Formato virtual de una revista literaria con historia

Dirección: Norma Segades - Manias

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GACETA LITERARIA Nº 99– MARZO de 2015– Año IX – Nº 2





Imagen: CHRISTINE COMYN (Bélgica)

PÁGINA 1 – REFLEXIONES

EDUARDO GALEANO
(Montevideo-Uruguay)

MUERTOS DE SEGUNDA CATEGORÍA

Desde el punto de vista de la mayoría de los medios occidentales de comunicación, hay en el mundo muertos de segunda categoría. Son las víctimas de los programas de reajustes de tuercas del imperialismo en los países de segunda categoría. Cincuenta crímenes por día en el El Salvador o Guatemala pertenecen al orden natural de cosas, sonnormales, y rara vez merecen algo más que una fotografia macabra o algún artículo sobre el pintoresquismo del horror. En la organización desigual del mundo hay quien es digno de solidaridad y quien es digno, a lo sumo, de caridad o lástima. ¿Qué hubiera ocurrido con Andrej Sajarov si hubiera nacido en El Salvador? ¿Tendría tanta fama Lech Walesa si fuera un dirigente obrero de Guatemala? ¿Estaría vivo Lech Walesa si fuera un dirigente obrero de Guatemala? La dictadura de José: Napoleón Duarte ha anunciado, con bombos y platillos, la captura de los militares culpables de la violación y asesinato de cuatro monjas norteamericanas en El Salvador. Nunca Duarte anunciará la captura de los militares culpables de los no menos horrendos asesinatos de miles de sus compatriotas, campesinos castrados, decapitados o quemados vivos. El crimen de las monjas fue un peligroso error del régimen; la matanza de salvadoreños es una necesidad y un mérito.



PÁGINA 2 – NUESTRA POESÍA

HÉCTOR BERENGUER 
(Santa Fe-Argentina)

SOLSTICIO 

Por fin el tiempo gira 
en la danza del solsticio.
Hay tanta madurez, 
una dulzura tal en los ojos pervive...
Encanto de estas horas 
señaladas por el sol y por la abeja.
Todo parece inclinarse a su propia gravedad,
el fruto se dilata en la levedad del aire.
Fuego que enciendes a otros fuegos
no te dé pena el hombre y sus miserias.
En los ojos revive lo que el corazón nunca condena.
Algo agita la carne donde dormía la tierra 
y luego la despierta.
¡ Silencie ahora su tambor el tiempo!
Que lo que en estas horas de su salto sea después, 
un caer enamorado.
A veces 
solo a veces,
ese caer sabiendo,
podemos medirlo con palabras.


MIRTA GAZIANO
(Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

ÁMBAR CAFÉ

Abrumador destellos en tu mirada
que lo puede todo
que me sumerge en la dicha o tristeza de
tenerte o perderte
amarte u odiarte
del cercano-lejano
destierro de tus días

Amor…
perdida estoy,
el descontento de los pasos perdidos
del camino a tu encuentro
del sonido o silencio de tu voz,
de tu mirar con los ojos cerrados y la piel encendida.

Amor
adonde hallarte
solo el aroma de tu perfume guía  mis pasos
y la fluidez de tu andar sobre la arena
la liviandad del pañuelo que llevas en el cuello.

Vos allí
con tu varonil silueta en desafío
yo aquí con la quimera de un sueño estremecido.


CARINA SEDEVICH
(Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

COMO SEGANDO UN CARIÑO OSCURO

Un pedacito de tierra
sobre el que todo está solo.
Mi hijo está solo
mientras siega
lo que va quedando de los tientos
de los sueños de aquel que se marchó.
Pobre hijo mío
que solo tiene una madre sola
mil veces sola sobre un montón de tierra.
Pobre hijo mío
a quien no pude darle
algo invencible
algo inalterable
algo más que pasos que se pierdan.
Las mariposas, las abejas,
que en otras primaveras le mostraba:
(espero, sueño, habérselas mostrado)
¿habrán guardado su sonrisa?
Pobre niño sin padre
antes y ahora
segando solo la tierra que no es suya
como segando un cariño oscuro
que se fue cerrando como un puño.


HUGO MANDÓN
(Larrechea-Santa Fe/ 1929-1981)

LA HOJA SECA



No arrojes al viento la hoja seca que tienes en la mano
pues ella es extraña a los vuelos
tampoco al fuego porque ella
jamás pecadora
es impurificable
guarda, deposita la hoja seca entre las páginas de un libro
para que allí
como un sello de sangre muerta
se adose a un poema tan tibio como la mano de quien lo
escribió alguna vez
o a una sentencia de importancia relativa
o a un grabado de ángeles y brujas medievales
o a la imagen de un lago de cristal simétrico
o a una ecuación parecida a la manos de un esqueleto
o al nombre de una mujer citado azarosamente
o a un espléndido duque de memoria desconocida en
absoluto
yacer la hoja seca entre cosas muertas entre el olvido
y lo escondido, entre la amnesia horizontal
y el sepulcro resonante de antiguos ecos
ella será otro poco de olvido
otro poco de historia humana
pues por tu mano viva habrá sido tenida
antes de llegar a su destino quieto. 


MARÍA LYDA CANOSO
(Casilda-Santa Fe-Argentina)

CAMPO QUE PASA POR LA VENTANILLA

1

tranquiliza pensar que ya todo lo hemos visto esferas desparejas que no pertenecen a la geometría dejan pasar recortes celestes por entre la fronda / una hilera de contradictorias palmeras y los sauces desmadejados

quiero pensar en algo trascendente al estilo de eso que piensan los poetas en horas en que escriben
      lo que digo y me sale a borbotones como si me desangrara mal

los campos se rigen por los vientos
lógica del campo pantallas de árboles en disposición a contraviento

será que a mí el viento



PÁGINA 3 – CUENTO

MÓNICA RUSSOMANNO
(Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

BURBUJAS

En el patio han florecido burbujas de jabón. La niña sopla por el aro, y la simple magia, la sencilla magia sin truco hace que broten perfectas, etéreas, bellas en su transparencia sutil estas burbujas que danzan morosamente en el aire quieto.
Algunas se perderán en la parra, otras contra las baldosas gastadas; las más, hallarán un final de simple desaparición por exceso de sutileza.
La niña creará perfectas burbujas mientras la mirada clara de su padre se humedece.
El hombre sonreirá con tristeza. La niña no sabe que está creando burbujas para la memoria. No puede saber que las burbujas están fijadas en un punto de su infancia que también se desvanece. No quiere saber tampoco, todavía, que la belleza es tanto más anhelada cuanto más leve, más intangible, más fugaz.
Ella hace pompas de jabón y mira con la sonrisa completa a su padre. Todavía es niña, y ese hombre triste puede darle un aro, un poco de jabón, y crearle un espacio de felicidad.
Para la niña las burbujas que desaparecen se reemplazan con el simple trámite de soplar por el aro. Para el hombre que sonríe hacia ella, las burbujas que desaparecen son los minutos que se llevan el mundo a cuestas, que desgastan las baldosas, que agregan blanco a sus cabellos, que le van ahuecando el pecho.
El ha puesto un alero a la cucha del gato, para que no lo moje la lluvia en su sueño de bigotes temblorosos. Ha podado las parras que su padre, que ya no está, plantó en el fondo de la casa. Guarda las herramientas que probablemente jamás vuelva nadie a utilizar.
Le ha dado a su hija un aro, y jabón, para recordarse que todo trabajo es para el día de hoy, y que el mañana es inexorable. Sin saberlo, ha propiciado la aparición en su patio trasero de la belleza fugaz, efímera y por eso mismo inapreciable de las esferas perfectas de la infancia, de la felicidad perfecta que se puede ver, pero no se puede tocar con las manos a riesgo de hacerla desaparecer, estallar, desvanecerse.
Mientras tanto, las espléndidas burbujas, perfectas burbujas de jabón reflejan por un momento, un eterno momento suspendido, este mundo pequeño de amor en un patio trasero de las afueras de la gran ciudad que lo desconoce.



PÁGINA 4 – POESÍA ARGENTINA

FERNANDO BELOTTINI 
(El Trébol-Santa Fe-Argentina)

OJOS PERTURBADOS POR LA NIEBLA

La niebla cerca la mirada
Alicia por ejemplo
es un trazo de campera roja
y tiene en el pelo huellas de silencio
el murmullo de lo que la mirada quiere decir de Alicia
a quien la niebla envejece
hace de ella la ilusión de una mujer caminando
Alicia sabe
que los demás somos lo mismo
retazos de aliento
contribuyendo
con el murmullo o el silencio
a camperas rojas desteñidas
vistas desde un bar a las cuatro de la tarde
tomando un café tras la ventana.
Somos como ella
minúsculos escombros
de ojos perturbados por la niebla.


MIRYAM COLOMBOTTO DE SEIA
(Gálvez-Santa Fe-Argentina)

ESPINO Y AVE

Hoy quiero salir del peso de palabras sombrías.
Escapar de su prisión. Hacer el ejercicio
luminoso de decir el pensamiento
que sutura heridas.
Decir, por ejemplo,
respiro.
Nombrar un milagro:
hijos.
Imaginar un imposible:
tener frente a mi casa, un río.
O dentir que puedo
modelar la arcilla de esta tarde
y hacer con ella, amorosamente
la silueta de quien fui: el espino y su ave.
Tan simple, tan lejos, tan mío.


ELSA HUFSCHMID
(Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

FRIDA KAHLO… MUJER

Hay una belleza infinita en su rostro,
arrogancia, desafío, lucha.
Lucha por ser mujer
pero vivir libre como el hombre.
Odia y ama sus dolores.
Desata tormentas su cuerpo.
Las perfectas líneas americanas
de su carne de princesa maya,
causa revuelo en los espíritus.
Heredó de su padre germano,
resistencia, vigor, empeño.
Del duro México
la morbidez de sus formas,
La innata sensualidad que desmayó
sensatez y cordura de hombres y mujeres.
Reconocidos políticos y artistas
sucumbieron ante su presencia
arrolladora y libertina.
Con su sino de huesos rotos,
años de sufrimientos presa
de corsé de acero.
En sus autorretratos gritaba al mundo
el padecer sin concesiones.
Nació con el fuego de la revolución de Zapata.
Un dios de Oaxaca la dotó de sensualidad y pasión.
La Frida es América joven y pujante,
que reclama con urgencia
por sus exhuberantes riquezas.
La Frida es la Mujer que exige,
vehemente y generosa,
un lugar que en siglos le fue negado.


SERGIO BARTÉS
(Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

INTENTO

Mi existencia es un hábito
de pasos idos
como lenguas vertiginosas,
que me lleva por poblaciones
de falsas geografías.
Así transcurrió mi vida:
por patios que no conozco,
escuchando palabras que no entiendo
caminando por praderas
de indeciso verdor.
Nada me pertenece;
apenas pude descubrir
sugerencias escondidas
entre tambores azules
o vasos de vino ausente.
Cuanta aceite derramada
en la tierra que duerme
como una niña arrugada.
Con murmurados pasos
sólo intento alcanzar
regiones iluminadas
y trigales sin límites.


NORMA SEGADES-MANIAS
(Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

 SE MUEREN LOS AMIGOS   

1

Los amigos comienzan / a ejercer la costumbre de morirse de pronto,  / una tarde cualquiera.  / Y se llevan con ellos hilachas de tristeza.  / Semblantes, guiños cómplices / sonrisas sofocadas.
En su barca de ausencia / llevan de polizonte el sonido del miedo.  / Un puñado de grillos y batracios recolectado en grietas y rincones. / Las piernas encogidas / saltando irreverentes sobre los ladrillones, / siempre en busca del cielo dibujado en la acera con muñones de tiza.
Recurren a las pieles/ para tejer con ellas curiosos talismanes. / Desnudos amuletos que atraviesen los pétreos portales de la sombra. 
En febriles calderos mezclan sus exorcismos.  / Sus hechizos. / Sus salmos / de alabanza espectante / eclipsando a los potros de la noche / que expulsan por sus belfos los tiempos del olvido.
Sus conjuros azules. 
Su magia esperanzada. 
Sus desnudos saqueos a quienes los amamos / y los sobrevivimos de este lado del muro.
Ancianos declamantes.
Despreciantes de flores y coronas,  / y palmas, cruces, velas, crespones, / condolencias de plástico.
Se marchan de nosotros sin pensarlo siquiera. / Sin importarles mucho el silencio del ángel / tramando en el misterio los mantones de asombro. 
Para cuando la nada estalle ante sus ojos.
Es decir la respuesta a todos los enigmas.
Es decir el espanto. 



PÁGINA 5 – CUENTO

ROSSANA AICARDI CAPRIO
(Pando-Canelones-Uruguay)

MIL OCHOCIENTOS VEINTISIETE

Mil ochocientos veinticinco, mil ochocientos veintiséis, mil ochocientos veintisiete…hoy hace cinco años que estoy aquí.
    Cuando llegué me juré que cada día haría un cubo en la pared para no perderme en el tiempo que entre estos cuatro muros, muchas veces no existe. No tengo almanaque, solo me fijo a través de la ventana cuando cae la noche, a veces rápido y otras mucho más lenta de lo que  quisiera.
Dibujar cubos se me hizo costumbre de chica, descubrí que mi padre en la fábrica donde trabajaba, los dibujaba cada vez que algo lo preocupaba demasiado. Un día, sentada en sus rodillas le pedí me enseñara y después en la escuela los hacía a menudo, mientras mis amigas miraban con cara rara. Qué importaba, me gustaba y listo.
Me encanta que sean bien proporcionados y según el momento, les hago rayitas paralelas o perpendiculares, círculos, puntos, estrellas  y hasta otro cubo dentro del primero pero eso solo cuando ya las cosas  me superan.
No estoy mal en este lugar, me trajeron porque  no podía vivir sola, dijeron que no era capaz de controlar mi mente, creo que  porque me la pasaba haciendo cubos, qué ironía ¿no? como si fuera un delito. Mi casa estaba preciosa con ellos por todas las habitaciones y sus colores bien que llamaban la atención.
Parece que no les gustó cuando le pinté uno al gato blanco de la vecina, luego al perro, a cada muro del jardín y hasta los vidrios pinté a cubitos  con pinta labios, total, para qué los quería si ya no me maquillaba.
Y ya cinco años pasaron, menos mal que no perdí la cuenta. De tarde salgo al jardín de la clínica, es muy lindo y cuando no me ven me descalzo. Nadie debería perderse la experiencia de caminar sobre el pasto sin zapatos, es como pisar nubes; pero si la enfermera me ve, se enoja y me lleva para adentro así que casi no lo hago.
Me dan muchas pastillas pero entre los árboles del parque encontré un roble que tiene un hueco enorme y allí las dejo cada vez que puedo; pobre árbol, por suerte está lleno de hojas, seguro  no se hizo adicto.
Hasta hace un tiempo conversaba con Jacinto, le encantaba la pintura y entendía lo de mis cubos pero él sí tomaba los remedios que le daban y ahora lo veo en el jardín muy de vez en cuando y siempre sentado en una silla de ruedas, con la mirada perdida y los brazos caídos a los costados. Nunca más pudimos hablar; sé que me escucha pero no es lo mismo.
Había también una señora cuando llegué, gritaba mucho y al poco tiempo parece que le dio un infarto y murió; no sé quién era, dicen que tenía mucho dinero y varios hijos.
El resto de las personas son casi todas iguales: no hablan, no se ríen, solo caminan mirando sin ver y respiran. Hay muchas historias en este lugar pero no vale la pena contarlas todas, además, seguro ustedes ya las saben.
En los días de sol mientras sentada disfruto al aire fresco el canto de los pájaros, veo cubos alrededor de las personas. La enfermera de la tarde está rodeada por un cubo rosado casi perfecto pero la de la mañana tiene uno gris oscuro que por lo visto le gusta, porque nunca lo cambia de color. Los niños que vienen de visita los domingos, tienen cubos transparentes, multicolores o iridiscentes y siempre llenos de luz. Cuando nos dan un beso  sus cubos se iluminan; qué suerte que puedo verlos.
Los médicos se reúnen a menudo en mi habitación y dan grandes charlas; sacan fotos a mi pared, hoy con mil ochocientos veintisiete cubos; como no la entienden, cada uno expone su teoría, una más disparatada que la otra y me divierte. En seguida cambian la medicación afirmando que no me está haciendo bien y yo los miro callada; para qué les voy a explicar si no me escuchan. Para ellos todos estamos locos y a los locos no hay que darles corte, dicen.
Eso sí, dos por tres se llevan alguno de mis cuadros; pinto muchos y todos tienen en común mi cubismo: caras, cuerpos, lugares y hasta el sol que aparece en ellos es cúbico también. Dicen que están de moda y que en internet abundan las pinturas con este estilo; parece que en varios países del mundo hay exposiciones así.
Capaz que  mis pinturas andan en alguna de ellas y no me importaría si así fuera, por el contrario, me sentiría feliz.
Me alcanza con saber que otros pintan cubos como yo… aunque  no sean tan libres.



PÁGINA 6 – POESÍA ARGENTINA

ERNESTINA ELORRIAGA
(Córdoba-Argentina)

Entrampada en su garganta
la cerrazón de piedra
de la despedida
supo lo que era el dolor
el caballo de los ojos de viento
bebió de su mirada
las ruedas de un camión estremecían la greda
entonces ella preguntó
Padre…
¿dónde lo llevan?
el chicotazo
fue una línea de fuego en el anca de acero
un relámpago en el ojo de la noche
el caballo apuró el salto a la caja
cual náufragos otros caballos aguardaban
Padre
¿dónde van? ¿dónde?
el sur es frío
mi niña
duro como un pájaro de jaspe en la sangre
no tiene piedad
el Rubio ya apenitas llegaba al bebedero
tenía el tiempo acurrucado en sus huesos
Padre ¿dónde los llevan ?
Pegada a sus ojos la imagen
de un árbol sin paisaje.


ZULMA LILIANA SOSA
(Formosa-Formosa-Argentina)

LA MUERTE Y LA ESCRIBIDORA

I
no poder mollar / no ser cuerpo / pulpa / carne.
costra negra lo aventurado en la lámpara.
qué tremendo percance el del párpado /
No morir de viejos / no en la cama /
morir en esa levedad /¿ por qué el momento 
olfatea cuando el hocico del instante no espera?

No aguardó las bocas humeantes / 
La matadura que entiende la vida de retiro /
Esa clausura tan atractiva del fuego por la llama /
( ese fuego ) humeante de clausura / de ayuno /
Claro está / la penitencia con ojos y pelos de
convento.
¿ entendiste / lobita lo que arde ahora en el corral?

Ese cansancio del viento /desfoga sus días de niño /
¿ con qué mano / con qué mano solita / ella /
apunta /aprieta /atraviesa lo que irriga ese árbol /
ese / que fuera rupestre / del lago / los insectos /
ese árbol quemado / sangrando / desparramado.

No es la hora de lamer / Señora / la bella declinación
cuando el jinete descansa / el orín sin vejiga / herrumbra /
su nudo argumental deserta / lo mortífero viene de afuera
débilmente en otro sitio / algo cautiva un ángel.
¿Un ángel consigo ? ¿un ángel con una bala en el ala?



TERESA LEONARDI HERRÁN
(Salta-Argentina)

JUEGOS PROHIBIDOS

En una tarde ancha jugábamos en la acera provinciana
Los adultos habían sepultado sus cuerpos en las casas
y éramos nuevamente una desordenada reyecía

Una niña arrojó el ojo de vidrio de la muñeca
No se lo vio caer y sospechamos de la vereda vecina
donde vivía la pared de hiedra negra

Un terrible miedo me lanzó en la búsqueda
pero sólo encontré el ojo de dios incrustado en un triángulo
tal como lo dibujábamos en la escuela

A mi merced estaba el ojo aterrador
que lo miraba todo
hasta el oculto placer por el que quedaríamos enanas
o nos crecería pelo sobre las palmas

Aquí les traigo un ojo más precioso grité casi acezante
pero nadie me oía
Concentrados en equívocos juegos
no me reconocieron

Era inútil que dijese mi nombre
o enseñase las trenzas que enroscaban mi cuello
Ni siquiera el niño que me mostró su extraño sexo
orinando en la noche
pudo saber quién era yo

Los adultos emergían de sus capullos como orugas oscuras
Todos tenían mucha tierra en los vestidos
Quise correr hacia mi madre pero ya era tarde
La orilla invisible me había atrapado para siempre


ALDO LUIS NOVELLI
(Neuquén-Neuquén-Argentina)

RITUAL DEL DESIERTO

en la época de la inmortalidad
y las sábanas mojadas por la lujuria
una calurosa tarde de noviembre
con los amigos de la sed infinita
buscamos entre las jarillas y neneos
del agreste desierto neuquino
alguna víbora venenosa/
hacíamos un círculo de fuego
alrededor de ese terror rastrero
y en ese círculo desparejo
quedaban encerrados también
lagartijas de colores
arañas peludas gigantes
y algún alacrán asesino.
después alternativamente
ibamos saltando dentro
y cada uno a su turno
bailaba entre las alimañas
escapando a las mordidas venenosas.
este ritual nos depuraba el espíritu
de cervezas frías vodkas destornillados y whiskies berretas
y nos daba el poder para convertirnos
en los mejores cazadores de
bellas mujeres de ojos rasgados
pechos grandes y piernas de gacela.
algunas lagartijas desesperadas
corrian atravesando la barrera de fuego
y morían calcinadas junto a un alpataco
que se encendía como una pira
y desprendía sus púas mortales
que se elevaban a un cielo inalcanzable
iluminado por la cruz del sur.
a la mañana siguiente
un reguero de ángeles muertos
quedaban esparcidos
por la estepa salvaje del sur.-


HUGO FRANCISCO RIVELLA
(Rosario de la frontera-Santa-Argentina)

EL TORO,LA LEYENDA
al Ché

Entren en mí, Yo, el Toro,
la sangre hediendo en Vallegrande, los pasos penetrados por la selva y la pobreza que exhala su balido de muerte.
Allá voy y voy,
Yo el Toro, toro y bandera,
es ronca la palabra que me sale del pecho raspándose en mis dientes.
Voy a la muerte voy, bufa la sombra, un arma apunta a mi cabeza, me suelta de la mano por el hueco del Yuro, su cauce de violetas y de helechos que lloran
y el círculo que cierra el camino del río.
Desangelado voy, desangelado,
vuelvo a pasar de nuevo por la Higuera como si el sueño de la tierra me arañara la espalda
¿Dónde rompe la brújula su norte? ¿Dónde está el hombre?
¿Dónde?
¿Dónde Tuma y el Pombo y Tania con sus ojos de brasa silenciosa?
Ya no respira el día, la humedad se va yendo por mis patas quebradas y el ruido de los pasos que cargan mi destino.
Voy al sol, al cadáver de mis ojos vidriosos, a la mujer que hierve su volcán de futuro,
a mis hijos, al pájaro y sus alas, a los viejos amautas, al carbón, a las minas con sus vetas de plata, al trueno y la tormenta de una lluvia lejana.
Yo, el Toro,
La Leyenda


PÁGINA 7 – RESEÑA

FERNANDO G. TOLEDO
(Gral.San Martín-Mendoza-Argentina)

MÚSICA PARA SUEÑOS.

Acostumbro a dormirme con música. Boca arriba, con los auriculares puestos y con mi reproductor de MP3 o un hermoso discman Sony que funciona como el primer día. No elijo una música especial para el sueño. Puede ser un viejo disco de rock progresivo italiano, una versión que haya transitado poco de alguna sinfonía de Mahler, un disco nuevo de algún artista que quiero conocer o una pieza para piano que me gustaría tocar yo mismo.

Me parece fascinante entrar en el sueño de esa manera. Por lo general, escuchar música es una tarea que emprendo con la mayor seriedad. Escucho el disco, leo sobre él, comparo lo que voy oyendo con lo ya oído, hago enlaces inesperados y disecciono la música mientras va sonando. En suma, dispongo de mis sentidos en alerta para disfrutarlo bien despierto.

Sin embargo, cuando conecto la música a mis oídos para entrar en el sueño lo hago casi como si buscara un sucedáneo de las canciones de cuna que mi madre entonó para que yo durmiera de pequeño. Comienzo escuchando la música con atención, pero pronto divago y lo que suena pasa a esfumarse en el paisaje que el artefacto cerebral va haciendo correr, como un tren que entra despacio en un túnel oscuro.

No deja de ser curioso que, como un antónimo de esos artilugios que me llevan con música a las puertas del sueño, la vigilia reaparezca con otro sonido: el del reloj despertador. Que, en mi caso, viene en la forma de un teléfono celular, con alarma programable y capaz de ser postergada por algunos minutos, ya que pasar de un estado a otro (de dormido a despierto) puede resultar violento para algunos de nosotros.

En todos estos años de dormir con música, hay algo que no he logrado saber. No he podido comprobar si, del mismo modo que cambia el ánimo en la vigilia, la música contribuye con la hechura de los sueños. Es algo que se pierde en la oscuridad del túnel.

En un libro titulado, apropiadamente, Música para sueños, el exquisito poeta español José Cereijo se lamenta  por todo aquello que producimos al dormir y no queda en la memoria: «Tampoco volverán las caras que esta noche / salgan de los talleres delicados del sueño», dice en su poema El don. Pero, ¿por qué lamentarse? Acaso el verdadero efecto de la música para sueños sea aliviarnos del peso de esa factoría, diluir el poder que lo onírico nos pueda provocar. Quizá la música ayude a que no nos durmamos del todo y una simple alarma alcance para sacarnos de esos edificios mudos que construye el dormir. Quizá la música distraiga a los operarios del sueño y sea mejor así. Porque si ese taller funcionara a toda máquina su silencio (que es la perfección de la música) se parecería demasiado a la muerte como para salir de él, así como así.


PÁGINA 8 – POESÍA ARGENTINA

ALEJANDRA DÍAZ
(San Miguel de Tucumán-Tucumán-Argentina)

REIKI

la  leve  pluma  se  posa  en  la  hoja
allá la  alameda /  aquí  una  ciudad  de  sábados  a  la  noche
dice  mi  padre
que  cada  noche  realiza  viajes  astrales
le  creo /    dice  que  cura  heridas  y  enfermedades  letales
le  creo /  que  absorbe  y  escupe  el  veneno
de  las  picaduras  de  serpientes  /
también le creo 
cuenta  que  en Perú  ayudó  a  un  chamán /
que  estuvo  presente  en  varios  exhorcismos
que...cura   /  mi  padre  dice  que  cura

callo  -  me  pregunto-
cómo  hace  mi  padre  / 
cómo  hace  mi padre  para  habitar  esos  paisajes

de  un  cuadro
al  que  nunca  comprarán  en  la  subasta.


ANAMARIA MAYOL
(Victorica-La Pampa-Argentina)

DESESPERANZA

Tiene el rostro del invierno
cruje helada
bajo los pies del viento

conoce la longitud del hambre
la carencia clavada en las costillas
anudada en las sombras
heredada en la calle

sabe todos los nombres
del olvido
ignora la esperanza.


ANÍBAL DE GRECIA
(Oberá-Misiones-Argentina)

TRISTEZA

Hoy es día de nada

como siempre
todo es banal
vomitivo
hipócritamente festivo.

Hoy no es tu día
pero ya es costumbre para vos
putita triste de Ruta 14.


ILDIKO NASSR
(San Salvador de Jujuy-Jujuy-Argentina)

PÁJAROS

escribo la palabra
para conjurar el canto de los pájaros
ellos han elegido
mi casa para vivir
se mueren sin poder llegar al nido
los encuentro al llegar a ese único refugio
que todavía me queda
me pertenecen  y no puedo evitar su muerte
quisiera ser dios
o pájaro


JULIO ESTEFAN
(Monte Buey-Córdoba-Argentina)

CANCIÓN LUNAR

No sólo causa penas ese disco ambarino
que pone en mi café una pieza de plata
a veces trae la risa, la locura, el milagro,
el recuerdo, el desvelo, la nostalgia y tus ojos.
Somos tantos insomnes buceando la penumbra
—cada uno está solo sin bastarse a sí mismo—
como peces hambrientos, como soles sin brillo,
como quietos montículos de tierra y de agua.
Hoy tengo un rayo nuevo que atraviesa mi frente
no hay nubes esta noche de plenilunio errante
miro por la ventana los últimos vestigios
de la ciudad que duerme con increíble calma.
 


PÁGINA 9 – CUENTO

NECHI DORADO
(Ciudad Autónoma-Buenos Aires-Argentina)

MIS  MUERTES QUE NO FUERON

Cuántas veces me morí, me sentí suicidada. Me imaginé gen recesivo, Diana cazadora sin flecha, Juana de Arco sin espada, Alfonsina sin mar, Cibeles sin leones. Yo sin mí. Siendo tantas para terminar siendo ninguna.
Comencé a morirme de a ratos, como dije, suicidada. Me moría de día y revivía de noche, cuando todos dormían y  podía desplegarme tal como  creía ser: rebelde, puro impulso, paridora de alegrías y enterradora de angustias. Llanto y risa, mariposa y ancla; una cosa de carnehuesoarteriasvenassangrehumores, siempre viva aunque no lo consiguiera del todo.
 Me suicidaba al despuntar el día; a veces se puede pasar la vida muriendo por momentos, respirando sin oxígeno, mirando sin ver y escuchando aún con los oídos perforados por el estampido del silencio, que asesina sin necesidad de uranio ni plutonio.
Fui sintiéndome, en este trajinar descolocado, como un ente sin rostro trepando como un mono por las aristas de la vida, siendo todo y siendo nada. Apenas durando en la tremenda telaraña donde quedan atrapadas las ilusiones.
Aprendí a tomar lecciones de acerbidad eliminándolas al  pretender elaborar la tesis final. Aprendí a subir escaleras apareciendo en el suelo sin caer y asimilé que la luz a veces enceguece tanto que termina dejándonos sin la posibilidad real de observar.
Traté de andar despejando mis tinieblas y me metí de lleno entre la bruma, tantas veces, que ya ni pude contarlas.
Asistí a mis propias exequias y me alegré en cada resurrección, nunca bendita (mucho menos bendecida) más bien terrena, afirmada en una nube con rueditas que me va acercando a la estación que quiero.
Y así espero seguir en este trajinar dentro del caos donde…
¡Donde me parece descolocado hablar de mí cuando hay tanto por decir de nosotros y yo aquí, perdiendo el tiempo en esta divagación ego centrista!
¡Hay otra realidad colectiva fuera de esta que soy y  de lo que creo sentir! ¡Hay otra sustantividad que está más allá de donde copulan fronteras de la muerte en serio, del descarne verdadero, donde no soy  protagonista sino simple testigo involuntario y puedo ver que huestes de algún infierno trastocado se abalanzan sobre tantos, inseminando el virus más peligroso que no tiene origen en el África olvidada hasta por la historia corriente!
¡En esta realidad tan ajena como propia, genocida: Acomete la estrella de seis puntas clavándose en los intestinos de niños cuya “arma letal” fue la sonrisa, fiel compañera de la alegría irrespetuosa de vivir sin obtener permiso  para ello!
¡Asola el norte feroz sobre ¿cuántos pueblos?!  ¡La estatua prostituta  yergue su antorcha símbolo del incendio  del mundo y  tiene hambre de guerra, de vísceras, de sangre coagulada, de tendones y músculos! ¡Tiene hambre de niños y de viejos, de recursos no propios sino adquiridos a fuerza de terror y llanto!
¡Tiene espanto en sus ojos de cemento bilioso descompuesto y está dispuesta a saciarlo como sea!
¡Irrumpe la ambición más descarnada por encima de la lógica irreversible volviendo loco al mundo que se parte, se incinera, se desgaja; se ahoga como se ahoga el niño por nacer en la placenta desprendida antes de tiempo!
¡Y yo aquí, irresponsablemente, contando de mis muertes que no fueron, de mis estúpidos suicidios, de mis yo sin mí, de esas tantas sin  llegar a ser ninguna!
¡Y yo aquí, perdiendo un tiempo de oro que no vuelve, describiendo mis sentires con tanta cosa para hablar que no alcanzarían las vidas de cien mil gatos para describir con la ecuanimidad que corresponde!
¡Y  me avergüenzo!


PÁGINA 10 – POESÍA ARGENTINA

JORGE FALCONE
(La Plata-Buenos Aires-Argentina)

HARÍA FALTA UN MESÍAS DEL DESEO

Haría falta un Mesías del Deseo,
al del deber lo tenemos.

Uno que no asignara
sentido de propiedad a los cuerpos.
Uno que celebrara
bromear hasta con los muertos.
Uno que decretara
gozar sin culpa y soñar
con los ojos abiertos.

Haría falta un Mesías del Deseo,
al del deber lo tenemos.

Uno que aconsejara
valorizar lo vivido
en vez de atarse a lo yerto.
Uno que reconociera
que el disfrute casi siempre
está bien lejos del templo.
Uno que a la otredad
la convirtiera en su credo.

Haría falta un Mesías del Deseo:
Antes de que acaben con nosotros
será mejor que acabemos.


LAURA YASAN
(Ciudad Autónoma-Buenos Aires-Argentina)

llave marylin versión libre

para Alejandro Mendez

el domingo a la hora de la muerte
tu sombra es una perla que rueda para nadie
los bares están llenos
en el aire resiste la arpillera del sábado
el ruido un entramado de colillas y rouge
una pared de clavos las voces de los otros
y el volumen del fútbol supera el decibel
de los hombres que lloran sobre una chica fácil

el domingo a la hora del escándalo
hay un cambio impreciso en la velocidad
y los minutos pasan su mirada de vaca
sobre tu pasto tierno

en la mesa del al lado una pareja rompe
la tarde en pedacitos
y una aureola de vidrios va empapando el mantel

yo pensaba en sus brazos
el domingo a la hora de la muerte
como si no estuviera


LILI MUÑOZ OBEID
(Neuquén-Neuquén-Argentina)

GALOPE EN DOS ORILLAS

Te huelo todavía
solo a veces
se queda aún tu olor
choco con él
irrumpe
la oquedad de tus piernas
asperidades
lengua
retoman
el gusto allí escondido
texturas del adobe
la rotundez en  barro
paja brava y estiércol
nuestro no estar
es no
y  tu olor se está yendo
como el mío
hace rato
se desprendió de vos
se quitó del abrazo
porque también es no
esa naïve metáfora
dicho así en francés
resulta menos mierda escribir
la mentira
ligazón entre océanos
ingenuidad nos gana
hambre de vos me acosa
balbuceo
digo
quiero decir
juntura
juntarse
disyuntos
juntos en la ruptura.


LILIANA ANCALAO
(Comodoro Rivadavia-Chubut-Argentina)

MUDANZA


otra mudanza interrumpe los latidos
con sus tacos golpea los rincones
me va quebrando el techo
me señala

un aleteo de tréboles se va
doliéndome la tarde

y tengo que empacar algo de lo previsto
desamparar los estantes
de boletos y biromes que no escriben
recortarme de memoria en la ventana

en la puerta
me pueblan los amigos que estuvieron

y mi alma
ya doblada
cabe justa en la valija
que se cansa y me abandona

en algún lugar de la intemperie



MANUEL LOZANO
(San Francisco-Córdoba-Argentina)

AQUISGRÁN EN EXILIO

Aquí reinó Carlomagno.
Aquí durmieron las huestes del rigor y del miedo.
Aquí resplandecieron la púrpura de Oriente
y ese oro de Ufiz transpirando en las destilerías del insomnio.
Qué es, entonces, este envoltorio de ladrillos
en una capilla que sobrevive a las navajas de los siglos,
estos pilares corroídos por el musgo de la separación?
Aquí reinó un emperador del mundo,
no más pobre e infeliz que todos los hombres.
Nunca se despojó para mostrar la llaga en el costado.
Nunca ejerció la limosna, siquiera para alabanza
de sus siervos o de sus arcángeles.
Hoy, Carlomagno, es una palabra que se desvanece
en el incierto paraíso mental de algún desconocido.



PÁGINA 11 – CUENTO

SUSANA SZWARC
(Quitilipi-Chaco-Argentina)

EL AIRE JUSTO

El vagón está repleto a esta hora. Mi madre mira cómo intento abrazarla, se ríe de mí. Es ella la que extiende sus brazos -más-, y me protege.
-Tendríamos que haber tomado un taxi -le digo.
Es la mañana, la hora pico. Otoño de 1992. Vamos juntas a escuchar al poeta. Le da risa que el Juan que yo leo sea el Juancito que ella conoció.
-Llegué a la Argentina, a la calle Velazco, y no sabía el idioma. Él con tus primos me enseñaban a hablar, también se divertían, me daban las frases al revés. ¿Ves que a veces hablo torcido? 
-Bajemos -le digo.
-¿Por qué?
-No quiero que viajes así.
Mi madre se desprende, pasa entre los cuerpos, consigue un asiento.
-Sentate -me dice, y obedezco.
Muy al lado mío canta en polaco. Mi compañero de asiento se adormece. Repito la letra de mi madre sin entenderla demasiado. Es una canción de cuna. Ella se entusiasma, canta cada vez más fuerte. En el vagón todos miran y cuando termina esa canción empieza otra pero está cantando en ruso.
Me pregunta en idish si me acuerdo y hago como que no la escucho, que no me habla a mí, que no me da vergüenza, que no soy.
Pero vuelvo, al mirarla la reconozco.
-Vayamos a Polonia -le digo-, a tu pueblo o a Cracovia, dicen que es hermosa.
Se lo digo para hacerla sufrir y tenerla -que se asuste-, todavía la necesito.
Ella cierra los ojos, aprieta los labios. Creo que se los muerde, y abre despacio los ojos, sabiendo el riesgo. Va a la ventana, está por tirarse. Alcanzo a escucharle el murmullo:
“Este pequeño espacio junto a la ventana es todo lo que necesito, lo que quiero”. Parece tan cansada. Hasta que me mira, me recuerda, y habla desde un lugar menos distante. Dice que cambiemos de vagón.
Nos deslizamos de la mano.
Entre un vagón y otro y el ruido de la marcha, están esos chicos que gritan. La nena, parece, les ha robado el pan.
-Apenas me llevé medio -dice.
Los chicos hacen ademán de empujarla y ella mide con los ojos el espacio de la caída, la posibilidad de rodar. El tren va demasiado rápido.
-No lo tengo, me lo comí-. Forcejean, pero ya somos del otro vagón.
Qué pequeña es mi madre. Hace frío y transpira, ¿por qué se rasca tanto? No hay lugar para nada y está todo oscuro. No sabe adónde la llevan, ni siquiera por qué, y cierra los ojos. Qué tristeza tener que dejar su cajita de cosas: algún dibujo, lápices de colores, fotografías, una muñeca. ¿Estará grande tal vez para jugar con muñecas?, pero un saco al menos, aunque tampoco hace tanto frío y la orina calienta las piernas, los pies. (Si le hubiera tocado cerca de la ventana podría imaginarla abierta, habría el cielo suave azul en su memoria y amapolas, vería al poeta trabajando en las vías. Palean, hay reparación de carreteras.) La mano toca miguitas en el bolsillo. Deja un rato su mano ahí, los dedos memorizan el alimento. Saca las migas y adivina la boca de la madre que las guarda, lúcida. Con la lengua las ablanda hasta que vuelve a dar la comida a la hija, más tibia, de pajaritos.
Nadie sabe cómo un sapo entró al vagón y los que lloran dejan de llorar, entretenidos por el sapo. Una especie de milagro. Muchos se hubiesen caído pero no hay lugar, no hay más que estar así, parados.
Y así llegamos a Siberia. Es otoño de 1940, creo. Cuando se abre la puerta corrediza del vagón los ojos de los muertos y los vivos se abren también. El sapo se asusta, dispara. Nos reímos de la manchita verde en la blancura.
La nieve se ve hermosa. La carcelera es una muchacha rusa pequeña como mi madre, se sonríen. Cerca están del río y la madera de los barcos. Hay que mantener el equilibrio, llevar los troncos sin caer al agua. Pero el domingo es posible ir a Tomsk, la Atenas de Siberia. Ahí toca en el cuerpo el orgullo de los objetos, las torres de las catedrales, los recintos fabulosos, los espejos. Un grupo de estudiantes en fila, van con sus carpetas y bufandas, ríen y escuchan sus voces. Se reconoce el poema de Pushkin. Hay amapolas de verdad y hay que volver a la pieza, los otros ya están preocupados. 
-¿Y los libros?-, le digo a ella.
-En las barracas no hay. 
-Entonces me voy con él, vendrá a ser mi padre.
El no va en un vagón. Huye al peor lado pero sabe alemán, es rubio, reza y tiene demasiado miedo. A ningún vagón, sabe que si sube no habrá forma de mentir.
-Escuchen -dice a los hermanos, a los amigos, a los padres-, no suban.
Y corre más rápido que un tren. Se esconde en el bosque. Si duerme y le alcanza para descansar irá a ofrecerse a un trabajo, a una fábrica. Se inventará un nombre, una familia, ¿cuál? El padre al contar hace gestos, hace mímica y las hijas reímos de la historia.
El niño no sube al tren ni siquiera al final de la guerra. Sólo camina, sólo confía en sus pies.
-¿Adónde vas?-, le dicen. Sus vecinos lo reconocen, “cómo creciste en estos años, ya sos un muchacho”.
-Voy a casa, a mi ciudad.
-No vayas, la casa no está y ellos murieron.
-¿Dónde, cuándo?-, quiere decir por qué.
-No sabemos.
-¿Nadie vive?
-Ya no vayas a tu casa. No es.
1957-58-59-60. Mi padre y yo subimos al tren que se detiene cinco minutos en Napalpí. Dejamos en el buzón del tren, en el vagón que hace de correo, las cartas que él escribe en castellano, idish, polaco, alemán: “si vive algún hermano mío en algún lugar, avísenme”. Después vamos al vagón de los libros, compramos uno de Kafka. 
-Me parece que mi mamá lo leía-, dice mi padre.
Le pregunto si está seguro y él me da la mano, me dice que bajemos del tren. En la vereda nos abrazamos, me besa la frente, los ojos.
Quieta, al lado nuestro, está Amada. Es qom, es silenciosa pero a mí me muestra algunas palabras.
-¿Hoy no fuiste a la escuela? - Le pregunto.
-No voy más, ahí muchos miran sin alma, ahí me dan vergüenza-. Nos mira mientras pela despacio una naranja y jugamos a adivinar el número de sus tajadas. Gana mi padre, adivinó. Repartimos la fruta, su jugo nos pinta los labios, resbala en los brazos.
Cuando el tren empieza a tomar velocidad subo con Amada. En el vagón hay asientos vacíos pero no nos sentamos.
-Tenés permiso sólo hasta mañana -alcanza a decir mi padre que está abriendo el libro como si ya fuera a encontrar alguna cosa.
-Vayamos lejos, hasta Machagai-, dice Amada.
-O hasta El Nochero-, le digo.
Nos reímos, esos pueblos no quedan lejos. Y antes de que el tren acelere completamente, saltamos, comenzamos a correr. Corremos hasta la Reservación sin detenernos siquiera para alcanzar las naranjas.
Vuelvo, caminando, al otro día.
-Llegué a Buenos Aires -cuenta él-, por Paraguay.
-Llegué a Buenos Aires -cuenta ella-, por Brasil.
-Hace calor otra vez- dicen. 
- ¿Qué puedo hacer? -digo, y les acerco una jarra con agua.
Antes, en otro vagón, mi madre había crecido.
-Pasemos por Samarkanda, lleguemos a Bujara, ¿sí?
-No, es 1942 y los hospitales están llenos. Mirá, hay tifus, disentería. No hay que contagiarse pero me contagio. Cuánta fiebre y después, un día, muchos mueren. No todos de fiebre, algunos de tristeza y dan un lugar para enterrarlos.
-¿Hay lugar en Bujara?
Tenemos sed en el camarote. Vamos al coche comedor y el sol entra por las ventanas, calienta las gaseosas y todos los árboles, los postes, de afuera, se mueven en 1964 como ese sapo que salta por los vagones.
-Hay que llevarse a ese sapo que anda solo -dice en idish mi madre.
-Mamá -digo en castellano-, los sapos no viven en Buenos Aires, ¿qué te creés, que es un pueblo?
-Lo pondremos en el balcón -insiste.
-¿No podés ya hablar en castellano?
(El vagón está oscuro. 1976, 77, 78, 79 y ella nos busca -madre- en la oscuridad, en el silencio. A veces encuentra.)
Seguimos. El tren se detiene en Weimar, en Leipzig. He sido invitada a un congreso. Lamento no hablar en idish, entendería mejor el alemán.
Al bajar del tren es otoño. Dicen que hace un año cayó el muro. Ahora no se ve, ahora parece que los muros son invisibles. 
-No todos.
El aire me trae el sonido de un arpa que acompaña a los otros instrumentos y que hacen algo raro en el espacio, como si otro, alguno, caminara conmigo.
Tomo un taxi, le digo al chofer hasta Buchenwald. No sé qué me está diciendo en alemán pero es algo de la hora. A Buchenwald, insisto. Cuando llegamos le hago señas de que me espere.
Comienzo a caminar. Entro. Me llega el viento de este otoño, a veces se nubla, a veces hay sol. Dejo que el viento traspase la ropa, se acomode en cada resquicio mío, hasta en la boca que abro como si fuera a gritar. Sí, tal vez los padres del padre murieron allí, ¿diríase abuelos? Sí, invento ese lugar para ellos. Los tengo.
Mi madre me mira, me sonríe, estoy a punto de llorar.
-No llores -dice mientras me acaricia-. Escuchá, el viento. No llores, ¿acaso desde que el mundo es mundo las cosas no cambiaron?
Salgo de ahí. El chofer se quedó dormido, me esperó. Me hubiese dado miedo pasar en Buchenwald la noche.
Subimos al tren. Es verano en Buenos Aires. Estamos sentadas -ahora mismo- en un vagón casi vacío, casi lujoso de tanto espacio. Mi madre alza el sapo y se ríe. Encuentra en el bolsillo algo de pan, lo ablanda en la boca, lo humedece con la lengua y otra vez lo saca. Me alcanza ese pan que rueda lento en mi propia boca ante sus ojos brillantes. Viajamos felices. Entra al vagón el aire justo para vivir.


PÁGINA 12 – POESÍA ARGENTINA

LOURDES ANGÉLICA ZALAZAR
(Metán-Salta-Argentina)

VOZ

Soy el grito ancestral la
dolorida queja.
Soy la flor de una raza ya
marchita.
Desde el lodo invasor me he
levantado.
Viracocha sostuvo mi dolor
¡Cuantas lunas han pasado¡
¡Cuantas pieles cobrizas mutiladas¡
Soy un temblor de tumbas profanadas
El amor, lumbre enlutecida.
El lenguaje mudo de los ojos
que despierta a los cóndores.
Soy el sol que anida en los hogares
voz ardiente en esta tierra.
Soy el espacio quebrantado
que vive, palpita
en el erke en el siku,
en la queja de una quena
en la pena de una caja.


JUAN CARLOS BERNASCONI
(Morrison-Córdoba-Argentina)

PLAZA DE OTOÑO

Despacio muere el día en la
plaza de otoño.
Desde el rústico asiento de las
palabras que conmueven
rompiendo la cáscara sombría del alma
dibujamos dos parábolas
uniéndose
en lo alto de las estrellas
como un arco iris bellísimo
y doliente.

Y me dices que te gusta el otoño,
el amarillo de los fresnos que
cubre el suelo.
donde juegan los niños
como en una alfombra crujiente y
rendida.

Y te digo que todos los pueblos que
habitan en mi, están
hechos con los pinceles del
otoño.


PABLO JAVIER RESA
(Lobería-Buenos Aires-Argentina)

EL DESEO

Ella acaricia lomos de vidas-libros con sutiles dedos de durazno / pasillos tomos y tomas de tantas ajenas mentes cercanas. Los códices mayas inmortalizando en colores sobre la superficie vegetal endurecida la primera cópula que originara el instante del hombre / las Mil y Una Noches ,el Cantar de los Cantares Dante y Beatrice divina la comedia de la antesala de un Decamerón en medio de una peste que ni ella podría azotar el placer / acariciantes sensuales nombres escapados entre los pasillos fantasmales de la biblioteca corazona / la asaltan los suavísimos acordes de Sidharta o Lady Chaterly desmayada entre los rudos brazos de aquel hombre fabulosamente pueblo para ella tan té de taza china /la salvaje tropilla conduciendo el carruaje de Mme Bouvary / salta la historia salta como un tizón encendido apretando entre dos brazas esa herida de todos / no he sido felíz confiesa su pecado Borges y brotan de una galera sus amadas enamoradas desnudas mujeres camina camina la mano acariciando lomos de libros que brillan de sudor y laten -en las noches de luna cobran vida
Secretas palabras conjurando el deseo del padre Ladislao Gutiérrez, “padre muero de deseo “ –dice Camila O Gorman bajo el yugo de Rosas / Cien años de Soledad y el mismo Aureliano Buendía en Macondo Ursula espera.
Inconfesables confesas historias del Nombre de la Rosa hacen Eco en los pasillos de “amor locura y muerte” disparadas al ojo-oído al sexo al corazón de hombre pretendiente de dios que pende de un hilo
Realidad / de aquel lado la biblioteca corazona / realidad pasillos de adolescencia silenciosa en que se hacía el intento infructuoso de sostener-encarcelar la jauría del deseo que mordía los talones a cada fuga de siesta pocas opciones de entonces / cuerpecito sumergiéndose desnudo en al rio sin estar convencida María de escapar al deseo feroz del Pombero .
Abuelas o tías abuelos o tíos en abrazos mullidos o cuentos de cuna para ahogar los precoces latidos / lo prohibido el beso era la palabra NO sobre las mieles urgentes senitos turgentes de infancia marchándose tras un beso robado cerrando los ojos mirándolo todo hasta devorar/desbordar el respeto a las normas de civilidad blancas ataduras/ dorados reflejos en círculo que envuelven la caída de un ramito de novia sin dueño
Tibieza descontracturada desacostumbrada de manos deslizándose descalzas sobre la piel territorio del deseo / desafuero /desbocado a bocados saboreado en beso de labios que besan palabras y palabras que besan labios para callarlos callarlos callarlos diciendo alegría alegría alegría hasta volverse ave o pez.
Ahora ahora es ella / ella lo ve venir despacio por aquellas callejas urgentes de casitas blancas del cielo de Grecia / o el cerro de los siete colores Punmamarca se descuelga Rapuznel-Julieta –Pandora-Penélope Alejandra Vidal Olmos –Alejandra Pìzarnik sin la cicuta apurada o Dafne que desarraiga las eternas raíces vueltas pies que corren como un animal encerrado
Locas mujeres locas corren y corren del miedo urgentemente urgentes /enormes /lentamente apuradas dementes inclementes irrespetuosas bellas loca humanidad entera bella
Moderato
Arpegio
Largo
Nunca réquiem
No réquiem no
Palmo a palmo
La gota de sudor que estalla en el pecho
La lágrima salada que se instala en la voz
Temblorosos espasmos dulces danzas sabia de la piel del mundo
Innombrables / multiplicadas trocitos de espejos rotos
Hacia ninguna cifra
Estallan estallan estallan estallan
Y el mundo se queda mudo
Desaparece por un instante
Muere…para vivir.


MARTHA OLIVERI
(Ciudad Autónoma-Buenos Aires-Argentina)

LA OTRA MUERTE

Y hablemos de aquello que sobre todo
habría podido dar a luz a Dios
con la pasión de un escultor de abismos
con la entrega del ángel cuyo mensaje inicial
es el asombro de que el asombro exista.

Y hablemos de cómo la compasión se abrevia
En la ternura de dos brazos humanos
De las cunas que tiende la hierba entre los suelos
que muerden su angustia de soledad sin sombra

Hablemos, sí de que han hecho los hombres
con el vientre lunar
Y qué ha sido de la nutriente que fluye del Edén
cuando se adueña el vértigo del cielo.
Hasta donde han teñido de dolor el hechizo
para dar a luz un ángel extinguido,
Una domesticada aldea de “Carontes”
cuyas barcas camufladas
Vuelven siempre hacia el Hades

Y hablemos del placer de ensangrentar los astros
de abrir los corazones con deslumbrados goces:
La lujuria de Midas
sobre el campo inocente
que daba a luz un trigo
Más de oro que el oro por leve y por flexible.
De qué están hechos los sacerdotes de los templos
donde no quiso entrar Judas,
ni aun en la traición se pudo tanto.
Es mayor este mirar que nubla la mirada
Esta mirada donde bosteza el hombre
viendo como el campo ensangrentado de los siglos
se entretiene enumerando un horror que llama: Historia.

Pero es sólo un concierto detenido en la memoria
donde aún gime la individual tortura,
numerada en millones, acallada en el tiempo
por un siniestro malabarista que pone al pecado
el nombre de “evolución histórica,”
y a la ruindad el mote de “fiel determinismo”.

Hablemos entonces de otra muerte,
de otro día después en que inocente
expira el pájaro en sus alas
el ciervo en su cornada,
el viejo en suaves sombras
más acá de los párpados.

Es tiempo de que callen los sofistas
y le den al silencio la palabra.


MÁXIMO SIMPSON
(Ciudad Autónoma-Buenos Aires-Argentina)

NO TE VAYAS

No te vayas; ya quédate, albedrío,
no te vayas tan luz, tan sin decir.
No te vayas de mí, ladrillo, albor;
no te inquietes, solaz, no te despidas,
no dejes de mirarme,
                                   sombra,
                                   cuna.                                  

Mírame, pasto azul.
No te vayas, metal,
                    cielo, apariencia.

Que todo esté en su sitio,
que no se vaya el árbol,
que no se vaya el día,
gorjeo de mi tiempo,
oloroso violín de yerba mate.

No te vayas de mí, Máximo Simpson.


PÁGINA 13 – RESEÑA

J. L. RODRÍGUEZ ÁVALOS
(Morelia-México)

DE AMOR QUINCE POEMAS
Autor: Tomás Rico Cano

De entre los más viejos oficios, la poesía es uno de los más constantes y altos modos de expresión, donde se confirma la vocación por la búsqueda del yo, por el querer saberse el poeta habitante del mundo, explorando la posibilidad de que el mundo se ajuste a la idea personal y propia.
Y si no responde a las necesidades personales, entonces se inventa un mundo de acuerdo a la imaginación de cada quien. Así, Rico Cano inventó su mundo poético.
Tomás Rico Cano (Uruapan 1916-Morelia 1993), poeta provinciano que se ha vuelto universal por su vocación de maestro y sus escritos dirigidos a las pasiones humanas, particularmente a las amorosas, comenzó a publicar sus poemarios en 1946 con Esta niebla encendiday siguió en 1948 con De amor quince sonetos, que recibió don Alfonso Reyes y contestó así:
Rico cristal sonoro, detenido
contra peñas de amor, quiebra un esguince
y sigue murmurando su gemido,
Cano de espumas, pero no vencido
(y como los sonetos eran quince,
quince veces le quedo agradecido)
Muchos años y bastantes publicaciones después apareció De amor quince poemas, selección personal del maestro de la siguiente manera:
"En la primera parte, amor a la mujer, proyectado a varias de ellas, de carne y hueso; en la segunda, a tres entrañables ciudades: Morelia, Pátzcuaro y Uruapan, y finalmente con un texto solo, huerfanito, el amor a los Animales michoacanos tan olvidados por nuestros poetas de verdad".
La portada es del maestro Alfredo Zalce y quince artistas elaboraron las viñetas que acompañan a don Tomás en esta aventura colectiva; en orden de aparición: Miguel Carmona, Eugenio Altamirano, Gerardo Pérez Lozada, Juan Torres, Jerónimo Mateo y el grabador J. Dolores Prado Velázquez.
Les siguen Gilberto Ramírez, Jesús Escalera, Marcela Ramírez, Nicolás de la Torre, Francisco Rodríguez Oñate y Alejandro Delgado.
También aparecen dibujos de dos artistas fallecidos hace muchos años, igualmente entrañables amigos de don Tomás y a quienes de seguro hubiese gustado compartir esta experiencia: Francisco José Delgado y Manuel Pérez Coronado (MaPeCo)
De esta manera, se reencuentran en estas páginas amigos de toda la vida, reunidos por el quehacer poético de un maestro querido.
Tales encuentros artísticos han hecho de este libro un clásico de las bibliotecas michoacanas, cuya publicación estuvo a cargo del Colectivo Artístico Morelia, A. C. en 1989. El libro puede conseguirse en algunas librerías de Michoacán, y en Morelia hasta en las librerías de viejo.



PÁGINA 14 – POESÍA AMERICANA

LILIAN VIACAVA
(Montevideo-Uruguay)

A LA DERIVA

Cuando muere la esperanza...

Tu silencio pasa a la deriva
como un hacha se clava en mis entrañas
desde el fondo se precipita el viento.

Baja lento el cielo sobre el cuerpo,
las heridas abiertas aún sangran
y se agrandan en lo hondo del destierro.

Se abre el bosque...
Las hadas se empecinan en brillar
tras el canto del hornero.

¿Donde habita el nido de las lágrimas?
¿Acaso ruedan desde el cielo?

La noche enciende la luz
de las estrellas y el bosque se ilumina…
Tu silencio pasa a la deriva...

Nace la noche en su ritual siniestro
danzan los criminales del amor
y después el amor pasa muerto.

Un infinito de ríos nos separan
y un olor acre corta la noche
¡es olor del amor muerto!
Se estanca el tiempo de las rosas
en el sueño de los hombres…

Festejemos amor ¡la vida pasa!
Los pájaros se lanzan de los cerros
en suicidio colectivo nos alcanzan...
Las sombras de la noche nos amparan.
Todo vive y muere...

Festejemos amor... La vida pasa.
Los pájaros se lanzan de los cerros
cuando muere la esperanza.


MARIANELA PUEBLA
(Valparaíso-Chile)

PUERTAS

Puertas que parecen cerradas, transparentes,
muestran un mundo que se abre a los ojos,
solamente a la mirada  impedida de escape
sofocada de tanta espera.

Puertas golpeadas, encadenadas a un silencio intolerable.
Nadie acaricia,  no introduce la llave,
la gira, hace un ruido, empuja la hoja,
le habla con palabras sutiles, y la cierra
suavemente,  como si fuera un cristal costoso.

Nada, no sucede lo inesperado, un mudo sollozo las invade,
la madera vieja que las forma, desnuda y desprotegida
del árbol, del bosque, ya no está perfumando su existencia.
Es solo parte de su esencia, una  gota de nostalgia
enmoheciendo sus recuerdos.

Puertas elegantes,  de casas fabulosas,
se abren con cautela, con sigiloso desplante.
Siempre pulcras, aceitadas,  golpeadas con guantes,
esperando abrirse  al buen vestir,
son puertas que parecieran tenerlo todo
mas, al cerrar sus hojas sienten
el rigor  abismante de la soledad.
Atacadas maliciosamente por las inclemencias del tiempo
nunca muestran sus corazones roídos.

Puertas humildes, desmembradas por los dientes
del viento, que las muerde cada vez que pasa
quizás deseando llevarse una de sus partes.
Puertas giratorias,  emborrachadas de prisa,
quién sale quién entra, da lo mismo
solo dejan una ráfaga de inquietud, solo eso,
Una frialdad endulzada de  indiferencia.

Puertas rechinando desamparo
lamidas por  el calendario del olvido,
sin llaves que las abran, sin cerrojos que las cuide,
entregadas a los brazos de inclementes soledades
abren las bocas,  modulan palabras de desconsuelo
y con voces de aserrín claman al cielo
volver a centro de sus raíces.


MARISOL CABRERA SOSA
(La Floresta-Canelones-Uruguay)

Que no te nombro amor
el silencio petrifica el vaso
las hormigas se amontonan
en las bandejas
son líneas torcidas
nunca rectas
no se come ¿o sí?
¿Quién adelanta proteínas
a mi cansada espera?
Las direcciones de los Mirasoles
llevan y traen huellas en la arena
se nos duermen las piernas
y acá en mi cuarto
los ladrillos sudan
la espalda que se marchó
todos los días no son iguales
¿ha notado alguna diferencia?
Mi estado de ánimo
es casi optimista sin la fe
de los ciegos.
Habrá que salir a buscar anteojos.

Que no te bebo amor
la saliva se amontona
se abre la ventana
de los labios sin patria
ni bandera
la latitud cruza mi sangre
abandono la escuela
durante años  imponen patriarcas
ya ni sé si sabe cautivar
ya ni la obligación
a permanecer atado o libre
¿quién sabe?
Conjugar comodidad  y amor
es el estado febril de algunos cobardes
¿quién está libre?
El pecado es práctica corriente
para algunas escrituras
escribidores
lapiceros
con registros legales
también en otras latitudes.
Cabalga en este milenio
el prejuicio, señor fatal.

Que no te sudo amor
la humedad se acumula en la piel
y no es tema literario de ninguna conferencia
algunos piensan más acá del contexto
pero en estos casos
las sábanas se confabulan
para que el almanaque se vuele
con la menor brisa.
Tanto horror al vacío me contesta,
por acá las variedades
pasan por mis pelos
en un acorde perdido
de la guitarra que no toca.
No hay abrigo para el silencio.


C. FELICIANO MEJÍA HIDALGO
(Abancay-Apurimac-Perú)

TERCERA: YAWARMAYU

La Madre canta con su voz de alhelí
aires de angustia, júbilo y furia.
La Madre de la Vida canta cantos. Mas, en medio de la hecatombe del dolor que nos cerca, la alegría me invade, marea de peces de candela: el viento de asco me golpea y escapa, perro, con su sombra uniformada a cuestas cuando el fino susurro y algodón de tus cuerdas me cubre protector como poncho nutricio.
¡ Viva, Hermanos, tu gesto de limón, que limpia mis heridas endulzando mi corazón en este mar de fango que estamos desecando !
Yo te agradezco con una venia, Padre de los Danzantes del Mundo, yo te saludo; cargando una roca de hielo en mis espaldas,
te doy mi homenaje, por alejar el cascajo de espinas de mis huesos, por matar en mis venas los novios del gusano que quisiera eternizar aquí su bulbo y su carroña.
Tú me haces bailar la cadencia de la agonía, que también es vida, sobre los muñones de mis codos, sobre los rosados y brillantes costurones de los muñones de mis muslos.
Ah, la felicidad de saberte triunfante sobre La Noche, de saberte que Sigues Siendo, Hermano Centella de Oro.



CARLOS ARTURO GAMBOA
(Ibagué-Tolima-Colombia)  

VOLVIÓ A LLOVER

Volvió a llover después de 100 veranos
Y el vapor de la tierra ardiente emite una sinfonía
De pájaros sedientos.
Desde la ventana observo
El aleteo de las gotas en su vértigo
Y apenas logro disimular el llanto
De tus besos bajo mis sábanas.
Con el verano tu piel se hizo de piedra
Y la ciudad perdió el aroma de tus pasos.
Agoté mis desgastados minutos
Persiguiendo la imagen fantasmagórica en las vitrinas
En donde yacía el último esplendor de tu mirada.
Volvió a llover sobre los andenes de la ausencia
Y temo que la acuosidad hecha de espantos
Borre la ulterior huella de tus pasos.


PÁGINA 15- CUENTO

CARLOS LUIS IBÁÑEZ TORRES
(Pamplona-Colombia)

“Si quieres querer a otro, espera que yo me muera, después de mis nueve noches, puedes querer a cualquiera”. Guillermo Buitrago, cantor popular.

Tina amaba a su marido, pero quería a otro. Nacida en la región de un importante cañón, estaba acostumbrada a los temblores y a otros movimientos, no solo de tierra, también a los que producían, como solfataras, las erupciones de su corazón.

Su cara estaba bañada por la luz de sus ojos claros, muy definidos y brillantes, con que paseaba el mundo tomando aquello que le permitiera vivir feliz y segura. A ella le importaba en realidad su humanidad en el sentido completo de la palabra, y por eso no menguaba esfuerzo para lograrlo. Trabajaba como secretaria de un inmenso consorcio, pero nunca pasó de serlo; ahí tuvo tiempo suficiente para ir gastando el aire y el espacio que le asignaron mientras resolvía, en su volcánico corazón, con quién terminaría sus días, al lado de quién podría lograr su meta de ser feliz y de estar amparada y segura, pues su marido había echado raíces hondas en su vida, y ella sentía que lo amaba, pero de otro lado estaba ese simpático, esbelto e inteligente joven que se había ido metiendo en su vida por las grietas que la cotidianidad trae a esos largos amores que se vuelven una interminable galería de monotonías y vacíos que terminan por debilitar la fidelidad y convertir en senda de doble vía los amores.

Su raza está llena de mujeres emprendedoras, posesivas y dueñas exclusivas de su mundo. Para penetrarlo se requiere un ancestro que haya, por decirlo de alguna manera, transmitido la valentía y la decisión de saber que una vez elegida la pareja es para toda la vida, para siempre, y que en un mundo tan complicado y tan laxo como el actual eso se vuelve demasiado intrincado, sin garantía de cumplimiento.

Las semanas como enredaderas trepaban por la existencia de Tina, que sentía el apremio de resolver adecuadamente el dilema, su marido o su querido; los dos sumaban el fuego que necesitaba como combustible su vida, su manera de ser, sus sueños, con una ligera ventaja para su querido, pues el fuego que este le ofrecía era abrasador, impetuoso, calcinante, chispeante, pero a la vez indebido.

El fuego de su marido era lento, copioso pero continuo, un poco menos pasional, rutinario y aprobado por su entorno, era su compañero de tiempos, era su marido, sencillamente, quien había cumplido el pacto y la sentencia para toda la vida. El vapor de los calores que la brisa del río traía desde el pie de la cuesta hasta su lecho la despertó ese día, como cuando se despierta no solo con el cuerpo, sino también con el alma. Entonces, tuvo una invasión repentina y flemática de sinceridad, y le confesó a su marido su indecisión; le dijo que lo amaba, pero que quería a otro… El hombre palideció, inyectó de lágrimas sus ojos, y salió del cuarto con paso militar, golpeando cada una de las puertas por las que pasó con la firme determinación de no regresar jamás, de tirar a la calle todos esos años de entrega y dedicación. Recordó una dura frase de sus años militares del servicio obligatorio: “Ni un paso atrás…”, y se perdió en la temprana batahola de la mañana entre los centenares de transeúntes que lo miraban extrañados, pues había olvidado ponerse la camisa.

La mujer no comprendió la magnitud de su revelación. Cumplió el ritual de todas las mañanas; frente al espejo cubrió cada una de las líneas marcadas de su rostro con el maquillaje usual, puso su perfume en las diferentes zonas claves de su cuerpo, como lo hacía desde su adolescencia, salió para su rutina laboral convencida de haber tenido un acto de enorme valentía frente a su marido. Pensó en el joven, en su reacción cuando le contara que había abierto una ventana desde donde podía verse el comienzo del camino hacia su mutua felicidad.

La noche la trajo de vuelta a la casa, a su vacía casa, donde aún retumbaba el eco de su atrevida confesión, y sintió por primera vez la ausencia de su marido, pero albergó la esperanza de verlo entrar por la puerta de la alcoba y darle como lo hacía siempre las buenas noches y preguntar por su día, por su jefe, por su compañero de trabajo. Pero no ocurrió así. Un ancho y profundo silencio la cubrió de pies a cabeza. Marcó el teléfono del hombre hasta agotar sus energías y la batería del móvil; trató de ubicarlo, pero no consiguió razón alguna. Tampoco ese día pudo comunicarse con el joven apuesto. Entonces encendió la televisión, y encontró una curiosa noticia en que se relataba cómo un hombre sin camisa había corrido por la ciudad gritando sin parar que era “¡libre, libre, libre!”.

De inmediato, llamó a las autoridades y al noticiero para saber la suerte de aquel hombre, pero solo logró establecer que había desaparecido, y que fue visto por última vez en el norte, en el sur, en el centro, en la periferia, en compañía de un apuesto joven que arengaba también “somos libres, somos libres”, junto a decenas de seguidores que gritaban también “somos libres”, y corrían sin camisa por todas partes.

En su cuarto, la mujer se sentó frente al ordenador, y empezó a escribir la historia de una mujer que amaba a uno y quería a otro. Donde los tres eran felices. 


PÁGINA 16 –  CUENTO

JAVIER DICENZO
(San Pedro-Buenos Aires-Argentina)

LOS AHORCADOS

Esa tarde Luis salió de su casa caminando hacia una plaza, era un día tormentoso; vio una puerta en un árbol y se metió. A lo lejos dentro de los túneles se vislumbraban inmensos hongos. Traspasó las capas y se hundió en medio de los laberintos de la tierra.

Ese día había estado con unos espectros, en medio de una ciénaga.

En los túneles salió a un paraje de un bosque en otra región del mundo, se dirigió a la costa de su ciudad, lejanamente, los pájaros trinaban.

Tomó una roca y la tiró hacia el río, en su mirada tronaban los atardeceres de su último día. Encontró en un lugar solitario un niño: 


- Quien eres.

-Soy Pedro, respondió

Luego una tormenta de pájaros se instaló en un árbol, desde lejos veía unos fantasmas en los barcos olvidados del puerto.

Escuchó una voz, luego vió a lo lejos un gran espejo, al acercarse un pequeño conejo negro apareció, luego otro, así se lleno el lugar de conejos.

Los agarró, y aparecieron unas uñas en su cuerpo, y con esas manos mató a todos los conejos. Sus ojos se enrojecieron, y se convirtió en un mutante. Camino por cinco horas, hacia una isla, quería esconderse del mundo fantasmal que le rodeaba. Tomo un cuchillo y se hirió, quería cortarse las uñas pero no podía. Luego vió un lugar, era un descampado, los truenos se escuchaban a lo lejos.

Vió con horror una gran parca con una guadaña, y luego miles de árboles llenos de gente ahorcada, no no! gritaba, estoy en el infierno.

La parca le indicó un lugar. De lejos vió un gran precipicio, se asomó Luis, y vió una gran aldea, y a lo lejos un montón de monstruos medio humanos comiendo carne podrida.  Esos seres lo miraron, y gruñían con una espanto total.
A lo lejos estaba un enorme pino gris, con un lazo colgado.

Un gran hombre de capa roja apareció, y gritó:

Tomen para el sacrificio a ese mutante de garras, los dioses lo dictaminan.

De lejos una gran tormenta acometió el lugar,. Un silbido se oía.

No, gritaba Luis, no quiero morir.

De lejos lo ataron a un árbol y un guerrero de espada apareció, Marcelo de Org, 
decapitó varios de los mutantes, pero lo enlazaron.

Una campana sonaba en el convento de franciscanos, en ese momento un lazo atrapó a Luis. Y unos tambores resonaban, de lejos unos perros ladraban.

El verdugo tomó a los dos impostores de sacerdotes y les impuso la pena de muerte, ----

--ustedes son los enemigos de la causa, ya que no pueden tener mujeres blancas.

De a poco los cuerpos de ambos colgaban en el árbol del ahorcamiento.

 El bosque fue incendiado, en medio de esa lejana leyenda.

Luego unos leprosos se metieron por un camino hasta unas cuevas donde los cadáveres estaban llenos de gusanos malditos.

( Dice la leyenda que esos dos cuerpos permanecen en medio de ese bosque colgados en dos árboles en medio de las montañas de Siberia)


PÁGINA 17 – CUENTO

SERGIO BORAO LLOP
(Zaragoza-España)

ANTES DEL FIN 2.0


Cuando subía por última vez la cuesta en dirección al Puente de Piedra, me abordó una jovencita. Explicó que su moto la había dejado tirada y necesitaba un euro para gasolina. Conté lo que llevaba en mis bolsillos: Dos euros y algunos céntimos. Se lo di todo. Ella protestó. Yo insistí. Finalmente aceptó y se fue cuesta abajo, balanceando un pequeño bidón de plástico y canturreando algo que no supe identificar. La miré mientras se alejaba. Un par de veces se volvió, agitando la mano libre en señal de despedida. Parecía feliz. Su horizonte era el lugar donde su moto la pudiese llevar con ese euro de gasolina. Sentí que el escenario había cambiado, que ya no podía hacer aquello para lo que había venido hasta el río. Que no tenía derecho mientras esa mujer siguiese caminando por el mundo con su bidoncito para gasolina y esa tonta canción germinando obstinada entre sus labios.



PÁGINA 18 – POESÍA AMERICANA

YANIARYS VALDIVIA MELO
(Ciego de Ávila-Cuba)

FUERA DE TODOS

Todos piensan que mi rabia es contenida,
esperan sacar algo de mí, un ejemplo.
Por Dios, que no se acabe jamás mi voluntad
de recubrirme, descubrirme.
Todas las casas matan mi esencia,
odio las plantas que esperan mi llegada
ante los portales inexpresivos.
Entrar difumina mi espíritu,
lo confunde entre objetos inútiles
y frases repetidas.
No quiero estar aquí cuando suceda,
no quiero verme.
Estoy avergonzada de este miedo,
del temblor de mis manos.
Cuando escucho tu voz,
comprendo mis obsesiones,
mi obligado desconocimiento de la realidad
que te sustrae de todos.
Percibo el cansancio que provoco ya en ti,
el arrepentimiento de los que un día fueron felices.
Quizás yo solo quiera pensar hoy mal de todos,
reconocer mi derrota.
Quizás yo solo quiera seguir adelante con la tristeza.
No necesito que alguien me señale,
soy mi propio inquisidor, mi testigo,
el resultado del frío, de las altas horas,
escudando a los más pobres,
a los animales indiferentes, los borrachos, los viciosos.

No quiero que me digan,
yo sola basto para cargar con mis pies y con mi polvo.
Déjenme seguir rumbo, al Sol poniente, a los barrancos.


MARGARITA MUÑOZ
(Chihuahua-México)

MUJER QUE TREPA AL ARBOL DE LA NADA

Me he sentado a escribir, pero la pluma se queda inmóvil en mi mano frente a la hoja en blanco. Adentro de mí los pensamientos parecen huir. Allá enfrente un gato rayado trepa por el eucalipto seco del jardín y ya arriba se queda quieto. Así estoy ahora yo, en la copa del árbol de la nada, mirando ramas secas y hojarascas en el piso. Es el verano, la lluvia nos ha abandonado. Soy igual que ese gato: estoy en la copa del árbol de la nada, sin conseguir regresar a la hoja de papel en blanco, que me espera...


FRANK PEREIRA HENNESSEY
(Barranquilla-Colombia)

IRRISORIA

Se derrama
la noche
en cada rincón de la lluvia,
igual
que las corrientes del alba,
y tu piel en fuga
cubre
la curvatura de un astro
amarrado al viento,
para desnudar
el calor
de tu rocío
saturado de labios
que desviste
la fiebre colgada de tus muslos.


ARABELLA SALAVERRY
(San José-Costa Rica)

MUJERES DE BAGDAD

 Mujeres 
          ojos que se abandonan
en el desconcierto negro
de sus mantos

Mujeres
esas invisibles mujeres
ojos transparentes
envueltas en tinieblas

Mujeres
esas mujeres
esas intocables mujeres

Persigo sus silencios
transcribo sus voces
de pájaro aterido

Mujeres
esas mujeres
ojos impermeables
heridas por saetas
arropadas por estruendos

Esas mujeres
doblemente atadas
Las miro caminando
pasos de paloma
por el rastro derruido de Bagdad

Mujeres
ojos clausurados
cuando se abrirá el cerrojo
se cerrarán heridas
y se rasgará por fin el manto


ASTRID SOFIA PEDRAZA
(Barranquilla-Colombia)

DIME: ¿NO TE DUELEN MIS PALABRAS? 

Cada gota de lágrima es un pedazo de mí que muere.
Cada grito que sale de mi garganta es un gemido que corroe mis entrañas.
Te miro suplicando que te conmuevas y no me mires como algo natural.

Es que también han hecho de ti un ser sin emociones, como hoy pretenden hacer conmigo?


PÁGINA 19 – ENSAYO

ALEJO URDANETA
(Caracas-Venezuela)

¿ES POESÍA EL  CUENTO?

Se ha dicho que Dios creó al hombre para que éste contara historias. Esta parábola se relaciona con la necesidad humana de inventar mitos, sin cuya presencia sólo tendríamos la inercia de la imaginación y el vacío aterrador de la existencia. Los mitos dan coherencia a la realidad, indican una armonía entre el pensamiento interno del individuo y la estructura del mundo exterior.
Cada vez que nos encerramos en la certeza de lo dado, quedamos en el oscuro hondón de lo concreto y concluido, y ello nos enfrenta a la sensación de finitud de la que el hombre quiere escapar. El arte consiste en mantener abiertas las infinitas puertas de la posibilidad, la aprehensión de lo absoluto. Eso hace el arte literario: abrir con la magia de la palabra la alternancia de situaciones nunca definidas, inconclusas siempre porque son imaginadas.
 “El Verbo se hizo carne”, dice el Cuarto Evangelio, y parece expresar con esa frase que la voz “verbo” tiene doble significado: el de “palabra” y  el de “Logos”, término griego que expresa el concepto de sustancia. Verbo como palabra, verbo como sustancia.  ¿Quién sino el hombre tiene el don de la palabra que lo hace creador y lo asemeja a Dios? ¿Será el hombre la sustancia o “logos” divino, por ser el único en poseer la facultad del hablar articulado y significativo?
 Antes del hombre nada existía como mundo de representación, es decir aquellas impresiones sensoriales del sujeto corpóreo a las que el intelecto añade las categorías de tiempo, espacio y causalidad para hacerlas comprensibles, para representarlas en su propio e intransferible mundo y comunicarlas mediante la palabra. Tampoco se concebía la voluntad como consciencia de vivir y desear perdurar como inmortalidad. Todo ello privilegio y fragilidad del ser humano.
La literatura como actividad artística es creación con la palabra y, mediante ella, productora de imágenes con las que hace la representación del mundo. Es imaginación –espiritual y sensual - y lenguaje para comunicar algo que sólo de esa manera puede comunicarse. Las herramientas del lenguaje son las palabras, trátese de una carta comercial o de una narración literaria. Lo mismo ocurre con los elementos que componen la música: están en el ambiente como sonidos, y los utiliza toda persona que quiere expresar algo con tales signos sonoros: la advertencia de una sirena de bomberos o una sinfonía de Mozart. Con esos instrumentos: la palabra y la música, el hombre construye el producto que llamamos Arte, que posee una finalidad contingente y por ello no necesaria como es la de la ciencia. Lo dicho, sin mencionar otras creaciones artísticas.
Hay arte intencional y arte intuitivo. Ya conocemos los géneros literarios: Poesía, narrativa, teatro y ensayo, cada uno con características propias. Sin embargo, la poesía, que es hechura de la intuición no deliberada, aun cuando luego el poeta labre y labre la forma, puede estar en todos los demás sin desfigurar en cada uno su carácter propio. Donde mejor se observa esta participación activa entre géneros es en el cuento, que siendo narrativa se acerca en sus fundamentos a la poesía como acto de origen infuso, y se disipa en el halo de niebla que deja, igual que el poema.
El cuento tiene un propósito poético. Así como la poesía es un desbordamiento espontáneo de emociones en torno a una situación única que cierra su ciclo dentro del texto, así también en el cuento prevalece  la emoción que subyace en la situación. Es decir: la emoción confiere importancia a la situación.
Los temas de toda creación son los del hombre como universo: la muerte, el amor, la pasión de vivir desplegada en líneas geométricas que se cruzan y dirigen hacia el infinito: Que la materia de la narración se presente dentro o fuera de un personaje, que la peripecia sea descrita como vivida por un hombre o que éste sirva de mundo a una peripecia (...)”  Estas palabras de Guillermo Meneses ratifican lo que él mismo ha demostrado en su cuento “La mano junto al muro”, en el que el tiempo es el personaje de la narración, o también el propio narrador. ¿Y qué nos narra este cuento de Meneses? Parece decirnos de lo efímero de la vida humana frente a la perdurabilidad de la piedra, el muro en el que se apoya la mano para caer en la duración del relato, hacia la muerte. “La diferencia entre la piedra y la vida no es la muerte sino el dolor de estar vivo, el grito puro”, como bien lo dijo nuestro Orlando Araujo al analizar este cuento. Y nosotros concluimos: La piedra es materia esencialmente inmutable, mientras que la palabra nombra la idea y está hecha de sustancia inmaterial, semejante al aire; se desvanece apenas la pronunciamos. Igual que la vida, lo mismo que el poema.  En este cuento magistral, lo narrado se hace y se deshace continuamente, más allá de lo que quiso expresar el autor y de lo que percibimos como lectores.
 Si el cuento perdurable quiere ser expresión redonda de un momento de quien narra, ha de dejar que fluya desde la profundidad del pozo la luz que dará sentido al texto. Sin decirlo todo, ha de ser amplio para que todo pueda estar contenido en sus límites.
       Lo narrado en un cuento guarda su tensión interior y no expresa del todo las pasiones o emociones unidas por lazos invisibles en el ámbito espiritual del autor: “El hombre interior es uno” (Coleridge). Es un decir infuso dentro de un espacio preciso, la sugerencia de la intención que la palabra quiere delimitar pero que  hasta al autor escapa. Lo narrado en el cuento remite siempre a referencias que están fuera del texto, a lo inexpresable que también quiere decir el poema. Por el contrario, en la novela todo suceso o peripecia – exterior o no a la conciencia de los personajes – quedan siempre dentro de su ámbito. El terreno en el que se desarrolla la novela, y que ella debe descubrir, es la vida misma en su carácter concreto, corporal. La novela se dice en prosa, que no es sólo el lado penoso o vulgar de la existencia, es decir lo cotidiano; es también la belleza de lo sentimientos modestos. Nos recuerda Milan Kundera, y cito textualmente, que “a Homero no se le ocurre preguntarse si Aquiles o Áyax, después de sus muchos combates cuerpo a cuerpo, aún conservan los dientes. Para Don Quijote y Sancho, por el contrario, los dientes son una constante preocupación, dientes que duelen, dientes que faltan. “Porque te hago saber, Sancho, que la boca sin muelas es como molino sin piedra, y mucho más se ha de estimar un diente que un diamante”
 Al igual que en la poesía, en el cuento el autor ha querido decir algo más que tal vez ignora porque está en sus profundidades y nace de motivaciones oscuras. La crítica ha afirmado que el hecho literario es la actitud consciente y las consecuencias que resultan de la intencionada utilización estética del lenguaje. La poesía y el cuento no tienen intencionalidad y parece que nacieran de un estado “otro”, más allá de la voluntad deliberada de hacer estética del lenguaje: están emparentados con la fantasía y el inconsciente. El cuento así concebido permanece en los márgenes de la literatura porque nace del deseo y el impulso desconocido de la conciencia, como el sueño.
Novalis identifica de modo expreso el cuento con el sueño, y nos dice: “En el fondo, un cuento es semejante a un sueño – sin coherencia, un conjunto de sucesos y cosas maravillosas…” Es la exploración de lo que no es consciencia del narrador, la búsqueda del impulso alienante con el uso del lenguaje analógico.
 Nuestro gran narrador, Antonio Márquez Salas, puede dar fe de lo que hemos dicho. En su cuento: “El hombre y su verde caballo”, con un lenguaje que va más allá de la intención dirigida  mediante  la escritura, dibuja una actividad onírica. El indio Genaro  madura la muerte “con su sangre de lenta corrupción”, y en el delirio pide que cabalguen en la tierra los pájaros y las flores, “con la hierba alta mecida por los vientos tristes de junio”.  Genaro tuvo su caballo para la tarea cotidiana, y ahora Domitila, su mujer, ante la inminencia de la muerte del marido, cabalga en el verde caballo que es la tierra de todos y que a todos pertenece: sus hijos y los que padecen pobreza. Una traslación de símbolos se produce en forma poética cuando el caballo de faena tenga ahora el verde pelaje de la tierra.
El narrador utiliza el lenguaje común: la palabra de la tribu, pero desplaza ese lenguaje hacia significados análogos y distintos que sugieren vivencias que no están en el texto del cuento. Sin embargo, no es necesario que en el cuento se utilice la dicción poética para que se produzca el efecto de poesía, y la palabra de la tribu sirve en el propósito. Las catedrales están hechas con las mismas piedras que pisamos en el camino.
“La pequeña inmaculada”, del cuentista venezolano Julio Garmendia, es prueba de cuanto hemos dicho. Tenemos aquí símbolos poéticos representados por la niña devota que reza en el templo y que significa la vida, frente a la mujer “larga y seca”, que oculta en un pañolón estampas y velas para vender. La seca y larga mujer acecha a la niña en un día de oración y recogimiento, mientras realiza su labor de matar los insectos que se ocultan en floreros y altares. La mujer es la muerte de los insectos, y es también la Muerte simbolizada en esa beata lúgubre que persigue a la niña más allá del templo, sin que sepamos qué ocurrirá luego, porque el cuento sólo sugiere y no nos dice el término de la peripecia de la narración. El lenguaje es apropiado para expresar la vaguedad del episodio: De las claraboyas mismas – horadadas en el techo de sombríos rincones y silentes capillas – desciende o filtra, hasta acá abajo, antes que luz, una lívida forma de la oscuridad que ya se ha ido enseñoreando del ámbito del templo”. Hay en este cuento rasgos que recuerdan a Poe, por la difusa descripción del lugar que luego trasladará a los personajes, por la semejanza entre ambiente y personas. Es poesía abierta a la interpretación, como todo poema logrado.
En la cuentística venezolana del siglo XX no puede faltar Gustavo Díaz Solís, autor de una obra no muy extensa pero de largo alcance en la creación literaria del cuento. Se le rinde un homenaje al traer aquí uno de sus cuentos más notables: “El Niño y el Mar”. Con una gran economía de recursos, Díaz Solís nos narra una historia sencilla, natural, pero con un significado apenas insinuado en la literalidad de la narración. El niño solitario llega a la orilla del mar con simples utensilios de pesca: una lata alargada con un asa de alambre, desprevenido en su inocencia. Sin darse cuenta, lo va envolviendo la pleamar mientras está atento a su acción de pescar algo que no sabe qué es. En esa pequeña lucha con el animal que no ha visto lo acecha la muerte de la alta marea, y cuando ve el cangrejo, enorme, rojizo con sombras azules, sintió el miedo: “Entonces advirtió que estaba pisando en agua, que el mar asaltaba el terraplén de las algas y avanzaba espumoso y vivo por todos lados, recobrando piedras y rocas y plantas marinas que vivían de nuevo en el ritmo del agua. El niño vio lejos la playa y la duna y el cielo detrás de la duna. Envuelto en el ruido del repunte corrió hacia la playa saltando y chapoteando en el agua tibia y clara del mar...”  El desenlace nos descubre que al niño en el mar lo salvó de morir el cangrejo alzado en sus largas patas espinosas. El tema de este cuento puede decirse con la forma externa de un poema, pero, aun sin eso, su contenido está difuminado poéticamente en los trazos con los que se insinúa la acción del relato.
Un enigmático cuento, “Las babas del diablo”, de Julio Cortázar, nos narra una acción abominable que pudo haber ocurrido pero que el narrador revierte para que no se haya producido. El título del cuento: “Las Babas del Diablo”, cuyo significado es el  mismo que lo que conocemos como “hilos de la Virgen”, es ya un símbolo poético. Son aquellos pequeños hilos que flotan al viento y sobre los cuales ciertas arañas se lanzan al aire libre y hasta al huracán, livianos estambres que navegan hacia el espacio desconocido. Las posibilidades se entrecruzan en este cuento, igual que en el poema, como un miedo frío en el espectador del suceso narrado, para dar un final alucinante, abierto como la misma posibilidad. El sentido ambiguo y contradictorio de este cuento es  la visión del narrador (¿el hombre, la cámara de fotografía, el tiempo?) que trata de apresar algo más allá de la realidad. Intención  poética dicha sin la expresa construcción del poema (¿o quizá con ella, en forma implícita?), apertura a un estado desconocido y paralelo a la conciencia. Leamos su final: “Ahora pasa una gran nube blanca, como todos estos días, todo este tiempo incontable. Lo que queda por decir es siempre una nube, dos nubes, o largas horas de cielo perfectamente limpio, rectángulo purísimo clavado con alfileres en la pared de mi cuarto. Fue lo que vi al abrir los ojos y secármelos con los dedos: el cielo limpio, y después una nube que entraba por la izquierda, paseaba lentamente su gracia y se perdía por la derecha. Y luego otra, y a veces en cambio todo se pone gris, todo es una enorme nube, y de pronto restallan las salpicaduras de la lluvia, largo rato se ve llover sobre la imagen, como un llanto al revés, y poco a poco el cuadro se aclara, quizá sale el sol, y otra vez entran las nubes, de a dos, de a tres. Y las palomas, a veces, y uno que otro gorrión”.
En toda narración literaria de ficción, lo mismo que en la poesía propiamente dicha hay una espera decepcionada, algo de lo escrito no se realizó. Caben en ella todas las posibilidades y alternativas potenciales, en un mundo complejo y entrecruzado de acciones y de situaciones imaginadas. Cuando ingresamos en el relato o en el poema queda en el lector o receptor el efecto de su efímera realidad, y la ficción permanece sin dar la respuesta final para que deseemos impulsarnos a la nueva búsqueda, más allá de las líneas verbales que ocultan su significado. Todo queda incompleto, como la vida misma, como el poema.

 Ya lo dijo Quevedo, “Sólo lo fugitivo permanece y dura”.


PÁGINA 20 – CUENTO

 ANTONIO DAL MASETTO
(Intra-Italia)

REPÚBLICA

Recibo una tarjeta con un lindo escudo en la parte superior izquierda y una bandera en la derecha. En el centro, con letras doradas: Republica de Barloventia, calle barlovento al 2300, entre Gerundio y Mazapán. Y abajo: déle un golpe de timón a su existencia -la utopía del mundo mejor que siempre soñó al alcance de su mano-, cásese con una de nuestras ciudadanas, lindas, honestas, sanas de espíritu, trabajadoras.
Me tomo un taxi y me voy a la calle barlovento al 2300 a ver de qué se trata. Llego y le pregunto a un vecino: -¿estoy en la República de Barloventia?
-Efectivamente, esta vereda y la de enfrente.
-Recibí la tarjeta y estoy interesado en la propuesta. ¿Con quien tengo que hablar?
-Puede hablar con cualquiera, esta es una republica horizontal, no hay autoridades.
-Si no hay autoridades me interesa más todavía.
¿Como se origino la Republica de Barloventia?
-Un día nos cansamos de que nos robaran con los impuestos, con el gas, la electricidad, la sanguijuela de los bancos, la educación deficiente y la pesadilla de la atención sanitaria, para no hablar de la otra peste que son los representantes políticos. Así que nos reunimos los vecinos de la cuadra y dijimos: basta de soportar tantas calamidades. Y sin dar muchas vueltas decidimos constituir una republica independiente.
-¿Y como hicieron para cortar con todo?
-Empezamos por dar de baja los medidores de luz, de gas y dejamos de pagar todos los impuestos. Instalamos pantallas solares, molinos y las viejas cocinas económicas a leña. Cada casa tiene su huerta y su gallinero. Se cultiva inclusive en las macetas. Todas las compras se hacen dentro de la republica; el trueque es un recurso que adoptamos a menudo. Se negocia afuera solo cuando es imprescindible. Ahí enfrente, en la casa amarilla, el medico de la cuadra instalo una unidad sanitaria. Recurrimos al exterior exclusivamente en casos de alta complejidad.
En la esquina, la señorita Beatriz, nuestra maestra jubilada, acondiciono su casa para que funcione como escuela. En el programa de enseñanza hay una nueva materia, la historia de nuestra joven república. Para prever apuros económicos de los ciudadanos fundamos una mutual. Antes de la gran raviolada dominguera, se discuten entre todos las decisiones importantes.
-Veo que en la puerta de cada casa hay fotos de ancianos, ¿quienes son?
-Nuestros ancestros, nuestros proceses. Los viejos se preocupaban para que no se perdiera lo que sabían sobre las calamidades, se lo pasaban a sus hijos para que estos a su vez continuaran la cadena. Retomamos sus tradiciones que estaban un poco olvidadas; cada uno de nosotros concurre a la escuela de la señorita Beatriz y dedica unas horas de su día a transmitirles a los jóvenes lo que aprendió sobre el tema.
-Me llena de entusiasmo lo que me esta contando. Un solo detalle no me queda claro. En la tarjeta que me mandaron hay una muy interesante oferta de casamiento con chicas lindas, honestas, sanas de espíritu y trabajadoras. No alcanzo a entender cual es la relación entre el casamiento y los principios de la republica.
-Me extraña que no se haya dado cuenta, se cae de maduro, aquel que se lleve a una de nuestras chicas se lleva a una pionera, y los muchos hijos que sin duda tendrán, vayan donde vayan, difundirán el espíritu de Barloventia y su lucha contra las calamidades.
-Dígame donde tengo que firmar y cuando puedo conocer a mi futura esposa.



PÁGINA 21 – CUENTOS BREVES

JORGE M.TAVERNA IRIGOYEN
(Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

FORMAS DE PAZ INTERIOR

Después del horrible hecho de los felinos y de unos meses de reposo, Asdrúbal Fidanza fue dado de alta. Pensó que lo mejor era cambiar de pueblo. Y en dos intensos días cargó todo en un camión y alquiló casa en Santos Lugares. Allí está tranquilo, en paz consigo mismo. Hace un mes comenzó a escribir un nuevo tratado: Por qué los gatos no tienen siete vidas, con la intención de probar su tesis.



Las sesiones duran cincuenta minutos y en ese tiempo puede inventar dos vidas, a más de la propia. Pero él no le deja cruzar la raya. El meridiano, le dice. Y cuando insiste en transgredir el acuerdo y hacer ficción, él toma una varita de mimbre y la blande por el aire con furia… es el momento exacto en que pega unos grititos histéricos, cortos, agudos, y todo torna a la normalidad hasta la próxima sesión.



Ni para psicoterapia ni menos para psicoanálisis es usted. Quédese tranquila en su casa. Lave las ollas todos los días y los manteles y las toallas. Cocine para usted y para los vecinos. Limpie paredes y cielorrasos. Inicie una huerta. Cuando tenga todo en funcionamiento, verá que duerme mejor. ¡Ah, y lea a Proust!


SE TRATA DE DISFRACES


Afrodita o Venus. Ese es su sueño de fémina desairada por la naturaleza. Es verdad que no es bella y que, para disimularlo, pone un aire de arrogancia que le quita toda simpatía. Pero es auténtica. Y lo da todo de sí, sacándose los lienzos y mostrando con orgullo los errores de su anatomía.



Que de funcionario no tiene nada el Dr. Rodríguez de la Canal. Pero el impertinente no se le cae de su nariz, aunque haga un siglo que nadie usa. Y las polainas, cubriendo la delgadez de sus tobillos. Y ese corbatón ridículo, a lo poeta o lo pintor del dieciocho. Y la rúbrica, señor, la rúbrica, que pone a su firma en el pináculo del arabesco. Que de funcionario no tiene nada, aunque, educado, se quite los guantes de color patito al saludar.



Nadie concurrió a ese baile. Y los dueños de casa terminaron bebiendo largas copas de vino, ensimismados. Nadie concurrió a ese baile porque, precisamente, la tarjeta decía vengan disfrazados de lo que más se parezcan.



Al entrar, ve aterrorizado, un mono acostado en la cama de matrimonio. Un mono no, parece un gorila por lo grande. Aleja toda sospecha, porque ella no está. Pero el animal tiene un arito en la oreja. Y los pies con medias. Sale despacio. Olvida que es carnaval, porque a veces es preferible caer en el desapercibimiento.
El disfraz de árbol no fue una buena idea. Los perros se lo demostraron.



PÁGINA 22 – POESÍA AMERICANA


LEDA GARCÍA PEREZ
(San José-Costa Rica)

SEXUADA
sin nadie que me tiente en el pecado
que es copia fiel del anterior
Sexista
con sello original
sin siete capas virginales
apostando a la vida
Sexi
con media pierna abierta al sol
y entre la blusa
un camino de goces
corrugado de siglos
ebrio de tanto vino
mentiroso y letal
Sex...qué?
Sex nada
Simplemente elefante en la jauría...


BENJAMÍN LEÓN
(La Serena-Chile)

V

Escucho entre los frutos que ven la podredumbre
el duelo de los siglos. En ese cáliz bebo,
rondo la copa y bebo, digo la libertad
donde la noria extingue su lágrima y su sombra.
Miro en el funeral del pueblo su esperanza,
no sé de qué lugar vuelve a nacer su fuerza,
no sé de qué estertor vuelven a mí sus huesos.
Esta demolición no es una voz vencida,
aún los animales asoman a los límites.


EDGAR TREJOS
(Envigado-Colombia)

UN POEMA

                 “La Poesía, sol antiguo
                 de mariposas de futuro algoritmo,
                 de estrellas insurrectas
                 que apaciguan sombras
                –esas que el día de súbito desata…”

Haré un poema de la nada
a dentelladas
contra el viento de la muerte.
Nada al fuego de la vida asegura el alba
y opresas en abismos de niebla las palabras
un viento duran agenciadas por ideas doncellas.
Escribiré dunas bajo cielos de odio
desde las púas de mi corazón:
azotaré recordatorios, obituarios,
golpearé incendiado aldabas ciegas,
afilaré uñas de hierro en este tiempo amargo
para urdir con otro aire, otra voz, otros dientes
los negros cuartos de la casa del sueño
esa enferma ventana necesitada de ojos
donde medra nuestro espejo mudo.
Para el alma zombi de mis actos sin sentido
crearé guerras nefastas.
Me adensaré febril
contra las secretas, ruinosas redes de estos días
que alaban la ausencia, tu ausencia:
un grito que aún no viene
hundido en tronos de imperante dolor.
Diré rostros que existirán
tronando en pasarelas de esperada furia.
No hablaré de ti
cómodo turista entre viajantes,
lucirán desconocidas tu alma
tu endeble cifra humana,
nadie sabrá qué huérfanas orugas fuimos,
muertos un largo tiempo, casi eterno, antes.
… Tú y yo tal vez un sol cantemos
otro día, otro día,
aferrados a silabas de rabia.
Y el cielo gris, las lluvias, no arredrarán
nuestro derivar diario glorioso.
Grande esperanza es esta ahora
disparados hacia calles vírgenes, sin falta:
Para ser alguien,
para acabar con la tristeza.


LEON GIL
(Medellin-Colombia)

ÚLTIMA CARTA

Pues bien, por mi trabajo arriesgo
mi vida y mi razón destruida a medias*.
                                Vincent van Gogh

Mi querido Theo

El círculo cromático en Arles
definitivamente me atrapó
y no encuentro en el azul
la puerta que da al cielo
ni logra el amarillo
proyectarme al sol
pero espero que este rojo
anémico y febril
con que mancho Auvers-Sur-Oise
me dé al fin la libertad

*Este epígrafe pertenece a la carta que llevaba el pintor en el bolsillo de su camisa el día del suicidio.


NICOLÁS GUILLÉN
(Cuba 1902/1989)

¿PUEDES?

¿Puedes venderme el agua que te ha
dado lágrimas y te moja la
lengua?
¿Puedes venderme un dólar de agua de
Manantial? ¿una nube preñada,
crespa y suave como una cordera, o
bien, o bién agua llovida en la
montaña, o el agua llovida en los
charcos abandonados a los perros o
una lengua de mar, tal vez lago,cien
dólares de lago?
El agua corre, rueda.
El agua rueda, pasa.
Nadie la tiene, nadie.
¿Puedes venderme tierra; la profunda noche
de las raíces; dientes de dinosaurios
y la cal dispersa de lejanos esqueletos?
¿Puedes venderme selvas ya sepultadas,
aves muertas de los volcanes, mil
millones de años peces de piedra, azufre
de los volcanes, mil millones de años
en espiral subiendo? ¿Puedes venderme,
tierra, puedes venderme tierra ?¿puedes?
La tierra es tuya, es mia.
Todos los pies la pisan.
Nadie la tiene, nadie.


PÁGINA 23 – CUENTO

JONATHAN ALEXANDER ESPAÑA ERASO
(Pasto-Colombia)

TRAVESÍAS

La barcaza cazonera cabecea cercana a la costa y en la distancia parece no moverse, dibujada más allá de la línea de espuma que marca la barra. Espera dormida la marea alta sobre el filo del horizonte. Dormida brilla bajo el sol, sobre el agua parda; luego aparece el rumor extraño de un motor, un zumbido, y la embarcación se desplaza, busca entrar lentamente al río ayudada por la fuerza del mar que sube y del viento sudeste que sopla desde mar adentro y encrespa las olas antes de que rompan; las hace volar, las transforma en lluvia cuando blanquean rompiendo y, sobre ellas, se junta espuma gruesa, que se esparce sucia en la lisura de la playa. Espuma gruesa, que rueda en la arena y flota en copos de algodón mugriento, vuela y sigue, se gasta en los médanos hasta volverse sólo sal, sólo nada. El Haroldo vacila, se escora, se clava en las aguas, da pelea. Lo maltratan olas furiosas de viento y sale. Emerge la proa sobre la línea blanca del rompiente, muestra las letras oscuras de su nombre y se hunde. Se clava en las aguas, vuelve a salir y se pierde. Y de nuevo el viento, impregnado de tritones y de ángeles sopladores, lo barre, lo apura. En el esfuerzo del balandro y del viento, crujen los palos y cruza lijando con su cuerpo deshecho los bancos traicioneros de arena que amontona el río. Los bancos que asechan y que forman la barra endiablada de la desembocadura del San Juan. El Patrón, desde la desvencijada timonera, echa un vistazo desmañado y respira con la boca abierta el olor ruginoso del ambiente y, ahora sí, afloja las manos que siguen apretadas al mando. La botavara es un palo flaco sujeto por los cabos a la borda que ruge, y la barcaza restalla y emerge por entre el oleaje del mar. Los cabos zumban agarrados, ajustando los nudos. Ya en el canal, en la fisura profunda del río, el viento del sudeste empuja violento contra la vela mayor y el foque. Orza el casco y la quilla afilada se sumerge y reaparece en la superficie esparciendo el agua oscura, el agua del mar y el río que ahí se mezcla. Se escora hacia la borda de estribor, la que da a una barranca baldía que las mareas desmoronan, tallándola desde abajo hasta hacerla caer. La barranca norte, la que da a La Merced. Salado, el soplido marino empuja a la barcaza en la opacidad del San Juan, que en las subientes inunda rápido los sauces de la ribera y les desnuda de tierra las raíces y las deja peladas, al aire. El Patrón, en su refugio de la timonera, se afirma en el moler del mando, enciende un tabaco, sopla el humo y no pierde de vista a Perromalo, que va apoyado en la proa, cual mascarón. Con la plomada atada a un cabo en la mano, siguiendo el rumbo del canal, busca lo profundo, entre la restinga que junta la corriente, por donde avanzar. El joven, con la gorra calzada al borde de las orejas, permanece de pie, sosegado; le parece que viajan volando sobre el agua, como llevados por un Roc en sus garras de vapor. Levanta la cabeza y pasea los ojos insomnes en redor por esa franja gris que es el país del desierto a ras del agua; lo distrae el desplazamiento de unos pájaros, unos puntos tornasolados que vuelan en la costa. Enrosca en un brazo la amarra al extraerla de las inescrutables profundidades, resuella el olor del río, ese olor que le gusta, y se cubre del brillo salvaje del sol en el agua turbia con el codo libre, se cubre del sol que en la tarde le pega a las aguas hiriendo en reflejos, en filosos hilos punzantes a quien las mire. El Haroldo, la pequeña cazonera de un palo, sube el río San Juan. Ahora en singlar seguro, siguiendo el canal. Acomete en dirección al oeste por la boa de agua, por el reptar del cauce que lo resiste amurallado de sauzales. La cubierta gastada es un caos inamovible de bolsas vacías, de madres de pesca con brazoladas de alambre y anzuelos pelados, de carnada podrida, cabos y cajones con la cosecha mezclada de lo que parecen cazones y corvinas. Un tiburón de mármol lustroso, con la cabeza recubierta de caparazón y un cuerno hueco al que le han crecido mil ramificaciones, cuelga sangrando en la popa, sobre un charco coagulado, con el bichero clavado, tieso, en un ojo fosforescente. En la banda sur, una veintena de pájaros, con cuerpos de forma cilíndrica, emergida a la superficie de esas Aguas Fuertes, chapotea despreocupada en los cangrejales. El grupo arde bajo el sol. Agachados, sin moverse casi, picotean en el barro y miran, alertas. Sumergen el pico curvo y la cabeza hecha sólo de ojos. Y miran otra vez, inquiriendo. El paso de la barcaza cazonera parece que los asusta. Levantan los cuellos, se hinche el plumaje y se mueven todos juntos para iniciar vuelo tras una corta carrera. El grupo se eleva en silente torbellino de plumas y en el aire gira, cambia el rumbo. Se dirige hasta la otra costa y pasa, con las alas abiertas de fuego, expuestas sobre la barcaza, y cubre de fugaces tonos auríferos el cielo azul del verano. El muchacho examina atento, con la mirada entre los árboles, entre el ramaje que toca el espejo de la corriente en movimiento. Se escuchan las notas inquietantes de cantos secretos, entonados por voces de niñas y mujeres excitadas por el goce del río. Hay chapoteos y el sonido del agua que estalla, del agua que salpica. Al desplazarse la embarcación, las sorprende en un claro; son cuerpos de escamas relucientes, erizados de algas y zargazo, que se inclinan y cantan. Otras, con ojos marinos relampagueantes, observan escondidas en las sombras. Habitan desde siempre oquedades cavadas en la barranca. El Patrón saca la cabeza por el ventanuco, esforzándose por descubrir las siluetas ya disimuladas en la vegetación ribereña y las lomadas, pero el reflejo del río lo deja ciego, y vuelve la cabeza y se acomoda la gorra. Sabe que está cerca el puerto. Tras varios recodos, el viento amaina por el reparo de la arboleda. De a ratos, las velas sin la brisa cuelgan recogidas, y la barcaza deriva lenta, la empuja a duras penas el ronroneo espectral del motor. El río, en la pleamar, se parece a un lago alargado, a un espejo humeante que disemina el cielo del verde al verde de los sauces, en las orillas que agitan sus labios de hojas chirriantes. Perromalo sigue en la proa con la mirada fija, imagina el destino. Sueña perpetuamente en la llegada. Se saca la gorra, le pasa la mano al pelo húmedo que deja notar gránulos de sal. Se rasca. Aún siente el ardor del sol y del viento de la travesía en la piel gruesa de los pómulos y la frente. Le duelen los ojos de mirar sobre el brillo. El río se hace cada vez más ancho y en un descuido, al cambiar el rumbo, al voltear la botavara, frente a la proa brota lentamente, de entre la maraña de sauces, un muelle de madera misteriosa. Una punta que avanza como una daga oscura que corta con su filo la superficie del agua. Se destaca el atracadero, hecho de sombras, que rebasa entre las aguas quietas. Detrás de la arboleda espesa de la costa norte, impenetrable a los ojos, en la barranca empinada, se desparrama un caserío, coronado en la parte más alta por las paredes y la torre de piedra del fuerte. Ranchos blanqueados con cal resaltan entre calles en bajada y hierba que parece silvestre. Es el Fuerte de Bella Vista, imponente cuando se lo ve de lejos. En ese paisaje se traza la forma de una pequeña barcaza, abandonada y deshecha, que fondea inquietante en el esplendor del poniente, cercana al muelle. A lo lejos se alcanzan a notar las letras oscuras de su nombre. Al muchacho no le dan los ojos, trata de ver en la distancia, de descubrir movimientos. Parsimoniosamente, como si se tratara de un ritual, se seca los pies descalzos con las manos y, con las uñas curvas y robustas, se raspa la mugre de la cubierta pegada entre los dedos. En seguida, se calza las botas sin dejar de contemplar el poblado que se agranda. Distingue un bote a remo que surge de la orilla sur. El agua que rompe la quilla en su derrota salpica cenagosa. Mira al Patrón que sigue en el mando con sigilo. Gira la cabeza, apuntala el pie contra la borda y tira la cuerda que fija la botavara. El cabo chilla en el tirón. Lleva un cuchillo pequeño escondido en la caña de la bota.



PÁGINA 24 – POESIA AMERICANA 

JENNY LONDOÑO LÓPEZ
(Quito-Ecuador)

SON MUCHOS LOS PORQUÉS

Porque nuestra niñez duró muy poco
antes de percibir detrás de las espesas celosías
las ocultas cadenas.
Porque los goces de nuestra infancia
fueron recortados progresivamente
con la palabra NO, que venía envasada
de múltiples maneras :
No brinques,
no corras,
no toques,
no trepes,
no puedes,
no debes.
Porque nuestra adolescencia fue atada
con sutiles mensajes que nos esculpían el cerebro:
Debes ser buena (léase aguantadora)
Sumisa (léase tonta)
Recatada (léase frígida)
Hogareña (confinada a la casa)
Callada (léase muda)
Desconfiada (solitaria).
Porque el amor y el desamor llegaron
por caminos tortuosos
unas veces como lenguas de fuego
abrasándolo todo,
incinerando, consumiendo,
convirtiendo en rescoldo
la cajita de música,
la avecilla canora, la alada mariposa.
Y otras veces pasaron cual deslave
arrasando, inundando,
llevándose en su cauce
los sueños de algodón y las quimeras,
dejándonos vacías de ternura.
Porque lo dimos todo en el camino
la risa y la confianza, la buena voluntad,
la mansedumbre.
Porque una tarde incierta
el amor se marchó con el verano
dejando soledad en las auroras
y un vaho amargo con su pesadumbre.
Y vagamos errantes, fantasmas de la bruma
buscando en los reflejos de la noche
el insondable abrazo de la muerte.
Porque después de tantas lunas rotas
llegamos a saber que apenas fuimos
leña, guijarro, cántaro y esclava.
Se nos rompió de pronto la inocencia
y surgimos al mundo como nuevas
dispuestas a crecer como los cedros
a exigir todo aquello que siempre nos negaron.
Ahora por fin seremos luz y fuego
y vendaval y aurora y medianoche.
De igual a igual haremos con las manos
la siembra y la cosecha,
de igual a igual, los hijos, la sopa,
la epopeya.
De igual a igual los cuerpos enlazados
juntando su deseo sin disfraces,
viviendo la ternura sin libretos.
De igual a igual, sin trampas,
sin querellas,
sin culpas ancestrales.
De igual a igual, mujeres de la tierra
con derecho a elevarse a las estrellas.
A salir del infierno cotidiano
que les negó lo excelso de la vida.


EMILIA MARCANO QUIJADA
(Ciudad Ojeda-Zulia-Venezuela)

ESPEJO INÚTIL
(Fragmento)

Cual es el absurdo afán
por salir en la lista de invitados
de una antología de moscas,
sentarse en la primera fila
de un bautizo de falsedades,
ser admitida en las ramblas
hipócritas,
área de fumadores,
aves del paraíso
que al encontrarte de frente
te abrazan, te besan
pero al darte la espalda te sacan los ojos,
te sacan las uñas,
te sacan la madre.


ANNA AMAYA AGUILAR
(San Salvador-El Salvador)

Aquel río
con su rumor constante
aquellos uvillos colgando,
hasta besar el agua,
aquellas piedras
soñando noche y día,
aquella felicidad de niña
arrullada en las noches
por el rumor vital

2

Aquella alegría
¡tan grande, tan grande!
se quedó palpitante
en los caminos de la historia


SUSANA REYES
(San Salvador-El Salvador)

LA LOCA

I

Ella sólo quiso
otorgarle a la vida
el estremecimiento de sus entrañas
liberar de los hombros
los cabellos marchitos
internarse en el cotidiano ardor
de las hojas en el agua.

II

Ser libre? de las culpas
desnuda y feliz
regala? su risa
al naranjo de la tarde
no le interesa? más
que tenderse sobre las aceras
y respirar la libertad
con sus pupilas.

III

Esa que está? ah?
no es ella
esa de cara opaca
y cejas de luna
la niegan porque es sombra
en un país sin sol
o el sol de un país de sombras...
porque sólo sabe
repetir las mismas letras
porque mira a los ojos
y exhibe su cuerpo
porque cree que el cielo de invierno
es un globo hinchado de agua
en el que los niños de las manos
han prometido hincar sus uñas.


ANDRÉ CRUCHAGA
(Nueva Concepción-Chalatenango-El Salvador)

GEOGRAFÍA DE LA PATRIA

Sordomuda, a veces, en esta porción cerrada de mis ojos.
Corrompida en sus muertos y tumbas, la patria que nunca caduca en el aliento.
En el cordón umbilical los crisantemos largos de los ojos y la ternura cercenada
en el sigilo: llevo puñada de pulgas todas las semanas y genocidio
en el parentesco de las luciérnagas.
Detrás de los tapiales de adobe, los baños públicos y su tosca caligrafía.
En el interior de mi memoria, la fugacidad incendiada de los chiriviscos,
los mensajes subliminales para los no videntes,
y esta suerte de pernoctar todavía en una caverna: en la estación de la niebla,
despuntan las aguas utilitarias del vinagre, los falsos pudores en la cobija,
los oscuros lenguajes de los roedores, los esplendores del servilismo.
Grato es recordarte en la hipótesis de los azadones: rostros humanamente
de grillos, y lavatorios de amarillas bocas. Y verdades purificadas en lejía.
En la fila india de los muertos, la desnudez inexplicable de las rodillas.
¿Dónde deshacemos el nudo ciego de los fósforos?
¿En qué pared despintamos los laberintos, el agrio barbasco de los bagres?
Al trasluz, el lento encaje de los pañuelos en la catarata: ningún guardarropa
disimula nuestras costillas; de la axila, bebemos la gota de espejo y su residuo.
En cada fragmento del alfabeto, la tombilla de esta geografía sin zapatos…



PÁGINA 25 – CUENTO

PATRICIA FIGURA
(Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

CON GAJOS DE REALIDAD.

¿Cómo puede ser?
La sensación de “inconcluso” seguía firme en su espíritu mientras los miraba a todos.
Algo no cerraba.
O el tiempo.
O el espacio.
O ellos mismos.
Sin duda el tiempo había pasado.
Eran los mismos por dentro.
Más grandes en todo el sentido de la palabra por fuera.
Había como una gran kermesse y ellos festejando algo ¿la primavera? ¿Recaudando fondos para el viaje de fin de curso? ¿Las clases de música o dibujo al aire libre?
En parte parecía un circo….había que preparar algo.
Como las obras de teatro que hicieran otrora, en la adolescencia.
Como los desfiles, donde los defectos físicos no importaban…los complejos se hacían a un lado…. Se pisaba firme y se salía al ruedo….todo fuera porque la cuenta común se hiciera un poco más gordita.
Después de los aplausos para uno de los grupos, llegó un desafío más, debían representar a una pareja a punto de divorciarse frente a una jueza en la primer audiencia. Mientras miraba a uno de sus compañeros que se reía a carcajadas con otros del grupo una pregunta vino a su mente ¿Cómo puede operar si adeuda materias del secundario todavía?
¿Todos debemos materias? ¿Pero si yo me recibí…. Tengo el título… ¿qué está pasando? No podía apartar los pensamientos, no podía entregarse a la escena que veía sin replantearse todo.
Los encargados de relatar la prenda dispusieron un escritorio en el medio de la rueda hecha de compañeros, se eligieron dos para que representen a la supuesta pareja a punto de romperse….una cosa era verlo y otra luchar contra la sensación de irrealidad que todo le provocaba.
La “pareja” se puso de acuerdo en seguir una especie de libreto rápido, con los típicos comentarios que pueden producirse en una audiencia de divorcio, los motivos que los llevaron a ese punto,  todo entre risas, carcajadas, bromas….como siempre fue entre ellos.
Los  que dirigían el juego les hicieron señas de que era su turno.
Y algo pasó.
Comenzó a hablar ante una jueza que no era una de su grupo, se parecía a la que llevaba la contabilidad de todo lo recaudado…..pero era mucho mayor, el alma de su compañera brotaba con voz de dolor, de angustia, de impotencia…habló de amor, de desencanto, de haber creído en él.
Quién representaba al marido en cuestión la abrazó fuerte, mientras el auditorio emocionado no entendía nada de lo que estaba pasando.
Solo escuchaba el “va a estar todo bien” que él le susurraba en un abrazo compañero, sano, limpio, de amigos.
Una nube barrió con todo.
La función se tenía que suspender por orden de una de las profesoras.
Y aparecieron en una cocina grande, acogedora, con la mirada benigna de adultos que ya no estaban.
¿Cómo puede ser? ¿Es una revancha? ¿Entonces sí existe la posibilidad de ensayar una vida para pasar en limpio otra?
Él  se acercó y le dijo con una sonrisa “ya está, no pasa nada”, “pero vos seguís  enganchado con tu ex” mientras con los ojos su compañera decía “no me mientas” él solo sonrió.
Era algo inverosímil la combinación….jamás se los hubiera asociado.
Ella los miraba desde afuera, aunque estaba en el mismo lugar… ¿porqué podía sentir lo que ellos sentían?
Algo iluminó la habitación.
Repentino, fuerte…fugaz también.
Escuchó la lluvia caer con fuerza en el patio de baldosas que precedía a su dormitorio.
El aire acondicionado era apenas un zumbido fresco…se arrebujó en las sábanas junto a su marido que descansaba ajeno a la tormenta que se estaba preparando afuera….la presintió y como una coreografía perfecta la acomodó a su cuerpo como cuando se encontraban a la madrugada en las vueltas del sueño.
¿Qué significaba todo?
Había mezcla de la charla de la tarde con sus amigas, los comentarios sobre sus propios abuelos a los que tanto extrañaba, la sensación de angustia de su hermana de la vida ante todo el movimiento que un posible divorcio podía acarrear.
La sensación real de materias pendientes.
El grupo al que asociaba a la alegría, la música, el baile, lo sano, lo seguro lo incondicional más allá de los años transcurridos.
Sintió que su esposo se estaba despertando… después de todo una madrugada lluviosa era un buen momento para amar, aunque las telas de araña que atrapaban disparatados sueños, siguieran habitando en su mente.



PÁGINA 26 – ENSAYO

HERNAN SCHILLAGI
(San Martín-Mendoza-Argentina)

EL AZAR PROGRAMADO

Cuentan que Amado Nervo, desde muy niño, ya garabateaba sus primeros poemas. Había aprendido antes a leer sin ayuda con un libro de recetas de su madre. En una ocasión, la hermana le encontró unos versos y se los leyó a toda la familia en el comedor. Nervo corrió azorado a esconderse, mientras su padre escuchaba los poemas con el ceño fruncido. Pienso que la escritura de un poema, entonces, es un azar programado, más que un arrebato de inspiración. Quiero decir que, en un principio, al ser expuestos, nos avergüenza más lo propio que lo robado. Un poeta tarda décadas en reconocerse como tal.  Con esto, no estoy descubriendo el agujero del mate de la poesía. Cuántas veces habremos oído la frase que le otorga un porcentaje mínimo a la chispa y el resto a la transpiración. Aunque es mejor decir que el poema «nos salió» todo de golpe, a confesar que perdimos tardes y noches enteras con una infame veintena de versos. Sin embargo, ¿cuánto tiempo se puede rumiar una imagen hasta que toma forma de idea y se encuentra finalmente con una música? Semanas, años, tal vez.
El poema se va componiendo en el cuerpo, en la memoria cotidiana, inaudible se forma en la boca; hasta que nos sentamos y tenemos todos los elementos al alcance de la mano. Luego de visitar durante meses a Ezra Pound al neuropsiquiátrico donde estaba confinado, Juan Forn cuenta que Elizabeth Bishop necesitó las noches que caben en siete años para escribir el hermoso e inquietante poema La casa de los locos es de papel y testimoniar así el modo en que el poeta había vivido por dentro este encierro. Por consiguiente, versos iniciales, o remates prometedores brotan -en apariencia- inexplicablemente. Algunos vates, por eso, desvarían y hablan de un momento de éxtasis creativo. El idioma entero, no obstante, está ante nuestros ojos y se nos antepone para poder alcanzar al poema. Así, necesitamos luego dejar en reposo ese puñado de versos, como proponía  certeramente el poeta Francisco Gandolfo: «Observarlos como bichos raros; / olvidarlos hasta comprobar que existen. / Excepcionalmente dejarlos como están, / es decir, como nacieron». Es claro, a veces fantaseamos con que el encuentro entre las palabras, ciertos encabalgamientos sorprendentes y algunas acrobacias verbales son producto de lo fortuito, pero no. Se originan a través de una estructura previa tan lúcida como invisible al momento de escribirla.

Por lo tanto, a diferencia de la narrativa, es solo con el texto poético que toma forma el «plan». Así, el poema es mapa desplegado y destino al mismo tiempo. El objeto textual (y material) siempre resulta ser borrador y borroso, un prototipo que se echa a andar de todos modos, pero funciona a la perfección. Por lo mismo, a los poemas les cuelgan el sambenito de ser confusos: en cada palabra hay una falta, o una señal a escala. Dificultades de la poesía, que le llaman. Por eso, Sandro Barrella aclara: «El poema, el objeto al que uno dedica su atención aun cuando no está escribiendo. Pero para cuando esto sucede ya hay una historia personal, un registro en el que se ha perdido, quizás, el comienzo, aquel primer impulso…». Lo dicho: no hay arrobamiento en la poesía ni arranques de inspiración, hay un arduo trabajo, una lucha racional con el lenguaje, tanto interno como también externo y que deja un espacio para que el azar se motive y se dispare. Porque es sabido, lo que logra escribirse en un papel es únicamente la sombra, o el eco de lo que nos habíamos imaginado. No por nada, Borges se sorprendía que el romántico Edgard Allan Poe hubiese escrito todo un «método compositivo» para crear El cuervo, su poema más famoso, para negar irónicamente la creación espontánea.
Entre el atleta y el bailarín, propone Susan Sontag, la diferencia es que el rigor en el deporte se muestra como un valor: «Hacer visible el esfuerzo es parte del alarde…». Por el contrario, concluye que la danza misma: «Es la representación de una energía que debe parecer, en todos los sentidos, ilimitada, natural…». Al igual que el que sigue paso a paso una receta de cocina y quiere agradar a los de su casa, el poeta no revela su arduo trabajo, solo lo ofrece metamorfoseado en palabras. Aunque, de vez en cuando, tenga que salir corriendo como Amado Nervo, pero hasta la pizzería más cercana del barrio de la literatura. Así, cocineros de nuestro propio destino, no tendremos más deudas y podremos estar finalmente en paz.



PÁGINA 27 – CUENTO

RICHARD RICO LÓPEZ
(Acarigua-Venezuela)

LA CANCIÓN DEL NEGRO ALÍ

La tarde del viernes caía en medio de aquel abril caluroso, sofocante por momentos. Apenas se movían algunas de las hojas de los inmensos cedros y samanes que guardaban como gigantes centinelas las inmediaciones de la plazoleta de la pequeña ciudad. Se iba una semana más, y con ella una nueva jornada de trajines, rutina, cansancio, esperanza y desilusiones, entremezcladas en el pensamiento meditabundo que acompañaba el caminar del joven Ernesto. El dulce olor que emanaba de los árboles se entremezclaba con el amargo sinsabor que generaban inquietudes en el muchacho: ¿cómo hago para que el dinero alcance?, ¿cómo sustento a los míos?, ¿por qué me siento vacío en el trabajo que hago?, ¿por qué unos pocos tienen tanto y el gran resto tenemos tan poco? Todas estas interrogantes se repetían ensordecedoramente en su mente, y aunque trataba de pensar en otras cosas, estos pensamientos, cual ola que viene y va, le embestían intempestivamente, sin permitirle percibir cuántos metros avanzaba y quién o qué estaba en la siguiente banca de la plaza o justo a su lado.
De repente, con el mismo ímpetu con que le abordaban sus pensamientos, sintió que le halaron por la manga de la camisa, y sin darle tiempo de pronunciar palabra alguna, alcanzó a oír en tono claro y fuerte: –¡Venga Negro! ¿Le limpiamos esos zapatos? El joven, aletargado por la interrupción en su pensamiento, apenas si lo miró y con el ceño fruncido por la incomodidad de aquel acto insolente, hizo con su cabeza sin mediar palabra un signo de negación antes de reanudar su marcha.
Empezaba nuevamente a sumergirse en sus pensamientos, cuando escuchó justo detrás de sí a alguien que cantaba con efusiva y clara voz: –Échala, tu palabra contra quien sea de una vez, así sepas que rompe el cielo échala, tu palabra por dentro quema y te da sed, ES MEJOR PERDER EL HABLA, QUE TEMER HABLAR, Échala… Larala… larala…
Ernesto volteó lentamente intentando no mostrar interés en lo que oía y al hacerlo, allí estaba, el mismo viejo que le halaba la camisa momentos antes, sonriente, efusivo, tarareando y bailando aquella cancioncita que parecía estar dedicada a él que nada decía y se encerraba en un mundo de ideas ambiguas y difusas. Por vez primera se detuvo a detallarlo. Era un personaje de mediana estatura, ojos grandes y barba espesa. Su ropaje dejaba mucho que desear por lo maltratado y viejo. Aparentaba tener unos 50 años, aunque en la miseria, los años parecen acelerar su marcha. Sobre su espalda una mochila llena de objetos de diferente utilidad. Las manos, que por instantes parecían maltratar lo poco que quedaba de un viejo cuatro (instrumento musical de cuerdas venezolano), se veían ennegrecidas y encallecidas por una vida de mucho trabajo y seguramente mucho dolor. El joven se acercó un poco más y pudo percibir un sutil olor a alcohol y tabaco, compañeros inseparables del hombre de la calle.
Inesperadamente el viejo dejó de cantar, miró al joven y le dijo: –¿Ahora sí se decidió? Écheme una manito y déjeme limpiarle esos zapatos; mire los míos, están viejos, eso sí, ¡pero nunca sucios! ¿No sabe usted que los zapatos son el reflejo del alma del que los carga puestos?, comentó.
El joven apenas sonrió y sin mucho convencimiento sólo atinó a decir: –Empiece entonces, pero rapidito porque ya no tarda en caer la noche. En su interior había una motivación inconsciente que aún no entendía y que le había hecho prestar atención a tan curioso personaje que veía por primera vez en aquellos lares.
Silbando sin parar, el viejo limpiabotas comenzó lentamente a sacar de su mochila el betún y el cepillo, levantó cuidadosamente el pie del muchacho y comenzó su labor sin dejar por un momento de silbar la canción que antes había tarareado; el joven Ernesto, intrigado le preguntó: –Esa canción, de casualidad, ¿la cantaba usted refiriéndose a mí? –¡Claro! Y también por los otros cuatro clientes que me han ayudado hoy, toditos pasaron molestos, mirando el piso, pensando en quien sabe qué y en un silencio que parecía un funeral; como usted puede ver, yo casi no me puedo callar y por eso es que le canto a la gente pa’ que deje la amargura y empiece a levantar la cabeza.
Ante aquella aclaración, el joven sintió algo de vergüenza, se quedó observando con detenimiento el cuadro dantesco de aquel hombre, plagado de necesidades y dolores, con el cuerpo y rostro lacerado por las marcas de sus sufrimientos. Aún así, en sus ojos había una llama viva que irradiaba esperanzas e ilusiones. Se dio cuenta de lo mucho que tenía y lo poco agradecido que había sido con la vida, reconoció en sí mismo la pobreza de su figura joven, con mayores recursos, y sumido en una permanente amargura: –Cuando las cosas parecen ir mal, Dios se encarga de mostrarnos el verdadero dolor de Cristo padeciendo, pensó para sí mismo.
Incorporándose nuevamente, dijo al viejo: –¿Y de dónde es usted, amigo?, ya con un aire de mayor confianza y curioso por saber más de aquel personaje que comenzaba a interesarle. Por primera vez en todo aquel rato de canciones y palabras incesantes guardó silencio. Levantando la mirada hacia el poniente se transformó su semblante, se quedó con la mirada perdida por unos segundos, luego volvió hacia el zapato y lustrando con fuerza susurró una canción: –“Yo vengo de dónde usted no ha ido, he visto las cosas que no ha visto…”, y continuó tarareando un murmullo uh,uh,uh… El joven se sintió consternado y a la vez extrañado por esa costumbre tan particular de responder con trozos de canciones y antes de que pudiera interrogarle nuevamente, el viejo limpiabotas le miró y dijo: –¿Escuchó alguna vez de la tragedia de Vargas? (40 km al este de Caracas) y volviendo su mirada hacia el horizonte, –De ahí, ¡de por ahí vengo, mijo! Rodando como una piedra; el agua se lo llevó todo, viví un tiempo en los refugios y otro más en la calle, y ya ni se cómo terminé en esta ciudad tan lejana; a lo mejor me estoy alejando de tan malos recuerdos.
Aquella revelación interpeló a Ernesto sobre la forma desconfiada e inhumana con que le había juzgado en un primer momento. Para entonces había pensado en el fastidio de cruzarse con otro borracho más de la plaza; con sagacidad veloz buscó entre sus cosas, –Viejo, si no le ofende, yo cargo aquí unas camisas y estos zapatos que me dieron en el trabajo y que podrían…
Inusitadamente le interrumpió silbando nuevamente y cantando con los ojos inundados por un brillo especial: –“…No es importante el ropaje, sino distinguir a fondo, los que van comiendo dioses y defecando demonios. Zapatos de mi conciencia, mal que bien me van llevando, larala…”-
Ahora sí que Ernesto no entendía aquel misterioso personaje, plagado de necesidades, y aún así le daba igual tener o no tener ropa y calzado; impulsado por la intriga que le causaba y detectando algo familiar en las entonaciones que el viejo hacía, le dijo: –¡Yo conozco esa canción! Esa es de… ¿de Alí primera, cierto?
-¡Sí Señor! ¡Y me las sé toiticas [todas] completas! Golpeó con su trapeador el zapato derecho del joven;
 ¡Listo!, ahora sí esos zapatos están decentes.
El joven asintió con la cabeza y buscando su cartera, –¿Cuánto le debo, mayor?
¡Lo que usted me quiera dar y si son las gracias, bien recibidas serán!
El joven se sonrió ante tan original respuesta y le dio un par de billetes que el viejo guardó celosamente dentro de los bolsillos de su vieja mochila; habían pasado cincuenta minutos desde que se encontraron y ya se había olvidado, al menos por un tiempo, de sus afanes y preocupaciones, de la economía y la política, de tantas banalidades que le atormentaban. Ahora éstas le parecían vacías y TONTAS. Sin proponérselo, vivió en este corto encuentro un proceso de renovación que le impulsaba a semejanza de aquel ahora hermoso personaje, cantar por las maravillas del hoy y las vírgenes esperanzas del mañana.
Fue un placer conocerle amigo, mi nombre es Ernesto; si hay algo en lo que pudiera ayudarle sólo dígame. El viejo terminó de guardar sus trapos en la mochila, tomó en sus manos nuevamente el viejo cuatro, colocó la mano sobre el hombro derecho del joven y con una efusiva cara de emoción le dijo: –Por ahora tengo en este viejo morral todo lo necesario para vivir feliz lo que queda del día de hoy. Indicando con sus dedos hacia el poniente, se despidió diciendo: –Por allí esta mi ruta, cuídese joven y no se olvide de empezar a ser feliz.
Hizo un ademán de comenzar su marcha, cuando el joven, inquietado. preguntó: –¿Y cuál es su nombre, viejo amigo? El viejo volteó vivazmente. –Me llaman Alí y para los buenos amigos como usted me dejo llamar el NEGRO ALÍ.
Ya la noche comenzaba a caer sobre la ciudad. El viejo tomó su cuatro, soltó una carcajada y comenzó nuevamente a cantar: “Es de noche, cuenta el limpiabotas cuánto ha hecho y cuenta el pregonero cuánto ha hecho…es de noche…
Ernesto con el llanto a flor de piel, también tarareaba aquella dulce canción y cuando ya la figura del viejo comenzaba a perderse en el horizonte le escuchó nuevamente cantar: “Es de noche…”, el joven tomó su bolso, dio la vuelta, y mirando al cielo que mostraba sus primeros luceros, levantó los brazos cantando: “…Y habrá Mañana”.


PÁGINA 28 – CUENTO

ALEJANDRO MARCELO CORONA
(Córdoba-Córdoba-Argentina)

 SOBRE LA CUMBRE DEL MEDIODÍA

Un profundo barranco nos devoró las piernas durante varias horas. El sol caía plomizo sobre nuestras espaldas; entre las profundidades de las yungas anduvimos, machete y hombre, fogoneando la esperanza, abriendo paso a la columna que de a poco se despeñaba por la gruesa estampida del calor izado desde el barro húmedo y gredoso.
A lo lejos una bandada de pájaros cortó la quietud de la mañana ya antigua. Rasaron sobre nuestros cascos, eran guacamayos azules que de pronto le devolvieron la vida a nuestro camino. Un ruido a furia de agua comenzó a endulzarnos la fatiga. Buscamos su paso. Cuando encontramos el peso del río violento algunos de nuestros compañeros se precipitaron a refrescarse.
Era el primer contacto con agua, luego de andar por la espesura selvática entre el barro y los animales, las enfermedades y las desesperanzas. ¿Era esta la exigencia que nos pedía la revolución? ¿El dolor extremo, la clandestinidad, el olvido de nuestros seres queridos? ¿Defender la Patria Grande contra la intromisión constante del imperio, mientras el resto duerme en la tranquilidad de su casas?
Renegaba en mis pasos consumidos por el pensamiento huraño. Recordaba las palabras de Camilo Torres, buscar a través de medios eficaces la felicidad de todos, amar así verdaderamente a los empobrecidos de nuestro continente. Mi mente vagabundeaba, increpándome, rasgándome la conciencia cristiana, revolucionaria, socialista.
Miré el agua con su traje de vida y recuperé el optimismo. Cuatro compañeros se desprendieron de la columna, llegaron a la orilla, comenzaron a desnudarse, cuando tomaron contacto con la comisura del río una ráfaga de metralla ardió desde una barricada en la otra orilla. Aquel ramalazo de fuego y plomo dejó tres cadáveres en la arena.
- ¡Carajo, los gringos! – grito Arnulfo Rojas tirándose al piso
Tomamos resguardo de inmediato. Dos hombres en el agua boqueaban su último aliento sobre la corriente rojamente enardecida de muerte. Aquella línea de fuego descargó su ensañamiento sobre nuestros cuerpos. Silbaban en nuestras cabezas como avispas enojadas las balas del enemigo. Nos cubrimos tomando una posición de fuego favorable.
Cuando estuve a salvo, comencé a leer los disparos buscándole el origen. De cuclillas detrás de un paraíso robusto, coloqué mi ojo sobre la mira del rifle hacia la barricada. La posición aquella permitía desnudar la presencia del ejército de aquel dictador.
Totalmente descubiertos, eran dos; juro que odié aquel momento. El sol se ponía de azufre y descansaba su rigor sobre mi parietal. Ejecuté con calma dos disparos certeros; pude observar el desplomo del primer soldado, el segundo, sorprendido, no pudo huir a tiempo y fue destrozado en la ejecución.
Apenas disparé, volví mi espalda para apoyarla sobre el paraíso que se mantenía erguido, atestiguando mi terrible miedo. Respiraba hondo, asustado; era mi primer disparo sobre un ser humano.
- ¡Vamos al foco Antonio! – gritó Ceferino Roldán, advirtiéndome que revisarían la zona y yo debía resguardar sus espaldas.
Afirmé con la cabeza e hice un gesto de movimiento con la mano derecha mientras sostenía con el antebrazo izquierdo mi fusil caliente. El silencio azotaba junto al sol mi espinazo con un escalofrío duro; la adrenalina me salía por las uñas, me rascaba la cara, todo era como un pesado sueño.
El río incrementó su fuerza. Tres compañeros procuraron retener sin suerte los cuerpos sin vida de los caídos por el fuego enemigo. La vehemencia del agua no permitía a la pequeña tropa alcanzar la otra orilla. Los soldados hacían grandes pasos para cruzar, el agua les cubría hasta las rodillas, los fusiles eran alzados con las dos manos para evitar humedecer la pólvora.
Jamás mis manos habían dado muerte a nadie. No podía creer que éstas manos hubieran quitado de la faz de la tierra a un ser. Con la mira puesta sobre la barricada enemiga buscaba percibir un mínimo movimiento, los cuerpos yacían. Decidí salir de mi escondite. Fue una pésima decisión. El fusil apuntaba hacia la dirección de los cuerpos pero descuidé el frente.
- ¡Cúbrenos las espaldas, mierda! – se enfureció Ceferino.
Cuando volví mis ojos a la mira, pude observar que un tercer hombre se alzaba con las metrallas de los dos caídos y gritó:
-¡Mueran, indios de mierda!
En el mismo momento que gatilló sobre sus armas, le acerté un primer impacto sobre el hombro provocando una ráfaga de metrallas como una víbora desbocada que se arrastraba por todos lados. Mis compañeros disparaban, buscaron refugio en vano sobre el corazón del río, pero sin demora le acerté un segundo impacto que le ingresó por el cuello y un movimiento reflejo hizo que se cubriera de inmediato la garganta que se teñía de púrpura, cayendo inerme hacia adelante.
Los ojos de ese hombre se abrían grandes, yo podía verlos a través de la distancia, quizás sorprendidos de hallar la muerte se agigantaron hasta perecer. Ese hombre no buscaba la muerte, pero la halló sobre la cumbre del medio día. Ninguno de nosotros vino a buscar la muerte. Juro que lo vi en sus ojos, ese hombre vino a buscar la gloria y encontró este final. Los ojos bien abiertos, sorprendidos, comenzaron a llenarse de moscas cuando cayó duro junto a sus compañeros desvanecidos.
Por fin la columna alcanzó la otra orilla. Yo hice lo mismo, con una esperanza ciega de encontrar a aquellos hombres con vida, de no sentirme un asesino. Los soldados revisaron las pertenencias, se peleaban por ellas. Uno se probó la camisa manchada con la sangre final. Otro se guardó un anillo de oro, otro tomó una medalla del Jesús Redentor, las botas eran reñidas por dos soldados tupizeños. Cuando llegué, los tres cadáveres ya estaban casi desnudos. Yo tomé un cuchillo que reposaba cerca de su bota.
Tirado junto a la mano derecha de un combatiente, una fotografía. Limpié la sangre que la cubría. Una mujer hermosa abrazaba al hombre, dos niños sonreían con una belleza parecida a la felicidad. Digo, a ese momento de la vida en que ella nos golpea la puerta y nos invita franca a su morada. Aquel hombre había conocido la felicidad que yo anhelaba buscar con la revolución. Con este grupo armado quería buscar algo que nos pertenecía a todos.
Aquel hombre partía desde la felicidad, tenía una familia, una mujer que aguardaba su regreso. Dos niños que veían cada mañana inútilmente el retorno de su padre. Una mujer se recostaba sobre una almohada cálida pronunciando su nombre.
Yo contemplaba la fotografía. Una lágrima quiso lacerarme. Una mujer lo soñaba y yo le había quitado la vida. Yo, que no era soñado por nadie, que nadie me esperaba en un sueño, sin mujer que aguardara por las noches mi regreso. Ningún tejido del insomnio era empuñado por una mujer. Al menos por la que yo amo.
Con estos mismos dedos, con los que una vez dibujé los labios de aquella mujer dormida. Con este mismo índice que recorría sus lunares, que los contaba, que surcaba su espalda rosada y pura. Con esta mano que le escribió los versos más nutridos del amor, con esta misma mano pude detener la vida. Con la mano de dar amor, di también la muerte. Cruzó un rayo negro sobre mi frente. Quise volverme María a tus brazos, a tu sonrisa tierna. Quise tirar el fusil, abandonarlo, correr a tu lado. Te imaginaba, tú chica de bien, sin coincidir conmigo en la revolución, juzgándome, enjuiciándome por asesinar a un ser humano, por darle muerte. Enojada, explicándome una y mil veces que la violencia no soluciona nada. Y yo sollozando por tu encono.
Me había descubierto, sobre el río Tupiza, como un desdeñable asesino. El bautismo de fuego me había dado un nuevo espíritu. Quise hacerme fuerte.
- Volvamos al camino - dijo Ceferino, nos aguardan en la vertiente.
Yo dejé a los hombres tirados, me persigné tres veces. Te imaginaba diciéndome que Dios no justifica ninguna muerte, que soy una contradicción andante. Estrujé fuerte mi fusil y seguí la columna. Intenté dejarte en aquel costado del río. Fue inútil. Volvería a descubrirte como una pesada mochila sobre mis espaldas algunas leguas más adelante.
Ya no era el mismo, el fuego me había devorado el alma. La revolución murió en el horizonte de mi vida. De manera egoísta apareciste tú y quise dejarlo todo por correr a tus brazos. Preso de mi libertad, de elegir este camino seguí andando bajo el grillete del orgullo. No sabía que matar tenía este agrio sabor a justicia. El sol rompía con sus olas de fuego mi cuerpo débil y tu recuerdo ardientemente vivo me incendiaba en las manos de asesino, tú cada vez más lejos y a mí me dañaba el oscuro olor a muerte que tiene la libertad en este continente, que solía ser un paraíso.



PÁGINA 29 – ENSAYO

OCTAVIO PAZ
(México DF 1914 / 1998)

LA LLAMA DOBLE

Todos los días oímos esta frase: nuestro siglo es el siglo de la comunicación. Es un lugar común que, como todos, encierra un equívoco. Los medios modernos de transmisión de las noticias son prodigiosos; lo son mucho menos las formas en que usamos esos medios y la índole de las noticias e informaciones que se transmiten en ellos. Los medios muchas veces manipulan la información y, además, nos inundan con trivialidades. Pero aun sin esos defectos toda comunicación, incluso la directa y sin intermediarios, es equívoca. El diálogo, que es la forma más alta de comunicación que conocemos, siempre es un afrontamiento de alteridades irreductibles. Su carácter contradictorio consiste en que es un intercambio de informaciones concretas y singulares para el que las recibe. Digo verde y aludo a una sensación particular, única e inseparable de un instante, un lugar y un estado psíquico y físico: la luz cayendo sobre la yedra verde esta tarde un poco fría de primavera. Mi interlocutor escucha una serie de sonidos, percibe una situación y vislumbra la idea de verde. ¿Hay posibilidades de comunicación concreta? Sí, aunque el equívoco nunca desaparece del todo. Somos hombres, no ángeles. Los sentidos nos comunican con el mundo y, simultáneamente, nos encierran en nosotros mismos: las sensaciones son subjetivas e indecibles. El pensamiento y el lenguaje son puentes pero, precisamente por serlo, no suprimen la distancia entre nosotros y la realidad exterior. Con esta salvedad, puede decirse que la poesía, la fiesta y el amor son formas de comunicación concreta, es decir, de comunión. Nueva dificultad: la comunión es indecible y, en cierto modo, excluye la comunicación: no es un intercambio de noticias sino una fusión. En el caso de la poesía, la comunión comienza en una zona de silencio, precisamente cuando termina el poema. Podría definirse al poema como un organismo verbal productor de silencios. En la fiesta —pienso, ante todo, en los ritos y en otras ceremonias religiosas— la fusión se opera en sentido contrario: no el regreso al silencio, refugio de la subjetividad, sino entrada en el gran todo colectivo: el yo se vuelve un nosotros. En el amor, la contradicción entre comunicación y comunión es aún más patente.
El encuentro erótico comienza con la visión del cuerpo deseado. Vestido o desnudo, el cuerpo es una presencia: una forma que, por un instante, es todas las formas del mundo. Apenas abrazamos esa forma, dejamos de percibirla como presencia y la asimos como una materia concreta, palpable, que cabe en nuestros brazos y que, no obstante, es ilimitada. Al abrazar a la presencia, dejamos de verla y ella misma deja de ser presencia. Dispersión del cuerpo deseado: vemos sólo unos ojos que nos miran, una garganta iluminada por la luz de una lámpara y pronto vuelta a la noche, el brillo de un muslo, la sombra que desciende del ombligo al sexo. Cada uno de estos fragmentos ve por sí solo pero alude a la totalidad del cuerpo. Ese cuerpo que, de pronto, se ha vuelto infinito. El cuerpo de mi pareja deja de ser una forma y se convierte en una substancia informe e inmensa en la que, al mismo tiempo, me pierdo y me recobro. Nos perdemos como personas y nos recobramos como sensaciones. A medida que la sensación se hace más intensa, el cuerpo que abrazamos se hace más y más inmenso. Sensación de infinitud: perdemos cuerpo en ese cuerpo. El abrazo carnal es el apogeo del cuerpo y la pérdida del cuerpo. También es la experiencia de la pérdida de la identidad: dispersión de las formas en mil sensaciones y visiones, caída en una substancia oceánica, evaporación de la esencia. No hay forma ni presencia: hay la ola que nos mece, la cabalgata por las llanuras de la noche. Experiencia circular: se inicia por la abolición del cuerpo de la pareja, convertido en una substancia infinita que palpita, se expande, se contrae y nos encierra en las aguas primordiales; un instante después, la substancia se desvanece, el cuerpo vuelve a ser cuerpo y reaparece la presencia. Sólo podemos percibir a la mujer amada como forma que esconde una alteridad irreductible o como substancia que se anula y nos anula.
La condenación del amor carnal como un pecado contra el espíritu no es cristiana sino platónica. Para Platón la forma es la idea, la esencia. El cuerpo es una presencia en el sentido real de la palabra: la manifestación sensible de la esencia. Es el trasunto, la copia de un arquetipo divino: la idea eterna. Por esto, en el Fedro y en El Banquete, el amor más alto es la contemplación del cuerpo hermoso: contemplación arrobada de la forma que es esencia. El abrazo carnal entraña una degradación de la forma en substancia y de la idea en sensación. Por esto también Eros es invisible; no es una presencia: es la obscuridad palpitante que rodea a Psiquis y la arrastra en una caída sin fin. El enamorado ve la presencia bañada por la luz de la idea; quiere asirla pero cae en la tiniebla de un cuerpo que se dispersa en fragmentos. La presencia reniega de su forma, regresa a la substancia original para, al fin, anularse. Anulación de la presencia, disolución de la forma: pecado contra la esencia. Todo pecado atrae un castigo: vueltos del arrebato, nos encontramos de nuevo frente a un cuerpo y un alma otra vez extraños. Entonces surge la pregunta ritual: ¿en qué piensas? Y la respuesta: en nada. Palabras que se repiten en interminables galerías de ecos.
No es extraño que Platón haya condenado al amor físico. Sin embargo, no condenó a la reproducción. En El Banquete llama divino al deseo de procrear: es ansia de inmortalidad. Cierto, los hijos del alma, las ideas, son mejores que los hijos de la carne; sin embargo, en Las leyes exalta a la reproducción corporal. La razón: es un deber político engendrar ciudadanos y mujeres que sean capaces de asegurar la continuidad de la vida en la ciudad. Aparte de esta consideración ética y política, Platón percibió claramente la vertiente pánica del amor, su conexión con el mundo de la sexualidad animal y quiso romperla. Fue coherente consigo mismo y con su visión del mundo de las ideas incorruptibles, pero hay una contradicción insalvable en la concepción platónica del erotismo: sin el cuerpo y el deseo que enciende en el amante, no hay ascensión hacia los arquetipos. Para contemplar las formas eternas y participar en la esencia, hay que pasar por el cuerpo. No hay otro camino. En esto el platonismo es el opuesto a la visión cristiana: el Eros platónico busca la desencarnación mientras que el misticismo cristiano es sobre todo un amor de encarnación, a ejemplo de Cristo, que se hizo carne para salvarnos. A pesar de esta diferencia, ambos coinciden en su voluntad de romper con este mundo y subir al todo . El platónico por la escala de la contemplación, el cristiano por el amor a una divinidad que, misterio inefable, ha encarnado en un cuerpo.
Unidos en su negación de este mundo, el platonismo y el cristianismo vuelven a separarse en otro punto fundamental. En la contemplación platónica hay participación, no reciprocidad: las formas eternas no aman al hombre; en cambio, el Dios cristiano padece por los hombres, el Creador está enamorado de sus criaturas. Al amar a Dios, dicen los teólogos y los místicos, le devolvemos, pobremente, el inmenso amor que nos tiene. El amor humano, tal como lo conocemos y vivimos en Occidente desde la época del «amor cortés», nació de la confluencia entre el platonismo y el cristianismo y, asimismo, de sus oposiciones. El amor humano, es decir, el verdadero amor, no niega al cuerpo ni al mundo. Tampoco aspira a otro ni se ve como un tránsito hacia una eternidad más allá del cambio y del tiempo. El amor es amor no a este mundo sino de  este mundo; está atado a la tierra por la fuerza de gravedad del cuerpo, que es placer y muerte. Sin alma —o como quiera llamarse a ese soplo que hace de cada hombre y de cada mujer una persona— no hay amor pero tampoco lo hay sin cuerpo. Por el cuerpo, el amor es erotismo y así se comunica con las fuerzas más vastas y ocultas de la vida. Ambos, el amor y el erotismo —llama doble— se alimentan del fuego original: la sexualidad. Amor y erotismo regresan siempre a la fuente primordial, a Pan y a su alarido que hace temblar la selva.
El reverso del Eros platónico es el tantrismo, en sus dos grandes ramas: la hindú y la budista. Para el adepto de Tantra, el cuerpo no manifiesta la esencia: es un camino de iniciación. Más allá no está la esencia, que para Platón es un objeto de contemplación y de participación; al final de la experiencia erótica el adepto llega, si es budista, a la vacuidad, un estado en que la nada y el ser son idénticos; si es hindú, a un estado semejante pero en el que el elemento determinante no es la nada sino el ser —un ser siempre idéntico a él mismo, más allá del cambio. Doble paradoja: para el budista, la nada está llena; para el hinduista, el ser esta vacío. El rito central del tantrismo es la copulación. Poseer un cuerpo y recorrer en él y con él todas las etapas del abrazo erótico, sin excluir a ninguno de sus extravíos o aberraciones, es repetir ritualmente el proceso cósmico de la creación, la destrucción y la recreación de los mundos. También es una manera de romper ese proceso y detener la rueda del tiempo y de las sucesivas reencarnaciones. El yogui debe evitar la eyaculación y esta práctica obedece a dos propósitos: negar la función reproductiva de la sexualidad y transformar el semen en pensamiento de iluminación. Alquimia erótica: la fusión del yo y del mundo, del pensamiento y la realidad, produce un relámpago: la iluminación, llamarada súbita que literalmente consume al sujeto y al objeto. No queda nada: el yogui se ha disuelto en lo incondicionado. Abolición de las formas. En el tantrismo hay una violencia metafísica ausente en el platonismo: romper el ciclo cósmico para penetrar en lo incondicionado. La cópula ritual es, por una parte, una inmersión en el caos, una vuelta a la fuente original de la vida; por otra, es una práctica ascética, una purificación de los sentidos y de la mente, una desnudez progresiva hasta llegar a la anulación del mundo y del yo. El yogui no debe retroceder ante ninguna caricia pero su goce, cada vez más concentrado, debe transformarse en suprema indiferencia. Curioso paralelo con Sade, que veía en el libertinaje un camino hacia la ataraxia, la insensibilidad de la piedra volcánica.


PÁGINA 30 – POESÍA EUROPEA

JOSÉ GARÉS CRESPO.
(Alzira-Valencia-España)

FLUIDOS Y ABIERTOS

Sin quererlo saber, con el trasunto de tus encantos,
encontramos el placer, el dolor y el oro,
mediante la luz, la sombra y aun el agua
de la que quisimos y queremos beber.
A veces, con lo que sobra al regreso
de las noches blancas y tus años
construimos inducidas obediencias
estrelladas de celos,
pero dicen que es el sino y el complemento,
que desde el abismo
todos buscamos a manotazos, a besos,
y aunque no siempre se consigue,
medio en sombras la luna
y el muchacho semidesnudo,
recordamos tus viejos amores
en los escenarios de la vida,
con el horizonte cubierto de cielo
y el légamo por tu cintura.


ISABEL REZMO I PEREZ
(Jaen-Andalucía-España)

A  SORBOS

Me dedico un sorbo de mi tiempo.
Un sorbo en la noche para matar la rigidez
que me está dosificando mis escrúpulos.
A sorbos.
Me dedico ninguna moneda,
versos, acaso una pequeña luz en este cuarto
con el ordenador a punto de apagarlo.
Increíble como hacemos un mundo de este sitio. Pequeño y hueco.
Increíble como la palma de las manos asoma la línea recta
de un crepúsculo en el silencio.
La verdad que a veces me pregunto, mis propias afirmaciones.
Me respondo mis propias certezas.
Acabo de descubrir un paréntesis.
Voy a ponérmelo como la soga alrededor de mi cuello.
Es importante los pequeños detalles.
Es importante sentir como fluye los argumentos
y conducen a epílogos. A frases malditas de un eslogan.
La vida es efectivamente un  eslogan.
Un maldito eslogan que lo compra el que sabe mejor venderse.


IVÁN RAFAEL
(Oviedo-España)

LA POESIA MATA

Ya sé
que cuando sacan petróleo de una guerra
no están pensando en metáforas.
Sin embargo fíjate,
ahora que quedó claro que el capitalismo salvaje
es un epíteto,
como los mercaderes hacen con el libre mercado
prosopopeya
y convierten la democracia en una hipérbole,
y convierten la democracia en una anáfora,
y toman el gobierno del pueblo en antítesis
y administran su intereses con un símil
y gestionan los países como empresas
y exhortan a las naciones con un apóstrofe
y se dirigen a electores y votantes
y arengan a consumidores y clientes
y reclutan mano de obra
y alistan todas las metonimias
y las llaman cascos azules
y las llaman boinas verdes
y decretan el comienzo de las perífrasis
y declaran
el envío de tropas para el inicio
de operaciones defensivas en prevención de un ataque
y dicen eufemismos
y disparan
eufemismos
que provocan daños colaterales
y causan bajas.
Ya sé
que cuando sacan petróleo de una guerra
no están pensando en metáforas.
Ya sé que ratatatatá
no es más que una onomatopeya
sin embargo fíjate
que suena como un oxímoron
de labor humanitaria
en una misión de paz.
Ya sé.
Sin embargo
fíjate ahora en nosotros
recitando
con una paloma como único símbolo
mientras
la poesía
mata.

MAHMUD DARWISH
(Acre-Palestina)

CANTOR DE LA SANGRE

Cincuenta cuerdas hay sobre el olivo
para este que te canta.
Tu cantor, que fue esclavo de la lluvia,
rehén del viento,
 y que ya, arrepentido de dormir,
se distrajo velando.

Así, como deseas, llamará chispa al cáliz de la rosa;
al olivar de tus ojos, alborada;
y llorará también, como solía,
cuando pase una brisa sobre cincuenta cuerdas.
¡Qué cincuenta sangrantes melodías!
¿Cómo pudo la alberca de sangre hacerse estrellas y árboles?
El  que muere, ¡guitarra!, es el que mata,
y vence tu cantor.

. . . . . . . . . . .

Abre, ¡aldea!, tus puertas.
Ábrelas a los cuatro vientos.
Y deja que se incendien esas cincuenta heridas.
Kufr Qásem es un pueblo que sueña con espigas,
con violetas
y bodas de palomas.
. . . . . . . . . . .

¡Segadlos de una vez!
¡Segadlos!...
Los segaron...
¡Ay, espiga en el pecho de los campos!
Tu cantor dice aún:
¡Si supiera el secreto del árbol!
¡Si enterrara todas las palabras ya muertas!
¡Si tuviera la fuerza de la tumba silente!
¡Si escribiera mi historia
-¡oh, mano avergonzada que pulsa esas cincuenta cuerdas!-
con la hoz,
y mi vida con hacha
y con ala de alondra!

. . . . . . . . . . .

Kufr Qásem:
Regreso de la muerte para vivir cantando.
Déjame que me preste la voz una herida luciente,
ven a mí contra el odio
que en mi corazón siembra la zarza.
Me envía la intransigencia de una llaga,
y el golpe del verdugo me ha enseñado
a andar sobre mi herida.
A andar... Y más andar...
A resistir.


SILVIA FAVARETTO
(Venecia-Italia)

ÓPALO

En la piedra opalina
se celaba el secreto;
en la transparencia se entreveían
las arrugas oscuras de todos los rostros
de estos dos mil años,
las nervaduras de los árboles y de las hojas
quemadas para calentar la luna
en las noches del último invierno,
los pliegues impronunciables
de los cuerpos escondidos
en los recovecos del deseo
del milenio sin amor
que hemos habitado.
Era el fin del mundo
y lo leí
en los reflejos de la piedra opalina
donde se celaba el secreto.
En la transparencia se oía
la voz profunda de Dios
que nos condenaba a vivir, aún,
más allá que la muerte del tiempo.
La eternidad es un fardo
demasiado pesado para el hombre
(pero no para la piedra
y es a ella que confío
mi poesía).


XIMENA GAUTIER GREVE
(París-Francia)

¿POR QUÉ LLORAN LAS NIÑAS?

 I.
Allá, por donde pasa la ruta bordada
de grandes árboles cuyas cimas enlazan
sus flores con la brisa de altas nubes,

Allá, donde brillan las risas entrecortadas
de cuerpos elásticos juguetones
que corren entre los altos pastizales

Muchachitas mejillas color rosa
largas piernas, pequeños senos,
que crearán el futuro de los estadistas.
 Pero ellas no oyen sino la suave voz del alma
cascadas corriendo hacia el deseo.

Muchachitas como páginas de poemas extraños
que nada conocen del amor sino la espera
del próximo arco iris inclinado sobre la quebrada.
Sin embargo el cielo baja sobre los prados
y se oyen tan tristes sus llantos casi infantiles 

¿Por qué lloran las niñas?

II.
Lágrimas de niñas que son distintas
porque las cogen los gorriones en sus alas
y las cuelgan en lo alto de los pinos
para iluminar el paso de las horas largas
que dilatan el alma de la noche…

Las niñas tienen una perla rubí
fascinante al fondo de sus cuerpos,
sangre latiendo de un nuevo grial
El fulgor de la esperanza
en el caudal de astros lejanos.

Y van avanzando sobre los prados del destino
hasta dar con una puerta incógnita y cerrada
que sus dulces cantos abren sin pena
como si estuvieran hechos solo para eso.
Sin embargo el cielo toca las arrugas terrenales
y surgen los susurros precisos de la arena húmeda

¿Por qué lloran las niñas?

III. 
Puede parecer extraño, pero
las ancianas aman a las niñas.
Y sus ojos entreabiertos, cansados
de haber visto tantos males, brillan y
sonríen luminosos, en las pupilas
radiantes de las adolescentes.

En el permanente ayer inconcluso,
que cada uno de nosotras lleva
prendido al cuello como una soga,
el alba femenino está suspendido
y pasa de abuelas a muchachas
como una caricia que crece.

Por la aspiración al conocimiento,
al voto, al trabajo igualitario,
escrita en el pétalo del deseo
de tantos derechos prohibidos,
por eso están llorando las niñas…

IV.
Como alfalfa en los altos pastizales
se yerguen gráciles sus cuerpos juveniles
con pequeñas flores entre los cabellos
y gotas de rocío sobre el cutis sonrojado

Ondean las finas creaturas como brisas
las pequeñas manos se abren y se cierran
en la vil mano de su comprador
mientras las empujan hacia el altar
de un matrimonio infame.
Protegidos por la tradición repugnante.

Condenadas desde tan tierna edad
objetos sexuales arrancados a la niñez
por depravados de miserable apariencia
y violan los cuerpecitos infantiles
mientras las niñas lloran.  

V.
Guiados por maestras y mentores
Descubriendo la realidad del mundo
extendido sobre la luz quirúrgica
de la extraordinaria conciencia juvenil.
Las muchachas como banderas generosas
quieren entrar en una alborada diferente

Yérguese el Amor sobre todas las cosas
sobre proyectos y construcciones del alba
que iluminan las vidas humanas.
Y el color del canto que faltaba,
inunda proyectos, estudios y acciones,
entusiasmo, alegría, danza, maravilla
abren las puertas del saber.

Entonces la arcaica sociedad entra
en la marcha de la religión ignorante,
levantando su bandera odiosa
sus injusticias, crímenes y mentiras
y cae la prohibición del estudio
el cierre de las escuelas femeninas

Los oscuros muros calcinados,
rojos de sangre de maestros,
por eso lloran las niñas

VI.
Nadie espera ser secuestrada ni muerta
cuando discurre sobre el cambio social
O si como maestra enseña en las aulas,
cuando camina al encuentro de su novio
o cayendo la tarde al regresar a casa,
pero a ese horrible designio concurren
los torvos manejos de la dictadura.

Entonces lloran las niñas
Y lloran las niñas cuando recuerdan
en la soledad a los inmolados :
el padre torturado, desaparecido,
o en escasos restos miserables…
la madre disuelta entre nubes y demencia.

El hermano de silueta perdurable
apoyado en la ventana, sonreirá eternamente
a su destino revolucionario,
transformar las sociedades rapaces
limpiar sus pútridas entrañas avaras.

La niña quedó huérfana
Cuarenta y tantos años después
aún busca a su hermano
y su llanto va rodeando un lago
que germina la honda tierra…
  
© Copyright by Ximena Gautier Greve. 2015. All rights reserved
Autorización para publicar en la Gaceta Literaria de la escritora Norma Segades Manias

Con todo cariño querida Normita, amiga mía ! 


PAGINA 31 – ENSAYO

JULIO CARMONA
(Lima-Perú)

ÉTICA DOCENTE
     
Si la moral es la legislación conductual que la sociedad impone al ciudadano, la ética es el trasfondo moral que a sí mismo se impone cada ciudadano individual. Por eso se califica de inmoral a quien conociendo las restricciones conductuales en la sociedad, hace caso omiso de ellas. Y, asimismo, se llama amoral a quien se encuentra despojado de todo condicionamiento moral, es decir, un ignorante, irredento de toda consideración. El primero es condenable socialmente (no judicialmente) por quienes sí respetan y cumplen con las normas morales, y se le señala como un transgresor de la ética; cuando esa transgresión es involuntaria, se espera y se acepta la enmienda; en caso contrario —si no existe enmienda— la condena es irrevocable, y no solo eso, sino que se le debe trasladar al rango de lo amoral.
En el caso de quienes pueden y deben evitar transgredir las normas, o rectificarse por su transgresión, se debe ubicar a personas con cierta formación profesional o laboral (empleados de los sectores público/privado, trabajadores del campo y la ciudad con nivel de civismo y con mayor razón si se trata de egresados de estudios superiores). Y deviene imperativo categórico si se trata de un servidor público que ostenta cargo administrativo relevante, como —por poner un ejemplo— ser Secretario General de una Universidad Nacional, porque una de las prohibiciones que establece el Código de Ética de la función pública, dice que: «El servidor público está prohibido de obtener o procurar beneficios o ventajas indebidas, para sí o para otros, mediante el uso de su cargo, autoridad, influencia o apariencia de influencia.» (Artículo 8°, inciso 2).
Hago esta reflexión sobre el tema, recordando un caso que observé cuando estudiaba secundaria. En cierta ocasión, la autoridad del colegio dispuso que los estudiantes pintasen sus aulas y las pusieran bajo la égida de alguna personalidad paradigmática (y se iba a premiar al aula mejor acondicionada). Y cuando las aulas estuvieron dispuestas observé que una de ellas (no precisamente la mía, sino de un año superior) había sido designada con el nombre de uno de nuestros más queridos profesores. Y cuando le tocó clase en la mía yo lo felicité. Él retrucó que no era nada meritorio, pues se había hecho sin su consentimiento, y no tuvo oportunidad de evitarlo. Y dijo que no era ético rendir homenaje institucional a una persona viva, y que incurrían en esa falta de ética tanto quien hacía la propuesta como quien la aceptaba. Y concluyó que esperaba se hiciera la rectificación al año siguiente cuando mis compañeros y yo pasásemos a dicha aula. Y así fue. Hicimos justicia. Borramos el nombre de dicho profesor y elegimos otro ya finado, y con una trayectoria impecable de moralidad y ética a toda prueba, es decir, ya imposible de ser variada, posibilidad que no se da en personas que están con vida y mucho menos con aquellas que se pasan de vivas y que muy sueltas de huesos aceptan el hecho, con un amoralismo raigal.
Ahora bien, si la reflexión tiene asidero en un hecho pasado, obviamente es aplicable a futuro y también al presente (tres instancias de la historia: de la magna o nacional, de la pequeña o institucional y de la doméstica o personal). Y, sin ambages, aquí me refiero a un caso lamentable y ya consumado, ocurrido en la Universidad Nacional de Piura. A la refacción que se ha hecho de un pabellón de aulas antiguo se le ha puesto el nombre de un profesor que el único pergamino que ostenta es ser el profesor más antiguo en función. Pero la lógica más elemental conduce a determinar que debe haber otros profesores tan antiguos como él aunque cesantes, a quienes tampoco se les podría designar para un homenaje como el aquí comentado por el impedimento ético ya aludido. Sin embargo, también es de suponer que, en la historia académica de la Universidad Nacional de Piura, tiene que existir otro docente ya fallecido y de digna y eficiente performance profesional, docente y decente, a quien se puede honrar para que también su nombre honre a la institución que lo designa.
Todavía se está a tiempo para la rectificación ética. De lo contrario, el baldón ya infringido derivará en inmoralidad —de quien lo ofrece y de quien lo acepta— por saber que no es ético el acto de marras, y no obstante haber incurrido en él, o devendrá acto amoral por saberse o sentirse huérfanos de todo principio ético.



SUPLEMENTO INFANTIL Y JUVENIL



Imagen: KIathleen Blackshear

PÁGINA 33 – CUENTO

ELSA BORNEMANN
(Ciudad Autónoma-Buenos Aires-Argentina)
Murió en Buenos Aires el 24 de mayo de 2013.


ME HACE FALTA

Querido papá:
Mami me dijo que vos lo hacías durante los dos primeros años de mi vida, cuando aún era hijo único y dormía en la cuna ubicada junto a la cama de ustedes. Que lo hacías con mucha ternura —me dijo— antes de salir para tu estudio y apenas volvías a casa, invariablemente molido y re-tarde.
Yo no me acuerdo, claro. De lo que sí me acuerdo —aunque vagamente— es del día de la mudanza al departamenteo que ocupamos desde entonces. Ya habían nacido Ariela y las mellizas y se necesitaba más espacio.
A punto de cumplir los cuatro —entonces— estrené mi propio cuarto, este mismo en el que ahora te estoy escribiendo mientras oigo jugar a las nenas en su habitación, pegada a la mía.

Me parece mentira que ya hayan pasado siete años desde que vinimos a vivir aquí, como —mentira también— el que por fin me haya animado a contarte lo que me hace falta de vos, lo que siempre espero —inútilmente— y no recibo.
Sé que va a sorprenderte que te lo pida de este modo, por carta, pero mi coraje no da para más. Tengo cierto temor de que te enojes, que me repitas —como por otras actidudes mías— que lo que deseo tanto no es propio de un varón de mi edad... que cuando eras como yo... (Bueno, la corto con el rollo de las comparaciones porque entonces sí que es fija que te vas a enojar... y por partida doble...).
Mami opina que no sos demostrativo, que te cuesta expresar tus sentimientos. "Introvertido", dice.
No estoy de acuerdo. ¿Acaso los retos, los gritos que me ligo, los tortazos que hacés volar hacia mis mejillas, de vez en cuando, no son expresión de sentimientos? Por supuesto que sí, no puede negarse, ¿eh? Entonces, ¿conmigo sólo podés expresar sentimientos negativos? Sé que andás muy angustiado, papá; no como vidrio. Entiendo que te resulta recontra difícil conseguir un nuevo empleo en esta época. Te escucho pronunciar la palabra "desocupado" y se me pone la piel de gallina. Pienso en lo duro que debe ser bancarnos con esas changas apenas, arquitecto joya como sos. Y me duele mucho. Como a mami, por más que te ayude con lo que gana como psiclóloga; cada vez menos, que le van quedando pocos pacientes que puedan pagar los honorarios... Mirá si estoy enterado de lo que pasa...
Pero hasta hace nueve meses atrás, cuando todavía no había cerrado la empresa en la que trabajabas, tampoco te dabas cuenta de lo que me hace falta.
Y no es un reproche, ojalá no lo tomes así; sólo quiero contare el por qué de mi "cara de kul...trum", palabras con las que es tu costumbre cargarme a veces.
Uf, aquí me mando: si supieras lo que sufro cuando te veo darles a las chicas lo que a mí nunca... Y no, pa, no se trata de celos; ni ahí. Tampoco del par de zapatillas con cronómetro, ni del último compact disc de la banda Círculo Vicioso, ni de la compu ni de ninguna de las cosas que me prometiste. No soy bobo como para no comprender que fueron a parar a la "lista de tiempos mejores", que va anotando mami en la hoja sujeta —con un imán— a la puerta de la heladera. No. Olvidate de esa lista por ahora.
Lo que yo siento es que sos injusto —eso— al privarme de algo que también necesito, como mis hermanitas. Siquiera cuando meto un golazo para mi equipo de fútbol de la escuela... o como el mejor premio a mis buenas notas de las clases de informática... o antes de la despedida de las buenas noches...
Un beso tuyo, papi, un abrazo de hombre a hombre, la caricia de tus manos sobre los rulos que me barren la espalda y que te disgustan como un pecado... Eso me hace falta... ¿A vos no?
Yo me muero de ganas de arrojarme entre tus brazos, de besarte ligerito la incipiente pelada y acariciarte la barba que empezaste a dejarte crecer, en compensación por la caída del cabello, a pesar de que no lo confieses ni a palos, ¿eh?
Ahora es una luminosa mañana de domingo. Vamos a estar juntos todo el día...
¿Dale que en cuanto termines de leer este mensaje que ya voy a ir a colocar junto a los diarios con los que estás en la cocina, venís a darme un beso, un abrazo, una caricia?
¿Dale que sí, papi?





ADELA BASCH
(Ciudad Autónoma-Buenos Aires-Argentina)

MIRAR LA LUNA

Una noche de verano sumamente calurosa, una noche de fines de diciembre, salí a tomar aire afuera de la cabaña que ocupaba termporariamente.
La noche era apacible y hermosa. A mi alrededor todo era quietud y en el aire flotaba un no sé qué extraño y fascinante. El cielo estaba totalmente despejado y me pareció un océano lleno de misterios.
De pronto, sin saber por qué, me dieron unas ganas bárbaras de mirar la luna. La busqué y la busqué con la mirada, y nada. No se la veía por ningún lado. Me puse un par de anteojos, y nada. Me los saqué, los limpié cuidadosamente, me los volví a poner... nada.
Recordé que tenía un potente telescopio portátil. Me pasé un rato largo mirando el cielo a través de su lente, pero la luna no aparecía por ningún lado. Ni siquiera opacaba por su presencia.
Nubes no había ni una. Estrellas, un montón. Pero la luna no estaba. Me fijé en el almanaque. Era un día de luna llena. ¿Cómo podía ser que no estuviera? ¿Dónde se habría metido? En algún lugar tenía que estar. Decidí esperar.
Esperé con ganas. Esperé con impaciencia. Esperé con curiosidad. Esperé con ansias. Esperé con entusiasmo. Esperé y esperé. Cuando terminé de esperar miré al cielo, y nada.
Cuando pude sobreponerme a mi decepción, me serví un café. Lo bebí lentamente. Cuando lo terminé de tomar la luna seguía sin aparecer. Me serví otro café. Cuando lo terminé de tomar ya había tomado dos cafés. Pero de la luna, ni noticias. Después del décimo café la luna no había aparecido y a mí se me había terminado el café. Paciencia por suerte todavía tenía.
Consulté las tablas astronómicas que siempre llevaba en la mochila. Eclipse no había. Pero de la luna, ni rastros. Volví a tomar el telescopio. Enfoqué bien, en distintas direcciones.
El cielo nocturno era maravilloso y, como tantas otras veces, me sorprendió mucho encontrar algo que no esperaba ver. Mucho menos en ese momento y en ese lugar. Ahí a lo lejos, entre tantas galaxias con tantas estrellas y tantos cuerpos desconocidos que se movían en el espacio había un pequeño planeta con un cartelito que decía "Tierra". Le di mayor potencia al telescopio y pude ver claramente que en la terraza de mi casa todavía estaba colgada la ropa que me había sacado antes de ponerme el traje de astronauta. Adentro, en el comedor, mi esposo y los chicos comían ravioles con tuco y miraban un noticiero por televisión. En ese momento justo estaban mostrando una foto mía y el Servicio de Investigaciones Espaciales informaba que yo había alunizado sin dificultades.
Me tranquilicé y me quedé afuera, disfrutando serenamente de la noche, mirando todo con la boca abierta, absorta en vaya a saber qué, tan distraída como siempre, totalmente en la luna.




PÁGINA 34 – POESÍAS

HOMENAJE A RUTH KAUFMAN
(Ciudad Autónoma-Buenos Aires-Argentina)

LOS RIMAQUÉ

1
¿Estará el fuego escondido
bien adentro de los troncos
hasta que las chispas llegan
y lo despiertan de pronto?
¿O vendrá desde muy lejos
dando rápidas zancadas
para comerse a los leños
con sus lenguas afiladas?

2
Se ponen las nubes
redondas y negras
de la tierra sube
olor a tormenta.
Un fuerte estallido
y volamos los dos:
hermanos mellizos
relámpago y yo.
Si juntos salimos
a andar por el mundo
¿por qué llego yo
siempre segundo?

3
¿Adónde se van las sombras
de los árboles altivos
cuando el cielo al fin acalla
el color y sus chillidos?
¿Adónde van las estrellas
espantadas, sin su brillo?
¿huyen junto a las lechuzas
los ladrones y los grillos?

4
En todas las cosas
yo dejo mi brillo
rojo, blanco, verde
azul o amarillo.
Apenas me acerco
las cosas se asombran
y hasta el más pequeño
proyecta su sombra.
Me voy arrimando
y las sombras se mecen
se estiran, se achican,
vibran, se estremecen.
Pero ni bien
sus caras alumbro
¿por qué, encandiladas,
se van de este mundo?

5
¿Por qué en medio de la cara
sólo yo me he vuelto rara?
Yo era chiquitita
más chiquita que un botón
pero un día de repente
pegué fuerte un estirón.
¡Ay que cuerpo desparejo
me gritaron los espejos!
¿Cuál ha sido la patraña
que me ha vuelto tan extraña?

6
Cuando el mar de un lado avanza
y a la arena araña y muerde
¿es porque del otro lado
asustado retrocede?
¿Cuántas orillas tiene el mar?
¿Existe viajero
que las pueda contar?

7
Poquitos rincones
encuentro en los mapas
que no haya tocado
mi cuerpo de plata.
Bajo con las lluvias
acaricio el suelo
y en pocas semanas
¡de nuevo en el cielo!
A un solo lugar
jamás he llegado
por más que mil veces
lo haya intentado.
Le ruego a las nubes
le suplico al viento
¿por qué nadie quiere
llevarme al desierto?

8
¡Caer, perderse
es todo su anhelo
dejar las chaquetas
y rodar por el suelo!
¿Cómo dura más atado,
al coserlo fuerte
o al dejarlo holgado?
¿Siente miedo o siente prisa
mientras cae
                de la camisa?

9
Yo tejo
las escamas
de cada mañana.
Yo le bordo
lentejuelas
a la araña
en su tela.
Y a cada
yuyito
le calmo la sed.
¿Por qué de repente
un aire malvado
pasa y lo que toco
va dejando helado?

10
Dulces labios reciben
mi sonrisa amarilla
pero agrios se tuercen
al probar mi saliva.
Una niña golosa
me besa
¿por qué frunce la boca
y completa una mueca?

11
a Ercilia y Virginia

¿Para qué se abren tan rojas?
¿Para el colibrí
que ni siquiera las roza?
¿Para el zum zum que la abeja
en el aire enreda
                       como una madeja?
¿Para las miradas tristes
que vagan sobre las cosas
y el dolor que nunca olvidan
olvidan sobre sus hojas?

12
¿A qué día, a qué hora
a qué exacto segundo
aprontas tus valijas
para irte hacia otros mundos?
¿Cuando la tierra parda
ya no se resquebraja
y la flor del zapallo
se abre y ya no cuaja?
¿Cuando pasan las horas
y siguen las camisas
aleteando en las sogas?
¿Cuando pasa todo el día
y ninguna cigarra
ha dicho: "¡es mediodía!"?
¿Cuando los cinco dedos
de pronto acobardados
ya no quieren ser libres
y buscan los zapatos?
¿Cuando a la cinta negra,
sedienta, del asfalto
no engaña el horizonte
con sus charquitos falsos?
¿Cuando la primera hoja
se pone amarilla
entiendes que es la hora
de huir a toda prisa?
¿O acaso te demoras
jugando al veo veo
hasta que los tomates
se pintan por entero?



PÁGINA 35 – ENSAYO

MARIA TERESA ANDRUETTO
(Arroyo Cabral-Córdoba-Argentina)

LA LENGUA. ES DE LA LENGUA QUE QUISIERA HABLAR.

El patrimonio, los bienes, la tierra que se habita, puede que sean de los padres, pero es materna aunque haya sido legada por un hombre, la lengua que nos cobija. Extraña, diversa, la relación de cada escritor con los padres, con la lengua y con su pueblo. El poeta barroco Luis de Tejeda, quien vivió y escribió en una colonia española que acababa de nacer, que compuso prosas y versos en latín y seguramente se sentía español, es considerado el primer poeta de América. Guillermo Enrique Hudson, hijo de ingleses que nació en la pampa argentina y murió en Inglaterra es uno de nuestros escritores fundacionales aunque toda su obra haya sido escrita en inglés. Borges, formado mitad en una biblioteca de libros ingleses suministrados por una de sus abuelas y mitad en un bachillerato de Ginebra, decidió sin embargo escribir en castellano. Cortázar nacido en Bélgica y con una vida entera en París, construyó sus ficciones para el lector rioplatense que estaba dentro de sí… en fin, la literatura de mi país está llena de esos ejemplos. Están también los escritores que, desde la nuestra, se cruzaron a otras lenguas, podría extenderme en el asunto… y también hay un caso por demás singular, el de Witold Gombrowicz, novelista y dramaturgo polaco de origen noble que poco antes del estallido de la segunda guerra mundial quedó varado en Buenos Aires, donde pasó años en condiciones de pobreza, durmiendo en los altos de un bar y trabajando de mozo a destajo hasta que obtuvo un puesto en un banco polaco. Estando él en mi país, con un castellano todavía precario, tradujo una de sus novelas con sus camaradas de café que no sabían polaco, entre los que estaba el escritor cubano Virgilio Piñera, lo que dio por resultado una escritura compleja, extraña y vanguardista que terminó por influir fuertemente en una línea de nuestra tradición literaria. El gesto de Gombrowicz de traducir su novela al uso nostro ayudado por sus compañeros de juerga (lo que da seguramente una obra muy diferente de su original polaco) es el intento desesperado de un escritor por insertarse en una comunidad de lectores.

La lengua es sin dudas nuestro tema. Durante la pasada dictadura, los escritores argentinos en el exilio español se preguntaban qué hacer con nuestro lenguaje. Elijo dos respuestas a esa pregunta, fragmentos de cartas: David Viñas, en julio de 1980 dice en una de ellas “¿qué hacer con nuestra lengua? ¿Se academiza la cosa, se la agayega, se le pone almidón y se la plancha?” En otra carta, de agosto de 1980, el escritor Antonio Di Benedetto, dice: “He procurado clarificar un tanto el vocabulario para el lector español, sin dar la espalda a mi potencial lector argentino o latinoamericano. Con tal criterio he sustituido algunas voces. Ejemplo: no ‘saco’, que aquí sugiere ‘bolsa’, sino chaqueta, dicción que no es extraña al argentino, ¿verdad?”
¿Verdad? Podemos oír un grito ahogado en ese ¿verdad?, un gesto de desesperación casi tan desesperado como el desopilante gesto de Gombrowicz, porque la elección de la lengua (y dentro de ella, la de sus infinitos matices) indica en qué sistema literario puede o quiere insertarse un escritor, indica por quiénes y de qué modo desea ser leído y revela también el costo que ese escritor está dispuesto a pagar para encontrarse con sus lectores.
Cuando comencé a publicar y se abrió tímidamente alguna posibilidad de editar mis libros fuera de Argentina, la lengua, eso que es la materia, la argamasa, con la que trabaja un escritor, comenzó a presentarse como un obstáculo. No es el libro, no es la historia, es el lenguaje…, tan argentino, se me dijo en muchas ocasiones y ese obstáculo persistió por mucho tiempo, con distinta fuerza, en algunos países de Latinoamérica y sobre todo en España que es, de hecho, para los escritores latinoamericanos el lugar mas difícil para colocar un libro, tal la resistencia del castellano español con respecto a otras modalidades americanas de la misma lengua. Lo que aparece como fundamentación de editores y otros agentes que intervienen en la circulación de libros, es la idea de que los niños de un país no entienden las palabras de otro país, seguramente en la convicción de que sólo debiéramos leer lo que ya conocemos, no en la idea de lectura como una puerta abierta a mundos nuevos y a otras modalidades de la cultura y de la lengua.
¿Qué puede hacer ante un obstáculo de esta naturaleza un escritor? Hay varias opciones, en cuyos extremos está la de abstenerse de publicar y/o de circular en la península o en otros países de este continente, o adaptar su lengua, españolizarla o mejicanizarla o…, perdiendo entidad, identidad, hondura y calidad de escritura, como buscaban desesperadamente hacerlo en el exilio español los dos escritores argentinos que cité al comienzo. Se trata, sin dudas, de un problema complejo, y aunque por cierto no somos los únicos, tal vez quienes estemos en el grado más extremo de tensión con otras modalidades del castellano y particularmente con el castellano peninsular seamos precisamente nosotros, los escritores argentinos, por el devenir que tuvo en mi país el desarrollo de la lengua.

La cuestión de la lengua, la cuestión de si hablar castellano o una lengua indígena y la cuestión acerca de qué castellano hablar y escribir, la pregunta acerca de si era conveniente seguir a pie juntillas a la Real Academia del país del cual estábamos independizándonos o si debíamos dejar que la lengua, aun siendo la misma —la misma y otra por cierto— se independizara a su vez y corriera a su aire, aceptando nosotros, sus hablantes, las transformaciones que le íbamos dando, se discutió en mi país en la segunda mitad del siglo diecinueve. Esa cuestión, que en nuestras carreras de letras se estudia como La polémica acerca de la lengua (polémica que es por supuesto lingüística y estética pero por sobre todo fuertemente política) se dirimió en el marco del movimiento estético político romántico y la llevaron adelante Sarmiento, Gutiérrez, Echeverría y Alberdi, los cuatro grandes románticos argentinos, lo que es casi decir los fundadores de nuestra literatura. De todo ello emergió la convicción de que en nuestro país se debía hablar castellano pero que ese castellano no necesitaba sujetarse a pie juntillas a los dictámenes de su casa central. De modo que ser un escritor argentino es también ser un escritor desobediente ante la demanda de casticidad.
Como ya he dicho en otras ocasiones, me crié en un pueblo de provincia de este continente nuestro, hablando un castellano que es y no es una sola única lengua, sino un conjunto de variables mestizadas por pueblos originarios, aportes árabes, africanos, europeos y asiáticos que —esclavizados, sometidos, aceptados o bienvenidos— impregnaron nuestros modos de decir y de pensar. Buena parte de la riqueza de un un pueblo reside en el desarrollo de una conciencia sobre sí y sobre el lugar que ocupa en el mundo, y como sabemos, vivir conscientes de nosotros mismos es defender nuestra particularidad como individuos y como pueblos. Digo esto como un asunto a tener presente a la hora de revisar archivos de edición, textos y entrevistas, porque en todos los campos, pero particularmente en el de la edición de libros para niños (tan atravesada todavía por el deber ser, la funcionalidad, el utilitalismo y el deseo de enseñar), es muy fuerte la demanda de que esos libros unifiquen sus asuntos y sobre todo unifiquen los usos del idioma, demanda de que se vuelvan un poco neutros, en fin… tan neutros y ubicuos como se pueda, para ver si de ese modo (como se dice en la jerga editorial) pueden volverse potencialmente más vendibles a lectores de otras idiosincracias, logran extender sus dominios. Pero la literatura, si en algun sitio reside es en lo particular (lo particular, lo propio de los asuntos y de la lengua), en la permanente inestabilidad de la lengua, es donde está su territorio y es eso particular que ella alcanza en sus mejores momentos lo que hace eco en la eventual particularidad de los lectores, porque tal como lo imaginaron los neorrealistas italianos, lo universal es lo local sin límites.
Como decía antes, en muchas ocasiones me han dicho que mis libros eran “demasiado argentinos” y esto mismo les han dicho a otros escritores y escritoras de mi país, y con otras variantes (“demasiado mejicano”, “demasiado colombiano”, “demasiado chileno o peruano o boliviano o….”) han rechazado textos valiosos de escritores de otros países de latinoamérica, hablamos a veces de eso en cafés y jornadas, por momentos preocupados, molestos otras veces pero por sobre todo conscientes de que es justamente ahí, en los múltiples matices que tienen nuestros modos de decir, donde reside el desafío y la riqueza de un escritor, trincheras de la lengua para defensa de lo más propiamente nuestro, el camino hacia la propia cosa de la que hablaba la gran Clarice Lispector, la propia cosa y el propio modo de decir, porque la máxima aspiración de un escritor es construir con la lengua de todos, una lengua no escuchada todavía.
Claro que mientras más ahondamos en lo particular, mientras menos estándar es la escritura de un escritor, más difícil se vuelve su exportación lisa y llana, porque al ser, cierto texto, menos utilitario y funcional, necesita para su circulación en otros espacios y otras comunidades linguisticas, mejores lectores. Y ahí reside sin dudas el problema a resolver. Cuanta más diversidad y profundidad de escrituras tengamos, mejores lectores necesitaremos. O mejor dicho, es al revés: mientras mejores lectores podamos construir, más hondas y diversas serán las escrituras que se manifiesten en la gran patria de la lengua, porque literatura y construcción de lectores son dos caras de una misma moneda, o mejor aún puntos de una rueda que con su dialéctica alimenta y sostiene el desarrollo subjetivo de un pueblo.


Todos los textos, fotografías o ilustraciones que integran el presente número son Copyright de sus respectivos propietarios, como así también, responsabilidad de los mismos las opiniones contenidas en los artículos firmados. Gaceta Literaria solamente procede a reproducirlos atento a su gestión como agente cultural interesado en valorar, difundir y promover las creaciones artísticas de sus contemporáneos.

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