Formato virtual de una revista literaria con historia

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GACETA LITERARIA Nº 114– JUNIO de 2016– Año X – Nº 6



Imágenes:
Homenaje a la obra de SANTIAGO CARBONELL
(Ecuador)

PÁGINA 1 – REFLEXIONES

EDUARDO GALEANO
(Uruguay/1940-2015)

DEFENSA DE LA PALABRA

13.

Creo en mi oficio; creo en mi instrumento. Nunca pude entender por qué escriben los escritores que mientras tanto declaran, tan campantes, que escribir no tiene sentido en un mundo donde la gente muere de hambre. Tampoco pude nunca entender a los que convierten a la palabra en blanco de furias o en objeto de fetichismo. La palabra es un arma, y puede ser usada para bien o para mal: la culpa del crimen nunca es del cuchillo. Creo que una función primordial de la literatura latinoamericana actual consiste en rescatar la palabra, usada y abusada con impunidad y frecuencia para impedir o traicionar la comunicación. "Libertad" es, en mi país, el nombre de una cárcel para presos políticos y "Democracia" se llaman varios regímenes de terror; la palabra "amor" define la relación del hombre con su automóvil y por "revolución" se entiende lo que un nuevo detergente puede hacer en su cocina; la "gloria" es algo que produce un jabón suave de determinada marca y la "felicidad" una sensación que da comer salchichas. "País en paz" significa, en muchos lugares de América Latina, "cementerio en orden", y donde dice "hombre sano" habría que leer a veces "hombre impotente". Escribiendo es posible ofrecer, a pesar de la persecución y la censura, el testimonio de nuestro tiempo y nuestra gente - para ahora y después -. Se puede escribir como diciendo, en cierto modo: "Estamos aquí, aquí estuvimos; somos así, así fuimos". Lentamente va cobrando fuerza y forma, en América Latina, una literatura que no ayuda a los demás a dormir, sino que les quita el sueño; que no se propone enterrar a nuestros muertos, sino perpetuarlos; que se niega a barrer las cenizas y procura, en cambio, encender el fuego. Esa literatura continúa y enriquece una formidable tradición de palabras peleadoras. Si es mejor, como creemos, la esperanza que la nostalgia, quizás esa literatura naciente pueda llegar a merecer la belleza de las fuerzas sociales que tarde o temprano, por las buenas o por las malas, cambiarán radicalmente el curso de nuestra historia. Y quizás ayude a guardar para los jóvenes.



PÁGINA 2 – NARRATIVA

MÓNICA RUSSOMANNO
(Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

LA FE DE LOS INCRÉDULOS

Cuando arrecian los malos tiempos y no alcanza el placard del dormitorio para esconderse, cuando pasan esas cosas que nos desgarran la tela y despintan las paredes. En esos decisivos tiempos difíciles de expectación y desánimo, de sueño revuelto y de dolor, cuando la vida es una mesa que nos ponen con la base en el suelo y los apoyos al aire. Entonces.
Justo entonces. Justo en lo más alto o lo más bajo, en el punto justo del vértigo. Entonces hay quien enciende velas a los santos, reza a San Expedito, acude a su Pastor o simplemente ora en lo recóndito. Y encomienda su alma a su Dios, y cree en lo justo y lo destinado a cumplirse desde lo desde siempre decidido desde siempre escrito, desde lo eterno.
Y es la paz del espíritu, el aplacarse de las pasiones. Es la resignación y lo horizontal. La oración, el pedido, el agradecimiento por la prueba que encaja como una pieza necesaria en el rompecabezas de lo Eterno.
El alma puede descansar, las manos se aquietan en el regazo, un ser paternal o maternal extiende su velo sobre la criatura frágil.
Pero y qué hay de los incrédulos. Qué de aquellos que no tienen la dirección a dónde enviar sus reclamos, sus lágrimas certificadas, su carta documento de protesta e intimación.
Qué pasa con quienes en lo alto del trapecio, con las manos resbalosas, saben que en el otro trapecio no hay ninguna figura alada para recibirlos. A quién le piden clemencia. A nadie.
Es propio de la condición humana sin embargo esa cosa oscura de torcer la lógica. Y se ven arrojados los incrédulos a una maraña sospechosa de cábalas, supersticiones, costumbres propiciatorias. No encenderá una vela a un santo, pero se alegrará de que yendo al sanatorio un perro defecaba de
frente; es buena señal. No rezará a San Expedito el hombre de ciencia que no cree en fantasmas ni Espíritus Santos, pero no usará la remera roja en este día, que le resulta agorera y atracción de catástrofes indecibles. No acudirá a ningún Pastor la señora racional que mantiene que el cosmos es caótico y casual, pero le dará una moneda a un mendigo para prevenir maldiciones soterradas.
Será que somos tan pequeños, tan efímeros, tan frágiles, que alguna magia nos hace falta para enfrentar un mundo tan adverso.
No me burlo entonces ni de los mantras ni de los rosarios, ni de los sermones ni de las procesiones. Son recordatorios de que le tenemos miedo a nuestra propia muerte y pánico a la desaparición de quienes amamos.
Si alguna fe tienen los incrédulos, no se la quiten. Que eludan las escaleras, que no se den a la traición de los gatos negros, que no pisen las juntas de las baldosas o que usen la pulserita roja en el bracito gordo del bebé. Es una oración en lo recóndito. Aunque no hubiese quien la reciba. No burlarse, digo nuevamente, de una oración en lo recóndito.



PÁGINA 3 – POESÍA ARGENTINA: SANTA FE

ANA DANICH
(Rosario-Santa Fe-Argentina)

LA PIEDRA
                                           
Una piedra sabe conmover a otra
Ingeborg Bachmann

¿Qué importa que la piedra tropiece con el pie

Y caiga abruptamente
sobre el escenario de muerte?
¿Qué importa que el convexo de sus formas
lastimadas en rajaduras de siglos
destile un liquido anaranjado de tierra?
¿Qué importa que haya condenado a las putas
que sirvieron lascivia
y los últimos vestigios hartos de humanidad
en la mesa del hambre?
La piedra es piedra,
inmaculada.
En su dureza de pedernal
acecha al pie sumiso
que no aprendió a esquivar de otra manera,
la invasión del obstáculo en su trayecto.
Sos de piedra
-me dicen los que saben-
y arremeto feroz
con los instintos…

RAÚL FEROGLIO
(Las Parejas-Santa Fe-Argentina)

YO NUNCA SERÍA

Yo nunca sería poeta oficial
ni oficial de caballería
ni caballo de bastos
(no bastaría la abierta latitud del cielo
latiendo en madrugadas)
Jamás madrugaría de sol hacia las muertes
ni moriría del amor que azota
No podría, aunque quisiera,
azotarme el hocico en los jazmines
ni hocicar, ni nacer
ni recostarme arriba de lo oculto
Mi corazón callado
ha establecido para siempre
aunque prefiera ocultarlo
que yo nunca
jamás, ni acá, ni en Jama…
sería un poeta oficial
ni oficial de caballería
ni caballo de bastos.

MIRYAM COLOMBOTTO DE SEIA
(Gálvez-Santa Fe-Argentina)

CONJUROS DEL ALMA

El viento desafora la noche y
la enquista
en mi cuerpo.
No puede llevarme. Todavía
no quiero ir.
Soy un mapa de recuerdos donde
envejecen los sueños,
y resisto
preguntándome porqué
resisto.
En algún lugar, en algo,
en alguien,
debe haber una ternura
donde hundir las uñas
para sostenerse.
Noche, hermana,
duéleme menos.
Aligera tu paso en las heridas
piérdeme el rastro.
Lejos
el viento destruye
todo lo que siento.

OSCAR ÁNGEL AGÚ
(Hercilia-Santa Fe-Argentina)

EN LA ORILLA

En la orilla de las cosas, de todas ellas, están los elementos, aquello que sustenta con su magia a cada una.
Buscamos esos elementos. Los buscamos, con todas nuestras percepciones, en el lenguaje del aire, en el de la tierra, en el del fuego, en el lenguaje del agua.
Y hacemos alquimia con nuestros gestos, con nuestras palabras, con nuestras imágenes. Estamos buscando el secreto de las cosas que es buscar el misterio de nosotros mismos.
En la orilla de las cosas descubrimos lenguaje por hacer, aires no respirados, vuelos ignorados, sueños no soñados, túneles a cavar y lunas a explorar, tierras ignotas, ausencias, migrantes, mundos subterráneos, lo no hecho aún, soledades, niños deambulando, sonidos a emitir y a escuchar.
En ese camino de los límites
desmalezando aires
aprendemos nuevas danzas, nuevos gestos
nuevas alturas,
encendemos nuevos fuegos.
Y la música, los gestos, las imágenes, las palabras
estallan en nuestras manos
se liberan
se hacen otro…
en la orilla de las cosas.

VERÓNICA CAPELLINO
(San Cristóbal-Santa Fe-Argentina)

MEDITATIO

Una está viva porque se perdona
no sabe cómo ni por qué
la vida cada día *
está viva
por insistencia, por obcecación
porque amanece y aunque duelen
los huesitos rotos
la piel responde al asombro
de este día
como al de ayer  al de mañana
y se abren  corolas
las preguntas.
Una confía
y está bien que confíe
aunque el instinto alerte de seguros
abandonos
de egoísmos en puerta
soledades en vilo.
Una está viva porque es tan intenso
ver vivir a los hijos
y porque se siente necesaria imprescindible
aunque el mundo bien pudiera  andar 
sin esta esperanza a trabajo forzado
 que es una a toda costa y sin desmayo.
Una cree que cada día será bello
aunque a mitad de la mañana
nada pase más que el tiempo
nada suene más que
el teléfono urgente
nadie  llame a la puerta
y la derribe
para entrar a saco en el derroche
de pasión y ternura que es la sangre
de una
tan terca en esto de vivir
y derramarse.

RUBÉN VELA
(Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

MENSAJE A LOS HOMBRES DE ESTE SIGLO

¿Es la poesía, acaso, el lenguaje de los impotentes,
la música celestial de los eunucos,
el ensueño de los débiles de espíritu?

Hombres de este siglo:
Contemplad la Palabra.

Leedla
en los muros que acumulan
descifrables memorias como gritos
reclamando
el pleno ejercicio del amor,
la libertad inmensa.

Buscadla
en aquellos rostros sorprendidos
que descubren de pronto
su condición de Pueblo.
El luminoso, único destino
del hombre aquí en la tierra.

Ved la Palabra
en ese niño hambriento
devorándose
los huesos que aún le quedan
de su propio esqueleto,
destrozando en llantos su futuro
al cual nunca arribará.

¿Sumiso, manso, domesticado el Poeta?

He aquí su Palabra.
Su salvaje alegría.
Su porfiada esperanza.

PÁGINA 4 – NARRATIVA

JORGE LACUADRA
(Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

LOS PERROS NEGROS

Nos arrastramos penosamente de trinchera en trinchera. Seguimos una ruta azarosa y fútil para evitar el fuego enemigo. Sobre unos montes lejanos vemos el resplandor rojizo de las posiciones de los morteros y cañones que nos enfrentan, inalcanzables para el alcance de nuestros pequeños fusiles. Nuestros uniformes están hechos jirones por los alambres espinos y la metralla. Nos deslizamos hacia cráteres que apenas cubren nuestros cuerpos. Difícilmente podemos resguardar las armas de la humedad. Nos consuela el hecho de que los pertrechos del enemigo también sufren bajo la persistente lluvia azul que cae regularmente a cada hora propagando su característico olor a manzanas rancias. En una profunda zanja pasamos por debajo de una destruida máquina acorazada, su transmisión oruga semienterrada en el fango, un modelo antiguo y gigantesco. Vemos sobre nuestras cabezas enormes bocas de fuego del tamaño de barriles asomando por las troneras cubiertas de óxido. Alcanzo a contar cincuenta cañones a cada lado de la máquina y me es imposible saber que otro armamento lleva en la parte superior, quizás solo lanzadores de Voladores y sus guías codificadoras. Al asomarnos a la siguiente zona de nadie los vemos. Quedamos inmóviles al borde de la trinchera, apenas asomados, nuestros ojos cansados incrédulos ante la visión. Pasan a la carrera delante nuestro, las enormes patas levantando lodo y vainas servidas. Son perros enormes, sucios y oscuros como la profundidad de un mal sueño. Veloces, babeantes y con el pelaje perforado por los espinos. Sus ojos muestran una determinación única y destructiva, una voluntad ajena a nuestra contienda. Ellos portan una guerra propia, su camino apenas se intercepta con nuestra marcha. Frente a todos ellos marcha él, el líder. Por un momento su carrera lo acerca hacia nosotros y un estremecimiento de terror nos paraliza. Su enorme cabeza gira por un momento y con un mínimo de desprecio nos relega a su olvido. Sus cuestiones son otras, más urgentes e importantes. De pronto quedamos nuevamente solos, bajo la lluvia y entre los temblores de la tierra, al resplandor de los fogonazos de los cañones. Apretamos los fusiles contra el pecho y continuamos hacia la siguiente trinchera. -



PÁGINA 5 – POESÍA ARGENTINA:  CIUDAD AUTÓNOMA de BUENOS AIRES

OSCAR ALBERTO MARCHESIN
(Buenos Aires-Argentina)

PASA TODO PASA Y VUELVE LO QUE ALGUNA VEZ FUE FUTURO

Pasa el viento del adiós a las cosas idas
Pasa y no retorna pasa el viejo pasan los trastos
Pasa el invierno y el próximo sol no es el mismo

Sumergido el sol en el océano del universo
Emergió descansado y frío se acunó en tus brazos largos
Y durmió las noches que demoró en secarse

Pasa el vientre hinchado de hijos pasan los hijos
Paso yo y luego vos pasa el cabello y ya no vuelve
Pasan los milicos pasa la yuta pasa un desaparecido
Pasan los curas y siempre vuelven los genocidas de la historia

Del fondo de la historia todos los pasados aparecen
En una pantalla de tiempo en la sala de los recuerdos
Los espectadores del destierro los fantasmas de siempre

Pasa tu voz de nena tus ojos nunca pasan de brillo
Pasan los abrazos y los besos las caricias las rayas en la piel
Pasan tus dedos en el intento fortuito de atraparme en el infinito
Pasan mis palabras que rellenaron tus vacios

De los confines del cielo que será el cielo de los infiernos
Surgen seres quizás inmateriales quizás innecesarios
Ángeles y diablos del continente perdido

Y cuando todo no pase te buscaré en la trompeta
Debajo del agua en los dedos adormecidos de tanto escribir
Hasta caer en esa esquina encuentro casual sin buscarnos
Sin sabernos vivos aún

Cuando nos tiraron de la Esma…
Pasan los dictadores pasa la picana
Que da risa luego de tanta cama de fleje oxidado y humedad
Pasan los helicópteros y ya no nos tiran al rio

Pasan tus caricias y ésas sí volverán
Hasta que te contenga para siempre
Pasa la eternidad pasa el tiempo de la vida
Pasa la gloria y la cobardía

Pasa el amor cuando nunca existió
Pasa la necedad de negarlo cuando se lo conoce y punto final
Sin obedencia de vida…

MARCELA IRENE PREDIERI
(Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Argentina)

HAY QUE ENSUCIARSE LOS OJOS

Hay que ensuciarse los ojos
y ver sus cuellos que se arquean
a abrasar la muerte
Hay que mirarlos
como árboles amarrados a sus huérfanos
entre el polvo y las barajas
A ellos
de hembra alguna
que tienen precio de orgía
y besan  en el agua
las huellas del deseo que saben mutilar
que sólo conocen la lengua de su espejo
Que no pueden evitar
ser soga de mendiga colgada a sus monedas
pan en la boca de un tigre
nudillos al borde de no importa qué plegaria manoseada
Hay que saber desnudarles el pellejo
sepultar sus rodillas
masticarlos como a hostias
desgastarlos como a un centavo ciego
y dejarlos inmóviles de tiempo
para ver lo que esconde la sepultura de sus cejas
y descubrir por fin
que lloran como cualquier mortal
y que como a cualquier mortal
la madre los traiciona
Y serán tan bellos cuando lloren
cuando los veamos morder con oficio de Dios
ese miedo de pájaro a subirse a los ojos de los gatos
mientras yo los araño

ESTEBAN IERARDO
(Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Argentina)

NIÑO QUE CORRE

Niño que corre,
por las orillas de las selvas,
por los humos del ocaso,
por la sangre de la cierva blanca.

Niño que corre,
entre la bestial ráfaga de lo estúpido;
entre blancos huesos en los jardines;
entre chimeneas y pájaros inertes.

Niño que corre,
sobre cerros de serpientes;
sobre el hipopótamo frenético;
sobre las ballenas de las melodías de agua.

Niño que corre,
dentro 
          de la ácida mueca del misil;
dentro 
         del violín desmembrado en las máquinas;
dentro 
         del húmedo sufrir del árbol;
dentro del cansancio. 
Sin fe en el renacer.

Niño que corre,
en los himnos del bosque;
en langostas que trepan hacia el relámpago;
en rocas que meditan en orgías creadoras;
en 
     uvas 
            que 
                  chisporrotean.
En 
      nimbados 
                     ojos 
                             de los dioses.

Niño que corres,
para que un artista
todavía sea
el que se burla de las tumbas.

DOLORES ETCHECOPAR 
(Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Argentina)

TÚ EN LA MADERA

quiero que vivas en la madera del violín del desierto
alguien da órdenes a la luna
pero nada resplandece
si me muevo es de noche
si no me muevo es de noche
en el silencio están cavando un túnel para matar
no me calma la sonrisa ni su fijeza
en los dientes cada vez más blancos
de las Azafatas y de los Ministros
ciudades amarillas negras me arrastran
de un cuerpo a otro de un tren a otro
de un hospital a otro
(las enfermeras traban mi corazón
y me recortan en forma de mano que grita)
no puedo reunir mi alma
carteles luminosos titilan crímenes
se está borrando del suelo
el leve tatuaje de la aurora
esta ciudad tiene muros
y hombres muertos en la niñez de los árboles
yo me hechizo con los agujeros del fin del mundo
pero tú en la madera
quiero que vivas en la madera del violín del desierto
qué sonido furioso mientras hablo
expulsa al narrador de la pradera
qué lanas durmientes abren ese cuento
comido por la nieve
hablo con el motín de los perros del silencio

y las rodillas nucleares de la aurora
hundidas en el agua de los secretos
pero tú quiero que vivas
en la clarividencia del furor de las hierbas
dotado de alegría
y de un habla de emergencia para calmar
el fondo de la noche
ahora que escuchas a una mujer
que cruza con sus medias de fuego
el aire cada vez más oscuro
ahora que incubas por última vez
el llanto de todos los hombres

HUGO MUJICA
(Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Argentina)

TRANSPARENCIA

Noche sin cielo
y lo más alto
es el nacer de la lluvia.
Sin un antes
ni un después,
en su puro ahora
cae la lluvia;
cae sobre el mundo
y algo,
algo otro que la duda o la certeza,
se transparenta sobre sus aguas.

LAURA YASÁN 
(Ciudad Autónoma de Buenos Aires-Argentina)

CAMBIAR LAS ARMAS.

A veces
un fulgor me hace libre
es un momento de ilusión
tan perentorio
que se come a si mismo
o tanto es el error

que encandilarse alcanza
pero
yo nunca fui capaz de perdonar

o abreviar en la fe
mas bien golpeo
mil veces sobre la misma piedra
y no hay quien me convenza
de que no va a gritar
pero
desde un tiempo a esta parte
llega la voz del altruismo
un discurso sumido en la vulgaridad
que al cuerpo
ya no le da descanso
cuchillería nueva a estas alturas
mis amigas

lo llaman madurez

PÁGINA 6 – NARRATIVA BREVE

JORGE M.TAVERNA IRIGOYEN
(Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

CONTRATOS

Saber o no saber: esa es la cuestión. ¿Sabe él que forma parte de nuestra familia? ¿Siente que yo soy su madre? ¿Y que no está en cualquier parte, sino que ésta es su casa? Hace años he firmado un contrato con la angustia: desde el día mismo en que Dios me confirmó que Aurelio era autista.



Es un contrato de eternidad. Y le dan un escarabajo de oro, para impedir que le devore el alma la diosa Ammit. Ella lo encierra en su mano izquierda y mientras un espejo de luces la refleja, siente dentro de si el aliento de Tutankamón.



El contrato de alquiler dice clarito sin perros. Se muda tranquila, con su dulce jirafa.



Rompe el contrato en ocho pedazos y se sienta a reflexionar. Después de todo, no tenía obligación de firmar. Y las cláusulas al pie, con letra chica, no se entendían del todo. Sale de la inmobiliaria y ahí sí se pregunta si fue al sitio indicado para alquilar su vientre.



Firma y abona la primera cuota. No sabe cuándo podrá concretarse el vuelo a la luna. Pero de lo que sí está seguro es que desde hoy prestará otra atención a los ovnis. Y abre la primera página del Código del Astronauta.



Colocan dos estampillas al contrato y le entregan un ejemplar. Llega a su casa y lo guarda en un ropero, sin precisión de sitio. Total da lo mismo. Si lo pierde, igual tendrá que responder con su vida y su fortuna. La portada lo dice claramente. Renuncia a la identidad y a los derechos civiles, en beneficio de los hijos no reconocidos.



El contrato fue firmado cuando era adolescente. Entre ella y su padre. Jamás entraría otra mujer a la casa. Y tampoco un hombre. Se entenderían los dos, se cuidarían los dos. Ambos tuvieron que sacar fuerzas de muy adentro cuando los males arreciaron. Un día, sellan la puerta de la cocina. Y al siguiente, desconectan la luz. Entonces, dando por cumplido el contrato, se acuestan a esperar.



Fue un error firmar contrato con la Sociedad Protectora de Animales. El circo bajó la carpa al mes. Lo que ocurrió después fue increíble. Los animales iniciaron juicio por despido, pero a los de la Protectora el litigio se les dio vuelta, como un bumeran.
Entonces fue que tigres y elefantes, monos y panteras iniciaron reclamos, con cortes de calle. Al fin, con animales por todos lados, el juez falló que la carpa volviera a su lugar.



Sabe bien que los robots no soportan niños. Lo contrata para tareas de la casa, en horas en que están en la escuela. Un mal día al robot se le ocurre barrer la vereda y una pelota de los de la canchita le pega en la frente. Entonces se da un terrible descalabro de placas y tornillos. Y lo peor: al buscar el balón y verlo tendido, comienzan a descuartizarlo sin clemencia. Hoy, la primera plana del diario local registra extraño crimen en el barrio La Paloma.

PÁGINA 7 – POESÍA ARGENTINA: CÓRDOBA

ERNESTINA ELORRIAGA
(Córdoba-Córdoba-Argentina)

NIÑO SIN CIELO

El sol
en refucilos de fuego caía
sobre el cartón y el zinc
ajeno
ajeno al corazón del niño
que en un averno en una pieza de dos por dos
en un lugar sin nombre y sin orillas
en un lugar despiadado
en un lugar de la tierra donde el nylon se hace flor en el barro
y el agua jabonosa es un río maloliente
el niño crece un niño crece
mientras en el rostro de su padre
la sombra dibuja el espectro de los
caballos que murieron de sed en el diluvio
la sombra del miedo de la rosa
la sombra del pan
el niño ve
el niño ha visto a su padre
mirando el chaperío
los ojos desprendidos del cuerpo
buscando el cielo
el niño ha visto
por eso cuando su padre amaneció
con los ojos en blanco y un pétalo rojo le pintaba los labios
él supo que era tarde
que la pena guardada se iba hacia la nada
como un barquito de papel
cuando la lluvia cesa
después
vio que a las palomas
les crecían espinas en los ojos
tenía trece años estaba en la calle
mirando el cielo
la bolsita de pegamento apretada en la mano
como si fuera aún la taza de leche
tenía los ojos verdes
pero el desamor es un lobo con hambre.

CARLOS GARRO AGUILAR
(EL Fortín-Córdoba-Argentina)

AROMAS

Íntimo aroma de ti.

Fuera, el viento del verano
dispersa el clamor de los astros,
los recónditos mensajes nupciales,
el grito de los zorros,
los chasquidos de aletas nocturnas
que suben desde el agua.

Lava oscura, iridiscente,
desde mis huesos viaja hacia tu sangre.
Y tú como una lámpara
concitas en los labios, ese candor
que arde en mariposas,
la fragancia del fango después de las tormentas,
el temblor imantado del aire,
el himno inapelable de la tierra
rasgada por la lluvia.

Íntimo aroma de ti:
Oh sedoso animal de la jauría.

Guarece en la herida de tu vientre
esta daga de amor y de locura.

SUSANA CABUCHI
(Jesús María-Córdoba-Argentina)

VISITA AL PURGATORIO

El cartel anuncia
“El Paraíso”.
Aquí están
la directora del colegio,
la fundadora del Teatro Vocacional,
el carnicero,
el prestamista, el notario.
– Si madre,
traigo galletas,
sacaremos una mesa,
jugaremos a la confitería,
tomaremos el té.
Las pequeñas carrozas
– trípodes, andadores,
sillas de ruedas –
giran.
Aferrados al pasamanos
los caminantes
repiten la peregrinación,
como antes en la plaza,
ahora a orillas de la ciudad,
a orillas de la vida,
con las máscaras de la vejez,
y con pesados trajes, marchitos.
– Si madre,
soy la tía Emma
y también soy Susana.
Entre sombras
la comparsa emite
entrecortados llantos, gemidos secos.
– No madre, sus padres
no la olvidan,
están muy ocupados.
Cuando puedan
vendrán
con un ramo de rosas.

LUIS ALBERTO AMBROGGIO
(Río Tercero-Córdoba-Argentina)

EL POEMA DE LOS CUERPOS

Ved el poema de los cuerpos
de los dioses que se aman;
cómo se encajan y completan
en sus recodos secretos,
la posesión carnal
de un jardín divino.
Ved el poema de los cuerpos.
Miradlo en sus curvas nítidas y firmes,
suaves obras maestras habitadas en fuego.
Ved las piernas entrelazadas de amantes,
sus brazos encerrando la cariñosa esfera.
Oid como se golpean con ruidos de olas;
el corazón abierto y la vida que los penetra;
un todo de ser vertiginoso canta latidos,
roce de cielos, volcanes de sudores dulces,
arriba y abajo de los montes.
Ved el poema de los cuerpos,
el esbozo de multitud en sus líneas,
la piedra de sangre, el sol negro,
los pasillos de seda, pieles unísonas.
Recorred el poema con el lenguaje del tacto,
en la luz desnuda de la noche
acariciad el alma detrás de los ojos,
gozad el gusto supremo de frutas maduras
y volved una y otra vez,
con la fuerza del amor, con sed, con hambre,
lluvia y flores de sol y vientos,
con aromas de sílabas, a su belleza...
al exacto poema de los cuerpos.

SONIA RABINOVICH
(Barrio Villa Belgrano-Córdoba-Argentina)

ESCRITO EN LA ESPALDA

XIV
 
Se abrieron las ventanas.
El viento armó las cortinas como velas.
Ël estiró su cuerpo.
Ella quedó fetal sobre las sábanas.
 
La pequeña muerte, dijo
o no lo dijo.
Los signos le pesaban sobre la mente en blanco.
Los cuerpos fueron cuerpos
y el vacío ocupó lugar
en la gargante.

MANUEL LOZANO
(San Francisco-Córdoba-Argentina)

PLEGARIA

Crucificado en el árbol de la ciencia del bien y del mal,
adormezco el llanto con rumores
que obstinan mi oficio de profanador.
Quítame el reflejo de este aparecido.
Herrumbrosa azucena, no dejes caer
la lúcida sangre del crimen.
En tu cueva de ahogados, él se viste de luto.
¿Cuándo bajaremos?
En el declive encuentras el trébol venenoso,
los postigos raídos de esa puerta
que ya nadie abrirá bajo guirnaldas.
Linajes de fragmentos quemados
colocarían sobre el pedestal de la separación.
El labrador invoca la sombra derritiéndose
en las patas del lobo.
Nunca lo pliegues contra tu áspera carne de Adán.
Fueron largos años de exilio y migraciones.
¿Quién canta entonces prosternado en el jardín?
¿Y quién se trepa a su lápida futura
con el viento feroz entre los médanos?
Déjame la intemperie, la incerteza lujosa
del vuelo de la herida.
Arrópame en ese traje de lastimaduras.
¡Que no vean los gusanos a trasluz del rocío!
Hijo del desierto me llamaban.
Desfigúrame con alacranes de seda.

PÁGINA 8 – ENSAYO

GLORIA CEPEDA VARGAS
(Santiago de Cali-Colombia)

DESHUMANIZACIÓN

La partícula des equivale a un prefijo inseparable que significa negación, oposición o incapacidad para experimentar afecto, comprensión o solidaridad con el semejante. Y si lo añadimos  a la palabra humanización, tendremos una definición  atinada de nuestra conducta y la explicación del desbalance endémico que nos aqueja: la cojera del alma. ¿Qué significan humanidad y sus derivados? Elemental mi querido Watson:  intentar despojarnos de nuestros zapatos para calzarnos las alpargatas ajenas a ver cómo nos va. El cambio de calzado equivale al bíblico “Ama a tu prójimo como a ti mismo”,   o  al  popular: “El que no carga la carga, nunca sabe lo que pesa”. Son sinopsis o recopilaciones de la verdad  que no obstante habernos acompañado desde el vientre materno, se niegan a formar parte de nuestros manuales de urbanidad, por no decir otra cosa.
Más allá de  piruetas semánticas  o  morfológicas, la palabra deshumanización es un leviatán salido de madre. A fuerza de orearlo, se destiñó  para adquirir un gris inofensivo y su cara de yo no fui cruza desapercibida  cualquiera de sus apariciones en sociedad.
A pesar de haberse echado al pico vidas, honras, fortunas, futuros, presentes y pasados humanos, la deshumanización continúa inimputable. A pesar de contar en su haber con el 99,99% de la desventura planetaria, trisca impávida en los campos en flor; no obstante los vientos que aúllan,  se ríe socarronamente de  excomuniones,  cábalas  y  jurisprudencias.
La deshumanización posee  poder de transformación a prueba de alquimia. Si asesina a sangre fría, será en defensa propia. Si agrede el equilibrio del planeta, demostrará una capacidad  visionaria que envidiaría Galileo y si mete la mano en el tesoro público, lo hará de guantes y pasamontañas. 
En su prontuario hacen cola, entre otras hazañas dignas de recordación, el holocausto nazi, la satanización femenina, los mercados negreros, la violación sexual, las  santas hogueras  de la ídem    Inquisición, la sordera del poder y el capital, la idoneidad del eufemismo, las EPS y el salario mínimo en Colombia.
¿Qué intentaste decir León de Greiff con aquello de los trujamanes de feria y gansos de capitolio  aplicados a la actitud humana? Pues casi nada, la deshumanización ataviada con  dos de sus más viles antifaces: el servilismo y la hipocresía.


PÁGINA 9 – POESÍA ARGENTINA: BUENOS AIRES

ANA MARÍA GRANDOSO
(Carmen de Patagones-Buenos Aires-Argentina)

CISNES

Una bandada de cisnes todos blancos voló, rasante, sobre el río.
Dieron vueltas haciendo un óvalo, dos veces, frente a mí.
Luego, recuperado el rumbo, se enfilaron uno detrás del otro, hacia el sur, siguiendo el curso del río.
El Bolshoi copió esta coreografía.

CARLOS BARBARITO 
(Pergamino- Buenos Aires-Argentina)

SI SE RESPIRA ES POR UNA GRIETA

en el muro, por un agujero
en la red, por una falla
en la masa que a todo cubre.
Hay relámpago en el pan.
Hay ácido en cada palabra dicha
o callada luego del amor y la lluvia.
Todo se encamina hacia el vacío,
todo se vacía, entre risas y ruidos.
Los niños juegan a la muerte y mueren.
Sólo el viento no muere, sopla
contra una casa vacía
desde la que sin embargo
salen gritos.
Un perro ladra,
tendrá la palabra algún día.

LAURA BEATRIZ CHIESA
(La Plata- Buenos Aires-Argentina)

CONCIERTO

El violín repetía virtuosos acordes
y, la mano que lo excitaba,
entretejía movimientos exactos.
La mejilla captaba vibraciones ansiosas.
El oído decodificaba sonidos
de un arco frágil y seguro
que compartía, con su propio dueño,
apostando al acierto.
Llegó el final del compás.
El pentagrama acordó,
con el violín, la llegada del silencio.
Los aplausos –en su delirio- accionaron el telón
y el aire, gozoso, quedó allí
esperando un nuevo movimiento.

JOSÉ MARÍA PALLAORO
(La Plata- Buenos Aires-Argentina)

OTRA CASA
de un cielo gris con destellos

anaranjadamente oscuros
los pájaros de la tarde

caen
vacíos

sin peso
como hojas

que sopla
la muerte
quizás queriendo otra casa

LAURA CALVO
(Laprida-Buenos Aires-Argentina)

Criatura sobrealimentada
Cocina el caracú, mi abuela
y me lo da con sal
en el pan fresco que yo le traigo
La panadería es mi mandado
y me gusta
Flautas, flautines, mignones, rosetas
desbordando canastos
enormes como bañaderas
Pan para todos
pan a montones
polvo de harina en la trastienda
los hornos tibios aún
los gorros blancos dados vuelta
¡Un kilo de pan
cuesta menos que cualquier otra cosa!
Yo aliviano la bolsa a pellizcones
mientras vuelvo a lo de mi abuela
y su olla
Ella consiente mi delito:
le pone médula para que yo engorde

ANDRES MONTENEGRO
(Bahía Blanca- Buenos Aires-Argentina)

CERRANDO CUENTAS

Si me financias la deuda de besos no dados
te firmo un pagaré por todos mis errores,
si dejas de tenerle temor a los temores
prometo entregarte mi amor al contado.
Pero si al momento de hacer el balance
desparramas en mi mesa todos tus recibos,
habrá que condenar la pasión a un archivo,
no habrá tiempo de olvidar que nos alcance
Dime en que estación nos detuvimos,
me bajaré a buscar otros caminos,
a encontrar en otra piel un buen cobijo
Ya no podemos sumar lo que perdimos,
nos ha cerrado la cuenta el destino
y no quiero mas tu amor a plazo fijo.


PÁGINA 10 – NARRATIVA

SONIA CATELA
(Ceres-Santa Fe-Argentina)

PLANEANDO EL GOLPE


A las cuatro de la madrugada -¿les parece hora?- la cita en los baños de la Terminal. El frío no importa, ni el mal olor; fingir es lo molesto.
Esta vez apelan al falso pretexto de la homosexualidad, caricias, seducciones, mientras los pasajeros entran, se codean con burla, salen, en tanto ellos, integrantes de la Célula, coquetean sin suspender su atención que no se desvía de los carriles "ferroviarios" enfilados a la acción, a estrellarse contra el objetivo, el atentado que planean.
--¿Es propiamente un "atentado", Lucas? Creo que suena demasiado presuntuoso.
--Ponele como quieras. Lucas clama un beso de: "fíjense, ése nos mira".
--Elegiste mal este teleteatro -continúa Angelo--. No me gusta, no quiero faltarles el respeto a los "diferentes". No soy la maldita medida de todas las cosas.
--Sigamos con el plan. Hay que despistar, no importa cómo.
--Creo que el cómo hace al caso. El fin no justifica los medios.
Pero ¿y este maldito policía que irrumpe en los sanitarios?
Se disimulan como abanico cerrado: --Rápido, rápido. Si nos mete en su pala, directos al basural de la comisaría y chau atentado. Escondámonos en el baño antes de que nos vea.
El agente invade el recinto, empuja a los codazos a todo el que se le cruza, se manotea la bragueta; un botón se traba al querer abrir el ojal, lo arranca, libera por la fuerza la puerta final de su compuerta y descarga la vertiente que inunda el mingitorio.
Ya aliviado, ojea el panorama circundante, escupe en la pileta, se lava las manos, extrae y enjuaga su instrumento urinario, lo acomoda dentro de la bragueta abierta, codea, parte.
--Gente, podemos seguir. Ya se mandó a mudar.
Los que diseñan el "operativo" se han puesto incluso este nombre de combate, "Célula 4161". Y el plan se ejecutará el sábado a la tarde, día en que no tienen clases en la universidad ni obligaciones laborales.
Lucas hasta se trajo una peluca rubia de mujer, senos postizos y labios pintados de rojo, pero los otros dos le impidieron que "montara semejante show".
--¿Te parece éste el sitio para diseñar la táctica de un operativo?
--Ideal.
--Andate a la mierda.
--Mejor afuera, nos sentamos en un banco de la plaza y acabamos con la coordinación de una vez.
El atentado irá directo contra las mandíbulas del nuevo Presidente, pasado mañana, y arman el montaje bajo la espesura de un sauce.
--Asistirán las cámaras amigas del canal 15, Reinero nunca nos falla, filmarán y difundirán, ya nos lo confirmó. Calazans también se ofrece para desempeñar el rol, es un genio como actor.
Acuerdan, organizan, llega la hora de la acción.
En el basural, donde -en los bordes despejados por los flamantes vecinos- se han levantado casillas de latas, hola Pepe, hola, se instalan micrófonos, se agrupan los periodistas y se reúne un grupo de manifestantes con carteles, finalmente llega el auto "presidencial" (costó conseguir uno casi igual) y los guardias de seguridad.
El nuevo "Presidente" camina entre el cordón de aplausos, toma el micrófono y anuncia que ha venido a inaugurar la primera de una serie de Villas Miseria en curso que se erigirán a lo largo y ancho de todo el país, casa habitación de los nuevos desocupados, y "aquí y ahora ustedes tienen el honor de sentar el precedente de esas obras cuya concreción constituye un compromiso, y cuenten con nuestra palabra en cuanto a su cumplimiento".
Todos se tragan las risas, aplausos, Calazans perfecto en su rol presidencial, tan bien caracterizado con su maquillaje de actor que parece el clon del mandatario, corta las cintas, promete más, muchos más emprendimientos de esa naturaleza, la noticia explotará por las redes sociales, habrá desmentidas del gobierno, pero como la Célula cuenta con un colaborador infiltrado que conoce la agenda del Presidente, el que les confirmó que éste se halla en un encuentro clandestino y no podrá demostrar dónde se localizaba realmente en ese momento de la inauguración; el impacto, mi querido Angelo, será irreversible; nadie borrará su primera impresión, lo que se añade a las idas y vueltas del nuevo gobierno, sus mentiras reiteradas.
Y los tres de la Célula, estrenando una flamante cesantía en sus cargos en el Museo de Historia, terminada la ceremonia, siguen recogiendo hojalata y armando lo que ha de ser su nuevo hogar en la Primera Villa Miseria de la Alegría del país.


PÁGINA 11 - POESÍA ARGENTINA: NEUQUÉN

SILVIA MELLADO
(Zapala-Neuquén-Argentina)

POESÍA EN ROLLO

2.    A las siete vi hombres borrachos 
zigzagueando entre la ruta y la banquina cada
tantos metros también vimos aparecer mujeres
que hacían dedo en las encrucijadas esperaban
el transporte destartalado con hombros cediendo
a la gravedad llenas de hijos manifiestos del arte
enfermo ellas emergían como ese relieve extraño
que se forma en la corteza de un árbol una obra
raramente hermosa salida de un cáncer,
la defensa bella de algún lacerado.

RICARDO COSTA
(Neuquén-Neuquén-Argentina)

DESEO

Bordea la muerte con tu lengua en mi boca.
Que el alma se desgarre como un hilo de pétalo hasta morir.
Que mi vientre empalme a golpes el tuyo y de los cuerpos
se venga el colmillo del demonio, la sangre del ojo,
los desdos que te abran y la fiesta se convierta
en un banquete para devorarte, para comerme en el cielo de tu piel
Que luego las bestias revuelquen en la grasa de los cuerpos
el deseo y ya hartos, arrojados al descanso de alguna sombra,
te pregunten si lo amas: si existe cierto sabor
que se aproxime al amor.
Que no contestes.
Que un beso antes del cigarrillo le descarne el corazón a Ricardo
y que Ricardo ruegue: “que alguien quiera matarme”.
Y ella, sabia como una hembra echada a su lado
caliente sus manos, lo arroje bajo el rocío
y le desee una vida eterna.

MARÍA GUILLERMINA WATKINS
(Neuquén-Neuquén-Argentina)

DEL OTRO LADO

Del otro lado del río
está aquella que pude haber sido

de este lado
la que soy
que desea sacarse de ella misma

como una piedra en el zapato
como la misma piedra

MARIO ÑANCUPE
(Cutral-Co-Neuquén-Argentina)

OTRA MADRUGADA

El sol asomó en la ventana,
la mujer beso al niño en la frente,
salió a la calle como todos los días,
como todas la madrugadas.

En el puente, el reclamo
y rostros cubiertos la esperaban,
el humo no deja ver los gritos,
de bocas rojas, ensangrentadas.

Un sonido salto la zanja,
cortando una de las ramas
del árbol de la vida.
cayó de perfil, recostada,
en la tierra que la vio nacer una mañana.

En angostos pasillos del alba,
la cabeza sobre la almohada
tendrá sueños nuevos,
mientras otros llegan desde la otra sala.
Las existencias se abren paso.

Teresa volverá a besar al niño
en otras madrugadas.

ANALÍA LAURA NORAK 
(Picún Leufú-Neuquén-Argentina)

CAYENDO POR UN TUBO

Llegó en un inmenso auto blanco.
Él era un bello animal azul,
ojos azules, saco y pantalón azules
y sangre azul,
yo no podía caminar
así que me deslicé hacia él
como cuando una cae por un tubo.

Se bajó y me dijo:
- echale 5 pesos de común, piba -
después dijo algo sobre “trabajo de hombres”
y agregó “hasta a despachar nafta se han metido...”,
y al fin se fue el mugriento,
en su destartalado
y miserable cascajo.

ALDO LUIS NOVELLI 
(Neuquén-Neuquén-Argentina)

MUNDO CONTRA MUNDO

matria
la conocí una lejana mañana
que flameaban banderas.
hablamos en bares y bodegones
durante un tiempo rojo.
una noche en una calle oscura
le acaricié los senos.
nos amamos una tarde
cerca del basural
mientras sus hijos buscaban comida.
sigo enamorado de sus despojos.


PÁGINA 12 – NARRATIVA

FEDERICO FONTANA/SOL BARRIONUEVO

(Rosario-Santa Fe-Argentina)

LO QUE UN VERANO

Acabamos de llegar. Nos dieron las llaves y estamos las cuatro frente a la casa. Ninguna se baja del auto. Nos quedamos mirando un rato el frente, el pasillo que lleva al patio, las ventanas abiertas y las cortinas blancas, tal cual se veían en las fotos por internet. Mariana dice algo de los bolsos pero no la escucho del todo. El ladrido del perro me distrae.
Adentro la casa es un tanto apretada. Tiene un living estrecho con dos sillones y un televisor y una mesa frente al hogar, dos o tres cuadros particularmente raros y un centro de mesa con flores artificiales. Después la cocina, con una mesada cómoda y un mueble aparador para guardar algunas cosas. Tiene una ventana pequeña desde donde se ve casi todo el patio. Al correr las cortinas me quedo mirando el parrillero, la soga para colgar la ropa atada de árbol a árbol.
Mariana entra y la escucho decir algo del perro, que por favor lo haga callar. La miro a Lisa y le pido que se ocupe de él.
--Hacé algo, insisto
Ella rezonga pero entiende y lo alza. No sé qué tiene ese perro, pero a mí también me está empezando a molestar.
Bajamos los bolsos y acomodamos las cosas. Cuando terminamos ambas nos miramos, Mariana y yo, y sonreímos, casi inocentes, casi absueltas. Lisa y Ana abren sus bolsos y desparraman varios juguetes que eligieron traer.
Después de comer nos tiramos a descansar un rato, viajar tantas horas en auto siempre nos despabila y luego caemos todas rendidas. Arriba hay dos habitaciones con un techo de madera inclinado, la misma construcción que casi todas las casas de este barrio tienen, con techo a dos aguas, lo que hace que me tenga que agachar un poco. Lisa dice que no quiere dormir, que quiere quedarse con su perro en el patio. La miro a Mariana y ella asiente, como decidiendo por mí. Y Ana qué va a hacer, le pregunto. Lisa alza los hombros y se aleja de mi vista, rumbo al patio.
-Dónde está Ana, le pregunto a su mamá
-Se fue a caminar un rato, dice Mariana. Después de comer siempre sale a caminar un rato.
La miro e intento decirle que no, que no está bien. Ana tiene 9 años, es muy chica para andar sola por la calle y más en un lugar desconocido. Es un pueblo, en realidad estamos en un pueblo, con calles de tierra y mucho silencio, se escuchan más aves que autos o personas. Sí, eso me parece más siniestro, vuelvo a pensarlo, no está bien que Ana camine sola. Mariana dice que sabe cuidarse y que no corre ningún peligro.
Apoyo la cabeza en la almohada e inmediatamente me vienen imágenes de la ruta, de los 800 kilómetros que anduvimos la noche entera para llegar temprano al mar. De a poco todo se vuelve lejano, los recuerdos se hacen pesados y me quedo dormida. Pasan algunas horas. Cuando despierto la luz que me llega por el ventanal de la habitación es tenue. Siento como si el día ya fuera a caer. Dormí mucho, pienso. Escucho al perro ladrar. Me levanto y camino por una especie de buhardilla que hay entre las dos habitaciones. Está vacía. Es un espacio muerto que podría usarse como sala de estudio u oficina, pero está vacío. Entro al baño, me lavo la cara y no encuentro toalla. Pienso en Lisa y en que seguramente ella la sacó de su lugar. Salgo y antes de entrar a la habitación la veo a Ana sentada en un rincón, con la cara sin gestos descifrables. Me sorprendo, parece estar asustada pero no lo sé realmente.
--Hola Ana, le digo, viste la toalla de manos que dejamos en el baño
Ella no contesta. Mira el suelo y al levantar la mirada me sonríe.
--Estás bien, le pregunto.
--Sí, responde, y desvía ahora sus ojos hacia la ventana.
Voy a buscar una toalla a la habitación, me seco la cara y salgo. Bajo las escaleras y antes de llegar la escucho hablar a Ana. Retrocedo varios escalones y quedo con la mitad del cuerpo por sobre el piso. Ella sigue sentada con la espalda apoyada contra la pared.
--Dijiste algo, le pregunto.
Le toma unos diez segundos levantar la cabeza, mirarme -no sé qué le pasa a Ana, pienso, estoy expectante y ansiosa- y cuando lo hace me sonríe de nuevo, esta vez mostrando los dientes, como si fuera un animal a punto de atacarme. Yo seguía allí, a medias entre subir o bajar, entre convertirme en su cómplice o zafar del asunto. Y entonces algo en el profundo y oscuro reposar de Ana me hizo subir, sujetarla de los hombros casi zamarreándola y preguntarle, qué te pasa nena.
--El perro, me dice, el perro.
--Qué, qué pasa con el perro.
Y levanta la mano derecha, pasándose el dedo índice por sobre el cuello, de izquierda a derecha. Al hacerlo su boca profiere un ruido extraño, como suena un plástico al cortarlo con un cuchillo. En eso Mariana sale de su habitación, también entre dormida. Me quedo mirándola y le hago una seña con la vista, marcándole la presencia de Ana.
--Hola hija, dice ella, y se va para el baño, sin sospechar de la escena que en mí se volvía insoportable.
--Calmémonos Ana, le digo, al tiempo que escucho un grito que viene de afuera. Es la voz de Lisa, no puedo escuchar qué dice pero lo vuelve a hacer otra vez. Mariana sale del baño agitada y baja las escaleras tan rápido como puede. Ana está inmutable y a mí se me empieza a secar la boca. Oigo la puerta de calle que se abre y luego un portazo.
--Ana, por favor, decime qué pasa.
Se muerde los labios como si sus propios dientes no la dejaran hablar. Por fin me dice:
--Acompañame al patio y bajá despacio las escaleras. Vamos juntas, atravesamos la cocina en un movimiento que me pareció eterno y convaleciente. Mi boca estaba seca. Pasé por al lado de una botella de agua pero no atiné a tomarla, no podía ocuparme de ello, no ahora. Ana pasa por delante de los arbustos que están al fondo de la casa, camina despacio, sin apuro. Mariana me llama, puedo escuchar mi nombre en la voz de Mariana. Me detengo, la miro a Ana y resuena el eco del otro lado. Es un instante, me inhibo en la acción y no puedo caminar. Ana sonríe y se toma de una rama del árbol. Se columpia y la señala a Lisa que está desenterrando algo de un pozo, con sus manitos pequeñas y frágiles.


PÁGINA 13 – POESÍA ARGENTINA: LA PAMPA

ADRIANA MAGGIO
(Anguil-La Pampa-Argentina)

MASTICAR RABIA

Cuando cae la noche
sobre los cristales
y sobre los lápices.
Cuando el árbol pierde
su cuerpo
y desborda sombra
sobre las raíces.
Cuando las abejas liban
sangre,
como mosquitos
y los guerratenientes
juegan a los dados
con los ojos
de los perseguidos
(ahora ven,
ahora no ven,
ahora nos ven).
Cuando la vida y la muerte
corrompen el aire.
Cuando callan los números
y los astros
y los dioses
y no hay voz que dibuje
la forma desconocida
de la confianza.
Ellas cavan un cauce
en el desierto
y se hacen río
antes de que salga el sol.

SERGIO RAÚL ROSSINI
(General Pico-La Pampa-Argentina)

NO SÉ AÚN

…y yo no sé aún
cómo te cuida el aire de la madrugada cuando estás dormida…
Una sola vez miramos juntos la luna,
pero no nos dimos el tiempo que hacía falta
para dejarla correr por el cielo hasta el final de la noche.
Así que tampoco sé cuál es el peso de tus párpados
cuando se entregan, vencidos de tanto mirarme, a la tregua del sueño.
Ignoro los sueños de tu sueño. El ruido del mar en tus manos quietas.
Las olas. La profunda soledad de tus caderas
cuando se apartan, por fin, del ir y el volver de las mareas.
Así son tantas las cosas
que todavía no aprendieron mis ojos, que aún no sabe mi piel.
Tampoco está en mis pies el calor de tus pies.
Y en el vacío de mis manos está presente la ausencia de las manos tuyas.
Entonces mi cuerpo pregunta,
cómo habría sido el reposo entre tus sábanas nuevas, cómo habría sido el tiempo, cómo los pájaros dormidos,
cómo tu cara sobre la almohada, cómo nuestro destino?

ANAMARÍA MAYOL
(Victorica-La Pampa-Argentina)

LA MUERTE

La muerte es el pretexto de los sueños
un cóncavo vacío y silencioso
un trozo de palabras mal habidas
y una certeza al fin
sobre la vida
La muerte es un enigma
indescifrable
un paso hacia el abismo
de tus ojos
un hasta luego del después
un descuido sin sombras
que te nombren

SERGIO DE MATTEO 
(Santa Rosa-La Pampa-Argentina)

LA ESTACIÓN DE PECES DIÁFANOS

Más oscuro en lo oscuro más desnudo estoy
Paul Celan

I

la yema del dedo va deteniéndose

durante difusos instantes sobre el filo de la piedra
entretanto la mirada se extravía en la distancia
en esa línea que inventa el horizonte
donde jamás se detendrá el fundamento del sol
donde siempre navega la barca de la añoranza
pero insiste la mano con su sinuoso recorrido
yendo y viniendo por la arista monocorde del mineral
yendo y viniendo
como buscando algo perdido
como buscando algo
como buscando

II

la memoria

se sostiene bajo la lumbre de una candela
se sostiene oscilante aunque no se la distinga
junto a otras luces artificiales
pero la memoria
permanece persuasiva y vital
en la noche donde los corazones puros todavía no suelen ser vencidos

III

tanto hemos conversado de lenguajes ultrajados

tanto que los preciosos vocablos gotean sus tenues filamentos de oro
aunque en las almenas fueron escandidos por imperios de hierro
todavía fulgura en la condenada ausencia su impronta vegetal
oh diáfanos peces oh plumajes multicolores de aves solares
lejos de la rapiña humean tribulaciones de tigres subterráneos
telares que siguen tejiendo el canto de los pájaros de cristal
[de miguel ángel bustos
aún hoy en el fondo de aquellas arcaicas canteras trasudan los poetas
por eso el escriba quita los pernos de las puertas que custodian
[el silencio
camina a tientas hacia toda pérdida hacia todo encuentro

TERESA PÉREZ
(Santa Rosa-La Pampa-Argentina)

Pellejo de los montes despeñadero de alas
fue otro decir tristeza
el abra igual que astilla
querida de la luna.
Tu hacha maidanita cortaba serpentina
raramente en el aire
volvía de los hombres con los rostros caídos
sin decir un tormento
para llorar con ellos.
La boca de tu sombra se durmió sin alero
para guardar la frente
ni bisagrón de lata con que arrimar la puerta mientras los niños duermen.
En la cuerda del tiempo se lee claramente
una era de puñales que levantaban toldos
para poner la copa vaciada del abrigo
(Recuerdo de las ollas las manijas azules
-la púa del invierno clavada en los talones-
cuando la inmensidad campea en la pobreza
de atravesar picadas
y un hombre congelado en su espina de hielo
no cabe en la frazada de su propio esqueleto
mirado desde lejos).

EDGAR MORISOLI
(Santa Rosa-La Pampa-Argentina)

RAPSODIA DE LOS OLVIDOS

Desde las tornadizas riberas del Popopis
al austral Onashaga (después nombrado Beagle),
¿Qué cosa habrá que no se llame Roca?
Pueblos, ciudades, calles, avenidas,
lagos, ferrocarriles, ventisqueros, quiosquitos
de mala muerte, escuelas, bastas jurisdicciones
territoriales, cerros, colonias, fiambrerías
de especiosos efluvios, plazas, cines, hoteles,
todo lleva su nombre.
(Julio argentino al frente, y a sus flancos
Rudesindo, Ataliva.)
Frente a notoriedad tan abusiva,
conviene recordar
un inicuo episodio a menudo olvidado. Me refiero
“Arreo de indios” (aunque el rótulo
que consignan los partes sea: “Traslado
de prisioneros”. Impecable. Neutro.)
Eran hombres rendidos: se habían entregado
a la Nación. La “chusma” –es decir, sus familias,
con ellos las mujeres, los ancianos, los niños.
Pasaban de seis mil los “sometidos
al gobierno”. E igual fueron arreados
hacia lo que llamaban los “Depósitos
de prisioneros” (Chos Malal, Valcheta,
Malargüe, Trenque Lauquen, Villa Mercedes o Martín García),
de a pie, por centenares de leguas, sin descanso
ni compasión. Caían al borde la huella
los enfermos, los viejos, los exhaustos. Las madres
próximas o recientes. Y caían
para no levantarse. Los dos tercios
murieron en la marcha, rematados
a cuchillo o a bala. Así contó Rosario
Unepeo. Así también contaron
Félix Manquel, Laureana Nahueltripay, Antonio
Kalcuer... son testimonios de sevicia,
páginas de vergüenza. Por ellos, para ellos,
vaya esta trova que ojalá cobijen las guitarras del Sur.



PÁGINA 14 – NARRATIVA

ROSITA FASOLIS
(Rosario-Santa Fe-Argentina)

FRANCISCO SIN ASÍS

           Ya ni recordaba cuánto tiempo hacía desde que dejara el rancho, las sierras, la sequía, la familia, el hambre; o a Pedro, el mellizo que había emigrado con él. A veces pensaba en todo aquello, pero no por más de algunos minutos, acaso porque le dolía el tener memoria. Recordaba, sí, como para hallar algún consuelo a su éxodo, el hambre, tan intenso que hacía retorcer  el estómago, y que allá en las sierras Pedro y él atemperaban andando leguas y leguas hasta algún bosquecillo donde cazaban pájaros, y, en el camino, algún que otro armadillo y cuanto bicho fuese comestible o posible de vender la piel en el poblado. 
Aquí, en Buenos Aires, también habían pasado hambre, sobre todo en los primeros tiempos, en que dormían en las calles, pero siempre encontraban un bocado para  salir del paso. En la calle habían aprendido el dolor del sometimiento, el valor del cuchillo, lo peor y lo mejor de la condición humana. Luego, pero ya solo –Pedro había tomado otro camino- había estado un tiempo viviendo en el refugio que dirigía un cura; al menos, podía dormir en un colchón y comer dos veces en el día; la contrapartida era hacerle caso al cura e ir a la escuela. No le costó trabajo hacerlo; por lo contrario, le gustaba. Era muy difícil poder manejarse sin saber leer. Aprendió; no así a escribir; de eso, poco y nada. Pero resultó bastante rápido para los números. El cura le hizo sacar el documento, cosa que quién sabe si el muchacho hubiera podido hacer solo, porque el problema era obtener la partida de nacimiento. Pero, por suerte, a él su padre, Rufino Cuevas, lo había inscripto al poco tiempo de nacer; claro está, nunca sabría su verdadera fecha de nacimiento. De eso se reía siempre Nati, la chica con la que tuvo  los dos críos, y con la que se había casado por civil y por iglesia, como Dios manda como le decía el curita amigo. Natividad le espetaba: “no podés saber qué dice tu horóscopo”. Las mujeres le prestan mucha atención a esas macanas, pensaba él. Aníbal, el cura, le había conseguido trabajo de changarín en  el mercado de abasto del maravilloso y diabólico  Buenos Aires, así que Francisco ganaba para mantenerse, pero el casamiento y los mellizos, a los diecisiete años, hacían difícil el vivir. Tenían una piecita en una de las tantas villas de “emergencia”, sólo que de esos asentamientos lo que emergía era  más y más pobreza. En realidad, el orden de las circunstancias era así: primero el embarazo de Natividad, la bolivianita suave y querendona, y después el casamiento. El refugio del padre Aníbal era pobre, pero de material, y había orden y limpieza. Al principio Francisco, alertado por su vida en la calle, había desconfiado del cura, pero después se dio cuenta de que al joven sacerdote le gustaban las mujeres; aunque era muy recatado, algunas bromas hacía con Francisco. Y había una muchacha de la que se decía era amante del cura. Cuando Francisco le contó que la Natividad estaba embarazada, el hombre le reprochó el no haberse acordado de todo lo que le había dicho, que por cuál motivo no había hecho las cosas como para no embarazar a la chica, tal como le había enseñado Y agregó unos cuántos improperios que terminaron en un “perdoname, muchacho, pero ustedes solos se arruinan la vida”. Sabía de la cualidad  profética de sus palabras, del enorme espacio oscuro que se abriría a los pies del muchachito.  
Era, sin lugar a dudas, un sacerdote comprometido con la realidad. Cuando Francisco debió irse a vivir a la villa, pareció darse cuenta de golpe que había caído en una laboriosa trampa urdida por él mismo. El intento de habitar en la villa 31 resultaría un fracaso rotundo. De modo que debió irse a aquella en la que vivían sus suegros.
          La primera vez que se le acercó el Chelo, pensó en cómo zafar. También pensó que no sería difícil. Pero el Chelo no encaró con nada raro; sólo lo invitó a tomar una cerveza (una “birra”, en el lenguaje común de los jóvenes) y Francisco, que siempre andaba falto de dinero para él, aceptó el convite. Conversaron. El Chelo había nacido allí y se interesaba por la vida en los lejanos pagos de Francisco, o, al menos, parecía interesarse en eso. Algo para conversar, no más. Se despidieron cuando a Francisco se le nublaba la vista de las tantas cervezas que había tomado. La Nati casi le pega cuando llegó a la casilla, pero cayó dormido sin pena ni gloria. Debía levantarse a las tres de la mañana para ir al trabajo, y eran las dos.  No fue; arguyó, en la madrugada siguiente y ante las preguntas del capataz, que no se había sentido bien. Como era trabajador, y casi nunca faltaba, le dejaron seguir en el trabajo; estaba sin contrato, “en negro”, como comúnmente se dice,  como tantos otros  trabajadores.
     Pasaron más de veinte días antes de que el Chelo apareciera otra vez, mientras Francisco conversaba con otros muchachos, a unos metros de la mirada vigilante de su mujer. El Chelo deslizó, sibilante, un “¿vas a dejar que te domine?”, aludiendo a la joven esposa y sabiendo qué efecto causarían sus palabras. Eso, e invitar a Francisco al café fue todo a una. El serranito volvió ebrio a su casa, pero también con un aditivo: unas fumadas de paco. El llanto de los mellizos, los madrugones, el duro yugo del trabajo, la escasa intimidad de unas maderas, unas chapas y unos cartones que temblaban con el viento, la lluvia, los gritos y los tiroteos frecuentes habían acabado con su equilibrio. Además, sabía que con el paco podía hacer unos pesos de más., revendiéndolo. Después de todo, para un muchacho que apenas iba a cumplir los dieciocho unos meses después, era muy grande la carga que llevaba.
        La droga, la más deficiente y letal, fue enseñoreándose en el cerebro de Francisco. Fue también el Chelo el que le dio la primera arma de fuego: una calibre 22, no muy potente pero efectiva. Lo que sucedió después tenía que ver con la lluvia levantando barro alrededor de la casilla, la ropa mojada, los mellizos llorando y necesitando pañales, la Nati que estaba cada vez más quejosa, la luna descubriendo algún que otro cadáver, el trabajo en el mercado perdido definitivamente, la pobreza, el cerebro quemado por el paco, un asalto en el que Francisco Cuevas, lleno de ira y temblores, había apretado varias veces el gatillo, sin motivo, sobre el cuerpo indefenso de un ingeniero de cuarenta años y tres hijos, que cayó muerto al lado del  automóvil que ni aquel joven que un día había huido de la serranía ni su acompañante pudieron robar, porque las balas de la policía abrieron en sus pechos  las rosas carmesíes de la nada. En el último instante, ya con niebla los ojos, Francisco pensó en el arroyo lejano y vio cómo, también en medio de la niebla, le tendía la mano su hermano Rufino, el que debía estar con los padres, las cabras, las gallinas, el sol quemante, el agua escasa, el viento como un látigo de fuego, la cuesta sin fin. 




PÁGINA 15 – POESÍA ARGENTINA: CORRIENTES 

YAMILA SILVERO
(Goya-Corrientes-Argentina)

Buda, Alá,
Dios, Jehová
Jesús y cuantos más...
Todos son dignos de fe
Todos reúnen admiración
Pero por más que cambien de nombre
Todos tienen algo en común
Todos son símbolo de amor
Amor, como el de Pedro
Ese amor silencioso, perturbado
Ese amor sangrante, humillado
Ese amor que en sus ojos veo...
Dicen que el verdadero acto de amor
El verdadero acto de fe
Es el que uno hace por sus hermanos
Cuántas veces pasaste por su lado
Y ni siquiera lo miraste de frente?
Cuantas veces él te vio hacer una mueca de desprecio?
Cuantas veces frente al dios que tú adoras
Lo humillaste, lo dejaste atrás,
Ni siquiera una sonrisa le supiste dar?
En su mundo paralelo
Donde Roque vive y deambula
No existe el odio, ni las diferencias
No existe la discriminación
Existe la fe más pura
Existe el ejemplo más cálido de amor
Él no usa un traje impecable
No fue a la peluquería ni se perfumó
Roque sabe que lo único que la fe necesita
Es un corazón sano
Una conciencia tranquila
Y el más leal amor
Él no va al primer banco
Él no busca que lo vean ante su Dios
Roque se arrodilla en un rincón
Porque sabe que en cualquier lado
Siempre está su creador
Hoy, cuando veas a Roque
Busca esa luz en sus pupilas
Regalale una sonrisa dulce
Porque quien te dice
Cual ángel enviado
Ese acto tan sencillo y tierno
No lo estés haciendo a tu dios...

RODRIGO GALARZA
(Caá Catí-Corrientes-Argentina)

TREN DE LAS NUBES

los hijos del cobre

salen del centro de la tierra
sacan a pasear la memoria de los ríos detenidos
en las vetas de sus cuerpos
cuencos de ternura olvidada
en ponchitos de vicuña

salen del centro de la tierra
a conquistar el aire,
a perforar el sol con sus puños minerales
y sus llantos silenciosos

los hijos del cobre
salen del centro de la tierra
a domar el viento de los andes
mientras sus huesos de marionetas
silban himnos de otro mundo,
epifanías de un dolor que nunca se acaba

surgen desde el fondo de los siglos
y sus ombligos de adobe y silencio
fulguran de tristeza
en la espera de un tren exhausto
que les alivie las penas

los hijos del cobre
surgen desde el fondo de los siglos
y a cambio de unas monedas
o de una sonrisa
te venden un poco sus oscuras miradas
el cuarzo impío de sus sueños

mientras que otros
-en los marsupios multicolores de sus madres-
espían incrédulos,
se resisten a nacer así:
desamparados por su propia historia,
por sus mitos enflaquecidos
en nombre de la Biblia y del “progreso”

los hijos del cobre
salen del centro de la tierra

PILAR ROMANO
(Corrientes-Corrientes-Argentina)

PROBEMOS CON EL CANTO

Aunque el pronóstico diga
codicia, odio, hambre y nublado,
                no dejemos el canto.
Mientras los periódicos dicen
cuántos somos todavía
y qué habrán de quitarnos,
              nosotros
              convoquemos al  canto
y a cierto aliento que aún tiembla
entre girasoles blancos.
Cantemos la canción perdida,
hagamos que la magia se acerque a la vida,
dejemos la lectura de partes de guerra
                y probemos con el canto.
 Antes de que asesinen
               a los grillos
                y a los canarios

FACUNDO ALARCON
(Caá Catí-Corrientes-Argentina)
EN LOS OJOS DE LA NOCHE

y me corrieron los Gansos
como retándome,
la Tacuarita herida
salpicante de barro duro destrozado

aquél niño fui yo
un león rebosante de chispas
de melena encendida
en las crines de los pajonales

un buscador de serpientes eléctricas
de palometas y palomas
Señor de las Yerutí
hijo de Ñasaindî

ladrón de horquetas de Lapacho
enemigo del Pombero
con disfraz de ángel de cristal
buscador de sueños

y en los sueños…
he crecido y fui grande
y me hice amigo de los duendes
y fui Pombero embravecido

y de repente …
cantor de pájaros
amigo del árbol y del estero
navegante de ríos contaminados

y al final, el monte oscuro nos llama
y nos metemos en el horizonte índigo originario
de fuegos nocturnos
de cantos y danzas
de pasos y tambores
de tacuapú y mbaracá
luna encendida de Sapucai y brebaje
de humo domador de almas
de rondas danzantes de niños
con picaflores fluorescentes en las manos

yo fui sólo un ojo imperceptible de la noche
que antes de enceguecer
buscó un signo de luz
en los pasos perdidos
de mi engranaje aborigen
.

STELLA MARIS MIGLIORINO
(Bella Vista-Corrientes-Argentina)

EXACTO

como si supieras de repente 
el recorrido exacto 
que me lleva a la luna.

como si estuvieras siempre
en el lugar exacto
en el que estoy

como si escucharas 
las palabras exactas
que pronuncian mis latidos

entonces... tengo certeza
de estar en el lugar exacto 
que siempre busqué.

MARTÍN ALVARENGA
(Corrientes-Corrientes-Argentina)

TRIPTICO POIESIS*
                              
1-ITINERARIO

Cruce de límites
magia simpática
sintonía fina
ascenso y descenso
de tu descabellado pellejo
en busca del más allá
en el mismo círculo de la vida
perforado y vuelto a perforar
por tu porfiada esperanza
por tu fe última y primera
que no se quiebra
tras el temido vendaval

2-DESPOJAMIENTO ESENCIAL 

En homenaje al silencio
en tributo al parto de la voz
que no se anima a salir
ruborizada por el descubrimiento

la poesía
enamora
dispara
emociona
revela
embriaga
seduce
y asombra

En homenaje al sonido
a su sinuosa y resbaladiza
diafanidad y penetración
la poesía vuelve a nacer
con su coraje inédito
sin ocultar su desnudez

3-COHERENCIA

Palabra escrita,
palabra hablada,
palabra que concibe
y palabra que mata.

Me zambullo
a lo hondo
de lo hondo
y descubro
la pureza
de la voz
del pensamiento;
la coherencia
entre
el delicado pensamiento
y la acción
que dibuja el alma
en el arte de vivir
naciendo y renaciendo.
*Derechos reservados


PÁGINA 16 –  ENSAYO

JORGE ISAÍAS
(Los Quirquinchos-Santa Fe-Argentina)

HISTORIAS INQUIETANTES

En los años ochenta una revista española, creo que se llamaba "Quimera" había reproducido un célebre reportaje realizado a William Faulkner, donde se despacha con una serie de anécdotas reales o ficticias, poco importa y que fueron mi delicia durante un tiempo. A este extenso reportaje lo difundí por medio de fotocopias en mi época en que dictaba Literatura Argentina y a fin de año su nombre y algunas de sus novelas llegaban a la sección "sugeridos", con la última tiza de la última clase. Allí el autor comentaba cómo se hizo escritor. Siendo un adolescente se sentaba en un bar de una pequeña ciudad del Medio Oeste Norteamericano con un exitoso hombre de letras que fundó una dinastía, aunque hoy como casi todo hay quedado un poco en el olvido. Serwood Anderson, de él se trata, puso en sus historias las grises vidas de los habitantes, es decir los granjeros de ese lugar, los pobladores de un pequeño condado con sus ambiciones y sueños y sus deseos y bajo su mirada penetrante realiza un agudo retrato de la vida americana en los inicios de la industrialización.
En Winesburg, Ohio, un libro estremecedor de veintidós relatos maestros, narra la vida diaria de esos habitantes no exentos de fantasías. icen los críticos que influyó profundamente en toda una generación de escritores, desde el mismo Faulkner, hasta Dos Passos, Steinbeck y el mismísimo Hemingway que estetizó su estilo tal vez demasiado carente de tensiones que le supo imprimir el autor de El viejo y el mar.
William Faulkner cuenta que un día se puso a pensar que si la vida de Anderson era la de un escritor, a él le interesaba, ya que si a las seis de la tarde se estaba libre para tomar cerveza, esa vida era la que quería para él. Y se encerró a escribir. Extrañado su amigo por la súbita desaparición del joven golpeó una tarde la puerta de la casa.
--¿Usted está enojado conmigo que no comparte más mis cervezas? --le preguntó
--Señor Anderson, estoy escribiendo una novela.
--Dios mío --exclamó Anderson pegándose con la mano en la frente. Y se fue.
Al mes, mientras el joven cruzaba la plaza se encontró con la esposa del escritor afamado, quien le dijo:
--Dice mi marido que si no le hace leer el original, le consigue un editor. Y cumplió.
Así fue como salió La paga de los soldados, primer trabajo del que sería en 1949 galardonado con el premio Nobel de Literatura.
Whinesburg, Ohío estuvo muchos años agotado hasta que en 2014 apareció en una editorial porteña con un prólogo imperdible de Luis Chitarroni, Y se puso a circular de nuevo una buena literatura que nunca debería faltarle a los sufridos lectores de estos tiempos desangelados.
No es raro que lo ficcional deba ser "apoyado" por una batería documental, no importa si real o no. Quiero creer que la literatura sigue siendo ese mundo maravilloso que salta el corset de los géneros y tiene que ir dirigido al corazón del lector. Acaso esas mediatizaciones empezaron con la escritura de Don Quijote de la Mancha. Y si no que lo digan los textos del gran Arnaldo Calveyra que con sus libros sortea todos los géneros .
Ante este libro de Anderson no podemos ser indiferentes porque como todos los hombres diestros, los narradores de raza empiezan desde el primer párrafo, nos ponen las manos en el cuello y nos sueltan al final de cada relato. Exhaustos y felices.
Geroge Willard es el reportero que busca una historia para ser contada y no sabe que cualquiera de ellas puede ser relatada, aun la más anodina.
Tal vez la matriz esté en la Antología de Spoon River, donde Edgar Lee Master pone en esas lápidas el embrión de lo que escribirán después otros, como el caso de Anderson.
Tantas vidas llenas de deseos, de angustias, en esos atardeceres donde el olor del cereal cortado en el campo iba invadiendo las últimas callejas del pueblo, los carruajes de los campesinos que iban levantando el polvo hacia aquellas ramas que quebrarían el viento de todas las tormentas y las muchachas casaderas, definitivamente abandonadas a su suerte, irían desangrando como las cuentas de un rosario, casi sin esperanza de que alguien la saque de esa desidia, de esa vida gris como la maldición de los oradores religiosos, que irían repiqueteando como las patas de las gaviotas sobre los techos de cinc que las lluvias no lavan del todo y el fuego de todos los crepúsculos no los hace estallar cuando deflagra detrás de las colinas donde ondea el trigo de todos los veranos.


PÁGINA 17 – POESÍA AMERICANA: CUBA

ÁNGEL MARTÍNEZ NIUBÓ 
(Fomento-Sancti Spíritus –Cuba)

—recetario—
(manténgase alejado del alcance de los niños) 
yo procurador perseguí las puertas distantes prohibidas
ante el mal y el buen tiempo
yo el fiel me negué al asombro de ceremonias
y al miedo de los siglos
yo amante de muchachas heridas
por antepasados
yo el perseguido único responsable del dolor
y la suerte 
de mi madre
yo cama uno sala cinco hospital psiquiátrico

DAMARIS CALDERÓN
(La Habana-Cuba)

ASTILLAS
A mi madre

Mueres de día. Sobrevives de noche.

Paisaje de guerra
de posguerra
paisaje después de la batalla.
Piedra sobre piedra donde sólo se escuchan, en la

(noche a los gatos,
a las parejas de amantes que no tienen dónde meterse,
chillando.
Basuras, hierbas ralas, trapos, condones
aristas de latas con sangre.
Cuando salgo a la calle

como otro artista anónimo del hambre
más de algú cuerpo ha roto la fingida simetría
con un salto mortal.
Yo me sentaba en tus rodillas.

No me daba vergüenza, Sulamita
tu cabello de oro de ceniza.
Extranjeros ridículos colgando

sobre árboles inexistentes.
Hace frío.
Las cortezas sangrantes del otoño aprietan como una mortaja.
Si me siento a la mesa

el vacío es demasiado inmenso para poder rasparlo
con una uña.

ARÍSTIDES VEGA CHAPÚ
(Santa Clara-Cuba)

REFLEXIONAR A SOLAS

Detrás de los hierbazales ocres dispuestos a arder

a consecuencia de una resequez muy antigua,
absorbiendo el agua que emana de la tierra
me dejo hundir por los vericuetos del fango.
Pocas veces recorro el borde seco de mi boca

que no tiene a quien decir en toda esta tierra
cuyos aromas estallan
al paso de los silvestres animales
que nadie ha intentado domesticar.
Miraba hacia atrás buscando complicidad en las aves

que no dejaron de volar, consumiendo el eterno tiempo
de los frágiles animales.
Por mucho que intenté imitar sus sonidos
ninguna respondió.
Con sus eléctricos cuerpos traspasaron
las abiertas puertas
y quedé aún más solo, hundiéndome en el fango
como cadáver que a nada se resiste.

ILEANA ALVAREZ
(Ciego de Ávila-Cuba)

QUE HAY EN MÍ QUE TANTO ASUSTA

La líquida pradera de mi infancia

a borbotones se desliza por las grietas
del día. En la albura del paso otro color
se asienta como una mordedura.
Callan mis manos cuando el viento bate
derramando en la estela los límites del sueño.
Callan los riscos por mi párpado abierto
como un ave en el crisol de la mañana.
Y la pregunta se adueña de mi gesto,
sobre mi pecho blande su oriflama como lanza:
¿Qué hay en mí, mi Dios, que tanto asusta
y en alfanje o badajo torna la mano
apenas venda, fruta, cuerda, azada?
¿Quién me anuda la voz sobre el filo del pétalo,
la asemeja a la roca, a la espina en el ojo
de la ausencia? ¿Quién hiere al animal
de trazo torpe que me acerca al contrario?
¿Quién boga sobre el ojo de mi angustia
y doblega la selva de nítidos contornos?
Dios, entorpece el silencio, tu música.

Tú que has visto esos hondos rincones
encallados al alma, el vuelo antes del vuelo,
la muerte alzada sobre un arco de luz,
dime: ¿Qué hay en mí que tanto asusta?

WALDO LEYVA 
(Remates de Ariosa-Cuba) 

COMO UN ROCE INOCENTE ENTRE LOS DEDOS

Sucede que empiezas a pelar una naranja humilde, desechable, y salta desde el fondo de la infancia una palabra: bergamota, y con ella un aroma que no viene del aire, un amarillo tenue y un dorado que tus uñas deshacen mientras parten el fruto. Te baña las manos el jugo que recoge la lengua de una niña que dejó de existir y que regresa, sin rostro, envuelta en la palabra bergamota, como un roce inocente entre los dedos. Un roce que vuelve a abrir los poros de tu cuerpo y te hace ventear, como aquel día, la tibieza de un aire que invitaba a correr, a desnudarse, a morir hecho un temblor sobre la hierba. Sucede que empiezas con las uñas a pelar la bergamota, sin sospechar siquiera que será una humilde y desechable naranja del futuro.

CARMEN HERNÁNDEZ PEÑA
(Ciego de Ávila-Cuba)

LOS GATOS MUERTOS
para los Glass, hermanos.

Seymour se fue a la guerra
con un solo cigarrillo
y algo de la sabiduría Zen en su mochila.
“Tan corta ha de ser la guerra” dijo
la madre Glass.

Seymour
hábil buscador de caballos
sin saber de la guerra
tan solo de Dios
y el logaritmo preciso de un poema.

Seymour aprendió de mamá Glass
lo que es una doncella
/un bello animalito/
que en nada se parece a Franny... levitadora
de deditos sucios
ni a Boo Boo... intrépida almirante
/un bello animalito con uñas esmaltadas
depredadora ardiente
en las tandas de cine/

Seymour... /estando por nacer/
se fue a la guerra
con solo la primera lección de mamá Glass
y el ojo preparado para ver un miedo enorme
sin conocer a Stalin ni a Pearl Harbor.

En el submarino aprendió Seymour
qué cosa es un pez plátano
cómo se descascaran con las bombas
y al emerger aprendió de relojes
y de las catedrales
donde está Dios
que es música e incienso.

Se fumó el cigarrillo de la guerra
y un millón más
cuando supo que un gato muerto
vale diez mil veces más que cualquier hombre vivo.

Seymour... hijo de Sión
dónde podrás guardar el temblor de las manos
y la doctrina Zen que Bessie Glass... tu madre
llevaba en los bolsillos
qué responderle a Zooey cuando afirme
que el mundo es una gota de sangre
y no de agua
cómo armar la piel de los muchachos
de Pearl Harbor.

A quién decir que la escualidez
no es atributo tan solo de los perros
que no eres tú el que gira
sino el mundo
donde alguien siempre teje
el engranaje sutil de la discordia.

Que eres un logaritmo perfecto
como ese otro logaritmo perfecto
que fue Dios.

Seymour
con una escualidez que Bessie Glass
no ha visto
las rodillas hinchadas
un vaso de cerveza que no se acaba nunca
y unas ganas eternas de llorar
por los hombres
los gatos
y por Dios.

Seymour
el hermano mayor
el buen muchacho
el célibe hasta la llegada
de una levitadora con uñas esmaltadas.

Seymour.
Alguien siempre va a tejer el engranaje sutil
de la discordia.

Seymour.
Siempre todos valdremos igual
que un gato muerto.


PÁGINA  18 – NARRATIVA

CARLOS ARTURO GAMBOA B.
(Ibagué-Tolima-Colombia)

UNDERMAN

I

El hombre se sentó a la mesa del bar Los Patos, traía la capa húmeda y los restos de hollín aún le salpicaban los ojos. Se dirigió al hombrecillo de enormes ojeras y cara de ambición que atendía la barra. Ordenó un Cubalibre, mientras sus ojos recorrían los rincones en penumbra complaciente y seductora.
Han transcurrido treinta horas desde que tuve que rescatar al niño aquel de pantaloncitos cortos y cabellos rubios que estaba siendo asaltado por los pandilleros del Barrio de la 71. Esos muchachos van a lograr desequilibrar mi paciencia un día de estos, pero estoy tan acostumbrado a ellos que quién sabe si pueda deshacerme de su caprichosa manía de robar a cuánto transeúnte ronda su acera.
- Te provoca compañía - Irrumpió un cuarentón trajeado al estilo bar de media noche. - Tengo las mejores chicas de la zona, el licor es bueno y son muy amables...Vamos hombre estoy de promoción. Vengan chicas aquí hay un cliente prometedor. Luego se aleja entre carcajadas capitalistas que aumentan en sórdido vaivén.
Las chicas me rodean como detectives de película, me abordan, me tutean, me hacen sonreír hipócritamente con un chiste de mal gusto. Las miro por encima del hombro y me parece que no sería del todo mala la idea de escabullirme en uno de esos enormes escotes en donde se esconde la seducción fingida. Pido otro Cubalibre pero con menos hielo y enciendo un cigarrillo humedecido por la noche. Desde que uso este uniforme maricón la gente no me deja en paz, viven suplicando toda suerte de beneficios y alardean de mi saludo, pero sé que lo hacen para espantar los demonios de sus complejos de seres pisoteados por el miedo. Ellos quieren mi amistad y comprensión, quieren que esté al tanto de sus necesidades, y yo, sólo deseo verme en brazos de mi superhéroe.
El bar está casi lleno pues el tictac del reloj de pared con anuncio de cerveza se acerca a su epicentro. Entre las ficheras puedo observar una morena de voluptuosas caderas que se menea al ritmo de las copas, con sus enormes labios que parecen haber mamado toda la leche del mundo, con sus ojos desorbitados en humaradas de bazuco, con dos enormes lagunas taciturnas creadas por la llovizna de las noches, con sus abultados pómulos que guardan secretos de hombres débiles que cambiaron de sentir bajo sus sobacos oliendo a madera añeja, con sus pequeños senos que apenas alcanzarían para alimentar un moribundo alcohólico. Va y viene con una pasmosa paciencia, como si el mundo girara más lento bajo sus tacones de veinte centímetros, como si el polo opuesto de su sexo reflejara sobre las baldosas algún secreto elixir.
Podría creer que Luisa calmaría estos espantosos deseos de hundirme bajo un tórax femenino, pero ella estará, como siempre, ocupada con sus noticias y sus ansias de protagonismo, mientras paseo el apartamento contemplando los cuadros silentes de seres poliformes como los de mis pesadillas, y abro la ventana desde donde contemplo la ciudad con sus lucecitas titilantes que adormecen la mente. ¿Cuántas veces he tenido que trasnocharme sobre esta metrópoli que emana vapor de muerto y calles soñolientas en donde ni todos los héroes del universo controlarían semejante maldad? Al principio estaba pendiente de todas esas piltrafas humanas que deambulan a la hora en que hasta los murciélagos duermen, y visitaba sus tugurios con olor a putrefacto orín en donde las moscas desfilan ataviadas de ponzoñas gigantescas como alacranes mutantes. Los perseguía hasta el cansancio, los llevaba a la comisaría o hasta la estación de cualquier suburbio donde un policía drogado por la noche los dejaba libres después de robarles lo que ellos justamente habían hurtado; entonces cada noche la rutina se repetía y de nuevo encontraba, en las calles apestadas de ladronzuelos, al mismo muchacho de pelo largo con chaqueta negra y puñal de doble filo asaltando un anciano de corbata carnavalesca que se embriagaba en el salón de los bailes desnudos, contemplando una brasileña de apellido Sampao que hacía crepitar los vidrios rojos del local.  Yo sé que a Luisa no le importa sino que le permita publicar fotografías aferrada a mi pecho como si sólo se tratara de un objeto comercial más, y hacerme sentir como un soldadito de plomo que no tiene ni idea que en cualquier lugar del planeta un soldado de verdad es asesinado por un mercenario Bosnio que quiere su libertad a costa de la esclavitud de un Servio.
Los tragos fueron en aumento y la noche prestó su tiempo a un amanecer de eterna soledad y de calles asfaltadas que van siendo regadas por una llovizna casi imperceptible. El agua corre en capas que sólo pueden ser visibles al contacto con el aceite derramado por los autos que a esta hora dormitan en sus garajes; el coloide impacta los ojos, y se mezcla con los destellos de algunas lámparas del alumbrado público salvadas por azar del golpe certero de los pandilleros, creando en la retina de aquel hombre semidiós cubierto de un traje multicolor, la sensación de estar drogado. Poco a poco el sol traspasa la gran capa de contaminación que cubre la ciudad y al apartamento 605 del edificio Villa Star desciende un hombre cansado de la nocturnidad. Se sienta sobre el balcón y tomando el último cigarrillo entre el pulgar y el meñique, lo lanza hacia el fresco de la mañana. Antes de retirarse a su encierro de siglos, deja escapar una ojeada sobre los rascacielos que invaden el paisaje. - Ciudad de mierda, un día de estos te vas a quedar sin superhéroe...ciudad de mierda.

II

Habitaba aquel lúgubre cuarto, con no más adornos que unos cuadros elaborados por un lunático que atendía la portería, y además se imaginaba pintor de alta alcurnia que un día de tantos sería sorprendido por la fama y volaría a exponer en Nueva York aquellas payasadas, unidas al arte tan sólo por un hilo invisible de locura. Estas pinturas, que adquirió más por ignorancia en el tema que por lastima, pues aquel portero podía vender más fácil una cuchara que dibujar una flor, adquirían cierta connotación al estar cerca de un jarrón chino de quién sabe que procedencia, y un candelabro hebreo heredado de un farmacéutico a cambio de un favor rutinario. Las cortinas de un oscuro profundo daban al cuartucho una imagen de cripta nueva, adornada con recuerdos de todo tipo. Aquí un afiche de un actor que alguna vez, por capricho de los comerciantes de cuerpos, estuvo de moda, allí un libro de recetas para cocina obsequiado por una solterona a cambio de salvarla en un accidente en la autopista central, allá el periódico en donde por vez primera apareció una foto a media página y titular en letra de 20 pulgadas anunciando el advenimiento de un súper hombre dispuesto a salvar el mundo del caos; la imagen era ideal para cualquier mercader mediocre: un traje limpio, un peinado llamativo, una sonrisa disiente, un cuerpo al rigor de los mejores gimnasios, una gran capa flotando gracias a un secador de pelo que sostenía un ayudante del fotógrafo y una figura en conjunto que en nada envidiaba a una caja de atún, pues hasta el sello en el pecho lo identificaba como un elemento más de consumo que la sociedad requería. ¿Qué más podía atiborrar el cuarto de un hombre dedicado por completo a salvar a los demás, mientras él se moría de angustia cada mañana al regresar de la faena rutinaria? Además él podía adquirir lo que su buena gana le diera, un buen almuerzo, un buen hotel, un buen comercial en el horario triple A,  un buen paseo a cualquier lugar del planeta, pero nunca una buena mujer, eso le estaba prohibido por sus preceptos, una mujer te destruye, se repetía cada atardecer, una mujer sirve para desahogar tus deseo y después...mi carrera, mi negocio publicitario, mi club de fanáticas materiales, no imposible, tal vez Luisa, ella es como yo, sabe de sociedad, tiene mundo y una visión inevitable para las oportunidades, tal vez ella.... Mientras tanto prefería visitar el bar Los Patos, allí era otro simple mortal al margen de la sociedad, podía entrar y salir con la complicidad de todo el mundo. Allí todos se conocían y se ignoraban, como queriendo olvidar que todos confluían en el deseo carnal de la época. Ignorados e importantes desfilaban por ese sitio, en donde el libertinaje era siempre el plato fuerte de la noche.

III

Agitado por un cansancio del cuál no entendía su procedencia, descargó la capa en una rudimentaria mesita de noche, adquirida en un mercado de baratijas por capricho de un anciano quien le aseguró que dicho mueble guardaba secretos milenarios de la tradición china. De seguro aquel anciano había intentado más de mil veces aquella estratagema con nulos resultados, pero él lo compró con la emoción de haber descubierto un objeto energético y de buenos presagios. Ahora no pensaba lo mismo, aquella circunferencia corroída por el uso, con una pata que formaba parte de la dieta de los comejenes, sólo le producía aversión y si la conservaba todavía era por pereza de llevarla hasta el botadero de basura más cercano. El uniforme fue cayendo lentamente y debajo de éste surgió una figura arrugada con señales de estrías a la altura del ombligo; una panza colgaba caprichosa sobre un encorvado cuerpo que en nada se asemejaba con la imagen que surcaba el cielo de la ciudad. Descansaré, es lo único que me puede hacer olvidar, tal vez esta noche tenga más suerte con la vida, tal vez consiga una invitación en el Hotel Hilton con mi preciosa Luisa, descansaré, descansaré....y el sueño con su profundidad de parca lo arropa hasta ya no sentir sino un leve murmullo producto de los recuerdos que salen a recrear los mundos míticos de la penumbra.

IV

Entre papeles y anuncios de novedades de la moda, Luisa levantó la bocina del teléfono para recibir, no sin cierto desconsuelo, la llamada del súper hombre; era una invitación que no pudo rechazar pues el último mes se había negado a más de diez súplicas. -Sí en el Hiltón, como siempre-, y luego se imaginó rodeada de personajes importantes que ignoraban la presencia de todo, recordó el balcón con su farolito medio cursi y el mesero rechoncho por las sobras de los suculentos festejos de la clase innata de la sociedad metropolitana. La verdad no quería estar de nuevo allí, con la presencia de aquel hombrecito de capa roja y carita maricona que no se decide a confesarle que no duerme bien durante los últimos veinte años pensando en que ella aparecería desnuda en su cuarto y le haría el amor al mejor estilo de Hollywood, ese estúpido que no es apetecido sino por los gerentes enfermos por explorar un nuevo mercado a punta de afiches en cada esquina de la ciudad. Ese hombre en nada refleja mi deseo de meterme a la cama con un corpulento millonario que aumente mi patrimonio, ese pedazo de afiche comercial no sirve para hacer sentir mujer ni a una menopaúsica, si al menos fuera capaz de hacerme saber sus intenciones para poderle decir que no, que se vaya a buscar una mujer en su planeta porque aquí nos gustan los hombres machistas y no así tan cojudos como él, o que se siga masturbando a mi nombre, al fin y al cabo siempre es bueno para una mujer saber que en alguna parte un macho se satisface mentalmente con el cuerpo voluble de su amada, aunque este macho no sea un adolescente sino un cuarentón, como en mi caso. -A las ocho, si pasa por mí, estaré en la redacción del periódico. Chao…

V

Sobre la flamante ciudad circulaba un rumor sensacional, los buscadores de tragedias amorosas se encontraban al acecho y nadie esperaba un desenlace feliz, esto sería lo peor para la prensa que, como en cualquier sociedad civilizada, se sostiene con la especulación absurda y en la mayoría de los casos hasta enferma. Pero el público espera ansioso la función, el circo romano de la modernidad no duerme pensando en la próxima escena, y esta vez el espectáculo era de trascendencia absoluta. En los corredores de la palabra fácil el chisme se alimenta de burócratas en celo, de solteronas aburridas de la soledad que emana de sus camas y de señoritos con pretensiones políticas. La comida está servida y todos se aproximan a la presa. En la mesa reservada del hotel Hilton Luisa sudaba de alegría y su morbosa sonrisa atraía turistas, a su extremo derecho y con una envidiable pose el ejecutivo más prometedor de la metrópoli, el doctor Samy Reyes, respondía las siempre vacías preguntas de los diarios.  Luisa, con un ademán dictatorial solicitó orden en el lugar y los fotógrafos se retiraron entre voceríos, a su rincón. Samy Reyes se había acostumbrado a este tipo de encuentros especulativos, son los que mantienen mi imperio, a los periódicos les debo gran parte de mi fortuna en los negocios y la televisión trasmite mi inagotable imagen de hombre poderoso, aunque en la mayoría de los casos sea fingida, que importa los seres humanos están siempre dispuestos a encontrar en otros lo que su miserable alma desea. Es mi negocio y nunca me sentiré culpable, al fin de cuentas le proporciono lo que ellos anhelan, sólo soy el forjador de sus paupérrimos sueños. De repente descendió el súper hombre, su cara estaba cruzada por la mueca de la desesperación y sus ojos saltones ya presentían el latigazo de la realidad. -Buenas noche Luisa-, y la reverencia normal del maniquí moderno, -disculpa la demora pero tuve que atender un incendio de la fábrica de cosméticos Lindas-. No hay problema el tiempo no existe cuando lo importante es la solución. El superhéroe sacudió su capa y se dispuso a sentarse y hasta entonces se percató de la presencia de Samy Reyes, buenas noches caballero...y en un momento crucial Luisa se acercó al ejecutivo y le besó en la boca. Nadie reaccionó al momento, Samy Reyes se dejó llevar por el impulso de tan femenina dama y respondió con la frialdad clásica de un conocedor del oficio, los periodistas iluminaron el lugar con sus cámaras mientras el súper hombre se limitó a salivar la hiel de su desdicha. ¿Puede explicarme esto Luisa? La pregunta elemental exigía respuestas rápidas, Luisa se incorporó como deseando ser escuchada por medio mundo, -perdón es mi prometido, el doctor Samy Reyes. Lo siento pero tú no me interesas, es difícil de explicar, cómo decirte que tu presencia me conviene pero no la acepto, es lo mejor, qué dices...
Al retirase el superhéroe miró hacia atrás como si dejara un bote de basura, y sin quebrantar su silente armonía levantó su brazo derecho para alcanzar vuelo. Alejándose lentamente alcanzó a escuchar a Luisa, por favor no te vayas sin regalarnos una foto de los tres, su cinismo le provocó náuseas. Nunca me había sentido tan estúpido, y pensar que creía en la logarítmica posibilidad de su comprensión, vaya que mundo de mierda... Recorrió más de tres veces la ciudad que ya empezaba a convulsionarse, hasta que terminó sentado en la esquina del Barrio de la 71 mirando como unos chicos conquistaban quinceañeras y se drogaban con jeringas importadas. Fumó un cigarrillo con sabor a menta y escupió contra el suelo, tan fuerte que su saliva penetró el asfalto. A las cinco de la mañana se encontraba ebrio y quizás hasta drogado, los chicos se burlaban de su atuendo y le golpeaban al hombro, vamos viejo caminemos esa borrachera sino se  quiere morir petrificado, y salen hasta la Avenida Central en donde el más atrevido de los jóvenes se acerca a una tienda de ropa y rompe el vidrio, -agarren todo lo que pueda antes de que nos caiga la tomba-, y sin pensarlo dos veces el súper hombre le echa mano al suéter amarillo que tanto tiempo deseó. Corren hacia un callejón en donde son rodeados por la policía, el superhéroe es apresado y cuando lo llevan la comisaría central algo en su dopado cerebro le indica que huya, entonces, agarro al policía y lo estrangulo con un movimiento leve y escapo ciudad arriba en busca de mi apartamento en donde las pulsaciones de mi cerebro se tornan insoportables, me golpeó contra las paredes hasta derrumbarlas, y sin sentir consuelo por la trasgresión de mi vida  decido el golpe fácil y certero, las pastas me esperan sobre la mesita que tanto detesto y las trago en una sola bocanada de miedo, para que ya no tenga tiempo de mentirme, para que el túnel se abra y me devore con sus fauces neónicas, para que pueda explorar la verdad que me aprisiona. Ahora quiero dormir...solo dormir.


PÁGINA 19 – POESÍA  AMERICANA: PARAGUAY

AMANDA PEDROZO
(Asunción-Paraguay)

POEMA
(Fragmento)

Hemos abierto sin permiso la pulpa ruidosa de las calles,
rompimos el silencio descarado de las cárceles,
hemos, compañero, penetrado en las vísceras de la paz,
la conocemos.
Que nos digan ahora que es una rosa blanca
perfumando el cansancio de mil genuflexiones diarias.
Que soporten los párpados sin ojos,
que nos miren no mirando.
Bien que nos hayan dejado solos, compañero,
que no hayan pintado las voces para señalarnos,
que habiliten un rincón para el nacimiento de las heridas,
que suden nuestro miedo.
...Date cuenta, compañero, de que el barro nos llena loscomienzos,
ya no es bastante el mordisco del miedo y la costumbre.
Estamos solos y todos estamos solemnes como esperandoel grito repentino.
Pero alguien canta en la primera piedra
y el celular abrazo se deshace en estallido de ausencia.
Estamos solos, el hueco es hondo, demasiado nuestro paraque rompamos el abrazo,
ya nos parecemos a la muerte que nos sepulta todos los días,
y sin embargo, compañero, lo mismo bajo el llanto,estamos esperando.

CRISTINO BOGADO
(Asunción-Paraguay)

CONSTITUCIÓN POÉTICA

Enarbolar la bandera de la Masa
omitir el abismo
sucumbir a la fata morgana de la calle
abotonarse el overall de la Sumisión
marchar al son de las trompetas de la Entropía
abandonar la carne a la inercia del Tedio
ahogar al Espíritu con la gimnasia del trabajo
encerrar los gestos en la casa de los espejos
castigar el brote perverso de la Inocencia
la ácida pululación del sinsentido
la monstruosidad del deseo hecho poesía
celebrar el pudor del Kapital ante la orgía de la Pereza
amordazar la vertiginosa sonrisa de Afrodita
huir, infatigablemente huir, de los cuchillos
que lanza la música de New York
construir la Ciudad de Dios sobre Tacumbú
utilizar verdugos como imágenes sagradas
sustituir la superstición de la escuela
por las iluminaciones del electroshock
veranear en las playas del masoquismo chic
prohibir el intempestivo sueño de los niños,
la desgracia cotidiana de la oscuridad,
el ultraje divino de las púberes...
la muerte, que alborota la cobardía de los hombres.

SHIRLEY  VILLALBA
(Coronel Oviedo-Paraguay)

DOMINGO

Entumecido en el suspiro
extraviado de un mapa.
Descolocado en el regazo
lisiado de las horas.
Revuelto en el hueco
enardecido de los miedos.
Harto en el estruendo
ciego de las palabras.
Derrotado en el aire
homicida de un domingo.
Allí está mi corazón...
Deshabitado en el abrazo
manco de la muerte.

JUAN MANUEL MARCOS
(Asunción-Paraguay)

LO ÚNICO GRATUITO QUE NOS QUEDA
a Luis Villar

La inflación,
ese vaso lleno de números, que te ulcera los sábados
y el hígado te araña de mal vino,
no puede ser que rompa tus recuerdos
ni tus ganas de estar con ella un rato,
vos sabés que eso no se arregla
con una votación morada o rosa,
ni una revolución que ya gatea
ni una dictadura que se raya.
Vos sabés que toda la poesía no sirve para nada,
y continúa.

No importa que estas cosas no se digan,
lo que importa es el viento.
Acá la poesía no se vende
y allá se autocensura.
Lo que importa es el viento.

De tarde en tarde, pucha, escupo sangre.
Cuando empieza la noche nadie escucha,
todos duermen en casa,
la ventana asfixiada de cortinas grasosas
se va a acostar temprano.
Mañana es otro día de trabajo.
La tarjeta de crédito lo acecha,
sus fauces sonrientes nos seducen con sus colmillos
fotogénicos al 19%
pero de pronto alguien escribe este poema
y todo, quién diría., todo, todo,
vase a la mierda
excepto el poeta y su lector,
con la ventana abierta,
el culo al aire,
sin crédito ni más tarjeta postal
que el cielo,
rojo como una sandía compartida.

¿Por qué sobrevive la poesía?

Quizá porque es lo único gratuito que nos queda.

RAQUEL CHAVES
(Asunción-Paraguay)

GÉNESIS

Recuerdas esa tarde
cuando los dos nacimos
del barro
y más,
del agua,
en vital desamparo...?
Quise saber entonces
el ser de la palabra,
la esencia de la llama
ligada a nuestras vidas.
Hoy sé:
amor no es la palabra
y sí la llama entera.

GUIDO RODRÍGUEZ ALCALÁ
(Asunción-Paraguay)

LEVIATAN
ARTE POÉTICA

El dios Apolo llegóseme y me dijo:

"-A ti, el más humilde de mis hijos
te ha cabido la gloria (la tarea)
de enumerar las miles de batallas
del hombre por la vida y su escenario;
pacientemente anota
el paso de la lluvia sobre el aire
el amor de las múltiples mujeres
las generaciones y los barcos
las amapolas rojas y las sangres.

A ti se te encomienda
la guía de teléfono divina
que registre los números oscuros
direcciones remotas y los nombres
de pueblos apagados y suburbios,
las bodas y las muertes sospechosas
en Paraguay, en Chile, en Argentina.

Escucha bien, vate alado,
poeta,
las tablas que te han dado
aquella máquina
para escribir más rápido,
tu corazón sangrando en el crepúsculo
tus lagos, tus mujeres solitarias,
hoy día tienen dueño
-se trate de Olivetti
del lago de Palermo
de Play Boy Magazine.

Definite chamigo, en las praderas
bordadas de asfodelos
en la noble colina del Parnaso
se tira a la derecha o a la izquierda.


PÁGINA 20 – NARRATIVA


PATRICIA DAJRUCH

(Córdoba-Córdoba-Argentina)


MININO

Me gusta amanecer en el tejado, sobre todo en verano; me atrae el misterio de la noche, la lejana luna y las estrellas, a veces medito sobre ese acontecimiento raro de lluvias de estrellas, y es fantástico ver como las sombras dan lugar a la luz del día momento en que sé que es hora de mi desayuno. A veces suelo recordar como me  deslizaba por el muro hasta llegar al viejo naranjo donde permanecía un instante para que el aroma del azahar invadiera mis pequeños pulmones. Como ustedes saben me llamaba Minino, nombre ridículo que me había puesto mi ama. A decir verdad me hubiera gustado llamarme Ruperto, Aristóteles o Platón y haber aprendido a tocar el saxo, pero en vez de eso tenía un nombre absurdo como la mayoría de las mascotas, el perro de enfrente, un hermoso ejemplar de mato negro se llama Boby, y la gata una hermana para mí lleva por nombre Michi. Los humanos no se dan cuenta que somos seres especiales, tampoco sospechan que pensamos y que solemos hablar de ellos muy a menudo.
Recuerdo que fui el último en nacer y el primero en ser dado en adopción, me metieron en una caja de zapatos con la tapa llena de agujeros, me subieron a un vehículo que se movía además hacia ruido: nadie sabe el susto que sentí, mi corazón daba saltos y no veía las horas de llegar sano y salvo al lugar donde viviría por el resto de mi vida. Cuando llegamos, Amanda, mi ama me liberó de la oscura caja. Me encontré en una cocina limpia y luminosa donde me esperaba ya comida y agua. Miré hacia todos lados, me escondí bajo una silla a esperar que el miedo se pasara. Por suerte no había niños que intentaran alzarme apretarme o darme besos molestos.
Muy pronto me adapte a mi nuevo hogar, en el living dormía, en un canasto de mimbre con un almohadón rojo muy cómodo, parece que las casas no han sido diseñadas con dormitorios para seres como yo, así que un rincón de la casa está bien y en lo posible en el patio, pero  los gatos somos mascotas para tenerlas de adorno como un florero o un cuadro por eso tenemos ese privilegio de camas tan agradables.
Amanda y yo vivíamos solos, ella me daba todos los gustos en realidad tuve una infancia muy feliz. Mis juguetes preferidos eran una pelota pequeña que siempre perdía y una laucha a cuerda; me sirvieron para agilizar mis patas, sobre todo para fortalecer los músculos de mis manos además de divertirme en las tarde frías de invierno, sin embargo cuando me tocó cazar una laucha de verdad, ésta se escapó pero con el tiempo aprendí a esperar el momento oportuno para caer arriba de ella y empezar a jugar, lástima que las pobrecitas se mueren, yo no tengo la intención de matarlas pues me gustan mucho.
Crecí en un hogar feliz, a veces sólo a veces Amanda tenía visitas. Solían venir sus hijos y nietos, en esas ocasiones todo era un alboroto, yo escapaba a las ramas del naranjo y allí me quedaba hasta que se fueran, pero veía a Amanda alegre y llena de vida cuando toda esa gente venía a casa. No es que ella estuviera triste sin ellos, es que era todo un suceso y lo que mas le gustaba era conversar con los niños.
Cuando todos se iban yo volvía a mi almohadón rojo, mientras ella ordenaba su ya casa impecable.
En cambio cuado venía su amiga Aurora sentía un terrible pavor, por que me buscaba para apretarme la panza, esa mujer siempre me resultó antipática, apenas oía su voz huía.
Los días de lluvia solíamos oír música, mientras ella leía algunos de sus voluminosos libros.
Nuestra vida transcurría placentera y cuando Amanda se jubiló comenzamos a pasar más tiempo junto haciéndonos compañía. Las cosas cambiaron el día que escuchamos ruidos en la casa de al lado que hasta ese entonces permaneció vacía, parecía que íbamos a tener vecinos nuevos, a decir verdad era un vecino, suponíamos que era un hombre aunque nunca le vimos ni escuchamos su voz.
Supimos que tocaba el piano por que lo oíamos en las noches de aquel verano, ella dejaba la ventana abierta para escuchar la melodía que el teclado salía magistralmente, por eso suponíamos que se trataba de un piano de cola, tal vez el hombre de al lado era  un concertista. Lo cierto es que Amanda cerraba los ojos entregándose al placer de oír música y suspirar; entonces escapaba al tejado, me parecía más apropiado escuchar aquellas ejecuciones mirando la luna.
Nuestras costumbres cambiaron desde aquellos días pues a la misma hora de la tarde se abría la ventana y el vecino con su piano hacia irrupción en el living como si estuvieran en cuerpo presente.
Fueron dos veranos iguales; nunca supimos su nombre, mucho menos lo vimos alguna vez como ya dije, era todo un misterio pero a mi ama poco parecía importarle.
Como soy curioso en varias oportunidades fui a espiar las ventanas de la casa del al lado, sin tener éxito  solamente pude comprobar la existencia de un piano, y la última vez que fui a mirar (recuerdo que era una noche maravillosa), mi piel se erizó cuando tuve frente a mí a la gata más hermosa del mundo; lo triste era que jamás podría tenerla a mi lado porque ella era solo una visión fantasmal. Después de esa noche todo fue diferente, las cosas no volvieron a ser las mismas, quiero decir que tenia la sensación de estar en otra dimensión y llegué a la conclusión que Amanda no lo sabía y eso que su amiga Aurora solía hablar de muertos y aparecidos. No sé por qué me tenía que enamorar del fantasma de una bella gata.
La dueña de casa envejeció muchos años de golpe en esos dos años, su cabello rubio en otros tiempos ahora se tornaba grisáceo, y su andar lento como si algo le pesase en el alma, tal vez ella sabía más de lo que yo mismo intuía. Luego del segundo año de conciertos veraniegos, se cerraron las ventanas. Con la llegada de las lluvias y del frío nos retirábamos a descansar temprano. Nadie hubiera dicho que ese invierno sería fatal, imprevistamente el piano comenzó a sonar todas las noches, la melodía no era la misma su sonido era notas enervantes como si estuvieran llamando a alguien con insistencia, cuando esto sucedía Amanda caminaba por toda la casa hasta el amanecer hora en que ya no se oía mas el teclado. Ese invierno fue el mas triste de mi vida, vi a Amanda enloquecer de luna en luna, yo mismo ya no soportaba las horas musicalizadas del vecino y días antes de la llegada de la primavera mi dueña se fue para siempre. Lo sé porque vinieron sus hijos a llevársela, se lamentaban llorando. Alguien se acordó de mí, me dejó comida y agua para varios días y tuvo el buen tino de dejar un poco abierta la ventana para que pudiera salir y entrar cuando quisiera.
Me quedé solo, totalmente solo, sospecho que el vecino se llevó a Amanda porque el piano ya no sonaba  tampoco  volví a ver a su gata.
Dos veces por semana venían a traerme alimentos y agua, escuché decir que vendían la casa; debo reconocer que eso me preocupó mucho, no deseaba vivir en ningún hogar que tuvieran niños ni perros molestos, soy un gato solitario que quiere aprender a tocar el saxo.
Un día apareció Aurora con el hijo mayor de mi finada dueña, me llamaba con su voz chillona con la mala intención de llevarme con ella, desde el techo la veía como me ofrecía comida pero me negué rotundamente a bajar y antes que se les ocurriera venir por mí, huí,
Anduve muchas horas, crucé muchos techos, subí muchos árboles, no sé cuanto tiempo estuve huyendo. La noche me sorprendió en un tejado diferente, parecía que en esa casa no vivía nadie, me asomé por la ventana abierta, allí estaba él, sentado frente a un teclado alfanumérico cuyo sonido no conocía supuse que estaba escribiendo algo, por esos signos raros que veía en la pantalla iguales a los libros de mi antigua dueña. Pensé que tal vez quisiera adoptarme y probé con un maullido a ver que pasaba; para mi sorpresa me saludó muy bien, me ofreció comida, para agradecerle tan buena acogida le pasé mi lomo en su pierna, más tarde me alzó y me puso un nombre digno de un gato; Júpiter, me  sentí feliz.
Ahora no tengo un almohadón rojo, duermo donde el sueño me  atrapa incluso sobre la computadora, a veces le borro algo sin querer pero mi amo se ríe y dice que está muy bien porque el poema no era muy bueno.
En las noches de verano me quedo en el techo, recito el poema de Neruda ese que dice “puedo escribir  los versos más triste esta noche”, sólo me falta el saxo, sé que en algún lugar del Universo está el amor de mi vida.


PÁGINA 21 – POESÍA AMERICANA: PERÚ 

RODRIGO QUIJANO
(Lima-Perú)

8.

Todo está en su lugar
o todo está fuera de sí 
pero ese ejército aguarda impasible
dos metros enterrado boca abajo
sus muertos establecieron el comercio de estampas enmicadas 
en las que brillaba todo lo que no era oro
y todo lo que no eran lágrimas de vidrio,
sino más bien 
barrocos brocados y uñas rotas
en los esmaltados sucios pies de efigies santas.
Con los huesos y las piedras 
armaron habitaciones de arena y obvios laberintos
en cuyas hornacinas descubrieron 
el oro y la noche y la plata y la noche 
pero sólo para preguntarse de qué estaba hecha
la carne de sus gordos corazones 
y cual era el color de sus largas y sordas lenguas.
No han tenido más espejos que los de sus santos
ni más sueños que el de sus prolongadas propias muertes 
y sin embargo alguien quisiera verlos morir
sólo por ver qué sucede.

MARIELA DREYFUS
(Lima-Perú)

MEMORIA DE ELECTRA

Soy un hombre.

He construido un templo
donde mi virilidad no tiene límites.
Cinco vírgenes me rodean
de día las desnudo al contemplarlas
de noche cubro sus cuerpos
con mi semen angustioso y renovado.
Esta necesidad
me viene de muy niño;
cuando intentaba soñar
me despertaban los gemidos
de mi madre y de su amante.
Pero soy un hombre.
Que nadie se atreva
a profanar mis reinos.

MIGUEL ILDEFONSO
(Lima-Perú)

EL DOLOR (I)

He aquí el dolor, el único dolor,

la insoportable luz de las calles,
la mano extendida con las cuerdas rotas del sonido.
He aquí el influjo,
otro infierno que quema el almanaque,
ríos secos, ríos oceánicos.
Una carpa de circo cubrirá la tierra de dolor.
Noche cruel como esta.
Dolor en los tenedores.
Poesía pura,
poesía del amor alquilado en una habitación,
con rimas y desapariciones políticas.
El dolor de un sonido buscando su instrumento.
Después de tantas palabras, abro la ventana.
Las estrellas, las sombras silueteadas de los edificios.
Respiro el olor de los cuerpos calcinados,
la caída de los árboles entrelazados,
la belleza del mundo que sepulta su música de dolor
por otra música.
El dolor de los que regresan a sus casas sin nada,
el dolor de los que no pueden regresar,
el dolor que se esconde de la policía, que se toma algo
para así no sentir dolor,
el dolor que no cicatriza y mezclado con la neblina
continúa siendo una mancha,
el dolor de los que caminan solos
o conversan con una pierna devorada por la gangrena,
el mismo dolor sin trabajo, que si llega al río pestilente
es sólo para decirle que no lo devuelva,
el dolor que crece con la hierba,
que se deja acariciar por el viento y cierra los ojos
y huye,
el dolor que esconde su dolor,
el dolor de una avenida donde un ciego toca su violín,
el dolor más allá de la vida,
más allá del dolor.

DENISE VEGA FARFÁN
(Trujillo-Perú)

la noche me urde con hilos de miseria
más en el centro del gran tejido
soy la araña solitaria
que atrapa palabras como insectos
para succionarlas
momificarlas
para crear más hilos contra los vientos
y murciélagos que desbaratan mi tela

yo enredo sus patas quiebro sus alas
luego con ellas fijo los extremos de la urdimbre
despoblada al fin de maldiciones
guijarros
hojas de algún árbol seco y exterminador
para la noche
para el descenso de la otra araña
que me engulle

RAÚL MENDIZÁBAL
(Piura-Perú)

PUCAYACU

las noticias son menos tristes ahora porque ya nos 
acostumbramos
a los muertos en la sierra central como si fuese lo ordinario
echados mirando lo alto en una foto de paseo al campo
con botellas rotas de degüello al lado 
y los vientres hinchados y los brazos
durmiendo en el pasto
sin embargo
abrir la puerta en la sierra central no es dar cara al sol
sino a un culatazo
ir a la feria en domingo es para no dar luz sobre los 
muertos
mira de lejos:     ésta es flor
                    ha crecido apenas para recordar cómo te llamas y ocultarlo
                            y aquí está abel 
                    que ahora cuida de su hermano
                    que enloquece de miedo en las noches
                            y aquí clara 
                    con las uñas cortas que come con ira como las aves
contigo o sin ti
iguales ahora que ninguno tiene cara y hasta los dientes 
han ennegrecido
y más abajo escuché que había otros veintitantos
que desenterraron después como si hubiesen jugado 
a la gallina ciega
y después se olvidaran
quietecitos nomás con los ojos vendados y las manos tiesas
al frente
pareciera que en serio para asustar
y uno quieto también 
temeroso de apartar una rama
y uno muerto también 
            de levantar una tapa
de prender una luz en medio de esta habitación oscura
            tan grande

ROSSELLA DI PAOLO
(Lima-Perú)

PROFESORA DE LENGUA Y LITERATURA —EX

Sepan que estoy viviendo, nubes,
sepan que canto
Javier Sologuren

Nunca más pararme frente a la pizarra —ecce femina—
con un cucharón
para meter en los platos vacíos de sus cabezas
el engrudo homérico, la berenjena eglógica
el acento esdrújulo y miserable, ni más
tizas de colores, salsas de tomate,
para abrirles las bocas
ojalá el entendimiento.
Ya no la tarjeta en la tostadora horaria
saltando con su tardanza al rojo vivo
ni exámenes para probar cuánto resisten
mis nalgas en el pupitre y cuántas tildes
puede gotear un cárdeno Faber Castell 031.
Se acabó la clase, la ilusión de mango,
todos al recreo, yo al recreo (pero sin vuelta)
al recreo de desclavarme de la pizarra
y saltar por la escalera al fin resucitada.
Último día, las rejas se levantan,
y en este valle ameno
nubes, sepan que canto
sepan que canto, bestias.


PÁGINA 22 – NARRATIVA

HÉCTOR SOMMARUGA
(Montevideo-Uruguay)

LA TAREA

Páginas y más páginas en blanco es todo lo que encontró Lucía al intentar dar comienzo a su investigación. Sin entender el significado de tanta aridez, ha decidido abandonar este primer esfuerzo estéril para visitar la hemeroteca en busca de, cuando menos, alguna presunción.
        Abandona la oficina con resignada calma. En su recorrido por pasillos y escaleras es bombardeada por las más indiscretas miradas de hombres y mujeres, sentimientos que dibujan el más colorido arcoiris. A pesar de ello, Lucía trata de permanecer concentrada en la tarea.
        Al salir del edificio, recibe con agradecimiento el aire tibio de la tarde. Sin apresurar el paso, respira hondo la paradójica calma que encuentra en el concurrido centro de la ciudad, camino a la biblioteca. "La tarea debe quedar concluida hoy mismo", recuerda una y otra vez la frase de su reciente jefe, expresada cuatro veces en menos de diez efímeros minutos de pretencioso monólogo. A pesar de ello, Lucía se contenta por haber dejado en trámite su recibo de honorarios, tras muchos meses de infructuosa búsqueda de algún empleo.
        La biblioteca huele a encierro. Los personajes que atienden a la gente son estereotipos clásicos de aburridos bibliotecarios que añoran la existencia del calor solar desde sus años de juventud. Siguiendo la dirección del cartel que indica el recorrido para llegar hasta la hemeroteca, Lucía camina sin ver por entre los gigantescos libreros, que parecen juzgarla con prepotente sorna. Llega a la solitaria hemeroteca y busca con la mirada los archivos del año pasado. Rápidamente los encuentra, agarra tres pesados tomos y los coloca sobre una pequeña mesa. Ahora es ella la que añora la placidez del calor solar.
        Pronto abandona la biblioteca con un montón de papeles fotocopiados y apuntes garabateados desordenadamente bajo el brazo. Afuera la recibe un atardecer fresco y aspira con placer hasta llenar sus pulmones. Regresa sobre sus huellas al edificio público para completar la tarea. La reciben las mismas miradas de soslayo de unas horas antes. Penetra a la pequeña oficina sin dirigir una sola palabra a los demás. Los expedientes vacíos continúan en el sitio en donde los dejó. Enciende la computadora, busca sus archivos, explaya sobre el escritorio los papeles que trajo y, con desenvoltura, se pone a llenar datos.
        La noche cae en la ciudad. Una habitación sin ventanas encierra a Lucía con su tarea. El silencio indica que las oficinas están desalojadas de burócratas. Solo el sonido de la impresora rompe la monotonía del ambiente, acompañado por el tecleo incesante que machaca sin escrúpulos su fatiga. El teléfono suena como amenazante chicharra una y otra vez. Por fin, ella estira el brazo y escucha: "¿Terminará hoy la tarea?", pregunta desde el otro lado la voz de su superior. "En unos momentos más", responde y cuelga. La impresora no se apura y Lucía la mira con rabia. Por fin, manda las últimas diez páginas a imprimir. Aprovecha para ir al baño, en donde se lava la cara y se apercibe que no ha comido en todo el día. Frente al espejo, repasa la comisura de los labios, se espolvorea un poco las mejillas, remarca el sombreado de sus ojos, y termina por pasarse cuatro veces el cepillo por el cabello sin quitar la mirada del reflejo de su cansada figura. Termina la operación cuando escucha que la impresora ha cesado de trabajar. Recoge el papelerío con apuro, cuelga la cartera sobre su hombro izquierdo, apaga el equipo y sale de la oficina con un taconeo firme que parece retumbar en cada rincón del desértico edificio. Al recibir el aire fresco de la noche, camina con el optimismo de, aunque muy tarde, haber concluido la tarea.
        Llega hasta la esquina del estacionamiento en donde dejó su coche. La oscura soledad de la calle la alarma; el estacionamiento está cerrado. Inconscientemente, mira la hora en su reloj: más de las diez de la noche. Su cabeza gira en una y otra dirección para buscar un taxi. Decide continuar caminando hasta encontrarlo. Cinco cuadras después, con el aliento entrecortado y los nervios de punta, por fin aborda el primer taxi que pasa. Le suplica al chofer que se apure.
        Tras quince minutos de angustiante viaje, Lucía abandona el coche para enfrentar la fachada del edificio en donde debe entregar la tarea. Suspira al percatarse que aún hay luces encendidas en las oficinas. El guardia de la puerta, luego de revisar su cartera y carpetas con papeles, la hace firmar el cuaderno de visitas. Después de un monótono viaje de tres pisos en ascensor, llega hasta la oficina y penetra sin golpear. Dos secretarias permanecen trabajando a ritmo trepidante en las computadoras. Ella pregunta por el jefe y, sin levantar la cabeza, una de las mujeres descuelga el teléfono para anunciarla. "Dice que pase", vocifera la mujer al tiempo de volver su mirada a la pantalla de la computadora. Así, Lucía abre la puerta y penetra con firmeza a la oficina. El jefe, tras recibirla con un frío "¿Mucho trabajo?", recibe las carpetas sin engargolar y revisa con lentitud la información, mientras ella permanece de pie frente al escritorio.
        —Está bien, pero creo que esto no es lo que encontró en las oficinas —se dirige el hombre a Lucía, al tiempo de cerrar la carpeta.
        —No, claro, los archivos estaban vacíos. Tuve que investigar en la hemeroteca, comparar fechas, registros... Usted sabe.
        —Claro. Sin embargo, aquí me trajeron los expedientes de su tarea. Lamento, en verdad, el tiempo que usted ha perdido.
        Lucía recibe en sus manos un folder integrado por una sola hoja en su interior. El oficio detalla que la información no estará disponible hasta dentro de seis meses y que la oficina la enviará puntualmente. Al pie del escueto mensaje, aparece su nombre y el espacio para firmar. Con la boca abierta, Lucía levanta la cabeza y enfoca su mirada de desconcierto en los ojos del jefe, que la observa inmutable.
        —¿No va a firmar? —le pregunta con cierto sarcasmo el hombre.
        Las ideas se vuelcan como cascada en la cabeza de Lucía. Vuelve a bajar la vista y, ante la confusión de sus ideas, rubrica el oficio.
        —Muy bien. Antes de irse, déjeme sus datos con una de las secretarias. Veo que es muy buena para las tareas de la administración pública. En unos quince días, pase a recoger su cheque.


PÁGINA 23 – POESÍA AMERICANA: BRASIL

ANTONIO MIRANDA
(Río de Janeiro-Brasil)

AUTORRETRATO.

A veces soy uno, a veces soy otro:

Todo el mundo es así osado.
Yo sin huir de la regla, la transgredí
fui, al mismo tiempo, yo y el otro
uno para adentro, otro para los otros,
mas, confieso, soy igual a todos,
en un disfraz que es Ia otra cara
de una falsa dicotomía
¿Maniqueísmo?, ¿Gemir o gozar?

Ni religioso, ni romántico,
mucho menos ideólogo o comprometido
con cualquier cosa en mi infidelidad,
falta de fe. Y, entre tanto, obstinado,
casi optimista aunque realista
en la reversión de la contradicción.

Soy un poco el Orlando de la Virginia Wolf,
el patito feo disfrazado de Dorian Gray,
fui héroe de dibujos animados,
enamoré estrellas de Hollywood ...

Debería avergonzarme de mi falsa delicadeza
de mi insensatez, de mis impropiedades.
pero siempre tengo la firmeza de los inseguros,
mientras los crédulos, los convictos,
no resisten las propias contradicciones.

Transgredí pero, juro, sólo verbalmente.

No más, soy casto en mi perversidad,
soy beato en mi más íntima herejía
y más modesto que mi soberbia.

Quiero decir: En el fondo soy inseguro y fiel
principio de los cuales ni participo".

(traducción de Trina Quiftónez)

ANGÉLICA FREITAS
(Pelotas-Río Grande do Sul-Brasil)

ÍTACA

si vas a emprender un viaje a ítaca
llama antes
porque al parecer todo en ítaca
está lleno
los bares los restaurantes
los hoteles baratos
los hoteles caros
ya no se puede viajar sin reservas
al mar jónico
y las diez horas
de viaje parecen diez años
¿stop-overs en egipto?
Ni soñarlo
y los free-shops están repletos
de perfumes que pueden pagarse
con tarjeta de crédito
toda la vida quisiste
visitar grecia
era un sueño de infancia
concebido de adulto
italia, francia: adulterio
(¿cosa de adultos?
nadie responde).
bien, si quieres ir a ítaca
pídele a un primo
que te preste unos euros y vete a ítaca
es más barato ir a la isla de comandatuba
pero dicen que el azul del mar
no es igual
aprovecha para enviar e-mails
desde los cibercafés locales
¿quién manda postales?
envía fotos digitales.
Tuéstate bajo el sol
lleva hipoglós
en ítaca comprenderás
para qué sirve
el hipoglós.

CHICO BUARQUE
(Río de Janeiro-Brasil)

CONSTRUCCIÓN

Amó aquella vez como si fuese la última
Besó a su mujer como si fuese la última
Y cada hijo suyo como si fuese único
Y atravesó la calle con su paso tímido
Subió a la construcción como si fuese máquina
Levantó en la altura cuatro paredes sólidas
Ladrillo con ladrillo en un diseño mágico
Sus ojos embotados de cemento y lágrima
Se sentó a descansar como si fuese sábado
Comió feijao y arroz como si fuese un príncipe
Bebió y sollozó como si fuese un náufrago
Bailó y carcajeó como si oyese música
Y tropezó en el cielo como si fuese un ebrio
Y flotó en el aire como si fuese un pájaro
Y acabó en el suelo como un paquete flácido
Agonizó en el medio del paseo público
Murió a contramano entorpeciendo el tránsito
Amó aquella vez como si fuese lo último
Besó a su mujer como si fuese única
Y a cada hijo suyo como si fuese pródigo
Y atravesó la calle con su paso ebrio
Subió a la construcción como si fuese sólido
Levantó en lo alto cuatro paredes mágicas
Ladrillo con ladrillo en un diseño lógico
Sus ojos embotados de cemento y tráfico
Se sentó a descansar como si fuese príncipe
Comió feijao y arroz como si fuese máximo
Bebió y sollozó como si fuese máquina
Bailó y carcajeó como si fuese el próximo
Y tropezó en el cielo como si oyese música
Y flotó en el aire como si fuese sábado
Y acabó en el suelo como un paquete tímido
Agonizó en el medio del paseo náufrago
Murió a contramano entorpeciendo al público
Amó aquella vez como si fuese máquina
Besó a su mujer como si fuese lógico
Levantó en lo alto cuatro paredes flácidas
Se sentó a descansar como si fuese un pájaro
Y flotó en el aire como su fuese un príncipe
Y acabó en el suelo como un paquete ebrio
Murió a contramano entorpeciendo el sábado
Por el pan para comer, por el suelo para dormir
Un certificado al nacer y una concesión para sonreír
Por dejarme respirar, por dejarme existir,
Dios se lo pague
Por la cachaza de grasa que la gente tiene que engullir
Por el humo y la desgracia que la gente tiene que toser
Por los andamios colgantes que la gente tiene para caer,
Dios se lo pague
Por la mujer plañidera para alabarnos y escupir
Y por las moscas gusaneras que nos van a besar y a cubrir
Y por la paz duradera que al fin nos va a redimir
Dios se lo pague

TIRZAH RIBEIRO

(Ribeirão Preto-San Pablo-Brasil)

DECISIÓN

Todo lo que haces o no haces
(al filo de la navaja decidiéndolo)
 compromete el girar del mundo
hilo invisible
transparenta sin embargo
lo ingrato de cargar un mundo sobre el
hombro
cuando todo lo que de verdad quieres
 es que el mundo se encargue
de llevarte
decidiendo por ti
lo que tú quieres

FLORIANO MARTINS
(Fortaleza-Brasil)

DOS MENTIRAS

Disecados ahí sobre la mesa: el rostro y la máscara,

dilema minucioso de interferencias de espectros
cuyo juicio no les compete ni aún a ellos mismos. Aunque
se incorpore el diablo a los procesos sangrientos
de la Iglesia, toda la repugnancia vendrá de Dios,
por la presunción de que podría salvar a todos.
Las opiniones sospechosas son hijas de la vanidad y no
existe prueba en contrario. Oíamos a Shakti, nuestros
cuerpos entornados en la alfombra del salón, el vino
de su saliva embriagando mis tetillas. De cuál
obra tratábamos sino de la latitud de esos versos,
del carácter de la espátula en los colores que les revelan
los dones más secretos? No hay destino o mérito,
y todo juicio deriva siempre de una fustración.
Traducción: Adám Méndez

NINA REIS
(Minas Gerais-Brasil)

MUJERES DESCALZAS

Ocultos líquidos
que recorren el aire
porque sangra el agua
alquimia
mujer en migración
animal y laguna
que ya no necesita apuro.

Pronta al diluvio
disuelta y líquida
agua nocturna.

Dentro de la tierra
animal invertebrado
mitad nómada
y la otra vientre de luna
inevitable consecuencia de mareas

Mujer te pensaba
cuando escribí
bajo la espuma

Después de tantas tormentas
aprendí a vivir
y me vino una alegría de pez
en tu sombra reencarnada de lluvia.


PÁGINA 24 – ENSAYO

MANU DE ORDOÑANA
(Donostia-San Sebastián-España)

CLAVES PARA ESCRIBIR UN BUEN CUENTO

Escribir un cuento no es difícil siempre que se tenga una historia que contar y cierto conocimiento de los recursos narrativos. Pero si se trata de escribir un “buen” cuento…, eso ya es harina de otro costal. Qué mejor que ir pasito a pasito, dando pautas.

El cuento como tal tiene vida propia; los personajes en él inmersos deben, al menos, dar la ilusión de tener una voluntad ajena de la del autor o del mismo lector.
Ese es el signo de un gran cuento, un microcosmos
encerrado en las hojas de papel (J. Cortázar).

1.- Selección. En primer lugar hay que tener una noción del tema, de lo que queremos contar. En este punto destacamos como primer requisito esencial: la selección. La regla de oro del arte literario es omitir, decía Stevenson. Es primordial elegir aquellos datos que son relevantes para la historia. En nuestra cabeza bullen muchas ideas, grandes temas, pero no vale todo; sólo aquello que llegue, incluso, a obsesionar. El conjunto de elementos que el autor tendrá que volcar sobre el papel (los personajes, los eventos y la atmósfera…) puede provocar molestia y angustia. Por eso afirma Cortázar que escribir es de alguna manera exorcizar.

2.- Unidad. Una vez que tenemos claro este punto, hay que centrarse en contar una única historia, un único tema, y hacerlo de manera concentrada ―ya que disponemos de muy poco espacio― para conseguir que cada descripción, cada escena aporte un nuevo dato que, a su vez, genere la intensidad narrativa que necesitamos.

3.- Tensión interna. Esa intensidad crea una cierta atmósfera y la tensión interna hace que el lector se pregunte qué sucederá a continuación. Hay que evitar la mala intriga, esa que proviene de la sucesión absurda y accidental de acontecimientos. Cada línea tendrá que añadir información, será necesario seleccionar los acontecimientos, disponerlos en el sentido que más convenga a la trama para acceder al resultado final; ese del que, en palabras de Julio Cortázar, se sale como de un acto de amor, agotado y fuera del mundo circundante, al que se vuelve poco a poco.
Pero antes hay que escoger el punto de vista narrativo adecuado al desarrollo de la historia, analizar cómo se puede contarla, las distintas posibilidades disponibles, fijar dónde se coloca el narrador y qué puede expresar desde esa posición. Pensar en el tiempo, cuándo se van a desarrollar los hechos: en presente o tal vez convenga que el narrador lo cuente desde el pasado, conozca toda la historia y haya sido testigo de los acontecimientos. Y también tener en cuenta el espacio narrativo en el que se mueven los personajes y que aparecerá más o menos descrito en función de la importancia de la vida que practican.
Recordé que siempre me han irritado los relatos donde los personajes tienen que quedarse como al margen mientras el narrador explica por su cuenta (J. Cortázar).

4.- Prefiguración. La prefiguración nos prepara, sin saberlo, para el final, nos insinúa lo que va a suceder, pero escatimándonos el desenlace. Son pequeños hilos que el escritor va tirando. Aquí entra en juego la importancia de las repeticiones que dan continuidad a la trama. Para conseguir que la historia se proyecte en la mente del lector de un modo ligado y continuo, las repeticiones harán que la atención del lector se deslice de una frase a otra y de una acción a otra, sin un especial esfuerzo por su parte.

5.- Verosimilitud. Es necesario detallar con precisión cada escena para crear dentro del cuento un marco espacio-temporal reconocible o al menos muy bien definido, con el fin de persuadir al lector de que la historia es posible y, por lo tanto, de que el conjunto de la trama adquiere verosimilitud.

6.- Mostrar en lugar de decir. Los buenos escritores pueden decir casi todo lo que tiene lugar en la ficción que escriben, salvo los sentimientos de los personajes. Esta cita de Gardner expresa muy bien la idea de que los sentimientos no hay que explicarlos, sino que deben ser sugeridos mediante acciones de los personajes para que el lector los perciba sin filtros.
En resumen, un buen cuento debe ser breve, de intensidad creciente, debe producir en el lector una gran impresión y todo, en él, ha de ser significativo y verosímil. Esas son las cualidades que califican a un buen relato para que resulte inolvidable, para que el lector se adentre en él y le deje huella.


PÁGINA 25 – POESÍA AMERICANA: CHILE 


ALICIA FONTECILLA ARAVENA
(Santiago de Chile-Chile)

LA MUJER COSA

Bellísima, la mujer cosa
camina agitando las nalgas
surcando las miradas
con los veleros de sus pechos
desafiantes
suplicantes
El rostro se le diluye en el altar
en donde su dignidad se entrega
al mejor postor
entre un partido de fútbol y otro
entre las noticias y la teleserie nocturna
Nadie recuerda a la mujer cosa
es una entre miles
a nadie le importa su nombre
el color de sus ojos
el aroma de su pelo
Da lo mismo si vive o si muere
seguirán naciendo a montones
cosificadas desde la cuna
cegadas por el brillo engañoso
de la publicidad que las devora
y luego escupe las sobras
en el olvido.

ANDRÉS ANWANDTER
(Valdivia-Chile)

CLAVES PARA UN MONÓLOGO DE DOS

Caminábamos oscuros por la noche sola
de la mano de unos versos que cosían la boca
con un par de puntos a favor del silencio
-un juego de palabras-, la lengua
se hacía un nudo de hilo, para enredar
la metáfora de esas citas nocturnas
que se llevaban a cabo en parques,
cuyos nombres convertíamos en claves
o cruces para marcar el mapa
de nuestros desaciertos.

GLORIA DUNKLER
(Pucón-Chile)

EL PASO DE LOS AÑOS

Unrein
No despiertes estos demonios
que respiran bajo mi sangre,
desaparecidos guerreros que acuñaron pasión y muerte;
no te burles, no pronuncies los viejos juramentos,
el beso que muerde,
las plegarias de mis ancestros por las noches
antes de amarse.
No los obligues, no me sometas, no te ensañes.
No me vendes los ojos, no descanses en mi selva
y te permitas nadar en mis ríos pedregosos.
No me empujes al abismo esta noche.

JAVIER BELLO
(Concepción-Chile)

LA JAULA DEL CANTO

Cuánto amo todavía mi buche hinchado de presagios, mi vientre preñado de tormenta,
cuánto quiero a mi animal que se echa a dormir los días de lluvia junto al patio,
mi bestia que se tiende hacia el sur con la lengua teñida de números impares,
su lengua que llega hasta el mar para lamer la barba de mis antepasados,
los brazos abiertos en honor a mis deudos indicando la casa de los polos,
el desastre del pájaro que silba en el jardín quemado por el viento de las premoniciones,
la cantidad de almendras que ahora he de contar para morder las sílabas que me otorguen la gracia,
los heliotropos que acarrean el mal, el canto como una gran paloma.
Cuánto amo todavía mis orejas, imanes de una fertilidad que no cabe en mi boca,
mi espejo sin azogue con el día enterrado al final de la noche,
mi uña melancólica que araña en el fondo el papel de plata junto al tigre,
mi cabello mojado por el agua sin nombre que cae como un alambre lento en las destilerías,
un hilo que se despeña en vano del alambique que ata las palabras con fuego
y se acerca a mi frente y se extiende en el frío y cumple su mandato cuando aúlla en mis huesos
y es otro el que se llueve y se escurre sin pausa
y restriega a mi hijo y mis llaves con arena,
los enigmas, las piedras, las manos que irrumpen de noche con las largas herencias.
Cuánto amo mi cabeza destinada a la sal que llora la plegaria,
la oscura radiación de los lechos que entierra el vendaval de hormigas,
la caja cerrada donde escupen, el saco que llenan las víctimas con nieve,
las guarderías donde viven los graves rayos inmunes,
el lamento de las tortugas en el abecedario,
la mujer decapitada con un ideograma en la rodilla,
la cabeza del poema que arde en mi cabeza de madera cortada,
tabla de oscuridad, pájaro negro contra el cielo arañado por los discos.
Cuánto amo mi nombre y mis falsas predicciones sin dueño,
mis pobres ropas en la fotografía del tiempo entregado como limosna a los náufragos,
el túnel tan ajeno con que intentan probarme,
la avispa en las bodegas donde canto
y oigo a un anciano y a su madre hablar de los incendios
y entonces reconozco a mis hermanas,
un rostro con dos cestas donde yace abundancia.
Amo todavía mis cantos, el polvo de mis venas,
mis instrucciones para arder en el vocablo del sábado,
pero no he comido de ellos, su fe me ha abandonado,
el suicidio del pájaro de Dios contra el árbol sin cielo,
el adulterio blanco que eyacula las letras de la palabra hijo.
Yo no lo conozco todo lo que dicen que yo lo conozco

MARIANELA PUEBLA
(Valparaíso-Chile)

UN PUNTO AZUL EN EL UNIVERSO

¿Qué somos?
Solo eso, un puntito azul en la inmensidad,
y allí estamos en disputas terribles,
peleando  un territorio, por cualquier cosa,
con todos nuestros problemas y guerras,
con valentías y miserias,
un  montón de nano microbios en el universo
a pesar de nuestra tecnología, cultura, inteligencia,
civilizaciones, razas y religiones, buenos y malos gobiernos,
países y estados,
poesías y relatos.

No somos nada más que un puntito azul girando en el espacio,
un punto azul que se debate entre la vida y la muerte,
entre la destrucción de la humanidad, 
las amenazas de  bombas nucleares,
misiles y rayos laser,
tiranos  y   poderosos,  dueños inmisericordes del mundo
y por el otro lado,
la naturaleza desafiante frente al peligro imperioso
del hombre contra el hombre,
el hombre contra la naturaleza,
el hombre contra sus hermanos menores,
y la tierra se sacude, grita por sus volcanes,
levanta sus brazos angustiada, y produce terremotos y tsunamis.

Sola en el universo,
amenazada dentro, en su propia corteza,
plagada de enfermedades mortales que la consumen
sin remedio.

Un puntito azul, abandonado en su agonía.
Un puntito azul incomprendido por aquellos
que le han ido destruyendo todo su hermoso cuerpo.
Y allí está inmerso  en el fabuloso  espacio,
desaparecido del ojo creador
avanzando en su grandeza minúscula,
a traspiés, sanando sus heridas imposibles,
expuesto a la contemplación  de otros planetas,
orbitando el trazado plan  del infinito,
aquel
puntito azul, solitario e imperceptible
negándose a ser algo pasajero
a no desaparecer de su rastro,
pero,
no es más que eso,
un cerrar de ojos en la inmensidad del cosmos.

MAURICIO FELLER
(Santiago de Chile-Chile)

EL DE AQUÍ

Cuando yo me escapé del destino
era sólo glándula y cartílago
no más que una piel de acuarela

Sólo tú viste la tarde

dibujando mi rostro con cierta indulgencia
en insinuantes briznas de luz

Yo sólo confiaba en el invierno

y en todas las cosas
que no tienen remedio

Tú eras ese animal de la ternura 

que siempre mordisquea los tobillos
en cada punto de partida

Lo amé todo y tanto

Amé vergonzosamente casi todo
pero no sé si en realidad amé algo

Yo ahora sé verdades que ignoro

y dónde queda tu silencio
y dónde queda mi silencio

¿Por qué habré tardado tanto 

en entender que no soy el del espejo
sino el de aquí, el de adentro de mí?


PÁGINA 26 – NARRATIVA

JORGE ISAÍAS
(Los Quirquinchos-Santa Fe-Argentina)

CREPÚSCULOS

"Mi padre --que aún era joven y alcanzaba las naranjas más altas y encendía por su nombre a las estrellas- cuando quedaba mirando el horizonte que, entonces, era una palabra muy larga y muy lejos, y tal vez por eso no la pronunciaba nunca, y decía 'el poniente' o 'los celajes'". Esto lo escribió Juan Manuel Alfaro, poeta entrerriano y amigo.
Nosotros en aquel tiempo tan alto ni conocíamos la palabra crepúsculo.
Tal vez en la escuela la hayamos oído alguna vez, pero no tengo registro. A decir verdad, no lo recuerdo. Los mayores decían simplemente "caída del sol" y algún otro, tal vez un poco letrado, "el poniente".
El significado lo supe mucho después y el sentido es decir, sus implicancias en nuestro ánimo, al menos en el mío.
Pero yo era testigo a diario de ese maravilloso suceso de la naturaleza.
Cuando todos los atardeceres venía con mis padres en algún sulky, prestado de la chacra de Domingo Clérici hacia el pueblo, por el antiguo camino real a Beravebú, paralelo a la vía del tren, esa inmensa bola de fuego se iba arrastrando, incendiando los pastos, los juncos de los cañadones, formando dos hilos de sangre en las vías del tren, pintando levemente las alas de las garzas y las gaviotas, dando una luz reverberante y extraña. El pico de los zorzales y los cardenales, al biguá tirándose con su insistencia sobre los caracoles. También iluminando los bicheritos que paseaban sobre el lomo estático de los toros. Tiñendo la trompa de los terneritos que saltaban hacia la luz de ese sol moribundo.
Todos los atardeceres hacíamos el mismo camino, luego de la dura tarea de recoger maíz a mano (la juntada, le decían), por lo tanto íbamos en sentido contrario al sol. El iba a la muerte y nosotros hacia el pueblo. Un día pregunté a mi padre por qué sucedía este fenómeno, como si le diéramos la contra al sol, como si no se pudiera ir por otro camino donde aconteciera algo distinto.
-Porque el sol siempre cae para el mismo lado. Baja hacia el poniente, por más que a vos no te guste.
--Y por qué "poniente", por qué no otro nombre.
-Porque el sol se pone hacia allá, dijo mi padre haciendo un ademán amplio, que abarcaba las vías, los árboles, los pastos, y el sol bajo y rodador. En su mano sostenía el látigo y no sé si molesto por mis preguntas o apurado para que no nos tomara la noche en viaje todavía, pegó un latigazo fuerte en el anca del moro, orgullo de don Manolo Gómez, dueño propiamente de tal matungo trotador.
Pronto llegamos al primer paso a nivel, muy alto, frente al matadero viejo donde el chino Bruno vivía con su mujer, en una casi tapera, como custodiando dichas pasadas. Apenas cruzara y estaba la casa de Luis Ortali, con sus altos ligustros que escondían una casa tipo chorizo, muy común en esa época en los pueblos y en el campo, con su amplio patio de tierra y sus tres higueras silenciosas.
Como mi madre era amiga de doña Albina, la esposa de Luis, no era raro que alguna tarde me llevara de acompañante para compartir esos mates dulces con una pizca de cáscara de naranja. Esto fue cuando yo era muy chico, porque al crecer me quedaba en las tenidas plenas de fútbol, soles altos y fruta robada y compartida en la cortada de Pichichello, sentados en rueda, bajo aquellos paraísos añosos que nunca más podré recuperar. Y al anochecer, antes del coscorrón seguro como un remache, volvíamos a nuestras casas.
Es muy probable que la observación de esa bola de fuego que se arrastraba, solo yo la viera, fascinado, en esos viajes de regreso del campo. Porque la ocasión era óptima: mis padres en silencio o cambiando algunas palabras, cansados, tal vez un poco hambrientos, las ruedas del sulky golpeando sobre el camino duro de tierra, los ejes que rechinaban, el aire que se iba enfriando cada metro un poco más, el golpe de los cascos sin herrar sobre ese mismo camino, el chicotazo del látigo de mi padre sobre el anca sufriente del mancarrón. Todo eso fuera tal vez un aliciente para que yo me pusiera como en éxtasis y mirara todo eso, y la muerte del sol que tardíamente me enteré que se llamaba crepúsculo.
Pero cuando estaba con mis amigos, pese a que desde ese lugar también lo veríamos, la indiferencia era para todo lo que no fueran nuestros juegos.
Y si volvemos a esos largos minutos de ese viaje de la chacra cercana al pueblo, que ya lo escribí en otra parte, era una especie de paraíso perdido, tal vez esa felicidad que fue casual pero bella y auténtica como el canto inaugural de las chicharras en pleno verano, acompañando el zurear gangoso de las buchonas y el traqueteo de mi madre entre tomatales y pimientos olorosos.
Ese viaje donde muchas veces se nos cruzaban los cuises y los hurones. Ese crepúsculo que cantó Baldomero Fernández Moreno para siempre: El cielo azul/ con una nube blanca./ El cielo azul/ con una nube rosa./El cielo azul/ con una nube de oro/ y un pajarito negro".


PÁGINA 27 – POESÍA AMERICANA:  ECUADOR

VERÓNICA DURÁN
(Quito-Ecuador)

1
Horizontes de edificios
que no nos dejan de crecer
mientras comen árboles de arupo,
los pájaros ambulantes
dicen que me quieren,
yo vuelo mas allá del cosmos
que me encierra,
rompo la gravedad
y caigo,
desde abajo hacia arriba
pero caigo,
hacia huecos negros y los pinto.

ENVER ÁLVAREZ ENDARA
(Quito-Ecuador)

LILITH

Te quiero
porque me quiero
y me quiero
porque te quieres.
De los manicomios de amor
anteriores me quedo
con el tuyo
porque no tiene 
camisa de fuerza
ni me pone electroshock
ni me encierra en un cuarto acolchonado.
Este manicomio de dos
me da tres
cuatro
cinco
razones y sinrazones
para seguir siendo 
lo que soy:
Tres puntos suspensivos
en una hoja en blanco

SONIA MANZANO VELA
(Guayaquil-Ecuador)

MIÉRCOLES SIN CENIZA

Si esperan por mí
esperen sentados.
Por cada mil veces que me voy,
una, regreso,
por cada vez que regreso
nadie espera por mí.
Cada vez que yo he vuelto me he encontrado
con una estación distinta
y un pueblo diferente.
No creo ser esa que baja
con una sola maleta.
Yo soy la que se queda adentro de los trenes
esperando que un pueblo
se estacione en sus ojos.
Es miércoles sin ceniza,
en la frente me trazo
la señal de la bruma que destilan los trenes.

FREDDY AYALA PLAZARTE
(Latacunga-Ecuador)

HABITACION VACIA
A mi abuelo Víctor Plazarte

Un hombre detiene su gravedad en un charco
para ver cómo eyacula sus lágrimas
se sienta en el taburete de ciprés
y concentra sus cejas en el movimiento del fuego
a cada instante
sangra su conciencia
y ya no quiere pensar más en sus huesos

luego agrega más leña en la fogata
estudia las prominencias de su rostro
un perro viene para abrigar sus pies
y recuerda los dibujos de cera
que un día rayaba con la tiza de cascajo
mientras caían del pizarrón

VIOLETA LUNA
(Guayaquil-Ecuador)

Cada uno
Cada uno construye su casa como quiere.
La pone sobre el aire,
la siembra en la cintura de la luna
o encima de las olas.
Cada uno
la pinta de manera diferente,
la baña con el cielo
y el oro verdidulce de la tarde.
La llena de jilgueros,
de música y hortensias.
Encima del verano la edifica.
Le pone una ventana al horizonte,
una terraza al mar
y un pájaro de bronce en el tejado.
Cada uno
la salva de la furia del invierno,
le pone verjas altas,
faroles importados de Neptuno,
estufas de Chicago
y espejos fabricados en Arabia.
Cada uno la mide y la corrige.
En forma vertical la va agrandando.
Le pone un tiembre eléctrico
y un número de plata.
La cuida del mendigo que la ensucia,
del niño que le roba una gardenia,
del pobre que la mira.
Cada uno acomoda su casa a su manera,
presume y aparenta,
construye su existencia tontamente
con trapos, pergaminos y billetes,
con vigas antisísmicas
coñac y pararrayos.
Qué lástima pero ninguno
construye a su medida su refugio
con sólo la verdad de cada día
y el sol bien compartido.
Qué lástima que nadie se haga casas
a prueba de mentiras, olvido y desamor.
Yo quiero hacer mi casa a mi manera
sin puertas ni cortinas.
La queiro dulce y tibia
en medio del camino de tus brazos.

JUANO VILLAFAÑE
(Quito-Ecuador)

CON LAS PATRIAS DE ADENTRO

Como esos últimos caballos de un ejército
mal cansado
sobre el vendaval y su gesta
regreso nuevamente
sobre la mañana y la República
con los justos y los fuertes
cabalgando en los desiertos de una pampa
con salvajes adorados por el silbo de los pájaros sobre las alambradas
y el resplandor de esqueletos esperando en la oscuridad.
“Volveremos otra vez a la llanura
a los nuestros
a los que vigilan los montes, rodean las ciudades y las autopistas”.
Se sienten en los ruidos y en la calma,
en la vuelta del devorado
en los siglos.
Todo es una modernidad inconclusa, una alambrada sobre rutas finales.
Montamos otra vez,
para volver al cuchillo
a los malones.

CARMEN VASCONES
(Guayaquil-Ecuador)

CON/FABULACIONES
1
Un óvulo se pierde en el holocausto
el declive antecede cualquier lugar
el descanso desata el vértigo
tras la agonía procedo
un ruido estrella lo anverso
un personaje más en el orden de la falta
La hora otro propósito de la arena
ha hecho de la primera luz
el último sueño
poseedor absoluto de mis reliquias
Huellas pequeñas recogen mis penumbras
redimo el sueño y las circunstancias
las esperas acuñadas al muro
se envanecen en mi retina
Dejaron de quebrantarse los espejos
cercano al crepúsculo yacen
los siglos demolidos por otros hombres.


PÁGINA 28 – NARRATIVA

SILVIA LOUSTAU
(Mar del Plata-Buenos Aires-Argentina)

NOCHE   DE GUARDIA  

Fue para la Navidad del 99, me parece. En el 2000 no, porque había más bochinche con lo del fin de siglo y me acordaría, me parece que fue para el 99, nomás. Ya habíamos sorteado las guardias y a mí, por primera vez en años, me tocó Navidad. Siempre me toca Año Nuevo pero esta vez no, Navidad. Qué sé yo, a mí Navidad me parece menos fiesta, más como una cosa para adentro: nos saludamos, somos todos buenísimos, nos queremos, pero, como cuando el nene toma la comunión, es entre nosotros nomás. En cambio Año Nuevo es más para afuera, más de cañita voladora, de bocinazos y caravanas por el centro. Si cuando yo era chica hasta serenatas había. Era de lindo... Se juntaban cinco o seis locos, una guitarra o un acordeón y salían por todo el pueblo a dar serenatas. Hasta si tenías suerte te tocaban dos o tres al hilo. Eso sí, tenías que tener preparada la sidra para los musiqueros, porque sí no, capaz que te bajaban la casa a piedrazos, con la curda que ya traían de serenatas anteriores. No le sabría decir si me gusta más que me toque guardia en Navidad o en Año Nuevo. Yo ya estoy vieja para andar de fiesta, pero me gusta mirar los fuegos artificiales y ver el movimiento: es lindo el centro tan tarde y tan lleno de gente. En Navidad te vas a dormir más temprano, más tranquila, porque brindás, comés el pan dulce, juntás los platos y ya está. En Año Nuevo no, porque la fiesta sigue hasta que se hace de día. Pero, bueno, volviendo al cuento, ese año me había tocado Navidad. En la guardia habíamos arreglado todo: nos íbamos a armar una cena que ni le cuento. Con platos enlozados y vasos de plástico, pero igualmente cena de Navidad. Y si a alguien se le antojaba joder a la hora de la cena, que se la bancara, que volviera después de la una. Habíamos repartido la cosa y a mí me tocó hacer tomates rellenos. Me acuerdo que hasta atún del bueno le puse, nada de andar pijotereando y echarle caballa para disimular. Atún y del bueno, eran otras épocas. Ahora andá a saber en cuánto anda la lata. La Piru, la enfermera de maternidad, se mandó unos pasteles que eran para chuparse los dedos. Es una genia la Piru haciendo pasteles. Teníamos dos botellas de sidra y una de champán, que le gusta al doctor Maurice, escondidas en la heladera de Vacunación, atrás de la caja de suero antiofídico. Yo había estado sacando las cuentas y no tenía ninguna a punto de parir, pero en el hospital nunca sabés; en privada las mujeres van a control todos  los meses, pero en el hospital te cae cualquiera que ni se ha enterado que está embarazada, que no se ha hecho un examen de nada, que no tiene idea de por dónde va a salir el muchachito, ganas de matarlas te dan. Sin contar las condiciones en que vienen. Condiciones de salud, sí, pero de mugre también. No tiene idea lo que es. A algunas habría que manguerearlas primero, viven en cuevas y la única cama con sábanas que conocen es la del hospital. Claro, si vienen a parir cada nueve meses. Y ni te avisan, habría que marcar en el almanaque para saber cuándo van a venir la próxima vez, yo siempre digo. Y que no me apuren, que van a ver cómo lo hago. Y dicho y hecho. ¿Usted quiere creer que esa Navidad no había quedado prácticamente nadie internado en el hospital? Les había agarrado a todos una epidemia de salud; alta para todo el mundo dieron los médicos ese día. A la tardecita empezaron los cohetes por el barrio y yo pensé que en cualquier momento iban a caer con las quemaduras, pero no. Ni siquiera eso. Para la noche habíamos armado una mesa que ni la de Mirtha Legrand. Carla, la de terapia, había hecho un centro de mesa con las flores del jardín que era una belleza. Marcelo, el médico de guardia, la cargaba porque había puesto los adornos en los papagayos, pero quedaron hermosos. Estaban mis tomates rellenos, un vitel thoné que hizo la mujer de Marcelo, sandwichitos de miga, un poco de lechón frío, ensalada. Y de postre, los pastelitos de la Piru. No me había alcanzado a llevar el primer bocado a la boca, cuando no va y suena el timbre. Crucé los dedos y pensé para adentro “que sea un traumatizado, que sea un traumatizado”. Pero no, yo misma me lo iba imaginando. “Ponele Jesús”, me alcanzó a gritar la enfermera de terapia. Y le pusimos Jesús, no más. ¿Qué otro nombre le iba a poner si el pibe nació a las 12 clavadas? Un negrito flacucho, llorón como él solo. La madre se portó demasiado bien para la edad que tenía. En cuanto la vi, me dije que iba a ser difícil, porque la muchachita vino sola, ni un bolsito tenía, ni documentos ni nada. No la habíamos visto nunca por el hospital y no dijo otra palabra más que su nombre. “Yécica”, así le mandó la Piru que se las da de doctora y no terminó ni cuarto grado. No debía tener ni 13 años y la falta de olla se le veía a la legua. La piel grisácea, el pelo finito y descolorido atado con una gomita verde, la cara huesuda, los ojos tristes: la panza hinchada desentonaba en tanta flacura. Colaboró en el parto como una experta: dos pujos y afuera. Ni episiotomía alcanzamos a hacerle, porque prácticamente lo escupió. Cuando le puse el chico sobre el pecho me di cuenta de lo que iba a pasar. Lo había agarrado sosteniéndolo, solo sosteniéndolo, como para que no se cayera al piso. Miraba para adelante, para arriba, para el costado, pero no al nene. Marcelo le preguntó qué nombre le iba a poner y sólo se encogió de hombros. “Jesús”, dije yo que me acordé de la de terapia. Jesús le quedó, porque la flaquita se fue sola a la mañana temprano, antes de la primera visita de sala, sin haber dicho nada más que su nombre. Todos habíamos anticipado que eso iba a pasar, la misma noche del nacimiento, cuando estábamos comiendo los pasteles de la Piru. Marcelo se puso cargoso para que le cambiáramos el nombre. Lindo destino le eligieron al pibe con ese bautizo, decía. —No te preocupes —dijo la Piru, que estaba tomándose el tercer vaso de sidra—. Esta vuelve en setiembre y ahí le decís que le ponga Yonatán. O Kevin. O Braian. —Ni poniéndole Rockefeller le vas a cambiar el destino —aportó la de terapia, que después de todo había sido la de la idea. —Si vuelve en setiembre, le pueden poner Flor.
Volvió antes, por un aborto mal hecho, y se murió a los tres días. Pero esa vez,  menos mal, yo no estaba de guardia …


PÁGINA 29– POESÍA EUROPEA

LINDITA ARAPI
(ALBANIA)

MUROS

Y si un muro largo y grueso
un alto muro
se elevara frente a ti…
qué harías?
Yo cerraría los ojos, me agacharía
hasta descansar la mejilla en el muro,
entontraría la paz en su helada serenidad.
Y si ese muro fuera la muerte…
 (Traducción de Alí Calderón)

TOBÍAS BURGHARDT
(ALEMANIA)

ELEGÍA

Tal vez nada.
O apenas algo delante de sí,
cuando pongas a la tarde
una pequeñísima piedra.
Sólo pocas
palabras que desmenuzadascomo la costra de pan
entre las demás
se reúnen en la misma mesa
con unas sillas
que crujen
vacías como estas manos.
Y aquella mirada del trocado abandono
múltiple: en el salto
por las edades: a galope
del acordeonista.
Aún algo contiguo a sí,
ese asiduo vacío de las huellas,
que atravesando otros valles umbríos
se instala, no obstante, a las tres.

ANAHIT HAYRAPETYAN 
 (ARMENIA)

PANCITA

A la mañana muy temprano
con el olor de las sábanas
con el dolor interminable de mis piernas 
con el cerebro totalmente nuevo y vacío
y ella durmiendo impasiblemente todavía
me levanto me asomo al balcón como una sonámbula
desnuda
completamente desnuda
las barrenderas limpian las aceras cantando
no sé qué canción antigua
balcón terraza
si alguien decidiera mirar hacia arriba
yo con la panza grande
con las tetas grandes
donde ya se acumula leche
cubiertas de estrías rojas
a causa de estirarse tanto
con los pezones que se muestran
más allá de mi voluntad.
¡Me da lo mismo!
Mis amigas
siempre lo hacen
pechos al aire en la playa
en casa
en el balcón
en la vida
y hasta con la ropa puesta
yo sentía sus pechos
se sacude dentro de mi panza
palpo y adivino piernas manitos
mamá te quiere, gatita,
mamá te adora
quiere que nazcas
para jugar juntas
hace mucho que no juego
mi panza
ordenándola entre mis piernas de alguna manera
me siento frente a la computadora
llantos
amargos
con los pensamientos colgados de las orejas
de mis labios
entre mis manos
trato de escribir el poema de siempre.

ROBERT GRAY
(AUSTRALIA)

LLAMAS Y ALAMBRE COLGANTE

Una carretera que cruza el marjal.
Torcemos a un lado, el humo surge de diferentes hogueras,
como unos dedos extendidos y arrastrados que todo lo embadurnan.
Es el vertedero, siempre en llamas.
Detrás, la ciudad,
hincada como estacas en la tierra.
Un ánade se alza por encima de este cenagal,
una tortuga avanza por la orilla de estas Galápagos.
Nos metemos por un camino de grava,
que nos acerca al vertedero. Reverbera el aire,
como en un espejo barato.
Cubre el sol caliente una neblina.
Lejanos, los edificios quedan ahora como estampados en el humo.
Hemos llegado a un paisaje de latas de hojalata,
de coches como cráneos,
que da vueltas con las formas de unas dunas de arena.
Entre estas de calor vastas láminas grises plásticas
unas sombrías figuras
parecen ocupadas en identificar a los muertos - 
son los ordenanzas, visten mono y anteojos,
que arrojan al fuego humedecido la basura.
Un humo amargo
se arrastra por todas partes,
fino, como un cordel. Hay otros que se mueven - los carroñeros.
Tal como en el infierno los demonios
podrían hurgar en nuestras almas, buscando jirones
de un apetito
con el que estimularse,
así estas formas
parecen deambular abatidas, con una eternidad
donde pudieran tal vez encontrar
una sensación peculiar.
También nosotros nos bajamos y nos movemos.
El hedor es enorme,
con su estallido nos reseca la boca:
toneladas de periódicos pudriéndose, colosales ovillos de tela rumiados...
Y de pie, desde donde veo el espejismo de la ciudad,
advierto que estoy en el futuro.
Esto es lo que habrá cuando el hombre haya partido.
Estará compuesto de cosas que funcionaban.
Un operario levanta porquería irreconocible
con un rastrillo, la lanza a las llamas:
algo se agita en el aire
como un trapo alzado en ‘La Balsa de la Medusa’.
Nos acercamos a él a través del humo,
y por un instante parece aquel espectro de la larga pértiga.
Es un hombre, que se seca los ojos.
Cualquiera que trabaje aquí tiene que llorar,
y hablamos. Tiene los ojos tan humedecidos
como una almeja, y enrojecidos.
Sabiendo tanto como sabe sobre nosotros,
¿cómo puede evitar odiar a los humanos?
Sigo adelante, y advierto una vieja radio, que derrama
sus alambres colgantes -
y veo que, en algún lugar, las voces que transmite
continúan viajando,
derrapando, cribadas, alrededor del arco del universo;
y con ellas, las risas relincho, y el Chopin
que fue sonido de telón, que se alzó
una vez, hasta una luminosa costa.

IRINA DENISOVA 
(BIELORRUSIA)

Simplemente me puse a pensar en la muerte,
No sé cómo, pero aún seguía viva.
Y te escribí en el sobre
Las últimas palabras, innecesarias.
La vida como siempre, tiene un precio
Para quien busca inspiración, alegría, pecados.
Yo no pude soportar la pérdida
De  aquella chica que compuso versos.
Y ahí, donde los sueños existen
Entre playas y luces ajenas
Soy tan débil. Aún no estoy lista.
Anda conmigo algunos pasos más.

STEFAN IVANOV
(BULGARIA)

PRIMERAS NIEVES

Cerca de Nevski las hojas son
del color de la cúpula y de mi cabello.

El fuego al Soldado Desconocido
sigue esperando un cigarro gigante.

Los travestis de la plaza Makedonia
otra vez me dijeron
solecito.

Volví a casa en taxi
y aguardé en silencio al insomnio


PÁGINA 30 – ENSAYO

SANDRA SARTOR
Facultad de Filosofía y Letras
Universidad Ca Foscari
(Venecia-Italia)

LITERATURA LATINOAMERICANA

EL REALISMO MÁGICO Y LATINOAMÉRICA

En la literatura, el Realismo Mágico es un género en el que el autor combina elementos fantásticos y fabulosos con el mundo real, creando un equilibrio entre una atmósfera mágica y la cotidianidad, quebrantando las fronteras entre lo real y lo irreal, ubicando cada uno de estos en el lugar del otro.
Diferenciándose del uso tradicional de los elementos fantásticos en la literatura, el Realismo Mágico presenta lo real como maravilloso y viceversa, planteando como un suceso común, tanto para el lector como para los personajes de la obra, escenas y hechos fabulosos, mientras que brinda a su vez un carácter fantástico e irreal a actos de la vida común.
Desde mediados del siglo XX, la narrativa latinoamericana amplía su perspectiva más allá de la naturaleza, los indígenas y demás temas comunes de la novela realista. Revoluciones culturales y políticas, un amplio apego a la superstición, regímenes autoritaristas y demás procesos locales se combinaron con las vanguardias europeas, el psicoanálisis y las principales inquietudes del mundo entero sobre los problemas humanos y existenciales, ofreciendo a la pluma latinoamericana un escenario ideal para impulsar el Realismo Mágico en la lieteratura, convirtiéndolo en una senda hacia la consolidación de una identidad regional.
El realismo mágico es la respuesta latino americana a la literatura fantástica de mediados del siglo XX.. Se define como la preocupación estilística y el interés de mostrar lo irreal o extraño como algo cotidiano y común. No es una expresión literaria mágica, su finalidad no es la de suscitar emociones sino mas bien expresarlas y es, sobre todas las cosas, una actitud frente a la realidad.
El realismo mágico refleja a través de su fantasía toda una serie de supersticiones, creencias populares y religiosas que son propias del sentir latinoamericano. Pese a encontrarse en algunos novelistas europeos, este género es propio de la literatura de América Latina, prosperando durante la década del sesenta y parte del setenta y provocando lo que se denominó el 'boom' de la novela latinoamericana; conviviendo con una etapa histórica donde las dictaduras confrontaban con una cultura que buscaba apartarse del autoritarismo y exiliarse de la persecusión.
 En medio de este proceso la crítica conoce nuevos nombres: Alejo Carpentier, Jorge Luis Borges, Miguel Angel Asturias y Juan Rulfo destacan entre otros. Años después, en la década de los 60 hacen aparición escritores como Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, que consolidan la literatura latinoamericana en el ámbito cultural mundial.

OBRAS REPRESENTATIVAS:

· Cien Años de Soledad, Gabriel García Márquez.
· El reino de este mundo, Alejo Carpentier.
· El hombre de maíz, Miguel Ángel Asturias.
· La casa de los espíritus, Isabel Allende.
· La fiesta del chivo, Mario Vargas Llosa.

ASPECTOS RESALTANTES DEL REALISMO MÁGICO

Los siguientes elementos estan presentes en muchas novelas del realismo mágico, pero no necesariamente todos se presentan en las novelas y también otras obras pertenecientes a otros géneros pueden presentar una que otra caracteritica similar.
       Contenido de elementos mágicos/fantásticos, percibidos por los personajes como parte de la "normalidad".
  Elementos mágicos tal vez intuitivos, pero nunca explicados.
  Presencia de lo sensorial como parte de la percepción de la realidad.
  El tiempo es percibido como cíclico, no como lineal, según tradiciones disociadas de la racionalidad moderna.
  Se distorsiona el tiempo, para que el presente se repita o se parezca al pasado.
  Transformación de lo común y cotidiano en una vivencia que incluye experiencias "sobrenaturales" o "fantásticas".
  Preocupación estilística, partícipe de una visión "estética" de la vida que no excluye la experiencia de lo real/social.

CARACTERÍSTICAS
  TEMAS

Dentro del realismo mágico podríamos encontrar también elementos de auto-reconocimiento de los escritores latinoamericanos, la búsqueda y justificación de si mismos y identidad latinoamericana fuera del contexto europeo. La temática se extrae de tres aspectos fundamentales americanos: Diversidad de épocas históricas. Esencia cultural del mestizaje. Lo prehispánico en sus valores mitológicos.

  ESPACIO

Mínimo y vital. Dinamiza y activa el contenido de las acciones. Atmósfera interiorizada.
SUPLEMENTO INFANTIL Y JUVENIL


PÁGINA 31 -CUENTO

NORMA SEGADES-MANIAS
(Santa Fe-Santa Fe-Argentina)

EL AMO DE LOS BOSQUES

En regiones lejanas, donde la piedra es cuna, cauce, guía por donde fluye el agua. Donde el otoño se desnuda de ocres sobre los arroyuelos. Donde las peñas húmedas visten pieles de musgos nacidas en la noche. Y hasta los mismos árboles cubren con manchas verdes las cortezas que  miran hacia el sur.
Allí es donde reside el amo de los bosques.
Por su barba tupida, impenetrable; por sus cabellos hasta la cintura, lo llaman el velloso.
Mira pasar el tiempo sentado en lo profundo del misterio. Entre florestas nuevas. Mientras susurra el río apenas expulsado de la tierra. Mientras crece la espuma entre sus laberintos. Mientras susurra el viento junto a las ramas bajas.
Lleva en las manos un cayado de arce.
Es más alto que el grueso de los hombres. Más ágil que el venado o la corzuela. Más fuerte que las rocas.
Salta de risco en risco con sus patas de cabra ahuyentando a los lobos y  rastreando en el viento el arrebato que precede a aguaceros y tormentas.
Cuando la niebla emerge del barranco. Si flota sobre el mundo como una manta espesa. Si oculta a las miradas los caminos. Su vigilia sin pausa protege a los pastores y al rebaño.
La niña del silencio lo nombraba Gaueko.


PÁGINA 32– POESÍAS

MARÍA ELENA WALSH
(Ramos Mejía-Buenos Aires-Argentina)

LA MONA JACINTA
se ha puesto una cinta
Se peina, se peina
y quiere ser reina
Ay, no te rías de sus monerías

Mas la pobre mona
no tiene corona
Tiene una galera
de hoja de higuera
Ay, no te rías de sus monerías

Un loro bandido
le vende un vestido
un manto con plumas
y un collar de espumas
Ay, no te rías de sus monerías

Al verse en la fuente
dice alegremente:
"Qué mona preciosa
Parece una rosa"
Ay, no te rías de sus monerías

Levanta un castillo
de un solo ladrillo
rodeado de flores
y sapos cantores
Ay, no te rías de sus monerías

La mona cocina
con leche y harina
Prepara la sopa
y tiende la ropa
Ay, no te rías de sus monerías

Su marido mono
se sienta en el trono
sus hijas monitas
en cuatro sillitas
Ay, no te rías de sus monerías


PÁGINA 33 – CUENTO

GRACIELA MONTES
(Buenos Aires-Argentina)

BICHO RARO

El bicho raro apareció un día como otros días, en la plaza de la vuelta de la ciudad importante justo a la hora en que Anastasio, como siempre, rastrillaba el arenero. El bicho raro miraba con sus ojos rosados desde abajo de una hamaca.

Era verdaderamente raro, sin chiste. Tenía una gran cabezota llena de rulos y bigotes muy lacios. Tenía un cuerpo gordo de vaca. Tenía ojos rosados. Tenía una cola ridícula, dientes absurdos, hocico inverosímil.

Anastasio se lo quedó mirando, con el rastrillo en la mano. Y el bicho raro también lo miró a Anastasio.

Al poco rato empezó a correrse la noticia, por supuesto. Un bicho raro no puede pasar desapercibido en una ciudad importante. A la plaza de la vuelta llegaron los biólogos y los vigilantes; los locutores de televisión y los veterinarios; los curanderos y los astrólogos.

Pero llegó, más que nadie, el intendente; el único intendente de la ciudad importante, que de inmediato mandó desalojar la plaza. Y mandó muchísimo más: no por nada era intendente. Mandó, por ejemplo, que trajesen una jaula, una gran jaula de aluminio que brillaba como una estrella. Tanto brillaba que nadie se explicaba cómo podía ser que el bicho raro no quisiera entrar en ella.

Enroscado, debajo del tobogán, espiaba con sus ojos rosados, y miraba cómo Anastasio volvía a rastrillar la arena para quitarle los papeles, las cajitas y las latas de todos los visitantes.

Lo cierto es que para meter al bicho raro en la jaula hubo que usar correas rojas y cadenas redondas con los eslabones de bronce.

Después subieron la jaula a una camioneta, y la pasearon en triunfo por la ciudad; ida y vuelta por la gran avenida, por la calle de los generales y por la calle del cine.

Todos se agolpaban para mirar a bicho raro; para tirarle, si podían, de las orejas. Nadie, en cambio, le miraba a los ojos.

Y en la ciudad importante es fácil acostumbrarse a todo, hasta a un bicho raro. Por eso, el bicho raro, al rato, ya no fue tan raro:

-“No es nada más que un bicho.”

-“Y después, un bicho molesto”.

Poco a poco, bicho raro dejó de mirar pasar las cosas con sus ojos rosados. Y se acurrucó contra los barrotes, porque la jaula brillante no tenía rincones.

Entonces, volvió el único intendente. Y volvieron los biólogos, los vigilantes, los locutores y los veterinarios.

-“¡Está intoxicado!”, dijo el veterinario.

-“¡Está descompuesto!”, dijo el biólogo.

-“¡Está engualichado!”, dijo el curandero.

Y todos estuvieron de acuerdo en que el bicho raro no tenía remedio.

-“¡Que lo lleven, que lo lleven de vuelta a la plaza!”, ordenó el intendente.

Y dio por terminado el cuento.

Pero a pesar del intendente, el cuento no terminó ahí. Porque en la plaza de la vuelta estaba Anastasio, como siempre, rastrillando arena.

-“Bicho raro… bicho feo… ¡Pobre bicho!”, se dijo Anastasio cuando lo vio acurrucado, como el primer día, debajo de una hamaca.

Y como era el mediodía, se sentó a desenvolver con cuidado el paquete del almuerzo. Cuando estaba por morder una puntita de pan pensó…

-“¡Pobre bicho! En una de ésas tiene hambre”

Anastasio se acercó despacito hasta la hamaca. Y despacito también, tendió su mano grande con un sanguche de queso y matambre en la punta.

El bicho raro se levantó sobre sus piecitos de cinco dedos, husmeó la mano de Anastasio con su hocico inverosímil, movió alegremente su cola ridícula y clavó sus dientes absurdos en el sanguche tierno.

-“¡Pobre bicho! Tenía hambre”

Ese día, y muchos otros, Anastasio y el bicho raro compartieron el almuerzo debajo de un paraíso.


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