó unos instantes ante esta paradoja, pero, sin ahondar demasiado, se encogió de hombros, y devolvió los papeles a su lugar, lo más probable es que hubiera habido un error en el ingreso de los datos. Encendió nuevamente la televisión, no podía perderse su telenovela favorita que comenzaba a esa hora.


PÁGINA 9 – POESÍA ARGENTINA

Clementina Rossini (Vértiz-La Pampa-Argentina)

VIVIR

Vivir es esperar
los roces de otoño
con los brazos
dispuestos al sol
y guardar para el frío
un rayo de luz.
Vivir es aferrarse
con las dos manos
a las tablas que flotan
después de un naufragio
y seguir a los pájaros
que siempre regresan.
Es caer y levantarse
y volver a caer,
con la osadía de los tenaces
que insisten en nuevas cruzadas.
Es saber mirar los rastros,
tenues o profundos,
que van quedando atrás
de nuestra sombra.
Vivir es el riesgo
de todos los días,
aunque para beber de los frutos
laceren espinas.
Vivir es la espera continua
que vale la pena
si se aguarda de pié.

EN LA MEDIA LUZ

El afán de conquistar sueños
concibió encantos, para arropar el alma
en cada despedida, pero olvidó
que la soledad no sabe de encantos.
Fomentó sonrisas para suavizar congojas,
aunque las congojas tuvieran causas.
Agitó abalorios tentadores
para seguir viviendo de la mejor manera.

El afán persiste a pesar de los inviernos,
y en el nido de las modorras
descansan las utopías que se filtraron
cuando las madreselvas
despertaban todos los días
con desafíos diferentes.

En la media luz que se proyecta
entre el afán y los sueños cumplidos,
aguardan pacientes marionetas
el momento propicio
para desplegar sus velos de esmeraldas
sobre los deseos que aún esperan.

ADVERTENCIA

¿Cómo te diré que no hay testigo
que pueda perpetuarse
en un espejo sentenciado?
Que el Edén, que soñaste sostenible,
se convertirá en un páramo
de cenizas.
Que en la redondez, donde echamos a rodar
nuestra pretensión de eternidad,
quedará sólo el mármol
sobre las arenas blandas
y nada más.
Que el agua del río, al que nos asomamos
con la intención de proyectarnos,
puede estancarse
pero nuestro perfil se borrará
cuando se enturbie.
¿Cómo podría decirte que un día
iremos hasta donde mueren los pájaros?
Cuando llegue la hora
no podré darte ninguna señal.
Cerraremos los ojos
y partiremos juntas.
Después seremos polvo. Pájaro.
Otra existencia.
O nada.


Graciela Maturo (CABA-Buenos Aires-Argentina)

NAVEGACIÓN DE ALTURA

Una brisa en el alba;
ala celeste del misterio
El aire transitaba los cuartos con olor a madera
llamaba a los que habitan más allá de sus huesos.
El rocío mojaba mis cabellos.
El alma sin edad se confiesa
con los tréboles húmedos de la madrugada.

Ciudad, viscosa, fría,
poblada de muchos rostros y ninguno.
Aullido de la ciudad-desierto,
esquinas sin albergue
Ciudad sin centro, condenada a morir
bajo el diluvio.
Ciudad enterrada ya en el lodo animal
con puertas de oprobio y olor a goma quemada.
Ciudad clausurada y sin ventanas a lo alto
calles por donde ruedan papeles amarillos
y suenan las pisadas oscuras y sin nadie.
Gemido de la ciudad sin fuego.

Sol que resides en las amapolas
desnuda esta neblina.
Silba en la oscuridad una serpiente
llamada tiempo
con su pecho de abismo
ávida de la vida y de la muerte,
Silba y avanza, ciega,
destrozando pájaros iniciales.
formas del mundo.
Muerde en la carne de la verdad
en el tejido resistente de la luz.
Cae el bello dibujo de la hoja verde

El ruiseñor cantó en su noche
ciego
Frío lo halló la alondra en el amanecer
El corazón corrige al tiempo.
Desencuentro de los amantes
La alondra y el ruiseñor cantan unidos
en una aurora nueva.

Miraba yo las palabras en el fondo de un cubilete.
Con inocencia ponía a andar el lenguaje.
Quería recoger gemas ocultas bajo el follaje de los
parques.
El día ya termina y el viento sopla.
Los niños se reúnen junto a una estatua ciega.
Hora de soledad y de guirnaldas rotas.
Venga a nosotros el sueño.
Soñar es encontrar el bello reino de la muerte.
Amar el ruido del mar que se desvanece en el alba
recobrar lo perdido.
El día ya termina y las olas rompen con fuerza
sobre los altos muros.

Desnudos, despojados, desvalidos
mendigos de la luz
cuidadores del fuego.
Nos diste el mundo desde tu palabra.
Eres el árbol del que me alimento.
yo también soy el árbol.
Tu rostro se esconde en el follaje.

Corona, inteligencia, sabiduría
por la Belleza avanzo hacia el Reino.
No me abandones, geometría de amor.
Después del sexto día comerán juntos el lobo y el cordero.

Un árbol resplandece en su jardín de hielo.
El agua forma estatuas.
Se ha detenido el río.
El presente ha tallado flores de piedra dura.
Atrás ha quedado el silbo del viento
y su hermana doliente, la nostalgia.
Ya no suena el gemido del abandonado en su noche
ni violetas de frío se posan en su mano.
Una llave de oro
abre los palacios de la música viva.
Ahora puedo mirarte sin llorar.

En qué rama del Paraíso
en qué balcón de otro mundo
canta el zorzal que vuelve
un día y otro
para decirme un canto que conozco.
Desde dónde hacia dónde va ese canto
o es que viene hacia mí para decirme
que una nube se acerca
y llaman por mi nombre
en otro amanecer
en otra rama.


PÁGINA 10 – ENSAYO

ARGUEDAS EN EL RECUERDO

Por Rosina Valcárcel (Lima-Perú)

Hacia 1964, ya había empezado el movimiento guerrillero: Javier Heraud había sido asesinado por la policía en Puerto Maldonado en 1963. En las elecciones gana Fernando Beláunde. Un atardecer visito la Casa-Peña Pancho Fierro, me conducen Gladys Basagoitia y César Calvo, creo... ahí lo conozco a Arguedas, cerca de las hermanas Bustamante, me cae rebien... sencillo, agradable y acogedor. Ese año renuncia a la Casa de la Cultura. Asume la dirección del Museo Nacional de Historia. Viaja a México, el país de mi infancia. Es profesor en la Universidad Agraria de la Molina. Publica “Todas las sangres”. Dicta en San Marcos: “Culturas regionales comparadas”.
A los meses de ingresar a San Marcos, en la ciudad universitaria en los pasillos de letras lo abordo cariñosa, él, igual, muy cálido..., tierno, entre otros puntos me pregunta: ¿qué vas a estudiar?--yo, respondo:--sociología, pues papá dice que Perú requiere de sociólogos para transformar el país... –J.Ma, medio molesto, dijo: --¡no! Estudia antropología mejor, estarás más cerca de la literatura, ¡tú eres poeta...! Y, gracias a él ocurre un giro en mi vida universitaria... en 1965 se divorcia de Celia Bustamante. Publica “El sueño del pongo”, poesías y numerosos artículos.
Posteriormente, en forma libre escucho algunas de las clases magistrales que dictaba en la escuela de antropología (al lado de la vivienda universitaria). Ahí puedo escucharlo hablar de los mitos andinos, ¡qué delicia! Un mediodía bajo el vapor del otoño me dijo: --si sigues interesada en la mitología andina te invitaré para que seas mi jefe de prácticas… yo con mis breves años temblorosa salto de emoción.
Ocurren diversos hechos en el interín. En 1966 el primer intento de suicidio. Traduce “Dioses y hombres de Huarochirí”. Viaja a Argentina y a Chile. Concluyen las rebeliones guerrilleras: caen Máximo Velando y Guillermo Lobatón, entre otros. Hugo Blanco es condenado a 25 años de cárcel. Se agudizan los conflictos con la IPC. En 1967 dicta en San Marcos: “Estudio de la cultura peruana en la literatura oral y escrita”. Asisto a algunas clases como alumna libre. Se casa con Sybila Arredondo. Publica “Amor mundo y todos los cuentos”. En 1968 recibe el premio Garcilaso de la Vega. Viaja a Cuba como jurado del concurso de la Casa de las Américas. Belaúnde firma el Acta de Talara con la IPC en medio de múltiples protestas. Juan Velasco Alvarado da un golpe militar y empieza la “revolución peruana”. El gobierno se define como “humanista, socialista y cristiano”. 1969 cuatro viajes a Chile. Correspondencia con Hugo Blanco.
El 27 de noviembre tengo un sueño largo y extraño. José María está caminando sobre la tierra rodeada de flores lilas y blancas, madreselvas y eucaliptos. Él se echa sobre ella mirando el horizonte, asoman insectos feos y lo atacan, yo trato de defenderlo, pero no puedo. Él cierra los ojos silbando leve una tonada familiar y cae a una quebrada… la tierra se sacude…grito desesperada. Al rato despierto transpirando. Al día siguiente recibo la infausta noticia: el maestro se ha disparado un balazo en la sien. Esperamos el desenlace anunciado. El 2 de diciembre partimos hacia la Universidad Agraria. Movilización general. Están Sybila de luto sobrio, Carolina, su hija, los músicos Jaime Guardia, Máximo Damián, los danzantes de tijeras, intelectuales amigos, Rodrigo Montoya, diversos profesores, colegas, jefes de práctica y discípulos suyos. Hay antorchas prendidas, hay velas que iluminan la noche. Música andina. No comprendo, tengo cólera, impotencia, soledad, si habíamos congeniado, nos apreciábamos él y yo, si nos unían tantos anhelos, si su obra era lo mejor escrito en nuestro país. Ahora sus ojos dónde estarían, qué estrella hurtaría sus sueños. Esta mañana desperté. José María estaba ahí cerca enseñándome sus manos.


PÁGINA 11 – CUENTO

AMANECERES
A mi padre, en memoria

Por Jorge Isaías (Los Quirquinchos-Santa Fe-Argentina)

En algunos amaneceres de entonces, que eran a cielo abierto, y muy alto allá donde mi gozo abismaba los pájaros, fuimos posiblemente los últimos felices en este planeta girador, sin sentido.

Cuando escribo que los amaneceres eran altos, muy altos, estoy diciendo que esa altura derrotaba el rocío y el que caía en los pastos lo pisarían caballos tan briosos que atravesaban el alba con sus cascos brillantes que mi abuelo cortaba a formón y martillo y le daba un toque fino con una lima de acero.

El mismo acero que Agustín Pessi usaba para sus hermosos cuchillos a los que agregaba un mango de hueso claro con vetas bellísimas de surcos oscuros.

¿Dónde había aprendido este hombre el arte de embellecer esos cuchillos que no hubieran existido sin su mediación entre paciente y mimosa?

Fue el proveedor de mi padre de todos los cuchillos que vio pasar mi infancia. Cuando mi padre les mostraba orgulloso a las escasas visitas que pasaban por casa, decía:

Me lo hizo el "Ñato" Pessi: un maestro y agregaba en un tono que nunca supe si era veraz o una de las pocas ironías que se permitía: Opino que un asado cortado con cuchillos sin filo no tiene el mismo gusto que el que se corta con un buen cuchillo. El, si le daban a elegir cuchillos, prefería la marca Arbolito o los que llevaban la firma alemana Solingen.

Mi padre podía hablar en ese tiempo largo rato sobre la solvencia de un buen cuchillo, de su filo y su peso "que debe ser justo", porque un cuchillo liviano no sirve y uno demasiado pesado, tampoco, decía en tono sentencioso. Y cuando uno le inquiría sobre el método a seguir, sonreía apenas y decía que era una de las formas de saber ser "baqueano" -es decir, experto en esas cosas que no se aprenden en la escuela y que no había un método, solo experiencia acumulada pero con inteligencia. Tenía una sola virtud mi padre en ese tiempo, y era la de dar un pronóstico de lluvia. Rara vez se equivocaba, y luego de la lluvia cuando comenzaban las discusiones por los milímetros caídos y nadie se ponía de acuerdo, todos decían "Hay que esperar a don Santos". Mi padre tenía un termómetro que el mismo había fabricado y que había puesto sobre un poste de ñandubay al final de la quinta.

Cuando a primera hora de la mañana (si la lluvia había sido de noche) se iba a tomar una ginebra al boliche de Giovanelli y se le preguntaba, él, tal vez un poco teatralmente, tal vez inhibido del papel importante que le concedían sus copoblanos, tomaba un primer sorbo de tan espirituosa bebida, carraspeaba un poco y daba su versión, que siempre era infalible.

Cayeron 37 milímetros y se zanjaba toda discusión anterior. Antes que llegara todos lo estaban esperando porque cuando no se ponían de acuerdo (a veces la diferencia eran de 2 milímetros o menos) y se enardecían los ánimos, nunca faltaba el prudente que levantaba la voz y decía:

Hay que esperar a don Santos.

Mi viejo tenía un par de otras virtudes hoy muy raras: no mentía nunca, aunque eso le costara un dolor de cabeza. No vi en mi vida en un ser tan falto de tacto. No hubiera servido para la diplomacia. La otra era no dejar nunca de pagar una deuda aunque no comiera por ello.

La honestidad es el único capital que tengo, decía.

Conmigo nunca habló de cosas de la vida que mí me hubieran servido. Era hosco, seco, concluyente y autoritario. Pero predicaba con el ejemplo.
Curiosamente, o mejor dicho, no sin asombro escucho a mi amigo Miguel Compañy confesar que él buscaba en su adolescencia el consejo de mi padre. Y él, mi amigo me dice que confiaba como en un oráculo en don Santos Isaías. Porque me dice, "cuando tu viejo no sabía darme respuesta me lo decía de frente".

Tigre, yo de eso no sé nada.

No dejo de reflexionar lo raro que fue este hombre, digo, mi padre, porque con sus hijos era hosco, hablaba lo mínimo y nunca de cosas que de verdad me interesaran, y sin embargo era para mis amigos algo así como un consultor a libro abierto.

Yo comencé a escribir sobre los amaneceres de entonces si creen que me desvíe para contar algo sobre mi padre, se equivocan ese relato sobre la vida de mi padre es una deuda, y él, Santos Luis Isaías como gustaba decir, era ducho en amaneceres. Y él podía contar todos los matices que veía en esos amaneceres altos, cuando enfrenaba el "nochero" y lo montaba para traer del potrero los ocho caballos para el aradito de entonces, que irían atados para arrastrar esos dos o tres discos para roturar la tierra, en ese arado que aprendió a manejar muy rápido, con diez años apenas, ese arado que seguía una nube blanca de gaviotas y algunos teros gritadores. Las rejas al dar vuelta la tierra dejaban al descubierto los bichos del subsuelo: lombrices, isocas gordas y blancas que eran el manjar de toda ave que anduviera en el aire.

Toda esta belleza que la siembra directa sepultó para siempre.

Hablo de un tiempo en que con sólo llegar a los tamariscos de don Juan Peralta uno podía ver de qué laguna levantaban vuelo esa bandada de garzas.


PÁGINA 12 – POESÍA ARGENTINA

Beatriz Basile (CABA-Buenos Aires-Argentina)

REGRESO

Aquí estamos, memoria de la noche,
solas tú y yo, volviendo del pasado.
Ha muerto el corazón, la entraña ha muerto,
el juego de la niña, la locura y su ardor.
Aquí ha sido el naufragio, la embravecida tempestad,
la sal de los exilios presentidos.

Cayó el telón y el público no aplaude.
Solas tú y yo.
Protagonistas de una obra inconclusa.
Hiere tu voz, tu quejumbroso
andar sin muletas ni sillas.
Acaso tú o yo, juguemos esta noche
la partida del nunca y con asombro nos miremos
y cantemos la nana que acunó nuestro tiempo.
O tú o yo en la escena vacía.
O tú o yo tejiendo y destejiendo
viejos adioses y fingidos encuentros.
Todo cansa al viajero, la ruta repetida,
la sirena del tren, los rostros enterrados,
la llegada y la huida.

Todo cansa.
El promiscuo desierto,
el arroyo encantado, el verde por nacer.
¿Quién nos ha dado lumbre?
¿Quién colocó en la boca el manjar más deseado?

Cuartos de hotel con números borrosos,
la solitaria mesa, los libros ya leídos,
el laberinto de caminos que conduce a la nada,
al mismo, alucinado transcurrir.

El viajero se cansa.

No hay gente en el teatro.
No hay luz en la ficción.

El juego ha terminado
y nos traga la noche y el viento nos convoca
y la vigilia burla los párpados hinchados,
el torbellino de la fe, la mueca de la duda.

Es hora ya.

LUNA DE AGOSTO

Todo este tiempo, ceniza entre las manos,
lava de antiguos mundos.
Todo este tiempo…
Mi lento acontecer en el murmullo de tus labios,
el vértigo abismal del instante perdido.
¿Qué monstruos agitaron las aguas del principio?
¿Qué extraño signo labrado a fuego en el revés
de las antiguas calmas?
Oh, destino de hidras atándome los pies.
Oh, mar de siete bocas quemándose en la orilla.
Verdugo y presa arañando la sombra
y el no saber entre las calles grises y el último
café que nos detiene en el costado herido.

Todo este tiempo donde los muertos llaman
y la mirada seca no responde a las voces.

Todo perdido.
La niñez que acuñamos en los espejos del mañana,
la hembra que bebía el sol de los deseos,
la soberbia del siempre y los gorriones del otoño.

ALGUNA DESPEDIDA

Todas las estaciones, los puertos recostados
en los morosos días,
el anodino mundo de las calles,
la sed de la inocencia mancillada…
Todo el amor que no sentí,
las torres de Babel donde oculté los espacios de luz,
la flor de las esquinas esperando mi paso,
el cuerpo del amor, infinitud de formas asomando al espejo.
Todo se encuentra aquí, cuando la noche
me recuerda los viajes
y los mares me huyen y el cielo se desploma.

Hombre mío, mujer que fui cuando tu cuerpo me brotaba,
hermanos puestos en mi vida, padres que amé
en la infancia del pan gozoso y las calientes uvas,
hija que abrió mi entraña y me empujó a nacer
en esa otra dimensión, amigos que me hicieron:
éste es el final, ésta es la herida.
La embriaguez del ocaso se hace carne en mi carne.
Desde la torre, avizoro los barcos, la luz de otras orillas,
ciudades que me piden el regreso.
Y aquí estoy, encendiendo la llama, como si fuera
el primer hombre en el día primero,
para calmar la tempestad, para imitar al sol,
para crear al mundo, la cifra de mi nombre,
para incendiarme en el abismo y volver a nacer.

EL PEZ MULTIPLICADO

El pez multiplicado
en los ojos del cielo.

Echa tu red y regresa a la casa
donde arde el fogón.

Tu piel salitre, solar,
de mar curtida, viejo marino,
sabe del pez.
Se escurre cuando quieres atraparlo.
Asoma en luna llena
su impasible mirar, su antigua cara acuosa
que otea tu camino, tu ruta de naufragios y de muertes,
acecha, sigiloso, un nuevo amanecer.

Espéralo en la quilla de tu barca,
en la roca más firme, en la alta marea.

Al pez multiplicado.

TREGUA

Y el pescador otea un horizonte
más allá de la niebla,
de la sombra que de tanto apagar
se ha hecho carne en su carne.

Sabe del mar, de su furia y su abrazo
de los nombres que llevó la marea.

Un horizonte donde anclar la desmesura
de vivir, la sed de otras palabras,
la enceguecida cacería del silencio.

No ya el ardor de misterios sellados
en naufragios y puertos, en casas
arrasadas, en el olvido de la tregua.
No ya los ojos ávidos de luces.

Apenas una pequeña paz esperando en la orilla.

MANOS

Qué locura tus manos
despellejándose, comiéndose a sí mismas,
con líneas de victorias y quebrantos,
cerrándose al dolor, preparada a los golpes.
¿Será que nunca amaron, que no supieron
de la piel abierta al sol y a la caricia,
que nunca dieron, que cerraron las puertas
al llanto del mendigo, al reclamo del justo?

Qué locura tus manos que fabricaron
armas y silicios, que mataron a Abel,
que encendieron hogueras y clavaron puñales.

Las vi firmar matanzas sosteniendo la Cruz,
las vi segar las vidas en Armenia,
en los campos de Auschwitz,
las vi ocultarse en Hiroshima,
renacer en Irak.

Qué locura tus manos que huelen fetidez,
que se secan, que tiemblan
ante el campo de trigo, que temen
a las rosas, que huyen de la luz.

Tus manos, que sólo hacen el odio


LENA

Nací en el alba que nadie pronuncia, que nadie cuida,
debajo de un fresno
con sus muertos colgantes y amarillos.
Canté.
Canté para ahogar el terror,
canté para mí misma
la elegancia de un mundo que huía
y que temblaba.
Supe de quien corrió entre las tumbas:
era tu niña del despojo.

Entonces, ocurrió el prodigio.
Aprendí a beber el sol
que nace de los vasos vacíos.

VILLIERS DE L´ISLE ADAM O JAURIAS EN EL CALABOZO

Llegas a la casa del dolor, aun habiéndola ignorado,
con los brazos abiertos en súplica de cruz sanguinolenta
a las mentiras de dios o del demonio.
Han de caer las palabras como el trueno,
las brillantes, las hostiles, despojadas, miserables
en el corazón que sufre y no pronuncia.

Hubieron sido escritas para el banquete de una noche sola
en que vuelve la vida a hacerse inmensa
bajo un sol invisible,
allí donde cantar es una ceremonia admirable.
El grito cava un pozo para tantos colmillos
que no deben ser desenterrados por ningún visitante.

A mi sombra la extienden como un mapa del sudario
que envejece a quien lo mira.
Continuamente me beben y no hay reposo.
Me comen y soy las tripas y menos quizás.
El hambre aúlla, no canta.
¿Dónde el frío?

Este frío aúlla, no canta de la mansión el balbuceo.
¿Dónde el hambre?
El hambre y el frío borran con su música perdida
la piel del que se va.

ES IMPOSIBLE LA CEGUERA EN ESTA CASA

...la leña y el agua lustral
Odisea, III, 429

Pantomima en la calle ardida de este mundo.
Elipses de la mendiga de Dios.
Ojos que son árboles, ojos que son vestidos,
Ojos de Anne Bradstreet tan incendiados,
demasiadamente ojos.

¡Así tigre puedes reír de la artimaña!
Las corolas se cierran al atardecer,
la escarcha va floreciendo desde abajo
mientras vuela una monarca en el bosque de abetos,
y veo las voces -ancladas- al fin
en un desierto de sal:
Es mi último día de la creación.

¡Así Cristo puedes reír de tu infierno!
La noche inmensa trasluce con su brillo,
deletrea una nube en la gota de sangre.
¿Pero qué escribe entonces la desnudez
de la tormenta en el dédalo de tu herida?

Todos los lobos golpean estos vidrios.
En el estanque muere el pequeño leviathan
con que jugaran los hermanos.
¿A qué fluír en la cuchara
el verde jarabe que se esfuma?
Todas las tigras ocultan el fruto.

Divina tiniebla,
es imposible la ceguera en esta casa,
es decir en este río,
agua que carcome y nutre, fascinadora de intemperies,
todopoderosa en la hierba marchita,
agua que estalla y sopla por tu sangre,
velamen oscuro en un ala tan fosforescente.
¿Desearía ella ser también la noche?
¿Reclinaría su música hasta el rocío?
Agua de los días por venir.

CARAVANAS DE PARACELSO (1533)

Entras corriendo al alba
como a un bosque largamente esperado
por quienes precedieron tus pasos
al inmenso hervidero de la lejanía.
Ya no son visibles las máscaras
del viejo durmiente de ojos abiertos
testimoniando el encierro guardián.

Contra las enredaderas moradas de la pena,
pregunto en nombre del fuego interrumpido.
¿Y qué galopa por su epidermis,
cuando estalla la escalofriante luz
consumida en cenizas de palomas y corderos?

Vuelven a pagar por lo que matas,
¡a pagar el precio sacratísimo de la milagrera
escrutando luz, escrutando muerte!

Cuando el grito se asfixia en un descuido,
me alarma la ficción de no estar en el reflejo.
Harina agujereada por altas tempestades,
escuadrón de traidores deslizándose en mis venas,
Alejandría aunque huesos:
¿qué juguetes no armará con un triciclo roto
la tela incompleta de su demolición?

APOLONIO DE TYANA

...y el agua es para mí como la tierra firme.
Poema egipcio del siglo XIII A.C.

Sobre el vasto desierto ha descendido un cántico estremecedor.
Todo el ultraje ya es palabra del pasado.
¿Qué abismo de sabiduría persevera hasta el erial
en que comen y beben de esta sangre?
¿En qué muro viste crecer la enredadera amarilla
que ahoga al prisionero amaestrado
bajo tantas clausuras?
Yo te traigo la joya de una progenie espantosa,
una suma de pétalos agrios, la ilusoria melodía
que sólo el jaspe reconoce.
Me asomo a la minúscula entrada.
Oculta como una breve fisura entre la niebla y el crimen,
miras la rosa azul inexpugnable,
la migratoria flor de Judea
que tus ojos deshabitan donde no me retengo,
y que inmolo con todo el luto de mi especie.
Lo increado ampara la destronada mansión en que sueñas.
Las criaturas hubieron de desprenderse del fruto enardecido
hasta purificar la muerte en esa eternidad de un solo instante,
eternidad, mi eternidad, vieja ráfaga ebria
subiendo en este pozo de las maldiciones.
Así quisiste el secreto:
suspendido entre los vahos de la pócima letal,
chocando contra las trampas de la perduración.
Un sudario de crines dejas a tu paso.
¿Quién horada hasta el eco, interroga
a su aviesa agonía con fábulas de amor, tan sólo súplicas?
Las caravanas se detienen.
Zumban abejas en la boca del druida.
Nadie enciende candiles para mí en el refugio
de crepúsculos y noches que son la Historia.
¿Cuándo el vítreo final, la engañosa bandada
de colibríes sobre el cuerpo yacente?
¿Y aquellas feroces dinastías de mi visión,
esculpidas con la certeza de las lluvias de Urduk?
¿Fue feliz el que estuvo?
¿Era mi cuerpo un lenguaje anterior a la palabra,
o apenas el héroe vacilante -pantera sortílega-
entre los hierros de su prisión a solas?
Nadie se aleja ni espera por mí, por él, por el que fui
antes que dios,
antes que el remotísimo esplendor
de una corona sepultada en la hierba.


Esteban González (Puerto Tirol-Chaco-Argentina)

I

Ya no escribiré más sobre el amor
harto de rimas sin rimas
y verso libres sin libertad
me pide que lo viva.
Que sienta el vuelo de una mano recorriendo
mi pesada humanidad,
que naufrague en los perfumes extraños
del cuerpo abatido
y sienta la sal de una gota de sudor
que rueda sobre una almohada.
Para poder volver a escribir
deberé reconocer una boca entre mil bocas,
impacientarme con las ausencias,
reconocerme animal en acecho,
fiel en sueños y despierto.
Con la tentación rondando mi cama.
Hambriento, sediento, más animal aún.
Para volver a escribir sobre el amor
Debo amar sin lápiz y papel
...debo sentirlo, encontrarlo, seducirlo
dejarme seducir como alguna vez...

II

Hace tanto tiempo que busco
reconciliarme conmigo, contigo,
y no me encuentro.
Estoy lleno de zonas oscuras
por donde no puedes transitar
y el recuerdo es una deuda pendiente.
Hace tiempo que busco
reconciliarme conmigo, contigo.
Perdonarme. Disculparme.
Saldar las cuentas que me debo,
las que te debo,
olvidar las que me debes.
Para recoincidirme contigo
hace tiempo que me busco
con tantas ganas y miedos por igual.
Con tantas incertidumbre.
...y no me encuentro...
Hace años que publico un edicto
citando a beneficiarios y deudores
de mis tiempos mezquinos .
Y no apareces :
En tantos años
puedo conmoverte otra vez.



En este ir y venir
despojado de palabras
intento retomar los ritos cotidianos
del calor del café,,
el resto de una mirada,
el aroma de hierbas robadas.
Intento sorprenderte cada instante
sin el pánico de tus causas perdidas,
para que no me sorprenda con el pánico
se mis causas perdidas.
Tan iguales y tan distintos.
Jugando a las escondidas
en un juego ocasional y peligroso.
Hay que huir del mal amor.
Si nos sorprende juntos
tejerá una gran soledad de dos,
nos unirá por nuestras causas perdidas
y nos separará en cada victoria.

III

Ahora que siento otros ojos que roza mi hombro
sobre tu hombro
dudo de tu fidelidad.
Dudo de tus palabras.
De tu amor.
Del calor de tu cama.
De tus llamadas.
De tus correos.
Esa mirada que reconoce tu piel
que también reconoce la mía, delata.
Pero tú no tiemblas. Amas. Deseas.
Por separado, con puntos y apartes.
Yo tiemblo porque ahora como nunca,
dudo porque amo y deseo al mismo tiempo
sin puntos, comas, puntos suspensivos
ni signos de preguntas.
...y tengo miedo, me siento un intruso,
y conjeturo el final una de estas noches .

IV

Y llegas como nunca llegué
porque tengo el vuelo corto
como las aves que no migran.
Dejo pasar las estaciones,
me abrigo escondiendo soles ,
imaginando los frutos del verano,
protegiéndome de las tormentas
que despeinan y asustan,
escapando de los ojos
que me persiguen en la oscuridad.
Llegas como nunca sabré llegar,
con brisas de caricias y perfumes de mirtos.
Y te vas,
yo te sigo con el pensamiento.
Anido a dos siglos y tres mares de distancia.


PÁGINA 13 – ENSAYO

DINERO Y POESÍA

Leo Castillo (Costa Caribe-Colombia)

¿Qué raro resplandor entraña la poesía que excita la envidia aleve del poder? El hombre con fortuna suele estimar, acaso no sin razón (este es el punto), que nada se halla más allá de su alcance. Conforme a esta presunción edifica en el viento el tinglado de toda suerte de reputaciones a capricho, y el dinero hace de él virtual Proteo en capacidad de revestirse de la gloria mundana que le peta. “Recuerda que todo me está permitido, y contra todos”, advierte Calígula, quien “una vez hizo llamar a palacio a medianoche a tres consulares, que llegaron sobrecogidos de terror. Hízoles colocarse en su teatro, y de pronto se lanzó al escenario con gran estrépito, al ruido de flautas y de sandalias sonoras, con el manto flotante y la túnica de los actores; en seguida ejecutó una danza acompañada de canto y desapareció.” Cuenta Suetonio que “quiso destruir los poemas de Homero, y preguntaba: ‘¿por qué no habría de poder hacer yo lo que hizo Platón, que lo desterró de la República que organizó?’ Poco faltó para que hiciese desaparecer de todas las bibliotecas las obras y retratos de Virgilio y Tito Livio, diciendo: ‘que el uno carecía de ingenio y de saber, y el otro era historiador locuaz e inexacto.’” También que “el autor de una poesía fue quemado por orden suya en el anfiteatro por un verso equívoco.” Cuanto a Séneca (a quien Nerón obligaría a darse muerte) despreciaba Calígula la elegancia y adornos de estilo, tachando sus obras de “tiradas teatrales” y como “arena sin cimientos.” Suetonio declara que entre las frecuentes e injuriosas proclamas de Julio Vindex, propretor de la Galia contra Nerón, “lo que más le ofendió (…) era que le tratasen de mal cantor” y salía preguntando a todos si conocían un artista más grande que él. Poco antes de suicidarse, se le oía exclamar: “¡Qué artista va a perecer conmigo!”
Y Boswell, en su celebérrima Vida del doctor Johnson, a propósito del tratado de Rousseau sobre la desigualdad humana, que Mr. Dempster había opinado que “las ventajas de fortuna y abolengo no significaban nada para el hombre ilustrado.” Y Johnson: “en la sociedad civilizada las ventajas exteriores nos hacen más respetados (…) En la sociedad civilizada el mérito no os servirá tanto como el dinero.” Y proponía este ejercicio: “Salid a la calle, y dad a un hombre una conferencia sobre moral, y a otro un chelín, y ved cuál os brindará mayor respeto”, para concluir con esta amarga confesión: “Cuando andorreaba por las calles de esta ciudad, y era muy pobre, yo era gran defensor de las ventajas de la pobreza; pero al mismo tiempo lamentaba mucho ser pobre.”
En este instante de mi vida, habiéndome entregado a la búsqueda de la belleza y la sabiduría en la medida de mis exiguos recursos, despreciando los bienes materiales, he venido a preguntarme si existe algo que no pudiera haberme granjeado el dinero, la gloria literaria incluso, y si no habría podido ahorrarme tantos quebrantos, miseria y el irrespeto de parte de los parientes de mis amantes, y ciertamente, de haberlo, no doy con ello, y antes he llegado a la certeza acre de ser la pobreza sumo mal y suma de todos mis males. ¿Me cabe acaso alguna duda del imbatible orgullo de mi madre si me viera triunfar, es decir, hacerme rico, sea cual fuere mi papel en el teatro del mundo? En cambio ¡cuánto me cuesta sostener esa inquisidora resignación en sus ojos!
Por su parte estima Horacio: “En verdad, el oro es un rey que nos proporciona crédito, esposa rica, amigos, alcurnia, belleza y hasta el amor y la elocuencia dispensan sus favores al opulento”, aserto que resume Quevedo en el estribillo de su letrilla Poderoso caballero es don Dinero. Pero permítaseme in extenso seguir a Horacio: “El poeta rico en hacienda y capital puesto a interés, reúne a los aduladores en su casa con el aliciente de las dádivas, como el pregonero concita a las turbas para pujar en la almoneda. Si además está en situación de ofrecer un suntuoso banquete, salir fiador de un amigo pobre y sacarlo del atolladero de un pleito ruinoso, ¿será maravilla que no sepa distinguir entre el falso y el verdadero amigo? No constituyas en juez de tus escritos al que rebosa de alegría por las mercedes que le has hecho, o las que piensas hacerle en adelante; pues gritará: ‘¡Magnífico, bravo, soberbio!’ Hasta palidecerá y dejará correr las lágrimas de sus ojos, saltando y haciendo temblar el suelo bajo sus pies. Como los aquilones que lloran en los cortejos fúnebres dicen y hacen mayores extremos que los de veras afligidos, así el adulador aplaude mucho más que quien elogia sinceramente.”
Si la simonía es un grave pecado en el ámbito judeocristiano, usurpar al poeta debiera tipificarse como delito. ¿Qué si, colocando un letrero de cirujano cardiovascular, y falsificando mi diploma, provisto de mi bisturí eliminó tres o cuatro cristianos la primera semana? ¿No me darán acaso cadena perpetua, y en otro país, pena de muerte? Seamos consecuentes, y metamos en chirona al que, mendaz, se dice poeta sin haber verificado las tenaces exigencias que tan sutil iniciación impone. Qué digo, ¡démosle cadena perpetua, colguémosle!
Alguna noche he visto un hombre de éxito, profesional boyante, de carrazo y penthouse, desbarrar ante un público que celebraba cada necedad que leía, ovacionaban sus versos muertos. Había logrado reunir en verdad una notable concurrencia, entre la que se contaban médicos, abogados, académicos, algún periodista… Su presentador (y maldita la idea que de arte poética tiene), lo definió (¡ay, Apolo invicto!) como el padre de las Musas, ni siquiera el hijo; pero, ¿qué le importa a ese “poeta” el despropósito? No se cambiaba por nadie, puesto que el más reciente de sus caprichos de jubiloso jubilado gozando de una bonita renta, el de hacerse llamar poeta, estaba consumado. ¿Qué se le ocurriría ser la mañana siguiente a este frívolo asno cargado de oro, aparte de cagarse en Cátulo, en Villon, o en César Vallejo?

Morir en la miseria no es, que yo sepa, el propósito de ningún poeta, y ni la pobreza ni la locura hacen mejor vate que el conocimiento y la aplicación honestos, aunque Demócrito excluya del Helicón a los poetas que tienen sana la cabeza; también que (y este es el extremo opuesto) “muchos de ellos descuidan cortarse las uñas y la barba, se retiran a la soledad y huyen de los baños, creyendo alcanzar el nombre y la fama del poeta con negarse a poner en manos del barbero Licinio sus cabezas imposibles de curar con el eléboro que producen las tres Antirias”, para retomar a Horacio. El arte suscita la envidia de ese magnate que se eriza de espanto ante la pasión de un Van Gogh o el enigmático ministerio cuasi satánico de un Lautréamont. La poesía, dijo un compatriota, tiene sus cuchillos. Escucho al más opulento de los poetas, hijo a su vez de un poeta opulento, declarar apesadumbrado ante el hostil resplandor de la verdad que “quien añade ciencia añade dolor.”
El artista en su humilde taller rumia ese pan ácimo que “la vida parva” en una civilización enteramente materialista le arroja despectiva. Más, ¡epa!, nadie sabe por qué rara operación ese pedestre alimento viene a ser como finísimo alpiste en tu pico de oro, poeta que transmutas tu dolor en exquisiteces estéticas para los aristócratas del espíritu.
Lector maldito (vid. Quevedo), ve tras tus monedas, mercenario, anda y vende tu aplauso; pero sabe, belitre, que hay una dignidad inalcanzable al ruin interés escuetamente mundano: la condición de miembro de “la ciudad de las ideas” de que habla Kavafis.


PÁGINA 14 – CUENTO

¿PORQUE ME HACE ESTO?

Por Osvaldo Pampín (Mar del Plata-Buenos Aires-Argentina)

— ¿Será posible? ¡Siempre igual! Si me quedé acá, fue porque estaba cansado. Manejé toda la noche y encima, voy a tener que ayudar en la descarga. Pintó torrar ¡reventado estoy! Y encima, ella se pone a gritar, como siempre. Es lo único que sabe ¡romperme las bolas! Yo tengo la culpa, por tratarla bien. Corte que le compré el lavarropas, el equipo de música, el sillón para mirar la tele todos juntos ¡hasta pinté la casilla! ¿Y para qué? Siempre chillando por algo, a veces, corte que lavo los platos para que no joda. Pero, últimamente, lo único que hace es gritarme. Con el otro no se hacía la loca; cuando se peleaban, la fajaba sin asco, la nena me lo contó. De mi no puede quejarse, yo no le pego nunca. Bah, uno o dos cachetazos, cuando se desubica, pero fueron dos o tres veces, nada. La nena dice, adelante de ella lo dice, que el padre era medio loco, se mamaba todos los días y les daba miedo a los tres. Así que ahora está mejor, tiene que estar contenta. ¿Porque me tiró con la plancha? ¿Y si me pegaba? Yo nunca le tiré con nada, una piña dolerá un poco, pero nada más. Con la plancha me podía lastimar ¿Me lo merezco yo? Con lo bueno que soy, con ella y con los chicos. ¿Qué pueden decir? El nene; papá me dice. Con la nena igual, siempre me ceba mate, me cuenta del colegio. Cuantas veces se los saqué de las manos a ella, que por cualquier cosa los quiere reventar. Y todavía tiene el coraje de decirme bestia a mí ¡y rasguñarme! Es una yegua, envidiosa, de mierda. Si está celosa porque los chicos me quieren más a mí, que los trate bien, que los vaya a ver cuando están en la cama, que les haga cosquillas, que les dé besos, pero no; ella con los chicos lo único que sabe hacer, es gritar. Con ellos y conmigo, que ya estoy repodrido ¿Y porqué la tengo que aguantar? Si hay como tres minas del barrio que me dan una bola bárbara. Y además las que me llaman en la ruta, aunque con esas lo que vale es tener guita y así cualquiera. A veces las subo porque ella en la cama; cuando quiere, todo sencillito y rapidito. ¡Un bofe! Y yo soy hombre, tengo derecho, hasta el pastor se lo dijo. Corte que ella tiene que decir siempre que sí. ¡Y ahí está! Yo no la obligo. Si no quiere; me doy vuelta y chau. No la cargoseo para nada. Y ella; dale con gritarme degenerado ¡Mirá si yo fuera como el Augusto que a la Nené la vende por veinte pesos! Y ojo con decir nada. Y bien que se la banca como una duquesa. Y ella todavía se queja, que esto, que lo otro, que lo de más allá, ¿Qué se piensa?, ¿Que yo soy de madera? Lo único que sabe es mirar la tele, y siempre las mismas boludeces, Tinelli, las novelas, los gordos de mierda. Todo el día con el televisor prendido, y la casa llena de mugre, la ropa a la miseria ¡Y la comida de porquería que hace! Yo en mi trabajo cumplo, y bien que me mato para que no les falte nada. Y no es chiste aguantar a la bosta del capataz, que me tomó como chofer y me hace cargar bolsas, y no puedo ni parar para echar un meo. Y me lo banco, porque no hay laburo, y si lo tengo; hay que cuidarlo. Gano bien, comemos bien. Me alcanza para que salgamos y todo. Así que no me quejo, no soy como ella, Siempre con bronca. No valora nada. No se da cuenta de lo que tiene. Hijo de puta me dijo. Me lo gritó en la cara; corte que yo reaccioné ¿Que quería? ¿Que se piensa? ¿Que tengo agua en las venas? Yo no la insulté nunca. A veces pintó alguna puteada, pero insultos así, nunca. Y yo estuve bien, se lo dije, le pedí que no me gritara, pero nada. Estaba desatada, loca ¿Y yo? Cómo un duque. Bueno, por lo menos hasta que me tiró la plancha, y eso fue mucho ¿quien se aguanta una cosa así?, Yo soy hombre, ¡qué joder!, ¿Y porqué tanto quilombo? La nena con once años y tan grandota como es, en cualquier momento la vacuna algún turrito. Conmigo está contenta; papi me dice. Y guarda que estuve bien delicado. La manoseé como un mes antes de clavármela. Y a la final, lloraba al pedo ¡si estaba caliente como una pava! Ni sintió nada, un poquito de sangre y nada más. Y nadie se enteró de nada. Al nene no lo toqué nunca, no soy ningún degenerado, ¡Tanto escándalo al pedo! Claro, el chico la vio tan loca que dale a gritar junto con ella, se enloqueció también. La nena; que lloraba mientras se ponía la ropa. Y la gorda que se me tiró encima y me rasguño todo. Y el mocoso desagradecido que me pegó en las bolas. Y la nena, que en vez de defenderme, me gritaba que me fuera. Y ahí vino el planchazo, ¡y estaba caliente! que cuando la agarré me quemé la mano. A lo mejor me puse loco por la quemadura. Cuando quise acordar les pegaba a los tres con todas las ganas. Las cabezas se abrían como las granadas que traje la vez que fui a llevar una carga al Tigre. ¿Y ahora? ellos tirados ahí y la sangre por todo el piso. Y ese olor; dulzón, metálico, asqueroso. ¡Mirá qué hora es! Ya tendría que haber salido para el corralón. Lo primero es llegar temprano; al laburo hay que cuidarlo. Ninguno de los tres se va a mover de donde cayeron. Después; ya voy a ver que hago. Las cosas apuradas salen mal ¡Lastima la nena! Pero bué, hay tiempo. El mundo no se va a terminar esta tarde.


PÁGINA 15 – POESÍA ARGENTINA

Aníbal Aguirre (Salta-Salta-Argentina)

LXXIX

Soy un corazón en las profundidades,
mi voz se apaga.

Nada queda de aquel cantor
coplero.

Si escuchan esta voz es porque los
los mineros dejaron una grieta por

donde se escapa mi alma que es
blanca, no como mis sentimientos,

densos.

A este confinamiento no lo podrían
expresar los escribas.

LXXX

A mi alma ha llegado el silencio, ya
no seré el coplero que siempre he

sido.

Los árboles que fueron mi alegría,
abatidos, y lo que

ustedes conocen, mi corazón en un
laberinto.

Mi voz se retira del espacio
engullida por el silencio.

Voz que cantó epopeyas, caídas y
heroísmos, ahora calla.

LXXXV

Es este el lugar más lejano y oscuro
de la tierra.

Los mineros que se fueron dejaron una
grieta, grieta por donde se escapa mi
voz, voz que se escucha en las

tabernas, en los claustros
universitarios,

y que pronto estará en los
libros.

Todos conocerán entonces, la
asombrosa historia, la del corazón

encerrado.



Santiago Bao (Villa Gesell-Buenos Aires-Argentina)

EL DESVÁN OLVIDADO

“Lo que se entierra vivo no duerme bien.”
Césare Pavese

Siempre habrá cosas
que nunca dijimos
que cuelgan del destino
como murciélagos de polvo:
palabras, larvas
de la memoria
encerradas con mil llaves
en desvanes abandonados
para zurcir
las horas rigurosas
del implacable recuerdo.
(del libro “Despliegues”)

PARAÍSO MODESTO

A veces, sueño
con mi pequeño paraíso:
voy por un sendero
en el campo,
en la lejanía:
arboledas y niebla,
mientras la mañana
se suspende en la inquietud
placentera de aguardar al sol
y a los amigos queridos
para reunirnos
alrededor de la mesa
en la casa situada
en la campiña.
(del libro “Despliegues”)

MEMORIAS

¿Quién defenderá la memoria
de quienes ya no están
y cada vez más borrosos
se alejan en la distancia?
La casa de mis abuelos
habitada por otros que desconozco
aquella casa con mis tíos
discurriendo alegres en el hilo
del mediodía
de los domingos diáfanos
en que el mundo se asomaba
por un momento
a los designios invisibles
de una dicha breve.
Ni siquiera ruinas
casa de la infancia
sino sobre sus cimientos
otras paredes ventanas puertas
otras gentes rostros desconocidos
para arrojar sobre la memoria
la arqueología de los derrumbes lentos,
el desamparo del polvo
y el silencio del corazón
del abismo.
(del libro “Despliegues”)

AUTOPSIAS

¿Qué habrá hallado
el bisturí rencoroso
cuando abrió el cerebro
del poeta Jacobo Fijman
en la morgue del Hospicio
en aquel verano de 1971?
¿Qué puede encontrarse
en la disección prolija
del cerebro de un poeta?
¿ Los restos de una rosa,
los fragmentos del ala de un ángel
caído en las aproximaciones
que generan ciertas lágrimas
o la belleza indeclinable
de una estrella o pájaro
entrevisto en gravedad lunar?
O, tal vez, las destrucciones programadas
de los electroshocks,
la miseria del dolor
suministrado a los "otros"
y la tristeza de un cartel
que oscila con una brisa
que viene del absurdo
atado al dedo gordo de un pie
que dice: Jacobo Fijman,
72 años. Y yo agrego:
a quién Dios o algún ángel mensajero
rozó, como suele decirse,
en algún día señalado
a su espíritu abierto.
(del libro “Pendientes”)


PÁGINA 16 – ENSAYO

IRMA VEROLÍN: ELEMENTOS DE LA CULTURA POPULAR EN NARRADORAS ARGENTINAS

Libertad Demitrópulos insistía continuamente en que la manera de transformar la literatura no era caer en el populismo sino en dar cuenta del modo en que las clases populares reelaboran el lenguaje. Fue su intención crear una novelística que expresara culturalmente todas las regiones de nuestro país, y al decir región nos referimos a grupos culturalmente homogéneos tales como mesopotamia, Patagonia, noroeste que se corresponderían con distintas zonas de asentamientos aborígenes. Así surgieron novelas como “Río de las congojas” que se sitúa históricamente en la época de la fundación de Santa Fe a orillas del río Paraná. “La flor de Hierro” que recrea las fundaciones españolas de hace cuatro siglos en el noroeste y “Un piano en Bahía desolación”, la Patagonia, por citar algunas de sus obras. El eje de los relatos de estas novelas incomparables, escritas con un lenguaje trabajado exquisita y diáfanamente suele ser el del poder de los hombres, un poder devastador movilizado por la ambición de riquezas y de dominio sobre tierra, peones y mujeres. Entrar en los ricos matices literarios que es “Río de las congojas” es introducirse en un mundo con distintos tipos de lenguaje. La mezcla de los resabios de un español colonial con ese mestizaje dado por el habla del indio es en muchos casos un tono irrecuperable que Demitrópulos logra rescatar del tiempo y sostener a lo largo de un relato deslumbrante: “En los despueses se aprende que en las fragilidades de lo distinto se asientan en ese cofre interno que no reconoce señor por poderoso que sea, y más si se haya en lejanías. Así pues, desprendidos de sus ataduras, distintos como éramos, nadando en dos corrientes, buscábamos el rigor de las afinidades” [4] “El agua no tiene sinembargos, se va en limpideces”.[5]
Libertad Demitrópulos pensaba sus novelas desde el habla de esos personajes marginados, de esos desarrapados que hicieron la historia pero que no figuran en ella. En una oportunidad cuando se le preguntó sobre el proceso de producción de “Río de las congojas”, ella dijo que se le impuso la voz de una abuela, una vieja nacida en Jujuy y esa voz tuvo tanta fuerza que le dio el tono a su novela. Sin embargo cuando ella pronunció algunas palabras en un homenaje que le hiciéramos poco antes de morir en la Biblioteca Nacional en Buenos Aires, Libertad trajo a su padre, un inmigrante griego que entró por la gran ciudad puerto y rumbeó hacia el norte y recaló en Jujuy. La inmigración si no es un tema concreto aparece en sus novelas en el desarraigo de esas mujeres que se sienten expatriadas dentro de las cuatro paredes de su casa, porque su hombre salió a fundar ciudades. La extranjería se coló de otra forma y se corporizó en la voz peculiar de sus personajes. Si intentáramos retratar el valor de los textos de Demitrópulos coincidíamos en que ha logrado el hallazgo de un tono único que es el rescate de esa voz que la historia de exterminios no logró vulnerar. “Río de las congojas” tiene el habla, la soberanía del habla llena de gracia y curvas frente a la pomposa rigidez de la lengua” [6] Demitrópulos logró alcanzar la vibración de un registro verbal equiparable al que lograron escritores argentinos como Juan José Saer y Antonio Di Benedetto, este último estuvo preso durante la última dictadura militar y luego exiliado. Libertad padeció toda clase de exilios internos, primero el político y luego el de permanecer en medio de una sociedad cultural que ya empezaba a entronizar la ley del mercado editorial, pero su rescate de ese registro del habla, plasmado en una poética personal ha de alcanzar sin duda la valoración que merece cuando el tiempo cree una brecha que nos permita tomar distancia con esta premura con que se intenta identificar arte con mercantilismo.
Permite licencias adaptativas y transgresoras hasta el límite en que se lo toleran las pautas culturales, pero esas licencias expresan nuestro modus vivendi y muchas veces se trata de una forma de supervivencia de los dominados económicamente. En las versiones de las leyendas Ana María Shua reelabora los grandes mitos, los actualiza, descubre la delicada articulación que existe entre la larga travesía que realizaron estos relatos, la marca local que nos permite reconocerlas como la expresión de un aspecto propio. En sus adaptaciones ha logrado eludir el pintoresquismo y el folklorismo a ultranza sin caer en el tono indiferenciado ni el estereotipado lenguaje campestre.
Estas escritoras que actualmente viven y escriben en la Argentina, a excepción de Libertad Demitrópulos que ha muerto hace poco, pueden aglutinarse en un movimiento dispar, ya que trabajan con poéticas diferentes y hasta en géneros diferentes, sin embargo hay una actitud frente a la cultura que se presenta como un eje que permite agruparlas. Independientemente del sistema editorial que hoy puede aceptar esto y desdeñar aquello y mañana mismo tratar de imponerlo por razones que no son literarias sino que responden a oportunas estrategias de mercado, se detecta en la actitud que estas autoras tienen frente a la creación y en la mirada hacia la cultura una disposición de búsqueda o una ojeada transversal visible en ese gesto de reunir lo aparentemente opuesto, de combinar en una estética lo que parecía irreconciliable. Tal vez para poder hablar de movimientos literarios tengamos que hacer de ahora en más una operación diferente a la que realizábamos cuando las vanguardias expresaban o anunciaba estéticamente el cambio social, cuando se pensaba la literatura desde una temática o desde las pautas severas de una estructura literaria, porque ya no son las vanguardias ni las temáticas las determinantes. Debemos crear un sistema distinto para pensar la literatura. En medio de este avance arrasador que intenta igualarlo todo como pretendiendo serializar y convertir en mercancía la originalidad de una obra literaria, “en esta era de la palabra devaluada, adocenada, domesticada” [7] quizá tengamos que reflexionar lo literario considerando el cruce inevitable entre lo general y lo particular, entre los lineamientos estéticos imperantes y el modo en que son asimilados y transformados regionalmente con sus pautas culturales y en especial las pertenecientes al campo de lo popular. Frente al apogeo del capitalismo, el éxito de las multinacionales que intentan nivelar todo e imponer un lenguaje neutro cuyo objetivo es hacer de la obra literaria un objeto fácilmente traducible o fácilmente canjeable, el criterio de valoración de lo literario no puede menos que contemplar las identidades culturales de nuestras regiones del sur, nos exige una mirada transversal, un pensamiento lateral que detecte los matices sutiles de una cultura, la manera en que nos enfrentamos a una tradición que la posmodernidad pretende borrar. Pero pensar la literatura únicamente desde la tradición no es suficiente en la continua marea de cambios y de variantes culturales en las que surgen actualmente las obras literarias. No se puede considerar una literatura innovadora estéticamente sin el registro de esas características vernáculas que identificarían lo peculiar de una zona frente a la masificación de la globalización. Es entonces la apropiación e integración de los aportes de la cultura popular lo que permitiría que una obra literaria no fuera absorbida y trivializada por la tendencia imperante que borra diferencias e identidades, promovida y sostenida por los grandes mercados.


PÁGINA 17 – COMENTARIOS DE LIBROS

NAVÍOS DE CARONTE DE CARLOS FAJARDO FAJARDO
O LA PERMANENCIA DEL EXILIO

Por Gustavo Adolfo Quesada Vanegas
Poeta, ensayista y catedrático colombiano

Conozco a Carlos Fajardo Fajardo desde comienzos de los noventa del siglo XX, cuando él y su hermandad de poetas y de gestores culturales: “Si mañana despierto”, se abrían espacio en los ambientes literarios de Bogotá. Jóvenes, seguros y denodados, en más de una ocasión nos coludimos para programar eventos literarios. Desde esos días Carlos Fajardo se manifestaba como lo que es: “un horrible trabajador” – tal denominaba Rimbaud al poeta vidente-, ya sea haciendo la maestría de literatura y luego el doctorado, como docente, como ensayista que busca las claves de las nuevas culturas y las nuevas sensibilidades, o como poeta que trasciende lo sensible cotidiano para navegar en la aguas profundas de las desgarraduras del hombre. Su pasión por el verbo lo ha llevado siempre a una disciplina de carácter total. De ahí sólo podría surgir una obra rigurosa con capacidad de develar el mundo y anclarse en la memoria de la cultura. Muchos reconocimientos y premios atestiguan esa búsqueda y esa inmersión ética en nuestros torvos tiempos, para resurgir con la palabra exacta, la única capaz de abrir el futuro desde los resquicios de lo onírico y el horizonte de lo humano, porque como diría Jorge Gaitán Durán lo estético y lo ético tienen una ligazón indisoluble.

Mi soledad es más grave que una esquirla
clavada en el corazón
más terrible que la sed del viajero
más basta que los mares de mi patria

Navíos de Caronte, libro bellamente editado por la Colección Los Conjurados de Común Presencia, iluminado con navíos surgidos del pincel de Edgar Insuasty, es un poemario con cuatro puertas que uno no sabe si se abren o están cerradas para los viajeros: Navíos, Diásporas, Puertos, Exilios. ¿De qué habla el poeta? En el mundo de hoy el desplazamiento y la migración surgen en Córdoba o Nariño (Colombia), en Rusia, en Sudán, en Marruecos, en Túnez o África del Sur, en la China, en el Salvador, en Guatemala o en México. Inversamente a lo sucedido desde el siglo XVI y hasta la mitad del siglo XX, cuando desde el centro las corrientes migratorias se dirigían al Tercer Mundo, hoy presenciamos “la colonización inversa”. Pero mientras los viajeros del centro encontraron siempre una recepción abierta y en poco tiempo se constituyeron en parte de las élites dominantes, valga el caso de los migrantes europeos hacia América por todo el siglo XIX y el siglo XX, los actuales migrantes no encuentran recepción distinta a la de la policía. Y a donde quiera que lleguen, sea Europa o América del Norte, los esperan la discriminación y el abandono. Y esto cuando logran llegar, cuando sus huesos no van a parar al fondo del mar.

“Soy extranjero/ sin nombre/ sin ley/ sin luna. /Soy extranjero/ sin lengua/ sin palabras. /Soy extranjero/ sin madre/ sin patria/ sin un árbol que recuerde”.

Quedarse sin lengua, sin memoria, en una tierra extraña, es quedarse sin patria. ¿Cómo portar la patria cuando la propia lengua es otra, cuando se vive en las sombras, cuando se es representación del mal? El poemario es contundente: se inicia el viaje con expectativa, se arriba a puertos que proscriben la entrada, se llega al exilio, a la soledad y a la autonegación: “Esta ciudad para mi se oculta. /No soy más que un despojo/ en una calle enemiga”. No se trata de la tragedia de un grupo humano o de una cultura específica. Es una tragedia universal. Inmensas masas humanas se desplazan de sur a norte, luego de que sus sociedades fueran desarticuladas y saqueadas por el colonialismo y cuando han sido destruidas por la guerra; cuando las potencias coloniales construyeron fronteras que separaron hermanos y aglomeraron culturas diferentes; cuando la única alternativa que se encuentra es ser un paria en España, en Francia, en Italia o en Alemania. “La Otra Orilla” es el lugar del desarraigo, de la pérdida de los sueños, de la disolución de lo humano: “¿(…) alguien habrá encendido un fuego a nuestro nombre?/ ¿Presentirán este vacío del vacío, sin dolor alguno?”

¿Dónde quedaron entonces las promesas de la razón y la Ilustración? ¿Dónde el humanismo del que han hecho gala las naciones “civilizadas” argumento socorrido para justificar su colonialismo sobre el resto del mundo? El mundo global abre sus fronteras, sobre todo las del otrora llamado Tercer Mundo, para que circulen el dinero, las mercancías y los símbolos pero no los hombres. Los desplazados terminan en el fondo del mar: “En casa nadie sabe/ que ahora somos dos cadáveres/ sin compañía alguna”

Es posible que el poeta haya percibido en toda su dimensión esta crisis de proporciones inusuales en sus periplos por Colombia y por el mundo. Es posible que haya recibido el terrible sacudón en alguna parte de España o en las comunas de Cali o Medellín: Quizá en una esquina de Bogotá cuando se nos acercan los desplazados. Todos lo hemos percibido, todos padecemos el impacto de las noticias de las pateras o la zozobra de los balseros, o las casas llenas de chinos que esperan pasar por Colombia rumbo a Centroamérica y de allí a México y a los Estados Unidos. Pero no todos podemos transformar el dolor humano en arte. En el ambiente se respiran todavía fragmentos de los “Cuadernos de Sarajevo” de Juan Goytisolo, como el caso más cercano de un texto que recorre el dolor de un pueblo, de un momento histórico y lo lanza al espacio para sacudir la conciencia universal.

La lectura y la relectura de Navíos de Caronte nos exige, además, una digresión: toda obra de arte nace de una experiencia singular en la sensibilidad y la conciencia del artista, pero sólo su trabajo, su esfuerzo denodado, su medir cada hecho creativo en su justa dimensión hace de su experiencia algo universal. Tal es el caso del poemario que comentamos: el desgarramiento del dolor humano se hace universal en palabras contenidas, cinceladas con sudor y con talento, hijas de quien ve en la poesía la posibilidad cierta todavía de señalar el dolor y el sufrimiento: “Ancho es el mar. / Mis cabellos se agitan por los tempranos vientos. /Sumergido en la inmensidad de la luna /se me acaba la tarde./ Que nadie se fije en nuestros aguados ojos. /La muerte será más cruel y pura /en océanos de nadie”.

No hay realismo. No hay cuerpos. No hay nombres ni apellidos. Los migrantes, los desplazados, son fantasmas que sueñan, que deambulan, que sienten dolor y nostalgia, que rememoran el cuerpo de la amada o el calor del fogón de la casa de la madre; que dibujan el árbol o sienten las medusas en los ojos como certificado de su propia muerte. No hay desbordes lingüísticos ni quejidos sentimentales. Contención, precisión y una herida abierta de la primera a la última página.

Pero llegados a la parte final, “Exilios” el autor nos subvierte la mirada: En el mundo actual se han finiquitado los lugares. Donde quiera que estemos: la ciudad, la calle, la distancia, nuestro destino es el de los exiliados. La casa de los juegos, la calle de la añoranza, la infancia, la voz de la amada, todo nos anuncia que los lugares se han perdido en la memoria y que la memoria nos conduce al exilio. No hay lugares. Todo es un grande y a la vez pequeño mundo, ajeno, veloz e implacable, que arrasa los recuerdos, los colores, las texturas que le podrían dar sentido a la existencia. Si antes el exilio era un lugar físico, ahora es un lugar permanente de la sensibilidad y de la existencia. ¿Cuál es el territorio que pisamos? ¿Qué tienen que ver conmigo las ciudades, las muchedumbres, el tiempo al que no contienen los relojes, las luces que hacen todo más oscuro?

“Acostúmbrate, dicen tus cartas /a ese destino de ciudad /que hoy sostiene tu mirada”.


PÁGINA 18 – CUENTO

LLORAR EN SILENCIO

Por Verónica Tumini (Tres Arroyos-Buenos Aires-Argentina)

Esa noche Ana se acostó con el alma llena de dolor, de sueños rotos, de ilusiones contenidas. Desconsolada lloró en silencio para que nadie la oyera. Tenía ganas de arrancarse el dolor a los gritos, tenía ganas de correr lejos donde los recuerdos no pudieran alcanzarla. Con su cuerpo detenido en la soledad dejada por la ausencia de ese ser que tanto amaba, intentaba conciliar el sueño, dejar pasar esa noche, esperar que la mañana trajera serenidad a su alma.
Dio vueltas eternas enredada en las sábanas, invadida por su voz que aún sonaba, por sus ojos negros que seguían iluminando sus pensamientos, invadida por la nostalgia, invadida por la presencia lejana, inmóvil, insensible y paradójicamente ausente de Miguel.
Y en ese instante sutilmente percibido, dónde la vigilia espera al sueño, su cabeza se apoyó en un regazo y un abrazo intenso y amoroso la rodeó con ternura. Una inexplicable sensación de paz se apoderó de su alma, sus ojos lentamente cerraron y el sueño invadió su ser, y en sueños, solo en sueños se amaron esta vez.


PÁGINA 19 – POESÍA AMERICANA

Salvador Pliego (México DF-México)

POESÍA

Déjame entrar en ti,
abierto, extendido,
fosfórico y herbolario,
como un forajido arrancándote las letras,
estrellándome en tu cintura de madera y verbo,
enrojeciendo tus secretos, tus espadas victoriosas,
tu veloz palabra benemérita,
la montura en que cabalgas y el sujeto brioso en que destellas.

Déjame invadirte,
salir a los potreros y a los pueblos
abanderando cada verso, liberando la palabra,
emancipándome en tus hilos de ritmo y simetría,
en tus ojos rojos que miran lo invisible.

Déjame acudir a tus harapos y a tus torres,
desde el fondo, aun incomprendido,
y batirme en tu historia de piedras y copales;
sacar las cimitarras y cortar cadenas y centurias;
penetrar en las alturas, a las bóvedas del cielo,
en los cóndores plateados y en las águilas bermejas,
en la precipitación de las auroras.

Déjame excavar la tierra y mostrar las uñas ya sangradas
con los dolores del minero,
con la yunta calcinada,
con el surco ya saqueado;
sembrar de nuevo los cereales, los carbones,
las espigas, las uvas de las granjas,
y abrir las puertas terrenales
con las honras de los cantos.

Déjame ser el grito que sucede,
que acusa y delata,
que muestra las manos de las sílabas
ardiendo junto a las madres y papeles,
porque inmisericordemente la dureza fue encendida
y el verdugo se jactó de arder las mechas.

Vuélveme a escribir letra por letra,
sílaba a sílaba y canto por canto,
como si yo mismo, hambriento,
tuviera la herramienta, supiera de la espada
y contuviera la amargura.

Alárgame sediento a los aceros,
al canto forestal y duradero,
a donde rinda el florete su cuchilla,
al idioma de la greda y los parajes,
a los dedos mágicos de las violetas
y de las aves que a la bruma dieron alas.

Déjame entrar en ti y amarte,
inundarme de tus ríos,
de tus telares de oro,
de tus guacamayos arrolladores
y de tu sueños insepultos,
para diseminarme junto a ellos
en los escombros de la noche,
en las esmeraldas de los mares,
en los huecos de la vida,
y abrazarme, tú a tú,
con la última ternura;
y darle un beso…
y verle que sonríe.

TEMPLANZA

Somos verbos, alas que arden,
la exacta ecuación maximizada,
las ansias del mar, su boca que tiembla emocionada;
somos el hierro y su certero respiro enardecido;
lava somos, fuego, los huesos que se encienden
escarchando en los cielos,
la luz que aluza su mechero.
Somos los retos hilarantes de los tiempos:
caudas de historias, olimpos en los cuerpos,
aves Fénix templándose y naciendo,
plumas rojas de fuertes picos esenciales.
Somos las aves del metal y de la holgura,
los hombres pájaros; seres míticos y entronados
y a la cúspide invitados.
Somos nosotros: la anchura de los truenos,
los rayos, los mástiles del viento,
titánicos seres de lo humano,
la fuerza de la lid y el combate victorioso,
el triunfo vital y las coronas del acero.
Somos las alas de cíclopes guerreros,
gigantes como el hombre
y atemperadas en los hombres con el fuego.
Somos la raza sonora de las águilas, los cóndores batiendo,
dioses emplumados, guardianes de los templos,
lanceros ancestrales y modernos, marciales plumíferos hechos de hierro,
furibundos portavoces del destino y los azares:
el hombre en el plumaje del acero.

DE LA LUZ HACIA EL ALBA

Porque de la luz hacia el alba
y del alba a tu falda;
porque de la naciente mañana
en que madrugas y hablas;
porque en tu silente boca,
en que buscas y busco,
y salen jaspeadas las horas
como las castañas de las madrugadas;
porque perenne te miro
y al mirarte pareciera te acabas,
en un instante divino,
en un simple latido,
en un segundo perdido;
porque tu dulzura
es como las cascadas
que del alba a la luz,
y de la luz a tu boca,
y de tu boca a la almohada:
te despierto queriendo,
y queriéndote vuelvo
a esconderme en el alba,
y del alba a la luz,
y de la luz a tu falda,
alumbrándote toda,
como la madrugada
inmiscuida en tu boca.

SI YO TE MIRO

Si yo te miro -y te miro tal cual eres-,
pareces un misterio, un milagro, un aliento,
una llave que abre al mundo,
el año cero reviviendo
(perdón por todo el tiempo,
pero en ti condenso lo infinitamente diminuto
en lo inconmensurable de un instante… y viceversa).
Digo luego: si yo te miro -y te miro tal cual eres-,
pienso entonces: si te agrego, quito, decoro, repinto,
recuadro, sustraigo, remodelo… Y al final, no cambio nada.

Te miro nuevamente, en la misma idiosincrasia en que tú existes,
porque, si yo te miro –y te miro tal cual eres-,
me vuelvo trigo y rostro,
un corazón de múltiples latidos,
un Padre Nuestro que al cielo ha inmiscuido,
lo más abierto del viento ante un soplido;
porque, insito, si yo te miro -y te miro tal cual eres-,
tal cual con tus detalles -lo que capto en ti cuando te miro-,
me imagino un troyano ante Helena
-por mi escudo y por mi lanza
que firmaría con Homero repetir mil veces aquel rapto
y editar la travesía con tu nombre hasta el cansancio-;
aclaro entonces: si yo te miro –porque te miro tal cual eres-,
me volvería un caballo de madera:
yo, Paris, ante mi Helena,
amordazando a Cupido a que apuntara hacia el talón
o tu ventrículo derecho;
yo, Paris, que te ha querido,
escondido en un caballo, esperando enloquecido,
suplicante y escondido,
mirándote y clamando: ¡Troya surge!
¡Troya existe!
Yo, Paris, a conquistarte eternamente.

Pero, si tú me miras, y me miras como lo haces:
mi Helena… ¡vive Troya con mi Helena!

EL ÁRBOL

I

Salitrero gozoso,
vidriero venturoso y fontanero:
me amanecí raíz, tallo,
tronco incrustado y del surco dependiente;
olor a sauce, a llorón, a nogal, a eucalipto,
a esa copa de altura amarilla y verde,
a esas verrugas de corteza
adheridas a mis hombros.
Capa sobre capa la fibra de madera
los tiempos me mostraba,
y de mi espalda esa dulce gota de ámbar
todo lo abordaba.

Bifurcado entre la tierra
así me alimentaba de los minerales:
sabor a sales, a zinc, eran mis uñas;
y las plantas de los pies, cual telarañas,
se expandían en la profundidad nítrica
y polvorienta del subsuelo.

Mis pupilas eran aquellas del abeto,
o las bellotas saltonas y absorbentes,
o los frutos verdes y maduros,
o el grisáceo heno desbordado y colgante.

Un brote nació desde mis brazos,
y la vida dijo: Sé rama.
Y fui rama por un día.

II

Amanecí rama:
hoja verde, roja, amarillenta;
clorofila anaranjada, tinte de árbol,
bilé primaveral del ciprés y de los fresnos.

De punta a punta, entre mis brazos,
se cargaban los duraznos y manzanas,
las semillas carnosas y el desfile otoñal de los colores.
Yo mismo zarandeaba mis brazos
y caían, como gotas traslúcidas,
centelleantes hojas del cielo y de la aurora.

Al mirarme en el tronco, me decía:
“Quiero ser la luna reflejada,
el matiz de aquel silencio,
la falda de la noche cuando sopla,
el sonido de aquel beso que se escapa,
el barullo de una boca que sonríe,
el trino rebosante en melodía.”

Y fui ave por un día.

III

Amanecí pájaro.
Y más que pájaro, era pico, trino, canto.
Aquel que amanecía y correspondía.
Aquel de plumas que fardan de alegría.

¡Amanecí pájaro!
Y como el ave que se ensancha antes del vuelo,
que expande su plumaje en pleno celo,
vi la vida venirse y esparcirse.

¡Amanecí pájaro!
De un simple huevo,
de un blanco huevo,
de un ovalado y clausurado huevo.
Y cuando abrió su cáscara,
la vida me premió con sus regalos:
una sonrisa de pájaro y de mirlo,
y el tronco verde donde posara
el trino y escuchara un canto.
Y el tronco enmudeció para escucharme.
Y la raíz se expandió a todo el orbe.

FLOR DE LOS VIENTOS

La flor es un fusil de amor,
un fusil de labios, rotundo y penetrante.
¡Qué canto te dijera si el cantar del mar viniera!

Quiero un arma silbando por el monte
y un silbido que cante un bello nombre:
pólvora de rosas y un cañón para escoltarte,
un colibrí hilando y el abeto, igual, a mil volando.

Quiero una batalla de lilas y amapolas
que tiñan con sus cuerpos de blanco las pupilas,
y al pétalo solfeando, airoso y ajetreando.
Ir a la explanada del poeta y a su casa
envuelto en esa manta de hierro y de campanas,
y el hierro que sea nube de mirlos y de calas;
enlistarme en una vista y amarle con su rima.

Quiero la poesía cargada y preñada,
dando a luz, bramando hasta que nazca:
de una mujer de pueblo rebelándose en la plaza,
de un niño en el corcel de madera y crianza,
de un campo de hombres, y nunca doblegada.

Quiero una ventana: jazmín, cobre y agitada;
un tintero libre y un octosílabo en recuadro;
que apunten a la voz, al cuello, al grito, del siempre partisano,
y del gerundio colgándose y temblando.

Por más fusil que lleve,
por mas letra vencida,
hay sangre en vez de plomo
y sangre respirando,
latir entre los codos de brazos despertando,
y un hombre en cada hombro: fusil de flor y asombro.

Por cada hombre respiro maíz, arroz y canto:
pólvora que viene de tierra, surco y cauce,
y hierve en los volcanes luchando al sembrarse.

Quiero mil batallas de lilas y amapolas,
que vayan todas juntas cargándose y unidas,
y cuando ya disparen, si es preciso,
desborden las pupilas sus flores amarillas.

Latir de los fusiles de cañas y cananas
cuando en las armas viven del pueblo sus labranzas
y besan en las ramas las rosas hilvanadas.

Cantares que se funden en pechos del obrero,
bigornias cual floreros domando los aceros,
y en mano de los cantos claveles engendrando.

Quiero mil batallas, y todas liberadas,
de lilas y amapolas floreando en las montañas,
y, si es preciso,
naciendo en las entrañas.

Fruto de las villas la crónica y garganta
que brota de la espiga de alguien que camina,
y cuando se cosecha, masa es su justicia.

Quiero las batallas, mil y mil batallas,
mil juntando miles, mil soldando todas,
de lilas y amapolas sumando a las begonias,
que forjen cada tallo, que limpien el arado,
que lleven en los dedos los callos del sembrado,
que apoyen en los hombros al hombre liberando
y, si es preciso y fuese necesario,
con flores en la mano para irles ya besando.

¿DÓNDE LOS OLIVOS?

No, aquí no pasa nada… ¡Y pasa tanto!
El gallo canta despavorido y pierde la metafísica del piso.
En el estertor de la mañana hay hedor de lágrimas
que ruedan como implorando a unos ojos ya perdidos.
Los faroles murmuran
y tañen cuentas inagotables sumándolas cada día.
Aquí no pasa nada, dicen… ¡Y pasa tanto!

A los altivos de cuello presupuestal no les sucede, ¡claro!,
se van durmiendo en las tertulias monetarias,
en las butacas parlanchinas y entre céfiros respiros;
¡ah, estupor de yaga malherida y mal sangrada!,
rígida palestra, indiferente y fría…

Entre tantas juarenses, entre tantos veinte mil muertos de estos años,
entre tantos sinaloenses o texcocanos ausentados
de vida y de por vida,
entre tantos otros tantos masacrados:
¡bárbaros! –gritemos-, ¡cuadrúpedos inmisericordes!
¿No visteis aquel Medellín llorando
sus laderas de polvo hasta el suplicio?
¿No sentisteis la muerte muerta y el cadáver corriendo aterido?
¿No olisteis sus sílabas resecas y pasmadas
en los muros encogidos,
ni el estruendo del latido yerto y tieso
por los sanguinarios sin oficio?

Huele a sudor de yerba y metanfetamina,
huele a la cercenada crueldad que echó raíz del hambre
y sometió la limpia voluntad ya exculpada.

¡Aquí no pasa nada!
Sólo el llanto es el que pasa.
Sólo los cuerpos de costado y sus yagas maltratadas.
Sólo los grifos ahogándose a sí mismos.
Sólo las cuerdas anudadas y los nudos asfixiándose en gemidos.
Solo las uñas desgarradas sin saber de un santo oficio.
Sólo los verdugos puliéndose colmillos.

¡Qué negocio de ojos y de vertebras y bruma!
Roedores de la cintura para arriba y para abajo, y de costado
en los lados, y de la cabeza a la cabeza en rotación entera,
y de los párpados a su mirada,
y de la cinta de las cejas a la cinta de zapatos:
¡aquí pasó el llanto!…
Y corrió con vestido y sin vestido,
con las carnes abiertas en su transparencia destruida,
con el dolor al descubierto
y la venda envuelta en sí misma;
simplemente en su agonía.

¡Aquí no pasa nada!
Los niños van jugando.
Y cuando el cruel alza su vista en sus quinientos veinte grados
de cólera y de fuego,
con metralla y con sadismo,
queremos ocultarlos, buscamos guarecerlos.
¡Aquí no pasa nada!... Hay que seguir jugando.
¿Miedo? No: terror, pánico y miedo; ¡todos juntos!
Hay que seguir jugando…
Aquí pasa la muerte con sus huesos de vendimia:
enfila, arrasa y luego extermina.

Por ahora, esconded los niños.
Esconded las manos y sus cuerpecitos y trajes de suspiros.
Llevadlos cargando hasta los brazos firmes,
hasta los ventrículos inimaginables del latido,
hasta las úlceras y vísceras si es preciso.
No dejéis que los arrebaten otras guerras,
ni otros hornos volcánicos y sanguinarios,
ni el terror con su cara de heroína,
ni el espanto maligno de la atrocidad de un homicida.

Recordad la España de Guernica que al caer las bombas
fueron los aldeanos a esconderse a los olivos,
y desde ahí esperaron en las hojas, encubiertos,
a que dieran fruto con sus hijos.

Recordad Varsovia, Dachau, Buchenwald, Flossenbuerg,
las calderas del abismo y del martirio,
y los niños escondiéndose en un diario,
en sus páginas, buscando campos de olivos.

Recordad cuando en Chile La Moneda
y las alpacas corrieron hacia el Callaqui,
cargando piedras, mochilas, harapos,
pulcritud, inocencia, vestigio, y a sus niños;
buscando una cueva, un lahuén o un pinón,
un árbol parecido a los olivos.

Por ahora, esconded los niños.
Llevadlos en la entrega, en el corazón sin que les hieran.
Sacudid ramas de pinos y ahuehuetes.
Levantad las hojas con sus verdes ilusiones.
En cada tronco poned sus ojos y esperanzas
y la imaginación de un sueño en el mañana.
¡Que no les toquen!...

Patria:
¿dónde los olivos?


Yosie Crespo (Miami-Estados Unidos).

CALLES

Hay calles
que codician lo lejano.
Acompañan a mujeres
que solas
huyen de frases
que no vuelven
y tienen solamente
lo que encuentran.

Hay calles que sonríen cada día
y no son las mismas.
Galerías de hombres que mueren
sin una mirada
y algunas sonrisas.

Como el árbol que crece a mi sombra
alfaquíes de tiempos y deudas
disfrazan los sueños
guardan el secreto del amor
y lo profano.

Hay otras calles que preparan
el reflejo de los pasos
me cobijan
con abrazos que no se repiten
o sucumben en el silencio
de un soplido
guardando la oferta secreta
de la luz.

Hay otras que cansadas
mueren conmigo
como si no pidieran ayuda
sentenciando puertas
que se cierran.

Hay calles que anticipan despertares
y a veces prefiero
no saberlas.

INVECTIVA DE AMOR CONTRA LAS COSAS QUE SE FUERON

Llegando su olor existía la luz
y su delicadeza derribaba
los cuerpos abrazados
que llevaban su nombre.

Adonde nos fuimos, muchacha?

Aquellas pasajeras ciudades
que anduvimos
nos comen por la sangre
como la edad del deseo.
Éramos el camino
de todo tiempo y lugar.

Había tantas cosas que amaba de tí.

Amé los pesares de tu alma,
la esencia invisible de tu soberbio amor
tu calma, tu desespero,
tu desvelo preguntando por mi silueta.
Amé lo imposible de amar.

Adonde nos fuimos, muchacha
sin que nadie nos detuviera?
ni siquiera la carne preguntó
porqué nos dejaba muriendo?

Había tantas cosas que me gustaban
de tí.

Hasta el humo derrumbado
convertido en cenizas
por su ausencia.
El minuto relámpago de su almanaque
consumido de antojos,
la fiera lacerada de su abrazo,
su lunar escondido premiado de mí.

Decir adiós fue, muchacha
conformarse con un cuerpo
que ya no es.

Obligarme a comulgar
con la idea de ser yo.

DANZA UN POEMA SOBRE LA TUMBA DE POE
XIV. SERIE POEMAS BREVES

Que nunca abandonen mis ojos
la eterna manía
de ser libres.
Que anuncie la diana el sonido
del recuerdo
como si llegara del viento
mi sombra sin rumbo.

Transfórmate en raíz o en tierra.

Sereno es el secreto más hondo
Y el miedo nos empuja
como si fueran susurrando
las alas de un cuervo.

Sobre la tumba de Poe
Dejo todo por hallarte.
© Yosie Crespo


PÁGINA 20 – ENSAYO

CARTA PARA CARLOS EDMUNDO DE ORY EN EL DÍA DE SU MUERTE
(poeta gaditano fundador del Postismo)

Por Gaspar Jover Polo (Alicante-Valencia-España)

De vez en cuando he ido recibiendo alguna noticia suya a través de los medios de comunicación: una entrevista en las páginas de cultura de un periódico, la crónica de algún homenaje local en un diario de provincias. Ahora se me ha ocurrido buscar información sobre usted en Internet, como hace todo el mundo, y también algún sitio en la red donde poder comunicarle la admiración que me producen sus versos. He encontrado muchas páginas virtuales referentes a Carlos Edmundo de Ory, pero lo que más me ha llamado la atención es que, en casi todas ellas, se da con urgencia la noticia de que usted acaba de morir este mismo mes de diciembre, hace unos días tan sólo, el 11 del 12 del 2010, para ser más precisos. Yo tenía la intención de escribirle desde hacía algunas semanas, ya había preparado lo que le iba a decir, así que, en consecuencia, he seguido el plan que me había trazado a pesar de que es muy probable que ya no pueda leer este testimonio de sincero agradecimiento. Lo que yo quería era, sobre todo, darle testimonio de mi admiración y decirle también que, según mi punto de vista, usted aparece demasiado poco en los medios no sé si será por voluntad propia en relación a los méritos que ha ido atesorando a lo largo de su ya larga trayectoria. Me parece que usted ya ha acumulado méritos suficientes como para que le concedan el Príncipe de Asturias o el Cervantes o cualquier otro galardón del rango más alto. Y si su ausencia de la primera línea de la vida cultural no es por propia voluntad, tal vez le alegre saber que, no obstante, usted dispone de admiradores que, como yo por ejemplo, lo consideran merecedor con méritos sobrados de alguno de esos dos importantes galardones.

Estoy seguro de que sus logros no son menores que los de otros poetas con más fama, con más presencia en los medios de comunicación, y que no desentonaría, ni mucho menos, en la nómina de los ya galardonados con el Cervantes. Pienso que no hay demasiados poetas en la actualidad que hayan publicado más de veinte libros de poesía y que, como es su caso, hayan sido traducidos a varias lenguas. Y me parece que hay muy pocos autores que, como usted, hayan fundado una escuela literaria. En todos los manuales especializados en literatura, Carlos Edmundo de Ory sale como iniciador del Postismo, un escuela rompedora y a la vez exquisita en el complicado panorama de la poesía española de posguerra. Y no lo digo yo, lo dice la mayor parte de los que se ocupan profesionalmente de estudiar la literatura.

El reconocimiento puede ser importante, yo echo en falta un mayor reconocimiento público de su labor, pero no eso es lo fundamental, lo que de verdad importa es siempre la calidad de los textos. Y en ese sentido, yo reto a cualquier buen aficionado a la lectura a que me cite un solo poema suyo que no tenga al menos dos versos de extraordinaria calidad, de esos que te dejan casi sin respiración. Y en los mejores trabajos, en esos que le salieron a usted redondos, lo cierto es que las ocurrencias geniales se encadenan.

Puede que esta carta de agradecimiento le llegue un poco tarde, pero, como no quisiera pasar por desagradecido después de todo lo que llevo disfrutado con usted, me he decidido a escribirle a pesar de todo. A pesar de la sorprendente noticia, no he querido dejar pasar la oportunidad de sincerarme.


PÁGINA 21 – CUENTO

JORGE
Por Gaspar Jover Polo (Alicante-España)

En una operación de cabeza, concretamente en el postoperatorio, Jordi, todavía en la camilla, no termina de despertarse. Mientras sus familiares se van colocando junto a él, Jordi les sonríe beatíficamente; por lo que todos piensan que se puede haber quedado tarado, o que, por lo menos, ya no va a pensar nunca con la misma claridad de ideas que demostraba antes de la enfermedad.

Jordi sigue sonriendo bobamente, como sucede en aquella película del hospital siquiátrico en la que el protagonista, un rebelde con causa, es cometido a una sesión de electroshock con la que los médicos intentan rebajar su rebeldía. Al salir de la sesión, todos sus compañeros lo creen definitivamente ido, tarado, perdido sin remedio. Sin embargo, él se está haciendo el tonto para darles la grata sorpresa de que no se le puede doblegar por ningún medio. Así que, en la secuencia siguiente, los ojos del protagonista vuelven a lucir con malicia e inteligencia.

Jordi avanza por los pasillos de la gran sala mirando con cara de memo. Y en verdad que consigue asustar a los familiares. El médico explica que las consecuencias de la anestesia general que requiere una operación tan importante son siempre profundas, y que habrá que esperar al menos veinticuatro horas. Con lo que parece tranquilizar a los parientes y amigos. Jordi, mientras tanto, sabe que, para dar la gran campanada en el momento menos pensado, para soltar su ocurrencia más ingeniosa cuando nadie lo espere, está imitando al protagonista de la película de los locos. Pasan varias horas después de las veinticuatro y no se producen novedades; pasan algunos días y la preocupación se desencadena en su entorno. Jordi sabe que está jugando con fuego, pero cree que tiene todavía guardada, como un as en la manga, la sorpresa de su recuperación repentina y de forma casi milagrosa.


PÁGINA 22 – POESÍA AMERICANA

Susana Chávez (Ciudad Juárez-Chihuahua-México)

Poeta y activista contra feminicidios asesinada el 7 de enero de 2011

OCASO

Para Linda Escobedo

He perdido la cuenta de tus huesos
introduciendo mi palabra al tiempo
entonces me fui a alguna parte
con el apetito dormido.
Fuiste tú el sitio del crimen,
quién me volvió clandestina melodía,
a quien contemplo mezclada de imágenes
sentada en una butaca del cine
para ver mí sombra.

Nos enredamos en el vacío
y de la nada surge tu boca
a desprenderme a Dios del aliento
en un espejismo que me brota
por un rumor indefinido.
Surges despuntando tu lengua
liberando a Sofía de tu interior.
Aquí estás, embalsamada,
casi real entre los árboles.
Pareces un chacal,
un alebríje que me conquista
más allá de lo intocable.
Te veo desatada en una ventana
alrededor de mi otra parte
dándole a mis ojos el cierre final.
A veces, también te veo
atrapada en un secreto
que duele entre mi carne.
Así voy avanzando paso a paso
tomando de una mano tu ruptura
y acariciando con la otra
los cabellos de alguien
por quien toco la magnánima vehemencia.

Así voy en mi misma
perdiendo la cuenta de tus huesos.

EN EL ÁRBOL DE LA VOZ.

A ciegas la luz vela
y unos ojos se abren para siempre.
Hablo del corazón frente a la muerte,
en el árbol de la voz, con un labio de tierra y otro
de noche,
con un corazón de polvo y otro de viento.

Hablo de este amor,
esta navegación entre la bruma,
este amor, este amor.

Cada silencio nos llevara a la palabra que nos
refleja,
y en mí toma cuerpo tu soledad,
en tu mirada ausente se deshacen los astros.
A veces te descubro en el rostro que no tuviste,
en la aparición que no merecías.
Y el silencio levanta la cabeza y me mira.
Esta vez volvemos de noche,
los árboles han guardado sus pájaros,
el cansancio estira su lengua para cantarnos al oído.
La noche llego en tu corazón,
tus ojos se cerraron en la llegada del mundo.
Y sin embargo, de alguna manera, todos lo sabíamos,
y algo parte en dos la memoria,
algo parte en dos a la mujer que peina su alma antes
de entrar al lecho solitario,
y parte también el tiempo de la noche,
como el vaso que cae de la mano de algún niño
asustado
algo parte en dos lo que estaba partido.

PARA: A. A. B.

Siempre en tu sombra
comprendo un poco más a la palabra,
y ¿sabes?, también al silencio.
Siempre hay una compostura al desorden,
y mis pulmones reciben ahogados tu aire.
Siempre me sacas las palomas de los ojos con tus
historias,
volviéndome destiempo.
Me asombro cuando me vuelves pájaro, Sacándome de
pronto de entre tus ramas
y me haces escurrir gotas de sonrisas aun cuando
traigo el corazón de piedra.
Una piedra que con tu soplo se deshace.

¿Dime, quien te hizo?
Que bebistrajo consumió el carpintero
para tallar este sueño extranjero del mundo.
¿Qué materiales utilizo con tu alma?
Dime, con qué pasión se ensordeció
dándole corporeidad a lo que me hace renegar de la
muerte,
pero, pobre la muerte. Cuando escucha de ti solloza en
un temblor,
porque has dejado preñada a la eternidad de tu
existencia.

Yo siempre recomiendo tu aire.
Tu aire de raza nocturna,
tu aire que convoca remolinos en el desierto,
tu aire, desgarrón de la palabra intrincada,
respiración sabia de Dios,
despierto por todas partes,
tu aire que siempre se deja respirar.

Ah, viejo, viejo!
Te has asociado con la armonía
y todos hemos caído de improviso a quitarte un fruto
de entre tus ramas.
Después, nada dijiste,
después, nada supimos decir.
y a mí, me haces aprender y olvidar tantas cosas
que ya no sé si tener o no memoria.
Siempre ando a la cacería de tu palabra hoja
y sacudo mis zapatos en la puerta de tu raíz de ese
sucio lodo llamado miedo.

Ya indetenible déjame decirte...

Perdón. Mi árbol más querido,
por obtener la madera con que me hice fuego,
haciéndote sangrar con mi hacha,
desdoblando, desvistiendo tu cuerpo
pero tus pájaros volaron una noche a mi designio
y fue inevitable.
Esos pájaros dolorosamente me picotearon el alma
y no pude soltar el hacha de mi mano,
y después al volver mi vista a ti.
Tú, plantado.
Ofreciéndome aún tus ramas bajo la tarde,
bajo la lluvia, tus frutos, tus pájaros.
Ay, mi árbol de blancos muñones.

El fuego que de tu madera hice aún está en el brasero
de mi alma.
Cada día lo mantengo vivo y lo cuido,
y canto, canto sin frío,
porque como tu madera
no hay otra en todos los mundos,
porque entre tu sombra
se comprende un poco más a la palabra,
Y ¿sabes?, también al silencio…

LA RAIZ DE TU SALIVA

Poema a Arminé Arjona.

Ciertas palabras vendrán un día
a mover tu laberinto de imágenes
para robarle a el lecho tu cuerpo
estremeciendo otras palabras.

Tu pelo más largo atravesará el silencio
de un viento que levante el agua del mar

He escuchado tu rostro
solventar tus argumentos
donde hay frases de recuerdo
que peinan remolinos

Por eso escucho tus sitios
antes que mi frase se encorve
y tan sólo quede un zumbido

Ciertas palabras buscan tu boca
y devoran tu respiración
al sentirlas en la carne tomando vida,
ciertas frases te reconocen
contra ti misma. Por otra sangre,
por otros libros, por otras frases.

Amanece y te buscan luchando
doblando esquinas
rompiendo el vidrio de tu ventana,
están aquí como un fantasma
en busca de un deslumbrante nacimiento,
te aman y se dejan caer sobre ti
como un hombre cegado por el deseo
de tu cuerpo,
deseando tocar tu fondo
para producir el vértigo.

No quieren ser susurros
no quieren otro espejo,
quieren arrojarse a tus manos,
detener la noche,
separar tus muslos,
quieren romperse en tu voz,
para despertar la raíz de tu saliva.

Ciertas palabras te miran
como un niño perdido y lloroso,
ciertas palabras ven en ti su vuelo,
rondan el alrededor
de su propio deseo.

SIN MARIA

Nunca la llamé María
preferí separarme la porción con la cual decidió
que todos abriéramos y cerráramos la boca.
Nunca comprobé si después de ella había una secuencia,
un fondo, una simpatía por acercarse y verme inmóvil,
rendida, teniendo la carne incontenible de miedo,
de no permitirme el encuentro con su sombra
que hiere mi cuerpo con sus ruidos,
en medio de la noche.

Por eso cierro los ojos,
y con mis manos toco la tibia carne
de quien no huye de las garras de mis labios,
quien se inunda de susurros arrojados
y llena de cansancio a mi lado cae,
saliendo del fondo de mis ojos.
Otra mujer.
definida, visible, palpable,
cierra las puertas que María dejó abiertas,
se mete en mí, atravesándome con su aliento,
mirándome partida en lágrimas,
no sintiendo miedo,
no pidiendo explicaciones.
Con ella,
sin María.
He calmado la sed con un vaso de mi prisa
líquido roto donde se encerraba una contra sí misma.
Contra sí misma...
Flotando...
en el fondo.

MADRE ENVIDIA

Toda tarde, según tú
fue extrañar esos ojos,
según tus reglas
no sentir soledad.
Según tú
disfrute a la vida serpenteando.
No puedes reconstruirte con otra ideología
menos con la emoción de una palabra.

Según toda tú
te llena la televisión,
te reencuentra el lenguaje,
mereces los instantes ajenos.

Madre desquiciada y sorda
donde cae una lágrima
donde no se distingue la remembranza.
Madrecita envidia.

Traes la noticia de mañana,
encontrando ausencia en ese instante de tí
cubriendo huecos muertos de años.

Madre envidia
me iré, exiliada con un protocolo mejor
que el de tu morada.

SANGRE NUESTRA

Sangre mía,
de alba,
de luna partida,
del silencio.
de roca muerta,
de mujer en cama,
saltando al vacío,
Abierta a la locura.
Sangre clara y definida,
fértil y semilla,
Sangre incomprensible gira,
Sangre liberación de sí misma,
Sangre río de mis cantos,
Mar de mis abismos.
Sangre instante donde nazco adolorida,
Nutrida de mi última presencia.


Miguel Crispín Sotomayor (La Habana-Cuba)

TE RECUERDO

Te recuerdo en el canto de un pájaro
y en la risa de un niño.
En los ojos azules
de un cielo de verano
y en el pasto que crece
a la orilla de un río.
En el haz de la lluvia
con la tarde y el viento
y en los largos caminos
que van al horizonte.

Te recuerdo vestida
de estrellas de arena y de mar.

TE BUSCO AMOR

I

Te busco amor
en cada despertar
en las tardes grises
y en las noches largas.

II

Te busco amor
en sueños peregrinos
en el nuevo repicar de las campanas
y en el pájaro azul que con su canto
golpea el cristal de mi ventana.

III

Te busco amor
en la estrella lejana
que tiembla noche a noche
ante mis ojos
y extingue con el día su vida.

En ese perro
que descubre en las calles su camino
que persigue en la noche la comida
y en los niños
que no encuentran alimento en la mañana.

IV

Te busco amor
en esa mujer que frente a ti
mece su cuerpo y sus ojos
con la arrogancia de buena mercancía
y como meretriz alza sus senos
creyéndolos diamantes
y pasea sus nalgas creyéndolas de oro.

En la otra mujer, la que nunca se fue,
pero esta acá, también te busco amor.
La que guarda su mejor belleza
para esperar correo
la que da de mamar a la foto del hijo.
La que tiemblan sus manos
cuando recibe cartas
la que llora y se marchita
cuando busca y no encuentra noticias.

V

Te busco amor
en el amigo que escucha atentamente
un rosario de penas y alegrías
y que luego devuelve con otras fechas,
otros nombres, otros lugares.

VI

Te busco amor
en el que siembra tristeza, hipocresía,
en el que oferta la risa
como aquélla ofertaba sus senos,
en el que vive buscando quien lo abrigue
y empuje para alargar sus pasos.

En el que cree que la vanidad y el poder
lo hacen inteligente y se muestra sabio
y fuerte, y luego llora, solo,
como aquélla que creía que sus nalgas eran de oro.

VII

Te busco amor
en todas esas cosas
porque en ellas espero siempre encontrar
algo de ti.

SIEMPRE

En todas las calles
las casas
los puentes
los ríos.

En cada niño
y cada mujer que pasa.

En cada risa
y cada palabra que oigo.

En cada café.

Me persigue tu voz
y me miran tus ojos.

EL AMOR PUEDE SER MUCHAS COSAS.

El amor puede ser muchas cosas: una calle,
una esquina, el banco de un parque.
Una pared que sostuvo una espalda y un pie.
Puede ser la luz de una ventana,
la caída del sol sobre dos manos aprisionadas
o el despertar de dos cuerpos enlazados.
La luna.
Pero aún, hay más amor:
hay amor
cuando se besa a un niño que reclama
la misma luz que alguna vez
ansiamos recibir de una ventana
y dormir bajo esa luna,
que en una noche de placer nos alumbró,
con la seguridad de que al despertar
encontrará el sol
y no el hambre que lo devora.
Hay amor
cuando esos niños, desde su infortunio,
lanzan un reto a nuestra rebeldía.
“...Sueña lo que hago y no digo...”
Silvio Rodríguez.

HAY COSAS...

Hay cosas
que nunca hablo.

Hay cosas
que nunca pienso.

Hay cosas
que aunque las pienso
al nacer
se van muriendo.

Hay otras
que aunque las hablo
ni siquiera me doy cuenta
de que las estoy diciendo.


PÁGINA 23 – ENSAYO

30 AÑOS DE NOMBRAR AL MUNDO

Por Óscar Wong (México DF-México)

“El poeta es un solitario inadaptado, lobo hambriento que odia al rebaño, y si hace estragos en el redil no es por hambre, sino porque el lobo ama la libertad, y la soledad le pesa como castigo. Entonces aúlla, espanta y extiende el terror para recordarle al rebaño que existe, que la tierra gira y la vida pasa, que es peligroso dormir sin soñar, y que ahí está él como un centinela de la noche para desatar el terror y limpiar los pecados del mundo con la sangre del Cordero”.

Las palabras de Gonzalo Arango aún resuenan en mi conciencia como una turbulencia reveladora, acosándome, revitalizándome, incitándome desde que decidí adentrarme en este denso territorio de palabras, trazando signos, descifrándolos, nombrando una y otra vez al mundo. De cuando en cuando abandono el Wongnasterio para hostigar al rebaño timorato, para recordarle que “las máscaras podridas/ que dividen al hombre de los hombres,/ al hombre de sí mismo” son ficticias, pero que ellos las construyen para llenar el vacío que los acoge, que los sobrecoge, aunque esa sea su naturaleza.

En verdad que me siento agradecido con la vida por mi linaje, por mis orígenes dinásticos, sobre todo porque tuve un padre que veía al mundo no con la óptica burda y hasta grosera del occidental, sino con la milenaria sabiduría de los ancestros chinos, con la constancia y disciplina que forjan universos y descubren la infinita multiplicidad de las diez mil cosas que integran al Cosmos:

Mi padre fue un incrédulo rey mago que llegó a nuestro sur siguiendo la otra cara de su estrella.
Vino de mar en mar,
desde una isla donde se entrecruzan terremotos, dinastías y vientos,
y fundó unas colonias de secretas nostalgias y traicionera sal
que absorbieron un día y otro día las ávidas arenas.

Los versos de la argentina Olga Orozco son exactos para cantar esta insólita raigambre de la que provengo y que desde luego ha marcado mi expresión lírica. Pero también debo decir que tengo una madre chiapaneca quien a pesar de su estatura material, y más ahora disminuidas por la fragilidad de la vejez, supo enseñarme a visualizar que lo más diminuto e imperceptible contiene más relevancia que la ordinaria desmesura. Después supe que esa sensible visión maternal era la misma que está presente en Whitman cuando canta el misterio de la existencia que persiste en una hoja de hierba. O en Sabines, cuando invoca al Amor como el silencio más fino. Comprendí que los poetas descubren la fugaz permanencia de lo eterno, la profundidad fugitiva de lo sacro, los múltiples aspectos de la kratofanía. La piedra sagrada está ahí, develándonos el Nombre, su Nombre:

Aun la palabra roca no viene de las rocas.
La palabra es más densa que la roca,
resquebraja la roca,
es el cardillo armado, que sabe de su imagen,
el agua enternecida con lo que refleja.

Eduardo Lizalde lo ha dicho muy bien y por eso lo cito. En estos 30 años he sabido y a veces he padecido a la perfección de los accidentes de la substancia aristotélica, aunque el infaltable Quevedo lo exterioriza de manera más convincente: No sentí resbalar, mudos, los años. Treinta años adentrándome en el laberinto existencial, reencontrándome a veces con mis inicios, entrelazándome a punto de la asfixia. Del oroburus al caduceo he descubierto que la Poesía es terriblemente celosa, melosa: amarga como la miel del libro que degustó Juan de Pathmos a instancias del Ángel. Y esta Revelación me perturba, me empequeñece, me hace enmudecer. El Vibrante Haz Luminoso que desciende durante la Eucaristía me obliga a arrodillarme. Y me sé un simple ser humano atento a la resonancia del Cosmos, tratando de balbucear algunas palabras. Estas palabras.

El lenguaje prosaico -lo sabemos- con toda su carga lógica, conceptual, se opone al lenguaje poético, que se devela por el ritmo, las imágenes y la multiplicidad de significados simultáneos. Pero también es primordial su dimensión mágica, mítica, sagrada. Robert Graves me susurra la famosa tríada irlandesa del siglo XIII:

Es mortal mofarse de un poeta,
amar a un poeta,
ser un poeta.


PÁGINA 24 – CUENTO

EL SANTO

José Ruiz Guirado (El Escorial-Madrid-España)

Tras un día soleado y caluroso, llegó una noche fría, con niebla y oscura. En pocos minutos, apenas si se contemplaban los fanales de la calle. Para ser viernes, pese al silencio que siempre reina en el pueblo, éste se hacía extremo: ni un ruido, ni un ladrido de un perro, ni un maullido de una gato, ni el crujir de las chinas de la calle cuando una pisada humana las meneaba de su sitio. En medio del silencio sonó la campana de la iglesia y una voz aguda y de mujer recorrió todas las calles. ¡Han robado el Santo! ¡Han robado el Santo! Una a una se fueron abriendo las contraventanas metálicas, después las ventanas y, ya en el balcón preguntaban a la mujer que iba corriendo y pregonando. El silencio se tornó en murmullo. Los pocos vecinos se concentraron en el atrio de la iglesia. Cuando se habían concentrado un número suficiente, se entró en ella, donde, efectivamente, sólo quedaba el pedestal, a la derecha del altar, donde siempre estuvo, salvo en las fiestas, que se colocaba en las andas para llevarlo en procesión por la villa. Era una talla mediana, tirando a pequeña que no era difícil ocultarla, ni llevársela, pues su peso no era excesivo y una sola persona podría hacerlo sin demasiado esfuerzo. Aunque debieron ser dos personas, por las pisadas que dejaron sobre el suelo recién fregado. Estaría la señora, que limpiaba la iglesia casa jueves, aseando la Sacristía cuando oyó ruidos fuera y al salir llegó e entrever cómo se lo llevaban hasta el automóvil que había fuera, en el que esperaba otra tercera persona con el motor encendido para salir precipitadamente. El párroco no estaba en la casa rectoral; convaleciente de una reciente operación, le atendía su madreen El Espinardo, pueblo cercano y cabeza de partido judicial. Pese a las investigaciones y pesquisas que se llevaron a cabo, no se dio con la talla, ni pareciera que hubiera visos de encontrarla. No se trataba de una talla, que por su antigüedad tuviera valor para su venta. No portaba piedra preciosa ni joya alguna. Podría tratarse de una gamberrada; pero ni los más jóvenes, que vivían de espaldas a la religión, faltaban a la cita en las fiestas patronales para portar en andas al Santo. Por tanto, el robo por lucro o la gamberrada serían las causas de su desaparición. Tampoco se le atribuía al Santo milagro alguno conocido. Se apagaron las luces, se cerraron las puertas y los vecinos se fueron yendo cada cual a su hogar. El silencio, con la espesa niebla envolvió cada una de las casas de las que salía humo por la chimenea, dejando una estela, un olor a leña.
Don Feliciano Mendoza y Abantos, marqués de Roblebajo heredó el marquesado tras la revuelta comunera, prestando sus servicios a Carlos V. Desde entonces hasta la Guerra Civil, las posesiones y los apellidos fueron pasando de padres a hijos. Durante la guerra la zona estuvo tomada por el bando republicano; pero pudo librarse gracias a la intervención de sus caseros, a quien siempre dispensó un trato un trato afectivo y humano. No obstante, hubo de exiliarse a Portugal, hasta que acabó la guerra y volvió a recuperar y reconstruir su heredad que permanecía en ruinas. En lugar de reconstruir la capilla, decidió donar las piedras para levantar la ermita del pueblo también en ruinas; que se convertiría en parroquia gracias a la intercesión del marqués ante el arzobispado para que le cediese los terrenos anejos propiedad de la Iglesia. A cambió pidió que a su muerte fuese enterrado en el pequeño cementerio que existía junto a la parroquia. Con su desaparición, se extinguió el marquesado al no tener descendencia alguna, con lo que los terrenos situados en la villa pasaron a propiedad del Ayuntamiento y éste los vendió entre los vecinos que pudieron comprarlos. El Santo que se conservaba en la capilla se conservó intacto, gracias a que el Sacristán pudo ocultarlo en un pajar de su propiedad y algunos de sus familiares, lo fueron cambiando a distintos establos, hasta que acabó la guerra. El marqués donó el Santo a la nueva parroquia, obligando en su testamento que el Santo sería custodiado por todo el pueblo. Por tanto, asumían la responsabilidad cada uno de los vecinos. Acabado de construir la parroquia en la que colaboraron todos los vecinos.
Pasado el tiempo, y viendo que el Santo no aparecía, se acordó en la reunión que se celebró en los locales del Club Cultural, donde se festejaban carnavales y la festividad de Reyes, en los que se repartía chocolate y churros, encargar una nueva talla, costeada por todos, a un ebanista del pueblo limítrofe de Peguelardos; que a juzgar por los resultados no era su fama producto de habladurías. Quienes conocían la talla antigua, no sabrían distinguirla de la nueva. Asistió el obispo de la diócesis, las autoridades provinciales y locales, el párroco y los vecinos a la colocación del Santo en su pedestal vacío. A la primera misa, tras la que asistieron las autoridades, acudió todo el pueblo. Sin embargo, hubo en el ambiente una sensación extraña, diferente, rara. Como si el Santo les fuera ajeno, otro, impostado. ¡No es el Santo! El propio párroco se enojó hasta el punto de recriminar a los feligreses, desde el púlpito, la falta de fe. Aquella reprimenda se convirtió en un pulso: el siguiente domingo no había en misa más que el párroco, el sacristán y la beata que asistía a todas las celebraciones.
¡Qué vamos a hacer? Habremos de mentir a los feligreses. ¿Cómo va a mentirles su párroco?
Llegaron las fiestas patronales, y como se había hecho desde que se tenía memoria, se sacó el Santo en procesión por las calles del pueblo. Un Santo que había perdido una mano, parta de la pintura policromada del hábito y una visible hendidura que se extendía por todo la espalda de la talla. Tras la procesión, se oyeron las acostumbradas vivas al Santo; mientras, en la plaza se trenzaban los vetustos pasos de jotas y rondones.


PÁGINA 25 – POESÍA AMERICANA

Angye Gaona (Bucaramanga-Colombia)

Poetisa y comunicadora, apresada por el estado colombiano por pensar diferente

CUANDO LA GUERRA

Vas a mañana o a morir
Eunice Odio

No provoques al león
que reposa en su campo.

¿Qué podría implicarte
su gesto lento,
su verdad calma?

Si no puedes resistir esa,
tu inclinación de más,
y buscas un león que sirva
su propia cabeza en tu mesa
y sólo un par de garras,
las tuyas,
admites en tierra,
nada podrá guarecerte de esa,
tu intención de más,
y alguna trampa,
algún águila mecánica traerás
para cazar al león.

Reina el león
aunque lo enjaules
y lo lleves lejos de sí
a rugir a tus circos,
a esconder sus garras en tus fábricas,
a desatar la ira de las bestias del Sol
que atesoras en las bóvedas.

Reina el león y reina la espada,
único arbusto que crece silvestre
en las tierras del león,
que no te será dado exterminar
aun si ordenases manar fuego
a tu garganta.

HERMANO MAYOR

A las naciones indígenas de América

A danzar viene el Sol a la piel,
dorada por Dios.
A danzar,
tañen los dientes de oro,
brincan los suelos
en las uñas del toro.

Corre por los caminos,
por las arterias.
Sangre viva,
sangre del cuerpo pasado.

Acoge mi sangre;
entra a circular por tu nombre.

Soy una mezcla,
soy un pan,
soy mestizo.

Tus antepasados y tus hijos
lanzan piedras contra mí.
Al alcanzarme las piedras
se unen a mi cuerpo,
se convierten en panes.

Toma este pan,
toma esta vida,
toma la Tierra
que es tuya.
Tierra donde parieron todas nuestras madres,
donde vivos bebemos leche de la estrella.

A danzar, viene el Sol
con tus dientes de oro.
Brinca en la piel que llevas
dorada por los dioses.

Toma esta sangre;
es lo que sé sagrado
para un pacto.

Sangre antigua es.
Viene de dos ríos,
dos corrientes,
quizá tres o cuatro afluentes.
Es un río silencioso,
espera su hora para bramar.
La hora cuando se junten los ríos,
a cielo abierto bajo el Sol,
en secreto ánimo de danzar
y ser uno con los dioses,
en un pacto alto
que se llame Tierra,
que se llama Madre,
que nos llame hermanos.

BARCA VIVA

Suelta las amarras, alma mía
leva las velas que es forzoso partir.

No subiremos carga alguna.
Sólo el nombre y no debe pesar.

No repares en lo que se queda,
será sólo estrago en la corriente.

Zarparemos ahora
pues, si no es así, ¿entonces cuándo?
ésta es la aurora única.

Y, si el cielo quiere,
que el viento nos sea esquivo.

Será sólo, entonces,
el soplo del corazón
para alcanzar la herida a traspasar,
la que llamea adelante.

No temas,
no quema.

Somos una barca viva
que nace de la propia propulsión
como las aguas.

PEQUEÑO ARDID

Acuérdate de tu guardián
René Daumal

Guárdame de mí,
gran silencio leve que habitas
más allá de la sombra,
entre los tumultos del cerebro
y las mentiras sabias.

Guárdame de mi viento en contra
pues la brisa ha dejado de ser
mensajera tuya de pureza.

Qué traerás, qué ofrecerás,
más acá de las sombras,
en un tiempo de desapariciones,
cuando vuelven las cabezas separadas
a preguntarse descreídas
si no dejaron
algún secreto bajo la lengua.

Te escucho, oh Guardián,
pero no alcanzo tu clara diadema de sortilegios acechantes,
pues no perteneces a este lado de la sombra,
donde acaso te tome por un borracho en mitad de la calle.

***
, 1980. Perteneció al comité organizador del Festival Internacional de Poesía de Medellín. En el año 2001, coordinó la Exposición Internacional de Poesía Experimental, realizada en el marco del XI Festival Internacional de Poesía de Medellín. Los poemas aquí publicados pertenecen al libro, recientemente publicado, NACIMIENTO VOLÁTIL.


Oscar Alberto Marchesín (Montevideo-Uruguay)

¿CÓMO MORIR SENCILLAMENTE? (ensayo)

…Una mujer imposible un recuerdo dudoso sueño o suceso
una enfermedad real un deseo impensado
Temores por el tiempo pasado y la filosofía del tiempo que queda
temores que se pueden analizar...

No son las cosas importantes las que llevan al hombre a su muerte diaria
Por lo general está preparado para la muerte para el asesinato
El incesto el robo la violación mental la inseminación la clonación
La tortura la venta de niños las mujeres o la histeria...

Son una serie continua de pequeñas tragedias
Lo que lleva a un hombre cada 24 horas a su final...

No es la muerte de un amor
Sino el bostezo del mal aliento en el rostro
Cuando ese día sin auto subís al ómnibus tan negado...

La muerte de la vida es ese cúmulo de trivialidades
Que pueden matar más veloz que el cáncer y siempre están ahí...

La cola para pagar todo…
El permiso de conducir vencido y la multa o el vuelto que no llega...
Los contratos o los despidos el estreñimiento
La careta de una suegra...

Polillas o grillos o ratas o mosquitos gigantes
O cucarachas o moscas
Y en la ventana quedó abierto el mosquitero...

O pasarse o no llegar y la farmacia de turno desatendida
O el vecino borracho y la vereda vomitada debajo de tu pie izquierdo...
O el vecino que festeja fiestas y reyes con música violenta
Y maliciosa hasta las siete de la mañana...

Los bancos que se quedan con los ahorros de tu vida
Los bancos que avisaron a los que más tienen
Que se quedarían con los depósitos
para que ellos si pudieran retirarlos...

Al presidente no le importa ni le llegan los reclamos
No importa qué presidente todos dan lo mismo...

Y la limosna y el diezmo dominical y el hambre diario...
El interruptor de la luz roto el colchón hundido el charlatán
El botón partido un punto de roja sangre o aceite en la camisa blanca...

100 dólares y el auto sigue fallando y el mecánico te pasó de nuevo al cuarto
Y volvés al ómnibus de los bostezos y eructos de cada día...

Y el recibo del teléfono que sube y la bolsa que baja
Y el agua que corre por el water y nadie puede agarrarla...


Y la instalación de la luz cortada
La luz de la entrada la luz del frente la luz de atrás
La luz del interior...
Está más oscuro que el infierno y el kilowatt más caro que el diablo...

Y además siempre hay ladillas y uñas que se encarnan
Y gente que insiste en que son amigos tuyos
Y mujeres que gritan de sexo mientras leen una revista
Y jefes que creen conducir tu vida y vos te cagás en ellos
Y ellos conducen tu vida...

Siempre existe eso y cosas peores…

Grifos que gotean un cristo disfrazado
Y la navidad el pan y el vino de la misa
Y los curas que se lo beben todo para seguir mintiendo
Los misteriosos parientes Que vemos cada fin de año...

7 días de lluvia 2 pesos de caramelos baratos un diente roto
Y el chorizo de cerdo podrido en la heladera que calienta...

O los baños de once y las miradas de costado
De los maricones de turno...
O las insinuaciones de las camareras de los hoteles
Cuando hacen la limpieza y son tan viejas y gordas...

No son las cosas importantes las que llevan a un hombre a la muerte...

...de cuidacoches o de lavacoches o de pinche de cocina o lavacopas
O de ladrón de bolsos de ancianas que las deja gritando en la acera
con una pierna rota a la edad de 85 años...

Ves que algo se acerca violentamente Y nunca parará hasta tu adentro...
Y sangre en la ropa interior de dientes rotos sobre el piso sucio
Dientes postizos sobre el futuro de china y rusia y estados unidos
Todo tan ficticio como eso...

Y pelo largo y pelo corto y nada de pelo y barba sin rostro
Y muchos papeles pero ninguna hierba excepto tal vez la del jardín...

Con cada teléfono que suena por última vez
Luego de la centena de llamadas un hombre o una mujer
O un animal más van a parar al cementerio...

...las cosas simples te alegran la vida quizás
Y los problemas simples te matan seguro siempre
Siempre fue así...


BAR LA PAZ

Cuando en la libertad que te otorga
La posibilidad intactable de arreglar el mundo en el bar la paz...
La filosofía barata supera la ropa de mala muerte que llevamos...

Y sin un peso el “gallego” del bar nos banca hasta la madrugada
Con un café compartido estirado frío
Y 100 vasos de agua en vasos dudosos...

Y hasta escucha sin opinar hablar de los zares marx mussolini
caruso mozart y la sexualidad de la barca nervo arlt y los locos...

Hasta sui generis charly julio sosa maradona y marilyn...
La yuta el comunismo de la mentira un muro de hipocresía...

Neruda por siempre woody y los vidrios empañados...
Hitchcot y ese cuchillo tan profundo los tres chiflados y tantos otros...

El “gallego” siempre escucha...

Las cortinas sucias y no nos bañamos hoy...
Porque para entrar al bar la paz no es necesario bañarse...

Para ser libre debe pisarse el territorio del bar la paz...

Los poemas en las servilletas manchadas
Por el tomate de la pizza de ayer son buenos mi cabeza es otra...

Algún moscato también compartido acerca las ideas y elena escribe...
Elena escribe sin detenerse hasta la fatiga de la mano...

Es tan de noche y llueve tanto y el agua moja a los apurados
En las veredas sin sol iluminadas por los inmortales las cuartetas
Y el gran rex...

El obelisco define su sombra inmensamente interminable...

...las prostitutas de montevideo y florida santa fe y pueyrredon...
Ellas tienen brillo propio sin precio para el bar la paz...

Solo escuchan junto al “gallego”...
Y de a ratos redimen su trabajo insalubre muy sonrientes...

En el bar la paz el mundo no gira el tiempo no tiene reloj...

Parece que nadie puede morir nadie se hace viejo...
Mentiras...
Hermosas mentiras en la fantasía de un bar...


LA RECOMPENSA (Buscado tan solo muerto y disperso nunca entero)

Reflexiones pobres
Me transmiten sensaciones irreferentes de irreverentes
caídos del catre verde
Y disperso en el tiempo polvoriento
Cada uno de todos mis brazos los externos e internos
Mil dedos al abismo que son todas las formas de tragedia
Conocidas o no purgatorio y dante incluidos
En un abrazo fracasado a pesar de todo todos ellos dispersos intactables

Y cada una de todas mis piernas es un camino coartado...

Es imprevisible la posibilidad de sorpresa
Y no son una proyección mis ojos sobre la tierra
De ese universo abstracto que dilucida puntos de luz difusa
Entre sonidos intermitentes tan dudosos como sus seres
De colores irreconocibles...
Será todo el brillo del ocultamiento la duda

Un prolongado sendero se aclara se enceguece se ocupa se escala
Se impregna de vírgenes desoladas que ya no esperan nada
Y rojos genios nada comunes de montañas agujereadas de queso
Computadoras irreflexivas tienden a la locura
Y en sus pantallas mis nombres todos y las noticias
Buscado tan solo muerto y solo disperso...

Se apilan ángeles guardianes resucitados de las raíces
De pequeños árboles metálicos
Sin pájaros nocturnos sin hojas amarillas sin el viento caliente
Cien grados farenheid las nubes negras las botas transpiración
y sequía
Conjunción de mis brazos y piernas todos
Entre confusas manchas rojas
Simulando la tinta de mis escrituras la sangre de mis cuerpos...

Y el viento norte gira cada vez más fuerte y perfora
Desordenando el cosmos que se pregunta sin respuestas posibles
Malformando mis rostros malgolpeando mi carne deforme
Contra los globos de rayos rojos contra los cubos translúcidos...

Disperso irreverente sucio de polvos estelares
La máquina me atrapa a diario el sistema ordena mi mente
La muele me digiere luego cercena todos mis miembros
Pone todo y cada cosa en su lamentable lugar
una cosa para cada lugar
Hoy ya no estoy
Encasillado atrapado diseminado no buscado...


EL CASTILLO DE LOS ILUSIONISTAS -el cielo-

Entre Aladino uno de los Superhéroes y Gandhi
Embarazaron a la virgen violaron al ángel de la guarda
Asesinaron a un supuesto nuevo mesías - ¿y el otro?-
Invocaron a mil Diablos liberaron de la botella
Los Genios de la historia los Rumores de la Vida…

Se gestó la primera arteria de roja sangre
La primera vena de sangre podrida…

En un silencio de susurros se oían corrillos innecesarios…
El antiguo libro aquel dividió las aguas y deshizo el tiempo…

Había que empezar nuevamente…

Los náufragos llegaron hasta las puertas del castillo
Montados en las ilusiones del incienso de los relatos…

Fusilaron a Noé por las dudas quemaron el arca
Se tomaron toda el agua que no era tanta
Cruzaron un chancho con María Antonieta
Y nació la histeria de Nerón y del mundo…

…Soy tu dolor tus ironías historias y muertes Abrázame ahora
Ya estoy aquí Yo Pandora al infinito…
…una simple escupida mezclada con dos lagrimas de ausencia
y El semen de una noche de hijos al viento…

…Dos gotas de sangre fresca y un poco de sudor…
Necesito tan solo eso para vivir nuevamente y dos ojos…
…gestaciones por violación y reencarnaciones a la carta
La especialidad de la casa El Castillo de los Ilusionistas…

Debajo de tu pubis rosado mi nombre rozando el infierno dorado
…siempre me mantuve cerca de infiernos de azufre y azúcar
Naufragando en flujos incorpóreos de fantasmas estelares…

…soy un corcho flotando entre las orillas de tu sexo
un barco de papel que naufraga en el sudor de tu ombligo...

Proclamada la fertilidad imbuida de la penetración asistida
Aparecí una noche / hecha la noche dibujados los astros…
…¿Quien dijo la primera palabra quien dijo agua y se comió la sal?

El castillo entre la bruma de la duda / la invasión establecida
Dos siglos antes cautivaba a los mercenarios de la historia…

…Un dormitorio para momias egipcias restablecidas
Otro para romanos de a dos o más y el juego prohibido
Otro para Cleopatra y su comitiva de hombres mujeres y demás animales
Otro para los cyber humanoides del futuro
Otro para las monjas recalcitrantes prostitutas y los curas mentirosos…

“con un punto de apoyo moveré el mundo”:
…Con la mente de un político la palabra de un cura
La formación de un militar y la opinión de un médico
Destruiré el Universo…

Y en el desierto del Castillo encerrados los mecenas
Adoraron el oro de los alquimistas primerizos
Oropel falso oro de cobre y migajas relegadas
Por los ejércitos del fin del mundo…

Muerto Aladino Clavada la virgen a una cruz
Se diluyeron las paredes hechas de siglos
Y el Castillo es hoy viento norte
Cálido hasta el fuego de sus componentes…

LE INVENTARON MIL HISTORIAS…

…Cuando superó los límites de la locura
Fue más allá del pensamiento del hombre…

Y fue el primer dios luego de millones de años sin dioses…

…que tuvo mil amantes…
Entre mujeres y mujeres algunas otras cosas…
Que fue diablo dios y señor pero nunca Amó Y nunca fue amado…

Que esperó la muerte y mató sin haber matado…
Que fue más allá de la muerte y murió tres veces Y volvió desconsolado…

Y dicen que lo echó el mismo demonio
Cuando el infierno se quebró ante la duda:

…es o no es el infierno, es algo que nos quieren vender cada día…

Quiso tocarlo y llegó No se quemó y rió lo acarició
Y lo meó dos noches enteras Era cartón pintado burdo
Era el paraíso tan buscado falsa imagen
Escenario en que nos hacen mover y nos observan
Siempre nos observaron los que tienen el poder absoluto…

Cuando la idea de la quimera tomó consistencia
Lo despidieron por vivir en el infierno con los ojos abiertos
Mirar al diablo a los ojos y sacarle la careta Y mostrar varios dioses infames a la vez…

…que era homosexual que estaba loco / loco estaba…
Que violó a un ciego en el reino de las vírgenes…
Que acarició la imagen de la virgen y se masturbó tres noches…
Que lo encontraron una madrugada abrazado
A un perro enfermo para darle calor borracho de frío…

…que no lo parió una madre lo defecó en la calle…
Y que lo molió a piñas un padre que nunca conoció…
Y la historia del banquito aquel te acordás
El de las ratas el de los cueros el del abuelo querido…

…que lo picanearon y no cantó que se meó pero calló…
Que le gatillaron en un ojo y no salió Que se cagó nuevamente y los cagó…

…que lo chuparon en esa maldita esquina y como siempre
Por una mina por un levante por el leve aroma de una vagina…
Lo chuparon y ni siquiera tuvieron la inteligencia De desaparecerlo…

Son todos argumentos infundados
Etiquetas puestas por comadres de feria hirientes
Le inventaron imposibles para cualquier mortal Pero no para él…

…que cortó los hilos de los titiriteros Y se fueron a la mierda:
Y la gente de este mundo toda Vio caer millones de kilómetros de piolines
Se cayeron todos los telones los misterios
Las leyendas fábulas revelaciones inexistentes…
Y la octava revelación : la prostitución del papa…

Cayeron todas las religiones los falsos profetas
Los santos con caras de boludos…
Las vírgenes mal atendidas por sus amantes furtivos…

Pero siempre le inventaron historias Siempre le pegaron etiquetas
Siempre al que piensa el Poderoso le teme e intenta destruir…
Tan sólo intenta…


PÁGINA 26 – ENSAYO

LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS TRANSFORMADOS EN IVÁN ILICH

Por Willian Geovany Rodríguez Gutiérrez (Purificación-Tolima-Colombia)
Licenciado en Lengua Castellana Universidad del Tolima

“Nada hay más apasionante que la realidad”
Dostoievski

La obra literaria de León Tolstoi “La Muerte de Iván Ilich” es una de las piezas literarias cumbre de la literatura universal, porque permite develar en profundidad la condición humana gracias a que nos la muestra desde muchas facetas, algunas de ellas son: la vanidad, la hipocresía, el interés, la ambición, el amor, la vida, la muerte, la traición, la mentira, el engaño, la mediocridad y la falsedad de las personas, la doble moral, las apariencias de la soledad, el rol de la mujer, los estados de ánimo, la pasión del hombre sobre la tierra, la espiritualidad e incluso la disolución familiar.

Además se atreve a dar cuenta de las penurias y agonías, de los sufrimientos y desdichas, de los sinsabores de la vida y los desamores del corazón, los cuales hacen posible que se retrate en un realismo crudo los grandes conflictos del alma sin que nada pueda estar ocultado, así es como hace posible que los personajes parezcan tan comunes y sus vidas tan normales que no por ello omite las cosas trascendentales.

Todo lo anterior, sumado a las concepciones ideológicas que provenían del socialismo cuyo representante fue Marx, Engles y Lenin, es lo que va a determinar los diferentes procesos psicológicos del personaje principal Iván Ilich, ya que en últimas será lo que determinará el carácter de este personaje, que estará rodeado de un sino trágico.

Éste hombre burgués que perteneció a una familia de clase noble, se caracterizó por ser inteligente, encantador, respetuoso, trabajador, ostentador, pretencioso, ambicioso, valiente, agradable, decoroso, capaz, alegre, comunicativo, cumplidor de su deber, amante de los placeres sexuales, la vanidad, el liberalismo pero todo dentro de ciertos límites que señalaba fielmente su sentimiento.

Fue también un hombre estudioso de la literatura y de los asuntos judiciales, hedonista, honrado, jovial, ingenioso, y siempre afable, un bon enfant como suele identificársele en dicha obra literaria (Pág. 29) y al que su jefe lo consideraba como un integrante más de su familia. Se caracterizó por ser elegante, por mantener una apariencia, por ser pulcro, jugador del vint, alegre, decidido a todo y que sabía lo que quería por más que encontrara obstáculos siempre los superaba con sagacidad. Además era exitoso, emprendedor, buen bailador, gimnasta, sociable, perfeccionista, talentoso y un tanto bromista y que a su vez era capaz de no mezclar su vida personal con lo laboral, pero cuando lo hacía se le podía ver como un virtuoso, bondadoso, y exagerado.

Sin embargo habría que reconocérsele más como un buen trabajador incluso el mismo narrador lo reconoce cuando asegura: “el trabajo concentraba todo el interés en su vida” (Pág. 34), lo cual quiere decir que dedicaba más tiempo a su trabajo que a su familia, las múltiples ocupaciones lo consumían, lo alejaban cada vez más de sus conocidos y de sus familiares hasta el punto de descuidar a su propia familia.

Ahora en cuanto al trato con las demás personas podemos considerar que tenía cierta destreza cuando él las atendía en su despacho incluso con las personas más influyentes; con éstas últimas consiguió el ascenso social, porque pronto se ganaría la confianza de sus superiores y éstos pronto valorarían las capacidades de este hombre, pues era capaz de procesar y meter a la cárcel a cualquiera, porque manejaba muy bien el carácter público de los discursos, por eso pronto le darían la oportunidad de trabajar en calidad de agregado del gobernador en una provincia, donde resolvería problemas con disidentes religiosos, sería más adelante juez de instrucción y luego fiscal, cargos que desempeñó idóneamente en sus 45 años de vida.

Este personaje lo embargaba una psicología completa, propia de su personalidad y del carácter que le ha dado Tolstoi a su forma de ser donde sus principales sentimientos nobles se develan en esta obra y ellos tienen que ver esencialmente con el hecho de sentirse solo, enfermo y desquiciado una vez que la enfermedad ha llegado a él.

En ese sentido él representa los padecimientos de una trágica existencia que al principio parecía una vida sin mayores contratiempos, por eso parecía muy feliz ante la enfermedad que él disfrutaba en algunos momentos. Por tal razón, su vida fue para él una gran mentira que acarició hasta cierto punto, pero que luego después esta habría de ser en la enfermedad lo que debió ser, porque la muerte que ya se aproximaba no le era indiferente.

Ante esto, no me explico cómo puede vivir un hombre que se engaña así mismo para hacerle creer a las demás personas que es muy distinguido, que merece estar donde está, que es uno de los más importantes de la sociedad y que se vuelva hipócrita con tal de lograr lo que quiere, entonces en donde queda su humildad si este hombre sólo pensó en él cuando quiso a toda costa ser, olvidándose hasta de su familia.

Pese a sus errores no lo culpo antes estoy con él, me da pesar que haya terminado en las condiciones que terminó, donde sus amigos no estuvieron para acompañarlo hasta el final de sus días, que aunque el hizo mucho bien en sus vidas, estos nunca lo vieron como su amigo sino como su oponente, aquel que tenían que desbancar para que alguno de ellos se quedara con el importante puesto que él tenía, eso hace pensar que eran hombres falsos, hipócritas, que no se acordaron de él aún cuando él se estuviera muriendo, por eso no les importó para nada, pero si se vinieron a acordar de él sólo cuando fue su entierro., porque sus intereses fueron más grandes que el valor de la amistad.

Con ello se puede apreciar la falsedad de la sociedad y a su vez la doble moral que no se cansaron de venderle en todo momento, por eso se puede decir que siempre estuvo durmiendo con el enemigo a pesar de que éste fuera tan diferente de ellos en su forma de ser.

De otro lado, hay que mencionar que Iván Ilich no estaba preparado para la muerte, no sabía nada de ella, pensarla era para él un sufrimiento, no se atrevía a preguntar a nadie a cerca de ello, sólo quería vivir para ver sus hijos crecer, para así seguir viviendo cada día intensamente como una roca que no conoce el cansancio ni mucho menos el fracaso, pero su declinable estado de salud más adelante se lo haría ver, aunque él no lo quisiese nunca, sin embargo esto arrojaría el fatal desenlace que sería su muerte.

Antes de que ella acabara con su vida el escritor Tolstoi nos mostrará la percepción de la realidad despojado de todo decoro sensible, porque en su mirada que es la mirada de Iván Ilich sumirá la vida bajo la consciencia como lo asegura el narrador “se va inexorablemente y de que no acaba de irse; siempre esta terrible y odiosa muerte que se acercaba, la única realidad y siempre la misma mentira” (Pág. 63), pues la mentira desde este punto de vista consistía en hacerles creer a las demás personas que se encontraba en las mejores condiciones como para afrontar cualquier desafío.

Por su parte, el sentía la desesperanza como nadie en el mundo, se había abandonado a su suerte, porque para él “los medicamentos ya no eran suficientes para calmar el dolor y el sufrimiento que producía su enfermedad, por eso llega a consumir opio como una forma de alivio casi que momentáneo y que se rehusaba a abandonar. A cambiar por completo a los medicamentos, los cuales sólo traían consigo despertar la fuerza de su enfermedad” (Pág. 47), todo esto le haría ver a Iván Ilich que la seguridad que reflejaba aparentemente no era más sino en el fondo la inseguridad que ocultaba, con la cual pensaba que había llegado al extremo de su debilidad mental, porque su temperamento extremadamente melancólico salía a relucir.

En ese sentido el narrador afirma: “que él se decía a sí mismo, que él era la causa de su melancolía y que no podía disiparla” aún en las partidas del vint con sus amigos, porque de un momento a otro su dolor en el costado derecho se acrecentaba y se hacía cada vez más intenso, lo cual le era difícil de controlar, pero aún así evitaba hacer visibles a los demás sus propias dolencias.

Por tal razón, creía que la conciencia de su vida estaba envenenada de que envenenaba la vida de quienes le rodeaban y que esto lo debilitaba hasta penetrar más y más en todo su ser, por esto se recriminaba, sentía lástima de sí mismo, porque el sentimiento de culpa lo martirizaba, y no lo dejaba estar tranquilo, pero el saber, que se iba a morir era más fuerte que la misma recriminación que él se hacía, hecho que es ratificado por el escritor León Tolstoi ya que manifiesta “…que junto con el dolor físico y con una sensación de espanto, tenía que acostarse padeciendo el dolor que no lo dejaba dormir en toda la noche.” (Pág. 50)

Desde que la enfermedad lo golpeó, él tomó la determinación de morir solo en una pequeña habitación que quedaba al lado de su despacho. Con los días su soledad se hacía notable, el cansancio era innegable y las ganas de vivir cada vez más se iban de sí, lentamente se iba muriendo, lentamente se iban acabando sus energías y de su soledad ya no se podía escapar aún cuando se sintiera que estaba sólo. Por lo anterior considero, que la soledad lo desvanecía, lo consumía, lo agobiaba, lo entristecía y lo hacían estar a un lado de la sociedad.

En medio de su soledad alucinaba, se imaginaba corrigiendo el problema con su intestino ciego que para él era normal, pero ya en la realidad se le estaba haciendo difícil vivir aún cuando ama la vida y no la muerte, porque inclusive el narrador llega a decir que: “no la quiere” (Pág. 53), pero su enfermedad poco a poco lo hundía en el abismo tanto así que el narrador lo reconoce cuando afirma: “vinieron los doctores; y yo seguía acercándome más y más al abismo. Perdía energías. Me he ido acercando. Y ahora me encuentro en el último extremo; me falta la luz de los ojos” (Pág. 54), por eso se desespera y sufre al ver que se está muriendo sin poder hacer nada para poder seguir viviendo.

En busca de la salvación, Iván Ilich intentaba hallar consuelo, buscaba otras pantallas, otros panoramas para que le dieran la tranquilidad aquella misma que había perdido por completo cuando la enfermedad lo invadió.


PÁGINA 27 – CUENTO

LO INÙTIL DE LA VENGANZA

Por Adelfa Martín (México)

Lo decidió esa noche...
Al día siguiente subió a la azotea de su casa porque sabía que desde allí podía tener una mejor vista del recorrido que él hacía en su paseo de cada tarde. Quería saber si llegaría hasta el pequeño bosque que se encontraba al final del parque, aquel que obligamos a nuestras autoridades a que lo cercaran por el fondo, pues por esa parte casi invisible se metían los malvadines de la zona a hacer de las suyas, bien escondidos y tapados por las plantas, flores y àrboles.Tenìa que trazar un plan perfecto....no casi o bastante...sino totalmente perfecto. Puede ser cierto que el odio y el rencor no llevan a nada, que la venganza se convierte en artículo de lujo que se vuelve contra quien la ejerce...pero no cabe duda que al menos por algún tiempo, deja un maravilloso sabor de boca...

Ojalà olvidáramos, borráramos la cinta, pero sabemos que es imposible...Podemos perdonar en nuestro corazón y seguir adelante cargando el costal de los recuerdos, más o menos archivados en los anaqueles de las cosas que ya se volvieron obsoletas...pero, así que tu digas, olvidé por completo...jamás

Isabel, Isabel, se decía. Después de haber guardado este secreto por tantos años, de haber llevado la carga tu sola, no puedes fallar ahora o permitir que encima, te castiguen.

Agazapada detrás de un pequeño muro sobre su azotea, lo vio pasar caminando...observó que ya lo hacía lentamente; definitivamente no era el mismo de antes. Los años no pasan en vano se dijo y lo mismo ha sucedido contigo...pero la diferencia de edades seguía prevaleciendo y a estas alturas el se veía verdaderamente...viejo. Nada de compasión Isabelita...¡ni se te ocurra pensarlo siquiera! Lo siguió con la mirada...¡que suerte!, no solamente llegó al bosque a esa hora solitario, sino que quizás por cansancio se sentó en una de las bancas.

Ese va a ser el momento ideal Isabel...tu momento...lo mirarás fijamente a los ojos...que te reconozca primero, que sepa que eres tú, que no haya la menor posibilidad de equívoco.... debes decir solo una pequeña frase: ¿Me recuerdas, verdad?

El próximo viernes...ese va a ser el GRAN DÌA. La zona estará solitaria y además habrá mucho bullicio por las fiestas anuales a las que tradicionalmente los vecinos acuden...Tu ya tienes todo listo, ya estas preparada mental y materialmente...nada tiene porqué salir mal. Ve al parque con suficiente tiempo y lo más discretamente posible...sobran los lugares para esconderte sin que seas vista desde la calle....y esperas...

Isabel siguió sus propias instrucciones...se ocultó en un lugar apropiadísimo que encontró y que pareciera hubiera sido hecho para su propósito.

Lo vio llegar, escuchó que jadeaba y que se dejaba caer pesadamente en la banca...Salio a la luz, donde él pudiera verla con total claridad...Metió la mano en su bolso...sacó la pistola, comenzó a colocarle el silenciador y mirándolo fijamente, le dijo... ¿me recuerdas, verdad?...La expresión de sus ojos horrorizados fue su mejor respuesta...Isabel...Isabel....casi gritaba, aunque solo alcanzaba a murmurar entrecortadamente... De pronto ella se dio cuenta que tenía ante sí un guiñapo, un resto de algo que fue; una cosa vestida con ropas masculinas que lloraba desconsoladamente y que repetía entre balbuceos angustiosos... ¡perdóname por favor...perdóname!

Guardó nuevamente su arma...sintiendo una mezcla de asco y lástima. Se dio cuenta en ese momento que por primera vez en mucho tiempo respiraba profundo y podía reír casi inconteniblemente, con una libertad que había olvidado que existía...

Sin deseos de venganza, sin rencores, solo compasión...La persona que había odiado por tantos años era un fantasma...Una caricatura del pasado.


PÁGINA 28 – POESÍA ALLENDE EL MAR

Harmonie Botella (Casablanca-Marruecos)

DÍA

El día repleto de instantes vacíos
y de momentos huecos
llena mi cerebro de brumas foscas
pesadumbres lastimosas y dolorientas.
La aguja del tiempo se detiene,
no deja que la hora suene.
El ciclo regular y monótono se paraliza
y mi esencia dolorida martiriza.

Mi cerebro lancinado, de dolor, rabia
y suspira por ver el sol desaparecer.
Desaparecer y dejar paso a la luna
que todas mis penas hará desvanecer.

DERIVA

Un barco a la deriva,
almas que pierden la vida,
creyendo alcanzar nueva existencia.
Olas traidoras que maltratan,
Engullen, devoran
a los desposeídos que buscan nueva savia
en una tierra lejana que no abre su puerta.
Centenares de cuerpos sin alma
Yacen en la fría orilla.
Sueños asesinos que llevan al ingenuo
hacia un mundo lleno de delirio.

CUANDO...

Cuando estas corolas malvas
se agrieten como el cutis de las ancianas,
cuando el agua insípida del manantial
pierda su pureza celestial,
cuando el sol ardiente y pacificador
no avive más la tierra con ardor,
cuando la llama viva del fuego
no encienda tu generoso cuerpo,
cuando el mar traidor
no se una con el cielo protector,
ya sabrás que llegó el triste fin
y que la vida está en el ultimo confín.

PASADO

Cortinas de humo opaco,
sabanas deslucidas del insomnio,
aguas grises solidificadas,
prietos aires sombríos,
tapan la frágil estría del pasado.
Los recuerdos mustios luchan
contra las mareas de tierra mezquina
que quieren ahogarles con el peso del olvido,
la costra de la marchita indiferencia
y las escaras blanquecinas de la senectud.
La querella tétrica del pasado
se disipa en unos lodos ennegrecidos
que absorben las ligeras reminiscencias
del quebradizo raciocinio tambaleante.

GUERRA

El cielo azabache de la discordia
escupe los primeros proyectiles de la contienda
sobre los seres inocentes del nuevo genocidio.
Una lluvia ácida de metralla fratricida
penetra el corazón de una humanidad
que se sofoca apresuradamente.
Estallidos ensordecedores ascienden
hasta los estridentes silencios de la amargura.
Los niños aterrados ansían huir de esta loca disputa,
anhelan las blancas alas de la paz ultrajada.
Sus ojos vacíos vislumbran las atrocidades
Del milenio recién nacido.
Sus bocas, sin voz, piden clemencia, amor y cordura,
mas los inquebrantables pájaros férreos
no entienden las palabras de los cándidos infantes,
solo atienden al dominio injusto de la fuerza y de la desazón.

RAZÓN

Gotas de fuego que caen sobre mi cuerpo,
lanzas sangrientas que hurgan mi corazón,
lágrimas de sol que perforan mi pecho.
La humanidad llora la pérdida de la razón


Domingo F. Faílde (Jaén-España)

TRES DEFINICIONES PARA ENCENDER EL AIRE

Hacia lo lejos, sí, hacia el aire sin nombre
Luis Cernuda

I

Por la línea del tiempo
el aire se derrama, como un jardín traslúcido.
He aquí, henchido, su enigma: sin ser visto, alumbrar;
vestir, imperceptible,
la desnudez del mundo;
y, en fin, servir de cuenco
a la voz y el aroma
y a la respiración.

Cristal, materia leve,
asómase al vacío, quizás astro increado,
escala los peldaños del infinito, flota,
vuela, se desvanece;
verbo del resplandor, nombra las cosas,
inscribe su oquedad en el espacio,
las signa con su luz.

Imagen perdurable de todo lo posible,
presente es su memoria –siempre por sucederse-.
Fragmento de la voz original,
el aire es el archivo del universo, suma
y resta del polen que resuelve
la ecuación imperiosa de la vida.

El aire, pues, camino (mas no porque las aves
transiten sus rincones, si por cauce encendido
de la palabra): el aire, en fin, el eco
del corazón de un dios.

I I

Sobre el mar –si dormido-,
el aire –si desnudo- se contempla,
no en el azul tranquilo de las aguas
sino en el pecho absorto del que admira,
viendo cómo, de nuevo, aviénense confusos
los elementos: nubes,
peces, ríos y aves;
las cosas: barcos, lluvia...
Alimentando inabarcables fauces
de espuma o vendaval.

Sobre el mar –si despierto-,
el aire –si vestido- es un auriga
en cuyo pecho la tormenta inflama
su látigo de luz.

Siempre hay un viento sobre agua,
siempre
sobre las copas de los pinos aire
en desbandada trémula sus élitros agita.

Inhabitada música,
el sueño de los dioses su silencio navega.

III

(Así, cuando la aurora,
por las romas esquinas de los astros saltando,
su cerviz de cristal al horizonte
asoma, crece el día,
y un estruendo de cisnes y gaviotas
inunda la mañana,
trepa por los balcones,
prende en las espadañas
y rueda, arpegio tibio, por los valles,
desliza sus coturnos de fuego sobre el mar.

Y así, cuando la tarde,
huyendo por las rosas, aún agitado el seno,
lenta escapa, encendiendo
el último esplendor de los colores,
el rostro trashumante cubre, borra, desvela
la placidez del sueño, esa mínima música
que crepita al calor de las constelaciones,
que su rumor desgrana sobre el agua,
que arde en la piedra como un ornamento.

Sangre encendida, el aire se derrama
en los surcos hambrientos de la noche.)
(Madrid, 1994)

EPÍSTOLA MORAL

A Rafael Vargas.

Éstas que ves, amigo,
ruinas son de un tiempo
donde aún habitaba la esperanza,
y tan jóvenes éramos
que todavía soñábamos con juguetes carísimos,
ya sabes: libertad, igualdad, esas cosas,
y el celuloide rancio de la Revolución.

El tiempo, sin embargo,
con rostro de monarca absolutista,
disolvió la algarada con su mano de hierro.
Todo volvió a su sitio. Y al orden natural,
como aquella wild life
de los documentales americanos,
ya sabes: el pez gordo,
comiéndose al pequeño. Pura depredación.

Y nosotros, en tanto, fuimos envejeciendo.
Un trabajo, familia, poemas (todo un lujo),
porque el mundo, ya sabes, al igual que los dioses,
es inmutable a veces, un círculo vicioso.
¿Leíste a Dante? Haz memoria:
quizá ya hemos llegado a los infiernos.
(Algeciras, 2000)


PÁGINA 29 – ENSAYO

INNOVACIONES Y OCULTAMIENTOS EN LA NUEVA ORTOGRAFÍA

Por Ivonne Bordelois (CABA-Buenos Aires-Argentina)

Resulta intrigante el revuelo mediático causado por las innovaciones propuestas por la muy Real Academia Española de la Lengua. Ríos de tinta han corrido sobre acontecimientos tan sísmicos como sostener si es mejor decir «ve corta» que «uve», o escribir «Tengo solo dos pesos» o «Tengo sólo dos pesos». Como de costumbre, este oleaje de trivialidad despierta sospechas justificables.

El énfasis otorgado a cuestiones menores oculta el horizonte político dentro del cual se desarrollan las líneas de fuerza que van definiendo la fisonomía de una lengua en el panorama mundial.

En realidad, se debe reconocer que la autoridad de la Real Academia Española se ha atenuado con la creación de la Asociación de Academias, y en esta ocasión todas las academias americanas han aceptado las sugerencias provenientes en su mayor parte de la RAE.

La producción de diccionarios que incluyen la totalidad del léxico de los hispanohablantes parece haber democratizado nuestro ámbito lingüístico en las últimas décadas.

Pero, en general, sigue imperando fuertemente la norma peninsular en materia lingüística. A grandes rasgos, España decide económicamente el destino editorial de las publicaciones en español en Europa y en los Estados Unidos, e impone también sus criterios de estilo en cuanto a traducción y pautas dialectales para todo el orbe hispánico.

Ciertas medidas de gran envergadura financiera demuestran la voluntad de poderío lingüístico de España. Entre ellas, la potestad de otorgar certificados de aptitud de español a extranjeros, en gran medida administrada por el Instituto Cervantes, significa una enorme entrada de recursos económicos, y afianza, además, la expansión de la pauta específicamente ibérica en la difusión del español a escala mundial.

Sin embargo, España, con sus cuarenta millones de hablantes, representa menos del 10% de los hablantes del español en todo el mundo. Gabriel García Márquez, Octavio Paz y Mario Vargas Llosa no nacieron en la península.

Claramente, lo decisivo en estas materias es la primacía económica de España. Más gravemente, lo que se está silenciando tras discusiones escolásticas sobre tildes y grafías es la persecución lingüística de la población hispanohablante en Estados Unidos.

Mientras discutimos dónde irán la «ch» y la «ll» en los diccionarios modernizados de los que podremos jactarnos en el mundo global, el gobierno de Arizona intentó recientemente eliminar a todos aquellos docentes de escuelas públicas cuya pronunciación inglesa no fuera nativa.

Albert Camus decía que el cuidado por la corrección es síntoma de un alma mediocre. Para algunos, el que ciertos hispanohablantes hablemos o escribamos correctamente es mucho más importante que el que algunos hispanohablantes menos privilegiados no puedan hablar ni escribir en su propia lengua. Pero lo que quizás esté en riesgo no sea la corrección, sino la conexión profunda de todos los hispanohablantes del mundo.


PÁGINA 30 – CUENTO

MILONGA CON JAPONESES

Por Eduardo Pérsico (Lanús-Buenos Aires-Argentina)

-‘El tango me pone triste porque soy sentimental’ – engolando la voz, desde el primer asiento del ómnibus el pianista burlaba al cantor del grupo.
- Dejame dormir, curda incurable- protestó el otro desde el fondo.

Desde salir de Calafate a Río Gallegos al amanecer en la ruta patagónica el día sombreaba un contorno anaranjado.
- El frío marca dieciséis bajo cero y más al invierno llega a treinta – anunció el chofer como si eso fuera un record propio. Qué disparate, -se afirmó Ricardo el pianista- cuánto paisaje perdido en soledad y un frío para pingüinos. ‘Muchas veces al pensar en las duras madrugadas de mil colores pintadas por paleta singular me dan de encordar mi guitarra abandonada’, entonó con su memoria porque para él, la milonga sureña viene por meditaciones, vacas en la aguada y calderones de silencio. ‘A veces creo escuchar galopear la caballada rumbo a la acequia anhelada en la hora crepuscular’; un ataque gauchesco que al pianista enredaba a la nostalgia y buscó zafar mirando por la ventanilla. Por ahí en setiembre no era zona de nevada, pero las ruedas seguían quebrando escarcha y el desierto sólo cedía ante una majada de ovejas y el picotear de las aves kaukenes. Bicho enamoradón el kaukén, él sabía; de los arbustos enanos cada pareja se remonta inseparable al aire y dicen que los kaukenes al enviudar mueren de pena, algo que por ahí tendría desolaciones de milonga...

Pero de pronto al pianista algo le sobresaltó su meditación: como llegadas de otra representación aparecieron unas figuras con ropa de oficinista corriendo al borde del camino. Un asunto confuso, se dijo porque si él luego de tocar como de costumbre apenas se demoró en el bar a tomar una ginebra, - o dos- sus espectros no eran resaca nocturna y sí japoneses trotando contra el vientazo del sur. Se veían cuatro o cinco tipos bien vestidos de sobretodo a solapa levantada, zapatos con brillo y gente de saludar enarbolando un brazo, - apariciones más propicias a una imaginería de fogón en mitad de la pampa- aunque algo lo tranquilizó: por más que la gimnasia matutina fuera moda, él anoche muy pocos tragos.

Al fin, siguió pensando, por Nuestra Amada Patria Argentina los españoles se pelearon con ingleses y franceses, luego llegaron a protegernos los yankis y ahora por la gélida estepa sureña con dieciseis bajo cero, vienen a invadirnos estos Hijos del Sol Naciente. Y es tiempo de sentir al menos un cachito de orgullo, porque si en el cine del cuarenta los japoneses eran unos sangrientos traicioneros hoy sabemos que además de bien informados ellos son altamente industriosos. Siempre al calificar a un japonés se debe agregar ‘industrioso’- sin olvidar que si estos nipones como Uchima en mi barrio sur eran tintoreros todos iguales, hoy debemos saludarlos con educación. En principio por las dudas y ser gente ajena al peligro chino, esos mil cuatrocientos millones que ante el hambre pueden desenfundar una atómica grandota y no habrá Sociedad Rural que les frene la reforma agraria. Porque los chinos no son japoneses, - son comunistas chinos, no jodamos- y los japoneses son educados floristas que aprecian tararear ‘el tango me pone triste’. Sí, eso mismo que los antropólogos tangueros curten en la feria del pasado adoran estos japoneses invasores a transistor con reproducción automática. ¿Buscarán en el tango quejumbroso y lagrimero a la suerte que es grela fayando y fayando los largue parao, o andar bien en la vía sin rumbo y desesperao..? Qué contradicción, se dijo Ricardo y recordó aquel amigo atorrante que para venderle un viejo bandoneón a un japonés, le agregó un curso para tocar algunos temas bien sencillos. Un negoción, vaya un fuelle Doble A. más veinte clases de enseñanza Menozzi para desparramar arrabal por los bailongos del Social Kioto o el Defensores de Osaka, incitando en dos por cuatro a bailarines de presuroso paso. Sí, nada es casual; estos tipos nos estudiaron antes de entrar por la Patagonia a ocupar la naturaleza más rica del planeta, y como ellos se caen del mapa inventaron su derecho a invadir. Tá bien.

Por ahí el ómnibus se detuvo. El chofer se calzó un abrigo y bajó al borde de la ruta donde había una camioneta con cuatro o cinco japoneses alrededor. Alguno daban saltitos de boxeador y saludaba a todo aquello que se moviera; son invasores bien educados creyó Ricardo si ya reventaron el bar del aeropuerto donde cada trago vale un dineral, bienvenidos kamikazes... Pero cómo, ¿antes nadie se avivó que la vocación japonesa por el tango era un avance del espionaje nipón en la región? Estos se aprendieron desde nuestra inmutable nostalgia a nuestro estilo de cambiar todo a cada rato, y bien se enteraron que para recuperar las Malvinas nosotros no sabíamos que whisky tomaban los kelpers, si preferían jugar póker abierto o cerrado y ni apenas, si las isleñas hacen mejor el amor cuando afuera llueve. El mundo tiene mal hecha la repartija y esta invasión es inevitable, sí señor. Hay millones de hambrientos que hacen artilugios para comer algo y en esta inmensidad repetimos el discurso de la abundancia hace quinientos años. Y aunque estos tipos sean educados y atentos quien parece ser el jefe podría hacernos el harakiri uno por uno; y además de masacranos las ballenas no vinieron a cobrar la bomba de los yankis en Hiroshima. Por lo menos, así que a ensayar ‘Aquel kimono de Armiño’ o ‘Geisha que te manyo de hace rato’ que pronto tendremos gardeles sintetizados cantando ‘silercio er la noche’ mejor que el mismo Gardel. De aquí en adelante afinaremos en escala pentatónica y a comer arroz con cuero. Estos nipones de saludarnos ‘sayonara sayonara’ conocen nuestro silbido a solas y el quejoso llanto que amontonamos dentro. Sí, nos han tomado el tiempo y hasta saben por qué el tango me pone triste...

El chofer volvió del frío y de un respingo retomó el volante.
- Qué mala suerte tuvo mi colega chileno: reventó una cubierta llevando cinco japoneses de excursión y si los tipos no corrían se congelaban – dijo el hombre. Y una repentina mezcla de frescura y vergüenza hundió tanto a Ricardo en el asiento que casi lo desfonda.


PÁGINA 31 – POESÍA ALLENDE EL MAR

Bruno Morello (Paris-Francia)

USTED ES JOHNNY

Señor Jean-Philippe Smet
Es bien usted que todo el mundo llama Johnny

Y a quien yo personalmente y maravillado he escuchado cantar
Cuando era un pibe de cinco años
En un lejano recuerdo muy recordado

Desde entonces
Para que la vida no sea una penitenciaría
Usted como yo
Hemos corrido mundo

Antes de encontrarnos sin lugar a dudas
Con palabras algunas veces idénticas
Usted como rockero
Yo, como poeta revolucionario
En el mismo lugar de afabilidad amenazado
El que hemos defendido
Cada uno en su propio dominio
A partir del arte que nos hace mágicamente crear

Y en un expedito decretado
Por una sociedad cada vez más desmembrada

Que se compromete con el sistema
Lleno de primeros en su clase y adulados en las mass medias
Usted mismo se ha dicho
Como me siento incluído
Voy tras los pasos de Sarko
Actuando como el neurótico que se deja agobiar
Para disfrazar una sensibilidad real
Que nada tiene de excéntrica ni de mezquina

Y yo, puesto a parte en ese mismo sistema
Con el status de trabajador desfavorecido
Oficialmente frente a la psico
Y por así decirlo abatido
Aplaudo el discurso radical de Olivier Besancenot

Pero hoy
Un imperio del Medio
Que va de Pekin a Paris
Pasando por Moscú
Con el dinero sucio de una banca financiera
Que no blasfema más que por las finanzas
Embiste a una Francia
Preocupada por salvaguardar
Los valores y una independencia

Es por eso que yo
En Lonesomemao
Escribo osar luchar, osar vencer

Cuando uno
Deja de subir a escena
Como Johnny
Alguno está listo para encencer el fuego

Y por esta razón
Como dragones hábiles y terribles
Sabiéndose entusiasmados
Escupen llamas
Y alborotan cohortes de insumisos

Preparemos el diluvio para el infierno
Para aquéllos que nos quieren encadenar
En su mundo sin corazón y sin luz

Y como igualmente son proxenetas, en el alma
De mujeres intrépidas y valientes han brotado lágrimas
Listas para saltar a un bello y fantástico porvenir
Que es el sueño, gracias al cual ellas se han podido mantener

Y como se trata de estar con ellas y sostenerlas

Usted, señor Jean-Philippe Smet
Que tantos fans aclaman como Johnny

Es necesario que le prevenga

Su encantadora esposa Laeticia
También ella está en estado de alerta
Y para ser fuerte tiene necesidad de usted
Y de su virilidad que sabe ser temeraria
Cuando usted vibra en su intimidad

Pero hay que saber que
Veinticuatro mil versos no serán suficientes
Entre la fuga de abrazos y jugueteos

Y además, ella misma
Límpida y fluída
Le acercará una cosecha de Fleuve Amour
En una primavera de poetas
En una cita secreta
En el deshielo de los malos días
En el cual, usted volviendo a comprometerse milagrosamente
Será Johnny
Pero de tipo especial y para siempre

Y al fin
Para elevarlo aún más

Señor Jean-Philippe Smet
Prepárese

Usted será Johnny, ese loco de amor …

Traducción: Irma Bignon (Santa Fe-Santa Fe-Argentina)


Dorín Popa (Ştiubieni-Rumania)

MIS LAMENTOS INFANTILES

me acerco a la vejez y aún oculto
bajo la ropa
los lamentos infantiles

¡Dios mío, detrás de todos siempre permanezco!

la melancolía y el vacío
sostienen
mi plenitud

las trabas y la indecisión
en mi lugar deciden,
súbitamente asustada
la esperanza me visita

aunque viviera un siglo más
no tendría bastante tiempo
para llorar en tierra, hasta el final,
la vida que estoy a punto de perder
(trad. por Angelica Lambru)

¿CUANDO LLEGARÉ A TI?

He pasado por tantas puertas
cortinas pesadas he dado de lado
noches y días de rodillas he subido
pero no he llegado a ti

ahora estamos juntos
te aprieto la mano
miro tus ojos en lágrimas
y me pregunto:
¿cuándo llegaré a ti?

CARTA A FAVOR DEL VIENTO EN TIEMPO DE MODORRA

huir, romper las cadenas
quebrar la muerte
que me cercó tan bien
llegar a alcanzarte
mi princesa, mi princesa

aún miraba a lo lejos
aún creía que todo
me pertenecía
aún me hinchaba
feliz por encontrarte
feliz por tocarte
cuando ya, oí
mis caballos relinchar
en el otro mundo

aún me preparaba a acogerte
aún flameaba colgado del viejo espejo
cuando me dijeron que partiste
mi princesa, mi princesa

llegar a alcanzarte, ahora,
ahora, cuando partiste, poder abrazarte!
con cadenas la muerte me cercó tan bien
que hasta para llorar tengo vergüenza
mi princesa, mi princesa

AMANCEBAMIENTO

después de haberme curado
he descubierto lo enfermo que estoy,
después de haber dejado de amarte
devastadora se apoderó de mí
la necesidad de tenerte a mi lado

después de que yo ya no sea
lo comprenderé todo
quizá

SIN VUELTA ATRÁS

dulces y holgadas son todas las cosas
mientras no se te hayan tirado
encima,
llena está la ubre mientras
llena la ves
y de plata son los senderos
mientras no hayas dado todavía
el primer paso

dulces y holgadas son todas las cosas
mientras pienses
que aún puedes volver


PÁGINA 32 – ENSAYO

HACIA UNA ESTÉTICA DE LA CIBERCULTURA

Por Carlos Fajardo Fajardo (Santiago de Cali-Colombia)


En el corazón de esta videocultura
siempre hay una pantalla, pero no hay forzosamente una mirada.
JEAN BAUDRILLARD

I
LA TECNOCULTURA: NUEVAS SENSIBILIDADES ARTISTICAS

La revolución micro-electrónica se ha globalizado tanto que está generando en los distintos ámbitos, sobre todo en las producciones estéticas, una CIBERCULTURA. Viajeros y paseantes por ella, los hombres finiseculares la vemos cada día crecer y generarse en nuestras ciudades. Nos dirigimos hacia una sociedad construida, controlada por la mediatización: una Telépolis trasnacional. Así, el Internet y las grandes superautopistas de la información, la multimedia, están cambiando nuestras percepciones espacio-temporales, la sensibilidad y la visión que hasta ahora teníamos de la ciudad, transformando nuestra noción de relación personal, lanzándonos a una imagen de interlocutores virtuales, simulados. Cibernautas, internautas, los artistas trabajan hoy con procesamientos diferentes a los de hace veinte años. La era post-industrial afecta y afectará cada vez más aquella noción de trabajo estético que todavía en la industralización existía.
¿Cuáles deben ser, entonces, las propuestas para encontrar, en medio de esta masiva afluencia de modernización tecno-científica, la gratificante presencia de ilusión, ensoñación, de magia, maravilla en los imaginarios simbólicos de la obra artística?
Se impone de manera total una propuesta de efecto resemantizador de los universos estéticos. Recontextualizar, redefinir, reutilizar y deconstruir sus estructuras es el reto a que nos enfrentamos. Bricollage e hibridación semántica deben operar para comprender en medio de estas presencias supremas, la constitución de las nuevas sensibilidades artísticas.
Ya en distintos campos del arte (las artes plásticas y el teatro y el cine, por ejemplo) desde hace algunos años se han llevado a cabo estas operaciones. Grupos de artistas tratan de reutilizar fragmentos culturales y las microexpresiones que ha dejado ese desboronamiento de los macrorelatos de la modernidad (la idea de racionalidad teleológica, las ideas de progreso, futuro, desarrollo, la idea de emancipación, de vanguardia, las ideas de pertenencia y participación, de Estado Nacional, la ideas de democracia liberal, etc.) y han propuesto una redefinición crítica para romper con el logocentrismo Occidental estético. El gran auge de los fragmentos micros está produciendo la ruptura con la legitimación autoritaria de los géneros. Se impone ahora la multiplicidad de collages estéticos. En las artes plásticas se observan performances, instalaciones que combinan, sin ningún trauma moral, sin "delito", materiales tradicionales, incluso orgánicos, con aquellos provenientes de la telemática y la cibercultura; se desea de esta manera un arte de multimedia, que conserve lo que la tardo modernidad produce junto a los remanentes de la cultura no moderna.
Las hiperrealidades de las redes y sus hiperespacios están generando una nueva sensibilidad apenas vislumbrada por nosotros, y no sabemos aún cuáles serán sus dimensiones. Se hará necesario construir nuevas brújulas y nuevas cartografías para caminar por los espacios globales que nos esperan. Tendremos que estar preparados para asumir de forma más vital y profunda las nuevas categorías que el arte está presentando y presentará en las próximas décadas. Las nociones de heterogeneidad, discontinuidad, de fragmentación, simultaneidad, diferenciación, simulación, de pastiche, bricollage y de lo aleatorio, se irán acentuando cada día más entre las producciones estéticas, ante lo cual debemos poseer una actitud despierta para observar tanto sus debilidades como sus grandezas.
Arte de la tercera etapa del capitalismo o de la Era transnacional, con sus máquinas electrónicas, elaboradas para la representación y reproducción de imágenes más que para su producción (etapa que pasa del motor a propulsión al motor cinemático); máquinas simuladoras de poder global a través de la virtualidad, con nuevas formas de aprehender el contexto social desde una perspectiva video-cultural.
Estamos ante un cambio tecno-cultural que modifica " las nociones de ‘arte’, de ‘ciencia’, de ‘técnica’, de ‘hombre’, de ‘espacio’, de ‘tiempo’, de ‘materia’, de ‘cuerpo’, de ‘realidad’, etc... abriéndolas a significaciones profundamente renovadas". ( A. Renauld,1996,17). Nuevas imágenes-pixel; nuevos imaginarios pantallizados que generan una visualidad cultural distinta a la tradicional y que modifican lo axiológico, lo epistemológico y lo estético." No hay duda de que las nuevas imágenes expresan al mismo tiempo estas dos dimensiones de existencia: tecnificación, industralización de lo imaginario por una parte pero también, al mismo tiempo, imaginario tecno-cultural activo, creativo, capaz de hablar culturalmente (y no sólo manipular técnicamente) las técnicas y los procedimientos del momento, de abrir nuevos espacios/tiempos para una nueva era de lo sensible..." (25).
Viajeros por redes y audiovisuales, cambiamos el vehículo tradicional del siglo XX (el automóvil) por el vehículo ciber audiovisual, donde, según Paul Virilio " todo llega sin que sea necesario partir. A la llegada limitada de vehículos dinámicos, móviles, después automóviles, sucede bruscamente la llegada generalizada de las imágenes y de los sonidos en los vehículos estáticos del audiovisual" (1996,41). Así, este "vehículo estático", el audiovisual, es un "sustituto de nuestros desplazamientos físicos y prolongación de la inercia domiciliaria que verá, al final, el tiempo del sedentarismo, esta vez de un sedentarismo definitivo"(39). Y es a partir de él que poseemos una tele-globalidad donde la visión se amplía a costa de reducir nuestro movimiento físico, llevándonos a una inercia domiciliaria, logrando eso sí tener la sensación de vivir en todas partes y en ninguna, con una panorámica virtual a través del escaparate electrónico que nos asegura un simulacro de viajeros internacionales por museos, paisajes, arquitecturas de países que visitamos como ciber-turistas, ciber-viajeros. El tiempo extensivo de nuestros abuelos se ha ido transformando en un tiempo intensivo instantáneo gracias al nuevo vehículo ciber audiovisual. Triunfo de la velocidad sobre el tiempo. Se impone, de esta manera, la distancia-velocidad sobre la tradicional distancia-tiempo (41) captada en el escaparate catódico, motor cinemático, desde una silla, una cama o un sofá donde somos soñados sin soñar y circulamos sin circular.(cf. Virilio,45).

CONTRATAPA: NOTAS DE PARÍS

ENTRE CISNES


Por Irma Bignon (Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

Un río siempre embellece una ciudad. Los hay tranquilos, límpidos, calmos, agitados, turbulentos. Todos fascinantes.
El Sena, que atraviesa Paris, es único. Teje lo agridulce a flor de agua, enmascarando una profunda duplicidad.
Tiene tres islas: la Isla de la Cité, cuna de la ciudad, con un pasado histórico y prestigioso de pueblos célticos y reyes francos, guardiana de la Catedral Notre-Dame, de la Conciergerie (prisión de personajes de grandes acontecimientos de la historia) y de la Sainte-Chapelle, joya del arte gótico; la Isla Saint-Louis que con sus suntuosas residencias construidas entre 1627 y 1664 conserva su estilo homogéneo y su tranquilidad provinciana… y la Isla de los Cisnes.
Fue en su comienzo un dique artificial creado durante la Restauración.
Minúscula – 8.50m de largo x 11m de ancho -, poco transitada, rodeada de un paisaje inimaginable, ubicada al suroeste del centro de Paris, la atraviesan tres puentes: el de Grenelle (1875), el de Bir-Hakeim (1905) obra de arte de la arquitectura metálica que recuerda la valentía de la resistencia francesa durante la última guerra mundial, y el viaducto de Passy.
Ni siquiera es una isla natural. Fue construida en 1825 por la Sociedad concesionaria del puente de Grenelle para ayudar a la actividad del Puerto de Mercancía.
Los cisnes, los que le dan el nombre, han desaparecido hace ya mucho tiempo. La isla ha retomado el nombre de otra – “Isla de Cisnes” – que existía antiguamente en 1675, en los alrededores de la calle de la Universidad. Luis XIV había hecho soltar allí los cisnes que el rey de Dinamarca, Federico III, le había ofrecido imprudentemente.
La isla parece estar desprovista de todo interés histórico y turístico. Y sin embargo, es sin duda, uno de los lugares más simpáticos de Paris.
Justo en la punta, río abajo, se encuentra la estatua de la Libertad (reducción en bronce de la de Bartholdi que se encuentra en Nueva York) ofrecida por la colectividad norteamericana de Paris en 1885, y ubicada en ese lugar cuatro años más tarde luego de ser exhibida en la Exposición Universal de 1889.
Empieza el mes de marzo y florecen los tilos. Y durante semanas, la alameda de árboles inunda la isla con el aroma indescriptiblemente puro y suave de su floración.
Es uno de los lugares de Paris de donde se puede gozar de un espectáculo maravilloso. Desde este paseo sombreado, decorado por el río y los muelles, la torre Eiffel luce más bella bajo el cielo azul del verano. Un embarcadero recuerda que se puede descender hasta el ras del agua.
Bajo los tilos, los álamos y los castaños se goza de la ciudad y su arquitectura, espectáculo poético que seguramente Eluard y Desnos han sabido apreciar.
A mediodía, el sol vertical hace brillar la aureola de la estatua de la Libertad, y el lento paso de las “Peniches”, pesadamente cargadas, recuerdan que esta ciudad es también un gran puerto.
El pequeño cantero donde se yergue la estatua es un lugar aparte. Cuatro sauces llorones delimitan el espacio de la presencia marítima. No falta nada: los postes de amarre, el aire de mar adentro, las salpicaduras del agua, el grito de las gaviotas… Es como si Honfleur o Deauville estuvieran allí. ¿Por qué entonces hacer un viaje para ver el mar si tan sólo con un ticket de Métro y bajándose en la estación Passy o Grenelle lo tenemos allí?
El ruido de la gran ciudad está en todas partes. Los altoparlantes de los cruceros llenos de turistas aúllan comentarios en distintas lenguas.
Desde los primeros pasos en la Isla de los Cisnes ya se advierte que el mundo exterior no existe. Desaparece. El lugar se convierte en amparo temporario para todos aquéllos que buscan un pequeño rincón del paraíso terrenal, escapando de la vida agobiante de la ciudad y sobre todo del rugir de la circulación vehicular.
La isla está allí y espera. Hay movimiento en la alameda de tilos y almendros. Hay quienes se sientan en los bancos a leer, otros a conversar; algunos hacen circuitos de “jogging” y otros simplemente pasean.
El cisne ha sido siempre signo de gracia y pureza. El canto del cisne moribundo evoca la última obra de arte del artista antes de morir … Y así, los ejemplos se amontonan desde la leyenda de Cicno, hijo de Esténelo rey de Liguria quien, al morir su amigo Faetón quedó tan afligido, que Apolo emocionado lo transformó en cisne; en sentido figurado, gran poeta es el cisne de Mantua (Virgilio); el de Cambrai (Fénelon); las pantuflas de satén rosado con borde de plumón de cisne (infaltables en las novelas de Flaubert); el celebrado cisne de Tuonela de Sibelius (poema sinfónico); el ballet del Lago de los Cisnes (Tchaïkovski) y tantos paradigmas más. Imposible recordar a todos.
El relato se circunscribe por e tero en estas aves palmípedas de cuello largo y plumaje blanco que viven sobre las aguas dulces.
Caminando por los senderos de la isla; recordando todas estas citas y haciendo prueba de un poco de imaginación, podemos alcanzar a ver al cisne francés justo en el momento que ensaya sus primeros aleteos sobre las aguas del Sena. Y el viento, al vernos pasar se anima y nos hace escuchar el piar incondicional de las gaviotas al pasar volando en el cielo.

Todos los textos, fotografías o ilustraciones que integran el presente número son Copyright de sus respectivos propietarios, como así también, responsabilidad de los mismos las opiniones contenidas en los artículos firmados. Gaceta Literaria solamente procede a reproducirlos atento a su gestión como agente cultural interesado en valorar, difundir y promover las creaciones artísticas de sus contemporáneos.
Publicar un comentario

Números anteriores

Seguidores

Gracias por leernos

Registro

IBSN: Internet Blog Serial Number 5-6-1945-2841 Page copy protected against web site content infringement by Copyscape